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El Camino Del Calibán: Fernandez Retamar Entre Martí Y Lenin

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EL CAMINO DEL CALIBÁN:

FERNANDEZ RETAMAR ENTRE


REVELL – ISSN: 2179-4456 - 2022– v.2, nº.35 – abril de 2023

MARTÍ Y LENIN
THE CALIBAN'S ROAD: FERNANDEZ RETAMAR BETWEEN MARTÍ AND LENIN

O CAMINHO DOS CALIBAN: FERNANDEZ RETAMAR ENTRE MARTÍ E LÊNIN

Jaime Ortega1

Resumen: La obra de Calibán es una ruptura en la forma de pensar la cultura y la política. La


emisión teórica que generó la revolución cubana se expresa en el vínculo entre el anti-
colonialismo y el anti-imperialismo, tanto en la coyuntura de la década de 1970 como en la
revisión del pasado. Es por ello que, más que redondear sobre esa obra, quermeos plantear una
posibilidad de comprender su camino: los textos que Roberto Fernández Retamar elaboró en
torno a V.I Lenin y, en menor medida, el de Ho-Chi-Minh en relación con José Martí. Sostenemos
que Fernádez Retamar realizó una lectura sintomal de Martí, descubriendo en su escritura un
espacio teórico-político que se empalmaba con los del marxismo.
Palabras clave: Calibán; Roberto Fernández Retamar; Martí; Lenin.

Abstract: Calibán's work is a rupture in the way of thinking about culture and politics. The
theoretical emission that generated the Cuban revolution is expressed in the link between anti-
colonialism and anti-imperialism, both in the run-up to the 1970s and in the revision of the past.
That's why, more than reflecting on this work, we want to plant a possibility of understanding
his path: the texts that Roberto Fernández Retamar created around V.I Lenin and, to a lesser
extent, that of Ho-Chi-Minh in relation to José Martí. Let us assume that Fernádez Retamar
carried out a symptomatic reading of Martí, discovering in his writing a theoretical-political
space that is intertwined with Marxism.

44
1Doctor en Estudios Latinoamericanos por la Universidad Nacional Autónoma de México –
México. Profesor Asociado de Carrera Nivel D de Tiempo Completo del Departamento de
Política y Cultura de la Universidad Autónoma Metropolitana – México. ORCID iD:
[Link] E-mail: jortega@[Link].
Keywords: Calibán; Roberto Fernández Retamar; Marti; Lenin.

Resumo: A obra de Caliban é uma ruptura na forma de pensar a cultura e a política. A emissão
teórica que gerou a revolução cubana se expressa na ligação entre o anticolonialismo e o
antiimperialismo, tanto na coyuntura da década de 1970 como na revisão do passado. É por isso
que, mais do que redondear sobre esta obra, queremos plantar uma possibilidade de
compreender seu caminho: os textos que Roberto Fernández Retamar elaborou em torno de V.I
Lenin e, em menor medida, o de Ho-Chi-Minh em relação a José Martí. Sustentamos que
Fernádez Retamar realizou uma leitura sintomal de Martí, descobrindo em sua escrita um
espaço teórico-político que se empalmava com o marxismo.
Palavras-chave: Caliban; Roberto Fernández Retamar; Martí; Lênin.

REVELL – ISSN: 2179-4456 - 2022– v.2, nº.35 – abril de 2023


1. INTRODUCCIÓN
La aparición de Calibán de Roberto Fernández Retamar en el año 1972
es el punto máximo en el que se desarrolla la búsqueda de una emancipación
intelectual o mental. Como lo comentó al inicio de la obra que celebramos,
durante una entrevista, el problema de la articulación de pensamiento y acción
era motivo de disputa aun entre los simpatizantes de la revolución cubana:

Un periodista europeo, de izquierda por más señas, me ha


preguntado hace unos días: «¿Existe una cultura latinoamericana?».
Conversábamos, como es natural, sobre la reciente polémica en
torno a Cuba, que acabó por enfrentar, por una parte, a algunos
intelectuales burgueses europeos (o aspirantes a serlo), con visible
nostalgia colonialista; y por otra, a la plana mayor de los escritores y
artistas latinoamericanos que rechazan las formas abiertas o veladas
de coloniaje cultural y político. La pregunta me pareció revelar una
de las raíces de la polémica, y podría enunciarse también de esta otra
manera: «¿Existen ustedes?». Pues poner en duda nuestra cultura es
poner en duda nuestra propia existencia, nuestra realidad humana
misma, y por tanto estar dispuestos a tomar partido en favor de
nuestra irremediable condición colonial, ya que se sospecha que no
seríamos sino eco desfigurado de lo que sucede en otra parte.
(FERNANDEZ RETAMAR, 2004, p. 19).

Sirva esta cita como recordatorio de que las obras que han marcado al
pensamiento latinoamericano tienen sus propias estelas. Son caminos por los
45
cuales se van configurando. Lo que sostenemos en este texto es que si Calibán
tuvo varias vías de construcción, una de ellas, es la que refiere a la operación
de lectura de V.I. Lenin (y de la tradición asociada a él) que Fernández Retamar
realizó en los años anteriores a la confección de Calibán. Pero no fue Lenin en
solitario, este venía acompañado de un compañero con el cual Fernández
Retamar y la generación que protagonizó el combate revolucionario conocían
al derecho y al revés: el apostol José Martí.
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2. LENIN EN AMÉRICA LATINA

Lenin fue la figura más admirada por los comunistas latinoamericanos y


quizá, por periodos significativos, más conocida que la de Karl Marx. Su figura,
asociada al momento de triunfo de la revolución de octubre, tuvo, sin embargo,
vías diversas de ser apropiada por la tradición de las izquierdas
latinoamericanas. La más común y a la que solemos referir es la del culto. Lenin
se volvió un monolito en la Unión Soviética y, aunque en nuestro continente no
se dio la oportunidad de construir estatuas en su honor, si aconteció el proceso
de encerrarle en fórmulas maniqueas, clichés y estribillos. Esa responsabilidad
tiene su origen en la construcción del “leninismo” como fuente oficial de
referencia, primero para los comunistas soviéticos y después para los del
mundo. El inicio de esta actitud se encuentra en la disputa de poder en la
naciente Unión Soviética y el uso de la figura del líder revolucionario como
autoridad para legitimar proyectos distintos. No sólo fue José Stalin –sin duda
el más conocido constructor en torno a esta canonización laica de Lenin– quien
contribuyó decisivamente. A su lado lo hicieron también Kamenev, Bujarin y,
por supuesto, León Trotsky. Este último fue el que más insistió en dinamitar al
grupo triunfante en la conducción del Estado soviético, cuando se refirió a sus
seguidores como “bolcheviques-leninistas” o a partir de una reescritura de la
historia personal de Lenin, tratando de acortar las distancias que existieron
46
entre ambos y que en un buen trayecto de la organización revolucionaria los
mantuvo en aceras opuestas.
Pero más allá de ello, la figura del teórico marxista más importante de
las primeras dos décadas del siglo XX, fue apropiado por propios y extraños.
Unos para desnotar lo que advertían como un modelo cerrado que impedía la
diversidad, los otros apostando por la firmeza del triunfo revolucionario.
Tuvieron que pasar algunas décadas para redescubrir a Lenin.

Disidentes del leninismo oficial comenzaron a aparecer. Y es que, más


allá del culto, apareció el mito, en el sentido que le confiere José Carlos

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Mariátegui. El mito de Lenin es el de la revolución triunfante, es decir, el de la
posibilidad de las mayorías explotadas y oprimidas de conquistar el gobierno
de sus propios destinos –como definía Trotsky al acto transformador– en el aquí
y el ahora. El mito en torno a Lenin operó en un sentido positivo, en la medida
en que habilitó una fuente de inspiración global, hasta entonces desconocida.
No sería exagerado decir que en numerosas partes del globo primero arribó la
palabra de Lenin y sólo después, la de Karl Marx. Aquellos que rompieron con
el canon y el culto, devinieron en lectores productivos de Lenin, superando la
cristalización fetichista del dogma.

La disidencia llegó por la única vía en la que Lenin podía escapar del
culto: la periferia capitalista. Fueron los chinos, los vietnamitas, los
salvadoreños y, por supuesto, los cubanos, quienes reinventaron ese mito
político y lo colocaron a disposición de grandes mayorías sociales. La manera
en que se ha buscando leer a Lenin en La historia me absolverá es solo una pieza
del rompecabezas que tiene partes dispersas por todo el continente. El Lenin
que habitó el malecon habanero en los días de la intensidad del cambio socio-
político y del “castrismo” como fenómeno ideológico regional, era, a decir del
joven Regis Débray un “leninismo apresurado”. Señalamiento este último,
sugerente, pues reinvidica la revaloración de Lenin en un momento de
particular aceleramiento de la política. Lenin pasará, pronto, a ser un teórico de 47

la coyuntura, es decir, de una temporalidad política donde las masas


intervienen.
No sólo el mundo cambiaba, rompiendo el esquema de pos-guerra y su
división binaria. El teórico y líder revolucionario también se transformó al calor
del huracán político que significó la revolución cubana. Un nuevo Lenin aparecia
por igual en la Ciudad de México, en Montevideo, en Caracas o en La Paz. La
década de 1960 y la de 1970 (con breves destellos finales en la de 1980)
significaron el ascenso de una manera de comprender a Lenin más allá del culto.
Seguía siendo un mito eficaz, pues movilizaba las energías que se habían
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propagado tras 1959, extendiéndose un segundo momento de “actualidad de la


revolución”, designación hecha por Lukács en su valoración del revolucionario
ruso. Ese nuevo Lenin sirvió para pensar la América Latina en los casos de
Rodney Arismendi; o el papel del imperialismo en México (con Alonso Aguilar
Monteverde), Venezuela (Vladimir Acosta), Colombia (José Consuegra). Lenin
se convirtió no sólo en un político práctico, sino también en teórico de la acción
política según Heinz Sontag, Tomás Moulian y René Zavaleta. Las historias del
marxismo en la región han eclipsado ese uso productivo de Lenin y sólo en
tiempos recientes lo hemos comenzado a descubrir en plenitud. Extendiendo
esta periodización detectamos que en la década de 1980, dos personajes tan
disímiles por su trayectoria y posición como lo eran Marta Harnecker y Alvaro
García Linera.

La presencia de Lenin era un signo de revitalización. Incluso sus críticos


–como el hispanomexicano Adolfo Sánchez Vázquez– recononcían en él un
aporte significativo en el campo de la filosofía y la política. La impronta de
Althusser en la región reafirmó esa perspectiva. No sólo por la conocida
conferencia a propósito de “Lenin y la filosofía”, sino por las temáticas que el
francés sugirió con su irrupción en el entonces sereno campo del marxismo: la
articulación de modos de producción, la teoría de la transición y la concepción
48 de que en Lenin más que una “cosmovisión” actuaba una práctica nueva de la
teoría.
La impronta de Althusser se extendió por diversos caminos. Su
incorporación en la intelectualidad cubana del segundo lustro de la década de
1960 es un dato importante. Que Althusser fuera traducido en Cuba antes que
en cualquier otro lugar del continente refiere a la apertura del marxismo cubano
en el momento inmediato a la revolución. Aunque nunca hegemónico, Althusser
se hizo presente en las publicaciones del Departamento de Filosofía de la
Universidad de La Habana, así como en las reflexiones del Che Guevara. Cabe

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destacar aquí, que Fernández Retamar lanzó la crítica al pensador francés sobre
cómo este había elaborado una lectura de El Capital en clave filosófica, pero no
había dejado elementos que permitieran orientar una aproximación para
literatos (FERNÁNDEZ RETAMAR, 1969, p. 19).

En este despliegue hemos señalado la presencia de Lenin como un


motivo constante de movilización del marxismo latinoamericano, en busca de
renovación; la presencia de Althusser como un autor que había contribuido en
la problematización del pensamiento del autor ruso. Esto es importante porque,
desde nuestro punto de vista, lo que tenemos en Fernández Retamar es una
lectura de Lenin mediada por los aportes de Althusser, pero que exceden por
mucho a la apuesta del francés. Y esa lectura sólo es posible retrayendose a
Martí, porque Fernádez Retamar asumió la máxima althusseriana: no hay
lectura inocente. De tal manera que lo que tenemos es un ejercicio de
recuperación de Martí, mediado por figuras como Lenin y Ho-Chi-Mihn.

3. MARTÍ Y LENIN

Fernández Retamar construyó Calibán sobre el ejercicio de lectura tanto


de Martí como de Lenin. Demostraremos esto a partir de dos categorías
metodológicas que Althusser aportó al trabajo teórico dentro del marxismo: 49
estado práctico y lectura sintomal. Con propiedad, podríamos decir que
Fernández Retamar realizó una operación de lectura sintomal en la que
descubrió elementos que Martí compartía con Lenin en estado práctico, es decir,
la lucha contra el imperialismo.

En una entrevista poco conocida, Fernández Retamar traza las lineas de


demarcaciónen torno a Martí. Reconoce en primer lugar la universalidad del
procer, al cual se refieren “al mismo tiempo los políticos más radicales y los
poetas más absolutos” (FERNÁNDEZ RETAMAR, 1982, p. 99). Después
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establece que a pesar de su universalidad, a Martí se la ido descubriendo


lentamente, pues en el pensamiento radical global existe el error de encontrarse
familiarizados con “pensadores anti colonialistas difundidos desde Europa”
(FERNANDEZ RETAMAR, 1982, p.100), no siendo este el caso del líder
independentista. Finalmente, establece la genealogía de su propio pensamiento
y del impacto que tiene la revolución cubana de 1959 en la relectura de Martí.

La revolución hace posible comprender muchos aspectos de la obra


de Martí que pasaban inadvertidos, incluso para estudiosos muy
sagaces de Martí. Eso me lleva a hacer una nueva lectura de Martí,
que se va concretando, primero, en una serie de pequeños trabajos,
hasta dar en un trabajo mayor, ese que se llama “Martí en su tercer
mundo”. Y desués, en otros trabajos posteriores –sobre Martí y
Lenin, Martí y Ho-Chi-Minh– e incluso en Calibán, que no es sino una
interpretación de la cultura latinoamerica ap artir de ideas que están
implícitas, y a menudo explícitas, en la obra de Martí. Estos trabajos
sobre Martí, como te dije (y también Calibán), nacieron de una nueva
lectura de Martí, una lectura hecha posible (y necesaria) por la
Revolución. Martí era en esencia un revolucionario, y por ello es
precisamente la Revolución la que echa sobre su obra la luz exacta,
la luz que permite (y exige) leer su obra como requiere ser leída
(FERNÁNDEZ RETAMAR, 1982, p.101).

Citamos en extenso este párrafo porque nos parece que arroja luces que
habilitan nuestra sugerencia de lectura sintomal. En buena medida, también
rehabilita la metodología propuesta por Althusser para acercarse a la obra
Marx. De tal manera, podemos sugerir que Fernández Retamar adelante una

50 proposición radical: Martí es el nombre de un espacio teórico y político que tiene


como seña de identidad el anti colonialismo en la forma específica del “tercer
mundo”2 (categoría que usamos, aunque el propio autor se mnatenía lejana a
ella). Ese espacio teórico abierto por Martí no fue tematizado, se encuentra en
estado práctico. No pasó por el clásico tamiz de la forma abstracta del concepto,
pues las herramientas que se necesitaban aun no estaban disponbiles. Es una
crítica, en estado práctico, de lo que Lenin moldeará claramente como
imperialismo y cuyas repercusiones en la política son mayúsculas

El párrafo citado remite a ese trayecto: Calibán es el punto de llegada de

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una reflexión en la que tenemos como premisas las reflexiones sobre Martí,
particularmente la que lo involucrán como crítico de la forma colonial
desplegada por el imperialismo, en donde sobre todo Lenin –pero también el
legendario líder vietnamita– es piedra angular. La posibilidad de nombrar a
Martí como un revolucionario anti colonial, solo fue posible por un
acontecimiento que, justamente, desplegó todo el potencial transformador del
patriota cubano. No se trató ni de la genialidad de Fernández Retamar –el
mismo hace menos su trabajo al tildarlos de “pequeños trabajos”–, ni un trabajo
hermenútico, sino una lectura a la luz del horizonte de visibilidad que entregó
el acontecimiento cubano. Podemos leer en Martí la fundación del espacio
teórico anti colonial y anti imperialista porque en la Cuba heredera de su praxis
tuvimos una crítica práctica.

Ya desde la manera en que define a Martí se establece la directriz


principal: “pensador del mundo colonial, que pensó el myndo colonial en su
conjunto y desde él”. Para Fernández Retamar, el espacio teórico-político Martí,
signado por la lucha contra el colonialismo, es posible porque parte del propio
mundo colonial. No es un observador neutral, ni lejano, no mira
indistintamente. La idea de que se encontró en las entrañas del mounstruo fue

51

2Dice “Tercer mundo es igualmente un término equívocos, pues hace pensar que hay tres
mundos: capitalista, socialista y otro” (FERNANDEZ RETAMAR, 1982, p. 104)
doble, no sólo por su larga estancia en Norteamérica, sino por su vivencia en el
mundo colonial caribeño y continental.

Sin embargo, estos elementos solo son posibles de dilucidar con


radicalidad si se observa detenidamente el conjunto de textos que abordan la
relación entre Martí y Lenin. Haremos una descripción deteniéndonos en esos
momentos donde la lectura sintomal de cuño althusseriano entra en escena,
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mostrando como Fernádez Retamar recoge elementos que se encuentran en


estado práctico.

Publicado originalmente en 1970 en la muy importante revista Casa de


las Américas –dirigida por Haydeé Santamaría y después por él mismo
Fernández Retamar– Martí, Lenin y la revolución anticolonial es el ejemplo más
claro de un ejercicio de lectura sintomal. Comienza el cubano señalando los
delgados pero existentes vasos de comunicación entre Marx y Martí: ambos
tuvieron como editor a Charles Anderson Dana. Marx publicó en el New York
Daily Tribune y en la American Cyclopedia; en tanto que Martí publicó en el New
York Sun que Dana dirigió. Salta de ahí a describir la potencia y ambigüedad –
recientemente señalada magistralmente por Bruno Bosteels– de la relación
entre Marx y Martí o de los desencuentros entre sus legados. Dicho vínculo tiene
sus aporías y contradicciones. Del lado de Marx, de del imposible superación de
las barreras eurocéntricas y por lo tanto, alejado de cualquier referencia
específica Martí. Del lado del cubano, la certeza de que conocía a Marx, pues así
queda de manifiesto en el texto en homenaje al morir, sin embargo, señala
Fernández Retamar “no deja de ser curioso que en ninguna de las veces en que
lo nombre (tres en sus crónicas, una en sus cuadernos de apuntes), mencione
ningún texto concreto de Marx, ni muestra familiaridad suficiente con su obra”
(FERNANDEZ RETAMAR, p.2018, p.118). Además de ello, en los periódicos
52 donde convergían gracias al anudamiento del nombre de Dana, se desplegaban
informaciones suficientes para deducir que ambos estaban al día en la
dimensión colonial del periodo en el que paralelamente observaron el devenir
capital del mundo.

En ese momento Fernández Retamar traza una línea de demarcación, en


su afán de configurar el espacio teórico que expresa el nombre Martí. Lo hace a
partir de señalar las razones de la ambigüedad martiana con respecto a Marx:

Lo que parece igualmente seguro es que Martí no distinguió la


especificidad del pensamiento de Marx, aquello que lo diferenció

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radicalmente de otros socialistas con los que Martí dejaba mezclado
su nombre: Saint Simon, Fourier, Karl Marlo, Bakunin… No creo que
lo ayudara mucho a establecer esa distinción la actitud
aparentemente eurocéntrica asumida por Marx y Engels.
(FERNANDEZ RETAMAR, 2018, p. 119).

Efectivamente, la lógica del desencuentro ocurre en ambos extremos. Por


el lado de Marx debido al catalejo eurocéntrico de su mirador sobre la región
latinoamericana; por el lado de Martí ante su recelo del europeísmo tan
acendrado en los socialistas de la época, entre los cuales no logra distinguir
variaciones ni colocar matices. Fernádez Retamar recurre entonces a la
demarcación: Martí admiró y alabó a Marx en su dimensión específicamente
política, sin lograr distinguir su aportación “científica” –de nuevo la resonancia
althusseriana es clara– es decir “aquello que lo separa de los socialistas previos”
(FERNANDEZ RETAMAR, 2018, p. 121.) Ese desencuentro acontece en la
medida en que cada uno combate desde una trinchera específica, asume una
localización en su pensamiento y lo lleva a la realidad práctica: “Lo cierto es que
la fidelidad de uno y otro a sus problemas inmediatos respectivos, y no
coincidentes entonces, los lleva a posiciones concretas, desde las cuales a Marx
no le era posible apreciar debidamente el que sería el planteo de Martí”
(FERNANDEZ RETAMAR, 2018 p.121)

Para Fernández Retamar, sin embargo, no existe una ruptura ni un hiato 53


irresoluble. Antes bien, el compromiso político que ambos asumieron en sus
respectivos combates lleva al cubano a sugerir que lo que la acción política ha
unido no lo puede separa niguna adquisición teórica, ni siquiera la de separar
al “continente historia” en su calidad de forma finalmente científica.

Pero el “marxismo” no es sólo ese acceso a otra ciencia —que en


cuanto tal, como toda ciencia, disuelve el ismo de su inicio en la mera
enunciación de la verdad—, sino que, sobre todo, es una “guía para
la acción”, una incitación no ya a “interpretar” el mundo (a
entenderlo en sí mismo), sino a “transformarlo” (a hacerlo otro). Y
aquí es donde aparece el hecho singular de que la fidelidad al espíritu
que animaba al marxismo impidiera a Martí (situado en otras
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condiciones, ante tareas inmediatas distintas) haber sido un pero


repetidor de la letra del marxismo (FERNANDEZ RETAMAR, 2018,
pp. 122-123).

Así, el espacio teórico que simboliza Martí no podía coincidir con el de


Marx, por una razón que para Fernández Retamar es clara: el desarrollo
capitalista. Según su argumento, la Cuba martiana es un país colonial con un
exiguo proletariado, con sobrevivencia de la esclavitud hasta el tardío año de
1886: “En las colonias de su época no había aún —ni podía haber— un solo
marxista real, porque no había todavía la problemática ni la práctica a que se
refería Marx; porque no había todavía una acción de la que aquel marxismo
pudiera ser guía. A lo más, en esos países hubiera podido haber traductores de
Marx, pero traductores literales” (FERNANDEZ RETAMAR, 2018, p. 123).

Las cursivas colocadas por el intelectual cubano son sugestivas, primero,


el hecho de que no existían las condiciones de posibilidad de que se diera algo
así como un marxista “real” (es decir, de carne y hueso); escapando con ello del
voluntarismo, era una realidad más profunda la que impedía ese surgimiento.
La actividad práctica enunciada por el campo teórico marxista está lejos de ser
una realidad en la Cuba del siglo XIX. Marx podía y de hecho estaba presente,
como la misma escritura martiana lo sugiere, pero no asociado a un problema
teórico y político propio, sino ajeno, Europeo en última instancia. El meollo se
54
encuentra en las condiciones socio-políticas, es decir, del desarrollo capitalista
y sus escalas globales. Por eso, sugerentemente, Fernández Retamar remite a
los “traductores” como “literales”, cuando lo que se advierte después son
“traductores” prácticos, políticos. El ejercicio de lectura de Marx requiere algo
más que textos, documentos o panfletos, necesita condiciones de posibilidad y
esas no existían aun para la escritura martiana.

Entonces, si no es con Marx, cómo se podría configurar un espacio teórico


en que el colonialismo fuera cuestionado no sólo por una forma moral o ética.
La respuesta la configura Fernádez Retamar a partir del empalme de una época

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concreta, aquella que se sintetizará simbólicamente en el año 1898: el
establecimiento del despliegue irrefrenable del imperialismo norteamericano.
Como se recordará, aquel año establece el dominio de la forma americana del
capitalismo a partir de la presencia en los dos grandes océanos. Por el lado
Pacífico, Estados Unidos se hace de las Filipinas y Hawaii; por el lado Atlántico
de Cuba y Puerto Rico, pero siempre amenazando al resto del Caribe, espacio de
confluencia de diversos colonialismos a decir de Daniel Guerin.

La posibilidad de ese golpe por parte de los norteamericanos es claro


para Martí, dice Fernández Retamar, tanto que se apresta, en un periodo de
supuesta paz global, a generar las condiciones de un movimiento revolucionario
que –citando a Fidel, dice– aspira a “cortarle las manos” al imperialismo. De
nuevo, a pesar de no existir un proletariado con fisonomía propia, a pesar de
ser Cuba de un desarrollo capitalista sensiblemente alejado del que teorizó el
filósofo alemán, para Fernández Retamar Martí está en sintonía con el espíritu
marxista.

Es obvio que la verdadera fidelidad al espíritu de la revolución no era


la de quienes repetían como gansos la letra de Marx para
traicionarlo; sino la de quien se arrojaba a librar una batalla
requerida por la revolución mundial aunque no lo hiciera partiendo
de los postulados de Marx […. ] No cabe duda de que Martí interpretó
correctamente su realidad histórica. En último extremo, la
posibilidad de que se frustrara la independencia de Cuba estaba 55
vinculada al crecimiento norteamericano desde comienzos del siglo
xix (FERNANDEZ RETAMAR, 2018, pp.133-134).
Fernádez Retamar configurará la identidad del espacio teórico-político
martiano a partir de esta coincidencia. Pero su fisonomía final se adquirirá con
el anudamiento entre la experiencia práctica cubana y los ecos de la revolución
soviética, particularmente en la comprensión del capitalismo que tuvo Lenin.
Lenin es un lector de Martí, no porque lo lea literalmente –algo que el propio
cubano reconoce3–, sino porque comprender el nuevo tiempo del mundo, cuya
adquisición principal es la formulación de un capitalismo expansivo. En ese
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sentido, se puede decir, que Martí es el otro lado de Lenin. Uno comprendió bien
la crisis capitalista desde Europa y el patriota cubano lo hizo desde Estados
Unidos: “Martí vio desde su interior transformar la naturaleza del capitalismo
norteamericano” (FERNANDEZ RETAMAR, 2018, p. 134) pero amén de ello,
entendió la profundidad de lo que significaba el nuevo poder que emergía en la
arena de los capitales nacionales: “Sea como fuere, es indudable que Martí
entendió plenamente en lo esencial ese acontecimiento que iría a desarrollarse
de inmediato en su tierra, y que implicaría la verdadera mundialización del
mundo” (FERNANDEZ RETAMAR, 2018, p. 137).

Es en este punto donde sugerimos que Fernández Retamar ha hecho una


lectura sintomal de Martí –y, en consecuencia, de Lenin. Pues hace legible lo
ilegible en Martí, qué es su vinculación, en el universo teórico compartido con
el marxismo, específicamente con el que se asocia al nombre de Lenin. Lenin y
Martí serán, a partir de ese momento, nos sólo dos individuos, sino dos formas
de acción política y, más importante, dos referencias de acontecimientos
teóricos: la lucha profunda y radical, desde miradores diversos, de la cuesitón
colonial.

Lenin y Martí, quedarán amalgamados. El espacio teórico que Martí


representa, es decir, esa concepción del mundo que parte de la universalidad
56
3“Desgraciadamente, a Lenin le fueron desconocidos, como es comprensible, el movimiento
martiano y sus postulados precozmente antimperialistas” (FERNANDEZ RETAMAR, 2018, p.
137)
del mundo en su traducción de mundo colonial particularmente amenazado, se
enriquece con el ruso:

Entiende como propios los problemas estudiados por Marx y Engels


en relación con los países capitalistas, y por eso puede llegar a ser un
discípulo y continuador genial; pero también siente como suyos los
problemas de un país campesino, atrasado (se está tentado de
llamarlo, en la jerga de nuestros días, “subdesarrollado”); e incluso
los problemas de nacionalidades sojuzgadas (Fernández Retamar,
2018, p.141).

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Más aún, para Fernández Retamar el gesto martiano es algo más que la
actividad de un individuo. Es un movimient de época, que es el de las rebeliones
de los pueblos frente al colonialismo, no limitado a Europa –cuyas áreas de
irradiación estallarán en el transcurso del siglo XX en cruentas guerras y
luchas– sino también a otras regiones. Lenin entiende, eso es lo que permite que
lo comprendamos dentro de la estela abierta por Martí

Lenin no se limita ya a tomar en consideración sobre todo algunos


efectos ideológicos sobre el proletariado de los países capitalistas
desarrollados, sino que llama la atención sobre el papel
desempeñado por “el trabajo de los indígenas, casi totalmente
sojuzgados, de las colonias”, en cuanto a contribuir a mantener a
toda esa sociedad capitalista desarrollada. Es por esto que, sin
desdeñar la misión encomendada a aquel proletariado, hace ver la
que están llamados a desempeñar —la que están desempeñando
ya— dichos indígenas, cuyos movimientos emancipadores, en la
etapa imperialista, no pueden, por tanto, sino tener una repercusión
mundial, al conmover los cimientos de la propia sociedad capitalista
(FERNANDEZ RETAMAR, 2018, p. 143).

La conclusión de Fernández Retamar es clara. Martí ejerció en la práctica


el espíritu mismo de Marx y con mayor precisión el de Lenin. El hecho de que
desconfiase del socialismo europeo, como en general de otras teorizaciones
eurocentradas o que partieran desde Estados Unidos no impide que converjan.
Fernández Retamar hecha mano del testimonio de Ho-Chi-Minh, el legendario 57
líder anti colonial vietnamita. Para él, Lenin era una muestra de que en los
márgenes de Europa se tramaban también aportes para el mundo colonial.
Retamar destaca las palabras de este líder asiático, al señalar que lo que le dio
confianz en Lenin no fue el comunismo, sino su patriotismo con respecto a los
pueblos coloniales. La patria no es un concepto exclusivo de Europa, expresa
una posibilidad de ruptura: “tengamos en cuenta que Martí murió peleando en
una pequeña colonia veintidós años antes de la Revolución de Octubre, a la que
no dudamos que hubiera saludado con el fervor no sólo de un Sun Yat-sen, sino
incluso de un Ho Chi Minh” (FERNANDEZ RETAMAR, 2018, p. 152). Para
REVELL – ISSN: 2179-4456 - 2022– v.2, nº.35 – abril de 2023

Fernánde Retamar Lenin tradujo el marxismo a la lengua de los pueblos


coloniales, quienes ya contaban –como en el caso de Cuba– con una larga
acumulación retórica y práctica de lucha. La conceptualización de Lenin
proviene no de su individualidad, sino de expresar en la teoría una
acontecimiento histórico de gran magnitud. Acontecimiento histórico que
deviene acontecimiento teórico cuando se hace dialogar perspectivas como la
martiana –o la de Ho-Chi-Minh–, permitiendo romper el catalejo eurocéntrico y
abriendo el marxismo a integrarse a la historia de la lucha de los peublos
coloniales.

4. RUMBO AL CALIBÁN

Calibán marcá un punto de referencia. Si bien aquí solo nos hemos


limitado a la lectura sintomal realizada por Fernández Retamar sobre Martí y
Lenin, enunciando que su forma específica de aborar lo coloca en lo que hemos
denominado un espacio teórico-político signado por la convergencia entre el
colonialismo y el anti imperialismo. Eso puede ratificarse con la escritura del
ensayo Martí y Ho-Chi-Minh, dirigentes anti coloniales, publicado en el número
siguiente de Cuadernos Américas, en el misño año 1970. Fernández Retamar
cumple la propia exigencia que se colocó en el primer texto. Mucho más breve y
58
sin los altos vuelos, sin embargo, traza conexiones sugerente. La primera de
ellas es que Martí se rifirió a la expoliación colonial vientamita y la presencia
del colonialismo francés en la “indochina”. Ubicado en 1970, el texto no es sólo
una reivindicación histórica de la escritura martiana, sino, ante todo, una puesta
en marcha de los vínculos que unirían a la Cuba revolucionaria y al Vietnam
heórico.

La visión panorámica se obtien cuando se observa el ensayo de 1992 –


20 años después de Calibán– titulado Del anticolonialismo al anti imperialismo.
Ahí queda demarcado, finalmente, el aporte de Fernández Retamar en su lectura

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de Martí, que, como dijimos, no es otra cosa que la calibración del espacio
teórico-político marcado por el vínculo entre anticolonialismo como horizonte
compartido con el marxismo de Lenin y Ho-Chi-Minh y el antiimperialismo
como la repuesta natural y lógica frente al capitalismo americano. Dice ahí
Fernández Retamar: “Es congruente que el primer antimperialista cabal de
nuestras tierras fuera el cubano Martí. Incluso desde antes de nacer él”
(FERNANDEZ RETAMAR, 2018, p.299). El impacto de la escritura martiana
refiere al estado práctico de la convergencia entre anticolonialismo y
antiimperialismo. Esto para Fernández Retamar es claro: “Pero aquel nuevo
capítulo de la guerra independentista ya no podría enfrentarse sólo al
destartalado colonialismo español, sino también, inevitablemente, al naciente
imperialismo estadounidense.” (FERNANDEZ RETAMAR, 2018, p.304).

La dimensión práctica, esencialmente como una política, no elimina que


para Fernández Retamar el procer cubano diera algunos elementos para una
crítica de la economía política. Pero de nuevo, la lectura sintomal devela los
aportes teóricos en la dimensión práctica:

Martí, aunque no llegue a desarrollar (no podía haberlo hecho) una


teoría del imperialismo, va describiendo y valorando sus rasgos a
medida que aparecen, y esa descripción y esa valoración son un
espectáculo intelectual y político impresionante. Martí, al
enfrentarse al imperialismo naciente en Estados Unidos, se planteó
un problema que tardaría en ser considerado por el pensamiento de 59
quienes eran o se decían marxistas. No es uno de ellos, pero sí un
revolucionario latinoamericano y caribeño de gran originalidad y
creciente radicalismo… (FERNANDEZ RETAMAR, 2018, p. 307).
Es muy sugerente el lugar donde Fernández Retamar coloca las cursivas:
“no podía haberlo hecho”. En contra sentido, podría pensarse que Calibán es ese
lugar donde se desarrolla una teoría del imperialismo, pero eso es trabajo de
una lectura sintomal. Es posible imaginar, con Fernández Retamar a un Lenin
lector de Martí y un Martí lector de Lenin; significando con esto que ambos
comprendieron la emergenciade una forma novedoa del despliegue del capital,
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signada por el colonialismo y el imperialismo. Lo que leyeron no fueron a otro


individuo, sino a las condiciones de una época signada por la guerra y la
revolución.

REFERENCIAS

FERNANDEZ RETAMAR, FERNANDO. Entrevisto. La Habana: Unión, 1982.

FERNANDEZ RETAMAR, FERNANDO. Todo Caliban. Buenos Aires: CLACSO,


2004.

FERNANDEZ RETAMAR, FERNANDO. Martí, Lenin y la reolucion anticolonial. En


Introducción a José Martí, Tomo 1: México: CIALC, 2018.

FERNANDEZ RETAMAR, FERNANDO. Martí y Ho Chi Minh, dirigentes


anticoloniales. En Introducción a José Martí, Tomo 1: México: CIALC, 2018.

FERNANDEZ RETAMAR, FERNANDO. Del anticolonialismo al antiimperialismo.


En Introducción a José Martí, Tomo 1: México: CIALC, 2018.

Recebido em 09/05/2022

Aceito em 09/09/2022
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