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Capítulo 15

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Capítulo XV encuentras bien?

—preguntó Berta observándolo con curiosidad


desde la entrada. Erik asintió con la cabeza y levantó una mano para
quitarse la bufanda. Creía que le iban a estallar los pulmones. Su
Noche de insomnio rostro se veía pálido y cubierto por un sudor frío. Ante la mirada
atónita de su abuela, se dejó caer sobre el sofá del salón. Los
Erik llegó sin aliento a casa de su abuela y golpeó la puerta con los
Lombartini estaban hechos un asco. Deshizo los nudos de los
nudillos varias veces. «¡Vamos, vamos!», se repetía en voz baja. Oyó
cordones, los tomó en sus manos y decidió ir a su dormitorio a
unos pasos lejanos al otro lado de la madera. Giró la cabeza hacia la
cambiarse de ropa. Apenas había comenzado a subir los primeros
izquierda para cerciorarse de que Albert Zimmer no le perseguía. No
peldaños de la escalera cuando un objeto pequeño resbaló de
había nadie en la calle salvo el gato negro que se le cruzó el primer día
uno de los bolsillos de su abrigo. Berta Vogler lo vio caer
y que se acercaba por una de las aceras. Tenía la misma mirada
rebotando contra los escalones hasta que llegó a la alfombra de
amenazante de ojos amarillos y maullaba enseñando sus colmillos
la entrada. Se agachó despacio y lo tomó entre sus manos. Se
puntiagudos. Erik volvió a llamar con desesperación. —¡Ya va, ya va!
trataba de la pieza del rey blanco manchada de sangre. La abuela
—exclamó Berta mientras bajaba por las escaleras. El gato negro
levantó la mirada y la clavó en su nieto, que se había quedado
estaba a un par de metros de él y se había arqueado apoyándose
paralizado al ver la escena. —¿Me lo puedes explicar? —La… la
sobre sus uñas. Tenía el pelo del lomo erizado. Parecía dispuesto a
encontré en mi habitación, abuela. No sé cómo volvió a llegar hasta
saltar sobre el joven para clavarle sus garras en cualquier momento.
allí, de verdad. —¿Y la sangre?, ¿es tuya? —No, no es mía… —
Erik golpeó de nuevo la puerta con todas sus fuerzas. En cuanto vio
confesó—. No sé de quién es. Cuando apareció en mi dormitorio, ya
que se entreabría, se coló entrando de lado en el salón de Berta. —
estaba manchada. —No sé qué está sucediendo aquí, Erik. Pero
¡Vaya, qué prisas traes! —protestó su abuela apartándose para
estás más raro que de costumbre… ¿Has pasado toda la tarde en la
permitirle el paso. —¡Perdona! —se excusó su nieto mientras
taberna de Verner? —Sí, claro. ¿Por qué lo preguntas? —Porque esta
intentaba recuperar el aliento y se inclinaba hacia atrás. —¿Te

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tarde, mientras reparaba mi bicicleta en el sótano, he escuchado muy seria, carraspeó y soltó: «Ya hablaremos mañana». Vogler subió
un ruido en el salón. Cuando he subido, el equipo de música los escalones cabizbajo. Al entrar en su dormitorio, se dirigió a la
estaba encendido y alguien había colocado un disco en su mesilla de noche y abrió el primer cajón, donde había guardado el
interior. La funda estaba tirada en el suelo. —¿Qué disco? — mensaje con las misteriosas palabras de Goethe. Se sentó en la
preguntó Erik adivinando la respuesta. —Uno de. Pensé que lo cama y las releyó muy despacio en voz alta: «Cuando al final (ahora
habrías puesto tú… —He estado toda la tarde en la taberna, te lo nada puede salvarlo) En un diente de hierro fue capturado, Cuando el
prometo. Puedes preguntarle a Verner. Berta Vogler lo miró con luctuoso brillo de la luna se apagaba…». ¿Qué quería decirle Sandra
desconfianza, deseando con todas sus ganas que fuera domingo, que Nadel con aquellos versos? ¿Por qué los había llevado a Grasberg?
su hijo Frank llamase a su puerta y se llevara al plomo de su nieto de ¿A qué se refería con que nada podía salvarlo? ¿Era cierto que el
vuelta a la ciudad. Sin embargo, guardó silencio. Volvió a mirar la asesino estaba jugando al ajedrez con sus víctimas como le había
pieza del rey blanco ensangrentada. ¿Qué demonios le ocultaba insinuado Albert Zimmer? ¿Quién sería el próximo en morir? ¿Quién
aquel crío con cara de pánfilo que la miraba desde la escalera? ¿Qué sería la siguiente pieza que iba a caer? Estas y otras preguntas se
había descubierto Erik? ¿A qué se dedicaba en la taberna de Verner? sucedían en su cabeza aquella noche. También pensó en su abuela,
Estaba claro que su nieto no estaba dispuesto a contarle nada. Berta en la pieza del rey blanco que había rodado por las escaleras, en lo
Vogler apretó los labios y, después, le hizo un gesto enérgico con el que le había dicho Berta Vogler al terminar la cena: «Ya hablaremos
brazo para que subiera a su habitación. Erik obedeció y desapareció mañana». Por supuesto Erik no quería hablar con ella ni con nadie del
escaleras arriba. Un rato más tarde, bajó a la cocina vestido con un fantasma de Sandra Nadel, ni de su último encuentro con Albert
pijama de color dorado y unas zapatillas a juego. Llevaba además un Zimmer, ni de los otros crímenes que habían sucedido en Bremen y
batín marrón de raso. Casi no probó bocado durante la cena. Su sobre los que había investigado. Tan solo deseaba volver a casa y
abuela había colocado el rey blanco en el centro de la mesa. Ninguno alejarse de aquel lugar. Buscó su teléfono móvil y envió un mensaje a
dijo nada hasta que llegaron a los postres. Entonces, Berta se puso su padre diciendo que le echaba de menos. Luego deshizo con

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lentitud el cinturón de su batín, lo colgó sobre el respaldo de una silla la lluvia. Erik que se había pasado toda la noche en vela, se quedó
y se metió bajo las mantas de pelotillas. Apoyó la cabeza sobre la dormido, derrotado por el cansancio. Eran poco más de las siete de
almohada y recordó las palabras de Albert Zimmer: «… jugué contra la mañana. Cuando despertó y miró su reloj se quedó perplejo. «¡Las
ella la final del campeonato de jóvenes promesas. Me ganó en esa doce y media!», exclamó sorprendido al ver lo tarde que era. Se
ocasión. Ahora está muerta…». Erik cerró los ojos durante unos incorporó de la cama lo más rápido que pudo. Se vistió y calzó de
segundos. «Así que Sandra Nadel derrotó a Albert Zimmer en la final forma apresurada. Guardó su ropa en la maleta y también su portátil.
del torneo…», pensó. «Entonces, ¿quién es el rey blanco manchado Dejó su equipaje preparado en la habitación. Revisó el cajón de la
de sangre? ¿Quién asesinó a Sandra Nadel?», se preguntó abriendo mesilla para que no se le olvidara nada. Sacó de él algunos objetos
los párpados y fijando su mirada en el techo de la habitación. Fueron personales y el mensaje de Sandra Nadel con los versos de Goethe.
cayendo los minutos y, aunque lo intentó, apenas logró dormir unos Metió este último en el bolsillo interior de su abrigo. A continuación,
instantes. Fue una terrible noche de insomnio en la que se mezclaban bajó las escaleras y, al llegar al salón, se dio cuenta de que su abuela
continuas imágenes: el fantasma de Sandra Nadel en el pasillo, los había salido. «Volveré a la hora de comer», decía una nota que le
colmillos afilados de Albert Zimmer, el gato negro de los ojos había dejado en la mesa del comedor. Sin dudarlo, Erik se puso el
amarillos, la pieza del rey manchada de sangre… De madrugada, abrigo y salió a la calle. Era una mañana de viernes y soplaba un
empezó a llover con fuerza. Las gotas golpeaban los cristales del viento furioso. La gomina que se había echado en el pelo no pudo
balcón. El nieto de Berta miraba, de vez en cuando, en dirección a los resistir las continuas ráfagas de aire y, al final, sus delicados cabellos
ventanales. Rezaba para que el espectro de Sandra Nadel no acabaron apuntando en diferentes direcciones, desafiando a la
reapareciera detrás de ellos como lo había hecho la primera noche gravedad y rebelándose contra el mundo. Pero el nieto de Berta
que pasó en Grasberg. Fueron transcurriendo las horas de manera aceleró el paso, ajeno al desorden de su peinado y a las manchas de
lenta, al menos a él se le hicieron infinitas. Pensaba en las ganas que sus Lombartini. Caminando a buen ritmo se dirigió a la parada de
tenía de regresar a Bremen, en volver a su ciudad. Al amanecer, cesó autobuses de Grasberg y leyó los horarios. De vuelta a casa, un golpe

3
de viento le arrancó la bufanda del cuello. «¡Oh, no, mi bufanda de
angora!», se lamentó echando a correr tras ella. Durante unos
Responde las siguientes preguntas:
segundos, quedó suspendida en el aire. Intentó alcanzarla dando
- ¿Qué objeto resbaló de los bolsillos del abrigo de Erik?
pequeños saltos. Fue en vano. El viento cambió de dirección y la
bufanda se precipitó, sin remedio, sobre unos de los charcos de la
calle.

- ¿Qué canción sonaba en la habitación de Erik mientras él


no estaba en casa?
a) Hey Jude, The Beatles
b) Ave María, David Bisbal
c) Schubert, La muerte y la doncella

- ¿Cómo pasó la noche Erik? Escribe algunos de sus


pensamientos:

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