PRÁCTICA DE COMENTARO DE TEXTO.
COSMOLOGÍAS
APELLIDOS: Rozas Gómez
NOMBRE: Mario
- Para orientar el comentario del texto de suministrado de Newton, tenga en cuenta que deberá
hacer una reflexión sobre el tipo de imagen cosmológica defiende el autor. Aclare, apoyándose
en el texto, qué características sobre el universo y la ciencia se hallan implícitas en él.
- Use como material de apoyo las páginas 51 a 54 del libro de texto donde se plantea la nueva
forma de entender el problema de la ciencia y la comprensión del cosmos.
- No es un trabajo de investigación en el sentido de que deba buscar información sobre el autor o
la época del mismo sino en ser capaz de explicar, con referencias precisas, cómo se hubo de
cambiar la forma de comprender la realidad
- A continuación, explique qué alternativa supone la cosmología de Aristóteles a partir de las
características con las que construye su física. En este caso las páginas 47 a 49 serán la base
para construir si exposición
- Recuerde que es IMPRESCINDIBLE CITAR EL TEXTO, de forma que todas sus
afirmaciones sobre el mismo deberán estar apoyadas por extractos del texto para que tengan
sentido.
- En ningún caso se considerará comentado el texto si lo que se hace es exponer linealmente
apuntes o fragmentos directamente sacados del libro de texto sin ningún tipo análisis razonado.
- REALICE EL COMENTARIO EN ESTE FOLIO, PUDIENDO USARSE COMO
MUCHO UNA CARA MÁS.
Nos encontramos ante un texto de carácter científico-filosófico correspondiente a los Principia
Mathematica de Isaac Newton. Dicha obra consiste en una recopilación de fenómenos naturales
a los que se pretende dar explicación bajo el paradigma de un universo determinista gobernado
por relaciones matemáticas sencillas que se cumplen sin excepciones. Así, por medio de la
formulación de leyes universalmente válidas, este brillante físico inglés consigue describir la
dinámica de todos los cuerpos que existen en el cosmos, por lo que la mecánica terrestre y la
celeste quedan unificadas en torno a unos principios comunes que resultan comprensibles a la
razón humana y de los cuales se puede extraer predicciones físicas.
Para descifrar construir, edificar, estas leyes racionales que según Isaac Newton subyacen a
todos los acontecimientos del universo, nuestro autor recurre al razonamiento inductivo con la
intención de extrapolar unos principios generales a partir del estudio de casos particulares. Sin
embargo, para este pensador el raciocinio uso especulativo de la razón puro no es suficiente,
puesto que “en la sensibilidad recae la base de todo conocimiento”. Es por ello que el fragmento
de los Principia dado a analizar versa sobre el rigor experimental que debe caracterizar a una
filosofía natural eficiente. Siguiendo esta línea argumentativa, cualquier postulado que no se vea
respaldado por los datos empíricos carece de significancia física. A esto se refiere precisamente
el autor al afirmar que él “no finge hipótesis”, pues las ciencias naturales únicamente avanzan
con la puesta en práctica de este rigor sistemático, incompatible con especulaciones no basadas
en la evidencia sensible ya pertenezcan al ámbito de la física o al de la metafísica. De este
modo, el éxito de los postulados newtonianos radica en su capacidad para ofrecer un marco
teórico robusto y alternativo al modelo cosmológico aristotélico-ptolemaico, el cual requiere de
una ingente cantidad de arreglos ad hoc para salvar las anomalías de sus órbitas planetarias
(epiciclos y deferentes demasiado enrevesados) y demás fenómenos relacionados con el
movimiento.
Para cuando Newton publica sus Prinicipia a mediados del siglo XVII, la Revolución Científica
gestada por hombres como Copérnico, Kepler o Galileo ya había puesto en cuestión la
cosmovisión tradicional, un modelo geocéntrico del universo que divide la realidad en dos
naturalezas irreconciliables. Su cuerpo teórico corresponde en esencia a un intento fallido por
salvaguardar la coherencia interna de la filosofía aristotélica, que describe la el comportamiento
de la naturaleza materia de manera cualitativa y distingue dos tipos de movimientos: el de los
cuerpos terrenales, que se desplazan en la Tierra para ocupar su lugar natural en el centro del
universo, y el de las estrellas y planetas del orbe supralunar, cuyo movimiento por la bóveda
celeste busca alcanzar al acto pleno del primer motor inmóvil. No obstante, al desplazar la
Tierra del centro del universo, las observaciones astronómicas encajan con un sistema planetario
en el que el sol, una masa descomunal, origina el centro de gravedad alrededor del cual todos
los cuerpos, por el simple hecho de tener masa, orbitan siguiendo trayectorias curvilíneas muy
sencillas, próximas a la circunferencia. Ahora, el universo es concebido como un mecanismo
sofisticado cuyos componentes siempre muestran patrones regulares de comportamiento en
consonancia con las leyes matemáticas que avalan al cosmos como un sistema causal. Ya no
hay necesidad de recurrir a planteamientos esotéricos, sino que todas las trayectorias presentes,
pasadas y futuras vienen condensadas en elegantes relaciones matemáticas que garantizan su
[Link] contrario que con la concepción aristotélica, esta nueva física cuenta con unos
postulados sutiles, perfectamente coherentes entre sí, que no son el fruto de ninguna filosofía
subjetiva, sino que surgen como una conclusión evidente tras haber sometido los datos
experimentales al rigor formal de las matemáticas. Como resultado, las inconsistencias de la
física aristotélica desaparecen, de tal manera que bajo el nuevo paradigma propuesto por
Newton todos los fenómenos naturales se rigen por unas leyes deterministas y matematizables
que acaban por relegar en definitiva a la cosmovisión heterogénea, teleológica y geocéntrica
heredada de la cultura grecorromana.
Aún así, y pese a las grandes contradicciones existentes entre ambos modelos, es preciso
destacar que dicha cosmovisión arrojó predicciones de una gran utilidad durante el tiempo que
estuvo en vigencia, por lo que fue solamente cuando la tecnología experimental alcanzó el
desarrollo suficiente que se empezaron a plantear nuevos enfoques para solventar las anomalías
que progresivamente iban apareciendo en el modelo. No obstante, al igual que le sucedió a la
física aristotélica, llegó un momento en la historia de la ciencia en que se detectaron
discrepancias notables entre las predicciones teóricas de la dinámica newtoniana y los datos
empíricos, ciertos problemas como la anomalía de la precesión en la órbita de Mercurio o la
incompatibilidad de la mecánica clásica con las ecuaciones de Maxwell, que establecen una
velocidad constante para la propagación de las ondas electromagnéticas, rompiendo así con el
principio de adición de velocidades.
Tras estos interrogantes se encontraban las limitaciones de un paradigma, el newtoniano, cada
vez más obsoleto. Tanto es así que hoy en día las leyes del movimiento y la de gravitación
propuestas por Newton se entienden como casos particulares englobados dentro de marcos
teóricos más amplios. Así, bajo el nuevo paradigma de la Relatividad General de Einstein, la
gravedad pasa de ser considerada como una fuerza a entenderse como estados de movimiento
inerciales descritos en un espacio-tiempo distorsionado por la presencia de una masa. Entonces,
el espacio y el tiempo dejan de ser entendidos como entes absolutos o estructuras mentales a
priori para formar parte de un tejido cuadridimensional dinámico y omnipresente, lo cual
presenta profundas implicaciones filosóficas respecto a incógnitas tan antiguas como el
principio del universo, su final o la naturaleza del tiempo. De una manera similar, físicos
teóricos como Schrödinger, Heisenberg o Feymann descubren, también a principios del siglo
XX, que a escalas subatómicas las leyes clásicas del movimiento dejan de ser válidas, pues la
noción de determinismo cambia radicalmente, ya que ahora las partículas son cuantizaciones
mínimas de campos físicos que exhiben infinitos estados simultáneos, lo que da lugar a
múltiples realidades superpuestas que se materializan de manera aleatoria tras su medición
siguiendo determinadas leyes probabilísticas. Aún así, la interpretación ontológica de la
mecánica cuántica todavía no está clara, por lo que la discusión entre eruditos acerca de la
realidad última de la naturaleza dura hasta nuestros días. Además, se sabe que la teoría de la
gravedad de Einstein está incompleta, pues no permite predecir relaciones causales en
determinados entornos exóticos como las singularidades de los agujeros negros o la que dio
comienzo a nuestro propio universo. Lo que pones es muy correcto, pero no era necesario
En conclusión, podemos afirmar que la ciencia no representa un conocimiento definitivo, sino
que sus postulados se van amoldando a las observaciones experimentales. El ser humano recoge
datos empíricos para construir nuevas teorías, validar algunas de las presentes y descartar
definitivamente otras. Por ello, la física de nuestros días sigue aguardando el surgimiento de un
nuevo paradigma que posibilite una comprensión aún más profunda del universo en el que
vivimos, quizás bajo la forma de una teoría global capaz de reflejar la esencia del mundo en una
única fórmula matemática.
Muy bueno, lo único algunas precisiones para presentar de forma clara la información
10/10