Examen de Español
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Menciona las partes de un Relato autobiográfico:
Menciona las partes de una Parodia:
Leer el texto y contestar lo que se te pide.
El deporte, fórmula contra la adversidad Medallista paralímpico, José Arnulfo Castorena se
sobrepuso a la orfandad y a un mal congénito
Aun antes de nacer, la adversidad ya estaba presente. Eva, su madre, falleció al momento de dar a luz; su padre,
Antonio, no quiso hacerse cargo de su propio hijo. José Arnulfo Castorena Vélez sólo pudo conservar los apellidos
de los padres que perdió repentinamente. De no haber sido por su abuela y sus hermanos hubiera quedado, acaso,
desamparado. Fue el principio anunciado de una vida de sinsabores que, como define el medallista paralímpico, ha
pasado “entre el fuego, pero por fortuna nunca me quemé”. La de José Arnulfo es una más de las historias de esos
competidores que a fuerza de tesón, deseos de sobresalir y de triunfar en la vida, se esfuerzan al máximo en cada
competencia internacional en la que participan. Sus logros no surgieron por casualidad ni suerte; son producto del
entrenamiento cotidiano, sin reflectores ni público, sólo bajo la mirada escrupulosa y paciente de su entrenador.
Orgulloso por haberle ganado “al Arnulfo de antes, el que compitió hace cuatro años en Sydney”, el competidor
con un cuerpo diferente al “normal” no esconde su felicidad, porque no sólo conquistó el oro en los 150 metros
combinado en Atenas 2004, sino que además tuvo la fortaleza para imponer nueva marca mundial y de la
competencia, pese a las adversas condiciones en las que participó por haber fundido categorías corporales
diferentes. Para el nadador de 26 años, casado con María Concepción Martínez y padre de Eva Angélica y Alejandra
Belén, haber escuchado las notas del Himno Nacional aquel día de la premiación en Atenas es algo que no puede
describir con palabras. Con rayitos pintados en el pelo, Castorena Vélez lamenta que tampoco en Guadalajara haya
un servicio de transporte adaptado para sus iguales, por lo que les resulta muy costoso y complicado trasladarse
tanto a los lugares de entrenamiento como a sus hogares o a los sitios de diversión. “Sí, nos hace falta cultura en
ese sentido”, insiste. Con un dejo de nostalgia, sentado en su silla de ruedas “del diario”, recuerda que pudo
sobreponerse a la muerte por alcoholismo de Luis, uno de sus cinco hermanos, e impuso nuevas marcas mundiales
en los 50 metros de natación en el Mundial de Inglaterra, con 57.28 segundos, y luego mejoró durante el Abierto
Alemania, hace apenas unas semanas, con 56.26. Afectado por un mal congénito desde su nacimiento, el
recordista recuerda que desde su infancia la vida le ha puesto diversas y muy duras pruebas.
Huérfano de madre y sin un padre a su lado, debió vivir con una de sus abuelas, quien falleció cuando
Arnulfo apenas tenía seis años. En ese momento se vio obligado a ver por sí mismo. No se avergüenza
de su pasado ni de su familia. Sabe que no es como para presumirlo, pero lo asume, como acepta
también tener sólo el brazo derecho y dos piernas muy cortas; la izquierda unos centímetros más larga
que la otra. Pero lejos de dejarse vencer por la adversidad, es justamente ésta la que lo ha animado a
salir adelante. Serio, recuerda que a los 12 años fue a las calles a pedir dinero o debía lavar autos para
comer. “Sí, fue duro, pero nada es imposible de lograr si se quiere”, dice con seguridad. Además de las
becas que le otorgan ahora el gobierno federal y el de su estado, Jalisco, parte del dinero que ha
obtenido con sus logros deportivos lo invirtió en equipos de luz y sonido, aunque en este momento “el
negocio se ha caído, porque allá hay muchísima competencia. Tardo hasta tres meses sin trabajar y me
quedo sin pan, por lo que ahora voy a tratar de poner otro negocio”.[…] Como cualquier otra familia, la
de Arnulfo no ha estado exenta de conflictos internos y algunos de sus parientes cercanos han
sucumbido a los problemas sociales.
No se apena al platicar que su vida ha sido como una hoguera, de la que se ha cuidado de no ser
consumido por el fuego. Y es que sus hermanos han caído en la falsa salida de la drogadicción o del
alcohol, por lo que quiere seguir triunfando para ayudarlos en lo que pueda. Pese a la muerte de otros
de sus familiares por los vicios, está cierto de que ellos lo ven contentos por sus logros deportivos, por lo
que ahora trata de hablar con sus hermanos sobrevivientes para que se alejen de las drogas, que si bien
es difícil de lograr, no es imposible, supone.
Tajante, asegura que este medio ambiente de conflictos lo ha marcado para lograr lo que se propone,
porque aunque sea el menor de sus hermanos siempre su ejemplo será la forma de ayudarlos, porque
así como se esforzaba una y otra vez por subirse a la silla hasta lograrlo, quiere que ese empeño lo
tomen como ejemplo de vida. “Si yo pude hacerlo, ellos por qué no pueden salirse de eso”, remarca.
José Arnulfo tiene una filosofía claramente elaborada. Niega ser diferente a los demás, “porque así
siempre lo he creído. Siento que soy normal porque soy un ser humano, tengo un corazón, una mente y
la discapacidad la tenemos sólo en la cabeza”. “Si uno se deprime sólo se crea la discapacidad, y eso sí
que es muy grave. La mente es el poder, lo que te ayuda a fortalecerte, y si no lo logras, entonces sí es
una gran discapacidad con la que cargarás”, asegura. —¿Hace falta que la gente se suba a una silla de
ruedas para ver el mundo desde esa perspectiva? —Pues sí, pero como te digo, lo primordial es que
nosotros logremos algo para ser importantes en nuestra vida.
Y con desenfado apunta que pese a sus logros presentes, pasados y futuros, su vida no tiene por qué
cambiar.
El Arnulfo fuerte
“Soy el Arnulfo alegre, el que anda en las calles, el que disfruta. Y te digo más. Si volviera a nacer otra
vez igual sería como soy, sin avergonzarme de lo que me tocó y trataría de intentarlo como lo he hecho
hasta ahora”. “Volvería a ser el Arnulfo fuerte, potente y cuando lograra otra vez lo que soy en este
momento, sólo pensaría, como lo hago hoy, en superarlo de nuevo, a cada momento, para ganarle al
Arnulfo de antes, al que estuvo en Atenas”. “Tengo la suficiente fuerza para hacerlo, porque esa es y
seguirá siendo mi gran lucha; por mi familia, para que tenga la mejor educación”, responde categórico.
—Hasta dónde quiere llegar ese Arnulfo que tantas vueltas te da en la cabeza. Ese competidor que
cuando vio en Atenas que había ganado la medalla de oro e impuesto récords estrelló el puño en el
agua…
—Pues a otros dos Juegos Olímpicos más, porque, como te digo, buscaré seguir cosechando triunfos y
llegar hasta donde ya no pueda más, sobre todo porque para mí siempre ha sido muy importante poner
el nombre de México, mi país, en lo más alto, termina emocionado jugueteando con las manos, con la
mirada severa dirigida a ninguna parte.
La persona a quien se refiere el reportaje se siente:
a) deprimido, incapaz, triste.
b) marginado, abandonado, excluido.
c) fuerte, triunfador, responsable.
Las condiciones en las que Arnulfo Castorena ha desarrollado su actividad son:
a) adecuadas, confortables y seguras.
b) adversas, inseguras y penosas.
c) saludables, protegidas y tranquilas.
Escribe un resumen de lo comprendido en el texto: