Orígenes de la Iglesia en Israel
Orígenes de la Iglesia en Israel
ORIGEN DE LA IGLESIA
1
VATICANO II, Nostra aetate, n. 4.
17
“Escucha Israel, Yahveh nuestro Dios es el único Dios. Amarás
a Yahveh tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas
tus fuerzas. Queden en tu corazón estas palabras que yo te he dicho
hoy. Se las repetirás a tus hijos, le hablarás de ellas; las atarás en tus
manos, las escribirás en las jambas de tus casas y e tus puertas”. (Dt
6, 4-9)
18
El 597 a.C. es invadida Jerusalén (capital del reino del Sur, Judá) por
Nabucodonosor. Es destruido el templo y la mayor parte de la población de
Judá es deportada a Babilonia.
El 537 a.C., al vencer el persa Ciro a los asirios, da la libertad a los
israelitas para regresar del exilio a su patria y restaurar el culto (reconstruir el
templo).
El 332 a.C., de nuevo los israelitas son sometidos al poder extranjero al
ser derrotado el persa Darío III por Alejandro Magno. Sus sucesores -los
Seléucidas- pusieron gran empeño en helenizar y desarraigar al pueblo hebreo
de su religión y tradiciones, llegando a la profanación del templo, lo que
provocó el alzamiento de los macabeos (165 a.C.).
Del 166 al 63 a.C. mantienen los israelitas el débil reino restaurado por
los macabeos, que finalmente cae al llamar una de sus facciones rivales a
Pompeyo, y ya por siglos se impone la dominación romana pese a las
sangrientas revueltas de los zelotes y a la misma guerra del 64 al 70 d.C.
(concluida con el sitio y destrucción de Jerusalén), que son finalmente
aplastadas el 135 d.C.
A partir de la ocupación de Israel por los romanos (63 a.C.) sometido al
saqueo de las legiones, a fuertes tributos y a vejaciones sin número que
provocan reiteradas revueltas reprimidas por Roma sin contemplaciones, se
aviva el anhelo de la venida del Mesías prometido. Pero esta espera tiene un
fuerte acento en el terreno político, sobre todo entre las autoridades religiosas
de Israel. Cuando éstas impulsen al pueblo a reclamar de Pilato la muerte de
Jesús, es por haberles defraudado, por no haber querido ser rey de los judíos,
liberador de Israel, en el sentido que ellos lo entendían.
Las tribulaciones sufridas por Israel en la antigüedad y hasta tiempos
próximos han hecho que se dispersen por todos los confines formando las
conocidas diásporas. No obstante, los judíos, se han mantenido fuertemente
unidos por la fe de sus padres en Yahveh-Dios, e incluso cuando la han perdido
en su mayoría en Israel, no han dejado de proclamar su unidad como nación.
Esta tenacidad ha impulsado la emigración de millones de judíos dispersos por
el mundo -emigración liderada sobre todo por laicos agnósticos (sionistas)-
hacia el nuevo Estado de Israel fundado en 1948.
19
Roma mantiene gran parte de las instituciones religiosas de Israel. Y
desde la muerte de Herodes el Grande (entre el 4 a.C. y el 6 a.C.) asume
directamente el gobierno político (nombrando procuradores, a Pilato el 26 d.C.)
salvo en contados momentos.
El antiguo tribunal del senado o sanedrín, compuesto por miembros de
las más destacadas familias de la nación, de los príncipes, de los sacerdotes, de
los escribas o doctores de la ley, y de los “ancianos” o príncipes del pueblo,
encarnan ante el pueblo la tradición religiosa y política de Israel, aunque en su
designación interviene la autoridad política romana. El sanedrín mantiene
antiguas competencias civiles, pero es sobre todo la máxima autoridad
religiosa.
El historiador judío Flavio Josefo nos habla en sus obras de cuatro
grandes grupos judíos: los saduceos, los fariseos, los esenios y los zelotas. Las
dos primeras, mencionadas en el Evangelio, formaban el judaísmo oficial,
siendo las dos últimas marginales a él.
20
con la destrucción de Jerusalén por el emperador Tito, desaparecerán de la
escena religiosa.
21
2.3.- Los esenios
Los esenios son continuamente citados por Filón de Alejandría y, en
menor medida, por Josefo y Plinio el Viejo. No se mencionan, sin embargo, en el
N.T. Los saduceos y los fariseos formaban algo parecido a dos partidos
políticos, los esenios, por el contrario, constituían una comunidad monástica. Su
nombre, al parecer, está en relación con el siríaco “piadoso” si bien se ha
pensado también que signifique “sanadores” por su interés por las hierbas
medicinales.
La fecha de su aparición es oscura. Josefo los menciona por vez primera
en torno al año 150 a. C. La identificación de los esenios con la comunidad de
Qumrán en las orillas del Mar Muerto es una hipótesis probable. Muchos vivían
en Palestina, principalmente en las aldeas. Filón y Josefo cifran su número en
unos 400.
La comunidad esenia estaba bien organizada jerárquicamente, la
obediencia a los superiores era absoluta. Al ingresar en la comunidad recibían
tres insignias: una azuela, un mando y una túnica blanca. A continuación, eran
admitidos a las abluciones rituales. Transcurridos dos años prestaban un
juramento que les obligaba a no desobedecer las doctrinas recibidas. Por faltas
graves podían ser expulsados de la comunidad.
Una característica de los esenios era la
propiedad en común. La jornada laboral estaba
bien reglamentada: comenzaba con la plegaria a
la que seguía el trabajo manual, suspendido
para realizar las abluciones y una comida en
común.
La vida de los esenios venía definida por
la sencillez: entre ellos no existían esclavos, no
se ungían el cuerpo con aceite, se bañaban con
agua fría antes de cada comida y vestían trajes blancos. Según Filón, Josefo y
Plinio el Viejo rechazaban el matrimonio. Periódicamente enviaban ofrendas
votivas al templo de Jerusalén.
Desde el punto de vista religioso, los esenios tenían una fe ciega en la
providencia. Seguían la Ley y eran inclinados a la interpretación alegórica de las
Sagradas Escrituras, así como la estricta observancia del sábado. Al salir el sol lo
invocaban diariamente, lo que no debemos interpretar como adoración. Tenían
gran interés por todo lo referentes a los ángeles y se gloriaban de tener el don
de la profecía.
Sin embargo, la doctrina esenia más importante era la creencia en la
inmortalidad. Según ellos, el cuerpo era perecedero y el alma inmortal. Las
almas buenas estaban destinadas a vivir más allá del océano mientras las malas
iban a una región oscura llena de tormentos.
La iglesia aceptó de la comunidad de Qumrán ciertas ideas teológicas,
adoptando conceptos y estructuras esenias en la organización de la comunidad
cristiana. Es probable incluso que algunos esenios se pasaran al cristianismo. El
mensaje de Juan Bautista, que predicó cerca del monasterio de Qumrán,
presentaba notables analogías con las creencias de los esenios. Quizá Juan
22
Bautista frecuentó, en algún momento de su vida antes de su predicación, la
comunidad esenia de Qumrán.
Entre los esenios, al igual que ocurrió en el cristianismo primitivo, el
influjo de la literatura apocalíptica y apócrifa fue grande. Literatura de este tipo,
elaborada por los esenios, debió ser conocida entre los cristianos.
3. - JESÚS DE NAZARET
La historia de la iglesia tiene su raíz en la encarnación del Hijo de Dios,
nacido de María la Virgen. Las fuentes inspiradas que nos narran la vida de
Jesús son los escritos del Nuevo Testamento. En especial, los tres primeros
evangelios, los Hechos de los Apóstoles y algunas de las cartas de san Pablo.
Ninguno de ellos pretende describir paso a paso la vida de Jesucristo en todos
sus detalles. Recogen en gran manera su predicación a los Apóstoles, en la que
destacan acontecimientos especiales, dichos y hechos suyos, así como datos
históricos más señalados de su paso por la tierra.2
2
JEDIN, H., Manual de Historia de la Iglesia. 1. Herder. Barcelona (1980). Pg. 131
23
recibido. Hubo en los días de Herodes, rey de Judea, un sacerdote,
llamado Zacarías. Concibió su mujer Isabel…” (Lc 1, 1-5)
Por lo que concierne a la cronología de Jesús de Nazaret podemos
comentar que el nacimiento se sitúa unos cuatro o cinco años antes del
comienzo de la era cristiana. Por un error de cálculo, el erudito monje Dioniso el
Exiguo, que en el siglo VI elaboró un calendario cristiano que sustituía al
antiguo romano, fijando el nacimiento de Cristo en el año 753 de la fundación
de Roma en lugar del 749 ó 748 que parece más cierto, por ser el año de la
muerte de Herodes el Grande.
Ahora bien, lo que nos interesa en este momento es el problema de la
existencia histórica de Jesús de Nazaret, que ha agitado mucho a exegetas e
historiadores en los últimos tiempos; pero hay que tener en cuenta que no se
trata en modo alguno de contraponer al Jesús de la historia con la figura de un
mito o de una leyenda apócrifa, porque al empezar el tercer milenio de la era
cristiana, la existencia histórica de Jesús ha quedado ya definitivamente
demostrada, tanto para los exegetas como para los historiadores, de cualquier
tendencia que sean.
El tema acerca de la historicidad de Jesucristo es una cuestión
relativamente nueva. Es cierto que, ante las dudas sobre la realidad de Jesús en
la amplia geografía del paganismo, que era tan cercano al mundo mítico,
algunos acudiesen al mito para interpretar el fenómeno cristiano. Pero la
polémica real se va a suscitar a finales del siglo XVIII, se repitió en el siglo XIX
y, con variaciones, no faltan imaginativos novelistas de nuestro tiempo que
desfiguran la persona histórica de Jesucristo.
Esta puede ser una breve crónica de este singular suceso:
Se inicia en la época del enciclopedismo francés. En el año 1791 dos autores,
Constantin-François Volney y Charles François Dupuis, coincidieron en idear
que Jesucristo era una fabulación popular y literaria, al modo de los mitos de las
antiguas religiones egipcias y greco-romanas. Según Volney, Jesús era un signo
más del zodiaco, mientras que Dupuis nos dirá que era un mero símbolo solar,
tal como los egipcios habían ideado del dios Horus3.
Ahora bien, si queremos hacer un estudio serio de la historicidad de
Jesús, tenemos que buscar las fuentes lo más cercanas posible a su época.
24
una selección de los acontecimientos, de acuerdo con
unos criterios que no coinciden con los exigidos por la
ciencia histórica propiamente dicha. De los años 90 al 150
se pueden datar los escritos de los denominados Padres
Apostólicos, en los que, sin más precisión, incluimos:
Didaché, Carta a los Corintios de Clemente Romano, siete
cartas de Ignacio de Antioquía, la Carta de Policarpo de
Esmirna, el escrito del seudo Bernabé, La Carta a Diogneto y
el Pastor de Hermas. Desde inicios del siglo II hasta bien
entrado el siglo III están los escritos de los Apologistas,
hombres que escriben en defensa de la fe.
2) Fuentes judías. El judaísmo en general no ha dejado muchos
vestigios acerca de la figura de Jesús. En primer lugar,
tenemos al historiador judío Flavio Josefo que en el año
96 escribió Las antigüedades judías, una obra importante
para conocer la historia del pueblo judío. En un pasaje de
esta obra, Flavio Josefo llama a Santiago el Menor
“hermano de Jesús, el llamado Cristo”. También existe en la
Tradición Talmúdica4 algunas referencias acerca de la
existencia histórica de Jesús de Nazaret, y acerca de su
influencia sobre el pueblo judío.
3) Fuentes paganas. Algunos autores afirman que el documento
profano más antiguo que nos da noticia de Jesús es el de
Mará bar-Serapion, filosofo estoico originario de Siria.
Este documento se data en torno al año 73, aunque otros
lo colocan a finales del siglo primero (93). En carta a su
hijo Serapion, el filósofo sirio menciona a tres personajes
ilustres los cuales, a pesar de su inocencia y valía,
sufrieron la muerte: Sócrates, Pitágoras y el que
denominan “Rey sabio”, o sea Jesucristo5. Hay varios
historiadores paganos que, por diversas circunstancias,
se refieren a Jesús o a los cristianos primitivos. Tácito
(55- c. 125), al referirse a la persecución de Nerón contra
los cristianos, alude a la ejecución capital de Cristo por
sentencia de Pilatos, en su obra Anales de Roma, escrita en
entre el 115-117 d.C. Esta obra narra la historia de Roma
desde el año 14 al 68 d.C., desde la muerte de Augusto
hasta la muerte de Nerón. Para su redacción utilizó
documentos de carácter oficial conservados en archivos,
memorias privadas de personajes significativos y fuentes
historiográficas, es decir, obras de otros autores, la
mayoría de las cuales se han perdido. Cayo Suetonio
dice que el emperador Claudio expulsó a los judíos de
4
Obra en la que se recoge las tradiciones del pueblo judío.
5
El texto lo podemos leer en GARCÍA, José Miguel, Los orígenes históricos del cristianismo, Ed. Encuentro. Madrid
2007. Pg. 33.
25
Roma por las peleas que armaban entre sí a causa de un
tal Crestos en su obra Vida del emperador Claudio. Plinio el
joven escribe a Trajano hacia el año 112 que los cristianos
entonaban a Cristo cánticos como si fuera un dios. Marco
Cornelio Frontón (100-168), célebre orador romano
maestro de retórica del emperador Marco Aurelio. Fue
senador y cónsul en el año 143. Escribió una Oración
contra los cristianos, que pronunció posiblemente en el
senado con ocasión de una restauración religiosa
promovida por la autoridad imperial6. Luciano de
Samosata (120-190). Escritor satírico, de talante escéptico
e irónico. En el libro Sobre la muerte del peregrino hace
mención de los cristianos (c. 11-16). El argumento de la
obra es la historia de un sinvergüenza (Proteo) que vive
engañando y aprovechándose de la gente. También de
los cristianos, a quienes describe como gente ingenua y
bobalicona7. Otras referencias tenemos en dos filósofos
estoicos: Epicteto (55-135), y Marco Aurelio (121-180;
emperador del 161-180). En ellas, se considera a los
cristianos como gente irracional y testaruda. Finalmente,
el historiador Dión Casio relata que Flavio Clemente y
su mujer fueron acusados de ateísmo: él fue ajusticiado y
su esposa enviada al exilio, porque eran adictos a la
religión judía. Se entiende que eran cristianos. Este hecho
se data en la persecución de Domiciano, tal como consta
en la carta de Clemente Romano a los cristianos de
Corinto.
En otro orden de cosas podemos decir que los autores del Nuevo
Testamento no escribieron ni un solo libro, ni una sola frase que no esté sujeta a
la finalidad primordial de dar testimonio de la fe de que Jesús de Nazaret es el
Cristo. Por eso no podemos ofrecer una prueba histórica segura sobre la vida de
Jesús, si tenemos algunos hechos a los cuales se les puede aportar una prueba
de su historicidad.
6
Ibíd. Pg. 31.
7
Ibid. Pg. 32.
26
4.- ORIGEN DE LA IGLESIA
Para la historia, vida y doctrina de la iglesia durante la era apostólica, la
fuente insustituible es el libro de los Hechos de los Apóstoles. En sus primeros
siete capítulos se da particular noticia de los quince primeros años de la Iglesia
de Jerusalén. Son fuente importante también los demás escritos del Nuevo
Testamento próximos a los acontecimientos, exceptuando el evangelio de S.
Juan, y reflejan lo sustancial de las predicaciones y actividades de la era
apostólica. El contexto próximo en el que se ha situar la vida de la iglesia
naciente es el del mundo religioso y espiritual judío. El contexto más amplio es
el del Imperio Romano, del que forma parte Israel y en el que se desarrolla la
iglesia primitiva.
Los orígenes de la iglesia presentan un problema difícil de resolver
porque, para verificarlos con exactitud histórica, como en el caso de cualquier
otra institución humana, hacen falta los documentos y los monumentos que den
fe de su existencia. Pero esto en el caso de la iglesia no es posible.
La iglesia no aparece en la historia como una comunidad que surge de la
iniciativa de unos hombres que toman como punto de referencia el recuerdo, la
admiración y las enseñanzas de un Maestro religioso que se llamó Jesús, porque
él no habría tenido proyecto fundacional alguno. Al contrario, la persona de
Jesús, y su mensaje, sus hechos y sus palabras, conllevan la fundación de la
iglesia; es decir, la iglesia no tiene solamente su origen en la intención y en el
mandato del Jesús prepascual, sino en todo el acontecer de Cristo.
No se puede afirmar que hubo un momento concreto en que Jesús
declaró fundada la Iglesia, como cuando se firma el acta de constitución de una
sociedad. Fue con la totalidad de su acción salvadora como Jesús constituyó su
iglesia en el mundo. Pero si es cierto que se pueden distinguir algunos
momentos importantes en la vida de Jesús que son momentos ya de la historia
de la iglesia:
8
Desde aquí aconsejamos leer los Hechos de los Apóstoles para entender los primeros años de la vida de la Iglesia.
27
histórico de este texto
canónico. En la segunda
parte, que se refiere a la
misión de san Pablo, se
apoya en testimonios
directos. Su exposición sólo
abarca una parte de la
historia del cristianismo
primitivo.
Pero también es
cierto que hoy podemos
completar los datos
referentes a este primer período del cristianismo gracias a la convergencia de
numerosos descubrimientos. Los manuscritos del Mar Muerto nos dan a
conocer mejor el contexto judío de los orígenes cristianos. Los descubrimientos
de Nag Hammdi (Cf. Imagen), en particular el evangelio de Tomás, nos ponen
en contacto, tal vez, con una tradición aramea de los “logia” de Jesús. Los
escritos judeos-cristianos, Didajé, Ascensión de Isaías y tradiciones de los
presbíteros, nos ayudan a descubrir una tradición paralela a los escritos del N.T.
las inscripciones halladas por los PP. Bagatti y Testa en los osarios de Jerusalén
y Nazaret nos llevan quizá al conocimiento de los símbolos del ambiente
judeocristiano original.
4.2.- Pentecostés
El grupo de los seguidores de Jesús de Nazaret se dispersó después de
los trágicos acontecimientos de la crucifixión; pero su dispersión concluyó al
tener lugar la experiencia de la resurrección, dando origen a un grupo
constituido por unas 120 personas que regresaron a Jerusalén. Este grupo,
reunido en torno a María, la Madre de Jesús, y que perseveraba en la oración
con un mismo espíritu (cf. Hch 1,14), empezó por recomponer el número
significativo de los “Doce”, roto por la traición de Judas Iscariote; solamente
podían ser candidatos a formar parte de ese número simbólico aquellos que
habían sido testigos oculares “todo el tiempo que el Señor Jesús convivió con
nosotros, a partir del bautismo de Juan hasta el día en que nos fue llevado, uno de ellos
sea testigo con nosotros de la resurrección” (Hch 1,22). Dos discípulos reunían esas
condiciones: Matías y José, llamado Barsaba; “la suerte cayó sobre Matías, que fue
agregado al número de los doce” (Hch 1,26).
El uso litúrgico que hace la Iglesia de los Hechos de los Apóstoles (2, 1-4)
ha hecho que los cristianos consideren el acontecimiento de Pentecostés como el
Acta de nacimiento de la Iglesia. Y no es así, porque la Iglesia ya había nacido, ya
había sido fundada por Jesús antes de Pascua.
Los distintos autores del Nuevo Testamento coinciden en señalar a Cristo
resucitado como aquel que envía el Espíritu Santo; pero los distintos textos no
ofrecen un relato coherente en cuanto al tiempo y a la forma en que el Espíritu
Santo es enviado a la incipiente comunidad. San Juan difiere de San Lucas en
cuanto al tiempo, pero coincide en cuanto al lugar. Según San Juan (20, 19-22),
28
la resurrección, la ascensión y la venida del Espíritu Santo acaecen en el mismo
día; el propio san Lucas da otra versión de la venida del Espíritu Santo en otro
pasaje de los mismos Hechos (4, 31).
A pesar de su inicial pretensión de historiador, Lucas se muestra en este
pasaje más como teólogo que como historiador; él quiere pone de relieve el
profundo significado teológico que encierra el comunicar y recibir el Espíritu
Santo; y lo hace describiendo el hecho dentro de un cuadro cargado de
simbolismo. La venida del Espíritu, como acción divina que es, no puede ser
captada por los ojos del hombre; solamente se puede conocer por los efectos
que produce, y esto dentro de una perspectiva de fe.
29
todos los pueblos hablan el mismo idioma del Espíritu Santo, dando lugar a una
nueva comunidad impulsada desde dentro por él mismo.
Ahora bien, es imposible escribir la historia de la Iglesia sin partir de la
venida del Espíritu Santo el día de Pentecostés del año 30. Y en este punto es
capital el testimonio de los Hechos de los Apóstoles, que nos presenta la creación
de la Iglesia como un acontecimiento de la historia de la salvación. Los datos
esenciales del hecho son los siguientes:
- Se trata de una misión del Espíritu (Hch. 2,4).
- El objeto de la misión se refiere a la comunidad constituida por
Cristo en su vida pública.
- El Espíritu se difunde sobre los Doce reunidos (Hch. 2,1).
- Los Doce quedan investidos del Espíritu de una autoridad y un
poder que los constituyen en predicadores y dispensadores de
las riquezas de Cristo resucitado.
30
La finalidad del Kerigma es hacer reconocer a los judíos que lo que se ha
cumplido en Jesús es una acción de Dios. Se trata, pues, ante todo de un cambio
total de actitud frente a Jesús, de una conversión. Y en un llamamiento a la
conversión desembocan los discursos de Pedro (2,38; 3,19). Los judíos deben
reconocer que se han equivocado al ignorar el carácter divino de Cristo y
condenarlo por blasfemo. Así pues, reconocer la divinidad de Jesús es
convertirse a Dios (3,19). La resurrección ha puesto de manifiesto que lo
realizado en Jesús era divino.
31
El bautismo, administrado en el nombre de Jesús, se convirtió en el rito
diferenciador con respecto al judaísmo; la comunidad primitiva no quería ser
confundida con cualquier movimiento religioso indefinido; era una comunidad
histórica que tenía su propia identidad; esto no obsta para que, durante algún
tiempo, los cristianos hebreos continuasen practicando el rito de la circuncisión,
pero ya no como distintivo de los seguidores de Jesús.
Al mismo tiempo que toman parte en la vida de su pueblo, los cristianos
tienen su vida propia. Se reúnen comunitariamente en casas particulares.
Pronto se multiplican los lugares de reunión. Los Hechos nos dicen que los
cristianos “partían el pan en sus casas” (Hch 2,46). La sala alta de la casa, más
amplia y normalmente no habitada, se acomodaba perfectamente para aquellas
reuniones nocturnas (Hch 1,13). También se nombra la casa de Juan Marcos
(Hch 12,12).
Todas las religiones se expresan a sí mismas en el culto; por el culto se
realizan, se afirman, se conservan, y se extienden. En todas las religiones, y en
el cristianismo también, el culto respecto a Dios es homenaje y adoración, y
respecto a los hombres es instrucción y edificación; o, lo que es lo mismo, el
culto tiene tres funciones muy específicas: mística, en cuanto que tiene como
finalidad unir la divinidad con la humanidad; didáctica, en cuanto que en las
celebraciones del culto los fieles son instruidos; simbólica, en cuanto que en el
culto la religión toma conciencia de sí misma y se manifiesta tal y como es.
Los cristianos se reunían con frecuencia. Los Hechos hablan de reuniones
diarias, que comprendían la fracción del pan, una comida y oraciones de
alabanza (2,46). Algunas de estas reuniones tenían lugar durante la noche. Lo
que parece cierto es la existencia de una asamblea en la noche del sábado al
domingo (Hch 20,7). Los cristianos tomaban parte en las plegarias comunes del
sábado y después se reunían por su cuenta. Parece ser que a esta costumbre se
debe la designación del domingo como octavo día. Pero no es cierto que las
asambleas cristianas se celebraran siempre de noche. Es muy posible que
pudieran tener lugar a otras horas. Tal es, en concreto, el caso en que la
eucaristía iba acompañada de una comida, como aparece indicado en la Primera
Epístola a los Corintios (11, 17-33).
Siguiendo Hch 2, 42 podemos decir que las asambleas constaban de:
32
Otro aspecto importante en la vida de la comunidad es su organización
económica. Los Hechos hablan de una comunidad de bienes por parte de los
hermanos (2,44; 4,34). Pero esta organización también tuvo sus problemas. Los
Hechos nos cuentan que, a consecuencia de las protestas de los helenistas, que
veían descuidadas a sus viudas, los Apóstoles eligieron entre ellos a siete
personajes, entre los cuales figuraba Esteban9. Pero los siete no son designados
únicamente a la gestión del servicio de los pobres. Los vemos predicar y
bautizar. Los Apóstoles aprovechan la ocasión para proporcionarse unos
colaboradores, a quienes comunican sus propios poderes. Y se los confieren
mediante una ordenación (Hch 6,6).
Hemos de tener en cuenta que la comunidad primitiva se componía de
“cristianos hebreos” y de “cristianos helenistas”; los primeros procedían de los
judíos residentes en Palestina y los segundos procedían de los judíos de la
“diáspora”, es decir aquellos judíos que estaban dispersos por toda la cuenca
del Mediterráneo. Los judíos de la diáspora, por su contacto con la cultura
griega, eran más liberales respecto a la observancia de la Ley y de las
tradiciones mosaicas que los judíos de Palestina. Debido a la diferencia de
lengua se habían creado sinagogas distintas. Al principio, la comunidad debía
estar compuesta por un grupo unitario; pero poco a poco se percataron de que
la diversidad de lenguas y también de mentalidad producían roces entre los dos
bloques; sobre todo, cuando las viudas y los pobres del bloque helenista no
recibían la misma atención que los pobres del bloque hebreo. Estos roces
motivaron que la comunidad se dividiera en dos grupos independientes. La
cúpula dirigente hasta entonces había sido de lengua hebrea. San Pedro
aconsejó a los helenistas que eligieran a sus propios dirigentes, los cuales
constituyeron el grupo de los “Siete Diáconos”. Los Apóstoles les impusieron
las manos (Hch 6,1-6) con lo cual le confieren el carácter de jerarquía a la
manera de los Doce con los hebreos.
Nos podemos plantear si esta institución solo era para los helenistas.
Lucas no dice nada, pero es cierto que el evangelista no muestra interés para
con los hebreos. Estos ya tenían los presbíteros o ancianos. Santiago el Justo era
seguramente uno de estos. Los Hechos nos presentan (11,30) a los cristianos de
Antioquia confiando a los ancianos (presbyteroi) de Jerusalén unas limosnas
para los pobres. Estos ancianos tienen entre los hebreos la misma función que
los Siete entre los helenistas. Un hecho nuevo es la preeminencia que adquiere
Santiago el Justo entre los presbíteros. Parece más plenamente asociado a los
poderes apostólicos. En el concilio de Jerusalén, él es el único que habla además
de Pedro, Santiago era pues la cabeza de la comunidad de Jerusalén. Y parece
incluso disponer de poderes semejantes a los de los Apóstoles.
La estructura de la Iglesia de Jerusalén toma así una fisonomía propia.
Los Apóstoles son los testigos de la resurrección y por lo tanto el gobierno era
ejercido por los Doce presididos por Pedro. La preeminencia de Pedro resalta
tanto en los Evangelios como en los Hechos de los apóstoles; pero la comunidad
participaba muy activamente en las decisiones importantes, como fue el caso de
9
Esteban, Felipe, Prócoro, Nicanor, Timón, Pármenas y Nicolás.
33
la elección de Matías y como hemos visto antes, en la elección de los siete
diáconos. Los Hechos ponen muy de relieve la obediencia de la comunidad a la
palabra de los Doce (Hch 2,42).
Cuando San Pedro abandonó Jerusalén, a causa de la persecución de
Herodes, Santiago, el hermano del Señor, quedó al frente de la comunidad; se
discute, y hay razones para ambas opiniones, si se trata del apóstol Santiago el
menor o de un pariente de Jesús; también San Juan ocupó un puesto relevante,
pues es una de las tres “columnas” de aquella comunidad (Gal 2,9).
Por otra parte, los Apóstoles establecen una organización similar para los
helenistas. Los Siete corresponden a los presbíteros de los hebreos. Es difícil
saber si Esteban era entre ellos el equivalente de Santiago. De todos modos, la
marcha de los helenistas hará del colegio de los presbíteros la única jerarquía de
Jerusalén.
Pero el estrecho lazo que al principio mantuvieron los cristianos con el
judaísmo, parecería de todo punto imposible que pudieran cambiar el día del
culto; pero, en realidad, no tardaron en hacerlo, sustituyendo el sábado por el
domingo, es decir por el día del Señor, aunque este cambio no se hizo al mismo
tiempo en todas las comunidades. Cuando San Mateo, después del año 70 sin
duda, escribió su evangelio, dirigido a las comunidades cristianas de Palestina,
todavía se atenía a las praxis cultual sabática, pues recomienda orar para que
los acontecimientos finales no tengan lugar ni en invierno ni sábado (Mt 24,20)
porque los judíos no podían hacer largas caminatas en sábado; en cambio, San
Marcos, que escribe para la comunidad cristiana de Roma, más o menos por el
mismo tiempo, no menciona el sábado sino solamente el invierno (Mc 13,18).
34
APÉNDICE DOCUMENTAL
a) “Bautizad de esta manera: dichas con anterioridad todas las cosas [-la
catequesis previa de los mandamientos que propone el autor-], bautícese en el
nombre del Padre y del hijo y del Espíritu Santo en agua viva (en agua corriente
y por inmersión). Si no tiene agua viva, bautiza con otra agua; si no puedes
hacerlo con agua fría, hazlo con caliente. Si no tuvieras ni una ni otra, derrama
agua en la cabeza tres veces en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu
Santo” (Didaché VII, 1-3).10
b) “La verdad es que nuestro Dios Jesús, el Ungido, fue llevado por
María en su seno conforme a la dispensación de Dios; del linaje, cierto, de
David; por obra, empero, del Espíritu Santo. El cual nació y fue bautizado, a fin
de purificar el agua con su pasión” (San Ignacio de Antioquía Carta a los Efesios,
XVIII, 2).11
d) “Del agua se dice contra Israel (cf. Jer 2, 12s) cómo [un día los
israelitas] no habían de aceptar el bautismo que trae la remisión de los pecados,
sino que se construirían otros lavatorios. Bienaventurados [en cambio] quienes,
habiendo puesto su confianza en la cruz, bajaron al agua” (Carta de Bernabé, XI,
1.8).13
10
RUIZ BUENO, D., Padres apostólicos y apologistas griegos (s. II), versión española, BAC, Madrid 2002, pg. 86
11
Ibid, 388
12
Ibid 417
13
Ibid 605
I
Espíritu Santo. Y es así que Cristo dijo <<si no volveréis a nacer, no entrarán en
el reino de los cielos>> (Jn 3, 3s)” (San Justino, Apología, 1ª, 61, 2).14
14
Ibid 823
15
QUASTEN, J., Patrología I, BAC. Madrid 19955, pg. 496.
16
RUIZ BUENO, D., o.c., pg. 804.
17
Ibid. 407s
II
pecados lleguen de la tierra al cielo y sean más rojos que escarlata… si os
convertís a mí con toda el alma, yo os escucharé como a un pueblo santo”
(Primera de san Clemente a los Corintios, 7, 4s; 8, 1-4).18
“[No hay predestinados a la condenación]. De suerte, que si hacen
penitencia, todos los que quieran pueden alcanzar de Dios misericordia.
Bienaventurado, el arrepentido de sus pecados, [pues] recibe de Dios perdón de
ellos” (San Justino, Diálogo con Trifón, 141).19
18
Ibid. 179s
19
Ibid. 1258
20
Ibid. 91s
III
hallados por nuestras obras hombres de buena conducta…Terminadas las
oraciones, nos damos el ósculo de la paz.
Luego, al que preside se le ofrece el pan y un vaso de agua y vino, y
tomándolos tributa alabanzas y gloria al Padre por el nombre de su Hijo y por
El Espíritu Santo, y pronuncia una larga acción de gracias, por habernos
concedido estos dones que de Él nos vienen. Y cuando el presidente ha
terminado las oraciones y acción de gracias, todo el pueblo aclama Amén; en
hebreo, así sea. [luego], los diáconos dan a cada uno de los asistentes parte del
pan y el vino y del agua sobre que se dio la acción de gracias y lo llevan a los
ausentes.
Y este alimento se llama Eucaristía entre nosotros, de la que a nadie es
lícito participar sino al que cree verdaderas nuestras enseñanzas y se ha lavado
en el baño que da la remisión de los pecados y la regeneración, y vive conforme
a lo que Cristo nos enseñó. Porque no tomamos estas cosas como pan común ni
bebida ordinaria, sino que, a la manera que Jesucristo, nuestro salvador, hecho
carne por virtud del Verbo de Dios, tuvo carne y sangre por nuestra salvación,
así el alimento sobre que fue dicha la acción de gracias es la carne y la sangre de
Aquel mismo Jesucristo encarnado.
Los Apóstoles en los Recuerdos por ellos escritos que se llaman
evangelios, nos transmitieron [lo] que les fue a ellos mandado, cuando Jesús,
tomando el pan y dando gracias, dijo: Haced esto en memoria mía, éste es mi
cuerpo. E igualmente, tomando el cáliz y dando gracias, dijo: Ésta es mi sangre,
y que sólo a ellos les dio parte.
Los que tenemos, socorremos a los necesitados todos y nos asistimos
unos a otros. Y por todo lo que comemos, bendecimos siempre en el Hacedor de
todas las cosas por medio de su Hijo Jesucristo y por el Espíritu Santo. El día
que se llama del sol [domingo]se celebra una reunión de todos, y allí se leen, en
cuanto el tiempo lo permite, los Recuerdos de los Apóstoles o los escritos de los
profetas. Luego el presidente hace una exhortación [homilía]. Seguidamente nos
levantamos todos y elevamos nuestras preces, [concluida la liturgia de la
palabra, prosigue la fracción del pan] como ya dijimos. (Justino Primera Apología
parrf. 65-67, año 150)21
21
Ibid. 1068s
IV