Políticas Corporativas 2020 USB
Políticas Corporativas 2020 USB
2016 - 2020
@Políticas Corporativas 2016-2020
Universidad de San Buenaventura
Colombia
2020
Edición
Aída María Bejarano Varela
Coordinadora General de AIM
Editora General
Diseño y diagramación
Andrés Gaviria
www. usb.edu.co
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Políticas corporativas 2020
La Política Corporativa de Calidad fue expedidas por medio de la Resolución de Rectoría General
No. 368 del 17 de marzo de 2020, luego de ser aprobadas por el Consejo de Gobierno del 16 de
marzo de 2020, mediante Acta No. 186.
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Política Corporativa de Calidad de la
Universidad de San Buenaventura
La Universidad de San Buenaventura, inspirada en el pensamiento humanístico cristiano, en
desarrollo de su Proyecto Educativo Bonaventuriano ofrece servicios educativos de calidad que
contribuyen a la transformación de la sociedad y a la satisfacción de las necesidades del entorno y de
los grupos de interés. Con este fin, privilegia la autoevaluación y la mejora continua en los procesos
académicos y administrativos, en el marco de las normas legales e institucionales vigentes.
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Política Corporativa para la Formación Humanística en
la Universidad de San Buenaventura
1. Introducción
Con el fin de seguir consolidando los procesos que actualmente adelanta la Universidad de San
Buenaventura en su camino hacia la plena corporatividad, se presenta a continuación la política para
la formación humanística en la institución, de manera que los diferentes estamentos —académicos
y administrativos— de la comunidad educativa bonaventuriana encuentren aquí las coordenadas
generales que les permitan orientar sus acciones, tomar decisiones, emprender proyectos y, en
últimas, trabajar de manera orgánica en pos de garantizar que los estudiantes de la Universidad en
el país reciban una sólida formación humanística, animada por los principios y valores propios del
humanismo franciscano, es decir, para que la propuesta académica de la institución esté infundida
por este sello bonaventuriano.
2. Marco general
2.1. Marco conceptual: La formación humanística universitaria en el horizonte
del humanismo franciscano
En medio de este variado paisaje hablar de humanismo franciscano puede parecer a algunos un gesto
anacrónico, nada más que un signo de nostalgia por la tradición. Sin embargo, un acercamiento
atento a los presupuestos y principios que inspiran este humanismo ponen de presente su “inactual
actualidad”6dejando ver que lejos de ser una visión del ser humano que ha quedado en el pasado, se
trata de una propuesta que conserva intacto su vigoroso potencial y, sobre todo, que es capaz de
orientar a la comunidad educativa ante los desafíos del tiempo presente al situarse a medio camino
entre un humanismo individualista, que disuelve los vínculos de pertenencia a la comunidad, y otro
humanismo colectivista que desdibuja el rostro único del ser humano concreto.
4. Cf. Harari, Yuval. (2016) De animales a Dioses. Breve historia de la humanidad. Colombia: Debate, p. 259. 2 Cf. Forthomme, B.
(2012). La pensée franciscaine. Un seuil de la modernité. Paris: Belles Lettres.
5. Cf. Forthomme, B. (2012). La pensé franciscaine. Un seuil de la modernité. Paris: Belles Lettres.
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Así pues, es preciso comenzar por señalar que se llama humanismo franciscano al intento por
recoger de forma explícita y sistemática lo que fue ante todo la experiencia de vida sui generis de
San Francisco de Asís. Él encarnó, en efecto, un modo de ser ejemplar que se caracterizó por la
inclinación a establecer relaciones singulares con los otros. En cada ser humano San Francisco vio
siempre alguien en quien Dios se transluce de manera única e insustituible, es decir, una persona
(Imago Dei). Esta idea constituye el centro articulador del humanismo franciscano7. Pero es
importante reconocer que el humanismo de San Francisco de Asís no se dirigió de modo exclusivo
hacia los hombres, sino que se extendió también hacia todas las creaturas del universo que
encontraba a su paso, a las que en su espíritu sencillo y cercano no dudó en llamar sus “hermanas”
(i.e. “Hermano sol”, “Hermana luna”), dando muestras con ello de una sensibilidad que lo acerca
mucho a la que reclama el momento histórico actual, en el que se invita a repensar el modo de
relacionarse con el medio natural de una forma más armónica y respetuosa.
Daniel Herrera (2007) subraya así que uno de los rasgos distintivos de la Escuela Franciscana consiste
en dar forma y lenguaje a la vivencia espiritual encarnada por San Francisco:
En el mundo vivencial de Francisco de Asís (…) los seres singulares –el hermano sol, el
hermano perro Gubio, el hermano cuerpo, la hermana luna, etc.– presentan una
supremacía sobre la abstracta y universal naturaleza. La subjetividad personal e
individual sobre la noción vacía de humanidad; la fraternidad universal, sobre el
universo como simple suma de sustancias individuales; el mundo como suma de
presencias vividas como dones promovibles a un sentido, sobre el mundo como simple
suma de cosas que están ahí. […] El sentir, el valorar y el actuar de Francisco de Asís se
fundamentaron en una determinada opción ontológica y axiológica. Esta opción y esta
visión, unidas a la capacidad de percepción y a la sensibilidad especial para interpretar
lo percibido en términos de símbolos y de signos, constituyen la fuente originaria de
inspiración de todos los Maestros de la Escuela Franciscana”.8
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también lo tematizará Duns Escoto9—, lo que equivale a decir que la persona está siempre dirigida
intencionalmente al otro y a lo otro de ella. b) Guarda una relación especial con Dios en tanto se
sabe a sí mismo creatura en la que se expresa un grado de semejanza con Dios (gradatio entium),
que oscila entre el vestigium (huella), la imago (imagen) y la similitudo (similitud)10. Finalmente,
c) es relación fraterna con los otros, dado que “desde la experiencia profundamente evangélica
de Francisco de Asís, el otro es un hermano y todos estamos llamados a formar la fraternidad
universal”11.
Así pues, más allá de su diversidad, en la Escuela de Pensamiento Franciscano se advierte una
atmósfera común caracterizada por una unidad (de espíritu) en medio de la pluralidad (de ideas).
En este sentido, Merino (1982) comenta que en los Maestros Franciscanos de Paris o de Oxford:
Johannes Freyer ve precisamente en esta imagen del ser humano como itinerante una base
antropológica sobre la cual cabe definir una formación o educación en clave Franciscana. El
teólogo y Fraile alemán afirma: “La misma formación se realiza en la vía, es decir, progresivamente,
dinámicamente, en camino hacia un fin bien concreto. Esta educación progresiva se presenta
integrativa y toma en consideración la persona entera y la totalidad de la vida. Se considera a la
persona en sí, cuerpo, psique, mente y la dimensión espiritual. Se toma conciencia del ambiente,
de las relaciones y de la propia historia. La educación franciscana piensa de modo inclusivo y, en
cierto sentido, también universal. No hay nada que se deba excluir, poner en la oscuridad o negar.
Se consideran positivamente las debilidades y las contradicciones de la vida humana y se asume la
responsabilidad, también, por lo negativo. Todo se vuelve una posibilidad para madurar y crecer”139.
Así pues, en esta tradición, el humanismo Franciscano se ha centrado en pensar al ser humano,
no como un individuo ni como un animal racional, sino esencialmente como persona, en todas las
dimensiones que la componen. San Buenaventura desarrolló su reflexión al respecto en el marco
de su Commentarius in I librum Sententiarum14, en donde piensa a la persona humana en el contexto
trinitario y cristológico, concibiéndola de manera análoga a las personas divinas. El Seráfico Doctor
se refiere allí a la persona humana como ser en relación. Él subraya que la persona es, porque es
para el otro (“Persona est ad alium, ideo generatur et refertur”15), “(...) puesto que su ser Imago
Trinitatis la capacita y la induce a donarse a los demás y, simultáneamente, a abrir el corazón para
recibir y acoger a los otros.”16 Por ende, desde la perspectiva filosoficoteológica de Buenaventura,
el hombre encontrará su verdadero ser en el viaje interior (itinerarium) que le llevará a abrirse al
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Otro (Dios), encontrando su realidad, su sustancia —léase qui est –, en su similitud con Él.17 Para
San Buenaventura se trata de acordar al hombre un status viae: es decir, verlo como peregrino
entre dos mundos que existencialmente es un proyecto para un futuro trascendente18.
De manera que, si el humanismo franciscano está en condición de ofrecer una respuesta
existencial a los hombres y mujeres actuales, atormentados por el individualismo, la indiferencia y
la desesperanza crecientes, es gracias a una cosmovisión que está centrada en el ser humano como
ser relacional, esto es, como persona, y gracias a ello permite sentar las bases para promover el
encuentro del ser humano consigo mismo, con los otros y con la naturaleza inspirado por un
profundo sentido de comunidad.
De acuerdo con lo anterior, puede decirse que el humanismo franciscano se caracteriza por los
siguientes rasgos esenciales:
• Promueve la fraternidad universal entre los seres humanos en la medida en que son todos
hijos a imagen y semejanza del mismo Dios padre.
• Exhibe un modo de tratar la realidad inmediata en la que se vive, tal que la cotidianidad es
oportunidad y ocasión constante para fortalecer los lazos de cercanía y fraternidad con
todos los que nos rodean (valor ético-religioso).
• Asume un modo de interpretar y de sentir el mundo como manifestación de lo sagrado (valor
gnoseológico-estético)19.
• Finalmente, estos modos o maneras de existir se reflejan en un modo de vivir (valor
existencial) y un modo de decir (valor semántico) caracteristicos20.
De tal manera que concebir las bases para la formación humanística en la Universidad de San
Buenaventura bajo los auspicios del humanismo franciscano implica buscar inspiración en el
testimonio de vida que Il Poverello de Asís ha dejado para la posteridad, para, en concordancia con
este, definir la tarea formativa que le corresponde realizar a la Universidad, y que, bajo este signo,
no puede ser otra que la de formar personas con un gran sentido fraterno hacia sus semejantes,
que vivan su cotidianidad con devoción y espiritualidad, y que sepan relacionarse con sensibilidad
y con respeto hacia todas las creaturas que les rodean. A esta tarea deberá, pues, estar dirigida la
formación humanística en la Universidad de San Buenaventura, es decir, la formación que en el
campo de las Humanidades es promovida por la Universidad en todos los niveles académicos.
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Buenaventura con la sociedad colombiana de formar profesionalmente a las jóvenes generaciones
del país en consonancia con los principios y los valores característicos de la tradición católica,
franciscana y bonaventuriana de la institución. De manera que como personas íntegras, formadas
en una universidad identificada por ese triple talante, los egresados no solamente se distingan en
la sociedad que los acoge por su capacidad para desempeñarse con solvencia, rigor y eficacia en
sus respectivos campos profesionales, sino que, sobre todo, lo hagan movidos por un sincero y
profundo sentido de servicio, humildad y fraternidad hacia sus congéneres, tal como el mensaje
evangélico encarnado en la figura de Francisco de Asís —en su perenne actualidad— llama a hacerlo.
En efecto, el PEB pone especial acento en la importancia que tiene para la institución el que cada
una de sus decisiones, acciones y normativas obedezca a principios humanistas de corte franciscano
que permitan instaurar la fraternidad, el respeto, el servicio, la simpatía y las buenas maneras que
hagan posible ver la vida con optimismo y alegría. Así pues, esta declaración de principios que se
encuentra en el PEB, y en la que descansa la identidad institucional, no puede dejar de verse
reflejada en la formulación de sus políticas corporativas, más aún si —como en el presente caso—,
se trata de una política que pretende, precisamente, asegurar las condiciones para que, tanto en la
sede como en las seccionales, sea ofrecida a los estudiantes de la Universidad de San Buenaventura
una excelente formación humanística, como sello identitario que dicha formación ha de ser del
humanismo que inspira e impregna el quehacer de la institución toda. Es, pues, condición ineludible
para la formulación de esta política corporativa tener siempre en el horizonte tales principios
institucionales, sobre cuya base se busca fijar el sentido, los objetivos, la organización y las
estrategias académicas, pedagógicas y administrativas que reclama una formación humanística a
la altura del compromiso institucional asumido.
Sea aquí la ocasión para señalar que la vocación humanista de la Universidad de San Buenaventura,
a la cual busca corresponder la presente política corporativa, hace también eco de lo que la
Congregación para la Educación Católica de la Iglesia ha dejado consignado en un significativo
documento del año 2017 titulado: “Educar para el humanismo solidario. Para construir una «
civilización del amor » 50 años después de la Populorum Progressio” 21, texto en el que la Iglesia
reflexiona y sienta posición sobre el espíritu que debe conducir la educación impartida en las
instituciones católicas. Alertando sobre el peligro de que la formación se vea reducida a un proceso
de adiestramiento del individuo, y llamando más bien a la necesidad de “humanizar la educación”,
la Congregación invita a “transformarla en un proceso en el cual cada persona pueda desarrollar sus
actitudes profundas, su vocación y contribuir así a la vocación de la propia comunidad. «Humanizar
la educación» significa poner a la persona al centro de la educación, en un marco de relaciones que
constituyen una comunidad viva, interdependiente, unida a un destino común. De este modo se
cualifica el humanismo solidario”. Más adelante el texto añade: “(…) Una educación humanizada,
por lo tanto, no se limita a ofrecer un servicio formativo, sino que se ocupa de los resultados del
mismo en el contexto general de las aptitudes personales, morales y sociales de los participantes
en el proceso educativo. No solicita simplemente al docente enseñar y a los estudiantes aprender,
21. Tomado de http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/ccatheduc/index_sp.htm. Sitio consultado el 23 de octubre de
2019.
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más bien impulsa a todos a vivir, estudiar y actuar en relación a las razones del humanismo solidario.
No programa espacios de división y contraposición, al contrario, ofrece lugares de encuentro y
de confrontación para crear proyectos educativos válidos. Se trata de una educación —al mismo
tiempo— sólida y abierta, que rompe los muros de la exclusividad, promoviendo la riqueza y la
diversidad de los talentos individuales y extendiendo el perímetro de la propia aula en cada sector
de la experiencia social, donde la educación puede generar solidaridad, comunión y conduce a
compartir”22.
Por su parte, Juan Pablo II consideró en su Constitución apostólica Ex Corde Ecclesiae, recordando
una bella expresión de Pablo VI, que en cuanto “experta en humanidad”, la Iglesia debe apoyarse en
su rico patrimonio humanístico para promover que en las universidades católicas se investiguen los
misterios del ser humano y del mundo a la luz de la Revelación. Concretamente, el Pontífice afirma
que la “Universidad Católica comparte con las demás universidades aquel gaudium de veritate, es
decir, el gozo de buscar la verdad, de descubrirla y de comunicarla en todos los campos del
conocimiento. Por lo tanto, la tarea de la Universidad católica es unificar existencialmente en el
trabajo intelectual dos realidades: la búsqueda de la verdad y la certeza de conocer ya la fuente de
la verdad. Los objetivos que orientan a esta integración del saber, ya sea en el plano horizontal
–interdisciplinario– como en el plano vertical –la apertura de cada disciplina a la Filosofía y a la
Teología– constituyen el corazón de la universidad: es la búsqueda y comunicación desinteresada
de la verdad y no la sola enseñanza de las profesiones o el conocimiento aplicado”23.
Evidentemente, estos preceptos a los que se refiere la Iglesia acerca de lo que tendría que ser una
educación orientada, por un lado, por el amor a la verdad, y, por otro lado, no hacia el individualismo
sino hacia el humanismo solidario, guarda profundas coincidencias con la visión franciscana de la
educación expresada en el PEB, al insistirse en ambos casos en que esta debe acordar a la persona un
lugar de centralidad en el proceso formativo, lo cual pasa necesariamente por dar reconocimiento
a su carácter relacional, su singularidad única, su concreción y situación específicas, como factores
determinantes del tipo de formación que debe serle propuesta, esto es, una formación siempre
atenta y en respuesta a su contexto personal. Así pues, es evidente que una propuesta de formación
humanística en una universidad católica, franciscana y bonaventuriana como la nuestra, debe
resonar estrechamente con este llamado que se hace desde las altas instancias de la Iglesia para
que en sus instituciones se formen personas con un marcado sentido de solidaridad, especialmente
hacia sus hermanos menos privilegiados de la sociedad, a la vez que se cultive un sentimiento de
respeto y reconocimiento de la pluralidad y diversidad humanas.
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Cristiano”24. Ahora bien, a la vez que portadora de oportunidades para el encuentro intercultural y
el diálogo fraterno e interreligioso, esta diversidad de visiones que caracteriza el presente supone
grandes retos para la labor educativa que se lleva a cabo en las instituciones franciscanas, y llama
a repensar en este contexto diverso y cambiante el modelo de formación que debe ser promovido
en los centros de estudio y educativos de la Orden. El momento histórico llama, en efecto, a ser
creativos y a proponer nuevas formas de llevar a la sociedad el mensaje católico y franciscano de
entendimiento entre los hombres: “Es una certeza que estamos viviendo no solamente una época
de cambios, sino un cambio de época, marcada por otros paradigmas o modelos de persona, de
familia y de sociedad y, en consecuencia, de sistemas educativos. Nuestra opción fundamental de
vivir y anunciar el evangelio se encuentra, por lo mismo, inmersa en estos cambios significativos,
lo cual exige una seria revisión de nuestra misión “y la osadía de ensayar caminos inéditos de
presencia y testimonio”25. La formación humanística en la Universidad de San Buenaventura no
puede entonces sustraerse a esta necesidad de comprender y sintonizar, a partir de los principios
católicos y franciscanos, con los avatares del mundo contemporáneo, abriéndose a otros lenguajes
y formas de expresión del espíritu humano.
En este sentido, conviene recordar que en conformidad con el Estatuto Orgánico de la Universidad
(2015), el CIDEH es una unidad académica adscrita a la recientemente creada Vicerrectoría para
la Evangelización de la Culturas —VEC—26. Así las cosas, el papel del CIDEH debe ser concebido
en directa relación con las funciones asignadas a esa Vicerrectoría, una de las cuales resulta de
relevancia particular para la formulación de la actual política corporativa para la formación
humanística. Es esta la de “velar por el diálogo respetuoso entre la fe, la ciencia y la razón” (Estatuto
Orgánico, 2015, p. 39). Efectivamente, se deriva de esta afirmación una suerte de consigna que el
CIDEH parece tener que asumir como el motivo primero y último de su propuesta académica: hacer
entrar en conversación los diversos caminos que han sido y siguen siendo transitados por el espíritu
humano en su inacabable búsqueda por dar sentido y forma al mundo en el que se desarrolla su
existencia. A partir de aquí parece obligatorio concebir al CIDEH como un espacio interdisciplinario
en el que todo estudiante de la Universidad de San Buenaventura (esté o no cursando programas
24. Secretariado para la Evangelización. “Id y Enseñad. Directrices generales para la educación franciscana”. Roma: 2009, p. 3.
25. Ibíd., p. 13.
26. Entre las funciones de esta Vicerrectoría se encuentra: “Orientar, coordinar y evaluar el desarrollo de los procesos del
Centro Interdisciplinario de Estudios Humanísticos (CIDEH) y la Pastoral Universitaria, para que estén de acuerdo con la filosofía
bonaventuriana y la identidad franciscana” (p. 39)
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académicos en el área de las Humanidades), tendrá el privilegio de acceder a una multiplicidad de
visiones y formas de representar la realidad que han dejado huella en la historia de la humanidad,
de familiarizarse con la variedad de lenguajes y de discursos, tanto espirituales, científicos y
artísticos que conforman el núcleo del patrimonio cultural de la humanidad, en fin, la oportunidad
de reconocerse a sí mismos como siendo los herederos y responsables de una enorme riqueza
espiritual, cultural y científica que le ha sido legada, y a partir de la cual puede apropiarse el presente
e inventar el futuro.
Finalmente, como parte del marco jurídico en el cual se inscribe la presente política corporativa
para la formación humanística en la Universidad de San Buenaventura, es importante subrayar su
concordancia con lo establecido por el Ministerio de Educación Nacional —MEN—, en particular
en el Decreto 1330 del 25 de Julio de 2019. Allí se establece la necesidad de que las instituciones
de educación superior cuenten con claras políticas institucionales que orienten y faciliten el logro
de sus objetivos por parte de los diferentes estamentos. Tales políticas, señala el Decreto, deben
reflejar su coherencia con la naturaleza jurídica, tipología, identidad y misión institucional, todo lo
cual es lo que se ha querido explicitar en lo dicho anteriormente. De otro lado, el mismo Decreto
establece que: “La institución deberá dar cuenta de la existencia, implementación, aplicación y
resultados del cumplimiento de las siguientes políticas institucionales: 1. Políticas académicas
asociadas a currículo, resultados aprendizaje, créditos y actividades” (p. 8). Así pues, es materia
de un capítulo posterior definir los mecanismos previstos por la Universidad de San Buenaventura
para evaluar los resultados a los que, en la sede y en las seccionales, dé lugar la puesta en marcha
de la política corporativa que aquí se propone.
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3.2. El ser humano en relación
Asumiendo la realidad relacional del ser humano, con Dios, consigo mismo, con el otro, con el mundo
y con los acontecimientos de la historia, el franciscanismo propone la fraternidad y la minoridad
como una forma de vida o un modo de relacionarse opuesto a todo intento de apropiación y
dominación de las personas (no debe confundirse con algún complejo de inferioridad o menosprecio
de sí mismo). Bajo esta perspectiva, la formación humanística animada por este principio debe
promover las relaciones con los otros dentro de un espíritu de simplicidad y de servicio que permita
acercarse al otro con el corazón desarmado y dispuesto a descubrir su misterio inherente, todo lo
cual implica una formación orientada hacia la consecución de la paz y el bien entre las personas.
Hace referencia a la visión del ser humano como un proyecto inacabado y, por ende, como un ser en
permanente construcción, proceso que lo lleva a recorrer junto a otros un camino de desarrollo de
sus dimensiones y potencialidades. Bajo este principio, la formación humanística ha de asumirse
como parte de dicho proceso continuo, por lo cual debe ofrecer un acompañamiento constante y
extendido en el tiempo, facilitando escenarios y experiencias de formación que permitan a
estudiantes, profesores, administrativos y egresados, la continuación de su proceso formativo en
las distintas etapas de la vida.
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3.7. Amor a la verdad
Llegar a la verdad implica emprender un paciente itinerario de búsqueda, personal y en comunidad,
para tener una experiencia de encuentro con el objeto de su estudio. Bajo esta perspectiva, la
ciencia es entendida ante todo como un camino que se sigue para buscar, encontrar y dejarse
encontrar por la verdad. Ahora bien, la ciencia, como búsqueda e investigación cognoscitiva, debe
ir acompañada de un compromiso existencial “de amar la más alta sabiduría”, lo que envuelve la
totalidad de la persona, es decir, sus dimensiones racional, espiritual y afectiva. En este sentido, la
formación humanística desde la perspectiva bonaventuriana debe sentar las bases para entrar en
un diálogo de mutuo respeto entre la fe, la ciencia y la razón, como caminos de búsqueda de la
verdad y la sabiduría. Esto implica que ha de fomentar una formación plural e interdisciplinaria que
responda a principios de integridad científica y de responsabilidad ética.
4. Objetivos
4.1. Objetivo general
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4.2. Objetivos específicos
A esta línea pertenecen las acciones institucionales que apuntan a garantizar la oferta de cursos en
el área de las humanidades para todos los programas académicos ofrecidos por la Universidad,
asignando, cuando sea necesario, un número mínimo de créditos académicos como parte del
componente de formación y desarrollo humano previsto en cada programa. Igualmente, esta línea
promueve la formulación de estrategias pedagógicas y propuestas curriculares novedosas que, en
el horizonte del humanismo franciscano, contribuyan a la formación humanística de todos los
miembros activos de la comunidad educativa bonaventuriana.
5.3. Investigación Humanística
Conforman esta línea todas las acciones e iniciativas institucionales que están encaminadas al
fortalecimiento de la investigación en el campo de las humanidades (apoyo financiero, convocatorias
internas, convocatorias externas, pasantías, etc.), como muestra visible del compromiso de la
Universidad con el desarrollo de este campo del saber, así como aquellas acciones que promuevan
de manera especial la formulación de proyectos de investigación en lo que se desarrolle y profundice
en aspectos centrales del pensamiento y el humanismo franciscanos.
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5.4. Praxis Franciscana
En esta línea encuentran lugar las iniciativas institucionales que buscan garantizar la oferta de
programas de extensión bajo diferentes modalidades, cuya justificación, concepción y desarrollo
se apoye de manera explícita en los principios del humanismo franciscano establecidos en la
presente política. También incluye todas aquellas iniciativas de proyección social que busquen dar
espacio a la praxis franciscana para que, puesta en ejercicio en contextos sociales que lo requieren,
contribuya positivamente en la construcción del tejido social.
5.5. Convivencia y Bienestar
Incluye todas las iniciativas institucionales que busquen generar espacios de interacción entre los
miembros de la comunidad educativa bonaventuriana, orientados al fortalecimiento de las
relaciones interpersonales y los lazos de pertenencia, la construcción de escenarios favorables para
la sana convivencia y para el bienestar.
6. Responsables
La Universidad de San Buenaventura es la garante principal, responsable del respeto y cumplimiento
de esta Política Corporativa.
Las vicerrectorías para la evangelización de las culturas son las responsables del seguimiento a los
indicadores de resultado e impacto, fijados para el seguimiento de la Política Corporativa para la
Formación Humanística.
Las Vicerrectorías para la Evangelización de las Culturas deben hacer seguimiento a la política
desde las siguientes estrategias:
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de la formación humanística.
• Definir y llevar acciones de diagnóstico e implementación de indicadores de gestión.
• Consolidación de una estructura organizativa que fortalezca la gestión de la formación
humanística en la Universidad.
• Seguimiento y evaluación de indicadores de gestión.
Para tal propósito, la Vicerrectoría para la Evangelización de las Culturas genera un plan estratégico
que permitirá el cumplimiento de lo determinado en esta política para la formación humanística,
como está expresado en estas estrategias de seguimiento y evaluación.
8. Referencias
Ex Corde Ecclesiae. Constitución Apostólica del Sumo Pontífice Juan Pablo II Sobre las Universidades
Católicas. Librería Editrese Vaticana.
Freyer, J. B. (2008) Homo Viator, L’uomo alla luce della storia della salvezza, Un’antropologia teológica
in prospettiva francescana, EDB, Bologna.
Herrera, D. (2007). Fundamentos filosóficos de una pedagogía franciscana. Itinerario Educativo. No.
50. Año XXI, p. 30.
Merino, J. A (1985). Manifiesto franciscano para un futuro mejor. Madrid. Ediciones Paulinas.
Salto Sola, E. (2018). Leer la realidad en clave trinitaria: el desafío antropológico que plantea San
Buenaventura al mundo contemporáneo. Bogotá. SED.
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