Había una vez, en un pequeño pueblo rodeado de montañas, un bosque misterioso llamado
el Bosque de los Susurros . Todos los habitantes decían que si caminabas por allí al
anochecer, podías escuchar voces suaves, como si el viento hablara. Sin embargo, nadie se
atrevía a adentrarse demasiado, pues decían que el bosque guardaba secretos que no
debían descubrirse. Un día, una niña llamada Lila, curiosa y valiente, decidió que quería
saber de qué se trataban esos susurros. Se armó de valor, entró al bosque y, al principio,
todo estaba en silencio. Pero cuando el sol empezó a ponerse, las voces comenzaron a
llegar. No eran voces de miedo, sino palabras dulces, como canciones. Lila siguió el sonido
hasta encontrar un árbol gigante, cuya corteza brillaba como la luna. En él, vio una pequeña
hada atrapada entre las ramas. Lila, sin pensarlo, la liberó. El hada, agradecida, le dijo:
"Este bosque es mágico, y tú has demostrado tener un corazón puro. Ahora, puedes
visitarnos siempre que desees". Desde ese día, Lila nunca volvió a temer al bosque, y
siempre lo visitaba para hablar con las criaturas mágicas que vivían allí.