Derechos Fundamentales en la UE: Historia y Protección
Derechos Fundamentales en la UE: Historia y Protección
Y LA CIUDADANIA DE LA UNION.
1. La historia de los derechos fundamentales en la Unión
Europea
Los Tratados constitutivos de 1951 y 1957 no contenían ninguna referencia a los derechos fundamentales. Los Seis Estados
fundadores consideraron que no era necesario proteger los derechos fundamentales para conseguir el objetivo económico de
las CCEE: la creación de un mercado único y una unión aduanera.
El problema era que, cuando empiezan a entablarse relaciones entre EEMM (sobre todo comerciales), se producen conflictos
que afectan a los derechos fundamentales. Era posible que se produjeran violaciones de derechos fundamentales por aplicación
de normas comunitarias o de normas nacionales aplicativas del DUE, pero en el DUE no existía ninguna declaración de derechos
fundamentales, y en las constitucionales nacionales sí.
Por ello, en las primeras décadas del proceso de integración europea el TJUE desarrolló de forma pretoriana ( jurisprudencial)
una doctrina de tutela de los derechos fundamentales en la aplicación del DUE a través de su consideración como principios
generales del Derecho.
En la sentencia Stauder (C-29/69, 1969), el TJCE consideró los derechos fundamentales como principios generales del Derecho
comunitario y, como tales, objeto de su protección.
Posteriormente, en la sentencia Internationale Handelsgesellschaft mbH (C-11/70, 1970), añadiría que la salvaguardia de los
derechos fundamentales en las CCEE se inspira en las “tradiciones constituconales comunes a los Estados miembros”.
Asimismo, en la sentencia Nold (C-4/73, 1974), el TJCE afirmó que, para la determinación de los derechos fundamentales que
forman parte integrante de los principios generales del Derecho, deben tenerse en cuenta, junto a las tradiciones
constitucionales comunes, los tratados internacionales sobre derechos humanos en los que son parte los EEMM. En la sentencia
Rutili (C-36/75) se hará referencia, especialmente, al CEDH.
Esta protección jurisprudencial se refleja, en el DUE en vigor, en el reconocimiento de los derechos fundamentales del CEDH y
de las tradiciones constitucionales comunes como principios generales del DUE (art. 6.3 TUE).
De manera paralela a la construcción jurisprudencial de una doctrina comunitaria sobre derechos fundamentales, se produjo la
conocida como “rebelión de los tribunales constitucionales”.
Ante la configuración de un Derecho comunitario como un ordenamiento jurídico autónomo (C-26/62, Van Gend en Loos,
1963), dotado de los principios de primacía (C-6/64, Costa/ENEL, 1964) y efecto directo (Van Gend en Loos), algunos tribunales
constitucionales europeos amenazaron con no aceptar la primacía del Derecho comunitario si con ello se vulneraban sus
disposiciones constitucionales sobre derechos fundamentales.
Los tribunales constitucionales consideraban que, dado que la Comunidad Europea no disponía de competencia en materia de
derechos fundamentales ni contemplaba normas ni estándares de protección relativos a los mismos, pese a que, por el número
y la trascendencia de las competencias atribuidas, era concebible su posible vulneración, la última palabra en materia de
derechos les debía corresponder a ellos.
En 1973, la Corte Costituzionale italiana estableció en la sentencia Frontini la conocida como “teoría de los contralímites”: el
Derecho europeo se fundamenta en las competencias soberanas que los EEMM ceden a la CE desde sus constituciones
nacionales, por lo que éstas, en última instancia, constituyen el parámetro de la eficacia del Derecho europeo en el ámbito
nacional, sobre todo en caso de vulneración de los derechos fundamentales garantizados en la constitución.
En 1974, en el caso Solange I (1974), el Tribunal Constitucional Federal alemán afirmó que, en tanto (solange, en alemán) los
derechos fundamentales no estuvieran garantizados en la CE, él mismo habría de efectuar un control de constitucionalidad
sobre las normas procedentes de las instituciones europeas y, si llegara a constatar una contradicción entre una norma
comunitaria y los derechos fundamentales garantizados en la constitución, prevalecería la garantía de los derechos
fundamentales de la Ley Fundamental.
En el caso Solange II (1986), el Tribunal Constitucional Federal alemán afirmaría que, teniendo en cuenta la positiva evolución
de la jurisprudencia comunitaria, podía afirmarse que la protección de los derechos fundamentales en el Derecho Comunitario
era equivalente a la del Derecho interno, por lo que, si se mantenía ese nivel, no cabría cuestionar el principio de primacía del
Derecho comunitario.
Los derechos fundamentales se incorporaron el Derecho originario en el Acta Única Europea (aunque sólo en el preámbulo) y,
sobre todo, en el Tratado de Maastricht.
En el año 2000 se proclamó en Niza la CDFUE, que, con su versión adaptada de 2007, adquiere tras el Tratado de Lisboa el
mismo valor jurídico que los Tratados (art. 6.1 TUE).
1. La CDFUE se consagra como la declaración de derechos de la Unión, con el mismo valor jurídico que los Tratados
(art. 6.1 TUE).
2. Se prevé la adhesión de la UE al CEDH, auténtico garante de los derechos fundamentales en el espacio europeo (art.
6.2 TUE)
3. Los derechos fundamentales que garantiza el CEDH y los que son fruto de las tradiciones constitucionales comunes
a los EEMM forman parte del Derecho de la Unión como principios generales (art. 6.3 TUE).
Un ejemplo lo encontramos en el asunto Kadi (C-402/05 P y C-415/05 P, 2008). El TJUE declaró nulo el Reglamento por el que
se imponen medidas restrictivas específicas (entre otras, la congelación de sus fondos en los EEMM de la UE) dirigidas contra
determinadas personas y asociadas con Usamah bin Laden, la red Al-Qaida y los talibanes por haberse adoptado sin respetar
los derechos fundamentales que forman parte de los principios generales del DUE; en concreto, los derechos a la propiedad, a
ser oído y a un control jurisdiccional efectivo.
Estos derechos emanan de: o Las tradiciones constitucionales y las obligaciones internacionales comunes a los EEMM
El CEDH
Ámbito de aplicación: La Carta está dirigida a las instituciones, órganos y organismos de la UE (dentro del respeto del principio
de subsidiariedad) y a los EEMM únicamente cuando apliquen el Derecho de la UE (art. 51.1 CDFUE).
Estos destinatarios respetarán los derechos, observarán los principios y promoverán la aplicación de la Carta, con arreglo a sus
respectivas competencias y dentro de los límites de las competencias que los Tratados atribuyen a la UE (art. 51.1 CDFUE).
De acuerdo con el art. 51.1 CDFUE, quedan fuera del ámbito de aplicación de la Carta las posibles vulneraciones de derechos
que se produzcan en el espacio geográfico de la UE por parte de actuaciones en las que no esté implicado el Derecho de la
Unión.
Esto es, sólo podrá denunciarse ante el TJUE una violación de un derecho fundamental de la Carta cuando tenga una conexión
directa con el Derecho de la Unión.
Por ejemplo, si un Estado miembro adopta la decisión de limitar los derechos de participación política, su ciudadanía puede
acudir al TEDH pero no al TJUE, pese a que se trata de una decisión que afecta a toda la Unión y aunque el Tribunal de
Estrasburgo carece de los mecanismos de ejecución de sentencias que sí dispone el Tribunal de Luxemburgo.
En definitiva, este ámbito de aplicación nos permite concluir que la función de la CDFUE no es garantizar que no se produzca
ninguna vulneración de derechos en el ámbito geográfico de la UE, sino que dicha vulneración no se produzca en la creación
(por sus instituciones) y aplicación (por sus instituciones y por los Estados miembros) del DUE.
2. La no ampliación de competencias
Las disposiciones de la Carta no amplían ni modifican en modo alguno las competencias y misiones de la Unión tal como se
definen en los Tratados (arts. 6.1 TUE y 51.2 CDFUE). Es decir, no atribuye a la Unión una competencia sobre derechos
fundamentales.
La Carta tiene el mismo valor jurídico que los Tratados (art. 6.1 TUE), por lo que forma parte del Derecho originario de la UE.
Ahora bien, la UE no dispone de una competencia sustantiva o normativa autónoma en materia de derechos fundamentales,
por lo que su margen de actuación en este ámbito es reducido, debido al principio de atribución de competencias (art. 5.2 TUE).
¿Cómo se entiende la aparente contradicción que deriva de la ausencia de una competencia europea sobre derechos
fundamentales y la incorporación de la CDFUE en el Derecho originario?
Vinculación negativa: Por un lado, los derechos fundamentales limitan la acción de los poderes públicos, de modo que
se prohíbe toda actuación que lesione o atente a los derechos.
Vinculación positiva: Por otro lado, los derechos fundamentales obligan a los poderes públicos a protegerlos y
promocionarlos (en España, art. 9.2 CE), lo que conlleva fundamentalmente la obligación del legislador de dictar
normativa de desarrollo de los derechos.
La atribución de eficacia jurídica a la CDFUE (art. 6.1 TUE) otorga a los derechos contemplados en ella vinculación negativa, pero
el hecho de que la UE no haya asumido una competencia en materia de derechos fundamentales les priva de vinculación
positiva.
De este modo, la CDFUE obliga a (debe ser respetada por) las instituciones europeas y los EEMM cuando apliquen el DUE, por
lo que la vulneración de un derecho fundamental de la Carta debe ser considerada una violación de los Tratados, y como tal
debe ser reparada.
No obstante, las autoridades de la UE no pueden llevar a cabo una actividad normativa de tutela de los derechos: no pueden
dictar normativa de desarrollo de los mismos ni desarrollar iniciativas armonizadoras.
Ello no significa que no pueda existir normativa europea que tutele algún derecho fundamental, pero sí que dicho derecho de
la CDFUE no constituya una base jurídica suficiente para habilitar el dictado de esa normativa.
La ausencia de vinculación positiva de los derechos fundamentales de la Carta explica que, a diferencia de lo que sucede en las
constituciones nacionales, se establezca el mismo reconocimiento formal para los derechos civiles, políticos y sociales.
Dado que los derechos sociales exigen la implicación activa de los poderes públicos, los ordenamientos constitucionales suelen
configurarlos más como principios de actuación que como derechos subjetivos, lo que no resulta necesario en la CDFUE, pues
las instituciones de la Unión no pueden desarrollar normativamente los derechos sociales, pero tampoco los derechos civiles y
políticos. Esto no obsta a que las remisiones a las legislaciones y prácticas nacionales sea más acusada en los derechos sociales
que en el resto de los reconocidos en la CDFUE.
Esto implica que, en la práctica, todos los derechos de la CDFUE asuman el régimen jurídico que el art. 52.5 CDFUE atribuye a
los principios.
Según este artículo, las disposiciones de la Carta que contengan principios podrán aplicarse mediante actos legislativos y
ejecutivos adoptados por las instituciones, órganos y organismos de la UE y por actos de los EEMM cuando apliquen el DUE,
en el ejercicio de sus respectivas competencias. Sólo podrán alegarse ante un órgano jurisdiccional en lo que se refiere a la
interpretación y control de la legalidad de dichos actos.
- Cualquier limitación del ejercicio de los derechos y libertades de la Carta deberá ser establecida por ley y respetar el
contenido esencial.
- Dentro del respeto del principio de proporcionalidad, sólo podrán introducirse limitaciones cuando sean necesarias y
respondan efectivamente a objetivos de interés general reconocidos por la UE o a la necesidad de protección de los
derechos y libertades de los demás.
De acuerdo con el art. 52.1 CDFUE, en caso de colisión entre derechos fundamentales y otro tipo de intereses, las autoridades
de la Unión no deben necesariamente primar a aquéllos, lo que contradice la propia esencia de todo sistema constitucional de
derechos, cuyo objetivo es garantizar su máxima protección con independencia de la naturaleza de los intereses implicados.
De este modo, siempre que se cumplan los principios de proporcionalidad, necesidad y eficacia, un objetivo de interés general
de la Unión (por ejemplo, el espacio de libertad, seguridad y justicia o el mercado interior) podrá superponerse y justificar una
limitación a un derecho fundamental de la ciudadanía europea.
El Protocolo nº 30 (aplicable en un primer momento a Polonia y también al Reino Unido), los derechos del título IV de la CDFUE
(“Solidaridad”) contiene dos previsiones sobre la aplicación de la CDFUE a Polonia que, en realidad, no modifican su régimen
jurídico:
1. La CDFUE no amplía la competencia del TJUE ni de ningún otro órgano jurisdiccional de Polonia para apreciar que las
disposiciones legales o reglamentarias o las disposiciones, prácticas o acciones administrativas de Polonia sean
incompatibles con los derechos, libertades y principios fundamentales que reafirma (art. 1). * Este artículo no añade ni
modifica el régimen jurídico de la CDFUE: Simplemente se insiste (por razones de oportunidad política) en el ámbito
de aplicación de la CDFUE, que excluye a los EEMM cuando no apliquen el DUE (art. 51.1 CDFUE) y en que no se
amplían las competencias de la UE (arts. 6.1 TUE y 51.2 CDFUE)
2. En particular, “y a fin de no dejar lugar a dudas”, nada de lo dispuesto en el título IV de la CDFUE crea derechos que
se puedan defender ante los órganos jurisdiccionales de Polonia, salvo en la medida en que este país haya
contemplado dichos derechos en su legislación nacional (art. 2). * De nuevo, este artículo se limita a recordar la cláusula
de interpretación del art. 52.4 CDFUE, según la cual los derechos de la Carta que también se encuentren de los
ordenamientos constitucionales nacionales se interpretarán en armonía con ellos. ** Sin embargo, en la Declaración
nº 62 Polonia declara que “respeta plenamente” los derechos del título IV de la CDFUE.
Además, Polonia emitió la Declaración nº 61 (sin eficacia jurídica directa) según la cual “[l]a Carta no afecta en modo alguno al
derecho de los Estados miembros a legislar en el ámbito de la moral pública, del Derecho de familia, así como de la protección
de la dignidad humana y del respeto de la integridad humana física y moral”.
La República Checa emitió la Declaración nº 53 para recalcar el ámbito de aplicación de la CDFUE, sus cláusulas de interpretación
y el hecho de que no amplía las competencias de la UE.
1. Los derechos de la Carta que consten además en alguna otra disposición de los Tratados se ejercerán en las
condiciones y dentro de los límites que esta disposición determina (art. 52.2 CDFUE). Por ejemplo, el derecho de
petición (arts. 44 CDFUE y 227 TFUE).
2. Los derechos de la Carta que también estén garantizados en el CEDH tendrán el mismo sentido y alcance que les
confiera el CEDH, sin perjuicio de que el DUE pueda conceder una protección más extensa (art. 52.3 TUE). Por ejemplo,
la prohibición de tortura y de penas inhumanas o degradantes (arts. 4 CDFUE y 3 CEDH): de este modo, el DUE
entiende este derecho como lo hace el CEDH, es decir, como un derecho absoluto en el que no cabe la derogación ni
siquiera en el estado de excepción (art. 15.2 CEDH).
3. Los derechos de la Carta que procedan de las tradiciones constitucionales comunes a los EEMM se interpretarán en
armonía con dichas tradiciones (art. 52.4 CDFUE). Por ejemplo, el principio de igualdad ante la ley (art. 20 CDFUE).
4. En la interpretación se tendrán plenamente en cuenta las legislaciones y prácticas nacionales (art. 52.6 CDFUE).
5. En su interpretación, se deben tener en cuenta las Explicaciones de la Carta por los órganos jurisdiccionales de la UE
y de los EEMM (arts. [Link] TUE y 52 CDFUE). Las Explicaciones no tienen valor jurídico pero condicionan y modulan la
interpretación de los derechos fundamentales. Se nutren principalmente de la jurisprudencia del TJUE y el TEDH y de
las tradiciones constitucionales comunes de los EEMM.
6. Ninguna de las disposiciones de la CDFUE podrá interpretarse como limitativa o lesiva de los derechos humanos y
libertades fundamentales reconocidos, en su respectivo ámbito de aplicación, por el DUE, el Derecho internacional y
los convenios internacionales de los que son parte la Unión o todos los EEMM, y en particular el CEDH, así como por
las constituciones de los Estados miembros (art. 53 CEDH).
a. Una primera lectura del art. 53 CDFUE podría conducirnos a afirmar que, en caso de que el estándar de
protección de un derecho previsto en la Carta fuera inferior (menos garante) que el establecido en una
constitución nacional o en una norma de Derecho de la Unión o de Derecho internacional (en particular, del
CEDH), debería aplicarse dicho estándar en sustitución del de la CDFUE.
b. Sin embargo, esta interpretación podría producir una erosión del principio de primacía si se entendía en el
sentido de que la norma de Derecho de la Unión incompatible con la nacional debía ceder en su aplicación
en caso de concurrencia de un estándar nacional de protección de derechos más elevado.
c. El TJUE estableció en el caso Melloni (C-399/11, 2013) que “cuando un acto del Derecho de la Unión requiere
medidas nacionales para su ejecución, las autoridades y tribunales nacionales siguen estando facultados para
aplicar estándares nacionales de protección de los derechos fundamentales, siempre que esa aplicación no
afecte al nivel de protección previsto por la Carta, según su interpretación por el Tribunal de Justicia, ni a la
primacía, la unidad y la efectividad del Derecho de la Unión”.
d. La doctrina Melloni suponía que los derechos fundamentales no ocuparan en la UE una posición de
centralidad, sino que su interpretación y aplicación quedaran condicionadas a los objetivos de la UE. Por ello,
el TJUE matizó su postura en el caso Taricco II (C-42/17, 2017), en el que parece reconocer que los principios
de primacía, uniformidad y efectividad del DUE pueden ceder en aquellos casos en que los derechos
fundamentales se vean comprometidos.
7. Ninguna de las disposiciones de la CDFUE podrá ser interpretada en el sentido de que implique un derecho cualquiera
a dedicarse a una actividad o a realizar un acto tendente a la destrucción de los derechos o libertades reconocidos en
la presente Carta o a limitaciones más amplias de estos derechos y libertades que las previstas en la presente Carta
(art. 54 CDFUE).
La ausencia de competencia en materia de derechos fundamentales impide la existencia de un sistema específico de garantías
jurisdiccionales. Es decir, no existe una vía específica y directa ante el TJUE para la protección de los derechos y libertades de la
Carta.
Por ello, sólo podrá alegarse la violación de un derecho de la CDFUE cuando tenga su origen en una disposición de Derecho
de la Unión (dictada, en ese caso sí, en ejercicio de una competencia europea) o de Derecho nacional dictado en aplicación o
ejecución del DUE.
Además, para que conozca el TJUE la presunta violación debe encontrarse en el ámbito de sus competencias. Por ejemplo,
como regla general la PESC está excluida del ámbito de conocimiento del TJUE.
El TJUE puede controlar la aplicación de la Carta a través, esencialmente, del recurso de anulación (en el caso de los actos de
las instituciones europeas) o del recurso por incumplimiento en el caso de actos u omisiones de los EEMM).
Los tribunales internos de los EEMM también aplicar la CDFUE, en cuanto constituye Derecho originario, si bien teniendo en
cuenta que los derechos fundamentales de la Carta deben ser respetados por los EEMM sólo cuando una normativa nacional
esté incluida en el ámbito de aplicación del DUE (sentencia Åkerberg, C-617/10, 2013).
Además, los tribunales internos de los EEMM deben aplicar los derechos y libertades de la CDFUE de conformidad con la
interpretación que de los mismos haga el TJUE en su jurisprudencia, en particular a través de las cuestiones prejudiciales.
2. Informe anual de la Comisión
La Comisión publica un informe anual que tiene por objeto evaluar la situación actual en relación con el papel de la CDFUE
como fuente de Derecho originario, así como realizar propuestas de mejora.
El informe muestra el modo en que las instituciones de la UE han tenido en cuenta la CDFUE, especialmente en el ámbito
legislativo.
Al margen de este informe, la Comisión trata de asegurar la efectiva implementación de los derechos de la CDFUE en el proceso
legislativo, a través de las evaluaciones de impacto o de la formulación de directrices (better regulation guidelines).
La Agencia de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea (FRA, por sus siglas en inglés) es una agencia independiente
de la UE que proporciona ayuda y asesoramiento en materia de derechos fundamentales a las instituciones de la UE y a los
EEMM (cuando apliquen el DUE).
La Agencia emites informes temáticos sobre asuntos de interés particular para las políticas de la UE (por ejemplo, igualdad en
relación con el colectivo LGBTI), así como un informe anual.
La adhesión permitiría a los particulares acudir directamente ante el TEDH para denunciar las vulneraciones de derechos
fundamentales llevadas a cabo por cualquiera de las instituciones de la UE, una vez agotados todos los recursos internos
(incluido, en su caso, el recurso ante el TJUE).
En principio, la adhesión no habría de presentar excesivas dificultades, pues todos los EEMM de la Unión se habían adherido,
previamente, al Consejo de Europa y al CEDH. No obstante, al obstáculo que representaba que el CEDH sólo estuviera abierto
a la firma de los miembros del Consejo de Europa (órgano al cual sólo podían adherirse Estados), se añadió el que el Dictamen
2/94 (1996), estableciera que la Comunidad carecía de competencia para esta adhesión.
Ambos impedimentos se superaron con la entrada en vigor del Protocolo nº 14 del CEDH (2010) que reformó el art. 59 CEDH
para establecer expresamente que la UE podrá adherirse al CEDH, y del Tratado de Lisboa, que incorporó el vigente art. 6.2 TUE
y atribuyó a la UE personalidad jurídica (art. 47 TUE).
La UE finalizó las negociaciones con el Consejo de Europa en 2013, pero el TJUE, en el Dictamen 2/13 (2014), sostuvo que el
proyecto de adhesión era contrario a los Tratados constitutivos porque podía afectar negativamente a las características
específicas y a la autonomía del DUE.
Entre otros motivos, el TJUE defendió que cuando los derechos de la CDFUE se correspondieran con los derechos del CEDH,
debía limitarse la facultad otorgada por el art. 53 CEDH a los Estados parte en este Convenio para establecer estándares
superiores de protección a los establecidos en el CEDH, pues ello podía poner en peligro el nivel de protección que contempla
la CDFUE y, en general, la primacía, la unidad y la efectividad del DUE.
Hasta la fecha, no se han podido superar los obstáculos que impiden la adhesión de la UE al CEDH, por lo que el CEDH no
constituye un instrumento jurídico integrado formalmente en el ordenamiento jurídico de la Unión.
5. La promoción de los derechos fundamentales en la acción
exterior
La acción de la Unión en la escena internacional debe basarse en los principios que han inspirado su creación, desarrollo y
ampliación y que pretende fomentar en el resto del mundo: la democracia, el Estado de Derecho, la universalidad e
indivisibilidad de los derechos humanos y de las libertades fundamentales, el respeto de la dignidad humana, los principios de
igualdad y solidaridad y el respeto de los principios de la Carta de las Naciones Unidas y del Derecho internacional (art. 21.1
TUE).
Instrumentos que emplea la UE para respetar y promover los derechos humanos en sus relaciones con terceros países:
1. Condicionalidad positiva: Aumento de la cooperación y de los programas de ayuda con terceros Estados para que
respeten los derechos fundamentales. A través del Instrumento Financiero para la Democracia y los Derechos Humanos
a escala mundial, la UE presta ayuda económica y técnica para el desarrollo y consolidación de la democracia y el
Estado de Derecho y el respeto de los derechos humanos: apoyo a Parlamentos o Poder Judicial, asesoramiento en
reformas constitucionales, formación de los Cuerpos de Seguridad del Estado, etc.
2. Condicionalidad negativa: Disminución o suspensión de las relaciones políticas, económicas, comerciales o culturales
que mantenga la UE con los terceros países que no respeten los derechos humanos. La condicionalidad negativa
incluye:
a. Cláusula democrática y de derechos humanos: Cláusula incluida en determinados acuerdos celebrados entre
la UE con terceros Estados que permite suspender o terminar la aplicación del acuerdo si una de las partes
no respeta los principios de democracia y derechos humanos. Por ejemplo, se incluye en el Acuerdo de
Cotonú con los países de África, Caribe y Pacífico (2000) y se ha aplicado, entre otros, a Zimbabue, República
Centroafricana y Madagascar.
b. Sistema de preferencias arancelarias: Permite que los países en vías de desarrollo paguen unos aranceles
inferiores por sus exportaciones a la UE, con el objetivo de impulsar sus economías. La UE puede suspender
la aplicación de las preferencias arancelarias como respuesta a la violación de los convenios sobre derechos
humanos y relaciones laborales. Así sucedió, por ejemplo, en Camboya (2019).
c. Medidas restrictivas: El art. 215 TFUE permite a la UE interrumpir o reducir de manera parcial o total las
relaciones económicas y financieras de la UE con terceros países. Por ejemplo, la UE ha aplicado medidas
restrictivas a Siria (como la congelación de fondos y recursos económicos que las personas responsables de
las violaciones tengan en los EEMM de la UE) como respuesta a las violaciones graves y masivas de derechos
humanos que su gobierno ha llevado a cabo en la última década.
La importancia de la ciudadanía europea es doble: o Desde el punto de vista jurídico, se crea un nuevo estatuto jurídico para el
ciudadano europeo, es decir, un nuevo conjunto de derechos y obligaciones.
Desde el punto de vista político, se crea un vínculo entre la UE y sus ciudadanos con independencia del vínculo
económico, profundizando de esta manera en la concepción política de la UE.
La ciudadanía europea fue introducida en el Derecho originario a través del Tratado de Maastricht, gracias en buena medida a
una propuesta procedente de España (“Hacia una ciudadanía europea”, de 1990).
Con anterioridad, los Tratados no se referían a las personas como ciudadanas, sino como operadores económicos (factor de
producción). El Tratado de Roma (1957) hablaba de “trabajadores”, “empresarios” y “prestadores de servicios”, porque su finalidad
era la creación de un mercado común (y no se es “ciudadano de un mercado”). De este modo, se reconocía la libre circulación
de “trabajadores”, no de “personas”.
Con anterioridad al Tratado de Maastricht, la idea ya era recogida en el Plan Spinelli (Proyecto de Tratado constitutivo de la
Unión Europea) de 1984 y en la “Europa de los ciudadanos”, un conjunto de acciones emprendidas a partir de la década de 1980
con las que se pretende acercar la CE a la ciudadanía en el terreno de los símbolos: día de Europa (9 de mayo), bandera europea,
himno, pasaporte europeo, etc.
Los derechos de la ciudadanía de la UE aparecen enunciados en el art. 20.2 TFUE como lista no exhaustiva y se desarrollan en
la Segunda Parte del TFUE (arts. 18 a 25) y en el título V de la CDFUE (arts. 39 a 46 CDFUE).
Además, se reconocen otros derechos dispersos en los Tratados (como el derecho de acceso a los documentos de la Unión en
el art. 15.3 TFUE) y el propio catálogo tiene un carácter abierto: cada tres años, la Comisión debe emitir un informe sobre la
aplicación de los derechos del estatuto de ciudadanía de la Unión. Sobre la base de este informe, el Consejo, por unanimidad
y previa aprobación del PE, puede completar los derechos del art. 20.2 TFUE. Esta ampliación de derechos debe ser aprobada
por los EEMM de conformidad con sus respectivas normas constitucionales (art. 25 TFUE)
El ejercicio de estos derechos debe regirse por el principio de no discriminación por razón de la nacionalidad (art. 18 TFUE).
El reconocimiento y concesión a una persona de la nacionalidad de un determinado Estado miembro le corresponde a ese
Estado, por lo que, al final, son ellos los que deciden quiénes son ciudadanos de la Unión.
Los EEMM no siguen el mismo régimen de concesión y retirada de la nacionalidad, lo que implica una diferencia en la obtención
y pérdida de la ciudadanía de la UE (en algunos países será más fácil obtener la nacionalidad y, por tanto, también la ciudadanía
de la Unión). Ahora bien, una vez reconocida la nacionalidad por un Estado miembro, el resto de EEMM deben reconocerle el
estatuto de ciudadano de la Unión.
Existe un vínculo indisociable entre la ciudadanía (nacionalidad) de un Estado miembro y la ciudadanía de la Unión: ambas
conviven y la obtención de la nacionalidad de un Estado miembro conlleva automáticamente la obtención de la ciudadanía de
la Unión, del mismo modo que la pérdida de la primera produce la pérdida automática de la segunda.
Las condiciones y límites al derecho de libre circulación y residencia se encuentran establecidos en la Directiva 2004/38/CE del
Parlamento Europeo y del Consejo, de 29 de abril de 2004, relativa al derecho de los ciudadanos de la Unión y de los miembros
de sus familias a circular y residir libremente en el territorio de los Estados miembros.
El origen de esta libertad se encuentra en los Tratados constitutivos, que reconocían la libre circulación y residencia
exclusivamente de trabajadores y prestadores de servicios (es decir, los nacionales “productivos”).
Esta libertad se fundamenta en el principio de no discriminación por razón de la nacionalidad (art. 18 TFUE): un ciudadano de
la UE que resida legalmente en otro Estado miembro derecho a ser tratado igual que los nacionales de ese Estado (trato
nacional) en el acceso al empleo, remuneración o la huelga, pero también en la obtención de beneficios como becas de estudio,
ayudas para la compra de la primera vivienda, prestaciones por nacimiento de hijos o familia numerosas, etc. Este principio se
aplica a las relaciones verticales (Estado-particular) y horizontales (particular-particular); por ejemplo, una empresa podrá
rechazar a una persona candidata a un puesto de trabajo porque no domina un determinado idioma, en base a los principios
de mérito y capacidad, pero no por su nacionalidad.
La Directiva 2004/38/CE extiende este derecho a los “miembros de la familia” de los ciudadanos de la UE:
Cónyuge
Descendientes directos menores de 21 años o a cargo y los del cónyuge o la pareja de hecho registrada
1. Estancias inferiores a tres meses: Únicamente se exige al ciudadano de la UE estar en posesión de un documento de
identidad o pasaporte válido. Este derecho se extiende a los miembros de la familia de la UE que no sean nacionales
de un Estado miembro de la UE y que acompañen al ciudadano europeo o se reúnan con él.
a. Ser trabajador por cuenta ajena o por cuenta propia en el Estado miembro de acogida.
b. Disponer para sí mismo y para los miembros de su familia de recursos suficientes y de un seguro de
enfermedad. La persona no debe suponer una carga para el Estado miembro de acogida durante su
residencia.
d. Ser un miembro de la familia que acompaña a un ciudadano de la Unión, o va a reunirse con él, y que cumple
cualquiera de las tres condiciones anteriores.
3. Residencia permanente: Los ciudadanos de la Unión adquieren el derecho de residencia permanente en el Estado
miembro de acogida después de haber residido en este último, de manera legal, durante un periodo ininterrumpido
de cinco años. Este derecho es extensible a los miembros de la familia que no son ciudadanos de un Estado miembro
de la UE y que han residido con el ciudadano de la Unión durante cinco años. Una vez adquirido, el derecho de
residencia permanente se perderá si la persona se ausenta del Estado de acogida durante más de dos años
consecutivos.
Límites al derecho de libre circulación y residencia: Los EEMM pueden limitar este derecho por razones de orden público,
seguridad pública o salud pública. Estos límites deben aplicarse de manera restrictiva, ajustarse al principio de proporcionalidad
y basarse exclusivamente en la conducta personal del interesado.
1. Todos los ciudadanos de la Unión tienen derecho de sufragio activo y pasivo en las elecciones al Parlamento Europeo
(arts. 20.2.b) TFUE y 39 CDFUE). El régimen electoral (quién puede votar, duración de la campaña electoral, tipo de
papeleta, sistema de elección, etc.) depende de cada Estado miembro (en España, la LOREG).
2. Todo ciudadano de la Unión que resida en un Estado miembro del que no sea nacional tiene derecho a ser elector y
elegible en las elecciones al PE en el Estado miembro en el que resida, en las mismas condiciones que los nacionales
de dicho Estado (art. 22.2 TFUE). El ejercicio de este derecho se rige por la Directiva 93/109/CE del Consejo, de 6 de
diciembre de 1993 (modificada en 2013). Sobre este derecho nos vamos a ocupar.
Condiciones de ejercicio del segundo derecho:
1. Ser ciudadano de la UE y residente en el Estado miembro en el que se quiere ejercer el sufragio activo y pasivo. Ç
2. Cumplir las disposiciones del Estado miembro de residencia relativas al derecho de sufragio activo y pasivo aplicable
a sus nacionales (por ejemplo, en Austria se puede votar con 16 años y en Grecia con 17).
3. Inscribirse en el censo electoral del Estado miembro de residencia. Permanecerán inscritos en ese censo electoral hasta
que soliciten su exclusión o se proceda de oficio a su exclusión por haber dejado de cumplir los requisitos para ser
elector.
1. Los ciudadanos de la UE que residan en un Estado miembro del que nos sean nacionales y que, por resolución
individual civil o penal, hayan sido desposeídos del derecho de sufragio pasivo en virtud de la legislación del Estado
miembro de residencia o de la del Estado miembro de origen, no podrán ejercer este derecho en el Estado miembro
de residencia en las elecciones al PE.
2. Ningún ciudadano de la UE puede votar más de una vez en las elecciones al PE, ni ser candidato en más de un Estado
miembro en las mismas elecciones. Debe elegir entre ejercer su derecho en el Estado miembro de origen o en el de
residencia. Para evitar el doble voto, los EEMM tienen que tomar las medidas necesarias para garantizar que el doble
voto sea objeto de sanciones efectivas, proporcionadas y disuasorias.
6.5. Derecho de sufragio activo y pasivo en las elecciones municipales del Estado miembro
de residencia.
Los ciudadanos de la UE que residan en un Estado miembro del que no sean nacionales tienen derecho a ser electores y
elegibles en las elecciones municipales del Estado miembro en el que residan en las mismas condiciones que los nacionales de
dicho Estado (arts. 20.2.b) y 22.1 TFUE y art. 40 CDFUE).
El ejercicio de este derecho se rige por la Directiva 94/80/CE del Consejo, de 19 de diciembre de 1994.
1. Los ciudadanos de la UE deben solicitar su inscripción en el censo electoral del país de residencia, sometiéndose a los
mismos requisitos que los electores nacionales (trato nacional). En algunos EEMM, la inscripción electoral es
automática, es decir, una vez que el ciudadano de la UE se registra como residente, queda automáticamente inscrito
en el censo electoral para las elecciones municipales. Así sucede en Alemania, Hungría, Países Bajos o Suecia, pero no
en España, Portugal, Italia o Francia). Con esta inscripción, el ciudadano de la UE decide dónde ejercer este derecho,
ya que no se permite ejercer este derecho simultáneamente en el Estado de origen y en el de residencia.
2. Si en el Estado miembro de residencia el voto es obligatorio (Bélgica, Chipre, Grecia y Luxemburgo), esta obligación
también se aplica a los ciudadanos de la UE que no son nacionales de ese Estado pero se han inscrito en su censo
electoral.
3. Si para ejercer este derecho se exige a los nacionales del Estado de residencia que residan en éste durante un período
mínimo, se considerará que los ciudadanos de la UE de otro Estado cumplen esta condición cuando hayan residido
en otros Estados de la UE durante un período equivalente.
1. En los Estados de la UE donde más del 20% del electorado total no tenga la nacionalidad de este país, el país anfitrión
puede exigir a los ciudadanos de la UE no nacionales un periodo de residencia más largo para poder participar en las
elecciones municipales. El único país que reúne estas características es Luxemburgo, que exige un periodo de
residencia de cinco años para poder votar en las elecciones municipales.
2. Los EEMM pueden reservar determinados cargos para sus propios nacionales. Por ejemplo, en Francia, Grecia e Italia
únicamente los nacionales de esos países pueden ser elegidos alcaldes o alcaldesas.
3. Los EEMM pueden denegar a los ciudadanos de la UE el derecho de sufragio pasivo si han sido desposeídos del
derecho de sufragio pasivo en virtud de la legislación de su Estado miembro de origen como consecuencia de una
decisión individual civil o penal.
En España, la incorporación en el ordenamiento jurídico interno del derecho de los nacionales de otros EEMM al sufragio pasivo
en las elecciones municipales, previsto en el Tratado de Maastricht, se llevó a cabo una reforma constitucional por la que se
modificó el art. 13.2 CE.
El TC, en la Declaración 1/1992, afirmó que existía una contradicción entre el art. 13.2 CE, que solamente reconocía a los
extranjeros (y condicionado a reciprocidad) el derecho de sufragio activo en las elecciones municipales, y el antiguo art. 8.B.2
TCE (según la redacción dada por el Tratado de Maastricht), que reconocía a los ciudadanos y ciudadanas de la UE el derecho
a ser elector (sufragio activo) y elegible (sufragio pasivo) en las elecciones municipales del Estado miembro del que no sean
nacionales y en el que residan, en las mismas condiciones que los nacionales de dicho Estado.
Tras la DTC 1/1992 se procedió a la reforma constitucional del art. 13.2 CE con la finalidad de incluir la expresión “y pasivo”, de
modo que en la actualidad este precepto establece que “solamente los españoles serán titulares de los derechos reconocidos
en el art. 23, salvo lo que, atendiendo a criterios de reciprocidad, pueda establecerse por tratado o ley para el derecho de
sufragio activo y pasivo en las elecciones municipales”.
Se trata de una protección subsidiaria en caso de que el Estado miembro no pueda prestar directamente la protección
diplomática y consular a sus nacionales.
Debe tenerse en cuenta que el que presta la protección es el otro Estado miembro, no la UE.
Si el ciudadano de la UE no cuenta en el tercer país con una embajada o consulado del Estado de su nacionalidad, tiene derecho
a recibir ayuda de la embajada o consulado de otro Estado miembro de la UE, que deberá prestarle asistencia como si se tratara
de un nacional suyo.
Por ejemplo, si un español se encuentra en un viaje de safari en Madagascar y pierde su pasaporte, es detenido o sufre un
accidente grave, como no hay embajada ni consulado de España en Madagascar, pero sí de Francia, puede solicitar asistencia
consular al consulado francés de este país. El consulado de Francia tratará a ese español como si fuera un nacional francés.
De acuerdo con la Directiva 2015/637 del Consejo, de 20 de abril de 2015, sobre las medidas de coordinación y cooperación
para facilitar la protección consular de ciudadanos de la Unión no representados en terceros países, la protección consular
comprende la asistencia en las circunstancias siguientes:
1. Detención o prisión
4. Fallecimiento
Se trata, por tanto, de una asistencia consular y no tanto de protección diplomática, que es un principio fundamental del Derecho
internacional por el que se autoriza al Estado a proteger a sus nacionales lesionados por actos contrarios al Derecho
internacional y cometidos por otro Estado, del que no ha podido obtener satisfacción por las vías ordinarias (agotamiento de
recursos internos).
Debe tenerse en cuenta que las embajadas se ocupan de las relaciones diplomáticas interestatales, y son los consulados quienes
atienden las necesidades de la ciudadanía.
La Directiva 2015/637 extiende el derecho a la protección consular a los familiares que acompañen a los ciudadanos de la UE
que no sean, a su vez, ciudadanos de la UE.
El Estado miembro que presta la asistencia puede solicitar el reembolso de los gastos de la protección consular al Estado
miembro del que es nacional el ciudadano, quien, a su vez, puede exigirle al ciudadano en cuestión el reembolso de tales gastos,
según lo dispuesto en el ordenamiento jurídico de ese Estado.
El derecho de petición puede ejercerse de forma individual o conjunta y debe versar sobre un asunto que se enmarque en los
ámbitos de actuación de la UE y que afecte directamente a los peticionarios.
Las peticiones deben redactarse en una lengua oficial de la UE, no pueden ser anónimas y pueden remitirse por correo o a
través del Portal de Peticiones.
Las peticiones admitidas a trámite son examinadas por la Comisión de Peticiones del Parlamento Europeo, que puede invitar a
los peticionarios a participar en las reuniones de la comisión si su petición es objeto de debate, e igualmente los peticionarios
pueden solicitar estar presentes.
La Comisión de Peticiones puede organizar visitas al Estado miembro o región al que se refieran las peticiones admitidas a
trámite (o varias de ellas al mismo tiempo) con el objetivo de esclarecer los hechos o buscar una solución.
Una vez finalizado el examen de una petición admitida a trámite, ésta se dará por concluida mediante decisión de la Comisión
de Peticiones. Esta comisión parlamentaria debe informar anualmente al PE del resultado de sus trabajos y, en su caso, de las
medidas adoptadas por el Consejo o la Comisión Europea sobre las peticiones que les haya remitido el PE.
El Defensor del Pueblo Europeo es un órgano independiente e imparcial encargado de resolver las reclamaciones de mala
administración por parte de los órganos e instituciones de la UE. Actúa de mediador entre la institución europea y la persona
reclamante.
El Defensor del Pueblo Europeo recibe las reclamaciones de cualquier ciudadano de la UE y de cualquier persona física o jurídica
que resida o tenga su domicilio social en un Estado miembro (art. 228 TFUE).
El Defensor es elegido por el PE por el periodo de su legislatura, es decir, por cinco años (renovables). En la actualidad, ocupa
este cargo la irlandesa Emiliy O’Reill.
1. No tiene competencia respecto al TJUE cuando este tribunal se encuentra en el ejercicio de sus funciones.
2. No es competente para investigar los casos de mala administración por parte de las administraciones nacionales,
regionales o locales.
3. No puede investigar casos cuyo asunto sea o haya sido objeto de un proceso judicial.
Tratamiento de la reclamación:
1. El Defensor del Pueblo Europeo lleva a cabo una investigación inicial para comprobar si la reclamación cumple las
condiciones de admisión y si puede o no tramitarla.
2. Inicia su investigación, para lo cual puede pedir más información al reclamante o a la institución u organismo contra
quien va dirigida la reclamación. Además, también puede llevar a cabo las investigaciones que considere justificadas
por iniciativa propia o a través de un miembro del PE. Cada año, el Defensor del Pueblo Europeo presenta al PE un
informe sobre el resultado de sus investigaciones.
3. En el caso de que se efectivamente se detecte un caso de mala administración, el Defensor del Pueblo Europeo puede:
a) Proponer una solución. Si la institución la acepta, el asunto queda resuelto. b) Cerrar el caso con un informe con
recomendaciones para la institución u órgano de que se trate, que dispondrá de un plazo de tres meses para enviar
al Defensor del Pueblo Europeo un informe motivado en el que se numeren las medidas adoptadas para aplicar los
proyectos de recomendaciones.
En el caso de que se efectivamente se detecte un caso de mala administración, el Defensor del Pueblo Europeo puede:
b) Cerrar el caso con un informe con recomendaciones para la institución u órgano de que se trate, que dispondrá de un
plazo de tres meses para enviar al Defensor del Pueblo Europeo un informe motivado en el que se numeren las
medidas adoptadas para aplicar los proyectos de recomendaciones.
Se trata de un derecho confuso que supone una extensión del derecho a dirigirse al Parlamento Europeo (derecho de petición)
y al Defensor del Pueblo Europeo (derecho de reclamación) al resto de instituciones de la UE.
El derecho será poco aplicable ante el Consejo o el Consejo Europeo, pero donde sí encuentra aplicación es en el derecho de
denuncia ante la Comisión, en el marco de la fase administrativa o precontenciosa del recurso por incumplimiento (arts. 258 a
260 TFUE).
El recurso por incumplimiento es el mecanismo que permite controlar jurisdiccionalmente el cumplimiento por parte de los
Estados de sus obligaciones derivadas del DUE.
Los particulares carecen de legitimación activa en el recurso por incumplimiento, pero pueden solicitar la interposición del
recurso a través de una denuncia dirigida a la Comisión (quien decidirá presentar o no el recurso).
Regulación: Reglamento (UE) 2019/788 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 17 de abril de 2019, sobre la iniciativa
ciudadana europea.
La iniciativa ciudadana es una invitación para que la Comisión estudie la posibilidad de iniciar una propuesta legislativa, dentro
de su ámbito de competencias, sobre una determinada materia. La iniciativa no obliga a la Comisión a presentar un proyecto
de acto legislativo (reglamento, directiva, decisión).
La decisión que adopte la Comisión debe estar motivada de manera clara, comprensible y detallada. La Comisión debe indicar
si va a adoptar una propuesta de acto jurídico de la Unión como respuesta a la iniciativa, y debe motivar la decisión de no
emprender ninguna actuación. De lo contrario, se puede plantear un recurso de anulación ante el TJUE por la decisión de la
Comisión.
1. La iniciativa debe ir firmada por, al menos, un millón de ciudadanos (personas físicas) de la UE que procedan de, al
menos, una cuarta parte de los EEMM (es decir, 7 EEMM mínimo). Cada Estado miembro se encarga de verificar y
certificar que las declaraciones de apoyo firmadas por sus nacionales cumplen las disposiciones del Reglamento
2019/788/UE.
2. La edad mínima para apoyar una iniciativa la determinan los EEMM, pero debe ser la misma que la requerida para las
elecciones al PE.
3. Las firmas deben recogerse en el plazo máximo de 12 meses a partir de la fecha elegida por el grupo de organizadores.
En cualquier caso, la fecha de inicio elegida no puede exceder de los seis meses desde el inicio del periodo de recogida
de firmas.
4. Los principales objetivos de la iniciativa deben quedar dentro del marco de las atribuciones de la Comisión para
presentar una propuesta de acto jurídico.
Con el fin de impulsar el derecho de iniciativa ciudadana europea y promover la participación de la ciudadanía de la UE en la
toma de decisiones, la Comisión creó una plataforma colaborativa en línea en la que, además de proporcionar asesoramiento
práctico y jurídico, se incluye un foro de debate para el intercambio de información entre ciudadanos, ONG, expertos, etc.