0% encontró este documento útil (0 votos)
20 vistas4 páginas

Cuándo Fue

Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
20 vistas4 páginas

Cuándo Fue

Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

¿Cuándo fue?

Siempre he sentido que no pertenezco a ningún lugar. Recuerdo que cuando era niña me
gustaba estar en los brazos de mi mamá. Sentir el olor de su piel me trasmitía paz y
tranquilidad. Aun cuando ella estaba con vida dándome todo su cariño, amor y protección, yo
me sentía muy sola y triste. Mi infancia fue un horror, mi adolescencia fue difícil y mi juventud
llena de dolor.

Haber sido testigo de todo su sufrimiento, de todas sus lágrimas y de todas sus luchas por
lograr un futuro mejor para sus hijos, me llenó aun más de tristeza cuando ella partió. Siempre
me pregunté por qué habíamos tenido una vida así, por qué ella tenía que padecer tanto como
si su herencia hubiera sido una corona de lágrimas. Y de alguna manera, siento que ahora me
tocó a mí heredarla. Su fallecimiento me partió el alma. Me perdí, yo me perdí.

Todos los días me pregunto cuándo fue el día en el que mi propia vida se volvió una carga para
mí. Cuando fue el día en el que deje de emocionarme e ilusionarme por las cosas de la vida.
Cuando fue que deje de disfrutar y de que algo me resulte placentero. Cuando fue el día en el
que empecé a sentir culpa por hacer lo que realmente me gustaba. Cuando fue el día en el que
deje de ver mi propia belleza para sentirme poco e insignificante. Cuando fue el día en el que
deje de esperar a conocer un buen chico para enamorarme y compartir mi vida con él. Cuando
fue que deje de soñar y desear las cosas porque sentía que no las merecía. Que alguien como
yo, que paso por tantas cosas difíciles no se merece nada bueno por la mochila que carga a sus
espaldas. Cuando fue el día en el que comencé a pensar en el “qué triste ser buena y que no
valga la pena”. Cuando fue el día en el que mi estudio, que siempre fue un refugio, llego al
punto de agobiarme y de no permitirme disfrutar de lo que hago. Cuando fue que empecé a
hacer todo lo que hago solo por puro compromiso. Cuando fue el día en el que empecé a
desear dormir por las noches y nunca más volver a despertar. Cuando fue él día en el que dejé
de escuchar a mi alma, a mi esencia.

Me siento muy sola y el haber decidido venir aquí y dejar a mi familia, mi país y mis amigos, me
ha traído muchos conflictos. Para no preocupar a nadie y no generar criticas ni reproches, lo
que hago es mostrar mi mejor cara para que nadie note mi profunda tristeza y soledad. Me
cuesta mucho confiar en las personas, me he vuelto apática hasta el punto de querer aislarme
y estar sola. Estoy cansada de estar rodeada de gente negativa, sentarme a escuchar críticas,
juicios y opiniones acerca de la vida de otros que lo único que hace es agrandar más la brecha
entre esas personas y yo. La única amiga verdadera que tuve fue Kaori, mi compañera de
escuela desde los 5 años. Nuestras madres eran amigas, crecimos juntas y ella es un excelente
ser humano. Nunca más he conocido a una persona como ella. Cuando me avisó que se
mudaría a la capital por temas laborales me sentí muy triste porque mi mejor amiga viviría
lejos de mí. Aunque ahora la comunicación entre nosotras no es muy continua, yo sé que ella
siempre estará allí para mí porque a pesar de los años y la distancia, cada vez que hablo con
ella o la veo, es como si no hubiese pasado el tiempo. Quisiera volver a verla pronto. Ella
siempre será mi mejor amiga.

Hay días en los que pienso que ya nada tiene sentido, de que ya no hay nada bueno para mí y
que seguir despertando para tener una vida monótona es una carga. Me agobia pensar que me
quedare sola, de que mi destino sea la soledad y de que mis sueños de casarme y formar una
familia jamás sucedan. Me llena de miedo y desesperanza, muchas veces siento que, aunque
quisiera no puedo. De que, aunque intente cambiar y curarme, no podré. Estoy harta de
sentirme así, de estar bien por un tiempo para luego volver a caer en lo mismo. ¿Me pregunto
qué es lo que realmente me haría feliz? ¿Qué es lo que realmente me haría sentir plena y
realizada? Y por más que lo piense y piense, no termino de encontrar las respuestas.

Siempre me han gustado los animales. Mi perrito Kiro es mi mayor alegría, estar con él me
llenaba de felicidad. Verlo pequeñito, alegre, juguetón y con esa inocencia pura de estar ajeno
a todo lo que ocurre en este mundo, me llenaba el alma. Él era como un rayito de sol para mí.
Se acomodaba a mi lado, no se despegaba de mí y cada vez que yo llegaba a casa después del
trabajo, él me recibía con tanta alegría que parecía que se iría a desarmar jajaja... Cada vez que
me comunico con mi familia pido verlo y también siempre les pido que me manden fotos de él.
Lo extraño muchísimo. Él podía sentir mi tristeza, cada vez que me ponía a llorar él se acercaba
a mí y moviendo su cabecita hacia mis manos parecía tratar de consolarme. Tampoco olvido
sus lamidas, como si tratara de decirme “no te sientas mal, estoy aquí”. Es mi ángel de 4
patitas y mi mejor amigo. No veo la hora de volver a casa para jugar con él, llenarle de mimos y
sentir sus lengüetazos en la cara.

A pesar de todo lo que pasó entre mi mamá y mi papá, y de todo el sufrimiento que padecimos
durante nuestra infancia, yo adoro a mi padre. Él es lo más importante que tengo en la vida, lo
único que ya me queda. Hablar con él me llena de alegría y escuchar su risa es como una
inyección de buena energía para mí. Hay días en los que me siento tan sola y quisiera un
abrazo suyo, como siempre lo hacía cuando me sentía mal y parecía adivinar lo que me estaba
ocurriendo siempre. Él siempre respetó mi decisión de contarle o no mis cosas, nunca fue
invasivo ni pesado en ese sentido. Yo sé que él no es perfecto y que tuvo sus errores en la vida,
pero a pesar de todo yo lo perdono y no le guardo ningún rencor. Lo amo más que a nada en
este mundo y deseo tenerlo conmigo por muchísimos años. Sueño con cumplirle el deseo de
darle nietos y que pueda ver a su familia unida. Después de la muerte de mi mama él cambió
mucho y ahora sé que, para él mi hermano y yo somos lo más importante. Su amor por mí es
sincero e incondicional y espero que de alguna manera él se sienta muy orgulloso de mí.

Mi hermano Fernando es el mayor regalo que papá y mamá me pudieron dar. Él es un chico
muy divertido, siempre me hace bromas y me hace reír. Generalmente es serio, en su trabajo,
en su estudio y en su relación sentimental. Siempre pude contar con él y me ayudaba en todo
lo que podía estar a su alcance. A pesar de tener un carácter difícil, es una muy buena persona.
No niego que muchas veces tuvimos nuestras diferencias por sentirme incomprendida por él,
porque de alguna manera él siempre se molestaba o se enfadaba conmigo cada vez que me
sentía triste y nunca se tomaba la molestia de entender o de saber qué realmente me estaba
pasando. Creo que él es una persona mucho más difícil que mi padre porque mi papá me
comprende y me respeta, pero mi hermano reacciona como si fuese un pecado estar mal. Pero
más allá de nuestras diferencias y de su carácter, yo lo amo con el alma entera y daría mi vida
por él si fuese necesario. Mi compañerito de lucha por siempre.

Una de las causas del por qué me sentía tan sola desde niña era la preferencia que mi madre
sentía hacia mi hermano. Él es menor que yo y nos llevamos solo un año de diferencia. Cuando
los dos éramos adolescentes, mi mamá siempre estaba más al pendiente de él que de mí. Yo
siempre le preguntaba a mi mamá; “Mami, ¿por qué le quieres más a Fer que a mí?” y ella me
respondía diciendo; “Yo sé que eres buena, tranquila y estudiosa y no me preocupo tanto
porque confío en ti, pero él es varón y tengo que estar al pendiente de él para que no tenga
mala junta y no se eche a perder, además no quiere estudiar y es rebelde y le tengo que
insistir”. Los dos se pasaban discutiendo porque a mi madre no le gustaba las amistades de mi
hermano, se la pasaba controlando de que no bebiera alcohol, de que no fume y de que no se
drogue. Pero mi hermano nunca fue un chico irresponsable ni tonto, siempre fue inteligente
pero mi madre no confiaba en él. Los problemas y las discusiones continuaban hasta que se
metía mi padre, el cual también consideraba como exagerada la actitud sobreprotectora de mi
mamá. Pero a pesar de eso siempre la apoyó en el sentido de hacerle sentar cabeza a mi
hermano. Mientras yo me sentía desplazada, sola, como si yo no importase o no existiera.
Cuando me madre falleció mi hermano cayó en una profunda depresión porque se culpaba de
cómo la había tratado y toda mi familia lo contuvo y lo apoyó. Después de la perdida de mi
madre, todos mis familiares estuvieron más al pendiente de él que de mí. Yo tuve que asumir
el papel de la fuerte y valiente para que no todo se eche a perder. Me puse en el lugar de mi
madre, ocupándome de la casa, de mi hermano y de mi padre. Mi papá tenia que salir a
trabajar para mantenernos, mi hermano estaba en el último año del instituto y yo estaba en el
primer año de la universidad. Para mí todo me suponía una gran responsabilidad con tan solo
18 años. Supongo que mis familiares también me hicieron un poco de lado, porque al igual que
mi mamá, me veían fuerte y tranquila, pero en realidad yo estaba acumulando poquito a
poquito una cantidad de tristeza que me encargue de tapar dedicándome de lleno a mis
estudios. Mi hermano tuvo asistencia psicológica y logró superar su depresión. Terminó el
instituto, comenzó la universidad y consiguió un buen empleo en el banco. Salió adelante
haciéndole la promesa a mi madre de que sería el hombre de bien que ella siempre quiso que
fuera. También a veces tengo la sensación de que mi padre se siente más orgulloso de mi
hermano que de mí. Mi hermano terminó sus estudios, tiene un buen trabajo, se gana bien la
vida, tiene de pareja a una chica muy buena y cuya familia es cálida. Ambos ya se compraron
para su casa, y están con planes de boda. La verdad que yo también me siento muy feliz y
orgullosa de mi hermano y de todo lo que ha logrado. Estoy segurísima de que mi madre esté
en donde esté también estará super orgullosa de él.

Yo sé que, aunque mi padre me dijera “si hija, está muy bien lo que estás haciendo”, su
verdadero pensamiento es; “pero deberías estar aquí”. Muchas veces me he sentido como la
hija prodiga, la que nunca está, la que se la pasa estudiando, viajando y sin estabilizarse en
ningún lugar. La que siempre está sola, sin pareja, la que va y viene de un lugar a otro. Quizás
él ni siquiera me vea con futuro, ya que siempre que hablamos por teléfono me dice “esta es
tu casa, consigas o no trabajo, aquí vas a estar mejor y no te hará falta nada. Esta casa se
quedará para ti porque en cualquier momento tu hermano formará su familia y se irá a vivir a
otro lado con Patricia”. Eso me afecta de alguna manera, porque no quiero volver a tener la
misma vida monótona que tenia antes de salir de casa.

La verdad que hay días en que ya no me importa nada, no me siento motivada, ni inspirada
para seguir. Debo admitir que lo que siento es MIEDO, no confío en los demás, soy incapaz de
expresar mis emociones, lo que me duele y lo que enoja por miedo a crear problemas o
incomodidad en otros. Prefiero callarme y guardarme las cosas para mí misma. Tengo miedo
de volver a pasar por todo lo que pase, tengo miedo de sufrir, tengo miedo del dolor, de la
decepción y volver a caer en las mismas situaciones de aquellos tiempos difíciles. Me cuesta
soltar y olvidar el pasado. Muchas personas me aconsejan diciéndome de que debería
olvidarme del pasado, de que ya pasó y ya está. Pero lo que nadie entiende es que, olvidar
todo ese inmenso dolor que sentí en aquel momento, es muy difícil. No sé si llamarlo trauma,
duelo no procesado o tristezas acumuladas pero lo que sí sé es que dejar eso a un lado y volver
a ilusionarme con la vida me es imposible. No quiero ser la misma tonta que cree que lo mejor
está por venir y ver que lo único que viene a mi vida son más sufrimientos y tristezas. Quizás
hace mucho me rendí, pero sigo porque no tengo otra salida.

También podría gustarte