Tema 10
Tema 10
1. Concepto de parte
El proceso es necesariamente actus trium personarum puesto que en toda relación
jurídico-procesal deben estar presentes tres sujetos, a saber: el juez, la parte activa (actor
o demandante) y la parte pasiva (demandado). La idea de parte deriva de su significado
en el uso corriente: «tener parte», «tomar partido», participar», y cuando esta imagen se
subjetiviza se hace referencia a otra expresión: «ser parte activa» para solicitar o pedir
algo frente a la «parte pasiva». Naturalmente la condición de parte procesal no es aplicable
al Juez ni al resto de los miembros que componen el órgano jurisdiccional, sino
únicamente a quien demanda o es demandado. Recordemos como en el litigio, el juez, ni
pugna ni toma partido, al encontrarse supra partes y examinar el litigio imparcialmente.
Recordemos asimismo que al inicio del proceso y durante su tramitación han de existir
necesariamente dos posiciones enfrentadas: una posición activa (demandante o actor) frente a una
posición pasiva (demandado). De esta manera las partes del proceso son siempre dos, aun cuando
cada una de estas posiciones puede estar ocupada por más de un sujeto, como sucedería en el caso
de una demanda ejercitada por varios consumidores, o en la demanda presentada frente a varios
sujetos obligados al cumplimiento de una determinada obligación. Por otro lado, la cualidad de
parte actora y parte demandada en la primera instancia del proceso declarativo, puede alterarse en
las distintas fases del proceso y recibir denominaciones distintas, y ello en atención a la posición
jurídico-procesal que estos sujetos ocupen en la misma (por ej.: recurrente y recurrido). En este
supuesto el recurrente —quien recurre o impugna la resolución— puede ser tanto el actor como el
demandado, dependiendo del perjuicio o gravamen que la sentencia les haya causado. Por eso
mismo, si es estimatoria el demandado podrá convertirse en recurrente y el demandante en
recurrido; si es desestimatoria el demandante podrá continuar en la posición activa si se convierte
en recurrente.
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Inmediatamente veremos la existencia de otros presupuestos procesales en relación al actor y al demandado,
como son la representación y la postulación.
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Recuérdese lo visto en el Tema 1.
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directamente a la propia entidad, sin tener que dirigir su reclamación contra los diversos
sujetos individuales que la integran. A este respecto pensemos, por ejemplo, en la
dificultad que supone demandar a todos los componentes de la comunidad de propietarios
de una urbanización, o a los integrantes de una comisión encargada de organizar un
homenaje a una persona que se jubila, etc. Y es que, como ya se ha dicho, no tendría
sentido que el derecho material les permita actuar en el tráfico (p. ej. comprando,
vendiendo, etc), si finalmente el derecho procesal les impide comparecer en el proceso.
2.2 La capacidad procesal
La llamada capacidad procesal es la facultad de comparecer en un proceso concreto
y poder realizar actos procesales válidos. Fijémonos bien: la capacidad procesal según el
art. 7.1 LEC 3 la tienen todas las personas, y puesto que según el precepto: “podrán
comparecer en juicio todas las personas”. Con lo cual nuestro ordenamiento parte de la
idea general de que, en principio, todas las personas físicas por el simple hecho de serlo,
tienen capacidad de obrar y asimismo pueden comparecer válidamente en el proceso
(capacidad procesal). En cuanto a las personas jurídicas, tienen siempre capacidad
procesal. Luego quiere decirse que los principales problemas en relación a la capacidad
procesal, tiene lugar en relación a las personas físicas y más en concreto aquellas que NO
ostentan la plenitud de sus derechos civiles.
En efecto, carecen de capacidad procesal los menores no emancipados, lo cual no
significa que no puedan ser parte en el proceso, simplemente tendrán que suplir su
ausencia y actuar mediante la representación, asistencia o autorización exigidos por ley
(vid. art. 7.2 LEC).
Respecto a las personas con algún grado de discapacidad, desde la entrada en vigor
de la Ley 8/2021, de 2 de junio, han pasado a tener capacidad jurídica plena y pueden
acudir al proceso para tomar las decisiones que juzguen más convenientes sobre sus
asuntos (por ej. sobre sus negocios y patrimonio, proyecto vital, etc.), y solo en caso
necesario, deberán gozar de los ajustes o apoyos necesarios para garantizar su
participación en el proceso en condiciones de igualdad. Estos ajustes o medidas de apoyo
pueden consistir en el nombramiento de un “guardador de hecho” (que normalmente no
precisa de autorización judicial, ni de poder), o de un “curador” (que si precisa ser
declarado judicialmente), o incluso un “defensor judicial”. Todo ello sin perjuicio de que,
iniciado el proceso, estas medidas de apoyo pueden consistir en facilitar el acceso a la
“lectura fácil” de los documentos del proceso; la compresión a través del lenguaje de
signos, y los medios de apoyo a la comunicación oral de personas con discapacidad
auditiva y sordociegas etc. (vid. art. 7 bis LEC). De la misma manera, y solo cuando sea
estrictamente necesario, las medidas de apoyo pueden incluir funciones de representación
(por ej. cuando se trata de una persona en coma o con discapacidad muy importante de
sus facultades psíquicas), en cuyo caso habrá que acudir a la representación legal. Más
nótese que tras la reforma de 2021, la posible función representativa (como por ejemplo
la que puede desempeñar un curador), se considera algo muy excepcional y en todo caso
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Nueva redacción introducida por Ley 8/2021, de 2 de junio.
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2.3 La representación
La figura de la representación requiere en todo caso de reconocimiento legal. De
esta manera respecto de las personas físicas el art. 7.2º y 3º LEC prevé la figura del
representante para las personas menores de edad no emancipadas (por ej. el padre o la
madre del menor puede actuar como representante), asimismo y como acabamos de ver,
en los casos excepcionales que se prevea judicialmente como medida de asistencia o apoyo,
y también en los supuestos en que los representantes deban de comparecer por los
concebidos y no nacidos.
Por lo que se refiere a las personas jurídicas, es evidente que estas no pueden
comparecer por si mismas en el proceso, luego también necesitan de una base personal y
por ese motivo también hay que acudir a la figura del representante. Este representante
normalmente suele ser la persona designada en los estatutos fundacionales de la sociedad
o entidad de que se trate, o la persona designada por ley en el caso de masas patrimoniales
y entidades sin personalidad jurídica (vid. art. 7. 4º, 5º, 6º y 7º LEC).
Junto a los supuestos analizados de representación a los que hace referencia el art.
7 LEC (y que se identifican con el nombre de representación legal o necesaria), se
suele hablar también de otro tipo de representación que es conocida como
representación técnica, bien entendido que aquí la existencia de esta representación
no tiene por finalidad sustituir al representado por las razones vistas, sino por la gran
dificultad que el actor y el demandado encontrarían si compareciesen en el proceso por sí
mismos, y al carecer de los necesarios conocimientos técnicos y jurídicos que todo proceso
implica. Sin embargo, en este último caso, en lugar de un supuesto más de representación,
se suele hablar de: postulación 5 y, como tal la trataré en el siguiente epígrafe.
2.4 La postulación
En principio, sería suficiente con la capacidad para ser parte y la capacidad
procesal para poder intervenir en las actuaciones del juicio, pero la Ley exige un tercer
requisito, que se justifica por la elevada complejidad técnica que conlleva la tramitación
de un proceso. Se trata de la postulación, que es la aptitud o idoneidad para relacionarse
directamente con el tribunal. Adviértase como el ordenamiento procesal podría establecer
que los litigantes presentaran sus escritos directamente ante el Tribunal, o que
intervinieran sin intermediarios en los actos orales, etc.; pero la experiencia demuestra
4
Por su parte el art. 7 bis LEC (modificado en 2023) introduce facilidades y adaptaciones para que las
personas, a partir de 65 años, puedan participar en el proceso en condiciones de igualdad.
5
Según la RAE, postular significa pedir o pretender algo. Por tanto, el abogado o procurador piden o solicitan
algo en el proceso por cuenta de su cliente o representado. Este cliente (actor y/o demandado) es la verdadera
parte procesal, mientras que el abogado y procurador son los representantes técnicos.
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que un sistema así dificulta enormemente la sustanciación del proceso, por lo que, con
carácter general, las legislaciones de los Estados solo permiten al propio litigante realizar
por sí mismo aquellos actos que bien son urgentes, bien personalísimos, bien se refieren a
procesos de escasa relevancia, dejando el resto de actuaciones en manos de representantes
técnicos o profesionales del Derecho que son los que gozan de esa capacidad de
postulación en sentido estricto.
En nuestro sistema procesal, la capacidad de postulación se distribuye entre dos
profesionales distintos: el abogado y el procurador, a diferencia de lo que sucede en
otros ordenamientos, en los que dicha capacidad se confiere a un solo profesional. Así, la
intervención de abogado y de procurador es obligatoria con carácter general en los
procesos civiles; solo se convierte en facultativa para los juicios verbales cuya
determinación se haya efectuado por razón de la cuantía y ésta no exceda de 2.000 euros,
o para la solicitud inicial del proceso monitorio, así como para las actuaciones urgentes y
previas al juicio (vid. los arts. 23 y 31 LEC).
Ya dije en otro tema 6, que la función principal del procurador consiste en
representar técnicamente al litigante, esto es: debe presentar los escritos por él, recibir las
notificaciones y acudir a los actos en su nombre, etc. (arts. 26 a 28 LEC). Así, el procurador
que esté legalmente habilitado podrá comparecer en cualquier tipo de proceso a los solos
efectos de oír y recibir actos de comunicación y efectuar comparecencias de carácter no
personal de los representados que hayan sido solicitadas por el órgano judicial, aunque al
realizar esos actos no podrá formular solicitud alguna (art. 23.3 LEC). Ahora bien, para el
ejercicio de sus funciones representativas, necesita acreditar desde el inicio de su
intervención que le ha sido conferida la representación que ostenta de manera formal, y a
través de cualquiera de los siguientes métodos: 1º) bien, a través de un poder notarial
(apoderamiento notarial); 2º) bien por medio de un poder extendido ante el Letrado
de la A. de J. de cualquier Oficina judicial (apoderamiento apud acta); 3º) o bien, por
medio de comparecencia electrónica con objeto de proceder a su inscripción en el
registro electrónico en la correspondiente sede judicial (vid. art. 24.1 LEC).
Es importante precisar que el poder otorgado al procurador ha de aportarse cuando se
presente el primer escrito (p. ej. demanda y contestación), o se realice la primera actuación oral
ante el tribunal (vid. arts. 24.2 y 264.1º LEC). No obstante, si no se aporta el poder en ese momento
existe posibilidad de subsanación (vid. art. 231 LEC; y arts. 240.2 y 243.3 LOPJ).
6
Vid. tema 4.
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por estudiar las consecuencias del incumplimiento de estos presupuestos procesales que,
como se acaba de indicar, se conoce como: tratamiento procesal. De su régimen
jurídico interesa averiguar si el tribunal debe analizar de oficio su concurrencia y si las
partes pueden denunciar su ausencia, así como el modo de proceder en tales casos. Con
todo, antes de su análisis, es necesario formular una pequeña aclaración. Cualquier
problema relativo a la capacidad procesal, es en realidad un problema de ausencia de falta
de (la debida) representación, y naturalmente cuando esta es necesaria.
Sobre el tratamiento procesal de oficio, el art. 9 LEC establece que: «la falta
de capacidad para ser parte y de capacidad procesal podrá ser apreciada de oficio por
el Tribunal en cualquier momento del proceso»; pero, dada la importante finalidad que
cumplen estos presupuestos procesales, lo correcto será que el órgano judicial examine su
concurrencia especialmente al comienzo del proceso, no que de otra forma el defecto
procesal haría inútil la actividad del proceso. En cualquier caso, la Ley no especifica cómo
habrá de hacerlo, pero puede entenderse que lo hará previa audiencia de las partes
personadas, por analogía con el control de oficio de los presupuestos relativos a la
jurisdicción y a la competencia imperativa, y otorgando a la parte afectada un plazo de
subsanación, si el defecto resultase subsanable (arts. 240.2 y 243 .3 LOPJ).
Por lo que concierne al tratamiento de la falta de capacidad (o mejor aún: de
acreditación de la representación con que deba concurrirse), cuando se denuncia a
instancia de parte, es necesario atender tanto al tipo de juicio o procedimiento en que
se produzcan como al sujeto de quien provenga la reclamación. Así, tratándose del juicio
ordinario, el DEMANDADO pondrá de manifiesto los defectos de este clase que afecten al
actor por medio de una excepción procesal 7, que formula en la contestación a la demanda
y que se analizará y resolverá en la audiencia previa al juicio 8 (arts. 405.3 y [Link] LEC);
en estos casos, si resulta posible, se intentará la subsanación del defecto y, de no
producirse, el Juez pondrá fin al proceso mediante auto (art. 418 LEC). Cuando se esté en
presencia de un juicio verbal, la presentación de la excepción la plantea el demandado en
la contestación a la demanda, y su resolución tendrá lugar nada más iniciarse la vista (art.
443.2 LEC).
Si en lugar del demandado, ahora es el ACTOR quien pretende denunciar la falta
de capacidad - o de la debida representación- del demandado (como sucedería, por ej., si
la persona jurídica demandada ha contestado a la demanda sin que conste en los autos la
representación necesaria de quien ha apoderado al procurador), lo hará directamente en
la audiencia previa, si se trata del juicio ordinario; pero en este caso, si no se logra la
subsanación del defecto, se declarará en rebeldía al demandado y se continuará con
las actuaciones del proceso (art. 418 LEC). En el juicio verbal, la denuncia del actor se
planteará y se resolverá igualmente en el acto de la vista (art. 443.3 LEC).
Respecto del tratamiento procesal de la falta de postulación, la LEC solo prevé el
control de oficio del tribunal de tal manera que como dice el art. 31.1 LEC: «no podrá
proveerse a ninguna solicitud que no lleve la firma de abogado». Esto significa que el
7
Una excepción procesal es simplemente un mecanismo procesal que utiliza el demandado para denunciar
ante el tribunal que está conociendo, la existencia de un defecto procesal que tiene que ver con las partes o
con el objeto del proceso, pero NUNCA en relación a los presupuestos que tienen que ver con la competencia
o jurisdicción del tribunal, pues para eso está la declinatoria.
8
Recuérdese lo explicado en el tema 5 (epígrafe 4.1).
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nadie ha puesto en tela de juicio (ni la Sala de instancia ha negado) la legitimación «ad
processum» de la Comunidad Autónoma de La Rioja. Pero distinta de la anterior es la
legitimación «ad causam» que, de forma más concreta, se refiere a la aptitud para ser parte en
un proceso determinado, lo que significa que depende de la pretensión procesal que ejercite el
actor o, como dice la sentencia antes citada, consiste en la legitimación propiamente dicha e
«implica una relación especial entre una persona y una situación jurídica en litigio, por virtud de
la cual es esa persona la que según la Ley debe actuar como actor o demandado en ese pleito»;
añadiendo la doctrina científica que «esta idoneidad específica se deriva del problema de fondo a
discutir en el proceso; es, por tanto, aquel problema procesal más ligado con el Derecho material,
habiéndose llegado a considerar una cuestión de fondo y no meramente Procesal». Y es,
precisamente, el Tribunal Constitucional (al que tan frecuentemente han acudido las partes)
quien en el Fundamento Jurídico 5º de su sentencia de 11 Nov. 1991, ha dicho que «la legitimación
[se refiere a la legitimación ad causam], en puridad, no constituye excepción o presupuesto
procesal alguno que pudiera condicionar la admisibilidad de la demanda o la validez del proceso.
Antes bien, es un requisito de la fundamentación de la pretensión y, en cuanto tal, pertenece al
fondo del asunto.; ésta es la razón por la cual la propia jurisprudencia de la Sala 1ª del Tribunal
Supremo, con anterioridad a la reforma del recurso de casación operada por la Ley 34/1984, ya
había reiteradamente declarado que la falta de legitimación no debía invocarse como motivo de
casación por quebrantamiento de forma (concretamente al amparo del antiguo artículo
1.693.2º), sino como motivo de infracción de ley (esto es, como motivo de fondo, al amparo del
derogado artículo 1.692). Y es que la legitimación, en tanto que relación jurídico material que liga
a las partes con el objeto procesal, pertenece al fondo del asunto, por lo que no puede causar
extrañeza alguna que, aun cuando todas y cada una de las resoluciones judiciales impugnadas
hayan apreciado la existencia de la excepción de falta de legitimación activa, simultáneamente
hayan entrado en el conocimiento de la relación jurídico material debatida y confirmado una
sentencia de instancia que, en principio, goza de todos los efectos materiales de cosa juzgada».
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Sin embargo, hay veces donde la ley, por diversas razones, rompe esa ecuación
entre: legitimación y titularidad y permite litigar a ciertos sujetos por medio de una acción
propia pero por un interés o derecho ajeno: son los casos que se conocen como de
legitimación extraordinaria o indirecta, y en los que se concede la titularidad de la
acción a un sujeto diferente del titular del derecho o interés que está en juego (art. 10 II
LEC 9).
Asi pues, en la legitimación extraordinaria una persona ejercita una acción propia,
por un derecho ajeno, pero lo hace en interés propio. Un ejemplo lo tenemos en el caso de
la acción subrogatoria del art. 1.111 del Código civil, por la que un acreedor (A) puede
ejercitar las acciones que se deriven de los créditos que su deudor (B) tenga frente a otros
sujetos (C y D), y a los que (B), por las razones que sea, no ha exigido las sumas pendientes
de pago. De esta forma A «sustituye» a B, al ejercitar las acciones que corresponden a este
último frente a C y D). Similar supuesto podemos encontrar en el art. 117.3 de la Ley de
Patentes 10, que faculta al licenciatario de la patente a ejercitar la acción que corresponde
al titular de la patente, cuando esta no lo ha hecho en tres meses tras haber sido requerido
para ello. Otro ejemplo es posible localizarlo en el art. 76 de la Ley de Contrato de Seguro,
según el cual, el perjudicado tendrá acción directa frente a la compañía aseguradora para
exigirle el cumplimiento de la obligación de indemnización. Aún más, hay veces donde la
Ley concede acción para defender en juicio derechos ajenos a quien lo hará también por
un interés ajeno: así ocurre con las asociaciones de consumidores y usuarios cuando litigan
por los derechos e intereses de estos últimos, según lo previsto en el art. 11 LEC (estas
asociaciones actuarán en nombre propio ―con una acción propia― pero ejercitando un
derecho ajeno y en interés también ajeno ―el de los consumidores y usuarios afectados―),
pues el beneficio que se derive de la sentencia no irá a parar a la asociación en cuanto tal,
sino a los sujetos a los que esta «representa», según lo dispuesto en los arts. 221 y 519 LEC.
Y esto mismo sucede, cuando los sindicatos defienden los intereses de los trabajadores
afiliados al mismo. Otro supuesto de legitimación extraordinaria lo tenemos a raíz del RD-
Ley 6/2023, y que añade a la LEC un nuevo art. 11 quater (Legitimación para la defensa de
los derechos e intereses de los trabajadores por cuenta propia o autónomos del arte y la
cultura).
Nótese que la virtualidad de la legitimación extraordinaria es proteger ciertos derechos e
intereses que, de otra forma, no podrían ejercitarse por quienes en realidad no son sus titulares.
Dicho de otra forma: la legitimación extraordinaria tutela ciertos intereses jurídicos, allá donde la
legitimación ordinaria no llega.
9
Según el mismo: “Se exceptúan los casos en que por ley se atribuya legitimación a persona distinta del
Titular”. Una vez más la LEC resulta decepcionante desde el punto de vista pedagógico. El art. [Link] LEC,
ni habla de legitimación extraordinaria, ni tampoco recoge supuesto alguno. La razón debe de verse en que
aquí el legislador remite al supuesto concreto, que tiene que localizarse en otros artículos e, incluso, fuera de
la LEC, tal como ocurre con reiterado art. 1111 CC.
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Ley 24/2015, de 24 de julio.
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sobre consumo, también lo regula el art. 11 LEC (p. ej. en materia de reclamaciones
indemnizatorias por los perjuicios irrogados al consumidor, o cuando se solicita la
resolución de una pluralidad de contratos en que hayan intervenido los consumidores).
11
Se trata de hechos pertenecientes al Derecho sustantivo que, en su caso, son objeto de la prueba.
12
Concretamente en la contestación a la demanda, el demandado utilizará una excepción de naturaleza
material (art. 405.1 LEC), ya que su alegación de falta de legitimación activa y/o pasiva se basará en hechos
pertenecientes al Derecho sustantivo que, si resultan debidamente probados, provocarán una sentencia de
fondo desestimatoria, pues la tutela del derecho solo se puede otorgar a favor del activamente legitimado, y
en contra del legitimado pasivamente.
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Y que, en todo caso, deben ser introducidos en el proceso en el momento procesal oportuno.
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no hacerlo podría no admitirse a trámite su demanda (vid. art. 269.2 LEC 14). Esta
exigencia legal, se conoce entre la doctrina y jurisprudencia como legitimación ad
límine litis 15.
Un claro ejemplo de legitimación ad límine litis se puede ver acudiendo al contenido del
art. 767.1 LEC, a cuyo tenor: “En ningún caso se admitirá la demanda sobre determinación o
impugnación de la filiación si con ella no se presenta un principio de prueba de los hechos en que
se funde”. La finalidad del precepto es clara, pues dado que la inmensa mayoría de procesos civiles
se abren con la sola exigencia del ejercicio de la acción afirmada por el actor, para cuando se trate
de procesos de determinación e impugnación de la paternidad, si la LEC no estableciese un control
razonable en el ejercicio de la acción, daríamos lugar a un grave perjuicio en la fama o reputación
del demandado en aquellos casos donde la sentencia desestime, finalmente, la demanda.
En otras ocasiones la LEC exige al actor que ostente claramente la titularidad de un interés
legítimo desde el momento en que presenta su demanda, tal como sucede cuando se quiere solicitar
la incapacitación de alguna persona. Concretamente el art. 757.1 LEC atribuye legitimación para
instar el proceso de incapacitación, entre otros, al cónyuge del sujeto sobre el que se solicita la
situación de incapacidad. Pues bien, según el AAP de Zaragoza, núm. 622/2017, de 26 de
septiembre: “ (…) esta cualidad ya no la ostentaba el marido en el momento en que interpone la
demanda, dado que los cónyuges entonces estaban en trámite de divorcio (luego faltaba el interés
legítimo)”, y por esta razón tanto el JII como la AP (1ª y 2ª instancia, respectivamente) no
admitieron a trámite la demanda de incapacitación presentada por el marido.
14
Se trata de aportar los documentos previstos en el art. 266 LEC. Por ejemplo, que se aporte con la demanda
el documento donde conste fehacientemente la sucesión mortis causa a favor del actor (ej. testamento
otorgado en escritura pública ante notario).
15
También se le identifica con la expresión de: principio de prueba o semiplena-probatio.
16
Una situación completamente distinta es que se produzca el fallecimiento antes del inicio del proceso, en
cuyo caso solo se debe hablar de sucesión material; y si con posterioridad se inicia el proceso, todo lo más,
habría que acreditar la fehaciencia de la sucesión con arregla al citado art. 266 LEC.
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Su tratamiento legal lo tenemos en el art. 12.1 LEC, que dice: «Podrán comparecer
en juicio varias personas, como demandantes o como demandados, cuando las acciones
que se ejerciten provengan de un mismo título o causa de pedir». Esta última expresión
significa que entre las acciones debe existir un vínculo o nexo, como consecuencia de tener
su origen en el mismo hecho. En el ejemplo anterior, es claro que la causa de pedir es
idéntica puesto que todas las acciones tienen su origen en el impago de una suma de dinero
que, aunque puede ser de diferentes importes, tienen su origen en el incumplimiento del
mismo contrato. Cuestión distinta seria, que el crédito impagado tuviese su origen en
diferentes negocios jurídicos, en cuyo caso la única posibilidad es tratar las acciones por
separado y en distintos procesos.
b) Litisconsorcio necesario. ― Es una figura de elaboración doctrinal y
jurisprudencial, reconocida por el art. 12.2 LEC: «Cuando por razón de lo que sea objeto
del juicio la tutela jurisdiccional solicitada sólo pueda hacerse efectiva frente a varios
sujetos conjuntamente considerados, todos ellos habrán de ser demandados, como
litisconsortes, salvo que la ley disponga expresamente otra cosa». Si nos fijamos bien,
este precepto solo contempla el litisconsorcio pasivo necesario 17, y a él me voy a
referir a continuación.
Hablamos de litisconsorcio pasivo necesario, puesto que es la ley o la
jurisprudencia quien impone la carga para el actor de demandar conjuntamente a varios,
por cuanto la sentencia que en su momento se dicte les va a afectar a todos ellos. Así pues,
la justificación de este litisconsorcio descansa en la necesidad de preservar el principio de
contradicción y audiencia, respecto de determinados sujetos que, para el caso de no ser
demandados, se les cercena toda posibilidad de defensa en el juicio. Sin duda no pasaría
absolutamente nada si no se les demandase, digamos, en condiciones normales 18; sin
embargo en el proceso a veces pueden aparecer determinados derechos materiales cuya
titularidad (legitimación) corresponde a varios individuos, y para tutelarlos
adecuadamente, su titularidad hay que hacerla inseparable. Es por ello que se impone la
carga al actor de que ejercite una sola acción frente a varios demandados, en cuyo caso la
sentencia contendrá un único pronunciamiento que afectará a todos los litisconsortes. Una
vez que ya conocemos su justificación, vamos a ver varios ejemplos de litisconsorcio pasivo
necesario.
i. El art. 1139 CC, al tratar las obligaciones indivisibles, determina que “sólo podrá
hacerse efectiva la deuda procediendo contra todos los deudores”.
ii. Del art. 74 CC resulta la carga de demandar a ambos cónyuges cuando se
interponga una demanda de nulidad matrimonial por el MF o por un tercero.
iii. Asimismo, del art. 600 LEC se desprende la obligación del tercerista de demandar
conjuntamente al ejecutante y al ejecutado. Es decir, contempla la situación de que
por error se haya embargado un bien del tercerista.
17
El litisconsorcio necesario activo y mixto no se presenta con frecuencia, y la jurisprudencia de la Sala 1ª
del Tribunal Supremo no encuentra supuesto alguno en el que pueda aplicar esta figura jurídica. Esta posición
jurisprudencial es muy discutible, y no puede ser tratada aquí y ahora.
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La cosa juzgada no les alcanzaría, ni en sentido favorable ni adverso.
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predomina un factor de ius cogens 19) la LEC puede contemplarse su intervención, bien
como parte (representante legal 20), o bien como asesor del órgano jurisdiccional 21.
19
Como claramente sucede en los procesos especiales de nulidad matrimonial; en los de sustracción
internacional de menores; en los de determinación e impugnación de la filiación, o en las medidas judiciales
de apoyo a las personas con discapacidad, en donde será siempre parte el Ministerio Fiscal (vid. art. 749.1
LEC). Del mismo modo, según el art. 15.1 LEC, el Ministerio Fiscal será parte en los procesos para la
protección de derechos e intereses colectivos y difusos de consumidores y usuarios, cuanto el interés social
lo justifique.
20
Por ej. en el art. 765.1 LEC se contempla la figura del Ministerio Fiscal en orden al ejercicio de las acciones
que correspondan al hijo menor.
21
Por ej., en el tema 9 al abordar el control de oficio de la competencia objetiva y territorial, pudimos
comprobar como el tribunal debía tomar su decisión, en todo caso previa audiencia de las partes y del MF
(arts. 48.3 y 58 LEC).
22
Nótese por lo demás que, incluso, podría darse lugar a un supuesto de conflicto de competencia. Vid. su
estudio en el Tema 8º, epígrafe nº. 5.
23
Con todo y afortunadamente, el tradicional requisito de la reclamación administrativa previa, ha sido
abolido por la LAPC de 2015.
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