PRIMERA PARTE
LA INSTRUCCION
CAPITULO I
ASPECTOS BASICOS DE LA INSTRUCCION
SECCION I
GENERALIDADES
1.001. Finalidad de la Instrucción. La finalidad de la Instrucción Militar
será lograr que el educando aprenda, es decir, que adquiera los conocimien-
tos, habilidades, destrezas, hábitos y actitudes que le posibilitarán un desem-
peño eficiente, tanto en la vida de guarnición como en campaña.
Los conocimientos, normalmente, involucrarán hechos, datos, fechas,
conceptos, técnicas, principios, leyes (Ej: Leyes de Justicia Militar, partes del
fusil, pasos en el desarmado de una oruga, concepto de soberanía, etc).
Las habilidades se referirán a la capacidad de establecer relaciones,
distinguir, razonar, extraer conclusiones, interpretar, etc (Ej: distinguir tipos de
gases).
Las destrezas serán habilidades de tipo psicomotriz (Ej: Armar y desarmar
el fusil, colocarse la máscara antigás, pasar obstáculos, etc).
Los hábitos se referirán a aquellas conductas que el educando deba
realizar casi en forma automática (Ej: preparación del equipo de campaña,
práctica de orden cerrado).
Las actitudes se relacionarán con la identificación con los valores (Ej:
lealtad, amor a la patria, valor, etc).
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La instrucción militar y sus características están desarrolladas en el
M65-3-II, Art 1002 y 1003.
1.002. Elementos Componentes. La Instrucción Militar se desarrollará en
situaciones concretas cuyos elementos principales serán:
a. El grupo humano, constituido por el Instructor/Subinstructor y los educan-
dos.
b. La conducta a lograr al finalizar la instrucción, es decir los conocimientos,
destrezas, hábitos y actitudes que deberán adquirir los educandos.
c. El contenido a enseñar (temas, subtemas).
d. La técnica didáctica a emplear por el instructor o subinstructor para
enseñar (actividades, técnicas, recursos).
SECCION II
EL INSTRUCTOR
1.003. Responsabilidades del instructor. El Instructor o Subinstructor
tendrá la responsabilidad de orientar a los educandos para que logren
aprender. Para ello, deberá programar, desarrollar y evaluar permanentemente
la instrucción.
Será fundamental, para realizar una tarea eficiente, que el instructor
conozca a los educandos a quienes deberá instruir y que comprenda los
principios básicos del proceso de enseñanza. Este conocimiento servirá de
base para seleccionar las técnicas, actividades y recursos más adecuados en
cada situación particular de enseñanza-aprendizaje.
El resultado deseado en toda instrucción será que los educandos apren-
dan. Es decir, que al finalizar la instrucción sean capaces de ejecutar algo que
no podían realizar antes; que adquieran mayor habilidad, que conozcan algo
que antes no sabían; que se comprometan con un valor, etc.
El instructor deberá comprender que si el educando no aprende, ello
significará que éste no ha sacado ningún provecho de la instrucción y que en
gran medida se deberá a que el instructor no ha sabido enseñar, aunque se
haya esforzado para lograrlo.
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SI EL SOLDADO NO HA APRENDIDO
EL INSTRUCTOR NO HA SABIDO ENSEÑAR
El instructor es responsable de la instrucción. Fig. 1.
Por esto los instructores deberán aceptar la responsabilidad de la instruc-
ción de sus hombres, examinándose a sí mismos sobre las actividades que
proponen, las técnicas y recursos que emplean, para detectar posibles causas
de fallas en la instrucción.
1.004. Cualidades del Instructor. El instructor, para cumplir acabada-
mente con su misión, deberá poseer las siguientes cualidades personales y
profesionales:
a. Cualidades personales.
1) Ejemplaridad.
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2) Firmeza y ecuanimidad en el trato.
3) Don de mando.
4) Ascendiente.
5) Preocupación e interés por el personal.
6) Dominar las Técnicas y la Didáctica del proceso enseñanza-apren-
dizaje.
b. Cualidades Profesionales.
Poseer una adecuada capacitación profesional.
Estas cualidades están claramente explicadas en el MFP-51-01-II.
1.005. Requisitos para una instrucción eficiente. La preparación y
desarrollo de la instrucción requiere por parte del instructor:
a. Conocimiento de la materia.
Es evidente que deberá conocer su materia si la va a enseñar a otros.
Hasta donde sea posible, los instructores deberán tener experiencia y
conocimiento cabal de la instrucción que impartan y su aplicación. Come-
terá un serio error si cree que la experiencia sola le brindará conocimientos
suficientes como para enseñar, sin una preparación adicional y un estudio
continuo de las materias de instrucción.
La experiencia en el campo de combate deberá permitirle valorizar la
materia en los reglamentos de instrucción y presentarla de una manera que
resulte real para su tropa. Deberá conocer tan a fondo su materia, como
para poder contestar virtualmente cualquier pregunta que se le formule
acerca de la misma.
b. Capacidad para establecer una comunicación efectiva con los edu-
candos.
El instructor deberá realizar todos los esfuerzos a fin de establecer una
comunicación real y efectiva con los educandos. Esto permitirá obtener la
buena predisposición del personal para recibir los conocimientos que se le
van a transmitir y con ello, tener mejores resultados de la instrucción.
c. Conocimiento de las técnicas y recursos que podrá emplear para
desarrollar la instrucción.
El conocimiento de los aspectos didácticos y de las técnicas de
enseñanza será un requisito previo e indispensable para realizar una
buena instrucción.
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d. Conocimiento de las características de los educandos a quienes
deberá instruir.
Para que tengan buen éxito, los instructores deberán entender y
comprender a los educandos. Deberán conocer a su personal como
individuos; apreciar sus problemas de aprendizaje y realizar los esfuerzos
necesarios para ayudarlos a aprender hasta donde sea posible. El que
enseña, deberá considerar el período de instrucción desde el punto de
vista del educando y hará sus planes en concordancia con éste.
e. Actitud profesional.
1) El Instructor deberá tener un interés genuino y sincero en los educan-
dos, y confianza en la materia asignada, en la forma de enseñarla y en
el programa de instrucción que deberá desarrollar. Para que tenga
éxito, deberá considerar, con preocupación, los problemas de su
personal y ser justo en el trato con cada individuo.
2) Quien tenga una actitud profesional justa, acrecentará la transmisión de
conocimientos y destrezas y hará todos los esfuerzos necesarios para
mejorar su habilidad para enseñar.
3) Todo lo que dirá y hará durante las instrucciones, revelará su sentir
para con sus hombres, su materia y el programa de instrucción. La
manera de proceder influirá enormemente en los procederes y moral de
su personal, puesto que los mismos tienden a adoptar la similar actitud
del instructor, con respecto a la materia, la instrucción y a su conducta
en general.
1.006. El instructor deberá perfeccionarse. Cualquier instructor podrá
perfeccionarse, produciendo cambios convenientes en los aspectos particu-
lares de sus cualidades; solamente podrá hacer esto mediante esfuerzos
constantes. El hecho de que el instructor haya enseñado por mucho tiempo, no
significa que se haya perfeccionado considerablemente, y si ha sido eficaz
este año, no quiere decir que lo será aún más en el próximo.
Se detallan a continuación algunos aspectos que deberá tener en cuenta el
instructor para perfeccionarse (Fig 2):
a. Saber cómo se desarrolla una buena instrucción.
En sus esfuerzos para perfeccionarse, el instructor deberá comenzar
con una apreciación de los elementos básicos de una buena instrucción;
deberá establecer, además, normas y procedimientos acertados de instruc-
ción.
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b. Observar a otros instructores.
El instructor deberá mantener su propia individualidad mientras mejora
su técnica. Deberá observar a otros instructores, a fin de aprender de ellos,
pero no imitarlos excesivamente, ni aun a los más hábiles. Dos instructores
muy competentes, pueden tener personalidades radicalmente distintas y
emplear técnicas completamente diferentes y, no obstante, ser capaces de
perfeccionarse aún más en su manera de instruir. El instructor deberá
determinar lo que conoce o sabe hacer bien, y luego, desarrollar técnicas
basadas en su capacidad, pero no en capacidades que admira en otros,
pero que no posee.
Cómo se desarrolla una buena instrucción
Observar a otros instructores
Analizar sus propias cualidades
Mejorar aspectos particulares de la instrucción
Buscar la critica sana
Realizar un esfuerzo constante para perfeccionarse
Cómo se puede perfeccionar el instructor
Fig 2
c. Analizar sus propias características.
La valoración y el autoanálisis serán esenciales para perfeccionarse. El
instructor deberá tratar constantemente de valorizar su capacidad como tal
y analizar sus propias características, para averiguar exactamente sus
puntos fuertes y débiles.Una vez descubiertos sus puntos fuertes, deberá
construir sobre ellos; los puntos débiles serán corregidos de inmediato.
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d. Perfeccionar aspectos particulares.
El progreso se logrará concentrándose en aspectos concretos. Una
actitud general por parte de un instructor de “querer hacer las cosas bien”,
mientras que es digno de elogio, raramente producirá la perfección
buscada; se deberá prestar atención para que se mejoren aspectos
particulares de la instrucción.
e. Buscar la crítica de otros instructores.
Un instructor no podrá valorar siempre su propia obra objetivamente;
deberá pedir a otros que critiquen su instrucción y formulen ajustadas y
sanas sugerencias.
Otros instructores o Jefes podrán reconocer los puntos fuertes y débiles
de un instructor, más fácilmente que él mismo.
f. Realizar esfuerzos constantes para perfeccionarse.
La actitud del instructor hacia su trabajo, se juzgará mejor por los
esfuerzos que realiza para perfeccionarse. Después de cada instrucción, el
buen instructor se pregunta cómo hubiese podido desempeñar mejor su
trabajo. No quedará satisfecho con nada, sino con lo mejor. El esfuerzo
constante en busca de nuevos y mejores métodos para perfeccionar la
instrucción de sus hombres, es el aporte más importante en el perfecciona-
miento del instructor.
1.007. Consejos para los instructores. Existen ciertos aspectos que
deberán ser tenidos en cuenta durante la instrucción, si quieren tener éxito
durante la misma.:
a. Nunca fingirán para ocultar la falta de conocimiento. Deberán conocer a
fondo sus materias.
b. Adecuarán su léxico al nivel de los educandos.
c. No usarán palabras obscenas, vulgares o inadecuadas. De hacerlo, se
perderán la dignidad y el respeto de la clase.
d. No emplearán el sarcasmo o el ridículo. Esto podrá generar resentimiento.
Cuando ello ocurra, el individuo se resistirá a la instrucción.
e. Evitarán la presunción con la clase. Se dará a la clase la impresión de que
el instructor se considera afortunado de haber adquirido la experiencia y
conocimientos y que desea transmitirlos a sus subalternos.
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f. Se hablará con claridad y enfatizará las palabras evitándo la monotonía y
las exageraciones en el tono de la voz.
g. Nunca se perderá la paciencia, demostrando aplomo y dominio de sí
mismo. La lentitud o incapacidad para entender, podrá significar que el
instructor no ha sabido enseñar, no que el educando no ha aprendido. Por
otra parte, se deberá tener en cuenta el nivel intelectual de cada hombre.
h. Cuando se deba corregir u observar, se hará sin que se produzcan
distracciones prolongadas
i. Contestará todas las preguntas que interesen al objetivo y sean de interés
de todo el grupo. Las preguntas fuera de tema, que guarden relación con la
instrucción serán evacuadas durante los descansos.
j. Ante una diferencia sustancial en la capacidad intelectual entre los
educandos, se agruparán por niveles y se dedicará mayor tiempo a los
niveles menos capacitados.
SECCION III
EL EDUCANDO
1.008. Educando. El educando será el soldado, aspirante, cadete o
personal de cuadros que debe ser instruído. En el presente Manual, se
denominará genéricamente educando o soldado.
1.009. Características comunes de los educandos.
a. Soldados
La mayor parte de los soldados tendrán las siguientes características
comunes.
1) La predisposición será positiva ya que su ingreso a la Fuerza es
voluntaria.
2) Normalmente, ellos serán mental, emocional y físicamente aptos.
3) Tendrán el propósito firme y estarán ansiosos de lograr lo máximo de la
instrucción, si son orientados y guiados con acierto.
4) Estarán interesados en las aplicaciones prácticas de la teoría y
conocimientos. Juzgarán la instrucción desde el punto de vista de sus
necesidades y de las exigencias de sus tareas.
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5) Apreciarán y respetarán inmediatamente a los instructores que cono-
cen su materia y saben presentarla con acierto; asimismo, no perderán
tiempo en descubrir al incompetente.
6) Variarán en cuanto a sus características físicas, inteligencia, educación
general, experiencia pasada.
b. Cadetes, Aspirantes y Cuadros.
1) La predisposición será positiva ya que su ingreso a la Fuerza es
voluntaria.
2) Deberán ser aptos mental, emocional y físicamente.
3) Se mantendrá lo citado en el Nro 1010 a. 3), 4), 5) y 6).
4) Los cuadros tendrán como diferencia, en que sus conocimientos serán
mayores en función del tiempo de permanencia en la Fuerza y el grado
que posean.
SECCION IV
PRINCIPIOS BASICOS
1.010. Principios del aprendizaje. El instructor al realizar su tarea deberá
respetar los principios que promuevan un aprendizaje eficaz. Ellos le servirán
como guías en la selección y empleo de métodos, técnicas, recursos y
procedimientos de enseñanza.
Estos principios son de apoyo recíproco y se aplicarán en cada sesión de
instrucción. Ellos son:
a. Motivación. El educando obtendrá un mejor rendimiento cuando esté
mental y físicamente preparado para aprender. Cuando sienta el deseo o
voluntad de aprender.
b. Finalidad. El educando aprenderá más eficazmente, cuando conozca
exactamente lo que debe aprender y qué se espera de él, o sea, cuando
conozca la meta que debe alcanzar.
c. Actividad. La acción es una de las maneras màs eficaces de aprender.
d. Realismo. Cuanto más reales sean las situaciones del aprendizaje, tanto
más eficaz resultará éste.
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e. Progresión. El educando aprenderá solamente construyendo sobre lo que
ya sabe.
1.011. Motivación. El instructor deberá promover la motivación en los
educandos, para que éstos tengan deseo o voluntad de aprender, para que
hagan un esfuerzo sostenido durante el aprendizaje. Se mencionan a continu-
ación algunas de las técnicas que los instructores podrán emplear, para
preparar mental y físicamente a los educandos hacia la meta de una
provechosa instrucción: (Fig 3)
a. Hágase ver la importancia de las cosas.
Muchas cosas importantes podrán parecer sin relación en la instruc-
ción, la primera vez que el educando tenga noticias de ellas. La instrucción
deberá incluir, inicialmente, razones valederas sobre la necesidad de
aprender y una explicación de la manera como se va a utilizar la materia
enseñada y su relación con otras.
b. Desarrolle el deseo de aprender.
Antes de presentar la instrucción, el educando deberá comprender que
él tendrá la responsabilidad de aprender. No es suficiente que los hombres
estén físicamente presentes en instrucción; ellos deberán estar mental-
mente preparados para aprender la materia que se desarrolla.
El instructor tendrá que verificar a menudo el progreso de la instrucción
e insistir para que cada hombre se aplique. Los educandos aprenderán
más, cuando se los haga sentir responsables por lo que deben aprender y
la instrucción sea interesante.
c. Mantenga la atención.
El empleo de la voluntad y el entusiasmo personal por parte del
instructor y los ejemplos e ilustraciones, ayudarán a mantener la atención.
Cuando más interesante se presente la materia, tanto más fácilmente la
aprenderán los educandos. Este tema está desarrollado en los Nros 1017 a
1021 en forma más detallada.
Un soldado motivado se esfuerza por aprender
Sin motivación no hay aprendizaje.
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Para motivar, proceder de la siguiente forma:
- Explicar con franqueza la utilidad de lo que se va a aprender .
- Responsabilizar a los educandos de su aprendizaje.
- Presentar el tema en forma clara e interesante.
- Estimular y recompensar los buenos resultados.
- Hacer que los educandos se sientan seguros y respetados.
- Estimular la sana competencia.
- Humillar
- Ironizar
- Descalificar
- Asustar
NO - Provocar tensión
- Avergonzar
- Perturbar
- Burlarse ante un error
Motivación. Fig 3
d. Estimular - Valorar los buenos resultados iniciales.
Los buenos resultados iniciales aumentarán las posibilidades de
enseñanza. El buen éxito de un individuo, tiende a inducirlo a realizar
esfuerzos adicionales. En la persona normal, el obtener un buen resultado,
produce una cierta satisfacción y placer, y lo estimula hacia esfuerzos
mayores.
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Durante las fases iniciales de un programa de instrucción, los instruc-
tores deberán planificar alguna actividad, de manera tal que los educandos
puedan llevarla a cabo con éxito y ello signifique un estímulo importante.
e. Otorgar estímulo y recompensas.
Los estímulos y recompensas producirán incentivos eficaces para
aprender. Los educandos desean y tienen el derecho de esperar recom-
pensas por los trabajos bien realizados. Los instructores deberán mencio-
nar los aspectos buenos del trabajo y no referirse únicamente a los errores
cometidos.
Empezar con observaciones favorables; luego se sugerirán maneras
para perfeccionarse.
f. Evitar sentimientos y reacciones emocionales que impidan aprender
eficientemente.
Los sentimientos afectan el aprendizaje. Los educandos que están
turbados, asustados o avergonzados, o sufren una perturbación emocional
o de cualquier otra índole, pensarán en la causa de su problema más que
en la materia que se está desarrollando.
g. Estimular - Incentivar - Usar la competencia.
La sana competencia estimula el aprendizaje. El deseo de satisfacción
personal que deriva del hecho de hacer algo superior a lo realizado con
anterioridad, será motivo eficaz para perfeccionar y aumentar el rendimien-
to de la instrucción. Dicha competencia entre dos o más grupos o equipos,
producirá un aprendizaje eficiente. Los instructores deberán aprovechar
todas las oportunidades para dividir al personal en grupos y animarlos a
competir. Los concursos entre grupos aumentarán el interés, animarán la
participación y ofrecerán, mediante la cooperación de todos, la oportunidad
de desarrollar una instrucción entretenida. De ser posible, un grupo deberá
rivalizar con otro, antes que un hombre con otro hombre.
1.012. Finalidad. La instrucción será eficiente cuando el educando
conozca los objetivos hacia los cuales deberá dirigir sus deseos de aprendiza-
je (Fig 6). El conocimiento de dichos objetivos permitirá llegar a la comprensión
total de la materia, al finalizar el período de instrucción.
En la introducción de cada instrucción, se deberán acentuar los objetivos y
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los resultados esperados de cada uno. Al individuo se le deberá decir cómo
cada fase de su instrucción se relaciona con el programa total.
El aprendizaje fragmentario, sin la explicación de cómo los fragmentos se
relacionan entre sí, resultará difícil y antipedagógico.
Se aprende obrando. Fig 4
1.013. Actividad. El instructor deberá prever oportunidades para la
actividad de los educandos introduciéndolos a pensar, escribir y resolver
problemas (Fig 4). Para adquirir la habilidad física necesaria para desempeñar
varias actividades, es necesario que el individuo experimente cada actividad,
participando en ella.
La teoría y las demostraciones ayudarán el proceso de asimilación; pero la
acción real, repetida hasta que se consigne la pericia, será esencial para
completar el aprendizaje.
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La mayor parte de las instrucciones, se deberán presentar en forma real,
pero sin riesgos para el hombre. Fig 5
1.014. Realismo. El instructor procurará que las actividades de aprendiza-
je, durante la instrucción, se acerquen lo más posible a situaciones reales. En
cada instrucción se formularán estas preguntas (Fig 5):
a. ¿Es ésta la manera como el material será usado por el educando, al
emplearlo en la práctica o en circunstancias reales?
Los instructores deberán verificar su instrucción, para ver que el
material presentado sea real, desde el punto de vista de su aplicación en el
campo de combate: sin embargo, durante la fase inicial del aprendizaje de
una materia, no se deberá permitir que el realismo pueda confundir la
enseñanza. El hecho de que en el combate se tenga que consultar una
carta durante una tormenta de nieve mientras se esté bajo el fuego
enemigo, no quiere decir que la instrucción preliminar sobre lectura de
cartas, se deba presentar bajo condiciones similares.
Los obstáculos reales deberán introducirse en el trabajo práctico
después de que el educando haya conocido a fondo los principios y los
conocimientos básicos indispensables.
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b. ¿Es real mi exposición en cuanto al nivel intelectual de la concurrencia?
Se podrá presentar una materia relativamente difícil a clases de niveles
diferentes, si se adapta a sus necesidades específicas y se explica
claramente. Los instructores podrán hacer su instrucción más real usando
referencias personales como: “Miren lo que significa esto para Uds” o “Uds,
usarán esto de tal modo”.
Fig 6
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1.015. Progresión. La asimilación de conocimientos deberá ser ordenada
y progresiva, avanzando desde las ideas básicas conocidas y sencillas, a otras
más complejas.
Otro aspecto a tener en cuenta será que los objetivos se deberán ir
afianzando uno a uno, antes de pasar a los siguientes. Se deberá recordar
que:
- Dos o más conceptos fundamentales se fijan con facilidad.
- Cuatro o cinco conceptos se recuerdan con dificultad.
- Ocho o más conceptos provocarán confusión.
1.016. Importancia de la atención en el proceso de aprendizaje. La
atención del educando constituirá uno de los requisitos para que se produzca
el aprendizaje.
En el educando, resulta necesaria la existencia de una predisposición
particular, mediante la cual aproveche los estímulos que el educador, por su
capacidad, especialización y experiencia, pueda proporcionarle para su apren-
dizaje.
Hay ciertas técnicas de enseñanza que exigen mayor esfuerzo de atención
por parte de los educandos. Es indispensable, por lo tanto, para un instructor,
saber en qué consiste la atención, cómo se manifiesta, cuáles son sus causas,
cómo se la puede suscitar y mantener, y también cómo reconquistarla si los
educandos la han perdido.
1.017. ¿Que es la atención? Es la aplicación del entendimiento a un
objeto real o simbólico.
Esta aplicación tiene un carácter selectivo. Las percepciones del individuo
que “presta atención” se orientan, se concentran sobre determinados estímu-
los en detrimento de otros.
Lo que está dentro del “foco” (núcleo) de la atención se beneficia con un
aumento de claridad y vigor. Estos focos constituyen los llamados “centros de
interés”, que estimulan la atención del grupo y de sus individuos.
La fuente primaria del interés, desde el punto de vista del educando, se
basa en el atractivo inherente a los objetivos propios del aprendizaje; el interés
en su origen, en su motivación, origina la curiosidad o deseo de “saber, sentir,
hacer y hablar”.
De ahí que sea importante que la curiosidad del educando, que está
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íntimamente ligada a sus intereses, sea satisfecha por el instructor, ya que, de
lo contrario, su tendencia a interrogar y a plantear problemas disminuirá. Una
pregunta bien planteada es tan interesante como una respuesta correcta, ya
que esfuerza y estimula la atención de los educandos.
Por el contrario, las ideas o imágenes extrañas al objeto elegido quedan
desdibujadas. Esto parece excluir la posibilidad de la atención múltiple;
cuando se cree tener atención múltiple lo que en realidad existe es:
a. Coexistencia de una tarea o trabajo que exige la atención con una tarea
automática que no la exige.
b. Tareas intermitentes, alternativamente abandonadas y recuperadas.
c. Trabajos múltiples, pero conjugados y organizados.
Esta reacción de atención no se produce en la conciencia solamente por
un esfuerzo de concentración intelectual. Hay una verdadera movilización
sensorial y sicológica, que se traduce en una actitud y una mímica. Existen
indicios, apreciables por un observador, que son particularmente útiles a los
instructores deseosos de saber si sus educandos están atentos.
1.018. Manifestaciones de la atención. Si nos referimos únicamente a los
indicios visibles (con exclusión de las modificaciones rítmicas cardíacas y
respiratorias), se pueden distinguir diferentes gestos propios de la atención:
a. Por lo que concierne a la visión, la cabeza y los ojos se orientan hacia el
objetivo observado, se levantan las cejas y se hace un gesto con los ojos
como para utilizar toda la luz. Otras veces, por el contrario, se fruncen las
cejas como para proteger mejor el ojo contra una luz excesiva.
b. Por lo que concierne a la audición, la boca (que comunica con la oreja)
puede abrirse para equilibrar las presiones de una y otra parte del tímpano
y permitir la percepción de sonidos débiles. Si no se oye igual con ambos
oídos, la cabeza se orienta de la forma mejor hacia el origen del sonido.
c. Las reacciones o posturas generales: una clase atenta choca por su
silencio (frecuentemente se suele decir que se puede “oír el vuelo de una
mosca”). Cada uno adopta una actitud de inmovilidad: cuerpo inclinado
hacia adelante con sensación de esfuerzo físico, de tensión muscular
(mirada fija, boca cerrada, labios apretados).
d. Una de las manisfestaciones más espontáneas es la participación.
Si, por el contrario, la clase está desatenta o si el esfuerzo de atención
exigido ha sido excesivo, se notará:
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a. La vista no se dirige ya hacia el instructor.
b. Actitud de distracción: el busto se apoya hacia atrás sobre el respaldo de la
silla o hacia adelante sobre la mesa.
c. Movimientos frecuentes: particularmente, piernas cruzadas, agitación de
los alumnos en los bancos o sillas, etc.
d. Diversos ruidos provocado por los movimientos de los alumnos cuando
tosen, se suenan, aclaran la garganta, etc.
Todos estos síntomas de atención o de falta de atención son fácilmente
perceptibles por el instructor que sepa observar a su clase.Pero no es
suficiente comprobar si existe o falta la atención; para obtenerla y conservarla
el instructor ha de conocer las causas.
1.019. Causas de la atención. Se distinguen clásicamente dos tipos de
atención: espontánea y voluntaria.
a. Atención espontánea.
La atención espontánea puede ser provocada por un estímulo intenso
que se impone al sujeto, esté o no preparado para su recepción. Una
detonación, un relámpago,captan la atención cualquiera que sea la
situación ambiental. La violencia del estímulo provoca un comportamiento
instintivo de defensa cuyo primer reflejo es el de orientarse hacia el origen
de esta “amenaza”.
Esta forma de atención espontánea se llama a veces atención involun-
taria. Pero los estímulos de una intensidad moderada o incluso débil
pueden igualmente suscitar la atención espontánea, si corresponden
a una necesidad o interés, permanente o temporal, pero suficientemente
potente.
Existe, pues, una inclinación a la recepción de ciertas estimulaciones:
así, por ejemplo, sucede a la madre de familia, que por la noche retiene su
respiración y agudiza su oído si le parece escuchar, en la habitación
vecina, el llanto o la tos de alguno de sus hijos.
b. Atención voluntaria.
La atención, inicialmente espontánea, puede prolongarse por algunas
circunstancias y exigir un esfuerzo: por ejemplo, en el silencio de la noche,
una persona alertada por un leve ruido escudriñará las tinieblas durante
varios minutos para investigar su origen.
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O bien el objeto sobre el que el individuo concentra su atención puede
no haberle sido impuesto, sino haber sido seleccionado deliberadamente
por un acto afectivo o intelectual de su conciencia: por ejemplo, un libro.
Esta forma de la atención, resultado de la acción consciente del propio
individuo, no se puede mantener sin un cierto esfuerzo: es la atención
voluntaria.
Este esfuerzo permite resistir las distracciones exteriores y mantener
en el campo de la percepción un objeto único. Así puede ocurrir con un
conferenciante del que se espera información para pasar un examen con
éxito o aclaración sobre problemas que interesan por alguna razón. Los
motivos que producen la atención voluntaria pueden ser de naturaleza muy
diferente.
Un instructor puede obtener la atención de sus hombres por la
importancia del examen que deben pasar o por la satisfacción de éstos
ante sus cualidades de conferenciante o el interés de su exposición.
Los efectos de la atención en el aprendizaje son:
a. Intensificación de la actividad mental, es decir, “del pensamiento, emoción
y capacidad de percepción”.
b. Claridad mental y, en consecuencia, preeminencia del objeto sobre el que
se centra la atención sobre los demás.
c. Establecimiento de conexiones múltiples del objeto que atrae la atención
con otros, formando una “red basada en su similitud, contraste, proximidad,
etc”. Este fenómeno se conoce con el nombre de efecto unificador de la
atención.
d. Incremento de la retención: los objetos que atraen la atención quedan
impresos en la memoria con mayor rapidez y seguridad.
La motivación debe desarrollar un interés permanente en aprender;
fomentar la inclinación hacia el tema, destreza o habilidad que se deben
dominar; y dirigir la voluntad hacia las metas fijadas.
1.020. Cómo obtener y mantener la atención. Se ha visto que distintas
causas pueden lograr la atención del educando, pero ésta no se puede
mantener durante mucho tiempo.
El instructor que habla en clase con una voz potente, sobresalta y
conquista en principio su atención; pero si continúa así durante una hora el
volumen de su voz no será suficiente para mantenerla.
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La atención voluntaria no es una imposición, sino un acuerdo supeditado
a que el instructor pueda dar las motivaciones convenientes. Es más
duradera que la atención espontánea, y como requiere un esfuerzo, necesita
ser mantenida.
No se puede fijar durante un período prolongado sobre un solo objeto sin
que experimente fluctuaciones, y en las caídas de atención periódicas estarán
los alumnos más propensos a distraerse.
El instructor, a veces, ha de provocar la atención espontánea involuntaria
mediante estímulos más o menos intensos. Por Ej: proyectando imágenes
sobre la pantalla, con objeto de llamar la atención (al principio) o de reanimarla
(durante la sesión).
También puede ganar la atención voluntaria de los educandos creando un
ambiente favorable, inculcándoles el deseo de aprender y organizando bien la
sesión.
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