El presidente
Mario Escobar
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DEDICATORIA
A los que quieren que las cosas cambien y el mundo recupere la razón.
Gitano. Dicho de una persona: De un pueblo originario de la India,
extendido por diversos países, que mantiene en gran parte un nomadismo y
ha conservado rasgos físicos y culturales propios[1].
Durante siglos los gitanos han sido discriminados en Europa y en otras
partes del mundo, sobre todo por su carácter nómada. En la actualidad se
cree que provienen de la India. En España hay aproximadamente 650.000.
La mitad de ellos son evangélicos de la denominación Filadelfia. Hace seis
años saqué la novela Canción de cuna de Auschwitz y me sorprendió el gran
número de comentarios racistas que se vertieron contra ellos, y que los
medios de comunicación apenas mostrasen interés por el intento de
exterminio que sufrieron en el siglo xx en la Alemania nazi y en la España
de Fernando VI en el siglo xviii.
CONTENIDO
El presidente
DEDICATORIA
AGRADECIMIENTOS
1ª PARTE: EL LEÓN
1. El chico de San Sebastián
2. Martita
3. El amigo fiel
4. Orcasitas
5. La cena
6. Toni
7. Libua
8. Llegada
9. Política
10. Hércules
11. Fuerza
12. Online
2º PARTE: EL MITIN
13. Viral
14. Medios
15. Mal negocio
16. Decisiones
17. Hijo de Satanás
18. El juez
19. Omar
20. Intento
21. Chicas
3ª PARTE: ESPERANZA
22. Casa
23. Traición
24. El gitano y el mulato
25. Féminas
26. Se acabó el chollo
27. Tormenta
28. En llamas
29. El barrio
30. Caída
31. Venganza
32. Decisiones
33. Cuestión de Estado
34. Apuros
35. La iglesia
36. Vida por vida
37. Directo
38. La ventana
39. Humillación
40. Complicaciones
41. Consecuencias
42. Intocables
Epílogo
AGRADECIMIENTOS
A los miles de lectores que aman a Adela Palazuelo y a su tío Cosme.
1ª PARTE: EL LEÓN
1. El chico de San Sebastián
Madrid, abril de 2024
Siempre miraba a cada lado antes de cruzar una calle; debajo del coche
antes se salir del garaje, y siempre se sentaba de cara a la puerta y tomaba
todo tipo de precauciones. Había nacido en San Sebastián en los años de
plomo, su vida había estado condicionada siempre por la política, su abuelo
había sido alcalde de un pueblo en Asturias durante el franquismo y
procurador en Cortes por la ciudad de Oviedo. Su padre, militante de
derechas de toda la vida, por un caso de corrupción y discrepancias con su
partido lo había abandonado muchos años atrás. Estaba en política desde los
dieciocho años, no sabía hacer otra cosa.
Miró de nuevo el teléfono, esperaba una llamada de la embajada, pero no
tenía ninguna, no sabía calcular qué hora sería en Buenos Aires, pero
esperaba que al final el presidente de Argentina viniera para acompañarlo
en el arranque de la nueva campaña electoral. El último año había sido muy
malo: divisiones dentro del partido, pérdida de votos, agotamiento y una
crisis con su pareja, pero ahora tenía la intuición de que la sociedad
española estaba preparada para darle su confianza y hacer que se produjera
el milagro, como ya había pasado en Italia, Países Bajos, Argentina,
Ecuador y El Salvador. La gente parecía estar harta del el aumento de
precio de los productos básicos, la delincuencia galopante, la inmigración
ilegal, las violaciones y las desigualdades, muchos obreros ya se habían
afiliado a su partido, pero esperaban que las grandes masas de clase media y
clase media baja dieran el paso también.
Le habían amenazado muchas veces de muerte, en otras ocasiones se
habían metido con sus parejas o cuestionado su honorabilidad, pero a él no
le importaba, su único objetivo era convertirse en presidente. Su gran
antagonista era el actual presidente del gobierno. En el fondo no eran tan
distintos. Ambos habían militado en sus partidos desde jóvenes, no
conocían lo que era ganarse las habichuelas en la calle, ambos estaban
casados con mujeres guapas y los dos siempre se habían comportado como
verdaderos machos alfa. Algunos los consideraban cuando menos
narcisistas, aunque muchos creían que eran dos psicópatas. A él le hacían
gracia todos aquellos comentarios, su padre le había enseñado que
únicamente debía fiarse de sí mismo.
Llegó hasta el restaurante y su hermosa esposa le recibió con un beso
apasionado. Era una elegante modelo, diez años menor que él, de curvas
espectaculares y una inteligencia superior a la media, en eso también era un
afortunado.
—Hola, cariño. ¿Cómo te fue la mañana?
—Estoy inquieto, ya sabes la polémica que ha surgido con el presidente,
me temo que no quiera venir.
Ruth le sonrió, después le pasó la mano por el cuello y le dijo para
tranquilizarlo:
—El presidente Lucich no se lo va a perder. Creo que le encanta la idea
de venir a un país gobernado por un partido de izquierdas. “Zurdos de
mierda”, como los llama él.
Rodrigo sonrió, se jugaba mucho en las próximas elecciones, llevaba más
de una década intentando alcanzar el poder y el tiempo se le agotaba. Le
faltaba la fuerza del presidente argentino y la capacidad oratoria del
salvadoreño, aunque sus contrincantes no eran mucho mejores.
—El mundo es un lugar complejo, puede que la suerte te sonría como a
Lucich.
—Ya sabes que no creo en la suerte.
—Pues harías bien en creer. El presidente Pérez es un hombre con buena
estrella, como lo fueron Suárez, González y el mismo rey, aunque ahora
esté en sus horas más bajas. ¿Qué es lo que realmente nos permite alcanzar
la luna? Sin duda, apuntar a las estrellas más lejanas.
2. Martita
—¡No! Tengo que irme, ha pasado algo horrible.
Las palabras de Toni parecían demasiado angustiosas para tomárselas a
broma. Él y sus amigos estaban de fiesta, pero el rostro pálido del chico
mulato les dejó claro a sus amigos que no estaba bromeando.
—¿Qué ha pasado?
—Mi prima Marta está en el hospital.
—No jodas —dijo Ismael—. ¿Qué ha pasado?
—No lo sé, las cosas no están claras, pero está grave, en coma y los
médicos no saben lo que va a pasar.
Los ojos de Toni se humedecieron.
—Vamos contigo, bro. ¡Joder! ¡Hostia puta!
El único adulto del grupo tenía un destartalado Seat que les servía a todos
para ir de un lado a otro. Montaron ocho chicos y a Toni le cedieron el
asiento del copiloto.
Mientras se dirigían al 12 de Octubre no podía dejar de pensar en lo que
le había dicho su madre. Habían encontrado a Martita medio desnuda, llena
de moratones y sangrando por su vagina, aquello pintaba muy mal. Siempre
le había aconsejado que no fuera sola a ninguna parte, las cosas estaban
cada vez peor. Su prima acababa de celebrar su fiesta de quinceañera, una
celebración extraña en España, pero que en su país de origen, Colombia, era
muy común. Estaba tan guapa con su traje azul, rodeada de sus damas y de
sus caballeros... Hacía tiempo que no la veía tan feliz, su prima era una
buena chica, demasiado obsesionada con sacar buenas notas y salir del
barrio. Muy pocas de su clase eran como ella, aunque se llevaba bien con
todo el mundo y todo el instituto la quería.
Llegaron al hospital en diez minutos, los amigos se quedaron en la puerta
esperando noticias, y Toni subió hasta la salita donde estaba toda la familia,
casi quince personas. No podían estar con su prima en la UCI, pero todos
querían estar lo más cerca posible de la niña.
En el ascensor Toni recordó lo bien que lo habían pasado cuando
recorrieron el barrio en dos limusinas, la de las chicas y la de los chicos.
Todo el mundo se había quedado alucinado al verlos pasar. Hasta su tía se
había portado y le había pasado una botella de ron, un día es un día y no
todos se cumplían quince años.
Llegó a la sala de espera, estaba repleta de primos, tíos, abuelos y
cuñados. Toda la familia materna estaba en España y de la de su tío más de
la mitad.
—¡Hijo, qué desgracia! —exclamó su madre al verlo entrar. Le dio un
abrazo y comenzó a llorar.
—Má, no te preocupes, la prima es fuerte.
—Ya, pero la han destrozado por dentro esos animales, ya no podrá ser
madre. ¡Dios mío, qué desgracia!
Toni se quedó de piedra, no entendía nada.
Su primo Efraín se le acercó y se abrazaron entre lágrimas, luego salieron
a fumarse un pitillo.
Acabaron en una gran terraza y mientras Efraín se liaba un cigarrillo, él
observaba los edificios de su barrio a lo lejos.
—¡Joder, lo que le han hecho a mi hermana es una putada! ¡Es una cría,
me cago en la puta!
—¿Quién ha sido? ¿Qué ha pasado?
—No estamos seguros. Al parecer quedó con alguien en Instagram, pero
cuando llegó se la llevó a su casa o a una casa abandonada y la violaron en
grupo durante cuatro o cinco horas. La han reventado los muy cabrones.
Efraín comenzó a llorar, pero se secó las lágrimas.
—He llamado a todos los chicos, somos unos quince, nos vamos a
enterar de quién ha sido y esos hijos de puta no se van a ir de rositas.
—¿Cómo vas a descubrir de quién se trata?
—El rata está en ello, ha buscado por su teléfono al tío con el que quedó.
No tardaremos en dar con él, así iremos uno por uno hasta que pague el
último.
—¿Los vas a matar?
Su primo sonrió por primera vez.
—No, los vamos a castrar y meterles su rabo por la boca, para que no
hagan algo así nunca más.
____________________________
El tío Cosme estaba furioso. Le habían puesto en disciplina en su
denominación. Algunos pastores cristianos no aprobaban sus métodos tan
drásticos. Casi todas las iglesias Filadelfia se encontraban en barrios
conflictivos y los pastores no se dedicaban a perseguir delincuentes, luchar
contra narcotraficantes o atacar a asesinos.
Su hermana le llamó y le invitó a comer un cocido madrileño, sabía que
al menos aquello le gustaría. Aunque lo que le apetecía en ese momento era
una cerveza con limón sin alcohol y un poco de jamón de bellota, a ser
posible de Guijuelo, que era el mejor jamón de España. El hombre dejó el
despacho de la iglesia y se marchó a su casa, que se encontraba a la vuelta
de la esquina. Entonces vio una llamada en el teléfono.
—Ahora no —dijo mientras colgaba el teléfono. Necesitaba un poco de
tranquilidad.
Llegó a su casa, se quitó los zapatos y se tumbó en el sillón. En aquellos
años había visto morir a su sobrina, su hermano y a otros miembros de la
familia casi siempre por la misma razón, las drogas. Ahora decían que era
mejor legalizar algunas, las blandas. Él sabía que unas te llevaban a otras y
que la mejor droga era la que no se tomaba. Llevaba toda la vida luchando
contra las drogas y los traficantes, pero ahora le castigaban por ello.
—¡Dios mío, tú sabes que lo hago en tu nombre! Persigo a los malos y
hago justicia con los buenos. ¿Quién lo va a hacer en un barrio como Pan
Bendito? No le importamos a nadie, para las autoridades somos escoria.
El hombre se echó a llorar y el teléfono vibró a su lado, miró de reojo,
era Lucía, una de las chicas del coro. No pudo evitarlo, tomó el teléfono y
contestó.
—¿Qué pasa Lucía? ¿Está todo bien?
—Pastor, han violado a una de mis amigas. A Martita, la colombiana.
Cosme las recordaba, su madre y ella a veces venían los domingos a la
iglesia.
—¿Dónde está ingresada?
—En el 12 de Octubre.
—¿Qué le ha pasado?
—La han violado en grupo, una Manada de esas.
—No puede ser —dijo mientras se incorporaba—. Salgo ya mismo.
Se olvidó del cocido de su hermana, de la disciplina y dejó de
autocompadecerse. Sabía cuál era su misión y eso era lo único que
importaba.
Adela le estaba llamando en ese momento, llevaban casi un mes sin verse
y apenas intercambiaban algunos mensajes de texto.
—Hola sobrina. ¿Está todo bien?
Siempre que Adela le llamaba era por alguna razón, aunque normalmente
era él quien le pedía algo a ella.
—Tío, ya me he enterado, lo siento mucho. Esos beatones creen que
pueden cambiar el mundo con sus palabras, pero no están dispuestos a hacer
nada por el prójimo.
Cosme carraspeó.
—Bueno, pueden ser un poco rancios, pero sí se sacrifican mucho por los
demás. Nuestras iglesias no se encuentran en sitios fáciles, ya lo sabes, tu
padre… —no debía haber pronunciado aquel nombre.
—Te llamo por algo importante, en unos días viene a España el
presidente de Argentina.
—¿El chalado ese? —preguntó Cosme, que lo había visto en los vídeos
de TikTok.
—El mismo. Nunca hacemos misiones de seguridad o vigilancia, pero ha
saltado una amenaza creíble y tenemos que extremar las precauciones.
Además, no es una visita oficial, ya sabes lo mal que se lleva con nuestro
gobierno.
—¡Dios los cría y ellos se juntan!
—Lo que sucede es que irá a la plaza d toros de Vistalegre, quería que
preguntes por el barrio si hay movimientos extraños.
—Preguntaré. Una cosa, estoy camino del hospital por una violación en
grupo, de manada, lo llaman ahora.
—Sí, están aumentando cada vez más.
—Pues es una chica que ha venido a la iglesia con su madre, espero que
me eches una mano si es necesario.
Adela se quedó unos momentos en silencio.
—Bueno, ya sabes que siempre lo intento. Aunque la última vez casi me
expedientan. Me han ofrecido un ascenso.
—¿Un ascenso?
—Inspectora jefe de Investigación Criminal.
—¡Felicidades!
—No tan rápido, el puesto no es mío. No puedo cagarla, hay un tal
Fernández, un lameculos de fuerza mayor, que puede quedarse con el
puesto.
—Vaya, sin lucha no hay recompensa —dijo Cosme.
—Mi vida ha sido una lucha constante, por una vez podían ser las cosas
sencillas. Hablamos.
—Un beso sobrina, cuídate.
Cosme llegó a la parada de autobús, hacía un calor de mil demonios.
Cuando vio que se aproximaba el autobús se adelantó un paso, en ese
momento alguien le empujó, se balanceó en la acera, pero logró mantener el
equilibrio en el último momento. No sabía si había sido un accidente o que
alguien intentó de matarlo, pero cuando se giró no vio a nadie.
3. El amigo fiel
Adela se sentía sola, era algo que la rodeaba por completo, sabía que no
podía confiar en nadie, siempre que lo había hecho había salido mal. Su
padre estaba muerto, su hermana también, algunos de sus mejores amigos y,
los que no lo estaban, la habían abandonado. Su madre y su tío Cosme era
lo poco que le quedaba, lo poco que le anclaba a este mundo. Su vida no
tenía nada que ver con lo que imaginaba de niña ni de adolescente. El
trabajo absorbía todo su tiempo y la posibilidad de ascender le parecía una
forma de cambiar algo en su vida, le proporcionaba una ilusión por la que
levantarse cada mañana. La emoción de competir con aquel mequetrefe y el
deseo de atrapar a las personas dañinas de la sociedad eran los dos últimos
alicientes que le quedaban.
Entró en la oficina con la cabeza gacha, sin muchas ganas de saludar a
nadie. El equipo se había renovado en los últimos años y había pasado de
ser la novata a una de las pocas veteranas que quedaban en su brigada.
Ahora estaban Sandy, Mohammed y Almería, entre los más nuevos, recién
salidos de la academia, los tres tenían los mejores expedientes de la Policía
Nacional, pero estaban aún muy verdes. María Robles había llegado hacía
poco, pero era una vieja amiga de la academia. El comisario era Peral,
porque había cosas que no cambiaban nunca.
—Palazuelo, espero que estos días de descanso te hayan sentado bien.
La verdad que se había pasado la mayor parte del tiempo durmiendo, no
había salido de casa nada más que para comprar, sobre todo por la noche,
cuando ya no se veía tanto turista por la calle.
—Bueno, he dormido como si no hubiera un mañana.
—Ya sabes que tenemos asignada la investigación sobre las supuestas
amenazas contra el presidente argentino Lucich.
Adela puso los ojos en blanco, aquel hombre no podía caerle peor.
—Sí, comisario.
—Quiero que vayas con María Robles a revisar los preparativos para el
mitin en Vistalegre. Nos quedan seis días para el evento, con él se cierra la
campaña electoral y sería un momento perfecto para un atentado. Ya sabes
lo que pasó en Atocha, los terroristas sabían lo que se hacían.
La mujer afirmó con la cabeza, aunque lo último que le apetecía era
trabajar con María, era una trepa, una mala compañera y le guardaba un par
de putadas que le había hecho unos años antes.
María entró en el despacho y las dos mujeres se saludaron fríamente. En
eso se parecían. María no disimulaba con la gente que le caía mal, aunque
eso no le impedía hacer la pelota a sus superiores.
—Comisario, muchas gracias por asignarme el caso y mucho más con
una inspectora estrella como Palazuelos.
—Ya sé que os conocéis, también que no os soportáis, pero aquí no
estamos para hacer amigos. Haced vuestro trabajo y dejad de lado las
diferencias.
—Por mi parte, yo soy una profesional,
Adela miró de reojo a su compañera y se cruzó de brazos.
—Pero que quede claro que yo dirijo el caso —comentó Adela a su jefe.
—Ok, pero si la cagas también será tuya toda la responsabilidad.
La joven inspectora era consciente de que se jugaba el ascenso, pero era
lo más emocionante que le había pasado en los últimos meses.
Las dos se fueron a sus despachos, más tarde se reunieron en el coche y
ninguna abrió la boca en todo el trayecto. Tras quince minutos llegaron
hasta la puerta de la plaza de toros. Se presentaron al gestor de la plaza y al
encargado de seguridad.
—Hemos tenido muchos mítines políticos en la plaza, no somos unos
novatos. Aquí han presentado sus ideas tanto la extrema derecha como la
extrema izquierda y nunca ha pasado nada —comentó con cierta
prepotencia.
Adela intentó armarse de paciencia, la peor especie después de los
guardas de seguridad eran los jefes de seguridad. La mayoría era policías
frustrados que jugaban a ser agentes del FBI.
—Está bien, pero queremos ver las instalaciones, con su permiso —
comentó María Robles, que solía tener más mano izquierda.
El hombre llamó por el intercomunicador y al rato apareció un hombre
alto, moreno, con la barba arreglada y vestido con un impecable traje negro.
Al principio no le reconoció, pero él la saludó cariñosamente.
—¡Adela Palazuelos! Por favor, ¡qué gran sorpresa!
El jefe de seguridad frunció el ceño.
—Fuimos compañeros en la academia, pero a mí me invitaron a irme —
comentó al resto de personas que le miraban algo sorprendido.
—Eras demasiado inquieto.
—No podíamos graduarnos dos gitanos a la vez en la Policía Nacional.
—¡Enseña a las dos inspectoras las instalaciones! —ordenó secamente el
hombre.
—Será un placer, seguidme por aquí.
Salieron de la sala de control y bajaron hasta el ruedo.
—¿Qué ha sido de tu vida? —preguntó el jefe de seguridad.
—No me he presentado. Soy María Robles —dijo la compañera mientras
le estrechaba la mano.
—Yo soy Juan Flores. —Volvió a mirar a Adela—. He seguido tus
hazañas en el cuerpo, hace mucho que no paso por el barrio, espero que
toda tu familia esté bien.
—Bueno, mi hermana murió, pero mi madre sigue igual que siempre, un
poco más pesimista si es posible. Pan Bendito, qué te puedo contar, con más
problemas cada vez. ¿Y tú? ¿Cómo estás? Imagino que casado y con hijos.
El hombre se encogió de hombros,
—Lo estuve, pero no funcionó. Mi madre dice que fue por casarme con
una pagana y paya.
Los dos se echaron a reír.
—Dame tu teléfono, por si quieres salir a tomar algo —le comentó Juan.
Después de intercambiarse los contactos siguieron con la visita.
—La seguridad en el recinto es muy buena, el dispositivo policial, como
ya sabrás, lo lleva Fermín Saavedra. Han puesto a uno de segunda
categoría, pero ya sabes que hay muchos mítines esta semana en Madrid: el
del presidente con su mujer, el del gallego, pero todas las miradas están
puestas en este. Rodrigo Amador y su partido están subiendo como la
espuma, todo el mundo está pensando que las elecciones son un plebiscito,
sobre todo después de la imputación de la mujer del presidente, el embrollo
con lo de Israel y Gaza, y los casos de corrupción. Además, estarán en el
mitin tres pesos pesados de la extrema derecha europea mundial.
—Pues hay que aumentar la seguridad, hemos tenido un soplo —dijo
Adela. Su compañera le hincó el codo.
—Él lo tiene que saber, conoce a casi todo el mundo en Carabanchel.
—Eso era antes.
Después de supervisar las instalaciones, las dos mujeres se despidieron
de Juan. Apenas habían llegado al coche cuando Adela recibió un mensaje,
era su amigo Juan que la invitaba a tomar una copa por la tarde.
—Ya has ligado —comentó María, con cierta envidia.
—Somos amigos, solo recordaremos los viejos tiempos.
Adela sintió por primera vez en mucho tiempo un ligero escalofrío,
cuando se guardó el teléfono en el bolsillo. Parecía que su suerte volvía a
cambiar de nuevo.
4. Orcasitas
El barrio pertenecía al distrito de Usera y era casi una pequeña ciudad. Se
había formado con la llegada de emigrantes de otras partes de España en los
años cincuenta; los vecinos habían construido sus propias casas, verdaderas
chabolas insalubres; otras fueron modestas, pero mejor construidas, hasta
que a finales del franquismo los vecinos se unieron para revindicar mejores
casas, lo que paralizó el intento de las autoridades de desalojarlos de allí. A
pesar de la mejora en las condiciones de vida, la llegada de la droga en los
años noventa y la delincuencia lo convirtió en un lugar peligroso. Las cosas
habían mejorado a principios del siglo xxi, pero la crisis de 2008 y el
aumento de la migración extranjera había terminado por tensionar mucho
más el barrio.
En las zonas deportivas y los parques podían verse todos los días decenas
de adolescentes ociosos, que no trabajaban ni estudiaban y se unían en
bandas para protegerse de los otros grupos étnicos. Gitanos, dominicanos,
ecuatorianos, colombianos y marroquíes se mezclaban, pero no demasiado.
Los colegios e institutos eran los únicos lugares en los que tenían que
convivir realmente. En verano también había encontronazos en las piscinas
municipales, pero hasta el momento las cosas no se habían descontrolado
totalmente.
Toni se pasó con varios amigos por el polideportivo, quería ver si los
supuestos violadores de su prima se encontraban allí. Todo eran rumores,
pero muchas veces era la única información disponible.
—¿Qué vamos a hacer si los vemos? No tenemos ningún arma —le
comentó Rafael. Toni le miró de arriba abajo.
—Esos tipos son capaces de violar a una niña indefensa, pero en el fondo
son unos cobardes. En cuanto nos vean se irán corriendo, pero intentaremos
atrapar a los que podamos y les daremos su merecido.
Un coche de la policía nacional pasó justo al lado y tras poner las luces
les cerró el paso. Dos agentes descendieron, un hombre y una mujer. Ella
delgada y con el pelo rubio recogido en un moño y él parecía un gladiador,
con el uniforme muy ajustado.
—Vosotros no sois de aquí. No queremos que deis problemas, todavía es
pronto, pero en cuanto se vaya el sol las cosas pueden ponerse muy feas.
Toni se encogió de hombros.
—¿Está prohibido caminar por Orcasitas?
—Lo decimos por vuestro bien. Aquí hay muchas bandas latinas, os
creéis muy fuertes y malotes, pero esa gente lleva pistolas y machetes. No
sé por qué habéis venido, aunque me lo puedo imaginar, que es por lo de la
chica esa. Será mejor que dejéis a la policía hacer su trabajo.
—A la policía le importa una mierda una adolescente colombiana.
La mujer policía se acercó hasta Toni.
—Eso no es verdad, nos tomamos todas las denuncias muy en serio.
Estamos buscando a los violadores, solo es cuestión de tiempo que los
encontremos. Iros a casa y no os metáis en más líos.
Los chicos no parecían muy convencidos, pero Ismael agarró del brazo a
Toni y le hizo un gesto con la cabeza.
—Vamos, ya volveremos en otro momento.
Los cinco chicos se alejaron del coche, se fueron al metro y salieron de
aquel territorio hostil. Toni no quería decepcionar a su familia, del sitio
donde venían las cosas se resolvían en la calle, la policía no era ninguna
aliada, pero primero debía averiguar quién le había hecho eso a la pobre
Martita.
__________________________
Cosme se dirigió a Orcasitas, conocía a un par de pastores gitanos que
podían echarle una mano con el caso de Marta, sabía que las cosas se
podían complicar si no detenían cuanto antes a los agresores. El primero de
los pastores le recibió fríamente en la puerta de la iglesia, un local pequeño
en los bajos de una torre de pisos de protección. Mucha gente le estaba
cerrando las puertas, había corrido el rumor de que hacía cosas poco
ortodoxas, actos no muy edificantes para un pastor cristiano.
—No queremos líos en el barrio. Deja que se ocupe la policía.
Cosme frunció el ceño.
—Pastor Juan, ya sabes que lo que pasa en Orcasitas, Pan Bendito y otras
zonas pobres no le interesa a nadie. Cada vez hay más casos de estos y la
policía está desbordada, además esa gente entra por una puerta y sale al día
siguiente por la otra.
—Entonces, ¿es mejor tomarse la justicia por tu cuenta? ¿Dónde ha
quedado lo de poner la otra mejilla?
—Yo pongo la otra mejilla, pero no dejo que violen impunemente a una
niña. ¿Qué harías si fuera tu nieta?
El pastor se encogió de hombros y le dio con la puerta en las narices.
Cosme se dirigió a la otra iglesia, era un hombre tozudo, al que lo único
que le importaba era que se hiciera justicia. El otro pastor era un joven que
acababa de salir del seminario. Se llamaba Brayan y había pertenecido a
una banda antes de convertirse al cristianismo.
—Cosme, me alegro mucho de verte. Lamento lo que te están haciendo,
pero algunos pastores quieren congraciarse con los políticos y ya sabes qué
sucede cuando se mezcla la fe y el poder. Pasa y te pongo algo fresco para
beber.
El pastor le hizo entrar en el amplio local que el gobierno municipal
había donado unos años antes. No tenía nada que ver con los bajos oscuros
de otras iglesias ni con las naves de los polígonos industriales.
—He sacado a una veintena de chicos de las bandas, muchos de ellos
gitanos, pero no he recibido mucha ayuda de nadie. A veces pienso que para
la mayoría son simple basura.
—Bandas ha habido desde los años setenta, yo pertenecí a una en los
ochenta, pero lo único que hacíamos era ayudarnos unos a otros y robar
coches y algún supermercado, no éramos unos ángeles, pero teníamos
principios. Nunca hacer daño a una mujer ni a un anciano, tampoco a los
niños.
—En la calle ya no hay leyes, solo la de la selva.
—¿Quién puede haber hecho eso a la niña?
El pastor joven se encogió de hombros.
—Desde los trinitarios, pasando por una banda nueva de nigerianos y
otra de argelinos. Estas dos son las más violentas, han atracado varios
Mercadonas y Lidl. También algunas gasolineras, pero es difícil acusar a
nadie, los testigos tienen demasiado miedo.
—¿Cómo podría enterarme de quién ha sido?
El pastor se rascó la barbilla y le pasó un contacto por teléfono.
—Hércules no es un angelito. Tiene una red que vende “costo” y “maría”
por todo el barrio, pero no le gusta que pasen estas cosas en su barrio. Sus
vendedores tienen que saber algo, están todo el día en las calles.
—¿Dónde puedo encontrarlo?
El joven frunció el ceño.
—Es un lugar muy peligroso, un edificio abandonado que había sido un
pequeño centro comercial. No te recomiendo que vayas solo.
—¿Me acompañarías?
El pastor se encogió de hombros, sabía que su oficio era entrar en los
lugares más peligrosos del mundo para rescatar a las almas perdidas,
aunque siempre temía recaer y convertirse de nuevo en uno de esos chicos
de la calle que no importaban a nadie.
—De acuerdo, pero lo haremos a mi manera.
5. La cena
No pudo evitar llamar a su viejo amigo. Se sentía muy sola y desdichada,
todas las personas que había a su alrededor terminaban desapareciendo o
falleciendo, tomaba decisiones para cambiar las cosas, pero caía en la
misma rutina. Lo único que había logrado mantener era su objetivo de
correr todos los días. Lo hacía casi hasta la extenuación, como si necesitara
sufrir, que algo le doliera y al final poder sentir, aunque fuera dolor en
estado puro. Había intentado ser vegetariana, hacer yoga, pero nada le
llenaba plenamente.
Llamó a Juan Flores y estaba a punto de cortar cuando escuchó su voz al
otro lado.
—¿Adela? No esperaba que me llamaras, imagino que apenas soy un
fantasma para ti.
Al principio se quedó callada sin saber qué decir.
—¿Quieres que cenemos? Conozco un andaluz en el que se come de lujo,
cerca del barrio. No tengo ni que reservar.
—Vale, a las nueve. Mándame la ubicación —le contestó secamente y
después colgó.
El corazón le latía muy rápido, se sintió algo tonta, pero después se
alegró de haber llamado.
Se vistió con un traje sencillo de flores. Su piernas delgadas y morenas
estaban más torneadas que nunca, había perdido mucho peso por sus
carreras diarias, pero seguía siendo una mujer bella y torneada. Se miró al
espejo, estaba guapa. Hacía tiempo que no pensaba en nada más que
sobrevivir. Se dirigió a la puerta, esperó un cabify, no quería llevar su coche
por si tomaba una copa y en media hora estaba enfrente de la entrada del
restaurante.
Juan la esperaba sentado en la mesa del fondo, se puso en pie, le dio dos
besos y le acercó la silla.
—El menú es muy simple, calamares, pescadito frito y flamenquines, son
las cosas que la gente suele pedir más.
—Prefiero el pescado —dijo ella, aunque debía haber pedido verdura.
Se pidieron unos finos para abrir boca con unas aceitunas.
—¿Qué ha sido de tu vida todos estos años?
—Bueno, no terminé el bachillerato, quería sacar una nota más alta para
una ingeniería, era el sueño de mi padre, el primer gitano estudiante de la
familia. Primero trabajé en una tienda de pinturas que cerró, después en un
taller, pero me contrataban por las noches en las discotecas como segurata.
Me saqué el título, hice el acceso a la universidad y estudié Derecho.
Intentar entrar en el cuerpo de policía fue otra de mis cagadas. Era un
inmaduro en aquella época. Ahora soy un técnico de seguridad de la plaza
de toros.
—No te has casado.
Juan negó con la cabeza.
—He tenido tres novias, pero al final algo pasaba y no terminábamos de
encajar. Mi madre está algo frustrada, a esta edad ya esperaba algún nieto.
Hijo único sin casarse y con pinta de solterón.
Juan sonrió y sus perfectos dientes blancos le iluminaron el rostro.
—Te entiendo, me siento igual.
—No lo entiendo, una mujer tan guapa.
—Cuando llevas una herida profunda en el corazón es muy difícil ser
feliz, tampoco quiero tener a alguien a mi lado para amargarle la vida.
El hombre pareció decepcionado al escuchar esas palabras.
—El amor es algo que tiene que venir, sin más, después el resto de las
cosas surgirán por sí mismas.
Adela le devolvió la sonrisa. Le sorprendía ver a Juan tan cambiado.
Había sido un adolescente obsesionado con el fútbol, algo chulo y ligón,
pero ya no parecía la misma persona.
—Agente de policía. ¡Qué sorpresa!
—A lo mejor me nombran comisaria —le dijo muy seria.
—Señora comisaria —bromeó él.
—Todo depende de la visita del presidente argentino y de que regrese a
su país de una sola pieza.
Les llevaron los platos y comenzaron a comer.
—El presidente me parece un gilipollas, pero las cosas en Argentina no
dejaban mucho margen.
—Un cretino, un gilipollas, lo que quieras. Pero debe regresar con vida a
su país.
Juan no quería hablar de trabajo. Le rellenó de nuevo la copa y hablaron
de los viejos tiempos, del barrio y de todo aquello que les unía.
Una hora y media más tarde los dos estaban en el apartamento de Juan, se
desnudaron mutuamente, olvidando quienes eran, lo que les había vuelto a
unir y cómo serían las cosas al día siguiente. Estaban desesperados por vivir
y eso era lo único que les importaba en ese momento.
6. Toni
El chico no se había quedado satisfecho. En su familia le habían enseñado
que su deber era proteger a los suyos. Su prima Marta no merecía ser
tratada como un trozo de carne y que acabara tirada a la calle desnuda y
llena de heridas. Su madre le dijo que la pobre había recuperado la
consciencia y él se encaminó directamente al hospital.
Nelli, su tía, estaba al pie de su cama. Era una mujer trabajadora que se
había pasado la vida limpiando para mejorar la vida de su familia y traerlos
a todos a España. Su rostro mostraba las huellas de todo aquel esfuerzo y
sacrificio, cada hora dedicada a limpiar para cubrir todas las necesidades y
caprichos de sus hijos. Martita no tenía padre o, mejor dicho, llevaba sin
verlo casi desde su nacimiento. En toda casa se necesitaba una guía,
pensaba Toni, alguien que mantuviera cierta disciplina, pero él también se
había criado sin padre y su abuelo Pepe era lo más parecido que había
tenido a un padre. Desde que había muerto ya nada había vuelto a ser lo
mismo.
Toni entró en la habitación casi en penumbra sin llamar, su tía se levantó
adormilada de la butaca.
—¿Ha cenado algo?
La mujer negó con la cabeza. Toni sacó de su mochila dos sándwiches,
una coca cola y se los estregó.
—Coma tranquila que yo me encargo.
La mujer le dio un beso en la mejilla y se fue a una sala para intentar
relajarse un poco.
Toni tomó la mano de su prima y la acarició, era una de las pocas partes
del cuerpo sin magulladuras o heridas.
—Primita, ¿quién te ha hecho esto?
La pobre niña tenía los ojos tan hinchados que no podía abrirlos, pero
movió los labios y pidió algo de agua. Aquello era una buena señal.
Le acercó la botella con la pajita y le dio unos sorbos, antes de que la
chica se atragantase. Estaba medio drogada, pero pareció reconocerlo.
—¿Quién te ha hecho esto?
—Déjalo, Toni. Es gente muy peligrosa.
Pronunciar aquella frase le costó un gran esfuerzo.
—Ya, pero no pueden quedar las cosas así.
—Eres un buen chico, te matarán.
—Solo dime un nombre.
—Mohamed, le llaman Libua.
—¿Libua? ¿Por qué te han hecho esto?
En aquel momento la chica comenzó a convulsionar. El esfuerzo le
estaba pasando factura. Comenzaron a sonar varios pitidos y no tardaron en
acudir las enfermeras y la madre.
—¿Qué ha pasado? —le preguntó su tía.
—No sé, comenzó a temblar.
Los sanitarios los echaron a un lado mientras la mujer comenzaba a
llorar.
—¿Qué le pasa?
Llegó un médico joven y la intentaron estabilizar. Estuvieron mucho
tiempo con ella, intentaron que reaccionara y volviera en sí, pero al final se
apagó y los médicos desistieron.
—Lo siento señora, su hija ha tenido un derrame cerebral, su corazón
late, pero su cabeza está muerta.
—No lo entiendo, estaba mejor.
Se giró hacia su sobrino y comenzó a golpearlo en el pecho. —¿Qué le
has hecho? ¡Maldita sea!
—Nada, tía, te lo juro.
Mientras regresaba a casa en su cabeza seguía retumbando aquel nombre.
No podría olvidarlo jamás: Libua.
7. Libua
Libua besó al bebé en la frente y a su esposa Fátima en la mejilla, sus otros
dos hijos dormían en la cama. A pesar de tener una casa de casi
cuatrocientos metros en Somosaguas, los niños terminaban todas las noches
en su cama. Procuraba ser un buen padre, que no les faltara de nada y, sobre
todo, que no vivieran nunca la miseria que había vivido él. Había nacido en
el norte de Marruecos, una de las zonas más pobres del país. El rey los
odiaba porque medio hablaban español y no tenían nada que ver con Rabat,
pero su abuelo le había enseñado el español porque había sido uno de los
últimos miembros de la guarda mora del dictador Franco. Logró cruzar la
valla de Melilla cuando todavía no era tan alta y pasar a Almería. Un amigo
le comentó que en Madrid había muchas más oportunidades y se había
instalado primero en Lavapiés y después en Pan Bendito. Había vendido
“costo”, había logrado convertirse en un pequeño distribuidor y ahora tenía
varios clubes, pero el negocio que le estaba ayudando a despegar era una
plataforma en internet de contenido sexual. En la página se subían cosas
legales, pero tenía una puerta de atrás, en la que podían verse escenas de
bestialismo, pasando por violaciones, agresiones y cosas aún más duras. No
le gustaba mucho el trabajo, pero si él no lo hacía otro terminaría por
hacerlo y ganar su dinero.
—¿Ya te vas?
—Sí, tengo que trabajar. Esto no se paga solo. Estamos manteniendo a
toda tu familia.
La esposa refunfuñó, estaba medio desnuda, era una mujer muy hermosa.
—También lo hacemos con la tuya.
—Vale, me voy.
—Mohamed, ¿no se te olvida algo?
El hombre se dio la vuelta y le dio un beso.
Se subió a su Ferrari y en media hora estaba en el estudio donde se
hacían las grabaciones. Tenía chicas trabajando las veinticuatro horas
online, pero los platos fuertes los hacía en un estudio privado, lo habían
hecho de tal forma para que nadie pudiera reconocer el lugar.
Su socio era un potentado francés que residía en Estados Unidos y poseía
la mayor plataforma porno del mundo.
—François, creo que esto se nos está yendo de las manos. Tus hombres
mandaron al hospital a una cría, la policía aquí no es como en Estados
Unidos o Francia, si pasa algo así llegan hasta el final.
—Tranquilo, amigo, la chica está muerta.
—¿Muerta?
—Una enfermera le puso una dosis extra de un medicamento que no deja
rastro, así que esa ya no hablará.
Libua frunció el ceño, el otro le miró desde la cámara de su teléfono.
—Estás ganando mucho dinero. ¿Verdad? Esa cría es escoria, no vale
nada. Nuestros clientes quieren cosas más fuertes y reales. Esto se ha hecho
siempre. Desde la vieja Babilonia, pasando por Atenas y Roma. Mis
ascendientes sacrificaban sus hijos al dios Moloc, simplemente los nombres
cambian, pero los dioses son los mismos. El dinero, el poder y el sexo son
las tres cosas que rigen en el mundo.
Libua lo único que quería era huir de la pobreza en la que se había
criado, pero si terminaba en la cárcel, no le serviría de nada todo su dinero.
—El vídeo ha sido un éxito, eso es lo importante. Necesitamos más
chicas así.
—La cosa está muy caliente y…
—No me cuentes historias, Mohamed. Sácalas de los centros de menores,
cómpraselas a los gitanos rumanos, me da igual, pero mañana tienes que
subir un vídeo como ese.
—Está bien.
—Te ingresaré los bitcoins en tu cuenta, el doble que la última vez.
Libua colgó, tenía un sabor agridulce. A aquel ritmo se podría retirar en
un par de años, pero era consciente de que estaba vendiendo su alma al
diablo y ese tipo de transacciones nunca solía salir bien.
8. Llegada
Adela Palazuelo se fue a primera hora de la mañana, quería darse una ducha
en casa antes de ir al aeropuerto a por el presidente de Argentina. Mientras
el agua le corría todo el cuerpo, pensó que no era normal en ella actuar así,
que lo que había sucedido con Juan era el efecto del alcohol, de la soledad y
de la desesperación. De ese vacío que nada parecía llenar. Sin duda no era
amor, simplemente dos cuerpos solitarios intentando arrancarse del alma
toda aquella tristeza y angustia.
Se trasladó a la comisaría y desde allí al aeropuerto con su compañero
Matías. El dispositivo lo llevaba Saavedra, pero ellos estaban de apoyo.
—¿Crees que Saavedra nos dejará hacer algo?
—No lo sé, es un capullo. Ya lo conoces.
El joven negó con la cabeza. Era de la nueva hornada. Cada vez había
menos gente con la vocación de ser policía y la mayoría lo hacían por el
sueldo y las horas libres. Matías era un policía vocacional. Un verdadero
madero dispuesto a todo, pero al que aún le faltaba mucha calle.
En Barajas el dispositivo era bestial a pesar de que el presidente no venía
en viaje oficial. Lucich no era muy querido en la Moncloa, sobre todo desde
que se había metido con la hija del presidente.
Esperaron al presidente a pie de la escalera, el argentino venía en
Aerolíneas Argentinas, cómo no.
—Esto no es seguro —dijo Adela a su compañero.
—Ya se lo han dicho, pero no quiere que lo comparen con los otros
presidentes.
Saavedra estaba justo al final de la escalera cuando saludó al mandatario.
—Señor presidente, ya está su escolta dispuesta. Estarán todo el día con
usted, le acompañarán al hotel y después al mitin.
—Muchas gracias, señor...
—Saavedra.
Adela miró a su compañero, que se arrastraba con aquella actitud servil y
le dieron ganas de vomitar.
Se acercó a ellos y les dijo:
—Le siguen con la comitiva hasta el hotel Rosewood Villa Magna. Harán
guardia delante de la puerta y después le llevarán al auditorio. ¿Entendido?
No quiero ni un fallo.
Adela no se lo creía, le parecía muy sospechoso. ¿Por qué dejar la
seguridad del presidente en sus manos y no en la de su equipo? Tal vez
creía que el peligro real estaba en el mitin.
Siguieron al coche hasta el hotel, el camino estaba tranquilo y la
circulación fluida. Después acompañaron al presidente, que venía con uno
de sus perros, y a su esposa, pero este no cruzó una palabra con ellos.
Los dos inspectores se quedaron en la puerta.
—Hacía mucho tiempo que no ejecutaba labores de vigilancia. Se me
había olvidado lo aburridas que eran.
—No nos queda más remedio —le contestó Adela.
—He visto una máquina al final del pasillo. ¿Quieres tomar algo? Estoy
deshidratado.
—Agua, solo agua.
El joven inspector se alejó de la puerta, cuando pasaron cinco minutos
Adela comenzó a preocuparse. Conseguir las bebidas no le podía llevar más
de dos minutos, a no ser que hubiera ido al baño a mear.
La inspectora no podía dejar su puesto, estaba a punto de llamar a los
inspectores de refuerzo del vestíbulo cuando Matías apareció sonriente con
las bebidas.
—¿Dónde te has metido?
—La máquina me escupía las monedas y los billetes, pero al final lo
conseguí.
—Será mejor que ninguno de los dos se mueva de aquí hasta que
vayamos al mitin.
—Pues me temo que Saavedra acaba de informarme de que el presidente
comerá con Rodrigo Amador en un restaurante cercano.
—¡Joder! No podemos hacer una vigilancia adecuada con cuatro agentes.
—Pues Saavedra no va a enviar más.
El teléfono de la mujer comenzó a sonar, era su tío Cosme.
—Ahora no puedo hablar —dijo mientras se apartaba un poco.
—Pues lo estás haciendo.
—Ok, ¿qué pasa?
—Voy a ir con el pastor Brayan para ver a un tal Hércules, un camello
que podría tener información sobre lo de la chica violada.
—Me parece bien.
—Ya, pero te necesito. Ahora es un caso de asesinato, la chica ha muerto
y me temo que el barrio se ponga en armas.
Pan Bendito era siempre un polvorín a punto de estallar.
—Estoy en una misión, esta noche estaré libre.
—Investiga algo sobre una banda marroquí, es lo único que he logrado
averiguar por ahora.
—No es mucho.
—Actúa en Orcasitas y Pan Bendito. No creo que haya tantas.
—Ok, la buscaré en cuanto pueda.
En cuanto colgó el teléfono resopló, su tío siempre le hacía pensar en su
padre, cada vez que hacía algo que sabía que no le habría gustado no podía
evitar sentirse culpable. Ella no tenía creencias en el más allá, pero a veces
le gustaba pensar que su hermana y su padre la observaban desde algún
punto del inmenso y azulado cielo de Madrid.
9. Política
El presidente miró los titulares indignado. Se giró e interpeló a su asesora.
—Primero mi mujer, ahora mi hermano y para colmo ha regresado ese
payaso argentino. No podemos sacar los presupuestos, el País Vasco se nos
escapa de las manos, tengo la sensación de que todo lo que toco se
convierte en mierda.
—Presidente, no se olvide de que la mierda da suerte —dijo la mujer. Era
muy guapa, con una melena roja y rizada que resaltaba aún más su cara
angelical.
—Ya, pero cuando la pisas, no cuando te embadurnas de ella. Mira que le
dije a mi mujer que se dedicara a sus labores, pero, como su padre, es un
culo inquieto. Nunca nada es suficiente para ella. Pensé que sería siempre
un apoyo, pero se ha convertido en un lastre.
—¿Pretende separarse de ella? —preguntó la asesora asustada. Eso podía
pasarle a un podemita, pero no a un socialista, buena parte de su electorado
era mayor y conservador, aunque se las diesen de izquierdas.
—Mi mujer no supo parar a su padre, con esas saunas cutres por todos
lados, ahora tiene que declarar y aunque he intentado frenarlo, y que se
investigara desde Europa, no he conseguido nada.
—Seguimos primeros en las encuestas —dijo en tono triunfante la
asesora.
—Eso gracias al gallego que es un inútil, pero como nos metan a la
princesita de Madrid, cerramos el quiosco y nos vamos a casa o a Soto del
Real.
La mujer se acercó, estaban en una de las salas de reunión, pero nadie
podía molestarle en la siguiente media hora.
—¿Qué puedo hacer yo para que se relaje? —dijo soltándose la melena.
El presidente sonrió por primera vez.
—Ya lo sabes —dijo mientras ella se sentaba en su regazo.
La erótica del poder era real, no había follado tanto desde su época de
jugador de rugby, pero lo bueno era que ahora tenía la experiencia y sabía lo
que quería. No se iba a dejar mangonear por los medios, los jueces ni por
los periodistas, él sabía lo que necesitaba España en un mundo tan convulso
como el que le había tocado vivir y estaba dispuesto a todo por salvar la
nación.
_____________________
—Los proyectos personalistas no funcionan, ya hemos visto varios casos.
El presidente argentino sonrió con aquella cara bobalicona que tenía al
escuchar las palabras de Rodrigo Amador. El líder de la formación ultra
parecía tener las cosas claras. Había estado toda su vida vinculado a la
política y sabía cómo terminaban las cosas.
—Rodrigo, querido. Debemos ser políticos sin parecerlo. En el fondo
nuestros países necesitan buenos gestores, que implementen políticas que
ayuden a enderezar la economía, fomenten el libre comercio y contribuyan
a mejorar la vida de la clase media y baja. No esa mierda globalista que nos
gobierna ahora.
Rodrigo tenía la sensación de que hablaban el mismo lenguaje, pero en
contextos muy distintos.
—Los europeos son más resabidos, no les entra el espectáculo de una
manera directa.
El argentino comenzaba a impacientarse.
—Pues vos sabrás, pero en las últimas elecciones Albatros ha entrado
como una flecha, sin medios casi consigue lo que ustedes están intentando
desde hace más de una década.
—Presidente, hay dos formas de hacer las cosas, como los franceses,
poco a poco o como…
—Los franceses llevan casi cuarenta años intentándolo. El nacionalismo
está bien, el discurso anti—emigración ilegal y delincuencia, pero esa gente
no quiere desmantelar el sistema, acaban con los estados omnívoros. Yo no
soy un fascista, hermano, soy un liberal. ¿Vos que sos?
Rodrigo se lo pensó un momento, en su partido había desde viejos
miembros de la Falange, ultra religiosos, liberales, socialdemócratas
moderados, una buena ensalada.
—El equilibrio es difícil.
—Pues tenés que hacer limpieza. ¡Liberales, carajo! Todo lo demás es la
misma mierda.
Adela miraba desde el fondo de la sala la mesa del argentino, su
compañero Matías la entrada principal. El local no había podido elegirse
peor. Tenía muchas salidas y entradas, acristalado y abierto. Cualquiera
podía entrar y cometer una barbaridad.
—¿Ha venido para apoyarme?
—Es la segunda vez que vengo, la primera me ha costado un problema
diplomático, pero aquí estáis con chiquitas, con miedo. Eso no puede ser,
esta tarde tenemos que incendiar la política.
Rodrigo no parecía tan entusiasmado, en el fondo lo único que deseaba
era apoyo mediático y para eso el argentino era un verdadero maestro.
—Está bien, pero tengo que hablar con el comité.
—Lo que tenés que hacer es soltar lastre, para volar hay que andar ligero,
que se unan a la causa los que quieren cambiar las cosas, el resto son
piedras que impiden que flotés.
No era tan sencillo, pensó Rodrigo. En España no estaban tan mal las
cosas, el gobierno estaba apoyado por Europa y los cambios eran mucho
más progresivos. Había intentado superar a la derecha, pero a pesar de estar
corrompida hasta la médula no lo había conseguido.
—¡Esta tarde vamos a hacer que arda Madrid! —dijo Rodrigo algo más
animado. Aunque no se fiaba tampoco del argentino, el león de Buenos
Aires podía hundirlo o catapultarlo a lo más alto y temía asumir ese riesgo,
pero la victoria era siempre de los audaces y él era audaz.
10. Hércules
No quería perder más tiempo, el pastor Brayan le insistió en que fueran a
ver a Hércules al día siguiente. La muerte de Marta lo había cambiado todo.
Cosme había escuchado que un grupo de jóvenes de Pan Bendito quería ir a
Orcasitas para reventar el barrio. Tenía que dar con el culpable para que
toda la ira de la gente no cayera sobre personas inocentes.
Llegaron cerca del viejo centro comercial llamado el Zoco. Cuando
diseñaron el barrio de Orcasitas los arquitectos intentaron que fuera un sitio
lleno de zonas verdes, deportivas y que la vida de muchos chabolistas
mejorara notablemente, pero la miseria no se saca del cuerpo de la noche a
la mañana. Aquellos vecinos no podían aspirar a una vida mucho mejor que
la anterior, cuando vivían de la chatarra y la venta ambulante, de hecho, las
nuevas casas les impidieron seguir ejerciendo sus antiguos oficios, eso
unido a la droga, llevó a los barrios al límite. El centro comercial estuvo
abierto unos años, tenía varios bares, una panadería, una tienda de ropa y
una papelería, pero ahora estaba todo tapiado. Una cadena de
supermercados había estado interesada en abrir un centro, pero un estudio
de mercado no lo había recomendado.
En el edificio de varias plantas vivían drogadictos, algunos vagabundos y
emigrantes, pero la planta de arriba le pertenecía a Hércules, de hecho,
todos los que vivían en el zoco le pagaban por estar allí.
Para muchos el camello era un benefactor, comparado con otros parecía
un pequeño señor feudal benevolente, que cumplía ciertas reglas y era
capaz de compadecerse de los desgraciados que vivían en su pequeño reino.
Un tipo delgado y demacrado les preguntó a dónde se dirigían.
—¡Déjalos! ¿No ves que es el pastor?
—Queremos hablar con Hércules —dijo Brayan.
—Yo los llevaré —comentó el pequeño hombre que había regañado al
otro.
—¿Cómo te encuentras? Eres Ramón, ¿verdad?
El hombre nos miró con los ojos tristes, de alguien que llevaba mucho
tiempo sin escuchar su nombre.
—Bien, bueno tirando. Aquí no se puede estar bien, no mucho más que
un pecado en el infierno.
—¿Por qué no te vienes con nosotros más tarde? Te dejaremos en un
centro, podrás rehacer tu vida y regresar a Almería con tu familia.
El hombre casi sin expresión negó con la cabeza.
—Ellos están mejor sin mí, ya les he dado suficientes problemas.
—Tu familia te quiere, tienen la esperanza de que vuelvas.
Cosme se dio cuenta de que las palabras de su compañero golpeaban
como un látigo el corazón de aquel hombre.
—Dios ha permitido que me convierta en esto, no creo que ya sepa vivir
de otra manera.
Llegaron a la segunda planta por unas escaleras eléctricas medio
destrozadas, la gente había vendido parte de ellas para sacar algo de dinero.
La planta de arriba, para su sorpresa, estaba limpia y cuidada, al menos para
un sitio como aquel.
Hércules vivía en uno de los viejos locales. Tenía varias pantallas
gigantes con varias PlayStation, un futbolín, un billar y dos viejas máquinas
recreativas. Parecía la habitación de un adolescente.
Cosme se sorprendió al ver a Hércules, no tenía más de veinticinco años,
llevaba barba rubia y sus profundos ojos azules no habían abandonado del
todo la inocencia.
—Hola Hércules, este es mi amigo…
—Sé quién es, el pastor Cosme es famoso. Le he visto en los periódicos y
en Telemadrid.
—Hola —dijo extendiendo la mano.
El hombre se la apretó con poca fuerza.
—¿Han venido por la niña esa?
Los dos se miraron sorprendidos.
—Tengo ojos y oídos en todo el barrio. Son gajes del oficio, también
tengo a sueldo a varios policías municipales y alguno nacional. Es mejor
anticiparse a las cosas. ¿No creen?
—Bueno, queríamos saber quién ha hecho eso a la niña —dijo Cosme.
—Me he enterado de que ha muerto. Espero que exista un cielo para ella,
aunque sé que a mí me tocará ir al otro lado.
—No tiene porqué —comentó Brayan.
—He leído la Biblia, el Corán y a Confucio. No soy como estos
arrastrados. Intento sobrevivir, eso es todo. Me crie en una buena familia
obrera, gente honrada y trabajadora, pero nunca me gustaron ni las normas
ni trabajar. Mi padre siempre decía que uno recoge lo que siembra, pero es
mentira. Él fue un buen ciudadano toda su vida, tuvo un accidente laboral y
se quedó en una cama. Se murió de asco y vergüenza hace un par de años,
yo soy el que mantiene a toda mi familia. Suena a excusa, pero lo cierto es
que lo único que me importa en este mundo es cuidar de mi hermana y sus
hijos, mi madre y dos tías. Trato bien a mis empleados, la droga es un
simple negocio.
Cosme no estaba allí para escuchar las justificaciones de un camello listo,
había conocido a otros como él, gente que hubiera podido emplear su
talento para el bien, pero que seguía justificándose e intentando acallar su
conciencia de alguna manera.
—¿Quién lo ha hecho? —preguntó Brayan.
—Al principio corrió el rumor de que se trataba de una banda, aquí
operan varias latinas, son capaces de eso y mucho más, sobre todo si es por
una venganza, pero no fueron ellos. Es algo peor, mucho peor.
Cosme le miró sorprendido.
—¿Qué puede ser peor?
—Hay un moro, Mohamed, al que la gente llama Libua. Tiene el negocio
del hachís y varios clubes con chicas, la mayoría africanas, pero hace unos
meses comenzó a grabar porno y tener chicas online. Dicen que a veces se
lleva a chicas y las violan en directo para clientes especiales: impotentes de
esos que no se les levanta y necesitan emociones fuertes, pero que en el día
a día son padres de familia, muchos de ellos empresarios, políticos o jueces.
Se les debió ir de las manos y la mataron. Al parecer, van a colegios y
regalan hachís, cuando ven chicas guapas le meten algo más fuerte con la
droga, cuando ya son adictas las atrapan y las prostituyen, cuando pierden
su belleza dejan que viejos por cuatro perras sigan abusando de ellas. Una
locura.
Los dos pastores se sintieron asqueados.
—Pero Martita no tomaba drogas, su familia venía a mi iglesia de vez en
cuando.
El camello se encogió de hombros.
—Pues la llevaría alguna amiga para grabar un vídeo, dinero fácil que
termina mal.
—¿Dónde tiene ese Mohamed su negocio? —preguntó Brayan.
—La zona del polígono industrial. Por fuera parece un negocio normal,
las chicas entran y salen en furgonetas para que nadie las vea.
Hércules le mandó a Brayan la ubicación.
—Otra cosa, deja de intentar llevarte a mi gente. Yo los trato bien, pero si
recaen no van a tener tanta suerte.
La sonrisa de Hércules se quedó petrificada en su cara, Cosme sintió un
escalofrío y pensó que el diablo a veces toma forma de ángel de luz.
Salieron de allí lo más rápidamente que pudieron y hasta que no vieron la
luz del sol no recuperaron el sosiego, hasta el aire era más ligero fuera de
aquel sitio, de aquel pequeño reino del mal.
11. Fuerza
El presidente no regresó a su hotel, les pidió que le llevaran a otro sitio: una
casa a las afueras, por la zona de Pozuelo. Aquella visita no estaba
programada pero no les quedó más remedio que obedecerle.
El coche de los hombres de Saavedra esperó en la puerta, pero ellos
entraron en la finca detrás del presidente, que siempre llevaba tres hombres
de confianza, como él los llamaba, que guardaban su espalda.
Adela entró con Matías y en cuanto vieron al hombre supieron de quién
se trataba. La inspectora gitana pensó que el argentino jugaba a dos bandas.
—Hermano —dijo el hombre dándole un gran abrazo.
—¡Albatros! ¡Lo que vos habéis hecho las últimas elecciones es una
heroicidad! ¡Qué valor, qué huevos!
—¡Muchas gracias, maestro!
—Ya sabes que he estado con Rodrigo Amador, pero es de los que cree
que las cosas han de ir poco a poco.
—Aquí en España se dice “sin chicha ni limonada”. Perteneció a las
juventudes de la derecha.
El presidente frunció el ceño.
—Vos también.
—Bueno, yo estuve militando en un partido liberal, pero dejó de serlo.
Creo profundamente en el liberalismo y que es la única solución para
enderezar Europa y el mundo. El Estado se lo está comiendo todo. ¡Joder,
que parecemos estalinistas!
Lucich se echó a reír. Ya no se sentía esa voz en el desierto.
—Necesitamos a gente como tú, en América está Trump y Bukele, pero
payasos como Bolsonaro nos han hecho mucho daño. Aquí únicamente
podemos fiarnos de muy pocos. La derecha y la izquierda han aceptado la
agenda progre y que el Estado se ocupe de todo. Desmontar eso no será
fácil, sobre todo porque es una mentalidad. Mira, Albatros, las cosas no
cambian por ideologías, tampoco es suficiente que la gente se sienta
insegura o incómoda, el Estado les hace sentir como la rana hervida, sube el
fuego poco a poco, pero cuando se quiere dar cuenta ya se ha cocido. La
Unión Europea sigue metiendo dinero y eso hace que la gente se conforme.
En Estados Unidos el detonante fue que desde hace varios años la clase
obrera y media están perdiendo sus recursos, pero en Europa tenemos que
romper con algo más potente.
Los dos se quedaron un momento pensando.
—¿Como qué?
—Un escándalo que despierte a la gente.
Albatros se mesó la barba.
—Escándalos de corrupción.
—De eso la gente ya está harta, no van a reaccionar por eso. Tienes que
unir a emigrantes y españoles, pobres y ricos.
Albatros sonrió de repente, justo una idea había surcado su mente.
—Ya lo tengo, algo infalible y que no puede salir mal.
________________________________
Desde fuera del local una mujer observaba, mientras hablaba por teléfono y
cuando el presidente dejó el restaurante siguió a la comitiva.
—Creo que es el momento, justo cuando baje del coche para entrar en el
hotel. Tiene tres guardaespaldas y dos coches de policía protegiéndole. Hay
una calle estrecha, un coche tiene que cruzarse y separar al del presidente
del que le precede, asaltar el coche, sacarlo y meterlo en la furgoneta.
—Lo veo muy complicado. No sería mejor pegarle un tiro.
La mujer intentó controlar su ira.
—No queremos convertirlo en un mártir, el mundo entero nos escuchará
si lo tenemos retenido y lo sacamos en las redes sociales, no somos
asesinas, por Dios.
La mujer colgó, estaban llegando a la calle, un pequeño fallo podía echar
todo a perder. Habían hecho muchas manifestaciones y formas de protesta,
pero llevar los pechos al aire o destruir obras de arte no impresionaba ya a
nadie, debían subir la apuesta, antes de que el mundo regresase a la Edad
Media.
12. Online
Mohamed tenía ojeadores en un instituto público y habían conseguido un
par de chicas nuevas. Dos malotas que tenían prisa por crecer, demasiada
prisa. Tenía a chicos que le buscaban mercancía por todos lados, y aquellas
eran de primera. Lo único que no le gustaba es que eran marroquíes, pero al
fin y al cabo se merecían lo que les estaba a punto de pasar, no habían
seguido unos de los preceptos básicos de su religión que era obedecer a sus
padres.
El chico que las había convencido se llamaba Omar y le recordaba
mucho a él cuando llegó a España.
—Estás son Najma y Laila.
—Encantado de conoceros chicas.
El mafioso sacó varios billetes de quinientos y se los puso en las manos.
—Esto es la mitad, la otra mitad después de que hagáis vuestro trabajo.
¿Sois vírgenes?
—Yo no, pero Laila sí lo es.
—Pues entonces —dijo mientras le daba otros dos billetes de quinientos
—, tienes premio adicional. Vais a hacerlo con dos hombres cada una. No
os pongáis finas, es en directo y no se puede parar, os pondrán cremas y
esas mierdas para que no sea muy doloroso. Si pasáis la prueba, ganaréis
cada semana lo mismo. Más dinero que el que nunca hayáis soñado.
Las dos chicas entraron en el estudio, Mohamed pagó a Omar.
—Buen material, pero mejor que la próxima vez no sean hermanas.
—Son muy putas, ya verás.
—No quiero chicas de Marruecos, y menos tan jóvenes. Trae españolas,
latinas, chicas del este, gitanas, pero no más marroquíes.
—Ok, jefe —dijo el chico mientras se guardaba el dinero.
________________________
Toni había logrado convencer a Ismael y a un par de amigos más, pues se
había enterado de dónde estaba la empresa de Mohamed: un edificio
enorme, que por fuera parecía un local respetable.
—Pero bro, esto no es una banda de barrio, son una organización
criminal. ¿Qué quieres hacer?
—Quemaremos el local y después la casa de ese cerdo. Espero que eso
alerte a la policía y termine en la cárcel. Menuda basura. Tenemos que
hacer las dos cosas coordinadas, para que no le dé tiempo a prepararse.
—Pero puede morir gente inocente —le dijo Ismael.
—Lo haremos por la mañana temprano, imagino que tienen algún tipo de
salida de emergencia.
Vieron a Omar salir del edificio y enfilar hacia su moto.
—Joder, conozco a ese. Es de Pan Bendito, un camello que vendía en la
puerta de mi instituto.
—Ya tenemos a quien nos va a abrir la puerta de este estercolero —dijo
Toni. En unas horas se celebraría el entierro de su prima, el tiempo justo
para descubrir cómo asaltar ese edificio, donde vivía el tal Libua y preparar
su plan a conciencia.
2º PARTE: EL MITIN
13. Viral
Albatros no tardó en encontrar el tema que podía catapultarle
definitivamente a la política española. Era un tiburón eligiendo a sus presas.
Su olfato político era mucho mejor que el del coletas, la gallega o su vieja
amiga la niña mala de la Comunidad de Madrid. Había entendido mejor que
nadie el poder y la fuerza de las redes sociales.
—¡Joder, esta noticia ha pasado casi desapercibida!
A su lado se encontraba Leticia, su pareja y Ramón, el único amigo en el
que confiaba.
—Pero ¿no será demasiado fuerte?
—Joder, no. Una cría violada y asesinada ante la indiferencia del
gobierno. ¡Aquí hay mucha miga!
—Puede que produzca el efecto contrario —le advirtió Ramón—. Has
conseguido ser eurodiputado y nosotros dos también. Si vamos demasiado
deprisa...
—¿Cuánto tardó Lucich en convertirse en presidente?
Ninguno de los dos contestó. Sabían que su amigo era un verdadero
cerebrito.
—Nueve años, pero él utilizó el viejo sistema de los medios de
comunicación. Tardó seis años en ser diputado, pero solo dos en ser
presidente. Yo he logrado un cargo político en dos años. En dos seré
presidente.
—No tenemos estructura, ni un partido como tal.
—Como la gallega y fue la cuarta fuerza más votada. Además tenemos
detrás a nuestros amigos de la Fragua, ellos tienen mucho poder y dinero,
están hartos del giro inmoral que ha tomado España.
—Pero ¿qué vamos a hacer con Rodrigo Amador?
El hombre se frotó las manos.
—Le he dado una primicia al presidente, hablará delante de todos los
seguidores de Amador, mostrará su verdadera cara y después pedirá que me
sigan a mí.
—¡No es posible! —exclamó su novia.
—Sí, Leti. Cómo me pone que te llames como la reina del pueblo.
Después se puso al lado de la ventana.
—¡Venga, grabadme en directo!
—Si lo haces no habrá marcha atrás.
—Ya lo sé, pero el que no arriesga no consigue nada.
Ramón le apuntó con la cámara del móvil y Albatros comenzó a hablar,
parecía que había nacido justo para eso, para hechizar como el flautista de
Hamelín a millones de personas deseosas de ser embaucadas.
________________________
Adela se percató de que un coche avanzaba cortándoles el paso y supo que
algo iba mal.
—¡Para! —gritó a su compañero, bajó del coche y sacó el arma.
Matías la siguió, aunque no sabía bien para qué ni qué iba a hacer su
compañera.
De una furgoneta salieron tres personas encapuchadas y abrieron la
puerta del coche del presidente. Lanzaron alguna sustancia a los
guardaespaldas que se desmayaron al instante. Adela logró llegar por el otro
lado y disparar al aire, los tres asaltantes se quedaron parados. La mujer
sacó al presidente y se lo llevó corriendo a su coche, Matías le cubrió las
espaldas, se puso al volante y salieron a toda velocidad del callejón.
—¿Qué carajo ha pasado?
—No lo sabemos, pero esa gente no tenía buenas intenciones. Debemos
llevarlo a un lugar seguro.
—Esta tarde debo pronunciar un mitin.
—No sé si será posible —contestó Adela.
—A mí no me amedrentan unos tarados. Quiero ir al hotel.
—El protocolo no lo permite, tenemos una casa preparada a las afueras,
cerca del aeropuerto.
—¿Quién me ha secuestrado? ¿Su gobierno o esos hijos de puta?
—Nadie le ha secuestrado, le estamos protegiendo —dijo la inspectora
gitana sin disimular su antipatía por aquel hombre.
El coche se encaminó a toda velocidad hacia el pueblo de Barajas, llegó a
la casa, abrió la puerta del garaje e introdujo el coche. Cuando llegaron ya
estaba allí Saavedra.
El policía había recibido un chivatazo, pero su jefe superior le había
dicho que desde el gobierno no querían que el presidente argentino hablase
en público, era la oportunidad perfecta para meterlo en un avión de vuelta a
su país.
—Quiero regresar a mi hotel, no tengo a mis escoltas.
—Por su seguridad tendrá que quedarse aquí. Hemos informado a su
embajador, pero lo más razonable es que tome el primer avión para
Argentina.
—¡La concha de tu madre! ¡No pienso huir con el rabo entre las piernas!
¡Exijo que me lleven a mi hotel!
Adela no podía creer lo que estaba sucediendo, pero sin duda no era
legal. Se apartó, entró en un cuarto e intentó llamar a su jefe, pero un
inhibidor de teléfonos se lo impedía.
No sabía qué hacer, pero Saavedra no era trigo limpio, de eso no le
quedaba la menor duda.
________________________
El presidente parecía encantado. El capullo de Lucich estaba encerrado, no
tardarían en meterlo en una avión y mandarlo a su casa. Sabía que montaría
en cólera, pero al hacerlo por su seguridad poco podría hacer para
impedirlo.
—¿Cuánto tiempo podemos retenerlo? —preguntó al ministro de interior.
—Hasta después del mitin, el presidente iba a pasar por Alemania.
—Pues le mandamos para Alemania esta misma noche.
La esposa del presidente entró en el despacho y se quedaron a solas.
—¡Joder!, ¿has retenido al puto argentino?
El hombre sonrió.
—Ya tenemos suficientes problemas. Hemos sobrevivido a los barones
del partido, a dos legislaturas, pero estamos en la cuerda floja.
—Tenemos que tomar decisiones audaces. Lo último que necesitamos es
que el gilipollas de Albatros salga a la palestra y tengamos un Lucich en
España. No me da miedo el gallego, tampoco la vice, ni siquiera Amador,
pero ese cabrón de Albatros es un gran comunicador.
—¿Merece la pena tanto esfuerzo?
—No es por ambición, cariño, ya lo sabes. Tengo que salvar a España del
fascismo, esta vez no pasará como en el 36. ¡Si hace falta saco los putos
tanques a la calle! Esa gente está intentando sacarnos de la Moncloa a toda
costa. Son capaces de cualquier cosa.
—¿Quiénes? —preguntó su esposa. A veces creía que su marido se
estaba convirtiendo en un paranoico.
—¡Los de la Fragua, coño! Esos ultracatólicos herederos del franquismo.
Los que llevan mangoneando desde la Guerra Civil, pero a nosotros no nos
van a chulear.
14. Medios
Estaban a punto de empezar el sepelio cuando un rumor comenzó a
extenderse por toda la capilla. Se encontraban en el tanatorio de
Carabanchel, la sala estaba atestada, además de la gente de la iglesia habían
venido amigos, compañeros de clase, familiares y algunos curiosos; fuera
estaban varios medios de comunicación.
—¿Qué pasa? —preguntó el tío Cosme a uno de sus copastores.
—El tipo ese, Albatros, ha sacado el caso de Martita en las redes sociales
para criticar al gobierno y se ha hecho viral. Todo el mundo lo está viendo y
ha salido en todas las noticias.
Cosme miró su teléfono y vio el careto de atontado del político.
—“Al gobierno de zurdos no le importa la gente pobre trabajadora. Nos
quieren dividir entre emigrantes y españoles, ricos y pobres, pero todos
compartimos el mismo país. Nuestros enemigos no son la buena gente que
viene a España para buscar una vida mejor, como la familia de esta niña,
Marta, son las mafias que operan impunemente, que el gobierno permite y
aterrorizan nuestros barrios. ¡Basta ya!
—¿Qué es esta mierda? —preguntó indignado Cosme.
—Pues que todo vale para hacer campaña —le contestó el copastor.
—¿A dónde vamos a llegar?
La gente comenzó a abandonar la sala y Cosme se encaminó a la salida.
No se lo podía creer, Albatros estaba allí, hablando a todos los medios.
Llevaba mucho tiempo vetado en los medios y aquella era su oportunidad
para que la gente que no usaba las redes le conociera, sobre todo los
votantes más fieles de los partidos tradicionales.
—Estamos aquí en solidaridad con la familia. No vamos a dejar que las
mafias que el gobierno protege maten a nuestras hijas.
Cosme se paró enfrente del hombre y se cruzó de brazos, este siguió con
lo suyo.
—La familia de Marta es colombiana y lleva mucho tiempo en España
intentando salir adelante.
El pastor se iba a abalanzar sobre el politicucho, pero se adelantó un
joven, Toni, el primo de Marta. Le propinó un puñetazo que le hizo
tambalearse, dos policías agarraron por los brazos al muchacho. Albatros se
quitó la sangre de la nariz y miró de nuevo a las cámaras.
—No importa lo que pase, estamos aquí para defender a todos los
ciudadanos.
Cosme empujó a los cámaras.
—Esto es un entierro, por favor, respeten a la familia.
Varios miembros de la iglesia llevaron a los medios al otro lado del
recibidor y cerraron las puertas de la capilla.
Cosme estaba muy alterado, pero respiró hondo, los coritos que se
cantaron le permitieron recomponerse un poco antes de subir al púlpito.
—Hermanos y amigos, familiares de Marta Osvaldo Quintanilla, estamos
reunidos aquí para despedirnos de esta chica que estaba llena de vida, llena
de amor y futuro. Su familia era una buena familia cristiana, que intentaba
sobrevivir en un mundo cada vez más injusto. Muchos quieren aprovechar
esta muerte para sus asuntos políticos, pero el único reino que importa es el
reino de Dios.
Cosme miró a la familia y tuvo que aguantar las lágrimas.
—Siento mucho esta pérdida, Dios es misericordioso y Marta era una
buena chica, espero que Jesús, que murió por nuestros pecados, reciba su
alma hasta la resurrección de los muertos. Amén.
15. Mal negocio
No se lo podía creer. Estaba en todas las televisiones y las redes sociales. La
policía no iba a parar hasta dar con ellos.
—¡Hay que cerrar todo esto! —le gritó a su mano derecha, Alí.
—Pero tenemos que cumplir con…
—¿Quieres que acabemos todos en la puta cárcel? No, ¿verdad? ¿Sabes
lo que le hacen a los que abusan de menores? No querrás saberlo.
Mohamed mandó que todo el mundo saliera del edificio, comenzaron a
destruir discos duros, ordenadores, servidores y después los estudios, las
cámaras y cualquier cosa que pudiera relacionarlos con la chica.
—¿Qué hacemos con las chicas? Pueden hablar.
Mohamed sabía que corrían ese peligro, pero no podían matar sin más a
veinte mujeres. Algunas estaban tan enganchadas que no sabían ni lo que
ocurría a su alrededor.
—Las más enganchadas llevarlas al poblado, que se prostituyan allí, las
más jóvenes traedlas, al resto amenazarlas.
Cuatro chicas se presentaron delante de Mohamed a los pocos minutos,
dos de ellas eran las chicas marroquíes.
—Estáis de suerte, os voy a dar a cada una cien mil euros, pero debéis
tener la boca cerrada, si alguna comenta cualquier cosa sobre este sitio o lo
que ha ocurrido aquí, la mataremos a ella y a toda su familia. ¿Lo habéis
entendido?
Las chicas afirmaron con la cabeza y con los ojos mirando al suelo.
—Ahora marchaos —dijo después de darles el dinero.
—¿Crees que hablarán? —le preguntó Alí.
—Por su bien, espero que no.
Mohamed no estaba tan seguro, tampoco de cómo iba a reaccionar su
socio. Aquella gente era muy poderosa, aunque él se había guardado un as
en la manga por si las cosas se ponían feas. También había alquilado un jet
para huir a Marruecos y poner a salvo a su familia, aunque en el fondo
esperaba que las aguas regresaran a su cauce, las noticias eran enseguida
sustituidas por otras, en el mundo que les tocaba vivir, nada duraba
demasiado tiempo.
16. Decisiones
Adela miró por la ventana, pensó que tal vez en el exterior, si se alejaba lo
suficiente, por el jardín lograría tener cobertura y hablar con el comisario.
—¿Qué te pasa? Pareces incómoda.
—Nada, tenía que hablar con mi tío. Te acuerdas que me llamó. He visto
lo de la chica que violaron en todas las redes.
—En el edificio no hay cobertura, pero creo que en el despacho hay un
teléfono fijo.
—Gracias —dijo la inspectora mientras se alejaba por el pasillo. Intentó
contactar con Peral, el comisario con el que había empezado en el cuerpo y
el único en el que confiaba. La policía, como la justicia, se estaba
politizando cada vez más.
—¿Peral? Soy Adela Palazuelo, te llamo por este teléfono porque
estamos en un piso franco, tenemos al presidente de Argentina, hemos
sufrido un intento de secuestro.
—¡No jodas!
—Sí, pero todo ha salido bien. El presidente quiere ir su hotel y esta tarde
al mitin, pero Saavedra le ha comentado que por su seguridad no se lo
podemos permitir.
—¿Qué mierda es esa? Es un representante de un Estado soberano, no
podemos retenerlo.
—¿Qué hago? No quiero…
—¿No está contigo María Robles?
—No, creo que ella está en dispositivo de Vistalegre.
—Sácalo de la casa y llévalo al hotel.
—Pero el ministro...
—Me hago cargo, te eximo de cualquier responsabilidad, es una orden.
—Está bien. Si intentan impedírmelo. ¿Puedes enviar refuerzos?
—¿Cómo lo van a impedir?
Adela pensó que era mejor no preguntar. Llamó a su compañero.
—Quiero que entretengas a los otros inspectores.
—¿Por qué?
—Cumplo órdenes. Dame las llaves del coche.
El chico se las entregó sin rechistar. La inspectora fue hasta el salón y le
dijo al presidente:
—Nos vamos, señor presidente.
—Menos mal, pensé que me iba a quedar en esta casita de mierda.
—Le llevaré directamente a Vistalegre, si le dejo en el hotel puede que
no le dejen salir.
—¿Qué país de mierda es este? Soy un mandatario extranjero, me deben
un respeto.
—Pues creo que hubiera sido mejor que no se metiera con la familia del
presidente.
Entraron en el garaje y pusieron en marcha el coche, la puerta comenzó a
abrirse lentamente. Se escucharon voces en el pasillo.
—¡Venga, mierda!
La puerta apenas superaba medio centímetro el techo del coche cuando
Adela pisó a fondo, se escuchó cómo derrapaban los neumáticos y giró
bruscamente a la derecha.
—Conduce peor que un taxista de Buenos Aires —dijo jocoso el
presidente mientras se agarraba.
Adela miró por el espejo retrovisor y vio a varios inspectores que los
seguían corriendo.
El presidente llamó a sus hombres para que le fueran a buscar a
Vistalegre y después telefoneó a la embajada para que enviaran refuerzos.
—No me van a sacar de esa plaza de toros ni con el ejército, carajo.
Adela le miró de reojo, pensó que el mundo debía estar muy mal para
elegir a un individuo tan esperpéntico como presidente, pero cosas peores
se habían visto.
17. Hijo de Satanás
Cosme se despidió de la familia y se machó del tanatorio con el pastor
Brayan, sabían dónde se encontraba la nave del famoso Libua, pero cuando
llegaron allí se dieron cuenta de que unos hombres estaban vaciando el
edificio.
—Parece que tienen prisa por borrar las huellas —comentó el pastor.
—No podemos dejar que se salgan con la suya.
—¿Cómo se lo vamos a impedir? Son hombres peligrosos.
—Pues llamando a mi sobrina, ella sabrá cómo actuar.
Cosme insistió varias veces, pero no logró dar con ella.
—Debe estar con lo del presidente ese de Argentina. Es en Vistalegre.
—El mitin de Voce Magna, el partido de Rodrigo Amador. No nos van a
dejar entrar a un gitano y un mulato.
Cosme sonrió, aunque estaba muy nervioso, no quería fallarle a la familia
de la chica.
—Pues tendrán que dejarnos.
Mientras los dos se encaminaban a la plaza de toros, Adela estaba
llegando con el presidente. En el aparcamiento de Vistalegre esperaban Juan
Flores y María Robles. También unos diez agentes argentinos.
—¿Qué ha pasado? —preguntó María al ver a su compañera.
—Ya te contaré. ¿Cuánto queda para el mitin?
La mujer miró su reloj de pulsera.
—Una hora y media más o menos. Está todo casi preparado.
Subieron por los ascensores y llevaron al presidente con su esposa y el
resto de la comitiva a la sala vip. Todavía no había llegado Rodrigo
Amador.
Apenas habían dejado al hombre en la sala cuando apareció Saavedra con
sus hombres.
—¿Por qué te has llevado al presidente?
Adela le miró desafiante.
—Cumplía órdenes del comisario Peral.
—Yo soy el responsable de seguridad, no Peral.
—Tú eres el responsable del operativo y del edificio, pero la seguridad
personal del presidente se la dieron a mi equipo.
—Pues digo que no se puede celebrar el mitin.
—Tendrás que traer una orden judicial.
—Es una orden directa del ministro.
En ese momento apareció Rodrigo Amador, llevaba un traje impecable,
la camisa ajustada y sus ínfulas de dandi.
—¿Qué sucede, inspectores?
—No se puede celebrar el acto, no se dan las medidas de seguridad
adecuadas.
—Tenemos los permisos. ¿Qué juez ha dictaminado lo contrario?
—¡Joder con los putos jueces!
—Hagan su trabajo y déjenos en paz.
Amador entró en la sala vip y saludó al presidente, no sabía que aquel
hombre de melena alborotada y sonrisa bobalicona estaba a punto de
traicionarlo y ponerlo en evidencia delante de todo el país. Al fin y al cabo,
la política era el arte de lo posible y Lucich ya había apostado por el caballo
ganador y este era Albatros.
18. El juez
El presidente Pérez llamó al ministro, que se sorprendió al saber que Lucich
estaba en Vistalegre.
—Ese gilipollas al final va a dar el mitin y además Albatros ha salido en
todos los periódicos, radios y televisiones a pesar de que lo tenemos vetado.
—Es un payaso. Nadie se lo toma en serio —le dijo el ministro.
—¿Nadie se le toma en serio? Tengo aquí delante una encuesta que
hemos hecho nosotros y otra del CIS: ese gilipollas se quedaría cuarto, por
delante de la gallega, lo que nos deja fuera del gobierno. Seguramente
apoyaría a la derecha e intentaría gobernar en cuatro años. Ese cabrón es un
pequeño Lucich, no es economista, pero tiene mucha labia.
—¿Quieres que llame a alguno de mis amigos jueces?
—Sí, que impidan la celebración del maldito mitin.
—Pero si esto trasciende...
—Me han acusado de casi todo, han ido a por mi familia. ¿Me han
conseguido apartar del poder? No, ¿verdad? Pues para a ese hijo de puta
argentino.
El ministro llamó a viejo amigo magistrado, un nombre que sonaba para
la renovación del Tribunal Supremo porque el Constitucional ya estaba
“ordenado”.
—No puedo hacer eso. Me juego la carrera, saldré en todos los
periódicos del mundo.
—No seas cobarde, tienes la protección del gobierno. Tenemos que salvar
a España.
—Al presidente le quedan dos telediarios, en las encuestas…
—El presidente tiene siete vidas, ha sobrevivido a todo, hasta a una
pandemia.
—Puede que él sí, pero yo caería enseguida.
—Pues olvídate de lo del Tribunal Supremo.
—Eso ya veréis cómo lo hacéis, pero no puedo, lo siento.
El ministro colgó y a continuación mandó un mensaje al presidente.
“Lo siento, pero no podemos hacer nada”.
Pérez entró en cólera al leer el mensaje, no estaba acostumbrado a que le
dijeran que no, pero parecía que aquella vez no podría salirse con la suya.
________________________
Albatros se acercó a Vistalegre, sabía que era peligroso meterse entre la
militancia de Amador, pero no quería perderse nada. Se había puesto una
sudadera, en lugar de sus corbatas y camisas, intentando pasar
desapercibido con su novia y su amigo. No tenían buenos sitios, pero como
todo se retransmitiría en pantallas gigantes, estaba convencido de que no se
perdería ninguna de las reacciones de su contrincante.
—Por ahora todo va a pedir de boca —dijo Albatros.
—Estamos arriesgando mucho —le comentó la novia algo asustada.
—Estamos en España, esto no es Ucrania o Colombia. Aquí no se matan
a los políticos.
—Por ahora —añadió su amigo.
Quedaban unos cuarenta minutos para que comenzara el mitin, pero ya se
percibía el ambiente. La plaza de toros estaba llena, los seguidores del
partido habían aumentado en los últimos años, incluso después de que
Albatros entrara en la campaña y arañara un buen número de votos.
—Te imaginas cuando tengamos tanta gente —le comentó su novia.
—No quiero a esta gente, son unos fachas reconocidos, al menos la
mayoría. La Fragua se ha desentendido de ello. ¿Quiénes pensáis que me ha
dado toda la información sobre Amador y la directiva del partido?
—Si se lo han hecho a ellos, algún día pueden hacerlo con nosotros.
Albatros negó con la cabeza.
—No, cuando quieran hacerlo ya estaremos en el poder. Os lo aseguro.
19. Omar
Toni y sus amigos habían seguido a Omar, pero no le habían hecho nada.
Primero fueron al entierro de Martita y más tarde se fueron a la casa del
camello. Toni había pegado un buen puñetazo al político de mierda que se
había presentado en el entierro, todavía le dolía la mano, pero esa gente era
carroña. Estaba dispuesta a cualquier cosa para poder medrar en política.
Vieron a Omar salir de su casa y subirse en su moto. Se abalanzaron
sobre él y le llevaron al callejón, para que nadie los viera.
—¿Dónde vas?
—¿Qué hacéis? ¿No sabéis quién soy?
Toni le dio un par de puñetazos en el estómago para bajarle los humos.
—¿Dónde vive tu jefe?
—No sé de qué me habláis.
Ismael le dio otro par de puñetazos, pero estos en la cara, cuando el chico
comenzó a sangrar paró.
—Solo queremos su dirección.
Omar se lo pensó un poco, se había enterado de que Libua estaba
vaciando la nave, eso solo podía significar que se marchaba de vuelta a
Marruecos. No le debía nada.
—Está bien. Vive en Somosaguas, calle del Lucero número 12.
—¿Quién le llevó a mi prima? ¿Fuiste tú?
—No, Mohamed tiene a varios ayudantes, yo me encargo más de
Orcasitas, de Pan Bendito se encarga Deivy, el dominicano.
Le dieron un par de puñetazos más y se fueron todos al coche, irían
primero a la nave para prenderle fuego y luego a la casa.
—Tenemos que buscar a ese Deivy —dijo Toni.
—Le conozco, es un dominicano que vive cerca de mi casa, un tarado,
creo que se le fue la cabeza de tanto meterse droga.
Los tres se llegaron a la nave, llevaban varios bidones de gasolina y unos
aceleradores de barbacoa, esperaban que aquella nave llena de mierda
ardiera e iluminara a toda Orcasitas.
20. Intento
—Hemos fallado la primera vez, pero no lo haremos otra vez —dijo la
mujer a sus compañeras.
—¿Qué quieres que hagamos? Ya no podemos secuestrarlo.
—Algo mejor, justo a las nueve conectarán con todas las televisiones. He
logrado unos pases especiales, saldremos al escenario y sacaremos unas
pancartas, que todo el mundo sepa que es un misógino y un cerdo machista.
No es tan efectista como lo otro, pero conseguiremos que nos vean en todo
el mundo.
—¿Enseñamos las tetas? —preguntó una de las más jóvenes.
—No, qué manía, ya nadie nos toma en serio por eso.
La líder repartió las entradas, prepararon los carteles y una media hora
más tarde estaban en dirección a la plaza de toros.
Al pararse en la puerta una chica del grupo de origen brasileño comentó:
—Mira que tener que aguantar esto, una plaza de toros, deberían
derribarlas todas.
Pasaron el control sin dificultad y se acercaron a su graderío. Lo único
que tenían que hacer era esperar el momento indicado y entonces el
espectáculo podría comenzar.
21. Chicas
Cosme y Brayan estaban a punto de irse a Vistalegre cuando vieron salir a
dos chicas. Eran marroquíes. Cosme no las había visto antes, pero Bryan las
había visto por el barrio y creía que podrían ayudarlos a atrapar a Libua. En
cuanto los vieron acercarse se asustaron.
—Queremos hablar con vosotras —comentó Brayan.
—Tenemos prisa.
—¿Conocéis a Mohamed, muchos le llaman Libua?
Miraron a Cosme y negaron con la cabeza.
—No le conocemos.
—Claro que sí, ese hombre mató a una niña y sería capaz de hacer lo
mismo con vosotras. Se llamaba Marta, una estudiante.
—No queremos meternos en ningún lío.
Una de las chicas comenzó a dudar.
—Si mi familia se entera.
—Pediremos a la policía que no se difundan vuestros datos —dijo
Cosme.
Las dos chicas aceptaron irse con ellos. No podían ir a una comisaría,
tenían que hablar con Adela. Se encaminaron a Vistalegre, ahora la apuesta
era mucho más fuerte: un mulato, un gitano y dos chicas magrebíes tenían
que entrar en Vistalegre delante de miles de fachas.
3ª PARTE: ESPERANZA
22. Casa
Toni llegó a la nave cuando los últimos coches abandonaban el edificio. Sus
amigos sacaron el acelerante y los bidones de gasolina. Por fuera la
estructura era metálica, pero unas escaleras llevaban hasta una puerta de
cristal, al otro lado el suelo de madera ardería bien si lograban romper el
cristal. Toni golpeó la hoja sin muchas esperanzas, pero el cristal se hizo
añicos enseguida.
Los tres se miraron con aire de triunfo y comenzaron a derramar la
gasolina. Al parecer, nadie había conectado la alarma y tenían todo el
tiempo del mundo.
Toni lanzó el acelerador y una cerilla, dio un fogonazo y el fuego lamió
el suelo del edificio como si buscara saciar su sed. Las llamas iluminaron
sus ojos, en especial los de Toni.
—¡Hijo de puta! ¡Toma de tu medicina!
Los tres chicos corrieron escaleras abajo mientras se escuchaban las
pequeñas explosiones y el humo comenzaba a subir como una columna
negra sobre la estructura cuadrada.
Se alejaron, montaron en el coche y salieron a toda prisa, la casa de
Mohamed se encontraba a cuarenta minutos de allí, pero al estar en una
urbanización de lujo no sería sencillo prender la casa, pero al menos lo
intentarían.
Llegaron a la calle, pararon el coche que desentonaba frente a los coches
de lujo que había aparcados en las calles ajardinadas.
Había una valla blanca tras la que se veían las copas de unos árboles.
—¿Cómo lo vamos a hacer? —preguntó Ismael mientras miraba el muro
y las cámaras.
—Creo que ya estamos grabados —comentó el otro amigo.
—¿Piensas que en la nave no habría? Eso es lo de menos, ese cabrón no
nos va a denunciar por la cuenta que le trae.
Toni bajó del coche y caminó por la calle lateral, allí la fachada de la casa
se pegaba con la valla, arriba estaba cubierta de unos listones de madera
que tapaban en parte los ventanales que daban al exterior.
—Creo que, si quemamos eso, el edificio terminará en llamas como el
otro.
Ismael lo miró con cierto escepticismo.
—¿No lo ves claro?
—Esto es una casa. Puede que haya gente dentro. A lo mejor ese cerdo
tiene familia.
Toni no quería pensar en eso.
—Vamos a acercar el coche.
Pusieron el coche lo más pegado a la valla, subieron con los bidones y
comenzaron a empapar la madera, echaron el acelerante y la madera
comenzó a arder, se quedaron mirando, fascinados por el fuego, hasta que
Ismael vio a unos niños asustados dentro.
—¡Joder, hay niños dentro!
A Toni le cambió el semblante, no sabía qué hacer, miró a sus amigos y
después atravesó las llamas y se lanzó contra el cristal. Tenía que sacarlos
de allí.
23. Traición
Amador parecía exultante. Las gradas estaban llenas a rebosar. Parecía que
el país entero por fin se fijaba en él. El trabajo de todos aquellos años había
merecido la pena. El presidente de Argentina aún se encontraba entre
bambalinas, pero Lucich le daría el apoyo que aún le faltaba. El mundo
estaba cambiando y era únicamente cuestión de tiempo que le diera una
oportunidad para cambiar el rumbo del país.
Amador se dio la vuelta y miró a su esposa, y al resto de los compañeros
que habían estado a su lado durante todo aquel tiempo. Levantó los brazos y
comenzó a hablar. Siempre se le había dado bien comunicarse con las
masas, como si de un juego de seducción se tratase.
—Amigos y compatriotas, ha llegado nuestra hora.
La gente comenzó a gritar emocionada.
—El mundo está cambiando, la gente ya no cree a los políticos de
siempre, España necesita cambiar de rumbo, volver a sentirse orgullosa de
lo que ha sido y de lo que será. Quieren que nos avergoncemos de nuestro
pasado, que nos disolvamos en el globalismo que han inventado para
hacernos “felices”, pero cada día somos más pobres y vivimos peor.
Quieren que nuestro país sea como Venezuela, como Cuba o como era
Argentina, pero un hombre cambió la historia de su país, lo ha salvado de la
ruina y el fanatismo. Ruge como un león, es el terror de los zurdos y está
aquí para lanzarnos a conquistar los cielos, pero nosotros no por asalto, sino
por el poder que nos dais todos vosotros.
La gente rugía de emoción, la música sonaba a todo volumen y las
banderas se mecían en un mar rojo y amarillo. El presidente argentino se
acercó al escenario, dio un abrazo a Amador y después se puso delante del
micrófono y gritó con todas sus fuerzas.
—¿Cómo se ruge en España? ¡Qué nos escuchen y tiemblen esos zurdos
hijos de puta!
24. El gitano y el mulato
Adela ya tenía suficientes problemas, pero cuando vio a su tío Cosme deseó
que se lo tragase la tierra. Miró al escenario, el presidente argentino se
encontraba frente a la multitud y ya no era de su competencia, otra cosa
sería escoltarle de nuevo hasta el hotel y al día siguiente hasta el aeropuerto.
Apenas había pensado en el ascenso prometido, en el fondo lo que le
gustaba era la acción y no se veía como comisaria ni jefa de sección.
—Juan, está aquí mi tío. ¿Me echas una mano?
El hombre se lo pensó, al fin y al cabo, su papel era la seguridad del
recinto. María los miró de reojo, pero se quedó en su puesto.
—¿Qué sucede?
—Es lo de la chica que apareció en Orcasitas, la que violaron y acaba de
morir en el hospital. Mi tío viene con dos crías y tengo que hablar con él.
—¿Qué quieres que haga?
—Ven.
El hombre la siguió, sentía una gran admiración por aquella mujer
inteligente, fuerte y tan vulnerable al mismo tiempo. No estaba seguro de si
había sido buena idea acostarse con ella, al menos tan pronto, quería que
estuviera en su vida y que no fuera una simple aventura de una noche.
Cosme se alegró al ver a su sobrina, pero miró con cierta desconfianza al
hombre que le acompañaba. Adela no sabía escoger bien sus parejas y sus
relaciones terminaban como el rosario de la aurora.
—Adela, ya conoces a Brayan. Creo que estas dos chicas han sido
captadas por la organización de un tal Mohamed, que al parecer hacían
videos porno online con menores y además hacían escenas violentas.
Creemos que eso es lo que sucedió con Martita, se les escapó de las manos.
—Estoy de servicio, protejo a ese majadero —dijo mientras señalaba al
presidente que estaba a punto de hablar.
—Ya, pero ese tipo se está deshaciendo de todas las pruebas y seguro que
se larga. Las chicas no saben dónde vive, pero un tal Omar sí. Hay que
detenerlo.
—Llama a la policía.
El hombre se encogió de hombros.
—Ya sabes que no pueden meterse en una casa sin más, deben reunir
pruebas, recibir una orden judicial y, mientras, el pájaro se marchará,
seguramente a Marruecos.
—Tengo las manos atadas.
—¿Cuánto queda para que termine este vodevil?
—No sé, una hora y después debo llevarlo al hotel.
—¿No podrían hacerlo tus compañeros?
—Casi lo secuestran esta mañana. Este capullo tiene muchos enemigos.
Cosme se cruzó de brazos, dos o tres horas era demasiado tiempo.
—Tienes que ayudarnos —le dijo por fin, entonces el león rugió en el
micrófono y todos se dieron la vuelta para escucharlo.
25. Féminas
Las mujeres estaban en la primera fila, llevaban puestos amplios abrigos,
que guardaban debajo los carteles que esperaban enseñar al mundo entero a
la hora indicada cuando saltaran al escenario.
El león rugía, pero ellas no le tenían miedo, sabían que sus colmillos eran
de plástico como los de todos los fanfarrones que habían conocido. No
estaban dispuestas a seguir calladas, a someterse o a vivir con miedo.
La jefa les había prohibido enseñar los pechos, pero una de las
características del grupo era hacer lo que les venía en gana. Las habían
aleccionado bien, escogidas de varios países del mundo, adiestradas en
Ucrania, solo ella sabía de dónde venía el dinero. A veces las “buenas
causas” tenían que utilizar formas torticeras de conseguir financiación.
¿Acaso el partido del coletas no había sido apoyado por Venezuela y por
Irán?; hasta el de Amador se rumoreaba que había recibido pasta de la
oposición iraní, de algunos venezolanos ricos y otros tipos de dudosa
moralidad. La política nunca jugaba limpio y el que lo intentaba quedaba
enseguida fuera del juego. Ella lo había leído en El Príncipe de Maquiavelo
y en El arte de la guerra. Dos libros escritos por dos hombres, pero no por
eso menos interesantes. Al fin y al cabo, los machos habían dominado el
mundo durante milenios, debían aprender de ellos para quitarles por fin y
para siempre el cetro del poder. Ese símbolo fálico que todos ellos
adoraban.
Las mujeres miraron sus relojes impacientes, apenas podían soportar el
vomitivo discurso de aquel misógino y retrógrado individuo, pero le darían
la lección que necesitaba ante tanta arrogancia.
La jefa miró a ambos lados, los miembros de seguridad parecían más
embelesados en el discurso del argentino que en el control de los accesos.
Aquel lenguaje vulgar y carcelario encajaba a la perfección con la
mentalidad del segurata, mucha testosterona y poca neurona.
Todas se miraron, en cinco minutos saltarían al escenario y aparecerían
en los telediarios de todo el mundo.
26. Se acabó el chollo
Albatros se relamía de gusto, cada palabra del argentino le parecía miel en
los labios. Sabía que su momento se acercaba y sentía que el corazón se le
aceleraba a mil por hora.
—¡Mierda, suéltalo ya! —exclamó en voz alta sin darse cuenta. Varios de
los militantes le observaron.
—Pero ¿tú eres el Albatros ese? Por tu culpa estamos perdiendo votos,
los patriotas deberíamos estar unidos. “Se acabó el chollo” es tu partido,
pero el que se va a terminar eres tú.
—Te has equivocado amigo, a muchos les pasa, pero yo no soy el
desgraciado ese. Milito en el partido por Cádiz que es tierra por conquistar,
que está llena de rojos.
Los dos hombres comenzaron a dudar y cuando el presidente argentino
hizo una pausa, todo el mundo se quedó callado, el presidente tenía a su
auditorio en vilo.
—Bueno, será mejor que nos dejéis escuchar el discurso, que para eso
hemos venido.
Los dos hombres se dieron la vuelta y Albatros resopló de alivio.
El argentino levantó las manos y con su sonrisa cínica comenzó a decir:
—Ahora llegó la hora de la verdad…
27. Tormenta
Todo podía salir mal, al menos eso es lo que pensaba Amador mientras
escuchaba al presidente argentino. En España no todo el mundo entendía el
lenguaje estridente de Lucich ni su ironía puramente argentina.
—España necesita un cambio, no puede ser que desde que comenzó la
democracia los políticos no hayan hecho otra cosa que aprovecharse de este
bello país. Nosotros tuvimos a Perón y ustedes a Franco, pero, aunque los
dictadores mueran sus hijos siguen gobernando, cambian de forma y
nombre, pero son los herederos de un sistema inventado para que los
mismos sigan siendo ricos y el resto pobres. España necesita más
liberalismo y menos estado.
La gente bramaba entusiasmada como si el político fuera una especie de
estrella del rock.
—Ahora la pregunta pertinentes es ¿Rodrigo Amador puede cambiar las
cosas? ¿El partido que fundó hace más de diez años va a regenerar España?
Las dos preguntas se quedaron en el aire, la gente enmudeció como si
todo aquel inmenso auditorio estuviera conteniendo el aliento.
—¡No! ¡No! ¡No!
El público estaba tan impresionado que nadie se atrevió a reaccionar, no
sabían si era un nuevo truco de aquel hombre provocativo que nunca se
sabía por dónde podía salir.
El argentino levantó un documento.
—¡Rodrigo Amador y todos sus colaboradores han recibido sobresueldos
durante todos estos años. Están en política para hacerse ricos, no para
ayudar al pueblo. Amador siempre ha estado en política. Militó en varios
partidos y ha vivido del Estado toda su vida. ¿Un liberal puede estar
contento con esto? ¡No! Albatros es el hombre que puede cambiar España,
un hombre honrado que está dando de su tiempo y de su dinero por el país.
Amador se quedó pálido, no supo cómo reaccionar, pensó en quitarle el
micrófono al argentino, pero aún no lograba asimilar lo sucedido. Aquel
hombre le había traicionado delante de su propia gente y encima había
elogiado a su enemigo.
—¡Este hombre no es de fiar! ¡Pido que en las próximas elecciones todo
el mundo vote por Albatros y su partido! —gritó el presidente mientras
señalaba a Amador.
En ese momento unas mujeres subieron al escenario y extendieron sus
pancartas. El caos se apoderó de la plaza de toros, la gente comenzó a huir
despavorida. Todos creían que era un atentado y el caos se apoderó de la
multitud.
—¡Mierda! —exclamó la inspectora, saltó al escenario y comenzó a sacar
de allí al presidente. Juan y María la ayudaron.
—¿Dónde vamos? —preguntó su compañera.
—Vamos al aparcamiento.
Cosme, Brayan y las dos chicas los siguieron.
—¿Qué haces tío?
—Te necesito y no voy a perderte de vista.
—No es el momento. ¿No has visto lo que ha pasado?
—Estas chicas están aterrorizadas, ha muerto una adolescente. Los dos
barrios están a punto de enfrentarse en una guerra campal y mucha gente va
a resultar herida y alguno incluso muerto.
—Está bien —dijo la sobrina mientras todo el grupo subía a dos coches.
—¿Dónde me llevan? —preguntó el argentino.
—A un sitio seguro —contestó Adela y cuando los coches salieron a toda
velocidad del aparcamiento. El mejor lugar para esconderse era Pan
Bendito, allí nadie iba ir a buscarlos.
28. En llamas
Toni agarró a los dos niños y se los llevó hacia la salida, apareció una mujer
que gritaba asustada mientras intentaba abrir la puerta pero estaba
bloqueada, se giró hacia la mujer y le dijo:
—¿Por qué no se abre?
—Mi esposo me pidió que la cerrara, decía que estábamos en peligro.
—¿Dónde está la llave?
La mujer señaló hacia las llamas.
—¿Hay algún sótano?
—Un semisótano —dijo la mujer sin dejar de temblar. Toni le entregó al
más pequeño y tomó al otro niño. La escalera que descendía al semisótano
se encontraba muy cerca de las llamas, el calor era insoportable, pero
lograron llegar y cerrar la puerta, bajaron por las escaleras iluminadas por
las luces de emergencia.
—¿La casa no tiene sistema antiincendios?
—Sí, no tardará en saltar.
Unos pequeños aspersores en el techo comenzaron a soltar agua, los caló
hasta los huesos, pero al menos se sintieron a salvo. El problema ahora era
el humo. Toni buscó toallas de un baño, las empapó y las colocó debajo de
la puerta.
Cuando la mujer se tranquilizó un poco le preguntó.
—¿Quién eres? ¿Qué haces aquí?
Pensó en decirle la verdad. Tal vez merecía saberlo, pero al fijarse en los
niños se limitó a decir:
—Pasaba por la calle y vi el humo, pensé que alguien podía necesitar
ayuda.
—Muchas gracias —le dijo la mujer entre lágrimas.
El fuego se apagó y unos minutos más tarde subieron a la planta baja y la
mujer abrió todos los ventanales para que saliera el humo.
—Me voy a ir —dijo Toni a la mujer, que tomó las llaves y abrió la
puerta.
—Muchas gracias por todo.
Justo en ese momento Mohamed entró en la casa con varios hombres y se
quedó mirando al chico.
—¿Qué ha pasado? —preguntó al notar el humo.
—Ha habido un incendio —contestó su mujer mientras le abrazaba.
—¿Quién es este?
—Este chico ha salvado a los niños.
El hombre frunció el ceño. Le miró de arriba abajo.
—Tu cara me suena —comentó mientras sus hombres rodeaban al
muchacho.
Tragó saliva y pensó alguna forma de escapar de aquella casa. Era
consciente de lo que era capaz de hacerle aquel hombre, mucho más si
descubría que por su culpa toda su familia podría haber muerto.
29. El barrio
Los dos coches llegaron al barrio en unos pocos minutos, nadie los siguió o
al menos eso es lo que pensaba Adela. Se acercaron al edificio en el que
estaba la iglesia de Cosme y aparcaron en la puerta, no había demasiada
gente a esa hora por las calles.
—¿Tienes la llave? —preguntó a su tío. Al estar sancionado no sabía si le
habían quitado el pastorado de la iglesia.
—Sí, claro, a la gente de la iglesia no le importan las tonterías de la
denominación. Ellos son los que me eligieron como pastor después de
que…
El hombre no terminó la frase, no quería recordar a su sobrina que había
sustituido a su padre.
—¿Dónde me han traído? —preguntó el argentino a la mujer, era la única
en la que parecía confiar.
—Estamos en un lugar seguro, se quedará aquí con Juan y María hasta
que aclare con mi jefe cuál es la mejor opción.
—Lléveme a mi embajada.
—Puede ser peligroso, es la segunda vez que recibe un ataque en un día.
El hombre frunció el ceño, pero aceptó al final la sugerencia de la
inspectora.
—Está bien, pero quiero hablar con mi esposa, seguro que está
preocupada.
—Yo me encargaré de eso —dijo Adela y después salió con su tío del
cuarto.
—Lo dejaremos aquí, mientras te acompaño a la casa de ese mafioso.
Cosme sonrió, sabía que si alguien podía atrapar a ese cerdo era su
sobrina.
Subieron a un coche. Iban ella, Brayan y su tío.
—¿Dónde vive?
—No lo sé, te comenté que debíamos interrogar a un tal Omar, de ese sí
sé la dirección.
La mujer metió en su teléfono la calle, estaba muy cerca. Mientras se
desplazaban a la casa del camello llamó a Peral, él sabría qué hacer con el
presidente argentino.
—¡Es increíble! ¿Y te lo has llevado sin más?
—Sí, necesitaba ponerle a salvo.
—¿Estás con él?
—No, lo he dejado a buen recaudo, tengo otro problema.
La mujer escuchó cómo el hombre daba un gran suspiro.
—¡Dios mío, al final no voy a lograr jubilarme con estos disgustos!
Adela sonrió y comenzó a explicarle lo sucedido, mientras el comisario
no hacía más que resoplar.
30. Caída
En apenas unos minutos, la vida de Amador perdía todo el sentido. Todo su
esfuerzo había sido tirado por la borda. Todos los medios de comunicación
y redes sociales hablaban de él. Hacían memes y publicaban las
transferencias de los sobresueldos y otros papeles. Aquello demostraba que
todo había estado planeado y que no era una ocurrencia de aquel maldito
argentino.
—¿Qué vamos a hacer? —le preguntó uno de los miembros de la
dirección del partido.
Por primera vez en su vida no supo qué responder y se encogió de
hombros.
—Tendremos que aguantar la tempestad y cuando pase intentar salvar lo
que se pueda.
Su mujer se acercó y le abrazó.
—Mucha gente sigue confiando en ti. En España en todos los partidos
han surgido escándalos y al final no ha pasado nada. Lo que hacíais no era
ilegal, puede que fuera poco moral, pero no habéis robado a nadie.
Amador agradecía las palabras de su mujer, aunque sabía que no sería
suficiente para que España le perdonara. Ellos debían mostrarse más
honrados que el resto, de otra forma, ¿cómo iban a criticar el bipartidismo y
a los dos partidos que habían gobernado el país en los últimos cuarenta
años?
—No todo es tan malo —dijo uno de los asesores—, todo el mundo habla
de la desaparición de Lucich y la intervención de las féminas esas.
Eran cortinas de humo, que apenas podrían tapar, por unas horas, el
incendio en su propio partido.
El monitor gigante estaba sintonizado con las noticias de una cadena
privada muy importante cuando apareció el careto de Albatros. Si odiaba a
alguien era a aquel tipo oportunista y con cara de estúpido.
—¡Sube el volumen, joder! —gritó furioso.
El asesor lo subió con el mando y todos se quedaron atónitos delante de
la pantalla.
“Lo que ha pasado hoy en España pone en evidencia que todos los
partidos están corruptos y que nuestro país necesita una regeneración
profunda. Lo que ha sucedido en el partido de Amador no es una excepción
de la regla. Creo que debería dimitir y dejar a gente realmente honrada que
transforme este país. Hago un llamamiento a todos los militantes de su
partido, serán admitidos inmediatamente en nuestra organización, eso sí,
todos los que no sean sospechosos de este escándalo de corrupción”.
El rostro de Albatros se iluminó, sus ojos claros y su pelo engominado
brillaron por un instante. Con aquellas declaraciones estaba dando la
puntilla al partido de Amador.
—¡Será hijo de la gran puta! Nos acaba de borrar del mapa. Nunca había
logrado salir en la televisión, pero ahora le llamarán de todas. Algunos se
alegrarán de sacarme de la carrera, pero este tipo es mucho más
conservador que nosotros.
Todos se quedaron mudos, sabían que su jefe tenía razón, además de
perder sus cargos y todo por lo que habían luchado en los últimos años, iban
a ser sustituidos por algo parecido a un Bolsonaro español.
—Bueno, todo tiene un comienzo y un final —le dijo su esposa.
—Ya, pero yo no me merecía esto.
Amador había puesto algunas zancadillas y había sacado a contrincantes
políticos de la carrera, pero aquello era un golpe bajo.
—La política es así —contestó su mujer. Lo que realmente le apetecía era
aplastar a aquel cerdo, pediría a sus amigos que le investigasen, nadie es
honrado cien por cien, solo hay que saber buscar bien.
31. Venganza
Las habían detenido pero, a las pocas horas, estaban todas en libertad, la
policía estaba demasiado ocupada como para pensar en ellas. Las cosas no
les habían ido mal del todo. Además de conseguir publicidad para su causa,
denunciar a un estúpido como Lucich, habían visto caer a Rodrigo Amador,
otro de los políticos misóginos del país.
—¿Ahora qué vamos a hacer? —preguntó una chica.
—Bueno, creo que ya hemos hecho suficiente.
—Pero ¿esto no ha causado tanto impacto como si lo hubiéramos
retenido?
—Bueno, es cierto, pero eso es un delito…
Una de las compañeras parecía furiosa, estaba harta de que siempre se
quedasen a medias.
—Tengo localizado a Lucich y vamos a ir a por él.
—¿Os habéis vuelto locas? Os ordeno que no le hagáis nada.
—Nuestra organización se caracteriza por tomar las decisiones en
consenso. ¿Cuántas queréis atrapar a ese cerdo?
Más de la mitad de las mujeres alzaron la mano.
—Creo que hemos ganado, ese cabrón está en un edificio de Pan
Bendito, le metí un localizador en el bolsillo de la chaqueta antes de que se
lo llevaran a toda prisa.
—Yo no voy a permitir…
Su compañera se acercó y la señaló con el dedo.
—Quédate aquí lamentándote de todo lo que nos hacen esos machistas de
mierda, pero nosotras vamos a actuar.
Las chicas se subieron a la furgoneta. Ella se lo pensó dos veces, pero
prefirió acompañarlas, no quería que sucediera algo más grave que pudiera
desprestigiar a su organización. Llevaban años luchando por los derechos
de las mujeres y todo podía irse al traste en un segundo, por aquellas
malditas locas.
32. Decisiones
Ismael miró a su amigo, habían visto que Mohamed y sus hombres entraban
en la casa. El fuego parecía sofocado, pero estaban preocupados por lo que
podía pasarle a su amigo.
—¿Llamamos a la policía?
—No, hemos quemado una nave y una casa. ¿Qué le vamos a contar? —
le respondió Ismael.
—Entonces, ¿qué vamos a hacer para sacarlo de ahí?
—Solo conozco a una persona que puede echarnos una mano, Cosme, el
pastor.
El pastor gitano se había ganado la fama y el cariño de todos los vecinos,
porque habían visto que era capaz de sacrificar todo por ellos.
—¿Tienes el número?
—No, pero mi madre sí.
Ismael le mandó un mensaje y esta no tardó en enviarle el contacto,
aunque mostró algo de preocupación. Nadie acudía a Cosme a no ser que
estuviera en serios problemas o le hubiera sucedido algo. Ismael tranquilizó
a su madre y llamó al pastor.
Cosme tardó en contestar, notaba que algo le vibraba en el pantalón, pero
estaban llegando a la casa de Omar y no quería distracciones. Cuando
observó la pantalla vio que no era un número conocido, pero le habían
enviado un mensaje.
—¡Dios mío! Ya tengo la dirección —dijo su tío mientras le entregaba el
teléfono.
—Es en Somosaguas —comentó la inspectora mientras daba un giro de
180 grados y corría en la dirección contraria. Peral le había dicho que
enviaría refuerzos para escoltar a Lucich hasta su embajada, pero Adela no
se fiaba de Saavedra y de lo que pudiera estar tramando con el ministro de
Interior.
Llegaron enfrente de la casa del mafioso y vieron a los dos chicos que se
les acercaban.
—¿Qué ha pasado? —preguntó Cosme y los dos amigos le contaron
brevemente lo sucedido.
—Tenemos que pedir refuerzos —dijo Adela, si había cuatro o cinco
hombres armados en la casa no podrían enfrentarse a todos ellos.
Cosme frunció el ceño.
—Ese chico puede estar en peligro.
—¿Cómo los vas a detener?
—Creo que hay una forma —comentó su tío y ella se echó a temblar.
Sabía que los métodos expeditivos que siempre usaba y que solían ser
ilegales, podrían meterlos en un lío.
33. Cuestión de Estado
Saavedra había recibido la orden de dar con Lucich y montarlo en un avión
para sacarlo del país. La zorra de Adela se lo había llevado a pesar de que
era su responsabilidad. El ministro no había tardado en llamar y exigir que
localizasen al presidente argentino y le pusieran en un avión rumbo a su
país.
—Estoy haciendo todo lo que puedo, pero una inspectora se lo ha llevado
y nadie sabe dónde está.
—Rastreen el teléfono de la inspectora, pero espero resultados en una
hora.
Saavedra colgó el teléfono y miró al técnico.
—En las películas parece muy fácil, pero en la vida real no lo es tanto.
Además hay un margen de error grande.
—¿Dónde están? Para eso te pagamos un dineral.
El técnico al final logró encontrar la dirección.
—Es por Somosaguas.
—¡Estupendo! ¡Vamos! —exclamó a su grupo mientras todos subían a
los coches. Ya se encargaría de esa zorra después, lo importante era ahora
recuperar al presidente y que no trascendieran todos los fallos de seguridad
que habían tenido.
Los coches salieron a toda velocidad, esperaban llegar antes de que su
compañera se llevara al presidente a la embajada. Lucich era capaz de
quedarse unos días en Madrid para seguir apoyando a ese impresentable de
Albatros y seguir poniendo a los españoles en contra de su presidente.
Además, el ministro le había prometido un ascenso si cumplía bien su
misión.
34. Apuros
Toni se quedó mudo, petrificado y con la boca seca. No sabía cómo
reaccionar, tenía que pensar en algo rápidamente.
—Juego al fútbol en el Real Madrid, formo parte de la Sub15.
Mohamed le miró con incredulidad.
—¿Qué hacías en mi casa? ¿Cómo has entrado? La puerta estaba cerrada.
—Bueno, ya te he dicho que vi el humo, me subí a la valla, salté y rompí
el cristal. Siento los desperfectos, pero pensé que alguien podría estar en
peligro.
El mafioso sonrió y se dio la vuelta haciendo un gesto de complicidad a
sus compañeros, después se giró con rapidez y le propinó un fuerte
puñetazo en el estómago. El chico se inclinó hacia delante y bramó de
dolor.
—¿Te crees que soy tonto? Sé perfectamente quién eres. Tu prima es la
chica que murió. No fue culpa mía. —Miró a su mujer con una expresión de
fastidio—. Prepara las maletas, nos vamos cuanto antes. —Esta agachó la
cabeza, parecía contrariada con aquella situación. No era inocente, sabía a
lo que se dedicaba su marido, pero prefería ignorarlo, como si realmente no
estuviera sucediendo.
Su mujer y sus hijos seguían delante, Mohamed hizo un gesto y se
marcharon a las habitaciones de arriba.
—La putita de tu prima me hizo ganar mucho dinero; al principio
disfrutaba, le gustaban los hombres grandes, pero claro, los clientes querían
algo más fuerte, algo que ella no pudo soportar. Fue una desgracia, pero
solo eran negocios.
Toni se revolvió con rabia y le miró a los ojos.
—¿Te gustaría que hicieran eso a tu hija?
Mohamed se sorprendió del atrevimiento de aquel chico. Le enseñó sus
dientes, como un felino antes de atacar.
—Tiene huevos el colombiano, pero yo los tengo más gordos. Atadlo en
esa pared.
El mafioso se sacó el cinturón de cuero y lo estiró, lo levantó en alto y lo
estampó contra la espalda del chico. El primer impacto fue brutal, pero los
que le siguieron fueron aún peores. La piel ya estaba abierta y la sangre le
manaba por la espalda.
—Espero que aprendas la lección, hay gente con la que es mejor no
meterse.
Toni gritaba con todas sus fuerzas hasta que sonó el timbre, uno de los
hombres miró la cámara y le dijo a su patrón:
—Hay un hombre en la puerta.
—¡Que se vaya a tomar por culo!
—Tiene un cartelito.
Mohamed paró de azotar a su víctima y se giró.
—¿Qué mierda pone?
—Si no sueltas al chico la policía llegará aquí en cinco minutos.
Mohamed golpeó una vez más al chico, tiró el cinturón al suelo y se
encaminó a la entrada. Atravesó el jardín a grandes zancadas y se paró en el
umbral, abrió y observó el rostro serio de Cosme. Era un gitano de mediana
edad, no parecía especialmente fuerte, tampoco estaba armado.
—Suelta al chico, ya le has hecho suficiente daño a su familia.
—¿A ti qué cojones te importa?
Cosme puso los brazos en jarras.
—Su familia va a mi iglesia pero, aunque no fuera, lo que sucede a uno
de mis hermanos más pequeños a mí me sucede —dijo citando las palabras
de Jesús.
Mohamed no estaba acostumbrado a tratar con gente como el bueno de
Cosme, él solo conocía la brutalidad, la venganza y el odio, pero se
encontraba totalmente desarmado ante el amor y el altruismo.
—¡Suéltalo o dentro de unos minutos la casa estará rodeada por la
policía!
35. La iglesia
Las mujeres llegaron a la puerta que estaba cerrada y nada indicaba que
hubiera alguien dentro.
—¿Nos habremos equivocado? El localizador es aproximado.
La jefa parecía contenta, no quería meterse en más líos.
—Será mejor que nos marchemos ahora que estamos a tiempo.
Una de las chicas se asomó a la ventana y vio algo que se movía.
—Están dentro, creo que los he visto.
La jefa frunció el ceño.
—No vamos a hacer nada. Esa gente va armada, si creen que el
presidente está en peligro nos dispararán.
—Nosotras también vamos armadas —dijo la nueva jefecilla sacando
varios espráis de pimienta. Después llamó a la puerta y no tardó en abrir un
hombre.
—¿Qué desean?
—Queremos hablar con el pastor.
El hombre miró al grupo, media docena de mujeres vestidas de forma
extraña. Botas militares, ropa de cuero y los pelos pintados de colores
chillones.
—No está en este momento —dijo Juan. Estaba a punto de cerrar la
puerta cuando la mujer le echó en los ojos el espray.
—¡Mierda! —exclamó mientras las chicas le empujaban, le tiraban al
suelo y una le quitaba el arma.
María intentó reaccionar, pero cuando se quiso dar cuenta ya tenía a dos
mujeres sobre ella. La derrumbaron al suelo y le quitaron el arma.
—Atadlos con cinta americana a las sillas —dijo la jefecilla.
—Pero, esto es una locura —comentó su líder que estaba segura de que
aquello iba a terminar muy mal.
—Solo serán una o dos horas, no hace falta ni sacarlo de aquí. Haremos
un par de vídeos de protesta y un directo, luego nos largaremos.
Las mujeres se colocaron unas máscaras con formas de animales,
abrieron la puerta y rodearon al presidente. Lucich se asustó al verlas.
—¿Qué pasa cerdo, ahora tienes miedo de las mujeres?
—¿Qué quieren de mí?
—Todo a su tiempo —dijo la jefecilla y casi sin darse cuenta comenzaron
a grabar.
36. Vida por vida
Adela estaba casi convencida de que aquello no podía salir bien. Por eso se
marchó a la parte trasera de la casa, por donde los chicos le comentaron que
había entrado Toni. No le costó mucho escalar y saltar al otro lado, pero
intentar bajar por la celosía que quedaba de madera podía alertar a
Mohamed y sus hombres.
La inspectora miró el reloj, esperaba que los refuerzos llegaran en
cualquier momento. No se podía quitar de la cabeza al presidente argentino,
no quería que por intentar ponerlo a salvo hubiese terminado poniéndolo en
peligro.
La mujer se incorporó del suelo, sacó el arma y anduvo sigilosamente
hasta la entrada. Escuchó voces de niños en el piso de arriba, aquello
empeoraba todo. No quería que gente inocente pudiera resultar herida.
Miró por el largo pasillo y vio una sala con la puerta entornada. Un
hombre vigilaba, pero estaba más atento a lo que sucedía en el jardín que
dentro de la sala. Adela aprovechó para acercarse y meterse dentro sin ser
detectada.
Vio la espalda ensangrentada del chico, su cuerpo parecía colgar de las
manos atadas por encima de su cabeza. Lo desató e intentó que no se
desplomase en el suelo.
—Tranquilo, todo va a salir bien. ¿Puedes andar? —le susurró al oído.
El chico intentó incorporarse un poco, pero estaba sin fuerzas y muy
dolorido. Ella logró mantenerlo recto y se encaminaron a la puerta, pero
justo en ese momento el guarda dio un paso atrás, haciendo más difícil el
paso. Adela vio que había otra puerta, no sabía a dónde daba, pero era más
seguro que salir por la que estaba vigilada. La abrió despacio y sacó al
chico, la cerró haciendo el menor ruido posible. Daba a un pasillo, que
acababa en unas escaleras que bajaban, lo que significaba que no había
escapatoria, a no ser que hubiera otra salida al jardín. Bajar al chico por las
escaleras suponía un verdadero esfuerzo. Era muy sencillo perder el
equilibrio y caer rodando por ellas.
Adela comenzó a bajar despacio, pidiendo a Dios que lograran llegar
abajo de una pieza y que hubiera otra vía de escape.
____________________________
Cosme nunca había estado tan nervioso, y eso que a lo largo de su vida
había pasado muchas situaciones límite. No es que temiera a la muerte, la
había acariciado en tantas ocasiones que aquella dama ya no le parecía
peligrosa. Lo que más le preocupaba era dejar solas a su cuñada y a su
sobrina; ya habían sufrido demasiado y no estaba seguro de que pudieran
soportar más. Él no tenía esposa ni hijos, a la mujer que más amó se la llevó
la droga, como a muchas otras buenas personas; nunca había vuelto a amar
de aquella manera. Únicamente había una mujer que despertaba su afecto,
su cuñada, pero la respetaba demasiado para tan siquiera insinuarse.
—¿Quién me asegura de que lo libero y acto seguido llamas a la policía?
Puede que ya estén agazapados ahí.
—No miento, me lo prohíbe mi fe. Si te doy mi palabra puedes estar
tranquilo. ¿En tu religión la palabra de un hombre honrado no cuenta?
Mohamed se acordó de su padre, pero aquello era otro mundo y otra
época, no había conocido desde entonces a alguien del que fiarse de verdad,
ni siquiera sus amigos más íntimos.
—No me fío ni de mi sombra. Vamos a hacer una cosa, mi mujer y mis
hijos se marchan conmigo, el chico se queda con mis hombres, en cuanto
les llame lo liberarán.
—¿Cómo puedo fiarme de que no lo matarás?
El hombre sonrió.
—Te doy mi palabra.
Cosme sabía que un narcotraficante, asesino y traficante de mujeres no
era de fiar, pero ¿qué otra cosa podía hacer?
—Ok, pero yo me quedaré aquí con él.
El marroquí se quedó sorprendido, ¿por qué ponía aquel hombre su vida
en peligro por un mocoso?
—Bueno, veo que no te fías de mí. Te digo que le soltarán, ahora vete,
voy a salir con mi familia, si veo algo extraño lo matarán.
Cosme se dio la vuelta y enfiló hacia los coches. Al llegar a la altura de
los tres hombres miró a todos lados.
—¿Dónde está Adela?
—Ha entrado a por el chico —le contestó Brayan.
—¿Por qué se lo habéis permitido? Ahora tenemos a dos personas que
salvar.
Miró al edificio, él había metido a su sobrina en todo aquel lío y la había
puesto de nuevo en peligro.
37. Directo
Las mujeres comenzaron a grabar, Lucich sudaba por todo el cuerpo, tenía
la camisa empapada y sentía que la corbata le ahogaba.
—Este es el cerdo de Lucich, presidente de la Argentina, un enemigo de
la clase obrera, de las mujeres y de todos los que son diferentes. Ha quitado
de su país el Ministerio de Igualdad y paralizado todas las políticas
igualitarias. Este cerdo liberal, capitalista y machista merece morir, pero
nosotras no somos unas asesinas. Somos las defensoras de la libertad.
Queremos que confiese públicamente sus errores y pida perdón a todas las
mujeres y colectivos de Argentina.
El presidente miró a la cámara, parecía asustado, pero en cuanto sus ojos
se fijaron en el monitor comenzó a decir:
—Creo en la libertad y en la capacidad de todos los seres humanos para
conseguir una vida digna, creo en la igualdad ante la ley y que no hay
ningún tipo de discriminación ni privilegio, creo en el estado de derecho y
en respetar lo elegido por las urnas. No voy a retractarme de nada, cuando
llegué a la Casa Rosada las arcas estaban vacías mientras miles de personas
mamaban del Estado, si de algo me han de condenar, que sea de luchar por
la libertad de mi pueblo, carajo.
La mujer le cruzó la cara y el presidente comenzó a sangrar por la nariz.
Siguieron otros golpes hasta que la cara comenzó a amoratarse.
—¡Pide perdón!
Una de las chicas levantó el pulgar fuera de plano, cada minuto que
pasaba se sumaban varios cientos de miles de personas al directo.
—No voy a pedir perdón. ¡Viva la libertad, carajo!
La jefa comenzó a preocuparse, las chicas parecían muy animadas
golpeando al hombre.
Levantó la mano y les pidió que parasen.
Las dos mujeres se rieron y levantaron la cara golpeada del hombre.
—Este cerdo va a tener un castigo ejemplar.
La jefa miró a los policías atados y pensó que era mejor desatarlos y
acabar con todo aquello, aunque terminasen todas en la cárcel.
38. La ventana
Miraron arriba y vieron la ventana a un par de metros de altura desde el
suelo. Adela buscó algo a lo que subirse, dejó al chico sentado en el suelo y
movió la mesa de pimpón. No era muy difícil subirse, pero sin duda no
tenía fuerzas para sacar de allí al chico.
Atrancó la puerta, para tener el tiempo justo de pensar en un plan de
huida. Podía salir, pedir ayuda a los chicos y sacar a Toni, pero los matones
se darían cuenta antes de que regresara.
—Me tienes que ayudar, tenemos que salir de aquí.
El chico se incorporó con dificultad, logró subirlo a la mesa y tumbarlo
allí, pero cuando ella se puso en pie e intentó que él la siguiera, no logró
levantarlo.
—¡Venga, ayúdame!
—No puedo —dijo el chico casi sin voz. Había perdido mucha sangre,
estaba pálido y tenía un dolor insoportable.
Adela comenzó a desesperarse.
—¡Ayúdame, por favor!
Escucharon pasos que se acercaban y se paraban en la puerta, la manilla
comenzó a moverse, pero al haber atrancado la puerta no pudieron abrir.
—Nos van a atrapar, tienes que intentarlo.
El chico se puso de rodillas, se apoyó en la pared y se cayó redondo.
_____________________________
Mohamed vio que el chico no estaba y corrió con sus hombres por toda la
planta baja, se dirigieron a las escaleras que llevaban al sótano. La puerta
estaba atrancada.
Sabía que era su oportunidad para escapar, pero no quería dejar cabos
sueltos.
—¡Ese maldito viejo me ha engañado! —gritó furioso. ¡Derribad la
puerta!
Los hombres dispararon a la cerradura, pero al ser de metal no lograron
abrirla.
—¡Quemad la casa entera! Después marchaos —dijo mientras corría
escaleras arriba.
Su mujer le esperaba con las maletas hechas, las subió al coche mientras
su esposa sentaba a los niños.
—Ahora vengo —dijo Mohamed. Tenía que sacar todo el dinero que
pudiera, aunque tenía varias cuentas en Marruecos.
Subió hasta el despacho y abrió la caja, sacó el dinero y lo metió en una
bolsa de deporte. Corrió escaleras abajo y se subió al coche, abrió la puerta
y esperó impaciente hasta que pudo sacar el coche. Llevaba el grande para
que entrase toda la familia.
El coche derrapó al pisar el acelerador a fondo, salió a la calle y estaba a
punto de escapar cuando vio dos coches de policía que venían por la calle,
intentó dar la vuelta, pero venían otros dos por el otro lado. Entonces dio
marcha atrás y entró de nuevo en el garaje. Estaba atrapado como una rata,
la única forma de escapar era utilizando a ese chico de rehén, pensó
mientras pedía a su mujer que llevase de nuevo a los niños a la planta de
arriba. Todo el mundo que había creado parecía desmoronarse ante sus ojos.
Bajó hasta el sótano de nuevo.
—Jefe, ¿no se había marchado? —preguntó su hombre de confianza.
—Estamos rodeados, tenemos que atrapar a ese chico, es nuestro billete
de escape de esta ratonera.
Mohamed tomó una palanca e intentó con todas sus fuerzas abrir esa
maldita puerta.
39. Humillación
Ellas querían humillarlo, pero no estaba dispuesto a seguirles el juego.
Aquellas mujeres estaban locas.
Lucich no veía por un ojo y le dolía todo el cuerpo, pero en la vida había
encajado demasiados golpes para amedrentarse con esas damiselas. Intentó
desatarse las manos utilizando uno de sus gemelos, por eso, cuando las
mujeres se entretuvieron con su amiga que parecía intentar que entrasen en
razón, se quitó la cinta de las manos y de los pies y echó a correr.
Las mujeres tardaron en reaccionar, pero una de las más jóvenes corrió
por la sala detrás del hombre. Este se metió en la capilla y vio los bancos,
no había muchos lugares donde ocultarse.
—¡Mierda! —exclamó hasta ver una puerta trasera. Corrió con la
esperanza de que diera a la calle, pero comunicaba con una especie de patio.
El muro era demasiado alto para saltarlo, no tenía escapatoria, vio un cubo
de basura con una tapa redonda de plástico duro y la agarró, cuando la chica
entró en el patio la golpeó con todas sus fuerza, esta se cayó de bruces y él
aprovechó para salir de nuevo a la capilla. Dos mujeres avanzaban por la
capilla. No tenía escapatoria. Le apuntaron con las dos pistolas.
—¡No disparen! —les gritó mientras levantaba las manos.
—¿Pensabas que te ibas a escapar? Aún no hemos terminado contigo.
Las dos mujeres continuaron avanzando mientras él estaba quieto, en ese
momento Juan y María entraron despacio, se fueron ocultando entre los
bancos hasta que al llegar cerca de las mujeres se lanzaron sobre ellas para
arrebatarles el arma. Juan no tardó mucho en lograrlo, pero a María se le
resistió la mujer y forcejearon, se escuchó un disparo y comenzó a manar la
sangre.
____________________________
Cosme vio llegar a la policía, sabía que Mohamed tomaría al chico y a su
sobrina de rehenes. Logró bajar por la tapia y avanzar por el jardín con los
dos amigos de Toni. Al pasar por un lateral escucharon una voz.
—¡Aquí, ayuda!
Miraron hacia el suelo y vieron una ventana alargada y la cabeza de
Adela asomando.
—¿Dónde está el chico? —preguntó Cosme.
—Dentro, pero no puedo sacarlo yo sola.
Los dos chicos se metieron ágilmente por la ventana, empujaron a la
inspectora que dio con su cuerpo en el césped, estaban sacando a su amigo
cuando la puerta del sótano se abrió y los matones corrieron hacia ellos.
Ismael empujó la pierna de Toni y salió entero, pero cuando él intentó
salir notó que algo le agarraba la pierna.
—¿Dónde crees que vas? —le preguntó Mohamed que tiraba con todas
sus fuerzas mientras el amigo del chico y Cosme tiraban del otro lado.
—¡Soltadlo o le disparo!
No podían soltarlo, debían intentar sacarlo de una sola pieza. Adela sacó
su arma y comenzó a disparar por la ventana, Mohamed y el resto de sus
hombres se pusieron a cubierto y Cosme logró sacar al chico.
Corrieron por el césped, pero la valla era demasiado alta para saltarla.
Los chicos podían apoyarse uno en el otro para salir, pero Cosme y Toni era
imposible que la saltaran. Vieron al fondo del jardín una casa de invitados y
corrieron hasta allí, los dos chicos cargando con el cuerpo de su amigo,
detrás iba la inspectora intentado cubrirles las espaldas y Cosme que sentía
que le faltaba el aire.
40. Complicaciones
Saavedra llegó a la puerta del chalé de Somosaguas y supo que algo iba
mal. Un coche dio marcha atrás a toda velocidad y cerró la puerta del
garaje. Mandó a sus hombres que cubrieran todo el perímetro, no llevaban
ni cinco minutos vigilando cuando escucharon que se aproximaban más
unidades de policía.
—¿Peral?
—¿Has visto a Adela Palazuelo?
—A esa precisamente estamos buscando, se ha llevado al presidente.
—Ya lo sé, me contó que querías hacerle un favor al ministro. Nosotros
no estamos aquí para favorecer al gobierno, tenemos que ser neutrales. ¿Lo
entiendes?
Saavedra le miró desafiante.
—Yo sigo órdenes de un superior.
—Yo soy tu superior. Adela está en la casa con algunos rehenes, dentro
se encuentra el tipo que mandó violar a la chica esta, Marta. Es un mafioso
con numerosos antecedentes y muy peligroso.
Saavedra pareció calmarse de repente, capturar a un criminal como aquel
también le daría muchos puntos con el ministro. Albatros había echado la
culpa al gobierno por lo sucedido, si lo solucionaba en unas pocas horas,
ese cerdo populista tendría que comerse sus palabras.
Escucharon tiros y se pusieron todos a cubierto. No parecían dispararlos
a ellos, el tiroteo era dentro del jardín de la casa.
Adela, Cosme y el resto se escondieron en la casa de invitados.
Únicamente tenían un arma, pero cuando los mafiosos intentaron acercarse
les disparó.
—No creo que se atrevan a cruzar todo ese espacio abierto —comentó
Adela. Tomó el teléfono y llamó a su jefe.
—Ya estamos afuera. ¿Cómo estáis?
—En una casa de invitados, por ahora seguros, son seis individuos con el
jefe, en la planta de arriba hay una mujer y varios niños.
—Pensaba enviar a los GEO.
—No, puede resultar herida gente inocente —dijo la inspectora.
—Entonces, ¿qué quieres que hagamos?
—Negociar, ese hombre es un asesino y un proxeneta, pero quiere a su
familia.
—Ok, mandaremos a un negociador.
—No, deja que lo intente yo por ti.
En cuanto colgó el teléfono Adela asomó la cabeza y comenzaron los
disparos de nuevo.
—¡Mohamed, para el tiroteo, no queremos que nadie salga herido!
El mafioso mandó a sus hombres que bajaran las armas.
—¡Tu familia es inocente, no hay motivo para que les pasa algo!
El hombre parecía furioso, pero sabía que aquella mujer tenía razón.
Había hecho muchas cosas para darles una vida mejor, no podía ahora
permitir que nada malo les sucediera.
—Soltad las armas, entregaros y sacarán a tu familia. Si confiesas y
delatas a toda la red, podrás negociar con la fiscalía. Saldrás pronto o te
convertirán en testigo protegido.
Toni, que estaba tumbado al lado de Adela, comenzó a negar con la
cabeza.
—¡No puede hacer eso!
—Ese hombre es un eslabón, nos interesa atrapar al que organiza estas
cosas por todo el mundo, para que no haya más chicas que terminen como
Marta.
El chico no lo entendía, no quería salvar a futuras víctimas, lo que
deseaba con toda su alma era justicia.
—¡Mohamed, deponed las armas! —gritó de nuevo la inspectora.
Su mano derecha se le acercó y le preguntó:
—¿Qué vamos a hacer? Estamos rodeados.
Mohamed se puso en pie y avanzó por el césped, él no lo sabía pero se
encontraba en el punto de mira de varios rifles.
—Nos rendimos —dijo mientras sujetaba su pistola con dos dedos por la
empuñadura; sus hombres no tardaron en seguirlo.
Adela mandó a Cosme que fuera hasta el garaje y abriera la puerta, ella
se acercó y se quedó con las armas.
—Has hecho lo correcto —dijo al mafioso.
—Espero que sí, necesito que mi familia se marche a Marruecos.
—No creo que puedan hacerlo por ahora, pero los llevaremos a un lugar
seguro.
—Ellos no han hecho nada, no podéis retenerlos.
—Intentaré que el fiscal respete el acuerdo, pero puede que intenten
acusar a tu mujer.
—Si hacen eso, no diré ni una palabra. Me arriesgo a morir si os doy
pruebas contra el hombre que lleva la plataforma, además tengo
grabaciones de gente muy importante utilizando nuestros servicios.
—Está bien, todo eso te servirá para no pisar la cárcel, pero eso lo tendrá
que decidir un juez.
Los policías entraron y colocaron las esposas a todos los mafiosos; los
sanitarios trasladaron a Toni y atendieron de algunas heridas leves a Cosme
y a los dos chicos.
Cuando salieron de la casa Adela tomó el teléfono y llamó a Juan, pero
no le contestó. Lo intentó con María, pero tampoco le respondió. Algo malo
estaba sucediendo, tenían que regresar a la iglesia.
41. Consecuencias
María se levantó empapada en sangre, la chica la miró con los ojos
desorbitados y después respiró su último aliento, como un pez al que han
sacado del agua.
Las otras mujeres se rindieron y Juan ayudó a María a ponerse en pie,
estaba temblando.
—Tranquila, he pedido que vengan refuerzos y una ambulancia.
Lucich se sentó en un banco, estaba agotado y dolorido, como si hubiera
utilizado hasta su última energía en sobrevivir. Uno de sus amigos le había
recomendado que no fuera a España. Era mejor no estar donde no se le
quería a uno, pero él se sentía tocado por una misión casi sagrada. Aquel
complejo de salvador cualquier día le iba a costar la vida.
Adela llegó con su jefe, con varias patrullas y Cosme pocos minutos más
tarde. El presidente la observó con sus ojos hinchados y le dijo:
—¿Con que no me iba a pasar nada? Casi me matan esas locas.
—Lo siento mucho, no sé cómo pudieron dar con la iglesia.
El hombre metió la mano en los bolsillos buscando unos pañuelos y sacó
un pequeño objeto metálico.
—Creo que estas locas no eran tan tontas.
—Le llevaremos a un hospital y después a la embajada.
—No, llévenme a la embajada, allí tenemos médico.
—Debería hacerse un escáner —le dijo uno de los sanitarios.
—Practiqué boxeo durante unos años, esto no es nada.
El hombre se puso en pie con dificultad.
—Han llegado sus escoltas —le anunció Juan.
—Bueno, señores, esto puede convertirse en un incidente diplomático,
parece como si su gobierno quisiera deshacerse de mí, para favorecer a sus
amigos peronistas.
Nadie le contestó, el hombre se fue hasta su auto y desapareció por el
fondo de la calle.
—¡Qué personaje! —comentó Peral.
—Un tipo extravagante o medio loco —añadió Saavedra, que no se había
atrevido a retener al presidente después de todo lo que había sucedido.
Dejaron la iglesia, Cosme no quería ni pensar en lo que le dirían los
hermanos cuando vieran los restos de sangre y les contara todo lo que había
sucedido en su capilla.
—¿Quieres que vayamos a ver a tu madre?
—Tengo que hacer papeleo y explicar todo lo que ha pasado.
—¿Eso no puede esperar?
Negó con la cabeza, pero apenas habían salido a la calle cuando vio el
rostro de su madre, parecía muy preocupada.
—¡Dios mío! ¿Qué ha pasado aquí? No gano para disgustos.
—Estamos bien, madre.
—Estás cubierta de heridas y arañazos, Cosme también…
—Nada importante, mañana me pasaré por casa, te lo prometo.
Su madre la besó en las mejillas.
Cosme agachó la cabeza, la mayor parte de las cosas que habían pasado
eran por su culpa.
Brayan se le acercó y le puso una mano en el hombro.
—Esto no va a mejorar las cosas en la denominación, hoy vas a salir en
todos los telediarios otra vez.
—¿No debemos intentar llevar el Reino de Dios a todas partes? Además
de predicar hay que dar trigo.
—Lo que tú repartes es estopa por todos lados —contestó el pastor joven
y los dos se echaron a reír.
42. Intocables
El presidente Pérez pidió una reunión privada con Lucich, pero este se negó
a recibirlo, suspendió el resto de sus viajes y regresó a Argentina. No es que
Pérez quisiera disculparse, pero no le convenía complicar aún más las
relaciones con un país tradicionalmente amigo.
Adela se despertó aquella mañana con todos los huesos doloridos, había
quedado con Peral para interrogar a Mohamed. Su familia estaba a salvo y
el fiscal había aceptado la mayoría de las condiciones del mafioso.
Se preparó un café doble, pero antes de que lo pudiera tomar sonó el
timbre de la puerta, miró por la mirilla y vio que era Juan. Se arregló el pelo
y se miró en el espejo antes de abrir.
—Juan, no sabía...
—Quería ver cómo te encontrabas y un mensaje no es lo mismo.
—Estoy molida, pero aparte de eso, me encuentro bien.
—Perdona por no haber podido defender al presidente argentino.
—Bueno, la culpa es mía por dejaros solos, era mi responsabilidad, la
tuya terminaba fuera de Vistalegre.
El hombre se acercó y la tomó por la cintura.
—Tuve mucho miedo de perderte, no quiero que pienses que lo que pasó
la otra noche fue un simple…
—Rollo.
—Me gustas, quiero que nos conozcamos más.
Adela no pudo disimular su emoción.
—Claro, me parece bien. ¿Cenamos esta noche?
El hombre sonrió, como si acabase de recibir la mejor noticia del mundo.
Después la besó y los dos se olvidaron por unos minutos del resto del
mundo, que es lo que suele pasar cuando dos almas solitarias se encuentran
por fin, después de buscarse toda la eternidad.
Epílogo
—Mohamed puede hablar, nuestra empresa está comprometida.
—Estados Unidos no va a mover un dedo para colaborar con la justicia
de España. Lo bueno de este país es que el dinero impera sobre todo lo
demás.
El abogado le dio la razón, aunque le aconsejó que intentara poner todos
los cortafuegos posibles.
—No se preocupe, el primero será terminar con Mohamed y toda su
familia. La información en la red está totalmente borrada, no creo que
logren llegar hasta mí. España es un país peligroso, pero podemos seguir
operando en Sudamérica, Asia y África. La pena es que a nuestros clientes
les gustan demasiado las blanquitas.
El abogado sonrió, aquel hombre era el mismo diablo, pero le había
hecho inmensamente rico. Solo se vivía una vez y no estaba dispuesto a que
sus remordimientos de conciencia judeocristianos echaran al traste con su
vida.
El magnate salió del despacho, sus hijos estaban en la terraza, vivían en
el piso más caro del mundo, en el edificio residencial más alto y a sus pies
se encontraba Manhattan y el resto del mundo.
El hombre se apoyó en la baranda de cristal y miró al horizonte, por las
ondas invisibles de la red su dinero fluía como un gran cuerpo vivo,
sumando más millones a sus cuentas. Era más rico que muchos países del
mundo, pero nunca era suficiente, el poder de los políticos o de los líderes
religiosos eran minucias, él dominaba realmente las mentes, las almas y los
cuerpos de cientos de millones de personas y eso no podía impedirlo ni
Dios. Él era un dios más fuerte y más real que ese del que hablaban los
libros sagrados, su imperio también era invisible, pero su poder era de este
mundo. De hecho, el mundo mismo estaba a sus pies.
OTROS LIBROS
LUJURIA. CRÍMENES DEL SUR 1.
En el centro de la ciudad de Málaga, nadie tiene secretos para nadie. ¿O tal
vez sí los tengan?
Hay novelas imposibles de dejar una vez que has comenzado, historias
que llevan el suspense a su estado máximo y hacen dudar al lector cada vez
que termina un capítulo. En este thriller absolutamente original y adictivo,
Mario Escobar rompe los límites de la intriga psicológica con un relato que
explora las frágiles fronteras entre la verdad y la mentira.
Amanda Romero es una trabajadora social de la ciudad de Málaga que
trabaja en los Servicios Sociales. Su exmarido Arturo es policía, ambos se
separaron tras la desaparición de su hija pequeña un año antes. Tras regresar
de una baja por depresión, Amanda comienza a investigar una serie de
presuntos abusos a menores donde parece que la Jet Set de Marbella está
detrás. Junto con la ayuda de su hermana gemela Susana, investigará lo que
se esconde entre los bajos fondos marbellíes y, al mismo tiempo, descubrirá
unas pistas sobre la desaparición de su hija. Corrupción política, sobornos y
trata de blancas son tan solo algunos de los asuntos turbios a los que se
tendrán que enfrentar nuestras protagonistas, poniendo en peligro sus vidas
y las de sus seres queridos.
AMNESIA
AUTOR CON MÁS DE 800.000 EJEMPLARES VENDIDOS
¿Estás listo para recordar?
Descubre la novela de la que todo el mundo hablará este año.
"A veces la memoria nos pone a prueba y no nos atrevemos a recordar
quiénes somos".
Internacional Falls, Minnesota, 4 de julio, una mujer es encontrada
inconsciente y cubierta de sangre en el Parque Nacional de Voyager. El
resto de su familia ha desaparecido y ella no parece recordar nada. El doctor
Sullivan, director del centro psiquiátrico de la ciudad, y Sharon Dirckx,
ayudante del Sheriff, intentarán que recuerde todo lo sucedido aunque sin
saberlo pondrán en juego sus vidas, su idea de la cordura y los llevará hasta
dudar de lo que la paciente le está contando. El tiempo corre en su contra y
cada minuto cuenta para dar con los tres desaparecidos, antes de que sea
demasiado tarde.
Con un estilo ágil e imágenes impactantes, Mario Escobar construye un
thriller que explora los límites del ser humano y rompe los esquemas del
género de suspense. Amor, odio, venganza, terror, intriga y acción
trepidante inundan las páginas de la novela.
EL DILEMA
"A veces la verdad es más difícil de aceptar que la mentira".
Es un mal día para el ladrón Atila Haldor. Tras elegir la casa del juez Alan
Hillgonth para dar su próximo asalto, descubrirá que el magistrado oculta
un secreto terrible. En el sótano de la casa descubre a una joven encadenada
y repleta de magulladuras.
Antes de que pueda reaccionar al terrible descubrimiento, escapará de la
casa al escuchar que el juez ha regresado con su familia. Atila, tras el golpe
fallido no sabe cómo actuar, si denuncia el caso a la policía puede terminar
en la cárcel.
Al final decidirá regresar a la mansión para liberar a la chica, pero es
demasiado tarde, la joven ya no está en el sótano. Unas semanas más tarde,
la desaparición de una nueva adolescente le lleva a sospechar que se trata
del mismo individuo, el juez Alan Hillgonth, un hombre casado y con hijos,
al que se le considera uno de los pilares de la comunidad de Nueva Orleans.
¿Podrá demostrar la verdadera naturaleza del juez? ¿Se librará de
convertirse en sospechoso de secuestro y asesinato? ¿Su decisión de atrapar
al asesino pondrá en peligro a su esposa Patty y sus hijos?
EL INOCENTE
"Todos debemos enfrentarnos alguna vez en la vida con nuestra
conciencia".
Annette y Jeffrey Green son una exitosa pareja de escritores. Tras varios
fracasos sentimentales parecen haber encontrado la felicidad en su
maravillosa casa en Lancaster, Pensilvania.
Es verano, mientras toman algo de vino al lado de la piscina recuerdan
algunos de sus mejores momentos. Annette se marcha a dormir, pero lo que
Jeffrey no sabe es que será la última vez que la vea con vida. Tras un
desgraciado accidente, su esposa se cae por las escaleras y muere
desangrada. La comunidad parece apoyar al pobre viudo, hasta que una
carta anónima relaciona la muerte de su esposa con la de otra mujer, muerta
en similares circunstancias en España en los años ochenta. El fiscal acusará
a Jeffrey de asesinato y todo su turbio pasado se volverá contra él.
¿Podrá demostrar su inocencia? ¿Logrará que su propia familia le crea?
¿Dos muertes similares pueden ser casualidad?
El Círculo
“Tras el éxito de Saga, Misión Verne y The Cloud, Mario Escobar nos
sorprende con una aventura apasionante que tiene de fondo la crisis
financiera, los oscuros recovecos del poder y la City de Londres”
Argumento de la novela El Círculo:
El famoso psiquiatra Salomón Lewin ha dejado su labor humanitaria en la
India para ocupar el puesto de psiquiatra jefe del Centro para Enfermedades
Psicológicas de la Ciudad de Londres. Un trabajo monótono pero bien
remunerado. Las relaciones con su esposa Margaret tampoco atraviesan su
mejor momento y Salomón intenta buscar algún aliciente entre los casos
más misteriosos de los internos del centro. Cuando el psiquiatra encuentra
la ficha de Maryam Batool, una joven bróker de la City que lleva siete años
ingresada, su vida cambiará por completo.
Maryam Batool es una huérfana de origen pakistaní y una de las mujeres
más prometedoras de la entidad financiera General Society, pero en el
verano del 2007, tras comenzar la crisis financiera, la joven bróker pierde la
cabeza e intenta suicidarse. Desde entonces se encuentra bloqueada y
únicamente dibuja círculos, pero desconoce su significado.
Una tormenta de nieve se cierne sobre la City mientras dan comienzo las
vacaciones de Navidad. Antes de la cena de Nochebuena, Salomón recibe
una llamada urgente del Centro. Debe acudir cuanto antes allí, Maryam ha
atacado a un enfermero y parece despertar de su letargo.
Salomón va a la City en mitad de la nieve, pero lo que no espera es que
aquella noche será la más difícil de su vida. El psiquiatra no se fía de su
paciente, la policía los persigue y su familia parece estar en peligro. La
única manera de protegerse y guardar a los suyos es descubrir qué es “El
Círculo” y por qué todos parecen querer ver muerta a su paciente. Un final
sorprendente y un misterio que no podrás creer.
¿Qué se oculta en la City de Londres? ¿Quién está detrás del mayor centro
de negocios del mundo? ¿Cuál es la verdad que esconde “El Círculo”?
¿Logrará Salomón salvar a su familia?
Mario Escobar
Autor Betseller con miles de libros vendidos en todo el mundo. Sus obras
han sido traducidas al chino, japonés, inglés, ruso, portugués, danés,
francés, italiano, checo, polaco, serbio, entre otros idiomas. Novelista,
ensayista y conferenciante. Licenciado en Historia y Diplomado en
Estudios Avanzados en la especialidad de Historia Moderna, ha escrito
numerosos artículos y libros sobre la Inquisición, la Reforma Protestante y
las sectas religiosas.
Publica asiduamente en las revistas Más Allá y National Geographic
Historia.
Apasionado por la historia y sus enigmas, ha estudiado en profundidad la
Historia de la Iglesia, los distintos grupos sectarios que han luchado en su
seno, el descubrimiento y colonización de América; especializándose en la
vida de personajes heterodoxos españoles y americanos.
[1] Según el Diccionario de la Real Academia Española.