Dictadura Argentina 1976-1983
La dictadura argentina de 1976 a 1983 comenzó con un golpe de Estado el 24 de
marzo de 1976, cuando las Fuerzas Armadas derrocaron a la presidenta Isabel Perón.
Durante este período, el gobierno militar implementó una brutal represión para eliminar
a opositores, usando métodos represivos y violentos. Se estima que entre 10,000 y
30,000 personas fueron desaparecidas. Además, hubo censura, control de medios y una
crisis económica que empeoró con la Guerra de las Malvinas en 1982.
Entre 1976 y 1983, durante la dictadura, muchas personas fueron víctimas de la
represión y sus cuerpos nunca fueron entregados a sus familias. Este régimen buscó
eliminar toda huella de sus víctimas, privando tanto a los familiares como a la sociedad
de la posibilidad de procesar el duelo por sus pé.
El terrorismo de Estado utilizó además un método particularmente cruel: la
apropiación de menores. Algunos niños y niñas fueron secuestrados junto a sus padres,
mientras que otros nacieron en cautiverio en centros clandestinos de detención y fueron
separados de
El destino de estos menores fue diverso: algunos fueron registrados como hijos
por miembros de las fuerzas armadas o de seguridad, otros fueron abandonados en
hospitales sin identidad, y algunos más fueron entregados en adopciones ilegales.
Organismos como las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo surgieron durante la
dictadura y se destacaron por su lucha incansable en busca de los desaparecidos y los
niños apropiados. Su resistencia fue fundamental para visibilizar los crímenes del
régimen tanto en Argentina como en el exterior.
Esta dictadura ocurrió en un periodo de tensiones ocasionados por la Guerra
Fría, en el que Estados Unidos y la Unión Soviética competían por influencias globales.
América Latina, incluyendo a Argentina, vivía en un contexto marcado por una serie de
dictaduras militares, estas dictaduras fueron coordinadas por los gobiernos para reprimir
a sus opositores en una operación conocida como Operación Condor, en países como
Chile, Uruguay, Paraguay, Brasil, Bolivia, estos se encontraban bajo la fuerte influencia
de la Doctrina de Seguridad Nacional, la cual es una política creada por los Estados
Unidos para impedir el avance del comunismo en la región.
En todos estos países de América Latina se cometieron grandes violaciones de
los derechos humanos, incluyendo secuestros, torturas, desapariciones forzadas y
asesinatos de opositores, tanto de guerrilleros como de activistas, estudiantes y
ciudadanos que se consideraban subversivos.
Mientras tanto a nivel nacional, Argentina estaba en un momento de
inestabilidad política, económica y social, la misma atravesaba una fuerte crisis,
obteniendo tiempos de alta inflación, conflictos laborales, incremento de una gran
violencia política. Ciertos grupos realizaban ataques y secuestros. Este clima suministró
el pretexto perfecto para que las Fuerzas Armadas tomaran el poder.
El gobierno implemento políticas neoliberales, las cuales incluían la liberación
de mercados, la apertura a importaciones y la reducción de la intervención estatal,
favoreciendo a los sectores financieros y a las grandes empresas. No obstante, estas
nuevas políticas no fueron del todo buenas, ya que dieron resultado a una gran deuda
externa, inflación y aumento de la pobreza, afectando a la clase trabajadora.
La Guerra de las Malvinas en 1982 tuvo un impacto decisivo en la dictadura,
acelerando la caída y debilitando de manera irreversible al régimen militar. La falta de
preparación y equipamiento adecuado para enfrentar a una potencia como el Reino
Unido resulto en una derrota rápida y humillante para Argentina, la sociedad tras esta
frustración comenzó a ver a los militares como incompetentes, sobre el campo de batalla
y en su capacidad para gobernar.
Con el régimen desacreditado y en crisis, y sin el apoyo de la sociedad ni de
sectores clave, la dictadura no pudo sostenerse. En 1983, los militares se vieron
forzados a convocar elecciones democráticas, marcando el fin de la dictadura y el
retorno de la democracia en Argentina, con la elección de Raúl Alfonsín como
presidente.
Sus principales acciones incluyeron el Juicio a las Juntas, en el cual se juzgó a
los responsables de violaciones a los derechos humanos durante el régimen militar, lo
cual fue un hito en la región. También impulsó la sanción de la Ley de Punto Final y la
Ley de Obediencia Debida, buscando limitar la cantidad de juicios a militares, lo que
fue polémico en su momento. Enfrentó crisis económicas, con una hiperinflación que
afectó su gobierno, y conflictos sociales. Finalmente, debió adelantar el traspaso de
poder a Carlos Menem en 1989 debido a la crisis económica.
Durante el periodo de la mayor dictadura de nuestro país, la educación era una
pieza útil de control y divulgación por el régimen, los militares buscaban imponer sus
valores como la obediencia y el respeto a la autoridad y controlaban el pensamiento, por
lo que se aplicaba una fuerte censura a los materiales educativos; los textos y programas
se revisaban y eliminaban contenidos que el Gobierno consideraba subversivo.
Además, se ejercía control sobre estudiantes y docentes, desempeñando una
estricta vigilancia en escuelas y universidades muchos docentes y estudiantes fueron
perseguidos, encarcelados o incluso desaparecidos por considerarse opositores al
régimen.
El gobierno central era el nuevo encargado de controlar los contenidos y
métodos de enseñanza con el objetivo de evitar cualquier espacio de debate o
cuestionamiento al régimen, a partir de ello se promovió la educación religiosa, en
especial la católica. Esto estaba conectado con los valores que se consideraban
esenciales para una Nación segura. Estos aspectos moldearon una educación represiva y
limitante, que buscaba alinear a los jóvenes con los principios de la dictadura y suprimir
cualquier posibilidad de disidencia.
La educación pública fue debilitada mediante recortes presupuestarios, mientras
que las instituciones privadas, en su mayoría religiosas, adquirieron un papel destacado
al ser vistas como aliadas del régimen. En las escuelas, se priorizó la obediencia y el
orden, promoviendo actos patrióticos y la exaltación de las Fuerzas Armadas como
símbolos de la nación.
Este control ideológico dejó secuelas profundas en varias generaciones,
limitando el desarrollo del pensamiento crítico y creativo. Además, la desaparición de
docentes y estudiantes marcó a las comunidades educativas, dejando un legado de
miedo, pérdida y lucha por la memoria, la verdad y la justicia.
En conclusión, la dictadura fue una etapa de profundo sufrimiento y represión, en la que
miles de personas fueron víctimas de la violencia estatal. El terror se instaló en cada
rincón del país, y aunque el régimen trató de silenciar la oposición de todas las formas
posibles, la memoria colectiva y la búsqueda de justicia siguen vivas en la sociedad
argentina. La educación no fue ajena a este ataque: las escuelas y universidades se
convirtieron en escenarios de control ideológico, donde se suprimieron las voces
disidentes y se instauró una enseñanza basada en el miedo.
Webgrafía
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educacion-secundaria
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CONICET_Digital_Nro.32568062-5976-4ae7-9a87-e8ee4fa6bd0c_B.pdf?
sequence=2&isAllowed=y
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educacion-en-tiempos-de-dictadura