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Novecentismo y Generación del 14 en España

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Lengua Castellana y Literatura

2º Bachillerato

TEMA 3. EL NOVENCENTISMO Y LA GENERACIÓN DEL 14: EL ENSAYO,


LA NOVELA NOVECENTISTA. JUAN RAMÓN JIMENEZ.
A finales del siglo XIX y tras el Desastre del 98, España está inmerso en una grave
crisis económica y graves conflictos sociales mientras el mundo vive la Primera Guerra
Mundial. Reina Alfonso XIII (1902-1931) con el paréntesis de la dictadura de Primo de
Rivera. La segunda República y la guerra civil (1936-1939) también serán un
desencadenante que repercutirá en la manera de hacer literatura.
La segunda década del siglo XX fue una etapa de innovación y experimentación en el
continente europeo. La llegada de las vanguardias o ismos coincidirá con el surgimiento
de una nueva generación de autores que defienden una nueva forma de hacer arte, más
intelectual, un arte puro, y que recibió el nombre de novecentismo o generación del 14.
En su empeño por la innovación, los autores de la generación del 14 intentan alejarse
de los excesos estéticos del modernismo y del interés por el paisaje y Castilla de los
autores noventayochistas. Los autores de la generación del 14 heredan de los del 98 su
preocupación por los problemas de España, pero intentan analizarlos de forma objetiva
y lógica, pues valoran por encima de todo el racionalismo (defienden que la ciencia y el
análisis de la sociedad contribuyen al progreso) y el intelectualismo (son autores con
una sólida preparación universitaria) en cualquier ámbito. Participan en la vida política
de la época y proponen soluciones para modernizar el país a través de la prensa escrita,
la universidad y algunas instituciones educativas; piensan que España debe fijarse en
Europa como modelo de progreso y basar la modernización en el avance de la
educación y de la ciencia (europeización del país).
Desde el punto de vista estético, los jóvenes novecentistas defienden un arte que no
imite la naturaleza ni refleje las emociones, alejado del realismo decimonónico y del
sentimentalismo romántico; se trata, pues, de un arte puro, intelectual, con obras de
construcción muy meditada que huyen de la improvisación y cuyo único fin es producir
placer estético; un arte selectivo que solo está al alcance de una minoría capacitada para
entenderlo.
3.1. El ensayo novecentista
El ensayo español anterior a la guerra civil alcanzó un gran desarrollo, tanto en calidad
como en variedad temática e ideológica, pues era el género más idóneo para la
transmisión de su ideario. A la meditación en torno al ser de España propia de los
noventayochistas y regeneracionistas, sucedió una perspectiva más cosmopolita,
impulsada por Ortega y Gasset y la generación del 14.
 José Ortega y Gasset (1883-1956), filósofo, fue una figura intelectual de
referencia más allá de su época, no solo por su trabajo como profesor y
ensayista, sino también por la fundación de diferentes instituciones y
publicaciones, como la Revista de Occidente. Esta acogió desde sus inicios las
innovaciones culturales y artísticas españolas y europeas y sirvió de vehículo de
expresión para los intelectuales del momento.
Ortega reflexionó sobre múltiples aspectos de la realidad, la cual veía como un
conjunto de perspectivas individuales, todas ellas válidas. Algunos de esos temas
son: la regeneración de España (plantea como única solución posible la
europeización de España, como analiza en España invertebrada, y también
defiende que el país debe ser dirigido por una élite de individuos preparados, en
La rebelión de las masas), el nuevo arte puro (en La deshumanización del arte,
Ortega observa que dicha deshumanización libera al arte de cualquier finalidad
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práctica y lo convierte en un juego cuya misión consiste en producir objetos


estéticos; sin embargo, es una obra destinada a la élite o minoría) o la literatura.
El estilo de este autor se caracteriza por la claridad y la elegancia, así como por
el empleo de originales metáforas que le permiten ilustrar sus ideas.
 El escritor y crítico Eugenio D’Ors (1882-1954) es el ideólogo del noucentisme,
un movimiento opuesto al modernismo y renovador de la cultura y la política en
Cataluña. Una parte importante de su obra se publicó en una nueva forma de
ensayo periodístico llamado glosa, que consistía en una breve reflexión centrada
en el ambiente cultural y político de la época. Las glosas fueron recopiladas en
libros como Glosari y Nuevo glosario. El estilo de este autor es claro y el tema
principal de su obra es la crítica cultural y de arte, a partir de estrictos
planteamientos clasicistas: defiende un arte entroncado con la tradición, racional,
deshumanizado, sin sentimentalismos, sereno y equilibrado.
 Gregorio Marañón, desde su condición de médico endocrino, analizó las claves
del comportamiento de diversos personajes históricos en biografías, como
Ensayo biológico sobre Enrique IV de Castilla y su tiempo, El conde-duque de
Olivares: la pasión de mandar o Tiberio: historia de un resentimiento.
 De Manuel Azaña, brillante orador, destacan sus escritos El jardín de los
frailes, novela autobiográfica y anticlerical en la que evoca su educación en un
colegio religioso, y La velada en Benicarló, novela dialogada sobre las tensiones
vividas en la guerra civil.
3.2. La novela novecentista
La novela novecentista se impregnará de la intelectualidad del movimiento. La prosa
precisa, pulcra y llena de recursos expresivos se combinará con la actitud crítica, propia
de unos escritores que se sienten atraídos por la cultura europea y el análisis de los
problemas de España desde una nueva perspectiva.
El mayor representante de la novela intelectual fue RAMÓN PÉREZ DE AYALA
(Oviedo, 1880 – Madrid, 1962), si bien en sus primeros escritos siguen la estética
noventayochista. Podemos distinguir en su obra tres etapas:
 Etapa realista, de novelas autobiográficas, con una visión amarga de la vida.
Pretende reflejar la crisis de la conciencia hispánica desde principios de siglo.
Pertenece a esta etapa la tetralogía Tinieblas en las cumbres, A.M.D.G., La pata
de la raposa y Troteras y danzaderas.
 Tres novelas poemáticas, publicadas en 1916, en un solo volumen formado por
tres relatos: Prometeo, Luz de domingo y La caída de los limones. Reflexionan
sobre la necesaria transformación de España. La primera narra el fracaso
educativo de un profesor; en las otras dos, denuncia el caciquismo. Desaparece
lo autobiográfico y ganan terreno las ideas.
 En su tercera etapa, novelas intelectuales, la más lograda desde un punto de
vista narrativo, que comienza en 1921, la acción disminuye y los personajes
encarnan ideas o actitudes vitales. En ellas se pretende buscar una armonía de
un universo de contrarios. En este periodo escribe Belarmino y Apolonio,
Tigre Juan y El curandero de su honra.
El otro gran novelista fue GABRIEL MIRÓ. Sus novelas se caracterizan por el
dominio del lenguaje, su rico estilo descriptivo y la creación de atmósferas opresivas e
intensas. En su obra narrativa se aprecia una actitud crítica y reflexiva heredada del
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grupo del 98, a la vez que un estilo lírico y formalista que puede relacionarse con el
modernismo. En sus novelas destacan las descripciones sensoriales y evocadoras y la
representación del estado de ánimo de los personajes, que predomina sobre la acción.
En una primera etapa, la etapa decadentista (1901-1911) aborda el erotismo, el amor y
la enfermedad siguiendo una estética modernista (Las cerezas del cementerio). Le
siguió una etapa novecentista (1912-1928) donde, con un espíritu crítico, trata el paso
del tiempo y la angustia existencial, evitando los excesos melodramáticos de la anterior
etapa (El obispo leproso, Nuestro padre san Daniel, novelas anticlericales).
3.3. Lírica. Juan Ramón Jiménez (1881-1958)
Juan Ramón Jiménez, autor más destacado en la lírica de esta generación, presenta en
su obra una trayectoria poética singular, con un claro hilo conductor: la búsqueda de la
belleza, de lo esencial, a través de la poesía como medio para combatir el paso del
tiempo y otorgar sentido a la existencia. En su obra de percibe una clara evolución a
través de tres etapas.
- Etapa sensitiva. A lo largo de poemarios como Ninfeas, Almas de violeta, Arias
tristes, Rimas, Melancolía…, lleva a cabo un proceso de depuración que parte de una
retórica modernista (el erotismo como respuesta a la angustia vital, la complacencia en
el dolor o el uso de símbolos característicos, como el jardín o las hojas secas) y
evoluciona a una poesía más contenida e introspectiva, con influencia de Bécquer. Son
característicos de esta primera etapa los temas de la búsqueda del “sentido profundo y
eterno de la vida·, un anhelo de eternidad; y la obsesión por la muerte, la tristeza y la
melancolía.
- En su etapa intelectual, de poesía pura o desnuda (de 1916 a 1936), su poesía se
caracteriza por su desnudez formal, la presencia del mar y los temas trascendentales,
como el paso del tiempo, la soledad y, de nuevo, el deseo de eternidad: Diario de un
poeta recién casado, Eternidades y Piedra y cielo. Un símbolo básico es el de “los
nombres”: el nombre de las cosas se convierte en símbolo o encarnación de su esencia.
Incorpora también diversos motivos y elementos formales que influirán en los poetas de
la generación del 27: Nueva York como símbolo de la deshumanización de la
civilización occidental (se verá también en Lorca), el vitalismo que anticipa la
celebración del instante y el ser (presente en Jorge Guillén) y la incorporación de
diversas innovaciones formales, como el verso libre y la prosa poética.
- Su siguiente etapa, la etapa suficiente o verdadera (1937-1958), cuyas obras
compone en el exilio, se caracteriza por su obsesión por la muerte y la eternidad, el
misticismo poético (búsqueda de la poesía pura) y la depuración verbal: Espacio, La
estación total, Animal de fondo, Dios deseado y deseante y Ríos que se van. En sus
últimos libros se aprecia el influjo del panteísmo, el hinduismo y la poesía mística.
Una de sus ideas fundamentales es el descubrimiento de la capacidad del yo más
íntimo –de la conciencia- de dar sentido a la existencia y oponerse al poder destructor
del tiempo.

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