El Estado Mexicano tiene la propiedad originaria de las tierras y aguas
comprendidas dentro de los límites del territorio nacional y tiene el derecho de
transmitir el dominio de ellas a los particulares, constituyéndose así la propiedad
privada (párrafo primero del artículo 27 Constitucional).
Es decir, el Estado Mexicano puede enajenar el dominio de ellas a los particulares
y entre éstos, a los nacionales y a los extranjeros.
El tercer párrafo del artículo 27 Constitucional establece que la nación tendrá en
todo tiempo el derecho de imponer a la propiedad privada las modalidades que
dicte el interés público.
Por otra parte, los bienes descritos en los párrafos cuarto y quinto del artículo 27
Constitucional, que son bienes del dominio directo de la nación, son bienes
inalienables e imprescriptibles y por tanto no pueden adquirirlos los extranjeros, en
la inteligencia de que la explotación, el uso o el aprovechamiento de esos bienes
únicamente puede realizarse mediante concesiones otorgadas a los particulares o
a las Sociedades constituidas conforme a las leyes mexicanas.
En particular, tratándose de los hidrocarburos el artículo 27 establece que no se
otorgarán concesiones ni contratos, ni subsistirán las que se haya otorgado y la
nación llevará a cabo la explotación de esos productos. Además, corresponde
exclusivamente a la nación generar, conducir, transformar, distribuir y abastecer
energía eléctrica que tenga por objeto la prestación de servicio público.
En esta materia no se otorgarán concesiones a los particulares y la nación
aprovechará los bienes y recursos naturales que se requieran para dichos fines.
Del anterior corte esquemático de los primeros seis párrafos del artículo 27
Constitucional, podemos establecer las siguientes máximas:
1. El Estado tiene la propiedad originaria y puede constituir la propiedad
privada.
2. La propiedad privada está sujeta a las modalidades que imponga la nación
por razones de interés público.
3. Los bienes del dominio directo no pueden ser enajenados a particulares,
pero, pueden concesionarse en lo que hace a su aprovechamiento, uso y
explotación a particulares y a sociedades constituidas conforme a las leyes
mexicanas.
4. No habrá concesiones tratándose de petróleo, de carburos de hidrógeno ni
concesiones para generar, conducir, transformar, distribuir y abastecer
energía eléctrica.
Entre las modalidades impuestas a la propiedad privada, en relación con el tema a
estudio de la condición jurídica de los extranjeros, tiene un lugar preponderante la
fracción primera del artículo 27 Constitucional.
El Artículo 27 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos es uno de
los pilares fundamentales del marco jurídico mexicano, ya que regula la propiedad de las
tierras, aguas y recursos naturales en el país. Este artículo establece principios básicos sobre
la propiedad de estos bienes, su aprovechamiento y las facultades del Estado en su
regulación. A continuación, se presenta un resumen de sus puntos más relevantes:
1. Propiedad originaria de la nación
La Nación tiene la propiedad originaria de las tierras y aguas dentro del territorio
nacional. Esto incluye recursos como el subsuelo, minerales, aguas territoriales y
otros elementos naturales.
2. Reconocimiento de la propiedad privada y social
La Constitución permite la transmisión de la propiedad de la tierra a particulares
(propiedad privada) y reconoce también las formas de propiedad social, como los
ejidos y comunidades agrarias.
3. Ejidos y comunidades agrarias
Se protege el régimen de propiedad social y se establecen normas específicas para el
reparto agrario, los ejidos y las comunidades. Estos terrenos son inalienables e
imprescriptibles, salvo bajo condiciones específicas definidas por la ley.
4. Expropiación por utilidad pública
El Estado puede expropiar bienes siempre que sea por causa de utilidad pública y
mediante indemnización justa y previa. Este poder es fundamental para proyectos de
desarrollo, infraestructura, conservación ambiental, entre otros.
5. Regulación de los recursos naturales
El subsuelo y los recursos minerales, el petróleo, el gas, y las aguas nacionales son
propiedad exclusiva de la Nación, y su explotación solo puede realizarse bajo las
condiciones que esta determine.
6. Restricciones para extranjeros
Los extranjeros no pueden adquirir propiedades en una franja de 100 km desde las
fronteras y 50 km desde las costas, salvo mediante acuerdos que renuncien a la
protección diplomática en caso de conflictos legales.
7. Protección del medio ambiente
Este artículo también contempla la regulación del uso de recursos naturales para
evitar su explotación irracional, promoviendo un desarrollo sostenible y equilibrado.
En resumen, el Artículo 27 refleja un equilibrio entre la propiedad privada, la social y el
control estatal de los recursos, buscando asegurar el desarrollo nacional y la justicia social
en la distribución de la riqueza territorial y natural.
Las limitaciones comprendidas en la fracción primera del artículo 27
Constitucional que afectan a los extranjeros, son las siguientes:
I. La regla general es que sólo los mexicanos por nacimiento o por
naturalización y las sociedades mexicanas tienen derecho para adquirir
el dominio de las tierras, aguas y sus accesiones o para obtener
concesiones de explotación de minas o aguas.
II. La anterior regla tan general está limitada a continuación con la facultad
que tiene el Estado Mexicano para conceder el mismo derecho a los
extranjeros, siempre que convengan ante la Secretaría de Relaciones
Exteriores en considerarse como nacionales respecto de dichos bienes
y en no invocar por lo mismo la protección de sus Gobiernos por lo que
se refiere a aquéllos; bajo la pena, en caso de faltar al Convenio, de
perder en beneficio de la nación, los bienes que hubieren adquirido en
virtud del mismo. En esa parte de la fracción I del artículo 27
Constitucional se consigna constitucionalmente la "Cláusula Calvo"
como una medida de protección de los intereses mexicanos contra la
interposición diplomática, de la que tuvimos en México una amarga
experiencia.
Más efectiva sería la fórmula en la que sólo se permitiera adquirir bienes
inmuebles y concesiones de explotación sobre tierras y aguas a los extranjeros
cuyos países, ante su gestión personal, aseguren que no intervendrán protegiendo
a esos extranjeros respecto de los bienes o concesiones que pretendan adquirir.
La misma posibilidad de adquisición se establecería para extranjeros сuyos
países, a nivel internacional, hayan aceptado la Cláusula Calvo, como norma
internacional. No se niega el derecho de propiedad a los extranjeros, sólo se
condicionaría a que gestionara la expedición de un documento, ante su gobierno,
a ante su representación diplomática, en el que se asegurara que no se
intervendría para proteger a ese extranjero sobre la propiedad que pretendiese
adquirir.
III. La tercera regla que se desprende de la fracción I del artículo 27
Constitucional es que, en una faja de cien kilómetros a lo largo de las
fronteras y de cincuenta en las playas, por ningún motivo podrán los
extranjeros adquirir el dominio sobre las tierras y aguas. Esta tercera
regla amerita el comentario de que, independientemente de otro tipo de
sanciones, debiera establecerse, en el propio precepto Constitucional, la
inexistencia jurídica de cualquier acto que tendiera a producir la
infracción a este precepto. Desde el punto de vista de la técnica jurídica,
no habría ningún impedimento para el establecimiento de la inexistencia
jurídica como sanción ya que podría haber imposibilidad jurídica en el
objeto por elevarse la disposición Constitucional a la categoría de
obstáculo insuperable. Creemos que en la actualidad, el acto violatorio
de la prohibición de referencia sería inexistente pero, para evitar la más
mini-ma o remota posibilidad de discusión debiera establecerse
expresamente la más perfecta de las sanciones que es la inexistencia
jurídica.
IV. La cuarta regla que se desprende de la fracción I del artículo 27
Constitucional consiste en la posibilidad de que el Estado Mexicano, de
acuerdo con los intereses públicos internos y los principios de
reciprocidad, y a juicio de la Secretaría de Relaciones Exteriores,
conceda autorización a los Estados extranjeros para que adquieran, en
el lugar permanente de la residencia de los Poderes Federales, la
propiedad privada de bienes inmuebles necesarios para el servicio
directo de sus embajadas o legaciones.
También juzgamos pertinente reflexionar en forma especial alrededor de la zona
prohibida prevista en el artículo 27 Constitucional, en una franja de cien kilómetros
a lo largo de las fronteras y de cincuenta en las playas.
Apunta sobre la zona prohibida Ricardo Méndez Silva que: "Una gran parte de
autores en esta materia coinciden en considerar este enunciado como anacrónico
e injustificado atendiendo a la realidad presente."
El destacado maestro José Luis Siqueiros, con referencia a la zona prohibida
indica: "Estas prohibiciones, justificadas plenamente en su época y corolario de
amargas experiencias históricas, resultan un tanto anacrónicas en la actualidad.
Sería conveniente analizar, a la luz de las realidades actuales y despojados de
nacionalismos dogmáticos, la procedencia de una nueva reglamentación en el
régimen jurídico de las zonas prohibidas."
Por otra parte, cabe señalar que en cierta forma la prohibición del artículo 27
Constitucional, referida a las zonas prohibidas, se ha atemperado con las
autorizaciones concedidas por la Secretaría de Relaciones Exteriores para
constituir fideicomisos en favor de extranjeros dentro de la zona prohibida.
Nuestro punto de vista personal, acerca de la zona prohibida lo enunciamos de la
siguiente manera:
A) La pérdida de porciones territoriales considerables y las múltiples
interposiciones diplomáticas, motivaron el establecimiento de las franjas
costeras y fronterizas prohibidas.
B) De levantarse la restricción, la afluencia de capitales extranjeros
encauzados a la especulación comercial sobre inmuebles no se haría
esperar. Las franjas fronterizas en particular recibirían el impacto
expansionista de compradores extranjeros e indirectamente se
perjudicarían los intereses de nuestros nacionales que verían subir el valor
de los inmuebles y contarían con menor capacidad adquisitiva para adquirir
los inmuebles. Por tanto, no convenimos en que deba suprimirse la
prohibición.
C) Sabido es que, no obstante, la prohibición actual, mediante intermediarios
nacionales que facilitan sus nombres para la adquisición de inmuebles en la
zona prohibida, se viola la prohibición, y que los contratos de arrendamiento
y los fideicomisos permiten el uso y disfrute a los extranjeros de inmuebles
ubicados en las zonas prohibidas, por ello no juzgamos que sea
conveniente la eliminación de la zona prohibida, ni su reducción.
D) Podría sugerirse la meditación sobre el uso y disfrute de tierras en la zona
prohibida por extranjeros., pero se estima que la prohibición no es
conveniente que desaparezca, ya que somos, vecinos de un país, cuyos
nacionales tienen gran capacidad económica para adquirir bienes
inmuebles.
E) Si no existiera la zona prohibida para los extranjeros, las propiedades que
adquiriesen en fronteras y costas tendrían acceso directo desde el exterior
y podrían convertirse en ámbitos territoriales que podrían entrar en contacto
con otros países sin tener que pasar por territorio nacional. Podrían aislarse
de lo nacional con el simple método de circundar su propiedad de lado
mexicano y poner un letrero protector que dijera "propiedad privada" a la
que no entrarían las autoridades mexicanas;
F) No habría límite en cuanto a la adquisición de extranjeros en zona prohibida
y dado que ha crecido la posibilidad de acumular propiedades particulares,
presuntamente pequeñas. llegaría el día en que la suma de propiedades en
manos de extranjeros abarcaría grandes extensiones de tierra.
En México y su relevancia actual de acuerdo con la ley de inversión extranjera
y el artículo 27 de la constitución mexicana, los extranjeros tienen prohibido ser
propietarios de inmuebles en la llamada zona restringida, que abarca 100 km a
lo largo de las fronteras y 50 km en las playas, para sortear esta limitación se
creó el fideicomiso de zona restringida en esencia permite a los extranjeros
adquirir inmuebles en esta zona a través de un fideicomisario, mexicano quien
posee el bien en nombre del extranjero, que solo tiene derechos de uso y
disfrute.
Esto Evita que el extranjero tenga derechos reales sobre el inmueble, sin
embargo con los tratados internacionales y reformas constitucionales que
permiten una mayor participación extranjera en el país la utilidad de esta figura
ha disminuido, de hecho Muchas entidades financieras extranjeras ahora
controlan propiedades en estas zonas a través de fideicomisos, desafiando la
intención original de proteger los recursos nacionales en resumen aunque el
fideicomiso de zona restringida aún existe sigue siendo clave para la inversión
extranjera en México y un mecanismo legal para cumplir con las restricciones
constitucionales.
Carlos Calvo en su libro de Derecho Internacional Teórico y Prác-tico, de Europa y
América, publicado en Paris en 1868, al tratar de los deberes mutuos de los estados insiste
con toda precisión en la igualdad de las naciones frente al Derecho Internacional, de donde
deriva las consecuencias lógicas de que los nacionales de todos los estados tienen iguales
derechos y que por tanto cuando se establecen en un país extranjero quedan sujetos a las
leyes de ese país sin que puedan invocar privilegios especiales que pretendan establecer una
desigualdad entre los derechos de las naciones o una situación que implique que los
nacionales de un país merecen especiales consideraciones respecto a los súbditos de otras
nacionalidades.
De este valiosísimo estudio se desprende el fundamento de la doctrina que sustenta y que
por tanto se conoce con el nombre de Doctrina Calvo, estableciendo que es inadmisible y
contrario a los principios del Derecho Internacional que los extranjeros puedan generar de
mayores derechos que los naturales, y que este privilegio que se pretende extender a los
extranjeros esté fundado en la posibilidad que tienen las naciones fuertes de hacer uso de la
fuerza para sostener las demandas de sus súbditos
La repercusión que tuvo esta tesis de Calvo en las relaciones entre los países de Europa y
los de América vino a establecer como un principio de Derecho Internacional sostenido por
todos los estadios latinoamericanos que los extranjeros al adquirir bienes en otros países
deben ser considerados con igualdad de derechos respecto de los nacionales, y que, por
tanto, solicitar la protección de su gobierno en relación con esos bienes equivale a gozar de
mayores garantías que los naturales.
Esta doctrina tuvo una aplicación inmediata cuando los estados latinoamericanos para
prevenir futuros conflictos originados precisamente por reclamaciones de gobiernos
extranjeros por concepto de indemnizaciones en caso de daños o incumplimiento de
contratos, determinaron establecer en los contratos celebrados con extranjeros y en las
concesiones otorgadas a éstos, que respecto a todos los derechos derivados en su favor de
esos contratos o concesiones el extranjero sería considerado en igualdad con los nacionales,
y que por tanto, el extranjero adquiere la obligación de no solicitar la protección de su
gobierno en todo lo relacionado con los derechos derivados de ese contrato o concesión.
Resumen de la Cláusula Calvo:
1. Renuncia a protección diplomática:
Los extranjeros aceptan, al firmar contratos o invertir en un país, renunciar a
recurrir a la protección diplomática de su nación de origen en caso de controversias.
Esto significa que solo pueden resolver sus conflictos en los tribunales y bajo las
leyes del país anfitrión.
2. Igualdad ante la ley:
Los extranjeros aceptan ser tratados en igualdad de condiciones con los ciudadanos
locales y no pueden exigir tratos preferenciales o especiales por su condición de
extranjeros.
3. Autonomía del Estado anfitrión:
Busca evitar que potencias extranjeras interfieran en los asuntos internos de un país
bajo el pretexto de proteger a sus ciudadanos o empresas. La cláusula refuerza la
soberanía del país anfitrión.
4. Aplicación común:
o Se incluye frecuentemente en contratos de inversión, concesiones y
arrendamientos entre gobiernos y empresas extranjeras.
o Obliga a los inversores extranjeros a resolver disputas a través de las leyes
locales, descartando tribunales internacionales a menos que el Estado lo
permita explícitamente.
En resumen, la Cláusula Calvo protege la soberanía de los países al asegurar que los
extranjeros no puedan usar su nacionalidad como ventaja legal, promoviendo la igualdad
jurídica y el respeto a la legislación nacional.