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Materiales Docentes de Derecho Procesal I

© Prof. José María Ruiz Moreno


Curso 24/25

Lección 10ª. LAS PARTES PROCESALES


1. Concepto de parte. - 2. Presupuestos procesales relativos a las partes: La capacidad para ser parte, la capacidad procesal,
la representación y la postulación.- 2.1. La capacidad para ser parte.- 2.2. La capacidad procesal.- 2.3. La representación.-
2.4. La postulación.- 2.5. Tratamiento procesal de la falta de capacidad y postulación.- 3. La legitimación.-3.1. Clases de
legitimación.- 3.2. Tratamiento procesal de la legitimación.- 4. El cambio de partes o sucesión procesal.- 5. La pluralidad
de partes.- 6. La intervención de terceros en el proceso.- 7. El papel asignado al Ministerio Fiscal en el proceso civil.- 8.-
Las Administraciones Públicas como parte en el proceso civil.

1. Concepto de parte
El proceso es necesariamente actus trium personarum puesto que en toda relación
jurídico-procesal deben estar presentes tres sujetos, a saber: el juez, la parte activa (actor
o demandante) y la parte pasiva (demandado). La idea de parte deriva de su significado
en el uso corriente: «tener parte», «tomar partido», participar», y cuando esta imagen se
subjetiviza se hace referencia a otra expresión: «ser parte activa» para solicitar o pedir
algo frente a la «parte pasiva». Naturalmente la condición de parte procesal no es aplicable
al Juez ni al resto de los miembros que componen el órgano jurisdiccional, sino
únicamente a quien demanda o es demandado. Recordemos como en el litigio, el juez, ni
pugna ni toma partido, al encontrarse supra partes y examinar el litigio imparcialmente.
Recordemos asimismo que al inicio del proceso y durante su tramitación han de existir
necesariamente dos posiciones enfrentadas: una posición activa (demandante o actor) frente a una
posición pasiva (demandado). De esta manera las partes del proceso son siempre dos, aun cuando
cada una de estas posiciones puede estar ocupada por más de un sujeto, como sucedería en el caso
de una demanda ejercitada por varios consumidores, o en la demanda presentada frente a varios
sujetos obligados al cumplimiento de una determinada obligación. Por otro lado, la cualidad de
parte actora y parte demandada en la primera instancia del proceso declarativo, puede alterarse en
las distintas fases del proceso y recibir denominaciones distintas, y ello en atención a la posición
jurídico-procesal que estos sujetos ocupen en la misma (por ej.: recurrente y recurrido). En este
supuesto el recurrente —quien recurre o impugna la resolución— puede ser tanto el actor como el
demandado, dependiendo del perjuicio o gravamen que la sentencia les haya causado. Por eso
mismo, si es estimatoria el demandado podrá convertirse en recurrente y el demandante en
recurrido; si es desestimatoria el demandante podrá continuar en la posición activa si se convierte
en recurrente.

Finalmente, junto al concepto de parte procesal, también nos interesa la noción de


tercero, o de tercero procesal, y que se suele definir en sentido negativo, esto es: tercero
es quien no es parte en el proceso. En ocasiones el tercero puede tener alguna relación con
las partes procesales, pero sobre todo le puede afectar el resultado del proceso. Por eso
mismo el legislador ha previsto determinados mecanismos para proteger los intereses de
estos terceros, a través de la figura de la intervención procesal.
Volviendo al concepto de parte procesal, es muy importante comprender que para
que tanto el actor como el demandado puedan actuar válidamente en el proceso -para
poder asumir los derechos, cargas y responsabilidades propias del mismo-, es
imprescindible que estos sujetos cumplan con determinados requisitos o presupuestos
procesales, a saber: Capacidad para ser parte y la capacidad procesal 1. Estos

1
Inmediatamente veremos la existencia de otros presupuestos procesales en relación al actor y al demandado,
como son la representación y la postulación.
1
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presupuestos necesariamente deben de concurrir para que el tribunal pueda resolver el


fondo del asunto y, de idéntica forma a como hemos tenido ocasión de estudiar respecto
de los presupuestos que se refieren al órgano judicial (jurisdicción y competencia).

2. Presupuestos procesales relativos a las partes: La capacidad para ser parte,


la capacidad procesal, la representación y la postulación.
En un momento anterior en estos Materiales, hemos tenido la oportunidad de
comprobar la íntima conexión que existe entre Derecho material y el Derecho procesal, y
como el juez al juzgar aplica tanto uno como otro. Siento así no es de extrañar que de la
misma manera que sucede en el Derecho privado, donde el legislador exige ciertos
requisitos a los sujetos y titulares de derechos para poder actuar válidamente en el tráfico
jurídico (por ej.: comprar, vender, solicitar un préstamo, etc), de idéntica forma estos
mismos sujetos deben reunir determinados requisitos para poder comparecer y actuar
válidamente en el proceso. Esto es: el Derecho procesal (derecho para tutelar) no puede
vivir al margen del Derecho material (derecho tutelado) 2. Siendo así, se comprenderá la
equivalencia o parecido que existe entre la capacidad jurídica y la capacidad de obrar
(propias del Derecho privado), con la capacidad procesal y capacidad para ser parte
(respectivamente), que regula el Derecho procesal.
Pongamos un ejemplo: Antonio P. L., tiene plena capacidad de obrar, y en consecuencia puede
contratar el alquiler de una vivienda. Si tras la firma del contrato, surge un problema con el arrendador y
Antonio decide demandarlo, entonces el legislador debe facilitarle el acceso al proceso, puesto que de otra
forma la protección que a Antonio le brinda el Derecho material, no tendría efectividad real. Del mismo modo,
si Antonio fuese una persona con discapacidad, ese mismo ordenamiento jurídico debe arbitrar las medidas
de apoyo necesarias para que pueda desarrollar plenamente su personalidad dentro y fuera del proceso.

2.1. La capacidad para ser parte


Podemos definirla diciendo que es la aptitud o posibilidad genérica de figurar en
un proceso (cualquiera) como parte activa o pasiva, asumiendo los derechos, cargas y
responsabilidades inherentes al mismo. Como ya se ha dicho, la capacidad para ser parte
está íntimamente ligada con el concepto de personalidad jurídica del Derecho Civil, con lo
cual se ostenta por el simple hecho de ser persona, de tener personalidad jurídica. En este
sentido, el art. 6 LEC (capacidad para ser parte) considera que tienen esta capacidad
tanto las personas físicas, desde que nacen hasta que mueren (arts. 29, 30 y 32 CC), como
asimismo las personas jurídicas que estén válidamente constituidas (art. 38 CC); y
también el nasciturus (el concebido aún no nacido) “para todos los efectos que le sean
favorables” (vid. art. 6.1,2º LEC) y dado que el Derecho civil le confiere determinados
derechos tutelables jurisdiccionalmente (por ejemplo, recibir donaciones: art. 627 CC).
Pero es que, además, el art. 6 LEC va más allá del concepto de personalidad civil y
reconoce capacidad para ser parte a entidades que, atención, sin tener capacidad jurídica,
suelen actuar en el tráfico económico como si la tuvieran; así sucede con la herencia
yacente, las comunidades de propietarios, los grupos de consumidores y usuarios
afectados por un mismo hecho dañoso, o las uniones transitorias constituidas para un fin
determinado. De esta forma, al conceder capacidad para ser parte a estos entes sin
personalidad, se posibilita que los sujetos que se relacionan con ellos puedan demandar

2
Recuérdese lo visto en el Tema 1.
2
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directamente a la propia entidad, sin tener que dirigir su reclamación contra los diversos
sujetos individuales que la integran. A este respecto pensemos, por ejemplo, en la
dificultad que supone demandar a todos los componentes de la comunidad de propietarios
de una urbanización, o a los integrantes de una comisión encargada de organizar un
homenaje a una persona que se jubila, etc. Y es que, como ya se ha dicho, no tendría
sentido que el derecho material les permita actuar en el tráfico (p. ej. comprando,
vendiendo, etc), si finalmente el derecho procesal les impide comparecer en el proceso.
2.2 La capacidad procesal
La llamada capacidad procesal es la facultad de comparecer en un proceso concreto
y poder realizar actos procesales válidos. Fijémonos bien: la capacidad procesal según el
art. 7.1 LEC 3 la tienen todas las personas, y puesto que según el precepto: “podrán
comparecer en juicio todas las personas”. Con lo cual nuestro ordenamiento parte de la
idea general de que, en principio, todas las personas físicas por el simple hecho de serlo,
tienen capacidad de obrar y asimismo pueden comparecer válidamente en el proceso
(capacidad procesal). En cuanto a las personas jurídicas, tienen siempre capacidad
procesal. Luego quiere decirse que los principales problemas en relación a la capacidad
procesal, tiene lugar en relación a las personas físicas y más en concreto aquellas que NO
ostentan la plenitud de sus derechos civiles.
En efecto, carecen de capacidad procesal los menores no emancipados, lo cual no
significa que no puedan ser parte en el proceso, simplemente tendrán que suplir su
ausencia y actuar mediante la representación, asistencia o autorización exigidos por ley
(vid. art. 7.2 LEC).
Respecto a las personas con algún grado de discapacidad, desde la entrada en vigor
de la Ley 8/2021, de 2 de junio, han pasado a tener capacidad jurídica plena y pueden
acudir al proceso para tomar las decisiones que juzguen más convenientes sobre sus
asuntos (por ej. sobre sus negocios y patrimonio, proyecto vital, etc.), y solo en caso
necesario, deberán gozar de los ajustes o apoyos necesarios para garantizar su
participación en el proceso en condiciones de igualdad. Estos ajustes o medidas de apoyo
pueden consistir en el nombramiento de un “guardador de hecho” (que normalmente no
precisa de autorización judicial, ni de poder), o de un “curador” (que si precisa ser
declarado judicialmente), o incluso un “defensor judicial”. Todo ello sin perjuicio de que,
iniciado el proceso, estas medidas de apoyo pueden consistir en facilitar el acceso a la
“lectura fácil” de los documentos del proceso; la compresión a través del lenguaje de
signos, y los medios de apoyo a la comunicación oral de personas con discapacidad
auditiva y sordociegas etc. (vid. art. 7 bis LEC). De la misma manera, y solo cuando sea
estrictamente necesario, las medidas de apoyo pueden incluir funciones de representación
(por ej. cuando se trata de una persona en coma o con discapacidad muy importante de
sus facultades psíquicas), en cuyo caso habrá que acudir a la representación legal. Más
nótese que tras la reforma de 2021, la posible función representativa (como por ejemplo
la que puede desempeñar un curador), se considera algo muy excepcional y en todo caso

3
Nueva redacción introducida por Ley 8/2021, de 2 de junio.
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requiere de autorización judicial para “interponer demanda en nombre de la persona a la


que presta apoyo” (art. 287.7 CC) 4.
Finalmente, en el caso de ser necesario, para proceder al establecimiento o
provisión de medidas de apoyo a una persona con discapacidad, se debe acudir a un
expediente de jurisdicción voluntaria (vid. art. 42 bis de la Ley de la Jurisdicción
Voluntaria).

2.3 La representación
La figura de la representación requiere en todo caso de reconocimiento legal. De
esta manera respecto de las personas físicas el art. 7.2º y 3º LEC prevé la figura del
representante para las personas menores de edad no emancipadas (por ej. el padre o la
madre del menor puede actuar como representante), asimismo y como acabamos de ver,
en los casos excepcionales que se prevea judicialmente como medida de asistencia o apoyo,
y también en los supuestos en que los representantes deban de comparecer por los
concebidos y no nacidos.
Por lo que se refiere a las personas jurídicas, es evidente que estas no pueden
comparecer por si mismas en el proceso, luego también necesitan de una base personal y
por ese motivo también hay que acudir a la figura del representante. Este representante
normalmente suele ser la persona designada en los estatutos fundacionales de la sociedad
o entidad de que se trate, o la persona designada por ley en el caso de masas patrimoniales
y entidades sin personalidad jurídica (vid. art. 7. 4º, 5º, 6º y 7º LEC).
Junto a los supuestos analizados de representación a los que hace referencia el art.
7 LEC (y que se identifican con el nombre de representación legal o necesaria), se
suele hablar también de otro tipo de representación que es conocida como
representación técnica, bien entendido que aquí la existencia de esta representación
no tiene por finalidad sustituir al representado por las razones vistas, sino por la gran
dificultad que el actor y el demandado encontrarían si compareciesen en el proceso por sí
mismos, y al carecer de los necesarios conocimientos técnicos y jurídicos que todo proceso
implica. Sin embargo, en este último caso, en lugar de un supuesto más de representación,
se suele hablar de: postulación 5 y, como tal la trataré en el siguiente epígrafe.
2.4 La postulación
En principio, sería suficiente con la capacidad para ser parte y la capacidad
procesal para poder intervenir en las actuaciones del juicio, pero la Ley exige un tercer
requisito, que se justifica por la elevada complejidad técnica que conlleva la tramitación
de un proceso. Se trata de la postulación, que es la aptitud o idoneidad para relacionarse
directamente con el tribunal. Adviértase como el ordenamiento procesal podría establecer
que los litigantes presentaran sus escritos directamente ante el Tribunal, o que
intervinieran sin intermediarios en los actos orales, etc.; pero la experiencia demuestra

4
Por su parte el art. 7 bis LEC (modificado en 2023) introduce facilidades y adaptaciones para que las
personas, a partir de 65 años, puedan participar en el proceso en condiciones de igualdad.
5
Según la RAE, postular significa pedir o pretender algo. Por tanto, el abogado o procurador piden o solicitan
algo en el proceso por cuenta de su cliente o representado. Este cliente (actor y/o demandado) es la verdadera
parte procesal, mientras que el abogado y procurador son los representantes técnicos.
4
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que un sistema así dificulta enormemente la sustanciación del proceso, por lo que, con
carácter general, las legislaciones de los Estados solo permiten al propio litigante realizar
por sí mismo aquellos actos que bien son urgentes, bien personalísimos, bien se refieren a
procesos de escasa relevancia, dejando el resto de actuaciones en manos de representantes
técnicos o profesionales del Derecho que son los que gozan de esa capacidad de
postulación en sentido estricto.
En nuestro sistema procesal, la capacidad de postulación se distribuye entre dos
profesionales distintos: el abogado y el procurador, a diferencia de lo que sucede en
otros ordenamientos, en los que dicha capacidad se confiere a un solo profesional. Así, la
intervención de abogado y de procurador es obligatoria con carácter general en los
procesos civiles; solo se convierte en facultativa para los juicios verbales cuya
determinación se haya efectuado por razón de la cuantía y ésta no exceda de 2.000 euros,
o para la solicitud inicial del proceso monitorio, así como para las actuaciones urgentes y
previas al juicio (vid. los arts. 23 y 31 LEC).
Ya dije en otro tema 6, que la función principal del procurador consiste en
representar técnicamente al litigante, esto es: debe presentar los escritos por él, recibir las
notificaciones y acudir a los actos en su nombre, etc. (arts. 26 a 28 LEC). Así, el procurador
que esté legalmente habilitado podrá comparecer en cualquier tipo de proceso a los solos
efectos de oír y recibir actos de comunicación y efectuar comparecencias de carácter no
personal de los representados que hayan sido solicitadas por el órgano judicial, aunque al
realizar esos actos no podrá formular solicitud alguna (art. 23.3 LEC). Ahora bien, para el
ejercicio de sus funciones representativas, necesita acreditar desde el inicio de su
intervención que le ha sido conferida la representación que ostenta de manera formal, y a
través de cualquiera de los siguientes métodos: 1º) bien, a través de un poder notarial
(apoderamiento notarial); 2º) bien por medio de un poder extendido ante el Letrado
de la A. de J. de cualquier Oficina judicial (apoderamiento apud acta); 3º) o bien, por
medio de comparecencia electrónica con objeto de proceder a su inscripción en el
registro electrónico en la correspondiente sede judicial (vid. art. 24.1 LEC).
Es importante precisar que el poder otorgado al procurador ha de aportarse cuando se
presente el primer escrito (p. ej. demanda y contestación), o se realice la primera actuación oral
ante el tribunal (vid. arts. 24.2 y 264.1º LEC). No obstante, si no se aporta el poder en ese momento
existe posibilidad de subsanación (vid. art. 231 LEC; y arts. 240.2 y 243.3 LOPJ).

Tanto la capacidad procesal y para ser parte, como la representación y la


postulación son -recuérdese una vez más-, requisitos o presupuestos procesales
imprescindible para poder resolver el tema de fondo. De ahí que la LEC se ocupe de regular
la actividad a realizar cuando alguno/s de estos presupuestos procesales no concurre (su
tratamiento procesal). A su estudio dedicamos las siguientes líneas.
2.5. Tratamiento procesal de la falta de capacidad y de la postulación
Una vez que se ha analizado la necesidad de que tanto actor como demandado
tengan la capacidad para ser parte, la capacidad procesal y, además, como regla general,
estén asistidos por abogado y procurador (caso de ser preceptiva su intervención), queda

6
Vid. tema 4.
5
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por estudiar las consecuencias del incumplimiento de estos presupuestos procesales que,
como se acaba de indicar, se conoce como: tratamiento procesal. De su régimen
jurídico interesa averiguar si el tribunal debe analizar de oficio su concurrencia y si las
partes pueden denunciar su ausencia, así como el modo de proceder en tales casos. Con
todo, antes de su análisis, es necesario formular una pequeña aclaración. Cualquier
problema relativo a la capacidad procesal, es en realidad un problema de ausencia de falta
de (la debida) representación, y naturalmente cuando esta es necesaria.
Sobre el tratamiento procesal de oficio, el art. 9 LEC establece que: «la falta
de capacidad para ser parte y de capacidad procesal podrá ser apreciada de oficio por
el Tribunal en cualquier momento del proceso»; pero, dada la importante finalidad que
cumplen estos presupuestos procesales, lo correcto será que el órgano judicial examine su
concurrencia especialmente al comienzo del proceso, no que de otra forma el defecto
procesal haría inútil la actividad del proceso. En cualquier caso, la Ley no especifica cómo
habrá de hacerlo, pero puede entenderse que lo hará previa audiencia de las partes
personadas, por analogía con el control de oficio de los presupuestos relativos a la
jurisdicción y a la competencia imperativa, y otorgando a la parte afectada un plazo de
subsanación, si el defecto resultase subsanable (arts. 240.2 y 243 .3 LOPJ).
Por lo que concierne al tratamiento de la falta de capacidad (o mejor aún: de
acreditación de la representación con que deba concurrirse), cuando se denuncia a
instancia de parte, es necesario atender tanto al tipo de juicio o procedimiento en que
se produzcan como al sujeto de quien provenga la reclamación. Así, tratándose del juicio
ordinario, el DEMANDADO pondrá de manifiesto los defectos de este clase que afecten al
actor por medio de una excepción procesal 7, que formula en la contestación a la demanda
y que se analizará y resolverá en la audiencia previa al juicio 8 (arts. 405.3 y [Link] LEC);
en estos casos, si resulta posible, se intentará la subsanación del defecto y, de no
producirse, el Juez pondrá fin al proceso mediante auto (art. 418 LEC). Cuando se esté en
presencia de un juicio verbal, la presentación de la excepción la plantea el demandado en
la contestación a la demanda, y su resolución tendrá lugar nada más iniciarse la vista (art.
443.2 LEC).
Si en lugar del demandado, ahora es el ACTOR quien pretende denunciar la falta
de capacidad - o de la debida representación- del demandado (como sucedería, por ej., si
la persona jurídica demandada ha contestado a la demanda sin que conste en los autos la
representación necesaria de quien ha apoderado al procurador), lo hará directamente en
la audiencia previa, si se trata del juicio ordinario; pero en este caso, si no se logra la
subsanación del defecto, se declarará en rebeldía al demandado y se continuará con
las actuaciones del proceso (art. 418 LEC). En el juicio verbal, la denuncia del actor se
planteará y se resolverá igualmente en el acto de la vista (art. 443.3 LEC).
Respecto del tratamiento procesal de la falta de postulación, la LEC solo prevé el
control de oficio del tribunal de tal manera que como dice el art. 31.1 LEC: «no podrá
proveerse a ninguna solicitud que no lleve la firma de abogado». Esto significa que el

7
Una excepción procesal es simplemente un mecanismo procesal que utiliza el demandado para denunciar
ante el tribunal que está conociendo, la existencia de un defecto procesal que tiene que ver con las partes o
con el objeto del proceso, pero NUNCA en relación a los presupuestos que tienen que ver con la competencia
o jurisdicción del tribunal, pues para eso está la declinatoria.
8
Recuérdese lo explicado en el tema 5 (epígrafe 4.1).
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tribunal no tramitará ningún escrito que no incorpore la firma de abogado (si su


intervención es preceptiva), en cuyo caso el tribunal requerirá a la parte para que subsane
el defecto y, si no lo hace, ordenará sobreseer el proceso (si se trata del abogado del actor)
o bien declarará al demandado en rebeldía (si fuese su abogado). En todo caso, son nulas
las actuaciones procesales que se hayan realizado sin la intervención de abogado, cuando
esta fuese preceptiva.

3. La legitimación (muy importante)


La legitimación es una figura procesal clave puesto que de ella depende, en gran
medida, la posibilidad de una sentencia de fondo estimatoria de la pretensión del actor.
Además, la legitimación está muy relacionada con la capacidad anteriormente analizada.
En efecto, la legitimación nos proporciona la información de manera precisa, y para un
proceso concreto, de quién puede comparecer en el proceso en calidad de parte activa y/o
parte pasiva, y como consecuencia de tener una especial vinculación o relación de
proximidad con el objeto litigioso; información que sin embargo no ha conseguido
suministrarnos la capacidad para ser parte. Dicho de otra forma, la capacidad para ser
parte nos ha servido para determinar quién puede comparecer en el proceso, pero sólo
desde un punto de vista general o abstracto (así por ej. cualquier persona física puede
comparecer en un proceso). Mientras que la legitimación nos permite responder también
a la pregunta de quién/es pueden comparecer en el proceso, pero ahora en relación a un
proceso concreto y a un objeto determinado con el que la parte procesal está vinculada. De
ahí que una cosa sea, ser parte en un proceso (condición que puede recaer en cualquier
persona física) y otra cosa distinta sea, ser parte legítima (condición que únicamente la
pueden ostentar personas o sujetos muy concretos). Por ello el art. 24.1 CE se exprese de
la siguiente forma: “Todas las personas tienen derecho a obtener la tutela efectiva de los
jueces y tribunales en el ejercicio de sus derechos e intereses legítimos …”.
El siguiente ejemplo nos ayudara a entender esta distinción, y en él daremos por sentado
que la relación jurídico-procesal está válidamente constituida, esto es: todos los sujetos
mencionados en el ejemplo ostentan plena capacidad y también es correcta la competencia del
tribunal que conoce del asunto.
El sr. A presta al sr. B 4.500 euros, y a tal fin firman un contrato de préstamo en el que
convienen plazo de devolución e intereses. Llegado el vencimiento de ese derecho de crédito, ¿quién
puede acudir al proceso para reclamar la deuda? Según lo hasta ahora analizado, no habría ningún
obstáculo para que cualquier otra persona con capacidad suficiente (vamos a llamarle sr. X)
acudiese a ese proceso ejercitando la acción procesal, sin embargo, es claro que si ocurre esto,
entonces el tribunal viene obligado a dictar una sentencia desestimatoria de la acción por falta de
legitimación activa del sr. X. En efecto, podemos ver que el sr. X no ha conseguido justificar en
el proceso declarativo el vínculo o relación de proximidad que le une con el objeto litigioso (derecho
de crédito). Es más, la sentencia dictada tiene efectos de cosa juzgada entre las partes intervinientes
en el proceso: sr. X (actor) y sr. B (demando), pero NO tiene efectos frente al sr. A que, por no haber
sido parte, podría en cualquier momento iniciar un proceso en reclamación de la deuda frente a B.
De idéntica forma y por completar nuestro ejemplo, pero ahora desde el lado pasivo de la
relación jurídico-procesal; si ese mismo sr. A ejercitase su reclamación frente al sujeto o entidad W
(y que no viene obligado al pago del crédito), el tribunal dictaría una sentencia del mismo modo
desestimatoria de la acción, pero en esta ocasión por falta de legitimación pasiva.

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En los ejemplos propuestos se puede comprobar la enorme transcendencia


que la legitimación tiene para la suerte de cualquier proceso, puesto que de ella
depende en gran medida que la sentencia sea o no estimatoria. A continuación,
vamos a extraer algunas importantes consecuencias en relación con la figura de la
legitimación:
1. La legitimación NO es un presupuesto del proceso, sino un requisito de la acción,
es decir, un presupuesto de fondo o de la relación jurídico-material. Nótese pues que NO
basta con que una persona (con plena capacidad) alegue un derecho o interés sobre algo,
es preciso, además, que ese derecho o interés se atribuya efectivamente a la persona que
lo hace valer en el proceso y, justamente frente al sujeto a quien deba afectar su posible
reconocimiento. Por eso hemos dicho muchas veces en clase que, el proceso está concebido
“para averiguar si quien dice tener razón (acción) sobre algo, realmente la tiene”.
2. El demandado (también a veces, el actor) puede denunciar la falta de
legitimación mediante una excepción material. Como se ve, esta es una tarea que la LEC
reserva a las partes del proceso, y por lo tanto de su control se excluye al tribunal. Sin
embargo, en el caso de los presupuestos procesales (jurisdicción, competencia, capacidad,
etc.), como ya sabemos, sí que es factible el control de oficio por el tribunal.
3. La falta de legitimación (activa y/o pasiva) se analiza por el juez en la sentencia,
y si el juez apreciase la ausencia de legitimación (activa o pasiva) deberá dictar una
sentencia absolutoria de fondo y con efectos de cosa juzgada (naturalmente, para los
sujetos intervinientes en el proceso).
4. En consecuencia, la legitimación es una característica que se predica con
carácter concreto, caso por caso, para cada proceso, por lo que solo se sabrá si una
persona tiene o no legitimación activa (para demandar) o pasiva (para ser demandado)
a la vista de cuál sea el objeto de la tutela jurisdiccional que se haya solicitado, o si se
prefiere a la vista de la relación jurídico-material. La legitimación activa es la que plantea
un mayor casuismo en el proceso, mientras que la legitimación pasiva apenas plantea
problemas prácticos más allá de los supuestos del litisconsorcio pasivo necesario, tal como
se verá.

ACLARACIÓN IMPORTANTE: En atención a todo lo anterior, está clara la separación


que existe entre la capacidad (presupuesto procesal) y la legitimación (presupuesto material o de la
acción), y así lo entiende la jurisprudencia de nuestros tribunales. Sin embargo, es muy común
encontrar entre esa misma jurisprudencia la distinción entre: legitimación ad processum y
legitimación ad causam. De ahí que haya que aclarar que, la legitimación ad processum es en
realidad la capacidad para ser parte; mientras que la legitimación ad causam, responde al concepto
estricto de legitimación que se ha explicado.
Veamos lo que dice el Tribunal Supremo (Sala Tercera) en su sentencia de 31-10-2000:
“Sabido es que este Tribunal Supremo reiteradamente ha adoctrinado (por todas,
sentencias de 29 Oct. 1986 y 18 Jun. 1997) que el concepto de legitimación encierra un doble
significado: la llamada legitimación «ad processum» y la legitimación «ad causam». Consiste la
primera en la facultad de promover la actividad del órgano decisorio, es decir, la aptitud genérica
de ser parte en cualquier proceso y, como dice la sentencia de este Tribunal de 19 May. 1960, «es
lo mismo que capacidad jurídica o personalidad, porque toda persona, por el hecho de serlo, es
titular de derechos y obligaciones y puede verse en necesidad de defenderlos». En este sentido

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nadie ha puesto en tela de juicio (ni la Sala de instancia ha negado) la legitimación «ad
processum» de la Comunidad Autónoma de La Rioja. Pero distinta de la anterior es la
legitimación «ad causam» que, de forma más concreta, se refiere a la aptitud para ser parte en
un proceso determinado, lo que significa que depende de la pretensión procesal que ejercite el
actor o, como dice la sentencia antes citada, consiste en la legitimación propiamente dicha e
«implica una relación especial entre una persona y una situación jurídica en litigio, por virtud de
la cual es esa persona la que según la Ley debe actuar como actor o demandado en ese pleito»;
añadiendo la doctrina científica que «esta idoneidad específica se deriva del problema de fondo a
discutir en el proceso; es, por tanto, aquel problema procesal más ligado con el Derecho material,
habiéndose llegado a considerar una cuestión de fondo y no meramente Procesal». Y es,
precisamente, el Tribunal Constitucional (al que tan frecuentemente han acudido las partes)
quien en el Fundamento Jurídico 5º de su sentencia de 11 Nov. 1991, ha dicho que «la legitimación
[se refiere a la legitimación ad causam], en puridad, no constituye excepción o presupuesto
procesal alguno que pudiera condicionar la admisibilidad de la demanda o la validez del proceso.
Antes bien, es un requisito de la fundamentación de la pretensión y, en cuanto tal, pertenece al
fondo del asunto.; ésta es la razón por la cual la propia jurisprudencia de la Sala 1ª del Tribunal
Supremo, con anterioridad a la reforma del recurso de casación operada por la Ley 34/1984, ya
había reiteradamente declarado que la falta de legitimación no debía invocarse como motivo de
casación por quebrantamiento de forma (concretamente al amparo del antiguo artículo
1.693.2º), sino como motivo de infracción de ley (esto es, como motivo de fondo, al amparo del
derogado artículo 1.692). Y es que la legitimación, en tanto que relación jurídico material que liga
a las partes con el objeto procesal, pertenece al fondo del asunto, por lo que no puede causar
extrañeza alguna que, aun cuando todas y cada una de las resoluciones judiciales impugnadas
hayan apreciado la existencia de la excepción de falta de legitimación activa, simultáneamente
hayan entrado en el conocimiento de la relación jurídico material debatida y confirmado una
sentencia de instancia que, en principio, goza de todos los efectos materiales de cosa juzgada».

3.1. Clases de legitimación


La relación especial entre los sujetos y el objeto del proceso que supone la
legitimación se traduce de ordinario en ser titular de los derechos ―o deberes―
sustantivos sobre los que se discute en el juicio. Por ese dice el art. 10.1 LEC que: “Serán
considerados partes legítimas quiénes comparezcan y actúen en juicio como titulares de
la relación jurídica u objeto litigioso”. De modo que la legitimación activa, o titularidad
de la acción, se atribuye a quien es titular del derecho en la relación jurídica controvertida
(por ejemplo, el acreedor) y la legitimación pasiva al titular de la obligación sustantiva (el
deudor), es decir, a la persona frente a la que se debe ejercitar la acción. En realidad, para
que exista legitimación ordinaria, basta con que una persona acuda al proceso y,
presente la demanda, afirmando que tal o cual derecho existe y le corresponde. De igual
manera existe esa misma legitimación ordinaria, pero ahora desde el plano pasivo o del
demandado, simplemente por ejercitar el derecho o interés frente a una persona
determinada.
En el ejemplo anterior, cuando el sr. A acude al proceso y ejercita la acción, lo hace como
titular de un derecho de crédito; mientras que el sr. B, dado que se comprometió en el contrato a la
devolución del crédito, es titular de una obligación de pago. Luego aquí se habla de legitimación
ordinaria, en la medida que existe coincidencia entre quién ejercita la acción y quien dice ser el
titular del derecho subjetivo o interés; del mismo modo que existe coincidencia entre el destinatario
de la acción y quién en teoría viene obligado al pago.

9
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Sin embargo, hay veces donde la ley, por diversas razones, rompe esa ecuación
entre: legitimación y titularidad y permite litigar a ciertos sujetos por medio de una acción
propia pero por un interés o derecho ajeno: son los casos que se conocen como de
legitimación extraordinaria o indirecta, y en los que se concede la titularidad de la
acción a un sujeto diferente del titular del derecho o interés que está en juego (art. 10 II
LEC 9).
Asi pues, en la legitimación extraordinaria una persona ejercita una acción propia,
por un derecho ajeno, pero lo hace en interés propio. Un ejemplo lo tenemos en el caso de
la acción subrogatoria del art. 1.111 del Código civil, por la que un acreedor (A) puede
ejercitar las acciones que se deriven de los créditos que su deudor (B) tenga frente a otros
sujetos (C y D), y a los que (B), por las razones que sea, no ha exigido las sumas pendientes
de pago. De esta forma A «sustituye» a B, al ejercitar las acciones que corresponden a este
último frente a C y D). Similar supuesto podemos encontrar en el art. 117.3 de la Ley de
Patentes 10, que faculta al licenciatario de la patente a ejercitar la acción que corresponde
al titular de la patente, cuando esta no lo ha hecho en tres meses tras haber sido requerido
para ello. Otro ejemplo es posible localizarlo en el art. 76 de la Ley de Contrato de Seguro,
según el cual, el perjudicado tendrá acción directa frente a la compañía aseguradora para
exigirle el cumplimiento de la obligación de indemnización. Aún más, hay veces donde la
Ley concede acción para defender en juicio derechos ajenos a quien lo hará también por
un interés ajeno: así ocurre con las asociaciones de consumidores y usuarios cuando litigan
por los derechos e intereses de estos últimos, según lo previsto en el art. 11 LEC (estas
asociaciones actuarán en nombre propio ―con una acción propia― pero ejercitando un
derecho ajeno y en interés también ajeno ―el de los consumidores y usuarios afectados―),
pues el beneficio que se derive de la sentencia no irá a parar a la asociación en cuanto tal,
sino a los sujetos a los que esta «representa», según lo dispuesto en los arts. 221 y 519 LEC.
Y esto mismo sucede, cuando los sindicatos defienden los intereses de los trabajadores
afiliados al mismo. Otro supuesto de legitimación extraordinaria lo tenemos a raíz del RD-
Ley 6/2023, y que añade a la LEC un nuevo art. 11 quater (Legitimación para la defensa de
los derechos e intereses de los trabajadores por cuenta propia o autónomos del arte y la
cultura).
Nótese que la virtualidad de la legitimación extraordinaria es proteger ciertos derechos e
intereses que, de otra forma, no podrían ejercitarse por quienes en realidad no son sus titulares.
Dicho de otra forma: la legitimación extraordinaria tutela ciertos intereses jurídicos, allá donde la
legitimación ordinaria no llega.

En clase haremos referencia al supuesto concreto de legitimación que se produce


cuando interviene una Asociación en defensa de los derechos e intereses de los
consumidores y usuarios, y que se regula a un doble nivel: por un lado en normas
específicas de sectores concretos de la actividad jurídico-económica (por ej. materia de
cláusulas abusivas; productos vacacionales y de aprovechamiento turístico, en materia de
medicamentos y usos sanitarios, etc), y por otro lado, y en defecto de materia concreta

9
Según el mismo: “Se exceptúan los casos en que por ley se atribuya legitimación a persona distinta del
Titular”. Una vez más la LEC resulta decepcionante desde el punto de vista pedagógico. El art. [Link] LEC,
ni habla de legitimación extraordinaria, ni tampoco recoge supuesto alguno. La razón debe de verse en que
aquí el legislador remite al supuesto concreto, que tiene que localizarse en otros artículos e, incluso, fuera de
la LEC, tal como ocurre con reiterado art. 1111 CC.
10
Ley 24/2015, de 24 de julio.
10
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sobre consumo, también lo regula el art. 11 LEC (p. ej. en materia de reclamaciones
indemnizatorias por los perjuicios irrogados al consumidor, o cuando se solicita la
resolución de una pluralidad de contratos en que hayan intervenido los consumidores).

3.2. Tratamiento procesal de la legitimación


Sobre el tratamiento procesal de la legitimación no existe una concreta regulación
legal; de todas formas, una cosa está clara: la legitimación siempre está relacionada con la
cuestión material o sustantiva que se deduce en el proceso, es por ello que legitimación
debe ser analizada por el juez al final del proceso en el instante de ir a dictar la sentencia.
No puede ser de otra forma, puesto que el juez necesita disponer de los elementos
necesarios 11 que obligatoriamente tienen que suministrar las partes del proceso
declarativo, mediante la aportación de los hechos, fundamentos de derecho, pruebas, etc,
y de tal manera que, a la vista de los mismos, el juez pueda decidir sobre la estimación o
desestimación de la acción procesal, o, si se prefiere: sobre la cuestión de fondo. Por tanto,
el Tribunal no está en condiciones de analizar de oficio la falta de legitimación al inicio del
proceso, ni durante su tramitación, puesto que sería prejuzgar la decisión de fondo.
Más nótese que para que el juez pueda analizar la falta de legitimación activa y/o
pasiva en la sentencia, es imprescindible que la parte interesada (normalmente, el
demandado) lo alegue con anterioridad, y en el momento de contestar a la demanda 12.

En resumidas cuentas: el demandado en la contestación a la demanda alegará


(en su caso) tanto la falta de legitimación activa como pasiva; posteriormente en el trámite
de la prueba, el actor y el demandado deberán demostrar que el primero ostenta o no
ostenta (respectivamente) la titularidad (por ejemplo, sobre un determinado bien
inmueble que sea objeto del proceso); y finalmente, el juez teniendo a la vista los
materiales aportados por uno y otro, y, sobre todo, teniendo muy presente el resultado de
la prueba, decidirá sobre la legitimación en el momento de ir a dictar su sentencia. Como
podemos apreciar, sin la existencia de todos esos elementos pertenecientes a la órbita del
Derecho sustantivo 13, es harto difícil que el juez pueda pronunciarse sobre la cuestión de
fondo: sobre si el actor tiene legitimación (o si se prefiere, sobre si el actor tiene, o no tiene,
acción/razón).
Con todo se debe matizar la afirmación anterior, puesto que existen algunos casos
(muy pocos, aunque importantes) donde la LEC exige que nada más iniciarse el proceso,
y con el escrito de demanda, el actor aporte ciertos indicios de verosimilitud de lo que pide;
esto es, que aporte con su demanda determinado documento que justifique
indiciariamente, y de forma provisional, que tiene derecho a lo que pide, de suerte que de

11
Se trata de hechos pertenecientes al Derecho sustantivo que, en su caso, son objeto de la prueba.
12
Concretamente en la contestación a la demanda, el demandado utilizará una excepción de naturaleza
material (art. 405.1 LEC), ya que su alegación de falta de legitimación activa y/o pasiva se basará en hechos
pertenecientes al Derecho sustantivo que, si resultan debidamente probados, provocarán una sentencia de
fondo desestimatoria, pues la tutela del derecho solo se puede otorgar a favor del activamente legitimado, y
en contra del legitimado pasivamente.
13
Y que, en todo caso, deben ser introducidos en el proceso en el momento procesal oportuno.
11
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no hacerlo podría no admitirse a trámite su demanda (vid. art. 269.2 LEC 14). Esta
exigencia legal, se conoce entre la doctrina y jurisprudencia como legitimación ad
límine litis 15.
Un claro ejemplo de legitimación ad límine litis se puede ver acudiendo al contenido del
art. 767.1 LEC, a cuyo tenor: “En ningún caso se admitirá la demanda sobre determinación o
impugnación de la filiación si con ella no se presenta un principio de prueba de los hechos en que
se funde”. La finalidad del precepto es clara, pues dado que la inmensa mayoría de procesos civiles
se abren con la sola exigencia del ejercicio de la acción afirmada por el actor, para cuando se trate
de procesos de determinación e impugnación de la paternidad, si la LEC no estableciese un control
razonable en el ejercicio de la acción, daríamos lugar a un grave perjuicio en la fama o reputación
del demandado en aquellos casos donde la sentencia desestime, finalmente, la demanda.
En otras ocasiones la LEC exige al actor que ostente claramente la titularidad de un interés
legítimo desde el momento en que presenta su demanda, tal como sucede cuando se quiere solicitar
la incapacitación de alguna persona. Concretamente el art. 757.1 LEC atribuye legitimación para
instar el proceso de incapacitación, entre otros, al cónyuge del sujeto sobre el que se solicita la
situación de incapacidad. Pues bien, según el AAP de Zaragoza, núm. 622/2017, de 26 de
septiembre: “ (…) esta cualidad ya no la ostentaba el marido en el momento en que interpone la
demanda, dado que los cónyuges entonces estaban en trámite de divorcio (luego faltaba el interés
legítimo)”, y por esta razón tanto el JII como la AP (1ª y 2ª instancia, respectivamente) no
admitieron a trámite la demanda de incapacitación presentada por el marido.

4. El cambio de partes o sucesión procesal


Ya se he referido varias ocasiones que el trascurso del tiempo es inherente a la
existencia del proceso, que comenzó con unas determinadas partes procesales. Y lo
habitual es que el proceso finalice con las mismas partes que había a su comienzo, pero
puede ocurrir que mientras se está tramitando se produzca una sucesión procesal, es decir,
un cambio de partes donde un sujeto ocupa el lugar de otro, asumiendo los derechos y
obligaciones que correspondían al primero en el proceso. Los supuestos de sucesión
procesal (o cambio de partes) se regulan en los arts. 16 a 18 LEC, y se produce por: muerte
de la parte; y por transmisión inter vivos del objeto litigioso.
A) La sucesión procesal «mortis causa» se regula en el art. 16 LEC, que establece
que, acaecido el fallecimiento de unas de las partes originarias del proceso durante su
desarrollo 16 o pendencia, corresponde al procurador del difunto comunicar el
fallecimiento al órgano judicial. Constatado este hecho, se suspende el proceso, y se da
oportunidad a los herederos del difunto para que entren en el juicio y ocupen la posición
procesal del causante. Si los herederos no se personan, el proceso se archivará por el
Secretario Judicial, si el fallecido era el actor, u ordenará su continuación con la rebeldía
de los nuevos litigantes, si se trataba del demandado.

14
Se trata de aportar los documentos previstos en el art. 266 LEC. Por ejemplo, que se aporte con la demanda
el documento donde conste fehacientemente la sucesión mortis causa a favor del actor (ej. testamento
otorgado en escritura pública ante notario).
15
También se le identifica con la expresión de: principio de prueba o semiplena-probatio.
16
Una situación completamente distinta es que se produzca el fallecimiento antes del inicio del proceso, en
cuyo caso solo se debe hablar de sucesión material; y si con posterioridad se inicia el proceso, todo lo más,
habría que acreditar la fehaciencia de la sucesión con arregla al citado art. 266 LEC.
12
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B) En cuanto a, la sucesión procesal inter vivos (art. 17 LEC) se produce a


consecuencia de que una de las partes iniciales del proceso transmite a un tercero el bien
objeto del litigio, por lo que, en adelante, se entiende que el transmitente carece de interés
por el resultado del pleito. A diferencia del caso anterior, en este existen algunas
limitaciones para admitir la sucesión, a fin de evitar que puedan perjudicarse los derechos
de las demás partes procesales, de suerte que, si estas no consienten el cambio, el Tribunal
decidirá si el proceso continúa con el sujeto originario, aun cuando este ya no sea titular
del bien de que se trate, o si admite la sucesión procesal por no producir perjuicio al resto
de partes.
5. La pluralidad de partes
En realidad, cuando la doctrina y la jurisprudencia se refieren al fenómeno jurídico
de “pluralidad de partes” se está dando a entender algo que no es del todo correcto, puesto
que en todo proceso hay una dualidad de posiciones; es decir, dos partes: la activa y la
pasiva, pero nada más. Con la expresión, “pluralidad de partes”, lo único que se pretende
poner de relieve es que cada una de esas posiciones puede ser ocupada por más de un
sujeto (persona física o jurídica). Pensemos, por ejemplo, en la demanda presentada por
los pasajeros de un vuelo cancelado; o en las reclamaciones hipotecarias presentadas
frente a varias empresas financieras que intervinieron en la gestión del préstamo
hipotecario, etc. Este fenómeno procesal se puede producir, nada más iniciarse el proceso,
en cuyo caso se habla de litisconsorcio; o puede producirse una vez iniciado el proceso,
tras la presentación de la demanda, en cuyo caso se habla de intervención procesal,
puesto que un tercero se convierte en parte.
A) Litisconsorcio
Se produce cuando la demanda es presentada por varios demandantes
(litisconsorcio activo) o es dirigida frente a varios demandados (litisconsorcio pasivo), o
ambas cosas a la vez (litisconsorcio mixto). Pero, sobre todo, la clasificación que nos
interesa a efectos prácticos es la que distingue entre: el litisconsorcio voluntario y el
litisconsorcio necesario. Como vamos a ver enseguida, el litisconsorcio necesario es el
que goza de mayor repercusión práctica.
a) Litisconsorcio voluntario― La pluralidad de partes activa y/o pasiva se
debe únicamente a la voluntad del demandante o demandantes. Es decir, el demandante
decide demandar de forma conjunta a varios demandados, aunque podría haberlo hecho
también por separado; o varios demandantes se unen en un mismo procedimiento frente
al mismo demandado, pese a poder formular sus demandas de forma autónoma. El
litisconsorcio necesario en realidad es una acumulación de acciones, puesto que en un
mismo proceso confluye o se juntan varias acciones (vinculadas entre sí por razón de la
materia) que se resuelven en la misma sentencia, que, eso sí, contendrá tantos
pronunciamientos individuales como acciones se hayan acumulado.
Por ejemplo, una empresa dedicada a la construcción de una promoción de viviendas tiene
varios clientes impagados, en cuyo caso puede demandar a cada uno de ellos de forma separada a
través de varios procesos, sin embargo, opta por demandarlos conjuntamente puesto que resulta
más rápido y menos costoso reclamar la deuda en el mismo proceso, aparte de que evita la posible
existencia de resoluciones contradictorias cuando se tramitan separadamente las acciones a través
de procesos diferentes.

13
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Su tratamiento legal lo tenemos en el art. 12.1 LEC, que dice: «Podrán comparecer
en juicio varias personas, como demandantes o como demandados, cuando las acciones
que se ejerciten provengan de un mismo título o causa de pedir». Esta última expresión
significa que entre las acciones debe existir un vínculo o nexo, como consecuencia de tener
su origen en el mismo hecho. En el ejemplo anterior, es claro que la causa de pedir es
idéntica puesto que todas las acciones tienen su origen en el impago de una suma de dinero
que, aunque puede ser de diferentes importes, tienen su origen en el incumplimiento del
mismo contrato. Cuestión distinta seria, que el crédito impagado tuviese su origen en
diferentes negocios jurídicos, en cuyo caso la única posibilidad es tratar las acciones por
separado y en distintos procesos.
b) Litisconsorcio necesario. ― Es una figura de elaboración doctrinal y
jurisprudencial, reconocida por el art. 12.2 LEC: «Cuando por razón de lo que sea objeto
del juicio la tutela jurisdiccional solicitada sólo pueda hacerse efectiva frente a varios
sujetos conjuntamente considerados, todos ellos habrán de ser demandados, como
litisconsortes, salvo que la ley disponga expresamente otra cosa». Si nos fijamos bien,
este precepto solo contempla el litisconsorcio pasivo necesario 17, y a él me voy a
referir a continuación.
Hablamos de litisconsorcio pasivo necesario, puesto que es la ley o la
jurisprudencia quien impone la carga para el actor de demandar conjuntamente a varios,
por cuanto la sentencia que en su momento se dicte les va a afectar a todos ellos. Así pues,
la justificación de este litisconsorcio descansa en la necesidad de preservar el principio de
contradicción y audiencia, respecto de determinados sujetos que, para el caso de no ser
demandados, se les cercena toda posibilidad de defensa en el juicio. Sin duda no pasaría
absolutamente nada si no se les demandase, digamos, en condiciones normales 18; sin
embargo en el proceso a veces pueden aparecer determinados derechos materiales cuya
titularidad (legitimación) corresponde a varios individuos, y para tutelarlos
adecuadamente, su titularidad hay que hacerla inseparable. Es por ello que se impone la
carga al actor de que ejercite una sola acción frente a varios demandados, en cuyo caso la
sentencia contendrá un único pronunciamiento que afectará a todos los litisconsortes. Una
vez que ya conocemos su justificación, vamos a ver varios ejemplos de litisconsorcio pasivo
necesario.
i. El art. 1139 CC, al tratar las obligaciones indivisibles, determina que “sólo podrá
hacerse efectiva la deuda procediendo contra todos los deudores”.
ii. Del art. 74 CC resulta la carga de demandar a ambos cónyuges cuando se
interponga una demanda de nulidad matrimonial por el MF o por un tercero.
iii. Asimismo, del art. 600 LEC se desprende la obligación del tercerista de demandar
conjuntamente al ejecutante y al ejecutado. Es decir, contempla la situación de que
por error se haya embargado un bien del tercerista.

17
El litisconsorcio necesario activo y mixto no se presenta con frecuencia, y la jurisprudencia de la Sala 1ª
del Tribunal Supremo no encuentra supuesto alguno en el que pueda aplicar esta figura jurídica. Esta posición
jurisprudencial es muy discutible, y no puede ser tratada aquí y ahora.
18
La cosa juzgada no les alcanzaría, ni en sentido favorable ni adverso.
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iv. También según la jurisprudencia, en los supuestos de pretensiones de nulidad de


un negocio jurídico en el que estén interesadas varias personas; o se trate de deudas
indivisibles o de pretensiones que afecten a comuneros y socios.

Pero, ¿Qué sucede cuando el actor contraviene esa carga de demandar


conjuntamente a varios litisconsortes pasivos?
La exigencia de constituir el debido litisconsorcio se erige en una exigencia
procesal, de modo que, si se incumple y se aprecia por el Tribunal, este no podrá resolver
el fondo del asunto y tendrá que archivar las actuaciones. Si el actor deja fuera de la
demanda a algún litisconsorte necesario, además de que el interesado podrá solicitar por
propia iniciativa su intervención (como establece el art. 13 LEC y veremos enseguida), los
demás litisconsortes que sí han sido demandados podrán denunciar ese defecto mediante
excepción procesal (denominada exceptio plurium litisconsortium o falta del debido
litisconsorcio); y si el actor no lo subsana, el Tribunal pondrá fin al procedimiento: arts.
405.3 y 420 LEC. De este último precepto se deduce que solo el actor puede remediar la
falta de litisconsorcio, puesto que solo a él le corresponde delimitar frente a quién se dirige
la demanda, en coherencia con el principio dispositivo. El Tribunal podrá de oficio
apreciar este defecto -según la jurisprudencia, porque la Ley nada señala al respecto-, pero
sus facultades para evitarlo se reducen a decretar el archivo del proceso en caso de no ser
subsanado por el actor.
Por último, como la Ley tampoco dice nada sobre el particular, se entiende que
cada litisconsorte podrá acudir al proceso con su propia defensa y representación, así
como actuar en él con autonomía, planteando los medios de defensa que considere
apropiados a su posición procesal.
6. La intervención de terceros en el proceso (breve referencia)
Una vez que se inicie el proceso, lo habitual es que no intervengan nuevos sujetos
en la posición activa o pasiva de la relación jurídico-procesal. No obstante, hay ocasiones
donde el resultado del proceso puede afectar a terceras personas de manera indirecta, es
claro que ante esta situación el ordenamiento jurídico no puede permanecer indiferente,
y debe facilitar de alguna forma su entrada en el proceso a fin de que puedan defender sus
intereses. Obviamente no puede ser tercero cualquier persona, puesto que, si bien en un
principio ese tercero es ajeno al proceso, parece prudente que se le exija demostrar la
existencia de algún interés jurídicamente relevante en el resultado del proceso. Su
regulación la encontramos en los arts. 13 al 15 LEC.
EL fenómeno de la intervención procesal puede tener su origen en la propia
iniciativa del tercero, denominándose entonces intervención voluntaria (art. 13 LEC),
o puede deberse a la llamada al proceso por una de sus partes originarias, lo que constituirá
una intervención provocada (art. 14 LEC).
7. El papel asignado al Ministerio Fiscal en el proceso civil
A diferencia de lo que sucede en el proceso penal, donde la intervención del
Ministerio Fiscal es generalizada, en el proceso civil tiene lugar de forma excepcional y
solo se contempla para supuestos expresamente contemplados. Esto es así, puesto que solo
en caso de circunstancias y derechos en juego excepcionales (donde normalmente

15
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predomina un factor de ius cogens 19) la LEC puede contemplarse su intervención, bien
como parte (representante legal 20), o bien como asesor del órgano jurisdiccional 21.

8. Las Administraciones Públicas como parte en el proceso civil


En ciertas ocasiones la Administración del Estado (tanto estatal, de las CCAA y/o
local) actúa en el proceso civil, como actor o demandado, y sobre todo se da en situaciones
que implican una huida del Derecho administrativo. Esta famosa huida, se trata de un
fenómeno por el cual las Administraciones públicas sujetan su actuación al Derecho
privado o al Derecho laboral o, incluso adoptan personificaciones jurídico-privadas,
alejándose de los controles y garantías del procedimiento administrativo, que de por sí son
más estrictas, y todo ello con el objetivo de “justificar” o lograr mayor flexibilidad en su
actuación. Pensemos por ejemplo, en un contrato celebrado entre una Administración
Publica y un particular cuyo contenido es de ámbito de derecho privado y, como tal,
susceptible, en principio, de que sobre el puedan entrar a conocer los tribunales civiles 22.
Es importante saber que cuando la Administración Pública actúa en el proceso civil, lo
hace con una serie de especialidades que no solo particularizan su intervención, sino que
lo privilegian en comparación con cualquier otro sujeto que pudiese intervenir en el
proceso civil23. Son muy numerosas las normas que regulan la intervención de las AAPP
en el proceso civil, pero en cualquier caso la norma fundamental viene dada por la Ley
52/1997, de 27 de noviembre de asistencia jurídica del Estado e Instituciones Públicas.
Veamos de forma resumida cuales son estas singularidades y privilegios:

• La competencia territorial, con carácter exclusivo, a los tribunales de las capitales de


provincia (art. 15 de la citada Ley).
• Las notificaciones tienen que practicarse en la sede oficial de la Abogacía del Estado
(art. 11).

• Privilegio de ser preguntado por escrito y responder de la misma forma en los


interrogatorios (art. 315 y 381 LEC).

• Gozan de exención en la constitución de depósitos y cauciones (art. 12).


• La AP podrá solicitar la suspensión del curso de los autos tras la recepción del primer
acto de comunicación, tanto para solicitar los antecedentes del asunto, como para elevar

19
Como claramente sucede en los procesos especiales de nulidad matrimonial; en los de sustracción
internacional de menores; en los de determinación e impugnación de la filiación, o en las medidas judiciales
de apoyo a las personas con discapacidad, en donde será siempre parte el Ministerio Fiscal (vid. art. 749.1
LEC). Del mismo modo, según el art. 15.1 LEC, el Ministerio Fiscal será parte en los procesos para la
protección de derechos e intereses colectivos y difusos de consumidores y usuarios, cuanto el interés social
lo justifique.
20
Por ej. en el art. 765.1 LEC se contempla la figura del Ministerio Fiscal en orden al ejercicio de las acciones
que correspondan al hijo menor.
21
Por ej., en el tema 9 al abordar el control de oficio de la competencia objetiva y territorial, pudimos
comprobar como el tribunal debía tomar su decisión, en todo caso previa audiencia de las partes y del MF
(arts. 48.3 y 58 LEC).
22
Nótese por lo demás que, incluso, podría darse lugar a un supuesto de conflicto de competencia. Vid. su
estudio en el Tema 8º, epígrafe nº. 5.
23
Con todo y afortunadamente, el tradicional requisito de la reclamación administrativa previa, ha sido
abolido por la LAPC de 2015.
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consulta a la dirección de los servicios jurídicos. Este plazo lo fija discrecionalmente el


juez, sin que pueda ser inferior a quince días, ni superior a un mes (art. 14).

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