Quién lo diría, que en tan poco tiempo pasarían muchas cosas, quizá no
solamente es mi caso sino la de muchas personas más, todos tienen una realidad
que contar, mas aun con lo ocurrido en esta pandemia y la cuarentena, muchos
derramaron lagrimas y otros soltaron carcajadas, todo dependiendo de como lo
tomaron la pandemia o como la pandemia les tomo a ellos.
Dicen que el destino está escrito por uno mismo y por las decisiones que uno
toma, pero me imagino que nadie decidió que llegáramos a este caos como es el
de la pandemia, todos vivían con total regularidad su vida, aun con el país volcado
de pies por culpa de la crisis política que se manejaba en el país en ese entonces,
pero vivían a su manera, la libertad de caminar por las calles sin ningún tipo de
restricciones es lo que mayormente afectó a muchas personas, sin contar con el
distanciamiento social que se impuso en todo el mundo,
Crisis existencial era el pan de cada día de muchos o bueno quizá más el mío,
puede que exagere y parezca dramático, pero tengo 23 años y es la primera vez
que vi una noticia en la televisión que realmente impactara a todo el mundo y eso
que estudio comunicación social y estoy acostumbrado a leer noticias de todo tipo,
“CUARENTENA POR 14 DÍAS” era el titular de las noticias en diferentes medios
de comunicación nacionales , atemorizada e impotente era la expresión en el
rostro de muchas personas al enterarse que podían tener un destino similar al
que tuvo Italia en un principio.
Los Casos de contagios y los fallecidos se incrementaban a diario y el suspenso
crecía en las familias, quizás por el miedo de aparecer en una de ellas, mi familia
no se quedaba atrás, también sentíamos lo que muchos sentían, el miedo estaba
acompañándonos a diario y aprendimos a convivir con ella, juntos, esa palabra
podría resumir mi realidad en la pandemia, pero es muy corta así que en los
siguientes líneas describiré los acontecimientos buenos y malos que están
incluidos en esa palabra.
Según la Organización Mundial de Salud (OMS), Coronavirus o Covid -19, es el
nombre que le ponen al virus corona que surgió el 2019 ,sustantivos que muchos
odiaban, quizás no entendían los significados, pero sí sabían lo que causaba, no
solo el rencor era al virus sino a los chinos debido a que fue en su país donde se
da el origen. Al principio no era tan alarmante las noticias de esa epidemia del
occidente, nadie creía que desde el otro lado del mundo iba afectar al nuestro,
quien diría que algo proveniente de China pudo haber perdurado tanto y costado
muy caro, algo como para no creerlo.
El Primer contagio de la familia llegó con uno de mis hermanos, los días de su
recuperación fueron cortas, seguidamente mi madre y hermano mayor llegaron a
contraer el virus, los días pasaban y no mejoraban, las medicinas farmacéuticas y
tradicionales no ayudaban mucho en su recuperación, la situación en la que me
ponía a mi era devastadora, ver a ambos postrados en la cama sin ganas algunas
de levantarse me llenaban de un dolor catastrófico, estar ahí y no poder hacer algo
para que se mejoren me llenaba de mucha impotencia conmigo mismo, ellos
daban por hecho que no se iban a recuperar y eso me destruía aún más, como
acudir a los hospitales si en esas fechas las clínicas estaban saturadas debido a
las muchas internaciones por los altos contagios.
Dos meses padeciendo el dolor de ver a ambos enfermos me llenó de muchas
dudas, crisis, ansiedad, estrés y depresión, pero lo bueno es que ellos ya iban
mejorando, era lo único que me importaba ver a ellos bien y saludables. ya
después me tocó a mí ocupar el lugar de estar postrado en la cama, al principio se
sintió como un resfrió cualquiera, pero después fue empeorando la cabeza me
retumbaba, el cansancio de mi cuerpo se sentía cual si hubiese trabajado todo una
jornada de albañil, los pies ya no tenían la fuerza necesaria para mantener a mi
cuerpo de pie y la única quien pudo soportar ese peso fue la cama, cada día
parecía una semana en la habitación, el apetito no llegaba al cuerpo y eso que soy
una persona que le gusta alimentarse bien, las noches eran las mas peores, los
insomnios eran la comida de mi cena y las crisis existenciales mis fieles
compañeras, ¿Quién soy? , ¿Qué estoy haciendo con mi vida? , ¿Soy feliz?, eran
las cuestionantes que giraba por la cabeza cada noche, a veces nos cuidamos y
preocupamos mas por la salud física que por la mental, como diría C. S. Lewis “El
dolor mental es menos dramático que el dolor físico, pero es más común y
también más difícil de soportar”.
La música fúnebre que sonaba en la zona aumentaban mis dudas y las clases de
la Universidad eran lo de menos interés en ese entonces, las incertidumbres
llenaban mi mente y no había campo para más, pasaron varios días así, pero en el
fondo sabía algún día tendría que levantarme de la cama para continuar con la
vida, la medicina que me ayudo a recuperarme la tenía a mi lado todo ese tiempo
y no me daba cuenta, mi familia, gracias a su apoyo pude salir de la cama y
volver a sonreír a pesar de las secuelas que dejo el coronavirus, con todas
nuestras diferencias todos nos cuidamos y queremos,