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Platón: Escritura y Aprendizaje

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COMENTARIO DE TEXTO – II

Platón, Fedro, 276b-278b


Sócrates— Ahora respóndeme a esto. El agricultor sensato ¿sembraría acaso en serio (σπουδῇ)
durante el verano y en un jardín de Adonis aquellas semillas por las que se preocupara y deseara que
produjeran fruto, y se alegraría al ver que en ocho días se ponían hermosas? ¿O bien haría esto por
juego (παιδιᾶς) o por mor de una fiesta, cuando lo hiciera, y en el caso de las simientes que le
interesaran de verdad recurriría al arte de la agricultura, sembrándolas en el lugar conveniente, y
contentándose con que llegaran a término cuantas había sembrado una vez transcurridos siete
meses?
Fedro— Así haría, Sócrates, lo que hiciera con seriedad, y lo que no, de la manera opuesta, según
dices.
Sócrates— Y el que tiene el conocimiento de las cosas justas, bellas y buenas (Τὸν δὲ δικαίων τε καὶ
καλῶν καὶ ἀγαθῶν ἐπιστήμας ἔχοντα) ¿hemos de decir que tiene menos seso con respecto a sus
simientes que el agricultor?
Fedro— En absoluto.
Sócrates— Luego lo que no hará seriamente será «el escribirlas en agua», o lo que es igual, en tinta,
sembrándolas por medio del cálamo con palabras que tan incapaces son de ayudarse a sí mismas de
viva voz, como de enseñar la verdad en forma satisfactoria (ἀδυνάτων δὲ ἱκανῶς τἀληθῆ διδάξαι).
Fedro— No es, desde luego, probable.
Sócrates— No lo es, en efecto. Por el contrario, los «jardines de las letras» los sembrará y escribirá, al
parecer, por pura diversión, cuando los escriba, haciendo acopio, por si llega al «olvido que acarrea la
vejez», de recordatorios para sí mismo, y para todo aquel que haya seguido sus mismos pasos; y se
alegrará viéndolos madurar. Y cuando los demás se entreguen a otras diversiones, recreándose con
festines y cuantos entretenimientos hay hermanos de éstos, entonces él, según es de esperar,
preferirá a estos placeres pasar el tiempo divirtiéndose con las cosas que digo.
Fedro— Hermosísimo entretenimiento frente a uno vil ese que mencionas, Sócrates, del hombre
capaz de jugar con los discursos, componiendo historias sobre la justicia y las demás cosas que
dices.
Sócrates— En efecto, amigo Fedro, así es. Pero mucho más bello, creo yo, es el ocuparse de ellas en
serio, cuando, haciendo uso del arte dialéctica (τῇ διαλεκτικῇ τέχνῃ), y una vez que se ha cogido un
alma adecuada, se plantan y se siembran en ella discursos unidos al conocimiento (μετ᾿ ἐπιστήμης
λόγους); discursos capaces de defenderse a sí mismos y a su sembrador, que no son estériles, sino
que tienen una simiente de la que en otros caracteres germinan otros discursos capaces de transmitir
siempre esa semilla de un modo inmortal, haciendo feliz a su poseedor en el más alto grado que le es
posible al hombre. (…) Quien considera que en los discursos escritos (ἐν μὲν τῷ γεγραμμένῳ λόγῳ)
sobre cualquier materia hay necesariamente gran parte de juego, y que jamás discurso alguno con
verso o sin verso valió mucho la pena de ser escrito, de ser pronunciado, a la manera que se
pronuncian los de las rapsodias, sin previo examen ni doctrina y por el mero objeto de persuadir (ἄνευ
ἀνακρίσεως καὶ διδαχῆς πειθοῦς ἕνεκα); quien cree que los mejores de ellos no son más que una manera
de hacer recordar a los conocedores de la materia, y que son los que se dan como enseñanza, se
pronuncian con el objeto de instruir, se escriben realmente en el alma, y versan sobre lo justo, lo bello
y lo bueno (γραφομένοις ἐν ψυχῇ περὶ δικαίων τε καὶ καλῶν καὶ ἀγαθῶν) los únicos en los que hay certeza,
perfección e interés que valga la pena; quien piensa que tales discursos deben llamarse, por decirlo
así, hijos legítimos suyos: primero el que tiene en sí mismo, en el supuesto de que esté en él por
haberlo él mismo descubierto, y luego cuantos descendientes de éste y hermanos a la vez se
producen en las almas de otros hombres según su valía; quien mande a paseo los demás discursos;
ese hombre, Fedro, el hombre que reúne esas condiciones, es muy probable que sea como tú y yo, en
nuestras plegarías, pediríamos llegar a ser.

Traducción de Luis Gil, en: Platón, Fedón. Fedro, trad. de L. Gil, Madrid, Alianza, 2016.
ORIENTACIONES
• Sitúa el texto en su contexto dramático.
• Analiza el texto prestando atención a los términos subrayados.
• Desarrolla el análisis platónico de la escritura y su relación con el aprendizaje y la memoria.
• Explica algunos modos de interpretar los textos de Platón a partir de este fragmento.
• Utiliza la bibliografía para explicar y profundizar en las ideas del texto.

BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA
• García Castillo, P. (2004). Platón: la escritura en el libro del alma. En Naturaleza y Gracia, 2-3,
pp. 393-430.
• García Peña, I. (2010). El jardín del alma: mito, Eros y escritura en el «Fedro» de Platón.
Salamanca: Ediciones Universidad de Salamanca.
• Guthrie, W.K.C. (1990). Historia de la filosofía griega, IV. Madrid: Gredos.
• Havelock, E. A. (1994). Prefacio a Platón. Madrid: Visor.
• Kahn, C.H. (2010). Platón y el diálogo socrático. Madrid: Escolar y Mayo.
• Lledó, E. (1992). El silencio de la escritura. Madrid: Centro de Estudios Constitucionales.
• Lledó, E. (1992). El surco del tiempo. Barcelona: Crítica.
• Nussbaum, M. (1995). La fragilidad del bien, Madrid: Visor.
• Reale, G. (2001). Platón: En búsqueda de la sabiduría secreta. Barcelona: Herder.
• Szlezàk, T. A. (1997). Leer a Platón. Madrid: Alianza.

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