Revolución Neolítica y Urbanización en Oriente
Revolución Neolítica y Urbanización en Oriente
INTRODUCCIÓN.
1. EL NEOLÍTICO.
CONCEPTO.
Las características.
Los conceptos.
ORIGEN Y DIFUSIÓN.
El origen en el Próximo Oriente.
La tesis evolucionista y la difusionista.
Las teorías del Sahara y del Mar Negro.
ORÍGENES DE LA AGRICULTURA.
Domesticación vegetal.
Domesticación animal.
CONSECUENCIAS DE LA REVOLUCIÓN NEOLÍTICA Y DE LA
SEDENTARIZACIÓN.
Las primeras aldeas sedentarias.
El aumento del tamaño y la organización social de las comunidades.
Un aumento explosivo de la población.
Un mayor desarrollo técnico.
Una inicial división del trabajo.
El desarrollo del comercio.
El desarrollo de la religión, la cultura y el arte.
FUENTES ARQUEOLÓGICAS.
La arqueología.
Historia de la arqueología.
Técnicas de la arqueología.
ARQUEOLOGÍA.
Historia.
Nuevas tendencias y grandes descubrimientos.
La nueva arqueología.
Métodos y técnicas.
Obtención de datos.
Descripción y análisis preliminares.
Establecimiento de la cronología.
Establecimiento de los contextos culturales.
Interpretación.
INTRODUCCIÓN.
En esta UD se estudia la revolución neolítica en el Próximo Oriente, desde la
aparición de las primeras comunidades con agricultura hasta la aparición de
las primeras civilizaciones (estas se caracterizan por sus núcleos urbanos; el
término proviene del latín civitas, ciudad) hacia el 3000 aC, en el que
ponemos el fin cronológico del tema.
Nos basamos fundamentalmente en las fuentes arqueológicas para seguir el
proceso. He de precisar que el enunciado de fuentes arqueológicas no se
refiere al concepto general de arqueología, como se podría pensar, pues
esta supera en mucho al ámbito de este tema.
Además, es preciso señalar que la revolución neolítica se produjo de modo
independiente en otros lugares del mundo entre el 7000 y el 6000: en el
valle del Indo en la India, el valle del Huang-Ho en China, en México, en
Nueva Guinea. Incluso la primera cerámica apareció en Japón hacia 10500.
Si en el temario se destaca la revolución neolítica del Próximo Oriente es
porque fue la primera, la mejor estudiada, y porque su influencia fue
determinante en la historia de la civilización occidental.
1. EL NEOLÍTICO.
CONCEPTO.
El concepto de Neolítico es muy complejo. El periodo 8000-2900 aC
corresponde a la revolución neolítica, en la que se originaron la agricultura y
la vida urbana, la domesticación de animales y plantas, las mejoras técnicas
en la producción de utensilios, el desarrollo de la organización social, los
primeros Estados. Las fuentes arqueológicas son las más importantes para
investigar la revolución neolítica.
Las características.
Sus características principales son las propias de las primeras civilizaciones:
- Una revolución económica: con una climatología semejante a la actual, el
hombre dejó de ser depredador (caza, pesca y recolección) para convertirse
en productor (agricultura y ganadería) con la explotación sistemática de los
recursos naturales.
- Una revolución técnica: los avances técnicos en la piedra, cerámica,
metalurgia, tejido y construcción. Destaquemos que al inicio fue una
innovación de la técnica lítica (evolución de la piedra tallada a la piedra
pulimentada, neo lithos). Pero las otras novedades fueron también
fundamentales: p.e. la cerámica supuso una revolución en la alimentación
porque permitía cocer los alimentos y calentar los líquidos.
- Una revolución social: la organización social del trabajo para realizar las
grandes obras de regadío y la acumulación de reservas, con castas
especializadas (campesina, sacerdotal, guerrera, artesanal, artística) y las
primeras formas estatales (ciudades-estado).
- Una revolución cultural: la mayor complejidad de la religión y la cultura, el
descubrimiento de la escritura, el desarrollo del arte (arquitectura y
escultura).
Los conceptos.
El historiador neomarxista Gordon Childe introdujo en 1936 el concepto de
“Revolución Neolítica”, que según él habría sido uniforme en muchas partes,
con los mismos rasgos básicos. Se habría producido por un gran cambio
climático, con una desecación de las llanuras del Próximo Oriente, lo que
obligó a los pueblos recolectores a dedicarse a la agricultura y la ganadería,
en un proceso cuyo éxito realimentó su intensidad.
Pero los descubrimientos posteriores demuestran que no fue inmediata ni
uniforme, así como que la agricultura no era una condición necesaria. Por
ello han surgido términos nuevos que se aplican en la periodización del
Neolítico:
Neolítico precerámico o acerámico, es la fase inicial del Neolítico en el
Próximo Oriente, con agricultura y ganadería, pero sin cerámica.
Protoneolítico, de las sociedades en vías de neolitización, que pasan de una
economía destructiva a una productiva.
Subneolítico, de las sociedades que en condiciones ambientales poco
favorables mantienen modos de vida mesolíticos aunque con algunos
aspectos neolíticos.
ORIGEN Y DIFUSIÓN.
El origen en el Próximo Oriente.
La amplia zona de origen de los hallazgos agrícolas y ganaderos es el
Próximo Oriente, entre las mesetas de Irán y de Anatolia, entre el Mar
Caspio y Palestina. En esta zona hubo en el Pleistoceno amplias praderas de
gramíneas para la recolección y una caza organizada de varias especies,
entre el 8000 y 7000 aC. Un cambio climático iniciado en el Mesolítico, con
la desecación de amplios territorios entre el Sahara y el Asia Central llevó a
los habitantes a concentrarse en los valles fluviales y en las regiones con
humedad.
Pero repitamos que la revolución neolítica se produjo de modo
independiente en otros lugares del mundo: el valle del Indo en la India, el
valle del Huang-Ho en China, en la región maya en América Central (en este
caso con mucho retraso).
La teoría del Mar Negro sugerida en 1993 por los geólogos William Ryan y
Walter Pitman y ampliada en su libro Noash=s Flood (1997, La inundación
de Noé), ha sido confirmada en 1999-2000 por el oceanógrafo Robert
Ballard. Se considera que h. 7.500 aC era un mar cerrado y menos extenso,
en cuyas orillas se desarrollaba una cultura agrícola, hasta que la
catastrófica ruptura de los Dardanelos lo inundó (originando el mito del
“Diluvio Universal”), emigrando la población hacia Europa y Mesopotamia, lo
que ayudó a la difusión de la agricultura. El impacto fue mayor en la parte
norte, que en la sur, donde hubo menos avances. El mar habría penetrado
más de 1,5 km tierra adentro por día durante meses. Ballard anunció en
2000 el hallazgo de una población sumergida a 100 metros de profundidad,
frente a la ciudad turca de Sínope, con restos de una construcción (12 x 4
m) de madera y útiles de piedra, bien conservados por la escasez de
oxígeno.
ORÍGENES DE LA AGRICULTURA.
Los factores de que se localice y se dé este proceso en el Próximo Oriente
son cambios climáticos, hábitats naturales propicios, crecimiento de la
población, desequilibrios demográficos. La agricultura (como el pastoreo) se
introdujo gradualmente, primero en coexistencia con la caza y la
recolección. Los pobladores conocían muy bien su entorno, su flora y fauna
y aceptaron la agricultura porque demostró su ventaja competitiva sobre
otras formas de economía, hasta que se convirtieron en agricultores
sedentarios. Los sistemas más usuales de cultivo fueron el barbecho de dos
hojas y el sistema itinerante.
Domesticación vegetal.
3.2. EGIPTO.
Las ciudades egipcias.
En Egipto las ciudades eran de tamaño pequeño o medio, con escasa
población pero con importantes responsabilidades administrativas y
religiosas, y su progreso posterior fue mucho más rápido que en
Mesopotamia, pues se saltó directamente de la ciudad-templo al estado
nacional unificado.
Los periodos.
Se distinguen dos periodos, gerzense (3900-3000) y dinástico (c. 3100-300),
pero el segundo ya no corresponde a este tema sino al de la civilización
egipcia, por lo que no lo trataremos aquí.
GERZENSE (3900-3000).
BIBLIOGRAFÍA.
Internet.
Enciclopedia Encarta. La parte de fuentes arqueológicas es una amplia
paráfrasis de esta referencia, divulgativamente muy eficaz.
Libros.
AA.VV. Dossier El Neolític. La primera revolució al Mediterrani. “L=Avenç”,
274 (XI-2002) 27-58.
Aldred, Cyril; et al. Los tiempos de las pirámides. De la Prehistoria a los
hicsos (1560 aC). Col. Universo de las Formas. Aguilar. Madrid. 1978. 347
pp.
Aldred, C.; et al. El Egipto del crespúsculo. Col. Universo de las Formas.
Aguilar. Madrid. 1980. 337 pp.
Fagan, Brian M. La aventura de la arqueología. Plaza & Janés. Barcelona.
1985. 368 pp.
Flon, Christine. Gran Atlas de la Arqueología. Ebrisa. Madrid. 1986 (1985
francés). 424 pp.
Frankfort, Henry. Arte y arquitectura del Oriente Antiguo. Cátedra. Madrid.
1982. 464 pp.
Garelli, Paul. El Próximo Oriente Asiático desde los orígenes hasta las
invasiones de los Pueblos del Mar. Nueva Clío 2. Labor. Barcelona. 1988
(1970). 344 pp.
Garelli, P.; Nikiprowetzky, V. El Próximo Oriente Asiático. Los imperios
mesopotámicos. Israel. Nueva Clío 2 bis. Labor. Barcelona. 1981 (1974). 332
pp.
Gordon Childe, Vincent. Nacimiento de las civilizaciones orientales.
Península. Barcelona. 1968. 304 pp.
Gordon Childe, V. Introducción a la arqueología. Ariel. Barcelona. 1972 (1956
inglés). 181 pp.
Krader, Lawrence. La formación del Estado. Labor. Barcelona. 1972. 182 pp.
Parrot, André; et al. Los fenicios. Col. Universo de las Formas. Aguilar.
Madrid. 1975. 310 pp.
Parrot, André; et al. Sumer. Col. Universo de las Formas. Aguilar. Madrid.
1981. 370 pp.
Redman, CH. L. Los orígenes de la civilización. Desde los primeros
agricultores hasta la sociedad urbana del Próximo Oriente. Crítica.
Barcelona. 1990. 445 pp.
Roux, Georges. Mesopotamia. Historia política, económica y cultural. Akal.
Madrid. 1987. 495 pp.
Service, Elman R. Los orígenes del Estado y de la civilización. Alianza.
Madrid. 1984 (1975). 386 pp.
Soden, Wolfram von. Introducción al orientalismo antiguo. Ausa. Barcelona.
1987. 321 pp.
PROGRAMACIÓN.
DEL NEOLÍTICO A LAS SOCIEDADES URBANAS DEL PRÓXIMO ORIENTE.
FUENTES ARQUEOLÓGICAS.
UBICACIÓN Y SECUENCIACIÓN.
ESO, 2º ciclo.
Eje 2. Sociedades históricas y cambio en el tiempo.
Bloque 4. Sociedades históricas.
Núcleo 2. Sociedades prehistóricas, primeras civilizaciones y Antigüedad
clásica.
En el apartado: - Las sociedades prehistóricas cazadoras y recolectoras. La
Revolución Neolítica. Las primeras civilizaciones.
RELACIÓN CON TEMAS TRANSVERSALES.
Temas de Educación Cívica y Moral, Educación para la Paz, de Educación
Ambiental y Educación para la igualdad de ambos sexos.
TEMPORALIZACIÓN.
Cuatro sesiones.
1ª Documental. Diálogo con los alumnos, para evaluación previa. Exposición
del profesor.
2ª Exposición del profesor. Diálogo.
3ª Exposición del profesor. Esquemas, mapas.
4ª Exposición del profesor de repaso y refuerzo. Esquemas, mapas,
cuestiones, comentarios de textos.
OBJETIVOS.
Conocer el Neolítico.
Comprender su origen y difusión, el origen de la agricultura y la evolución a
la aldea sedentaria y las sociedades urbanas del Próximo Oriente.
Desarrollar capacidad de deducción y análisis.
Aumentar la curiosidad científica e interés por la conservación del
patrimonio arqueológico.
CONTENIDOS.
A) CONCEPTUALES.
- Concepto de Neolítico.
- Origen y difusión.
- Origen de la agricultura.
- Paso a la aldea sedentaria. Catal Huyuk.
- Primeras sociedades urbanas del Próximo Oriente.
B) PROCEDIMENTALES.
Tratamiento de la información: Análisis, interpretación y síntesis de
información a partir de mapas, diapositivas y cuadros cronológicos, para
formar conceptos abstractos. Clasificación y registro con fichas y esquemas.
Explicación multicausal: Comprensión de conceptos de tiempo largo y lento,
de causalidad múltiple.
Indagación e investigación: Iniciación a la interpretación histórica y artística
de las manifestaciones culturales.
C) ACTITUDINALES.
Comprensión de la economía, sociedad, arte y cultura prehistóricas.
Visión crítica de las visiones de la Historia.
Valoración y conservación del patrimonio arqueológico.
METODOLOGÍA.
Expositiva y participativa. Motivación de los alumnos mediante una
exposición, abundante material gráfico, debate crítico, trabajos, etc.
MOTIVACIÓN.
Documental. Diálogo, que además sirva de evaluación previa.
ACTIVIDADES.
A) CON EL GRAN GRUPO.
Exposición del profesor. Esquema conceptual mediante presentación digital.
Énfasis en la importancia de la mayor oferta de alimentos en el desarrollo
de la Humanidad. Participación oral. Elaboración de cuadros cronológicos
para resaltar la importancia de este periodo comparado con nuestra breve
época. Evitar una posición eurocéntrica. Relacionar al hombre con su medio.
Se hará hincapié en las causas del desarrollo del Neolítico, en los rasgos
comunes entre los procesos del Oriente Medio, en las causas y
consecuencias del desarrollo del sedentarismo y la urbanización. Nos
centraremos en los casos de Catal Huyuk (una aldea sedentaria) y Uruk (una
ciudad), a fin de conseguir un conocimiento profundo de unos ejemplos
atractivos y bien investigados por la arqueología. En cambio, daremos poca
importancia a memorizar la precisa sucesión de culturas sedentarias y
urbanas en Mesopotamia y Egipto —esta memorización sería un objetivo
poco útil a largo plazo—, aunque sí valoraremos la comprensión de que fue
un proceso de desarrollo cultural y también la capacidad de buscar
información al respecto, pues sí es relevante la adquisición del
procedimiento de indagación.
Lectura de un fragmento de Gordon Childe, Los orígenes de la civilización.
B) EN EQUIPOS DE TRABAJO.
Realización de esquemas sobre los apartados y un gráfico sobre el aumento
de la población en el Neolítico.
Realizar una línea de tiempo.
Debate sobre la tesis evolucionista y difusionista, sacando conclusiones.
Realizar un mapa sobre la difusión del neolítico en el Próximo Oriente,
situando los principales lugares.
Comentarios de textos.
C) INDIVIDUALES
Realización de apuntes esquemáticos sobre la UD.
Participación en las actividades grupales.
Búsqueda individual de datos en la bibliografía, en deberes fuera de clase.
Contestar cuestiones en cuaderno de trabajo, con diálogo previo en grupo.
RECURSOS.
Presentación digital.
Libros de texto, manuales.
Fotocopias de textos para comentarios.
Cuadernos de apuntes, esquemas...
Documental y película.
Documentales: Atlas Culturales del Mundo. Ediciones del Prado.
Barraclough, Geoffrey (coord.). v. 1. De los orígenes del hombre a la
revolución agrícola. 50’ (30’ para el tema). v. 2. El nacimiento de la
civilización. 50’ (5’ para el tema). Tienen el problema de estar muy
desperdigados los temas regionales (p.e. decenas de referencias a
Mesopotamia, pero en distintos momentos).
EVALUACIÓN.
Continua, tanto de los grupos como de los individuos, valorando todos los
contenidos.
Una prueba escrita junto a otras UD que valore los conocimientos de
conceptos y la capacidad de síntesis y relación. Se harán preguntas de tipo
test, un comentario de texto y una pregunta un poco más larga, dentro de
las posibilidades reales de tiempo. Nos centraremos en la explicación de las
causas y la difusión del Neolítico, y en los casos más representativos de
Catal Huyuk (una aldea sedentaria) y Uruk (una ciudad).
RECUPERACIÓN.
Entrevista con los alumnos con inadecuado progreso.
Realización de actividades de refuerzo: esquemas, comentario de textos...
Examen de recuperación (junto a las otras UD).
APÉNDICE.
ARQUEOLOGÍA EN EL MUNDO.
EL ORIENTE PRÓXIMO.
Mesopotamia.
Egipto.
Siria y Palestina.
Otras zonas del Oriente Próximo.
EUROPA.
Grecia.
Roma.
Otras zonas europeas.
ASIA.
Suroeste asiático.
China.
Otros países asiáticos.
AMÉRICA.
El periodo lítico.
El periodo arcaico.
El periodo de formación.
El periodo clásico.
El periodo posclásico o imperial.
ÁFRICA.
ARQUEOLOGÍA EN EL MUNDO.
EL ORIENTE PRÓXIMO.
Ya desde los comienzos de la investigación arqueológica realizada de una
forma sistemática, el Oriente Próximo —de Mesopotamia a Egipto, desde los
tiempos más antiguos hasta la época islámica— ha constituido una de las
principales zonas de investigación y quizás sea la región donde se han
producido los descubrimientos más espectaculares.
Mesopotamia.
La investigación arqueológica en Mesopotamia comenzó con los trabajos
que realizó C. James Rich en Babilonia y Nínive. Guiado por sus informes, el
cónsul francés Paul Émile Botta inició las excavaciones en las ruinas de
Nínive y en Jorsabad (Irak) entre los años 1843 y 1845. Dos años más tarde,
el viajero británico Austin H. Layard siguió los mismos pasos en Nínive y en
Nimrud (la antigua Calach). Ambos fueron apoyados por sus respectivos
gobiernos. Henry Rawlinson, Edward Hincks y otros eruditos, apoyándose en
el desciframiento de la escritura cuneiforme persa por el primero de ellos,
tradujeron la escritura cuneiforme asirio-babilónica, con lo que pudieron
leerse los textos grabados en piedra y en cientos de tablillas de arcilla
halladas en Nínive, y reconstruir la historia de los distintos reinos. Los
grandes palacios, con numerosísimos relieves esculpidos, demostraban el
poder de los reyes asirios, sólo conocido antes por referencias bíblicas y de
textos griegos. Las excavaciones en los palacios asirios han continuado de
forma esporádica hasta el presente.
Doce campañas de excavaciones arqueológicas británicas entre 1949 y
1963 en Nimrud han sacado a la luz cientos de placas de marfil bellamente
grabadas (decoración de mobiliario), botín de los ejércitos asirios. Un equipo
alemán excavó (1903-1913) las ruinas de Assur, capital del Imperio asirio;
con gran habilidad fueron desenterrados los vestigios de templos y palacios
construidos con adobes y fechados desde el III milenio aC hasta el siglo III
dC. Esas estructuras mostraron la cultura de la antigua Asiria y su
dependencia de Babilonia; además, las numerosas inscripciones
proporcionaron una importante información histórica. Un poco más al sur,
otra misión arqueológica alemana, dirigida por Robert Koldewey, trabajó
(1899-1914) en Babilonia y desveló la planta de la ciudad en su apogeo, es
decir, durante el reinado de Nabucodonosor II; la Puerta de Ishtar, recubierta
de azulejos con motivos animalísticos en relieve, el templo de Marduk, el
palacio real, la muralla de la ciudad y un puente que en su día cruzaba el
Éufrates fueron los principales hallazgos.
En 1877, el cónsul francés Ernest de Sarzac descubrió en la ciudad de
Lagash (la actual Tell al-Hiba, en Irak) una serie de magníficas estatuas del
gobernante sumerio Gudea (c. 2144 aC-2124 aC), lo que proporcionó
importantes pistas sobre el elevado nivel cultural que allí floreció hacia el
2130 aC y aumentó el interés por Sumer y su civilización. Una expedición
estadounidense inició su trabajo en Nippur (Irak) en 1887 y encontró miles
de tablillas en escritura cuneiforme, con notables composiciones literarias
en sumerio. La labor de Leonard Woolley en Ur, entre 1922 y 1934, permitió
descubrir las tumbas de los reyes sumerios (c. 2500 aC) con espléndidos
ajuares y unas casas bien construidas (c. 1800 aC). El arqueólogo francés
André Parrot excavó en Mari (ahora Tell Hariri), en el Éufrates medio, un gran
palacio datado hacia el 1800 aC que además de una serie de edificios, trajo
a la luz diversas esculturas del III milenio aC. Los hallazgos alemanes en
Uruk (ahora Warka, Irak) desde 1928, han demostrado la gran capacidad
técnica de arquitectos y artesanos del IV milenio aC. También han permitido
la obtención de los textos escritos conocidos más antiguos. El trabajo
ininterrumpido desde la II Guerra Mundial ha ampliado el conocimiento de
todos los periodos, especialmente de los más antiguos (c. 6000-3000 aC),
correspondientes a los primeros asentamientos en Babilonia.
La investigación sobre los vestigios de los imperios parto y sasánida (c. 250
aC-650 dC) ha descubierto edificios palaciegos y templos en Hatra,
Ctesifonte y Kish (todas ellas en Irak). Se han excavado, o al menos
prospectado, yacimientos islámicos como Samarra y Wasit; también se han
restaurado los restos arquitectónicos que permanecen en pie.
Egipto.
El conocimiento contemporáneo del antiguo Egipto comenzó cuando
Napoleón I Bonaparte llevó consigo científicos para estudiar el país durante
la campaña de 1798. El descubrimiento de la piedra de Rosetta (un bloque
de basalto, ahora en el Museo Británico), que presentaba una inscripción en
escritura jeroglífica, demótica y griega, permitió a Jean François Champollion
descifrar en 1822 los jeroglíficos egipcios y a partir de ese momento se
pudieron leer las inscripciones de los monumentos. Karl R. Lepsius y otros
investigadores comenzaron a estudiar los monumentos que aún
permanecían en pie, trabajos que continúan siendo valiosos hoy día porque
muchos de estos monumentos han sufrido daños o han sido destruidos. Al
mismo tiempo, la expoliación a gran escala de objetos para colecciones
particulares o públicas ha originado la pérdida de mucha información. En
1858 se fundó el Museo Nacional de Egipto en El Cairo y se fue controlando
progresivamente el saqueo de los yacimientos. Finalmente, en 1880,
Flinders Petrie comenzó las excavaciones sistemáticas e interpretó sus
hallazgos de forma más metódica.
La investigación en el sur del país, desde la década de 1960, ha localizado
yacimientos donde las poblaciones del paleolítico superior cultivaron
cebada, fueron los primeros intentos de aprovechar los ricos suelos de la
cuenca del río Nilo. Más tarde, las culturas neolíticas iniciaron la auténtica
agricultura, la producción de cerámica y de tejidos, que culminó en la
cultura tasiense, que en su fase final se mezcla con el inicio de la metalurgia
de la cultura badariense, momento en que se utilizó por primera vez el
cobre. También aparece en Egipto una cerámica de superficie pulida de
color rojo con su borde superior en negro. El hallazgo de 3.000 tumbas en
Nagada (1894-1895) realizado por Petrie permitió conocer el periodo
inmediatamente anterior al inicio de la etapa histórica egipcia (c. 3400 aC);
estudios posteriores han diferenciado la cultura del sur de Egipto de la del
norte, donde las influencias asiáticas occidentales fomentaron el progreso
de la cerámica (pintada con representaciones de figuras humanas y de
barcas) y de la metalurgia.
Según la tradición, el rey Menes unificó el Alto y el Bajo Egipto al comienzo
del periodo dinástico (c. 3100 aC). Una serie de paletas de pizarra de
cosméticos de esa época representan escenas grabadas de batallas y de
caza; la más importante es la denominada paleta del rey Narmer (c. 3100
aC, quizá otro nombre que recibió el rey Menes). Grabados similares en
cabezas de mazas y en asas, de piedra o marfil, revelan contactos con otras
culturas del Oriente Próximo; los textos jeroglíficos conocidos más antiguos
proceden de esta época. La historia más lejana del norte de Egipto era
virtualmente desconocida hasta que recientes excavaciones han revelado
testimonios de los periodos predinástico y dinástico. Con la aparición de
poderosas familias de gobernantes, surgen las primeras tumbas egipcias
con ricos ajuares. Las necrópolis de Nagada, Abidos y Saqqara suministran
testimonios considerables sobre la historia y cultura de esta época. Las
grandes pirámides escalonadas (mastabas) de Saqqara son los antecesores
de las grandes pirámides posteriores, como la de Keops en Gizeh, que se
construyen en bloques uniformes. A pesar de haber sido saqueadas a lo
largo del tiempo, las pirámides hablan de la habilidad de los canteros y de la
maestría de los ingenieros para desplazar esos bloques en época tan
remota. El mobiliario funerario de madera con planchas de oro de la reina
Heteferes (c. 2600 aC), enterrada de nuevo tras haber sido saqueada su
tumba, fue brillantemente restaurado a partir de una masa de fragmentos
por George A. Reisner, de la Universidad de Harvard, entre 1924 y 1927. El
rey Mikerinos es conocido por su bella estatua, hallada por Reisner, que en
la actualidad se conserva en el Museo de Bellas Artes de Boston.
Hasta hace poco, la arqueología egipcia se centraba en las tumbas y en los
templos, puesto que los antiguos poblados continúan habitados. Por lo
general, se hallan situados en las tierras húmedas del valle del Nilo, donde
los materiales perecederos no se conservan; los enterramientos se
realizaron en el desierto, cuyo ambiente seco ha conservado los restos y
materiales orgánicos. Los útiles de madera usados en las actividades
domésticas y depositados en las tumbas, las pinturas y grabados murales y
los objetos enterrados con el cadáver nos han proporcionado una visión más
completa de la vida en el antiguo Egipto que en cualquier otra civilización.
La tumba de Tutankhamón (reinó en 1334 aC-1325 aC) destacó por la
riqueza del ajuar hallado; la mayor parte de éste se exhibe en el Museo
Nacional Egipcio en El Cairo. Cientos de tumbas desde la I Dinastía han
mostrado las formas de vida de los distintos grupos sociales.
Próximo a los sepulcros reales del Valle de los Reyes se encuentra un
poblado completo donde vivieron generaciones de constructores de tumbas
y artesanos. Ha sido excavado de forma científica y sus casas
complementan el material hallado en las tumbas, se han encontrado
numerosas notas garabateadas en trozos de cerámica o lascas de piedra
que identifican a algunos de los obreros y sus casas, proporcionándonos
datos sobre su trabajo, alimentación y creencias.
Las creencias religiosas monoteístas de Ajnatón (Amenofis IV), le hicieron
fijar una nueva capital en Ajtatón (ahora Tell el-Amarna). El hallazgo casual
en 1887 de unas 400 tablillas de arcilla con escritura cuneiforme llamaron la
atención sobre el lugar; estas tablillas constituían la correspondencia
mantenida entre los principales estados del Oriente Próximo desde el 1375
hasta el 1330 aC. La excavación de la ciudad ha sacado a la luz casas de
obreros, además de ricas villas. El arte de este periodo está caracterizado
por un naturalismo inusual en el Egipto faraónico, como ilustra el exquisito
busto de Nefertiti, la reina principal de Ajnatón IV.
Los estudios de los grandes templos de Karnak y Luxor han desvelado las
distintas fases de construcción de los mismos, y con frecuencia han
conducido a la recuperación de bloques esculpidos reutilizados, lo que
supone un autentico enigma para los actuales estudiosos, especialmente en
la zona del delta del Nilo. Ramsés II y sus sucesores vivieron en Pi-Rameses
(Avaris), situada en el Delta. Al principio, los arqueólogos buscaron la ciudad
en Pelusio y más tarde en Tanis, donde la abundancia de bloques de piedra
labrados con el nombre de Ramsés sugería que la ciudad había estado allí.
Esos bloques fueron transportados a Tanis en el periodo que abarca desde la
XI Dinastía hasta el siglo VIII aC, periodo en el que esta ciudad fue la capital
de Egipto. La moderna investigación sugiere que las piedras de Ramsés II
proceden de Qantir, 29 kilómetros al sur de Tanis, donde Ramses tuvo con
certeza un palacio; de hecho Qantir ha sido identificado con Pi-Rameses.
Los arqueólogos han detectado contactos comerciales entre el mar Egeo y
Egipto desde el siglo XV hasta el XIII aC. La asociación de cerámica micénica
con tumbas de reyes egipcios conocidos es vital para el estudio de los
inicios de la arqueología griega, aunque no del todo satisfactoria.
Comerciantes, mercenarios e incluso viajeros griegos estuvieron en Egipto
desde el siglo VII aC, y dejaron testimonios de su presencia. Al conquistar
Alejandro Magno Egipto, la lengua griega comenzó a sustituir a la egipcia.
Se han encontrado miles de papiros en las ciudades en torno al lago Fayum,
cerca de El Cairo, abandonadas cuando el sistema de regadíos dejó de
funcionar; en otros yacimientos se han encontrado miles más. Estos papiros
recogen todos los aspectos de la vida con sorprendente detalle y además
constituyen las copias más antiguas de muchos libros griegos y del Nuevo
Testamento.
Siria y Palestina.
Los descubrimientos en Siria y Palestina son de particular importancia para
el estudio de los inicios de la vida sedentaria. Se han encontrado cuevas
mesolíticas y yacimientos en terrazas pertenecientes a la cultura natufiense
(c. 10.800-8500 aC) en Monte Carmelo, excavados por la arqueóloga
británica Dorothy Garrod entre los años 1929 y 1934 y también en el
desierto de Judea, los restos de casas en el valle del Alto Jordán y de
estructuras en Jericó son otros ejemplos de grupos natufienses. Durante la
transición del mesolítico al neolítico surgieron varias comunidades agrícolas,
como la de Mureybat en el Éufrates medio, yacimiento excavado a
mediados de la década de 1960 y en los primeros años de la de 1970. En
algunos yacimientos neolíticos donde no se fabricaba aún cerámica
utilitaria, se enterraron bajo el suelo de las casas mascarillas de barro,
modeladas con delicadeza sobre los cráneos de los difuntos. Una vez que el
uso de la cerámica se extendió en el neolítico (c. 6000-4000 aC), llegaron
una serie de estímulos culturales procedentes del norte, situación que
continuó en los inicios del calcolítico, representado en Palestina por los
yacimientos de Gasul en el valle del Jordán y otros próximos a Beersheba.
Se han descubierto ciudades con cierta planificación, fechadas en el bronce
antiguo (c. 3200-2200 aC) en Biblos, Tell el-Farah y Jericó, en Palestina.
Todas estas ciudades estaban amuralladas, con torres cuadradas o
semicirculares muy juntas; el magnífico palacio de adobe de Ebla (en Siria
central) data de finales de este periodo. Los archivos reales, con sus
documentos escritos en una lengua semítica y cuneiforme sumerio, sobre
tablillas de arcilla, iluminan brillantemente la historia de Siria entre 2500 y
2200 aC aproximadamente. Los sellos cilíndricos y diversos objetos tallados
en piedra, concha o madera, atestiguan el alto nivel de la producción
artística en Ebla.
Tras una etapa de declive, asociada por muchos investigadores a los
movimientos de los amorritas, las ciudades de la zona volvieron a florecer
desde el 1900 hasta el 1200 ac. Las excavaciones francesas en Ugarit (en la
costa siria), realizadas desde 1929, han aportado un buen ejemplo de una
gran ciudad cananea. Aquí, las cerámicas chipriota, cretense y griega
demuestran la existencia de un comercio marítimo hacia el oeste, y han
aparecido otros objetos que indican relaciones con Egipto y Babilonia. Los
escribas utilizaron papiros en jeroglíficos egipcios, babilonio (un dialecto del
acadio), y lo hicieron en cuneiforme hurrita sobre tablillas de arcilla. Para
escribir en su propia lengua (semítica), el ugarítico, usaban (c. 1400 aC) una
escritura alfabética de 30 signos que está considerada como el primer
alfabeto, en el que se escribieron documentos de toda clase, también mitos
sobre sus dioses que nos dan una imagen única de la religión cananea.
Los edificios incendiados y arrasados testimonian la violenta destrucción de
Ugarit y otras ciudades del bronce final, a principios del siglo XII aC, llevada
a cabo por los invasores conocidos en los documentos egipcios con el
nombre de los “pueblos del mar”, entre los que se encontraban los filisteos
y otros pueblos. La Edad del Hierro ha sido estudiada de forma mucho más
intensiva en Palestina que en Siria; en el río Orontes, una expedición danesa
descubrió entre los años 1931 y 1938 una ciudadela cuyos edificios habían
sido destruidos por tropas asirias en el 720 aC, así como piedras y marfiles
con grabados. Más al norte, las excavaciones dirigidas por el Museo
Británico en Karkemish, en la frontera sirio-turca, desenterraron estelas de
piedra y una estatua de estilo neohitita probablemente esculpida en el siglo
IX aC.
Todavía permanecen en pie algunos edificios monumentales de los periodos
helenístico y romano en Siria y Palestina, que han llamado durante mucho
tiempo la atención de los investigadores. En Petra (Jordania), capital de los
nabateos, las tumbas excavadas en la roca muestran una mezcla de
motivos orientales y griegos; otros ejemplos de esta fusión de estilos
pueden ser observados en Palmira, ciudad comercial situada en Siria, donde
se han llevado a cabo extensas excavaciones y en donde es evidente la
planificación urbana siguiendo criterios romanos, como en muchas otras
ciudades de la región. Los edificios datados en el Bajo Imperio, las iglesias
bizantinas, las sinagogas y los posteriores edificios islámicos, a veces están
adornados con mosaicos en sus suelos. La Gran Mezquita de Damasco esta
erigida en el lugar de un antiguo templo romano, que luego fue una catedral
cristiana; su patio está decorado con exquisitos mosaicos que representan
jardines y edificios al lado de un río. Los primeros gobernantes musulmanes
aprovecharon la destreza de los artesanos locales, como demuestran los
mosaicos y el trabajo en piedra de la villa Omeya (c. 740 dC) de Khibert al-
Mafjar, cerca de Jericó; otras villas y fortalezas en el desierto sirio son
ejemplos de los conocimientos existentes en los inicios de la arquitectura
islámica.
Varias instituciones gubernamentales de Siria, Líbano, Jordania e Israel
patrocinan excavaciones realizadas con personal propio o por cualificadas
misiones arqueológicas extranjeras; las excavaciones están proporcionando
continuamente nuevos hallazgos.
Otras zonas del Oriente Próximo.
Turquía fue escenario de una de las más famosas excavaciones en los
comienzos de la arqueología, cuando Heinrich Schliemann trabajó en Troya.
La joyería de oro encontrada por aquél y las placas de oro halladas en
tumbas de Alaca Höyük prueban la gran habilidad de los anatolios de la
edad del bronce antiguo. Las observaciones realizadas por viajeros
condujeron al descubrimiento de Hatusa (ahora Bogazköy, al este de
Ankara), capital del Imperio hitita (c. 1800-1200 aC). Arqueólogos alemanes
comenzaron a excavar allí en 1906 y los trabajos continúan aún. En el
interior de la ciudad, fuertemente amurallada, hay complejos palaciegos y
templos, en algunos de los cuales han aparecido cientos de tablillas de
arcilla con textos escritos en lengua hitita.
Más antigua que Troya es Çatal Hüyük, excavada entre 1961 y 1965. En este
lugar, una comunidad agrícola y ganadera se creó durante el mesolítico y
neolítico un poblado formado por pequeñas casas, muy estrechamente
unidas, a las que se accedía por el techo; algunos pequeños santuarios
estaban adornados con relieves que representan a la diosa madre, figuras
animalísticas y pinturas murales de escenas de cacería. Todos estos
descubrimientos, favorecidos por nuevas técnicas para recuperar restos de
plantas, han iniciado una nueva fase en el conocimiento de los primeros
asentamientos humanos en Anatolia.
Arabia es, desde el punto de vista arqueológico, la zona peor conocida de la
región. Se han recogido útiles de piedra del paleolítico en diversos lugares,
pero apenas han sido hallados materiales que antecedan a la cerámica del
tipo ubaid mesopotámico (c. 4000 aC). Hay un intervalo de unos 3000 años
antes de la siguiente etapa documentada, en la que las ciudades del
suroeste se enriquecieron gracias al comercio de incienso. Las excavaciones
en Adén y Yemen han desvelado templos construidos en piedra,
inscripciones propias del sur de Arabia y objetos de metal que indican la
existencia de relaciones comerciales con Roma y la India.
EUROPA.
La secuencia de los periodos neolítico, calcolítico (edad del cobre), edad del
bronce y edad del hierro, describe la evolución de la civilización europea
sobre la base del material más empleado en la fabricación de útiles; esta
evolución se produjo con un ritmo más rápido y bajo circunstancias
diferentes en la zona del mar Egeo y la Grecia continental. La historia de
esta zona aporta fechas correlativas para el resto de Europa, donde la edad
del bronce duró desde el 2000 hasta el 700 aC aproximadamente.
Por lo general, la práctica de la arqueología en Europa ha crecido de forma
evidente en la última generación. Cientos de investigadores de países de
todo el mundo trabajan en disciplinas que hoy son fundamentales para la
arqueología.
Grecia.
La arqueología de Grecia comprende el estudio de la edad del bronce
centrada en la denominada civilización del Egeo, que protagonizaron las
culturas minoica y micénica, al final de la cual se desarrolló en Grecia la
edad del hierro. El estudio de la arqueología griega durante la edad del
hierro está dividido en cinco periodos: protogeométrico (c. 1050-900 aC);
geométrico (c. 900-700 aC); periodo arcaico (c. 700-500 aC), denominado
así por el estilo artístico que se desarrolla; periodo clásico (c. 500-330 aC),
etapa que vio destacables logros en arte, arquitectura y literatura,
convirtiéndose en un punto de referencia clásico para muchas civilizaciones
posteriores, y, por último, el periodo helenístico (c. 330-50 aC), en el que la
cultura griega se difundió a lo largo de gran parte del Mediterráneo central y
oriental, en una expansión iniciada por las campañas de Alejandro Magno y
continuada por sus sucesores. Durante todos estos periodos, que abarcan
unos 1000 años, la civilización griega desarrolló formas artísticas,
arquitectónicas, literarias y políticas que han tenido un impacto muy
duradero, especialmente en la cultura occidental.
El protogeométrico y el geométrico se desarrollan en Grecia continental y en
la costa jonia de Asia Menor. A finales del geométrico y durante gran parte
del periodo arcaico, las ciudades-estado griegas, incitadas por el
crecimiento de las actividades comerciales y quizá por un notable
crecimiento demográfico fundaron colonias en Sicilia, en el sur de Italia (que
fue conocido en la antigüedad como Magna Grecia) y en la zona del mar
Negro. Los arqueólogos han podido establecer la cronología de todo este
periodo al relacionar las fechas de fundación de esas colonias en las fuentes
literarias antiguas con los materiales hallados en las excavaciones,
particularmente en Sicilia y en la Magna Grecia. Las cronologías del periodo
clásico, y posteriores, tienen un respaldo mayor en las fuentes literarias ya
que éstas son más numerosas. Mientras que el centro de la cultura griega
arcaica y clásica se localiza en Grecia continental, principalmente en
ciudades como Atenas, Esparta y Corinto, el periodo helenístico cuenta con
sus centros más importantes hacia el este y el oeste, en ciudades como
Éfeso (en la costa de Asia Menor), Alejandría (Egipto), Siracusa (Sicilia) y la
propia Roma.
Recientes excavaciones en la isla de Creta han aportado un amplio
testimonio material de los inicios de la edad del hierro que, en ausencia de
documentos escritos, ha sido denominada en ocasiones como la ‘edad
oscura’. Estas investigaciones, así como las realizadas en otros yacimientos
prehistóricos y clásicos a lo largo del Mediterráneo han estado favorecidas
por el desarrollo y aplicación de amplios estudios topográficos, de análisis
palinológicos (estudio de restos de polen) y arqueozoológicos (estudio de los
restos de animales).
Las excavaciones en Sicilia, particularmente en su costa oriental, y en Italia
(desde el sur de Nápoles), han sacado a la luz cerámica y otros objetos que
muestran claras relaciones con la Grecia continental desde finales de la
edad del hierro en adelante; es especialmente abundante la cerámica de
Corinto y Atenas, muy apreciadas en el comercio. La ciudad de Atenas en
particular sobresale en el conocimiento que se tiene de la Grecia
continental, puesto que sus ciudadanos han legado un copioso número de
textos escritos en miles de inscripciones, libros y obras que han pervivido a
lo largo de los años. Atenas ha sido también el centro de la investigación
arqueológica desde hace siglo y medio, cuando fue nombrada capital de la
moderna Grecia en 1834. El trabajo de los arqueólogos ha permitido conocer
una cantidad ingente de objetos: esculturas, figurillas, cerámica, joyas,
monedas y utensilios de la vida cotidiana, además de restos arquitectónicos
que ilustran la civilización ateniense con gran detalle. Se han efectuado
otras investigaciones en varios centros griegos, entre ellos Corinto y
Esparta, dos de las más poderosas ciudades-estado, y los grandes
santuarios (o lugares sagrados) de Olimpia y Delfos, excavados desde
finales del siglo XIX por misiones alemanas y francesas respectivamente.
Las recientes excavaciones, realizadas por arqueólogos griegos en el norte
de Grecia, especialmente en las enormes necrópolis en las ciudades de
Vergina y Pella, han aportado información novedosa sobre el nacimiento del
reino de Macedonia, cuyos reyes Filipo y su hijo Alejandro expandieron la
civilización helénica a lo largo del Mediterráneo oriental y el norte de la
India.
Roma.
La arqueología de Roma ha sido dividida en diversas fases: la edad de hierro
—que abarca casi el mismo lapso cronológico que en el mundo griego—, el
periodo arcaico en el que Roma estuvo gobernada por una serie de reyes, la
República y, por último, el Imperio. El periodo arcaico acabó a finales del
siglo VI aC (según la tradición en el 509 aC) cuando la monarquía dio paso a
la República. El final de la República y el inicio del Imperio se fechan, de
forma convencional, en el 31 aC, con la victoria total de Octavio (el futuro
emperador Augusto) sobre sus rivales y la acumulación del poder en manos
de una sola persona.
Durante siglos las enormes ruinas de la Roma imperial y la inmensa
cantidad de textos escritos centraron la atención de los arqueólogos sobre
la historia tardía de Roma, pero las investigaciones llevadas a cabo en el
siglo XX han sacado a la luz numerosos restos arqueológicos de la edad de
hierro y de la época republicana. Las excavaciones en la colina Palatino (una
de las siete colinas de Roma) han mostrado un modesto poblado de la edad
del hierro caracterizado por una serie de casas simples, similares a cabañas.
La arqueología también ha desvelado el proceso por el cual este poblado y
los otros cercanos se unieron para formar una ciudad que, con el paso del
tiempo, reemplazó el dominio etrusco sobre Italia central. Durante este
periodo, equivalente al periodo arcaico griego, se desarrolló en Roma una
arquitectura monumental y la fase inicial de un área urbana central
planificada, en la que había un sofisticado sistema de drenaje.
Durante el periodo de la República, Roma sometió toda Italia y Sicilia, y
gradualmente expandió su dominio durante la época helenística hacia el
Mediterráneo oriental. La arqueología ha trazado el crecimiento de Roma
siguiendo la construcción de monumentos en la ciudad, donde la mezcla de
las formas locales con las adoptadas del mundo griego originó un estilo
arquitectónico propio que hace su aparición en esta época. Una de las
mayores contribuciones de Roma a la arquitectura fue el uso de un material
similar al hormigón, que liberó a los arquitectos de las restricciones
impuestas por el rectilíneo sistema adintelado, al permitirles construir
estructuras abovedadas como la cúpula del Panteón.
Quizá el más importante y completo testimonio arqueológico de finales de la
República y comienzos del Imperio procede de las ciudades sepultadas de
Pompeya y Herculano, al sur de Nápoles; destruidas por la erupción del
Vesubio entre el 24 y el 25 de agosto del 79 dC y enterradas por materiales
volcánicos, estas ciudades fueron descubiertas en el siglo XVIII por medio de
excavaciones que aún hoy continúan realizándose aunque de forma más
meticulosa que hace 200 años. Ambas ciudades han ofrecido un testimonio
de gran valor sobre todos los aspectos de la vida, no sólo en estas ciudades
de provincia sino también de la misma capital. Las pinturas murales de
Pompeya, de gran importancia para la historia del arte, han servido a los
arqueólogos para establecer la clasificación y cronología de la pintura
romana de finales de la República y comienzos del Imperio.
El emperador Augusto y sus sucesores continuaron extendiendo las
fronteras del Imperio romano que, con el paso del tiempo, abarcaría casi
todo el territorio comprendido desde las islas Británicas hasta el mar Caspio.
Las legiones romanas construyeron nuevas ciudades en todos los rincones
del Imperio. La investigación arqueológica de muchas de ellas ha revelado
una sorprendente uniformidad en su planificación, a pesar de las variaciones
locales. Basada en un sistema reticulado, la ciudad tipo romana presenta un
centro oficial que comprende la basílica (edificio rectangular para el
desarrollo de múltiples actividades), templos sobre un podio elevado,
termas de gran tamaño, gimnasios, estadios, teatros, bibliotecas, mercados
al aire libre y cubiertos, y, en muchos casos, sistemas de conducción de
agua y de alcantarillado por medio de cloacas; junto a estas características
generales existen fuertes elementos de carácter local. Las excavaciones en
estas ciudades han aportado información sobre la vida y sociedad hasta los
inicios de la edad media.
Otras zonas europeas.
El neolítico y el calcolítico son los periodos en que se introdujeron la
agricultura y ganadería en Europa, que más tarde, se adaptaron al clima
templado de la Europa transalpina. Como en Grecia e Italia, la edad del
bronce constituyó en el resto de Europa la fase de formación de la que
emergerían los patrones de posteriores y más diversificadas culturas.
Debido a la ausencia de testimonios escritos, la identificación de pueblos y
de culturas específicos continúa siendo objeto de investigación. Los
nombres usados por los autores clásicos contemporáneos para referirse a
determinados pueblos, a pesar de tener probablemente una
representatividad limitada para las antiguas poblaciones europeas
organizadas en tribus, son todavía útiles: celtas para los habitantes de
Europa Occidental, pueblos germanos para los habitantes de Europa Central
y escitas para las tribus de las estepas al sur de Rusia, entre los Cárpatos y
el Cáucaso. Sus construcciones (también las fortificaciones) eran de madera
y por tanto muy efímeras. La pintura y la escultura eran ajenas al interés de
estos pueblos, si bien su habilidad en manufacturas gozó de una
impresionante calidad artística a finales del primer milenio.
La cultura de Hallstatt (denominación procedente de un yacimiento
austriaco) es el nombre que se utiliza para referirse a la primera fase (c.
750-450 aC) de la edad del hierro en el centro y suroeste de Europa. La
excavación de las tumbas en forma de túmulos han desvelado complejos
enterramientos, con ricos ajuares formados por cuencos, joyas y armas de
metal, además de productos de lujo importados de zonas tan alejadas como
Grecia; incluso se han encontrado carros. Estos enterramientos sugieren la
existencia de una estratificación social y los inicios de una economía
mercantil europea relativamente sofisticada.
La fase siguiente, que se extiende por Europa Central y Noroccidental, se
denomina La Tène (c. 450-58 aC) por el nombre de un yacimiento localizado
en un lago suizo, donde se hallaron armas, útiles y joyas. En ocasiones, la
decoración en los objetos de La Tène no es figurativa y presenta complejos
motivos circulares, que en muchos casos proceden de prototipos
mediterráneos. Todo ello, junto a las representaciones expresionistas de
animales derivadas del arte escita, constituye un importante estilo por ser
precursor del estilo ‘bárbaro’ que floreció durante las migraciones de los
pueblos germánicos durante los primeros siglos de la era cristiana.
Por lo que respecta a España, su suelo ha sido generoso en aportaciones a
la ciencia arqueológica, permitiendo conocer sus más remotos orígenes. El
paleolítico inferior (con sus restos culturales y humanos asociados) está bien
representado en los yacimientos del Aculadero (Puerto de Santa María,
Cádiz), Orce (Granada) y especialmente en el de Atapuerca (Burgos), donde
los nuevos hallazgos realizados en la década de 1990 anuncian una
auténtica revolución de los conocimientos existentes sobre la prehistoria, no
ya española sino europea. Destacados son igualmente los restos
arqueológicos del paleolítico medio (cueva de Moria, Cantabria) y superior,
en cuya transición hacia el neolítico se sitúan las muestras artísticas de los
ciclos de pintura levantina y macroesquemática, así como de la denominada
cerámica cardial.
Profusos son los estudios arqueológicos de la edad de los metales en
España: desde la muy antigua cultura del cobre de Los Millares, hasta las
brillantes muestras del bronce de El Argar y Las Motillas, y las del hierro,
tales como la cultura de los castros o la baleárica cultura talayótica.
ASIA.
Mientras que en algunas regiones de Asia la investigación arqueológica se
inició hace más de 100 años, otras regiones son desconocidas desde el
punto de vista arqueológico. Por consiguiente, la calidad y cantidad de los
datos arqueológicos en este continente varían cronológica y espacialmente.
Suroeste asiático.
El subcontinente indio pudo haber sido poblado por migraciones
procedentes del norte, que cruzarían la meseta irania, o bien por otra
corriente migratoria a través de la costa suroccidental desde África. Los
restos humanos más antiguos (un fragmento de cráneo de un arcaico Homo
sapiens) fueron hallados en el valle del río Narmada en la India central.
Aunque el cráneo de Narmada no estaba asociado a restos materiales de
ningún tipo, hay varios yacimientos arqueológicos que potencialmente lo
fechan con una antigüedad superior a los 300.000 años. La India y el
Sureste asiático manifiestan la presencia más oriental del achelense, fase
cultural del paleolítico inferior que también aparece en África, Europa y
Próximo Oriente. Los yacimientos achelenses se caracterizan por numerosos
útiles de piedra como bifaces, choppers y perforadores, así como una
amplia variedad de lascas usadas para cortar y raspar. Son raros los
hallazgos de restos fáunicos y de plantas, pero indudablemente esos grupos
humanos eran cazadores-recolectores. En las regiones más al norte, los
yacimientos donde no se han encontrado bifaces han sido atribuidos a la
cultura soan, aunque poseen útiles similares. Existen diversos estadios
pertenecientes al paleolítico medio y superior a lo largo del sur de Asia, pero
se sabe poco de sus patrones culturales, ya que son escasos los lugares de
habitación y los datos medioambientales. La información obtenida de
diversos yacimientos sugiere que la tecnología paleolítica y la forma de vida
cazador-recolectora persistieron en el sur de Asia hasta alrededor del 10.000
aC, e incluso en época más moderna.
Hace unos 25000 años, en pleno desarrollo de la tecnología lítica, se produjo
la sustitución de los grandes útiles por instrumentos más pequeños y con
formas geométricas, denominados microlitos, que se utilizaron para cortar,
raspar, perforar, hendir y grabar. Los yacimientos en que se encuentran
estos microlitos evidencian la explotación de todos los recursos naturales
disponibles; este utillaje aparece en campamentos temporales o
estacionales en los que, a causa de una más larga ocupación, se encuentran
también diversos enterramientos. Las estructuras varían según las zonas:
desde sencillas tiendas a cabañas de techo de paja recubierto con barro,
realizadas en madera, en bambú o con ambos materiales a la vez. Se
documenta hacia el 5000 aC la fabricación de cerámica y objetos de adorno
personal, como pulseras y anillos en el valle del río Ganges. La asociación
de útiles de hierro con grupos de cazadores-recolectores, como en Langhnaj,
próximo a Ahmadabad (India) indican que éstos mantenían relaciones con
otros grupos con un mayor desarrollo tecnológico y social; incluso algunos
pueblos se habían dedicado a una incipiente agricultura. Hay indicios de que
el arroz estaba siendo cultivado en Koldihwa, en el valle del río Ganges,
antes del 5000 aC.
En Mehrgarh, cerca de Sibi (Pakistán), se identificaron restos de diversos
cereales cultivados, como trigo y cebada, y de animales domesticados,
especialmente ganado vacuno, pero también cabras y ovejas. Este antiguo
poblado con estructuras construidas con adobe tiene una fecha anterior al
6500 aC. Sus pobladores también realizaron diversas actividades
artesanales como la cestería, el trabajo de piedras semipreciosas,
ornamentos en cobre y, a partir del 5000 aC, la producción de cerámica; las
necrópolis fueron localizadas dentro del propio pueblo. Algunas de las
tumbas descubiertas contienen objetos artísticos y restos de cabras
domesticadas.
La edad del bronce antigua en el noroeste vio la aparición de diversos
grupos agrícolas característicos: las culturas de Amri, Sothi y Kot Diji (que
reciben su nombre de los respectivos yacimientos), todos ellos en Pakistán.
Cada una tiene su propio estilo en la cerámica y son abundantes los objetos
de piedra, hueso, concha y metal. Sus habitantes vivían en poblados de
casas de adobe, y sólo unos pocos yacimientos son lo suficientemente
grandes como para poder ser calificados como ciudades. Estas culturas
mantuvieron ciertos contactos entre ellas, reflejados en el comercio de
conchas marinas, objetos metálicos y piedras semipreciosas, síntomas de
que existieron otros tipos de relaciones. Aunque estas culturas compartieron
rasgos característicos con la civilización del valle del Indo, no existe
consenso entre los investigadores para señalar en particular a una de ellas
como la precursora directa. Con el paso del tiempo, algunas de estas
culturas sobrevivieron y fueron contemporáneas de la civilización del valle
del Indo.
La civilización del valle del Indo (2500-1700 aC), también conocida como
cultura de Harappa, según el nombre de la antigua ciudad de Harappa, se
extendió por todo el valle de este río. El yacimiento más importante de esta
civilización es la ciudad de Mohenjo-Daro, al sur de la actual Larkana
(Pakistán), excavada por el arqueólogo británico John Marshall en la década
de 1920. Los centros urbanos se caracterizan por una gran similitud entre
los objetos, como la cerámica roja y negra, joyas, utensilios metálicos, pesas
de piedra y sellos con una escritura característica aún sin descifrar. Todos
los asentamientos tienen edificios públicos y una planificación urbana,
aunque aún no se han encontrado ejemplos definitivos de templos, palacios
o cementerios reales. Los cambios ecológicos ocurridos después del 2000
aC forzaron el abandono de muchos asentamientos del valle del Indo,
especialmente las ciudades, por lo que se produjo una corriente migratoria
desde el este hacia el valle del río Ganges y desde el sur hacia la región de
Gujarat. La última etapa de la cultura de Harappa se caracterizó por la
aparición de pequeñas comunidades agrícolas. Se conocen algunos grandes
poblados pero todavía no han sido excavados. Continuó la producción de los
objetos característicos de esta cultura y se detecta un aumento de las
variaciones regionales, aunque los sellos y la escritura parecen más
inusuales en esta época final y no se conocen ciudades del periodo tardío de
esta cultura.
Los inicios del periodo histórico estuvieron caracterizados por el surgimiento
de una organización estatal, el uso de instrumentos de hierro y al menos
dos tipos nuevos de cerámica: la cerámica gris pintada (1100-300 aC) y la
cerámica bruñida negra del norte (500-100 aC). Los productores del primer
tipo vivían principalmente en poblados de casas de adobe y de ramaje
recubierto de barro; en algunos yacimientos esta cultura era
contemporánea de la fase final de la cultura de Harappa, por tanto enlaza el
bronce final con la fase inicial de la edad del hierro. Durante el periodo de la
cerámica bruñida negra se constituye el Imperio maurya y los documentos
escritos complementan los datos arqueológicos.
China.
Los restos de un Homo erectus hallado en la cueva de Zhoukoudian, cerca
de Pekín, asociado a huesos de animales, útiles líticos usados para cortar,
raer y hendir y huellas de hogares, han sido datados con una fecha que se
remonta a casi medio millón de años. La mayor parte de los huesos
encontrados en la cueva fueron posiblemente llevados allí por animales
carnívoros, seguramente hienas. Los sencillos hogares en este lugar
representan el testimonio más antiguo del uso del fuego por seres humanos,
al margen de escasos y controvertidos casos en África. El hombre llegó al
Lejano Oriente procedente de Asia central o del Sureste asiático, donde se
han hallado ejemplares de Homo erectus primitivos de hace 1,8 millones de
años. Poblaciones de este homínido quizá persistieran hasta unos 250.000
años en China, mucho más que en ninguna otra parte.
Es reducido el número de testimonios de grupos de cazadores y recolectores
a finales del pleistoceno en China; tan sólo en el norte se han encontrado
algunos yacimientos, como el de Sjaraosso-gol, zona que, hace unos 30.000
años estaba ocupada por grupos que establecieron campamentos cercanos
a recursos acuíferos al aire libre que vivían, probablemente, en sencillas
chozas y empleaban útiles líticos para raer y cortar; se han conservado
algunos restos de animales. Durante la época posglacial proliferaron los
asentamientos a lo largo de ríos y lagos, especialmente en el sur, cuyos
habitantes explotaron las plantas y animales que había alrededor de ríos y
lagos; con el paso del tiempo acabarían por plantar semillas.
La primera etapa de producción de alimentos en China se fecha entre el
7000 y el 5500 aC en Pengtoushan, en el valle medio del Yangzi Jiang, donde
los arqueólogos han identificado granos de arroz cultivado. Entre el 5000 y
el 3000 aC surgió la cultura agrícola de Ma-xia-pang en la región del lago
Tai-hu, en el valle bajo del Yangzi al este de Shangai; allí se localizan
poblados de casas de madera en elevaciones del terreno o sobre túmulos
artificiales cercanos a los recursos acuíferos. Los cultivos principales fueron
el arroz y las calabazas, y se domesticaron el perro, el búfalo de agua y el
cerdo, aunque continuó siendo importante la actividad recolectora y la caza.
Además de los útiles líticos, los arqueólogos han encontrado hachas,
azuelas y azadones de hueso, una variedad de instrumentos de madera,
bambú y de hueso de cornamentas, así como cerámica. La llamada cultura
Ho-mu-tu, localizada en una pantanosa región al sur de Shanghai, se
desarrolló paralelamente a la anterior; este grupo construyó palafitos de
madera y produjo cerámica cordada impresa, de la que se han hallado
variedades regionales en los primeros poblados agrícolas a lo largo del este
y sur de China. Hacia el 5000 aC un grupo similar en Taiwán se dedicó a la
pesca y recolección de conchas marinas y al cultivo de cereales. Grupos
agrícolas semejantes se expandieron por el sur y este de China hacia el
3000 ac; las excavaciones de enterramientos en esta zona muestran el
nacimiento de sociedades jerarquizadas, fenómeno que continuó durante la
edad del bronce al desarrollarse los primeros poderes políticos. El resto de
los datos arqueológicos de estos grupos son insignificantes.
En el noroeste de China y posiblemente en una fecha tan temprana como el
V milenio, se localizan los poblados agrícolas de la cultura de Yangshao, en
torno al valle del río Huang He (o río Amarillo), que han sido también
asociados a la cerámica cordada impresa. Los investigadores dudan sobre el
grado de desarrollo de la agricultura en esta cultura. Los pobladores
explotaron las plantas silvestres y la fauna de la zona en especial el cultivo
del panizo común y la domesticación de perros y cerdos. El yacimiento de
Banpocun en la provincia de Shaanxi, prototipo de asentamiento de esta
cultura, estaba rodeado por un foso y poseía numerosas construcciones de
habitación de zarzo, recubiertas de barro y parcialmente subterráneas. En el
centro del poblado había una estructura grande y elaborada que acaso fuera
la casa de un importante personaje o quizá un edificio público. Además de la
agricultura, los pobladores criaron gusanos de seda, tejieron hilo, tallaron
jade y en las últimas fases elaboraron una característica cerámica pintada.
Dado que los objetos hallados en los distintos yacimientos son
sorprendentemente similares, algunos investigadores piensan que surgieron
grupos socioeconómicos de artesanos especializados.
Tras una serie de complejos cambios sociales, políticos y económicos que
afectaron a los grupos de la cultura Yangshao, surgió la cultura de Long-
Shan en el norte de China. Como en la cultura anterior existe una gran
similitud entre los objetos hallados en los distintos poblados de la cultura de
Long-Shan, especialmente en la bella cerámica negra. Los poblados
aumentaron de tamaño, los rodearon de grandes murallas y estuvieron
habitados durante más tiempo. Continuó el cultivo de cereales y se introdujo
el arroz, procedente del sur. También hay testimonios de la fabricación de
armas y de muertes violentas, lo que induce a pensar en la existencia cada
vez más frecuente de conflictos sociales. Aparece por vez primera la
escritura sobre huesos que servían de oráculos (normalmente escápulas) y
que tienen grabados símbolos cuyo significado está relacionado con
técnicas adivinatorias. La excelencia de los objetos de artesanía, la
escritura, las murallas y la variada riqueza de ajuares funerarios sugieren la
compleja estratificación social de la cultura de Long-Shan.
Los cambios internos que se produjeron en la cultura Long-Shan permitieron
su evolución gradual hasta dar origen a la primera civilización china, que
engloba las dinastías Xia y Shang. La mayor parte de la información sobre
este periodo procede de los yacimientos cercanos a Zhengzhou, y durante
la dinastía Shang aparecen los primeros documentos escritos, al igual que la
arquitectura monumental, la especialización artesanal, las ciudades y una
notable jerarquización social y política: Ao, capital de la dinastía Shang,
tenía un recinto amurallado que aislaba a las residencias nobiliarias,
mientras que los artesanos y los agricultores vivían en el exterior; estos
artesanos fabricaron los objetos característicos de este periodo, entre los
que destacan las manufacturas de bronce.
Cerca de Anyang se han excavado el centro administrativo y ceremonial de
Xiaotun y la necrópolis real de Xibeigang; estos yacimientos de la dinastía
Shang han proporcionado miles de huesos utilizados para la adivinación que
ofrecen nueva información sobre esta cultura. Los espectaculares objetos de
arte y otros signos de riqueza, además de los indicios de numerosos
sacrificios humanos aparecidos en el cementerio real, muestran el poder
político y económico de la nobleza. Todos los rasgos característicos de la
civilización china estaban ya establecidos en el momento en que la dinastía
Shang fue sustituida por la Zhou, a finales del primer milenio antes de
Cristo.
Otros países asiáticos.
Los fragmentos de Homo erectus hallados en el Sureste asiático,
especialmente en Java (Indonesia), han sido fechados en 1,8 millones de
años. Los restos culturales del paleolítico se limitan a dispersos hallazgos de
bifaces, choppers, raederas sobre lascas y cuchillos, que evidencian la
actividad de grupos cazadores y recolectores. Parece que entre el 15000 y
el 10000 aC. se explotaron intensivamente plantas silvestres como el arroz,
la batata y el taro (planta de la zona cuyos tubérculos son comestibles)
además de la caza. En la cueva del Espíritu (Tailandia, 7000-5700 aC) uno
de estos grupos cazadores-recolectores fabricó azuelas de piedra, cerámica
y una especie de cuchillo de pizarra, que ha sido asociado en periodos
posteriores al cultivo del arroz, aunque no se han evidenciado testimonios
directos del cultivo de cereales. Otros yacimientos en Tailandia que indican
un probable cultivo del arroz son: Khok Phanom Di, en la costa (entre el
2000 y el 1400 aC aproximadamente), la cueva del valle de Banyan en el
norte, con depósitos que pueden ser datados entre el 5500 aC, como fecha
más antigua, y el 800 aC como fecha más reciente, y Non Nok Tha en el río
Mekong (c. 3000-2000 aC), donde existen pruebas de la domesticación de
ganado. La polémica rodea la aparición de la metalurgia en Tailandia. Se han
encontrado sofisticadas hachas de bronce en el cementerio real de Non Nok
Tha, fechado inicialmente en el 3700 aC pero cuya cronología se considera
en la actualidad que abarca desde el 2000 hasta el 1000 aC
aproximadamente. Algo parecido ocurre con los sofisticados bronces de la
necrópolis de Ban Chiang, en el norte de Tailandia, que fueron fechados
inicialmente en torno al 2100 aC fecha que también ha sido cuestionada.
Recientes excavaciones en Non Pa Wai en el noreste de Tailandia han
revelado amplias actividades de fundición de cobre que se han datado
aproximadamente en el 2000 aC como fecha más antigua. Se han
recuperado objetos de bronce similares a éstos en yacimientos vietnamitas,
fechados en el segundo milenio antes de Cristo. Es evidente que hace falta
descubrir muchos más restos para conocer el desarrollo cultural del Sureste
asiático.
Japón estuvo habitado durante el pleistoceno, han aparecido en muchos
yacimientos útiles líticos, similares a los de las culturas asiáticas de este
periodo. A finales del pleistoceno, grupos de cazadores y recolectores
explotaron los recursos marinos y plantas silvestres, tendencia que persistió
hasta la introducción en el sur del cultivo del arroz y de la cebada poco
después del 1100 ac. El pueblo jomon, así son conocidos esos grupos, vivía
en pequeños poblados de casas semienterradas asociadas a montículos
concheros, donde se han encontrado restos de cerámica datados en el
14000 aC, los primeros conocidos en el mundo antiguo. En Honshu, también
se ha hallado cerámica jomon muy sofisticada, en grandes grupos de casas
bien construidas en madera, que se fecha aproximadamente poco después
del 5000 aC. El periodo jomon pervivió hasta el 350 aC aproximadamente y
fue seguido por el periodo yayoi, durante el cual se fue conformando la
cultura tradicional japonesa.
AMÉRICA.
Los estudios arqueológicos en América han revelado cinco etapas,
generalmente sucesivas aunque a veces se superponen, de la prehistoria de
este continente: los periodos lítico, arcaico, de formación, clásico y
posclásico.
El periodo lítico.
Esta primera etapa comenzó cuando grupos cazadores-recolectores,
probablemente mongoloides, alcanzaron el continente americano cruzando
el estrecho de Bering, antes tierra firme, que unía Asia y América durante el
periodo glacial; los primeros seres humanos quizá llegaron hace unos
50.000 años. Las evidencias arqueológicas sugieren cuatro oleadas
migratorias, aunque modernos estudios lingüísticos sobre tribus actuales
consideran que fueron sólo tres.
Los arqueólogos han estado profundamente divididos sobre cuándo llegaron
por primera vez esos primeros pobladores del continente americano.
Algunos mantienen que no hay testimonios sólidos de una presencia
humana anteriores a los 11.500 años, fecha de las puntas de lanza halladas
en Clovis (Nuevo México); otros consideran que los hallazgos arqueológicos
en lugares como Meadowcroft Rockshelter (Pennsylvania) o Monte Verde
(Chile), fechados hace 16000 y 13000 años respectivamente, prueban una
presencia anterior a la de Clovis, lo que permite establecer una fecha
incluso más antigua para otros hallazgos de naturaleza más fragmentaria.
Los útiles de este periodo lítico, procedentes de hallazgos escasos y
dispersos, muestran una progresión generalizada durante el transcurso de
20.000 años, desde los cantos de piedra y huesos trabajados por una sola
cara, pasando por puntas bifaciales en forma de hoja hasta llegar a las
puntas con estrías, como las utilizadas por los habitantes de Clovis, con las
que cazaban mamuts y otros grandes animales hasta el final del
pleistoceno; en algunas zonas, como la Tierra del Fuego, el periodo lítico
perduró hasta tiempos históricos.
El periodo arcaico.
Al extinguirse la macrofauna pleistocénica, muchos grupos abandonaron la
caza mayor y se dedicaron a la recolección; esta nueva situación ofreció
muchas posibilidades de subsistencia que a veces condujeron a formas de
vida dependientes de las diversas estaciones climatológicas. Quizá el modo
de vida más característico de este periodo fue el adoptado en el este de
Estados Unidos entre el 9000 y el 4000 aC, donde los grupos humanos, en
ocasiones asentados a lo largo de los ríos, desarrollaron técnicas especiales
para la caza mayor y menor con utilización de dardos, propulsados por una
especie de arco. También aprovecharon los recursos acuáticos, usando
frecuentemente redes con plomadas; recolectaron raíces que molturaban
con piedras de moler y usaron diversas clases de raederas con filo en forma
de uña para múltiples funciones.
Los grupos recolectores de los bosques boreales de Canadá y Alaska y los
de la costa del océano Ártico hasta el estrecho de Bering mantuvieron cierta
relación con los anteriores; también procedían de Asia y representaron un
nuevo sistema de vida en la parte más septentrional de Norteamérica. Entre
sus utensilios más significativos destacan diversas clases de microláminas
en forma de lengua hechas con huesos de frutas, similares a las
encontradas a menudo en Siberia, Mongolia y Japón. Practicaron la caza
mayor con dardos y lanzas, capturaron animales pequeños con trampas y se
dedicaron a la pesca en los lagos. El pueblo de tradición microlaminar del
noroeste, que vivió fundamentalmente en tierras del interior, contrasta con
el que habitó a lo largo de la costa, que pertenecía a la tradición microlítica;
aunque con el paso del tiempo fabricó microlitos, puntas de flecha y otros
objetos adaptados para la caza del caribú en las tierras interiores y para
arponear animales acuáticos.
Durante este periodo, tanto en el norte como en el sur del continente
muchos pueblos se adaptaron a la vida en las zonas costeras, donde se han
encontrado grandes montículos formados por conchas, sin embargo existen
muchas diferencias locales entre estos grupos. Los del noroeste del Pacífico
trabajaron la pizarra y construyeron una especie de canoas, los grupos
californianos se hicieron sedentarios y recolectaron moluscos, mientras que
los pueblos que habitaron la costa atlántica de América del Norte decoraron
dagas hechas en hueso y placas de pizarra y enterraron a sus muertos
realizando ceremonias complejas en las que destaca el uso de pintura roja.
En Mesoamérica algunos grupos comenzaron a construir botes con los que
quizá alcanzaron las Antillas; otros grupos, como los peruanos, explotaron el
interior de las regiones costeras (lomas) en una estación y el mar en otra.
En general, los pueblos del periodo arcaico del desierto suroccidental de
Estados Unidos y de las tierras altas de México y Perú contrastan de forma
muy notable con los grupos recolectores descritos anteriormente. Aunque
también pueden ser considerados recolectores, su entorno medioambiental
les ofrecía plantas potencialmente cultivables y sus actividades de carácter
estacional, en las que explotaban diferentes ambientes, requerían sistemas
de almacenamiento; algunos de estos grupos comenzaron a cultivar
plantas. Con el paso del tiempo, estos primeros cultivos condujeron a la
agricultura y con ello a la vida urbana y a la fabricación de cerámica,
características propias del periodo de formación. No obstante, la vida
urbana agrícola del periodo de formación nunca llegó a desarrollarse en
muchas zonas, como las tierras bajas tropicales de California, el Gran Valle
estadounidense, las pampas chilenas y argentinas o los bosques del norte
de Canadá. En todas ellas perduró bastante tiempo el periodo arcaico.
El periodo de formación.
La fase Woodland, desarrollada en el este de Norteamérica, constituye uno
de los primeros estadios del periodo de formación. Comenzó hacia el 500 aC
y continuó hasta el siglo XI de nuestra era; estuvo caracterizada por sus
rituales con tumbas en forma de túmulos y una cerámica tosca a veces
decorada con impresiones cordadas. A la fase Woodland sucedió,
especialmente en el sur y sureste de Estados Unidos, una segunda etapa
caracterizada por templos en túmulos, una agricultura más avanzada,
cerámica incisa y grandes poblados con empalizadas, similares a las del
posterior periodo clásico.
Quizá la cultura más características de este periodo de formación sea la
desarrollada por los hoy llamados indios pueblo, en el suroeste de Estados
Unidos, y sus diversos predecesores, así como los denominados ‘hombres
de las cavernas’ (poblaciones agrícolas que cultivaron y molieron maíz y
judías y produjeron una hermosa cerámica blanca y negra, también
policromada, con motivos geométricos). Este periodo de formación de los
indios pueblo, iniciado a comienzos de la era cristiana, perdura hasta el
presente.
Contemporáneos son los grupos del este de Estados Unidos que usaron una
cerámica sin pintar y practicaron una agricultura de subsistencia. Aunque
cultivaron las mismas plantas, su agricultura era menos intensiva y sus
poblados no estaban construidos con piedras o tapias sino con troncos de
madera sin descortezar.
El periodo de formación comenzó entre los pueblos que habitaron las
Grandes Llanuras de Estados Unidos y Canadá más tardíamente, incluso ya
iniciada la era cristiana. Estos pueblos fabricaron cerámica tosca y sin pintar
y la mayoría no practicó la agricultura o lo hicieron de forma muy
superficial, su economía se basaba en la caza de búfalos. Sólo a lo largo del
río Missouri desarrollaron una vida urbana y agrícola justo antes del inicio de
la época histórica.
Más al norte existieron otros grupos que parecen ser de este periodo de
formación, aunque realmente no lo son; los inuits, por ejemplo, usaron la
cerámica y junto a los aleutianos vivieron en poblados, pero en vez de la
agricultura, desarrollaron una economía fundada en la caza de ballenas. Los
pueblos de la costa noroeste también dependían de los recursos marinos
para su subsistencia, emplearon barcos de navegación de altura. Vivieron en
poblados de casas de tablones de madera, no desarrollaron la cerámica,
pero son famosos por sus tótems y objetos tallados en madera; a pesar de
no practicar la agricultura —el rasgo más característico del periodo de
formación—, su nivel de vida era ciertamente más elevado que el de los
pueblos del periodo arcaico.
El auténtico periodo de formación se inició principalmente en América
Central y sus proximidades; su zona más destacada se extiende desde
México hasta Perú. Los pueblos de esta área desarrollaron una vida urbana
con casas estables y con características pirámides, una cerámica
cuidadosamente pintada y figurillas de arcilla. Practicaron una agricultura de
subsistencia cuyos alimentos básicos eran maíz, judías (frijoles) y diversas
frutas; en México cultivaron amaranto, aguacates, habichuelas y otras
diversas plantas; en América Central, en la zona septentrional de América
del Sur y en las Antillas se cultivó tapioca como elemento adicional a esos
productos básicos; en Perú se cultivó la patata (papa) y el cacahuete (maní)
y se domesticaron la alpaca, la llama, las cobayas y el pato.
En el núcleo central de esta zona, todos estos progresos del periodo de
formación desembocaron en la formación de culturas más complejas en la
última etapa del periodo, pero fuera de él, en el sur en la Amazonia, el norte
de Chile y Argentina, sus pobladores continuaron manteniendo el nivel de
vida de este periodo de formación hasta épocas históricas.
El periodo clásico.
Sólo en el área mencionada anteriormente, después del periodo de
formación surgieron culturas más complejas, con la creación de pueblos y
auténticas ciudades que requerían una organización política muy
jerarquizada y una división social del trabajo, aparecieron trabajadores
especializados a tiempo completo, no solo en el sector textil (como en Perú),
sino también en la metalurgia (Colombia y América Central) y en el trabajo
de la piedra para la realización de sus obras arquitectónicas y escultóricas
(Guatemala y México). Gran parte de todos estos avances tuvieron lugar
inmediatamente antes del inicio de la era cristiana. Esta fase llegó hasta el
700 o 1100 dC pero en Centroamérica y el norte de Suramérica perduró
hasta la conquista española.
El periodo posclásico o imperial.
Sólo en Mesoamérica (México y Guatemala) y en la zona central andina
(Perú, norte de Bolivia y sur de Ecuador) el desarrollo nativo alcanzó este
último periodo, caracterizado por el nacimiento de estados o imperios y de
una autentica civilización. Los dos mejores ejemplos de este periodo son los
aztecas de México y los incas de Perú, pero ambos tuvieron precedentes
culturales en otros grupos vecinos. Los predecesores de los aztecas fueron
los olmecas y los toltecas. Entre otros grupos contemporáneos en
Mesoamérica, destacan los mixtecos y los mayas. En Perú, los imperios
huari y chimú preceden el Imperio inca. Todos ellos muestran las
características básicas del periodo posclásico: la existencia de estados
organizados, ciudades, una especialización del trabajo, división en clases
sociales, sistemas económicos y comerciales complejos, arquitectura
monumental, sistema numérico y una agricultura intensiva. Eran
civilizaciones urbanas cuyo apogeo cultural fue cortado bruscamente por la
conquista española en el siglo XVI.
ÁFRICA.
Los arqueólogos se enfrentan en el África subsahariana con miles de lugares
de ocupación conocidos que retrotraen a los inicios de la vida humana,
además de multitud de problemas relativos a los orígenes del ser humano, a
las migraciones y a la existencia de múltiples culturas. Además se
encuentran con el problema de la ausencia de una de las fuentes básicas de
datos arqueológicos: los habitantes de África realizaron sus construcciones
con materiales perecederos, en especial madera y adobes. Excepto en
Etiopía, Zimbabwe y África Oriental, los arqueólogos han de trabajar con una
mínima parte de los testimonios disponibles con los que trabajan sus
colegas del Oriente Próximo.
Los arqueólogos que investigan en África Oriental, entre los que han
sobresalido los paleoantropólogos Louis Seymour Bazett Leakey, Mary
Douglas Leakey y Richard Leakey han encontrado restos de los más
antiguos ancestros conocidos del hombre. Entre los descubrimientos más
notables destaca el hallazgo en Etiopía, en 1974, de los restos del esqueleto
de un australopithecus afarensis femenino al que dieron el nombre de Lucy,
datado en 3,18 millones de años, y que constituye el primer homínido
conocido, así como el de un homo erectus joven de 1,6 millones de años,
hallado en Kenia en 1984. Se han identificado cientos de asentamientos
paleolíticos por toda África, aunque sólo unos pocos han sido estudiados con
profundidad. Se ha utilizado el método de datación del potasio-argón en
África Oriental para determinar la cronología de restos de homínidos y de
útiles líticos hallados en la garganta de Olduvai (próxima al lago Victoria), en
Tanzania, y en Hadar (Etiopía).
El descubrimiento y estudio detallado de una serie de yacimientos de la
edad del hierro en el sur de África meridional durante este siglo, ha
revolucionado el conocimiento de la historia y desarrollo del pueblo bantú.
Los yacimientos de la edad del hierro, fechados entre los siglos XI y XIII, a lo
largo del río Limpopo, en Bambandyanelo y Mapungabwe, han demostrado
la existencia de relaciones comerciales con la costa oriental, en las que el
marfil y el oro fueron las principales mercancías intercambiadas. El
yacimiento de Broederstroom, al suroeste del Transvaal, aportó pruebas de
las relaciones mantenidas entre los bantúes y el grupo de población
conocido con el nombre de khosan desde el siglo IV hasta el VII. Se han
llevado a cabo excavaciones en Lyndenberg, yacimiento fechado entre los
siglos V al VIII donde se encontraron unas cabezas de terracota únicas, en
Mzonjani (provincia de Natal) que ha proporcionado el yacimiento más
meridional de África, de comienzos de la edad del hierro (siglo III), en el
yacimiento del siglo VIII de Phalaborwa en el Transvaal Oriental que ha
aportado numerosos objetos de hierro y cobre, y en el de Toutesewemogale,
en Botswana, donde se ha localizado un gran poblado del siglo VII que
demuestra la importancia que ya por entonces tenía el cuidado del ganado.
Sólo en pocos yacimientos del final de la edad del hierro en África han
pervivido estructuras de piedra de edificios, monumentos o de estelas; el
mejor ejemplo es el antiguo reino de Aksum. En otras partes de Etiopía,
estructuras de piedras testimonian la evolución social acaecida durante
1.500 años. Otro área importante es el sur de Zimbabwe donde se han
detectado restos de poblados y fortalezas construidas en piedra en las
cimas de cerros; la Gran Zimbabwe, construida por los pueblos shona y
rozwi (siglos XI-XVIII), con sus vastos muros ciclópeos, edificios
interconectados y con sus torres cónicas, es el mejor ejemplo de
construcción pétrea al sur de Sudán. Los constructores musulmanes de
África Oriental también han dejado hermosos ejemplos de edificios en
piedra, como es el caso de la ciudad de Gedi (siglos XI-XVI), en Kenia.