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7.

0 CARACTERÍSTICAS DE LAS REPRESENTACIONES JUVENILES A


TRAVÉS DE LA MODA

7.1 De las representaciones juveniles al estilo

La noción de culturas juveniles remite a la noción de

culturas subalternas. La no integración -o integración


parcial- en las estructuras productiva y reproductivas es
una de las características esenciales de la juventud. Los

jóvenes, incluso los que provienen de las clases


dominantes, acostumbran a tener escaso control sobre la
mayor parte de aspectos decisivos en su vida, y están

sometidos a la tutela (más o menos explícita) de


instituciones adultas. Lo que diferencia a la condición
juvenil de otras condiciones sociales subalternas (como la

de los campesinos, las mujeres y las minorías étnicas) es


que se trata de una condición transitoria: los jóvenes
pasan a ser adultos (pero nuevas cohortes generacionales

los reemplazan). Este carácter transitorio de la juventud


ha sido utilizado a menudo para menospreciar los discursos
culturales de los jóvenes.

A pesar de ello, en condiciones desiguales de poder y


recursos, determinados grupos juveniles han sido capaces de

mantener niveles de autoafirmación considerables. Desde


esta perspectiva, las culturas juveniles surgen en el cruce
de varias estructuras sociales, de las que podemos

distinguir tres grandes escenarios que actúan como

37
mediadores (Lutte, 1984, Juliano, 1985, Lombardi Satriani,
1978, Hall y Jefferson, 1983, citado en Siurana).

a) La cultura hegemónica refleja la distribución del


poder cultural a escala de la sociedad más amplia. La
relación de los jóvenes con la cultura dominante está

mediatizada por las diversas instancias en las cuales


este poder se transmite y se negocia: escuela, sistema
productivo, ejército, medios de comunicación, órganos

de control social. Frente a estas instancias, los


jóvenes establecen relaciones contradictorias de
integración y conflicto, que cambian con el tiempo

(Siurana, 1995).

Las culturas juveniles provenientes de una misma

cultura parental pueden negociar de forma diferente


sus relaciones con la cultura hegemónica: las culturas
juveniles obreras pueden adoptar soluciones

adaptativas (el buen estudiante, el chico laborioso) o


disidentes (el bandolero, el gamberro); las culturas
juveniles de clase media pueden seguir itinerarios

normativos (situarse, hacer carrera) o contestarios


(desmadrarse, rebelarse), (Siurana, 1995).

b) Las culturas parentales pueden considerarse como


las grandes redes culturales, definidas
fundamentalmente por identidades étnicas y de clase,

en el seno de las cuales se desarrollan las culturas


juveniles, que constituyen subconjuntos. Refieren las

38
normas de conducta y valores vigentes en el medio
social de origen de los jóvenes, (Siurana, 1995).

Pero no se limita a la relación directa entre


padres e hijos, sino a un conjunto más amplio de
interacciones cotidianas entre miembros de

generaciones diferentes, en el seno de la familia, el


vecindario, la escuela local, las redes de amistad,
las entidades asociativas. Mediante la socialización

primaria, el joven interioriza elementos culturales


básicos (uso de la lengua, roles sexuales, formas de
sociabilidad, comportamiento no verbal, criterios

estéticos, criterios de adscripción étnica) que luego


utiliza en la elaboración de estilos de vida propios,
(Siurana, 1995).

c) Las culturas generacionales, finalmente, refieren


la experiencia específica que los jóvenes adquieren en

el seno de espacios institucionales (la escuela, el


trabajo, los medios de comunicación), de espacios
parentales (la familia, el vecindario) y sobre todo de

espacios de ocio (la calle, el baile; los locales de


diversión). En estos ámbitos circunscritos, el joven
se encuentra con otros jóvenes y empieza a

identificarse con determinados comportamientos y


valores, diferentes a los vigentes en el mundo adulto.
(Siurana, 1995).

39
Las cambiantes relaciones de las culturas juveniles
con las culturas parentales y con la cultura dominante
pueden explicar la coexistencia de los diversos estilos

juveniles en cada momento histórico, que a grandes rasgos


trazan fronteras sociales, pero que también pueden
presentarse de manera oblicua, mezclando influencias

diversas. Son importantes, en este sentido, los procesos de


circulación, apropiación y sincretismo cultural, que
impiden la correspondencia mecánica entre culturas

juveniles y clase. A un nivel más operativo, las culturas;


juveniles pueden analizarse desde dos perspectivas
complementarias, que exploraremos a continuación:

a) En el plano de las condiciones sociales, entendidas


como el conjunto de derechos y obligaciones que

definen la identidad del joven en el seno de una


estructura social determinada, las culturas juveniles
se construyen con materiales provenientes de las

identidades generacionales de género, clase, etnia y


territorio, (Siurana, 1995).

b) En el plano de las imágenes culturales, entendidas


como el conjunto de atributos ideológicos simbólicos
asignados y/o apropiados por los jóvenes, las culturas

juveniles se traducen en estilos más o menos visibles,


que integran elementos materiales e inmateriales
heterogéneos, provenientes de la moda, la música, el

lenguaje, las prácticas culturales y las actividades


focales. Estos estilos tienen una existencia histórica

40
concreta, son a menudo etiquetados por los medios de
comunicación de masas y pasan a atraer la atención
pública durante un periodo de tiempo, aunque después

decaigan y desaparezcan, (Siurana, 1995).

7.2 REPRESENTACIONES JUVENILES Y CONDICIONES SOCIALES

7.2.1 Bases estructurales de los materiales juveniles

Las culturas juveniles se construyen con las materias


primas de la identidad social, que pueden sintetizarse en
cinco grandes factores estructurantes: la generación, el

género, la clase, la etnicidad y el territorio. Estos


factores reflejan la situación estructural de los jóvenes
en la sociedad. Cada uno de ellos influye en la manera como

cada individuo o cada grupo se relaciona con las culturas


juveniles. A su vez, cada estilo juvenil supone grados
diversos de articulación entre los factores señalados,

(Siurana, 1995).

a) Generación: puede considerarse el nexo que une

biografías, estructuras e historia. La noción remite a


la identidad de un grupo de edad socializado en un
mismo periodo histórico. Al ser la juventud un momento

clave en el proceso de socialización, las experiencias


compartidas perduran en el tiempo y se traducen en 1a
biografía de los actores, (Siurana, 1995).

41
¿Cómo distinguir una generación de otra? Por una
parte, las fronteras generacionales responden a factores
históricos y estructurales. En palabras de Bourdieu,

(1979), es la transformación del modo de generación social


de los agentes lo que determina la aparición de
generaciones diferentes y de conflictos de generaciones".

Por otra parte, las generaciones se identifican sobre todo


por la adscripción subjetiva de los actores, por un
sentimiento de contemporaneidad que expresa si no recuerdos

comunes, por lo menos recuerdos en común (Bourdieu, 1979,


Augé, 1987 citado en Siurana).

La conciencia que manifiestan los actores de


pertenecer a una misma generación se refleja en
acontecimientos generacionales (una guerra, un movimiento

de protesta), lugares comunes, etiquetas y


autocalificaciones. Aunque no se trata de agrupaciones
homogéneas, ni afectan de la misma manera a todos los

individuos coetáneos, tienden a convertirse en modelos


retóricos perceptibles en las historias de vida, (Siurana,
1995).

Las generaciones sólo se pueden dividir sobre la base


de un conocimiento de la historia específica del campo

involucrado. Sólo los cambios estructurales que afectan al


campo poseen el poder de determinar la producción de
generaciones diferentes, transformando los modos de

generación social de los agentes y determinando la


organización de las biografías individuales y su agregación

42
en clases de biografías orquestadas y rimadas según el
mismo tiempo. (Bourdieu, 1979 citado en Siurana).

Las culturas juveniles más visibles tienen una clara


identidad generacional, que sintetiza de manera
espectacular el contexto histórico que las vio nacer.

Aunque en cada momento conviven diversos estilos juveniles,


normalmente hay uno que se convierte en hegemónico,
sellando el perfil de toda una generación. Algunos aparecen

súbitamente en la escena pública, se difunden y al cabo de


un tiempo se apagan, se fosilizan o son apropiados
comercialmente. Otros persisten e incluso son retomados,

reinventados por generaciones posteriores, (Siurana, 1995).

Sin embargo, es la novedad lo que da carta de

naturaleza a las culturas juveniles (a diferencia de las


culturas populares, que pueden definirse como rebeldes en
defensa de la tradición, las culturas juveniles aparecen a

menudo como rebeldes en defensa de la innovación). Por ello


es posible analizarlas como una metáfora de los procesos de
transición cultural, la imagen condensada de una sociedad

cambiante, en términos de sus formas de vida, régimen


político y valores básicos, (Siurana, 1995).

b) Género: las culturas juveniles han tendido a ser


vistas como fenómenos exclusivamente masculinos. De
hecho, la juventud ha sido definida en muchas

sociedades como un proceso de emancipación de la


familia de origen y de articulación de una identidad

43
propia, expresada normalmente en el mundo público o
laboral. En cambio, para las muchachas la juventud ha
consistido habitualmente en el tránsito de una

dependencia familiar a otra, ubicado en la esfera


privada. La reclusión femenina en el espacio doméstico
las ha alejado de la calle o de los locales de ocio,

espacios privilegiados de las culturas juveniles,


(Siurana, 1995).

Por otra parte, las bandas se han visto como un


fenómeno de afirmación de la virilidad, que se refleja
tanto en sus actividades violentas, como en su estética

dura. En las asociaciones juveniles, en la música rock, en


las actividades de ocio, en el radicalismo político, las
muchachas parecen haber sido invisibles, (Siurana, 1995).

La posición de las muchachas puede no ser marginal,


sino estructuralmente diferente. Pueden ser marginales en

las subculturas, no solo porque son expulsadas por la


dominación de los varones a los márgenes de cada actividad
social, sino porque están centralmente situadas en un

conjunto o rango de actividades diferente, necesariamente


subordinado. (Garber y McRobbie, 1983, citado en Siurana).

Garber y McRobbie (1983) han planteado si esta


invisibilidad no es un estereotipo cultural generado por
investigadores e informantes masculinos. Para estas

autoras, la cuestión no es tanto la presencia o ausencia de


las mujeres en las culturas juveniles definidas en términos

44
androcéntricos, sino las formas con que interactúan entre
ellas y con otros sectores para negociar un espacio propio,
articulando formas culturales, respuestas y resistencias

específicas: si las muchachas son marginales o pasivas en


el rock, la sexualidad y la política (¿pero. ha sido
siempre así?), es probable que en su vida ocupe un lugar

central la sociabilidad femenina del vecindario, las


culturas de fans y clubs de fans, la organización de 1a
propia habitación (bedroom culture). Sin embargo, la

atención exclusiva a la esfera privada no ha de hacernos


olvidar que las chicas como los chicos, viven su juventud
en una multiplicidad de escenarios, (Siurana, 1995).

Parte de la cultura de las chicas su base en el


dormitorio. Es el lugar para los sueños narcisistas, para

experimentar con el vestido, los cosméticos y los nuevos


bailes. A veces las chicas quieren estar solas, otras veces
con amigas, y también los grupos mixtos se encuentran en la

habitación de alguna de ellas. Esto es una parte de la


cuestión. Por otra parte, sospecho que en los dormitorios
de los chicos tienen lugar actividades semejantes. Si bien

algunas chicas están confinadas a la esfera privada, otras


muchachas acuden al club juvenil y se encuentran, como los
chicos, en la esquina de la calle. (Wulf, 1988, citado en

Siurana).

c) Clase: la relación entre cultura juvenil y clase se

expresa sobre todo en la relación que los jóvenes


mantienen con las culturas parentales. Esta no se

45
limita a una relación directa entre padre e hijos,
sino a un amplio conjunto de interacciones cotidianas
entre miembros de generaciones diferentes en el seno

de la familia, el barrio, la escuela, la red amplia de


parentesco, la sociabilidad local, etc. Los jóvenes
habitan, como sus padres, en un medio familiar y

social específico, que ejerce las funciones de


socialización primaria, (Siurana, 1995).

Mediante la interacción cara a cara con parientes y


vecinos mayores, los jóvenes aprenden algunos rasgos
culturales básicos (roles sexuales, lenguaje, maneras de

mesa, gustos estéticos). Mientras las culturas parentales


de clase media tienden a concentrar estas funciones en la
familia nuclear, las culturas obreras dan mucha más

importancia a la familia ampliada y la comunidad local.


Estos contextos íntimos también vinculan a los jóvenes con
el mundo exterior: la percepción del mundo del trabajo para

los jóvenes obreros, de la carrera para los jóvenes de


clase media, las valoraciones sobre la policía y la
autoridad, las interpretaciones que se hacen de los medios

de comunicación, (Siurana, 1995).

Aunque se identifiquen con otros miembros de su propio

grupo de edad, los jóvenes no pueden ignorar los aspectos


fundamentales que comparten; con los adultos de su clase
(oportunidades educativas, itinerarios laborales, problemas

urbanísticos, espacios de ocio). La mayor parte de la


literatura sobre las culturas juveniles se ha centrado en

46
los jóvenes de clase obrera. Los jóvenes de clase media
sólo han sido considerados cuando han participado en
movimientos disidentes o contraculturales (es decir, cuando

han provocado problemas a sus mayores), (Siurana, 1995).

Aunque no siempre expresen su identidad de manera tan

espectacular como sus coetáneos proletarios, los jóvenes de


clase media -o los que aspiran a serlo- comparten
determinadas modas, músicas, intereses focales, espacios de

ocio, adornos, que a menudo se traducen en determinadas


etiquetas usadas en la interacción social de la vida
cotidiana. Puede que los jóvenes de clase media no sean un

grupo problemático para el conjunto de la sociedad, pero


ello no significa que no experimenten problemas en tanto
que son jóvenes. Puede que sean privilegiados, pero no

siempre se sienten complacidos. Como los teenagers obreros,


están sujetos a diversas presiones; los detalles pueden
diferir a causa de sus carreras educativas y experiencias

previas, pero no por eso dejan de vivir las contradicciones


de su tiempo, (Siurana, 1995).

Sus intereses políticos y actividades de ocio expresan


a menudo valores específicamente burgueses, pero los
caminos emprendidos van del radicalismo intelectual al

conservadurismo burocrático. Los estudiantes, por ejemplo,


tienen a su disposición diversos recursos políticos,
artísticos, religiosos e intelectuales a los que no siempre

pueden acceder los jóvenes de otros medios sociales,


(Roberts, 1983,citado en Siurana).

47
d) Etnicidad: Desde sus orígenes, el fenómeno de las
bandas juveniles se ha asociado a la identidad

cultural de la segunda generación de emigrantes zonas


urbanas de Europa y Norteamérica. Dado que los jóvenes
de la segunda generación no pueden identificarse con

la cultura de sus padres, que sólo conocen


indirectamente, pero tampoco con la cultura de su país
de destino, que los discrimina, podrían interpretarse

sus expresiones culturales como intentos de recomponer


mágicamente la cohesión perdida en la comunidad
original, (Siurana, 1995).

Además de la etnicidad, hay otros factores que


intervienen en la conformación de las bandas juveniles,

como la generación, el género, la clase social y el


territorio. Lo que me interesa constatar es que estos
factores interactúan en la conformación de estilos

generacionales, que puede entenderse como soluciones


simbólicas a los problemas irresueltos en la cultura
parental (Hall y Jefferson, 1983, citado en Siurana).

A medida que la generación de nacidos en América va


llegando a la madurez, el sistema de vida de Cornerville ha

experimentado cambios significativos. Los lazos de lealtad


a los paesani no ligan al hijo con el padre. Incluso la
familia italiana se ha dividido en dos generaciones

separadas. Los nacidos en Italia son conocidos por la


generación más joven como greasers (pringosos). A menudo,

48
los hijos sienten un fuerte apego a sus padres y no
obstante los desprecian. Algunos de los mayores gozan de
posiciones respetadas, pero en lo general, no poseen la

autoridad característica de que disfrutan en la mayoría de


las sociedades. (Whyte, 1972 citado en Siurana).

La oposición entre el nosotros y el otros se reviste


de componentes étnicos, y a menudo se expresa a través del
conflicto por el territorio urbano. No es casualidad,

tampoco, que las culturas juveniles británicas de posguerra


emergieran de manera paralela a los procesos de
descolonización y a la masiva llegada de inmigrantes

ultramarinos, que afectaron al conjunto de estilos


juveniles, pero que sobre todo generaron formas específicas
de identidad étnica generacional, (Hebdige 1983, citado en

Siurana). La música reggae sería una de las expresiones más


interesantes de esta reinvención de la identidad étnica. En
las interacciones entre los diversos grupos juveniles, las

fronteras étnicas pueden confundirse con las fronteras


raciales (entendidas como etiquetas sociales), (Siurana,
1995).

e) Territorio: el último de los factores estructurales


de las culturas juveniles es el territorio. Aunque

puede coincidir con la clase y la etnia, es preciso


considerarlo de manera específica. Incluso puede
predominar a veces sobre los dos factores citados: en

barrios interclasistas, las bandas tienden a ser


interclasistas: en barrios interétnicos tienden a ser

49
interétnicas; en ambos casos no hacen más que reflejar
las formas específicas que adopta la segregación
social urbana. Las culturas juveniles se han visto

históricamente como un fenómeno esencialmente urbano,


más precisamente metropolitano, (Siurana, 1995).

La mayor parte de estilos espectaculares han nacido en


las grandes urbes de los países occidentales (Chicago, San
Francisco, Nueva York, Londres, París). Pero en la medida

que los circuitos de comunicación juvenil son de carácter


universal -mass medía, rock, moda-, que hay problemas como:
el desempleo que afecta a los jóvenes de diversas zonas; la

difusión de las culturas juveniles tiende a trascender las


divisiones rural/urbano/metropolitano. Ello no significa
que se de el mismo tipo de grupos en un pequeño pueblo, en

una capital provinciana o en una gran ciudad, ni que ser


punk signifique lo mismo en cada uno de estos territorios.
Urgen, en este sentido, análisis comparativos que

establezcan correlaciones a nivel nacional e internacional,


(Siurana, 1995).

A través de la función de territorialidad, la


subcultura se enraíza en la realidad colectiva de los
muchachos, que de esta manera se convierten ya no en apoyos

pasivos, sino en agentes activos. La territorialidad es


simplemente el proceso a través del cual las fronteras
ambientales son usadas para significar fronteras de grupo y

pasan a ser investidas por un valor subcultural. Esta es,


por ejemplo, la función del futbol para los skinheads. La

50
territorialidad, por tanto, no es sólo una manera mediante
la cual los muchachos viven la subcultura como un
comportamiento colectivo, sino la manera en que la

subcultura se enraíza en la comunidad. (Cohen, 1972 citado


en Siurana).

La emergencia de la juventud, desde el periodo de


posguerra, se ha traducido en una redefinición de la ciudad
en el espacio y en el tiempo. La memoria colectiva de cada

generación de jóvenes evoca determinados lugares físicos


considerados emblemáticos. Asimismo, la acción de los
jóvenes sirve para redescubrir territorios urbanos

olvidados o marginales, para dotar de nuevos significados a


determinadas zonas de la ciudad. La emergencia de culturas
juveniles puede responder a identidades barriales, a

dialécticas centro-periferia, que es preciso desentrañar.


Por una parte, las culturas juveniles se adaptan a su
contexto ecológico (estableciéndose una simbiosis a veces

insólita entre estilo y medio). Por otra parte, crean un


territorio propio, adueñándose de determinados espacios
urbanos que distinguen con sus marcas: la esquina, la

calle, la red, el local de baile, la discoteca, las rutas


de ocio, etc, (Siurana, 1995).

7.3 REPRESENTACIÓN VISUAL

7.3.1 Materiales juveniles: estilos en la representación

visual

51
Tras analizar las condiciones sociales que constituyen la
infraestructura de las culturas juveniles, es preciso
diseccionar las imágenes culturales con que éstas se

presentan en la escena pública. Para ello retornaremos el


concepto de estilo. El estilo puede definirse como la
manifestación simbólica de las culturas juveniles,

expresada en un conjunto más o menos coherente de elementos


materiales e inmateriales, que los jóvenes consideran
representativos de su identidad como grupo, (Siurana,

1995).

La mayoría de grupos juveniles comparten determinados

estilos, aunque éstos no siempre sean espectaculares ni


permanentes (puede hablarse también de estilos individuales
en la medida en que cada joven manifiesta determinados

gustos estéticos y musicales y construye su propia imagen


pública). Sin embargo, los que aquí nos ocupan son sobre
todo aquellos que se manifiestan de manera espectacular en

la escena pública y que presentan una trayectoria histórica


precisa, (Siurana, 1995).

En este sentido, corresponden a la emergencia de la


juventud como nuevo sujeto social y se basan en la difusión
de los grandes medios de comunicación, de la cultura de

masas y del mercado adolescente. Las subculturas podrían no


haber existido si no se hubiera desarrollado un mercado de
consumo específicamente dirigido a los jóvenes. Las nuevas

industrias juveniles aportaron los materiales brutos, los


bienes, pero no consiguieron producir -y cuando lo

52
intentaron fracasaron- estilos auténticos, en su sentido
más profundo. Los objetos estaban allí, a su disposición,
pero eran usados por los grupos en la construcción de

estilos distintivos. Esto significó, no simplemente estar


pasivos, sino construir activamente una selección de cosas
y bienes en el interior de un estilo, lo cual explicó a

menudo subvertir y transformar estos objetos, desde su


significado y uso originales, hacia otros usos y
significados. (Clarcke, 1983 citado en Siurana).

Para Clarcke (1983), la generación de un estilo no


puede entenderse como un fenómeno de moda o la consecuencia

inducida de campañas comerciales. El tratamiento


periodístico ha tendido a aislar objetos sin fijarse en
cómo son organizados de una manera activa y selectiva, en

cómo son apropiados, modificados, reorganizados y sometidos


a procesos de resignificación. Las diversas subculturas
juveniles se han identificado por la posesión de objetos.

Sin embargo, a pesar de su visibilidad, las cosas


simplemente apropiadas o utilizadas por sí solas no hacen
un estilo. Lo que hace un estilo es la organización activa

de objetos con actividades y valores que producen y


organizan una identidad de grupo. Todo ello demuestra lo
simplista que es responsabilizar al mercado de la aparición

de estilos juveniles, (Siurana, 1995).

Los accesorios en el vestir tuvieron el papel de

mediadores entre los jóvenes y sus ídolos, favorecieron por


homología y al mismo tiempo por contigüedad su

53
identificación; y cumplieron además la función de un
lenguaje simbólico inductor de la comunicación de los
fieles. Por ello, decir estilo, género o moda, es decir

demasiado poco. Se trata de un sistema integrado de


comunicación infraverbal. O sea: de una cultura (Monod,
1976 citado en Siurana). Para analizar cómo se construye un

estilo pueden utilizarse dos conceptos de la semiótica:

a) El concepto de bricolage sirve para comprender la

manera en que objetos y símbolos inconexos son


reordenados y recontextualizados para comunicar nuevos
significados. En el caso de los estilos juveniles,

esta re-significación se puede alcanzar por medios


diversos. Una manera consistió en invertir los
significados dados, combinando, en un código diferente

o secreto, generado por la misma subcultura, objetos


tomados prestados de un sistema previo de significados
(véase, por ejemplo, el uso de las cruces gamadas por

parte de los punks), (Siurana, 1995).

Otra manera consistió en modificar objetos producidos

o usados anteriormente por otros grupos sociales (véase,


por ejemplo, la utilización del vestido eduardino por parte
de los teds). Otra manera consistió en exagerar un

significado dado (véase, por ejemplo, la fetichización de


la apariencia por parte de los mods). Y también la de
combinar formas de acuerdo con un lenguaje o código

secreto, la clave del cual sólo la poseen los componentes

54
del grupo (por ejemplo, el lengua rasta de los rudies
afrocaribeños). (Clarke, 1983 citado en Siurana).

b) El concepto de homología refiere la simbiosis que


se establece, para cada cultura particular, entre los
artefactos, el estilo y la identidad de grupo. El

principio generativo de creación estilística proviene


del efecto recíproco entre los artefactos o textos que
un grupo usa y los puntos de vista y actividades que

estructura y define su uso. Esto identifica a los


miembros de un grupo con objetos particulares que son,
o pueden hacerse, homólogos con sus intereses focales,

(Siurana, 1995).

O la que se da entre la dejadez, la laxa afiliación

grupal, el gusto por la introspección, el amor a las drogas


perceptivas de los hippies y su música preferida (rock
californiano, psicodelia, etc.). La adopción de las botas,

los pantalones vaqueros y el corte de pelo de los skinheads


era significativa estilísticamente porque estas
manifestaciones estaban en sintonía con las concepciones

skin de masculinidad, dureza y obrerismo. Los nuevos


significados emergen porque los fragmentos dispersos de que
se componen, tomados de aquí y de allá, se integran en un

universo estilístico nuevo, que vincula a objetos y


símbolos a una determinada identidad de grupo. (Hall y
Jefferson, 1983 citado en Siurana).

55
¿Qué elementos integran el repertorio del bricoleur? A
través de las formas de creatividad simbólica que los
jóvenes en la vida cotidiana, muestran sus múltiples e

imaginativas vías mediante las cuales los muchachos usan,


humanizan, decoran y dotan de sentido a sus espacios
vitales y a sus prácticas sociales: el lenguaje, la

producción y audición de música,1a moda, la ornamentación


corporal, el uso activo y selectivo de los medios
audiovisuales, la decoración de la propia habitación, los

rituales del noviazgo, el juego y las bromas con los


amigos, las rutas de ocio, el deporte, la creatividad
artística, etc, (Siurana, 1995).

La noción cultura corriente resalta el papel de los jóvenes


como activos productores de cultura, y no sólo como

receptores pasivos de la cultura institucional y masiva


(Willis, 1990 citado en Siurana). El estilo constituye,
pues, una combinación jerarquizada de elementos culturales

(textos, artefactos, rituales), de los que pueden


destacarse los siguientes:

a) Lenguaje: Una de las consecuencias de la emergencia


de la juventud como nuevo sujeto social es la
aparición de formas de expresión oral características

de este grupo social en oposición a los adultos:


palabras, giros, frases hechas, entonación, etc. Para
ello los jóvenes toman prestados elementos de

sociolectos anteriores (habitualmente de argots


marginales, como el de la droga, el de la delincuencia

56
y el de las minorías étnicas), pero también participan
en un proceso de creación de lenguaje. El uso de
metáforas, la inversión semántica y los juegos

lingüísticos (como el verlan: cambiar el orden de1as


sílabas) son procedimientos habituales, (Siurana,
1995).

A veces los argots juveniles abarcan amplias capas de


la población (como sucedió con el lenguaje del rollo de la

Barcelona de los 70's o el lenguaje pasota de la movida


madrileña). Otras veces son lenguajes iniciáticos para
colectivos más reducidos que después se difunden (como

sucedió con el lenguaje de la onda de los jipitecas


mexicanos o el caló de los chavos banda). En cualquier
caso, el argot de cada estilo refleja las experiencias

focales en la vida del grupo (los términos Turn on, tune in


and drop out expresaban una determinada visión de la vida y
del mundo). Las frases hippies constituyen una jerga

compleja, obtenida eclécticamente de la cultura de los


negros, del jazz, de las subculturas de homosexuales y
drogadictos, del lenguaje idiomático de la calle y de la

vida bohemia. (Hall, 1977, Rodríguez,1989; Hernández, 1989,


citados en Siurana).

b) Música: La audición y la producción musical son


elementos centrales en la mayoría de estilos
juveniles. De hecho, la emergencia de las culturas

juveniles está estrechamente asociada al nacimiento


del rock & roll, la primera gran música generacional.

57
A diferencia de otras culturas musicales anteriores
(incluso el jazz), lo que distingue al rock es su
estrecha integración en el imaginario de la cultura

juvenil: los ídolos musicales son muchachos como tú,


de tu misma edad y medio social, con parecidos
intereses. Desde ese momento, la música es utilizada

por los jóvenes como un medio de autodefinición, un


emblema para marcar la identidad de grupo, (Siurana,
1995).

c) Estética: La mayor parte de los estilos se han


identificado con algún elemento estético visible

(corte de pelo, ropa, atuendos, accesorios): el


vestido eduardiano de los teds, el tupé y la cazadora
de los rockers, los trajes a medida de los mods, la

cabeza rapada y botas militares de los skindeads, los


vestidos floreados y las melenas de los hippies, el
deadlook de los rastas, los alfileres y mohicanos de

los punks, etcétera. Pero no deben confundirse las


apariencias con los actores: raramente se trata de
uniformes estandarizados, sino más bien de un

repertorio amplio que es utilizado por cada individuo


y por cada grupo de manera creativa, (Siurana, 1995).

Lo que comparten la mayoría de los estilos, eso sí, es


una voluntad de marcar las diferencias con los adultos y
con otras veces son producidos artesanalmente por los

propios jóvenes, e incluso se consiguen en circuitos


comerciales alternativos generados por las subcultruras

58
(los drugstores y puestos callejeros hippies, el tianguis
de los chavos banda mexicanos, etc.). Aunque sólo una
pequeña minoría de jóvenes adoptan el uniforme completo de

los estilos, son muchos los que utilizan algunos elementos


y les atribuyen sus propios significados, (Siurana, 1995).

Algunos estilos subculturales se convierten en fuente


de inspiración pan el conjunto de los jóvenes, marcando las
tendencias de la moda de toda una generación (como sucedió

con algunos elementos de la moda hippie y del punk). Pero


la universalización del estilo es sin duda un arma de doble
filo, porque facilita su apropiación comercial, que le

descarta de cualquier carga contestataria. (Clarcke, 1983,


Willis, 1990, citados en Siurana).

d) Producciones culturales:. Los estilos no son


receptores pasivos de los medios audiovisuales, sino
que se manifiestan públicamente en una serie de

producciones culturales: revistas, fanzines,


graffitis, murales, pintura, tatuajes, video, radios
libres, cine, etc. Estas producciones tienen una

función interna (reafirmar las fronteras de grupo)


pero también externa (promover el diálogo con otras
instancias sociales y juveniles). Para ello aprovechan

los canales convencionales (medios de comunicación de


masas, mercado) o bien canales subterráneos (revistas
underground, radios libres). Una de sus funciones es

precisamente invertir la valoración negativa que se


asigna socialmente a determinados estilos,

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transformando el estigma en emblema: las marcas del
grupo encontradas a través del estudio de los
diferentes productos comunicacionales se constituyen

en resistencia a la descalificación, (Siurana, 1995).

Los ejemplos más espectaculares son los graffitis

neoyorquinos, los murales cholos, y los fanzínes, que se


han convenido en emblema de una cultura juvenil
internacional-popular. (Reguillo, 1989, Urteaga, 1992,

citados en Siurana).

e) Actividades focales: La identificación subcultural

se concreta a menudo en la participación en


determinados rituales y actividades focales, propias
de cada banda o estilo: la pasión por las scooter de

los mods, el partido de futbol de los skínheads, el


consumo de marihuana de los hippies. Habitualmente, se
trata de actividades de ocio. La asistencia a

determinados locales (pubs, discotecas, bares, clubs)


o la ejecución de determinadas rutas (la zona pija
frente a la zona progre; la zona rosa frente al hoyo

fonqui) puede determinar las fronteras estilísticas. A


veces estas actividades focales se confunden con el
estilo mismo: skuatters, breakers, graffers, taggers.

(Flores, 1986, Hall & Jefferson, 1983, citados en


Siurana).

Para acabar, es preciso recordar que los estilos


distan mucho de ser construcciones estáticas: la mayor

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parte experimenta ciclos temporales en que se modifican
tanto las imágenes culturales como las condiciones sociales
de los jóvenes que los sostienen. Su origen suele deberse a

procesos sincréticos de fusión de estilos previos; a


continuación experimentan procesos de difusión en capas
sociales y territoriales más amplias que las originales,

así como de fisión en tendencias divergentes; también


padecen procesos de etiquetaje por parte de los medios de
comunicación, que los presentan en forma simplificada apta

para el consumo de masas, así como de los agentes de


control social, que los asocian a determinadas actividades
desviadas, (Siurana, 1995).

Pueden experimentar períodos de apogeo, de reflujo, de


obsolescencia e incluso de revitalización. Pero en la

mayoría de los casos, su vida acostumbra a ser corta, y no


influye en más de una generación de jóvenes. En el proceso
la forma y los contenidos originales pueden experimentar

diversas metamorfosis (véase, por ejemplo, la apropiación


del estilo skinhead por parte de grupos neonazis, o el
revival mod protagonizado por jóvenes clase medieros). Así

pues, no puede hablarse de un estado auténtico en que el


estilo no estaría contaminado, puesto que desde su origen
la creación estilística es sincrética y multi-idelógica,

(Siurana, 1995).

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