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Volumen II

La Oración

L a O ración

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Volumen II
La Oración

L a O ración

La oración es ponernos en comunicación íntima con Dios, es ponernos


en sus manos, para que ÉL haga Su voluntad en nosotros. Dice San Juan
Crisóstomo: "Nada hay que nos haga crecer tanto en la virtud como la
oración frecuente, así se enseña al corazón a desprenderse del mundo para
levantarse al mundo sobrenatural."

La oración nos lleva a desprendernos de este mundo y de nosotros


mismos y nos orienta el corazón hacia Dios. Nos lleva a tener la absoluta
confianza de que Dios nos escucha y nos atiende, nos contesta y nos
enseña. Es la oración el medio más eficaz para ordenar nuestra vida, para
vencer las dificultades y superar las imperfecciones en este caminar hacia
la santidad. Es por esto que la Santísima Virgen en sus mensajes nos hace
un llamado insistente a llevar una vida disciplinada en la oración. Sabemos
que la santidad es indispensable para la salvación, sin oración no hay gracia
y sin gracia no alcanzaremos la vida eterna.

Para entender la importancia de la oración tenemos que mirar a


Jesús. Pasó 30 años de su vida en Nazaret llevando una vida sencilla de
oración y trabajo. Pasó largas horas en oración comunicándose con su
Padre Celestial.

Jesús se retiraba al monte a rezar. Buscaba la soledad, el


recogimiento y el silencio para ponerse en comunicación con su Padre.
Antes de lanzarse a su Misión se retiró 40 días al desierto en ayuno y
oración para buscar la voluntad del Padre. Así debemos hacer nosotros, lo
primero es ponernos en oración para discernir cual es la voluntad de Dios y
para obtener fuerzas para cumplirla.

La Iglesia es un cuerpo en oración. Ella ha aprendido por medio de


Cristo el modo de orar. La oración es la actividad esencial de la Iglesia pues
es su capacidad de comunicarse con Dios. Cuando hacemos oración
fijamos nuestra mirada y el corazón en Cristo para hacernos semejantes a
Él. Es por esto que la oración siempre debe llevarnos a la acción.

A través de la oración recibimos los favores y la gracia de Dios,


alabamos y agradecemos por los dones recibidos y pedimos por nuestras
necesidades y por los demás.

Debemos orar en todo tiempo y lugar tal como nos recomienda San
Pablo. El mismo Cristo enfatizó en la importancia de rezar para fortalecer al
espíritu. "Orad y velad para que no caigáis en la tentación." (Lc 22,
46)

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La Oración

"Señor enséñanos a orar" (Lc 11,1) dijeron los discípulos a Jesús.


Jesús les respondió con la oración del Padre Nuestro. Tomándolo como
modelo: ¿Cómo entonces debemos orar?

 con humildad y confianza


 con atención y recogimiento
 con perseverancia y paciencia
 sin condiciones
 aceptando la voluntad de Dios
 con el corazón dispuesto a perdonar

Clases de Oración por su modo

A. Oración vocal

Es la oración en la que usamos las palabras para adorar, alabar,


agradecer o suplicar a Dios.

1. De Fórmulas Vocales: Son las oraciones compuestas por


otras personas y que repetimos consecutivamente. Son la base de la
oración vocal. Esta oración no debe hacerse como una repetición sin
sentido. Debe meditarse, entenderse y estar conscientes de que estamos
hablando con Dios. Esto evita que se convierta en rutina o en algo
mecánico, donde estemos honrando a Dios con los labios pero no con el
corazón. Para que esta oración vocal sea efectiva Santa Teresa nos
recomienda lo siguiente:

 Poner atención a quien se habla (poner mi mente en Dios)


 Atender lo que se dice (creer en lo que estamos diciendo)

Esta oración vocal de fórmulas tiene la ventaja de que sirve tanto


para principiantes como para los más experimentados. Y se evita el peligro
de caer en tergiversaciones como puede pasar con la oración espontánea.

2 . :
Espontánea Es la oración en la que hablamos con Dios como
si le tuviéramos a nuestro lado. En este tipo de oración tendemos a
distraernos mucho. Es muy beneficiosa pues decimos a Dios con toda
confianza todas nuestras necesidades, anhelos, esperanzas. No se hace
rutinaria ni monótona, pues es original y siempre nueva.

Tiene el peligro de que cuando esta oración se hace en voz alta, se


pueda decir algo que tergiverse la fe y alguien se confunda. También
puede darse el caso en que el que la hace, se vanaglorié de ella y pierda
todo su valor.

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La Oración

B. Oración mental

No usamos las palabras para hacer este tipo de oración. Usamos el


entendimiento para pensar acerca de una verdad o texto bíblico en el
queremos meditar.

Esta oración es importante para nuestra transformación. Es a través


de ella que nos vamos a ir convenciendo de lo que Dios quiere de nosotros
cada día. Sin embargo, corre el peligro de que se puede convertir en
meditación sin oración.

Puede también esta oración ser cristiana pero quedarse en


razonamiento o deseo solamente. Para que sea oración, la oración mental
tiene que ser con Jesucristo, con el Padre, con el Espíritu Santo, con María y
o con los santos.

La debemos cultivar con esmero. Para hacer una buena oración


meditada se sugiere tomar el Evangelio, meditarlo en diálogo con Dios, con
sus sentimientos y propósitos y finalmente adorarle y contemplarla. Es
importante primero que nada, estar en gracia de Dios, ponerse en su
presencia para que nos ilumine, antes de meditar y escucharle. Esta
oración ayuda a que nuestra mentalidad sea netamente evangélica y
cristiana. Hay muchos métodos de oración mental.

C. Meditación

Es la oración en que se capta la presencia y el amor de Dios No


pensamos en nada concreto ni decimos nada en específico. Simplemente
nos dejamos envolver en Dios, para aprender a vivir en su presencia. Esta
oración hay que cultivarla con mucho celo y atención. Para esto hay que
apartarse de todo lo que nos distrae como la T.V. y el radio, y ruidos
innecesarios. Debemos dejar a un lado pensamientos y preocupaciones y
solamente permanecer como lienzos en blanco para que Dios plasme Su
huella en nosotros.

Cada día esta oración será más intensa si la cultivamos.

Clases de Oración en cuanto al contenido

A. Adoración

Consiste en reconocer a Dios como nuestro Dios y Señor, donde le


entregamos toda nuestra voluntad, pensar y sentir. Le entregamos nuestra
memoria, voluntad, imaginación y propósitos. Nos abandonamos en Él
porque es nuestro Rey y nuestro Dios.

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La Oración

Esta oración nos desprende del egoísmo, de los caprichos y apegos


desordenados y nos ayuda a aceptar la santa voluntad de Dios. Esta
oración de adoración debemos hacerla a diario para que Nuestro Señor sea
dueño de nuestra vida y nuestro ser.

B. Alabanza

Con esta oración reconocemos la grandeza de Dios, manifestada en


todas sus criaturas. Es el sentimiento de alegría profunda que sentimos al
contemplar la grandeza de la creación. Alabar al Señor por todo y en todo.
Hemos de aprender a redescubrir las maravillas de la creación de Dios, hoy
que el hombre ha olvidado que la huella de Dios está en todo lo que nos
rodea.

C. De Acción de Gracia

Agradecer a Dios por todos los beneficios que hemos recibido.


Agradecerle que haya pensado en nosotros desde toda la eternidad, porque
nos amó. Nos dio cuerpo, alma y entendimiento y a su imagen y semejanza
nos creo. Agradecerle porque nos ha dado la fe verdadera, porque nos
redimió Su presencia en nosotros, porque nos ama tanto que se comunica
continuamente con nosotros. Agradecerle por la Eucaristía, por los
Sacramentos, por la Iglesia. Agradecerle por habernos dejado a María como
madre y porque nos dio el don de la vida eterna.

D. De Petición

Esta oración hace que el espíritu de hijo de Dios que debemos tener
florezca. Nos ayuda a hacernos como niños delante de Dios. Los niños lo
piden todo. Debemos pedir como niños, con confianza, perseverancia y
sobre todo con humildad.

Dios es nuestro Padre que todo lo sabe y todo lo puede. También nos
ama infinitamente porque es infinitamente bueno. Por eso sabe darnos lo
que nos conviene en cada momento. Cada vez que descubrimos un defecto
nuestro debemos pedirle a Dios enseguida, con confianza e insistencia, que
nos ayude a superarlo. Jesús nos recomendó que pidiésemos al Padre para
poder recibir todo lo que Dios quiere darnos. "Cuanto pidiereis al Padre,
Él os lo dará en Mi nombre." (Jn 16,23)

La motivación principal de la oración de petición debe ser que se


haga la voluntad del Padre. No es tanto decirle al Señor lo que nos hace
falta. Es más bien estar abiertos a lo que Él quiere darnos y estar
dispuestos a recibirlo. No es tanto informar a Dios de nuestras necesidades,
sino que Él disponga nuestro corazón para recibir sus dones cuando Él
quiera darlos. Debemos sobre todo pedirle a Dios que nos haga humildes.
Debemos pedirle todo, pues reconocemos nuestra debilidad. Es muy
importante que pidamos el Espíritu Santo para que nos santifique con sus
dones y nos libre de los egoísmos y defectos para que nos pueda colmar

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La Oración

con sus virtudes. Esto lo debemos pedir no solo para nosotros sino para los
demás. Esta oración por los demás o de intercesión es muy importante
para la transformación de la humanidad y para tener un apostolado eficaz.

La Oración en el Mensaje de Nuestra Señora del Pozo


En sus mensajes dejados en Sabana Grande, la Santísima Virgen nos
hace un llamado insistente a la oración. Ella trae el santo rosario entre sus
manos y nos lo ofrece como prenda de salvación. La vida del cristiano tiene
que ser fundada en la oración, pues es el contacto o unión con Dios tan
indispensable para crecer espiritualmente y alcanzar la santidad.
María Santísima, nos trae el santo rosario como la oración, que nos
llevará a un perfecto cumplimiento de la voluntad de Dios En el, meditamos
los principales misterios de nuestra redención desde la Encarnación del Hijo
de Dios, los misterios de Su Infancia, Pasión, Muerte, Resurrección y
Ascensión a los cielos hasta la Asunción y Glorificación de la Bienaventurada
Virgen María. Como si fuera poco, repetimos la oración que Jesús mismo
nos enseñó, el Padre Nuestro, acompañándolo con la oración con que el
ángel saludó a María, el Ave María; y concluyendo con la alabanza a la
Santísima Trinidad que es la oración del Gloria. Es el Rosario excelente
instrumento para meditar los misterios de nuestra fe ya que, incluye todos
los modos de oración, de alabanza, de acción de gracia y de petición.. Dice
San Antonio María Claret, que después de la Santa Misa, el Rosario es la
oración más excelente y eficaz.
En su segundo mensaje, la Santísima Virgen nos señala que la oración
y el sacrificio serán mandatorios. Con esto Ella nos quiere alertar que sin
oración no conseguiremos nuestra salvación. El hombre de hoy está
sumergido en tanta indiferencia y sumido en tanto materialismo que
solamente a través de la oración podrá entrar en contacto con el mundo
sobrenatural de Dios para el que fue creado. El apóstol San Pablo nos
señala que debemos orar en todo tiempo y lugar. María Santísima nos lo
recuerda y nos recomienda encarecidamente a hacerlo a través del santo
rosario.
En el tercer mensaje la Santísima Virgen vuelve a insistir sobre la
necesidad de la oración en especial del Rosario para que se logre la
conversión de los hombres y así la transformación de la humanidad. Ella
nos invita a unirnos en oración pidiendo por los que están alejados de Dios
pues como dice Jesús en el Evangelio, El vino a buscar a los pecadores.
Muy especialmente pide nuestra oración por los dirigentes de la Iglesia de
Cristo.
Para cerrar su tercer mensaje, María Santísima nos hace una promesa
de protección maternal, cubriendo con su manto y facilitando las gracias a
todo aquel que en estos momentos difíciles rece cinco misterios del rosario
todos los días.
La Santísima Virgen nos está confirmando el poder de esta oración ya
que muchas gracias pueden ser obtenidas mediante el rezo del santo
rosario. También nos señala que esta oración debe ser constante y

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La Oración

perseverante (todos los días).

El cuarto mensaje de Nuestra Señora del Pozo es una invitación clara


y directa a ordenar nuestra vida de oración. María Santísima nos propone
un plan ordenado, disciplinado e intenso de oración para nuestro
crecimiento espiritual. Ella nos indica que esta vida de oración disciplinada
y ordenada nos llevará a alcanzar la Plenitud.

Sabemos que el mundo de Dios es perfección, orden y es disciplina.


Para entrar en contacto con ese mundo de la perfección, del orden y de la
disciplina lo hacemos a través de nuestra oración. Nuestra oración por lo
tanto tendrá que ser conforme y afín con ese mundo ordenado de Dios.
Para que la oración llegue y penetre tendrá que ser ordenada y disciplinada,
fruto de una vida espiritual intensa y autodisciplinada.

Esta disciplina podrá ser conseguida organizando nuestra vida de


oración, haciendo de ella una rutina. María Santísima, en su cuarto
mensaje, nos señala que debemos hacer oración comenzando en la
mañana, luego al mediodía, en la tarde, y concluyendo el día con el rezo del
santo rosario. Tradicionalmente la Iglesia ha rezado la oración del Ángelus
a las seis de la mañana, a las doce del mediodía y a las seis de la tarde.
Esto ordena y divide nuestro día y jornada, permitiéndonos hacer un alto
para hacer actos de amor y ofrecimientos a Dios a través de esta oración
tan significativa, en la que conmemoramos el momento más importante de
nuestra historia de fe; La Encarnación del Verbo en el seno virginal de
María. La quinta prenda de vestir que la Santísima Virgen traía era el
rosario, el cual tenía entre sus manos. A través del rosario Ella nos invita a
la oración. Ella pidió que se rezara el santo rosario en su Santuario siete
veces al día. Durante los últimos 50 años, sin faltar un solo día, siete veces
al día se ha rezado el santo rosario por dos intenciones que Ella pidió. La
primera, la conversión de los pecadores, por aquellos que no conocen el
Verdadero Camino de Jesús, que no conocen la Verdadera Iglesia del Señor.
La segunda intención porque cada uno de nosotros aprendiéramos a hacer
la paz en nuestro interior y, de este modo hiciéramos la paz con nuestros
hermanos. Solo así vendrá la paz del mundo.

A través del rezo del santo rosario la Virgen nos invita a lo que
conocemos como la "oracción", que es oración llevada a la acción. María
quiere cristianos firmes de oración, que lo que decimos con la palabra,
con la oración, lo convirtamos en obras. Que no nos pase como algunos
que cuando rezan el Padre Nuestro y dicen al Padre, "perdona nuestras
ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden" están
enojados con el vecino. La Virgen no quiere eso. La Virgen quiere
cristianos verdaderos dedicados a la oración y a la acción, haciendo en
obras lo que dicen con sus oraciones; haciendo que sus oraciones se
conviertan por su obrar en frutos para Dios o viceversa; que todo su obrar
sea oración para Dios porque le tienen siempre presente como su
prioridad.

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La Oración

La Santísima Virgen nos ha dejado el camino señalado y sugerido en


sus mensajes para alcanzar la santidad. La oración es uno de los
principales pasos. Respondamos con generosidad y esmero a esta Madre
del Cielo que ha venido en busca de sus hijos nuevos que llevando una vida
intensa y ordenada en la oración, la penitencia y el sacrificio, podrán
participar de la Plenitud de su Hijo ahora y para siempre.

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