Casación Alberto Rivero: Análisis Legal
Casación Alberto Rivero: Análisis Legal
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EXTRAORDINARIO FEDERAL” y se dirigía contra la sentencia,
también de esta Sala -de fecha 8 de noviembre de 2022-, en
donde se resolvió “HACER LUGAR al recurso de casación
interpuesto por la parte querellante, CASAR el punto 1 de la
sentencia impugnada, CONDENAR a Alberto Rivero como autor del
delito de abuso sexual con acceso carnal -3 hechos- que
concursan realmente entre sí y que, a su vez, concursan de
forma material con el delito de abuso sexual gravemente
ultrajante -2 hechos- (arts. 45 y 119, párrafos 2º, 3º y 4º,
inc. e del CP, texto según ley 25087 vigente al momento de los
hechos) y REENVIAR las presentes actuaciones al tribunal de
origen para la determinación de la pena (arts. 40 y 41 del
CP). Sin costas en la instancia (arts. 530 y 531 del CPPN)”
(reg. 1540/22).
Cabe recordar que esa sentencia se dictó en función
de lo resuelto por la Corte Suprema de Justicia de la Nación
con fecha 3 de marzo de 2022, oportunidad en la que se hizo
lugar a la queja, se declaró procedente el recurso
extraordinario, se dejó sin efecto la sentencia apelada y se
dispuso que las actuaciones volvieran al tribunal de origen
para que, por quien corresponda, se dicte un nuevo
pronunciamiento. De esa forma, el Máximo Tribunal anuló la
sentencia de fecha 26 de octubre de 2017 de esta Sala III por
la cual se había rechazado el recurso de casación interpuesto
por la querella (reg. 1285/17) y, en definitiva, se había
confirmado la resolución del Tribunal Oral en lo Criminal
Federal de Formosa que había dictado la absolución de Alberto
Rivero por los hechos calificados como abuso sexual gravemente
ultrajante reiterados (cinco hechos) y abuso sexual gravemente
ultrajante con acceso carnal (tres hechos) en concurso real.
2º) La parte recurrente estimó que la sentencia que
condenó a Rivero resulta arbitraria y contraria a derechos
constitucionalmente protegidos. Así, solicitó se mantenga la
absolución primigeniamente dictada por ser ajustada a derecho
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Sala III
Causa Nº FRE 8033/2015/TO1/7
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y que los registros fílmicos dan cuenta del ingreso de Rivero
a las celdas de mujeres “en cumplimiento de sus funciones y en
atención a los requerimientos de éstas”.
Sostuvo que no se tuvo en consideración el acuerdo de
la víctima y AD que habría tenido por fin complicar la
situación laboral de Rivero. Agregó que el testigo C.O.,
ofrecido por la querella, desconoció lo manifestado por la
damnificada y que puso énfasis en que EMDG “expresó en
reiteradas oportunidades que no existía situación de
intimidación o violencia por parte del Sr. Rivero Alberto al
punto tal que cuando ella supuestamente no quería tener
contacto físico con él inventaba que estaba enferma y que
cuando quiso terminar con ´los supuestos abusos denunciados´
lo hizo por voluntad propia”.
Concluyó en que el plexo probatorio no arrojó un
cuadro de suficiencia que permita arribar a un grado de
certeza para dictar una sentencia de condena. En este punto,
señaló que el acusador público desistió de la acción y
acompañó el pedido de absolución de Rivero.
Así las cosas, la parte impugnante afirmó que la
arbitrariedad de la sentencia consistía en calificar como
“verdad absoluta” el testimonio de la víctima pues ello
implicaría una violación al principio de inocencia y a la sana
crítica racional. En esa línea, resaltó algunos dichos de la
denuncia inicial y sostuvo que hubo diferencias entre las
distintas declaraciones de la víctima a lo largo del proceso
no sólo respecto de la cantidad de veces sino también “de
acciones desempeñadas por la misma en su estado de detención”.
Adujo que las cámaras de vigilancia no fueron tenidas
en cuenta para analizar detalladamente la concurrencia de los
hechos denunciados pues, a su modo de ver, los abusos
denunciados no podían darse en una secuencia de uno o dos
minutos. Arguyó que Rivero, como suboficial de guardia, tenía
que controlar la celda de los detenidos; máxime cuando había
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Sala III
Causa Nº FRE 8033/2015/TO1/7
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3º) Durante el plazo previsto por el art. 465, cuarto
párrafo, y 466 del C.P.P.N, las partes no se presentaron a fin
de ampliar fundamentos.
4º) En ocasión de presentar breves notas, el Defensor
Público Oficial a cargo del Programa de Asistencia y
Patrocinio Jurídico a Víctimas de Delitos de la Defensoría
General de la Nación, Pablo Rovatti, solicitó el rechazo del
recurso de casación. Al respecto, entendió que “los argumentos
de la defensa solo expresan una mera disconformidad con los
términos en los que la Sala III, en línea con la Corte
Suprema, resolvió fundadamente el asunto”.
Adujo que “la defensa vuelve sobre una valoración
que fue ya tachada de arbitraria y estereotipada sugiriendo
que Daney González `manipula´ la experiencia de abuso sexual
en la infancia que sufrió y que incluso relató en su peritaje
psicológico para `hacer pasar´ de alguna forma, los síntomas
de angustia como producto de los abusos sufridos por Rivero.
Este es un razonamiento que de ningún modo puede tener
acogida, no solamente porque tergiversa los términos en los
que las profesionales de la psicología formularon el peritaje
de Daney González, sino porque se funda únicamente en un
estereotipo inadmisible acerca de las mujeres que sufrieron
abusos sexuales en la infancia”.
Por su parte, la asistencia técnica de Rivero reiteró
los agravios introducidos en su recurso y manifestó que la
víctima se ha desvinculado del proceso en función del poder
otorgado a la querella. En este punto, hizo referencia al
derecho a ser juzgado en un plazo razonable.
También señaló que, a raíz de la falta de
inmediación, el tribunal no pudo advertir las inconsistencias
de la denunciante y los testigos.
En definitiva, consideró que la sentencia
condenatoria incurría en una sesgada y fragmentaria valoración
de la prueba y en una afectación al principio de inocencia.
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Sala III
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-II-
5º) En virtud de la doctrina sentada por el Máximo
Tribunal in re “Duarte, Felicia s/recurso de casación”
(Fallos: 337:901) y “P., S. M. y otro s/homicidio simple”
(Fallos: 342:2389), esta Cámara Federal de Casación Penal se
encuentra legitimada para resolver el recurso extraordinario
federal –entendido como recurso de casación- presentado por la
defensa de Rivero contra la condena dictada por esta Sala III
en su anterior intervención.
Además, al tratarse de la impugnación de una
sentencia de condena, corresponde su examen de acuerdo con los
estándares establecidos por la Corte Suprema de Justicia de la
Nación en el precedente “Casal, Matías Eugenio” (Fallos:
328:3399) que impone el esfuerzo por revisar todo lo que sea
susceptible de ser revisado dentro del fallo.
Sin perjuicio de ello, la jurisdicción de esta Alzada
quedará circunscripta a los agravios presentados y no
implicará una consideración global de oficio de la sentencia
(art. 445 del C.P.P.N. y considerando 12, párrafo 5º, del voto
de la jueza Argibay en el caso citado).
-III-
a) En primer lugar, corresponde recordar los
fundamentos por los cuales esta Sala III en su anterior
intervención resolvió condenar a Rivero.
El voto del doctor Borinsky -que lideró el acuerdo-
sostuvo que “los magistrados fundaron su decisión en la falta
de credibilidad de la declaración de la víctima desatendiendo
los estándares específicos que rigen en casos como el
presente”.
Fecha de firma: 07/08/2023
Firmado por: GUILLERMO JORGE YACOBUCCI, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: ANA MARIA FIGUEROA, JUEZA DE CAMARA FEDERAL DE CASACION PENAL
Firmado por: ALEJANDRO WALTER SLOKAR, JUEZ DE CAMARA DE CASACION 7
Firmado por: PABLO ARIEL IANNARIELLO, SECRETARIO DE CAMARA
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Señaló que “EMDG utilizó palabras distintas para
referirse a lo mismo y que, las imprecisiones en su relato son
propias de los acontecimientos traumáticos de estas
características. [] Por ese motivo, las variaciones en la
´cantidad de veces´ o el significado que la víctima le otorga
a la palabra ´abuso´ -como aseveró el tribunal- no conmueven
la esencialidad de los hechos denunciados por EMDG. [] EMDG
siempre sostuvo que mientras se encontraba privada de la
libertad en el Escuadrón 16 de Clorinda de GNA, Alberto Rivero
-quien prestaba funciones como jefe de guardia la accedió
carnalmente en tres oportunidades y que, además, en alguna de
esas oportunidades la obligó a practicarle sexo oral”.
Por otro lado, en torno a lo declarado por Ortiz
Cabral, que había sido tenido en consideración por el tribunal
de origen, indicó que “no se observan motivos que permitan
comprender cuál es la relación entre el comportamiento que
habría tenido EMDG respecto del nombrado – que el tribunal
tuvo por cierto- y los actos sexuales denunciados por la
víctima”.
Luego de recordar lo manifestado por CSAD, el
magistrado entendió que “es relevante porque otorga mayor
verosimilitud a la declaración de la víctima y debió ser
valorado junto con los restantes elementos de prueba en orden
a la acreditación de los sucesos juzgados”.
A ello, agregó que “Rivero ingresaba a la celda de
EMDG durante la noche con conocimiento de que ello no está
permitido por las reglas que regulan el funcionamiento de las
guardias” y que “de las constancias de la causa no se advierte
ni la defensa ha presentado motivo alguno que justifique el
ingreso de Rivero a la celda donde se encontraba alojada la
víctima en los horarios y con la frecuencia con la que, de
acuerdo con los testimonios recibidos durante la audiencia de
debate, lo hacía”. Más aún, tuvo en consideración que Rivero
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sucesos objeto de juzgamiento en los términos en los que fue
acusado”.
Por su parte, el doctor Petrone en su sufragio sumó
que “erra el tribunal oral al desvalorizar el testimonio de
EMDG haciendo hincapié en las imprecisiones brindadas al
efectuar sus declaraciones respecto a la cantidad de veces que
le propició sexo oral o las palabras que usó para describir
los hechos sufridos, desconociendo lo dicho por la Corte IDH
respecto a que ´…la calificación jurídica de los hechos que
utilice la presunta víctima en sus declaraciones tiene que ser
valorada tomando en cuenta el significado comúnmente dado a
las palabras utilizadas, el cual no necesariamente corresponde
a su definición jurídica. Lo relevante es evaluar si los
hechos descritos, y no la calificación jurídica dada a los
mismos, fueron consistentes´ (´J. vs. Perú´, sentencia de 27
de noviembre de 2013, parágrafo 324)”.
Añadió que “asiste razón a la querella y al fiscal
en esta instancia, respecto a que sus dichos se encuentran
acreditados –a diferencia de lo sostenido por el a quo- por el
informe psicológico realizado a la víctima; por los dichos de
quien fue coimputada en el inicio de estas actuaciones, CSAD,
quien confirmó los ingresos de Rivero a la celda de EMDG, la
excusa con la que entraba a la noche y el tiempo que
permanecía allí (para ´traer agua, se demoraba unos diez
minutos´) y la existencia de actos sexuales; el testimonio
dado por Mangelos, Sargento Ayudante de GNA; y por los dichos
brindados por el mismo imputado que dio cuenta de su
conocimiento acerca de la falta de registro de las cámaras de
seguridad de las puertas de entradas a las celdas femeninas;
todo lo cual fuera detallado en el voto que lidera el acuerdo
-al que me remito para evitar repeticiones-”.
Finalmente, el doctor Barroetaveña adhirió a los
votos de los colegas que lo precedieron.
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cuenta circunstanciada si pretende que se la tenga como
elemento fundante válido, pues a este respecto también el
tribunal de casación puede revisar criterios…” y que “no
existe incompatibilidad entre el juicio oral y la revisión
amplia en casación, en la medida en que no se quiera
magnificar el producto de la inmediación, es decir, en la
medida en que se realiza el máximo de esfuerzo revisor, o sea,
en que se agote la revisión de lo que de hecho sea posible
revisar”.
De esta forma, teniendo en cuenta que, desde esa
perspectiva, el conocimiento fruto de la inmediación, se
presenta más limitado de lo que plantea la parte y que en el
caso se está dando curso de forma amplia al “recurso
extraordinario federal” presentado por la defensa, el planteo
no puede tener favorable acogida.
c) Con relación al agravio de afectación al derecho a
ser juzgado en un plazo razonable introducido por la defensa
en oportunidad de presentar breves notas, sin perjuicio de su
falta de fundamentación, sólo habré de señalar que, a mi
entender, dicha garantía no se encuentra violada.
Es que, más allá de que, si ello efectivamente
hubiese acontecido, habría sido advertido por el Máximo
Tribunal al momento de su intervención y no lo hizo, lo cierto
es que la complejidad del asunto y los compromisos
internacionales que pesan sobre el Estado Argentino respecto
de este tópico impiden -en los términos en los que fue
expuesto- acoger favorablemente su planteo (art. 7 inc. b
Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar
la Violencia contra la Mujer).
d) Sentado lo anterior y antes de ingresar en el
análisis de la valoración de la prueba, corresponde recordar
que la Corte Interamericana de Derecho Humanos ha señalado que
en actos de violencia contra la mujer la investigación penal
debe incluir la perspectiva de género (conf. casos "Veliz
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puede derivar en determinadas imprecisiones al recordarlos.
Por ello, la Corte ha advertido que las imprecisiones en
declaraciones relacionadas a violencia sexual o la mención de
algunos de los hechos alegados solamente en algunas de éstas
no significa que sean falsas o que los hechos relatados
carezcan de veracidad” -el resaltado es propio- (Corte IDH,
Caso Espinoza Gonzáles Vs. Perú. Excepciones Preliminares,
Fondo, Reparaciones y Costas, párr. 150).
De esta forma, lo cierto es que EMDG en las tres
oportunidades en las que declaró dijo que había sufrido abusos
sexuales por parte de Rivero, quien ejercía funciones de jefe
de guardia mientras la testigo se encontraba detenida en el
Escuadrón nº 16 -Clorinda- de Gendarmería Nacional.
Lo manifestado es, en esencia, lo mismo y las
diferencias que surgen del relato de ninguna manera llevan a
la conclusión de que lo dicho sea falso, sino que ello debe
ser interpretado a la luz de las especiales características de
los hechos investigados en autos. Es que, esas distinciones
tienen muchas explicaciones posibles: los distintos sujetos
que recibieron su declaración, al estigma que conlleva la
denuncia, al momento traumático de su vida a la que refieren,
entre otras.
Por lo demás, en el debate cuando específicamente se
le preguntó a EMDG por la cantidad y tipo de hechos señaló
“que fueron tres hechos carnales, más dos orales” y ello
coincide con la condena dictada respecto de Rivero, esto es,
tres hechos de abuso sexual con acceso carnal que concurren
realmente entre sí y que concursan de forma material con dos
hechos de abuso sexual gravemente ultrajante.
Ello, al margen de que, a mi modo de ver, la
fellatio in ore encuadraba dentro del abuso sexual con acceso
carnal desde la sanción de la ley 25.087; recalificación que
no es posible efectuar porque implicaría una reformatio in
pejus.
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crítica interna y externa a la que hace mención el fallo
“Casal” de la Corte y es lo que se ha realizado en el caso.
Así las cosas, la declaración de EMDG resulta
trascendental y ese es el valor que se le otorgó en la
sentencia que la defensa recurre; aun cuando sus dichos fueron
corroborados por otros elementos probatorios, tal como se verá
infra.
En este punto, debo aclarar que si bien CSAD también
había estado presente en los hechos, en tanto fue imputada en
estos actuados, sus dichos pueden resultar de interés pero lo
cierto es que no declaró bajo juramento de decir verdad.
Por otra parte, en el informe psicológico realizado a
EMDG surge que “ante determinados tópicos, específicamente
ante aquellos vinculados a los hechos que se investigan en la
presente causa, exhibe signos de ansiedad y angustia que se
manifiestan en una conducta de llanto” y que “sobre la
experimentación de sentimientos y/o emociones que estarían
asociados a los hechos que se investigan en autos describe
sentimientos de temor, angustia y ansiedad”.
Más aún, agregó que “la vivencia de los hechos que
se investigan en la presente causa evocaron en ella las
situaciones abusivas evidenciadas durante su infancia,
generando sentimientos de indefensión, inseguridad, angustia,
reviviscencia y confusión” y que “[p]resenta un
posicionamiento subjetivo vulnerable donde prevalecen
sentimientos de indefensión, inmovilidad, inseguridad,
inferioridad, desvalorización, pasividad, sumisión, entre
otros. Dicho posicionamiento subjetivo estaría asociado sus
experiencias de violencia (maltrato infantil psicológico y
situaciones abusivas de índole sexual) transitadas desde
temprana edad y a la cual se sumarían las situaciones abusivas
de índole sexual investigadas en las presentes actuaciones”.
Con relación a las cámaras de vigilancia, dieron
cuenta de los ingresos de Rivero a las celdas donde se
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Por su parte, las críticas de la parte impugnante
giran en torno a una afectación al principio de igualdad
porque, a su juicio, se le otorgó prevalencia a lo declarado
por EMDG por sobre lo dicho por Rivero.
Al respecto, debo señalar que ello no es así. Antes
bien, lo que sucedió en autos fue que en el tribunal oral,
cuando dispuso la absolución de Rivero, había realizado un
análisis de la prueba que no tuvo en consideración las
especiales características de este tipo de hechos en donde
sólo están presentes víctima y victimario y la damnificada es
la mujer. Es que, conforme lo ya dicho, este tipo de sucesos
impone un análisis de la prueba desde una perspectiva de
género y ello, tal como lo remarcó el Procurador General, no
fue realizado por el a quo.
Así, no es cierto lo argüido por la parte recurrente
en torno a que se otorgó superioridad a lo dicho por la mujer,
en contraposición a lo manifestado por el hombre, sino que lo
declarado por EMDG es evaluado bajo ciertos criterios -ya
señalados- que atienden a las especiales circunstancias del
caso.
En esa línea, cuando la parte recurrente hace énfasis
en las distintas actitudes que habría tenido EMDG, sólo
muestra su desconocimiento sobre la distinta forma en que los
hechos de abuso sexual pueden afectar en su expresividad a las
víctimas; pero de ninguna forma logra quitar credibilidad a lo
declarado por EMDG.
Es que no hay un patrón unívoco de conducta de cómo
debe reaccionar y comportarse la damnificada porque ello
depende de múltiples factores internos que se conjugan con
otros que son externos. En este punto, corresponde recordar
que en la pericia psicológica se señaló “la tendencia a
utilizar como mecanismo defensivo la negación”, lo que podría
explicar su -aparente- buen estado de ánimo al que hiciera
referencia la defensa.
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que no caben dudas de que los contactos sexuales entre el
imputado y la víctima no fueron consentidos no sólo por la
evidente desigualdad de posiciones -EMDG detenida y Rivero el
encargado de su guarda- sino porque la damnificada en su
relato hizo referencia al temor que tuvo, a que le pidió que
frenara y que no le haga hacer cosas contra su voluntad.
Por último, teniendo en cuenta las funciones que
ejercía Rivero al momento de los hechos y que el delito fue
cometido en ocasión de sus tareas (art. 119 inc. e, CP),
estimo oportuno citar al Tribunal Interamericano en cuanto
establece que “…la violación sexual de una detenida por un
agente del Estado es un acto especialmente grave y reprobable,
tomando en cuenta la vulnerabilidad de la víctima y el abuso
de poder que despliega el agente. Asimismo, la violación
sexual es una experiencia sumamente traumática que puede tener
severas consecuencias y causa gran daño físico y psicológico
que deja a la víctima `humillada física y emocionalmente´,
situación difícilmente superable por el paso del tiempo, a
diferencia de lo que acontece en otras experiencias
traumáticas” (Corte IDH, Caso “Penal Miguel Castro Castro Vs.
Perú. Fondo, Reparaciones y Costas”, sentencia de 25 de
noviembre de 2006, párr. 311).
En esa línea, debo recordar que la Convención
Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la
Violencia contra la Mujer (Convención de Belem Do Pará) en su
art. 7 establece "[l]os Estados Partes condenan todas las
formas de violencia contra la mujer y convienen en adoptar,
por todos los medios apropiados y sin dilaciones, políticas
orientadas a prevenir, sancionar y erradicar dicha violencia y
en llevar a cabo lo siguiente: a. abstenerse de cualquier
acción o práctica de violencia contra la mujer y velar por que
las autoridades, sus funcionarios, personal y agentes e
instituciones se comporten de conformidad con esta obligación”
(el resaltado es propio).
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extraordinario federal, dejaría afuera una cantidad de
aspectos esenciales que no podrían ser abordados sin poner en
crisis el propio alcance de la excepcional vía de competencia
del máximo tribunal constitucional, por el contrario el nuevo
examen del caso -primera condena mediante- en la mecánica de
funcionamiento de la Cámara de Casación -máxime luego de la
adecuación al recurso a partir del citado precedente "Casal"-
no haría mella en su cotidianeidad desde lo eminentemente
práctico”.
Ahora bien, tanto el Alto Tribunal como la
Procuradora General al momento de emitir su dictamen en el
fallo de cita, sustentaron su criterio en los fallos de la
CIDH dictados en los casos “Barreto Leiva” y “Mohamed vs.
Argentina”. En este último precedente, posterior al de
“Herrera Ulloa”, se garantiza a la persona que es condenada
por primera vez el derecho a obtener una revisión amplia de la
sentencia por parte de un tribunal revisor que conocerá del
recurso deducido contra la sentencia absolutoria dictada en
primera instancia, en tanto el artículo 8.2.h de la Convención
Americana no previó ninguna excepción al derecho que consagra
en su texto (sentencia CIDH: "la Corte concluye que, en los
términos de la protección que otorga el artículo 8.2.h de la
Convención Americana, el señor Mohamed tenía derecho a
recurrir del fallo proferido por la Sala Primera de la Cámara
Nacional de Apelaciones el 22 de febrero de 1995, toda vez que
en éste se le condenó como autor del delito de homicidio
culposo" y que "la Corte concluye que el sistema procesal
penal argentino que fue aplicado al señor Mohamed no garantizó
normativamente un recurso ordinario accesible y eficaz que
permitiera un examen de la sentencia condenatoria contra el
señor Mohamed, en los términos del artículo 8.2.h de la
Convención Americana, y también ha constatado que el recurso
extraordinario federal y el recurso de queja, en tanto
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De no admitirse tal revisión o de entenderse que la
doctrina establecida en el caso “Duarte” vulneraría los
estándares exigidos por el Sistema Interamericano de Derechos
Humanos, se estaría cercenando una garantía primordial como es
la de recurrir el fallo para que un tribunal lo revise
integralmente, y con ello la responsabilidad internacional en
la que incurriría el Estado frente a tal omisión. Sobre esto
último cabe recordar el artículo 2 de la Convención Americana
de Derechos Humanos en cuanto dispone que “Si en el ejercicio
de los derechos y libertades... no estuviere ya garantizado
por disposiciones legislativas o de otro carácter, los Estados
partes se comprometen a adoptar, con arreglo a sus
procedimientos constitucionales y a las disposiciones de esta
Convención, las medidas legislativas o de otro carácter que
fueren necesarias para hacer efectivos tales derechos y
libertades”. A su vez, la Corte Interamericana de Derechos
Humanos ha señalado acerca del deber de los jueces de acudir a
disposiciones que le permitieran garantizar el efectivo acceso
a la justicia en el caso “Cantos vs. Argentina”, p. 52: “El
artículo 25 de la Convención también consagra el derecho de
acceso a la justicia. (…) [L]a Corte ha señalado que éste
establece la obligación positiva del Estado de conceder a
todas las personas bajo su jurisdicción un recurso judicial
efectivo contra actos violatorios de sus derechos
fundamentales. (…) la garantía allí consagrada se aplica no
sólo respecto de los derechos contenidos en la Convención,
sino también de aquéllos que estén reconocidos por la
Constitución o por la ley. (…) [L]a garantía de un recurso
efectivo constituye uno de los pilares básicos, no sólo de la
Convención Americana, sino del propio Estado de Derecho en una
sociedad democrática en el sentido de la Convención, y que
para que el Estado cumpla con lo dispuesto en el artículo 25
de la Convención no basta con que los recursos existan
formalmente, sino que los mismos deben tener efectividad (…)”.
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en sede casatoria a incoar la vía extraordinaria que habilita
la jurisdicción de esta Corte Suprema de Justicia de la Nación
al solo efecto de procurar el dictado de una decisión que
ordene que tenga lugar la revisión que precisamente propugnó
obtener mediante el remedio procesal diseñado específicamente
para obtener el doble conforme”, y puntualizó que “la omisión
del Poder Legislativo en la adopción de las previsiones
legales necesarias para operativizar mandatos concretos de
jerarquía constitucional no puede conllevar la frustración de
los derechos o prerrogativas consagrados por la Norma
Fundamental”, y agregó que “la ausencia en la previsión
legislativa de normas procesales que permitan garantizar la
revisión horizontal intentada conllevaría la negación de
brindar una tutela oportuna, eficaz y sin dilaciones indebidas
(artículos 7.5 y 8.1, CADH, artículo 14.3.c del Pacto
Internacional de Derechos Civiles y Políticos) de un derecho
de jerarquía constitucional como el debido proceso penal y,
específicamente, el derecho al doble conforme (artículos 18,
Constitución Nacional, 8.2.h CADH y 14.5 PIDCP, ambos cfr.
artículo 75, inciso 22, de la Constitución Nacional) de los
que cabe predicar operatividad”.
Por ello, concluyó “que, ante el dictado de una
sentencia condenatoria en sede casatoria, la garantía de la
doble instancia que asiste al imputado debe ser salvaguardada
directamente y sin mayores dilaciones en dicho ámbito mediante
la interposición de un recurso de casación que deberán
resolver otros magistrados que integren ese tribunal, sin
necesidad de que el imputado deba previamente recurrir a esta
Corte para obtener una decisión que ordene que tenga lugar
dicha revisión. La intervención de esta Corte en los términos
precedentemente expuestos no entraña injerencia alguna en el
ámbito del Poder Legislativo, ni quiebre del principio de
separación de poderes, u otro principio de raigambre
constitucional. Se trata del debido y necesario ejercicio del
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En tal sentido –y conforme lo señalara el colega
preopinante-, el análisis de las constancias de la causa
permite comprobar que, en todas sus declaraciones, la víctima
EMDG afirmó haber sufrido abusos sexuales por parte de Rivero,
quien ejercía funciones de jefe de guardia en el Escuadrón nº
16 de Gendarmería Nacional, en Clorinda, lugar en el que la
víctima se encontraba detenida.
Asimismo, a partir de la lectura de la sentencia
impugnada –y tal como surge de la reseña y el análisis
llevados a cabo por el colega que lidera el acuerdo-, se
advierte que existe en el caso un cuadro probatorio amplio y
variado, que de ningún modo se encuentra limitado a las
declaraciones de EDMG, en tanto éstas encontraron respaldo en
las diferentes diligencias realizadas a lo largo de la
instrucción, tales como el informe psicológico efectuado a la
víctima (cuyo contenido fue citado en el voto que antecede, al
que remito); las imágenes captadas por las cámaras de
vigilancia de la unidad penitenciaria antes referida, en las
que se ve al encausado Rivero ingresando a la celda de
mujeres, en horas de la noche y por lapsos de diez minutos
aproximadamente, actitud que no encuentra justificación en el
contexto de tareas de guardia y suministro de agua a las
detenidas, a lo que se aduna el conocimiento que tenía el
imputado con respecto a que dichos dispositivos de vigilancia
no llegaban a captar lo que ocurría en el interior de las
celdas; y el testimonio de la otrora imputada CSAD –ya
reseñado en el voto que antecede-.
En relación con lo anterior, y en lo atinente a la
“amplitud probatoria” prevista en el artículo 16 inc. I) de la
ley 26485, tengo dicho que esa pauta debe ser aplicada en la
actividad jurisdiccional en sucesos que involucran violencia
contra la mujer, frente al riesgo de que queden impunes
conductas como las aquí examinadas, atento que dichos ilícitos
se perpetúan en la intimidad y sobre el cuerpo, integridad y
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3) Conforme se señaló precedentemente, en el presente
caso sometido a control jurisdiccional corresponde efectuar un
análisis constitucional y convencional, teniendo presente el
derecho de género y el sexo de la víctima.
Los hechos por los que fue condenado el encausado
Rivero se vinculan con el principio de igualdad, la dignidad
humana y la violencia de género, correspondiendo tomar las
medidas judiciales adecuadas para evitar la comisión de estos
delitos, arribar a su juzgamiento, sancionar a los
responsables, evitando que el paso del tiempo conduzca a su
impunidad.
Nuestro Estado Constitucional de Derecho,
especialmente a partir de la reforma de la Constitución
Nacional en 1994, en su artículo 75 inciso 22 le otorgó
jerarquía constitucional a once instrumentos sobre derechos
humanos, entre ellos a la “Convención sobre la Eliminación de
todas las Formas de Discriminación contra la Mujer” -CEDAW-,
con el objeto de erradicar cualquier tipo de discriminación
contra las mujeres, dado que su persistencia vulnera el
principio de igualdad y el respeto a la dignidad humana,
dificultando la participación del colectivo más numeroso que
tienen todas las sociedades -mujeres, niñas, adolescentes,
ancianas-, a la participación en la vida del país, en igualdad
de condiciones con los varones.
“Discriminación contra la mujer denota toda
distinción, exclusión o restricción, basada en el sexo que
tenga por objeto o por resultado menoscabar o anular el
reconocimiento, goce o ejercicio por la mujer,
independientemente de su estado civil, sobre la base de la
igualdad del hombre y la mujer, de los derechos humanos y las
libertades fundamentales en las esferas política, económica,
social, cultural y civil o en cualquier otra esfera” -CEDAW
artículo 1-.
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crecimiento de todas las formas de violencia, se hicieron oír
sosteniendo que era un patrón patriarcal, sistémico para
asegurar la subordinación de la mujer en base a estereotipos
de género socialmente consolidados producto de prácticas
androcéntricas que vulneran los derechos de las mujeres,
cosificándolas, no respetando su condición jurídica de sujetos
Cabe destacar que con el objeto de preservar la
integridad física y psíquica de las mujeres, adoptando
políticas públicas para evitar la violencia contra éstas,
Argentina ratificó la “Convención Interamericana para
Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia Contra la Mujer”,
aprobada en Belem Do Pará, Brasil, en vigor desde 1995, con
jerarquía superior a las leyes internas, en virtud de lo
preceptuado por el artículo 75 inciso 22 de la Constitución
Nacional.
Esta Convención interamericana aporta mecanismos para
evitar la discriminación estructural por motivos de sexo,
pretendiendo la eliminación de la violencia de género,
definiendo en su artículo 1 como: “cualquier acción o conducta
basada en su género, que cause muerte, daño, o sufrimiento
físico, sexual o psicológico a la mujer, tanto en el ámbito
público como privado”. La Convención pone de manifiesto la
realidad y discriminación que sufren las mujeres, por ello se
pretende prevenir, informar, difundir, educar, sancionar,
reparar, centrando todos los esfuerzos en modificar los
patrones socioculturales, para obtener la igualdad de sexos.
Como sostuve en mi segunda tesis doctoral sobre
derechos de género, “La violencia contra las mujeres son todos
los actos basados en el género que tienen como resultado
producirles un daño físico, psicológico o sexual, que van
desde una amplia gama de padecimientos que vulneran el derecho
a la vida, a la libertad e integridad, a la consecución
económica, social y cultural, a la autodeterminación, hasta la
participación en condiciones de paridad con los hombres en
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anticipé, el Estado sancionó la ley 26485 de “Protección
Integral a las mujeres, para prevenir, erradicar y sancionar
la violencia contras las mujeres en todos los ámbitos donde
desarrollan sus relaciones interpersonales”, la que releva
diferentes tipos de violencia, visibilizando que éstas
conductas son el producto de un esquema patriarcal de
dominación, entendida como el resultado de una situación
estructural de desigualdad de género.
Este fenómeno de violencia contra la mujer, no es
privativo de sectores sociales marginados, desfavorecidos
económicamente, o de escasa educación, sino que se registran
en todos los ámbitos y niveles de la sociedad. Dicha práctica
se ejerce de diversas maneras desde la comisión de ilícitos,
hasta comportamientos aceptados socialmente, que van desde
violaciones, incestos, lesiones, coacción, violencia
doméstica, maltrato, los que fueron considerados por mucho
tiempo “naturales”, como una atribución que tenían los padres,
esposos, varones de la familia o del entorno, respecto de las
mujeres que tenían bajo su esfera y sujeción.
En la publicación “Nuevos paradigmas, supremacía
constitucional y los derechos de género en Argentina”, he
precisado que en nuestro país la igualdad es un principio y un
derecho; no obstante, subsisten prácticas androcéntricas que
manifiestan la persistencia en herencias culturales que
dificultan asimilar e internalizar los cambios operados (cfr.
“Revista Derecho Público”, Editorial Ministerio de Justicia y
Derechos Humanos de la ción e Infojus, Año III, Número 8,
Buenos Aires, agosto 2014, pág. 101 y siguientes).
Con el advenimiento del paradigma de los derechos
humanos, ésta no puede ser una cuestión reservada a la
jurisdicción interna de los Estados, sino que debe entenderse
que cuando un país ratifica un tratado es para su efectivo
cumplimiento y tal acto le impone un compromiso ante la
comunidad internacional. De esta manera, agranda su catálogo
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igualdad, sin discriminaciones ni exclusiones, entre mujeres y
varones dentro de la sociedad democrática que conformamos.
La violencia ha sido y es motivo de preocupación del
DIDH y de las instituciones responsables de las políticas
públicas. La mujer es la mayor víctima de violencia generada
por la desigualdad de género. El hecho de que se trata de una
cuestión cultural significa que es susceptible de ser
modificada; por ello es prioritaria la educación de la mujer,
para evitar el desconocimiento de sus derechos y lograr que se
apropie de su condición de sujeto de derecho y de ciudadana,
para el efectivo ejercicio de sus derechos y ser parte activa
del cuerpo social al que pertenece.
Al respecto la CIDH en el Caso “Velasquez Paiz,
Claudina Isabel y otros Vs. Guatemala. Excepciones
Preliminares, Fondo, Reparaciones y Costas”, sentencia del
19/11/2015, sostuvo: “La Corte reitera que el estereotipo de
género se refiere a una pre-concepción de atributos, conductas
o características poseídas o papeles que son o deberían ser
ejecutados por hombres y mujeres respectivamente, y que es
posible asociar la subordinación de la mujer a prácticas
basadas en estereotipos de género socialmente dominantes y
socialmente persistentes. En este sentido, su creación y uso
se convierte en una de las causas y consecuencias de la
violencia de género en contra de la mujer, condiciones que se
agravan cuando se reflejan, implícita o explícitamente, en
políticas y prácticas, particularmente en el razonamiento y el
lenguaje de las autoridades estatales” (parág. 180).
Asimismo, y dada su directa vinculación con el caso
de autos, corresponde referir el análisis que ha efectuado la
Corte Interamericana de Derechos Humanos en punto a la
violencia contra las mujeres por parte de las fuerzas armadas
y de seguridad, por ser mujeres, en particular en el marco de
detenciones, sean estas legales o ilegales. Sobre tal aspecto
me he referido al desarrollar la temática de género en mi
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Más recientemente, al dictar sentencia en el caso
“Angulo Losada vs. Bolivia” (18/11/2022), la Corte
Interamericana de Derechos Humanos ratificó su criterio
conforme al cual “en casos de violencia contra la mujer, las
obligaciones generales previstas por los artículos 8 y 25 de
la Convención Americana se complementan y refuerzan con las
obligaciones provenientes de la Convención de Belém do Pará”,
y refirió puntualmente el artículo 7.b) de esta última, que
obliga de manera específica a los Estados Parte a utilizar la
“debida diligencia para prevenir, sancionar y erradicar la
violencia contra la mujer”, así como el artículo 7.f),
conforme el cual los Estados deben “establecer procedimientos
legales justos y eficaces para la mujer que haya sido sometida
a violencia, que incluyan, entre otros, medidas de protección,
un juicio oportuno y el acceso efectivo a tales
procedimientos”.
Destacó en tal sentido el citado tribunal
internacional que “ante un acto de violencia contra una mujer,
resulta particularmente importante que las autoridades a cargo
de la investigación la lleven adelante con determinación y
eficacia, teniendo en cuenta el deber de la sociedad de
rechazar la violencia contra las mujeres y las obligaciones
del Estado de erradicarla y de brindar confianza a las
víctimas en las instituciones estatales para su protección”.
En lo atinente a los casos de violencia y violación
sexual cometidas contra mujeres adultas, la Corte recordó que
había “establecido una serie de criterios que los Estados
deben seguir para que las investigaciones y procesos penales
incoados sean sustanciados con la debida diligencia reforzada
que se requiere”.
Puntualizó al respecto que “la ineficacia judicial
frente a casos individuales de violencia contra la mujer
propicia un ambiente de impunidad que facilita y promueve la
repetición de los hechos de violencia en general y envía un
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plena vigencia de los principios y garantías constitucional y
convencionalmente reconocidos como estándar mínimo de todo
Estado Constitucional de Derecho.
4) Finalmente vale recordar que a partir de la
reforma de la Constitución Nacional en 1994, por imperio del
poder constituyente, en el artículo 75 inciso 22, se
incorporaron once instrumentos sobre derechos humanos que en
las condiciones de su vigencia tienen jerarquía
constitucional, se establece un mecanismo para que con la
mayoría agravada del poder constituido, en el futuro puedan
adquirir igual rango otros tratados y se establece el
siguiente orden normativo: en primer lugar la Constitución
Nacional, los tratados sobre derechos humanos enumerados en el
artículo 75 inciso 22 y los que en el futuro adquieran dicha
jerarquía por el Congreso de la Nación; en segundo lugar los
demás tratados y concordatos, que tienen jerarquía superior a
las leyes –artículo 75 incisos 22 y 24 de la Constitución
Nacional- y en tercer lugar las leyes de la Nación,
encontrándose en este orden el Código Penal, el Código
Procesal Penal y las demás leyes internas.
Conviene precisar que en la República Argentina, aún
antes de la reforma de la Constitución Nacional en 1994, en
jurisprudencia reiterada le otorgaba validez al derecho
internacional de los derechos humanos, el que tuvo su
correlato en el derecho interno, así como los fallos de la
Corte Suprema de Justicia de la Nación, a partir del
advenimiento de la democracia.
En este sentido el Alto Tribunal reconoció, con
anterioridad a la reforma constitucional de 1994, que el
derecho de los tratados tenía primacía sobre el derecho
interno, de acuerdo lo expuesto por el Alto Tribunal en punto
a que “la Convención de Viena sobre el derecho de los tratado
confiere primacía al derecho internacional convencional sobre
el derecho interno” y agregaron que “esta prioridad de rango
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Tal es mi voto.
El señor juez Alejandro W. Slokar dijo:
Que a partir del desarrollo efectuado por el colega
que lidera el acuerdo, sumadas las consideraciones
argumentales formuladas por la magistrada preopinante, se
impone acompañar la solución propiciada.
En efecto; tal como he sostenido en forma inveterada,
la magnitud de hechos como los que se ventilan en el sub lite
no escapa a una específica hermenéutica en virtud de los
deberes asumidos internacionalmente por el Estado argentino
(Vid. causa n° 14.090, caratulada: “Díaz, Ernesto Rubén s/
recurso de casación”, reg. n° 19.518, rta. 25/11/2011, entre
tantos otros).
Así es: la ratificación de la Convención sobre la
Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la
Mujer (CEDAW) impone a los estados partes la obligación de
“Modificar los patrones socioculturales de conducta de hombres
y mujeres, con miras a alcanzar la eliminación de los
prejuicios y las prácticas consuetudinarias y de cualquier
otra índole que estén basados en […] funciones estereotipadas
de hombres y mujeres” (art. 5), asimismo, se ha definido que:
“la expresión ´discriminación contra la mujer´ denotará toda
distinción, exclusión o restricción basada en el sexo que
tenga por objeto o por resultado menoscabar o anular el
reconocimiento, goce o ejercicio por la mujer,
independientemente de su estado civil, sobre la base de la
igualdad del hombre y la mujer, de los derechos humanos y las
libertades fundamentales en las esferas política, económica,
social, cultural y civil o en cualquier otra esfera” (art. 1)
y se dispuso que: “Los Estados Partes adoptarán todas las
medidas adecuadas para eliminar la discriminación contra la
mujer en todos los asuntos relacionados con el matrimonio y
las relaciones familiares y, en particular, asegurarán, en
condiciones de igualdad entre hombres y mujeres” (art. 16).
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las personas en virtud del género asignado o asumido, y
evidencia las relaciones desiguales de poder originadas en
estas diferencias que permite visibilizar la valoración social
diferenciada de las personas en virtud del género asignado o
asumido, y evidencia las relaciones desiguales de poder
originadas en estas diferencias” (CIDH, Mujeres privadas de
libertad en las Américas, OEA/Ser.L/V/II Doc. 91/23, 2023,
§85).
A más, no sobra advertir acerca de la
interseccionalidad de vulnerabilidades que deriva de la
víctima que se encontraba privada de libertad y, además,
resultó abusada nada menos que por un funcionario encargado de
su custodia.
Sobre el particular, la Corte Interamericana de
Derechos Humanos lleva dicho que: “la violación sexual de una
mujer que se encuentra detenida o bajo la custodia de un
agente del Estado es un acto especialmente grave y reprobable,
tomando en cuenta la vulnerabilidad de la víctima y el abuso
de poder que despliega el agente. Asimismo, la violación
sexual es una experiencia sumamente traumática que puede tener
severas consecuencias y causa gran daño físico y psicológico,
que deja a la víctima ‘humillada física y emocionalmente’,
situación difícilmente superable por el paso del tiempo, a
diferencia de lo que acontece en otras experiencias
traumáticas” (Corte IDH. Caso Favela Nova Brasilia Vs. Brasil.
Excepciones Preliminares, Fondo, Reparaciones y Costas.
Sentencia de 16 de febrero de 2017. Serie C No. 333, §255).
Ello así, por cuanto: “La violencia sexual vulnera
valores y aspectos esenciales de la vida privada de las
personas, supone una intromisión en su vida sexual y anula su
derecho a tomar libremente las decisiones respecto a con quien
tener relaciones sexuales, perdiendo de forma completa el
control sobre sus decisiones más personales e íntimas, y sobre
las funciones corporales básicas” (Corte IDH. Caso Azul Rojas
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