COMPOSICIÓN HISTORIA TEMA V
El siglo XIX en España fue un siglo convulso y lleno de conflictos y
cambios. Comenzamos el siglo con la Guerra de Independencia en 1808
tras la ocupación francesa y la abdicación de Carlos IV en Napoleón, que
posteriormente abdicaría en su hermano José Bonaparte. Los españoles no
reconocerían la autoridad del monarca y se organizarían en juntas
municipales para enfrentarse al invasor. Para mayor coordinación, se creó
la junta suprema, que luego fue sustituida por el consejo de regencia, quien
tras consultar al pueblo promulgaría la Constitución de 1812, lo cual daría
comienzo al liberalismo en España. El liberalismo será un movimiento que
buscará la defensa de las libertades individuales en lo político y de la no
intervención estatal en lo económico. Hasta entonces aún perduraba en
España el Antiguo régimen, caracterizado por la economía agraria, la
sociedad estamental y el establecimiento de la monarquía absoluta. Entre
los avances de la constitución destaca la soberanía nacional, la separación
tajante de poderes y la defensa de derechos y libertades como la libertad de
prensa.
Tras el fin de la Guerra de Independencia en 1914 y Fernando VII retorna
como monarca español. Fernando VII, criado en los valores del antiguo
régimen, rechazaba la constitución y el liberalismo, teniendo la intención
de suprimirlos. A su vuelta, una sexta parte de las cortes, sobre todo
eclesiásticos y nobles, le entregaron el manifiesto de los persas, donde se
apoyaba la vuelta al antiguo régimen, lo cual le sirvió de excusa al monarca
para negar la legalidad de las cortes: “por los mismos diputados,
atribuyéndose la nación para apropiarla a sí mismos y dar a esta, después
de tal usurpación, las leyes que quisieron… y lo que verdaderamente era
obra de una facción se revestía de voluntad general”, y derogar la
constitución y todas las medidas liberales tomadas durante la guerra,
volviendo de esta manera al antiguo régimen: “… si no el declarar aquella
constitución y tales decretos nulos e de ningún efecto”. Con esto
comenzaría el sexenio absolutista del reinado de Fernando VII, que duraría
desde 1814 hasta 1820.
Sin embargo, múltiples líderes militares no apoyaban la decisión de
Fernando VII y comenzaron a realizar pronunciamientos (declaraciones de
intención de carácter militar): “Españoles… Obligados por la necesidad…
tomamos la terrible, pero indispensable, decisión de reclamar con las armas
en la mano lo que no se nos en nuestras solicitudes.”. Estos pedían en
esencia la vuelta al liberalismo en España: “Pedimos la convocatoria de las
Cortes nombradas por el pueblo, y que estas tengan la libertad de hacer en
la Constitución proclamada por las Cortes extraordinarias, los cambios que
exige nuestra situación”. De todos ellos solo triunfara el realizado por
Riego en 1820, que obligará a Fernando VII a volver a instaurar la
Constitución de 1812: “Oí vuestros votos, y como tierno padre condescendí
a lo que mis hijos consideran que conduce a su felicidad. Juré esa
Constitución que anhelabais, y siempre seré su más firme defensor”. Esto
daría paso al trienio liberal en el mandato de Fernando VII, entre 1820 y
1823, donde se restauraría el liberalismo en España. Pronunciamientos
como el de Riego serán habituales en la política española durante el resto
del siglo XIX, aunque una vez implementado el liberalismo, tendrán el
objetivo cambiar la tendencia del gobierno entre moderación y
progresismo.
Pero pronto el monarca demostraría sus verdaderas intenciones, contrarias
a lo anteriormente expuesto por él, y aprovechando las diferencias entre
liberales exaltados y moderados, contactaría con la Santa Alianza
(organización nacida en el Congreso de Viena a la que pertenecían
múltiples monarquías absolutistas europeas con el objetivo de defenderse
frente a cualquier revolución liberal). De esta forma, la Santa Alianza
acabaría mandando en 1823 a parte del ejército francés conocido como los
“Cien mil hijos de San Luis” y deponiendo a las cortes españolas,
comenzando la década ominosa del gobierno de Fernando VII, donde una
vez más se volvería al antiguo régimen: “1º. Son nulos y de ningún valor
todos los actos del gobierno llamado constitucional que dominó mis
pueblos desde el 7 de enero de 1920 hasta 1 de octubre de 1823
declarando, como declaro, que en toda esa época carecí de libertad”, y
donde la represión por parte del monarca contra los liberales llegaría a su
punto máximo, durando todo este periodo desde 1823 hasta su muerte en
1833.
Podemos concluir que el gobierno de Fernando VII consistió en una serie
de atrasos con respecto a la Constitución de Cádiz de 1812, y que pese a
mostrar en varias ocasiones su supuesto apoyo al liberalismo, que
realmente nunca pudo estar más lejos su posición. Con esto, Fernando VII
sería el último monarca absolutista español y con su muerte acabaría de
forma definitiva el Antiguo Régimen en España, dando paso a un régimen
liberal doctrinario que configuraría la política española de la mayor parte
de siglo XIX.