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Ordenación de Presbíteros en Los Teques

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ORDENACIÓN DE PRESBÍTEROS

Rito de

Ordenación
Presbiteral
DARWIN RUBÉN CABELLO RIVERA
DENNY DANIEL MARTÍNEZ

Por imposición de manos


y Plegaria de Ordenación del
EXCMO. MONS. FREDDY JESÚS FUENMAYOR SUÁREZ

Sábado, 30 de noviembre de 2024


SANTA IGLESIA CATEDRAL DE NTRA. SRA. DE LA ASUNCIÓN
Diócesis de Los Teques, Los Teques
ORDENACIÓN DE PRESBÍTEROS

Monición de entrada
QUERIDOS HERMANOS:

NOS HEMOS REUNIDO HOY PARA CELEBRAR CON ALEGRÍA LA ORDENACIÓN PRESBITERAL
DE DOS HIJOS DE ESTA IGLESIA
LOCAL DE LOS TEQUES: DARWIN RUBÉN CABELLO RIVERA Y
DENNY DANIEL MARTÍNEZ. CRISTO, NUESTRO SEÑOR PARA APACENTAR EL PUEBLO DE
DIOS, INSTITUYÓ DIVERSOS MINISTERIOS, ENTRE LOS CUALES RESALTA EL PRESBITERADO,
QUE FORMA PARTE DEL SEGUNDO GRADO DEL SACRAMENTO DEL ORDEN.

POR ELLO, MEDIANTE LA IMPOSICIÓN DE LAS MANOS Y LA PLEGARIA DE ORDENACIÓN DEL


OBISPO, EN COMUNIÓN CON EL PRESBITERIO, SERÁN CONSTITUIDOS PRESBÍTEROS, A
IMAGEN DE CRISTO, BUEN PASTOR, PARA ANUNCIAR A TODOS LA PALABRA DE DIOS,
CELEBRAR EL CULTO DIVINO, DESEMPEÑAR EL MINISTERIO DE LA RECONCILIACIÓN PARA CON
LOS FIELES ARREPENTIDOS O ENFERMOS, Y PRESENTAR A DIOS PADRE LAS NECESIDADES Y
SÚPLICAS DE SUS HIJOS.

PUESTOS DE PIE Y LLENOS DE GOZO, DAMOS INICIO A ESTA CELEBRACIÓN CON EL CANTO
DE ENTRADA.

Estando todo dispuesto, se inicia la procesión por la iglesia hacia el altar según el modo
acostumbrado. Precede el diácono portador del libro de los Evangelios, con los demás
diáconos, si los hay; siguen los ordenandos, los presbíteros concelebrantes y, finalmente, el
Obispo, con sus dos diáconos asistentes ligeramente detrás de él. Llegados al altar, y hecha la
debida reverencia, se dirigen todos a su respectivo lugar.
Se inciensa la cruz y el altar. Mientras tanto, se entona la antífona de entrada con su salmo,
u otro canto apropiado.
ORDENACIÓN DE PRESBÍTEROS

RITOS INICIALES
Después el obispo, los concelebrantes y los fieles, de pie, se signan con la señal de la cruz,
mientras aquél, de cara al pueblo, dice:
En el nombre del Padre, y del Hijo,
y del Espíritu Santo.
Todos: Amén.

Luego el obispo, extendiendo las manos, saluda a la asamblea diciendo:


La paz esté con ustedes.
Todos: Y con tu espíritu.
Después el mismo obispo puede hacer a los fieles una breve introducción sobre la Misa del
día.

Inmediatamente el obispo invita al acto penitencial:


Hermanos y hermanas:
Para celebrar dignamente estos sagrados misterios,
reconozcamos nuestros pecados.
Se hace una breve pausa en silencio. Despúes hacen todos en común la confesión de sus
pecados:
Yo confieso ante Dios todopoderoso
y ante ustedes, hermanos,
que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y
omisión:
y, golpeándose el pecho, dicen:
por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.
Luego prosiguen:
Por eso ruego a santa María, siempre Virgen,
a los ángeles, a los santos
y a ustedes, hermanos,
que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor.
El obispo, con las manos juntas, concluye con la siguiente plegaria:
Dios todo poderoso
tenga misericordia de nosotros,
perdone nuestros pecados
y nos lleve a la vida eterna.
Todos: Amén.
ORDENACIÓN DE PRESBÍTEROS

Siguen las invocaciones del Señor, ten piedad (Kýrie Eléison), si no se han dicho ya en la
fórmula del acto penitencial.
A continuación, se canta o se dice el himno Gloria a Dios en el cielo.

Gloria a Dios en el cielo,


y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.
Por tu inmensa gloria
te alabamos,
te bendecimos,
te adoramos,
te glorificamos,
te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial,
Dios Padre todopoderoso
Señor, Hijo único, Jesucristo,
Señor Dios, Cordero de Dios,
Hijo del Padre;
Tú que quitas el pecado del mundo,
ten piedad de nosotros;
Tú que quitas el pecado del mundo
atiende nuestra súplica;
Tú que estás sentado a la derecha del Padre,
ten piedad de nosotros;
porque sólo Tú eres Santo,
sólo Tú Señor,
sólo Tú Altísimo, Jesucristo,
con el Espíritu Santo,
en la gloria de Dios Padre. Amén.
Oración Colecta

D ios y Padre nuestro,


que para guiar y gobernar a tu pueblo
has querido servirte del ministerio de los sacerdotes,
concede a estos diáconos de tu Iglesia,
que has elegido hoy para el presbiterado,
perseverar al servicio de tu voluntad
para que, en su ministerio y en su vida,
busquen solamente tu gloria, unidos siempre a Cristo.
Él, que vive y reina contigo...
Todos: Amén.
ORDENACIÓN DE PRESBÍTEROS

LITURGIA DE LA PALABRA
La liturgia de la Palabra se realiza del modo acostumbrado, hasta el Evangelio inclusive.

PRIMERA LECTURA: del libro del profeta Isaías (61, 1-3. 6. 8-9)

SALMO RESPONSORIAL: del salmo 22

SEGUNDA LECTURA: de la Carta del apóstol san Pablo a los Romanos (10, 9-18)

EVANGELIO: del santo Evangelio según san Mateo (4. 18-22)

LITURGIA DE LA ORDENACIÓN
Terminada la proclamación del Evangelio, una vez que el obispo haya bendecido con el
Evangeliario, inicia la Ordenación de presbíteros.
El obispo se acerca, si es necesario, a la sede preparada para la Ordenación, y se hace la
presentación de los candidatos.

Elección de los candidatos


Los ordenandos son Ilamados individualmente por el diácono de la forma siguiente:

Acérquense los que van a ser ordenados presbíteros.


DARWIN RUBÉN CABELLO RIVERA
El llamado dice:
Presente.
DENNY DANIEL MARTÍNEZ
El llamado dice:
Presente.
Y se acercan al obispo, a quien hacen una reverencia.

Permaneciendo los ordenandos de pie ante el Obispo, un presbítero designado por el


obispo dice:
Reverendísimo Padre, la santa Madre Iglesia pide que
ordenes presbíteros a estos hermanos nuestros.
El obispo le pregunta:
¿Sabes si son dignos?
Y él responde:
Según el parecer de quienes los presentan, después de
consultar al pueblo cristiano, doy testimonio de que han sido
considerados dignos.
ORDENACIÓN DE PRESBÍTEROS

El obispo:
Con el auxilio de Dios y de Jesucristo, nuestro Salvador,
elegimos a estos hermanos nuestros para el Orden de los
presbíteros.
Todos dicen: Te damos gracias, Señor.

Homilía
Enseguida, estando todos sentados, el obispo hace la homilía en la que, partiendo del texto
de las lecturas proclamadas en la liturgia de la Palabra, instruye al pueblo y a los elegidos sobre
el ministerio de los presbíteros.

Promesa de los elegidos


Después de la homilía, solamente los elegidos se levantan y se ponen de pie ante el obispo,
quien los interroga conjuntamente, con estas palabras:
Queridos hijos: Antes de entrar en el Orden de los
presbíteros es necesario que manifiesten ante el pueblo su
decisión de recibir este ministerio.
¿Quieren desempeñar siempre el ministerio sacerdotal en el
grado de presbíteros, como fieles colaboradores del Orden
episcopal, apacentando el rebaño del Señor, bajo la guía del
Espíritu Santo?
Los elegidos, todos a la vez, responden: Sí, quiero.
El obispo:
¿Quieren desempeñar con dedicación y sabiduría el
ministerio de la palabra en la predicación del Evangelio y la
exposición de la fe católica?
Los elegidos: Sí, quiero.
El obispo:

¿Quieren celebrar con piedad y fidelidad los misterios de


Cristo, especialmente el sacrificio de la Eucaristía y el
sacramento de la Reconciliación, para alabanza de Dios y
santificación del pueblo cristiano, según la tradición de la
Iglesia?
Los elegidos: Sí, quiero.
ORDENACIÓN DE PRESBÍTEROS

El obispo:
¿Quieren implorar, junto con nosotros, la misericordia divina
en favor del pueblo que les sea confiado, cumpliendo así el
mandato de orar continuamente?
Los elegidos: Sí, quiero.
El obispo:
¿Quieren unirse cada día más estrechamente a Cristo, sumo
Sacerdote, que por nosotros se entregó al Padre como víctima
santa, y consagrarse a Dios junto con él para la salvación de los
hombres?
Los elegidos: Sí, quiero, con la gracia de Dios.
Enseguida, cada uno de los elegidos se acerca al obispo y, de rodillas ante él, pone sus
manos juntas entre las manos del obispo.

El obispo pregunta al elegido, diciendo, si es su Ordinario (Darwin):


¿Prometes obediencia y respeto a mí y a mis sucesores?
El elegido: Sí, prometo.
Si el elegido es un religioso, el obispo dice (Denny):
¿Prometes obediencia y respeto al Obispo diocesano y a tu
Superior legítimo?
El elegido: Sí, prometo.
El obispo concluye siempre:
Que Dios mismo lleve a término esta obra buena que en ti ha
comenzado.
Oración litánica
A continuación, todos se levantan. El obispo, dejando la mitra, de pie, con las manos juntas y
de cara al pueblo, hace la invitación:

O remos, hermanos, a Dios Padre todopoderoso,


para que derrame generosamente sus dones
sobre estos elegidos para el ministerio de los presbíteros.
Entonces, los elegidos se postran en tierra, e inmediatamente despúes de la invitación del
obispo a la oración litánica, el diácono, dice:
NOS PONEMOS DE RODILLAS.
ORDENACIÓN DE PRESBÍTEROS

Se cantan las letanías; todos responden.

Señor, ten piedad. Señor, ten piedad.


Cristo, ten piedad. Cristo, ten piedad.
Señor, ten piedad. Señor, ten piedad.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros.
San Miguel, ruega por nosotros.
Santos Ángeles de Dios, rueguen por nosotros.
San Juan Bautista, ruega por nosotros.
San José, patrono de la Iglesia Universal, ruega por nosotros.
Santos Pedro y Pablo, rueguen por nosotros.
San Andrés, ruega por nosotros.
Santiago, ruega por nosotros.
San Juan, ruega por nosotros.
Santo Tomás, ruega por nosotros.
Santiago, ruega por nosotros.
San Felipe, ruega por nosotros.
San Bartolomé, ruega por nosotros.
San Mateo, ruega por nosotros.
San Simón, ruega por nosotros.
San Tadeo, ruega por nosotros.
San Matías, ruega por nosotros.
Santa María Magdalena, ruega por nosotros.
San Esteban, ruega por nosotros.
San Ignacio de Antioquía, ruega por nosotros.
San Lorenzo, ruega por nosotros.
San Vicente, ruega por nosotros.
San Tarsicio, ruega por nosotros.
Santas Perpetua y Felicidad, rueguen por nosotros.
Santa Inés, ruega por nosotros.
San Gregorio, ruega por nosotros.
San Agustín, ruega por nosotros.
San Atanasio, ruega por nosotros.
San Basilio, ruega por nosotros.
San Efrén, ruega por nosotros.
San Martín, ruega por nosotros.
San Benito, ruega por nosotros.
San Francisco y santa Clara de Asís, rueguen por nosotros.
ORDENACIÓN DE PRESBÍTEROS

Santo Tomás de Aquino, ruega por nosotros.


Santo Domingo, ruega por nosotros.
San Buenaventura, ruega por nosotros.
San Antonio de Padua, ruega por nosotros.
San Felipe Neri, ruega por nosotros.
San Ignacio de Loyola, ruega por nosotros.
San Francisco Javier, ruega por nosotros.
San Juan María Vianney, ruega por nosotros.
Santa Catalina de Siena, ruega por nosotros.
Santa Teresa de Jesús, ruega por nosotros.
San Juan de la Cruz, ruega por nosotros.
Santa Rosa de Lima, ruega por nosotros.
San Martín de Porres, ruega por nosotros.
San José de Cupertino, ruega por nosotros.
Santa Teresita del Niño Jesús, ruega por nosotros.
San Juan Bosco, ruega por nosotros.
Santo Domingo Savio, ruega por nosotros.
San Vicente Pallotti, ruega por nosotros.
San Juan XXIII, ruega por nosotros.
San Pablo VI, ruega por nosotros.
Santos pastorcitos Francisco y Jacinta, rueguen por nosotros.
Santa Teresa de Calcuta, ruega por nosotros.
San Juan Pablo II, ruega por nosotros.
Beato Manuel Domingo y Sol, ruega por nosotros.
Beatos Mártires Operarios, rueguen por nosotros.
Beato Carlo Acutis, ruega por nosotros.
Beato José Gregorio Hernández, ruega por nosotros.
Beata María de san José, ruega por nosotros.
Beata Candelaria de san José, ruega por nosotros.
Beata Carmen Rendiles, ruega por nosotros.
Santos y Santas de Dios, rueguen por nosotros.

Muéstrate propicio, líbranos Señor


De todo mal, líbranos Señor
De todo pecado, líbranos Señor
De la muerte eterna, líbranos Señor
Por tu encarnación, líbranos Señor
Por tu muerte y resurrección, líbranos Señor
Por el envío del Espíritu Santo, líbranos Señor
ORDENACIÓN DE PRESBÍTEROS

Nosotros, que somos pecadores,


te rogamos, óyenos.
Para que gobiernes y conserves a tu santa Iglesia,
te rogamos, óyenos.
Para que asistas al Papa y a todos los miembros del clero en tu
santo servicio,
te rogamos, óyenos.

PARA QUE BENDIGAS A ESTOS ELEGIDOS,


TE ROGAMOS ÓYENOS
PARA QUE BENDIGAS Y SANTIFIQUES A ESTOS ELEGIDOS,
TE ROGAMOS ÓYENOS
PARA QUE BENDIGAS, SANTIFIQUES Y CONSAGRES A ESTOS ELEGIDOS,
TE ROGAMOS ÓYENOS

Para que concedas paz y concordia a todos los pueblos de la tierra,


te rogamos óyenos
Para que tengas misericordia de todos los que sufren,
te rogamos óyenos
Para que nos fortalezcas y asistas en tu santo servicio,
te rogamos óyenos
Jesús, Hijo de Dios vivo,
te rogamos óyenos
Cristo, óyenos, Cristo, óyenos,
Cristo, escúchanos, Cristo, escúchanos,
El obispo:

S eñor, Dios nuestro, escúchanos,


y derrama sobre estos siervos tuyos
tu Espíritu Santo y la gracia sacerdotal;
concede la abundancia de tus bienes
a quienes consagramos en tu presencia.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Todos: Amén.

Concluído el canto de las letanías y dicha la oración conclusiva del mismo, por el obispo, el
diácono, dice:
NOS PONEMOS DE PIE.
ORDENACIÓN DE PRESBÍTEROS

IMPOSICIÓN DE LAS MANOS Y PLEGARIA DE ORDENACIÓN


Los elegidos se levantan; se acerca cada uno al obispo, que está de pie delante de la sede y
con mitra, y se arrodillan ante él. El obispo impone en silencio las manos sobre la cabeza de
cada uno de los elegidos.
Después todos los presbíteros presentes, revestidos de estola, imponen igualmente en
silencio las manos sobre cada uno de los elegidos. Luego de dicha imposición de manos, los
presbíteros permanecen junto al obispo hasta que se haya concluido la Plegaria de
Ordenación, pero de modo que el rito pueda ser bien visto por los fieles.
Estando todos los elegidos arrodillados ante él, el obispo, sin mitra, con las manos
extendidas, dice la Plegaria de Ordenación:

A
sístenos, Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno,
autor de la dignidad humana
y dispensador de todo don y gracia;
por ti progresan tus criaturas
y por ti se consolidan todas las cosas.
Para formar el pueblo sacerdotal,
tú dispones con la fuerza del Espíritu Santo
en órdenes diversos a los ministros
de tu Hijo Jesucristo.
Ya en la primera Alianza aumentaron los oficios,
instituidos con signos sagrados.
Cuando pusiste a Moisés y Aarón
al frente de tu pueblo,
para gobernarlo y santificarlo,
les elegiste colaboradores,
subordinados en orden y dignidad,
que los acompañaran y secundaran.
Así, en el desierto,
diste parte del espíritu de Moisés,
comunicándolo a los setenta varones prudentes,
con los cuales gobernó más fácilmente a tu pueblo.
Así también hiciste participes a los hijos de Aarón
de la abundante plenitud otorgada a su padre,
para que un número suficiente de sacerdotes
ofreciera, según la ley, los sacrificios,
sombra de los bienes futuros.
ORDENACIÓN DE PRESBÍTEROS

Finalmente, cuando llegó la plenitud de los tiempos,


enviaste al mundo, Padre santo, a tu Hijo, Jesús,
Apóstol y Pontífice de la fe que profesamos.
Él, movido por el Espíritu Santo,
se ofreció a ti como sacrificio sin mancha,
y habiendo consagrado a los apóstoles con la verdad,
los hizo partícipes de su misión;
a ellos, a su vez, les diste colaboradores
para anunciar y realizar por el mundo entero
la obra de la salvación.
También ahora, Señor, te pedimos nos concedas,
como ayuda a nuestra limitación, estos colaboradores
que necesitamos para ejercer el sacerdocio apostólico.

TE PEDIMOS, PADRE TODOPODEROSO,


QUE CONFIERAS A ESTOS SIERVOS TUYOS
LA DIGNIDAD DEL PRESBITERADO;
RENUEVA EN SUS CORAZONES EL ESPÍRITU DE SANTIDAD;
RECIBAN DE TI EL SEGUNDO GRADO
DEL MINISTERIO SACERDOTAL
Y SEAN, CON SU CONDUCTA, EJEMPLO DE VIDA.

Sean honrados colaboradores del Orden de los Obispos,


para que por su predicación
y con la gracia del Espíritu Santo,
la palabra del Evangelio
dé fruto en el corazón de los hombres
y llegue hasta los confines del orbe.
Sean con nosotros fieles dispensadores de tus misterios,
para que tu pueblo se renueve
con el baño del nuevo nacimiento,
y se alimente de tu altar;
para que los pecadores sean reconciliados
y sean confortados los enfermos.
ORDENACIÓN DE PRESBÍTEROS

Que en comunión con nosotros, Señor,


imploren tu misericordia
por el pueblo que se les confia
y en favor del mundo entero.
Así todas las naciones, congregadas en Cristo,
formarán un único pueblo tuyo
que alcanzará su plenitud en tu Reino.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo
en la unidad del Espíritu Santo y es Dios
por los siglos de los siglos.
Todos: Amén.

Unción de las manos y entrega del pan y el vino


Concluida la Plegaria de Ordenación se sientan todos. El obispo recibe la mitra. Los
ordenados se levantan. Los presbíteros presentes vuelven a sus puestos; y se dice la siguiente
monición:

A CONTINUACIÓN, LOS NUEVOS ORDENADOS, SERÁN REVESTIDOS CON LA ESTOLA AL


ESTILO PRESBITERAL Y LA CASULLA; ESTAS VESTIDURAS SAGRADAS MANIFIESTAN
VISIBLEMENTE EL MINISTERIO QUE ACABAN DE RECIBIR Y QUE DESDE AHORA, VAN A EJERCER
EN LA CELEBRACIÓN DE LOS SAGRADOS MISTERIOS.

SEGUIDAMENTE, LAS PALMAS DE LAS MANOS DE LOS NUEVOS PRESBÍTEROS SERÁN


UNGIDAS CON EL ÓLEO DEL SANTO CRISMA; LUEGO, RECIBIRÁN EL PAN Y EL VINO PARA LA
CELEBRACIÓN DE LA EUCARISTÍA.

Algunos presbíteros colocan a cada ordenado la estola al estilo presbiteral y le visten la


casulla. Luego, el obispo toma el gremial y, oportunamente informado el pueblo, unge con el
sagrado crisma las palmas de las manos de cada ordenado, arrodillado ante él, diciendo:

J esucristo, el Señor,
a quien el Padre ungió
con la fuerza del Espíritu Santo,
te auxilie para santificar al pueblo cristiano
y para ofrecer a Dios el sacrificio.
Durante el revestimiento de las vestiduras sagradas y la unción con el sagrado crisma,
puede entonarse algún canto apropiado. Después, el obispo y los ordenados se lavan las
manos. En este caso, el obispo atará las manos de los ordenados con un manutergio que se ha
dispuesto, y serán desatadas por sus padres.
ORDENACIÓN DE PRESBÍTEROS

Seguidamente, los fieles llevan el pan sobre la patena y el cáliz, ya con el vino y el agua, para
la celebración de la Misa. El diácono lo recibe y se lo entrega al obispo, quien a su vez lo pone
en manos de cada uno de los ordenados, arrodillados ante él, diciendo:

R ecibe la ofrenda del pueblo santo


para presentarla a Dios.
Considera lo que realizas
e imita lo que conmemoras,
y conforma tu vida
con el misterio de la cruz del Señor.
Finalmente, el obispo besa a cada ordenado, diciendo:
La paz contigo.
El ordenado responde:
Y con tu espíritu.
Y lo mismo hacen todos o al menos algunos presbíteros presentes.

Sigue la Misa como de costumbre. No se dice el símbolo de la fe; se omite la oración


universal. Se entona el canto para el resto de la preparación de las ofrendas.

LITURGIA EUCARÍSTICA
La liturgia eucarística se concelebra como de costumbre; pero se omite la preparación del
cáliz.
El obispo va al altar, deja la mitra y el báculo, recibe del diácono la patena con el pan, y con
ambas manos la eleva un poco sobre el altar, diciendo en secreto:
Bendito seas, Señor, Dios del universo,
por este pan,
fruto de la tierra y del trabajo del hombre,
que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos;
él será para nosotros pan de vida.
Luego coloca la patena con el pan sobre el corporal.

Después el obispo toma el cáliz y, manteniéndolo un poco elevado sobre el altar con ambas
manos, dice en voz baja:
Bendito seas, Señor, Dios del universo,
por este vino,
fruto de la vid y del trabajo del hombre,
que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos;
él será para nosotros bebida de salvación.
Después deja el cáliz sobre el corporal, y el diácono lo cubre con la palia.
ORDENACIÓN DE PRESBÍTEROS

Después, el obispo, inclinado en medio del altar, dice en secreto:


Acepta, Señor, nuestro corazón contrito
y nuestro espíritu humilde;
que éste sea hoy nuestro sacrificio
y que sea agradable en tu presencia,
Señor, Dios nuestro.
E inciensa las ofrendas, la cruz y el altar. Después el diácono u otro ministro inciensa el
obispo, el presbiterio y el pueblo.
Luego, el obispo, de pie a un lado del altar, se lava las manos, diciendo en secreto:
Lava del todo mi delito, Señor,
limpia mi pecado
El obispo, de cara al pueblo, extendiendo y juntando las manos, invita al pueblo a orar,
diciendo:
Oren, hermanos,
para que este sacrificio, mío y de ustedes,
sea agradable a Dios, Padre todopoderoso
Oración sobre las Ofrendas

S eñor, tú que has querido que los sacerdotes


estén al servicio del altar y de tu pueblo,
concédeles, por la eficacia de este sacrificio,
que su ministerio te sea siempre grato
y dé frutos permanentes en tu Iglesia.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Todos: Amén.

PREFACIO I: El sacerdocio de Cristo y el ministerio de los sacerdotes

V. El Señor esté con ustedes.


R. Y con tu espíritu
V. Levantemos el corazón
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.
ORDENACIÓN DE PRESBÍTEROS

En verdad es justo y necesario,


es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo
Dios todopoderoso y eterno.
Ya que, por la unción del Espíritu Santo,
constituiste a tu Unigénito
Pontífice de la alianza nueva y eterna
y, en tu designio salvífico, has querido
que su sacerdocio único se perpetuara en la Iglesia.
En efecto, Cristo no sólo confiere
la dignidad del sacerdocio real
a todo su pueblo santo, sino que, con especial predilección,
elige a algunos de entre los hermanos,
y mediante la imposición de las manos
los hace partícipes de su ministerio de salvación,
a fin de que renueven, en su nombre,
el sacrificio redentor,
preparen para tus hijos el banquete pascual,
fomenten la caridad en tu pueblo santo,
lo alimenten con la Palabra,
lo fortifiquen con los sacramentos
y, consagrando su vida a ti
y a la salvación de sus hermanos,
se esfuercen por reproducir en sí mismos la imagen de Cristo
y te den un constante testimonio de fidelidad y de amor.
Por eso, Señor, con todos los ángeles y los santos,
te alabamos, cantando llenos de alegría:
Santo, Santo, Santo...
ORDENACIÓN DE PRESBÍTEROS

PLEGARIA EUCARÍSTICA I
o Canon Romano
El obispo, con las manos extendidas, dice:

P adre misericordioso,
te pedimos humildemente
por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor,
Junta las manos y dice:
que aceptes
Traza, una sola vez, el signo de la cruz sobre el pan y el cáliz conjuntamente, diciendo:
y bendigas estos † dones,
este sacrificio santo y puro que te ofrecemos,
Con las manos extendidas, prosigue:
ante todo, por tu Iglesia santa y católica,
para que le concedas la paz, la protejas,
la congregues en la unidad y la gobiernes en el mundo entero,
con tu servidor el Papa Francisco,
conmigo, indigno siervo tuyo,
y todos los demás Obispos que, fieles a la verdad,
promueven la fe católica y apostólica.
Conmemoración de los vivos

C1 Acuérdate, Señor, de tus hijos: Alba María, María Marcolina,


Erick Cabello, Isaac Salas, Carmen y Ángel Martínez,
Puede decir los nombres de aquellos por quienes tiene intención de orar, o bien junta las
manos y ora por ellos unos momentos. Después, con las manos extendidas, prosigue:
y de todos los aquí reunidos,
cuya fe y entrega bien conoces;
por ellos y todos los suyos,
por el perdón de sus pecados
y la salvación que esperan,
te ofrecemos, y ellos mismos te ofrecen,
este sacrificio de alabanza,
a ti, eterno Dios, vivo y verdadero.
ORDENACIÓN DE PRESBÍTEROS

Conmemoración de los Santos

C2 Reunidos en comunión con toda la Iglesia,


veneramos la memoria,
ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María,
Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor;
la de su esposo, san José;
la de los santos apóstoles y mártires
Pedro y Pablo, Andrés,
Santiago y Juan,
Tomás, Santiago, Felipe,
Bartolomé, Mateo, Simón y Tadeo;
Lino, Cleto, Clemente,
Sixto, Cornelio, Cipriano,
Lorenzo, Crisógono,
Juan y Pablo,
Cosme y Damián,
y la de todos los santos;
por sus méritos y oraciones
concédenos en todo tu protección.
El obispo, con las manos extendidas, dice:
Acepta, Señor en tu bondad,
esta ofrenda de tus siervos
y de toda tu familia santa;
te la ofrecemos también por tus hijos
Darwin Rubén y Denny Daniel
que han sido llamados
al Orden de los presbíteros;
conserva en ellos tus dones
para que fructifique lo que han recibido de tu bondad.
Junta las manos
(Por Cristo, nuestro Señor. Amén.)
ORDENACIÓN DE PRESBÍTEROS

Extendiendo las manos sobre las ofrendas, dice:


CC Bendice y santifica esta ofrenda, Padre,
haciéndola perfecta, espiritual y digna de ti:
que se convierta para nosotros
en el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo amado,
Jesucristo, nuestro Señor.
Junta las manos.

En las fórmulas que siguen, las palabras del Señor deben pronunciarse claramente y con
precisión, como lo requiere la naturaleza de las mismas palabras.

El cual, la víspera de su Pasión,


Toma el pan y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue:
tomó pan en sus santas y venerables manos,
Eleva los ojos.

y, elevando los ojos al cielo,


hacia ti, Dios, Padre suyo todopoderoso,
dando gracias te bendijo,
lo partió,
y lo dio a sus discípulos, diciendo:
Se inclina un poco.

TOMEN Y COMAN TODOS DE ÉL,


PORQUE ESTO ES MI CUERPO,
QUE SERÁ ENTREGADO POR USTEDES.
Muestra el pan consagrado al pueblo, lo deposita luego sobre la patena y lo adora haciendo
genuflexión.

Después prosigue:
Del mismo modo, acabada la cena,
Toma el cáliz y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue:
tomó este cáliz glorioso
en sus santas y venerables manos,
dando gracias te bendijo,
y lo dio a sus discípulos, diciendo:
ORDENACIÓN DE PRESBÍTEROS

Se inclina un poco.

TOMEN Y BEBAN TODOS DE ÉL,


PORQUE ÉSTE ES EL CÁLIZ DE MI SANGRE,
SANGRE DE LA ALIANZA NUEVA Y ETERNA,
QUE SERÁ DERRAMADA
POR USTEDES Y POR MUCHOS
PARA EL PERDÓN DE LOS PECADOS.

HAGAN ESTO EN CONMEMORACIÓN MÍA.


Muestra el cáliz al pueblo, lo deposita luego sobre el corporal y lo adora haciendo genuflexión.

Luego el obispo dice una de las siguientes fórmulas:


Éste es el Sacramento de nuestra fe.
O bien:
Éste es el Misterio de la fe.
Y el pueblo prosigue, aclamando:
Anunciamos tu muerte,
proclamamos tu resurrección
¡Ven, Señor Jesús!
Después el obispo, con las manos extendidas, dice:
CC Por eso, Padre,
nosotros, tus siervos, y todo tu pueblo santo,
al celebrar este memorial de la muerte gloriosa
de Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor;
de su santa resurrección del lugar de los muertos
y de su admirable ascensión a los cielos,
te ofrecemos, Dios de gloria y majestad,
de los mismos bienes que nos has dado,
el sacrificio puro, inmaculado y santo:
pan de vida eterna
y cáliz de eterna salvación.
ORDENACIÓN DE PRESBÍTEROS

Y prosigue:
Mira con ojos de bondad esta ofrenda
y acéptala,
como aceptaste los dones del justo Abel,
el sacrificio de Abrahán, nuestro padre en la fe,
y la oblación pura de tu sumo sacerdote Melquisedec.
Inclinado, con las manos juntas, prosigue:
Te pedimos humildemente,
Dios todopoderoso,
que esta ofrenda sea llevada a tu presencia,
hasta el altar del cielo, por manos de tu ángel,
para que cuantos recibimos
el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo,
al participar aquí de este altar,
Se endereza y se signa, diciendo:
seamos colmados de gracia y bendición.
(Por Cristo, nuestro Señor. Amén.)
Conmemoración de los difuntos

C3 Acuérdate también, Señor, de tus hijos: Resurrección y Ligia


Rivera, Adalberto Zayas, pbro., Edith Hernández y Enriqueta
Martínez, que nos han precedido con el signo de la fe
y duermen ya el sueño de la paz.
Junta las manos y ora unos momentos por los difuntos por quienes tiene intención de orar.
Después, con las manos extendidas, prosigue:
A ellos, Señor, y a cuantos descansan en Cristo,
concédeles el lugar del consuelo,
de la luz y de la paz.
Junta las manos.
(Por Cristo, nuestro Señor. Amén.)
Con la mano derecha se golpea el pecho, diciendo:
C4 Y a nosotros, pecadores, siervos tuyos,
ORDENACIÓN DE PRESBÍTEROS

Con las manos extendidas prosigue:


que confiamos en tu infinita misericordia,
admítenos en la asamblea
de los santos apóstoles y mártires
Juan el Bautista, Esteban,
Matías y Bernabé,
Ignacio, Alejandro,
Marcelino y Pedro,
Felicítas y Perpetua,
Águeda, Lucía,
Inés, Cecilia, Anastasia,
y de todos los santos;
y acéptanos en su compañía,
no por nuestros méritos,
sino conforme a tu bondad.
Junta las manos.
Por Cristo, Señor nuestro,
y continúa el obispo:
por quien sigues creando todos los bienes,
los santificas, los llenas de vida,
los bendices y los repartes entre nosotros.
Toma la patena, con el pan consagrado, y el cáliz y, sosteniéndolos elevados, dice:
Por Cristo, con él y en él,
a ti, Dios Padre omnipotente,
en la unidad del Espíritu Santo,
todo honor y toda gloria
por los siglos de los siglos.
Todos aclaman: Amén.
Después sigue el rito de la Comunión.
ORDENACIÓN DE PRESBÍTEROS

RITO DE COMUNIÓN
Una vez que ha dejado el cáliz y la patena, el obispo, con las manos juntas, dice:
Antes de participar en el banquete de la Eucaristía,
signo de reconciliación y vínculo de unión fraterna,
oremos juntos como el Señor nos ha enseñado:
Extiende las manos y, junto con el pueblo, continúa:

P adre nuestro, que estás en el cielo,


santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.
El obispo, con las manos extendidas, prosigue él solo:
Líbranos de todos los males. Señor,
y concédenos la paz en nuestros días,
para que, ayudados por tu misericordia,
vivamos siempre libres de pecado
y protegidos de toda perturbación,
mientras esperamos la gloriosa venida
de nuestro Salvador Jesucristo.
Junta las manos.

El pueblo concluye la oración, aclamando:


Tuyo es el reino,
tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.
Después el obispo, con las manos extendidas, dice en voz alta:
Señor Jesucristo,
que dijiste a tus apóstoles:
«La paz les dejo, mi paz les doy»,
no tengas en cuenta nuestros pecados,
sino la fe de tu Iglesia
y, conforme a tu palabra,
concédele la paz y la unidad.
ORDENACIÓN DE PRESBÍTEROS

Junta las manos.


Tú que vives y reinas
por los siglos de los siglos.
El pueblo responde: Amén.
El obispo, extendiendo y juntando las manos, añade:
La paz del Señor esté siempre con ustedes.
El pueblo responde:
Y con tu espíritu.
Luego el diácono añade:
Dense fraternalmente la paz.
Y todos, según la costumbre del lugar se dan la paz.

Después, el obispo toma el pan consagrado, lo parte sobre la patena, y deja caer una parte
del mismo en el cáliz, diciendo en secreto:
El Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor Jesucristo,
unidos en este cáliz,
sean para nosotros alimento de vida eterna.
Mientras tanto se canta o se dice:
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
danos la paz.
A continuación el obispo, con las manos juntas, dice en secreto:
Señor Jesucristo, Hijo de Dios vivo,
que por voluntad del Padre,
cooperando el Espíritu Santo,
diste con tu muerte la vida al mundo,
líbrame, por la recepción de tu Cuerpo y de tu Sangre,
de todas mis culpas y de todo mal.
Concédeme cumplir siempre tus mandamientos
y jamás permitas que me separe de ti.
ORDENACIÓN DE PRESBÍTEROS

El obispo hace genuflexión, toma el pan consagrado y, sosteniéndolo un poco elevado sobre
la patena, lo muestra al pueblo, diciendo:
Éste es el Cordero de Dios,
que quita el pecado del mundo.
Dichosos los invitados a la cena del Señor
Y, juntamente con el pueblo, añade:
Señor, no soy digno
de que entres en mi casa,
pero una palabra tuya bastará para sanarme.
El obispo dice en secreto:
El Cuerpo de Cristo me guarde para la vida eterna.
Y comulga reverentemente el Cuerpo de Cristo.

Después toma el cáliz y dice en secreto:


La Sangre de Cristo me guarde para la vida eterna.
Y bebe reverentemente la Sangre de Cristo.

Oración después de la comunión

Q ue este sacrificio eucarístico


que te hemos ofrecido
y del cual hemos participado,
santifique, Señor,
a tus sacerdotes y a todos tus fieles,
para que, unidos a ti por un amor constante,
puedan servirte dignamente.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Todos: Amén.

Concluida la oración después de la Comunión, todos se sientan y los ordenados hablan


brevemente al pueblo desde el altar.
ORDENACIÓN DE PRESBÍTEROS

Bendición solemne al final de la Misa


El obispo, con las manos extendidas sobre los presbíteros recién ordenados y el pueblo,
dice:
Que Dios, que dirige y gobierna la Iglesia,
los proteja continuamente con su gracia
a fin de que cumplan fielmente el ministerio presbiteral.
Todos: Amén.

Que él los haga en el mundo servidores y testigos


de la verdad y del amor divino
y ministros fieles de la reconciliación.
Todos: Amén.

Que los haga verdaderos pastores


que distribuyan a los fieles
la Palabra de la vida y el Pan vivo,
para que crezcan en la unidad del cuerpo de Cristo.
Todos: Amén.

Y bendice a todo el pueblo, añadiendo:


Y a todos ustedes, los aquí presentes,
los bendiga Dios todopoderoso, Padre †, Hijo †, y Espíritu †
Santo.
Todos: Amén.

El diácono: Pueden ir en paz.


Todos: Demos gracias a Dios.
Dada la bendición y despedido el pueblo por el diácono, se vuelve procesionalmente a la
sacristía al modo acostumbrado.

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