el reloj del abuelo
En la esquina más oscura del desván, cubierto de polvo y recuerdos, yacía el viejo reloj de
péndulo del abuelo. Su tic-tac era lento, como si también cargara con los años de la familia que
lo había heredado. Cada noche, cuando la casa caía en silencio, el reloj parecía susurrar
historias antiguas.
Marina, la más pequeña de la casa, solía escabullirse hasta el desván, desobedeciendo el
"prohibido entrar". Ella no temía la oscuridad; al contrario, la sentía cálida. Una noche, al tocar
el péndulo, este se detuvo. El mundo pareció congelarse por un instante. Marina escuchó una
voz, profunda pero amable: "Cada segundo cuenta, pequeña. Usa el tiempo con sabiduría".
Al día siguiente, cuando los padres subieron al desván para buscar a Marina, encontraron el
reloj funcionando como nuevo, aunque nadie lo había tocado en décadas. Desde entonces,
Marina siempre valoró el tiempo, como si cada segundo fuera un tesoro prestado.