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Mito del Periodismo Independiente

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EL “MITO” DEL PERIODISMO INDEPENDIENTE

1. Periodismo y política
La práctica periodística no es independiente de la organización social en la que está
inserta: en tanto práctica, puede ser analizada con las herramientas que utilizamos para
pensar otros aspectos de la sociedad. El periodismo en tanto práctica es parte
constitutiva de la estructura social, y juega un papel concreto en ella, con un índice de
eficacia específico en el proceso hegemónico por el cual se intentan definir sucesos y
valores en relación a las significaciones sociales que circulan en la superficie discursiva.
Un análisis exhaustivo de este proceso excede al objetivo de este texto. Pero vale
recuperar aquí algunos de los que, a nuestro entender, son hitos en este proceso
porque trabajamos con la hipótesis que el proceso de profesionalización (y en esa línea,
de supuesta “neutralidad” u “objetividad” en tanto “reflejo de los hechos”) del periodismo
fue una transformación de la práctica y la forma de presentarse que sin embargo no
ubicó al periodista (o la empresa periodística) en un “limbo valorativo”; antes bien,
ocultó esas valoraciones tras supuestos de ética profesional, rutinas técnicas y
“necesidades del oficio”. En la línea de la profesionalización podemos pensar también
en la creación de marcos jurídico-regulatorios de la práctica periodística como actividad
(principalmente, el Estatuto del Periodista -ley 12.908, sancionada en 1944- y diversas
leyes y figuras jurídicas referidas a la prohibición de la censura y las responsabilidades
ulteriores de los periodistas).
Apoyaremos nuestras interpretaciones en el análisis de ciertos hitos, por lo que no
deben leerse estas páginas como una forma de totalización sino como una línea de
trabajo. En nuestra lectura, ese período comienza a finales del siglo XIX, tiene sus
primeras marcas de peso en las décadas del ´20 y ´30 del siglo pasado, encuentra su
auge en la etapa post-peronista y sostiene ese “artificio retórico” casi sin traspiés hasta

1
el surgimiento de Página/12, en tanto el nuevo diario lo explicita a través de exponer las
herramientas con las cuales supuestamente se “refleja” esa realidad (elección de
fotografías, titulación, formas de construcción de la noticia escrita, etc.).
Es por eso que, en estas líneas, intentaremos dar cuenta de una serie en la que
ciertos hitos del periodismo gráfico argentino se definen, en sus orígenes, por una línea
política: La Gazeta de Buenos Ayres (1810), La Nación (1870), distintos diarios de
izquierda (desde 1886 hasta 1894), Crítica (1913), Clarín (1945) y La Opinión (1970).
La lista no es exhaustiva. Sin embargo, nosotros consideramos a estos ejemplos como
una línea de periódicos que marcaron, de alguna manera, las formas de hacer
periodismo en nuestro país.
Sylvia Saítta lo plantea en estos términos, en su análisis del diario Crítica:

(…) las dos primeras décadas del siglo conforman un período tensionado por
la incorporación de nuevos formatos periodísticos que aún están fuertemente
tramados con viejas prácticas que remiten al periodismo del siglo XIX, como
es, esencialmente, su estrecha relación con la política. Por lo tanto, uno de
los ejes más importantes que atraviesa la construcción de estilos y
posicionamientos de la prensa es el intento de resolver la tensión entre un
ideal de prensa independiente, a cargo de periodistas profesionales, y una
larga tradición de prensa partidaria, ligada a luchas entre facciones políticas.
(…) Lentamente, las dos primeras décadas del siglo asisten al proceso de
configuración de un campo específico de relaciones donde el periodismo
escrito se particulariza como práctica, se separa formalmente del poder del
Estado y de los partidos políticos y sienta las bases del periodismo moderno,
masivo y comercial característico del siglo veinte. (Saítta, 2013: 30)

2
Este proceso, en las últimas décadas, fue consolidando una forma específica: el
borramiento de sus propias huellas de producción. Dicho de otro modo: hay
enunciación, pero no enunciador. Hay lo dicho, pero no el decir. Representaciones
sociales que en ese mismo movimiento niega al periodismo como práctica inserta en lo
social, junto y en relación con otras (políticas, económicas, religiosas, familiares, etc.),
para hacerla aparecer como “mirando desde fuera” todo el sistema de relaciones, el
juego de movimientos de la vida social, para generar esa ilusión de “objetividad” y las
demás ideas de sentido común respecto del periodismo y su “deber ser”.
Lo que organiza nuestra mirada sobre el periodismo vernáculo señalando ciertos
mojones es una idea de trayectoria que tuvo el periodismo (gráfico, al menos) como un
proceso en el cual su profesionalización tuvo como resultado una idea de “objetividad”,
“neutralidad” y “reflejo” que no tiene que ver con la práctica periodística en sí sino con
una necesidad constituida al interior de esa profesionalización. Un efecto necesario en
este proceso es el borramiento del lugar de enunciación para producir el efecto de
“objetividad” deseado: el ideal es “como si hubiera estado allí”, obturando todas las
consecuencias de la cuestión de las significaciones que implica contar un hecho.
A grandes rasgos, podemos definir a la etapa del “periodismo faccioso” como el
momento en el que se producían las grandes disputas político-ideológicas que
intentaban definir el rumbo del país, que intentaban consolidar una idea y un proyecto
de nación que pensara de allí hacia el futuro la manera en la que la nación debía
funcionar. Esta etapa tuvo su apogeo en el último tercio del siglo XIX y llegó hasta
aproximadamente la finalización de la Primera Guerra Mundial.
En ese momento, creemos, operó en la práctica periodística una conversión que
llevó a concebir al periodismo como una forma más de negocio, sin perder sin embargo
su carácter de actor político. Se produjo un reacomodamiento de objetivos, por el que a
partir de ese momento, además de intervenir en la arena social para definir valores,
también cobró un gran peso la cuestión de la renta empresarial. Para ello hubo que

3
transformar la práctica en sí: había que ampliar el universo de (potenciales) lectores,
atraer publicidades y simular una cierta distancia de posiciones definidas –o, a lo sumo,
adoptar una que intente representar a una gran mayoría.
Si analizamos procesos similares al que se construye en estas páginas, vamos a
encontrar escenarios parecidos en cuanto a su desarrollo: condiciones sociales y
políticas específicas, necesarias pero no suficientes, para el surgimiento; inscripción del
nuevo producto social en un sistema (o en el caso de La Gazeta de Buenos Ayres
fundación) de medios, desencadenando procesos de transformación de ese sistema;
cumplimiento de un papel específico al interior de ese sistema, como forma de
intervenir en la vida social.

2. El periodismo, un “mito”
Para nosotros, este proceso de transformación de la práctica periodística opera a la
manera en la que Roland Barthes describe cómo funciona un mito: en tanto “constituye
un sistema de significación, un mensaje”, indica que

el mito no podría ser un objeto, un concepto o una idea; se trata de un modo


de significación, de una forma. (Barthes, 2014: 199)

En tanto forma (un sistema segundo en relación a la semiología), se produce un


deslizamiento: su función no es esconder una verdad ni proferirla,

4
el mito no oculta nada y no pregona nada: deforma; el mito no es ni una
mentira ni una confesión: es una inflexión. (…) La elaboración de un segundo
sistema semiológico permite al mito escapar al dilema: conminado a develar
o a liquidar el concepto, lo que hace es naturalizarlo.
Estamos en el principio mismo del mito: él transforma la historia en
naturaleza.
(…)
En realidad, lo que permite al lector consumir inocentemente el mito es que
no ve en él un sistema semiológico, sino un sistema inductivo. Allí donde sólo
existe una equivalencia, el lector ve una especie de proceso causal: el
significante y el significado tienen, a sus ojos, relaciones de naturaleza. (…)
el mito es leído como un sistema factual cuando sólo es un sistema
semiológico. (Barthes, 2014: 222, 224)

Así, al hacer aparecer como natural procesos de significación (siempre social),


desarrolla un proceso que va de la despolitización a la comprobación:

A esta altura nos resulta posible completar la definición semiológica del mito
en la sociedad burguesa: el mito es un habla despolitizada. Naturalmente, es
necesario entender política en el sentido profundo, como conjunto de
relaciones humanas en su poder de construcción del mundo (…) El mito no
niega las cosas, su función, por el contrario, es hablar de ellas; simplemente

5
las purifica, las vuelve inocentes, las funda como naturaleza y eternidad, les
confiere una claridad que no es la de la explicación, sino la de la
comprobación. (Barthes, 2014: 238, 239)

Ya no hay que comprobar la “objetividad” como valor periodístico; es un hecho a


verificar en tanto el mito periodístico es convertido en naturaleza.

Los mitos no son otra cosa que una demanda incesante, infatigable, una
exigencia insidiosa e inflexible de que todos los hombres se reconozcan en
esa imagen eterna y sin embargo situada en el tiempo que se formó de ellos
en un momento dado como si debiera perdurar siempre. (Barthes, 2014: 252)

Es en este sentido que para nosotros el periodismo es una forma mitológica:


naturaliza un momento histórico, borra los procesos que hicieron que se considere (en
la actualidad) al periodismo como un “reflejo”, como “transparente”, como “objetivo” y la
necesidad de ser “independiente” para mantener su condición de “verdad”. Al
naturalizar este momento del proceso histórico de la práctica periodística, convierte un
momento en eterno: la operación consiste en construir a la concepción dominante
actual en la de siempre.

6
Para respaldar el análisis por el que incluimos a la actual imagen de la práctica
periodística como mitología en el sentido planteado por Barthes, proponemos un
recorrido por distintos momentos de la historia argentina, en los que plantearemos esta
vinculación inherente entre prensa gráfica y política, ya sea directa y explícita
(periodismo faccioso) o indirecta e implícita (periodismo “profesional”), en tanto el
periodismo es concebido como la manera de continuar en la política por otros medios.
También sabemos que, en todo el período, hubo muchos ejemplos de periódicos
(sobre todo partidarios) como forma de contacto entre los dirigentes y las masas, o
como sistema de difusión de sus ideas y doctrinas. Pero no son el elemento central de
nuestro trabajo.

3. La Gazeta de Buenos Ayres


Es uno de los mejores oximorones históricos celebrar el día del periodista (aún
dentro de la etapa que podríamos llamar “objetivo”) el 7 de junio, aniversario de la
aparición de la Gazeta de Buenos Ayres, un jueves de 1810.1 Según Carlos Ulanovsky,
fue pensada por Mariano Moreno (en ese entonces secretario de la Primera Junta)
como “órgano de difusión y defensa de los ideales revolucionarios e independentistas
de Mayo. Él, y muchos junto con él, creían que los ciudadanos debían estar al tanto de

1 Para una interpretación histórico-política -que nosotros compartimos- de la elección de esta fecha como Día del
Periodista por sobre otras posibilidades, véase el texto de Julio Moyano “Celebrando 200 años de periodismo nacional:
modelos y símbolos en el origen de la prensa argentina”, publicado en la Revista de Ciencias Sociales nro. 91. “Recordar
aquel 7 de junio de 1810 como símbolo fundacional del periodismo argentino es toda una decisión historiográfica, pues el
Río de la Plata cuenta con periódicos impresos desde 1801, redactores que envían artículos a periódicos de España desde
1793, imprenta desde 1780, breves periódicos manuscritos o informaciones sueltas desde al menos 1759. Podría
considerarse, como lo han fundamentado Mariluz Urquijo y César Díaz, a Manuel Belgrano como primer periodista
rioplatense, por sus envíos sistemáticos a El Comercio Mercantil de España y sus Indias, o por su labor decisiva en el
Semanario de Agricultura, Industria y Comercio, o en el Correo de Comercio. tal opción pondría en énfasis la trabajosa
construcción de espacios de publicidad y sociabilidad en el último medio siglo colonial en el que nacieron los primeros
periódicos.
Pero el eje de la decisión que opta por el 7 de junio está puesto en la ruptura fundamental que se predice en el Estado
aquel 25 de mayo, y en la comprensión implícita de que una prensa cambia de naturaleza como consecuencia de tal
ruptura.” (Moyano, 2015: 105, 106).

7
los hechos, pensamientos y conductas de sus representantes y conocerlos
periódicamente, revisarlos con profundidad, comentarlos y hasta criticarlos con libertad”
(Ulanovsky, 1997: 13).
Surgida entonces como órgano de difusión de la Primera Junta (un gobierno
provisorio, y no carente de internas), en su primer número asegura:

Una exacta noticia de los procedimientos de la Junta; una continuada


comunicación pública de las medidas que acuerde para consolidar la grande
obra que se ha principiado; una sincera y franca manifestación de los
estorbos que se oponen al fin de su instalación y de los medios que adopta
para allanarlos, son un deber en el Gobierno provisorio que ejerce, y un
principio para que el Pueblo no resfríe en su confianza, o deba culparse a sí
mismo si no auxilia con su energía y avisos a quienes nada pretenden sino
sostener con dignidad los derechos del Rey y de la Patria, que se le han
confiado. El Pueblo tiene derecho a saber la conducta de sus
Representantes, y el honor de estos se interesa en que todos conozcan la
execración con que miran aquellas reservas y misterios inventados por el
poder para cubrir los delitos.
(…)
Para el logro de tan justos deseos ha resuelto la Junta que salga a la luz un
nuevo periódico semanal con el título de gaceta de Buenos Aires, el cual sin
tocar los objetos que tan dignamente se desempeñan en el semanario de
comercio, anuncie al público las noticias exteriores e interiores que deban
mirarse con algún interés. (Moreno: 1998, 142, 143)

8
No se busca objetividad, ni imparcialidad, ni profesionalismo. Estaban dadas las
condiciones para un surgimiento de este estilo: los procesos de independencia en
América debían dar a conocer lo más ampliamente posible sus metas y sus logros, pero
también debían poder fundamentar y legitimar su accionar. En ese sentido, el 11 de
octubre de aquel año, el propio Mariano Moreno justifica el fusilamiento de Liniers, en el
“Manifiesto de la Junta”:

¡Quién pudiera inspirar a los hombres el sentimiento de la verdad y de la


moderación, o volver atrás el tiempo para prevenirlos a no precipitarse en los
criminales proyectos con que se atraen la venganza de la justicia! Ellos no
nos habrían puesto en los amargos conflictos que hemos sufrido.
(…)
Ya conocéis que hablamos de los delincuentes autores de la conspiración de
Córdoba, cuya existencia no nos ha sido posible conservar.
(…)
Hemos concedido esta breve tregua al desahogo, para que en la calma y
serenidad de un juicio libre y despejado, reconozcáis los urgentísimos
motivos que han podido arrancar de nuestra moderación el fallo terrible, que
una necesidad imperiosa hizo inevitable. (Moreno: 1998, 157, 158)

9
El artículo sigue con la narración de los hechos de aquel levantamiento. Nosotros
convocamos estas líneas para ejemplificar acerca de la función que cumplía el
periodismo y la forma en que lo hacía: subordinada a objetivos políticos, La Gazeta no
ocultaba el “nosotros” que observaba y contaba los hechos, ni el tamiz que los filtraba.
Jorge Rivera ubica a La Gazeta como uno de los elementos “iluministas” de los
esfuerzos de los revolucionarios de Mayo: “Ya en la primera etapa revolucionaria los
ideólogos y mentores de la ilustración alertan con agudeza sobre la necesidad de
arbitrar medios materiales para superar la incomunicación intelectual en que vive el Río
de la Plata, y asegurar su pleno desarrollo autónomo” (Rivera, 1998: 8).
Parte de esos esfuerzos son, también, para consolidar una forma de gobierno
naciente, un proceso independentista que -con sus contradicciones- se estaba
desarrollando sin una experiencia previa que pueda señalar un camino por el cual
transitar sin sobresaltos.

4. Diarios de izquierda (fines siglo XIX)


La tradición de la izquierda en nuestro país también nos sirve para ejemplificar que el
mito del “periodismo objetivo” es una construcción moderna. En su libro Marx en
Argentina2 Horacio Tarcus da cuenta de varias de las experiencias de aquellas
agrupaciones y partidos. Para nosotros, el trabajo de Tarcus resulta rico y fructífero, en
tanto entendemos que, al ser los periódicos (sean diarios o semanarios) una de las
principales formas de difundir sus ideas, tuvieron un papel preponderante y una
circulación relativamente amplia en nuestro país, sobre todo en las grandes ciudades.

2 Tarcus, Horacio (2013), Marx en Argentina. Siglo XXI, Buenos Aires.

10
Es por ello que nos detendremos unos párrafos en estos ejemplos, que por
previsibles que puedan resultar en la manera que sostienen nuestro punto de vista, no
por ello pierden su valor histórico.

4.1 Vorwärts (1886-1901. Semanario)


De la mano de la fundación del Verein Vorwärts, centro socialista de exiliados
alemanes en Argentina, a principios de la década de 1880, también se discutió la
necesidad de contar con un órgano de difusión de noticias que interesaran a los
afiliados con una mirada propia, y que fuera -a la vez- una forma de difundir las ideas
socialistas en estas pampas.
Durante su publicación, el subtítulo estaba escrito en alemán, “Organ für die
Interessen des arbeitenden Volkes”, que significa “Órgano para la defensa de los
intereses del pueblo trabajador”. De hecho, la inmensa mayoría de los artículos
publicados estaba en alemán, excepto algunas notas que se consideraban de vital
importancia, y se publicaban también en castellano. Esta publicación adopta
“claramente la ideología socialista” recién en 1889, relegando en sus artículos los
intereses específicos con la comunidad alemana en Argentina a un segundo plano.
(Tarcus, 2013: 144, 145)

Es visible el esfuerzo del periódico por brindar información, no sólo sobre la


situación de los emigrados alemanes al país -sobre la vida cotidiana de los
extranjeros en la Argentina de 1890, sobre los obstáculos que se interponen
a la nacionalización de los inmigrantes, etc.- sino también sobre la situación
económica, social y política de la Argentina desde la perspectiva de los
trabajadores. (…) hay un permanente esfuerzo por editorializar, por intervenir

11
políticamente, cuestionando el atraso argentino, la corrupción, el caudillismo,
las condiciones de inhumana explotación a que se veían sometidos los
trabajadores. (Tarcus, 2013: 147) (el destacado es nuestro)

4.2 El Obrero (1890-1892. Semanario)


Su subtítulo era “Defensor de los intereses de la clase proletaria”, indicando cuál era
el sesgo que lo regía.

Y, en efecto, ya en el editorial del primer número, “Nuestro programa”, se


señala con toda claridad: “Venimos a presentarnos en la arena de la lucha de
los partidos políticos de esta República como campeones del proletariado
que acaba de desprenderse de la masa no poseedora, para formar el núcleo
de una nueva clase, que inspirada por la sublime doctrina del Socialismo
Científico moderno, cuyos teoremas fundamentales son: la concepción
materialista de la Historia y la revelación del misterio de la producción
capitalista por medio de la supervalía -los grandes descubrimientos de
nuestro inmortal maestro Carlos Marx-, acaba de tomar posición frente al
orden social vigente”. (Tarcus, 2013: 191)

12
Y es el propio Tarcus quien señala un cambio cualitativo en la aparición de El Obrero
en relación al análisis que está desarrollando en su trabajo, pero que podemos tomar
para enriquecer el nuestro:

Comparado con la prensa obrera socialista premarxista -desde El Artesano


hasta Le Révolutionnaire-, ya el primer editorial de El Obrero comportaba una
innovación político-periodística e ideológica extraordinaria: no sólo definía al
nuevo semanario como defensor de los intereses de una clase obrera
moderna y en formación, sino que vinculaba también la “misión histórica” del
proletariado a la doctrina del “socialismo científico”, la caracterización de la
formación social argentina con el análisis de un hecho reciente -la crisis del
90 y la Revolución de Julio-, abordado en un lenguaje novedoso y en sintonía
con los temas de los más avanzados del socialismo europeo. (Tarcus, 2013:
195)

4.3 El Socialista (1893)


Llevaba como subtítulo “Órgano del Partido Obrero”. Durante su breve período de
publicación, fue uno de los órganos por el cual las distintas fracciones socialistas de
nuestro país intentaban acentuar casi cualquier pequeña diferencia. Su existencia fue
una especie de puente entre El Obrero de la primera etapa, y La Vanguardia, que
vendría poco tiempo después.

13
El Socialista tiene un radio de circulación similar al de El Obrero de 1890, y
seguramente recupera parte de aquellos contactos (…). Adopta, además, el
mismo nombre del periódico que edita en Madrid, desde 1886, el Partido
Socialista Obrero Español, lo que nos da una idea de su voluntad de sintonía
con la socialdemocracia internacional. (Tarcus, 2013: 292)

4.4 La Vanguardia (1894-actualidad)


Su título completo era La Vanguardia. Periódico Socialista Científico. Defensor de la
clase trabajadora. Tarcus señala que, a pesar de no llevar firma, la nota editorial del
primer ejemplar fue redactada por Juan B. Justo.

En un principio fue órgano de la Agrupación Socialista de Buenos Aires,


luego bautizada Centro Socialista Obrero. Pero con el Congreso
Constituyente del Partido Socialista, en 1896, el CSO la cedió a éste y desde
entonces se transformó en órgano oficial del Partido Socialista.
(…)
Este marxismo objetivista/legalista se articulará en el pensamiento de Justo y
en el proyecto de La Vanguardia con una concepción de la acción política del
proletariado.
(…)
La política de traducciones de La Vanguardia es sumamente intensa y da
una idea de la regularidad de los vínculos con la prensa socialista

14
internacional. Los artículos de doctrina ocupan en la prensa socialista el
espacio que el “folletín” ocupa en la gran prensa nacional. (Tarcus, 2013:
309, 315, 326)

5. La Nación
Hijo directo del periódico La Nación Argentina, el hoy tradicional matutino apareció el
4 de enero de 1870, y salía “todos los días menos los lunes” (año I, número I). Pensado
por su fundador Bartolomé Mitre como una contribución a la organización nacional, el
propio Mitre afirmó que “La Nación Argentina fue una lucha. La Nación será una
propaganda” (Ulanovsky, 1997: 19); es decir, difundirá las ideas y principios nacionales
e institucionales que respondan al sector que representa. Su mismo lema lo indica: “La
Nación será tribuna de doctrina”: interpretaba la historia reciente del nuevo Estado
argentino a la luz de los intereses de una clase o fracción de clase nacional, y señalaba
desde sus páginas los mojones a establecer para la gobernabilidad y desarrollo de la
nación para los años que seguían.
Dirigido por José María Gutiérrez durante la presidencia de Bartolomé Mitre, La
Nación Argentina era un órgano del gobierno que se dedicaba a defender al entonces
presidente y ensalzarlo en su labor. Pero una vez terminado el período presidencial, el
cambio era necesario: debía “volver al llano”, como Mitre. De hecho, las diversas
actividades que desarrollaba Mitre (política, militar, periodística) eran, según Sidicaro,
una demostración de que las fronteras entre ellas eran muy permeables.

15
Un diario, un partido y cierta disponibilidad militar configuraban la ecuación
óptima, usual y casi ineludible, para aspirar con probabilidades de éxito al
control de los centros de decisión política o a influir sobre ellos. Pero aquel
primer editorial anunciaba una innovación importante. La nueva hoja impresa
formato “sábana” no quería ser un “puesto de combate”, aspiraba a situar su
mirada por encima de los enfrentamientos. (Sidicaro, 1993: 13)

El objetivo de la fundación del diario, a través de su primer editorial, era planteado en


términos de construir un lugar político (el de cierta fracción de los sectores dominantes,
a los que el diario les estaba destinado) por lo menos a distancia de una posición
partidaria. Para ello, intentaba definir (y en el mismo movimiento conformar) una opinión
pública sobre una definición de lo que un argentino debía ser, para luego desde ese
deber-ser poder definir lo que se debía hacer desde los espacios de gobierno. Este
paso es, según Sidicaro, el traspaso del lugar de enunciación desde el gobierno (La
Nación Argentina) a la sociedad (La Nación).
Pero a pesar de su intención inicial, la publicación no pudo alejarse de las disputas
políticas partidarias. Esto puede sostenerse sobre las cinco clausuras que sufrió el
diario entre su fundación y 1901.
El diario era visto por Mitre, entonces, como una manera de seguir en la disputa
política aún cuando no ejerciera ningún cargo de gobierno en una época previa a la
elección del presidente con voto universal, secreto y obligatorio, cuando se elegía al
máximo representante del gobierno nacional a dedo (y luego “legitimado” en elecciones
a viva voz) entre las fracciones de la burguesía vernácula. Esta visión del periodismo
como herramienta política puede leerse también en la anécdota que recuerda el
historiador argentino: el acento en el carácter político por sobre el comercial que Mitre le

16
atribuía a La Nación (del que era el único propietario desde 1879, cuando compró todas
las acciones del diario) está implícito en su respuesta al administrador del diario,
Enrique de Vedia, ante la preocupación que éste mostró cuando le comunicó que los
suscriptores del matutino se borraban de manera “alarmante”. “Mitre le contesto:
`Cuando haya renunciado el último imprima dos, uno para usted y otro para mí´”
(Sidicaro, 1993: 16, 17).

6. Crítica
Tal vez, uno de los primeros diarios que atravesó este proceso de profesionalización
(de “faccioso” a “objetivo”) sea Crítica, el periódico fundado por Natalio Botana en 1913.
En este apartado, lo recuperamos en su carácter de transición, de cierto vaivén entre
las diferentes posiciones analizadas.
Más allá de la autopresentación que realiza en sus orígenes como “impersonal e
independiente”,3 la “intervención política facciosa” tiene dos dimensiones de acción en
los primeros años del diario:

Una militancia activa en pos de la construcción de un gran partido


conservador que funciona de barrera ante los avances del radicalismo y del
socialismo en el plano nacional y una agresiva campaña a favor de los
aliados en el plano internacional. (Saítta, 2013: 40)

3 Ese era el lema del diario al momento de su aparición.

17
Como ejemplo del intento de incidir en la política vernácula, la autora recupera un
artículo publicado en el diario el 28 de abril de 1915, “Proponemos una solución: el voto
no debe ser secreto”:

La inoperancia de los conservadores exaspera al diario, que no ceja en su


accionar contra un eventual fracaso electoral. Lo que más lo irrita es la
imposibilidad de controlar el voto de los ciudadanos que se incorporan a la
lucha electoral. Para Crítica, el voto secreto, esta “siniestra amenaza que
todos contemplamos en perspectiva, salida al sol de un miserable cuarto
oscuro” que quiso combatir la venalidad o el fraude por dinero, introduce un
mal peor: la traición, “que es eso sencillamente lo que representa el vender el
voto que dará al que no lo pagó”. Ante la posible “traición” del votante y,
sobre todo, ante su inmensa libertad de acción, Crítica exige la reforma de la
ley electoral de 1912 que, con el mantenimiento del voto secreto, “injuria” a la
república al tornar posible el triunfo de radicales y socialistas. (Saítta, 2013:
44, 45)

Sin embargo, esa línea editorial explícitamente conservadora y antirradical fue


cambiada a principios de la década del ´20, en un momento en el que el diario no
lograba despegar: frente a la tirada de La Razón de unos 90.000 ejemplares diarios, el
de Botana rozaba los 20.000. “Recién en la década del veinte Crítica inaugura un estilo

18
y un formato periodístico exitoso, masivo y sensacionalista con el que superará los
trescientos mil ejemplares diarios. Un viraje rotundo; un empezar de nuevo”, detalla la
autora. (Saítta, 2013: 49)
El giro que desarrolla el diario es de pasar a ser una voz conservadora antirradical y
antisocialista, a ser “la voz del pueblo”, al equiparar en diversos editoriales éxito de
ventas a representación popular.4
Este viraje de asumir “la voz del pueblo” en lugar de la de una fracción social es el
primer paso hacia un proceso de profesionalización, que implica la necesidad de
mayores ventas y publicidad para poder solventarse. Es el abandono de una “voz
parcial” para asumir la “voz total”, de la representación de una facción a la
representación del “todo”.5 Además,

Antes de nosotros, todas las actividades tenían, quizás, “su diario”: los
partidos políticos, las entidades comerciales, la industria; el pueblo, las
clases modestas, no tenían ninguno. Crítica es el primer gran diario argentino
dedicado al pueblo. (…) Antes de nosotros, los órganos periodísticos de
tendencias liberales, cuando existieron, carecieron de toda importancia

4 En este momento es también en el que cambia el slogan por la famosa máxima socrática: “Dios me puso sobre vuestra
ciudad como a un tábano sobre un noble caballo, para picarlo y mantenerlo despierto.” (07/12/1921)

5 Curioso gesto que se sigue repitiendo: el todo del “pueblo” (como ahora es “la gente”) excluye a ciertos elementos. Es
una especie de todo-no-totalizado, que necesita de esa exclusión para constituir su identidad.

19
periodística. (…) Crítica es el primer gran diario liberal de nuestro país (…)El
periodismo que se hace en Crítica es absolutamente distinto del que cultivan
los demás diarios. (Saítta, 2013: 72)

Este editorial, aparecido el 15 de setiembre de 1924, es la actualización de la forma


de hacer periodismo que practica: de fracciones políticas al “pueblo”, con la forma de
“diario liberal”. El proceso de transformación se va consolidando: poco a poco, los
diarios facciosos van dejando de imprimirse o pierden injerencia en la vida social.

7. Clarín
Fundado por Roberto Noble, apareció por primera vez el 28 de agosto de 1945. La
explicación que le da Julio Ramos a este surgimiento es que después de atravesar la
época conocida como Década Infame (1930-1943) como diputado nacional y ministro
de gobierno en la provincia de Buenos Aires en la gobernación de Manuel Fresco, y
obligado a renunciar por el entonces presidente Roberto Ortiz en 1939, su desprestigio
no le permitía seguir operando en el terreno de la política partidaria, por lo que su
opción para influir en los destinos de la Argentina era fundar un diario (Ramos, 1993).
El intento de señalar la “vía correcta del desarrollo argentino” desde las páginas de
su diario permitieron a Noble definir la orientación política de su medio de
comunicación, pensado originalmente (antes de convertirse en un gran negocio al
absorber los avisos clasificados por la clausura y expropiación de La Prensa en 1951
para cederlo a la CGT) para influir en la vida política vernácula. En ese sentido,
González dice que

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Los editoriales de Roberto Noble son una catequesis continua. Como
economista de un desarrollismo liberal, (…) avizora en la irresolución de la
cuestión del peronismo una próxima acción militar que podrá detener algunos
de los adelantos que se adjudica él en gran parte; esos niveles de autonomía
energética y cierta estabilidad monetaria que se había logrado. (González,
2013: 263)

Y Ramos recupera esos editoriales para sostener que su aparición se justificaba en


tanto a Noble

… le brotaron dos pasiones: por un lado, en lo político, la adhesión al


desarrollismo del presidente Arturo Frondizi; por otro, el placer que le
producía el modo de escribir y de opinar del periodista santafesino Roberto
Caminos. (Ramos, 1993: 64)

Los años desde su surgimiento hasta el derrocamiento del presidente Juan Domingo
Perón el 16 de setiembre de 1955 por el golpe de Estado del general de división
Eduardo Lonardi, autodenominado “Revolución Libertadora”, Clarín los aprovechó para
consolidarse como empresa sosteniendo, desde sus páginas, una relación ambigua con

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el gobierno que le permitió, de manera directa (con el cierre de La Prensa) o indirecta
(siendo una opción para publicar pauta publicitaria sin asociarse directamente ni con el
peronismo ni con el antiperonismo), crecer desde lo económico. Ramos sostiene que

De sus diez primeros años, desde 1945 a 1955, el diario debió permanecer
nueve con bajo perfil político por el cierre de libertades que impuso el
peronismo. No podía hacer juego político, que era lo que verdaderamente le
interesaba y entusiasmaba a Noble, pero sí crecía económicamente como
empresa aunque fuera algo que para él resultara secundario en el momento
de fundarlo. (Ramos, 1993: 83)

Ese rasgo de independencia partidaria (pero, como vimos, no política o ideológica)


es lo que resalta el primer editorial del diario, al asegurar que

Clarín está ya en la calle. (…) Aspiramos, así a marcar la iniciación de una


época de periodismo ágil, informativo e ilustrado, pero igualmente atento a
reflejar, con honda sensibilidad argentina, las inquietudes, las necesidades y
los anhelos más entrañables de nuestro pueblo. (…) Para nosotros, el
periodismo es una alta función pública. Sólo nos debemos, pues, al país y a

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la verdad. (…) Nec temere nec timere. Nada tenemos, nada nos intimida. La
vieja divisa de los cruzados inspirará nuestra conducta y hará inquebrantable
la línea de decoro y dignidad profesional que hemos de mantener. (Clarín,
año 1 número 1)

Allí destaca su compromiso con el “país y la verdad” a través de su independencia


partidaria y su compromiso “profesional” con una práctica que, considera, necesita
modernizarse. Y esa modernización es, también, consolidarse como emprendimiento
empresarial en el mercado periodístico capitalino (en sus comienzos, Noble renunció a
competir con los grandes diarios en el interior) saliendo antes a la calle, pero además
tocando temas que otros diarios, como La Nación y La Prensa, no trataban por
considerarlos menores, como los deportes y los espectáculos (Ulanovsky, 1997;
Ramos, 1993; González, 2013).

8. Noticias
Esta breve experiencia periodística que encabezó Rodolfo Walsh se propuso ser un
periódico de alcance mayor a la revista El Descamisado, que respondía a la misma
línea política. Para ello, debía poder interpelar a un público más vasto. Por supuesto,
fue una experiencia explícitamente política, pero sus ambiciones de masividad hicieron
que adoptara algunos de los criterios de la profesionalización de la práctica:
borramiento del enunciador, corrimiento del punto de vista político/ideológico, mayor
amplitud de la imagen del lector, entre otras adaptaciones.
Así lo recuerda Eduado Jozami:

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(…) para llegar a un público más amplio tenía que ofrecer mucha
información, estar bien hecho y registrar los acontecimientos con una visión
que excediera la mirada de las agrupaciones de la Juventud Peronista. Este
fue el punto de vista del excelente grupo de periodistas de Montoneros y
FAR -Miguel Bonasso, Horacio Verbitsky, Rodolfo Walsh, Juan Gelman y
Paco Urondo- que se hizo cargo de la edición del diario.
(…) Noticias tenía una presentación gráfica comparable a la del resto de la
prensa comercial, aunque debía afrontar serias dificultades para salir a la
calle, estaba bien escrito y, pese a que no podía considerárselo un periódico
independiente, su convocatoria e influencia excedían las de una publicación
partidaria.
(…) Noticias no quería ser un segundo diario para lectores sobreinformados,
como La Opinión, sino que pretendía disputarle a Crónica el público más
popular: para ello la página de Policiales, como la de Deportes y también la
de Turf, requería una privilegiada atención. (Jozami, 2011: 232)

Muchos de quienes participaron de esta experiencia luego formaron parte de la


redacción de Página/12. Creemos que vale recordar esta experiencia porque varios de
estos mismos periodistas luego llevaron adelante el ejercicio de la profesión con marcas
del “estilo Walsh”: datos precisos, investigaciones previas, interpretaciones
contextualizadas.

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9. La Opinión
Fundado y dirigido por Jacobo Timerman, apareció el 4 de mayo de 1971, tenía 24
páginas y un suplemento cultural dominical que podía hacer que llegara a doblar esa
cantidad. “Se inaugura la era del diario selectivo, que no intenta ocuparse de todos los
temas superficialmente, sino de los fundamentales en profundidad, que no se
desespera por combatir en todos los frentes con la radio, la televisión y las revistas”, se
publicitaba en otros diarios en los días previos a su lanzamiento. Como experiencia
periodística novedosa, Ulanovsky afirma que “La Opinión marca una etapa decisiva en
el desarrollo de un periodismo que le otorga singular predicamento al juicio de los
periodistas y un nuevo lugar a la información con análisis” (Ulanovsky, 1997: 208).
Mucho texto, posiciones definidas, periodistas reconocidos: un ejercicio del “viejo
periodismo”, que se posicionaba de la mano de la selección de las informaciones y de
cómo contarlas.
Graciela Mochkofsky recuerda que de quiénes integrarían el diario, la mayoría tenía
militancia política activa o simpatías explícitas por algún partido o agrupación.

Casi todos los candidatos a integrar La Opinión eran militantes peronistas o


de izquierda, tenían relaciones estrechas con estos militantes o, cuanto
menos, simpatizaban con ellos. Los periodistas sin compromiso político eran
escasos y resultaban sospechosos: no se concebía que, en una época de
proyectos colectivos y revulsión política, un periodista no adhiriera a ningún
bando. Verbitsky militaba en las FAP, las Fuerzas Armadas Peronistas, que
luego, como él mismo en 1972, desembocarían en Montoneros, la más
numerosa de las guerrillas peronistas. Los Algañaraz depositaban sus

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simpatías en la izquierda peronista. Luis Guagnini, otro joven propuesto por
los hermanos y por Verbitsky, venía del trotskismo y se acercaba a
Montoneros. Osvaldo Tcherkaski, a quien Timerman había hecho renunciar a
la secretaría de redacción de Siete Días, había militado en la Juventud
Comunista y luego en el Partido Comunista Revolucionario. (Mochkosfky,
2003; 153)

La apuesta de Timerman era a crear un diario influyente, que llegara a un amplio


pero selecto grupo de lectores que estuvieran más interesados en el análisis de hechos
que consideraran trascendentes más que en la cantidad de noticias publicadas. En ese
sentido, con una redacción de periodistas politizados (no todos de la misma manera
que él) buscaba “marcar tendencia” en las definiciones políticas de la lectura de la
realidad.
El emprendimiento empresarial como negocio parecía viable, el emprendimiento
periodístico para influir políticamente en una sociedad convulsionada también.
Entonces, tanto desde la dirección del diario como desde la redacción, las ideas
políticas estaban claras y se explicitaban, aún cuando no coincidieran. Por convicción o
por conveniencia, se buscaba ser parte de los centros de poder políticos (de toma de
decisiones) sin ser parte de la política. Y la mejor manera que encontraron fue,
nuevamente, el periodismo.

BIBLIOGRAFÍA

26
➢ Barthes, Roland (2014), Mitologías. Siglo XXI Editores, Buenos Aires.
➢ González, Horacio (2013), Historia conjetural del periodismo. Colihue, Buenos
Aires.
➢ Jozami, Eduardo (2011), Rodolfo Walsh, la palabra y la acción, Editora 12,
Buenos Aires.
➢ Mochkofsky, Graciela (2003), Timerman, el periodista que quiso ser parte del
poder (1923-1999). Editorial Sudamericana, Buenos Aires.
➢ Moreno, Mariano (1998), Representación de los hacendados y otros escritos.
Emecé, Buenos Aires.
➢ Moyano, Julio (2016), “Celebrando 200 años de periodismo nacional: modelos y
símbolos en el origen de la prensa argentina” en Ciencias Sociales 91: Otro
bicentenario.
➢ Ramos, Julio (1993), Los cerrojos a la prensa. Editorial Amfin, Buenos Aires.
➢ Rivera, Jorge (1998), El escritor y la industria cultural. Atuel, Buenos Aires.
➢ Saítta, Sylvia (2013), Regueros de tinta. Siglo XXI Editores, Buenos Aires.
➢ Tarcus, Horacio (2013), Marx en Argentina. Siglo XXI Editores, Buenos Aires.
➢ Ulanovsky, Carlos (1997), Paren las rotativas. Historia de los grandes diarios,
revistas y periodistas argentinos. Espasa, Buenos Aires.

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