TEMA 6: REVOLUCIÓN LIBERAL EN EL REINADO DE ISABEL II.
CARLISMO Y
GUERRA CIVIL. CONSTRUCCIÓN Y EVOLUCIÓN DEL ESTADO LIBERAL. Desarrollo
de la teoría
ANTECEDENTES: El reinado de Fernando VII (1814-1833)
1.- LA REGENCIA DE MARÍA CRISTINA DE BORBÓN (1833-1840)
2.- LA PRIMERA GUERRA CARLISTA (1833-1840)
3.- LA REGENCIA DE ESPARTERO (1840-1843)
4.- EL REINADO DE ISABEL II (1843-1868)
4.1.- La Década Moderada (1843-1854)
4.2.- La Revolución de 1854 y el Bienio Progresista (1854-1856)
4.3.- La vuelta al Moderantismo y final del reinado (1858-1868)
5.- CONCLUSIÓN
ANTECEDENTES
El siglo XIX se había iniciado en España con un conflicto diplomático con Francia
ya que en este país la Revolución fue capaz de destronar a un monarca de la
familia de los Borbones.
El temor de Carlos IV a que eso sucediera en nuestro país, unido a la escasa
habilidad de Godoy de llevar a cabo una política independiente del poder
francés, acabó provocando la invasión francesa en 1808.
Tras la victoria española en la Guerra de la Independencia en 1814, el príncipe
Fernando, que se encontraba exiliado durante los años del conflicto, volverá a
España con el objetivo de recuperar la corona que le pertenecía.
Los grupos liberales del país querían su llegada para encabezar un sistema
político basado en la Constitución de 1812, mientras que los sectores
absolutistas pretendían el restablecimiento de la Monarquía Absoluta sin
ningún tipo de concesión a las nuevas corrientes liberales. Es por ello que este
monarca recibe el apelativo de “el deseado”.
Las intenciones absolutistas se adelantan a las liberales pues el general Elío es
capaz de reunirse con el futuro rey a quien le presenta el Manifiesto de los
Persas, un documento firmado por los representantes absolutistas que
apoyaban el regreso a los preceptos del Antiguo Régimen.
El príncipe Fernando se siente apoyado y con argumentos para llevar a cabo tal
intención por lo que, desoyendo a los grupos liberales, restablece el
Absolutismo en mayo de 1814.
Es así como, entre 1814 y 1820, se desarrolla el Sexenio Absolutista que se verá
caracterizado por la abolición de la Constitución de Cádiz y la persecución
sistemática de los liberales.
El nuevo gobierno no tenía un programa definido y Fernando VII no realiza las
tareas de gobierno sino que las delega en su “camarilla” o grupo cercano. Si a
esto le añadimos que en esos años se generan crisis agrarias de envergadura y la
Hacienda quiebra debido a las pérdidas de las colonias americanas, podemos
entender que grupos liberales busquen conspirar para derribar el sistema
absolutista.
De entre varias conspiraciones hay una que acaba triunfando el 1 de enero de
1820 encabezada por Riego y apoyada por un destacamento de tropas que iba
rumbo a Cádiz para sofocar las insurrecciones independentistas en América.
El lugar del pronunciamiento es en la provincia de Sevilla, en las Cabezas de San
Juan, y su triunfo se escenificó con la aceptación por parte del rey del sistema
liberal mediante la sanción de la Constitución de Cádiz.
Entre 1820 y 1823 se desarrolla el Trienio Liberal que permitió el incremento de
medidas esbozadas en 1812.
El problema de este periodo es que el los liberales sufren una división entre
“moderados” y “progresistas”, los primeros pretendían una soberanía
compartida, unas buenas relaciones con la Iglesia y el mantenimiento de un
sufragio censitario restringido; los segundos querían una soberanía nacional, un
estado que tendiese a la laicidad y ampliar ese sufragio censitario.
Además, Fernando VII estaba recibiendo apoyos por parte de los reyes de las
otras potencias europeas con lo que la Santa Alianza, grupo de países
absolutistas formado por Prusia, Rusia, Francia y Austria envían un contingente
militar en 1823, conocido como “Los cien mil hijos de San Luis”, acabando con
el liberalismo y llevando nuevamente el Absolutismo a España durante diez
años, conocidos como la Década Ominosa.
En esta etapa se inician reformas que pretenden avanzar pero sin romper con el
Antiguo Régimen como la creación del código de comercio, de la Bolsa, del
banco de San Fernando así como la eliminación de los fueros vascos y navarros
pero el sector absolutista empieza a mostrar su descontento y abren su simpatía
a la persona de don Carlos, el hermano menor de Fernando VII.
Ante el problema sucesorio, pues Fernando VII carecía de hijos varones, el
monarca firma la Pragmática Sanción en abril de 1830 que derogaba la
tradicional Ley Sálica y permitía a una mujer heredar la Corona. Esta intención
se confirmó cuando la reina María Cristina de Borbón dio a luz a una niña, la
futura reina Isabel.
El sector absolutista que ya encabezaba don Carlos se opuso frontalmente a
este hecho pero esperaría a la muerte del rey para acometer su tarea de
recuperar los principios absolutistas.
1.- LA REGENCIA DE MARÍA CRISTINA DE BORBÓN (1833-1840)
La muerte de Fernando VII abrió un problema político que desencadenó un
auténtica guerra civil, aunque no demasiado extendida, por la sucesión al trono
español.
De entrada, la minoría de edad de Isabel sería solucionada por la regencia de su
madre María Cristina entre 1833 y 1840.
La regente, que no era ni mucho menos una liberal, tuvo que apoyarse en los
sectores más avanzados de la política de su tiempo ya que los absolutistas sólo
reconocían a su cuñado don Carlos como el legítimo rey. Aún así, el gobierno
liberal empezó a funcionar.
Las primeras medidas fueron las aplicadas por el gobierno reformista de corte
conservador encabezado por Cea Bermúdez que permitió, entre otras cosas, la
nueva configuración de provincias diseñada por el ministro de Fomento, Javier
de Burgos, en el año 1833 y, al año siguiente, el Estatuto Real de Martínez de la
Rosa que no era más que una carta otorgada, carente de la codificación de los
derechos de los ciudadanos, con dos cámaras, una elegida por voluntad regia y
otra por sufragio censitario muy restringido, y la Corona obtendría importantes
prerrogativas en el poder ejecutivo.
En 1836, debido al problema de la Guerra Carlista, a los reclutamientos para la
defensa del régimen cristino, a los descontentos populares y a las
manifestaciones anticlericales, se acabó produciendo el Motin de la Granja
encabezado por progresistas que exigieron a la Corona la aceptación de la
Constitución de Cádiz.
María Cristina hubo de aceptar y un gobierno progresista, encabezado por
Calatrava, asumiría el gobierno y facilitaría la creación de una nueva
Constitución, la de 1837, que ya reflejaba el ideario de este grupo político con
un Congreso elegido por sufragio censitario abierto, aunque con un Senado al
que sólo podía votar un muy pequeño grupo de la sociedad.
En esta Carta Magna se aprobaba el mantenimiento de la Iglesia por parte del
Estado así como la creación de la Milicia Nacional que se suponía como
salvaguarda del régimen progresista, y, por último, la elección de los alcaldes en
los municipios mediante votación popular.
2.- LA PRIMERA GUERRA CARLISTA (1833-1840)
Pero el verdadero problema de la regencia de María Cristina no estaba en el
asunto de la dirección política del país o de las Constituciones que hubieran de
aprobarse sino que aparecían en el campo de batalla.
Los Carlistas se sublevaron en 1833, tras la muerte de Fernando VII, y basaban
sus argumentos en los derechos hereditarios del infante don Carlos que habían
desaparecido tras haber sido derogada la Ley Sálica.
En ese año, se producen los primeros levantamientos en zonas vascas,
encabezada ésta por Zumalacárregui, navarras y del Maestrazgo que supusieron
victorias iniciales contra el ejército cristino ya que, en un primer momento,
quedaron desorganizados.
Esta etapa finaliza en 1835 con la muerte del propio Zumalacárregui en pleno
asedio de Bilbao.
La segunda etapa, entre 1835 y 1837, se inician las expediciones carlistas, es
decir, avances de caballería por el mayor territorio peninsular posible con el
objetivo de levantar a la población para que fuesen apoyados.
Estas expediciones carecieron de cohesión e incluso se realizó la Expedición
Real a Madrid (1837) que tenía como objetivo negociar el matrimonio de la
futura reina con el heredero de don Carlos.
Pero para entonces, la figura del general cristino Espartero ya había surgido
como director de las actividades militares.
Defendió posiciones y entre 1837 y 1839, la última etapa, fue sofocando los
núcleos carlistas hasta tal punto que planteó un entendimiento con los rebeldes
que se firmaría en el Convenio de Vergara del verano del mismo año 1839,
entre el propio Espartero y el general carlista Maroto, donde buena parte de los
sublevados aceptaban deponer las armas a cambio de una reintegración en el
ejército o de una jubilación bien pagada.
Esta aceptación dividió a los carlistas en dos grupos: los transaccionistas,
sabedores de la dificultad de vencer aceptaba el acuerdo de Vergara, y los
apostólicos, férreos defensores del Absolutismo y de la figura de don Carlos.
Finalmente, el conflicto seguirá en 1840 hasta que Cabrera, general carlista, fue
vencido pues no había acatado el acuerdo de Vergara.
El asunto carlista resurgirá entre 1847 y 1860, la segunda guerra, y entre 1873 y
1875, la tercera, y siempre por motivos de sucesión al trono español.
3.- LA REGENCIA DE ESPARTERO (1840-1843)
La victoria de Espartero le iba a facilitar por tanto su acceso a mayores poderes
políticos en España. Él, un progresista convencido, se iba a enfrentar con la
mismísima regente por la Ley de Ayuntamientos, en el año 1840.
Este enfrentamiento le posibilitó apoyos que le llevaron a la regencia durante
1840 y 1843 pero careció del apoyo de los moderados además de aplicar
medidas de dudosa legalidad como la falsificación electoral, el nepotismo y
algunas técnicas de caudillo.
Lo que acabó costándole la regencia fue la gestión de las protestas urbanas de
Barcelona en 1842 pues las reprimió con violencia y usando el ejército.
Finalmente, en 1843, el general Narváez encabeza una manifestación contra
Espartero que se ve obligado a exiliarse, dando por comenzada la Década
Moderada, entre 1843 y 1854.
4.- EL REINADO DE ISABEL II (1843-1868)
El reinado de Isabel II se caracteriza por una marcada inestabilidad en el
gobierno ya que encontramos más de cincuenta ejecutivos diferentes durante
los veinticinco años de reinado.
Algo que tenía claro la nueva reina, y que había aprendido de su madre, era la
búsqueda permanente de apoyo en el Partido Moderado mientras que la
respuesta del Partido Progresista iba a ser la de los pronunciamientos.
4.1.- La Década Moderada (1843-1854)
Esta etapa se inicia con la dirección de Narváez, líder y símbolo del
Partido Moderado. Las medidas que se toman durante este período son las
siguientes: creación de la Constitución de 1845 (que analizamos más adelante);
la aprobación de leyes orgánicas de importancia como la recuperación de la
división provincial de 1833, la centralización de la Administración, la creación de
la Guardia Civil en 1844 y la creación de un nuevo sistema fiscal mediante la
reforma de la Hacienda; también se firma el Concordato con la Santa Sede.
Un hecho característico de este período es la exclusión que sufre el Partido
Progresista por parte de los moderados en el gobierno.
En 1846 la reina contrae matrimonio con Francisco de Asís.
Refiriéndonos a la Constitución de 1845, sus características son:
-Rompe con los logros progresistas de 1837.
-Negación de la Soberanía Nacional. Se impone la Soberanía Compartida
entre el rey y las Cortes.
-Declaración de derechos limitada.
-La Corona tiene iniciativa legal, nombra y destituye ministros.
-Estado católico confesional.
-Sistema bicameral:
-Senado (elección del Rey de forma directa y cargo vitalicio)
-Congreso (sufragio censitario muy restringido)
-Pérdida de independencia del poder judicial.
4.2 La Revolución de 1854 y el Bienio Progresista (1854-1856)
A principios de la década de 1850 estamos presenciando un desgaste de los
moderados en el poder que se combina con el alza de los precios del grano,
producido en 1854, que degenera en descontento social.
A esto se le añadía una marginación hacia los progresistas pues no se contaba
con ellos para el ejercicio del poder ni para la toma en consideración de las
medidas de gobierno y no podemos olvidar casos de corrupción política que
estallaron entre los moderados.
Todo esto provoca un importante descontento político que se hace realidad con
la Vicalvarada, es decir, un pronunciamiento llevado a cabo en junio de 1854
encabezado por O'Donnell y Dulce que presentan a la reina unas exigencias
recogidas en el Manifiesto de Manzanares (también conocido como el queremos
porque todas las peticiones empiezan con esa palabra) como: un trono que
gobierne de forma transparente, mejorar la ley electoral y de imprenta, rebajar
los impuestos, descentralizar la administración y dar mayor estabilidad a los
empleos públicos. Ante esta situación, Isabel II accede a las peticiones y le da el
poder a Espartero y O'Donnell de forma compartida.
Es así como se inicia el Bienio Progresista en el que se aprueban importantes
leyes de carácter económico como la ley de ferrocarriles, la bancaria y la de
sociedades, así como la desamortización de Madoz de 1855.
Uno de los intentos más significativos de esta etapa fue el de crear una
constitución que llegó a ser redactada pero nunca vio la luz, ésta fue la
Constitución non nata de 1856 cuyas características eran:
-Soberanía Nacional
-Ampliación de derechos ciudadanos
-Separación de poderes, con un senado autónomo y directo
-Restablecimiento de la Milicia Nacional
-Independencia judicial
-Libertad de prensa
Sin embargo, el incremento de las diferencias entre Espartero y O'Donnell acaba
por convertirse en una ruptura que lleva al propio O'Donnell a fundar un
nuevo partido, la Unión Liberal. Esta fractura política se acompaña con huelgas,
enfrentamientos entre patronos y obreros e incidentes en el campo que acaba
por desgastar el gobierno personalista de Espartero por lo que la reina lo
destituye y recurre a O'Donnell para el nuevo gobierno en 1856.
4.3 Vuelta al Moderantismo y final del reinado (1856-1868)
El primer gobierno de esta etapa va a ser liderado por Narváez entre 1856 y
1858 mientras que O'Donnell pretende reformar la recién restablecida
Constitución de 1845.
En general, todo el período es una alternancia en el gobierno entre Narváez y la
Unión Liberal de O'Donnell. La etapa más significativa es el denominado
“Gobierno Largo” (1858-1863), unos años de prosperidad económica, de
importante actividad internacional y caracterizado por una política pragmática.
Sin embargo, el desprestigio que estaba sufriendo la Corona llegó a su punto
culminante y se llevó por delante también el papel del gobierno.
Pero además se producen problemas específicos como la Noche de San Daniel
(1865), una protesta estudiantil que desencadena en tragedia, y el intento de
sublevación encabezado por Prim en el Cuartel de San Gil (1866). Por si esto
fuera poco, algunos partidos políticos de la oposición se reúnen en Ostende
para firmar un acuerdo para destronar a Isabel II cosa que ocurrirá en 1868.
5.- CONCLUSIÓN
Esta etapa termina con la Revolución Gloriosa llevada a cabo el 18 de
septiembre de 1868 en la que el almirante Topete y los generales Prim y
Serrano realizan un pronunciamiento en Cádiz que se acaba extendiendo por la
península acompañado de manifestaciones populares.
Estos sublevados pretenden unos cambios tendentes a la democracia y se
enfrentan al ejército de la reina, ésta sufrirá una derrota en la batalla de Alcolea
(28 de septiembre de 1868) provocando su caída, finalizando su reinado y
creando un paréntesis en la historia de los Borbones en España.