TEMA 5- RESUMEN
1. El Reinado de Isabel II: Las Regencias y Guerras Carlistas
1.1. La Regencia de María Cristina (1833-1840)
La regencia de María Cristina comenzó en 1833 tras la muerte de Fernando VII, quien dejó
como heredera a su hija Isabel II, de solo tres años. El gobierno de María Cristina estuvo
marcado por un fuerte apoyo de los liberales, lo que permitió una serie de reformas
cruciales para el establecimiento de una monarquía parlamentaria y constitucional. Sin
embargo, los gobiernos de esta etapa fueron caracterizados por su inestabilidad y la
predominancia de los moderados, quienes defendían un sistema de soberanía compartida,
sufragio censitario y una monarquía con una fuerte influencia en la política.
Principales medidas de la Regencia de María Cristina:
● División provincial (1833): Una de las reformas más significativas fue la
reorganización territorial del país, que dividió España en 49 provincias, una
estructura que perdura hasta hoy.
● Estatuto Real (1834): Bajo la dirección de Martínez de la Rosa, se aprobó este
documento, que pretendía ser una carta otorgada y conciliadora entre absolutismo y
liberalismo. Establecía un sistema de Cortes bicamerales, pero sin poder legislativo
real.
● Reformas progresistas y desamortización: Durante el gobierno de Mendizábal, se
promovió la desamortización eclesiástica, que consistió en la nacionalización de
bienes de la Iglesia para sanear la Hacienda pública y crear una nueva clase de
propietarios liberales. A pesar de sus intentos, la desamortización no fue
completamente exitosa.
Crisis interna:
● Enfrentamientos entre los moderados y progresistas: Estos últimos querían
ampliar las libertades individuales y establecer un sistema de soberanía nacional.
● La sublevación de la Guardia Real en La Granja (1836): Esta sublevación obligó a
María Cristina a ceder el poder a los progresistas y restablecer la Constitución de
1812, un paso clave hacia la consolidación de las ideas liberales en España.
1.2. La Regencia de Espartero (1840-1843)
El general Espartero asumió la regencia tras la abdicación de María Cristina, pero su
gobierno fue marcado por un autoritarismo que lo llevó a perder el apoyo de sectores
importantes. Espartero, quien había ganado popularidad como líder militar en la Primera
Guerra Carlista, gobernó con mano dura, especialmente tras la insurrección en Barcelona
(1842), donde reprimió severamente las protestas, incluido el bombardeo de la ciudad.
El malestar generado por su autoritarismo provocó una sublevación liderada por los
moderados, encabezada por Narváez, quien logró destituir a Espartero y reinstaurar el
sistema moderado. La regencia de Espartero se caracterizó por el intento de implementar
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reformas progresistas, pero también por la creciente oposición interna, tanto de los
moderados como de los sectores más conservadores.
1.3. Las Guerras Carlistas
Las Guerras Carlistas fueron un conflicto central durante este período, derivado de la
disputa dinástica tras la muerte de Fernando VII. Su hermano, Carlos María Isidro, rechazó
la ascensión de Isabel II y se proclamó rey, lo que dio lugar a una lucha entre los partidarios
de Isabel II (los isabelinos) y los carlistas, que apoyaban un modelo de monarquía absoluta.
● Primera Guerra Carlista (1833-1839): Fue una guerra civil que enfrentó a los
liberales (apoyados por potencias extranjeras como Francia y Gran Bretaña) con los
absolutistas (apoyados por Austria, Prusia y Rusia). La guerra tuvo tres fases
principales, siendo la victoria decisiva el Convenio de Vergara (1839), donde los
carlistas, liderados por Maroto, aceptaron la derrota a cambio de la integración de
su ejército en el de Isabel II.
● Segunda Guerra Carlista (1846-1849): Fue menos significativa, y aunque Carlos VI
(hijo de Carlos María Isidro) intentó retomar la causa carlista, el levantamiento fue
finalmente sofocado sin grandes victorias.
● Tercera Guerra Carlista (1872-1876): Ocurrió después de la caída de Isabel II y la
llegada al trono de Amadeo de Saboya, y culminó con la derrota final del carlismo y
la abolición de los fueros en las regiones carlistas, como el País Vasco y Navarra.
2. La Política durante el Reinado Efectivo de Isabel II (1843-1868)
2.1. La Década Moderada (1844-1854)
Durante este período, los moderados dominaron el gobierno y adoptaron medidas
conservadoras, como la aprobación de la Constitución de 1845, que establecía una
monarquía con soberanía compartida entre el rey y las Cortes, un censo electoral
restringido y el carácter confesional del Estado.
● Concordato de 1851: Acuerdo entre el Estado español y la Iglesia Católica, que
consolidó el control de la Iglesia sobre la educación y otros aspectos sociales.
● Reformas en la Hacienda y el ejército: El gobierno moderado trató de modernizar
la economía, impulsando la construcción de infraestructuras como los ferrocarriles y
la creación de la Guardia Civil.
2.2. El Bienio Progresista (1854-1856)
El general O'Donnell, tras un pronunciamiento militar, asumió el gobierno y promovió una
serie de reformas liberales, como la creación de una nueva Constitución en 1856 (aunque
no llegó a aplicarse) que incluía medidas de mayor libertad y derechos civiles. Sin embargo,
el bienio progresista estuvo marcado por el descontento popular debido a las promesas
incumplidas, lo que llevó a la dimisión de O'Donnell y la restauración de un gobierno
moderado bajo Narváez.
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2.3. El Gobierno de la Unión Liberal (1856-1863)
Bajo la dirección de O'Donnell, la Unión Liberal, un partido conservador que buscaba la
moderación, dominó la política española. Durante este periodo, se estabilizó el país, se
promovieron leyes de desamortización y se mejoró la infraestructura económica. No
obstante, los problemas sociales, como las huelgas obreras y la crisis económica,
persistieron.
2.4. La Crisis Final del Reinado (1863-1868)
A partir de 1863, el sistema político de Isabel II se volvió cada vez más autoritario,
excluyendo a las clases populares de la vida política. Las crisis económicas, los conflictos
sociales y las protestas, como la Noche de San Daniel (1865) y la sublevación del cuartel
de San Gil (1866), exacerbadas por las malas cosechas y la alta inflación, llevaron a una
creciente oposición a la monarquía. Los progresistas, republicanos y demócratas se unieron
en el Pacto de Ostende (1866) con el objetivo de derrocar el régimen.
3. El Sexenio Revolucionario (1868-1874)
3.1. Revolución de 1868 y Regencia de Serrano
La Revolución Gloriosa de 1868 culminó con la abdicación de Isabel II y la instauración de
un Gobierno Provisional encabezado por Serrano. Este gobierno convocó unas Cortes
Constituyentes que, en 1869, aprobaron la Constitución de 1869, la primera democrática
de España. La Constitución establecía una monarquía como forma de gobierno, con un
sistema político de soberanía nacional, y derechos individuales garantizados, como el
sufragio universal masculino.
3.2. El Reinado de Amadeo de Saboya (1871-1873)
Amadeo I fue elegido como rey de España tras la abdicación de Isabel II, pero su reinado
estuvo marcado por la inestabilidad política y social. La falta de apoyo, la agitación social, la
tercera guerra carlista y la crisis en Cuba llevaron a su abdicación en 1873.
3. El Sexenio Revolucionario (1868-1874)
3.1. Revolución de 1868 y Regencia de Serrano
La Revolución Gloriosa de 1868 culminó con la abdicación de Isabel II y la instauración de
un Gobierno Provisional encabezado por Serrano. Este gobierno convocó unas Cortes
Constituyentes que, en 1869, aprobaron la Constitución de 1869, la primera democrática
de España. La Constitución establecía una monarquía como forma de gobierno, con un
sistema político de soberanía nacional, y derechos individuales garantizados, como el
sufragio universal masculino.
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3.2. El Reinado de Amadeo de Saboya (1871-1873)
Amadeo I fue elegido como rey de España tras la abdicación de Isabel II, pero su reinado
estuvo marcado por la inestabilidad política y social. La falta de apoyo, la agitación social, la
tercera guerra carlista y la crisis en Cuba llevaron a su abdicación en 1873.
3.3. La Primera República (1873-1874)
Tras la abdicación de Amadeo, España proclamó la Primera República en 1873, pero la
falta de consenso y las tensiones internas entre los federalistas y unitarios llevaron a la
inestabilidad. Con varios presidentes en menos de un año y enfrentamientos con los
carlistas y la guerra en Cuba, el golpe de Estado de Pavía en 1874 disolvió las Cortes y
restableció la monarquía con Alfonso XII, marcando el fin de la Primera República.