Re-fundar la escuela
Aulas de ayer
La escuela es uno de las mayores instituciones sociales de la historia.
La institución escolar se originó en la modernidad concebida bajo el capitalismo moderno.
La escuela nace para formar, a la mano de obra. Su propio modo de funcionamiento lo atestigua: momentos de trabajo
y ocio pautados, acceso al conocimiento graduado, organización rígida del horario escolar.
Una de las funciones de la escuela moderna fue el disciplinamiento de los cuerpos y de las mentes.
En nuestro país la institución escolar, se fundó con todas las características de la modernidad y se la asocia el
desarrollo de la ciencia la racionalidad y el individualismo.
El racionalismo, cientificismo, dogmatismo, fueron y siguen siendo algunos de los parámetros que dieron forma y
sustento a la institución escolar.
Son sus características peculiares que se ven en las prácticas, rituales y hábitos que aún siguen vigentes: Recreos
cortos y clases largas ,espacios y tiempos que responden a ciencias que quizás ni siquiera existen en el mundo
científico, listas de alumnos separadas por sexos, tiempos sin permiso de comer y beber independientemente de las
necesidades físicas, límites injustificados al ruido y al movimiento, largas horas dedicadas al desarrollo de unas mentes
que parecían no sentir ni tener cuerpo, recursos didácticos que nada tienen que ver con el mundo de nuestros chicos .
Sabemos que muchas de estas prácticas aún se viven en muchas instituciones, más allá de encontrarnos con
vivencias diferentes a las del siglo pasado.
Para cambiar dicha realidad es preciso desnaturalizar esas costumbres, es necesario volver a pensar qué es y para
qué debe existir la escuela hoy, cuáles deberían ser sus propósitos y objetivos de cara a los seres que queremos
formar. Para poder entonces re -enunciar nuestras prácticas y empezar a construir una escuela más afín a las
necesidades del ser humano de hoy.
Nuestras escuelas hoy
Hoy vivimos en una sociedad de abundante información y conocimientos que cambian a velocidades sin precedentes
en la historia humana. Este tiempo colmado de tecnología y ciber realidad requiere en nuestros alumnos el desarrollo y
la afirmación de capacidades más amplias.
Se supone que la escuela debería enseñar a sentir mientras se piensa y a pensar lo que se siente, a ser conscientes
de los sentimientos y las emociones del otro y actuar en consecuencia, a fortalecer la conciencia humana y el valor del
encuentro, a renovar la voluntad en pos de una propia convicción que sustente en la conciencia de lo más humano y
justo.
Más allá de los cambios necesarios sabemos que en nuestras instituciones hay mucho por mantener y proteger,
existe una esencia que lucha por mantenerse a flote y renace cada vez que sentimos el agotamiento de lo real.
Se debe mantener siempre la certeza de que el hombre para ser cada vez más hombre, requiere el aprendizaje y que
somos nosotros los docentes los encargados de facilitar y promover ese camino de crecimiento y verdadera educación.
Alumnos y alumnas de hoy...
No tan a-lumnos.
¿Para quién cambiar?
Cuando la institución escolar nació el conocimiento era un capital de unos tantos. Los privilegios sociales, los modos de
circulación de saber, la forma en que los diferentes capitales se distribuían entre los miembros de la sociedad eran
cuestiones que dificultaban el acceso a toda la fuente de conocimiento que se consideraban legítimas.
La idea misma de saber implicaba una mirada diferente a la actual, dado que el conocimiento se visualizaba como algo
que podía o no poseerse algo con entidad y objetividad propia algo que existía en el mundo real, independiente de las
personas.
Las ciencias las artes los conocimientos humanísticos los bienes culturales relacionados con el saber académico los
parámetros Morales que fundamentaban el modo en que debían ser vividas la vida circulaban con facilidad por las
comunidades y las élites que les daban origen pero con menor frecuencia en las clases populares.
La escuela supo establecerse como una suerte de nexo entre los saberes y los jóvenes que no poseían ese saber y el
docente era la fuente de conocimiento que volcaba sus saberes en ese alumno que desconocía la información recibida.
En la actualidad El avance tecnológico y el estallido de la comunicación digital modificaron significamente el escenario
donde los bienes culturales se generan y se distribuyen.
En estos tiempos de posmodernidad todos tenemos acceso a las fuentes de información y podemos aportar con
facilidad a la construcción y a la circulación de saberes culturales.
Nuestro rol cambió y el proceso de enseñanza aprendizaje no es el mismo, la unidireccionalidad profesor- alumno en la
entrega de conocimiento. Ya no es válida porque los alumnos de hoy conocen y acceden a la misma información
incluso mayor información que el propio profesor.
El rol del alumno como ente pasivo en el proceso de enseñanza aprendizaje ha mutado o está mutando a otro que lo
interpela para colaborar activamente en la ejecución de su propio aprendizaje.
En el aula actual el docente debe asumir un nuevo protagonismo: el sujeto a las necesidades, los intereses y las
características de estos niños y jóvenes con ese mayor acceso a la multiplicidad de datos que necesitan transformar en
un conocimiento real que les permita no solo repetir esa información sino también aplicarla, elegirla, evaluarla, jugarla,
reconstruirla y encarnarla en actos.
Esto supone dejar de centrarnos en la racionalidad del aula e invitar al cuerpo y a la emoción al proceso educativo de la
escuela formal.
Esto significa que ya no alcanza con que el alumno pueda decir que es la democracia es necesario que sea capaz de
pelear con justicia por sus derechos y que pueda respetar con fluidez los derechos del otro.
Comprender que el conocimiento no es prerrogativa del docente no implica obviar sus aportes en la construcción de los
propuestas pedagógicas ni supone que los conocimientos escolares ya sean innecesarios implica la necesidad de
convertirlos en puentes necesarios entre el saber y el ser en medios que inviten a cuestionar indagar juzgar a aplicar.
Cómo aprende ese a-lumno
Lo que ya sabíamos y lo que podemos aprender
El paradigma cognitivista fue y es uno de los más influyentes. Esta escuela incluye aquellas investigaciones que se
centraron en el estudio de la mente humana para comprender cómo está interpreta, procesa y almacena la información
en la memoria.
El objetivo principal del cognitivismo ha sido descubrir, mediante la evaluación de las respuestas evidenciadas
externamente por el alumno, cómo los niños y los jóvenes son capaces de pensar y aprender.
Sus exponentes más destacaron fueron jean Piaget, David Ausubel y Vygotsky.
Gracias al aporte de estos autores los docentes supimos edificar un constructo de teorías y prácticas pedagógicas que
implicaron al alumno de manera activa en el proceso de aprendizaje al comprender la importancia de los saberes
previos, la necesidad de establecer relaciones sustantivas entre el conocimiento ofrecido y su significatividad lógica,
psicológica y social apelando al conflicto cognitivo para generar la puerta de entrada al aprendizaje como medio para
seguir aprendiendo.
Conflicto cognitivo
Piaget: fue uno de los pioneros en utilizar el término. Lo utilizo para referirse al cambio conceptual o re
conceptualización que genera en los estudiantes una situación contradictoria entre lo que ellos saben y los nuevos
conocimientos, y provoca sí un desequilibrio cognitivo que conduce a un nuevo conocimiento más amplio y ajustado a
la realidad. Lo que le permite seguir enriqueciéndose con nuevos procesos de aprendizaje a través de ciclos evolutivos
Zona de desarrollo próximo
Vygotsky: Gracias ese paradigma y a los aportes de otras escuelas como El conductismo, la escuela nueva y la Gestalt
fuimos pensando y repensando la manera en que generamos saber y descubrimos los caminos más beneficiosos para
lograr el encuentro que supone el verdadero aprendizaje.
Neurodidáctica:
Un paradigma que interpela el docente de hoy
Las neurociencias procuran describir con precisión lo que acontece en el cerebro durante el proceso de aprendizaje.
Este aporte científico, aunque en principio es externo a las ciencias de la educación, abrió el camino de la
Neurodidáctica, una disciplina incipiente que nos ayuda a concebir cómo y por qué aprendemos de la forma en que lo
hacemos.
La pedagogía busca intencionalmente la transformación de las estructuras de conciencia del ser humano, para lograrlo
es necesario entender que el proceso de construcción del conocimiento es una fusión de la mente y su correlato
biológico y lo cultural.
En el ejercicio pedagógico los docentes desplegamos un entramado de acciones que en conjunto con los estudiantes
producen la transformación de saberes valores y habilidades estos procesos permiten vivencias integradas entre lo
mental y lo cultural.
La neurociencia nos advierte que no solo el cerebro va a la escuela sino también el cuerpo y el corazón en un sentido
metafórico y literal la neurociencia podría ser la clave para superar la racionalidad positivista de aquella escuela
tradicional que se limitaba el abordaje instrumental de la realidad y consideraba al alumno un ser racional al que había
que colmar de saberes.
¿Qué nos propone la neuropedagogía?
Más allá del cerebro
Es una disciplina que estudia la actividad pedagógica a partir del conocimiento del funcionamiento del cerebro, es decir
desde el estudio de la neurociencia.
La neuropedagogía invita a construir el aprendizaje desde la novedad, el cuestionamiento, la emoción y la corporeidad
integrada.
La neuropedagogía es una rama de la neurociencia que estudia cómo aprende el cerebro, procura mejorar la calidad
del proceso de enseñanza-aprendizaje, por medio de la detección de los distintos modos de aprendizaje, para lograr
una comunicación poderosa entre el docente y el alumno maximizando el potencial de las competencias cognitivas,
intelectuales y emocionales de cada niño invita generar acciones para que nuestros alumnos sean los protagonistas
activos del proceso de aprendizaje.
Jasen: Proporciona la lista esquemática y precisa de descubrimientos recientes de la neurociencia que se pueden
aplicar a la a la pedagogía porque aborda los temas que tienen importantes implicaciones para el aprendizaje la
memoria las escuelas y el desarrollo del cuerpo docente directivo del establecimientos escolares.
El cerebro crece
El cerebro es social
El cerebro es hormonal
El cerebro requiere moverse
El cerebro es plástico
El cerebro es atencional
El cerebro es espacial
El cerebro es emocional
El cerebro es adaptativo
El cerebro requiere paciencia
El cerebro es computacional
El cerebro es artificioso
El cerebro está conectado
El cerebro implica un tiempo de desarrollo
El cerebro requiere nutrientes
El cerebro memorable
Estos aportes nos señalan la necesidad de comprender la importancia del repaso continuo de la enseñanza de
aprendizajes significativos y de la necesidad de dar espacio a olvidar lo que no hace falta.
En educación la neurociencia constituye un aporte elemental para superar esos Marcos constitutivos que nos dejó la
escuela tradicional y su impronta en nuestras aulas.
Construir una educación con espacio para el desarrollo de la inteligencia emocional, el aprendizaje para la comprensión
en la educación por proyectos que supongan creación movimientos y emoción.
Una escuela que pueda mirar con los ojos del presente y se anime a superar todo aquello que nos impida formar
mejores y más sabias personas.
Si atenemos estos aportes es posible establecer una serie de ideas que los docentes debemos tener presente si
queremos potenciar el aprendizaje de nuestros alumnos:
Potenciar la atención y el aprendizaje sobre la base del recurso y la actividad atractiva
Potencia la memoria por medio de la evocación reiterada.
Potencia del aprendizaje a partir de la emoción la integración con el otro la conciencia de ser seres sociales por
esencia y existencia.