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CONOCEMOS EL DESARROLLO DE LA GUERRA Y LA RECONSTRUCCIÓN
NACIONAL
Luego de asegurarse el dominio del sur peruano, las fuerzas chilenas ocuparon Lima y el norte del país. La
resistencia peruana se concentró entonces en la sierra. Pero hacia 1883, un sector de la élite peruana decidió aceptar
la paz con Chile, aun a costa de pérdidas territoriales.
1. LA CAMPAÑA DEL SUR
La batalla de Tarapacá
La campaña se inició de manera adversa para los aliados por las derrotas de Pisagua (2 de noviembre) y San
Francisco (19 de noviembre). Ante esta situación, el ejército peruano se dirigió hacia el poblado de Tarapacá para
obtener pertrechos y provisiones. Ahí, el 27 de noviembre se realizó una nueva batalla en la que los peruanos
obtuvieron la victoria. Lamentablemente, las tropas peruanas tuvieron que abandonar el territorio por falta de
provisiones.
La crisis política
El 19 de diciembre de 1879, el presidente Prado dejó el país con
rumbo a Europa con el pretexto de apurar la adquisición de
armamento para la guerra. Lo reemplazó el general Luis La Puerta,
depuesto cuatro días después por un golpe de Estado liderado por
Nicolás de Piérola, quien se proclamó dictador. El 28 de diciembre,
el presidente Daza fue destituido y reemplazado por el general
Narciso Campero.
La campaña de Tacna
En febrero de 1880, parte de sus tropas desembarcaron en Ilo con la
finalidad de aislar al ejército aliado en Tacna. La primera batalla en
el sur se desarrolló en el cerro Los Ángeles (22 de marzo) con
victoria chilena, la que se repitió en la batalla del Alto de la Alianza
(26 de mayo) y significó grandes bajas para los aliados. Fue la última participación de Bolivia en la guerra. Poco
después, los chilenos ocuparon la ciudad de Tacna y la saquearon. Luego, marcharon hacia Arica, donde se
encontraba la última guarnición peruana del sur bajo el mando del coronel Francisco Bolognesi. El 7 de junio, a
pesar de la heroica resistencia peruana, la victoria chilena fue absoluta. Con ello, el sur peruano quedó ocupado por
los invasores.
2. LAS PRIMERAS CONVERSACIONES DE PAZ
En octubre de 1880, el Gobierno de Estados Unidos propició las primeras conversaciones de paz, que se realizaron
en el buque norteamericano Lackawanna, anclado en Arica. Sin embargo, no se pudo llegar a ningún acuerdo
porque las exigencias chilenas eran desmesuradas: Bolivia debía entregar su litoral y pagar una indemnización de
guerra, mientras que Perú debía ceder Tarapacá y permitir la ocupación temporal de Arica, Tacna y Moquegua
como garantía del pago de una enorme deuda por indemnización de guerra. Ni Bolivia ni Perú aceptaron
condiciones tan duras.
3. LA EXPEDICIÓN LYNCH
Después de la ocupación del sur, las fuerzas chilenas se prepararon para el asalto final a Lima. Previamente, en
septiembre de 1880, los chilenos organizaron una expedición comandada por Patricio Lynch para destruir el aparato
productivo peruano. Así, pueblos y haciendas de los ricos valles azucareros de la costa norte del país fueron
sistemáticamente destruidos.
4. LA CAMPAÑA DE LIMA
En septiembre de 1880, las tropas chilenas empezaron a desembarcar en el sur de Lima. Entonces, Nicolás de
Piérola organizó la defensa de la capital. Cerca de 20 000 reservistas fueron reclutados, principalmente varones
limeños entre los 16 y 60 años. Este cuerpo armado fue estructurado en batallones agrupados por oficios. Había
desde magistrados y comerciantes hasta cocheros, artesanos e incluso sirvientes.
Las batallas de San Juan y Miraflores
Piérola distribuyó a las milicias urbanas en dos líneas defensivas: la
primera partía del morro Solar hasta el cerro Pamplona; la segunda,
compuesta de pequeñas defensas o reductos, cubría las afueras de
Miraflores. El 13 de enero de 1881, el ejército chileno traspuso la
primera línea defensiva en la batalla de San Juan y ocupó Chorrillos
y Barranco, pueblos que fueron saqueados. Dos días después, los
chilenos volvieron a vencer en la batalla de Miraflores. El 17 de
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enero, Lima fue ocupada militarmente. Gracias a la intervención de los diplomáticos extranjeros, la capital no fue
destruida.
Ocupación y anarquía
Luego de la caída de Lima, Piérola se retiró a la sierra para reorganizar las fuerzas peruanas. Ante su ausencia, un
grupo de notables nombró, con el acuerdo de los chilenos, un Gobierno provisional bajo el mando de Francisco
García Calderón. Este Gobierno, conocido como de La Magdalena por el lugar de su sede, no fue reconocido por
Piérola ni por otros jefes militares, ya que se le acusaba de haber sido impuesto por los chilenos. A pesar de ello, el
presidente García Calderón se propuso establecer la paz con Chile en condiciones aceptables para el Perú. Por ello,
buscó el reconocimiento diplomático de su Gobierno, lo que facilitaría la mediación de países como Estados
Unidos. Sin embargo, García Calderón se negó a firmar un tratado de paz que implicaba la cesión territorial, por lo
que Chile desconoció su Gobierno y lo apresó en septiembre de 1881.
El contralmirante Lizardo Montero quedó a cargo del Gobierno, pero ello no evitó una nueva situación de anarquía:
Nicolás de Piérola, Miguel Iglesias y el propio Montero convocaron a distintos Congresos para ser reconocidos
como presidentes provisorios. En este contexto, las fuerzas de ocupación –buscando ejercer mayor presión para
terminar la guerra– impusieron enormes cupos a la población limeña y enviaron expediciones a la sierra. Con ello,
solo en 1882, los chilenos obtuvieron más de 28 millones de soles en cupos y contribuciones
5. LA RESISTENCIA EN LA SIERRA
Esta resistencia se dio en un escenario desconocido para
los chilenos: la agreste sierra peruana. El principal foco
rebelde se ubicó en el valle del Mantaro y estuvo dirigido
por el general Andrés Avelino Cáceres. Su conocimiento
de la región, habilidad militar, dominio del quechua e
incuestionable liderazgo sobre las fuerzas irregulares o
montoneras permitieron a Cáceres obtener importantes
triunfos sobre las expediciones chilenas enviadas desde
Lima. Para imponerse a su tenaz resistencia, el ejército
chileno decidió ocupar militarmente Jauja, Huancayo y
los valles aledaños, donde impuso fuertes cupos.
Entonces, Cáceres se retiró a Ayacucho y desde allí lanzó
una contraofensiva. El 9 de julio de 1882, una incursión
simultánea a Concepción, Marcavalle y Pucará determinó
un triunfo peruano que obligó a los chilenos a abandonar
el departamento de Junín. Así, Junín quedó en manos de
Cáceres y sus tropas. En abril de 1883, los chilenos reiniciaron sus incursiones ocasionando que la guerra se
trasladara al norte del país.
El declive de la resistencia
En la sierra norte, el ejército conducido por el general Miguel Iglesias logró una victoria en la batalla de San Pablo
el 13 de julio de 1882. Pero, a diferencia de Cáceres, Iglesias estaba convencido de que continuar con la resistencia
solo agravaría los estragos que la guerra ocasionaba al país. Iglesias lanzó en agosto de ese año un manifiesto desde
su hacienda en Montán, en Cajamarca, invocando la necesidad de iniciar negociaciones para lograr una paz
definitiva. Se formó una asamblea en Cajamarca para que se iniciasen las tratativas con los chilenos y se nombró a
Iglesias como presidente regenerador.
Así, dos posiciones entraron en conflicto: la continuación de la resistencia, liderada por Cáceres, y la paz sin
condiciones, encabezada por Iglesias. Chile aprovechó la convocatoria de paz hecha por Iglesias y decidió
reconocer a su Gobierno. Cáceres y sus huestes intentaron evitar la firma del tratado de paz, pero la derrota en la
batalla de Huamachuco, el 10 de julio de 1883, debilitó seriamente la resistencia. La asamblea formada en
Cajamarca reconoció a Iglesias como “presidente regenerador” y lo autorizó a firmar un tratado de paz. Esta
posición era apoyada por el sector terrateniente serrano que había sido fuertemente golpeado durante las últimas
campañas y que, a diferencia de la élite limeña, no tenía intereses económicos en los yacimientos salitreros de
Tarapacá.
6. PARTICIPACIÓN POPULAR EN LA GUERRA
En la batalla de Arica, por ejemplo, los soldados –en su mayoría indígenas– solo recibían oficialmente cuatro onzas
(113 gramos) de charqui y una ración de agua; además, carecían de municiones suficientes y muchos estaban
descalzos. Para la defensa de Lima, el presidente Piérola hizo un llamado a “todos los ciudadanos de la república
hábiles en el manejo de las armas”. Entonces se reclutó a todos los varones disponibles entre 16 y 60 años. En la
construcción de las líneas de defensa participaron ancianos, jóvenes, mujeres y niños. A pesar de la derrota, muchos
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combatientes se negaron a entregar sus armas y prefirieron esconderlas o enterrarlas. Poco después, esas armas eran
recuperadas por modestos trabajadores o mujeres y entregadas a los grupos de resistencia.
En la sierra, la principal participación popular se dio a través de las montoneras, grupos formados por indígenas al
mando de Cáceres, que pusieron en jaque a las tropas chilenas en esa región hasta el final de la guerra.
7. TRATADO DE ANCÓN
El 20 de octubre de 1883, los representantes peruanos José Antonio de Lavalle y Mariano Castro Saldívar, junto al
plenipotenciario chileno Jovino Novoa, firmaron el Tratado de Ancón. Este tratado fue ampliamente favorable a
Chile y establecía, entre otras, las siguientes condiciones:
Cesión a perpetuidad de los territorios de Tarapacá, que se extendían desde el río Camarones al norte
hasta el río Loa al sur.
Retención por un lapso de diez años de los territorios de Tacna y Arica, que estarían sujetos a
legislación y autoridad chilena. Al concluir el plazo, se organizaría un plebiscito en el que la población de
ambas provincias decidiría si se integraba a Chile o al Perú. Desde ese momento, Tacna y Arica fueron
conocidas como “provincias cautivas”.
Luego de firmado el tratado, los chilenos desocuparon Lima y se establecieron en los alrededores. En marzo de
1884, el tratado fue ratificado por el gobierno de Iglesias. Recién en julio de ese año, Cáceres admitió el acuerdo
como un hecho consumado aun a pesar de su intención de seguir resistiendo. Finalmente, en agosto culminó la
desocupación total del territorio peruano por parte de las tropas chilenas. La guerra había durado algo más de cinco
años
8. CONSECUENCIAS DE LA GUERRA
Económicas: La infraestructura del país quedó destruida y la economía paralizada. Las grandes ciudades,
como Lima, y las prósperas haciendas de la costa habían sufrido la imposición de fuertes cupos de guerra.
Además, el sistema de comunicaciones quedó seriamente dañado, pues casi un tercio de los ferrocarriles
fueron destruidos. Las exportaciones cayeron a una cuarta parte, mientras que los ingresos del Estado, de
35 millones de soles en 1879, se redujeron a poco más de 1 millón en 1883 porque, entre otros motivos, los
ricos yacimientos de salitre pasaron a manos chilenas. Asimismo, la élite comercial limeña sufrió la pérdida
de sus empresas, mientras que los sectores populares se vieron afectados por la creciente inflación.
Sociales: La guerra exacerbó los conflictos sociales entre propietarios, trabajadores y campesinos. Así,
mientras que los culíes chinos habían apoyado a las tropas chilenas contra sus opresivos patrones, los
campesinos del centro del país, armados como montoneras, desafiaron el control de los gamonales. En la
sierra sur, los campesinos indígenas tuvieron que afrontar los costos materiales de la guerra, lo que debilitó
a sus comunidades y permitió el avance de las haciendas.
Políticas: Aunque la élite civil había hecho grandes intentos por estabilizar políticamente al país, el
caudillismo militar se vio nuevamente fortalecido después de la guerra. Durante la década siguiente a la
guerra, los militares volvieron a dominar el sistema político del país.
Culturales: Durante la guerra, las actividades educativas, científicas y culturales se redujeron al mínimo.
En muchos casos, colegios y universidades tuvieron que suspender sus actividades. Además, el ejército
chileno se llevó valiosos tesoros culturales, como los 58 000 volúmenes de la Biblioteca Nacional. Otras
instituciones culturales como la Universidad Mayor de San Marcos, el Museo de Historia Natural y el
Archivo del Tribunal del Santo Oficio también fueron despojados de sus fondos bibliográficos.
Psicológicas: Los estragos más permanentes fueron de orden psicológico. La derrota marcó en gran medida
la mentalidad de los pobladores, pues dejó un ánimo de profundo pesimismo. En ese contexto, no solo
había que reconstruir la economía y reorganizar la sociedad, sino también recomponer el pensamiento y la
autoestima de los peruanos.
9. SEGUNDO MILITARISMO
Tras el fin de la guerra, los caudillos militares–pese a haber sido derrotados– fueron los únicos con el poder
suficiente para asumir el control del Estado. Por ello, el historiador Jorge Basadre denominó a esta etapa como el
segundo militarismo.
Gobierno de Miguel Iglesias
Luego de que el Tratado de Ancón entrara en vigor, la Asamblea Constituyente reunida en Lima
en marzo de 1884 ratificó a Miguel Iglesias como presidente provisorio. Durante su mandato se
reabrió la Universidad de San Marcos, se dispuso la reconstrucción de la Biblioteca Nacional, la
edificación del muelle y dársena del Callao, la instalación del alumbrado eléctrico en Lima y
otras obras destinadas a la reconstrucción del país. Sin embargo, en 1885 el Gobierno enfrentó en
Huaraz una gran rebelión indígena liderada por Pedro Pablo Atusparia, que fue duramente
reprimida.
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Desde un inicio, el gobierno de Iglesias fue muy impopular, pues cargaba con la responsabilidad de la paz con
Chile. En 1885, Cáceres, quien acusaba a Iglesias de entreguista, se sublevó y lo derrocó. Luego se convocó a
elecciones, en las que Cáceres se presentó como candidato del nuevo Partido Constitucional. Debido a su
popularidad como héroe de la resistencia, el triunfo de Cáceres fue abrumador.
Primer gobierno de Cáceres
Cáceres inició su gobierno en junio de 1886 imponiendo una política de austeridad
pública. Asimismo, anuló el billete fiscal –que se emitió para compensar la falta de
moneda fiscal al final de la guerra– porque carecía de valor real. Además, como el país
estaba descapitalizado, promovió la inversión de capitales extranjeros. Para resolver el
problema de la deuda externa y poder acceder al crédito internacional, Cáceres decidió
firmar un contrato con Michael A. Grace, representante de los tenedores de bonos de
la deuda externa peruana. El contrato, aprobado en 1889, establecía la constitución de
una compañía que agrupara a los acreedores de la deuda: la Peruvian Corporation. El
acuerdo fijaba el compromiso de la compañía de cancelar íntegramente la deuda
externa peruana –que ascendía a 51 millones de libras esterlinas– y culminar la construcción de los ferrocarriles del
centro y del sur. A cambio, obtenía la administración de esos ferrocarriles durante 66 años, el derecho a la libre
navegación en el lago Titicaca, una remesa anual de tres millones de toneladas de guano y el pago de 33
anualidades de 80 000 libras esterlinas. Algunos consideraron excesivos los beneficios otorgados a la Peruvian
Corporation. Sin embargo, la mayoría consideró que el Contrato Grace permitiría la rápida recomposición de la
economía peruana.
10. LA CRISIS DEL SEGUNDO MILITARISMO
Cáceres culminó su gobierno con éxito y logró que el candidato oficialista, Remigio Morales Bermúdez, fuera
elegido presidente. Durante este gobierno (1890 - 1894), la Peruvian Corporation terminó los tramos de los
ferrocarriles según los acuerdos a los que se había comprometido. Poco antes de que culminara su gobierno,
Morales Bermúdez falleció, por lo que fue sustituido por su vicepresidente, quien convocó a nuevas elecciones que
dieron como ganador a Cáceres. El proceso electoral fue ampliamente cuestionado, pues se sospechaba que había
ocurrido un fraude para favorecerlo.
La revolución de 1895
Después de que Cáceres asumiera el poder por segunda vez en 1894, las protestas contra el Gobierno se
multiplicaron. Se formó entonces la Coalición Nacional, integrada por el Partido Demócrata –liderado por Nicolás
de Piérola– y la Unión Cívica –constituida por algunos civilistas–, que manifestó su rechazo al militarismo. En
marzo de 1895, Piérola ingresó a Lima y se produjo un sangriento combate que dejó más de mil muertos Doc. 12.
Ante esta situación, los diplomáticos extranjeros lograron que se firmara una tregua. Poco después, Cáceres salió al
exilio. Tras organizarse
rápidamente nuevas elecciones, Piérola resultó elegido presidente con apoyo de los civilistas
11. GOBIERNO DE NICOLÁS DE PIÉROLA
Piérola consolidó la alianza demócrata-civilista, que puso las bases de un
proceso de modernización del Estado. Para ello, aplicó reformas orientadas a
profesionalizar la administración pública y concentrar en el Gobierno central
las responsabilidades dispersas de instituciones en todo el país.
La centralización administrativa. La abolición de la contribución
personal dejó sin recursos a las juntas departamentales, que pasaron a
depender del presupuesto asignado por el Gobierno central.
La reforma tributaria. Se creó la Compañía Recaudadora de
Impuestos, que reemplazó el sistema de “recaudadores privados”, y se
abolió la contribución personal. También se creó el Estanco Nacional
de la Sal, cuyos ingresos serían utilizados para la recuperación de las provincias cautivas en Chile. Además,
se estableció como nueva unidad monetaria la libra de oro.
La reforma militar. Se contrató una misión militar francesa a cargo del coronel Paul Clement para
modernizar el ejército. Gracias a ella, se creó la Escuela Militar de Chorrillos, el Código de Justicia Militar
y la Ley de Servicio Militar Obligatorio.
La reforma electoral. Se redujo drásticamente el número de votantes (apenas al 2 % de la población) al
excluir a los analfabetos del derecho de sufragio.
La política internacional. Piérola presionó a Chile para que cumpliera los acuerdos del Tratado de Ancón.
Para ello, se firmó el Protocolo Billinghurst-La Torre (1898), el cual establecía una junta para organizar el
plebiscito sobre la situación de Tacna y Arica. Sin embargo, Chile incumplió el acuerdo e inició una
política de chilenización de aquellas provincias.
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12. LA REACTIVACIÓN ECONÓMICA
En este periodo se inició un proceso de recuperación económica. Por un lado, se produjo un boom en la
explotación del caucho, insumo de creciente demanda para la fabricación de llantas. Por otro lado, la
producción de algodón y azúcar se recuperó rápidamente gracias al crédito internacional y a la elevada
cotización de estos productos en el extranjero, lo que permitió modernizar los sistemas de cultivo.
Esta modernización, sin embargo, no fue orientada a la industrialización de los cultivos; por eso, el Perú
siguió siendo exportador de materias primas. Si bien estas actividades aseguraron considerables ingresos
al Estado, quienes salieron más beneficiados fueron los poderosos empresarios agroexportadores de la
costa.