TEMA 5.
EL REINADO DE ALFONSO XIII: LA CRISIS DE LA
RESTAURACIÓN.
1. El regeneracionismo de Maura y la Semana Trágica de Barcelona
2. El Gobierno Canalejas: último intento regeneracionista
3. Impacto de la Guerra Mundial, crisis de 1917 y ruptura del parlamentarismo (1918-
1923)
0. Introducción.
La belle époque fue una etapa (1890-1914) de gran desarrollo económico, social, urbano
y cultural, en la que el gusto por vivir caracterizó la vida cotidiana de los países
europeos más industrializados. Los gobiernos de las principales potencias oscilaban
entre regímenes liberales constitucionales y regímenes autoritarios. En Europa pervivían
tres grandes imperios: el alemán, el austrohúngaro y el ruso.
El estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914 cambió bruscamente toda
esta situación a nivel nacional e internacional. La guerra costó gran número de millones
de vidas y heridos, se desmoronaron los viejos imperios europeos en beneficio de
nuevos estados nacionales, la Revolución Bolchevique de 1917 en Rusia conformó un
nuevo modelo de estado alternativo al capitalismo y Europa perdió su hegemonía
económica y política a favor de una nueva potencia mundial, Estados Unidos.
Durante la década de los años veinte, los felices años veinte, el mundo occidental
entró en una nueva etapa de prosperidad económica, pero no de estabilidad política.
Gran parte de los estados europeos intentaron construir regímenes de carácter
parlamentario y democrático. Sin embargo, desde 1922, con la llegada al poder en Italia
del fascista Benito Mussolini, comenzó el declive paulatino de las democracias
políticas, acelerado por la crisis de 1929.
1. El regeneracionismo de Maura y la Semana Trágica de Barcelona.
Alfonso XIII accedió al trono en mayo de 1902, cumplidos los 16 años, sustituyendo a
la reina regente, Cristina de Habsburgo. Dado el ambiente social y político creado en
España por la derrota del 98, se albergaban esperanzas de que el nuevo monarca
encabezase una política de carácter regenerador.
Sin embargo, su reinado se caracterizó por una permanente crisis política.
Diversos factores explican esta situación:
Intervencionismo político de Alfonso XIII, así como en las luchas internas
de los partidos dinásticos, sin respetar el papel de árbitro que teóricamente
debía jugar.
División de los partidos del "turno", provocada por la desaparición de los
líderes históricos, Cánovas del Castillo y Sagasta, las disensiones internas y el
debilitamiento del caciquismo, paralelo al desarrollo urbano del país.
La "cuestión militar" volvió a resurgir ante el desconcierto de un ejército
humillado en 1898 que recibía críticas crecientes de los sectores opositores
(republicanos, socialistas, nacionalistas). El apoyo del rey a los sectores más
conservadores del ejército, que acabó relegando a un segundo término al poder
civil, culminó con el apoyo a la Dictadura de Primo de Rivera. Elemento clave
en el desprestigio de la monarquía.
1
El "problema de Marruecos". En la Conferencia de Algeciras (1906) se
acordó el reparto entre Francia y España del territorio marroquí. A España le
correspondió la franja norte. Desde 1909 se inició un conflicto bélico, la guerra
de Marruecos, muy impopular en el país, que ensanchó el foso que separaba al
Ejército y la opinión pública, esencialmente las clases populares.
Desarrollo de la oposición política y social al régimen de la Restauración:
republicanos, nacionalistas, socialistas y anarquistas. Especialmente estos dos
últimos avivaron las luchas sociales entre patronos y trabajadores.
La "cuestión religiosa" se reavivó con las crecientes protestas contra el poder
de la Iglesia, especialmente en la enseñanza. El anticlericalismo se extendió por
buena parte de la población urbana y las clases populares.
Durante la primera década del reinado de Alfonso XIII se sucedieron intentos de
llevar a cabo reformas políticas de carácter regeneracionista. Las dos propuestas más
sólidas fueron las representadas por los gobiernos del conservador Antonio Maura y del
liberal José Canalejas.
Antonio Maura afirmaba la necesidad de una “revolución desde arriba” para
impedir la revolución social. Su objetivo residía en incorporar a la acción política a las
llamadas “masas neutras”. Durante su gobierno, entre los años 1907 y 1909, promovió
una serie de reformas en la ley electoral para combatir el caciquismo y fortalecer la
autonomía municipal frente a la excesiva centralización del régimen.
Los resultados de estas reformas fueron tan decepcionantes como escasos y su
política quedó abruptamente bloqueada desde el verano de 1909, después de los sucesos
de la Semana Trágica de Barcelona y de la represión posterior de los inculpados, entre
los que se hallaba el director de la Escuela Moderna, Francisco Ferrer, que fue
ejecutado. Tanto dentro como fuera de España se desencadenó una campaña política
contra el líder conservador, expresada en el conocido grito de “¡Maura no!”, en la que
participó incluso el Partido Liberal, lo que acarreó su cese por parte del monarca.
La conocida Semana Trágica da nombre a las protestas obreras, quemas de
conventos y enfrentamientos con el Ejército que tuvieron lugar en Barcelona a finales
de julio de 1909 con un coste humano de unos cien muertos, debido a la movilización
de reservistas destinados al norte de Marruecos, donde los intereses económicos y
mineros españoles estaban siendo atacados por los habitantes del Rif. Uno de estos
choques entre rifeños y militares españoles, conocido como el Desastre del Barranco
del Lobo, se saldó con más de mil doscientas bajas españolas.
2. El Gobierno Canalejas: último intento regeneracionista
Las propuestas más avanzadas de transformación del sistema político liberal en
una dirección democrática correspondieron a José Canalejas, presidente del gobierno
entre 1910 y 1912. Las medidas políticas de Canalejas se centraron en la necesidad de
incorporar un mayor intervencionismo del Estado en materia social y laboral
(duración de la jornada laboral, trabajo de mujeres y niños, prestación de seguridad
social) y una secularización de la vida política, mediante la efectiva separación
entre la Iglesia y el Estado.
2
Canalejas fue asesinado en noviembre de 1912, lo que truncó el proyecto de
regeneración y democratización del sistema político liberal. A partir de esta fecha, los
partidos dinásticos iniciaron un proceso progresivo de fragmentación. No se mostraron
capaces de mantener la práctica del turno en el poder y la existencia entre ellos de un
pacto estable. Esta fragmentación acentuó la constante intervención del monarca en la
acción del gobierno, debilitó el liderazgo de los partidos y los incapacitó como
interlocutores políticos en una sociedad de masas.
Las fuerzas políticas alternativas adquirieron capacidad de organización y
movilización de masas, aunque su presencia en la vida parlamentaria fue muy reducida
durante todo el reinado de Alfonso XIII. La actividad de los republicanos se hizo más
patente en los gobiernos locales de algunos núcleos urbanos importante, como Valencia.
El obrerismo militante, representado por el PSOE de Pablo Iglesias consiguió su primer
diputado en 1910. Sin embargo, la permanencia de las prácticas caciquiles impidió que
republicanos y socialistas accediesen de forma significativa al Parlamento, con la
consecuencia de la pérdida de respaldo social de las instituciones políticas.
El nacionalismo catalán desarrolló una estrategia que le supuso una mayor
presencia activa en la vida parlamentaria e incluso la entrada en varios gobiernos de la
monarquía. La Lliga Regionalista dirigida por Francesc Cambó terminó con la
hegemonía de los partidos dinásticos en Cataluña. Su fuerza política hizo que los
partidos dinásticos se vieran obligados a aceptar alguna de sus principales
reivindicaciones. Los partidos dinásticos intentaron aprobar sin éxito una tímida
autonomía para Cataluña, basada en la agrupación de diputaciones provinciales en
forma de mancomunidades.
3. Impacto de la Guerra Mundial, crisis de 1917 y ruptura del
parlamentarismo (1918-1923)
La Primera Guerra Mundial (1914-1918) dividió al país entre aliadófilos (liberales e
izquierdas) y germanófilos (derechas conservadoras), pero trajo un periodo de
prosperidad económica. España, neutral, pudo convertirse en abastecedora de muchos
productos para los países contendientes. No obstante, en el ámbito político y social el
régimen de la Restauración se encontraba en un paulatino proceso de crisis política que
acabó conduciéndolo al golpe de Estado de Primo de Rivera.
Las minorías y disidencias dentro de los partidos dinásticos hicieron cada vez
más difícil la obtención de mayorías parlamentarias y el mantenimiento del turno
político. Esto propició una elevada inestabilidad de los gobiernos y una constante
necesidad de disolución de las Cortes y celebración de elecciones (se celebraron seis
elecciones generales en un plazo de nueve años, entre 1914 y 1923).
Los gobiernos, para asegurarse la mayoría parlamentaria, tuvieron que acudir de
forma sistemática a la mayor presión sobre los electores, e incluso a la violencia
electoral para mantener a sus candidatos. Las promesas de “descuaje del caciquismo” y
de “elecciones sinceras” eran incumplidas cada vez más sinceramente. En suma, los
partidos políticos no lograban pasar de grupos de “notables” a partidos de masas con
apoyo en la movilización ciudadana y respaldo en la opinión pública. El sistema parecía
bloqueado, lo que explica el estallido de la triple crisis del año 1917.
3
El año 1917 es una fecha simbólica, en la que se hizo patente la crisis del
régimen de la Restauración. En esta crisis influyeron tres conflictos que convergieron en
el mismo tiempo: el militar, el político y el social.
- El conflicto militar: Ya en 1905 quedó clara la interferencia del ejército en
la política, cuando un grupo de militares asaltaron las imprentas de varios
periódicos barceloneses por sus comentarios satíricos anticastrenses. La
reacción del gobierno fue ceder ante el Ejército: en 1906 se aprobó la Ley de
Jurisdicciones que identificaba las críticas al Ejército como críticas a la
Patria y pasaban a ser juzgadas por la jurisdicción militar. La situación se
agravó durante la segunda década del siglo XX por la escisión entre militares
“peninsulares” y “africanistas”, ante los rápidos ascensos de los segundos. La
situación culminó con la creación de las Juntas de Defensa, que solicitaban
mejoras presupuestarias para el ejército y la convocatoria de unas
Cortes Constituyentes. El gabinete conservador de Eduardo Dato se plegó a
la imposición de los militares y aceptó unas juntas que iban contra la
disciplina militar y la subordinación del ejército al poder civil.
- El conflicto político o parlamentario: A iniciativa de los diputados
catalanes, tuvo lugar en Barcelona una reunión de parlamentarios no
dinásticos (catalanistas, republicanos, socialistas e incluso algún miembro
del partido liberal) que pretendían la formación de un gobierno provisional
y la convocatoria de Cortes Constituyentes con el fin de democratizar el
régimen y atender las reivindicaciones políticas, militares y sociales.
- El conflicto social: La Gran Guerra o Primera Guerra Mundial tuvo
importantes efectos sobre la economía, pese a la neutralidad española. Las
desigualdades sociales provocadas por la euforia económica y la creciente
inflación reforzaron la posición del sindicalismo obrero, que aspiraba a un
reparto más equitativo de los beneficios de la guerra. Fruto de la
intransigencia de la patronal y el gobierno ante un conflicto en el sector de
los ferroviarios, el sindicato socialista UGT y el anarquista CNT llamaron a
la huelga general el 13 de agosto, con el objetivo político de convocar
Cortes Constituyentes. La huelga tuvo éxito en las principales capitales y
centros fabriles, pero el gobierno recurrió al ejército, que llevó a cabo una
dura represión sobre los huelguistas (más de un centenar de muertos y miles
de detenidos, entre ellos, los líderes socialistas Besteiro y Largo Caballero).
El temor a una revolución social, ante lo acontecido en Rusia ese mismo año,
provocó que la salida a la crisis se tratase de encauzar mediante la dimisión del
gobierno de Eduardo Dato en el otoño de 1917, el recurso constante a partir de ese
mismo año a los gobiernos de concentración o de coalición, sujetos a alianzas y
continuos cambios, y la mayor participación del ejército en la política.
Los seis años que separan el final de la triple crisis de 1917 y la llegada de Primo
de Rivera al poder (1923) constituyen la etapa más conflictiva e inestable de todo el
reinado de Alfonso XIII. Entre 1917 y 1923 hubo trece crisis totales de gobierno,
además de muchas otras parciales. El ejército se responsabilizó de solventar lo que el
gobierno consideró los asuntos prioritarios del momento: la conflictividad social y la
guerra en Marruecos.
4
El fin de la I Guerra Mundial trajo una profunda crisis económica y social que
desencadenó una gran conflictividad social en Barcelona (1919-1921). Las huelgas y
protestas alentadas por los anarquistas de la CNT se encontraron con una dura represión
de los diferentes gobiernos y el ejército, que contaba con el pleno apoyo de la burguesía
catalana. Para contrarrestar la "acción directa" de los anarquistas, el sector más duro de
la patronal recurrió a los cierres patronales (lock-out) y creó el denominado Sindicato
Libre, grupo de pistoleros que actuó con el apoyo policial. La aplicación por parte de
las autoridades militares de la "Ley de Fugas", pura y simple ejecución sin juicio de
los detenidos exacerbó aún más el conflicto. De hecho, entre 1919 y 1922, los estados
de excepción y la suspensión de garantías constitucionales fueron la norma.
La respuesta anarquista llegó en 1921 con el asesinato de Eduardo Dato,
presidente del gobierno. Dos años después, el líder anarquista Salvador Seguí murió
asesinado.
La guerra colonial en Marruecos adquirió especial relevancia con el desastre
de Annual de 1921. Perdidas las colonias en 1898, el mantenimiento de un imperio
colonial en África fue una solución de recambio, bien vista por el ejército y apoyada
por el rey, aunque nunca bien aceptada ni por las fuerzas políticas de izquierda, ni por
la opinión pública en general, que no comprendía los gastos materiales y las pérdidas
humanas que ocasionaba la guerra marroquí. De hecho, ya hemos señalado como el
estallido de la Semana Trágica en Barcelona comenzó con la oposición popular al
embarque de tropas reservistas con destino a Marruecos.
La ocupación española, que se reducía a una estrecha franja del norte cercana a
las viejas posesiones de Ceuta y Melilla, estaba compartida con Francia, que detentaba
la principal responsabilidad en el protectorado del reino de Marruecos. Los límites
territoriales de la zona de influencia española fueron establecidos en la Conferencia de
Algeciras (1906) y en posteriores acuerdos bilaterales con Francia. Pero la ocupación
efectiva del territorio encontró fuertes resistencias en las tribus del Rif, lo que lo
convirtió en un foco de guerra permanente desde 1909 hasta 1927.
La fase más aguda del conflicto bélico se desarrolló en los años finales de la
Restauración, cuando España decidió efectuar la ocupación de todos los territorios
asignados a su zona de influencia. En una de estas operaciones tuvo lugar el desastre de
Annual (julio de 1921), en el que las tropas rifeñas no sólo derrotaron a las tropas
españolas, con cuantiosas pérdidas materiales y humanas (más de doce mil muertos),
sino que recuperaron todo el territorio ocupado durante los dos años anteriores.
La derrota militar desencadenó importantes consecuencias políticas. Se
convirtió en un tema de debate en el Parlamento y en una ocasión para examinar la
escasa eficacia del ejército en África. El centro del debate fue la exigencia formulada
por una parte de los liberales y sobre todo por los socialistas de establecer
responsabilidades políticas por la derrota militar, que alcanzaban hasta al propio
monarca.
El gobierno acordó instruir un informe sobre el asunto, lo que dio lugar al
expediente Picasso, en el que se acusaba de negligencia, actuación indebida y
corrupción a varias decenas de mandos militares. La dilucidación de responsabilidades
5
políticas estaba siendo estudiada por una comisión parlamentaria, pero el golpe de
Estado de Primo de Rivera lo impidió.
La situación en Marruecos cambió a partir de 1924. El ataque de los rifeños a
unas unidades francesas provocó la alianza militar de España y Francia, que
posibilitó la operación militar del desembarco de Alhucemas (septiembre de 1925),
con lo que se logró derrotar a Abd-el-Krim, quien se entregó a Francia en 1926.
Aunque las escaramuzas bélicas continuaron todavía algún tiempo, en 1927
había concluido la guerra de Marruecos, lo que proporcionó gran popularidad al
régimen de Primo de Rivera.