CRÓNICA
Estudiante
PAULA VALENTINA RUBIO LOZANO
De la
FACULTAD DE INGENIERÍA ELETRÓNICA
Para mí este sería el partido de mi vida, un importante encuentro que estuve esperando
con ansias hace bastante tiempo, a diferencia de mis encuentros deportivos comunes, este
partido no solo estaríamos jugando por la victoria. En aquel momento, a lo lejos sentado
en las gradas, se encontraba el mismísimo Santo Tomás, el hombre sabio y viajero, con
ideales y relatos personales que lo permiten ser incansable en los temas de cualquier
universidad. Lo había invitado con un solo objetivo, con una propuesta que transformaría
el rumbo de mi vida: "Si marcas dos goles, te cumpliré el sueño de viajar por el mundo",
eran las palabras que se repetían una y otra vez en mi cabeza mientas jugaba mis 90
minutos.
Todo inicio una mañana como de costumbre, salía de casa como todos los otros días, era
martes así que mi cara aun estaba con sueño, tratando de entender porque debía salir a
las 4 de la mañana solo para alcanzar a la clase de las 6 am. Recuerdo cuando mis padres
me contaban sus chocoaventuras para llegar a sus colegios o universidades, ya entendía la
locura que en algún momento me contaron del Transmilenio, los trancones cada día, las
quedadas hasta tarde y demás, a la final yo hasta ahora iniciaba este nuevo mundo, y cada
día era una lucha diferente por entender algo nuevo. Eran pocas las semanas desde el
inicio del semestre, las expectativas eran altas y hasta el momento mi universidad las
había cumplido todas. No voy a negar que los días de estrés fueron los primeros en llegar,
no puedo olvidar la primera semana y lo abrumador que fue sentir y pensar en que
momento voy hacer tantas tareas, el tercer día tuve que quedarme en la universidad y
salir tarde de los laboratorios y supe que no iba a ser fácil la carrera que había escogido,
pero recordé que desde pequeña crecí con mi docente que me vio desde niña en su clase,
Ardugeek se llama, cuando niña pensé que me volvería loca viendo tantos componentes
de electrónica, programando, diseñando, simulando y muchas otras cosas más, quien diría
que tanta locura por al menos unos 6 años, se convertiría en mi pasión e inspiración para
estudiar ingeniería electrónica, lo que en algún momento fue frustración y estrés, se volvió
mi mayor fortaleza y lo que realmente despertaba mi interés. Siempre y cada una de las
veces que decía que estudiaría Ingeniería electrónica, no podía evitar ver y escuchar a las
personas que siguen con el pensamiento de que es una carrera solo para hombres, pero
tenía claro que cada uno de los estereotipos me daban más energía para estudiar y
determinar que no es así.
Por otro lado, sabía que independientemente de en donde fuera a estudiar, no podía
dejar de cultivar lo que he realizado desde que tengo 6 años. El deporte ha sido eso que tu
siempre buscas como refugio para desahogarte y soltar todo lo que se te acumula en la
semana, así que esta vez no iba a ser la excepción. Cuando ingrese, realice las
convocatorias a la selección de futbol femenina de la universidad, conocí el inmenso
campus, que tiene un estado increíble. Después de semanas con nervios de los resultados,
logre ingresar y pasar todas las pruebas, sin saber que en un futuro eso sería lo que
resolvería mi vida. Pasaron algunos días, coordinaron encuentros, organizamos papeles,
entregaron uniformes y estábamos a nada de comenzar este viaje lleno de alegría y
emoción, en mi mente solo pensaba “vas a representar la universidad, aprovecha esta gran
oportunidad”.
Los primeros encuentros deportivos frente a las distintas universidades tenía bastantes
nervios, pero toda la energía para intentar ser la mejor. Los días de entrenamiento eran
como un nuevo reto, sabíamos que esto era iniciar un compromiso grandísimo para cada
una de nosotras. Claro está, siempre agradecida con mi familia que desde la distancia y
con todo el ánimo me apoyan siempre, de igual manera a mi pareja por acompañarme a
cada uno de los partidos y entrenos, por ser quien siempre está acompañándome y siendo
mi motivación en cada momento. Siento que muchas veces el mayor miedo era sentirme
sola en esto, pero con el paso de los días se convirtió en una familia, donde aparte de
compartir una pasión, reíamos juntas, y disfrutamos momentos que estarán siempre en
nuestros corazones.
Todo se volvió mucho mas tenso, cuando con los resultados obtenidos nos informaron que
pasábamos a cuartos de final, era una obligación ganar para poder ascender al torneo elite
(el torneo de los equipos ganadores de cada semestre), se convirtió en una proyección en
equipo que aspirábamos poder lograr.
Lo malo llego una semana después, cuando después de un esfuerzo máximo en una clase
llamada Henri Didon, en un juego tuve una lesión en el tobillo el cual interrumpió mi
compromiso con el equipo, sin mentir ha sido uno de los peores dolores de mi vida, cada
minuto que pasaba era más grande el miedo y el agobio de no saber que tan grave era.
Pero sabía que no era algo bueno en el momento que mire y el tobillo estaba super
inflamado. Aun así no dije nada y trate de curarlo en casa, mi disciplina con esto estaba en
el mejor momento, no podía dañarlo de esta manera. Con el paso de los días no sabía si
estaba mejorando o si el dolor tenía que seguir manteniéndolo en silencio. La presión y la
ansiedad del encuentro cada vez se sumaba más, ya la fecha y hora estaban determinadas,
solo esperábamos el gran día…
El día iniciaba como de costumbre muy temprano, el tobillo no se veía muy bien, sin
embargo debía mantenerlo lo más firme posible, me tome unas cuantas pastas para el
dolor y fui a la universidad, tenía que entregar diferentes trabajos antes de ir al campus,
pero el momento se acercaba cada vez más. Luego de un largo día, llegábamos al campus
alrededor de las 2 de la tarde, los nervios se apoderaban de mí, pero en mi mente sabía
que debíamos ganar como fuera. Iniciábamos calentando, organizando planilla,
preparándonos antes de este gran momento. Las palabras no faltaron, el apoyo y la
motivación en todo momento.
El sonido del inicio del partido, solo me daba energía para dar todo mi potencial, pero se
me olvidaba que tenía una pequeña lesión, o eso pensaba antes de los próximos 5
minutos, donde me jugaría en contra. Se aproximaba una jugada peligrosa en contra de
nuestra portería, sin pensarlo hice una barrida para sacar el balón, salió perfecta, pero
todo se volvió nublado en tan poco tiempo, solo recuerdo sentir un escalofrió por todo el
cuerpo y al levantarme estaba en la enfermería, me había desmayado, pero casi me vuelvo
a desmayar al ver que el que me estaba atendiendo era el mismísimo Santo Tomás,
pensaba que estaba alucinando a raíz del mismo golpe. Dure 5 minutos procesando que
estaba pasando y desesperada por querer volver a la cancha lo más pronto. Santo Tomás
me decía que porque no había avisado sobre mi golpe, después de una muy larga charla,
me dijo que solo había una cosa por hacer, destaco mis grandes habilidades jugando y
sabía que esta oportunidad era única. Recuerdo sus palabras como si fuera ayer, "Paula,
solo tendrás una oportunidad para lucirte en esa cancha, se lo importante que es para ti
esta clasificación, te curare con la condición de que si marcas dos goles, te cumpliré el
sueño de viajar por el mundo", en mi mente sonaba algo completamente loco.
Anunciaban el inicio del segundo tiempo, solo tenía 45 minutos para cambiar el rumbo de
mi vida.
Y así fue, salí totalmente sana, como si nada hubiera pasado. El tiempo avanzada, cada vez
quedaba menos minutos y la desesperación aumentaba, solo escuchaba el ánimo y el
apoyo desde afuera. Quedaban 15 minutos, las únicas indicaciones que recibí fue subir y
dar todo de mí, sacaron de puerta al costado derecho, hicieron un cambio de frente y solo
corrí como nunca, sacando un enganche al lateral desde donde patee y metí un gol al
ángulo, los gritos y la alegría eran inmensas, y aunque íbamos ganando, aun no era
suficiente, debía cumplir aquella promesa que definiría mi futuro. El hombre sabio me veía
desde afuera orgulloso de mi trabajo pero esperando un poco más de lo hecho. No se
esperó mucho cuando a los 3 minutos y 12 segundos, vendría un contragolpe para nuestro
contrincante en el cual lograría anotar el 2 a 0, la paz y tranquilidad en mi interior fueron
de las mejores sensaciones que he podido tener en este mundo.
Aunque no dejamos de lado, que la mejor sensación es terminar cada sesión y esperar esa
llamada de nuestra familia esperando lo mejor de nosotras. Sin embargo el sentimiento y
alegría que genera salir y ver a quien te espera siempre orgulloso y con un fuerte abrazo
desde las graderías no tiene comparación, son los actos mas puros, sinceros y gratificantes
que he podido tener a lo largo de este camino que he construido de la mano de Dios y de
ellos.
Al terminar se me acerca Santo Tomás, a darme las felicitaciones y la noticia que desde ese
momento fue todo para mí. Fue así como unas semanas después me encontraba viajando
alrededor del mundo, conociendo cada una de las universidades de Santo Tomás. L a
aventura inicio en Arica, Iquique, Antofagasta, La Serena, Viña del Mar, UST Santiago, Talca,
Concepción, Los Ángeles, Temuco, Valdivia, Puerto Montt.
Cada uno de estos lugares tiene una historia maravillosa por contar, sus trascendencias y
trayectoria a lo largo de los años ha sido tan lleno de un trabajo conjunto de todas las
personas que han sido parte de cada una de estas universidades. Vivir esta experiencia
junto a Santo Tomás, fue algo tan único y especial, que en cada parada, me contaba todo
sobre ese lugar con la emoción más bonita, demostrando así el cariño y respeto que le
tiene a cada uno de estos emblemas que representa el legado de Santo Tomás en cada uno
de estos países.
Un poco loca la forma por la cual termine conociendo todos estos lugares maravillosos por
todo el mundo junto a Santo Tomás, gracias a lo que me apasiona hacer, por eso también
los invito a convertir eso que aman en oportunidades cada día, uno nunca sabe cuándo
pueda aprovechar las habilidades y capacidades que destacas en cada una de estas áreas,
por eso vivo el dia a día, aprovechando cada beneficio que se te presente a lo largo de este
camino. Ya estoy de vuelta aquí, logrando recuperarme correctamente del tobillo, pero
con una experiencia inolvidable.