UNIVERCIDAD NACIONAL
AUTONOMA DE MÉXICO
COLEGIO DE CIENCIAS Y
HUMANIDADES PLANTEL SUR
Pruebas de la
evolución
Nombre del profesor: Jorge Shizuru Ledesma
Nombre del alumno: Tapia Reyes Katia
Grupo: 412B
Fecha: 17 de marzo 2023
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Posiblemente la evidencia más directa de la evolución provenga del
descubrimiento, identificación e interpretación de fósiles, que son los
restos o trazas dejadas en roca sedimentaria por organismos que
existieron anteriormente. (El término fósil proviene de la palabra
latina fossilis, que significa “algo desenterrado”). La roca
sedimentaria se forma por la acumulación y solidificación de
partículas (guijarros, arena, cieno o arcilla) producidas por la
exposición a la intemperie de rocas más antiguas, como las rocas
volcánicas. Las partículas de sedimento, que por lo general se
depositan en los lechos de los ríos, el fondo de los lagos o el suelo
marino, se acumulan con el paso del tiempo y exhiben capas
distintivas (FIGURA 18-7). En una secuencia rocosa sin
perturbaciones, la capa más antigua está en el fondo y las capas
superiores son sucesivamente más jóvenes.
El estudio de las capas de rocas sedimentarias, incluida su composición, orden y semejanza de una
ubicación a otra, permite a los geólogos colocar en la secuencia correcta los eventos registrados en
las rocas. El registro fósil muestra una progresión desde los organismos unicelulares más tempranos
hasta los muchos organismos unicelulares y multicelulares que viven en la actualidad. En
consecuencia, el registro fósil demuestra que la vida evolucionó a lo largo del tiempo. Actualmente,
los paleontólogos (científicos que estudian la especies extintas) han descrito y nombrado alrededor
de 300,000 especies fósiles, y otras todavía están por
descubrirse.
Aunque la mayoría de los fósiles se conservan en roca
sedimentaria, algunos restos más recientes se han conservado
excepcionalmente bien en pantanos, brea, ámbar (resina de árbol
antigua) o hielo (FIGURA 18-8). Por ejemplo, los restos de un
mamut lanudo congelado en la profundidad del hielo siberiano
durante más de 25,000 años estaban tan bien conservados que
parte de su ADN pudo analizarse.
Pocos organismos que mueren se convierten en fósiles. La
formación y conservación de un fósil requiere que un organismo
quede enterrado en condiciones que hagan más lento o eviten el
proceso de degradación. Esto es más probable que ocurra si los
restos de un organismo quedan cubiertos rápidamente por un
sedimento de finas partículas de suelo suspendidas en agua. De
esta forma los restos de los organismos acuáticos pueden quedar
atrapados en pantanos, barro, bancos de arena o deltas. Los
restos de organismos terrestres que vivieron en llanuras aluviales también pudieron cubrirse con
sedimentos acuáticos o, si el organismo vivió en una región árida, por arena transportada por el
viento. Con el tiempo, los sedimentos se endurecen para formar roca sedimentaria y los minerales
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suelen sustituir los restos del organismo de modo que se conservan muchos detalles de su
estructura, incluso de tipo celular.
El registro fósil no es una muestra aleatoria de la vida pasada, pues está sesgado hacia los
organismos acuáticos y aquellos que vivieron en los pocos hábitats terrestres que contribuyeron a la
formación de fósiles.
Por ejemplo, se han encontrado relativamente pocos fósiles de organismos de selva pluvial, porque
sus restos se degradan muy rápido en el suelo de la selva antes de que puedan desarrollarse fósiles.
Otra razón de este sesgo en el registro fósil es que los organismos con partes corporales duras,
como huesos y conchas, tienen más probabilidad de formar fósiles que los que tienen partes
corporales blandas. Además, rocas de diferentes edades están expuestas de manera desigual en la
superficie de la Tierra; algunas rocas de ciertas edades son más accesibles para que los
paleontólogos estudien fósiles que las de otras eras.
Debido a la naturaleza del proceso científico, cada descubrimiento fósil representa una “prueba”
separada de la teoría evolutiva. Si alguna de las pruebas falla, la teoría tiene que modificarse para
ajustar la evidencia existente. El descubrimiento comprobable, por ejemplo, de restos fósiles de
humanos modernos (Homo sapiens) en rocas del Precámbrico, que tienen más de 570 millones de
años de antigüedad, falsificaría la teoría evolutiva como se propone en la actualidad. Sin embargo,
las rocas precámbricas examinadas a la fecha sólo contienen fósiles de organismos simples, como
algas y pequeños animales de cuerpo blando que evolucionaron temprano en la historia de la vida.
Los fósiles más antiguos de H. sapiens con características anatómicamente modernas no
aparecieron en el registro fósil sino hasta hace aproximadamente 195,000 años.
Los fósiles proporcionan un registro de organismos antiguos y cierta comprensión de dónde y
cuándo vivieron. Con los fósiles de organismos de diferentes eras geológicas, los científicos a veces
pueden inferir las líneas de descendencia (relaciones evolutivas) que dieron origen a los organismos
de la época moderna. En muchos casos, los fósiles brindan evidencia directa del origen de nuevas
especies a partir de otras ya existentes, incluidas muchas formas transicionales.
Fósiles transicionales documentan la evolución de las ballenas
Durante el siglo pasado, los biólogos descubrieron evidencia que sugiere que las ballenas y
otros cetáceos (un orden de mamíferos marinos) evolucionaron a partir de mamíferos
terrestres. Durante las décadas de 1980 y 1990, los paleontólogos descubrieron muchos
intermediarios fósiles en la evolución de las ballenas que ayudaron a documentar la transición
de la tierra al agua de las ballenas.
Los fósiles de Ambulocetus natans, una forma transicional con 50 millones de años de
antigüedad descubierta en Pakistán, tiene muchas características de las ballenas modernas,
pero también posee extremidades posteriores y patas (FIGURA 18-9a). (Las ballenas
modernas no tienen extremidades posteriores, aunque persisten huesos vestigiales de pelvis
y extremidades posteriores.). Las vértebras de la espalda baja del Ambulocetus eran muy
flexibles, lo que permitía que la espalda se moviera de manera dorsoventral (arriba y abajo)
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durante el nado y el buceo, como ocurre con las ballenas
modernas. Esta antigua ballena podía nadar pero también
moverse en tierra, acaso como lo hacen los leones marinos de la
actualidad.
El Rodhocetus es un fósil de ballena que se encontró en rocas
más recientes en Pakistán (FIGURA 18-9b). Las vértebras del
Rodhocetus eran incluso más flexibles que las encontradas en el
Ambulocetus. Las vértebras flexibles permitieron al Rodhocetus
un movimiento dorsoventral más poderoso durante el nado. Tal
vez el Rodhocetus pudo ser totalmente acuático.
Hace 40 millones de años la transición de la ballena de tierra al
océano estaba casi completa. Los fósiles egipcios de Basilosaurus
muestran una ballena con un cuerpo aerodinámico y aletas
frontales para cambiar de dirección, como las de las ballenas de la
época actual (FIGURA 18-9c). El Basilosaurus conservó vestigios de sus ancestros terrestres:
un par de extremidades posteriores reducidas que se desarticularon de la espina dorsal y que
probablemente no se usaron en la locomoción. La reducción en las extremidades posteriores
continuó hasta el presente. La moderna ballena azul tiene pelvis y fémures vestigiales
incrustados en su cuerpo (FIGURA 18-9d).
Varios métodos determinan la edad de los fósiles
Puesto que las capas de roca sedimentaria se presentan de manera natural en la secuencia de
su deposición, con las capas más recientes arriba de las más antiguas, la mayoría de los fósiles
se datan por su posición relativa en la roca sedimentaria. Sin embargo, los eventos geológicos
que ocurrieron después de que las rocas se formaron inicialmente en ocasiones cambiaron las
relaciones de algunas capas de rocas. Los geólogos identifican rocas sedimentarias específicas
no sólo por sus posiciones en las capas, sino también por características como contenido mineral
y por los restos fosilizados de ciertos organismos, conocidos como fósiles índice, que
caracterizan una capa específica a lo largo de grandes áreas geográficas. Los fósiles índice
corresponden a organismos que existieron durante un tiempo geológico relativamente corto pero
que se conservaron como fósiles en grandes cantidades. Con esta información, los geólogos
pueden ordenar las capas de roca y los fósiles que contienen en orden cronológico e identificar
capas similares en ubicaciones muy separadas.
Los isótopos radiactivos, también llamados radioisótopos, presentes en una roca brindan un
medio para medir con precisión su edad. Los radioisótopos emiten radiaciones invisibles.
Conforme la radiación se emite, el núcleo de un radioisótopo se convierte en el núcleo de un
elemento diferente; este proceso se conoce como decaimiento radiactivo. El núcleo radiactivo del
uranio 235, por ejemplo, decae a plomo 207.
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Cada radioisótopo tiene su propia tasa de decaimiento
característica. El tiempo requerido para que la mitad de
los átomos de un radioisótopo se transformen en átomos
diferentes se conoce como su vida media (FIGURA 18-
10). Los radioisótopos difieren de manera significativa en
sus vidas medias. Por ejemplo, la vida media del yodo
132 sólo es de 2.4 horas, mientras que la vida media del
uranio 235 es de 704 millones de años. La vida media de
un radioisótopo particular es constante y no varía con la
temperatura, la presión o algún otro factor ambiental.
La edad de un fósil en roca sedimentaria por lo general se
estima mediante mediciones de las proporciones relativas del radioisótopo original y su producto
de decaimiento en intrusiones de roca volcánica que penetran los sedimentos. Por ejemplo, la
vida media del potasio 40 es 1300 millones de años, lo que significa que en 1300 millones de
años la mitad del potasio radiactivo habrá decaído en su producto de decaimiento, argón 40. El
reloj radiactivo comienza a correr cuando el magma se solidifica en roca volcánica. La roca
inicialmente contiene algo de potasio mas no argón. Puesto que el argón es un gas, escapa de la
roca caliente tan pronto como se forma, pero cuando el potasio decae en roca que ya está fría y
solidificada, el argón se acumula en la estructura cristalina de la roca. Si la razón de potasio 40 a
argón 40 en la roca puesta a prueba es de 1:1, la roca tiene 1300 millones de años de
antigüedad.
Para datar fósiles comúnmente se usan varios radioisótopos. Tres de ellos son potasio 40 (vida
media: 1300 millones de años), uranio 235 (vida media: 704 millones de años) y carbono 14 (vida
media: 5730 años). Los radioisótopos distintos al carbono 14 se usan para datar la roca en la que
se encuentran los fósiles, mientras que el carbono 14 se usa para datar los restos de carbono de
algo que alguna vez estuvo vivo, como madera, huesos y conchas. Siempre que es posible, la
edad de un fósil se verifica de manera independiente con el uso de dos o más radioisótopos
distintos.
El carbono 14, que se produce continuamente en la atmósfera a partir de nitrógeno 14 (mediante
radiación cósmica), decae después a nitrógeno 14. Dado que la formación y el decaimiento del
carbono 14 ocurre a tasas constantes, la razón de carbono 14 a carbono 12 (un isótopo del
carbono más abundante y estable) es constante en la atmósfera. Los organismos absorben
carbono de la atmósfera en forma directa (por fotosíntesis) o indirecta (al consumir organismos
fotosintéticos). Puesto que cada organismo absorbe carbono de la atmósfera, su razón de
carbono 14 a carbono 12 es la misma que hay en la atmósfera. No obstante, cuando un
organismo muere, ya no absorbe carbono y la proporción de carbono 14 en sus restos declina
conforme el carbono 14 decae a nitrógeno 14. Dada su vida media relativamente corta, el
carbono 14 es útil para datar fósiles que tienen 50,000 años de antigüedad o menos. Es
particularmente útil para datar sitios arqueológicos.
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Embriogénesis
En las plantas de flor como la Arabidopsis, la embriogénesis tiene lugar dentro del folículo ovárico a
medida que la semilla va madurando. En esencia, la embriogénesis produce un precursor pequeño y
simplificado de una planta madura. El proceso es equivalente a las fases de segmentación,
gastrulación y organogénesis del desarrollo temprano.
Primero, echemos un vistazo a la secuencia de eventos, que se ha conseguido descifrar gracias a
una observación detenida de los embriones de distintas edades. A partir de ahí, se pueden realizar
más investigaciones sobre la genética de la embriogénesis, enfocadas al descubrimiento y la
caracterización de los genes que hacen que funcione este elaborado proceso.
¿Qué ocurre durante la embriogénesis?
La Figura 23.5 ilustra los acontecimientos clave de la embriogénesis, utilizando a Arabidopsis
como organismo modelo.
Después de la fecundación, el cigoto pasa por una división celular muy asimétrica. Las células
resultantes de esta división inicial son
diferentes en tamaño, contenido y
destino. La célula inferior, o célula
basal, es grande y está dominada por
una amplia vacuola. Da lugar a una
columna de células llamada
suspensor, que ancla al embrión a
medida que se desarrolla. La
pequeña célula que está por encima de la célula basal, llamada célula apical, es rica en
citoplasma y da lugar al embrión maduro.
Las asimetrías en las células basal y apical ayudan a establecer uno de los ejes primarios del
organismo de la planta: el eje apical-basal. Del latín apex = ápice, hace referencia a la punta;
basal, a la base.
Como muestra la Figura 23.5, la célula basal se divide perpendicularmente al eje apical-basal,
dando lugar al suspensor. Solo una célula del suspensor, la más cercana a la célula apical,
aporta células al embrión y, por tanto, al adulto maduro.
Por el contrario, la célula apical se divide tanto perpendicularmente al eje apical-basal como
en paralelo a él. Estas divisiones dan lugar a una simple bola de células en la punta del
suspensor. En este momento, se dice que el embrión está en la fase globular y ello incluye
células de apariencia característica que cubren el exterior. Así, ahora hay una diferenciaentre
las células del interior del embrión y las de la superficie. De este modo, el segundo eje más
importante del organismo se vuelve visible durante la fase globular. El eje radial se extiende
desde el interior del organismo hacia el exterior.
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Estos acontecimientos iniciales de la embriogénesis ilustran dos puntos generales de suma
importancia acerca del desarrollo de las plantas:
1) La forma del cuerpo depende de cómo están orientados los planos de división celular y
de la dirección de la subsiguiente expansión celular
2) El destino de una célula vegetal se puede resumir con el concepto de “situación”.
Comenzando con la división inicial que crea las células apical y basal, las células
vegetales se diferencian dependiendo de dónde están situadas en el organismo.
A medida que la bola de células continúa creciendo y desarrollándose, las hojas iniciales, o
cotiledones, empiezan a tomar forma. Los cotiledones están conectados a la raíz en desarrollo
por una estructura en forma de tallo llamada hipocótilo (Figura 23.6). Juntos, los cotiledones y
el hipocótilo componen el brote, que se convertirá en la parte del organismo que sobresale
fuera del suelo. El sistema de brotes funciona en la fotosíntesis y la reproducción. Por el
contrario, la raíz forma la parte del organismo enterrada bajo tierra. El sistema de raíces ancla
al individuo y funciona como estructura recolectora de agua y de nutrientes.
Una vez que los ejes apical-basal y radial se han establecido y los cotiledones, el hipocótilo y
la raíz empiezan a tomar forma, apareen unos grupos de células llamados meristema apical
del brote (SAM) y meristema apical de la raíz (RAM) (Figura 23.5). Un meristema consiste en
células no diferenciadas que se dividen repetidamente, convirtiéndose algunas de sus células
hijas en células especializadas. Las células meristemáticas son análogas a las células madre
de los animales, salvo en que los meristemas de las plantas son mucho más flexibles. El
meristema de la raíz puede formar todas las partes subterráneas de la planta y el meristema
del brote puede formar todas las partes aéreas, incluyendo las estructuras reproductoras. A lo
largo de la vida de una planta, los tejidos meristemáticos siguen produciendo células
embrionarias que se pueden diferenciar en tejidos y estructuras adultos.
Observa que todo este crecimiento y desarrollo tiene lugar sin la ayuda de la migración celular
que se vio en la gastrulación de los animales. Como las células vegetales tienen paredes
rígidas, no se mueven. Así pues, para que los cotiledones y
otras estructuras embrionarias tomen forma, las divisiones
celulares deben ocurrir en orientaciones precisas y las células
resultantes deben mostrar un crecimiento diferencial, lo que
significa que algunas células crecen más que otras.
Además de establecer los dos ejes del organismo, el
desarrollo temprano en la Arabidopsis produce tres tejidos
brionarios. Como muestra la Figura 23.6, el embrión contiene
una epidermis, una cubierta externa de células especializadas
que protege al individuo. Dentro de la capa de células de la
epidermis está el tejido fundamental, una masa de células
que puede diferenciarse más tarde en células especializadas
para la fotosíntesis, el almacenamiento de alimentos u otras
funciones. El tejido vascular, en el centro de la planta, se diferenciará finalmente en células
especializadas que transportan alimentos y agua entre las raíces y los brotes.
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En el embrión, los tres sistemas de tejidos están
dispuestos siguiendo un patrón radial. Estos tejidos
embrionarios componen el eje radial y son análogos al
ectodermo, el mesodermo y el endodermo de los
animales en desarrollo.
¿Qué genes y proteínas establecen los
ejes del organismo?
El enfoque genético del desarrollo que comenzó con las investigaciones acerca de Drosophila
melanogaster también ha probado ser una forma poderosa de estudiar la embriogénesis de
las plantas. Aunque los genes específicos implicados son diferentes en plantas y animales, la
lógica básica de cómo dirigen los genes los primeros pasos del desarrollo es similar en
ambos.
Gerd Jürgens y sus colaboradores fueron pioneros en la investigación acerca de la genética
del desarrollo temprano en las plantas. La intención de este grupo de investigación era
identificar genes transcritos en el cigoto o el embrión de Arabidopsis responsables del
establecimiento del eje apicalbasal del cuerpo de la planta. No es sorprendente que este
esfuerzo sea parecido al necesario para la formación del patrón anteroposterior en el caso de
Drosophila. Jürgens había participado en el trabajo con las moscas.
El objetivo inicial de los biólogos fue identificar individuos con defectos de desarrollo en la fase
de semilla. En concreto, estaban buscando mutantes a los que les faltaran regiones
específicas a lo largo del eje apical-basal. El equipo tuvo éxito en encontrar algunos mutantes
de aspecto extraño (Figura 23.7). A los individuos llamados mutantes apicales les faltaban las
primeras hojas, denominadas cotiledones. A algunos individuos les faltaba el tallo embrionario,
o hipocótilo, y recibieron el nombre de mutantes centrales. A los individuos llamados mutantes
basales les faltaban tanto los hipocótilos como las raíces.
Para interpretar estos resultados, los investigadores sugirieron que cada tipo de mutante
Arabidopsis tenía un defecto en un gen diferente y que cada gen desempeñaba un papel a la
hora de especificar la posición de las células a lo largo del eje apical-basal. Formularon la
hipótesis de que estos geneseran análogos a los genes de segmentación de las moscas de la
fruta, que especifican la identidad de las células en regiones bien definidas a lo largo del eje
anteroposterior de los insectos.
¿Qué son estos genes Arabidopsis y qué es lo que hacen? Para contestar a estas
preguntas, considera el gen responsable de que a los mutantes les falten los hipocótilos y las
raíces.
Este gen ha sido clonado y secuenciado y se le ha puesto el nombre de MONOPTEROS.
Dado que su secuencia de DNA indica que su producto proteico tiene un dominio de unión al
DNA, se cree que MONOPTEROS codifica un factor de transcripción que regula la actividad
de los genes objetivo. La proteína MONOPTEROS, a su vez, se fabrica como respuesta a las
señales de auxina. La auxina es una molécula de señales intercelulares producida en el
meristema apical del brote y transportada hacia las partes basales del individuo. La
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concentración de auxina a lo largo del eje apical-basal
de una planta forma un gradiente de concentración que
proporciona información sobre posición, no muy
diferente del gradiente de concentración Bicoid que se
descubrió en embriones de la mosca de la fruta.
El mensaje que debes recordar de todos estos
resultados es que la señal de la auxina es parte de una
cascada de regulación que desencadena la producción
de MONOPTEROS y otros factores de transcripción reguladores específicos de células en el
hipocótilo y las raíces en desarrollo. Aunque los genes y las proteínas implicados en la
formación de los cotiledones, el hipocótilo y las raíces de Arabidopsis aún no hayan sido
comprendidos con tanto detalle como los genes de segmentación de Drosophila, algunas
similitudes importantes han quedado claras. Ambas vías de desarrollo están basadas en
señales intercelulares y cascadas de regulación que dan como resultado la especificación
gradual de la posición de una célula y de su destino.
ANATOMÍCAS
La comparación de los detalles estructurales de características que se encuentran en organismos
diferentes pero relacionados revela una semejanza básica. Los detalles de esas características
revelan que se derivan de un ancestro común y se denominan características homólogas; la
condición se conoce como homología. Por ejemplo, considere los huesos de las extremidades de los
mamíferos.
Un brazo humano, la pata delantera de un gato, la aleta frontal de una ballena y el ala de un
murciélago, aunque muy diferentes en apariencia, tienen arreglos de huesos, músculos y nervios
sorprendentemente similares. La FIGURA 18-13 muestra una comparación de sus estructuras
esqueléticas. Cada una tiene un solo hueso (el húmero) en la parte de la extremidad más cercana al
tronco del cuerpo, seguido por los dos huesos (radio y cúbito) del antebrazo, un grupo de huesos
(carpo) en la muñeca y un número variable de dedos (metacarpo y falanges). Esta similitud es
particularmente sorprendente porque brazos, patas delanteras, aletas y alas se usan para diferentes
tipos de locomoción, y no hay una razón mecánica decisiva para que sean estructuralmente
similares. Los arreglos semejantes de las partes de las extremidades anteriores son evidentes en
aves, reptiles y anfibios ancestrales, e incluso en los primeros peces que salieron del agua hacia la
tierra hace cientos de millones de años.
Las hojas brindan un ejemplo de homología en las plantas. En muchas especies de plantas, las
hojas se han modificado para funciones distintas a la fotosíntesis. Una
espina de cactus y un zarcillo de guisante, aunque muy diferentes en
apariencia, son homólogos porque ambos son hojas modificadas
(FIGURA 18-14). La espina protege el suculento tejido del tallo del
cactus, mientras que el zarcillo, que se enreda en un objeto pequeño
una vez que tiene contacto con él, ayuda a sostener el tallo en
ascenso de la planta de guisante. Tales modificaciones en órganos
usados en diferentes formas son el resultado esperado de un origen
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evolutivo común. La estructura básica presente en un ancestro común se modificó en diferentes
formas para distintas funciones conforme varios descendientes evolucionaron más tarde.
No obstante, no todas las especies con características “similares” descienden de un ancestro común
reciente. En ocasiones, condiciones ambientales análogas resultan en la evolución de adaptaciones
similares. Dicha evolución independiente de estructuras similares en organismos con relación
distante se conoce como evolución convergente. Los cerdos hormigueros, osos hormigueros y
pangolines son un excelente ejemplo de evolución convergente. Se parecen unos a otros en estilo de
vida y ciertas características estructurales. Todos tienen garras fuertes y agudas para excavar en
hormigueros y termiteros, y morros alargados con largas lenguas pegajosas para capturar dichos
insectos. Sin embargo, cerdos hormigueros, osos hormigueros y pangolines evolucionaron a partir de
tres órdenes de mamíferos con relación muy distante.
Las características estructuralmente similares que no son homólogas pero tienen funciones
semejantes que evolucionaron de manera independiente en organismos con parentesco distante se
dice que son características homoplásticas. Dichas similitudes en diferentes especies que son
adquiridas de manera independiente mediante evolución convergente y no por descendencia común
se llaman homoplasia.
Las comparaciones moleculares entre organismos proporcionan evidencia de la
evolución
Fósiles, biogeografía y anatomía comparada proporcionaron a Darwin importantes pistas acerca
de la historia evolutiva de la vida. En la actualidad, las semejanzas y diferencias en la bioquímica
y biología molecular de varios organismos proporciona convincente evidencia adicional de las
relaciones evolutivas. La evidencia molecular de la evolución incluye el código genético universal
y las secuencias conservadas de aminoácidos en las proteínas y de nucleótidos en el ADN.
El código genético virtualmente es universal
Los organismos deben sus características a los tipos de proteínas que poseen, que a su vez
están determinadas por la secuencia de nucleótidos en su ácido ribonucleico mensajero (ARNm),
como lo especifica el orden de nucleótidos en su ADN. La evidencia de que toda la vida está
relacionada proviene del hecho de que todos los organismos usan un código genético que
virtualmente es idéntico. (Existen algunas variaciones menores en el código genético. Por
ejemplo, algunas mitocondrias tienen varias desviaciones del código estándar).
BIOQUÍMICAS
Vivos en los diferentes niveles taxonómicos. Esta clasificación toma en cuenta muchas
características fundamentales como: características anatómicas, funcionales, bioquímicas,
inmunológicas y genéticas (hibridación del ADN o ARNR de los organismos), sus relaciones con
otros organismos que tienen características en común y diferencias importantes, así como la
evolución y la filogenia de cada especie. Los caracteres que colocan a una especie en un sitio y
no en otro van cambiando a medida que se descubren nuevas características y se requiere una
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nueva interpretación que permita su correcta clasificación. La correcta identificación de las
características de los organismos garantiza que la especie recién encontrada esté en una
correcta posición taxonómica.
Categorías taxonómicas Los diferentes niveles de la jerarquía taxonómica se llaman categorías
taxonómicas, cada una de las cuales tiene grupos de organismos que se llaman unidades
taxonómicas o taxa. El taxón es una unidad taxonómica de cualquier categoría; taxón es plural de
taxa. Las categorías taxonómicas son las siguientes:
o Dominio Conjunto de reinos.
o Reino Conjunto de fila o divisiones.
o Filum o Phylum Conjunto o agrupamiento de clases.
o El phylum se utiliza para todas las clases de organismos que no pertenecen a las
plantas.
o División Conjunto o agrupación de clases. Esta categoría taxonómica sólo se usa para
las plantas.
o Clase Conjunto o agrupación de órdenes.
o Orden Conjunto o agrupación de familias.
o Familia Conjunto o agrupación de géneros
BIGEOGRAFICAS
El estudio de la distribución geográfica pasada y presente de los organismos se llama
biogeografía. La distribución geográfica de los organismos afecta su evolución. Darwin estuvo
interesado en la biogeografía y consideró por qué las especies que se encuentran en las islas
oceánicas tienden a parecerse a las especies del continente más cercano, incluso si el ambiente
es diferente. También observó que las especies en las islas oceánicas no tienden a parecerse a
las especies en islas con ambientes similares en otras partes del mundo.
Darwin estudió las plantas y los animales de dos conjuntos de islas áridas: las islas de Cabo
Verde, a casi 640 km de África occidental, y las islas Galápagos, aproximadamente a 960 km al
oeste de Ecuador, en América del Sur. En cada grupo de islas, las plantas y animales terrestres
eran indígenas (nativos), pero los de las islas Cabo Verde se parecían a las especies africanas y
los de las islas Galápagos se parecían a las especies sudamericanas. Las semejanzas de las
especies de las Galápagos con las especies sudamericanas eran particularmente sorprendentes
si se considera que las islas Galápagos son secas y rocosas, y que la parte más cercana de
América del Sur es húmeda y tiene una exuberante selva pluvial. Darwin concluyó que las
especies del continente vecino emigraron o fueron transportadas a las islas, donde más tarde se
adaptaron al nuevo ambiente y, en el proceso, evolucionaron en nuevas especies.
Si la evolución no fuera un factor en la distribución de las especies, uno esperaría encontrar una
especie que pudiera sobrevivir en todas partes. Sin embargo, la distribución geográfica real de los
organismos tiene sentido en el contexto de la evolución. Por ejemplo, Australia, que ha sido una
masa de tierra separada durante millones de años, tiene organismos característicos. Australia
tiene poblaciones de mamíferos ovíparos (monotremas) y mamíferos con bolsas (marsupiales)
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que no se encuentran en ninguna otra parte. Hace 200 millones de años, Australia y los otros
continentes estaban unidos en una gran masa de tierra. Durante el curso de millones de años, el
continente australiano gradualmente se separó de los demás. Los monotremas y marsupiales en
Australia siguieron proliferando y diversificándose. El aislamiento de Australia también evitó que
los mamíferos placentarios, que surgieron en todas partes tiempo después, compitieran con sus
monotremas y marsupiales. En otras áreas del mundo donde los mamíferos placentarios
evolucionaron, la mayoría de los monotremas y marsupiales se extinguieron.
DERIVA CONTINENTAL
Alfred Wegener, científico alemán, propuso en su obra El origen de los continentes y los
océanos, publicada en 1915, que en el pasado los continentes estaban unidos y que se
habían disgregado a causa de la deriva continental.
En el periodo Pérmico había un
megacontinente que comprendía
Europa, Asia, India, África, Madagascar,
Australia, Norteamérica, Centroamérica
y Sudamérica. Como ya se mencionó,
este continente recibe el nombre de
Pangea y estuvo rodeado por todos los
océanos, que entonces también
formaban uno solo, llamado Pantalasa, y
una entrada denominada mar de Tetis
(figura 7.13a).
Al finalizar el Triásico, hace alrededor de 245 millones de años, Pangea comenzó a separarse
en lo que hoy es Norteamérica y África, continentes que quedaron divididos por el mar de
Tetis, con lo que se originaron dos grandes placas: Laurasia y Gondwana (figura 7.13b).
Laurasia estaba formada por lo que hoy es Norteamérica y Eurasia, sin India. Por su parte,
Gondwana estaba constituida por los actuales territorios de Sudamérica, África, India,
Australia, la Antártida y Nueva Zelanda.
Después, en el periodo Jurásico, comenzó la fragmentación de Gondwana, la cual dio lugar a
India y separó la Antártida de Sudamérica, con lo que se originó el océano Atlántico en el
hemisferio sur. La Antártida se separó luego de Australia y los continentes quedaron como los
conocemos en la actualidad (figura 7.13c).
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REFERENCIAS
Solomon P. et all, (2013). Biología novena edición, México, D.F., Cengage Learning, 397-404,
Freeman S. (2010). Fundamentos de la biología tercera edición, Madrid, España, Person
Educación 470-472,
Erice E. et all. (2008). Biología. La ciencia de la vida. Zed. México. Educación. Pp: 266-
267,241-242,