TRABAJO PRÁCTICO - Politicas Económicas
TRABAJO PRÁCTICO - Politicas Económicas
- CONCEPTOS CLAVES:
El debate sobre la intervención del Estado en la economía es uno de los más frecuentes en la
economía normativa. En un extremo hay quienes proponen que el Estado intervenga lo menos
posible, que se limite a proteger los derechos de propiedad (lo que se llamó “capitalismo salvaje”)
y, en el otro, quienes proponen que todas las empresas sean estatales (comunismo “puro”). La
realidad cotidiana en la gran mayoría de las sociedades no está ni en un extremo ni en el otro; las
economías “mixtas” tienen a la iniciativa privada como motor principal de la economía, pero el
Estado establece reglas, orienta, corrige y complementa al mercado. Entre los tipos de
intervención del Estado en la economía podemos destacar las políticas fiscales, las políticas
monetarias y, las regulaciones económicas y políticas cambiarias.
Dependiendo de las diferentes decisiones tomadas a la hora de dirigir la política fiscal, puede
clasificarse como expansiva, contractiva o neutral. Sin embargo, lo que más determina a corto
plazo la aplicación de una política fiscal expansiva o contractiva es la situación del ciclo
económico en que se encuentre.
Cuando la economía está en recesión y hay mucho desempleo, el Gobierno puede aumentar el
gasto público o reducir los impuestos para estimular la economía, estas medidas son de política
fiscal expansiva. Esto puede aumentar la demanda agregada, mejorar el empleo y reactivar el
crecimiento económico. Puede ser de cinco tipos principales, o vías de aplicación: Reduciendo
impuestos para que la gente tenga más dinero disponible; Aumentando el gasto público en
proyectos como carreteras, hospitales o escuelas; Ofreciendo incentivos fiscales para que las
empresas inviertan más; Estimulando las exportaciones mediante beneficios fiscales;
Utilizando medidas extremas como el “dinero helicóptero”, que implica dar dinero directamente
a los ciudadanos para que lo gasten.
Si la economía está sobrecalentada y hay mucha inflación, el Gobierno puede hacer lo contrario:
reducir el gasto y aumentar los impuestos. Esto disminuye la demanda agregada y ayuda a
controlar los precios, por eso se llama política fiscal contractiva. Estas son algunas de las
medidas: Aumento de impuestos, Reducción del gasto público, Medidas para desalentar las
inversiones privadas y las exportaciones netas (menores exportaciones netas). En el caso de la
política fiscal neutral, la política fiscal se basa en el equilibrio, al equiparar el nivel de gasto
público con el de ingresos totales. No se busca ni estimular ni enfriar la economía.
Imagina que un país está atravesando una crisis económica y el desempleo está muy alto. En
este caso, el Gobierno decide aplicar una política fiscal expansiva. Las medidas que toma son
bajar los impuestos y aumentar el gasto público en proyectos como la construcción de
infraestructuras. El objetivo es generar empleo y aumentar la demanda en la economía.
Ahora supongamos que la economía está creciendo demasiado rápido y los precios están
subiendo (inflación) de forma descontrolada. El Gobierno decide aplicar una política fiscal
contractiva. Para reducir la inflación, decide los impuestos y reducir el gasto público, buscando
enfriar la economía y controlar los precios.
La política monetaria es parte de la política económica que se encarga de controlar los factores
monetarios, como la cantidad de dinero en circulación y los tipos de interés. Su objetivo principal
es garantizar que los precios se mantengan estables y que la economía crezca de forma
sostenible. Este tipo de política económica influye en la economía, manejando la cantidad de
dinero que hay en circulación (base monetaria) y cuánto cuesta pedir prestado ese dinero (los
tipos de interés). Con estas herramientas, buscan regular la economía y mantener una
estabilidad financiera.
Con la política monetaria, los países intentan influir en sus economías para alcanzar ciertos
objetivos macroeconómicos clave:
Controlar la inflación: Mantener los precios estables. Si suben mucho, aplican políticas
restrictivas. Si bajan demasiado (deflación), aplican políticas expansivas. La inflación
objetivo de los países es el 2%.
Reducir el desempleo: Incentivar a las empresas a invertir y contratar más personas. Esto
se consigue con políticas expansivas.
Alcanzar el crecimiento económico: Aumentar la actividad económica para mejorar el
bienestar. Aquí también entran en juego las políticas expansivas.
Mejorar la balanza de pagos: Asegurarse de que no importan mucho más de lo que
exportan, porque esto podría aumentar la deuda y ralentizar la economía.
Existen dos tipos principales de políticas monetarias, según el objetivo que se quiera alcanzar: La
política monetaria expansiva consiste en aumentar la cantidad de dinero en circulación para
fomentar la inversión, reducir el desempleo y conseguir crecimiento económico. El riesgo es que
esto provoque inflación. Por otro lado, la política monetaria restrictiva radica en reducir la
cantidad de dinero disponible para controlar la inflación. El riesgo es que puede frenar el
crecimiento económico y aumentar el desempleo. Incluso puede provocar una recesión.
La política cambiaria es el conjunto de acciones que llevan a cabo los Gobiernos en relación con
el tipo de cambio. Es una parte de la política monetaria. La política cambiaria, trata de influir sobre
el valor de la moneda nacional. Es decir, son un conjunto de decisiones que se llevan a cabo para
controlar el valor de la moneda, siempre en relación con el resto de las divisas extranjeras. De
esta forma, el Gobierno controla el valor de su moneda mediante la aplicación de las distintas
políticas cambiarias que se lleven a cabo. Así, el objetivo de esta es dotar de estabilidad al valor
de una moneda determinada, en relación a otra extranjera. Acciones como la devaluación
monetaria, así como la impresión de moneda, son acciones de la política cambiaria. El principal
objetivo de la política cambiaria suele centrarse en la estabilidad del valor de la moneda
nacional, en relación con las divisas extranjeras. Así, alcanzar el equilibrio exterior del país
mediante la elección de un sistema de tipos de cambio es uno de los grandes objetivos de esta.
Preserva el valor del dinero: La estabilidad de precios ayuda a preservar el valor del
dinero a lo largo del tiempo. Cuando los precios son estables, las personas pueden
planificar sus gastos y ahorros con mayor certidumbre. Por otro lado, cuando la inflación es
alta, el valor de la moneda disminuye, lo que puede reducir la capacidad de compra de los
consumidores y erosionar los ahorros de las personas.
Fomenta la inversión y el crecimiento económico: La estabilidad de precios también
puede fomentar la inversión y el crecimiento económico a largo plazo. Si los precios son
estables, las empresas pueden planificar y presupuestar mejor sus inversiones, lo que
puede fomentar la innovación y el crecimiento económico.
Reduce la incertidumbre: La estabilidad de precios también puede reducir la
incertidumbre en la economía, lo que puede mejorar la confianza de los consumidores y las
empresas. Esto puede llevar a un aumento de la inversión, el consumo y el empleo.
Facilita la toma de decisiones: Cuando los precios son estables, los individuos y las
empresas pueden tomar decisiones más informadas y planificar sus presupuestos a largo
plazo. Esto puede ayudar a reducir la incertidumbre y mejorar la estabilidad financiera de
las personas y las empresas.
Política monetaria: La política monetaria es una herramienta clave utilizada por los
bancos centrales para lograr la estabilidad de precios. Por lo general, los bancos centrales
intentan controlar la oferta de dinero y las tasas de interés para mantener la inflación
dentro de ciertos límites. Si la inflación se acerca a niveles indeseables, los bancos
centrales pueden aumentar las tasas de interés para reducir la demanda y enfriar la
economía. Por otro lado, si la inflación es demasiado baja, los bancos centrales pueden
reducir las tasas de interés para estimular la demanda y calentar la economía.
Control de la oferta monetaria: Los bancos centrales también pueden controlar la oferta
monetaria para ayudar a mantener la estabilidad de precios. Si los bancos centrales
imprimen demasiado dinero, pueden crear una inflación excesiva. Para evitar esto, los
bancos centrales suelen tener objetivos de crecimiento de la oferta monetaria.
Comunicación: La comunicación es una herramienta importante para los bancos
centrales, ya que sus acciones pueden afectar las expectativas de inflación y el
comportamiento de los agentes económicos. Los bancos centrales suelen publicar
informes y comunicados que explican su estrategia y sus objetivos de inflación. Esto puede
ayudar a reducir la incertidumbre y mejorar la confianza en la economía.
Regulación financiera: Los bancos centrales también pueden regular y supervisar las
instituciones financieras para ayudar a prevenir crisis financieras y mantener la estabilidad
de precios. Por ejemplo, los bancos centrales pueden requerir que los bancos mantengan
ciertos niveles de reservas y capital para reducir el riesgo de quiebra y mejorar la
estabilidad financiera.
- ¿QUÉ ES LA INFLACIÓN?:
La inflación es el aumento generalizado de los precios de los bienes y servicios de una
economía durante un periodo de tiempo, lo que reduce el poder adquisitivo. También se puede
entender como la pérdida de valor de una moneda. Es decir, no es que los precios suban, es
que el valor de la moneda baja. Y por eso, los precios de los bienes expresados en esa moneda
suben. La inflación ocurre cuando (de media) aumentan los precios de todo. Es un fenómeno que
hace que tu dinero cada vez valga menos. O dicho de otra manera, hace que pierdas poder
adquisitivo. Por tanto, el día de mañana, podrás comprar menos cosas que hoy con el mismo
dinero. Aunque a corto plazo a veces puede no notarse, su efecto a largo plazo puede ser
devastador. Por ejemplo, una inflación de un 3% anual, en 20 años provoca una caída del 50% en
el valor del dinero. Es un fenómeno que ocurre en casi todos los países, de hecho, los bancos
centrales siempre tratan de que en su país haya algo de inflación, normalmente entre el dos y el
tres por ciento. Una de las funciones de los precios es permitir a los compradores indicar la
cantidad de producto que desean comprar según el precio del mercado y a los empresarios
determinar la cantidad de producto que desean vender a cada precio. Los precios garantizan que
los recursos se repartan de manera eficiente para alcanzar un equilibrio de mercado y así, los
recursos se pueden asignar de manera eficiente. No obstante, lo más común es que los precios
aumenten, provocando lo que se llama inflación.
Tasa de inflación= [(IPC año a calcular – IPC año base)/IPC año base] x 100
De esta manera, al restar el IPC del año base al IPC del año que querés calcular, dividido entre el
IPC del año base y todo multiplicado por 100, tenés la tasa de inflación. Dicho índice tiene
una repercusión directa sobre la subida de salarios, pensiones, alquileres, etc. La inflación acaba
siendo el cambio en el nivel de precios de los bienes incluidos en la cesta. En Argentina, el
relevamiento de los precios de los bienes y servicios que componen el Índice de Precios al
Consumidor (IPC) se realiza de manera mensual y en 39 ciudades de todas las provincias del
país, por el INDEC. Sus resultados se publican para el total del país como índice nacional y
también como seis índices regionales. Otra manera de calcular la inflación es mediante el
deflactor del PIB, que tiene en cuenta la variación de precios de todos los bienes y servicios
producidos en un país.
Moderada: Se refiere al incremento de forma lenta de los precios. Cuando los precios son
relativamente estables, las personas se fían de este, colocando su dinero en cuentas de
banco. Ya sea en cuentas corrientes o en depósitos de ahorro de poco rendimiento porque
esto les permitirá que su dinero valga tanto como en un mes o dentro de un año. En sí, las
personas están dispuestas a comprometerse con su dinero en contratos a largo plazo,
porque piensan que el nivel de precios no se alejará lo suficiente del valor de un bien que
puedan vender o comprar. El aumento no suele ser de más del 10 % anual.
Galopante: La inflación galopante sucede cuando los precios incrementan las tasas de
dos o tres dígitos de 30, 120 o 240% en un plazo promedio de un año. Cuando se llega a
establecer la inflación galopante surgen grandes cambios económicos. Dado que el dinero
pierde su valor de una manera muy rápida, las personas tratan de no tener más de lo
necesario; es decir, que mantienen la cantidad suficiente para vivir con lo indispensable
para el sustento de los integrantes familiares. Es decir, las personas pierden poder
adquisitivo y esto, a su vez, afecta a la economía del país, ya que el consumo disminuye
porque se puede comprar menos con el mismo dinero.
Hiperinflación: Es una inflación anormal en la cual el índice de precios aumenta en un
50% mensual, esto es, una inflación anualizada de casi 13 000%. Este tipo de inflación
anuncia que un país está viviendo una severa crisis económica; debido a que el dinero
pierde su valor, el poder adquisitivo (la capacidad de comprar bienes y servicios con el
dinero) disminuye rápidamente y la población busca gastar el dinero antes de que pierda
totalmente su valor; cuando una hiperinflación ocurre, se torna imprescindible el
incremento salarial en cuestión de días o inclusive diariamente. Este tipo de inflación suele
deberse a que los gobiernos financian sus gastos con emisión de dinero inorgánico sin
ningún tipo de control, o bien porque no existe un buen sistema que regule los ingresos y
egresos del Estado.
Además, al hablar de alza los precios se suele usar una cierta terminología para describir las
diferentes formas de aumento en los precios. Otros términos relacionados con la inflación son:
[Gráfico 1]:
Variaciones anuales del Índice de Precios al Consumidor (IPC) en Argentina.
[Fuente: INDEC]
El [Gráfico 1] brinda una primera aproximación del proceso inflacionario en Argentina a largo
plazo. Durante la primera mitad del siglo XIX, la evolución de los precios domésticos estaba
estrechamente vinculada al mercado internacional y a las variaciones del tipo de cambio. Este
período se caracterizó por fluctuaciones de precios tanto a la baja incluso años de deflación a
excepción de algunos años particulares (25,3% en 1818, 34,3% en 1830, 19,9% en 1835), y un
extraordinario ciclo inflacionario entre 1837 y 1840, registrándose un pico del 84,6% para fines de
1838. Cabe mencionar que en estos años tuvo lugar el bloqueo francés al Río de la Plata,
implicando un cierre efectivo al comercio de la ciudad de Buenos Aires y a los puertos fluviales en
aquel entonces, de la Confederación Argentina. Tras la finalización del bloqueo, el nivel de precios
se redujo a una tasa anual del 40,0% hacia 1841.
Por lo tanto, desde mediados del siglo XIX hasta la Primera Guerra Mundial la economía
argentina creció en forma sostenida a un ritmo que se aceleró a partir de la década de 1880.
Argentina se incorporó económicamente en el mercado mundial a mediados del siglo XIX como
un país productor de bienes agrícolas y ganaderos. Dentro de la División Internacional del
Trabajo, Argentina obtenía ingresos por sus exportaciones de lana, carnes y cereales y los
utilizaba para incorporar bienes manufacturados de los países industrializados.
Durante los años 1848-1852 la economía argentina enfrenta un período recesivo acompañado
con una disminución de la variación anual del IPC en torno al 9,1% (promedio). Esta situación se
revierte hacia finales de 1853. Entre 1855 y 1857, Argentina se encontraba emergida en un nuevo
brote inflacionario, alcanzando un pico del 42,7% en 1856.
En el periodo comprendido entre 1861 y 1867 se pueden destacar dos subperíodos: los primeros
tres años estuvieron marcados por expectativas inflacionarias a la suba (con una tasa de inflación
anual del 9,0%), mientras que durante los años subsiguientes se registraron variaciones anuales
negativas del 15,0% (deflación) en un marco caracterizado por una apreciación del papel moneda
junto a un incremento de las tasas de intereses nominales y reales de referencia.
Desde 1879 a 1883, la economía argentina enfrenta una nueva deflación en los precios; período
en el cual se adoptaron políticas fiscales y monetarias contractivas sumado a que se evidenció
una apreciación del tipo de cambio a niveles previos al régimen de patrón oro. A partir del año
1884, Argentina enfrenta un nuevo ciclo inflacionario que se prolongó 13 años, con una tasa de
inflación anual promedio del 5,2%.
Por su parte, en 1899, tras la creación de la Caja de Conversión se establece un tipo de cambio
fijo (2,27 pesos papel por un peso oro), paridad que se mantendría hasta el estallido de la Primera
Guerra Mundial en 1914. En este lapso temporal, oscilaron años de inflación baja (en promedio,
un 4,0% anual) y a su vez, años de deflación; finalizando el periodo con una tasa prácticamente
nula. Los cuatro años subsiguientes (1914-1918) se caracterizaron por una moderada aceleración
inflacionaria, cerrando 1918 con una variación anual del IPC en torno al 26,2%.
Entre 1919 y 1929, periodo donde la economía argentina retoma una senda positiva de
crecimiento tras la recuperación por el estallido de la guerra, se registraron (a excepción de 3
años) tasas de inflación negativas, que en promedio alcanzaron un -2,0% anual. La década del
30, en sus comienzos estuvo marcada por años deflacionarios (variación anual promedio del -
3,8%) de manera concomitante a la caída registrada de los precios mundiales; mientras que en la
segunda parte (los últimos 5 años) se registraron tasas anuales positivas, en torno al 3,6%.
Desde 1940 hacia finales de la década de los 60, tras la aceleración de la tendencia alcista de
los precios, Argentina ingresa en un nuevo ciclo inflacionario con una tasa promedio del 23,7%.
En este periodo cabe mencionar que la tasa de inflación alcanzaría su máximo histórico (hasta
ese momento) en 1959, año que podría considerarse hiperinflacionario tras evidenciarse un
incremento de precios del 113,7% anual.
[Gráfico 2]:
Variaciones anuales del Índice de Precios al Consumidor (IPC).
[Fuente: INDEC]
La inflación continuó su ritmo creciente en los primeros años de la década del 70 (en promedio,
una tasa del 44,4% anual) y tuvo su estallido en 1975 (tras el “Rodrigazo”), registrando una
variación anual del IPC en un 182,8%. A partir de entonces, se inicia un ciclo hiperinflacionario
que se extendió por 17 años, el cual puede subdividirse en tres etapas. Desde 1975 a 1982, la
tasa de inflación anual promedio rondaba en un 188,5%; acelerándose de manera inédita hacia
finales de 1983. Durante los dos años subsiguientes, la variación del IPC sobrepasó el 600,0%
anual.
La implementación del Plan Austral (junio de 1985) permitió una notable reducción de la tasa de
inflación, ubicándose en un 90,1% hacia fines de dicho año. Sin embargo, la crisis económica de
1989 vuelve a desatar el crecimiento abrupto de los precios, aunque en este caso, a niveles
nunca antes registrados en el periodo bajo análisis. En este año, el incremento del IPC alcanzó
un máximo histórico del 3.079,5%.
De esta forma, durante el resto del siglo XX, el neoliberalismo dejó de ver la dependencia
económica como un aspecto nacional y pasó a verlo regionalmente (por ejemplo, con la creación
del MERCOSUR en 1991). Sin embargo, las políticas económicas neoliberales hicieron poco por
intentar solucionar el problema de la dependencia económica de los bienes primarios hasta la
crisis del 2001. Por ejemplo, en la década de los ’90, el Estado Nacional complementó dichos
ingresos con la privatización de empresas y préstamos extranjeros para sostener la ley de
convertibilidad.
[Gráfico 3]:
Variaciones anuales del Índice de Precios al Consumidor (IPC).
[Fuente: INDEC]
Los cuatro años subsiguientes, se observaron tasas de inflación relativamente bajas, siempre por
debajo del 15,0%, concluyendo con un promedio entre 2002 y 2006 del 13,3%. Sin embargo, en
2007 la variación del IPC vuelve a superar el 20,0% anual, situación que se vuelve una nueva
normalidad hasta el 2013 inclusive, llevando al promedio del periodo 2007-2013 al 23,5%.
En el 2014 se produce un nuevo salto inflacionario, estimándose una tasa del 38,5% en el año. A
partir de allí, con las excepciones de 2015 y 2017, la inflación anual superó siempre el 35,0%, con
un pico del 54,0% durante 2019. Así, el promedio de inflación desde 2014 se ubicó en torno al
39,9% anual.
Por un lado, si la demanda de productos empieza a superar a la oferta, los consumidores querrán
comprar una mayor cantidad de la que pueden producir y ofrecer las empresas, por lo que los
precios de los bienes empezarán a subir. Un ejemplo de este fenómeno se ve habitualmente en el
sector agrícola, si en un determinado periodo de tiempo disminuye la cosecha de tomates, por
ejemplo, en un 50%, la demanda habrá superado a la oferta habitual y el precio del cultivo
aumentará, ya que los clientes lo necesitan y están dispuestos a pagar un costo más elevado con
tal de mantener su abastecimiento. Si llevamos este ejemplo al mercado en conjunto de bienes y
servicios, se produce una situación de inflación en la economía.
A su vez, las empresas deben mantener sus beneficios en todo momento, por lo que un aumento
del precio de cualquier factor que influya en sus costes de producción provocará una inmediata
subida en el precio del bien o servicio final. Para que un fenómeno así derive en una inflación,
algún factor clave para la producción de cualquier empresa debe sufrir algún tipo de impacto,
como puede ser una subida radical del precio por causas políticas. Por ejemplo, si se establece
una ley general que aumente el precio del petróleo en un elevado porcentaje, las empresas que
utilizan este recurso en su proceso productivo se verán obligadas a subir drásticamente el precio
de sus bienes para compensar los costes. Casos como este en los que ocurren aumentos de
precio a gran escala por parte de muchas empresas pueden ser una causa de inflación.
Como también, si las empresas especulan una subida del precio de un factor importante en su
proceso productivo y deciden subir paulatinamente sus precios, se produce una inflación
denominada autoconstruida. En principio, este fenómeno tiene como principal objetivo evitar que
se produzca una subida de precios de manera brusca e inesperada, pero normalmente trae
consigo consecuencias contraproducentes, ya que los consumidores pueden comprar menos o
dejar de hacerlo, por lo que las ventas de las empresas caen.
La base monetaria aumenta cuando el Estado decide aplicar una política fiscal expansiva, es
decir, aumentar la cantidad de dinero en circulación en la economía. Este efecto provoca un
incremento en la demanda de los consumidores, superando esta a la velocidad en la que las
empresas pueden suministrar los bienes y servicios, por lo que los precios generales aumentan.
Las políticas fiscales expansivas se pueden aplicar por los bancos centrales a través de bajadas
en los tipos de interés en créditos y depósitos, reduciendo el coeficiente legal de caja o realizando
operaciones de mercado abierto.
Otra posible causa de la inflación ocurre cuando un gobierno tiene déficit fiscal, puede optar por
financiarlo a través del endeudamiento (puede hacerlo con una reducción de las reservas
internacionales o imprimiendo moneda). Al imprimir moneda se produce un aumento de la oferta
de dinero mientras la demanda del mismo se mantiene estable, lo cual implica un exceso en la
oferta. Esto genera un problema grave que, de no ser solucionado por el gobierno, provocará que
el Banco Central devalúe la moneda, derivando a una inflación en la economía.
Por otro lado, los costos de producción influyen directamente en el proceso inflacionario.
Cuando una empresa afronta constantes incrementos en materias primas, gastos laborales y
gastos en impuestos y servicios, los precios de sus productos tienden a subir para garantizar la
rentabilidad. El impacto por el incremento de los costos en la inflación puede variar dependiendo
de la situación financiera del país. Por ejemplo, en economías sólidas, las empresas pueden
asumir los costos sacrificando un poco la rentabilidad para mantenerse a la par de la
competencia.
En 2020 la inflación acumulada fue de 36,1%, con un pico apenas empezada la pandemia (3,3%
mensual en marzo) y una aceleración sobre fin de año (3,8% en octubre y 4% en diciembre), con
el inicio de la reactivación de la mayoría de las actividades productivas.
El IPC de 2021 fue de 50,9%. El año empezó con inflaciones mensuales superiores al 4% que
cayeron entre mayo y noviembre a valores de entre el 2,5% y el 3,5%, en un contexto marcado
por las elecciones de medio término y la salida de la pandemia. En diciembre los precios volvieron
a acelerarse y el año cerró con un 3,8%.
En 2022 el país experimentó una disparada del índice inflacionario, que se colocó en el 94,8%
interanual, el registro más alto hasta el momento desde la Convertibilidad de 1991. En un
contexto de crisis política en el oficialismo y de escasez de divisas, los mayores registros
mensuales se dieron en julio (7,4%) y agosto (7%), período en el que se produjo la salida del
ministro de Economía Martín Guzmán y la llegada al Palacio de Hacienda de Sergio Massa tras
una breve gestión de Silvina Batakis. Para fin de año, los precios subían a un ritmo cercano al
5%.
El 2023 empezó con un ritmo inflacionario mensual del 6%
que comenzó a crecer al calor de los efectos de la
sequía hasta llegar al 8,4% en abril. Después
de 3 meses de estabilidad (7,8% en mayo,
6% en junio y 6,3% en julio), el IPC se
disparó en agosto (12,4%) y septiembre
(12,7%). Luego, disminuyó a 8,3% en
octubre, pero se volvió a impulsar
en noviembre con un 12,8%, la más alta
en los últimos 32 años. En los primeros
11 meses del año, la suba promedio de
precios acumuló un 148,2%. En comparación
con noviembre 2022, registró una suba del
160,9%.
Tal como expresa la nota periodística “Alberto Fernández se fue con la inflación más alta desde
1990: 211,4%” del medio “La Voz”, En diciembre, el IPC nacional marcó 25,5%, llevando el dato
anual arriba del 200%. El índice de precios al consumidor (IPC) que mide el Indec para los 31
aglomerados urbanos más grandes del país trepó a 25,5%, el doble de lo que había marcado un
mes antes (12,8%) y el mensual más elevado en 32 años.
Como se esperaba, el primer dato de inflación de la “era Milei” es alto. Muy alto. El índice de
precios al consumidor (IPC) que mide el Indec para los 31 aglomerados urbanos más
grandes del país trepó a 25,5%, el doble de lo que había marcado un mes antes (12,8%) y el
mensual más elevado en 32 años. El notable aumento intermensual es producto de una
confluencia de incontables factores, algunos atribuibles al gobierno anterior y, otros, al actual.
Por un lado, en el último tramo del gobierno del expresidente Alberto Fernández se gestó una
inercia inflacionaria imparable: entre agosto y noviembre se produjeron tres mediciones
superiores al 12%. En ese marco, una fenomenal emisión monetaria a la que apeló el exministro
de Economía y candidato presidencial, Sergio Massa, para inyectar pesos a la economía y tratar
de evitar (sin éxito) la derrota en el balotaje. A todo esto se suma una prácticamente nula
credibilidad en la política económica de una administración en retirada. Por otro lado, el dato de
diciembre no sorprende porque la primera medida del gobierno de Javier Milei fue devaluar un
50% el peso respecto del dólar oficial, generando un traslado a precios inmediato que impactó de
lleno en los precios del mes pasado, muy especialmente en los alimentos. Con el 25,5% de
diciembre, el aumento del nivel general del IPC nacional del año pasado completo fue del 211,4%,
[Gráfico 4]:
Variaciones mensuales del Índice de Precios al Consumidor (IPC) en 2024.
un porcentaje interanual superior al 200%, algo que no se registraba en Argentina desde junio de
1991, en la salida de la hiperinflación.
Tal como se explica en la noticia “Cómo logró Milei que empiece a bajar la inflación en Argentina y
estabilizar el dólar (y por qué no todos lo celebran)” del medio BBC Mundo, la inflación durante el
2024 tuvo una deceleración, este cambio en el proceso inflacionario puede apreciarse en el
[Gráfico 4]. Cuando Javier Milei asumió la presidencia de Argentina en diciembre de 2023, la
inflación, que ya alcanzaba casi el 13% mensual, se duplicó. Por este motivo, algunos
[Fuente: INDEC]
economistas advertían que se venía una nueva hiperinflación, como la de 1989, cuando los
precios llegaron a aumentar un 5.000% anual. Sin embargo, a diez meses de la asunción de Milei
-el primer economista en llegar a la presidencia de Argentina y el primer político libertario en
conducir una nación- ninguno de esos escenarios pesimistas se ha cumplido. Por el contrario: la
inflación se ha reducido al 3,5% mensual, su cifra más baja en casi tres años.
Pese a ello, no hay dudas de que Argentina está pasando por un momento durísimo: según las
últimas cifras oficiales, en el primer semestre registró su peor salto de la pobreza en dos
décadas, con más de la mitad de la población pobre (casi el 53%), incluyendo a casi 7 de cada
10 niños. Además, el consumo se desplomó y el Producto Interno Bruto (PIB), el índice que
mide la actividad económica cayó 3,4% en comparación con el primer semestre del año anterior.
Tanto el Banco Mundial como el Fondo Monetario Internacional coinciden en que Argentina
será la economía latinoamericana con mayor contracción económica este año.
Muchos medios señalan que la inflación en nuestro país sigue siendo un gran desafío, señalando
que somos un país en donde 1 de cada 2 personas es pobre, teniendo grandes dificultades para
atraer inversiones.
- INFLACIÓN MUNDIAL:
El mundo parece estar transitando hacia una etapa de aceleración de la inflación no vista en los
últimos 40 años. La inflación en los Estados Unidos llegó en diciembre al 7% interanual, récord
desde 1982. En la zona euro la inflación alcanzó el 5,1% en enero, máximo desde que existen
estadísticas armonizadas, en 1997.
El hecho de que la inflación global tenga en esta ocasión un componente de oferta es, podría
decirse, una buena noticia. Pero, paradójicamente, también una mala. Vayamos por partes.
¿Por qué es buena noticia? Porque como ocurrió en la famosa Crisis del Precio del Petróleo de
mediados de los años 70 (tal vez el principal evento mundial de inflación de oferta, que permitió a
los economistas conocer el fenómeno de la denominada “estanflación”), en cuanto los eventos
que dan lugar a esa disrupción de la oferta se regularizan, los precios tienden a volver a sus
valores previos.
La mala noticia es que es incierto cuánto durarán estas disrupciones de las cadenas globales de
suministro en el comercio, porque en definitiva depende de muchos factores, por ejemplo, si
habrá nuevos rebrotes de la pandemia de covid-19.
- BIBLIOGRAFÍA:
- “Política fiscal: Qué es, objetivos y tipos” de Economipedia.
(“https://economipedia.com/definiciones/politica-fiscal.html”).
- Material de Classroom.
- “Inflación” de elEconomista.es
(“https://www.eleconomista.es/diccionario-de-economia/inflacion”).