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El Papel de Biodiversidad en Sostenibilidad Urbana

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El papel vital de la biodiversidad en la


sostenibilidad urbana
Martí Boada Juncà, Roser Maneja Zaragoza
y Pablo Knobel Guelar*

En la modernidad, las ciudades han sido entendidas como sistemas


funcionalmente antinaturales, donde la biodiversidad espontánea, la
vegetación, los animales y los nichos ecológicos que los soportan, quedan
al margen del reconocimiento humano. Las estructuras que soportan
el sistema urbano, basadas en materiales inorgánicos e infraestructuras
verticales y horizontales de gran envergadura, como el metro y los
grandes edificios, han constituido un escenario poco facilitador de la
comprensión del mundo natural.
La concepción sostenibilista del sistema urbano formula que el reto
del futuro del desarrollo sostenible está en las urbes, alejado de posi-
ciones anti-ciudad.
Los avances de las últimas décadas en ciencias ambientales han creado
nuevos instrumentos educativos y conceptuales para comprender el lugar
de la naturaleza en las ciudades. Desde la Cumbre de Río de Janeiro
en 1992, por ejemplo, la biodiversidad urbana se ha convertido en un
indicador de sostenibilidad, y cada vez es más evidente la importancia
de una gobernanza del verde urbano. En los próximos años, las ciudades
se enfrentarán al desafío de hacer operativos estos avances, ofreciendo a
la naturaleza un espacio donde medrar que favorezca la biodiversidad

Martí Boada Juncà es profesor e investigador senior del ICTA-UAB y miembro del Club de
Roma; Roser Maneja Zaragoza es profesora e investigadora del ICTA-UAB y miembro del Club
de Roma; y Pablo Knobel Guelar es investigador junior del ICTA-UAB.

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y que incorpore las funciones naturales a todo el entramado de la vida
urbana. En una ciudad sostenible pueden prosperar no solo la vida sil-
vestre y los ecosistemas, sino también las personas y su bienestar.
Al analizar el papel de la biodiversidad urbana, los conceptos de
«naturación» y de «naturalizar las ciudades» pueden utilizarse para des-
cribir iniciativas que pretenden integrar más amplia y profundamente
la naturaleza en la vida urbana. Utilizar la biodiversidad como uno de
los indicadores fundamentales de sostenibilidad urbana hace posible
esbozar formas de promover y evaluar la biodiversidad de las urbes,
los servicios ecosistémicos que esta proporciona y funciones biológicas
más amplias en el medio urbano. Las ciudades mediterráneas, como
Barcelona (España) y Jerusalén (Israel), ofrecen ejemplos de este en-
foque (véase «Panorámica urbana», disponible online), y el «índice de
gobernanza del verde urbano» diseñado recientemente puede servir de
instrumento y de directriz para los gestores de la biodiversidad urbana
en esta región y fuera de ella.

Las ciudades como ecosistemas


Un ecosistema es una unidad funcional del medio físico que sirve a una
comunidad de organismos, caracterizado por los flujos e intercambios
de materia y energía entre los mismos. La diversidad ecosistémica es
una de las tres dimensiones claves de la diversidad biológica, junto con
la diversidad genética y la diversidad de especies. Unos ecosistemas
sanos favorecen la robustez de la diversidad genética y de las especies,
permitiendo la existencia de una combinación muy amplia de plantas,
animales y otros organismos.2
El ecosistema urbano se extiende por toda la ciudad e incluye tanto
elementos biológicos como edificados. Se caracteriza por flujos e inter-
cambios de materia y energía, y sus componentes biológicos propor-
cionan servicios ecosistémicos importantes a la ciudad en su conjunto
(véase cuadro 14-1). Pero un ecosistema urbano difiere de los naturales
en un aspecto importante: mientras que un ecosistema natural es en
gran medida auto-suficiente en materiales y energía, un ecosistema
urbano tiene una fuerte dependencia de fuentes externas de energía y
materia. En las ciudades mediterráneas, por ejemplo, la energía procede
principalmente de pozos petrolíferos en Oriente Medio (aunque muchas
ciudades están apostando crecientemente por las energías renovables),
y se importan materiales, como los alimentos y la madera, de toda la
región y del mundo entero.3

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En un contexto urbano tiene sentido considerar la biodiversidad no
simplemente como un elemento aislado de la actividad urbana, sino como
un factor presente en toda la ciudad. Es más exacto decir que las ciudades
son ecosistemas en vez de que tienen ecosistemas. Los ecosistemas urbanos
están modelados en gran medida por el medio edificado: las estructuras
urbanas influyen sobre parámetros físicos como la temperatura, el viento,
las concentraciones de gases de efecto invernadero y los contaminantes,
entre otros —que a su vez determinan el tipo de biodiversidad urbana
existente. Los ecosistemas urbanos pueden resultar más vulnerables y
complejos frente al cambio que los ecosistemas globales.
Los ecosistemas urbanos se componen de tres subsistemas: el ver-
de (toda la materia viva y el suelo natural), el gris (zonas edificadas)
y el azul (zonas costeras, ríos, aguas estancadas y fuentes). Cada una
de ellos puede dividirse en biotopos específicos —espacios vivos que
proporcionan condiciones adecuadas para el desarrollo de determinados
organismos vivos— o localizados, como árboles (en el subsistema verde),
aceras (en el gris) y charcas (en el azul) (véase gráfico 14-1). En este
enfoque, los muros y los edificios son tan parte del ecosistema urbano
como las zonas forestales: a los subsistemas verde, gris y azul se les
otorga la misma importancia, al contrario de otras conceptualizaciones
de ecosistemas urbanos que consideran los sistemas verdes superiores a
los grises y a los azules.4
En la región mediterránea, muchos ejemplos cotidianos ilustran la
importancia de los biotopos grises (edificados). El alcaparro, una planta
perenne con hojas redondeadas y carnosas y grandes flores blancas o
rosadas, crece salvaje en las paredes de piedra por toda la ciudad de
Roma (Italia) y de Amman (Jordania). La salamanquesa común puede
verse en las infraestructuras urbanas de todo Amman y Barcelona. Y
el Muro de las Lamentaciones de Jerusalén es uno de los enclaves de
nidificación más importantes de los vencejos, una familia de pequeñas
aves con cuerpos esbeltos y largas y curvadas alas. (Ver «Panorámica
urbana: Jerusalén», disponible online).
El concepto de las ciudades como ecosistemas se remonta el menos
a 1925, cuando la Escuela de Sociología de Chicago intentó aplicar
la terminología ecológica a la sociología urbana. Sin embargo, no fue
hasta la década de 1970 que los ecologistas empezaron a considerar las
ciudades como ecosistemas. La influencia y aceptación de esta nueva
línea de pensamiento, conocida como ecología urbana, hizo que otras
disciplinas —como el urbanismo, el ambientalismo y la geografía— se
involucrasen en el estudio de las ciudades, empleando un enfoque ho-
lístico y socioecológico.5

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Cuadro 14-1. Dejemos hacer a la naturaleza

Las ciudades albergan más poblaciones de especies animales y vegetales de lo que


pudiéramos pensar, y proporcionan un hábitat para alrededor del 20% de la especies de
aves y el 5% de las especies de plantas vasculares del mundo. El Cities and Biodiversity
Outlook estima que 34 de los «puntos calientes» de biodiversidad mundial; zonas con una
biodiversidad excepcionalmente alta que han perdido al menos el 70% de su superficie
original de hábitats; se encuentran en ciudades, incluyendo Bruselas (Bélgica), Curitiba
(Brasil), Nueva York y Singapur (véase Panorámica urbana: Singapur, disponible online).
La biodiversidad es la base de servicios ecosistémicos que a menudo damos por
hecho. Los servicios ecosistémicos son importantes no solo en zonas forestales y rurales,
sino también en zonas urbanas, donde somos enormemente dependientes de ellos. En
las ciudades necesitamos árboles para dar sombra y por su valor estético, y necesitamos
parques para gestionar las aguas de lluvia, para la actividad física y para recuperarnos
de las tensiones. La ventaja de los servicios ecosistémicos es que proporcionan varios
beneficios simultáneamente, en comparación con las soluciones técnicas, que a menudo
se centran en resolver de uno en uno los distintos aspectos.
Por ejemplo, a diferencia de los sistemas tradicionales de gestión de pluviales, cuya
única finalidad es manejar y almacenar el agua cuando llueve, la naturaleza puede
gestionar con eficacia las aguas de lluvia, proporcionando simultáneamente muchos
beneficios adicionales. En un día lluvioso, un parque con 10.000 metros cuadrados de
césped puede frenar la escorrentía de 75.000 metros cúbicos de agua de lluvia. Mientras
que en un día soleado, cuando no funciona su función de retención de la escorrentía,
el parque sirve de zona recreativa para jugar al fútbol, comer al aire libre o recuperarse
de un día agotador en el trabajo. Numerosos estudios demuestran que las personas que
pasan tiempo en parques o que viven en barrios con árboles tienen menores niveles de
estrés que el resto de la población. Las zonas espaciosas y tranquilas con característi-
cas naturales también parecen alentar más la actividad física, previenen enfermedades
mentales y promueven el desarrollo de los niños.
Los parques grandes y los entornos naturales en las ciudades no son solo excelentes
lugares para disfrutar las personas, sino que también sirven de hábitat importante y
zona de alimentación para las plantas, las aves y las especies polinizadoras. Un solo
roble puede servir de hábitat para varios cientos de especies. A su vez, estas especies
proporcionan a la ciudad servicios de polinización, control de plagas, reducción de la
contaminación atmosférica y del ruido y captura de carbono.
Un estudio ha estimado en 4.300 dólares anuales el valor de los servicios propor-
cionados por los arrendajos en el Parque Nacional Urbano de Estocolmo, en Suecia.
Estas aves entierran y abandonan bellotas en el parque todos los años, permitiendo una
regeneración constante de los robles. Al mismo tiempo, se calcula que la población de
azores de Estocolmo elimina unas 2.500 palomas anuales, contribuyendo a un control
eficiente de esta plaga. Sin el servicio proporcionado gratuitamente por los azores, la
ciudad de Estocolmo probablemente necesitaría incrementar el número de empleados
cazadores para resolver el problema de las palomas.
Los árboles, arbustos y setos son un componente estético importante en el paisaje
urbano, pero también desempeñan la función de disminuir la temperatura de las ciudades.

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Es frecuente que las ciudades sean más calientes que las zonas circundantes debido al
efecto isla de calor, especialmente por la noche. Los edificios y el pavimento absorben y
almacenan grandes cantidades del calor que se produce en la ciudad. Durante el verano,
las altas temperaturas suponen mayores necesidades de refrigeración y niveles crecientes
de estrés por calor, especialmente grave para los ancianos, los niños, y otros individuos
sensibles. Un mayor volumen de vegetación proporciona un dosel protector y retiene el
agua, contribuyendo a un microclima más fresco en zonas edificadas. El efecto sombra
de los árboles de hoja ancha constituye también una medida eficaz para disminuir la
temperatura interior de los edificios.
Los árboles y setos sirven también de barrera contra la contaminación acústica,
con un potencial de reducción de los niveles de ruido de 2-10 decibelios. Los sistemas
radicales de los árboles y demás vegetación proporcionan un medio eficaz y rentable
para evitar corrimientos de tierras en ciudades con riesgos de erosión.
Estos ejemplos destacan solo una pequeña cantidad de las importantes funciones
que desempeñan los parques, la vegetación y los árboles en las ciudades. En tanto los
parques y el arbolado forman parte de una red verde más amplia, pueden proporcionar
diez veces más beneficios que una infraestructura tradicional construida. La naturaleza
no solo proporciona más servicios, sin que a menudo lo hace a un precio más bajo. La
infraestructura verde supone en muchos casos una inversión de elevada rentabilidad.

Anna Larsson y Peter Wrenfelt,


U&We Business Sustainability Consultancy, Estocolmo

Fuente: véase nota nº 3 al final.

La ciudad no es un entorno marginal para la biodiversidad: en


determinadas zonas geográficas, algunas especies encuentran refugio
en lugares muy urbanizados, como los vencejos reales, que han en-
contrado en los edificios urbanos condiciones tan buenas o mejores
que en los riscos de montaña. Los espacios peri-urbanos, situados
en zonas de transición entre el medio rural y el urbano, también
permiten la existencia de biodiversidad, y algunos se convierten in-
cluso en ecosistemas únicos dentro de las zonas biogeográficas donde
están ubicados.6
Algunas especies que son capaces de adaptarse a la interacción hu-
mana tienden a tener mayor éxito en zonas urbanas que otras aptas
principalmente para entornos naturales. Como muchas otras ciuda-
des, Barcelona ha dedicado recursos a la reintroducción de halcones
peregrinos, promoviendo un proyecto participativo que permite a los
ciudadanos observar desde lejos los nidos y enviar información sobre
los avistamientos locales y el comportamiento de la especie (véase

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«Panorámica urbana: Barcelona», disponible online). Los polluelos de
halcón nacidos en la ciudad constituyen una demostración viviente
de la influencia que puede tener este tipo de iniciativas para aumentar
la biodiversidad en medios urbanos. El éxito de esta reintroducción
es también un excelente ejemplo de la importancia que pueden tener
algunos elementos urbanos relevantes, aportando sitios de nidificación
y de refugio.7

Gráfico 14-1. Los tres subsistemas urbanos y principales biotopos


relacionados

• Edificios
Sistema • Muros
gris • Infraestructura de carreteras
• Sistemas subterráneos
• Calles y plazas

• Formaciones rocosas
Sistema • Eriales
verde • Arbolado urbano • Parques y jardines
• Zonas verdes • Zona verde reducida
• Zonas forestales

Sistema • Fuentes, aguas estancadas y ríos


azul • Zonas costeras y puertos

La dependencia de una ciudad de recursos foráneos, como la ener-


gía y los materiales, afecta no solo a la producción de estos recursos,
sino que también influye en el diseño del paisaje urbano, ya que estos
recursos proceden de lugares a distancias muy diversas. El transporte
rápido de estos recursos hasta la ciudad requiere la construcción de
carreteras, puertos y otras infraestructuras, un proceso que a menudo
provoca la fragmentación del medio natural. Las ciudades son sistemas
en equilibrio termodinámicamente aislados, lo que significa que se au-
toorganizan a costa de incrementar el nivel de desorden o de entropía
en el entorno circundante.8

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«Naturalizar» la ciudad
Para aumentar la presencia y resiliencia de una diversidad de especies,
las ciudades pueden «naturalizarse» —es decir, incorporar una gran
variedad de elementos naturales— mediante actuaciones específicas
fundamentadas. Estos proyectos de «naturación», que intentan atraer a
la biodiversidad silvestre (especialmente fauna beneficiosa) incluyen la
creación de lugares de nidificación, alimentación y refugio dentro de la
ciudad, bien sea en zonas verdes, grises o azules. Establecer infraestruc-
turas verdes urbanas, como parques y jardines, es una táctica habitual
de naturación, pero este tipo de actividades puede incluir también la
creación de cubiertas, muros, fachadas y terrazas verdes. La consecuencia
de ello es el aumento del número o la superficie de ecosistemas que
pueden funcionar de forma autónoma dentro de la ciudad, sin necesidad
de una gestión humana.9
Debido a su riqueza biológica y otras características singulares,
la región mediterránea alberga muchas posibilidades de naturación
Martí Boada

Árbol del Cielo (Ailanto) en el Parque Natural de Collserola, un ejemplo de especie


asiática que se ha vuelto invasiva en Barcelona.

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(véase cuadro 14-2). Algunos ejemplos mediterráneos de estrategias
que introducen animales salvajes en los entornos urbanos pueden ser
el Valle de las Gacelas de Jerusalén, un gran espacio natural cerca del
centro de la ciudad donde se están reintroduciendo gacelas y otras
especies, y el Jardí Tarradellas de Barcelona, una estructura de «facha-
da verde» en el barrio del Ensanche que alberga una extraordinaria
comunidad de aves.10
La naturación incluye asimismo crear pasillos conectores que
entrecruzan la ciudad y que la vinculan con zonas naturales en el
exterior, reforzando así sus hábitats. El proceso de naturación adapta
al medio urbano los modelos clásicos de «corredor» y de «mosaico»
utilizados en la disciplina de ecología del paisaje, representando las
calles y las avenidas los corredores, y los parques las zonas de mo-
saico. Las iniciativas de naturación promueven una red resiliente de
hábitats y de lugares de alimentación y nidificación, estimulando así
la entrada de biodiversidad de los denominados nódulos de recarga,
zonas próximas a la ciudad con un nivel elevado de naturalidad que
nutren la biodiversidad urbana. El proceso de naturación, que conecta
la ciudad con estas zonas, difumina esencialmente los límites entre la
ciudad y la naturaleza.11
Es necesario fortalecer también la resiliencia ecológica de las zonas
verdes urbanas, incorporando en la medida de lo posible ciclos naturales
sin reducir por ello la calidad estética de estos espacios. Puede lograrse
promoviendo estrategias y actuaciones encaminadas a conectar la bio-
diversidad urbana con los ciudadanos y la entrada de biodiversidad en
la ciudad.
En resumen, el proceso de naturación constituye una herramien-
ta fundamental para promover el objetivo de naturalización de una
ciudad, confiando en las zonas verdes urbanas edificadas como puerta
de entrada para la biodiversidad (principalmente animal) de fuera del
sistema urbano. Estas especies encuentran en los biotopos urbanos
(verdes, grises y azules) unas condiciones de vida adecuadas no solo
para su supervivencia, sino para el establecimiento de poblaciones con-
solidadas extraordinariamente adaptadas al ecosistema urbano. Cuando
una ciudad se naturaliza ofrece a los ciudadanos zonas verdes valiosas,
proporcionando y fomentando al mismo tiempo servicios ecosistémicos
relacionados con la biodiversidad urbana.
Las aves son uno de los indicadores más relevantes de estos pro-
cesos. Debido a su elevada movilidad, las aves utilizan los árboles de
las calles y las avenidas como corredores que conectan los nódulos
de recarga con zonas urbanas y peri-urbanas, dotando de permeabili-

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Cuadro 14-2. La región mediterránea: cuna de culturas
y hotspot de biodiversidad

Aunque el mar Mediterráneo representa menos del 1% de la superficie oceánica del


mundo, la región circundante alberga más del 10% de las especies conocidas, incluyendo
muchas que no se encuentran en ningún otro lugar de la Tierra. El enorme número de
plantas endémicas (alrededor de 13.000 plantas nativas), de animales (el 46% de los
reptiles son endémicos, así como el 25% de los mamíferos, el 3% de las aves y 2 de
cada 3 anfibios), y peces de agua dulce (unas 250 especies) representa una extraordinaria
diversidad de seres vivos. Sin embargo, la creciente presión humana por sobrepesca,
contaminación, urbanización costera, turismo insostenible y tráfico marino creciente
representa una grave amenaza para el buen estado biológico de la región.
Situada en la intersección continental de la costa meridional de Europa, de África
del norte, y de Asia occidental, la región mediterránea es muy diversa en términos
biogeográficos. Incluye zonas marinas y terrestres reconocidas tradicionalmente como
lugares importantes de descanso para las especies migratorias. La región puede des-
cribirse mediante tres rasgos principales: su historia, sus paisajes diversos y su clima.
Historia humana: La región mediterránea es un ejemplo de maridaje ambiental y
cultural, que combina paisajes diversos y una mezcla de culturas y de religiones. Considerada
una de las principales cunas de la civilización, la región exhibe grados muy diversos de
complejidad. Cabe citar algunos ejemplos históricos, como los restos de la ciudad romana
de Barcino en Barcelona y las villas (como villa Medici y villa Borghese) dispersas por todo
Roma. Algunas muestras todavía vivientes serían los jardines de Getsemaní y sus vetustos
olivos en el Monte de los Olivos de Jerusalén, y los Parques Reales en Amman.
Paisajes diversos: Los hábitats predominantes de la región son bosques y zonas de
matorral, en los que predominan especies poco exigentes en agua y con gran tolerancia
al estrés hídrico. El mejor ejemplo de adaptación mediterránea es el encinar, presentes en
muchos de los ecosistemas existentes. Tres hábitats destacan por su especial relevancia
socioecológica entre la diversidad de paisajes de la región: los alcornocales de Túnez,
que representan la máxima expresión evolutiva del bosque en la región; la región árida
de matorral mediterráneo (maquis) del sur de Francia, un claro ejemplo de resistencia
climática; y los viñedos de la comarca del Priorat en Cataluña, que ejemplifican un
paisaje de gran calidad a escala humana.
Clima: El clima mediterráneo se caracteriza por dos rasgos principales: una fuerte
estacionalidad en la distribución de las temperaturas y un régimen de precipitaciones
muy imprevisible. Los veranos, generalmente calientes y secos, someten a los ecosistemas
a condiciones de estrés hídrico y calor.
A diferencia de la dispersión urbanística existente en muchos países del mundo, es-
pecialmente en Estados Unidos, las ciudades mediterráneas se caracterizan generalmente
por su complejidad y estructura compacta (un buen ejemplo de ello sería Roma). La
proximidad en cuanto se refiere a usos y funciones favorece un modelo más sostenible
de movilidad, reduciendo la necesidad del coche y facilitando el movimiento peatonal.

Fuente: véase nota nº 10 al final.

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dad al sistema urbano. Estos elementos favorecen también la riqueza
de las poblaciones de aves, proporcionando lugares de alimentación,
nidificación y refugio.12
En Roma, el parque de Villa Borghese, un jardín público de 80
hectáreas, representa un nódulo de recarga extraordinario dentro de
la propia ciudad, y contiene majestuosos pinos piñoneros (conocidos
también como pinos parasol debido a la forma de su copa) que cum-
plen una importante función como zona refugio y de nidificación y
que contribuyen a la gran diversidad de este espacio. La gran variedad
de hábitats dentro del parque favorece la presencia de muchas especies
animales, incluyendo ardillas, erizos y ranas.
Los animales que viven en ecosistemas urbanos se enfrentan a
menor presión de los
depredadores naturales
que aquellos que viven
en áreas naturales pe-
ri-urbanas y en las zonas
naturales circundantes,
donde son mayores los
índices de depredación.
Debido a ello, los anima-
les urbanos exhiben unos
niveles menores de estrés
y una disminución en la
«distancia de alerta», el
punto en que un ani-
mal empieza a mostrar
un comportamiento de
alerta en respuesta a la
aproximación de la silue-
ta humana. La reducción
de estrés supone también
una menor «distancia
de fuga», la distancia a
la que huye un animal
cuando se acerca un ser
Pablo Knobel

humano.13
La biodiversidad ur-
bana puede clasificarse
El Jardí Tarradellas, un edificio con fachada verde en tres tipologías, depen-
situado en un importante cruce en Barcelona. diendo de su grado de

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Roser Maneja

Villa Borghese en Roma, un nódulo de recarga excepcional situado en el interior de la


ciudad, con un claro predominio de pino piñonero.

presencia y su origen: cautiva, inducida y atraída. La fauna cautiva se


refiere a una población animal que sigue viviendo en hábitats pre-ur-
banos antiguos predominantemente verdes, como determinadas aves,
anfibios y ardillas que habitan viejos jardines, bosquetes residuales,
patios y jardines privados. La fauna cautiva es un indicador cualitativo
de sostenibilidad, pues demuestra una sostenibilidad histórica que ha
permitido mantener la presencia de una especie en una zona urbana a
pesar del crecimiento de la ciudad.14
La fauna inducida, en cambio, son los animales cuya existencia es
consecuencia de actividades e instalaciones humanas que han favorecido
la presencia de determinadas especies procedentes originalmente de
otros hábitats (e incluso de otros continentes). Un ejemplo de ello en
la región mediterránea serían las cotorras que han escapado del cau-
tiverio. La fauna inducida pone a prueba la resiliencia de un sistema
urbano frente a un nuevo organismo vivo.
El tercer tipo de biodiversidad urbana, la biodiversidad atraída, está
constituido por aquellas especies antropófilas, como los gorriones, que
están vinculadas simbióticamente a las actividades humanas, aprove-
chando recursos y flujos de materiales disponibles sin provocar efectos
negativos ni positivos. Constituyen una prueba palpable de la relación
no-agresiva y sin tensiones existente entre la cultura urbana actual y la
presencia espontánea de biodiversidad.15

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Servicios de la biodiversidad urbana
La biodiversidad urbana es un importante indicador de la calidad de
vida. Un aumento de biodiversidad acrecienta la calidad del entorno
y mejora la calidad de vida de los seres humanos. Hay quien señala
que la mera observación de la naturaleza genera un estado psicológico
más relajado, menores niveles de estrés, mayor satisfacción y bienestar
personal, menos fatiga mental y una mejora del estado mental.16
Una biodiversidad en buen estado tiene consecuencias directas sobre
el bienestar humano, generando servicios ecosistémicos que se obtienen
directamente de los activos naturales (suelo, biodiversidad, aire y agua) y
producen efectos beneficiosos para las personas. Cabe citar tres catego-
rías generales de servicios ecosistémicos: reguladores, como por ejemplo
la depuración del agua y del aire o la mitigación de inundaciones; de
aprovisionamiento, que incluyen el abastecimiento de alimentos, agua
o medicinas; y culturales, que abarcan beneficios estéticos, espirituales,
recreativos e intelectuales (véase tabla 14-1). 17
Sin embargo, la biodiversidad urbana no siempre genera efectos
beneficiosos. Algunas especies urbanas tienen un impacto negativo
sobre el bienestar humano. Algunos autores han acuñado el término
«des-servicios urbanos» para describir los efectos negativos derivados
de la biodiversidad. Por
ejemplo, mientras que
las personas perciben al-
gunas plantas y animales
como suministradores
de ser vicios urbanos
(«especies beneficiosas»),
otros —animales como
las ratas, las palomas, las
moscas, las cucarachas y
los mosquitos, y plantas
como las ortigas— son
considerados a menudo
como des-servicios, en
parte porque son desa-
Martí Boada

gradables o producen te-


mor, provocan problemas
domésticos, o en algunos
Esta estatua desfigurada por las heces de paloma casos, pueden ser porta-
es un buen ejemplo de «des-servicio» urbano. dores de enfermedades.18

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Tabla 14-1. Servicios ecosistémicos proporcionados
por la biodiversidad urbana

La vegetación puede ayudar a reducir la contaminación


Depuración del
atmosférica, así como los problemas ambientales y de salud
aire
pública asociados al transporte y a la calefacción.

Regulación del
Las ciudades pueden afectar a la meteorología e incluso al clima
micro-clima de
local. Un único árbol de grande dimensiones puede transpirar
las calles y de la
450 litros de agua diarios.
ciudad

La vegetación y los espacios abiertos pueden contribuir a


Reducción de aumentar la distancia al foco de ruido y reducir el volumen
Regulación
ruidos producido por el tráfico y otras causas, que podrían crear
problemas de salud para los habitantes de zonas urbanas.

El suelo de las zonas con vegetación permite que el agua se


Drenaje del agua
infiltre, y la vegetación absorba agua y la libere a la atmósfera
de lluvia
mediante la evapotranspiración.

La vegetación y la fauna de los humedales son capaces de


Tratamiento de asimilar grandes cantidades de nutrientes y ralentizar el flujo de
residuos las aguas residuales, permitiendo que las partículas se depositen
en el fondo.

Los huertos urbanos pueden ser una importante fuente de


Alimentos verduras locales, y las zonas peri-urbanas pueden proporcionar
alimentos tanto para las personas como para los animales.

Medicinas Algunas especies vegetales producen sustancias medicinales.


Aprovisionamiento Los árboles y otros tipos de vegetación urbana proporcionan
Sombra
sombra, generan humedad y hacen de barrera contra el viento.

Algunas especies de flora, como las de los géneros Tilia (tilos),


Olores Buxus (boj) y Lonicera (madreselvas) producen aromas agrada-
bles.

La biodiversidad urbana proporciona educación ambiental,


Educativo/ ayudando a conectar a las personas con la naturaleza, la
científico estacionalidad y la noción de un planeta vivo y de nuestros
orígenes naturales.
Cultural
Estético/arte La biodiversidad urbana puede ser fuente de inspiración artística.

La presencia de animales, como aves y peces, debería ser


Social contabilizada como valor recreativo. Los espacios verdes son muy
importantes en términos psicológicos.

Fuente: véase nota nº 17 al final.

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El caso del jabalí en las zonas más elevadas de Barcelona, próximas a
zonas de bosque, ilustra cómo una especie puede considerarse perjudicial.
El jabalí está invadiendo progresivamente la ciudad, provocando alteracio-
nes de la circulación, dañando infraestructuras urbanas, haciendo estragos
en los jardines y en lugares de nidificación de las aves y actuando como
portador de enfermedades de origen animal a la ciudad (un aspecto menos
evidente). Existen casos similares en todo el mundo, como los mapaches
y los coyotes en algunas ciudades de EEUU, los monos en Nueva Deli
(India) y los babuinos en Durban (Sudáfrica).

Gobernanza del verde urbano


En el contexto urbano, y dada la importancia de la interacción entre
ciudadanos y biodiversidad, es posible repensar las funciones de la
biodiversidad aplicando criterios relevantes que responden a las moti-
vaciones humanas. En este sentido, la gobernanza del verde urbano se
refiere a estrategias de naturación desarrolladas en una ciudad con el
fin de naturalizarla. Este modelo de gobernanza se complementa con
un rango muy amplio de procesos participativos que conectan la bio-
diversidad urbana con los ciudadanos. Las tres motivaciones principales
de las ciudades para promover y cultivar la biodiversidad urbana son: la
naturalización, la biodiversidad que habita en las ciudades y los servicios
ecosistémicos (véase tabla 14-2).19
Raquel Baranow

Coyote urbano cruzando una calle en Tucson, Arizona.

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En el contexto de la crisis ambiental actual, muchas ciudades preo-
cupadas por la sostenibilidad están optando por mantener una mayor
diversidad de árboles, que puede dotarles de adaptabilidad y resiliencia
frente al cambio. En algunas ciudades, el planeamiento urbano moder-
no incluye criterios específicos de diversificación del arbolado y de su
distribución. El plan forestal urbano de Melbourne (Australia) establece
para 2040 el objetivo de limitar al 5% el predominio de una especie
arbórea, al 10% el predominio de un género, y al 20% el predominio
de una familia. (Ver «Panorámica urbana: Melbourne», disponible on-
line). Barcelona también propone no superar un predominio del 15%
para ninguna especie arbórea. Políticas estratégicas como estas pueden
ayudar a que las ciudades sean más resilientes y más sostenibles frente
a un escenario de cambio global.20

Índice de gobernanza del verde urbano


La biodiversidad urbana es un indicador potente del bienestar humano.
Sirve como herramienta para hacer un seguimiento del cambio global
y como referencia para medir los esfuerzos que está realizando una ciu-
dad para armonizar actividades urbanas con la naturaleza. Durante las
últimas décadas se han desarrollado y utilizado numerosos indicadores
de biodiversidad urbana, entre ellos el Índice de Shannon, el Índice de
Simpson y el Índice de Singapur sobre Biodiversidad de las Ciudades,
también conocido como Índice de Biodiversidad de Ciudades (IBC).21
Un indicador más reciente, el Índice de Gobernanza del Verde Ur-
bano (UGI, por sus siglas en inglés), se ha creado como herramienta
para ayudar a urbanistas y a los responsables de las políticas a analizar
y gestionar los espacios verdes urbanos de acuerdo con las tres mo-
tivaciones urbanas sobre biodiversidad (naturalización, biodiversidad
que habita en las ciudades y servicios ecosistémicos). La naturalización
incluye indicadores relacionados con la alimentación, la reproducción y
los refugios (por ejemplo, referentes a la estacionalidad y estado de los
frutos y las flores, la producción de frutos comestibles, la capacidad de
atracción de especies polinizadoras, los tipos y altura de las diferentes
especies, el tipo de poda, la densidad de las copas, la formación de
cavidades y retención de las hojas); la biodiversidad que habita en las
ciudades incluye indicadores tales como necesidades de agua, suscep-
tibilidad a plagas y enfermedades, especies invasoras, y adaptación al
cambio climático; y los servicios ecosistémicos se dividen en dos bloques
principales: salud y bienestar, y servicios ecosistémicos urbanos.

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Tabla 14-2. Motivaciones y funciones de la biodiversidad urbana

Motivación Función Objetivo(s) principal(es)

Conservar la biodiversidad local en un entorno urbano y


Conservación
proteger poblaciones importantes de especies singulares
Naturalización Conexión con Crear corredores naturales o conectores dentro de la ciudad y
nódulos de recarga favorecer zonas de alimentación, refugio y reproducción de las
especies silvestres.

Promover respuestas adaptativas al cambio global.


Biodiversidad
Disponer de reservas de alimentos de forma auto-suficiente
que habita Resiliencia urbana
(p. ej. huertos urbanos)
en las ciudades
Servir de bio-indicador de la calidad urbana

Mejorar la calidad de vida y el bienestar humano


Proporcionar paisajes sonoros y silenciosos a través de la
Bienestar
percepción activa y pasiva
Contribuir a una elevada cohesión social
Servicios Regulación: depuración del aire, regulación del micro-clima,
ecosistémicos reducción de ruidos, drenaje de agua y tratamiento de
Servicios de la residuos
biodiversidad Aprovisionamiento: alimentos, medicinas, sombra y aromas
urbana Beneficios culturales: educativos/científicos (reconectar y
reconciliar a los ciudadanos con la naturaleza), estéticos/
artísticos y sociales

El UGI resulta especialmente útil para aquellas ciudades que albergan


ciertas especies urbanas presentes normalmente en los jardines de las
urbes mediterráneas. También es una herramienta adecuada para ayudar
a los gestores urbanos a enfrentarse al cambio global (como los efectos
del cambio del clima) y para guiar el desarrollo de los planes generales
urbanos. El UGI se desarrolló basándose en la experiencia adquirida
en Barcelona, con el objetivo de convertirse en herramienta de gestión
replicable en otras ciudades de la región mediterránea, como Amman,
Jerusalén, Roma, y Túnez, donde será puesto a prueba de forma piloto.22
El UGI puede utilizarse para hacer conscientes a las ciudades de
la carencia de información importante relacionada con determinados
aspectos de su biodiversidad. Considera para ello dos tipos principales
de indicadores: indicadores de modelo urbano, que contienen datos
relevantes sobre los parámetros socioeconómicos de la ciudad, y una

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revisión de la biodiversidad urbana, que evalúa el estado de la biodi-
versidad de la ciudad.
Dentro de las ciudades, es importante la «abundancia relativa» de
cada especie —su abundancia o rareza en relación con otras especies
de la zona— porque afecta de forma transversal a otros muchos com-
ponentes de los ecosistemas urbanos. Las ciudades con una mayor
diversidad de especies son también más resilientes frente al cambio cli-
mático, disponen de una mejor oferta de lugares de reproducción y de
alimentación, y ofrecen determinados servicios ecosistémicos mejorados,
tales como permitir a sus habitantes gozar de la belleza cambiante del
paso de las estaciones. En general, una comprensión más profunda de
la importancia de la biodiversidad urbana puede mejorar la relación
entre las personas y el planeta, dando a las ciudades sostenibles una
esperanza de futuro.

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Regions», Local Environment: The International Journal of Justice and Sustainability 20, núm.
13 (2015): 1,547-63; activista, comunicación personal al autor, julio de 2014.
25. Philipp Terhorst y David Hall, Remunicipalisation of the Germany Energy Sector
(Londres: PSIRU, 2011); comunicación personal de funcionario del Ministerio de Energía
en Hessen al autor, julio de 2015.
26. Stephen Hall, Timothy Foxon y Ronan Bolton, «The New ‘Civic’ Energy Sector:
Implications for Ownership, Governance and Financing of Low Carbon Energy Infras-
tructure», Energy Research & Social Science (previsto para 2016); Caroline Julian, Creating
Local Energy Economies: Lessons from Germany (Londres: Respublica, 2014). Gráfico 16-1
procedente de German Renewable Energies Agency (AEE), «Renewable Energy in the Hands
of the People», abril de 2013, www.unendlich-viel-energie.de/media-library/charts-and-data/
renewable-energy-in-the-hands-of-the-people.
27. Hall, Foxon y Bolton, «The New ‘Civic’ Energy Sector»; comunicación personal
de funcionario del Ministerio de Energía en Hessen al autor, julio de 2015.
28. Comunicación personal de subdirector de una empresa pública municipal al autor,
julio de 2014; ver también Stadtwerke München, «SWM Renewable Energies Expansion
Campaign», https://www.swm.de/english/company/energy-generation/renewable-energies.
html.
29. Gráfico 16-2 procedente de U.S. Energy Information Administration, «Total Pri-
mary Coal Production (Thousand Short Tons)», International Energy Statistics, www.eia.
gov/cfapps/ipdbproject/iedindex3.cfm?tid=1&pid=7&aid=1.
30. «Parón» experimentado por la Energiewende, del responsable de energía de un
gobierno regional, comunicación personal al autor, septiembre de 2015.
31. Andrew Cumbers et al., Repossessing the Future.
32. Caroline Kuzemko, «Energy Depoliticisation in the UK: Destroying Political
Capacity», British Journal of Politics & International Relations (16 de abril de 2015): 1.
33. Cumbers, Reclaiming Public Ownership.
34. Ibid.

Capítulo 14. El papel vital de la biodiversidad en la sostenibilidad urbana

* Este estudio ha sido posible gracias al apoyo del Club de Roma y de la Fundación
La Caixa. Los autores quisieran agradecer a las siguientes personas su apoyo en la redacción
de este capítulo: Hakam Al Alami, Adrià Costa, Raed Daoud, Sabina Giovenale, Munther
Haddadin, Francesc Maneja, Bartolomé Masoliver, Benedetto Proietti Mercuri, Franco
Paolinelli, Beti Piotto, Maen Smadi y Mohammed Zaarour.
1. Martí Boada y Francisco Javier Gómez, Biodiversidad. Cuadernos de Medio Ambiente
(Barcelona: Rubes, 2008).
2. Jaume Terradas, Ecologia Urbana (Barcelona: Monografies de medi ambient, Gene-
ralitat de Catalunya, 2001).
3. Martí Boada y Roser Maneja Zaragoza, The Socio-environmental Heritage of the
UAB Campus (Bellaterra: Universitat Autònoma de Barcelona, 2005). Datos del Cuadro
17-1 procedentes de las siguientes fuentes: Secretariat of the Convention on Biological
Diversity, Cities and Biodiversity Outlook (Montreal: 2012), 8; datos sobre gestión de las
aguas de lluvia y rentabilidad procedentes de European Environment Agency (EEA),
Exploring Nature-based Solutions: The Role of Green Infrastructure in Mitigating the Impacts
of Weather- and Climate Change-related Natural Hazards (Bruselas: 2015); datos sobre
césped procedentes de Svenskt Vatten, Hållbar dag - och dränvattenhantering. Råd vid
planering och utformning (Broma, Suecia: 2011); datos sobre niveles de estrés procedentes
de Omid Kardan et al., «Neighborhood Greenspace and Health in a Large Urban Center,
Scientific Reports 5, núm. 11610 (2015), de Catharine Ward Thompson et al., «More
Green Space Is Linked to Less Stress in Deprived Communities: Evidence from Salivary

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Cortisol Patterns», Landscape and Urban Planning 105, núm. 3 (2012): 221-29, y de
Patrik Grahn y Ulrika A. Stigsdotter, «Landscape Planning and Stress», Urban Forestry &
Urban Greening 2, núm. 1 (2003): 1-18; datos sobre características naturales procedentes
de Matilda Annerstedt, Nature and Public Health: Aspects of Promotion, Prevention, and
Intervention, tesis doctoral (Alnarp: Swedish University of Agricultural Sciences, 2010);
datos sobre arrendajos procedentes de Cajsa Houghner, Johan Colding y Tore Söderqvist,
«Economic Valuation of a Seed Dispersal Service in the Stockholm National Urban Park,
Sweden», Ecological Economics 59, núm. 3 (2006): 364-74; datos sobre palomas proceden-
tes de Anders Eriksson y Tommy Eriksson, Duvhök i norra Stockholm. Accipiter gentilis
(Estocolmo: City of Stockholm, 2007); datos sobre el dosel protector procedentes de S.
Thorsson, «The Urban Climate - Measures to Reduce the Temperature in Urban Areas»,
FOI-R-3415-SE, 2012; datos sobre barreras contra la contaminacion acústica procedentes
de Mats Nilsson et al., «Novel Solutions for Quieter and Greener Cities» (Estocolmo:
2013); datos sobre erosión procedentes de EEA, Exploring Nature-based Solutions, y de
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Georg Reimer, 1866). Gráfico 17-1 procedente de M. Boada y L. Capdevila, Barcelona,
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Terradas et al., Ecologia Urbana (Barcelona: Revista investigación i tecnologia, 2011).
6. Salvador Rueda, Barcelona, ciutat mediterrània, compacta i complexa. Una visió de
futur més sostenible. (Barcelona: Ajuntament de Barcelona, 2002).
7. Salit Kark et al., «Living in the City: Can Anyone Become an ‘Urban Exploiter’?»
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www.bcn.cat/agenda21/falco/.
8. Terradas et al., Ecologia Urbana.
9. Salvador Rueda, Green Roofs and Walls in Barcelona. A Study on Existing and Potential
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10. Cuadro 17-2 procedente de las siguientes fuentes: página web de MedPAN,
www.medpan.org; página web de IUCN, www.iucn.org; Fernando Valladares, «El hábitat
mediterráneo continental: un sistema humanizado, cambiante y vulnerable», en Mariano
Paracuellos, Ambientes mediterráneos. Funcionamiento, biodiversidad y conservación de los
ecosistemas mediterráneos (Almería: Instituto de Estudios Almerienses, 2007); Salvador
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tralian Journal of Ecology 14, núm. 4 (1989): 549-57; P. Clergeau et al., «Bird Abundance
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Birds at a Regional Scale: A Case Study with the Avifauna of Northern Madrid Province»,
Landscapes Urban Planning 77, núm. 3 (2006): 276-90; Gang Yang et al., «Evaluation of

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Greening 14, núm. 2 (2015): 246-54.
13. Boada y Capdevila, Barcelona, Biodiversitat Urbana; Boada y Gómez, Biodiversidad.
Cuadernos de Medio Ambiente; Tommy S. Parker y Charles H. Nilon, «Gray Squirrel (Sciurus
carolinensis) Density, Habitat Suitability, and Behavior in Urban Parks», Urban Ecosystems 11
(2008): 243-55; Boada y Sànchez, Naturaleza y cultura, biodiversidad urbana; John Marzluff
y Amanda Rodewald, «Conserving Biodiversity in Urbanizing Areas: Nontraditional Views
from a Bird’s Perspective», Cities and the Environment 1, núm. 2 (2008); McPherson y Ni-
lon, «A Habitat Suitability Index Model for Grey Squirrel in an Urban Cemetery; Esteban
Fernández-Juricic et al., «Alert Distance as an Alternative Measure of Bird Tolerance to
Human Disturbance: Implications for Park Design, Environmental Conservation 28, núm.
3 (2001): 263-69; Tommy S. Parker y Charles H. Nilon, «Urban Landscape Characteristics
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Sànchez, Naturaleza y cultura, biodiversidad urbana.
14. Boada y Capdevila, Barcelona, Biodiversitat Urbana; Boada y Gómez, Biodiversidad.
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15. Boada y Capdevila, Barcelona, Biodiversitat Urbana; Boada y Gómez, Biodiversidad.
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16. Montserrat Pallarès-Barbera et al., «Bienestar, planificación urbana y biodiversidad.
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Irene van Kamp et al., «Urban Environmental Quality and Human Well-being: Towards
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Cantarino Martí, Zonas de morfología urbana: coberturas del suelo y demografía (Madrid:
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2008). Tabla 17-1 procedente de Marie Svensson e Ingegärd Eliasson, Grönstrukturens bety-
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Pearson, ed., «Sustainable Urbanisation: A Resilient Future», Special Issue, Ecological
Economics 86 (febrero de 2013): 1-300; Jari Lyytimäki y Maija Sipilä, «Hopping on One
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Forestry & Urban Greening 8, núm. 4 (2009): 309-15.
19. Tabla 17-2 procedente de D. C. Dearborn y S. Kark, «Motivations for Conserving
Urban Biodiversity», Conservation Biology 24, núm. 2 (2010): 432-40; Assaf Shwartz et al.,
«Outstanding Challenges for Urban Conservation Research and Action», Global Environ-
mental Change 28 (septiembre de 2014): 39-49.
20. Ciudad de Melbourne, Urban Forest Strategy: Making a Great City Greener 2012-
2032 (Melbourne: 2012); Ayuntamiento de Barcelona, Green and Biodiversity Plan Barcelona
2020 (Barcelona: 2013).

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21. Millennium Ecosystem Assessment, Ecosystems and Human Well-being: Biodiversity
Synthesis (Washington, DC: World Resources Institute, 2005); Ryo Kohsaka et al., «Indi-
cators for Management of Urban Biodiversity and Ecosystem Services: City Biodiversity
Index», en Thomas Elmqvist et al., eds., Urbanization, Biodiversity and Ecosystem Services:
Challenges and Opportunities: A Global Assessment (Springer, 2013), 699-718.
22. Pallarès-Barbera et al., «Bienestar, planificación urbana y biodiversidad»; Boada y
Sànchez, Naturaleza y cultura, biodiversidad urbana.

Capítulo 15. La ciudad inclusiva: planeamiento urbano para la diversidad


y la cohesión social

1. ONU-Habitat, State of the World’s Cities 2008/2009: Harmonious Cities (Nai-


robi: 2009); Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de la Naciones Unidas
(ONU) (DAES), División de Población, World Urbanization Prospects: The 2014 Revi-
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(OIM), World Migration Report 2015. Migrants and Cities: New Partnerships to Manage
Mobility (Génova: 2015).
2. Mary J. Hickman y Nicola Mai, «Migration and Social Cohesion. Appraising the
Resilience of Place in London», Population, Space and Place 21, núm. 5 (2015): 431.
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8. ONU DAES, PNUD y ACNUDH, Habitat III Issue Papers; Tiit Tammaru et
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10. Hartmut Häussermann, «Wohnen und Quartier: Ursachen sozialräumlicher Segre-
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11. Jane Parry, Issue Paper on Secure Tenure for Urban Slums. From Slums to Sustaina-
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12. Boucher y Samad, «Introduction. Social Cohesion and Social Change in Europe»;
Peters, Elands y Buijs, «Social Interactions in Urban Parks»; Talja Blokland, Carlotta
Giustozzi y Franziska Schreiber, «The Social Dimensions of Urban Transformation: Con-
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Harald A. Mieg y Klaus Töpfer, Institutional and Social Innovation for Sustainable Urban
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