Capitulo 1
Introduccion
A—LA BIBLIA:
La prueba concluyente del amor divino se encuentra en el hecho de que Dios se reveló al hombre,
y esta revelación quedó registrada en la Biblia. Nacida en el Oriente, y revestida del lenguaje, el
simbolismo y las formas de pensar típicamente orientales, la Biblia tiene no obstante un mensaje
para toda la humanidad, cualquiera sea la raza, cultura o capacidad de la persona. Forma
contraste con los libros de otras religiones por cuanto no narra una manifestación divina a un solo
hombre, sino una revelación progresiva arraigada en la larga historia de un pueblo. Dios se reveló
en determinados momentos de la historia humana. Dice C.O. Gillis: “No se puede entender la
verdadera religión … sin entender el fondo histórico en el cual nos han llegado estas verdades
espirituales.”
La Biblia es una biblioteca de 66 libros escritos por unos 40 autores a través de 1.500 años, y sin
embargo se desarrolla en ella un solo tema, que une todas las partes, LA REDENCIÓN del HOMBRE.
El tema se divide así:
1. El Antiguo Testamento: la preparación del Redentor.
2. Los Evangelios: la manifestación del Redentor.
3. Los Hechos: la proclamación del mensaje del Redentor.
4. Las Epístolas: la explicación de la obra del Redentor.
5. El Apocalipsis: la consumación de la obra del Redentor.
Más de tres cuartas partes de la Biblia corresponden al Antiguo Testamento. Con la excepción de
los primeros once capítulos del Génesis, el libro de Job y ciertas partes de los profetas, el Antiguo
Testamento se dedica al trato de Dios con la raza escogida. Dios eligió al pueblo hebreo con tres
fines: para ser depositario de su Palabra; para ser el testigo del único Dios verdadero a las
naciones; y para que por medio de él viniera el Redentor. El Antiguno Testamento se divide según
su contenido:
El Pentateuco o ley: Génesis hasta Deuteronomio 5 libros
La Historia: Josué hasta Ester 12 libros
La Poesía: Job hasta Cantares 5 libros
La Profecía: Isaías hasta Malaquías 17 libros
B—EL PENTATEUCO
1. Nombre: El nombre Pentateuco viene de la Versión griega que se remonta al siglo III antes de
Cristo. Quiere decir: “el libro en cinco tomos.” Los judíos lo llamaban “la ley” o “la ley de Moisés”,
porque la legislación de Moisés forma una parte importante del mismo.
2. Autor: Aunque en el Pentateuco mismo no se afirma claramente que éste haya sido escrito por
Moisés en su totalidad, otros libros del Antiguo Testamento lo citan como la obra de él. (Jos. 1:7–
8; 23:6; 1 Rey. 2:3; 2 Rey. 14:6; Esd. 3:2; 6:18; Neh. 8:1; Dan. 9:11–13). Ciertas partes muy
importantes del Pentateuco se le asignan a él (Ex. 17:14; 24:3–7; Deut. 31:24–26). Los escritores
del Nuevo Testamento concuerdan exactamente con el testimonio de los del Antiguo. Hablan de
los cinco libros en general como “la ley de Moisés” (Hech. 13:39; 15:5; Heb. 10:28). Para ellos,
“leer a Moisés” equivale a leer el Pentateuco (ver 2 Cor. 3:15: “Cuando se lee a Moisés, el velo
está puesto sobre el corazón de ellos”). Finalmente las palabras de Jesús mismo dan testimonio de
que Moisés es el autor: “Si creyereis a Moisés, me creerías a mí, porque de mí escribió él” (Juan
5:46; ver también Mateo 8:4; 19:8; Mar. 7:10; Luc. 16:31; 24:27, 44).
Moisés, más que cualquier otro hombre, tenía la preparación, experiencia y genio que lo
capacitaban para escribir el Pentateuco. Dado que fue criado en el palacio de los faraones, recibió
instrucción “en toda la sabiduría de los egipcios; y era poderoso en sus palabras y obras” (Hech.
7:22). Era testigo ocular de los acontecimientos del éxodo, y el peregrinaje en el desierto.
Mantenía la más íntima comunión con Dios y recibía revelaciones especiales. Como hebreo,
Moisés tenía acceso a las genealogías y a las tradiciones orales y escritas de su pueblo, y durante
los largos años de la peregrinación de Israel, tuvo el tiempo necesario para meditar y escribir. Y
sobre todo, tenía notables dones y un genio extraordinario, de lo cual da testimonio su papel
como caudillo, legislador y profeta.
3. La teoría documentaria de la Alta Crítica: Hace dos siglos, eruditos de tendencia racionalista
pusieron en duda la paternidad mosaica del Pentateuco. Desarrollaron la Teoría Documentaria de
la Alta Crítica, la cual considera que los primeros cinco libros de la Biblia son una compilación de
documentos redactados en su mayor parte en el período de Esdras (444 A.C.). Según ellos, el
documento más antiguo que se encuentra en el Pentateuco data del tiempo de Salomón.
Consideran que Deuteronomio es un “fraude pío” escrito por los sacerdotes en el reinado de
Josías con el fin de promover a un avivamiento; y que el Génesis consiste mayormente en leyendas
nacionales de Israel.
Muchos estudiosos conservadores creen que es probable que Moisés empleara genealogías y
tradiciones escritas al escribir el libro del Génesis (Moisés menciona específicamente “el libro de
las generaciones de Adán”, en Génesis 5:1). Guillermo Ross, observa que el tono personal que
encontramos en la oración de Abraham por Sodoma, en el relato del sacrificio a Isaac, y en las
palabras de José al darse a conocer a sus hermanos “es precisamente el que esperaríamos, si el
libro de Moisés se hubiera basado en unas notas biográficas anteriores”. Probablemente, tales
memorias valiosas fueron transmitidas de una generación a otra desde tiempos muy remotos. No
debemos extrañarnos de que Dios tal vez haya guiado a Moisés a incorporar tales documentos en
sus escritos. Igualmente serían inspirados y auténticos.
También es notable que hay algunas añadiduras y retoques insignificantes de palabras arcaicas,
hechos a la obra original de Moisés. Es reconocido universalmente que el relato de la muerte de
Moisés (Deut. 34) fue escrito por otra persona (el Talmud, libro de los rabíes, lo asigna a Josué).
Génesis 36:31 indica que había rey en Israel, algo que no existía en la época de Moisés. En Génesis
14:14 se denomina “Dan” a la antigua ciudad de “Lais”, nombre que le fue dado después de la
conquista. Esto se puede atribuir a notas aclaratorias, o cambios de nombres geográficos arcaicos,
que se introdujeron para hacer más claro el relato. Probablemente, fueron agregados por los
copistas de las Escrituras, o por algún personaje (como el profeta Samuel). Sin embargo, estos
retoques no serían de mucha importancia ni afectarían la integridad del texto. Así es que tanto la
evidencia interna como la externa de que Moisés escribió el Pentateuco es contundente. Muchos
pasajes contienen frases, nombres y costumbres de Egipto que indican que el autor tenía un
conocimiento personal de su cultura y geografía, algo que difícilmente tendría otro escritor en
Canaán, varios siglos después de Moisés. Por ejemplo, consideremos los nombres egipcios: Potifar
(regalo del dios sol Ra), Zafnat-panea (Dios habla; él vive), Asenat (pertenece a la diosa Neit) y On,
antiguo nombre de Heliópolis (Gén. 37:36; 41:45, 50). Notemos, además que el autor menciona
hasta los vasos de madera y los de piedra que los egipcios usaban para guardar el agua que
sacaban del río Nilo. El célebre arqueólogo W. F. Albright dice que en el Exodo se encuentran en
forma correcta tantos detalles arcaicos que sería insostenible atribuirlos a invenciones posteriores.
También por las referencias que se hacen con relación a ciertos materiales del tabernáculo,
deducimos que el autor conocía la Península del Sinaí. Por ejemplo, las pieles de tejones se
refieren, según ciertos eruditos, a las pieles de un animal de la región del Mar Rojo; la “uña
aromática”, usada como ingrediente del incienso (Deut. 30:14), era de la concha de un caracol de
la misma región. Evidentemente los pasajes fueron escritos por alguien que conocía la ruta del
peregrinaje de Israel, más bien que por un escritor en el cautiverio babilónico, o en la restauración,
siglos después.
Del mismo modo, los conservadores señalan que el Deuteronomio fue escrito en el período de
Moisés. El punto de referencia del autor del libro es el de una persona que no ha entrado aún en
Canaán. La forma en que está escrito, es la de los tratados entre los señores y sus vasallos del
Medio Oriente en el segundo milenio antes de Cristo. Por eso, nos extraña que la Alta Crítica haya
dado como fecha de estos libros unos setecientos o mil años después.
La arqueología también confirma que muchos de los acontecimientos del libro del Génesis son
realmente históricos. Por ejemplo, los detalles de la toma de Sodoma, descrita en Génesis 14,
concuerdan con asombrosa exactitud con lo que han descubierto los arqueólogos. (En esto están
incluidos: los nombres de los cuatro reyes, el movimiento de los pueblos y la ruta que tomaron los
invasores, llamada “el camino real”. Despues del año 1.200 a. de J.C., la condición de la región
cambió radicalmente, y esa ruta de caravanas no se uso más.) El arqueólogo Albright declaró que
algunos de los detalles del capítulo 14 nos remontan a la Edad del Bronce (período medio) (entre
2.100 y 1.560 a. de J.C.) No es muy probable que un escritor que viviera siglos después supiera
esos detalles.
Además, en las ruinas de Mari (sobre el río Eufrates) y de Nuzu (sobre un afluente del río Tigris), se
han encontrado tablas de arcilla de la época de los patriarcas. En ellas se describen leyes y
costumbres, tales como las que permitían que el hombre sin hijos diera su herencia a un esclavo
fiel (Gén. 15:3), y una mujer estéril entregara su criada a su marido para dejar descendencia (Gén.
16:2). Del mismo modo, las tablas contienen nombres equivalentes o semejantes a los de
Abraham, Nacor, Benjamín, y muchos otros. Así que, tales pruebas refutan la teoría de la Alta
Crítica, de que el libro del Génesis es una colección de mitos y leyendas del primer milenio antes
de Cristo. La arqueología demuestra cada vez más que el Pentateuco presenta detalles históricos
exactos, y que fue escrito en la época de Moisés. ¿Queda razón aún para dudar de que el gran
caudillo del éxodo fue su autor?
4. Ambiente del mundo bíblico: Cuando Abraham llegó a Palestina, ésta ya era un puente
importante entre los centros culturales y políticos de aquella época. Al norte se hallaba el imperio
hitita; al suroeste, Egipto; al oriente y al sur Babilonia; y al noreste el imperio asirio. O sea que los
israelitas estaban ubicados en un lugar estratégico y no aislado geográficamente de las grandes
civilizaciones.
La mayoría de los historiadores consideran que la llanura de Sinar, situada entre los ríos Eufrates y
Tigris, era la cuna de la primera civilización importante, llamada Sumer. En el 2.800 a. de J. C. los
sumerios ya habían edificado ciudades florecientes y habían organizado el gobierno en ciudades-
estados; también habían utilizado metales y habían perfeccionado un sistema de escritura llamada
cuneiforme. Casi al mismo tiempo, se desarrollaba en Egipto una civilización brillante. Es probable
que cuando Abraham viajó a Egipto, viera pirámides que tendrían más de 500 años.
La región donde se desarrolló la primera civilización es llamada “la fértil media luna” (por la forma
del territorio que abarca). Se extiende en forma semicircular entre el Golfo Pérsico y el Mar
Mediterráneo, hasta el sur de Palestina. El territorio es regado constantemente por lluvias y ríos
caudalosos, como el Eufrates, Tigris, Nilo y Orontes, lo cual hace posible una agricultura
productiva. En el interior de esta región se encuentra el desierto arábigo, donde hay escasas
lluvias y poca población. Allí, en la fértil media luna, surgieron los grandes imperios de los
amorreos, los babilonios, los asirios y los persas. Pero, lo más importante para nosotros es que allí
habitó el pueblo escogido de Dios y nació aquel Hombre que sería el Salvador del mundo.
La región completa entre los ríos Eufrates y Tigris se llama Mesopotamia (meso: entre; potamos:
río). Al principio se denominaba “Caldea” a la llanura de Sinar, desde la ciudad de Babilonia al sur
hasta el Golfo Pérsico; pero posteriormente el término “Caldea” se empleó para designar toda la
región de la Mesopotamia (la misma área se llamaba también Babilonia). Abarcaba mucho del
territorio del actual país de Iraq, y era probablemente el sitio del huerto de Edén, y de la torre de
Babel.
La tierra de Palestina es relativamente pequeña. Desde Dan hasta Beer-seba, los puntos extremos
en el norte y el sur respectivamente, hay una distancia de solamente unos 250 km. El territorio
tiene desde el Mar Mediterráneo hasta el Mar Muerto, 90 km. de ancho; y el Lago de Genesaret
(Mar de Galilea) dista aproximadamente 50 km. del Mar Mediterráneo. El área total de Canaán
equivale en tamaño a una séptima parte del Uruguay o un tercio de Panamá. Pero en esta porción
tan pequeña del globo terráqueo, Dios se reveló al pueblo israelita, y allí el Verbo eterno moró
entre los hombres y realizó la redención para toda la humanidad.
Capitulo 2
Genesis
1. Nombre: El nombre Génesis viene de la Septuaginta (Versión de los Setenta), antigua versión
griega. Significa “principio”, “origen” o “nacimiento”. Los hebreos lo llamaban “En el principio”,
pues designaban a los libros de la ley según su primera palabra o frase.
2. Propósito: a) el libro del Génesis es la introducción a toda la Biblia. Es el libro de los principios,
pues narra los principios de la creación, del hombre, del pecado, de la redención y de la raza
escogida. Se lo ha llamado “el semillero de la Biblia” por el hecho de que en él están las semillas de
todas las grandes doctrinas. Según Gillis, sin el Génesis la Biblia “resulta no sólo incompleta, sino
incomprensible.”
Aunque el Génesis está ligado estrechamente a los otros libros del Antiguo Testamento, está más
relacionado aún en cierto sentido con el Nuevo Testamento. Algunos temas del Génesis apenas
vuelven a aparecer hasta que son tratados e interpretados en el Nuevo. Incluyen la caída del
hombre, la institución del matrimonio, el juicio del diluvio, la justicia que Dios imparte al creyente,
el contraste entre el hijo de la promesa y el de la carne, y el pueblo de Dios como extranjeros y
peregrinos. El libro del Apocalipsis, en particular, narra el cumplimiento de grandes temas
iniciados en el Génesis. La “antigua serpiente”, la cual “engañaba al mundo entero”, está
derrotada; Babel (Babilonia) cae, y los redimidos son conducidos nuevamente al paraíso y tienen
acceso al árbol de la vida.
b) El Génesis narra cómo Dios estableció un pueblo para sí mismo. Relata la infancia de la
humanidad, pero el autor no pretende presentar la historia de la raza entera; sólo destaca a
aquellos personajes y sucesos que se relacionan con el plan de redención a través de la historia.
Traza el linaje pio, que transmite la promesa de 3:15, y va descartando las líneas colaterales, no
dándoles importancia. La historia de la humanidad se va restringiendo, cada vez más, hasta
concentrarse el interés en Abraham, padre del pueblo escogido. A partir de allí, toda la historia del
Antiguo Testamento trata, en gran parte, de la historia de Israel. Habla de otras naciones, pero
incidentalmente y sólo en lo que se refiere a sus relaciones con Israel. En síntesis, podemos decir
que el Génesis fue escrito principalmente para relatar cómo escogió Jehová a un pueblo que
llevaría a cabo los propósitos divinos.
Sin embargo, este Dios no lo es sólo de Israel, sino del mundo entero. Llamó a Abraham, hizo
pacto con él y le prometió multiplicar su descendencia hasta convertirlo en una nación, a la que
instalaría en Canaán. ¿Cuál era el motivo divino al hacer todo esto? Que Israel se constituyera en
una fuente de bendición para “todas las familias de la tierra” (12:3). O sea que Dios bendijo a un
pueblo para que, luego, éste sea el medio de bendición universal.
3. Tema: El tema general es “el principio de todas las cosas”, pero, a luz del tema de la Biblia
entera, su tema es: DIOS COMIENZA LA REDENCION ESCOGIENDO A UN PUEBLO.
4. El contenido: El libro del Génesis abarca una época muy larga; desde los primeros orígenes de
las cosas, hasta el establecimiento de Israel en Egipto. Se divide en dos secciones claramente
distintas; la historia primitiva (1–11), que es como “un atrio previo” a la historia de la redención, y
la historia patriarcal (12–50), que evoca la figura de los grandes antepasados de Israel.
El esquema del libro es el siguiente:
I- La historia primitiva 1–11
A. La creación (1–2)
B. La caída y sus consecuencias (3–4)
C. El diluvio (5–9)
D. La dispersión de las naciones (10–11)
II - La historia patriarcal 12–50
A. Abraham (12:1–25:18)
B. Isaac y Jacob (25:19–36:43)
C. José (37–50)
5. Observaciones: a) Las genealogías de los hebreos no siempre son completas, pues mencionan
sólo los nombres de los personajes destacados, omitiendo a menudo a personas de poca
importancia. Por ejemplo, parece que Moisés es el bisnieto de Leví, según la genealogía de Exodo
6:16–24, aunque mediaron 430 años (Ex. 12:40). También, a veces, se usa el término “hijo” para
dar a entender “descendiente” (a Jesús se lo llama “hijo de David”, es decir, era el descendiente
del rey David). De modo que a los acontecimientos registrados en el Génesis 1–11 no se les puede
poner fecha sumando los años de las genealogías, ya que es probable que en ellas existan vacíos
de largos períodos de tiempo.
b) Parece que algunos pasajes del Génesis no están en orden cronológico. Por ejemplo: el capítulo
11 relata la historia de la torre de Babel, pero es posible que según su verdadera ubicación
cronológica corresponda al capítulo 10, dado que explica el porqué de la dispersión de los pueblos.
También, muchos estudiosos ponen en tela de juicio la cronología bíblica del incidente en que
Abraham negó ante Abimelec que Sara fuera su mujer (Gén. 20). Se puede suponer que ocurriera
muchos años antes, pues a la altura del capítulo 20, Sara tendría noventa años y es improbable
que a tal edad fuera aún atractiva al sexo opuesto. La falta de orden cronológico nada detrae de la
veracidad de los incidentes pues escritores modernos usan tal técnica. Después de contar la
historia general de un episodio, muchas veces relatan un incidente de interés no incluido en su
descripción o amplían una parte ya contada para dar algún enfoque adicional.1
1 Pablo Hoff, El Pentateuco (Miami, FL: Editorial Vida, 1978), 13–21.