Cngreso Imagen 65
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CRISTO
CRUCIFICADO ABRAZANDO DESDE LA CRUZ: ¿IMAGEN
CRISTOLÓGICA, BERNARDINA O FRANCISCANA?
Este trabajo se enmarca en los estudios que, como Becario de Investigación FPU
del Ministerio de Educación y Ciencia, estoy llevando a cabo a raíz de mi colaboración
en el Grupo de Investigación APES. IMAGEN Y CULTURA, y el activo papel
desempeñado en el proyecto: LOS TIPOS ICONOGRÁFICOS. DESCRIPCIÓN
DIACRÓNICA, FUENTES Y HERMENÉUTICA; vinculado metodológicamente a la
base de datos APES –presentada en el VI Congreso Internacional de Emblemática de
The Society for Emblem Studies– (García Mahíques, 2004: 385-397), cuyo objetivo es
la conformación de un gran repertorio descriptivo de los tipos iconográficos aún no
planteado en el seno de la comunidad cultural hispánica. Se trata de un proyecto, del
cual está muy necesitado la universidad (española e iberoamericana), caracterizado por:
(1) Enfoque diacrónico de la descripción de cada tipo iconográfico; (2) Su rigor crítico y
literario, tratándose de precisar y anotar las fuentes literarias; (3) Y por estar
abundantemente ilustrado (con imágenes indexadas en la base de datos APES –
[Link]/apesgrup–, siguiendo la clasificación estructural del Iconclass). Este
ambicioso proyecto se estructura en cuatro partes o fases, en las que serán analizadas,
por un lado, las imágenes cristianas desde una triple perspectiva religiosa, bíblica y
hagiográfica, y por otro, las imágenes profanas y muy especialmente las pertenecientes
a la tradición clásica, estructurándose todas ellas a través de tres hilos conductores:
Capítulo, Tema y Tipo Iconográfico.
Pueden anticiparse algunos aspectos generales del planteamiento metodológico,
como es la relación del mismo con la división que Erwin Panofsky realiza al tratar sobre
el significado en la obra artística (1972: 13-26), diferenciando entre:
1.- Contenido temático natural o primario –Historia del estilo–.
2.- Contenido temático convencional o secundario –Historia de los tipos–.
3.- Y significado intrínseco o contenido, también llamado síntesis iconológica;
con la intención de explicitar que es dentro de la segunda –fundamentalmente– y tercera
categoría panofskyana en la que se inserta el estudio de los «Los Tipos Iconográficos».
El procedimiento a seguir para el análisis de cada tipo iconográfico, así como el tema al
que se vincula, se organiza del siguiente modo:
a) Una vez definido el tema (cuyo título será formulado con la máxima
exactitud iconográfica de acuerdo con el Iconclass –sistema de clasificación de
imágenes, de libre consulta en la web: [Link]/libertas/ic), incluimos un
preámbulo introductorio donde se explica el argumento del tema y se citan las
fuentes literarias; para analizar en segundo lugar la evolución diacrónica de los tipos
iconográficos que constituyen el tema.
b) Aspectos compositivos de las primeras representaciones. Se trata de la parte
más formalista del estudio en la que deben obviarse consideraciones y juicios de
carácter estilístico.
c) Descripción diacrónica de cada tipo en relación con las fuentes literarias. Se
trata en lo posible de precisar la evolución compositiva e iconográfica de los tipos a
lo largo de la tradición cultural, desde las manifestaciones más antiguas, e ir
avanzando con las variaciones que con el tiempo se han ido formando.
d) Una vez cerrados cada uno de los tipos iconográficos, se regresa al plano del
tema para abordar una hermenéutica, introduciendo algunas líneas interpretativas
alrededor de lo que representa el tema.
Llegados a este punto es importante establecer, de forma somera, la diferencia
entre tema y tipo iconográfico, concepto éste último que puede coincidir con lo que en
otras lenguas occidentales traduciríamos al castellano literalmente como sujeto: subject
en inglés, sujet en francés o soggetto en italiano. Siguiendo los argumentos de Rafael
García Mahíques (2008: 5 y ss.), director del proyecto y del grupo de investigación
anteriormente citados, el tema es algo conceptual, abstracto y extra-artístico, mientras
que el tipo es lo concreto en que se traduce o se hace sensible el tema en el ámbito
artístico. En su mayor amplitud, el tema es cualquier noción perteneciente al ámbito
ideal, o de la conciencia, que puede ser objeto de representación visual. Por el contrario,
la plasmación concreta de esta representación en términos gráficos es lo que conduciría
al tipo, entendido como el modo concreto como el tema se establece en imagen o en
sucesión de imágenes. Si recurrimos al mismo ejemplo planteado por el profesor García
Mahíques, la Santa Cena es un tema evangélico conocido por la comunidad creyente,
que mantiene en su imaginario un conjunto narrativo de acontecimientos de dicho
episodio. Sin embargo, en el momento en el que los artistas se disponen a plasmar en
imágenes dicho tema, se desgaja un abanico de tipos iconográficos, en función de lo
que se quiera establecer, ya que la Santa Cena que pintó Leonardo da Vinci en el
refectorio de Santa Maria delle Grazie de Milán, corresponde a un tipo muy diferente al
establecido por Ribalta en el altar mayor de la Capilla del Colegio de Corpus Christi de
Valencia.
Por otro lado, además, el concepto de tipo ya fue planteado por E. Panofsky,
puesto que al referirse al principio controlador que rige el «análisis del contendido
secundario o convencional», esto es, el análisis iconográfico propiamente dicho, remite
a la «historia de los tipos»: «De la misma manera que podríamos corregir y controlar
nuestra experiencia práctica investigando de qué forma, bajo condiciones históricas
diferentes, objetos y acciones eran expresados a través de formas, o sea en la historia del
estilo, podemos corregir igualmente nuestro conocimiento de las fuentes literarias
investigando de qué forma, bajo condiciones históricas diferentes, temas o conceptos
específicos fueron expresados por objetos y acciones, o sea dentro de la historia de los
tipos» (1972: 22). No obstante, se trata de un concepto que Panofsky perfiló con
anterioridad en un ensayo publicado en la revista Logos (1932: 103-119), en el que por
tipo entendió el modo concreto como se ha llegado a configurar en imagen un tema o
asunto, tal y como recientemente ha estudiado el citado R. García Mahíques en una
publicación, actualmente en prensa, bajo el título: Iconografía e iconología. La Historia
del arte como Historia cultural.
Así mismo, los tipos iconográficos, y por ende los temas que los vehiculan,
pueden ser de dos clases: 1) Conceptuales, es decir, aquellos que se manifiestan
mediante imágenes de carácter diagramático, conceptual o simbólico
independientemente de su fuente literaria, como por ejemplo, Cristo Crucificado como
imagen devocional, o el Pelícano como símbolo del Redentor; 2) Narrativos, aquellos
que permanecen sujetos de un modo más directo al tema literario, tratando de
aproximarnos más a la narración visual, como por ejemplo, una pintura sobre la
Crucifixión de Cristo presentada como una secuencia narrativa de acuerdo con su fuente
literaria bíblica. Sin embargo, conceptuales o narrativos, sean de la naturaleza que sean,
los tipos iconográficos se codifican en la tradición cultural en la que adquieren un
carácter convencional, observándose en ellos una continuidad a lo largo de la historia,
así como variaciones en función de su movilidad cultural.
***
Jesús es la figura central del Cristianismo y uno de los personajes clave de la
historia. Nacido en Belén, fue para los cristianos el Hijo de Dios encarnado, que durante
su ministerio proclamó la llegada del Reino de Dios, siendo acusado de blasfemo y
condenado a morir crucificado, cumpliéndose las Escrituras y el designio de Dios para
la salvación del Hombre. Sobre su persona se han configurado un número considerable
de temas o ciclos iconográficos (prefiguraciones, símbolos, bestiario, retratos, etc.) en
contexto no narrativo o conceptual, y vinculados a los caracteres de la Religión
Cristiana y no a los propios de la historia bíblica. No obstante, su iconografía también
cuenta con un amplio abanico de tipos narrativos, entre los que se encuentra la propia
Crucifixión. Al igual que el tema de la Santa Cena, la Crucifixión es también
convencional, es decir, lo reconoce como tal toda una comunidad de creyentes,
participantes o no de la cultura cristiana, perviviendo además a lo largo del tiempo en la
tradición cultural convencionalizada, en la que los tipos que ilustran el conjunto
narrativo de episodios sobre la misma presentan variaciones en función de ámbitos o
situaciones culturales.
Regresando al ámbito conceptual del tema o ciclo iconográfico de Cristo
Crucificado, podemos resumir su argumento o sucesión de tipos iconográficos de la
siguiente forma. Durante los primeros siglos cristianos, la crucifixión –que no la imagen
de la cruz– fue eludida o evocada indirectamente mediante símbolos (cordero místico).
Si exceptuamos las imágenes del graffito del Palatino o las gemas heréticas de los siglos
II y III (Schiller, 1971-72: 89), Cristo no aparece en la cruz, con forma humana hasta el
siglo V, siendo representado vivo, con los ojos abiertos, en actitud triunfante «Christus
triumphans» (11D353), ya imberbe o barbado, ya vestido con el colobium –larga túnica
sin mangas– o con el perizonium –paño de pureza– y clavado por cuatro clavos. A partir
del siglo XI se produce una novedad bastante radical, basada en la representación del
Hijo de Dios muerto en la cruz «Christus patiens» (11D351), con el rostro inclinado, el
cuerpo caído y flexionado sujeto por tres clavos, y coronado de espinas desde el siglo
XIII (Thoby, 1959: 189); que a su vez presenta diversas variantes: primero, la imagen
no doliente del Crucificado, signo de redención (Yarza, 1974: 17), y después la visión
patética del Crucifixus Dolorosus (De Francovich, 1938: 143-261; Franco, 2002: 13-39),
que cuenta con algunos ejemplos denominados crucifijos de la peste «Pestkruzifixus»
(11D352), como los Santa María in Kapitol y San Jorge, ambos en Colonia, a los que se
recurría para la curación de esta enfermedad. Esta revolución iconográfica, que se ha
intentado explicar mediante consideraciones estéticas y teológicas, tiene lugar en el
norte de Francia, Flandes e Inglaterra, cuna en estos momentos de un nuevo
acercamiento más emotivo y humano hacia la figura de Jesús. Cinco modalidades
iconográficas más enriquecerían el conjunto, dos de ellas relacionadas con la cruz:
«Cristo crucificado en un árbol o en una vid» (11D355); y sobre una cruz viva
(11D356); otra con las figuras de las virtudes que crucifican y transfixian a Cristo
(11D357) y, por último, dos ejemplos vinculados a la vida y leyenda de dos santos
medievales, el abrazo del Crucificado (11D354), a san Bernardo primero, y a san
Francisco después, en relación con cuya estigmatización se configurará el «Cristo
serafín», sobre el que presenté una comunicación en el VI Congreso Internacional de la
Sociedad Española de Emblemática, celebrado en Gandía en octubre de 2007
(actualmente en prensa). Sin embargo, esta estructuración tipológica, indexada por el
Iconclass, no acaba aquí debido a las continuas posibilidades de ampliación en función
de los progresos de mi investigación, que me ha llevado a establecer un nuevo tipo,
apenas estudiado: el «Crucificado y la balanza».
***
Para el caso que nos ocupa, el tipo iconográfico de Cristo Crucificado abrazando a
alguien desde la cruz (11D354), queda polarizado entre dos realidades iconográficas.
Una de ellas conceptual, que tiene por sujeto protagonista al Crucificado; y otra
narrativa, vinculada a la iconografía bernardina y franciscana, que comparten una
misma modalidad en la que Cristo libera un brazo de la Cruz para abrazar, ya a
Bernardo o a Francisco. Se trata de la doble reactivación y adaptación de un mismo
‘símbolo cultural’, quien así mismo tomó el esquema compositivo de un tipo
iconográfico anterior: el Descendimiento de Cristo; siendo una práctica habitual entre
los artistas, quienes ante la necesidad de dar forma a un tipo iconográfico nuevo, solían
recurrir a la adaptación de un esquema compositivo –o motivo– preexistente relativo a
otro tipo iconográfico. Por ejemplo, el caso de la obra Déjeuner sur l’herbe de Manet,
está basada en un grabado de Raimondi sobre una obra de Rafael, quien a su vez tomó
el esquema compositivo de un sarcófago romano, ilustrándose así las sucesivas
reactivaciones que un mismo ‘símbolo’ puede experimentar a lo largo de la historia
(García Mahíques, 1996: 67-90).
Volviendo al ejemplo anterior, la lectura proporcionada por el descriptor Iconclass
sobre el citado tipo iconográfico es lo suficientemente explícita como para hacernos una
idea del «esquema compositivo»: Cristo libera un brazo de la Cruz para abrazar a
alguien; que en este caso particular, bien puede ser san Bernardo o, más frecuentemente,
san Francisco de Asís en su iconografía postridentina, como así puede observarse en los
lienzos de Murillo y Ribalta, uno en el Museo Provincial de Sevilla, y otro en el Museo
de Bellas Artes de Valencia. Leamos brevemente qué es lo que el descriptor Iconclass
dice al respecto en relación con la iconografía de los dos santos mencionados:
- 11H(BERNARDO)344 – Aparición de Cristo, como «amplexus»:
San Bernardo de Claraval está arrodillado delante del crucifijo; Cristo
después de haber desclavado los brazos de la cruz, se inclina para abrazar a
san Bernardo.
- 11H(FRANCISCO)343 – San Francisco de Asís abraza a Cristo
sobre la cruz.
Una posible influencia compositiva en la configuración icónica del tipo
iconográfico, con independencia de las fuentes literarias en las que sin duda se inspira,
la encontramos en la anteriormente citada escena del Descendimiento de Cristo, como
así puede apreciarse en el conocido ejemplo de la Catedral de Parma de B. Antelami
(fig. 1) de finales del siglo XII; u otro menos conocido, de la misma época,
perteneciente a un manuscrito francés titulado Vie du Jesús Christ, o a través de
ejemplos más cercanos como el relieve del claustro de Silos, datado en torno a 1085; en
los que puede observarse una evidente similitud, sobre todo si los comparamos con las
famosas obras de Murillo o de F. Ribalta; esta última ubicada hoy en el Museo de Bellas
Artes de Valencia (fig. 2).
Con la intención de hacer más inteligibles las imágenes y aspectos compositivos
que se verán con posterioridad, ofrecemos un breve resumen de este episodio de la
leyenda de san Bernardo, tomando como referente la Vida de San Bernardo, elaborada
por el Rvdo. P. Pedro de Ribadeneira, recogida por Gregorio Díez Ramos en la
publicación de la Biblioteca de Autores Cristianos, titulada Obras Completas de San
Bernardo (1953: 11). Puede observarse, por otro lado, la relación entre el texto
seleccionado –la negrita es nuestra– y una miniatura del Crucificado abrazando a san
Bernardo, del siglo XIII, procedente de la Colección Taylor, en la Biblioteca de la
Universidad de Princeton.
Figura 2. Abrazo desde la cruz, San Francisco abrazando al Crucificado, F. Ribalta, siglo XVII,
Valencia, Museo de Bellas Artes.
[Link]
al%20cruficado; [Link]
Figura 3. Abrazo desde la cruz, Crucificado abrazando a san Bernardo (fol. 72v.), Brevier aus
Herrenalb, siglo XV, Staatsbibliothek de Berlín.
[Link]
e9b79e799f7b}&cnt=113127&%3Asysprotocol=http%3A&%3Asysbrowser=ie6&%3Alang=de&&query
=5500:'11%20H%20(BERNARD)%2034%204*'&dmode=galery&illustrated=alle
Figura 4. Abrazo desde la cruz, San Francisco abrazando al Crucificado, B.E. Murillo, siglo
XVII, Sevilla, Museo Provincial.
[Link]
aSimple&k=murillo&acron=MBASE
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Figura 5. Abrazo desde la cruz, San Bernardo abrazando al Crucificado, F. Ribalta, siglo XVII,
Madrid, Museo del Prado.
[Link]
francisco-ribalta/
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