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ECOFASCISMO

Dr. Pedro Grima Gallardo

-Ministerio del Poder Popular para la Ciencia y la Tecnología (MYNCIT), Caracas, Venezuela.
-Universidad de Los Andes (ULA), Facultad de Ciencias, Departamento de Física, Mérida, Venezuela.
-Universidad Nacional Experimental de las Fuerzas Armadas (UNEFA), Departamento de
Electrónica, Mérida, Venezuela.

I. El fascismo ha existido siempre

El fascismo es una ideología, un movimiento político y una forma de gobierno de carácter


totalitario, antidemocrático, ultranacionalista y de extrema derecha. Entre sus rasgos se
encuentran: la exaltación de la raza, la opresión de las minorías y un fuerte militarismo. Sus
símbolos -el saludo con el brazo alzado y el haz de varas atadas alrededor de un hacha -
provienen de la época del imperio romano, por lo que el fascismo también es un movimiento
proimperialista.

Todos los imperios son fascistas -o nazistas- en su naturaleza. Su expansión se produce a


partir de la rendición de los pueblos más débiles, a los cuales imponen sus valores y leyes
sociales, culturales, políticas y económicas. Los pueblos dominados se convierten en su
colonia, dominio o protectorado, y los recursos -humanos y naturales- son explotados para
beneficio del imperio.

En Europa, en la década de 1920, surgió un movimiento nazi-fascista que gobernó diferentes


países como Alemania, Italia, y España, entre otros. Se oponía a los movimientos liberales
que promovían la democracia y a los movimientos obreros que surgieron bajo los modelos
del marxismo. La agresividad de este movimiento nazi-fascista provocó la II Guerra Mundial.
En su afán de conquistar a su mayor enemigo, la Unión Soviética (URSS), la invadieron y
castigaron sin piedad a su población.

La URSS perdió entre 17 y 37 millones de habitantes. China, el segundo país con más
muertos, entre 10 y 30 millones. Alemania fue el tercer país más afectado, con cifras
estimadas entre 4,5 y 10 millones. Polonia fue el cuarto país con más muertos, entre 3 y 6
millones incluyendo la población judía muerta en el Holocausto. Además hay varias cifras
que no han sido incluidas porque se han ocultado deliberadamente de la historia, como la
hambruna que la guerra provocó en Bengala y mató a 2 millones de indios. Japón tuvo
1,2 millones de soldados y un millón de civiles muertos y 1,4 millones de desaparecidos.

En total, perecieron cerca de 100 millones de seres humanos.


II. K. Marx y la ecología

“Por tanto, la producción capitalista solo sabe desarrollar la técnica y la combinación del
proceso social de producción socavando al mismo tiempo las dos fuentes originales de toda
riqueza: la tierra y el hombre”

K. Marx, El Capital, cap. XIII.

Entre los autores que escriben sobre la cuestión ambiental es común que se refieran al
marxismo como una teoría y filosofía que nada tiene que aportar a la discusión. El marxismo
es visto como productivista, antropocéntrico y desinteresado por el valor que la Naturaleza
pueda tener. Es una visión equivocada.

Los orígenes de la ecología deben buscarse en las visiones de la naturaleza que surgieron con
el desarrollo del materialismo y de la ciencia entre los siglos XVII y XIX y en particular en
los trabajos de Charles Darwin y Karl Marx, los dos grandes materialistas del siglo XIX.
Marx denunció la expoliación de la naturaleza, antes de que naciera la moderna conciencia
ecológica burguesa, y la brecha que la industrialización estaba creando en su metabolismo.
Con el capitalismo surgen los conceptos de "dominio de la naturaleza'' y “sostenibilidad”
para apuntalar una sociedad basada en la acumulación de capital y la dominación clasista.

Durante 1999 fueron publicados, en los Estados Unidos de Norteamérica, dos libros que
demuestran lo errado de dicha visión, y colocan al método y teoría marxista en su correcto
lugar en relación a la cuestión ambiental. Ellos son el libro de Paul Burkett, Marx and nature.
A red and green perspective, que trata básicamente de la teoría económica de Marx en
relación a la naturaleza; y el libro de John Bellamy Foster, Marx´s ecology. Materialism and
nature, un estudio de las raíces filosóficas y del método del materialismo histórico en relación
a la naturaleza. Ambas obras son complementarias.

La teoría de la renta del suelo de Marx explica, entre otras cuestiones:


• las causas profundas de lo que hoy en día se conoce como (in) sustentabilidad
urbana y rural,
• La metamorfosis de las riquezas naturales en riquezas monetarias,
• La forma como las relaciones capitalistas convierten las diferencias naturales
en diferencias sociales y,
• Las causas de la depredación capitalista del suelo.

El redescubrimiento de la teoría de la fractura metabólica en Marx ha llevado a pensar que


esta teoría brinda una potente crítica de la relación entre la naturaleza y la sociedad capitalista
contemporánea. El resultado ha sido el desarrollo de una perspectiva mundial ecológica más
unificada, trascendiendo las divisiones entre la ciencia natural y la ciencia social, que nos
permite percibir las formas concretas en las que las contradicciones de la acumulación del
capital están generando crisis y catástrofes ecológicas.

III. ¿Qué es el ecofascismo?

El ecofascismo no es un movimiento definido, sino más una ideología para referirse a terceros.
Dos de sus orígenes son el maltusianismo y el neomaltusianismo. Thomas Malthus fue un
economista y demógrafo británico que vivió entre los siglos XVIII y XIX y advirtió que el
aumento exponencial de la población limitaría los recursos. El neomaltusianismo, de finales
del siglo XIX y principios del XX, interpretó que ese aumento perjudicaba la calidad de vida
de las clases más pobres y defendió el control de la natalidad.

En un intento por ocultar la devastación que el capitalismo ocasiona al medio ambiente y su


verdadera intención de incorporar la naturaleza a la lógica del capital, según la cual la
naturaleza es solo un depósito de “recursos” con valor de mercado, aparece el capitalismo
verde (ecofascismo) que propone leyes y medidas de políticas públicas novedosas para
intentar aplicar las leyes del mercado a la naturaleza, a través de la participación de
instituciones supranacionales, gubernamentales y sectores de la sociedad civil (como las
organizaciones no gubernamentales, tanques de pensamiento, universidades, etcétera).

El Ecofascismo ha resurgido en Europa, por un lado, en partidos que incorporan la


preocupación por el cambio climático en el nacionalismo, como Alternativa para Alemania
o la Agrupación Nacional de Marine Le Pen en Francia. Por otro lado, cuenta con defensores
jóvenes y supremacistas que sostienen que la sobrepoblación de personas no blancas amenaza
al medioambiente y agota los recursos. Ambos relacionan la inmigración con la crisis
climática.

La Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medioambiente Humano, celebrada en


Estocolmo en 1972, marcó el inicio de la construcción de un modelo dominante de desarrollo.
La Declaración de la Conferencia reconoció que “el crecimiento natural de la población
presenta continuamente problemas para la preservación del medio ambiente”. El término
“desarrollo sustentable” aparece por primera vez en el informe Brundtland (1987), elaborado
por la comisión que presidió la entonces primera ministra de Noruega Gro Harlem
Brundtland, el cual establecía una serie de puntos a tener en cuenta para compatibilizar
desarrollo comercial e industrial con el cuidado del planeta. Es un cambio de color del
camaleón: no se trata de cambiar (para nada) el sistema capitalista basado en el mercado y
las mercancías, sino de darle una apariencia verde. Fue Brundtland quien declaró en su
informe la trágica y famosa frase, repetida miles de veces: “Si todos los habitantes del mundo
vivieran como los norteamericanos, se necesitaría un planeta cuatro veces más grande”, que
analizada en la distancia temporal significaba que una gran parte de la humanidad debería ser
sacrificada para que pudiera continuar un sistema de vida capitalista. Eso es lo que
conocemos como “desarrollo sostenible" según la lógica del capitalismo y este ha sido su
continuo discurso de los últimos años: “La despoblación debería ser la máxima prioridad de
la política exterior hacia el tercer mundo, porque la economía estadounidense requerirá
grandes y crecientes cantidades de minerales del exterior, especialmente de los países menos
desarrollados”, Henry Kissinger, arquitecto del Nuevo Orden Mundial.
Para la élite mundial, la superpoblación es causa principal de los problemas más importantes
que enfrenta el mundo. Afirman que es la causa del cambio climático, que a su vez provoca
escasez de alimentos y agua, inmigraciones masivas, pérdida de biodiversidad, e incluso
guerras. Científicos y medios de comunicación se unen a este pensamiento único. La solución
sería un Nuevo Orden Mundial (NOM) para cambiar por completo la sociedad, sometiéndola
a un gobierno global que garantizaría los nuevos patrones de vida sobre el planeta. El plan,
con cien años de duración, está contenido en los documentos Great Reset, agenda ONU 2030,
4ta Revolución Industrial y el más reciente (2024) Pacto para el Futuro.

IV. Las Estrategias del Nuevo Orden Mundial

Para desarrollar sus planes, las élites corporativas se apoyan en la creación de situaciones
críticas como el Cambio Climático, las epidemias (COVID19, Viruela del Mono), el
terrorismo (NY 9/11), todas basadas en supuestos cataclismos para la humanidad.

Estas creaciones necesitan estar avaladas y certificadas por organismos científicos (IPCC,
WHO) que las revistan de credibilidad.

Los informes de estos organismos son llevados a las organizaciones supranacionales para
darles un carácter institucional de manera que parezca sensato, oportuno e incluso deseable,
la constitución de un Nuevo Orden Mundial.

Una vez constituido este Nuevo Orden Mundial, podrá intervenir en los asuntos de los estados
para imponerles políticas por encima de sus soberanías.

Desde la Revolución Moderna -también llamada Revolución Científica que comenzó


aproximadamente en el siglo XV-, hasta nuestros días se han sucedido acontecimientos que
nos han llevado del feudalismo al postcapitalismo a una velocidad vertiginosa como nunca
antes en la historia humana. La industrialización, proceso complejo con profundas
implicaciones políticas y sociales, fue posible gracias a la ciencia: invención de las
maquinarias de vapor, uso de los combustibles fósiles, descubrimiento y aprovechamiento de
la electricidad, la electrónica, la mecatrónica, la bio y nanotecnología, la energía nuclear, las
telecomunicaciones, las redes sociales, es decir el sinfín de tecnologías derivadas de las
ciencias aplicadas. Pareciera que hemos evolucionado positivamente con la invención de las
vacunas que han permitido vencer enfermedades que antes eran mortales y que han
prolongado la vida humana en varias décadas en apenas tres siglos. Sin embargo, no podemos
obviar que en el camino hemos pasado por el esclavismo, el colonialismo, las guerras de
liberación, dos terribles guerras mundiales y varios genocidios. Tampoco la acumulación de
capital, la avaricia de las transnacionales y grandes corporaciones, y la antinatural sociedad
de consumo que pone en peligro la sobrevivencia de las futuras generaciones.

La alerta necesaria proviene de la ecología, que nos genera la duda de la sostenibilidad de los
ecosistemas, su capacidad de regeneración y de resistencia a largo plazo. De allí que
consideremos modelos, como el ecosocialismo -en contraposición al ecofascismo-, que nos
puedan ayudar a resolver las contradicciones y nos permitan construir un futuro durable para
la humanidad. Esta es una discusión que apenas comienza.

Flujograma de la política de creación del Nuevo Orden Mundial Capitalista

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