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Vivienda Social Chile 2000-2006

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LA POLÍTICA DE VIVIENDA SOCIAL EN CHILE 2000-2006

LA POLÍTICA DE VIVIENDA SOCIAL EN CHILE,


2000-2006

Eduardo Suárez Monroy* 37


Mónica Liliana Parentelli Taccari**

Resumen

Hacia finales del siglo XIX, surge en la clase política chilena la preocupación por los problemas de la
sociedad, básicamente por aquellos relacionados con la salud, la vivienda y las relaciones laborales.
A pesar de ello, es en 1906 cuando se ve concretada, mediante la Ley 1838, la primera iniciativa
estatal a favor de solucionar los problemas de vivienda existentes. De 1973 a 1990, el gobierno
militar, caracterizado por su enfoque liberal, fue el escenario de la vivienda social, mientras que,
entre 1990 y 2000, los dos primeros gobiernos de la Concertación a cargo de Patricio Aylwin y
Eduardo Frei Ruiz Tagle, marcan el inicio de la actual política habitacional. Finalmente, de 2000
a 2006, el tercer gobierno de la Concertación es el hito que define el final de un siglo de evolución
de la política de la vivienda social chilena.
Palabras clave: vivienda social, urbanismo, política social, Programa de Fondo Concursable.
Clasificación JEL: J00, J01, P26

Introducción

E l presente trabajo tiene como principal objetivo realizar un análisis sobre una de las
políticas sociales más importantes a lo largo de la historia de Chile, la política de la
vivienda social.

* Estudiante de la Maestría en Administración y Políticas Públicas en el CIDE (eduardosuarezmx@yahoo.


com.mx).
** Candidata a Maestra en Gestión y Política Pública en la Universidad de Chile.
EDUARDO SUÁREZ MONROY, MÓNICA LILIANA PARENTELLI TACCARI

Iniciada en 1906, la acción del Estado respecto al problema habitacional ha pasado por
diferentes periodos y momentos históricos donde se ha manifestado como una respuesta a los
intereses e ideologías de la época. Se identifica un periodo inicial, desde 1906 hasta 1939, en
que la generación de leyes y el cambio de institucionalidad fueron los elementos más impor-
tantes. Un segundo periodo (1939-1964) se asocia a la creación de la institucionalidad del
desarrollo y, entre 1964 y 1963, la política de la vivienda social se plantea en el periodo de
participación popular de los presidentes Frei Montalva y Allende. De 1973 a 1990, el gobierno
militar, con su enfoque liberal, fue el escenario de la vivienda social, mientras que, entre 1990
y 2000, los dos primeros gobiernos de la Concertación (Patricio Aylwin y Eduardo Frei Ruiz
Tagle) marcan el inicio de la actual política habitacional. Finalmente, desde 2000 a 2006, el
tercer gobierno de la Concertación es el hito que marca el final de un siglo de evolución de
la política de la vivienda social chilena.
38
En virtud que el actual gobierno de la presidenta Michelle Bachelet recién ha comenzado y que
aún se está ejecutando la política habitacional del periodo presidencial pasado, el presente trabajo
concentrará el análisis de la política del espacio comprendido entre los años 2000 y 2006.
En una primera parte aborda la política mediante una referencia histórica que permite
entender la manera en que evolucionó hasta su forma actual. Allí también se describen sus
objetivos, la población objetivo a la que está dirigida y los distintos programas que la com-
ponen.
Por medio de los documentos que respaldan esta política, el presente trabajo intenta
responder tres preguntas diferentes que tienen relación con la forma en que se están imple-
mentando las distintas políticas sociales hoy en día: si existe focalización y cómo se realiza,
si existe un proceso de descentralización de la política y cómo se implementa y, finalmente,
si existe algún proceso de participación y cuál es la forma en que se manifiesta. La primera
pregunta se aborda en el tercer apartado, las segunda y tercera se tocan, respectivamente, en
los apartados cuarto y quinto.
Finalmente, y a modo de conclusión, se analiza en el sexto apartado la forma en que la
política habitacional, tal como ha sido concebida y ejecutada, representa un aporte en el
proceso de la superación de la pobreza.

1. Identificación de la política

a) Un poco de historia

Hacia finales del siglo XIX, surge en la clase política chilena la preocupación por los pro-
blemas de la sociedad, básicamente por aquellos relacionados con la salud, la vivienda y las
relaciones laborales. A pesar de ello, no será hasta 1906, ya iniciado el siglo XX, en que se
vea concretada, mediante la Ley 1838, la primera iniciativa estatal a favor de solucionar los
problemas de vivienda existentes.
LA POLÍTICA DE VIVIENDA SOCIAL EN CHILE 2000-2006

Esta Ley, denominada “Sobre habitaciones obreras”, constaba de tres líneas de acción
relacionadas con: construcción directa de vivienda para ofrecerla en arriendo, higienización
de viviendas existentes (demolición) y normalización para permitir el acceso a los beneficios.
Durante los veinte años que tuvo de vigencia, la acción del Estado para llevar adelante solu-
ciones habitacionales fue reducida, no así la acción privada que, aprovechando los beneficios
que la Ley otorgaba, llevó adelante varios proyectos de construcción de vivienda urbana (cités
y pasajes característicos del centro de la ciudad de Santiago).
Entre los años 1925 y 1935, el Estado busca generar institucionalidad en el tema y, con
ello, incentivar la construcción de viviendas. Es así que durante ese periodo se sucedieron
cinco instituciones diferentes hasta que en 1935, se crea finalmente la Caja de Habitación
Popular, la cual se convierte en la primera institución gubernamental constituida como un
organismo que centraliza la acción pública en materia habitacional. Se busca de esta manera,
39
coordinar la acción del Estado, de las municipalidades y de los privados en el tema.
Este primer periodo, que puede ubicarse entre 1906 y 1938, se caracterizó por un fuerte
componente de definición e instauración de la institucionalidad habitacional, la cual articulaba
la acción pública con la privada, aunque en términos concretos, pocos resultados se obtuvieron
en la disminución del déficit habitacional.
Un segundo periodo puede identificarse entre los años 1939 y 1964. Marca el inicio de
éste un hecho catastrófico como lo fue el terremoto de Chillán que, en febrero de 1939, señala
el inicio de una nueva institucionalidad, tanto habitacional como constructiva, así como de
planificación del desarrollo. La Ley 6334 crea la Corporación de Reconstrucción y Auxilio
y la Corporación de Fomento (CORFO), la primera para apoyar a las zonas devastadas y, la
segunda para impulsar el desarrollo económico.
Mientras tanto, la Caja de Habitación Popular, fue sustituida en 1943 por la Caja de la
Habitación, organismo dependiente del Ministerio del Trabajo con mayores poderes y poten-
cial económico (nueva forma de financiamiento, aporte de la Cajas de Previsión y facultad
de expropiación). En forma conjunta a este cambio institucional, la promulgación de la
ordenanza que definió los estándares de la vivienda económica (D 451 del 06/07/1944), el
establecimiento de la Ley Pereira (beneficios tributarios a quienes construyeran acogidos a
esta ley) y la implementación de sanciones a quienes no se acogieran a ella (Ley 10254 del
20/02/1952), marcaron un hito importante en la actividad inmobiliaria chilena.
A pesar de todo ese esfuerzo legislativo y económico, aún continuaba existiendo déficit habi-
tacional ya que el ritmo de crecimiento de la población era mayor al de construcción de viviendas.
Junto a ello, el impulso al desarrollo industrial y económico dado con la creación de CORFO, gene-
raron un fenómeno migratorio importante hacia las grandes ciudades, principalmente Santiago, y
con ello el surgimiento de las primeras poblaciones “callampas” en los sectores periféricos de la
ciudad. Los programas de erradicación de campamentos tienen su origen en este momento, bajo la
presidencia de Gabriel González Videla, con la Fundación de Viviendas de Emergencia (1947).
EDUARDO SUÁREZ MONROY, MÓNICA LILIANA PARENTELLI TACCARI

En 1953, bajo el gobierno de Ibáñez, la institucionalidad de la vivienda sufre un nuevo


cambio. Se crea la Corporación de la Vivienda (CORVI) como una fusión de la Caja de
la Habitación y la Corporación de Reconstrucción y Auxilio. La misma era una entidad
autónoma de derecho público que dependía administrativamente del Ministerio de Obras
Públicas. Otra iniciativa de este gobierno, fue la formulación e implementación del primer
y novedoso Plan Nacional de la Vivienda, que articulaba las diferentes instancias relacio-
nadas con el tema.
Durante el gobierno de Jorge Alessandri, se reestructuró la CORVI y se continuó con la idea
de planificar la construcción de viviendas. Surge así el Plan Habitacional de Chile (1959) y
el Programa Nacional de Vivienda. Dicho Plan tuvo como objetivos explícitos: incorporar
activamente al sector privado (mediante el Sistema Nacional de Ahorro y Préstamo y el sistema
de autoconstrucción de las poblaciones más pobres), focalizar los recursos en los sectores
40
más necesitados y llevar adelante una compleja planificación de actividades.
Este segundo periodo da cuenta entonces, de una fuerte institucionalidad habitacional y del
abordaje racional del tema a través de los estrictos instrumentos de planificación utilizados.
A pesar de ello, el déficit se mantiene, especialmente para las familias de escasos recursos.
La instalación de poblaciones “callampas” continúa y se inaugura, en 1958, una nueva forma
de acceso popular a la vivienda mediante las tomas de terrenos.
Se puede identificar un tercer periodo en la evolución de la política habitacional y éste se
da entre los años 1964 y 1973, donde destacan las presidencias de Eduardo Frei Montalva y
de Salvador Allende. El gobierno demócrata cristiano focalizó la política habitacional hacia
los sectores más pobres ya que se planteó una meta de 360.000 viviendas de las cuales 59%
se destinaría para los sectores de menores ingresos. Era una política que debía mantener la
actividad económica, responder a las reivindicaciones más urgentes y tratar de integrar ins-
titucionalmente a los habitantes urbanos marginales. Para ello, la política contemplaba dos
componentes: la racionalización de la producción habitacional a través de la regulación del
mercado productor y de la organización de la demanda, y el establecimiento de relaciones
entre el desarrollo urbano y la política habitacional. Para implementarla, tomó medidas como
la creación del Ministerio de Vivienda y Urbanismo (mediante la Ley 16391 del 16/12/1965),
el cual estaba organizado en cuatro corporaciones: Corporación de la Vivienda (CORVI),
Corporación de Servicios Habitacionales (CORHABIT), Corporación de Mejoramiento Urbano
(CORMU) y Corporación de Obras Urbanas (COU); y la realización de estudios preinversionales
como un apoyo para la toma de decisiones.
Con el gobierno de Salvador Allende, el tema de la vivienda se radicalizó de tal manera
que ésta se transformó en un derecho. La política propuesta planteaba la entrega de viviendas
sólidas definitivas (no a viviendas progresivas o de emergencia) en conjuntos habitacionales
homogéneos focalizando en la población de menores recursos. Se descarta el ahorro para
acceder a la vivienda y los programas de autoconstrucción implementados en el gobierno
LA POLÍTICA DE VIVIENDA SOCIAL EN CHILE 2000-2006

de Frei Montalva, por considerarse discriminatorios. Esta política también llevaba implícito
el objetivo de dinamizar el sector de la construcción y su ritmo de implementación estuvo
marcado por el aumento de tomas de terreno. Fue el periodo de más alta producción de
viviendas, sólo superado por gobiernos de la década de los 90, a pesar de ello, el déficit
habitacional no pudo ser cubierto.
Un cuarto espacio coincide con el gobierno militar, entre los años 1973 y 1990. Esta
política, notoriamente diferente a las anteriores, se centra en un instrumento de subsidio a
la demanda con un complemento de ahorro y crédito. Para su implementación se realizaron
reformas al Ministerio de Vivienda y Urbanismo y sus respectivos servicios. Se desconcentra
territorialmente por medio de las respectivas Secretarías Regionales Ministeriales (SEREMI)
y la política habitacional se canaliza a través de los Servicios Regionales de Vivienda y
Urbanización (SERVIU) los cuales cumplen las actividades que antes correspondían a las
41
corporaciones, a nivel de cada una de las regiones.
Los principios orientadores de esta política estaban dados por la focalización en los hogares
de acceso limitado a fuentes privadas de financiamiento, la liberalización del mercado del
suelo (como política urbana complementaria) y la entrega de subsidios sólo para viviendas
nuevas (para reactivar el sector de la construcción). Las obras eran implementadas por em-
presas privadas mediante mecanismo de licitaciones y contrato.
En este periodo la concepción de la vivienda pasa de ser un derecho que debe ser suminis-
trado por el Estado a un concepto de Estado subsidiario en una economía de libre mercado.
Si bien aquí se sentaron las bases para el sistema de subsidios que continuará empleándose
en Chile, los resultados de este periodo en términos de disminución del déficit fueron pobres.
La producción anual de viviendas fue levemente superior al gobierno de Alessandri pero,
menor a los promedios de Frei Montalva y Allende.1
Un quinto periodo corresponde a los diez primeros años de los gobiernos de la Concerta-
ción de Partidos por la Democracia, entre 1990 y 2000, y que corresponden a los gobiernos
de Patricio Aylwin y Eduardo Frei Ruiz Tagle. Las ideas de fondo que plantea la coalición
de gobierno en el tema de la vivienda tienen relación con: dar más vivienda para los más
pobres y allegados, mejorar los barrios y ciudades, diseñar y ejecutar participativamente los
programas habitacionales. Ello significa en la práctica la entrega de viviendas con servicios
como la pavimentación de calles, alcantarillados, luz, parques, entre otros; además, incluye la
recuperación de áreas urbanas que, estando dotadas de los servicios básicos, presentaban dete-
rioro y abandono de la vivienda. Sin realizar grandes modificaciones al sistema instaurado en
el periodo anterior, el principal objetivo de esta política es absorber el déficit habitacional.
En este periodo no se logró resolver el problema del déficit y es más, se incorporan otras
preocupaciones que deben ser resueltas por la política: la calidad de la vivienda entregada

1
MINVU (2004).
EDUARDO SUÁREZ MONROY, MÓNICA LILIANA PARENTELLI TACCARI

y la focalización del subsidio, temas que deben ser abordados por los siguientes gobiernos
concertacionistas.
Finalmente, se llega al sexto periodo de la política habitacional chilena, coincidente con
el tercer gobierno concertacionista, 2000-2006 y encabezado por el presidente Ricardo Lagos
Escobar. El análisis de esta política es el tema de este trabajo, el cual se desarrollará a partir
de los siguientes acápites.

2. Objetivos de la política, 2000-2006

La denominada Nueva Política Habitacional por el gobierno del presidente Lagos, es como
se explicó en el acápite anterior, una política generada en el contexto de un tercer gobierno
de la Concertación. En ese contexto, no puede esperarse que existan diferencias radicales
42 respecto a sus antecesoras. Es más, los problemas identificados en las evaluaciones realizadas
a algunos de los programas en el periodo 1990-2000, son retomados y asumidos como sus
propios objetivos.
El objetivo más importante de esta política es continuar disminuyendo el déficit habitacio-
nal, proceso iniciado en el anterior período presidencial. Como puede verse, la disminución
del déficit es y ha sido siempre el objetivo principal de las distintas políticas de vivienda social
presentes en la historia de Chile. Lo que cambia es la forma en cómo se aborda el problema
y el énfasis en el tipo de solución.
En este sentido, otro objetivo de esta política, que complementa al anterior, tiene que ver
con la calidad de la vivienda construida y entregada. Programas habitacionales anteriores
daban cuenta de viviendas entregadas en forma incompleta, con fallas estructurales y de
funcionamiento al momento de habitarse. Esa es la razón para tratar de revertir esta situación,
no sólo se trata de entregar una vivienda, se trata que ella sea de buena calidad.
También es objetivo de esta política realizar una mejor focalización de la entrega de los
beneficios, asegurando que la población beneficiaria de los respectivos programas sea real-
mente aquella para la cual fue diseñado. Exigencias de ahorro y puntajes acumulados para
poder acceder a tener una vivienda eran factores que, en las políticas previas, discriminaban a
aquellos hogares con menores recursos y sin redes de apoyo que no tenían acceso a cumplir
con los requisitos exigidos.
Por otra parte, la política debe contribuir al equilibrio socio-espacial en el sentido de
respetar la opinión, preferencias y cultura del grupo humano de referencia sin alterar signi-
ficativamente el territorio en el que se insertan.
Finalmente, un último objetivo tiene relación con mantener un entorno urbano de cali-
dad, donde la población pueda disponer de todos los servicios que el medio urbano requiere:
pavimentación de calles, alumbrado público, centros de recreación, parques, áreas verdes,
servicio de transporte, entre otros.
LA POLÍTICA DE VIVIENDA SOCIAL EN CHILE 2000-2006

3. Población objetivo de la política

La política de vivienda social se implementa mediante programas que posean sus propios
objetivos y se focalizan hacia poblaciones objetivos diferentes. A pesar de ello, puede decirse
que, en general, su población objetivo está constituida por familias de ingresos medios y
bajos las cuales tienen como principal requisito el no poseer vivienda propia.
A través de instrumentos de medición como el Censo de Población y Vivienda, que se
realiza cada diez años, o la Encuesta de Caracterización Socio-Económica Nacional (CASEN),
que realiza el Ministerio de Planificación cada dos años, se puede identificar el número de
familias que carecen de vivienda y el quintil de ingreso (en el caso de la Encuesta CASEN) al
que pertenecen. De esta manera, con la ayuda de estos instrumentos los distintos programas
de la política pueden dimensionarse en tiempo y recursos.
Las poblaciones objetivos específicas de cada uno de los programas se identifican en el si- 43
guiente apartado, donde se presentan y describen los distintos componentes de la política.

4. Componentes de la política

Los programas que componen la política son los siguientes:

• Programa Fondo Concursable para Proyectos Habitacionales Solidarios (FSV): tiene


como objetivo dar solución habitacional a las familias que se encuentran bajo la línea de
pobreza. Para ello deberán estar organizadas en grupos de, por lo menos, 10 familias que
no hayan recibido un subsidio anterior, y tener el patrocinio de entidades organizadoras
de la demanda que pueden ser con o sin fines de lucro como municipios, fundaciones,
cooperativas, entre otras. Este subsidio les permite acceder a una vivienda con un estándar
mínimo de estancia-comedor, cocina, baño y un dormitorio; a la densificación predial
(construcción de otra vivienda en el mismo sitio); a la construcción de una vivienda
en el mismo sitio en que las familias viven; a la construcción en nuevos terrenos; a la
adquisición y mejoramiento de viviendas usadas; a la adquisición y rehabilitación de
viviendas en cités y a la adquisición, rehabilitación y subdivisión de edificios antiguos
para convertirlos en viviendas. Los proyectos se complementan con proyectos de áreas
verdes y equipamiento comunitario a fin de mejorar las condiciones del barrio; para ello
se otorga asistencia técnica para la contratación y ejecución de obras y el desarrollo de
un Plan de Habilitación Social.
• Programa Vivienda Nueva Básica: este programa tiene como objetivo permitir el acceso
a la vivienda, por medio de la oferta privada, a familias de ingreso medio o de menores
recursos que tengan capacidad de endeudamiento. El mismo se realiza con entidades
financieras privadas que tienen convenio con el Ministerio de Vivienda y Urbanismo.
EDUARDO SUÁREZ MONROY, MÓNICA LILIANA PARENTELLI TACCARI

En términos prácticos, el programa entrega un certificado de subsidio de hasta 600 UF,


que le permite acceder a la compra de viviendas nuevas o usadas. Este programa, cuan-
do estaba dirigido a sectores de extrema pobreza, se complementaba con programas de
equipamiento social como Jardines Infantiles, Hogares de Ancianos, Centros Abiertos y
Albergues Universitarios.
• Programa de la Vivienda Social Dinámica sin Deuda: la solución habitacional que ofrece
este programa consiste en la entrega de un subsidio 280 UF para la adquisición de una vi-
vienda nueva cuyo valor máximo debe ser 300 UF. La vivienda entregada es de 25 m2, pero
su diseño contempla la ampliación a 50 m2 como mínimo, la cual dependerá del esfuerzo
de cada uno de los beneficiarios respaldado por el nivel de organización entre vecinos.
Este tipo de viviendas se construye en conjuntos de hasta 300 unidades que disponen de
equipamiento comunitario. La población objetivo de este programa está constituida por
44
las familias de bajos ingresos que no tienen ninguna posibilidad de obtener crédito en
entidades financieras.
• Programa de Movilidad Habitacional. Su objetivo principal es permitir que un beneficiario
de subsidio habitacional con prohibición vigente de vender por cinco años, pueda acceder
a la compra de otra vivienda nueva o usada. El trámite corre por cuenta del interesado; lo
que el programa, en concreto realiza, es levantar la prohibición de venta pero no entrega
un nuevo subsidio ni gestiona crédito alguno. Si la nueva vivienda es de un valor superior
a la anterior, la diferencia corre, enteramente, por cuenta del beneficiario.
• Programa Subsidio Habitacional Título I: Subsidio General (Ex Nueva Básica y Ex Sub-
sidio Unificado). El objetivo en este componente es de facilitar el acceso a la vivienda,
mediante un subsidio, a familias de ingresos medios que tiene capacidad de ahorro y son
sujetos de crédito hipotecario. La vivienda puede ser comprada nueva o usada, urbana o
rural o puede construirla. La familia debe estar dispuesta a realizar los trámites necesarios
para llevar adelante la compra, debe disponer de ahorro y tener capacidad de pago de un
dividendo por concepto de crédito o mutuo hipotecario.
• Programa Subsidio Habitacional Título II: Subsidio de Interés Territorial (Ex Renovación
Urbana y Desarrollo Prioritario). Este programa tiene también como población objetivo
a las familias de ingresos medios. Trata de facilitar el acceso de ellas a la vivienda pero,
imponiendo la condición que el área donde esté emplazada la vivienda cumpla con ser:
una Zona de Renovación Urbana determinada por el Ministerio de Vivienda y Urbanis-
mo para favorecer la renovación de barrios antiguos dentro de la ciudad o, una Zona de
Desarrollo Prioritario determinada por el citado Ministerio para impulsar el desarrollo
equitativo de la ciudad mediante la atracción de inversiones del sector privado en vivienda
y urbanismo. Las familias deben también poseer ahorro previo y capacidad de endeuda-
miento para poder acceder al subsidio respectivo.
LA POLÍTICA DE VIVIENDA SOCIAL EN CHILE 2000-2006

• Programa Subsidio Habitacional Título III: Subsidio de Rehabilitación Patrimonial (para


Zonas de Conservación Histórica o en un Inmueble de Conservación Histórica). Tiene
como objetivo recuperar patrimonio inmobiliario a través de la generación de viviendas
en inmuebles ya existentes. Se trata de habilitar al menos dos viviendas en un inmueble
ubicado en las declaradas Zonas de Conservación Histórica o en un Inmueble de Con-
servación Histórica según el Instrumento de Planificación Territorial (Plan Regulador).
No son sólo las familias de ingresos medios las que constituyen la población objetivo de
este programa, también se incluyen comerciantes, empleados, profesionales, los cuales
deben tener ahorro previo y ser sujetos de crédito.
• Programa Concursable de Obras de Espacios Públicos (complementario al Subsidio
de Rehabilitación Patrimonial. Este programa complementa el anterior pues lo que
persigue es poner en valor los barrios patrimoniales y fortalecer la calidad ambiental
45
de los espacios públicos. Son obras que deben beneficiar a la comunidad en general
y estar emplazados en barrios de carácter patrimonial. Pueden ser proyectos de
iluminación de plazoletas, mobiliario urbano, tratamiento de pavimentos en calles y
pasajes, paseos peatonales, áreas de juego y recreación para jóvenes, conformación
de áreas verdes en bandejones centrales, espacios urbanos para, por ejemplo, la ins-
talación de ferias libres. El programa financia sólo la realización del proyecto pero
no su mantenimiento.
• Megaproyectos Urbanos. Este programa ofrece una solución habitacional más integrada.
Su población objetivo corresponde a familias de menores ingresos y sectores medios
quienes a través de los programas de Fondo Concursable y Vivienda Social Dinámica
sin Deuda, podrán acceder a estas viviendas. Se trata de conformar barrios plurisociales
donde a pocas cuadras de distancia, convivan familias de distinta condición social en vi-
viendas de estándar hasta cinco veces superiores. De esta manera, la vivienda social será
acogida dentro de desarrollos inmobiliarios de buena inserción urbana con altos niveles
de equipamiento e infraestructura. Es también una forma de aprovechar áreas urbanas
deterioradas que tiene ventajas de localización. Es básico, en este tipo de proyectos in-
mobiliarios, la articulación con privados ya que el campo de inversión para este sector
va, desde los proyectos inmobiliarios de distintos estándares hasta proyectos educativos,
comerciales, de salud, entre otros.

5. Focalización de la política

En la política de vivienda social, tal como se ha visto a través de los componentes presen-
tados en el acápite anterior, se identifican tres elementos importantes a la hora de financiar
una vivienda. Estos elementos tienen relación con el subsidio entregado por el Estado, el
ahorro previo generado por el beneficiario y el crédito otorgado por empresas financieras o
bancos.
EDUARDO SUÁREZ MONROY, MÓNICA LILIANA PARENTELLI TACCARI

El peso relativo que se le dio a la capacidad de crédito y, sobre todo, al ahorro previo, en
el puntaje final que cada beneficiario debía exhibir al momento de postular al subsidio habi-
tacional, fue, durante mucho tiempo, determinante al momento de la entrega del beneficio.
Durante mucho tiempo, los distintos programas componentes de la política habitacional
presentaban como población objetivo a las familias de menores recursos. Sin embargo, los
resultados finales de la ejecución de estos programas, mostraban que no eran precisamente
esas las familias favorecidas con el beneficio.
El hecho de priorizarse el ahorro previo por encima de otras condiciones que representa-
ban con mayor propiedad la calidad de familia carenciada, generaba errores de focalización
de tipos I y II. Es decir, familias numerosas de muy bajos ingresos, que vivían de allegadas
pues no tenían viviendas, no eran seleccionadas por no tener el ahorro previo necesario o el
suficiente como para elevar el puntaje final. Por otra parte, familias pequeñas, en algunos
46
casos unipersonales, con una mejor condición de ingreso, eran seleccionadas pues tenían un
mayor ahorro previo que el estipulado, lo que les otorgaba mayor puntaje.
También existieron otras situaciones que generaron errores de focalización. Por ejemplo,
el hecho que haya muchos subsidios que, una vez entregados, no hayan sido utilizados. Esta
situación se dio cuando se producía el otorgamiento de un subsidio y la entidad financiera aún
no se había pronunciado sobre la calidad de sujeto de crédito del beneficiario. Así, muchos
subsidios entregados en los respectivos programas no podían ser utilizados para la compra
de vivienda pues faltaba el elemento crédito.
Finalmente, a la luz del análisis de impacto de la política, surgió otro problema relacionado
con la focalización, el concerniente a la morosidad de los deudores. Esta situación ocurre en
aquellas familias que accedieron a crédito para la compra de una vivienda pero recurrieron a
continuas faltas de pago. Ello llevó a distintos procesos de renegociaciones y bajas de intereses
que afectaron la recuperación de los créditos originales. Por otra parte, los beneficiarios de
crédito básicamente estatal, caían en una situación de riesgo moral al modificar su conducta
de pago sabiendo que era el Estado el financista y, como tal, era un mal cobrador.2 En la
práctica, ello se transformó en un subsidio indirecto que superó con creces el que el Estado
brinda a las familias de menores ingresos a través, por ejemplo, del concepto de vivienda
progresiva. Es decir, de manera indirecta se beneficiaba a familias de mejores ingresos en
detrimento de las más pobres.
Evaluaciones realizadas a algunos de los programas que se ejecutaron en el periodo
1990-2000, pusieron en evidencia este problema de focalización. En ese sentido, la política
habitacional del periodo 2000-2006, trata de enmendar esta falla poniendo, explícitamente,
el objetivo de focalizar de mejor manera la entrega de los subsidios.

2
Morande (2004).
LA POLÍTICA DE VIVIENDA SOCIAL EN CHILE 2000-2006

A pesar de lo anterior, el análisis de los componentes permite apreciar que el ahorro previo
no ha desaparecido. En todos los programas, sin excepción, éste se exige como prerrequisito
para postular. El cambio radica en el monto exigido como ahorro previo y en la ponderación
que se le da al momento de otorgar el puntaje final.
La focalización de la nueva política habitacional hacia las familias de menores ingresos
se ve con más claridad a través de los programas Fondo Concursable FSV y Vivienda Social
Dinámica sin Deuda. En el primer caso, por ejemplo, los componentes del puntaje final están
dados por: la vulnerabilidad del grupo (familias monoparentales, con discapacidad o enfer-
medad catastrófica de alguno de sus miembros, según porcentaje de personas mayores de 60
años y menores de 15 años), la habilitación social de acuerdo al Plan de Acción, la condición
de pobreza según puntaje de ficha CAS, el mayor aporte de terceros y la menor solicitud de
subsidio, entre otros. Similares componentes de puntaje tiene el segundo programa.
47
A modo de respuesta, entonces, a la pregunta planteada en la introducción de este trabajo,
cabe mencionar que la nueva política de la vivienda social del tercer gobierno de la Concer-
tación sí tiene una focalización bien definida. Si bien los resultados aún no permiten concluir
sobre la eficacia de dicha medida, existen al menos evidencias de los esfuerzos instrumentales
para llevar adelante dicho proceso.
Este ejercicio de focalización de los programas no podría llevarse a cabo sin el apoyo de
un importante instrumento: la ficha CAS.

a) La ficha CAS

Consiste en una ficha que debe ser llenada por cada una de las familias postulantes a cual-
quiera de los distintos subsidios que entrega el Estado (de agua potable, de vivienda, de
discapacidad, etc.).
La ficha se entrega y recibe en los respectivos departamentos de ayuda social que po-
seen los distintos municipios del país. La información vertida en ella, es corroborada por la
asistente social o profesional afín de las distintas municipalidades, generalmente con visitas
domiciliarias.
Si bien el llenado de la ficha por los futuros beneficiarios se da a nivel municipal, la
institución que tiene a su cargo su diseño, rediseño y procesamiento, es el Ministerio de
Planificación (Mideplan).
En ella, el beneficiario vuelca toda la información relacionada con sus datos personales,
de su familia, ingresos, condición social, pertenencias, entre otros. A pesar que la información
allí contenida es de suma importancia para decidir la entrega de beneficios, no es una fuente
de información que pueda ser utilizada con fines estadísticos. El hecho que sea completada
sólo por quienes postulan a ayuda estatal, no representa 100% del universo de las familias
más pobres del país y tampoco consiste en una muestra representativa de la misma. En ese
sentido, la fuente de información que aporta al seguimiento de las distintas políticas sociales,
EDUARDO SUÁREZ MONROY, MÓNICA LILIANA PARENTELLI TACCARI

es la Encuesta CASEN que se realiza cada dos años y tiene representatividad a nivel regional
y nacional. También esta encuesta es administrada y aplicada por el Mideplan.
Sobre la base de los distintos puntajes que se le otorgan a los ítemes que considera la
ficha, Mideplan establece una línea de pobreza que equivale a 543 puntos de la ficha CAS.
Todas aquellas personas que estén por debajo de dicha línea se consideran personas pobres
y, los que estén por encima de ella, personas no pobres.
La ficha CAS se utiliza desde el periodo del gobierno militar y ha seguido, con sus co-
rrespondientes modificaciones y rediseños, cumpliendo la misma función en el apoyo del
proceso de focalización de las políticas sociales. Ello a pesar de las duras críticas de las que
ha sido objeto su aplicación, desde distintos ámbitos del escenario político.

6. Descentralización de la política
48
La organización administrativa chilena considera, a nivel de división administrativa mayor
(la región), la autoridad de un Intendente, nombrado directamente por el Presidente de la
República. Junto a él, conforman el Gobierno Regional, un conjunto de consejeros (CORE)
elegidos por los concejales municipales de la región. El Intendente, a su vez, cuenta con un
gabinete regional compuesto por representantes de los ministerios sectoriales, Secretarios
Regionales Ministeriales (Seremi), nombrados cada uno de ellos por el Presidente de la
República. A nivel de cada provincia (división administrativa de segundo orden) existe un
Gobernador, también nombrado por el Presidente de la República, cuyas competencias son
muy reducidas, circunscritas a tareas de difusión de la agenda de gobierno, a proponer pro-
yectos al Intendente, y de control y mediador de conflictos al interior del territorio provincial.
Finalmente, a nivel administrativo menor, municipios, la autoridad, constituida por el Alcalde
y el Concejo Municipal, es elegida por votación popular.
Lo interesante en este punto es analizar ¿cómo se implementa descentralizadamente la
política de vivienda social a través de una organización administrativa como la descrita?
En base a lo presentado en el párrafo anterior, cabe agregar que no todas las carteras y sus
respectivas secretarías regionales cuentan con traspaso de competencias derivados de un
proceso de descentralización en el gobierno chileno, más específicamente si se habla de
recursos presupuestarios.
En lo que respecta al ámbito de vivienda y urbanismo, el Ministerio en cuestión (el MIN-
VU) tiene en todas las regiones un Secretario Regional Ministerial y, tal como se explicó en
el segundo acápite de este documento, un Servicio Regional de Vivienda y Urbanización
(SERVIU) mediante el cual se implementan las distintas políticas sectoriales, especialmente
de vivienda. Ello demuestra que existe una descentralización de actividades administrativas
pero no ocurre lo mismo con la programación y ejecución de sus presupuestos y con el diseño
de las políticas. La definición de estos aspectos se da centralizadamente.
LA POLÍTICA DE VIVIENDA SOCIAL EN CHILE 2000-2006

Para que la descentralización sea efectiva, debe considerar las actividades administrativas
pero también las presupuestarias, de lo contrario podría ser sólo una desconcentración admi-
nistrativa que no sirve de mucho para la implementación efectiva de este tipo de políticas.
En Chile, la descentralización ha sido mayormente administrativa, con lo cual se forma un
problema de escasez de recursos. La evidencia empírica muestra una falta de coordinación
entre las políticas habitacionales y las de desarrollo urbano (políticas más locales) lo cual se
está transformando en el principal obstáculo para un crecimiento urbano ordenado y equi-
tativo. Ello también afecta la producción eficiente de viviendas derivada del aumento de la
competencia y la falta de coordinación entre el nivel central y local en la fiscalización de los
proyectos en su etapa de ejecución.
Marcada por el carácter centralista del Estado chileno, como ha quedado en evidencia en
la política de vivienda en este trabajo, la poca descentralización debilita las opciones de com-
49
petitividad intermunicipal y en gran medida impone también las posibilidades de asociación
y participación público-privada. Los intentos de las autoridades regionales por dibujar un
paisaje distinto hacia el que tiende actualmente la mancha urbana y la conformación segregada
de la base social en el territorio, resultan limitados por la fuerte concentración existente en
el nivel central de gobierno de los procesos de decisión sobre el destino y localización de la
inversión pública en la región.
Por lo anterior se puede afirmar que la descentralización de funciones y presupuestal en
Chile es incipiente, pero se debe reconocer que ha crecido de forma acelerada, debido a que
se están implementado programas que hacen que las autoridades locales y la misma ciudada-
nía, participen en la toma de decisiones. Por ejemplo, en el contexto de la descentralización
político-administrativa, se busca incrementar la capacidad de gestión institucionalizada de
los gobiernos regionales para lo cual el año 2003 se ingresó a tramitación legislativa un pro-
yecto de ley que buscó modificar la Ley 19175 Orgánica Constitucional en pro de fortalecer
y modernizar la labor de los gobiernos regionales en el ámbito de la gestión.
En el ámbito del fortalecimiento de la gestión de la inversión pública regional se ha avan-
zado en la consolidación de los instrumentos que forman parte de la Inversión de Decisión
Regional (IDR), donde se ha contemplado la incorporación de nuevos programas a fin de con-
tinuar dotando de mayores recursos a las regiones. Entre éstos se contaron Vialidad Urbana,
Vivienda Dinámica Social sin deuda, Fondo Nacional del Deporte, Programa de Defensas
Fluviales del MOP, Fondo Comunitario Concursable del MINVU, Programa de Complejos
Fronterizos del Ministerio del Interior, entre otros.

7. La participación en la política

Los proyectos de vivienda social, generalmente están agrupados en áreas donde el costo de
la tierra es menor. En las ciudades grandes se localizan en la periferia urbana, en las zonas
menos deseadas de la ciudad, dando origen a grandes barrios de bajos ingresos con insufi-
EDUARDO SUÁREZ MONROY, MÓNICA LILIANA PARENTELLI TACCARI

Cuadro 1
Comparativo de destino y origen de beneficiarios de vivienda social en la Región
Metropolitana, 1990-2000
Demanda Inscritos1 Permisos de edificación2
(%) (%)
Área Central y Pericentral 40.5% 19,2%
Área Periférica Norte 6.6% 6,7%
Área Periférica Sur 19.9% 29,3%
Área Periférica Oriente 9.2% 15,0%
Área Periférica Poniente 7.1% 19,3%
Área Externa 16.6% 10,5%
1
Demanda por vivienda.
2
Sobre total del periodo 1990-2000.
50 Fuente: Elaboración propia, según datos MIDEPLAN-SERPLAC R.M. (2001).

cientes servicios privados como educación, salud y recreación, a los que el Estado no puede
dar respuesta por su falta de recursos. Ello ha significado el traslado de población pobre hacia
comunas que no son sus comunas de origen, generando impactos significativos sobre las
condiciones sociales y económicas de las comunas receptoras pero, sobre todo, generando
condiciones de desarraigo de esas familias respecto a sus lugares de origen y problemas de
inserción respecto a la comunidad receptora.
El Cuadro 1, permite apreciar la inconsistencia que existe entre las aspiraciones de loca-
lización geográfica de las viviendas y el emplazamiento definitivo de las mismas. Mientras
la mayor demanda proviene de inscritos en el área central y pericentral, los permisos de
edificación se otorgaron en la periferia sur y poniente, siendo los destinos preferentes, en el
primer caso, Puente Alto y San Bernardo y, en el segundo caso, Maipú. El área central, con
Santiago como la comuna más representativa, concentra 40.5% de las solicitudes de vivienda
mientras que sólo 15% de los permisos para construir fueron otorgados en dicha área. Por
el contrario, mientras la demanda por vivienda en el área periférica sur es de prácticamente
20%, los permisos de construcción para dicha área constituyen 29.3% del total de permisos
otorgados en la región Metropolitana.
Es evidente que en el tema de la ubicación de las viviendas no puede hablarse de un proceso
de participación, ni de parte de los beneficiarios finales, ni de las comunidades en las cuales
se instalarán estas poblaciones. Aquí es claro que la autoridad sectorial toma decisiones en
función de un uso eficiente de los recursos ya que el valor del suelo no es el mismo en el
centro de la ciudad que en las zonas periféricas; se trata de dar una solución habitacional al
menor costo, aunque ello implique movilizar poblaciones enteras de un punto a otro de las
grandes ciudades, especialmente de Santiago.
LA POLÍTICA DE VIVIENDA SOCIAL EN CHILE 2000-2006

Como ya se vio en el apartado anterior, a excepción de las autoridades municipales, todos


aquellos actores públicos que intervienen en el proceso de planificación y ejecución de las
decisiones en materia de vivienda (especialmente en programas de vivienda social) en cada
región del país y por ende en el territorio metropolitano, muestran un total grado de depen-
dencia de la autoridad central. Por su parte, el contrapoder que pueden ejercer los consejeros
regionales, cuya finalidad es hacer efectiva la participación de la comunidad regional y para
ello están investidos de facultades normativas, resolutivas y fiscalizadoras, es limitado en
competencias frente a las directrices que impone el gobierno regional. El hecho de ser elegidos
indirectamente no les da un respaldo social importante para liderar una oposición real (no es
visible su liderazgo). Ello hace más evidente que su perfil decisional siempre esté mediatizado
por una influencia muy fuerte de los partidos políticos a los que pertenecen.
Debido a esto, se puede decir que existe una participación decisional, tanto ciudadana como
51
a nivel de gobierno local, pero muy limitada por el gobierno central. En el caso de las munici-
palidades, las restricciones a la participación son aún mayores, sobre todo cuando la instalación
de una población en una comuna tiene consecuencias que deben ser asumidas a nivel local. Por
ejemplo, los bienes raíces implantados en territorios comunales por los programas MINVU están
libres de pago de impuesto territorial, en circunstancias que este impuesto es la mayor fuente
de autofinanciamiento de las municipalidades. Además, cuando el gobierno central origina un
problema al decidir construir las viviendas en determinados municipios, no contribuye al costo
adicional de proveer los servicios, los que deben ser asumidos por el municipio.
A pesar que en la mayoría de los casos la decisión centralista priva respecto a la local y más
específicamente a la de la comunidad, en los últimos tiempos se han manifestado hechos claros
de descontento por parte de la población que, a través de medidas de presión social, obligan
al gobierno central a considerar sus demandas y a retroceder en procesos ya encaminados. Si
bien ello se ha manifestado en diversos sectores como, por ejemplo, la educación, las obras
de infraestructura, la seguridad ciudadana, también ha sucedido en el sector vivienda.
Si bien en los hechos no es tan fácil de visualizar, las declaraciones contenidas en instrumentos
como las estrategias regionales de desarrollo, que deben guiar el desarrollo en cada una de las
regiones, plantean el tema de la participación de manera explícita. La nueva estrategia de desarrollo
regional de la Región Metropolitana, aprobada por el Consejo Regional en diciembre del 2000,
plantea seis áreas prioritarias, en cuyos planes y proyectos supone hipotéticamente que todos
sus residentes pueden y deben participar, siendo tres de esas prioridades asuntos estrechamente
relacionados con las políticas de vivienda que se materializan como actuaciones en el territorio:

• Integrar equitativamente la infraestructura y el equipamiento en el territorio, facilitando


el acceso a los servicios y creando nuevas áreas de recreación y esparcimiento;
• Desarrollar entre todos barrios seguros y solidarios;
• Emprender acciones para disfrutar un medio ambiente sano y una mejor calidad de vida.
EDUARDO SUÁREZ MONROY, MÓNICA LILIANA PARENTELLI TACCARI

Se busca, de esta manera, que la participación ciudadana en el país y en especial en el


área metropolitana se refuerce, para ubicarse en los cuatro niveles de participación que se
conocen: informativa, de consulta, de decisión y de control ciudadano.
A pesar que el tema de la participación aún adolece de fallas, especialmente cuando se aborda
el tema de la localización de la vivienda, la política habitacional del periodo 2000-2006, logró
avances en ese sentido. En primer lugar, la entrega de subsidios en grupos de ingresos bajos
y medios para compra de vivienda, hace que cada familia busque y escoja la vivienda de sus
necesidades. Por otro lado, en aquellos programas destinados a familias de muy bajos ingresos
como es, por ejemplo, el Fondo Concursable FSV o la Vivienda Social Dinámica sin deuda, la
exigencia de postulación como grupos de familias, representa un importante ejercicio de par-
ticipación. El resultado de obtener su vivienda o ampliar su superficie depende, básicamente,
de la capacidad de integrarse y organizarse que tienen estas familias de ingresos bajos.
52
En el caso específico del programa Fondo Concursable FSV, la exigencia que el proyecto
de construcción de viviendas esté asociado a un grupo de familias organizadas por un orga-
nismo externo, con la generación, inclusive, de un Plan de Acción Social, genera un espacio
al ejercicio de la ciudadanía. Este espacio se da, en el sentido en que la población propone y
planifica, ejecuta y controla la solución habitacional que considera mejor para ella.

8. La política y la superación de la pobreza

La disminución de la pobreza es un objetivo que, desde 1990 hasta el presente, los diferentes
gobiernos de la Concertación se han propuesto. A pesar de lo exitosa que fue esta política,
básicamente en la primera década de gobierno, a partir del año 2000, en que se realizó una
de las encuestas Casen que permite obtener la información, el ritmo de descenso disminuyó
notoriamente, dejando en evidencia que la política implementada perdía eficacia. La informa-
ción presentada en la Gráfica 1 permite observar el comportamiento de la población indigente
y pobre entre el periodo comprendido entre 1990 y 2003.
Si bien Chile exhibe un descenso del porcentaje de personas pobres o indigentes de 1990
a 2003, que es el indicador utilizado para medir la pobreza en esta ocasión, la evidencia em-
pírica no muestra que existan cambios notorios respecto a la distribución del ingreso. Chile
continúa siendo uno de los países latinoamericanos con mayor desigualdad en la distribución.
Esta situación puede verse con claridad en las gráficas 2 y 3, donde se presenta la evolución
del porcentaje de pobres e indigentes del Gran Santiago hasta el año 2000 y el porcentaje
de ingreso por quintil, respectivamente. Es notorio, al compararse las dos gráficas, que, en
igual periodo, frente a una disminución del porcentaje de pobres, la distribución del ingreso
se mantiene prácticamente igual.
La evidencia permite suponer que la política social de dicho periodo estaba enfocada,
básicamente, hacia la superación de la pobreza y no así hacia la disminución de la brecha
de ingreso.
LA POLÍTICA DE VIVIENDA SOCIAL EN CHILE 2000-2006

Gráfica 1
Evolución de la incidencia de la pobreza y de la indigencia, 1990-2003
(Porcentaje de la población)
45
40 1990

35 1992
30 1994
25 1990 1996
1998 2000
20 1992 2003
1994
15
1996 1998 2000
10 2003

5 1990
1992 1994 1996 1998 2000 2003
0
53
1990 1992 1994 1996 1998 2000 2003

Indigentes Pobres no indigentes

Fuente: FERES, Juan Carlos. Material de curso “Pobreza y distribución del ingreso” Magíster en gestión y Políticas
Públicas, Universidad de Chile, 2006.

Gráfica 2
Gráfico evolutivo y comparativo de la pobreza (en %s/pob.)
50
45
40
35
30
25
20
15
10
5
0
1987 1988 1989 1990 1991 1992 1993 1994 1995 1996 1997 1998 1999 2000

Chile RMS

Fuente: Elaboración propia, datos Casen 2000, MIDEPLAN.


EDUARDO SUÁREZ MONROY, MÓNICA LILIANA PARENTELLI TACCARI

Gráfica 3
Comparación de la distribución de ingresos en el Gran Santiago
60

50

40

30

20

10

54 0
1 2 3 4 5

1987-1988 1996-1997

Fuente: Elaboración propia, datos Casen 2000, MIDEPLAN.

En ese contexto, la política de la vivienda social, que ha tenido desde sus inicios siempre
el objetivo de disminuir el déficit de vivienda, es un componente básico de esta política
orientada a la superación de la pobreza. Esto tal vez pueda explicarse de forma simple al
analizar la manera en que se mide la pobreza.
Para identificar a los pobres e indigentes, los Censos de Población y Vivienda y la Encuesta
Casen, recogen información sobre diversas características de la población entre las que se
incluyen las características de la vivienda. Tipo de techo, suelo, servicios de agua y luz, ha-
cinamiento son, entre otras, algunas de las variables que se identifican y miden. Mediante el
establecimiento de valores comparativos que permiten calificar la condición de pobreza, es
posible identificar el número de personas que, al no cumplir con las condiciones establecidas,
se clasifican como pobres. Es así como la comparación de las sucesivas mediciones es lo que
permite concluir la evolución del porcentaje de pobres.
En ese sentido, y considerando que la carencia de una vivienda o la mala calidad de ellas
son condiciones identificables de pobreza, la mejoría de las condiciones generales son un
aporte a la superación de la pobreza. Se puede decir entonces que la política de vivienda ha
sido exitosa en el objetivo de atender el déficit habitacional y los problemas de hacinamiento
heredados de períodos anteriores. No solamente de cobertura respecto a la demanda ciudadana,
sino también desde el punto de vista de su gestión y articulación con el sector privado como
ejecutor de los programas, tanto por una mayor especialización de una industria inmobiliaria
que ha visto aumentada su eficiencia, como también permitiendo una movilización más eficaz
de la inversión privada (Rojas, 2001).
LA POLÍTICA DE VIVIENDA SOCIAL EN CHILE 2000-2006

Los datos que se muestran en el Cuadro 2 para los municipios de Santiago, permiten
observar que, pese a las diferencias importantes en el indicador de calidad de vida entre los
municipios, donde se consideran otras variables además de la vivienda, los indicadores de
materialidad y de hacinamiento de la vivienda, así como el porcentaje de población en cam-
pamentos, tienen una menor variación. Ello muestra una situación habitacional mejorada en
donde las políticas de vivienda aplicadas han permitido cierto equilibrio territorial.

Cuadro 2
Comparación de indicadores de condiciones de vivienda entre los municipios de
Santiago (en %)
Ranking Comuna Indicador Indicador materialidad Indicador % personas en
calidad de vida de la vivienda nivel hacinamiento de la campamentos s/pob.
(1) bueno vivienda (sin) Total
55
Comunas de más alta calidad de vida
1 Providencia 97.5 99.7 100.0 0.0
2 Las Condes 93.2 99.4 100.0 0.0
3 Vitacura 93.0 99.9 100.0 0.0
4 La Reina 92.3 95.9 100.0 0.0
5 Nuñoa 92.1 98.4 100.0 0.0
6 Santiago 88.1 96.9 98.9 0.0
7 La Cisterna 87.4 91.5 99.1 0.0
8 Lo Barnechea 87.4 93.2 99.3 3.3
9 Independencia 87.2 92.3 99.3 0.0
10 San Miguel 85.4 87.7 98.6 0.0
Comunas de calidad de vida media-alta
11 Huechuraba 83.2 77.9 97.3 0.4
12 Estación Central 82.3 92.4 98.0 0.0
13 Maipu 82.0 96.8 99.9 0.6
14 La Florida 81.7 91.5 99.8 0.1
15 Conchali 81.3 85.8 97.4 0.0
16 Lo Prado 81.2 84.9 98.4 0.0
17 Pedro Aguirre Cerda 81.0 89.5 96.9 0.1
18 Cerrillos 80.4 88.2 99.1 0.0
19 Recoleta 80.0 76.0 97.6 0.0
Comunas de calidad de vida media
20 El Bosque 79.0 89.8 98.2 0.0
21 Puente Alto 78.6 97.6 99.3 0.1
22 Quinta Normal 78.5 82.0 99.2 0.0
23 Macul 78.1 89.1 98.0 0.0
24 La Granja 77.8 86.3 98.1 0.0
25 Pudahuel 76.9 94.1 99.8 0.1
Comunas de calidad de vida media-baja
26 San Bernardo 74.1 92.9 99.7 0.0
27 San Ramón 73.5 76.1 96.9 0.0
28 San Joaquín 72.9 91.1 97.5 0.0
29 Quilicura 72.4 98.2 98.8 0.3
30 Lo Espejo 72.3 89.6 96.9 0.4
31 Peñalolen 70.5 84.4 99.0 0.1
Comunas de más baja calidad de vida
32 Renca 67.7 78.1 96.3 0.0
33 La Pintana 62.0 80.0 98.5 0.1
34 Cerro Navia 58.3 76.2 96.9 0.0

Fuentes: MIDEPLAN, División Social, Departamento de Información Social, Encuesta CASEN 2000.
(1) SERPLAC RM., Índice de calidad de vida a nivel comunal, enero 2003.
EDUARDO SUÁREZ MONROY, MÓNICA LILIANA PARENTELLI TACCARI

Los aspectos positivos de la política de vivienda en Chile están suficientemente respal-


dados en razón de las cifras y los argumentos expuestos anteriormente. No cabe duda que
Chile alcanzó durante las últimas dos décadas resultados en la producción de viviendas,
sobretodo en aquella dirigida a sectores de escasos recursos, permitiendo reducir en forma
importante el déficit habitacional y estableciendo un cierto grado de equilibrio territorial y
contribuyendo a reducir la pobreza.
A pesar de los resultados obtenidos, durante los últimos años, sobretodo en época de
mayor rigor climático (otoño e invierno), hubo hechos de trascendencia pública sobre
graves defectos detectados en la construcción de viviendas sociales: filtraciones en muros,
hundimiento de cimientos, anegaciones de poblaciones completas, entre otros. Ello ocurrió,
incluso, en viviendas recientemente entregadas lo que provocó descontento de la población
con su correspondiente trascendencia mediática. Como conclusión se puede decir que junto
56
a la mayor especialización que ha marcado en parte el éxito de la política de vivienda, ha
ido acompañado también una mayor competencia, hecho que ha afectado y puede explicar
en forma importante el deterioro de la calidad de las mismas (Rojas, 2001).
Finalmente, entendiendo que el concepto de superación de la pobreza va más allá de sol-
ventar las carencias materiales que tienen las familias pobres, la política de vivienda social
del 2000 al 2006 hace énfasis en la organización de las familias. Este esfuerzo organizativo,
especialmente a través de la exigencia de generación de un Plan de Acción Social para el
grupo, tiene el objetivo de generar y fortalecer las redes de apoyo entre las familias, con
otras instituciones gubernamentales y no gubernamentales y con la sociedad en general. En
definitiva, se trata de la generación de capital humano el que puede y debe ser utilizado por
estas familias como una forma de superar la pobreza.

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