Eclipse
La palabra eclipse indica cuando un astro desaparece o se oculta momentáneamente debido a la
interposición de otro en nuestra trayectoria visual. Es una palabra que deriva del latín eclipsis y que, a su
vez, se origina del griego ekleipsis, y significa “falta o desaparición".
Un eclipse es un fenómeno astronómico donde la luz de un cuerpo celeste es bloqueada por otro de menor,
igual o mayor tamaño. Cuando ese bloqueo parcial o total de luz llega a un tercer cuerpo celeste, se dice que
se produce un eclipse.
Para los habitantes de la Tierra se distinguen dos tipos de eclipse: de Luna y de Sol. En ambos casos, la
estrella, el planeta y el satélite, deben estar perfectamente posicionados. Por ello, son eventos que no ocurren
todos los días.
En el eclipse lunar la Tierra se interpone entre la Luna y el Sol, de manera que la sombra de nuestro
planeta se ve proyectada en la Luna.
Por su parte, en el eclipse de Sol, es la Luna la que se interpone entre la Tierra y el Sol, creando un trayecto
sombreado en algunas regiones del planeta, donde la umbra es la parte más oscura, y la penumbra es una
región más clara.
Es importante identificar los tipos de sombras que se presentan en un eclipse solar para un estudio más
comprensible.
La umbra, es el momento de mayor sombra durante un eclipse. Esto es, que aunque sea de día, el entorno
luce oscuro como si fuera de noche. Tal hecho ocurre porque un cuerpo es bloqueado completamente.
Le penumbra es una sombra más débil que la umbra, ya que se ubica entre esta y la luz intensa.
Por último, la antumbra es la parte más clara de una sombra que se forma a cierta distancia del objeto que
proyecta la sombra. Es la parte “final” de la umbra donde la luz pasa, pero no de forma completa, por lo que
puede observarse un bello eclipse anular.
Eclipse Solar
El hecho de que el Sol sea 400 más ancho que la Luna, pero también esté 400 veces más lejos, crea el
escenario perfecto para que un eclipse solar se lleve a cabo. Sin olvidar que para que esto funcione, la Luna
debe estar en fase de novilunio, mejor conocida como “Luna nueva”, que es cuando su hemisferio iluminado
por el Sol no puede ser visible desde la Tierra.
Es decir, la Luna en esta fase es imperceptible al ojo humano.
Todos los cuerpos celestes giran sobre su órbita, y a su vez, también dan un recorrido alrededor del Sol. En
este caso, la Tierra, la Luna y el Sol, se hallan en ubicaciones “privilegiadas” para que se suscite el fenómeno.
Se distinguen tres principales tipos de eclipses solares:
o Eclipse Parcial: como su nombre lo indica, la Luna cubre de forma parcial el disco solar, de manera
que una parte del Sol luce oscura, y la otra, totalmente brillante. Los observadores de estos eclipses lo
hacen desde la penumbra. En este tipo de eclipse, conocido coloquialmente como “anillo de fuego”,
la Luna se posiciona en el centro del Sol. Sucede al no lograr cubrir la circunferencia total del Sol
debido a una ligera diferencia en distancia (a comparación como ocurre en un eclipse total), lo que
forma un anillo perfecto de intensa luz. En términos más formales, este tipo de eclipse se presenta
cuando la Luna nueva se encuentra un poco más lejos de la Tierra (apogeo), y la umbra no llega al
planeta. Entonces, el espectador verá un eclipse lunar desde la antumbra.
o Eclipse Total es el más esperado y el más fascinante para la humanidad, pues la cercanía de la Luna
es suficiente para cubrir la superficie del Sol desde nuestra posición en la Tierra. Cuando la Luna
nueva cubre la circunferencia solar debido a que se encuentra más próxima a la Tierra (perigeo), se
puede observar la “corona” de la gran estrella, ofreciendo un espectáculo sin igual.
o Eclipse Híbrido: Son “raros” y constituyen solo el 4 % de los eclipses solares. Estos se presentan
cuando un eclipse total se convierte en uno anular debido al alejamiento y movimiento de los
cuerpos celestes. También puede ocurrir a la inversa; o sea, que inicie como un eclipse anular para
terminar como eclipse total.
Los eclipses solares son eventos que ocurren comúnmente dos veces al año, pero de forma ya sea parcial,
anular o total. Sin embargo, los totales a veces se presentan una vez al año, o puede ser que pasen más de 12
meses para que alguno se visualice. Lo que sí es un hecho, es que un eclipse total de Sol solo puede verse una
vez cada 360 años aproximadamente, en un sitio específico de la Tierra. Es decir, que probablemente solo
veas un solo eclipse total de Sol en tu vida, o ¡quizá ninguno!
Para observar un eclipse de Sol, se debe seguir una serie de recomendaciones, y debes saber que un eclipse
de Sol nunca debe observarse a simple vista. En la fase principal, que es cuando la superficie solar está
totalmente cubierta, es cuando podría verse sin protección. No obstante, calcular mal el tiempo de
observación es muy arriesgado, por lo que sugieren mirar un eclipse solar en ninguna de sus fases.
Cuando los astros se mueven como parte de su trayecto natural, el “desajuste” de posiciones hace que
súbitamente la luz del Sol vuelva a asomarse por uno de los extremos y no hay tiempo para esquivar esta
luminosidad; llega tan repentinamente a la vista humana, que causa daño en los ojos, muchas veces
irreversible. La ceguera total es posible.
Cabe mencionar que la duración de todo el fenómeno puede ser de más dos horas o incluso hasta poco
menos de 5 horas, dependiendo del tipo de eclipse (los parciales pueden durar casi 5 horas). Pero en un
eclipse total, el punto álgido que es el bloqueo total del Sol, tan solo dura entre 2 y 7.5 minutos. Es decir, que
solo entre ese tiempo se percibe oscuridad total.
Fases del eclipse solar.
Mitos alrededor de un eclipse de Sol.
Los eclipses no se quedan atrás con relación a su percepción humana. Cuando el hombre no se podía explicar tal
fenómeno, comenzó a crear historias sobre lo que probablemente sucedía.
Las primeras civilizaciones creían que eran dioses enviando “mensajes” a través de los astros. Los vikingos decían que
un lobo devoraba al Sol y hacían ruido para “asustarlo”. El resultado era que el Sol o la Luna volvían a su estado natural,
por lo que reforzaban sus creencias aún más.
Luego, en las generaciones más modernas, fueron apareciendo mitos sin explicación científica pero con los testimonios
suficientes para hacer de ellos algo muy probable. Por ejemplo:
Los animales se comportan de manera descontrolada.
No es que los animales actúen sin control, sino que este cambio súbito de luz hacia oscuridad y viceversa, hace que los
animales diurnos y nocturnos modifiquen su ritmo para adaptarse a lo que sucede en su entorno.
Durante un eclipse solar total, podríamos ver a las aves yendo hacia los árboles para descansar o a los mapaches salir a
buscar comida. Esto es, porque la oscuridad les está indicando que sus actividades deben concluir o ya pueden comenzar.
Tu bebé puede nacer con problemas de salud.
No es extraño ver a algunas mujeres embarazadas portando listones rojos para proteger a su bebé en gestación de los
efectos del eclipse. Se dice que sin este listón, el bebé podría nacer con alguna malformación o mancha, pero hasta ahora,
no existe evidencia científica que un trozo de tela ahuyente algún tipo de energía cósmica.
Puedes bajar de peso.
Esto es cierto, pero no para siempre. La fuerza gravitacional puede hacer que perdamos 500 gr, 700 gr o hasta un kilo de
peso, pero esto volverá a la normalidad cuando los astros se separen nuevamente hacia sus respectivos trayectos.
Eclipse Lunar
Un eclipse lunar es un fenómeno astronómico que ocurre cuando la Tierra pasa directamente entre la Luna
y el Sol, causando que la sombra de la Tierra producida por la luz del Sol, se proyecte sobre la Luna. Para
que esto ocurra, se requiere que los tres cuerpos celestes se encuentren en una posición de “Sicigia” o
cercana a ella. Esto significa que están formados en línea recta. El tipo y duración de un eclipse lunar
depende de la posición de la Luna respecto a sus nodos orbitales que son los puntos donde la órbita de la
Luna cruza el plano de la órbita del Sol.
Para conocer los tipos de eclipse lunar hay que entender la sombra que produce la Tierra como resultado de
la iluminación del Sol. Al ser más grande nuestra estrella, produce dos tipos de sombra, una en forma de
cono más oscura que se llama Umbra y es la parte donde la luz es completamente bloqueada mientras que la
Penumbra es la parte en la que solo una porción de luz es bloqueada. Tal y como se muestra en el diagrama.
Cada año se producen entre 2 y 5 eclipses lunares.
En los eclipses solares, intervienen los mismos tres cuerpos celestes, pero la diferencia entre ambos reside en
la posición de cada uno de ellos. En un eclipse lunar, la Tierra se interpone entre la Luna y el Sol
proyectando una sombra sobre la Luna, mientras que en un eclipse solar, la Luna se interpone entre el Sol y
la Tierra, proyectando su sombra a una pequeña parte de esta última.
Una persona puede mirar un eclipse lunar desde cualquier zona de la Tierra donde sea visible el satélite
desde el horizonte y durante la noche, mientras que durante un eclipse solar solo se ve por breves momentos
y en ciertas partes de la Tierra. Otra diferencia con respecto a los eclipses de Sol, es que uno total de Luna
dura en promedio de 30 minutos a 1 hora, pero puede extenderse algunas horas más. Esto no es más que
resultado del gran tamaño de la Tierra con respecto a la Luna, que es más pequeña. En cambio, el Sol es
mucho más grande que la Tierra y que la Luna, lo que hace que el fenómeno sea muy breve. Según la
posición de la Luna respecto a la sombra de la Tierra, se producen 3 tipos de eclipses lunares y aunque son
más frecuentes que los eclipses solares, no ocurren cada vez que hay Luna llena, puesto que se requiere lo
siguiente: La Luna debe estar en plenilunio, es decir, en Luna llena. O sea, completamente atrás de la Tierra
respecto al Sol.
La Tierra debe ubicarse físicamente entre el Sol y la Luna de modo que todos los cuerpos se sitúen al mismo
tiempo en el mismo plano de la órbita, o muy cerca de estarlo. Esta es la razón principal por la que no
ocurren cada mes, ya que la órbita de la Luna está inclinada unos 5 grados con respecto a la eclíptica.
La Luna debe pasar completa o parcialmente dentro de la sombra terrestre.
Los tipos de eclipse lunar son:
o Eclipse lunar total: Ocurre cuando la Luna en su totalidad (entera) pasa a través de la sombra
umbral terrestre. En otras palabras, la Luna entra por completo en el cono de la umbra. Durante el
desarrollo y transcurso de este tipo de eclipses, la Luna pasa por la secuencia de eclipses siguiente: 1)
penumbral, 2) parcial, 3) total, 4) parcial y 5) penumbral.
o Eclipse lunar parcial: En este caso, solo una parte de la Luna entra en la sombra umbral de la Tierra
y por consiguiente la otra parte se encuentra en la zona penumbral.
o Eclipse lunar penumbral.: La Luna solo pasa por el área de la penumbra. Es el tipo más difícil de
observar ya que la sombra sobre la Luna se muestra bastante sutil, precisamente porque la
penumbra es una sombra difusa. Adicionalmente, se considera el eclipse penumbral total si la Luna
está completamente dentro de la zona penumbral, y eclipse penumbral parcial si solo una parte de
la Luna está dentro de la penumbra y la otra sin sombra alguna.
Una Historia que no sabías. El Eclipse de 1504
Eran los comienzos de 1504 durante el segundo viaje de Cristóbal Colón. Él y su tripulación se encontraban en el norte
de Jamaica donde empezaban a ser vistos con recelo por los nativos que se negaban a seguir compartiendo con ellos sus
alimentos, lo que puso a Colón y a su gente en serios aprietos.
Colón había leído en un documento científico de la época que incluía los ciclos lunares, que próximamente habría un
eclipse en la zona y aprovechó la oportunidad. Queriendo mostrarse como superior para tener influencia sobre los
indígenas, los amenazó con hacer desaparecer la Luna la noche del 29 de Febrero de 1504. Después de ver que había
hecho desaparecer la Luna, los nativos le suplicaron que la regresara a su forma original, lo que obviamente hizo unas
cuantas horas después cuando el eclipse terminó.
De esa forma, Colón logró que los nativos siguieran compartiendo su comida.
Luna Roja o Luna de Sangre: Durante los eclipses totales, la Luna se torna roja lo que le dio el nombre popular de
Luna de sangre. Este fenómeno se produce porque al no recibir luz del Sol, la Luna solamente recibe cierta iluminación
refractada en la atmósfera terrestre, lo que le da este color, exactamente por el mismo motivo que se ven rojos los
atardeceres.
El dramatismo de este color ha generado una gran cantidad de especulaciones y profecías a lo largo de la historia.
Eclipses Solares en la cultura.
Los eclipses tanto solares como lunares han causado asombro en los humanos por milenios y cada cultura antigua les dio
diferentes explicaciones y creo una mitología a su alrededor.
Los egipcios creían que un tejón se tragaba la luna temporalmente; los mayas pensaban que era un jaguar, mientras que
los chinos creían que era por un sapo de tres pies.
Los mesopotámicos por su parte creían que la Luna era atacada por demonios y en otras partes de China pensaban que
eran dragones los que trataban de devorar la Luna.
Los incas al igual que los mayas, pensaban que un jaguar atacaba la Luna y por eso su color rojo. Rituales para espantar a
las bestias eran practicados por la mayoría de estas civilizaciones que temían perder la Luna para siempre cada vez que
ocurría un fenómeno de estos.
Novas y Supernovas
Son estrellas que explotan liberando en el espacio parte de su material. Durante un tiempo variable, su brillo
aumenta de forma espectacular. Parece que ha nacido una estrella nueva.
Una nova es una estrella que aumenta enormemente su brillo de forma súbita y después palidece
lentamente, pero puede continuar existiendo durante cierto tiempo. Una supernova también, pero la
explosión destruye o altera a la estrella. Las supernovas son mucho más raras que las novas, que se observan
con bastante frecuencia en las fotos. Las novas y las supernovas aportan materiales al Universo que servirán
para formar nuevas estrellas.
Antiguamente, a una estrella que aparecía de golpe donde no había nada, se le llamaba nova, o ‘estrella
nueva’. Pero este nombre no es correcto, ya que estas estrellas existían mucho antes de que se pudieran ver a
simple vista.
Quizá aparezcan 10 o 12 novas por año en la Vía Láctea, pero algunas están demasiado lejos para poder
verlas o las oscurece la materia interestelar.
A las novas se las observa con más facilidad en otras galaxias cercanas que en la nuestra. Una nova
incrementa en varios miles de veces su brillo original en cuestión de días o de horas. Después entra en un
periodo de transición, durante el cual palidece, y cobra brillo de nuevo; a partir de ahí palidece poco a poco
hasta llegar a su nivel original de brillo.
Las novas son estrellas en un periodo tardío de evolución. Explotan porque sus capas exteriores han formado
un exceso de helio mediante reacciones nucleares y se expande con demasiada velocidad como para ser
contenida. La estrella despide de forma explosiva una pequeña fracción de su masa como una capa de gas,
aumenta su brillo y, después se normaliza.
La estrella que queda es una enana blanca, el miembro más pequeño de un sistema binario, sujeto a una
continua disminución de materia en favor de la estrella más grande. Este fenómeno sucede con las novas
enanas, que surgen una y otra vez a intervalos regulares.
La explosión de una supernova es más destructiva y espectacular que la de una nova, y mucho más rara.
Esto es poco frecuente en nuestra galaxia, y a pesar de su increíble aumento de brillo, pocas se pueden
observar a simple vista.
Hasta 1987 sólo se habían identificado tres a lo largo de la historia. La más conocida es la que surgió en
1054 y cuyos restos se conocen como la nebulosa del Cangrejo.
Las supernovas, al igual que las novas, se ven con más frecuencia en otras galaxias. Así pues, la supernova
más reciente, que apareció en el hemisferio sur el 24 de febrero de 1987, surgió en una galaxia satélite, la
Gran Nube de Magallanes. Esta supernova, que tiene rasgos insólitos, es objeto de un intenso estudio
astronómico.
Las estrellas muy grandes explotan en las últimas etapas de su rápida evolución, como resultado de un
colapso gravitacional. Cuando la presión creada por los procesos nucleares, ya no puede soportar el peso de
las capas exteriores y la estrella explota. Se le denomina supernova de Tipo II.
Una supernova de Tipo I se origina de modo similar a una nova. Es un miembro de un sistema binario que
recibe el flujo de combustible al capturar material de su compañero.
De la explosión de una supernova quedan pocos restos, salvo la capa de gases que se expande. Un ejemplo
famoso es la nebulosa del Cangrejo; en su centro hay un púlsar, o estrella de neutrones que gira a gran
velocidad.
Agujeros negros
Los llamados agujeros negros son lugares con un campo gravitatorio muy grande, enorme. No puede
escapar ninguna radiación electromagnética ni luminosa, por eso son negros.
Están rodeados de una frontera esférica llamada "horizonte de sucesos" que permite que la luz entre, pero no
salga.
Hay dos tipos de agujeros negros: cuerpos de alta densidad y poca masa concentrada en un espacio muy
pequeño, y cuerpos de densidad baja, pero masa muy grande, como pasa en los centros de las galaxias.
Si la masa de una estrella es más de dos veces la del Sol, llega un momento en su ciclo en que ni tan solo los
neutrones pueden soportar la gravedad. La estrella se colapsa y se convierte en agujero negro.
Stephen Hawking y los conos luminosos
El científico británico Stephen W. Hawking dedicó buena parte de su trabajo al estudio de los agujeros
negros. En su libro Historia del Tiempo explica cómo, en una estrella que se está colapsando, los conos
luminosos que emite empiezan a curvarse en la superficie de la estrella.
Al hacerse pequeña, el campo gravitatorio crece y los conos de luz se inclinan cada vez más, hasta que ya no
pueden escapar. La luz se apaga, como en el agujero negro CO-0,40, situado a 200 años luz del centro de la
Vía Láctea.
Si un componente de una estrella binaria se convierte en agujero negro, toma material de su compañera.
Cuando el remolino se acerca al agujero, se mueve tan deprisa que emite rayos X. Así, aunque no se puede
ver, se puede detectar por sus efectos sobre la materia cercana.
Los agujeros negros no son eternos. Aunque no se escape ninguna radiación, parece que pueden hacerlo
algunas partículas atómicas y subatómicas.
Alguien que observase la formación de un agujero negro desde el exterior, vería una estrella cada vez más
pequeña y roja hasta que, finalmente, desaparecería. Su influencia gravitatoria, sin embargo, seguiría
intacta.
Como ocurrió en el Big Bang, también en los agujeros negros se da una singularidad, es decir, las leyes
físicas y la capacidad de predicción fallan. Ningún observador externo, si lo hubiese, podría ver qué ocurre
dentro.
Las ecuaciones que intentan explicar una singularidad, como la que se da en los agujeros negros, han de
tener en cuenta el espacio y el tiempo. Las singularidades se situarán siempre en el pasado del observador
(como el Big Bang) o en su futuro (como los colapsos gravitatorios), pero nunca en el presente. Esta curiosa
hipótesis se conoce con el nombre de censura cósmica.
La primera detección de ondas gravitacionales, el 14 de septiembre de 2015, provenía del choque de dos
agujeros negros, que se fundieron liberando una energía equivalente a unas tres veces la masa de nuestro
sol.
Galaxia:
Las galaxias son grandes estructuras del Universo donde se agrupan estrellas, nebulosas, planetas, nubes de
gas, polvo cósmico y otros materiales que se mantienen juntos por la atracción gravitatoria.
Durante la mayor parte de nuestra historia, los seres humanos sólo pudimos ver las galaxias como manchas
difusas en el cielo nocturno.
Nuestro Sistema Solar forma parte de una galaxia, la única que hemos visto desde dentro: La Vía Láctea.
Siempre la hemos conocido, aunque en la antigüedad nadie sabía de qué se trataba. Aparece como una
franja blanquecina que cruza el cielo, por eso la llamamos camino de leche.
En realidad, los nombres galaxia y Vía Láctea tienen el mismo origen. Los griegos consideraban que las
estrellas eran las gotas de la leche derramada por la diosa Hera mientras alimentaba a Hércules.
Dentro de la Vía Láctea podemos encontrar diversas formaciones de estrellas y polvo interestelar. Las más
destacables son las nebulosas y los cúmulos estelares. Es de suponer que también existen en otras galaxias.
Las galaxias se clasifican según su tamaño y su forma. Las hay desde enanas, con "solo" decenas de millones
de estrellas, hasta gigantes que contienen billones de astros. En cuanto a las formas, pueden ser elípticas,
espirales (como la Vía Láctea), lenticulares o irregulares.
En el Universo observable hay, al menos, 2 billones (con "b", dos millones de millones) de galaxias, la
mayoría con tamaños que van de los 100 a los 100.000 parsecs de diámetro. Muchas de ellas se agrupan en
cúmulos de galaxias, y estos, a su vez, en supercúmulos.
Se calcula que hasta el 90% de la masa de cada galaxia es algo distinto a la materia ordinaria; existe, pero no
se puede detectar, aunque sí sus efectos. Se le llama materia oscura porque no emite luz. De momento es
solamente un concepto teórico que sirve para explicar el comportamiento galáctico.
A veces una galaxia se acerca a otra y acaban chocando, pero son tan grandes y expandidas que pueden
fusionarse sin apenas colisiones entre los cuerpos que las forman. O, por el contrario, ocurren grandes
cataclismos. En todo caso, como la materia tiende a condensarse a causa de la gravedad, la fusión suele
propiciar el nacimiento de nuevas estrellas.
Los cúmulos de galaxias son gigantescas estructuras del Universo. Las galaxias emiten muchísima gravedad.
Esto hace que las galaxias cercanas se atraigan entre sí y se agrupen formando cúmulos.
Dentro de un cúmulo, las galaxias giran unas en torno a otras, e incluso es frecuente que choquen. El
tamaño y la masa de un cúmulo varía según las galaxias que lo formen, pero la distancia entre un extremo y
otro es siempre de varios millones de años luz.
Los cúmulos no se componen sólo de galaxias, sino también de grandes nubes de gas caliente. En general,
son restos de galaxias que mueren al chocar entre sí. Pero la mayor parte de la masa del cúmulo es materia
oscura. Se cree que cada cúmulo puede tener hasta cinco veces más materia oscura que materia visible.
Los cúmulos de galaxias tienen forma esférica o espiral y giran en torno a un núcleo central. Este núcleo
acoge la mayor parte del gas caliente y emite una gran cantidad de rayos X. Las galaxias más densas se
sitúan cerca del centro, donde la gravedad es mayor. Alrededor, se dispersan miles de galaxias entre nubes
de gas.
Los supercúmulos de galaxias son la segunda estructura más grande del Universo. Sólo las enormes murallas
de supercúmulos los superan. Como su nombre indica, los supercúmulos son agrupaciones de cúmulos de
galaxias y se encuentran por todo el Universo conocido.
Los cúmulos de galaxias se unen por sus extremos, y forman enormes cadenas. La gravedad en los
supercúmulos es tan grande, que incluso frena la expansión del Universo. Toda la materia se atrae, y por eso
se crean enormes espacios vacíos entre unos supercúmulos y otros.
Nuestro Grupo Local forma parte del Supercúmulo de Virgo que, a su vez, se integra en una superestructura
llamada Laniakea ("cielo inmenso", en hawaiano)
Clases de Galaxias
Cuando se utilizan telescopios potentes, en la mayor parte de las galaxias sólo se detecta la luz mezclada de
todas las estrellas; sin embargo, las más cercanas muestran estrellas individuales.
Las galaxias presentan una gran variedad de formas. En 1930 Edwin Hubble clasificó las galaxias
en elípticas, espirales e irregulares. Las dos primeras clases son más frecuentes.
Galaxias elípticas
Algunas galaxias tienen un perfil globular completo con un núcleo brillante.
Estas galaxias, llamadas elípticas, contienen una gran población de estrellas viejas, normalmente poco gas y
polvo, y algunas estrellas de nueva formación. Las galaxias elípticas tienen gran variedad de tamaños, desde
gigantes a enanas. En la foto, la elíptica Galaxia del Sombrero, M104.
Hubble simbolizó las galaxias elípticas con la letra E y las subdividió en ocho clases, desde la E0,
prácticamente esféricas, hasta la E7, husiformes. En las galaxias elípticas la concentración de estrellas va
disminuyendo desde el núcleo, que es pequeño y muy brillante, hacia sus bordes.
Galaxias espirales
Las galaxias espirales son discos achatados que contienen no sólo algunas estrellas viejas sino también una
gran población de estrellas jóvenes, bastante gas y polvo, y nubes moleculares que son el lugar de
nacimiento de las estrellas.
Generalmente, un halo de débiles estrellas viejas rodea el disco, y suele existir una protuberancia nuclear
más pequeña que emite dos chorros de materia energética en direcciones opuestas. Una de ellas es la galaxia
de Bode, M81.
Las galaxias espirales se designan con la letra S (spiral). Dependiendo del menor o mayor desarrollo que
posea cada brazo, se le asigna una letra a, b ó c (Sa, Sb, Sc, SBa, SBb, SBc).
Existen otras galaxias intermedias entre las elípticas y las espirales. Son las llamadas lenticulares
o lenticulares normales, identificadas como SO y clasificadas en los grupos SO1, SO2 y SO3. A su vez, se
distinguen las lenticulares barradas (SBO) que se clasifican en tres grupos, según presenten la barra más o
menos definida y brillante.
Galaxias irregulares
Las galaxias irregulares se simbolizan con la letra I ó IR, aunque suelen ser enanas o poco comunes. Se
engloban en este grupo aquellas galaxias que no tienen estructura y simetría bien definidas.
Se clasifican en irregulares de tipo 1 o magallánico, que contienen gran cantidad de estrellas jóvenes y
materia interestelar, y galaxias irregulares de tipo 2, menos frecuentes y cuyo contenido es difícil de
identificar.
Las galaxias irregulares se sitúan generalmente próximas a galaxias más grandes, y suelen contener grandes
cantidades de estrellas jóvenes, gas y polvo cósmico. Un ejemplo es nuestra vecina la galaxia de Barnard,
NGC 6822.
La Vía Láctea
La galaxia de la Vía Láctea es la que contiene el Sistema Solar y, por lo tanto, la Tierra. Forma parte del
Grupo Local.
En noches serenas podemos ver una franja blanca que atraviesa el cielo de lado a lado, con muchas estrellas
Son sólo una pequeña parte de nuestros vecinos. Entre todos formamos la Vía Láctea, nuestra galaxia. Los
romanos la llamaron "Camino de Leche", que es lo que significa vía láctea en latín.
La Vía Láctea es una galaxia grande, espiral y puede tener unos 300.000 millones de estrellas, entre ellas, el
Sol. En total mide unos 100.000 años luz de diámetro y tiene una masa de más de dos billones de veces la del
Sol.
Cada 225 millones de años el Sistema Solar completa un giro alrededor del centro de la galaxia. Se mueve a
unos 270 km. por segundo.
No podemos ver el brillante centro porque se interponen materiales opacos, polvo cósmico y gases fríos, que
no dejan pasar la luz. Se cree que contiene un poderoso agujero negro.
La Vía Láctea tiene forma de lente convexa. El núcleo tiene una zona central de forma elíptica y unos 8.000
años luz de diámetro. Las estrellas del núcleo están más agrupadas que las de los brazos. A su alrededor hay
una nube de hidrógeno, algunas estrellas y cúmulos estelares.
La Vía Láctea forma parte del Grupo Local