0% encontró este documento útil (0 votos)
184 vistas2 páginas

Reflexión - Isaías 64

Reflexión cristiana

Cargado por

Agnus Dei
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
184 vistas2 páginas

Reflexión - Isaías 64

Reflexión cristiana

Cargado por

Agnus Dei
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

“Rasgando los cielos”

Texto: Isaías 64:1-4 (leer…)

Introducción
El pueblo de Judá en los días de Isaías se caracterizaba por la hipocresía, codicia,
indulgencia propia e idolatría. Dios utilizó a Isaías para que anunciara sus juicios sobre su
pueblo debido a su errónea decisión de romper el pacto. En obediencia al mandato
divino el profeta les advirtió que el ejército de Babilonia invadiría Judá, y los llevaría al
exilio. Sin embargo, el mensaje de Dios no se limitó a advertir sobre juicios, sino que
también prometió que redimiría a su pueblo no sólo de la opresión política, sino también
de la opresión espiritual, por medio del rey mesiánico que vendría: Jesucristo

A partir del capítulo 40 y hasta el 66 nos transporta al futuro, y nos introduce en los
decadentes días del exilio de Judá en Babilonia como si hubiese ocurrido en sus días, aun
a 700 años de acontecer, lo cual nos permite ver un destello vívido del cumplimiento de
la promesa de Dios de que Judá sería llevada en cautiverio. (Isaías 63:18; 64:10-11)

Desarrollo
Es en este contexto que se encuentran estos versos Isaías 64:1-4. La imagen que
describe nos recuerda a Éxodo 19:16-19 cuando Jehová se revela al pueblo para darle
los Diez Mandamientos (Cap. 20).

Aquí vemos una oración para que JEHOVÁ rasgue el velo cósmico de separación entre Él
y su pueblo, para que actúe con un poder salvador que haga temblar las montañas y los
saque de sus pecados (vv. 5b-6) y los lleve a la comunión consigo mismo, y para que,
mediante esta obra redentora, su nombre absolutamente único sea revelado a las
naciones para que tiemblen ante su presencia. Deuteronomio 30:1-8

Ahora, ¿cómo será cuando JEHOVÁ responda a esta oración? ¿Cómo se verá cuando Él
rasgue el velo de separación? ¿Cuándo descenderá con un poder que destrozará las
montañas para redimir a su pueblo de sus pecados y revelar su nombre a las naciones?
Lo descubriremos en Mateo 27:50-54:

Isaías 64:1-4 Mateo 27:50-54

1 ¡Oh, si rompieses los cielos, y 50 Mas Jesús, habiendo otra vez clamado a
descendieras … gran voz, entregó el espíritu. 51 Y he aquí, el
velo del templo se rasgó en dos, de arriba
abajo

1 y a tu presencia se escurriesen los 51 ...y la tierra tembló, y las rocas se


montes… 2 y las naciones temblasen a tu partieron;
presencia ...

3 Cuando, haciendo cosas terribles 52 y se abrieron los sepulcros, y muchos


cuales nunca esperábamos, descendiste, cuerpos de santos que habían dormido, se
1
fluyeron los montes delante de ti. 4 Ni levantaron; 53 y saliendo de los sepulcros,
nunca oyeron, ni oídos percibieron, ni ojo después de la resurrección de él, vinieron a
ha visto a Dios fuera de ti, que hiciese la santa ciudad, y aparecieron a muchos.
por el que en él espera

2 para que hicieras notorio tu nombre a 54 El centurión, y los que estaban con él
tus enemigos … guardando a Jesús, visto el terremoto, y las
cosas que habían sido hechas, temieron en
gran manera, y dijeron: Verdaderamente
este era Hijo de Dios.

Conclusiones
En la cruz, cuando su carne encarnada es desgarrada por el hierro romano, JEHOVÁ
rasga de hecho el velo que separa a Dios del hombre. El velo del templo representaba la
división entre el “segundo” y el “tercer” cielo (es decir, el cielo de las estrellas y el cielo
de la morada de Dios). Esto es lo que Isaías anhelaba metafóricamente en Isaías 64:1, y
esto es lo que JEHOVÁ logra simbólicamente al rasgar el velo del templo con la muerte
de Jesucristo.

Sí, todo el pueblo de Dios se había vuelto como un impuro y toda su justicia estaba
contaminada a Sus ojos (64:6), estaban fundidos en la mano de sus pecados y apartados
de Él (64:7). Y mientras estaban en el exilio de esta muerte espiritual (un exilio iniciado
en el Edén) Él actuó en su favor. Rasgó los cielos y descendió en la encarnación,
tomando carne, entrando en medio de ellos como uno de ellos. Llevó sus iniquidades y
cargó con sus pecados, se tragó sus penas y fue destrozado por sus dolores. Soportó sus
heridas, fue aplastado por sus delitos, y el castigo de su santa ira, que debería haberlos
excluido de su gozo para la eternidad, fue absorbido en su propia alma, de tal manera
que el propio Hijo fue excluido del Padre (el Hijo Amado), fue exiliado al infierno de la
aniquilación eterna de la presencia de Dios, para que se rasgara el velo de separación
entre Dios y el hombre.

También podría gustarte