FACULTAD DE EDUCACIÓN Y HUMANIDADES
ESCUELA PROFESIONAL DE EDUCACIÓN INICIAL
Informe
“Los presocráticos, sofistas, Sócrates, Santo Tomás.”
AUTOR:
Angela Nicole Torres Mas
Pamela Jhonmy Rojas Delgado
Yudeli Vasquez flores
Shirley Nuñez valqui
Leidy santos huaman
Milagros Adriana Cubas Carrasco
Nesli Zambrano Villanueva
ASESOR:
Patsy Andrea Sánchez Torres
ASIGNATURA:
Filosofía general
CICLO:
II
Rioja – Perú
2024
INTRODUCCION
¿Qué es la filosofía?
La filosofía es una disciplina académica y «conjunto de reflexiones sobre la esencia, las
propiedades, las causas y los efectos de las cosas naturales, especialmente sobre el hombre y
el universo». Bertrand Russell, en su libro Fundamentos de filosofía, comienza diciendo con
una definición de la filosofía; pero, con razón o sin ella, no es este mi propósito. Toda definición
que se dé a esta palabra variará con la filosofía que se adopte. Por lo tanto, todo lo que
podemos decir al empezar es que existen ciertos problemas que interesan a determinadas
personas, y que, al menos por ahora, no pertenecen a ninguna ciencia especial. Todos estos
problemas son de tal especie que suscitan dudas acerca de lo que pasa comúnmente por
conocimiento; y, si estas dudas se han de aclarar, en modo alguno lo harán solo mediante un
estudio especial al cual damos el nombre de «filosofía». En consecuencia, el primer paso que
puede darse para definir esta palabra consiste en indicar esos problemas y esas dudas, los
cuales constituyen asimismo el primer paso en el verdadero estudio de la filosofía. Entre los
problemas filosóficos tradicionales hay algunos que no se prestan, según mi parecer, a ningún
tratamiento intelectual por sí mismos, ya que trascienden nuestras facultades cognoscitivas; por
lo tanto, no trataremos de estos problemas. Hay otros, sin embargo, que, aunque no sean
susceptibles de que pueda dárseles solución definitiva por ahora, lo son al menos de que se
muestre la dirección que ha de seguirse para lograrla y el género de solución que les conviene,
y que tal vez se alcance con el tiempo. La filosofía se origina del esfuerzo inusitadamente
obstinado por alcanzar el conocimiento verdadero; lo que en nuestra vida ordinaria pasa por ser
conocimiento adolece de tres defectos: es demasiado seguro de sí mismo; es vago; es
contradictorio.
Trata de responder a una variedad de problemas fundamentales acerca de cuestiones como la
razón (lógica), el lenguaje y la semántica (filosofía del lenguaje), el ser y la existencia
(metafísica, metaontología y ontología), el conocimiento (gnoseología, epistemología y filosofía
de la ciencia), la ética (ética o filosofía moral), la belleza (estética), el valor (axiología), la
religión (filosofía de la religión) y la mente (fenomenología, filosofía de la mente), entre otras. A
lo largo de la historia, muchas otras disciplinas han surgido a raíz de la filosofía, y a su vez es
considerada la base de todas las ciencias modernas por muchos autores, tanto a nivel de
génesis histórica como a nivel de fundamentos teóricos. La disciplina ha existido desde la
Antigüedad en Occidente y Oriente, no solo como actividad racional sino también como forma
de vida. La historia de la filosofía nos permite comprender su desarrollo, evolución e influencia
en las distintas facetas del pensamiento humano.
El término probablemente fue acuñado por Pitágoras. Al abordar los problemas, la filosofía se
distingue del misticismo, el esoterismo, la mitología y la religión por su énfasis en los
argumentos racionales sobre los argumentos de autoridad, y de la ciencia porque generalmente
realiza sus investigaciones de una manera no empírica, sea mediante el análisis y la
clarificación conceptual, experimentos mentales, como el del gato de Schrödinger, la
especulación u otros métodos a priori, aunque sin desconocer la importancia de los datos
empíricos. No obstante, la filosofía en ocasiones lleva a término una parte de sus
investigaciones de manera interdisciplinar junto con otras áreas de las ciencias cognitivas, del
lenguaje, sociales, etc.; especialmente en filosofía de la mente, filosofía del lenguaje o
epistemología. Así mismo, el enfoque de la filosofía experimental, aunque problemático por
concepto para algunos debido a que el enfoque de la filosofía suele ser más abstracto y
general que el de las ciencias fácticas particulares. trata de ofrecer estudios experimentales
para el apoyo de sus desarrollos teóricos.
PROCESO
Mencionaremos algunos filósofos importantes su técnica y su filosofía:
Los presocráticos:
Los filósofos presocráticos se definen como los pensadores griegos que desarrollaron escuelas
de pensamiento independientes y originales desde la época de Tales de Mileto (en torno a 585
a.C.) hasta la de Sócrates de Atenas (470/469-399 a.C.). Se los conoce como presocráticos
porque son anteriores a Sócrates.
Los presocráticos y sus contribuciones
Hay más de 90 filósofos presocráticos, todos los cuales contribuyeron con algo al conocimiento
universal, pero el académico Forrest E. Baird ha reducido ese número a 15 pensadores
principales, una cifra más manejable, cuyas contribuciones influyeron directa o indirectamente
en la cultura griega y en las obras posteriores de Platón y Aristóteles:
Tales de Mileto – en torno a 585 a.C.
Anaximandro – en torno a 610 - en torno a 546 a.C.
Pitágoras – en torno a 571 - en torno a 497 a.C.
Jenófanes de Colofón – en torno a 570 - en torno a 478 a.C.
Tales: según Aristóteles, Tales fue el primero en preguntar: "¿cuál es la materia básica del
universo?", es decir ¿cuál fue la primera causa de la existencia, de qué elemento o fuerza
procedió todo lo demás? Tal afirmó que era el agua porque cualquiera que fuera la primera
causa, debe ser parte de todo lo que vino después. Cuando el agua se calentaba se convertía
en aire (vapor), cuando se enfriaba se solidificaba (hielo), añadida a la tierra se convertía en
lodo, una vez seca volvía a solidificarse, bajo presión podía mover rocas, mientras que, en
reposo, proporcionaba un hábitat para otros seres vivos y era esencial para la vida
humana. Por lo tanto, a Tales le pareció claro que el elemento subyacente de la creación tenía
que ser el agua.
Anaximandro: no obstante, Anaximandro no tenía esa idea tan clara, así que amplió la
definición de la primera causa con su concepto superior del apeiron ("lo ilimitado, lo
desmesurado, lo infinito o lo indefinido" que era una fuerza creativa eterna que traía las cosas a
la existencia de acuerdo con un patrón natural establecido, destruyéndolas y recreándolas con
nuevas formas. Ningún elemento natural podría ser la primera causa, afirmó, porque todos los
elementos naturales deben haberse originado a partir de una fuente anterior. Una vez creadas,
afirmó, las criaturas evolucionaban para adaptarse a su entorno, por lo que sugirió por primera
vez la teoría de la evolución más de 2.000 años antes que Darwin.
los conceptos de Pitágoras, incluido su famoso teorema, se desarrollaron a partir de ideas
egipcias, las cuales reformuló para hacerlas propias.
Pitágoras: este concepto fue desarrollado aún más por Pitágoras, quien afirmó que el número
(las matemáticas) era el principio subyacente de la verdad. De la misma manera que el número
no tiene un principio ni un fin, tampoco lo tiene la creación. El concepto de transformación es
central en la visión pitagórica; Pitágoras afirmó que el alma humana es inmortal, que pasa por
muchas encarnaciones diferentes, vida tras vida, y en esa medida adquiere nuevos
conocimientos del mundo al experimentar diferentes formas. Los conceptos de Pitágoras,
incluido su famoso teorema, se desarrollaron definitivamente a partir de ideas egipcias, las
cuales reformuló para hacerlas propias. No escribió nada y sus enseñanzas solo fueron
puestas por escrito por Filolao (en torno a 470-en torno a 385 a.C.) de cuyas obras existen solo
fragmentos (al igual que ocurre con otros autores), por lo que gran parte de su pensamiento se
ha perdido. Sin embargo, según lo que se sabe, está claro que su concepto de la
transmigración de almas (reencarnación) influyó mucho en la creencia de Platón con respecto a
la inmortalidad.
Jenófanes: el concepto de un alma eterna sugería la existencia de alguna fuerza gobernante
que la creó y a la cual esa alma regresaría algún día después de la muerte. Pitágoras incluyó
este concepto en sus enseñanzas las cuales se enfocaban en la salvación personal a través de
la disciplina espiritual pero no define qué es esa fuerza. Jenófanes más tarde llenaría este
espacio en blanco con su concepto de un solo Dios. Él escribe:
Hay un dios, entre los dioses y los hombres, que es el más grande, y que no se parece en nada
a los mortales en cuerpo ni en mente. Ve como un todo, piensa como un todo y oye como un
todo. Pero sin esfuerzo, pone todo en movimiento por el pensamiento de su mente.
Jenófanes negó la validez de los dioses antropomórficos de Grecia al defender que una sola
entidad espiritual había creado todas las cosas y las había puesto en movimiento. Una vez en
movimiento, los seres humanos seguían su trayecto hasta la muerte, momento en el cual,
parece sugerir, sus almas se reencuentran con la fuerza creativa. El monoteísmo de Jenófanes
no se encontró con ningún antagonismo por parte de las autoridades religiosas de su tiempo
porque expresó sus afirmaciones como poesía y aludió a un solo dios entre otros, que podía
haber sido interpretado como Zeus.
Heráclito: su contemporáneo más joven, Heráclito, que rechazó este punto de vista y
reemplazó "Dios" con "cambio", es más conocido por la frase Panta Rhei ("todo cambia" o "la
vida es flujo") y el dicho de "nadie puede bañarse dos veces en el mismo río" en alusión a que
todo está siempre en movimiento y el agua del río cambia momento a momento, al igual que lo
hace la vida. Para Heráclito, la existencia nació y se mantenía a través de un choque de
opuestos que fomentaba continuamente la transformación (día y noche, las estaciones,
etc.), de modo que todo estaba siempre en continuo movimiento y en un estado de perpetuo
cambio. La lucha y la guerra, para Heráclito, eran aspectos necesarios de la vida en el sentido
de que encarnaban el concepto de cambio transformador. Resistirse a este cambio significaba
resistirse a la vida; aceptar el cambio fomentaba una vida pacífica y sin problemas.
Sofistas:
¿Quiénes eran los sofistas?
Los sofistas fueron un grupo de estudiantes y maestros de retórica (el arte del discurso) que
vivieron principalmente en Atenas durante los siglos V y IV a. C. Los sofistas no fueron un
grupo homogéneo: cada maestro predicaba y enseñaba a su manera, sin un conjunto de reglas
o principios que seguir. Los sofistas más famosos son Protágoras (485 – 411 a. C.) y Gorgias
de Leontinos (483 – 375 a. C.), quien todavía hoy es conocido por sus obras Sobre la
Naturaleza o el No Ser y Encomio de Helena. Tanto Protágoras como Gorgias tuvieron como
contrincantes filosóficos a Sócrates, Platón y Aristóteles. Ambos aparecen como personajes en
varias de las obras platónicas y además fueron acusados de persuadir audiencias y asambleas
políticas para beneficio propio.
Historia y etimología del término “sofista”
La palabra “sofista” viene del griego sophistes, formado por la unión desophía, “sabiduría”,
y sophós, “sabio”. No se los consideraba maestros de la sabiduría sino profesionales del
conocimiento y la elocuencia. Pero dado que los poetas y filósofos cobraban por sus servicios,
se les acusó de perseguir a través del debate no la verdad, sino únicamente la victoria
argumentativa, incluso a través de métodos de pensamiento falaces o deshonestos, un reclamo
que les hicieron sus contemporáneos, como Píndaro (c. 518–438 a. C.) o Sócrates (470–399 a.
C.). A partir del siglo V a. C., el término sofista comenzó a emplearse con el sentido de farsante
o charlatán. Esto se aplicó no solo a filósofos sino a escritores, poetas, oradores y profesores
de retórica por igual.
Sofistas más importantes
Algunos de los principales sofistas de la tradición griega fueron:
Protágoras de Abdera (c. 485–c. 411 a. C.). Fue un pensador, viajero y maestro griego de
retórica. Viajaba por el país cobrando elevadas tarifas por enseñar, por ejemplo, el correcto
uso de las palabras. Protágoras fue famoso por enseñar que “El hombre es la medidade
todas las cosas, de las que son en cuanto que son, de las que no son en cuanto que no
son”. Platón le dedicó uno de sus diálogos, llamado Protágoras.
Gorgias de Leontinos (483–375 a. C.). Fue discípulo de Empédocles y conocedor del
pensamiento de Zenón de Elea y de Parménides. Fue respetado como filósofo incluso por
sus detractores. Algunos le atribuyen el rol de padre de la oratoria y fundador de la
epidíctica, que es una forma de discurso que elogia o censura a una persona. Sus obras
más conocidas son Sobre la Naturaleza o el No Ser y el Encomio de Helena.
Pródico de Ceos (465–395 a. C.). Fue un sofista de las primeras generaciones y
contemporáneo de Sócrates, cuyas enseñanzas se centraban en la gramática y la retórica.
Ninguna de sus obras sobrevivió hasta hoy, pero existen numerosas referencias a él en
obras de otros autores. Entre sus intereses estaban la astronomía, el lenguaje, la ética y
la religión.
Hipias de Élide (c. 460–c. 400 a. C.). Fue un destacado geómetra, descubridor de la
cuadratriz, con la que dio respuesta a problemas centrales de la geometría griega. También
se le atribuye una gran memoria y la invención de numerosas reglas mnemotécnicas.
Trasímaco de Calcedón (459–400 a. C.). Se sabe poco de la vida de este sofista, que
aparece en los diálogos platónicos y en la República de Platón, en particular en las
reflexiones respecto al rol de la justicia. Hay algunas referencias a él en la obra de
Clemente de Alejandría.
Sócrates y los sofistas
Sócrates creía que los sofistas eran sus enemigos intelectuales. Si bien consideraba a Gorgias
y Protágoras como verdaderos filósofos, a él y a Platón se debe el sentido negativo del término
“sofista”. Los principales motivos de esta enemistad se pueden resumir en los siguientes
puntos:
Los sofistas cobraban por la enseñanza de sus saberes y el acceso a “la verdad”, mientras
que Sócrates conversaba de manera gratuita con cualquier ateniense que estuviera
dispuesto a hacerlo.
Los sofistas poseían un saber enciclopédico y empleaban el debate como método de
enseñanza, mientras que Sócrates creía en el diálogo y en las preguntas y respuestas
orientadas como método de enseñanza.
Para los sofistas, el cometido primordial era la persuasión del otro,
mediante argumentos lógicos o argucias (argumentos falsos) destinadas a emocionar a su
audiencia, mientras que Sócrates estaba firmemente comprometido con la búsqueda de la
verdad.
En general, los sofistas eran críticos de la tradición religiosa griega; mientras que Sócrates
era devoto de la ley y se sentía fuertemente vinculado a Atenas y sus tradiciones.
Uso actual del término «sofista»
El sentido general del término sofista se corresponde con el de charlatán o malabarista
conceptual. Sin embargo, algunos pensadores contemporáneos, como Michel Onfray o Giorgio
Colli, reivindican la importancia de los sofistas en la tradición del pensamiento occidental. Los
tratados de Protágoras y los de Gorgias son antecedentes filosóficos de las concepciones
actuales sobre el lenguaje y el uso de la palabra. Ya Nietzsche, en el siglo XIX a. C., decía que,
en lugar de Sócrates y Platón, los sofistas habían sido los verdaderos primeros filósofos de la
antigüedad griega.
Sofistas peruanos:
José Carlos Mariátegui
José Carlos Mariátegui La Chira, es reconocido como uno de los pensadores más influyentes
de la cultura y sociedad de Latinoamérica del siglo XX. Impulsor de un pensamiento político
enriquecido, potenciado con aportes culturales universales y cuya puesta en práctica se
presentó a través de diferentes entornos, ya sean, académicos o sindicales. Desde 1909 fue
partícipe en la política nacional de la mano de su labor periodística. En 1919, el gobierno de
Augusto B. Leguía le otorgó una beca para que viaje a Europa, esto con el fin de alejarlo del
país, ya que era un duro crítico del régimen. Ya en Italia, complementó su formación socialista,
estudiando el marxismo. Se relacionó con intelectuales de aquella época y se casó con Ana
Chiappe. Además, visitó Francia, Alemania y Checoslovaquia, donde alimentó su visión
ideológica.
Luego de residir algunos años en el viejo continente, vuelve al Perú en 1923. Fue en 1925 ,
cuando publicó su primer libro “La escena contemporánea”, una compilación de artículos y
crónicas en donde se narraban sucesos, pensamientos y personajes no conocidos dentro del
entorno popular, lo que generó un impacto en los círculos intelectuales del Perú; y
Latinoamérica. De esta manera, la figura de José Carlos Mariátegui se fue acrecentando. En
1926 funda la revista “Amauta”, que tenía como objetivo “plantear, esclarecer y conocer los
problemas peruanos desde puntos de vista doctrinarios y científicos”. Esta revista influyó
considerablemente en la cultura peruana contemporánea, debido a que brindó un espacio para
el intercambio de ideas con otros pensadores de diversos países, así como incentivar la
participación de escritores, artistas, ideólogos y filósofos europeos. Más tarde, Mariátegui
colaboró con revistas literarias como “Mundial” y “Variedades”. En 1928, publicó su
emblemática obra “Siete Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana”, texto que aborda
la complicada situación económica, política, cultural y social del país. Dicho ensayo generó en
poco tiempo una nueva mirada del pensamiento e historia del Perú y Latinoamérica. Las
personas que lo seguían, comenzaron a llamarlo “El Amauta”, debido a que en quechua dicha
palabra significa “maestro”. En 1929 funda la Confederación General de Trabajadores del Perú
(CGTP).
José Carlos Mariátegui falleció el 16 de abril de 1930 en Lima, a la edad de 35 años y fue
enterrado en el Cementerio Presbítero Maestro. Algunas obras completas que fueron
publicadas de manera póstuma, fueron: “La escena contemporánea”, “La novela y la vida.
Siegfried y el profesor Canella”, “El artista y la época”, “Peruanicemos al Perú”, “Signos y obras.
Análisis del pensamiento literario contemporáneo”, entre otras destacadas. Un día como hoy,
en 1894, nació en el departamento de Moquegua el escritor, ensayista y periodista peruano
José Carlos Mariátegui, autor de diarios y revistas, quien tuvo como obra más célebre “7
Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana”
Mario Vargas Llosa
De “camino hacia la cultura de la libertad”, tan importante -nada más y nada menos- como
haberse librado de la dictadura y del terrorismo. Así califica Vargas Llosa la posibilidad que
tiene El Perú en estos días para salir de la homofobia y alcanzar la Unión Civil entre personas
del mismo sexo propuesta por el congresista Carlos Bruce. Al cabo, no hay ya ninguna ley que
exista realmente en la naturaleza, simplemente el ser humano la ordena como puede en su
intento de dominarla. Lo importante es revelar que todo lo que conoce el hombre es una
metáfora y una interpretación construida por él mismo y que tendrá más valor si juega a su
favor. Esto es lo que parece decirnos Vargas Llosa en su artículo “Salir de la barbarie”,
publicado el pasado domingo en el diario El País. Pero para darle mayor vigor a su débil
argumentación (vieja idea la de rebelarse el hombre a ser un mero instrumento de la verdad),
arremete contra la Conferencia Episcopal Peruana, instalada, según él, en un “oscurantismo
agresivo”, al emitir, con motivo de semejante proyecto de ley, un Comunicado “cavernario y de
crasa ignorancia”, invocando estupideces tan soberanas como el orden natural, la dignidad
humana y la sana orientación de los niños. Es insoportable para la sociedad la “férrea
influencia” que todavía quiere ejercer sobre la opinión pública en materia sexual “el sector más
troglodita de la Iglesia católica”.
Los sofistas decían transmitir a sus alumnos el saber necesario para que pudieran valerse
eficazmente en la vida. Debido a los condicionantes políticos de las polis griegas el alumno se
ejercitaba en la dialéctica y en la retórica para poder adquirir poder político. Para ello no era
necesario ni deseable buscar un conocimiento objetivo o verdadero sino conseguir habilidad al
hablar y lograr el éxito ante los tribunales. Estos “profesores de virtud” que eran los sofistas
cobraban honorarios bastante elevados en algunas ocasiones, llegando a alcanzar gran fama
entre los atenienses. Los sofistas más famosos (como Gorgias o Protágoras) podían llegar a
cobrar 100 minas por todo un curso. Dicha cantidad es aproximadamente equivalente a unos
500.000 dólares americanos actuales, llegando a superar lo que cuesta hoy en día una
licenciatura en Harvard o Yale. Vargas Llosa, uno de los sofistas más afamados del mundo en
la actualidad, doblaba esa cantidad en el año 2010, al recibir el Nobel de Literatura, hasta
alcanzar 876.785 euros por su carrera literaria, además de por pertenecer al establishment
progresista. La justificación de aquellos precios tan elevados era la importancia del producto
que se ponía en venta, y la supuesta prueba de su sabiduría era su éxito financiero y su
capacidad para ganar más dinero que los demás. Amasar riqueza y conseguir gloria personal
es algo relativamente fácil. Para muestra un botón. Sin embargo, alcanzar buena reputación -
algo que sueña haber logrado Vargas Llosa- abandonando el conocimiento y la verdad, es
infinitamente más complejo y deseable, puesto que, como observara Sócrates, “de la riqueza
no deriva la virtud, sino que de la virtud deriva la riqueza”, cosa de la que en absoluto puede
presumir el sofista consumado Vargas Llosa.
Pensar que son las preferencias personales las que interpretan el mundo es algo propio de la
vanidad de ciertos literatos, contrariados cuando todavía alguien piensa que la verdad se
descubre y no se inventa o se crea a golpe de opinión. Para Vargas Llosa, nuestras
necesidades están construidas con fragmentos de nuestra experiencia vital (cada uno tiene sus
“opciones sexuales”); las leyes que creemos encontrar en la naturaleza deben estar sometidas
a la aprobación de los propios intereses y deseos personales, si queremos avanzar “hacia la
cultura de la libertad”; nuestra predisposición y nuestro aprendizaje son paradigmáticos para
una Iglesia que soporta una buena dosis de pederastia en su seno y que, por eso mismo,
debería hacerla más tolerante. No es posible mayor grado de cinismo. El descrédito que sufre
la razón en esta crisis postmoderna ya fue pronosticado por Nietzsche y hunde sus raíces más
profundas en algunos planteamientos ilustrados que terminaron por aniquilar la creencia en
bienes morales objetivos. La Ilustración fomentó, como base de la moral, un concepto abstracto
y universal de la razón y de la humanidad, frente a los valores concretos arraigados en las
distintas comunidades históricas y religiosas, devaluados desde la óptica ilustrada como
prejuicios y supersticiones. Aquí se encuentra todavía la Iglesia, al parecer de Vargas Llosa,
institución cavernaria e ignorante, “intolerante y dogmática”, que juzga desde el prejuicio y la
ignorancia, a la que se debe combatir por homófoba, acomodada todavía en la barbarie. Claro
que, para el sofista consumado, siempre queda la esperanza del pontificado del papa
Francisco, que no condena a los homosexuales: “¿quién soy yo para juzgarlos?”.
SOCRATES:
Sócrates de Atenas (aprox. 470/469-399 a.C.) se encuentra entre las personas más famosas
de la historia universal debido a sus contribuciones en el desarrollo de la filosofía de la antigua
Grecia, las cuales proporcionaron los cimientos de toda la filosofía occidental. Es por esta
razón que se lo conoce como “el padre de la filosofía occidental”. Originalmente era escultor, y
es posible que haya tenido otras diversas ocupaciones, entre ellas la de soldado, hasta que el
oráculo de Delfos le dijo que era el hombre más sabio del mundo. Con el objeto de demostrar
que el oráculo se equivocaba, se embarcó en la misión de interrogar a todos aquellos que eran
considerados los más sabios, y, al hacerlo, demostró que el oráculo estaba en lo correcto:
Sócrates era el hombre más sabio del mundo porque no afirmaba saber nada de importancia.
Su discípulo más famoso fue Platón (aprox. 424/423-348/347 a.C.), quien lo honró con la
creación de una escuela en Atenas (la Academia de Platón) y, aún más, con los diálogos
filosóficos que escribió en los que Sócrates es el personaje principal. Aún se discute qué tan
genuina es la representación de las enseñanzas de Sócrates que se hace en los diálogos de
Platón, y es posible que jamás se llegue a una respuesta definitiva. El más famoso de los
discípulos de Platón fue Aristóteles de Estagira (384-322 a.C.), quien luego instruyó a Alejandro
Magno (356-323 a.C.) y fundó su propia escuela. A través de esta sucesión, la filosofía griega,
de la manera en que fue concebida en primer lugar por Sócrates, se expandió por el mundo
conocido durante las conquistas de Alejandro y luego de estas. Si bien la historicidad de
Sócrates no ha sido discutida, el contenido real de sus enseñanzas es tan elusivo como los
preceptos filosóficos de Pitágoras o las enseñanzas posteriores de Jesús, ya que ninguno de
ellos dejó escritos de su autoría. A pesar de que se suele considerar que Sócrates inició la
disciplina de la filosofía en Occidente, la mayor parte de lo que sabemos de él viene de las
obras de Platón y, en menor medida, de otro de sus discípulos, Jenofonte (430-aprox. 354
a.C.). También se ha intentado reconstruir su visión filosófica con base en las muchas otras
escuelas filosóficas fundadas por sus discípulos, además de la de Platón, pero son demasiado
variadas para definir las enseñanzas originales que las inspiraron a todas ellas. La versión de
Sócrates que nos ha llegado al presente desde la antigüedad podría ser en gran parte una
construcción filosófica de Platón; en efecto, según el historiador Diógenes Laercio (aprox. 180-
240 d.C.), muchos contemporáneos de Platón lo acusaban de reinventar a Sócrates a su propia
semejanza para promover su interpretación del mensaje de su maestro. Independientemente
de esto, la influencia de Sócrates terminaría sentando las bases de las corrientes filosóficas
que llevaron a la formulación de la filosofía occidental y el pensamiento cultural subyacente de
la civilización occidental.
Escuelas socráticas
La diversidad de estas escuelas demuestra la amplitud de la influencia de Sócrates y, aún más
importante, la diversidad de las interpretaciones de sus enseñanzas. Los conceptos filosóficos
enseñados por Antístenes y Aristipo no podrían ser más diferentes, en cuanto aquel enseñaba
que la buena vida solo podía lograrse mediante el autocontrol y la abnegación, mientras que
este postulaba que una vida de placer era el único camino que valía la pena [Link] suele
decir que la mayor contribución de Sócrates a la filosofía fue cambiar el foco de la búsqueda
intelectual, pasando de la “ciencia física” (desarrollada por los “filósofos presocráticos”, como
Tales, Anaximandro, Anaxímenes y otros) al mundo abstracto de la ética y la moral. Más allá de
la diversidad de escuelas que se reconocían herederas de sus enseñanzas, todas ellas ponían
el énfasis en algún tipo de moral como su base fundacional. El hecho de que la moral
propuesta por una escuela fuera rechazada por otra es evidencia de la gran variedad de
interpretaciones del mensaje central de Sócrates.
A pesar de que los estudiosos tradicionalmente se han basado en los Diálogos de Platón como
fuente para conocer al Sócrates histórico, los contemporáneos de Platón afirmaban que este
había creado a un personaje al que llamaba “Sócrates” al que utilizaba como vocero de sus
propias visiones filosóficas. Célebres entre estos eran Fedón, autor de obras que no se han
conservado y compañero de Platón cuyo nombre es famoso por uno de los diálogos más
influyentes de este, y Jenofonte, cuya obra Memorabilia ofrece una visión de Sócrates distinta
de aquella mostrada por Platón.
SANTOTOMAS DE AQUINO:
Santo Tomás de Aquino nace el 1224/1225-Abadía de Fossanova, 7 de marzo de 1274, fue un
presbítero, fraile, teólogo, filósofo y jurista católico perteneciente a la Orden de Predicadores,
es considerado el principal representante de la enseñanza escolástica y una de las mayores
figuras de la teología sistemática. En materia de metafísica, su obra representa una de las
fuentes más citadas del siglo XIII, además de ser punto de referencia de las escuelas del
pensamiento tomista y neotomista. La Iglesia católica lo nombra Doctor Angélico, Doctor
Común y Doctor de la Humanidad y considera su obra fundamental para los estudios de
filosofía y teología. Fue el principal defensor clásico de la teología natural. Sus comentarios
sobre las obras de Aristóteles lo lanzaron a la popularidad, la recepción de su obra favoreció la
compatibilidad entre el pensamiento aristotélico y la fe católica. Asimismo, recibió influencias
del platonismo de Agustín de Hipona, y del aristotelismo de Averroes y de Maimónides, a
quienes tomaba como autoridades. Sus obras más conocidas son la Summa theologiae, un
compendio de la doctrina católica en la cual trata 495 cuestiones divididas en artículos (aquí se
encuentran sus cinco vías), y la Summa contra gentiles, compendio de apología filosófica de la
fe católica, que consta de 410 capítulos agrupados en cuatro libros, redactado a petición de san
Raimundo de Peñafort.
A Tomás se le debe el rescate y reinterpretación de la metafísica y una obra de teología
monumental, así como una teoría del Derecho que sería muy consultada posteriormente.
Canonizado en 1323, fue declarado doctor de la Iglesia en 1567 y santo patrón de las
universidades y centros de estudio católicos en 1880. Su festividad se celebra el 28 de enero.
En palabras del filósofo inglés Anthony Kenny, Santo Tomás de Aquino es considerado "uno de
los más grandes filósofos del mundo occidental".
Filosofía
Santo Tomás es considerado como máximo exponente del pensamiento de Aristóteles durante
el Medioevo. El ente es el punto de partida de su pensamiento. Umberto Eco expresa que
"Tomás no aristoteliza el cristianismo, sino que cristianiza a Aristóteles"
Filosofía del conocimiento
La epistemología de santo Tomás es un desarrollo ulterior de la defendida por Aristóteles. Para
ambos el entendimiento toma la forma genérica y substancial de los objetos del exterior
(percibida a través de los individuos, plenamente reconocidos por la intencionalidad del
esciente) y la abstrae, dando lugar a la especie o universal en acto. En ello radica la diferencia
cognoscitiva entre hombre y animal, ya que el universal es un elemento indispensable para
toda ciencia, que solo puede alcanzar el hombre. Así, para Tomás de Aquino, la verdad del
intelecto humano se basa en la verdad de las cosas (verdad ontológica). Por eso el ente es ser
inteligible. Escribió una reformulación de la opinión de Aristóteles en su Suma teológica como
adecuación del entendimiento con la cosa, Adaequatio rei et intellectus, lo que se ha llamado
impropiamente verdad lógica que hoy llamaríamos verdad semántica o verdad epistemológica.
Aquino defendió lo que hoy se conoce como la "teoría correspondentista de la verdad".
La novedad de Tomás en este tema reside en su respuesta al problema de los universales.
Dicho problema, mencionado primeramente por Porfirio en su Isagoge, analiza el modo de ser
del universal. Ya que esta cuestión es de capital importancia antropológica (Está visto arriba),
directa o indirectamente las grandes figuras intelectuales de la Edad Media como Agustín de
Hipona, Escoto Eriúgena, Anselmo de Canterbury, Pedro Abelardo o Sigerio de Brabante
tomaron postura en la polémica. Tomás adoptó la posición llamada realismo moderado y dio la
siguiente solución, destacando tres estados reales del universal:
1. Ante rem (Anteriores a la cosa): En la mente de Dios, por ser Creador del mismo, como
arquetipo de los entes de la realidad material.
2. In re (En la cosa): Como estructura que conforma la especie de un objeto singular. Está
mezclado con la materia, por lo que, como tal, en el aspecto sensitivo es potencial e
imperceptible.
3. Post Rem (Posteriores a la cosa): Como conceptos lógicos, abstraídos de los entes
reales materiales y, necesariamente por lo dicho arriba, inmateriales.
Tomás de Aquino creía "para conocer una verdad, de cualquier orden que sea, el hombre
necesita de un auxilio divino mediante el cual el entendimiento sea impulsado a su propio acto".
Filosofía mora
Tomás de Aquino tuvo uno de los sistemas éticos mejor desarrollados, tratando temas como la
axiología, las pasiones, teoría de la virtud, ética normativa, ética aplicada, derecho y gracia.
Tomás argumentó que, así como el primer principio de demostración evidente es el principio de
no contradicción, el principio de la razón práctica es la noción de bien (Bonum), y se formula
así: «el bien es lo que todos apetecen». Para Tomás, la ley es «una prescripción de la razón,
en orden al bien común, promulgada por aquel que tiene el cuidado de la comunidad».
Distingue cuatro tipos de leyes:
1. la ley divina, que son todos los mandamientos divinos y solo se puede conocer por
medio de la revelación;
2. La ley eterna, que es «la razón de la divina sabiduría en cuanto dirige todos los actos y
movimientos»;
3. la ley humana, que consiste en todas las reglas aprobadas por los sistemas legales
instituidas para que «se modere la audacia humana, quede protegida la inocencia en
medio de los malvados y se refrene en éstos»;
4. ley natural, que es «la participación de la ley eterna en la criatura racional», un conjunto
de principios morales básicos enraizados en la naturaleza que se pueden conocer
mediante la razón. De esta viene la noción de bien.
Este último precepto de la ley natural prescribe hacer y perseguir lo que la razón sabe que es
bueno evitando el mal. La razón sabe lo que es objetivamente bueno porque el bien es
naturalmente benéfico y el mal es lo contrario. Para explicar los bienes que son naturalmente
evidentes, Tomás de Aquino los divide en tres categorías: bienes sustanciales de auto
preservación deseados por todos; los bienes comunes tanto a los animales como a los
humanos, como la procreación y educación de la descendencia; y bienes propios de los seres
racionales e intelectuales, como vivir en comunidad y buscar la verdad sobre Dios. Querer
tales bienes naturales para uno mismo y para los demás es amar. En consecuencia, Santo
Tomás de Aquino afirma que el precepto del amor que obliga a amar a Dios y al prójimo son
"los preceptos primeros y universales de la ley natural, de suyo evidentes a la razón, o por la
naturaleza, o por la fe; y así los preceptos del decálogo se reducen a ellos como conclusiones a
sus principios”.
CONCLUSIÓN
La filosofía ha consistido a lo largo de su historia en una reflexión del ser humano en torno a la
realidad y a sí mismo. Una reflexión que se pretendía crítica y totalizadora y cuya fuente de
vida han sido las experiencias filosóficas de cada uno de los pensadores, entendiendo estas
experiencias como la íntima necesidad de dar respuesta a un problema situado en el límite de
los conocimientos o de las experiencias conocidas hasta el momento. La filosofía puede
entenderse de muy diversas maneras, siendo algunas de ellas incompatibles entre sí. No
obstante, en cualquier caso se pretende profundizar en la realidad y alcanzar un conocimiento
antes ignorado (aunque eso suponga eliminar cualquier otro conocimiento). La cuestión de la
utilidad de la filosofía ha sido planteada desde sus mismos comienzos. Hasta el momento tan
sólo hemos mencionado su capacidad para enseñarnos a vivir con nuestras dudas, no
ignorándolas ni pretendiendo hallar respuestas para todas, sino proporcionando un equilibrio
entre ambas, conscientes de los peligros de cada uno de los extremos. El debate en torno a la
utilidad de la filosofía, sin embargo, ha recibido mucha más atención de la que aquí hemos
sugerido. Incluso dentro de la propia filosofía se ha abierto una polémica sobre la utilidad de la
misma tanto en el plano teórico como en el plano social, político, etc. Para desarrollar estos
aspectos resulta fundamental conocer los restantes conocimientos con los cuales la filosofía se
compara y frente a los cuales puede ser tachada de útil o inútil. Remitimos, pues, al lector, al
siguiente número de los Cuadernos de filosofía, que tratará el tema "La función de la filosofía
en el conjunto de la cultura. La relación entre el saber filosófico y el saber científico y otros
saberes".
REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS
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