0% encontró este documento útil (0 votos)
29 vistas25 páginas

Op Ud 32

Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
29 vistas25 páginas

Op Ud 32

Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

OP UD 32. LA CULTURA RENACENTISTA.

LOS ENFRENTAMIENTOS
POLÍTICO-RELIGIOSOS DEL SIGLO XVI.

INTRODUCCIÓN.

1. EL RENACIMIENTO.
CONCEPTO.
CRONOLOGÍA.
LOS ESTADOS MODERNOS.
LA POBLACIÓN.
LA ECONOMÍA.
LA SOCIEDAD.

2. LA CULTURA RENACENTISTA.
EL HUMANISMO.
EL RETORNO A LA MEDIDA HUMANA.
ARTE Y HUMANISMO.
LAS EXCAVACIONES ARQUEOLÓGICAS.
¿CÓMO ERA UN HUMANISTA?
EL MODELO HUMANO DEL RENACIMIENTO.
El humanista: sabio, caballero, cortesano.
La dama.
LAS UNIVERSIDADES.
LA DIVULGACIÓN DEL HUMANISMO: LA IMPRENTA.
LA LITERATURA.
LA FILOSOFÍA.
LA NUEVA CIENCIA.
LA MEDICINA.
LA ASTRONOMÍA.
LAS CIENCIAS NATURALES, LAS MATEMÁTICAS, LA FÍSICA.
LA HISTORIA Y LA POLÍTICA.
3. LA REFORMA Y LA CONTRARREFORMA.
INTRODUCCIÓN.
3.1. LA REFORMA.
Los antecedentes.
EL LUTERANISMO.
Lutero.
La doctrina luterana.
La expansión del luteranismo.
EL CALVINISMO.
Zuinglio.
Calvino y su doctrina.
La expansión del calvinismo.
EL ANGLICANISMO.
Enrique VIII.
3.2. LA CONTRARREFORMA.
Concepto.
El Concilio de Trento y la doctrina contrarreformista.
Las órdenes religiosas: los jesuitas.
La Contrarreforma en España.
La expansión mundial del catolicismo.

4. LOS ENFRENTAMIENTOS POLÍTICO-RELIGIOSOS DEL SIGLO XVI.


La división europea en dos bandos religiosos.
CARLOS V CONTRA LOS PRÍNCIPES ALEMANES.
LA GUERRA RELIGIOSA EN LOS PAÍSES BAJOS.
LAS GUERRAS DE RELIGIÓN EN FRANCIA.

INTRODUCCION.
No se debe ligar de un modo determinista la cultura del Renacimiento con la
Reforma y la Contrarreforma y sus conflictos. Hubo una interrelación, pues
los fenómenos históricos están relacionados entre sí, pero el enunciado
de la UD es sobre todo un cajón de sastre para estudiar los dos fenómenos
espirituales más importantes del principio de la Edad Moderna, el
Renacimiento y la Reforma.
Divido la UD en cuatro partes. Estudiamos primero el Renacimiento en su
contexto histórico-social (concepto, población, política, economía, socie-
dad...) y la cultura renacentista (el Humanismo y las manifestaciones cultu-
rales), pero no el arte, cuya gran importancia exige una UD propia para el
Renacimiento y otra para el Barroco. A continuación avanzo los movimientos
religiosos de la Reforma y la Contrarreforma y los conflictos entre ambos
bloques. No incluyo los conflictos entre el cristianismo y el Islam en esta
época.
Un resumen.
Desde c. 1450 comienza en Europa una época de renovación en todos los
sentidos: política (los Estados nacionales se organizan como monarquías
absolutas, se independizan de la tutela del Imperio y el Papado, dominan a
los señores feudales), económica (desarrollo del comercio), social (ascenso
de la burguesía), cultural (difusión del Humanismo, y del saber mediante la
imprenta), artística (gótico tardío y, sobre todo, expansión del Renacimiento
como un arte italiano), religiosa (inicios doctrinales de la Reforma, que surge
ya en el siglo XVI y, más tarde, Contrarreforma). La velocidad histórica se
incrementa, de modo que se rompe con la estabilidad de la época medieval:
el cambio se hace constante, exponencial, sobre todo con la expansión
ultramarina a América, África y Asia. El siglo XVI conoce un recrudecimiento
de la competencia entre los Estados por la hegemonía europea.

1. EL RENACIMIENTO.
CONCEPTO.
El concepto de Renacimiento ha variado notablemente. Se había
considerado como un movimiento opuesto a la Edad Media, pero hoy se
reconoce que brotó del seno de la Baja Edad Media sin una ruptura,
desarrollando las semillas presentes en la sociedad gótica. Fue un resurgi-
miento de la cultura griega y romana y de su arte, junto a un fuerte impulso
de la creación artística.
Pero hubo más, pues a lo largo de los siglos XV y XVI Europa vivió una trans-
formación profunda en todos los órdenes: el cambio social y económico,
político y religioso, ideológico y científico, que en lo cultural se expresa en el
humanismo, una nueva visión del mundo y del hombre, una apertura de los
horizontes de la Humanidad.
El Renacimiento, por lo tanto, es un movimiento cultural, pero cuyo término
ha sido utilizado para bautizar su época.

CRONOLOGÍA.
Su cronología es distinta para cada país e incluso para cada región y los
autores difieren mucho, pues tienden a confundir el Renacimiento italiano
con el europeo.
A nuestro juicio, el Renacimiento italiano, como tal movimiento cultural,
nace h. 1300, pero como estilo artístico sólo aparece h. 1400.
En cuanto al europeo, también se avanza la cultura respecto al arte, pues la
cultura renacentista se difunde en Europa desde finales del siglo XV pero el
arte -salvo alguna excepción como Durero- sólo lo hace realmente a partir
aprox. de 1520-1525 y continúa en el siglo XVI, pero ya transformado en un
nuevo estilo, el Manierismo, que en Italia se ha impuesto h. 1525.
Los historiadores tampoco están de acuerdo sobre su final, pues proponen
un abanico tan amplio para el fin del Renacimiento cultural como entre 1550
y 1620, atendiendo a que la Contrarreforma se asocia al inicio del Barroco
(también el arte barroco aparece más tarde que la cultura barroca). La ma-
yoría pone el límite en 1600 sólo por usar el criterio del siglo.

LOS ESTADOS MODERNOS.

Mapa de Europa en el siglo XVI.

A fines de la Edad Media, en el siglo XV y aun más en el XVI, aparecen las


“monarquías nacionales”. Los Estados feudales se convierten en Estados au-
toritarios: España, Francia, Inglaterra, Dinamarca, Suecia... que consolidan
su soberanía en un doble frente, frente a la tutela de los poderes tradi-
cionales del Imperio y del Papado, y frente al pluralismo feudal. Lo
consiguen mediante el desarrollo de los instrumentos del poder: ejército
permanente, burocracia, aparato fiscal, diplomacia; y con una ideología polí-
tica que los legitima: el absolutismo.

LA POBLACIÓN.
La población europea aumentó notablemente, hasta doblarse entre 1460 y
1560, al pasar de 45 a 90 millones de habitantes, gracias a la disminución
relativa de las epidemias respecto al calamitoso periodo 1348-1450, el fin
de la Guerra de los Cien Años y de las luchas civiles en los Estados y a la
mejora de la alimentación. La población de las ciudades aumentó
significativamente: Venecia, Florencia, Milán, Nápoles, París, Londres,
Amberes, Núremberg, Augsburgo, Sevilla, sobrepasan los 50.000 y en algu-
nos casos los 100.000 habitantes. En ellas vivían comerciantes y banqueros,
escritores y artistas…

LA ECONOMÍA.
La mayor demanda de la creciente población explica el aumento de la
producción alimentaria, lograda mediante la roturación de tierras incultas y
algunos nuevos cultivos.
Las técnicas productivas apenas mejoraron, ni en el campo ni en la
artesanía, aunque se difundió el sistema de producción doméstico, por el
que el comerciante empleaba a artesanos en sus domicilios y
comercializaba su producción.
El comercio se desarrolló porque los centros urbanos necesitaban ser
abastecidos de productos cada vez más variados. Por Europa circulaban las
sedas italianas, los paños de lana de los Países Bajos e Inglaterra, los
metales alemanes, los vinos franceses. Con los descubrimientos geográficos
comenzaron a llegar a Europa productos asiáticos: canela de China, nuez
moscada de las Molucas, pimienta negra de Ceylán... las especias, que
permitían condimentar y, sobre todo, conservar la carne.
Pero la gran novedad fue la llegada de los metales preciosos (oro y plata) de
América, que desencadenó un crecimiento de la masa monetaria y una
expansión de la demanda y de la producción, del comercio y de las finanzas.
El desarrollo de la banca y del gran comercio favoreció la difusión del crédito
(letras de cambio). Los banqueros aumentaron su influencia: los Fugger y
Welser en Ausgburgo, los Médicis de Florencia, los Bonvisi de Luca, los
Grimaldi de Génova, los Ruiz de Medina del Campo, los Maluenda de Burgos.

LA SOCIEDAD.
Al final de la Edad Media se consolida la burguesía mercantil e industrial.
Protagonista de la actividad comercial fue el comerciante con dinero. Era el
hombre de negocios, que acometía sus empresas con el mismo sentido de
riesgo con que los nobles se exhibían en las guerras. Prestaba dinero a los
reyes y su influencia era grande. Algunos de estos negociantes fueron famo-
sos. De entre ellos destacaron los Fugger de Augsburgo, los Médicis de
Florencia, etc., que poseían palacios y castillos, colecciones de tapices y pin-
turas de artistas a los que protegían... La sociedad había cambiado. Tras los
austeros siglos medievales los hombres del Renacimiento admiraban el lujo
y la belleza.
Las restantes clases sociales, la nobleza, el clero, el campesinado, el
artesanado urbano, se mantuvieron empero básicamente inalteradas res-
pecto al Medievo.

2. LA CULTURA RENACENTISTA.
EL HUMANISMO.
El Humanismo es la ideología renacentista que se extiende por Europa en
los siglos XIV-XVI, cuando el desarrollo de las universidades, de los estudios
de latín y griego, de la teología crítica, de la imprenta y de la brújula, etc.,
marcan una época de descubrimientos y divulgación.
El Humanismo se caracteriza por:
- La fe en el hombre individual, en el triunfo del hombre moderno que
abarca la totalidad del mundo y del saber. El hombre acrecienta su autono-
mía, respecto de Dios y la Iglesia.
- Una nueva concepción del mundo, basada en la crítica de la razón.
- Admira el mundo clásico grecorromano, como modelo cultural de refe-
rencia, con su concepción pagana del hombre.
- En filosofía reúne todas la corrientes antiguas (platonismo, aristotelismo,
estoicismo, epicureísmo, escepticismo, neoplatonismo).
- En religión es paganizante, pero un humanismo cristiano (Petrarca, Pico
della Mirandola, Marsilio Ficino, Erasmo, Moro, Vives) afirma la continuidad
entre el mundo clásico y el cristiano.
- Socialmente los humanistas son escritores, filósofos, médicos, eclesiásti-
cos, profesores, que a menudo se reúnen para dialogar en el palacio de un
príncipe o en el taller de un impresor.
- Las universidades difunden el pensamiento racional y crítico, en
detrimento de los ideales de la Iglesia. El incipiente humanismo emotivo del
siglo XIII es sustituido por un humanismo racional en el siglo XV.

ARTE Y HUMANISMO.
Todo cambio ideológico exige un cambio en el lenguaje artístico. En el
Renacimiento se produjo una superación del lenguaje gótico nórdico, atento
a las formas pero no a los hombres. En el caso único de Italia el mayor de-
sarrollo comercial e industrial convive con la pervivencia de las formas del
clasicismo antiguo, con la gestación del nuevo lenguaje del Renacimiento
desde finales del siglo XIII, y su eclosión en el XV.
El hombre se siente centro del Universo y exige un lenguaje artístico a su
medida: el hombre domina al edificio, que se adapta a las proporciones
humanas, con un equilibrio de verticalidad y horizontalidad, a favor de ésta,
con una geometría comprensible, sin necesidad de la técnica gótica de
elevación constructiva, con unos elementos más clásicos. Las pinturas y las
esculturas representan al hombre, sea príncipe, burgués o campesino, en su
vida cotidiana.
Mejora la condición social del artista, lo que tendrá extraordinarios efectos
en el futuro del arte, al permitir la libertad creativa. La competencia de los
príncipes por atraer a los mejores artistas e intelectuales los encumbra a la
gloria ya en vida. Se venera la individualidad y el genio: es un tiempo de in-
dividuos geniales, que rompen con el anonimato de los gremios y de los
talleres de arte. El artista genial comienza a independizarse del mecenas
respecto a la concepción de la obra: Miguel Ángel pinta los temas que
quiere, no los que le mandan.

LAS EXCAVACIONES ARQUEOLÓGICAS.


Las excavaciones realizadas en esa época contribuyeron a hacer aparecer la
actitud de amor por lo antiguo que caracterizó al Renacimiento. En los
primeros años del siglo XVI se descubrieron en Roma el grupo escultórico
del Laocoonte, las Termas del emperador Tito, la Casa Dorada de Nerón, etc.
Resulta fácil imaginar el entusiasmo que provocaron estos hallazgos
arqueológicos. Se empezó a admirar el mundo clásico a través de sus
mármoles y manuscritos, no sólo a través de noticias indirectas.

EL MODELO HUMANO DEL RENACIMIENTO.


Seguramente pocos hombres de aquella época exigente respondieron al
modelo humanista. Su ideal era ser un hombre universal, a la vez un
humanista y un caballero, mientras que la mujer ha de ser una dama.
El humanista: sabio, caballero, cortesano.
Si en la época medieval el hombre ideal eran el guerrero o el religioso, en el
Renacimiento es el humanista, de curiosidad universal y vasta cultura (tanto
clásica como moderna), erudito y creativo a la vez (a menudo artista él
mismo). Los humanistas presumían de escribir únicamente en latín, de
conocer el griego (algunos también el hebreo y otros idiomas antiguos), de
leer a los escritores romanos y griegos, de dominar la filosofía.
Pero no se tomó como modelo al sabio huraño, exclusivamente entregado a
los libros, pues el humanista es también un caballero y un cortesano
(el Cortigiano de Castiglione). En las cortes renacentistas se consideraba
imprescindible la presencia en la vida social. El hombre perfecto debe
poseer cultura, saber escribir y además ser buen conversador, dominar
juegos, ser galante y desenvolverse en torneos y competiciones varias. Es el
hombre de moda en los ambientes cortesanos, que discute sobre la idea de
belleza y, en consecuencia, sobre la *cosa bella+, lo que da origen a la crí-
tica de arte.
La dama.
A la dama se le pedía honestidad y conocimiento de las letras, de la música
y de la pintura, y además debía danzar bien, para que fuera adorno de las
cortes y contento de varones tan diestros. Pero en esta época gana más
autonomía relativa, en su largo camino hacia la igualdad de los sexos.

LAS UNIVERSIDADES.
Las universidades de Europa, como las italianas de Florencia, Roma,
Venecia, Bolonia y Padua, las españolas de Salamanca y Alcalá de Henares,
la portuguesa de Coimbra, la francesa de París, las inglesas de Oxford y
Cambridge, se convirtieron en activos centros educativos y del saber,
dominados por los profesores humanistas, que iban por todo el continente,
de universidad en universidad, disputados por todas, para enseñar a es-
tudiantes también itinerantes.

LA DIVULGACIÓN DEL HUMANISMO: LA IMPRENTA.


La revolución del saber que supuso el Renacimiento quizá no hubiera sido
posible sin un invento trascendental: la imprenta. De hecho, la reproducción
de dibujos y signos mediante planchas era muy anterior. Los romanos
antiguos sabían reproducir dibujos y los venecianos medievales fabricaron
naipes. Los chinos, a los que se considera como los auténticos inventores de
la imprenta, sabían reproducir toda clase de escritos, pero el sistema que
utilizaban era bastante tosco.
El invento del Renacimiento fue diferente. Consistía en la utilización de tipos
móviles de metal. En vez de fabricar la plancha entera, el impresor
fabricaba las letras sueltas, que servían para sucesivas planchas. Por otra
parte, como las letras se fundían en moldes independientes, le resultaba
fácil sustituir las letras desgastadas.

Este invento, decisivo para la Humanidad, se atribuye al impresor de


Maguncia, Johann Gutenberg. En 1446 regresó de Estrasburgo, donde tenía
un taller de orfebrería, a Maguncia, y se asoció a otro impresor, Juan Fust.
En 1456 ambos producían suficientes tipos en su taller como para
imprimir la Biblia.
La expansión de la imprenta fue fulminante por toda Europa. En 1500 ya
estaban registradas 40.000 ediciones de libros, la mayoría procedentes de
Alemania e Italia, y se conocía la imprenta en 14 países europeos. Los libros
dejaron de ser un patrimonio de los más ricos. Se había encontrado el medio
adecuado para la difusión de la cultura. Se editaron y difundieron a los
clásicos de la filosofía (Platón, Aristóteles), de la ciencia (Pitágoras,
Euclides), los autores griegos (Homero, Esquilo, Sófocles, Eurípides) y latinos
(Virgilio, Cicerón, Séneca) y los medievales.

LA LITERATURA.
La novela, la poesía, el teatro se enriquecen con las grandes plumas de la
época, sobre todo con Ariosto y Castiglione en Italia, Garcilaso y Fernando
Rojas en España, y Ronsard y Rabelais en Francia.

LA FILOSOFÍA.
El Humanismo en filosofía reúne todas la corrientes antiguas (platonismo,
aristotelismo, estoicismo, epicureísmo, escepticismo, neoplatonismo). La
filosofía neoplatónica y la tomista dominan en Europa, hasta el
advenimiento de la Reforma y la Contrarreforma.

LA NUEVA CIENCIA.
Siguiendo el camino iniciado por el filósofo inglés Roger Bacon en la
segunda mitad del siglo XIII, que defendió la necesidad del modelo de
conocimiento experimental, se produjeron importantes descubrimientos
científicos que, si bien limitados, prepararon el camino para las decisivas
aportaciones del siglo XVII. Los principales avances se dieron en la
medicina, astronomía, las ciencias naturales, las matemáticas... La
curiosidad por saber era general, como lo demuestra el enciclopedismo y la
universalidad de intereses de Leonardo da Vinci. Pero subsistieron las
creencias supersticiosas, a menudo bajo aspectos seudocientíficos, como la
astrología (el francés Nostradamus).
LA MEDICINA.
La medicina mejoró en las ciudades y las campañas militares, con más y
mejores médicos, formados en universidades, con más conocimientos de
anatomía, pero las condiciones de los hospitales siguieron siendo muy
deficientes. Destacaron los estudios anatómicos de Leonardo Da Vinci,
Vesalio y Servet.
El flamenco Andreas Vesalio (1514-64), fue un médico eminente. Estudió en
Lovaina y París y fue profesor en Padua. Basándose en la práctica de
disecciones y exploraciones anatómicas, Vesalio sentó las bases de la
anatomía moderna. Profundo conocedor de las teorías de Galeno, no dudó
en rechazar los errores que en ella había y que se habían perpetuado a lo
largo de la Edad Media.

Miguel Servet fue un humanista, teólogo y médico aragonés que estudió en


Barcelona, Toulouse y París y viajó por toda Europa. Publicó diversas obras
teológicas como De trinitatis erroribus y Dialogorum de Trinitate. La más
famosas es Christianismi restitutio (1553), en la cual describió la circulación
de la sangre. A lo largo de su vida tuvo diversos conflictos con la Inquisición
católica por sus ideas religiosas, pero finalmente Calvino lo encarceló en
Ginebra, le condenó por hereje y le hizo morir en la hoguera.
LA ASTRONOMÍA.

Nicolás Copérnico expone en De revolutionibus orbitum caelestium (1543)


la teoría heliocéntrica: la Tierra y los restantes planetas giran alrededor del
Sol, y no alredor de la Tierra como sostenía la antigua tesis del romano
Tolomeo. Es una novedad revolucionaria, que rompe con la tesis de que el
hombre está en el centro del Universo.

LAS CIENCIAS NATURALES, LAS MATEMÁTICAS, LA FÍSICA.


Las ciencias naturales, matemáticas y físicas se desarrollaron
extraordinariamente, gracias a los descubrimientos geográficos, los avances
en la navegación, los trabajos de excelentes matemáticos como Luca Pacioli,
autor de una Summa de arithmetica, geometria, proportioni et
proportionatia (1494), o Pietro Pomponazzi, profesor en Padua, que cultivó
una ciencia separada de las ideas religiosas.
LA HISTORIA Y LA POLÍTICA.
Los historiadores y tratadistas políticos se multiplican: Guicciardini,
Maquiavelo, Tomás Moro, Erasmo... Historia y política se convierten poco a
poco en ciencias humanísticas, con una pretensión científica de conocer la
verdad.

El historiador y embajador veneciano Guicciardini escribió una


magna Historia de Italia, desde el punto de vista político-diplomático, en la
que procura reconstruir de forma racional la urdimbre y el desarrollo de las
vicisitudes humanas. Por otra parte, y en un plano moralista, se halla dis-
puesto a dar el máximo relieve a las fuerzas incontroladas de los protago-
nistas y de las multitudes. Para él la historia no es ya exaltación ni tampoco
sólo relato; quiere que sea una explicación inteligible. Supo concretar,
siguiendo el modelo de los antiguos, una visión racional de los hechos. En su
obra leemos todo un conjunto de reflexiones, de discursos anticipadores, de
relaciones entre causas mediocres y efectos terribles, de imágenes, de
símbolos. Al final su Historia de Italia aparece como un drama en el que se
restablece un equilibrio moral.

2. LA REFORMA Y LA CONTRARREFORMA.
INTRODUCCIÓN.
A lo largo del siglo XVI, Europa sufrió una profunda crisis religiosa que
motivó una auténtica revolución en la sociedad occidental. La unidad de la
Iglesia católica se resquebrajó cuando, en Alemania, Martín Lutero y sus
seguidores, disconformes con Roma, rechazaron la autoridad del papa, con
lo que se inició la Reforma protestante. Su ejemplo fue seguido por otros
personajes como Calvino y Zwinglio.
A la vez, se promovió una Reforma católica desde dentro de la propia
Iglesia. Quienes tomaron esa iniciativa no se proponían abandonar la
obediencia al Pontífice; antes bien, haciendo gala de una honda y sentida
espiritualidad, propugnaron una completa revisión institucional y doctrinal.
Esta Reforma católica se conoce como Contrarreforma y sus instrumentos
fundamentales fueron la Compañía de Jesús y el Concilio de Trento.
A pesar de todos los esfuerzos de concordia, no pudieron evitarse las
guerras de religión ni la intolerancia por parte de ambos bandos religiosos.
2.1. LA REFORMA.
Los antecedentes.
Pese al progreso general respecto a la crisis del siglo XIV, el Renacimiento
era también una época de angustia e inseguridad para muchos: pobreza,
hambre, peste, guerra, cambios en la visión del mundo. La conciencia del
pecado individual y colectivo implicaba la tesis de un castigo divino al
pecado. Los teólogos y predicadores (Huss, Savonarola y muchos otros, orto-
doxos u heterodoxos), provocaban horror al pecado, un endurecimiento de
la justicia contra los herejes y pecadores, un miedo atroz a la muerte en pe-
cado que llevaría al infierno (las reliquias y las indulgencias pagadas con
dinero eran las respuestas). Las autoridades eclesiásticas combatían la
superstición y la brujería, fomentadas por la creencia en el fin del mundo y
en las brujas.
En este ambiente ideológico, la Iglesia no respondía a las necesidades
populares, debido a su materialismo y corrupción. El Papado se implica en
guerras por el dominio de Italia, vende los cargos, apoya a sus familiares,
está degradado moralmente, como gran parte del clero, poco educado,
demasiado materialista. La vivencia religiosa era demasiado externa y
formal.
Por todo ello surgirán nuevos movimientos espirituales, como los que siguie-
ron las teorías del teólogo inglés John Wycliff (s. XIV) y el checo Jan Huss (s.
XV), el dominico florentino Savonarola (a finales del siglo XV), el erasmismo
reformista y las numerosas congregaciones alemanas, todos imbuidos de
misticismo y que pedían una mejor conducta cristiana y la recuperación de
la pureza del mensaje evangélico. La alternativa llegará por dos vías: la
Reforma protestante (en sus múltiples formas, de las que destacan el lutera-
nismo, el calvinismo y el anglicanismo) y la Contrarreforma católica.
EL LUTERANISMO.
Lutero.

Martín Lutero (1483-1546) era un monje agustino, profesor de teología en la


universidad de Wittemberg. Preocupado por su salvación personal, encontró
la respuesta en un texto de San Pablo: ‹‹El justo se salvará por su fe››. Un
viaje a Roma en 1510-1511 le desagradó por el lujo y la corrupción de la
corte papal. Al principio sólo quería corregir los abusos de la Iglesia, sin
separarse de ella, pero la radicalización de sus posturas y la imposibilidad
de un compromiso le llevó a la ruptura. En 1517 el papa León X (1513-1521)
decidió otorgar indulgencias a quienes ayudaran económicamente a las
obras del Vaticano. Lutero se opuso y denunció que se perdonaran sus
pecados a quienes pagaban dinero.
Criticó al Papado y las indulgencias en las 95 tesis de Wittenberg en 1517,
rompiendo con Roma en 1519, y, ante el fracaso de la conciliación, en 1520
fue excomulgado. Fracasó también el intento de aproximación entre el
emperador y Lutero en la Dieta de Worms (1521).
La doctrina luterana.
Sus tesis principales son: la fe basta para salvarse, la fe revela a Jesús, los
únicos sacramentos son el bautismo y la eucaristía, la libre interpretación
de la Biblia (que traduce al alemán), el sacerdocio es universal (todos
pueden ser sacerdotes y estos pueden casarse), la única cabeza es Cristo
(rechazo de la autoridad papal).
La expansión del luteranismo.
Su doctrina se extendió gracias a la fuerza de su prosa en latín y alemán
(difundida por la imprenta); sus feroces ataques al Papado; su apoyo a los
príncipes (Mauricio de Sajonia) y nobles alemanes contra el campesinado
rebelde y el emperador. Los príncipes alemanes secularizaron los bienes
de la Iglesia católica y se vieron implicados definitivamente en la causa
protestante, junto a todos los que se beneficiaron de esta desamortización.
Asimismo, los reyes de Dinamarca y Suecia siguieron su doctrina y la im-
pusieron en sus dominios.
Hacia 1520 ya le apoyaban teólogos humanistas como Melanchton, Huttel y
Zwinglio. El protestantismo luterano fue en principio un movimiento fa-
nático, pero a la larga su racionalismo y su individualismo fue una base
ideológica adecuada para la división del protestantismo en nuevas iglesias y
para el progreso de la libertad de conciencia.
EL CALVINISMO.
Zwinglio.

El suizo Ulrico Zwinglio (1484-1531), por su parte, por entonces predicó la


doctrina de la predestinación: sólo los elegidos podían salvarse. Pretendía la
vuelta al Evangelio. Se hizo con el poder en Zúrich, con un reformismo radi-
cal y combativo, pero su prematura muerte en lucha contra los católicos
puso su movimiento bajo la dirección de Calvino.
Calvino y su doctrina.
El francés Juan Calvino (1509-1564) emigró a Suiza, donde predicó una re-
forma más radical y se hizo con el poder en la ciudad de Ginebra.
Su doctrina se basa en la justificación por la fe, el culto simplificado (sin
imágenes), la Biblia como fuente única de Revelación, con la salvación
únicamente por la fe y la austeridad, que en todo caso sólo pueden salvar a
unos pocos predestinados. Si Dios conoce el pasado, el presente y el futuro,
lógicamente sabe quien se salvará. La manera de saber si una persona está
predestinada consiste en llevar una vida piadosa, austera, sometida a una
rígida moral. El aliento del trabajo y del éxito económico (como signo de
predestinación) conectó bien con la ideología capitalista y explica su éxito
en las sociedades burguesas nórdicas (es la tesis de Max Weber, quien liga
el calvinismo con el sistema burgués).
La expansión del calvinismo.
Calvino consiguió que Ginebra adoptase la reforma calvinista en 1533 y se
promulgó una Constitución teocrática en 1541, instaurando una dictadura
que fue muy eficaz en lo económico y social. El calvinismo se extendió des-
de Suiza a Austria y Hungría, el Sur de Alemania, Francia, los Países Bajos y
Escocia. Los hugonotes (así eran llamados los calvinistas franceses) llegaron
a amenazar el dominio católico en Francia.
EL ANGLICANISMO.
Enrique VIII.
El rey Enrique VIII (1509-1547) de Inglaterra se separó de la Iglesia de Roma
y estableció una Iglesia nacional, debido a una crisis dinástica: el papa le
denegó el divorcio de Catalina de Aragón (madre de María I), que era
incapaz de darle un hijo varón, para poder casarse con Ana Bolena (madre
de Isabel I). Su voluntad no era cambiar los dogmas sino contruir una Iglesia
nacional, sometida a la Corona y que no pagase rentas a Roma.
El Acta de Supremacía (1534), los Diez Artículos y los Seis Artículos (1539)
afirmaron la supremacía del rey, que sustituyó al papa en el mando de la
Iglesia, como diferencia fundamental respecto al catolicismo, y otras
diferencias fueron la lectura de la Biblia en inglés, el matrimonio de los
sacerdotes y al rechazo de las imágenes, las reliquias y las peregrinaciones.
El anglicanismo se consolidó entre la aristocracia y la burguesía benefi-
ciadas por la desamortización de los bienes eclesiásticos. Se apoyó
teológicamente en dos reformadores, Cromwell y Cranmer.
Tras la breve recuperación del catolicismo con María I Tudor (1552-1558),
que ejecutó al arzobispo anglicano Cranmer, el reinado de Isabel I (1558-
1604) supuso el triunfo del anglicanismo, que reprimió a los católicos y
protestantes disidentes.
2.2. LA CONTRARREFORMA.
Concepto.
La Iglesia católica llevó a cabo durante los siglo XVI-XVII la Contrarreforma.
Esta es una Reforma católica que plantea la renovación de la
Iglesia sustentada sobre dos bases: una formulación ortodoxa de la doctrina
cristiana (por el Concilio de Trento) y una acción de educación ortodoxa
(desarrollada sobre todo la Compañía de Jesús). En la filosofía se basa en la
aristotélica “vuelta a Santo Tomás”, en oposición al protestantismo. Esto es,
une razón y fe, para competir con sus mismas armas al racionalismo y al
misticismo de los protestantes.
El Concilio de Trento y la doctrina contrarreformista.

Concilio de Trento.

Su codificación doctrinal y su organización correspondió al Concilio de Trento


(1545-1563), promovido por el emperador Carlos V. Tardó mucho tiempo en
convocarse, cambió de lugar (Bolonia, 1547 y 1549) y sufrió una interrup-
ción (1552-1562) por las tensiones y rivalidades entre los Estados católicos.
Los dominicos y jesuitas italianos y españoles fueron los teólogos más acti-
vos. En realidad hubo tres periodos en Trento: 1545-1547, 1551-1552, 1562-
1563 y sólo en el último se tomaron decisiones permanentes. Se estableció:
- La validez de la doctrina expuesta en la Sagrada Escritura (edición latina
de la Vulgata de san Jerónimo, del s. V, sin que valieran las traducciones a
las lenguas vulgares) y acumulada en la Iglesia por la tradición.
- La necesidad de obras buenas como complemento de la fe.
- La validez de los siete sacramentos.
- La veneración a la Virgen y a los santos.
- La afirmación de la autoridad papal sobre la asamblea conciliar.
- La disciplina eclesiástica, señalando que los obispos residieran en sus
diócesis y organizando los seminarios para la formación del clero, junto la
supresión de la acumulación de beneficios (cargos y prebendas
eclesiásticos) y a la obligación del celibato de los sacerdotes.
- La reserva al magisterio de la Iglesia de la interpretación de las Sagradas
Escrituras.
- La liturgia se solemnizó y el arte se puso al servicio de la religión (es el
nacimiento del arte barroco).
Las órdenes religiosas: los jesuitas.
Las órdenes religiosas (jesuitas, carmelitas, dominicos, capuchinos) llevaron
a cabo una labor de conversión de los protestantes y los paganos.

San Ignacio de Loyola (1491-1556).

Los jesuitas, de la Compañía de Jesús fundada (1534-1540) por el vasco


Ignacio de Loyola, con una organización paramilitar, fueron muy activos y
eficaces en el sur de Alemania, en Polonia, Austria, Flandes... Se carac-
terizaron por su organización jerárquica y su disciplina casi militar, con su
fidelidad al papa (el cuarto voto de obediencia al papa, junto a los de obe-
diencia, castidad y pobreza), los Ejercicios Espirituales, su profunda for-
mación humanística y científica, la enseñanza como actividad fundamental.
La Contrarreforma en España.
España fue un baluarte de la Contrarreforma, al suministrar misioneros,
teólogos, dinero y soldados a la lucha, gracias a la reforma de Cisneros
sobre las órdenes religiosas y los conventos, los estudios universitarios (Al-
calá de Henares) y la Biblia Políglota (1520), el erasmismo reformista,
imbuidos de humanismo racionalista, que luego fueron contrapesados por la
irracionalidad del misticismo, el cierre a las ideas extranjeras, la censura, la
Inquisición... El misticismo de los religiosos españoles alcanzó cumbres lite-
rarias y de pensamiento con Fray Luis de León, Juan de la Cruz, Teresa de
Jesús... Pero también ellos, como antes Ignacio de Loyola, tuvieron graves
problemas con la Inquisición.

La expansión mundial del catolicismo.


El catolicismo se benefició de la expansión territorial de España y Portugal
por América, África y Asia, gracias a la acción de los misioneros, hasta
convertirse en la primera religión mundial y compensar de este modo las
pérdidas en Europa.

3. LOS ENFRENTAMIENTOS POLÍTICO-RELIGIOSOS DEL SIGLO XVI.


La división europea en dos bandos religiosos.
Como consecuencia de las reformas protestante y católica Europa se dividió
en dos grandes bandos religiosos:

La Europa protestante: Escandinavia, norte de Alemania, Inglaterra, Escocia,


parte de los Países Bajos y de Suiza, con minorías en Francia, Polonia,
Austria, Hungría y Bohemia.
La Europa católica: el resto, en un arco desde Portugal hasta Polonia,
dominando sin competencia en España e Italia.
Esta división se trasladó a la política en las Dietas alemanas promovidas por
el emperador pero fracasadas en su objetivo de integrar a los dos bandos, y
a la guerra en las durísimas “guerras de religión” en Alemania, Francia y
Países Bajos.
Los efectos sobre la sociedad fueron muy graves: se vio el auge de la
censura para evitar la circulación de ideas en los libros, se perdió la libertad
de religión en los países dominados por una religión oficial, siendo
perseguidos los grupos disidentes, por ejemplo los anabaptistas por los
protestantes y los alumbrados españoles por los católicos, mientras la
sospecha y el control se extendían hasta el punto de que la
Inquisición procesó incluso a Fray Luis de León y al arzobispo de Toledo,
Carranza.

CARLOS V CONTRA LOS PRÍNCIPES ALEMANES.


Los príncipes alemanes se habían apoderado en los decenios de 1520 y
1530 de los bienes eclesiásticos y habían aumentado su poder militar y
político en contra de las pretensiones hegemónicas del emperador. Era un
conflicto tanto religioso (protestantes contra católicos) como político
(fragmentación contra unidad estatal).
Mapa de la expansión luterana en Europa Central.

Las Dietas promovidas por el emperador fracasaron en su objetivo de


conciliar a protestantes y católicos, así que Carlos V promovió el Concilio de
Trento (desde 1543) y se formaron dos grandes alianzas: la protestante Liga
de Esmalcalda (1531) y la alianza de Carlos con su hermano Fernando de
Austria, el papa y los duques de Baviera y Sajonia (el protestante Mauricio).
La lucha militar (Guerra de Esmalcalda, 1546-1547) se inició y con el triunfo
del emperador en la batalla de Mühlberg (1547) pareció que vencía la causa
católica, pero en la Dieta de Augsburgo (1547-1548) el emperador no
consiguió que el papa cediera en la cuestión religiosa y el conflicto se rei-
nició, con el apoyo de Francia a los protestantes liderados por Mauricio de
Sajonia. La debilidad militar del emperador llevó a su fracaso final (h. 1552)
y a que en la nueva Dieta de Augsburgo (1555) se aceptara la tesis de que
cada príncipe podía imponer la religión en su Estado. Este pacto perduró
hasta 1619 (inicio de la Guerra de los Treinta Años). Poco después,
fracasado el ideal imperial, Carlos abdicó (1556).
LA GUERRA RELIGIOSA EN LOS PAÍSES BAJOS.
Los Países Bajos estaban integrados en la monarquía española desde 1556
al suceder Felipe II a su padre en los dominios de la Casa de Borgoña. Pero
había una contradicción entre el catolicismo del rey y el calvinismo de la
mayoría de la burguesía y gran parte de la nobleza en el norte del territorio.

Mapa de la guerra de los Países Bajos entre 1575 y 1587.

Felipe II no aceptó la libertad religiosa en los Países Bajos y promovió una


política autoritaria, centralista y antiprotestante (con la Inquisición), que
llevó a la rebelión de 1566 de los calvinistas más radicales, que destruyeron
iglesias e imágenes, comenzando una larga guerra (1566-1648, salvo una
Tregua de Doce Años en 1609-1621). Primero Felipe II impuso una dura re-
presión: el duque de Alba hizo ejecutar a los nobles Egmont y Horn (1568) y
estuvo a punto de dominar la rebelión, pero las medidas centralistas y los
altos impuestos (la alcabala sobre el comercio) para sufragar el ejército de
ocupación, hicieron que la burguesía y la aristocracia, tanto calvinista como
católica, se unieran en defensa de la autonomía y el conflicto se recrudeció
en 1572, apoyado por las potencias enemigas de España (Francia,
Inglaterra) en el norte y luego en la mayor parte del territorio. Los sucesores
de Alba fueron Requesens y Juan de Austria, que intentaron pacificar el país.
Finalmente, el gobierno de Alejandro Farnesio (1578-1596) logró cierto éxito
para la Corona al separar a los católicos del sur (Unión de Arrás, 1579) de
los calvinistas del norte (Unión de Utrecht, 1579), dirigidos por Guillermo de
Orange. Las victorias de Farnesio en el decenio de 1580, estuvieron a punto
de someter a las rebeldes Provincias Unidas (son siete, sobre todo Holanda),
pero los conflictos de España contra Inglaterra y Francia y la debilidad de la
Hacienda para sufragar un enorme esfuerzo militar permanente permitieron
que los rebeldes, dirigidos ahora por Mauricio de Orange, se recuperaran
desde los años 1590, aunque sólo consiguieron el reconocimiento de su
independencia en 1648.
Relacionados con este conflicto aparecen la guerra entre España e Inglaterra
(1587-1605), marcada por el fracaso de la Armada Invencible en 1588, y la
intervención española en las Guerras de Religión de Francia.
LAS GUERRAS DE RELIGIÓN EN FRANCIA.

La Noche de San Bartolomé en 1572. Fresco de Vasari en Sala Regia del


Vaticano.

Entre 1562 y 1598 hay una larga guerra civil en Francia, por las disputas
político-religiosas entre católicos y hugonotes (calvinistas). Se forman
partidos político-religiosos: el protestante (1560) y la Liga Católica (1576).
Proliferan las batallas y matanzas (Noche de San Bartolomé en 1572). La
lucha se complica con una disputa dinástica por la sucesión entre el
protestante Enrique de Borbón y los pretendientes católicos, y por la in-
tervención de España y las otras potencias europeas.
La crisis se resuelve con la llegada al trono de Enrique IV, que se convierte
al catolicismo en 1593, es ampliamente aceptado por el país en 1594 y fir-
ma en 1598 el Edicto de Nantes, que reconoce la libertad de culto (que
durará hasta Luis XIV), y el Tratado de Vervins, que pone fin a la guerra con
España.

OP UD 32. BIBLIOGRAFÍA.
Libros.
Burke, Peter. El Renacimiento italiano. Cultura y sociedad en Italia. Alianza.
Madrid. 1993 (1986). 273 pp.
Chastel, André; Klein. Robert. El Humanismo. Salvat. Barcelona. 1971. 340
pp.
Delumeau, Jean. La Reforma. Nueva Clío 30. Labor. Barcelona. 1977. 330 pp.
Elliot, John. H. La Europa dividida 1559-1598. Siglo XXI. Madrid. 1976. 444
pp.
Elton, Geoffrey R. Historia de Europa. La Europa de la Reforma, 1517-1559.
Siglo XXI. 1974 (1963 inglés). 418 pp.
Kamen, Henry. Nacimiento y desarrollo de la tolerancia en la
Europa moderna. Alianza. Madrid. 1987 (1967 inglés). 253 pp.
Kamen, Henry. La sociedad europea (1500-1700). Alianza. Madrid. 1986
(1984 inglés). 352 pp.
Lapeyre, Henri. Las monarquías europeas del siglo XVI. Las relaciones
internacionales. Nueva Clío 31. Labor. Barcelona. 1969. 369 pp.
Mousnier, Roland. Los siglos XVI y XVII. Col. Historia General de las
Civilizaciones. Destino. Barcelona. 1964. 674 pp.
Romano, Ruggiero.; Tenenti, Alberto. Los fundamentos del mundo moderno.
Edad Media tardía. Reforma y Renacimiento. Col. Historia Universal nº 12.
Siglo XXI. Madrid. 1989. 327 pp.

PROGRAMACIÓN.
OP UD 32. LA CULTURA RENACENTISTA. LOS ENFRENTAMIENTOS POLÍTICO-
RELIGIOSOS DEL SIGLO XVI.
UBICACIÓN Y SECUENCIACIÓN.
ESO, 2º ciclo.
Eje 3. Sociedades históricas y cambio en el tiempo. Bloque 1. Sociedades
históricas. Núcleo 4. Las sociedades de la época moderna.
- Las sociedades del Antiguo Régimen en Europa; crisis político-religiosas;
arte Renacentista y Barroco, el Racionalismo y la Ilustración.
RELACIÓN CON TEMAS TRANSVERSALES.
Relación con temas de Educación para la Paz y de Educación Moral y Cívica.
TEMPORALIZACIÓN.
Cuatro sesiones de una hora.
1ª Lectura de texto. Diálogo de evaluación previa. Exposición del profesor.
Cuestiones.
2ª Exposición del profesor. Cuestiones.
3ª Exposición del profesor, de refuerzo y repaso; esquemas, mapas y
comentarios de textos.
4ª Comentarios de textos; contestar cuestiones; debate y síntesis.
OBJETIVOS.
Sintetizar la época del Renacimiento.
Conocer la cultura del Renacimiento.
Comprender la Reforma y la Contrarreforma.
Relacionar la Reforma y la Contrarreforma.
Sintetizar los conflictos político-religiosos del siglo XVI.
CONTENIDOS.
A) CONCEPTUALES.
- El Renacimiento.
- La cultura del Renacimiento.
- La Reforma y la Contrarreforma.
- Los conflictos político-religiosos del siglo XVI.
B) PROCEDIMENTALES.
Tratamiento de la información: realización de esquemas del tema.
Explicación multicausal de los hechos históricos: en comentario de textos.
Indagación e investigación: recogida y análisis de datos en enciclopedias,
manuales, monografías, artículos...
C) ACTITUDINALES.
Rigor crítico y curiosidad científica.
Tolerancia y solidaridad.
Valorar la solución pacífica de los conflictos nacionales.
METODOLOGÍA.
Metodología expositiva y participativa activa.
MOTIVACIÓN.
Una lectura de un texto sobre la Reforma.
ACTIVIDADES.
A) CON EL GRAN GRUPO.
Exposición por el profesor del tema.
B) EN EQUIPOS DE TRABAJO.
Realización de una línea de tiempo sobre el proceso.
Realización de esquemas sobre el tema.
Comentarios de textos sobre humanismo, ciencia renacentista (Copérnico),
la reforma de Lutero y Calvino, el Concilio de Trento, la Noche de San
Bartolomé...
Un breve debate sobre la legitimidad de los conflictos por motivos religiosos,
con una síntesis de conclusiones.
C) INDIVIDUALES.
Realización de apuntes esquemáticos sobre la UD.
Participación en las actividades grupales.
Búsqueda individual de datos en la bibliografía, en deberes fuera de clase.
Contestar cuestiones sobre la UD, con diálogo previo en grupo.
RECURSOS.
Transparencias, diapositivas, mapas.
Libros de texto, manuales.
Fotocopias de textos para comentarios.
Cuadernos de apuntes, esquemas...
EVALUACIÓN.
Evaluación continua. Se hará especial hincapié en que se comprenda la
relación entre los procesos de España y europeo y en la influencia de este
proceso sobre la historia de España en los ss. XVI-XVII.
Examen incluido en el de otras UD, con breves cuestiones y un comentario
de texto.
RECUPERACIÓN.
Entrevista con los alumnos con inadecuado progreso.
Realización de actividades de refuerzo: esquemas, comentario de textos...
Examen de recuperación (junto a las otras UD).

También podría gustarte