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Suelos Salinos - Ácidos

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ESCUELA SUPERIOR POLITÉCNICA AGROPECUARIA DE MANABÍ

“MANUEL FÉLIX LÓPEZ”


CARRERA DE INGENIERIA AGRICOLA

ASIGNATURA
FERTILIDAD DE SUELOS Y NUTRICIÓN VEGETAL

TEMA
INFORME

AUTOR
ROBERTO CARLOS VERA VERA

FACILITADOR
ING. GALO ALEXANDER CEDEÑO GARCIA

CALCETA, 15 DE NOVIEMBRE DEL 2024


SUELOS SALINOS
I. INTRODUCCIÓN
Los suelos salinos, caracterizados por elevadas concentraciones de sales solubles,
presentan desafíos significativos para la agricultura y el manejo sostenible de la tierra,
particularmente en zonas áridas y semiáridas. En estas regiones, la alta evaporación y las
bajas precipitaciones favorecen la acumulación de sales en la superficie del suelo,
afectando su estructura y fertilidad (Qadir et al., 2014). Las sales más comunes incluyen
cloruros, sulfatos, carbonatos y bicarbonatos de sodio, calcio, magnesio y potasio, que
limitan el crecimiento de las plantas al dificultar la absorción de agua y nutrientes
(Rengasamy, 2010).
Los suelos salinos son aquellos que contienen altas concentraciones de sales solubles,
las cuales afectan tanto su estructura como su productividad agrícola. Estos suelos se
encuentran principalmente en regiones áridas y semiáridas, donde la baja precipitación
y la alta evaporación favorecen la acumulación de sales en la superficie del suelo. Las
sales comunes en estos suelos incluyen cloruros, sulfatos, carbonatos y bicarbonatos de
sodio, calcio, magnesio y potasio.
La salinidad del suelo representa un desafío para la agricultura y el medio ambiente, ya
que las altas concentraciones de sales pueden afectar negativamente el crecimiento de
las plantas. Los cultivos tienen dificultad para absorber agua debido a la presión
osmótica generada por las sales, y en casos extremos, las plantas pueden incluso morir.
Además, los suelos salinos pueden provocar problemas de infiltración y compactación,
dificultando la circulación del agua y el aire en el suelo.
El estudio y la gestión de los suelos salinos son importantes para mejorar la
productividad agrícola en regiones afectadas por la salinidad y mitigar los efectos
negativos en los ecosistemas. La aplicación de técnicas de lavado de sales, el uso de
plantas tolerantes a la salinidad y la implementación de prácticas de manejo sostenible
son algunas de las estrategias utilizadas para recuperar y mantener la fertilidad de estos
suelos.

II. CAUSAS
Los suelos salinos se forman principalmente debido a la acumulación de sales en el perfil
del suelo, un fenómeno que ocurre bajo condiciones específicas de clima, geología y
manejo del suelo. En áreas áridas y semiáridas, donde la baja precipitación no es
suficiente para disolver y arrastrar las sales fuera del suelo, la salinidad se incrementa
por la intensa evaporación, lo que causa la acumulación de sales en la superficie
(Rengasamy, 2010). Asimismo, los procesos de meteorización de materiales parentales
ricos en sales también contribuyen a la salinización del suelo, ya que estos liberan
minerales solubles al medio ambiente (Brady y Weil, 2002).
Otra causa importante de la salinización de los suelos es el uso de prácticas agrícolas
intensivas e inadecuadas, como el riego excesivo o con aguas de baja calidad, que
contienen altos niveles de sales disueltas. En este contexto, las sales presentes en el agua
de riego se depositan en el suelo a medida que el agua se evapora, incrementando su
salinidad con el tiempo (Qadir et al., 2014). Además, la deforestación y la remoción de
la cobertura vegetal en áreas susceptibles pueden llevar al ascenso de la capa freática,
lo que trae sales disueltas desde las capas profundas del suelo hacia la superficie por
capilaridad (Shahid et al., 2018).
La gestión sostenible y la prevención de la salinización del suelo requieren un
entendimiento profundo de estas causas para desarrollar soluciones adecuadas y
sostenibles. Técnicas como el manejo eficiente del agua y el uso de sistemas de drenaje
contribuyen a reducir el riesgo de acumulación de sales y a mantener la productividad
agrícola en áreas vulnerables a la salinidad.

III. EFECTOS SOBRE LOS CULTIVOS


La presencia de altas concentraciones de sales en el suelo afecta negativamente el
crecimiento y desarrollo de los cultivos. Uno de los principales efectos de la salinidad es
el estrés osmótico, que reduce la capacidad de las plantas para absorber agua, lo que
causa deshidratación celular y dificulta su crecimiento (Munns y Tester, 2008). Este estrés
osmótico reduce el rendimiento y la productividad de los cultivos, especialmente en
aquellos que son sensibles a la salinidad, como el maíz, el frijol y muchos frutales
(Flowers et al., 2015).
Además del estrés osmótico, las sales presentes en el suelo pueden ser tóxicas para las
plantas, especialmente los iones de sodio (Na⁺) y cloruro (Cl⁻), que se acumulan en los
tejidos y afectan los procesos metabólicos esenciales, como la fotosíntesis y la
respiración (Hasegawa et al., 2000). La acumulación de sodio en las hojas también
interfiere con la absorción de nutrientes vitales, como el potasio (K⁺) y el calcio (Ca²⁺),
generando deficiencias que impactan negativamente la fisiología de las plantas (Shabala
y Cuin, 2008).
En condiciones de salinidad extrema, algunos cultivos pueden experimentar
marchitamiento, clorosis y necrosis de las hojas, e incluso llegar a morir si la
concentración de sales es demasiado alta (Yamaguchi y Blumwald, 2005). Sin embargo,
ciertas especies, conocidas como halófitas, han desarrollado mecanismos de tolerancia
que les permiten sobrevivir en ambientes salinos, lo que ha llevado a explorar su uso en
la fitorremediación y en la mejora genética de cultivos (Flowers y Colmer, 2008).

El conocimiento de los efectos de la salinidad sobre los cultivos ha impulsado el


desarrollo de prácticas de manejo y de programas de mejora genética enfocados en
aumentar la tolerancia de las plantas a la salinidad, promoviendo así una agricultura
sostenible en áreas afectadas por suelos salinos.
IV. DIAGNOSTICO DE LOS SUELOS SALINOS
El diagnóstico de suelos salinos es un paso fundamental para la identificación de
problemas de salinidad y para la implementación de estrategias de manejo adecuadas.
Este diagnóstico se basa en el análisis físico-químico del suelo, donde se mide la
concentración de sales solubles y se determina la conductividad eléctrica (CE) y el
porcentaje de sodio intercambiable (PSI), que son indicadores clave de salinidad y
sodicidad (Richards, 1954).
La conductividad eléctrica, que mide la capacidad del suelo para conducir electricidad,
es un indicador directo de la cantidad de sales presentes. En suelos salinos, una CE
superior a 4 dS/m indica niveles críticos que afectan el crecimiento de muchos cultivos
sensibles (Abrol et al., 1988). Además de la CE, el análisis de cationes y aniones
específicos como el sodio, cloruro, sulfato y carbonato es esencial para determinar la
composición salina y diseñar estrategias de remediación (Shahid et al., 2018).
Otro indicador importante en el diagnóstico de la salinidad es el pH del suelo, ya que
suelos con problemas de sodicidad suelen tener un pH elevado, lo cual puede afectar la
disponibilidad de nutrientes y la estructura del suelo (Brady y Weil, 2002). El uso de
técnicas como la espectroscopía de emisión atómica y la cromatografía de iones permite
obtener un perfil detallado de los elementos presentes en el suelo, facilitando una
evaluación precisa (Qadir et al., 2007).
El diagnóstico de suelos salinos debe incluir una evaluación de la profundidad de la capa
freática, ya que el ascenso capilar de agua desde capas profundas puede transportar
sales hacia la zona radicular (Rhoades et al., 1992). Este factor es crítico en suelos
irrigados, donde el riego inadecuado y la falta de drenaje favorecen la acumulación de
sales.

V. PLAN DE MANEJO
El manejo de suelos salinos se centra en reducir la concentración de sales en la zona
radicular y mejorar las condiciones para el crecimiento de los cultivos. Una de las
prácticas más efectivas es el lavado del suelo, que implica la aplicación de grandes
cantidades de agua para disolver y desplazar las sales hacia capas más profundas, fuera
del alcance de las raíces de las plantas (Richards, 1954). Para que el lavado sea efectivo,
es fundamental que el suelo tenga un drenaje adecuado, ya que el agua debe poder
desplazarse a través del perfil del suelo para evitar la acumulación de sales en la
superficie (Shahid et al., 2018).
En casos donde el drenaje es limitado, se recomienda la instalación de sistemas de
drenaje subterráneo para facilitar la evacuación del exceso de sales y agua. Además, la
elección de cultivos tolerantes a la salinidad, como la cebada y el sorgo, es una estrategia
viable en suelos con niveles moderados de salinidad, lo que permite mantener la
producción agrícola en condiciones adversas (Munns y Tester, 2008).
Otra técnica útil es la aplicación de enmiendas como el yeso (sulfato de calcio), que
reemplaza los iones de sodio en los suelos sódicos, mejorando la estructura del suelo y
aumentando su permeabilidad. Esto permite que el agua se infiltre más fácilmente y
facilita el lavado de las sales (Qadir et al., 2007).
Además, es fundamental implementar prácticas preventivas, como el monitoreo regular
de la salinidad del suelo y el uso de sistemas de riego adecuados, que eviten la
acumulación de sales. La irrigación con aguas de buena calidad y la rotación de cultivos
también son prácticas clave para el manejo a largo plazo de los suelos salinos (Rhoades
et al., 1992).

SUELOS ÁCIDOS
I. INTRODUCCIÓN
Los suelos ácidos son aquellos que presentan un pH bajo, generalmente menor a 5.5, lo
que afecta la disponibilidad de nutrientes y limita el crecimiento de numerosos cultivos.
La acidez del suelo se forma debido a varios factores naturales y antropogénicos, como
la lixiviación de bases en áreas con alta precipitación, la descomposición de materia
orgánica y el uso intensivo de fertilizantes nitrogenados (Brady y Weil, 2002). Los suelos
ácidos son comunes en regiones tropicales y templadas húmedas, donde el lavado de
nutrientes básicos como calcio, magnesio y potasio contribuye a un balance de cationes
dominado por el aluminio y el hidrógeno, lo cual acidifica el suelo (Sumner y Noble,
2003).
Los suelos ácidos presentan varios desafíos para la agricultura, ya que el pH bajo afecta
tanto la disponibilidad de nutrientes esenciales como el comportamiento del aluminio y
el manganeso, que se vuelven tóxicos para las plantas en condiciones de acidez (Fageria
y Baligar, 2008). La toxicidad por aluminio es particularmente problemática, ya que limita
el crecimiento radicular y reduce la capacidad de la planta para absorber agua y
nutrientes (Kochian et al., 2004). Además, el pH bajo influye negativamente en la
actividad microbiana del suelo, lo que reduce la disponibilidad de nitrógeno y fósforo,
nutrientes esenciales para el crecimiento de las plantas (Haynes, 1982).

Para mitigar los efectos de la acidez en el suelo, es común la aplicación de enmiendas


alcalinas, como la cal agrícola, que neutralizan la acidez y mejoran la disponibilidad de
nutrientes para las plantas (Rengel, 2003). El conocimiento de las características y
desafíos de los suelos ácidos es esencial para el desarrollo de prácticas de manejo
adecuadas y sostenibles, especialmente en áreas de cultivo donde la productividad
agrícola depende de la corrección de la acidez.

II. CAUSAS
La acidez del suelo es resultado de una combinación de factores naturales y actividades
humanas. En áreas de alta precipitación, el lavado o lixiviación de cationes básicos
(calcio, magnesio, potasio y sodio) es un proceso natural que conduce a la acidificación,
ya que estos nutrientes son reemplazados por iones de hidrógeno y aluminio,
aumentando así la acidez del suelo (Brady y Weil, 2002).
Otro factor natural es la descomposición de materia orgánica, que produce ácidos
orgánicos que contribuyen a disminuir el pH del suelo. Además, ciertos procesos
biológicos, como la nitrificación (conversión de amonio a nitrato), liberan iones de
hidrógeno al suelo, incrementando su acidez, especialmente en sistemas de suelos
tropicales y templados húmedos (Fageria y Baligar, 2008).
Las actividades humanas también juegan un rol importante en la acidificación del suelo.
El uso excesivo de fertilizantes nitrogenados, como el sulfato de amonio y la urea, es una
causa frecuente de acidez. Estos fertilizantes liberan iones de hidrógeno durante su
descomposición, lo que reduce el pH del suelo a lo largo del tiempo (Rengel, 2003). La
minería y ciertas prácticas agrícolas, como el monocultivo intensivo y el riego sin drenaje
adecuado, también contribuyen a la acidificación, ya que afectan el balance de
nutrientes y promueven la acumulación de iones ácidos (Sumner y Noble, 2003).
Además, la deposición ácida proveniente de la contaminación atmosférica (lluvia ácida),
que contiene ácidos sulfúrico y nítrico, también puede incrementar la acidez del suelo,
especialmente en zonas cercanas a áreas industriales (Haynes, 1982). Esto puede tener
efectos negativos en los ecosistemas y la producción agrícola, al disminuir la
disponibilidad de nutrientes esenciales y aumentar la toxicidad del aluminio y el
manganeso en el suelo.

III. EFECTOS SOBRE LOS CULTIVOS


La acidez del suelo afecta negativamente el desarrollo de los cultivos al reducir la
disponibilidad de nutrientes y aumentar la toxicidad de ciertos elementos, como el
aluminio y el manganeso, que son solubles a bajos pH. En suelos ácidos, el aluminio
soluble es particularmente perjudicial, ya que inhibe el crecimiento radicular, limitando
la capacidad de la planta para absorber agua y nutrientes. Este efecto es especialmente
problemático en cultivos sensibles a la acidez, como el maíz, el frijol y muchos frutales
(Kochian et al., 2004).
Para contrarrestar estos efectos, se suelen aplicar enmiendas alcalinas, como la cal
agrícola, que neutralizan la acidez del suelo y mejoran el ambiente para el crecimiento
de las plantas, permitiendo un mejor desarrollo radicular y aumentando la disponibilidad
de nutrientes (Rengel, 2003).

IV. DIAGNOSTICO DE LOS SUELOS ÁCIDOS


El diagnóstico de suelos ácidos es fundamental para identificar problemas de acidez que
afectan el desarrollo de los cultivos y para implementar prácticas de manejo adecuadas.
La acidez del suelo se mide principalmente a través del pH, y los suelos ácidos se
caracterizan por tener un pH inferior a 5.5. Los suelos ácidos suelen estar presentes en
zonas con alta precipitación, donde el lavado de bases y la acumulación de compuestos
ácidos como aluminio y hierro afectan la disponibilidad de nutrientes esenciales para las
plantas (Brady y Weil, 2002).
El análisis del pH del suelo es el primer paso en el diagnóstico de la acidez y puede
realizarse mediante técnicas de laboratorio o métodos de campo, como el uso de
medidores de pH o papel indicador (Rengel, 2003). Además del pH, es esencial evaluar
la concentración de aluminio intercambiable, ya que el aluminio tóxico se vuelve más
soluble y biodisponible en suelos ácidos, lo cual perjudica el crecimiento de las raíces y
disminuye la absorción de agua y nutrientes (Hede et al., 2001).

La capacidad de intercambio catiónico (CIC) es otro indicador importante en el


diagnóstico de suelos ácidos, ya que permite evaluar la capacidad del suelo para retener
nutrientes básicos como calcio, magnesio y potasio. En suelos ácidos, la CIC suele estar
saturada con cationes ácidos como el aluminio y el hidrógeno, lo que limita la
disponibilidad de nutrientes básicos para las plantas (Marschner, 1991).

V. PLAN DE MANEJO
El manejo de suelos ácidos se centra en neutralizar la acidez y mejorar las condiciones
para el crecimiento de los cultivos. Una de las estrategias más efectivas es la aplicación
de enmiendas alcalinas, como la cal agrícola (carbonato de calcio), que aumenta el pH
del suelo y reduce la toxicidad del aluminio y el manganeso (Fageria y Baligar, 2008). La
cal también mejora la disponibilidad de nutrientes como el fósforo y el magnesio,
esenciales para el desarrollo de las plantas (Haynes, 1982).
El uso de enmiendas debe estar basado en un análisis detallado del pH y de los niveles
de aluminio en el suelo, así como en las necesidades específicas de cada cultivo. La
cantidad y la frecuencia de aplicación de cal deben ajustarse de acuerdo con el tipo de
suelo y su capacidad de amortiguamiento. En suelos altamente ácidos, puede ser
necesario aplicar cal en varias etapas para lograr una corrección gradual de la acidez
(Rengel, 2003).

También es importante implementar prácticas de manejo que eviten la acidificación a


largo plazo, como la rotación de cultivos, el uso de fertilizantes nitrogenados de
liberación controlada y el monitoreo del pH del suelo de forma regular. Estas prácticas
contribuyen a un uso sostenible del suelo y minimizan la necesidad de corrección de la
acidez en el futuro (Sumner y Noble, 2003).
BIBLIOGRAFÍA
Abrol, I. P., Yadav, J. S. P., & Massoud, F. I. (1988). Salt-affected soils and their
management. FAO Soils Bulletin 39. FAO.

Fageria, N. K., & Baligar, V. C. (2008). Ameliorating soil acidity of tropical oxisols by liming
for sustainable crop production. Advances in Agronomy, 99, 345-399.
Flowers, T. J., Munns, R., & Colmer, T. D. (2015). Sodium chloride toxicity and the cellular
basis of salt tolerance in halophytes. Annals of Botany, 115(3), 419-431.
Haynes, R. J. (1982). Effects of liming on phosphate availability in acid soils. Plant and
Soil, 68(3), 289-308.
Munns, R., & Tester, M. (2008). Mechanisms of salinity tolerance. Annual Review of Plant
Biology, 59, 651-681.
Rengasamy, P. (2010). Soil processes affecting crop production in salt-affected soils.
Functional Plant Biology, 37(7), 613-620.
Richards, L. A. (1954). Diagnosis and improvement of saline and alkali soils. Agriculture
Handbook No. 60. USDA.
Shabala, S., & Cuin, T. A. (2008). Potassium transport and plant salt tolerance. Physiologia
Plantarum, 133(4), 651-669.
[Link]

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