¿Qué son las
benzodiacepinas y para
qué se utilizan?
Medicamentos
Las benzodiacepinas son fármacos muy eficaces con efecto ansiolítico, hipnótico,
relajante muscular y antiepiléptico. Deben tomarse siempre con receta médica y
durante un periodo de tiempo corto para minimizar sus efectos adversos.
España tiene el triste honor de ser el país europeo en el que más benzodiacepinas se
consumen. Estos medicamentos son muy eficaces cuando se utilizan de forma
adecuada, pero su abuso conlleva efectos potencialmente graves.
Es especialmente preocupante su utilización para el insomnio a largo plazo. Tal y
como apunta Ainhoa Álvarez, coordinadora del Grupo de Trabajo de Insomnio de la
Sociedad Española del Sueño (SES), son “buenos hipnóticos porque propician que
quien los toma se duerma y no responda a estímulos”. Sin embargo, “son
tratamientos que crean tolerancia y dependencia si se mantienen durante mucho
tiempo”. De ahí que se recomiende expresamente no superar las 2-4 semanas en el
caso del tratamiento de los problemas de sueño; algo que con demasiada frecuencia
se supera con creces, ya que el consumo crónico -durante décadas- está a la orden del
día.
¿Para qué sirven las
benzodiacepinas?
Las benzodiacepinas son fármacos que disminuyen la excitación neuronal y que
tienen un efecto ansiolítico, hipnótico, relajante muscular y antiepiléptico. Se
utilizan como tratamiento de diversas afecciones:
Ansiedad generalizada.
Insomnio.
Fobias.
Trastorno obsesivo compulsivo.
Trastornos afectivos.
Esquizofrenia.
Ciertas urgencias psiquiátricas, como la agitación psicomotriz, el estrés
ambiental o los trastornos de la personalidad.
Delirium tremens, para prevenir la agitación y las crisis convulsivas.
“Incluso se han utilizado en otros campos de la medicina, como enfermedades
crónicas estresantes, cáncer, alteraciones cardiovasculares o reumáticas”,
explica José María Vázquez, vocal por Cataluña de la Sociedad Española de
Patología Dual (SEPD).
El experto añade que también se utilizan de forma complementaria a los
antidepresivos, eutimizantes, terapia electroconvulsiva y los antipsicóticos en el
tratamiento de los trastornos afectivos y las psicosis.
Asimismo, pueden emplearse para procesos que requieren anestesia (bucal o
general).
Distintos tipos de benzodiacepinas
“Dependiendo de la acción que se quiera obtener, el médico decide qué
benzodiacepina elegir”, señalan Dolores Braquehais y Eugeni Bruguera, médicos
de la Clínica Galatea.
Estos medicamentos se dividen, como explica Sergio Oliveros Calvo, psiquiatra y
director del Grupo Doctor Oliveros, en:
Hidrosolubles y liposolubles.
De rápida o lenta acción.
De vida media, corta y ultracorta.
De alta o de baja potencia.
“Así, el diazepam, liposoluble de vida media y baja potencia, lo emplearemos como
antiepiléptico, ansiolítico y relajante muscular, pero no en una crisis de ansiedad. En
estas crisis empleamos el lorazepam sublingual o el alprazolam, por su mayor
potencia y rapidez de acción”, indica Oliveros.
Se pueden administrar por vía oral, sublingual, intramuscular o intravenosa.
Riesgos de las benzodiacepinas
“Son fármacos muy útiles, bien tolerados y seguros”, afirma Vázquez. Pero, a
pesar de esto, las benzodiacepinas no están exentas de riesgos. Los expertos de la
Clínica Galatea advierten de que los principales tienen que ver con su efecto depresor
sobre el sistema nervioso central.
Pueden ralentizar el funcionamiento psicomotriz, de ahí que puedan provocar:
Somnolencia.
Dificultades en la atención.
Problemas de memoria.
Dificultades de concentración.
“Pueden contribuir, por tanto, a una mayor incidencia de accidentes, caídas,
etc. En situaciones de sobredosis, pueden incluso provocar depresión respiratoria
llevando a la muerte. De forma excepcional pueden provocar agitación paradójica (es
decir, el efecto contrario al esperado por su perfil de actuación)”, añaden Braquehais
y Bruguera.
Se ha estudiado de forma intensa la posibilidad de que a largo plazo aumenten
el riesgo de demencia y la mortalidad, sobre todo en población de edad avanzada.
No obstante, la portavoz de la Sociedad Española del Sueño precisa que no está clara
la relación causa-efecto. “No se sabe si lo que produce demencia es tomar estos
fármacos durante mucho tiempo o si lo que en realidad sucede es que el insomnio es
un síntoma de lo que luego será una demencia”.
Vázquez añade que “hay estudios que muestran una relación entre el riesgo de
padecer cáncer y el uso prolongado de benzodiacepinas”.
Asimismo, se ha comprobado que estos medicamentos producen alteraciones en
la respiración, fundamentalmente debido a que relajan la musculatura. Por este
motivo, los pacientes con apnea del sueño que los toman pueden tener más
interrupciones de la respiración, e incluso fallo respiratorio.
Todos estos efectos adversos se potencian si se usa alcohol u otras sustancias que
también tienen efecto depresor sobre el sistema nervioso central.
Riesgo de dependencia y tolerancia
Las benzodiacepinas pueden provocar dependencia a medio y largo plazo, así como
tolerancia. Este segundo efecto se traduce en que, para conseguir el mismo efecto,
hay que ir aumentando progresivamente la dosis. Pero si se interrumpe su
administración aparece el síndrome de abstinencia.
“La dependencia la generan con mucha mayor rapidez las moléculas de acción
rápida, alta potencia y vida corta. En ese grupo tenemos a casi todos los hipnóticos
(flurazepam, flunitrazepam, midazolam, etc) y algunos ansiolíticos de uso extendido
(alprazolam, lorazepam o bromazepam) por la falsa creencia que, al tener pocos
miligramos, son inocuas cuando es justo lo contrario. Tienen pocos miligramos
porque son potentes y, por tanto, adictivas”, advierte Olivares.
Para evitar esta dependencia, Vázquez recomienda:
Educación al paciente: proporcionando normas higiénicas para el
tratamiento del insomnio y de la ansiedad.
Diagnóstico adecuado: tratar siempre la causa nuclear del problema.
Tratamiento con benzodiacepinas específicas y en dosis
adecuadas: ajustándose a las necesidades del paciente.
Precaución en ciertas situaciones: como pacientes mayores de 65 años, con
hepatopatías, polimedicación, embarazadas, adicciones, riesgo de suicidio y
otras poblaciones especiales.
¿Durante cuánto tiempo mantener el
tratamiento?
Para evitar problemas de dependencia no se debe exceder el tiempo recomendado de
tratamiento. “En caso de insomnio, los tratamientos no deben durar más de cuatro
semanas, debiendo fraccionar el uso de benzodiacepinas en cuanto sea posible.
También debe evitarse la supresión brusca de los tratamientos para evitar el
efecto rebote”, explica Vázquez.
Si se utilizan estos fármacos para tratar la ansiedad, “los tratamientos deben durar un
máximo de 12 semanas, incluyendo el período de retirada”, añade.
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