Módulo Comunicación Oral y Escrita
Condiciones de textualidad: coherencia y cohesión
Apunte de la cátedra para las Ingenierías de la FICHl
Con anterioridad planteamos que nos comunicamos a través de textos orales, escritos o mixtos que tienen como objetivo poder transmitir una idea. Esto implica considerar al
texto como un lenguaje que se usa con una finalidad (argumentar, explicar, describir, ordenar, narrar) en un contexto de situación determinado.
Ahora bien, para que ese texto cumpla con su finalidad, sea claro y por lo tanto pueda ser interpretado por un lector u oyente, es necesario que tenga textualidad. La textualidad
establece relaciones gramaticales y de sentido que vuelven a un texto legible. Veamos el siguiente ejemplo en el cual la concatenación de oraciones gramaticalmente correctas no
implica que tenga sentido:
La investigación internacional ha revelado que la violencia de pareja bidireccional es un fenómeno criminológico con altas cifras de prevalencia. La Violencia es la denominación del
período histórico en Colombia, entre las décadas de 1920 y 1960 (varía según la fuente), en el cual se presentaron confrontaciones armadas entre partidarios del Partido Liberal y
del Partido Conservador. La Armada de la República Argentina (ARA) es una de las tres instituciones Militares de defensa de la Nación, con competencia directa y principal en el
ámbito marítimo. LA SELECCIÓN ARGENTINA se consagró campeón mundial por tercera vez en la historia al vencer por 4 a 2 en los penales a Francia en la final de Qatar 2022 luego
de igualar 3 a 3 en los 90 minutos regulares y los 30 suplementarios. De esta forma alcanzó el título número 22 de su historia.
Como podemos observar en el ejemplo anterior, la suma de oraciones no constituye un texto. Inclusive aunque éstas establezcan algún vínculo entre sí. Esto ocurre porque, en este
caso, las relaciones que aparecen se establecen entre la oración previa o consecutiva, pero no entre la oración y la construcción semántica y acabada que supone un texto. La
textualidad entonces puede definirse inicialmente, como aquellos aspectos que hacen que un texto sea coherente. Es necesario de esta manera comprender a la coherencia, no
sólo como el conjunto de operaciones que permiten relacionar elementos diversos, sino también como una propiedad que permite percibir la continuidad de sentido que hace
posible que los receptores puedan asignarle al texto un tema global.
Sin embargo, debemos recordar que la coherencia no se consigue sólo mediante la realización homogénea de la superficie textual, sino también de acuerdo a su realización
adecuada al contexto específico donde sucede, atendiendo a los aspectos de campo, tenor y modo que ya trabajamos anteriormente. Esto implica que un texto coherente en
determinado contexto específico, puede no serlo en otro contexto. Definimos a la coherencia entonces como la intersección del conjunto de relaciones contextuales y gramaticales
que hacen posible que un texto sea comprendido e interpretado. Esta concepción permite distinguir lo contextual y lo gramatical como elementos constituyentes de la coherencia
que no pueden ser considerados separadamente, sino íntimamente relacionados e interactuando entre sí.
En esta ocasión, complementamos lo trabajado anteriormente sobre contexto de situación con el análisis de la coherencia gramatical, con el objetivo de caracterizar y favorecer la
comprensión integral de esta propiedad fundamental de los textos.
Acerca de las relaciones gramaticales
Como hemos mencionado anteriormente, la coherencia refiere a la adecuada organización de la información sobre un determinado tema en un contexto específico. Es una
propiedad del texto que permite la continuidad del sentido y hace posible que los receptores puedan asignarle al mismo, un tema global. Pero para que un conjunto de oraciones
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constituya un texto es necesario establecer ciertas operaciones que refieren fundamentalmente a las posibilidades que existen de relacionar léxica y gramaticalmente elementos
constituyentes de un texto. Esta característica se denomina cohesión y se logra a través de recursos léxico-gramaticales que permiten expresar –en el interior del texto–
vinculaciones de significado. La cohesión es, por lo tanto, un concepto relacional: no es la presencia de una clase particular de elemento lo que es cohesivo sino la relación entre
ese elemento y otro (Menéndez. 2006). El modo en que esas relaciones se materializan, se produce a partir de lo que se conoce como recursos cohesivos, y que se detallan a
continuación:
a) Referencia: consiste en reemplazar una palabra ya expresada en el texto por otra que se refiere a ella. Para esta función utilizamos principalmente los pronombres (personales,
posesivos y demostrativos). El pronombre funciona, entonces, como una instrucción de búsqueda, ya que nos obliga a buscar en el texto la expresión a la que se refiere. Veamos un
caso:
(…) El ciclo celular se divide tradicionalmente en varias etapas diferentes. Una de ellas, conocida como mitosis, corresponde a su división para originar nuevas células.
Como vemos, el pronombre ‘ellas’ refiere a ‘etapas’, en este caso, se reemplaza el sustantivo por un pronombre personal para evitar reiteraciones que podrían atentar contra la
coherencia textual. Para poder poner en práctica tanto la interpretación como la producción de referencias, es necesario identificar los pronombres ya que esto nos permitirá
reconocer el recurso cohesivo con facilidad. A continuación, presentamos algunos de los más usados:
PRONOMBRES 1° persona (emisor) 2° persona (receptor) 3° persona
Pronombres personales Yo, nosotros/as, me, mí, conmigo, nos. Vos, ustedes, tú, usted, te, ti, contigo. Él, ella/s, ello/s, lo/s, la/s, le/s, consigo.
Pronombres posesivos Mi/s, mío/s, mía/s, nuestro/s, nuestras/s. Tuyo/s, tuya/s, tu/s. Suyo/s, suya/s, su.
Pronombres Este, esto/s, esta/s, aquí, acá.
demostrativos
Ese, esa/s, eso/s, ahí, allí.
Aquel, allá, aquella/s, aquello/s.
b) Elipsis: este procedimiento consiste en omitir una palabra o frase que ya fue dicha y que sabemos que el lector o escucha puede reponer mentalmente. Lo usamos para evitar
reiteraciones, aligerar la información y evitar confusiones. Las elipsis pueden ser nominales o verbales.
Veamos unos ejemplos:
María estudia y * trabaja.
Juan estudia psicología, y Pedro,* sociología.
En el primer ejemplo, el asterisco señala la ausencia de un elemento nominal que ya apareció mencionado, en este caso: ‘María’. En el segundo se elide el verbo ‘estudia’.
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c) Conectores: son nexos que nos permiten reconocer relaciones entre las ideas. Podemos identificar tres clases de conectores, según sus funciones:
⮚
Conectores ordenadores del párrafo: sirven para organizar y ordenar la información presentada (finalmente, en primer término, a continuación, por un lado, luego,
anteriormente, más adelante, en síntesis, en suma, etc.)+
⮚
Conectores lógicos: son fundamentales e imprescindibles para hacer comprensible el discurso de la ciencia. Indican el sentido con el que se presenta una
determinada información y pueden ser: de causa y efecto (porque, por consiguiente, puesto que, por lo tanto, ya que, en consecuencia, a causa de, dado que ) de ampliación (por
ejemplo, en otras palabras, es decir, también, además, sumado a lo anterior) de tiempo (previamente, después, más tarde, ahora, actualmente, últimamente) de contraste (pero,
inversamente, a pesar de, sin embargo, por el contrario, no obstante, si bien, aunque)
⮚
Conectores-modalizadores: sirven para plantear o dejar ver la posición personal del emisor respecto de su propio mensaje, afirmando, negando, resaltando su
veracidad, dándolo por dudoso o probable, en síntesis presentando una valoración de lo dicho (ciertamente, efectivamente, todos sabemos que, es evidente que, con toda
seguridad, tal vez, es posible, raramente). En el discurso de la ciencia, estos modalizadores deben ser utilizados con precaución y se espera que estén siempre respaldados por
argumentos, razonamientos o estudios que confirmen esa valoración personal.
d) Sinonimia: consiste en sustituir un elemento por otro que pueda funcionar como sinónimo debido a su significado equivalente dentro del texto. De esta forma, continuamos con
el tema del texto y evitamos repeticiones innecesarias. Veamos un ejemplo:
El arte de la lectura, como comentara en un claro ensayo Pedro Salinas, es cada vez más difícil. Esta actividad requiere tiempo, silencio, y una cierta disposición interior.
Bibliografía
Ghio, E. y Fernández, Ma. D.: Lingüística Sistémico Funcional. Aplicaciones a la lengua española, Santa Fe: Universidad Nacional del Litoral- Waldhuter Editores, 2008.
Halliday, M. y Hassan, R.: Languaje, Context, Text: Aspects of Languaje in a Social Semiotic Perspective. H. Kong: Oxford University Press, 1990.
Lescano M. y Lombardo, S.: Lecturas y escrituras 2, Buenos Aires.: Ediciones del Eclipse, 2000.
Menéndez, S.: ¿Qué es una gramática textual? Buenos Aires: Ediciones Litterae, 2006.
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