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A fio ll—Núm.

13 Septiembre: 1903

de Jíisiovia, y ydntigüedades
ORGANO DE LA ACADEMIA DE HISTORIA NACIONAL
Director, PEDRO M. EBAÍÍEZ

Bogotá — República de Colombia

ACTA DE LA SESION DEL 15 DE AGOSTO DE 1903


Presidencia del socio Francisco de P. Barrera.

Presentes los Sres. Barrera, Cordobés Moure, Ibáñez,


León Gómez, Moros, Pombo y Vargas Muñoz, declaró abier­
ta la sesión el Sr. Presidente, conocidas las excusas de los
Sres. Alvarez Bonilla, Caycedo, Cortés, Fonnegra, Mejía, Res­
trepo, Posada, Quijano, Restrepo Sáenz y Restrepo Tirado.
Aprobada el acta de la sesión se dio lectura á una nota
del Sr. Ministro de Instrucción Pública, en la cual aprueba lo
solicitado por la Aéademia, de que sean sus miembros de nú­
mero cuarenta en vez de treinta, número fijado antes por el
mismo Despacho, y concede también su aprobación á los nom­
bramientos hechos en los Sres. Francisco de P. Borda, de
miembro correspondiente por el Departamento de Cundina-
marca, y del Dr. Ricardo Becerra, de miembro honorario
de la Corporación.
Los Sres. Moros y Pombo dieron cuenta de que el Dr.
José Joaquín Casas se excusaba, por motivos de salud, de
tomar posesión de su puesto de miembro de número en esta
fecha y pedía mayor plazo, que le fue concedido, para pre­
parar el elogio del Sr. Dr. Guerra Azuola. La Presidencia dio
gracias á los señores comisionados por el interés que han to­
mado en el desempeño de su misión, y dispuso que tal acto
constara en esta relación.
El Sr. Vargas Muñoz obtuvo la palabra y propuso lo
que sigue:
“ Nómbrase miembro de número de la Academia al Sr.
Dr. Antonio José Uribe. Solicítese del Gobierno la aproba­
ción de esta designación. Suplíquese al Dr. Uribe que se sirva
presentar un trabajo sobre historia nacional ó dictar una con­
ferencia sobre igual tema el día de su recepción.”
Esta moción fue aprobada con plenitud de votos.
i
2 BOLETÍN DE HISTOEIA ¥ ANTIGÜEDADES

El socio Sr. Moros, á nombre de la Comisión encargada de


diseñar el diploma y escudo distintivos de la Academia, ma­
nifestó que ella aún no había terminado su trabajo por haber
tenido que hacer estudios de coloridos y consultas de herál­
dica que habían requerido considerable tiempo.
A las nueve de la noche se levantó la sesión.

El Presidente, Fr a n c is c o d e P. Ba r r e r a .

El Secretario, Pedro M. Ibáñez.

ACTA DE LA SESION DEL 1° DE SEPTIEMBRE DE 1903


Presidencia del Dr. Eduardo Posada.

Respondieron á la lista los Sres. Cortés, Guerra, Ibáñez,


León Gómez, Manrique, Pombo, Posada y Vargas Muñoz, y
se excusaron oportunamente los socios Alvarez Bonilla, Cuer­
vo Márquez, F'onnegra, Mendoza, Quijano y Restrepo Tirado.
Aprobada y firmada el acta de la sesión anterior, leyó el
Secretario notas oficiales, suscritas por los Sres. Dres. Anto­
nio José Uribe y Manuel Uribe Angel, en las cuales comuni­
can á la Academia que aceptan los puestos de rtíiembro de
número el primero, y de correspondiente en el Departamento
de Antioquia el segundo, designaciones aprobadas por el Go­
bierno.
Se dio lectura en seguida á un boceto biográfico del no­
table hombre público D. Juan de Dios Aranzazu, escrito por
el socio correspondiente Dr. Ramón Correa; y el Sr. Biblio­
tecario comunicó á la Corporación que había sido encargado
por el Dr. Alvarez Bonilla, quien estaba imposibilitado para
concurrir á esta sesión, para dar lectura á un estudio sobre el
procer de la independencia D. Jerónimo Torres y Tenorio,
trabajo que presenta como conferencia, de acuerdo con lo
resuelto en la anterior sesión.
Comunicó el Secretario que el socio D. Francisco de P.
Barrera se excusaba de presentar en la sesión del día 15 de
este mes el estudio histórico sobre que debe dictar conferen­
cia en dicho día, por tener recargo de trabajo oficial como
miembro de la Cámara de Representantes, y que pedía se le
prorrogase el tiempo para hacerlo. A moción de los Sres.
León Gómez y Posada dispuso la Academia, por unanimidad
de votos, que no se acepta la excusa de que se trata, por ser
NOTAS OFICIALES 3

obligatorio el desempeño del trabajo en cuestión á todos los


miembros de la Academia, por riguroso orden alfabético.
El socio Sr. Guerra pidió que de nuevo se le diga al Sr.
Dr. Casas que debe fijar el día en que al recibirse haga el
elogio del socio á quien entra á reemplazar, indicación que
fue aprobada.
Vargas Muñoz hizo presente que la mayor parte de los
miembros de número no han cumplido con el deber de donar
libros á Ja Biblioteca, y que por tal motivo no presentaba la
lista de los donados ya para que se publique en el Boletín,
como está ordenado. El Sr. Presidente dispuso que el Bi­
bliotecario excite á los que no hayan cumplido á que llenen
este deber. No habiendo asunto pendiente se levantó la se­
sión á las nueve de la noche.
El Presidente, Ed u a r d o Po s a d a .
El Secretario, Pedro M. Ibáñez.

NOTAS OFICIALES
Medellín, 25 de Junio de 1903.

Al Sr. Secretario perpetuo de la Academia Nacional de Historia.—Bogotá.

Muy estimado señor mío y compatriota:


Aviso á usted recibo de la atenta nota que me dirigió
en fecha 21 de Marzo del año en curso y á ella doy contes­
tación.
Ayer 24 recibí el documento á que aludo, y si usted com­
para fechas, verá que han pasado tres meses antes de que
llegue á mis manos la misiva de usted. Debo hacerle esta ex­
plicación, porque ninguna notificación oficial había recibido
antes, y porque no quiero que mi silencio sea interpretado por
usted y por la Academia como descortesía de mi parte.
Usted, Sr. Secretario, me dice que la honorable Acade­
mia por voto unánime y con aprobación del Sr. Ministro de
Instrucción Pública ha tenido á bien nombrarme su miem­
bro correspondiente para el Departamento de Antioquia. A
este nombramiento agregó la Academia el de los Sres Dres.
D. Alvaro Restrepo Euse y D. Ramón Correa, elección que
me parece acertada, porque conozco la gran capacidad de
esos caballeros.
En su nota de usted agrega que la Academia me ha
honrado con tal nombramiento atendiendo á mi patriotismo
BOLSTTN DK HI8T0BIA Y ANTIGÜEDADES

y al entusiasmo con que he mirado siempre el adelanto de


Colombia, y que en tal virtud se espera que mi nombre ocu­
pará alto puesto entre los obreros que dedican su labor al
cultivo imparcial de la historia patria.
Ha de saber usted, Sr. Secretario, que por efecto de mi
avanzada edad y de mis enfermedades habituales, mi poca in­
teligencia se ha debilitado mucho. Yo no veo para leer y
compulsar documentos ; no puedo escribir para redactar bien,
y por tanto desconfio mucho de poder ser útil á esa ilustre
Academia. Haré, sin embargo, todos los esfuerzos posibles á
fin de corresponder, siquiera sea en parte, á la muy elevada
distinción con que se me ha favorecido.
Acepte usted, se lo ruego, las profundas consideraciones
de estimación y respeto con que soy su muy atento servidor
y compatriota.
Por el Dr. Manuel Uribe A.,
Luis G. Jo h n s o n .

República de Colombia.—Ministerio de Instrucción Pública.


Sección i?—Número 612.—Bogotá, 4 de Agosto de 1903.

Sr. Secretario de la Academia Nacional de Historia.

Comunico á usted, para que se sirva ponerlo en conoci­


miento del Sr. Presidente de esa Corporación, que este Mi­
nisterio aprueba lo solicitado en su atenta nota de 3 de los
corrientes, y los nombramientos hechos en los Sres. Francisco
de P. Borda y Dr. Ricardo Becerra para miembros de la
Academia.
Dios guarde á usted.
An t o n io Jo s é Ur ib e .

Ministerio de Instrucción Pública—Bogotá, 20 de Agosto


de 1903.
Sr. Dr. D. Pedro M. Ibáñez, Secretario de la Academia Nacional de Historia.
E. L. C.

He tenido el gusto de recibir la atenta nota de usted en


la cual se sirve comunicarme que la Academia Nacional de
Historia, de que es usted muy digno Secretario, tuvo á bien
EL NOBLE DEFENSOR DEL GBNERAL OBANDO 5

elegirme, en su última reunión y por unanimidad de votos,


miembro de número de ella.
Acepto profundamente agradecido el honor que la Aca­
demia me dispensa, y ruego á usted que se digne manifestar
á la docta Corporación mi sincero testimonio de reconoci­
miento.
Muy grato me es suscribirme de usted atento, seguro
servidor y colega,
An t o n io Jo s é Ur ib e .

República de Colombia.—Ministerio de Instrucción Pública—


Sección i?— Número 632—Bogotá, 22 de Agosto de 1903.
Sr. Secretario de la Academia Nacional de Historia.

Comunico á usted, para el conocimiento de esa honorable


Corporación, que este Ministerio aprueba la designación del
Sr. Dr. Antonio José Uribe para miembro de número de la
misma.
Dios guurde á usted.
Por el Ministro, el Subsecretario,
Sa m u e l Ra m ír e z Ar b e l á e z

EL NOBLE DEFENSOR DEL GENERAL OBANDO


EN EL ASESINATO DEL GRAN MARISCAL DE AY ACUCHO É
INICIADOR DE LA APERTURA DEL CANAL DE PANAMÁ
EN 1851.

El célebre autor de esos dos clásicos hechos fue D. Ma ­


n u e l CÁRDENAS, oriundo del Cauca, insigne y castizo escritor,
de estilo ameno, razonador, polemista, competidor de D. An ­
t o n io Jo s é Ir is a r r i y redactor de varios periódicos como
El Constitucional del Chocó, El Indígena Chocoano, etc. etc,
que publicó en Quibdó por los años de 1834 á 1835.
Como escritor público, poeta epigramático, y autor de
varias cartas privadas, en las cuales se revela, todo entero,
su generoso corazón como hombre de hogar y afectísimo y
sincero en las relaciones con los miembros de su familia.
Publicó varias piezas en Lima, escritas en defensa del
6 BOLETIN DB HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

Ge n e r a l Ob a n d o , hace cincuenta años, no es mi ánimo pro­


mover nuevas discusiones sobre aquel nefando crimen de lesa
América, juzgado ya por la historia, ni lastimar reputaciones,
censurar ó sincerar la conducta del defensor y la del acusado,
sino únicamente dar á conocer, en pocas palabras, al galano
escritor, su índole y sus crueles infortunios.
En el año de 1841 acompañó á su amigo el GENERAL
OBANDO desde Pasto hasta Lima, en asocio de los señores
Jo s é Ma r ía Cé s pe d e s . Ig n a c io Ca r v a ja l , Fid e l To r r e s
y JOSÉ Es pa ñ a , en la emigración de la Nueva Granada por
el río Putumayo, con el objeto de que Obando se asilase en
aquella ciudad, huyendo de las persecuciones del Gobierno
de su país, á causa del crimen que se le imputaba á él, por
el asesinato perpetrado en la persona del Gran Mariscal de
Ayacucho.
En los años de 1842 á 1848 publicó en Lima el Sr. Cár­
denas tres obras muy notables—casi agotadas desde enton­
ces—en defensa y bajo la firma del General Obando, titu­
ladas así:
1? Apuntamientos para la historia, ó sea manifestación
que el General José' María Obando hace á sus contemporáneos
y á la posteridad del origen, motivo, curso y progresos de la
persecución que ha sufrido y de los consiguientes trastornos po­
líticos de la Nueva Granada, durante las administraciones
intrusas principiadas en 1837.
2? Los acusadores de Obando juzgados por sus mismos
documentos, y Obando vindicado por los de sus mismos calum­
niadores en el asesinato de Sucre, y
3? El General Obando á la historia crítica del asesi­
nato del Gran Mariscal de Ayacucho, publicada por el Sr.
Antonio José Itisarri.
En el año de 1851 inició el proyecto de apertura de un
canal que uniera los mares Alántico y Pacífico por un tra­
yecto corto y fácil de excavarse, que él mismo estudió sobre
el terreno durante mucho tiempo y á él solamente le era co­
nocido. Para llevar á cabo esta empresa, el Congreso de la
Nueva Granada le concedió un privilegio (Ley de 18 de Ju-
n*° de ^5 0 Por el cual se establecen los límites fijados en la
petición hecha por el mismo Sr. Cárdenas, así:
“ Por el Atlántico, desde las bocas del río Atrato, en el
Golfo de Urabá, hasta una legua más arriba de la confluen­
cia del no Napipí; y por el lado del Pacífico, desde el paralelo
8 hasta la punta de San Francisco Solano.”
Estando á la sazón en Panamá, á su regreso de Califor­
nia, en donde residió cerca de tres años, trabajando con mu­
BASOOS CARACTERÍSTICOS DE D. MARIANO OSPINA 7

chas fatigas y sin fruto alguno, recibió en aquella ciudad el


privilegio, y de allí se dirigió á Londres con el objeto de bus­
car fondos sobre él, ó negociarlo en caso de que no los ha­
llase. En efecto, según me dijo entonces su hermano D. Bo­
nifacio, lo vendió allí condicionalmente en £ 100,000, re­
cibiendo, además, algunas acciones que la Compañía empre-
saria debía emitir, siempre que obtuviera la modificación
de un artículo de la ley. Con el fin de recabar esta mo­
dificación del Congreso de 1852, y á la vez para ocupar el
asiento de Senador elegido por el Cauca, resolvió regresar á
su patria, y lo verificó en el vapor Amazonas, que zarpó de
Southampton en Enero de aquel año, y se incendió á sesenta
millas de las costas de Inglaterra ; siendo de notar que de
toda la tripulación y de ciento ochenta pasajeros que llevaba
á bordo, solamente se salvaron cuatro, y uno de éstos, belga,
me dijo en París lo siguiente : “ que alcanzó á ver por última
vez y por pocos momentos, desde el bote donde él se salvó,
al Sr. Cardenás (así pronunciaba ese apellido), sobre la cubier­
ta, envuelto en llamas, á tiempo que el Océano se tragaba con
sus olas al Amazonas.” En ese inmenso piélago—¡ digna tum­
ba de aquel eximio varón !—quedaron sepultados él, su privi­
legio, su historia, su porvenir, sus esperanzas y acaso su nom­
bre, casi olvidado, si no existiera muy vivo, inextinguible en
la memoria y en el corazón de sus deudos.
Fiel al noble sentimiento de la amistad, D. Manuel Cár­
denas sacrificó en vano y con heroico esfuerzo al honor del
General Obando, su reposo, su tranquilo hogar, familia, for­
tuna, patria, todo, todo hasta su preciosa existencia, expirando
como mártir del cristianismo en un horroroso tormento, sin
serle dable elegir el género de muerte en este horrible dilema
que tenía á su vista ¡ fuego ó agua ! y fue víctima á la vez de
estos dos elementos.
Ce c il io Cá r d e n a s .

RASGOS CARACTERISTICOS
DE D. MARIANO OSPINA
( Prólogo de un libro).

¿ Quién era este personaje tan calumniado en los tiem­


pos borrascosos en que le tocó vivir, como mal comprendido y
estimado aun por muchos individuos que se decían de su
misma escuela ?
8 BOLETIN DB HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

Nosotros, que le conocimos muy de cerca, tratándole


con mucha intimidad y confianza, no sin bastante dosis de
consideración y respeto, por el espacio de los último trece
años de su existencia, sin considerarnos con las dotes sufi­
cientes para hacer un retrato acabado del personaje, tratare­
mos, por lo menos, de trazar un breve bosquejo que sirva de
base para que pluma más autorizada y competente pueda
apreciarle con amplio criterio de justicia, según la importan­
cia de sus aptitudes, servicios, virtudes y merecimientos, no
sólo en su condición de jefe de familia, sino en sus múltiples
dotes de hombre público, como educador, periodista, legisla­
dor, gobernante y amador del progreso de la civilización cris­
tiana.
Nos parece que bien podría definírsele y bosquejar su
retrato por medio de los siguientes

RASGOS GENERALES
I
Era D. Ma r ia n o de estatura un poco mayor que la
mediana ; cuerpo más bien delgado que grueso; ancha y lige­
ramente encorvada la espalda ; cara adornada de rasgos indi­
cativos de energía y firmeza; ojos proporcionados, de mirada
viva, calmada, suave y penetrante; nariz larga y noble; la­
bios bien cortados, no demasiado gruesos; cabeza de rela­
tiva magnitud, bastante abultada, muy bien desarrollada y
correcta, formando en las regiones superior y occipital un
arco de círculo bien marcado y hermoso ; los parietales volu­
minosos y trazo casi perpendicular; frente amplia y promi­
nente en la parte próxima á los ojos y suavemente inclinada
hacia atrás en la región superior, á medida que se acercaba á
la calva y se confundía con ella; los pómulos salientes, la
piel blanca y de un tenue sonrosado; barba poblada y en
tiempos remotos siempre afeitada y coposa, larga y cana en
la vejez, lo cual contribuyó mucho en esta época de la vida á
imprimir al rostro, de suyo autorizado é imponente, muy ve­
nerable aspecto; cabello sin partido, peinado hacia atrás y
con frecuencia largo en la parte próxima al cuello ; manos
aristocráticas, bien proporcionadas, blancas y delicadas; los
pies con el juanete notablemente pronunciado y no poco
atormentados por los callos, lo que le mortificaba, haciéndole
tambalear el cuerpo, sobre todo cuando marchaba con rapidez,
al cruzar calles empedradas ó abundantes en piedra suelta.
Su vestido era muy uniforme : todavía llaman en Bogo­
tá chaleco á lo D. Mariano el que él usaba, cerrado hasta el
RA8G0B 0ARA0TKKISTI008 »B D. MARIANO OSPINA 9

cuello en los confines de la corbata, provisto de una larga


hilera de botones ; pantalón y levita de paño negro, cuando
estaba de recibo; iba á visitas de poca confianza, al templo y
á las corporaciones públicas y demás funciones de ceremonia;
sombrero de copa, el cual, según la disposición de la cabeza,
le quedaba casi siempre mal acondicionado ; y en casa usaba
chinelas, gorro y saco á la americana, de color obscuro, el
cual le servía también para ir á paseo por las vías carreteras y
para presentarse de visita en las casas de parientes allegados
y demás amigos de íntima confianza; usaba paraguas ó bas­
tón, que llevaba generalmente debajo del brazo, y sólo se
apoyaba en él cuando la exacerbación de los callos y la aspe­
reza del piso se lo exigían. Ponía de continuo mayor esmero
en el aseo interior del cuerpo que en los pormenores externos
del vestido, en lo cual tenían que irle un poco á la mano sus
allegados.
II
Su vida en familia era muy patriarcal, ordenada, meto
dica y sencilla. Se levantaba después de las ocho, á menos que
el deber ó alguna ocupación urgente le llamara más tempra­
no. Era de vérsele presidiendo la mesa como buen jefe de
casa, con la naturalidad y sencillez peculiares al patriarca, de
todos acatado y obedecido, pero al propio tiempo con la cul­
tura y cortesía del cumplido caballero. Le gustaba servir y
obsequiar á los demás, y era sobre todo trinchando las aves
y viandas como lucía su habilidad y destreza. Aunque par­
co y sobrio, se distinguía por sus aptitudes de gastró­
nomo que poseía paladar delicado para apreciar bien y
alabar los buenos platos, y discernimiento exquisito para
conocer los buenos vinos. Gustaba de las frutas y le com­
placía ver ordinariamente buena provisión de ellas en la
mesa. Le agradaba que le acompañaran á la mesa otros
parientes y amigos de su intimidad y confianza, invita­
dos familiarmente á última hora, particularmente cuando es­
tando de visita los veía despidiéndose poco tiempo antes de
que llamaran á comer; y en ocasiones más solemnes, como
en los casos de banquete, no dejaba de observar en las invi­
taciones las reglas indispensables prescritas por la etiqueta.
Mas sea en reuniones de una ú otra condición y por más
agobiado que estuviese por la opresión del padecimiento físi­
co ó por la de la pena moral, siempre le observamos en la
mesa afable, comedido y cortés con cuantos le acompañaban
y singularmente obsequioso con las personas de fuera.
Llegada la noche se le acercaban los niños de menor
10 BOLETIN d e h i s t o r i a y a n t ig ü e d a d e s

edad, á quienes agasajaba, complaciéndose en referirles histo­


rias, anécdotas ó cuentos morales que estuviesen al alcance
de ellos, y bendecía á cada uno de sus hijos. Si no había vi­
sita, solía presidir el rezo en familia, y en todo caso, en su
gabinete invocaba la protección del Altísimo, en larga é inte­
resante plegaria, según fórmulas de oración inventadas por él,
de conformidad con las necesidades públicas y privadas de
actualidad. En su oración no omitía rogar por todas las ne­
cesidades generales del mundo, como son la conversión de
los pecadores, la propagación del cristianismo, la conversión
de las naciones disidentes al gremio de la unidad católica, la
paz y libertad de la Iglesia, especialmente en nuestro país, la
salud corporal y sobre todo la espiritual, la morigeración de
las costumbres, el reinado de la paz, la justicia y la concordia,
base de la seguridad individual y colectiva ; la buena educa­
ción de la juventud, la conformidad de nuestra voluntad con
la divina, particularmente cuando se recibe la visita de la
adversidad; las necesidades peculiares de los parientes y
amigos (á no pocos de los cuales nombraba con indicación
del favor para cada uno de ellos solicitado), y por último,
las almas del purgatorio. Rezaba por tales intenciones y las
demás que su caridad Je sugera, en alta voz, con palabras y
ademanes que daban á conocer la fe, pureza de intención,
vehemencia y unción que le animaban en tales actos ; y pre­
fería este modo de orar, por parecerle más eficaz para elevar
el alma ante el trono del Todopoderoso, que el rezo de ora­
ciones aprendidas de memoria, y dichas con frecuencia con
rapidez y negligencia, sin fijar la mente y el corazón en el
significado del discurso ni en la correspondiente intención.
En su gabinete de estudio se encontraban la biblioteca,
el escritorio, algunas mesas (en una de las cuales se veía úni­
camente un crucifijo grande, ante el cual se postraba a veces
para ponerse en oración, y otras ocasiones oraba en pie y en
actitud igualmente respetuosa), un canapé forrado en va­
queta y varias sillas. Allí recibía á sus amigos de confianza,
y cuando éstos se retiraban, se ocupaba de nuevo en dictar
un artículo, interrumpido por la llegada de las visitas, labor
que se prolongaba hasta las y 12 de la noche, sobre
todo si el cajista estaba esperando el escrito para componerlo
en la mañana siguiente, á fin de armar el periódico pocas
horas después.
Se informaba siempre con solícito interés y cariño de la
salud y demás circunstancias de las personas á él ligadas
por los vínculos de la amistad, el parentesco, la estimación ó
la gratitud, y en las relaciones domésticas y sociales se mos­
RASGOS CARACTERÍSTICOS ÜK D. MARIANO OSPINA II

traba atento, afable y deferente, á toda hora listo á sacrificar


su comodidad y bienestar en provecho de los demás.
Hablaba con apacibilidad y alegría, de manera tan suave
y modesta que, sin manifestar pretensión ninguna de hacer
viso apareciendo como maestro, siempre instruía al oyente y
le mantenía cautivo de sus labios; y como poseía en alto
grado el don de saber escuchar con paciencia, atendía las
observaciones de su interlocutor, se hacía cargo de las ob­
jeciones que se le dirigían y las refutaba con razones de
peso, sin ofender en lo mínimo el amor propio de aquél, quien
se mostraba satisfecho. Y su paciencia y mansedumbre no se
alteraban por más ignorante y desvalido que fuese quien se
acercaba á tratar con él. Así le veíamos en sus excursiones
por nuestras montañas, entrando en relaciones con los labrie­
gos que encontraba, ya para adquirir de ellos noticias sobre
Ia geografía y demás condiciones ag/ícolas, comerciales é
higiénicas de la comarca, ya para darles oportunos consejos,
en lenguaje muy sencillo y enteramente adecuado para ellos,
acerca de la higiene doméstica, método curativo más fácil y
económico de las enfermedades comunes por allí, reglas so­
bre la mejora del cultivo en las pequeñas heredades, nuevas
plantas útiles cuya aclimatación y cultivo sería conveniente,
y otros puntos para ellos interesantes, como lo concerniente
á la práctica de los deberes morales.
La benevolencia en las relaciones sociales era una de las
notas características de su cultura y cortesía ; benevolencia
práctica que se traducía en hechos positivos, consistentes en
la manera suave y modesta que empleaba para dar buen con­
sejo, sin herir la susceptibilidad ajena, y, sobre todo, en la
tolerancia de las opiniones de los demás y en la paciencia y
disimulo en lo concerniente á los defectos y faltas que obser­
vaba en ellos.
¿ Cómo se manejaba con sus servidores? ¡ Ah ! Tratába­
los con mucha cultura, consideración y cariño, interesándose
por su suerte y bienestar, obsequiándolos cumplidamente y
procurando que en los casos de enfermedad fuesen alojados
con comodidad y decencia, y atendidos en el servicio médico
y en todo lo demás con la diligencia y esmero más recomen­
dables, como si fuesen miembros de la familia. Este digno
proceder fue sin duda el secreto que él y su señora tuvieron
para atraerse la simpatía, acatamiento y adhesión de sus cria­
dos y demás servidores, quienes les correspondían con fide­
lidad ejemplar durante largos'años, al través de vicisitudes y
coñtratiempos de todo género.
Este ejemplo habría bastado para hacer ruborizar á los
12 BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

inventores de la calumnia de que D. Mariano deseaba el


triunfo de su partido para restablecer la esclavitud de los
descendientes de sangre africana; calumnia que, en épocas
de turbulencia política, se hacía circular sigilosamente entre
campesinos y menestrales ignorantes para exaltarles la pasión
de partido y lanzarlos, en un caso dado, como perros de pre­
sa contra la persona, familia y bienes del supuesto restaura­
dor de la esclavitud doméstica.
En las visitas de etiqueta era donde más se echaba de
ver la cultura de D. Mariano, quien al entrar en el salón des­
plegaba el conjunto de condiciones requeridas: maneras de­
embarazadas y garbosas y comedimiento y cortesía en todo,
no inferior al caballero más gallardo, diestro y experimentado.
En las visitas de duelo acostumbraba informarse breve­
mente del estado de salud de los respectivos deudos ; pero
sin nombrar al finado ni dar lugar á largos relatos concer­
nientes á su enfermedad y defunción, procuraba llevar la
conversación á un terreno distinto : entonces no brotaban de
sus labios sino palabras de consuelo relacionadas con la con-
sideracií n de los designios, casi siempre incomprensibles, de
la Divina Providencia, los motivos del sufrimiento y la cose­
cha de merecimientos anexa á la aceptación voluntaria de la
adversidad ; ó bien suscitaba el tema de algún asunto de
interés público que fuese inofensivo para los circunstantes y
para todos interesante. El mismo procedimiento observaba,
por apenado que estuviera, cuando él era objeto de visitas de
ese género, ó cuando tomaba la pluma para enviar á sus pa­
rientes y amigos palabras de condolencia.
Como hombre perspicaz, circunspecto y comedido en
las relaciones sociales, á vueltas del saludo y primeras frases
de cortesía, discernía fácilmente la tendencia y gusto especial
del interlocutor, y en consecuencia llevaba la conversación al
asunto que le parecía más agradable para éste, á fin de pro­
porcionarle oportunidad de intervenir activamente en el diá­
logo, exponiendo sus ideas, sobre todo si por razón de su
profesión ú oficio le era familiar el punto. Así venía á ser
animada la conversación, y de parte suya siempre instructiva,
sencilla y amena.
Como su talento era profundamente observador, muy
oiiginal, exento de preocupaciones, notoriamente práctico y
libre de la influencia exclusiva de determinado libro ó sis­
tema, y por otra parte sabía dar á su narración el sello de la
oportunidad, la discreción, la sencillez del buen gusto y la
claridad de la expresión, y revestirla de vez en cuando de
anécdotas curiosas, oyéndole discurrir se experimentaba pía-
RASGOS CARACTERÍSTICOS DR D. MARIANO OSPINA 13

cer semejante al que siente un niño que por primera ocasión


oye una caja de música, ó al de un joven embelesado al oír el
aria más afamada de una ópera selecta, y esto aun en el caso
de que la materia de su discurso fuese árida y abstracta. A lo
menos eso les sucedía á aquellos de sus admiradores que sa­
bían aprovechar la ventaja que se les presentara para consti­
tuirse en asiduos oyentes suyos.
III
Su saber corría parejas con su vasta y clara inteligencia.
Ningún ramo del saber humano le era extraño, ó dejaba de
atraer la curiosidad de su mente investigadora y sagaz. Fa­
miliarizado desde la juventud con los estudios más variados,
discurría, con sin igual lucidez, sobre matemáticas y ciencias
físicas y naturales, literatura y filosofía, religión é historia, ju­
risprudencia y ciencias políticas, geografia y estadística, viajes
científicos y empresas industriales, ingeniería y medicina,
agricultura y vías de comunicación, administración pública y
arte militar, etc. ; sin olvidar el porvenir de las clases obreras,
lo relativo á la investigación de importantísimos monumen­
tos, desde siglos atrás sepultados bajo las ruinas de ciudades
famosas; el adelanto de la ciencia sideral, y tantos otros ra­
mos de observación y de estudio que llaman poderosamente
la atención de los seres á quienes el Creador dotó, como á él,
de grandes facultades y de voluntad diligente y tenaz.
Ya fuese el tema del discurso árido y complicado, ó
fácil y ameno, su palabra se deslizaba mansa y apacible, á la
manera del arroyo inofensivo que corre sin tropiezo al través
de la llanura ; ya razonando de palabra ó por escrito, en la
sencilla conversación familiar ó en la cátedra universitaria, en
Conferencia pública preparada de antemano ó de improviso,
en el recinto de una sesión académica, ó de una corporación
legislativa. Y por no asemejarse al dómine de escuela que
discurre sin oposición, y á fin de evitar una enseñanza bal­
día, mucho le agradaba que se le propusiesen objeciones, ya
viniesen de persona docta ó experimentada en la materia, ó ya
de un discípulo despejado y diligente.
La forma de su letra en la juventud era fácil, clara y
correcta, pero luégo el hábito de escribir en armonía con la
rapidez del pensamiento y con el recargo de atenciones, vino
á hacerla un poco confusa; para mejorarla haciéndola más
inteligible, se esmeró en los últimos años en adquirir una for­
ma de letra vertical ; y aconsejaba á los jóvenes que apren­
diesen también esta última, ya para dejar descansar la mano
con la variación, ya para aprovecharse de ella en la vejez.
14 BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

Hablando el filósofo de la atención con que desde tem­


prana edad se aficionó á mirar las obras de la Creación, decía
en un escrito confidencial: “ Desde mi tierna infancia, mi alma
ha sido toda sentimiento y mi estado normal la exaltación
del entusiasmo. El menor pasaje sentimental de los cuentos
inocentes y simples para otros, que encantan á los niños, me
hacía gemir profundamente, aunque fuera la centésima vez
que lo oía repetir. Gustaba de la soledad para entregarme á
rienda suelta á los arrebatos del sentimiento; el pobre corde-
rito de la fábula, destrozado por el lobo injusto, destrozado
sin defensa y sin amparo, me hacía derramar lágrimas á to­
rrentes. Ni entonces, ni en los días tumultuosos de la pri­
mera juventud, ni ahora, ni nunca, me han poseído ó agitado
otros afectos ú otros impulsos que los de las pasiones bené­
volas, la dulce simpatía, fuente de contento, y el amor profun­
do, que produce loe placeres sublimes y los intensos é inexpresa­
bles dolores. Yo amo cuanto me rodea, los hombres y los ánge­
les, los animales y las plantas, y no sólo á lo que siente y vive,
sino también á los seres sin sensibilidad y sin vida : los ríos,
los montes y hasta la estrella remotísima que la vista no al­
canza á percibir, participan de mis simpatías. Pero si esos ob­
jetos se unen ó relacionan de alguna manera con las personas
que son el blanco de la pasión ardiente y profunda del amor,
no es entonces ya simpatía lo que me inspiran, es afecto, es ca­
riño, es un sentimiento tierno y melancólico que me hace una
necesidad de su existencia....”
El pensador utilizaba el inmenso caudal de ciencia adqui­
rida, no para hacer vano alarde de él, sino para cooperar con
eficacia en la labor de la civilización, ya en una, ya en otra
forma, por todos los medios posibles, casi siempre de una
manera gratuita, y principalmente como educador de la
niñez y de la juventud, como varón de consejo, como cam­
peón en las batallas de la prensa, y por último, en su condi­
ción de legislador y magistrado.
IV
El educador consideraba de suma importancia para el
padre de familia y el profesor estudiar prolijamente las incli­
naciones y carácter de cada niño ó joven, á fin de que se
empleasen medios distintos de dirección, corrección y castigo,
adecuados para cada uno, según su condición inteligente ó
apocada, dócil ú obstinada, enérgica ó pusilánime, suave ó
irascible.
Procuraba aplazar la corrección ó el castigo para apro­
vechar el momento en que alejados la vehemencia, el enojo y
RASGOS CARACTERÍSTICOS DE D. MARIANO OSPINA 15

la ira producidos por las primeras impresiones desagradables,


la mente y la voluntad hubieren recobrado la serenidad y la
firmeza apetecibles, para poder amonestar con cordura y
castigar con mesura y justicia.
Entreteníase en observar á los niños para investigar sus
aficiones y el desenvolvimiento gradual de su inteligencia, y
los trataba con afabilidad y alegría. Si tenía que corregir á
un joven que no dependía directamente de él, ó que dar
consejo á persona de mayor edad que no lo había solicitado,
llevaba mañosamente la conversación al punto que motivaba
la censura, y con discreción y maestría ponía de relieve los
inconvenientes de la conducta errónea, injusta ó peligrosa, y
las ventajas del proceder más razonable y correcto. Y si el
interlocutor pertenecía al grupo de sus parientes cercanos y
subordinados, no desperdiciaba la ocasión oportuna de co­
rregirlo, empleando de preferencia el medio de la prudente
y discreta alusión, á semejanza dé la parábola oriental, tan
del agrado del Salvador.
Condolíase de la suerte poco ventajosa que se le espe­
ra á la mayor parte de los jóvenes escolares que aspiran á la
abogacía. ¿ Y esto por qué ? Porque, salvo los jóvenes que,
por razón de vocación verdadera, fundada en la posesión de
notorias facultades mentales, estuviesen llamados á sobresa­
lir en las labores judiciales y forenses, los demás que siguen
la Escuela de Derecho le parecían candidatos inconscien­
tes para la empleomanía, para el ejercicio de la intriga en los
juzgados, ó al lado de políticos egoístas y corrompidos, y
en la generalidad de los casos destinados á la mendicidad,
sobre todo en la vejez ; porque en el gremio de abogados
sin honrosa y lucrativa colocación veía el plantel del par­
tido de los golillas, por el estilo de los que tanto abun­
daban y florecían en la España del siglo XV111, especie de
zánganos de la colmena oficial, quienes, al ascender á los
puestos más elevados de la jerarquía política y administra­
tiva de la Nación, daban señaladas muestras de vanidad, pe­
reza é ineptitud, con mengua del buen servicio público.
El golilla clásico (dado con preferencia á los banquetes
y saraos, bailes y pasatiempos de la Corte) podía personi­
ficarse en los ineptos validos y ministros que en pos del dili­
gente reinado de D. Felipe II, y sobre todo en la época de
los últimos príncipes de la Casa de Austria, dirigieron la po­
lítica decadente de la vasta monarquía ; y la degeneración
del tipo ha tenido en la América española numerosos repre­
sentantes, señalados, más que todo, por la negligencia de sus
deberes oficiales, la venalidad de sus influencias y la vanidad
i6 BOLETIN DE HISTORIA T ANTIGÜEDADES

del pavo, pues el golilla legítimo pierde miserablemente el


tiempo ostentando sus uniformes y habilidades de ceremonia
en tertulias y recepciones, dejando de asistir á la oficina, ó
despachando lo menos posible, hasta dejar agotada la pa­
ciencia del que aguarda inútilmente la resolución guberna­
tiva. Y si el golilla fuere codicioso no dejará de admitir la
inmunda dádiva ofrecida por el cliente corrompido y audaz,
en cambio de una providencia inconsulta ó injusta, ó de un
secreto de Estado que debiera guardar.
Y por último, el golilla no simplemente estrecho y nulo,
sino pretensioso y audaz, dirige sus intrigas y esfuerzos á la
formación de una pandilla personal que apoye sus dañadas
intenciones ; y clavando su mirada escrutadora y envidiosa
sobre el hombre de mérito positivo capaz de ocupar puestos
eminentes con dignidad y con provecho para la patria, y em­
pleando los manejos más sórdidos y ruines para amenguarlo,
procura estorbarle el paso y mantenerlo alejado de la escena.
En concepto suyo, la diferencia entre el golilla inepto y
vanidoso y el ministro capaz y diligente, es como la del goli­
lla militar, General de cabeza vacía y muchas ínfulas, estre
lias y plumajes, comparado con el caudillo eminente por sus
dotes de sagacidad y estrategia, diligencia y circunspección,
intrepidez, sangre fría y don de mando, capaz de salvar al
país dirigiendo atinadas y rápidas campañas.

Habilísimo como era D. Mariano en el arte de insinuar
una idea, aprovechaba la ocasión más oportuna para inducir
á los jóvenes al estudio, estimulándolos para que, haciendo á
un lado las novelas, versos y demás aficiones de puro pasa­
tiempo, y alejándose de la ociosidad, que conduce derecha­
mente al vicio y á la miseria, se diesen cop aplicación y es­
fuerzo al estudio útil y provechoso, con especialidad al de
las materias aplicables al adelanto científico é industrial del
país, sobre todo á lo más utilizable de los ramos conexiona­
dos con la profesión de ingeniero (de vías de comunicación,
de minas, etc.), con la mecánica, la agricultura y el comercio.
Y opinaba que á los muchachos que no parecieran favo­
recidos de capacidad y afición á los estudios técnicos, se les
destinase al aprendizaje de artes y oficios (por ejemplo, alba-
ñilería, carpintería, cerrajería ó sastrería), ó se le diese colo­
cación en el comercio, al lado de un patrón distinguido por
su laboriosidad, honradez, vigilancia y energía.
Considerando las circunstancias de pobreza y atraso de
nuestro país, le parecía perniciosa la tendencia de la juven­
RASGOS < AKAd EBÍSTIOO8 DF. ü. MARIANO OSPINA
*7

tud al cultivo de las bellas letras y las bellas artes, de pre­


ferencia al de los estudios prácticos y positivos que la pon­
gan en capacidad de ganar honradamente los medios de sub
sistencia.
Gozaba intensamente con el triunfo de un joven esfor­
zado en cualquier campo legítimo de las luchas del pensa­
miento, ó en las labores comerciales, agrícolas é industriales,
y con mayor razón si el laureado pertenecía á su misma es­
cuela.
Entusiasta admirador de la fecunda y prodigiosa labor
docente y caritativa que brota en el seno de la Iglesia Cató­
lica, su corazón se hallaba siempre dispuesto á estimular la
fundación, desarrollo y sostenimiento de los institutos desti
nados á ese objeto.
No hallándose satisfecho con el estado de la instrucción
pública en nuestro país, no obstante su relativo adelanto,
le parecía imprescindible la necesidad de formar profesores
idóneos que se acostumbraran á imponerse esfuerzos cons­
tantes á fin de adquirir copiosos conocimientos, en el respec
tivo ramo, y particularmente mostrarse aventajados en el mo-
dus docendi, claros y precisos en sus explicaciones, pacientes
en el repetir y amenos y atractivos en su expresión, semblante
y maneras. En suma, anhelaba por una reforma que diese por
resultado la multiplicación de maestros adornados de voca­
ción, aptitud y celo reconocidos.
Aficionado como era á estudios de los linajes más varia­
dos, y al parecer de las tendencias más opuestas, se daba
cuenta perfecta de la deficiencia que aquejaba al plan de en­
señanza observada en la instrucción elemental y en lo rela­
tivo á las distintas carreras profesionales, y anhelaba cons­
tantemente porque algún día surgiera un organizador de la
instrucción pública que estuviese dotado de mirada perspi­
caz para conocer los defectos de lo existente, y de capacidad
y firmeza para aplicar con tesón los remedios convenientes.
Para él era incomprensible, por ejemplo : un adminis­
trador que ignorase la aritmética, la teneduría de libros y la
moral; ó un buen minero que no tuviese nociones de geolo­
gía y de las diversas formaciones especiales de la comarca
minera respectiva ; ó un Ministro de Hacienda que no estu­
viese dotado de mente clara, fría y reflexiva, de laboriosidad
y honradez indiscutibles y de notable versación en Econo­
mía Política y principios de justicia. No concebía que la Ha­
cienda Pública pudiera estar en manos de gentes ignorantes
en estos ramos, por más sonoros versos y elegantes discursos
qne hiciesen.
2
18 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

Así vemos que, indicando el plan de estudios que le


parecía conveniente en una escuela superior, le asignaba
tres clases de cursos para seguirlos paralelamente en tres
años de estudio :
i? De instrucción moral ; 2? De ciencias físicas y matemáticas; 3.? De
literatura.
En el primer año: primer curs< , Religión y Filosofía intelectual; segundo
curso, Aritmética, Algebra y Teneduría de libros ; tercer curso, Francés y
Geografía.
En el segundo año : primer curso. Moral y Economía Política ; segundo
curso, Geometría y Trigonometría ; tercer curso, Francés é Inglés.
En el tercer año: primer cur.o, Derecho Público é Historia Universal;
segundo curso, Física y Química. Tercer curso, Inglés y Latín.

Y exponiendo los fundamentos de este plan decía: u En


toda esta enseñanza debe tenerse siempre presente que no se
trata de formar SABIOS NI LITERATOS, sino de ejercitar la
inteligencia, formar el criterio y suministrar á los alumnos la
mayor copia de conocimientos VERDADEROS y APLICABLES....”
“ Lo primero que debe procurarse es que (en la enseñanza
de idiomas, por ejemplo) los niños entiendan la lengua escrita,
es decir, que traduzcan; después, que entiendan lo que se
hable en ese idioma, y que se hagan entender en él; lo último
será hablar y escribir correctamente esa lengua, que espada lo
que sirve la gramática ; esta última parte no podrá enseñarse
en los colegios parroquiales y
“ A nuestros mercaderes, labradores, mineros, curas y em­
pleados, por dos veces que se les ocurra hablar inglés, francés,
latín ó alemán, se les ocurrirán doscientas traducirlo ; de ma­
nera que la utilidad de traducir ó la de hablar está en razón
de 100 á 1. En el tiempo que un niño gasta en aprender de
memoria una extensa gramática, puede aprender á traducir
regularmente la misma lengua..... ” (De La Sociedad, nú­
mero 105).
Su criterio de innovador en el ramo de educación, como
en cualquier otro, se apoyaba siempre en lo positivo, en el
buen sentido práctico y no en razones frívolas sugeridas por
la mera costumbre, la vanidad ó el capricho.
Se observaba también en él que, siendo hombre de in­
mensa erudición, su fino criterio no parecía impregnado del
sabor exclusivamente escolástico, sino original é independien­
te, enteramente moderno y adecuado para llevar á su inter­
locutor á un terreno racional y práctico, extraño al lenguaje
técnico á que son generalmente aficionados los literatos y
filósofos y la turba de los dogmatizadores de éste ó del otro
género.
RASGOS CARACTERISTICOS DE D. MARIANO OSPINA *9

V
Para conocer á fondo las condiciones del escritor, veamos
primero cómo procedía el razonador.
Desde temprana edad se aficionó á la aplicación de la
lógica en todos sus pensamientos, discursos y acciones, al
empleo de un lenguaje claro, sencillo y preciso y á guiarse por
la regla del deber al determinar la línea de su conducta en
los asuntos arduos. Nos parece que así logró sujetar al yugo
de la razón las inclinaciones nocivas y los caprichos que tan
poderosamente dominan á la generalidad de los individuos,
particularmente en la época juvenil, la edad peligrosa, como
él á menudo la denominaba. Y no se limitaron sus esfuerzos
á aquella edad, sino que los prolongó hasta el borde de la tum­
ba, pues en concepto suyo, la educación es la labor propia de
toda la vida del sér humano ; cada hora que pasa es á pro­
pósito para arrepentirse de una falta, repudiar un principio
falso ó erróneo, extirpar un defecto y adquirir una virtud,
esto es, cualquier tiempo es útil para aprovecharlo en la obra
fecunda de la perfección moral y en el acopio de instrucción
y experiencia. Nada para él más desacertado que aquel dicho,
muy en boga en otro tiempo: “El procer D. Fulano se
educó en el Colegio del Rosario; el General Zutano hizo su
carrera en el de San Bartolomé,” pues sobre los primeros
estudios apenas se cimenta el laborioso y complicado edificio
de la educación.
Nuestro consabido razonador no cesaba de recalcar sobre
la importancia de pensar con frialdad y madurez si el paso
que se proyecta dar está ó no arreglado al principio del de­
ber, conforme con la razón y la regla de la justicia, á fin de
alejar en nuestras determinaciones la influencia malsana pro­
cedente de la pasión del momento ; y aconsejaba ofrecer á la
Divinidad las molestias, penas y amargos sacrificios que el
cumplimiento del deber nos impone á cada pa'so, principal­
mente cuando se trata de los deberes inherentes al ejercicio
de la ciudadanía, que para todos consideraba ineludibles, y la
omisión de ellos (á que es muy aficionada una porción no­
table de los ricos, sumida en el egoísmo, la pusilanimidad ó
el apoltronamiento) la consideraba como uno de los más
graves pecados contra la vida social, generador de trascen­
dentales y funestas consecuencias para el porvenir y seguri­
dad de la república.
A veces le hallámos en su gabinete de estudio, y otras
paseándose en una galería de la casa, entregado al soliloquio,
acompañado de la correspondiente acción, muy expresiva y
enérgica por cierto, con el gesto y el movimiento de las ma­
20 BOLETIN DR HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

nos. Y ¿ por qué en semejante actitud ? Era que, para defi­


nir y fijar bien su atención en un asunto grave, comenzaba
por exponerlo, acumulando en seguida las razones que favo­
recían la resolución en determinado sentido, luego los argu­
mentos que pudieran hacer los que se inclinaran en sentido
opuesto, los cuales refutaba uno por uno, si le parecía razo­
nable, y terminaba sacando la consecuencia que en su resolu­
ción había de servirle de norma.
Sobre todo trabajando de noche, después de haber reci­
bido con jovialidad hasta la última visita, luégo que todas se
retiraban, como atrás lo hemos referido, continuaba la tarea
de un escrito interrumpido. Así nos dictó en épocas diver­
sas infinidad de artículos y otros documentos interesantes,
principalmente la mayor parte de los que publicó en La So­
ciedad ; y mientras nuestra pluma escribía el trozo dictado, se
ocupaba él en muchas ocasiones en echar una ojeada á un
escrito de El Universo ó de la Revista de Ambos Mundos.
llegados recientemente, ó á un capítulo de los Evangelios.
Como gustaba de escribir ó dictar después de haber
pensado sobre el tema del proyectado escrito, entre días solía
decirnos : “ dejemos eso para mañana, pues todavía no he te­
nido tiempo de pensar sobre el tema, y es muy conveniente po­
ner antes en un memorándum los puntos salientes del plan del
artículoP
Redactaba con facilidad, atento más á la claridad de la
expresión y á la lógica del razonamiento que á la pompa y
elegancia del estilo, pues daba más precio á lo primero que á
lo segundo, porque, según él, en la misión del publicista “lo
importante es propagar las ideas que estima útiles, justas y
razonables, poniéndolas al alcance del mayor número de lec­
tores, que s m ignorantes en lo general, y no ¡imitarse al es­
tilo de la gente letrada, académica y cervantina, preocupada
ante todo del deseo de hacer viso, ostentando en el dis­
curso manera y galas poco comprendidas del común de ios
lectores,” y, en concepto suyo, “ los académicos son no poco
inclinados á mostrar aparato de alambicamiento y erudición
gramatical.”
A este respecto nos decía : “ Bueno es que el hombre
adquiera estilo fácil, y si se quiere salpimentado con el gusto
de los buenos escritores clásicos ; pero sin empalagoso amane­
ramiento. y sobre todo sin pecar contra la claridad, la noble
sencillez, la concisión y la lógica severa, condiciones de suyo
preferibles á todas las demás. En esto ha de estribar princi­
palmente el buen estilo : exposición clara y si se quiere robusta
y castiza, análisis metódico, lógica en le razonamiento y conci­
sión en el resumen y
BASGOS CARACTERÍSTICOS DE D. MARIANO OSPINA 21

Aunque conocía bastante el estilo de los buenos escrito-


íes clásicos españoles, nos parece que su familiaridad con la
lectura de autores franceses hizo en él casi habitual el uso del
que galicado y de ciertos gerundios condenados por los crí­
ticos del lenguaje, pero esto en nada influyó para que él tra­
tara de corregir en la vejez tal defecto. Entonces le dominaba
un poco la pereza para escribir, y únicamente dejaba á un
lado la lectura ó la meditación (que constituían su deleite y
tanto atraían su atención) cuando el aguijón del deber le
obligaba á sentarse á escribir ó dictar ; y como deber consi­
deraba entonces lo que de alguna manera exigía su contin­
gente en nombre de la Religión, el estado, la familia, la be­
neficencia y la amistad.
A pesar de la severidad de sus palabras en varios escri­
tos de polémica, para censurar actos ó doctrinas que juzgaba
perjudiciales al bien público, nos parece que no abrigaba
odio ni rencor contra las personas responsables de la ejecu­
ción de tales actos y defensa ó propagación de tales doctri­
nas. Su amor á la justicia, su probidad y rectitud inquebran­
tables le inducían poderosamente á censurar con entereza los
defectos contrarios que observaba en la conducta de gober­
nantes, publicistas y legisladores culpables. Por otra parte,
mostrábase discreto, reservado y muy leal conservando en
secreto lo que en reserva había llegado á su conocimiento, ó
lo que, según su criterio, merecía quedar oculto para evitar
daño á tercero ó el menoscabo de la decencia pública.
Para conocer sus fases más notables como hombre pú­
blico, ya como legislador, ya como gobernante, bastará aña­
dir unos breves rasgos á los que pintan al publicista, y vice­
versa, porque en él estaban como hermanados los principios,
doctrinas y aspiraciones que le servían de norma en su con­
ducta como filósofo, periodista y hombre de gabinete. En uno
y otro campo procedía impulsado por el amor á la justicia,
base de su criterio, principal regulador de sus actos en la vida
privada y en la pública y suprema aspiración de su alma,
pues no admitía que el legislador y el gobernante pudieran
tener criterio más seguro, en sus actos políticos y adminis­
trativos, que el de conformarlos con el principio de la con­
veniencia pública en perfecta armonía con el de la justicia,
vocablo que para él significaba nada menos que un reflejo
del foco luminoso de la Suprema Justicia (atributo esencial
de la majestad del Todopoderoso).
Consideraba como el primer deber del gobernante mos­
trarse fiel guardián y ejecutor de la Constitución y las leyes
que ha jurado cumplir; solicitar del Poder Legislativo la
22 [Link] D»C UIóT<JttIA Y ANTIGÜEDADES

revisión y reforma de las disposiciones viciosas, deficientes é


impracticables ; no contribuir por su parte al descrédito de
las instituciones y al consiguiente desprestigio de la autori-
oad, como lo han hecho no pocos hombres públicos de la
América española, muy aficionados, ya á atropellar descara­
damente la legalidad, ya á vulnerarla con pérfidas y torcidas
interpretaciones, so pretexto de que ella no conduce al triun­
fo del partido á que ellos pertenecen y á su estabilidad en el
poder.
Consideraba que el proceder banderizo é inicuo del go­
bernante que no sabe ó no quiere colocarse en terreeo ele­
vado, imparcial y justiciero para hacer efectivos los derechos
que la Constitución y las leyes orgánicas reconocen á los ciu­
dadanos y para mantener el orden en el manejo de la Ha­
cienda pública, como en todo lo demás, conduce más ó
menos tarde á amenguar el prestigio de la autoridad, socava
el edificio político, desconcierta y debilita al partido que sos­
tiene la Administración, suscita el descontento general y su­
ministra bandera al funesto espíritu revolucionario: y que,
una vez desatada la tempestad, llueven sobre la Nación <con
raras excepciones) torrentes de calamidades, todavía mayores
que los motivos alegados para justificar el alzamiento.
En concepto suyo era urgente revisar las instituciones
nombradas de Rionegro, entonces vigentes, para eliminar las
disposiciones que, directa ó indirectamente, se oponían al es­
tablecimiento definitivo de un orden de cosas fundado en la
justicia, en el respeto á los derechos de la Iglesia y en la na­
turaleza, necesidades y demás circunstancias de la Nación.
Si era adversario del despotismo, esto es, de todo régi­
men de hecho irresponsable, ya fuese ejercido bajo la forma
monárquica ó la republicana, le era acaso más repugnante la
licencia y la arbitrariedad insoportable de las turbas dema­
gógicas cubiertas á menudo con el ropaje de “ la libertad ; "
y por parecerle generador de inseguridad y anarquía, juzga­
ba disparatado un régimen fundado en el reconocimiento
de la libertad individual ilimitada, como el preconizado en
las inconsultas y deficientes instituciones del 58 y del 63,
incompatibles con la suprema necesidad de la conservación
del orden general. No obstante el concepto desventajoso
que le merecían, como escritor público insistía en que los
gobernantes respetasen los derechos roconocidos mientras
estuviese vigente tal Constitución.
Su ideal durante muchos años, especialmente acentuado
cuando estaba próximo á bajar á la tumba, fue el de un
régimen constitucional bien meditado, en que se procurase
RASGOS CARACTERÍSTICOS DR D. MARIANO OSPINA 23

armonizar la clara y ordenada clasificación de los diversos


elementos constitutivos del poder público (poderes electoral,
legislativo, ejecutivo y judicial), organizados con solidez,
con resortes fuertes y flexibles, favorables al movimiento re­
gular de la maquinaria destinada á amparar la seguridad
común, para que así el Gobierno estuviese en capacidad de
dar seguridad á cada individuo en el goce de su derecho.
Aleccionado por larga y costosa experiencia, aspiraba
á que, en la ley orgánica del Poder Electora!, se fijaran las
reglas que la razón y la prudencia aconsejan, á fin de ob­
tener elecciones pacíficas y regulares, exentas en cuanto sea
posible de fraude y violencia, y poner los medios conducen­
tes para que los perturbadores de tales actos expíen su de­
lito arrastrando la cadena del presidiario.
En cuanto al llamado “ sufragio’ universal,” opinaba
que, careciendo la muchedumbre de las condiciones de mo­
ralidad, criterio é independencia que se requieren para ejer­
cerlo acertadamente, es absurdo é insostenible; que aun
prescindiendo de tan poderosa razón intrínseca, es poco me­
nos que impracticable, por exigir ese medio de ejecutar las
operaciones electorales enorme contingente de tiempo, labor
y dinero, y lo que es peor, por los frecuentes certámenes de
inmoralidad y el peligro á que se expone la tranquilidad pú­
blica, todo lo cual debe tenerse presente por el legislador
para reemplazar tal sistema por otro más racional y eficaz.
Aspiraba, en consecuencia, á que, meditando suficiente­
mente la redacción de la ley orgánica del Poder Electoral,
se excogitasen los mediosconvenientes para obtener mejores
resultados. Quería, pues, que el encargo de elector se estable­
ciese, no como un derecho rennnciable, sino como deber inelu­
dible, como función oficial obligatoriaf confiada al grupo de
ciudadanos que, por razón de sus condiciones bien definidas
y previamente calificadas, de jefe de familia que sostenga
efectivamente su casa, propietario territorial de cierta cuan­
tía, renta suficiente que provenga de industria lícita y hono­
rable, capacidad (por ejemplo, la profesión docente, la de
sacerdote, médico, abogado, ingeniero, jefe de establecimien­
to comercial, industrial a taller, etc.), honradez y demás cir­
cunstancias recomendables, estuviesen llamados á desempe­
ñarla con mayor probabilidad de independencia y acierto.
Y no veía inconveniente en que cada elector pudiera emitir
un número de votos proporcional al de condiciones legales
que en él concurriesen, como si un individuo es á la vez jefe
de casa, propietario territorial y banquero, por ejemplo, en
cuyo caso tendría derecho á tres votos.
24 BOLETÍN DB HISTORIA Y ANTIG UEI'ADFF

Quería también que el Poder Electoral estuviese provis­


to de los resortes y facultades necesarios para defenderlo
contra las invasiones del fraude y la violencia, y que se faci­
litase el camino adecuado para hacer poner la nota de infa­
mia y la cadena del presidiario á los autores y cómplices de
tales fechorías, sin contemplación ni misericordia.
En cuanto al Poder Judicial, anhelaba porque se le for­
tificase constituyéndolo con las condiciones bastantes de su­
ficiencia y dignidad de su personal, facultades extensas para
juzgar á los funcionarios de todas las categorías y denomi­
naciones, inclusive los miembros del Poder Ejecutivo y de la
Legislatura, y amparándolo de las mayores garantías posi­
bles de estabilidad é independencia.
Y en lo concerniente al Poder Ejecutivo, estimaba de
necesidad absoluta atribuirle facultades suficientes, bien de­
finidas, claras y precisas, para atender á la conservación y
restablecimiento del orden público, en los casos de peligro
de conmoción interior ó de invasión exterior.
Pareciéndole peligrosa la irresponsabilidad del Cuerpo
Legislativo, abogaba en 1858, cuando estaba de Presidente,
y en 1876, como simple periodista, por el establecimiento
de un Consejo “independiente de los poderes Legislativo y
Ejecutivo^ compuesto de miembros responsables, que defen­
diera la Constitución y los derechos que ella otorga__ con­
tra las agresiones de estos poderes invasores.” Para esa cor­
poración solicitaba la atribución de decidir en todas las cues­
tiones que pudieran ocurrir entre los poderes nacionales y los
seccionales, ó entre el Gobierno seccional y los ciudadanos
habitantes en el territorio de su jurisdicción, ó sobre “ la va­
lidez ó nulidad de una elección ó votación para Presidente de
la República, Senador ó Representante.. .
Hablando de esto decía en La Sociedad en 1876/ “la
guerra viene siempre de alguna de estas cuestiones, y el me­
jor medio de evitarla es, sin duda alguna, el que haya un
juez responsable, capaz de inspirar á todos conjianza, ante el
cual se ventilen con plena libertad los derechos violados ó
puestos en cuestión.
* ‘ La primera y principal función de este Consejo debe
ser examina) y decidir, en juicio contradictorio, si un acto,
de cualquiera naturaleza que sea, expedido por los poderes
legislativo ó ejecutivo, tanto de la Confederación como de
los Estados (hoy Departamentos), es ó nó contrario á la
Constitución nacional. La decisión debería ser obligatoria para
todos los poderes y empleados públicos de la Unión y de los
Estados y para todos tos habitantes del país."
RASGOS CARACTERISTICOS DB D. MARIANO OSPINA *5
i
“........... Lo que constituye la libertad y la seguri­
dad de los pueblos no es el sufragio universal, ni la fre­
cuencia de elecciones, ni la existencia de numerosas asam­
bleas, ni el deslinde minucioso de los poderes públicos, ni las
constituciones fastuosas atestadas de garantías nominales, sino
únicamente l a r e s po n s a b il id a d e f e c t iv a d e l o s q u e
EJERCEN FUNCIONES PÚBLICAS. Organícese un gobierno de
modo que los que lo ejercen, de cualquiera categoría que sean,
puedan ser acusados y castigados si no cumplen sus deberes,
ó si abusan de su poder, y es seguro que se tendrá un buen
gobierno, que habrá seguridad y libertad, orden y paz, sean
cítales fueren la forma y denominación de ese gobierno. Pue­
blo libre y buen gobierno son sinónimos de gobierno efectiva­
mente responsable. Por el contrario, dése al Gobierno la forma
y nombre que se quiera, y establézcase ó consiéntase que haya
un poder, una corporación o un magistrado que pueda violar
impunemente leyes y atropellar los derechos reconocidas, y en
tal Estado no habrá seguridad, libertad, orden ni paz garan­
tizados. . .(De La Sociedad, número 221).

VII
¿ Cómo opinaba en lo concerniente á las necesariasep-J
ciones entre la Iglesia y el Estado ?
Como él gustaba de estudiar á fondo los asuntos de
suyo complexos, como éste, narrando la historia de tales rela­
ciones, en una extensa memoria escrita en 1884 se expre­
saba en estos términos :
. Desde que los gobiernos protestantes asumieron
la dirección y la autoridad suprema en sus iglesias, los mo­
narcas católicos aspiraron á ponerse en igual predicamento
respecto de la Iglesia Católica. Nació entonces el galicanis-
mo, que en España y Portugal no tuvo nombre propio y pu­
diera haberse llamado el Regalismo.
“ Según esa doctrina, sostenida por los abogados imbui­
dos en el Derecho Romano, y por la Filosofía anticatólica,
el gobierno de los negocios eclesiásticos corresponde de de­
recho más al Rey que al Papa. Los que profesaban la
doctrina contraria eran llamados ultramontanos, mirados
como desafectos al Rey ó al Gobierno, y tenidos en menos
como 1 gente que no estaba al corriente de la civilización/
No se permitía imprimir libros ni otros escritos contrarios á
las supuestas regalías de los monarcas, mucho menos ense­
ñar doctrina en tal sentido. El gobierno civil nombraba los
sujetos para los obispados, canongías y curatos; la comuni­
cación del Episcopado y del Clero con la Santa Sede, que
26 BOLETÍN DB HI8TORTA Y ANTIGÜEDADES

debía pasar por las manos del Gobierno, era poco menos que
nula, y esta porción de la Iglesia estaba casi enteramente
substraída á la acción del Pontífice. En consecuencia, el
Episcopado y el Clero eran naturalmente ultramontanos ; la
venida del primer Delegado Apostólico los alarmó. La per­
secución oficial á la Iglesia en los últimos tiempos ha produ­
cido un cambio en la opinión de la mayor parte de los ecle­
siásticos, pero no ha corregido todavía bastantemente las
preocupaciones que el regalismo había engendrado.
“ Los hombres que hicieron la revolución de 1810, y los
que en virtud de ella ejercieron los poderes públicos en estos
países, eran en su mayor parte sectarios secretos de las doc­
trinas de los revolucionarios franceses, y los que eran católi­
cos sinceros profesaban de buena fe las doctrinas regalistas.
De esto resultó lógicamente que desde el principio de la In­
dependencia la libertad y los derechos de la Iglesia fueron
socavados sin resistencia de nadie, ya ostensible, ya sigilosa­
mente (sobre todo en virtud de la ley de Patronato eclesiás­
tico, expedida por el Congreso colombiano de 1824). El
Clero, por regla general, no opuso resistencia ninguna . ..
Las cosas anduvieron de esta manera hasta que los enemigos
de la Iglesia, perdido ya el miedo á lo que llamaban el fana­
tismo religioso, declararon guerra abierta á la Iglesia. En­
tonces algunos eclesiásticos celosos, muy poco numerosos, y
muchos laicos sinceramente católicos salieron á la palestra y
empeñaron la lucha, que hoy se sostiene en la prensa, en la
enseñanza y en la tribuna, cuando la libertad electoral ha
permitido á los católicos llegar á ella. Esta lucha ha sido des­
ventajosa para los defensores del Catolicismo, que han tenido
en contra una parte del Clero y la fuerza secreta y pode­
rosa de las logias, cuyas miras y aspiraciones han preva­
lecido en el Gobierno en la mayor parte del tiempo.
“ Cuando las logias creyeron que sus doctrinas anti­
católicas dominaban generalmente en el país y que en con­
secuencia, retirando el Gobierno su sanción al cobro de las
contribuciones destinadas al sostenimiento del culto y del
Clero, y su acción ó intervención en los negocios eclesiás­
ticos, el culto y el Clero no podrían subsistir, y la Iglesia
moriría de inanición, proclamaron la separación de la Igle­
sia y el Estado.
“ Esta idea alarmó grandemente al Clero y á muchas
personas piadosas que suponían la intervención del Gobierno
civil, cosa esencial, ó por lo menos importantísima para la
Religión. No pensaron lo mismo los católicos versados en
los negocios públicos, que habían palpado de cerca los gra­
RASGOS CARACTERÍSTICOS DE D. MARIANO OSPINA 27

vísimos inconvenientes de la intervención en asuntos ecle­


siásticos de un poder que, estando bajo la dirección de las
sociedades secretas, era y será siempre enemigo mortal é
irreconciliable de la Religión y de ¡a Iglesia. Estos sujetos
no coadyuvaron á la separación, pero no se opusieron á
ella, porque en las circunstancias del país (en 1853^, lejos
de ser aquel cambio un gran mal, debería ser un gran bien:
así sucedió.
“Los efectos inmediatos de la separación de la Iglesia
y del Estado (en aquellas circunstancias) han sido:
“ 1? Que libres los Obispos para gobernar sus diócesis,
su poder legítimo sobre el Clero para contenerlo en sus
extravíos, corregirlo y moralizarlo, se enrobusteció sensi­
blemente y vino á ser mucho más eficaz ; el Clero empezó
á depender del Obispo y no del Gobierno.
“ 2.0 Que estando ya libre la comunicación del Epis­
copado con la Santa Sede, la acción moral y gubernamental
del Jefe de la Iglesia pudo sentirse aquí, lo que antes no
era fácil, porque los actos del Pontífice necesitaban el pase
del Gobierno, y por conducto de éste debían pasar también
los memoriales y solicitudes dirigidos á Roma, y lo que
más podía interesar á la Religión ó á la Iglesia no pasaba
al través del cedazo de la logia
“ 3? Que no teniendo el Gobierno la provisión de los
beneficios eclesiásticos, no se llenaron ya las logias de clé­
rigos y frailes intrigantes, que iban á buscar en ellas, como
en la fuente más segura, mitras, prebendas, curatos ricos ó
provincialatos. Los afiliados en aquellas sociedades se retira­
ron de ellas, porque habían dejado de ser el camino para
los beneficios apetecidos. El día en que el Gobierno, y por
consiguiente la logia, tenga otra vez intervención en la pro.
visión de beneficios eclesiásticos, se volverá á las andadas
“4? Que no esperando el Clero sus ascensos del Go­
bierno, no busca en intrigas políticas el patrocinio de los
partidos. Es notabilísima la disminución de sacerdotes de­
magogos que ha producido la separación de la Iglesia y del
Estado. Los curas empezaron á buscar el camino de los
ascensos en la estimación de su Obispo y en la confianza y
amor de les feligreses sinceramente católicos de su parroquia.
EL celo religioso del Clero, por lo menos en esta Diócesis
(ae Medellín) que tengo á la vista, se ha centuplicado des­
de que dejó de ser instrumento político de los partidos go­
bernantes. . . ”
Dirigiendo una mirada retrospectiva al estado de la Igle­
sia algunos años antes de la ley de separación dictada en
1853, decía:
28 BOLETÍN DE HISTORIA T ANTIGÜEDADES

____ En tales circunstancias, un gobierno conservador,


que acababa de triunfar en una larga guerra (la de 1840 á
1842), emprendida contra él por el liberalismo, quiso iniciar la
reacción católica contra la demagogia anticristiana ; hizo ve­
nir algunos jesuítas para establecer colegios de misiones.
Como la Compañía de Jesús ha sido siempre ultramontana,
inteligente, instruida, celosa y abnegada, ha sido por lo mis­
mo aborrecida ó mal vista por los gobiernos opresores, los
abogados regalistas, los frailes relajados, la porción del Clero
pretensioso, interesado y egoísta, y por los liberales de todo
color y denominación. Los jesuítas traídos fueron acepta­
dos con el más vivo entusiasmo por todos los católicos sin­
ceros, y contrariados rabiosamente por sus naturales y cons­
tantes adversarios. En los pocos años que estuvieron en el
país produjeron una reacción notable en el sentimiento reli­
gioso, en la enseñanza, en las prácticas cristianas y en el
esmero y decencia del culto.
“ El Illmo. Sr. Arzobispo Mosquera y el Sr. Gómez
Plata, Obispo de Antioquia, hombres instruidos, que cono­
cían la necesidad notoria de dar al Clero una instrucción
bastante, hacían entonces grandes esfuerzos con tal fin. Pero
esto duró poco ; en una de esas transiciones políticas que
arruinan estas regiones, subió al Gobierno el partido liberal
(en 1849), y expulsó contra todo derecho á los jesuítas, des­
terró al Arzobispo y á varios Obispos, y murió por enton­
ces el Sr. Gómez Plata (1850); la reacción católica quedó
en esa époea paralizada. El Gobierno y su partido impul­
saron enérgicamente una reacción demagógica é impía. Em­
pero, no pudieron destruir enteramente el impulso dado á las
¡deas ni la mejora alcanzada en la instrucción y educación del
Clero, y ésta es hoy en el Arzobispado y en los Obispados
mucho mejor de lo que era antes. . .
Razonando en tal sentido, no dasconocía D. Mariano
que el sistema de la separación absoluta de la Iglesia y el
Estado, generador del Estado laico ó ateo, es absurdo por
desprenderse de él consecuencias en extremo perniciosas
para la moral y la tranquilidad públicas, pues en concepto
suyo un Gobierno anticristiano procurará siempre apoyarse
en él para prescindir por completo del elemento religioso y
moral en la organización de la familia y en la de la ense­
ñanza oficial ; lo cual produce indefectiblemente el aumento
rápido de la impiedad y la corrupción en las nuevas genera­
ciones, y el consiguiente incremento del desorden y la inse­
guridad social.
En consecuencia aspiraba á que, cuando el partido con­
RASGOS CARACTERISTICOS DE D. MARIANO OSPINA 29

serrador fuera al poder, lo cual le parecía indefectible, y es­


tuviera en posibilidad de revisar la Constitución, estatuyese
en ella las condiciones de existencialibre é independiente de
la Iglesia y de las órdenes y asociaciones religiosas autori­
zadas por ella, y las bases cardinales de las relaciones, necesa­
rias é ineludibles, entre las dos potestades eclesiástica y civil.
Por eso decía en otro documento : “ Este partido (el
conservador) que quiere el mantenimiento de la Religión Ca­
tólica y la libertad de la Iglesia; que tiene interés mani­
fiesto en procurar la seguridad de sus creencias contra los
enemigos de ellas, estará naturalmente dispuesto á hacer con
la Santa Sede, en los negocios eclesiásticos, los arreglos razo­
nables y
Todo loque precédenos induce á juzgar que, si él hu­
biera vivido unos años más, se habría declarado satisfecho
con el Concordato hoy vigente y con las instituciones de
1886, en cuanto se rozan con los derechos de la Iglesia y con
las relaciones de las dos potestades.

VIII
Como hombre de gabinete sobresalía por la poderosa y
no interrumpida atención que prestaba al estudio concienzudo
de los asuntos arduos de la política y la administración, pues
no vacilaba en apartarse de la lectura amena y demás pasa­
tiempos para consagrarse en absoluto al cumplimiento de
sus deberes oficiales.
En sus lecciones hist ricas, comparando el mérito in­
signe de varios gobernantes previsores, activos y modestos,
con otros muy escasos de tales condiciones, nos advirtió:
0 quien estudia la Historia con criterio delicado y penetrante
no dejará de preferir el ejemplo del ilustrado Emperador
Adriano, cuya capacidad y prodigiosa actividad dejó huellas
innumerables por todo el Imperio Romano (importantes ca­
minos, puentes, acueductos, etc.; ni dejará de considerar
muy perniciosa la administración de los príncipes negligentes
y perezosos, dados á la imitación de Tito. Pero observe us
ted la diferencia entre ellos : el primero, en vez de prodigar,
economizaba los tesoros del Imperio, precisamente para em­
prender y llevar á cabo las obras monumentales que exigía
la buena administración pública; como hombre de mérito po­
sitivo no buscaba ni pagaba aduladores; mientras que la fama
no merecida del segundo, que era inepto, se debe á la lluvia
de laudatorias que le prodigaron literatos y poetas mercena­
rios, quienes le llamaban 4 las delicias del género humano/
“ En naciones pobres y atrasadas como la nuestra, en
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

donde no existen los recursos de que Roma disponía, sin


pretender emular con Adriano, es necesario huir como de la
peste, de la escuela de Tito, que pensionaba á los literatos; y
seguir, en todo caso, las huellas de los gobernantes capaces,
previsores, diligentes, firmes y modestos, á la manera de
Portales, García Moreno y Berrío.”
Su actitud modesta, siempre en armonía con su recono­
cida superioridad intelectual y moral, hacía notable contraste
con la tendencia ridicula de muchos hombres públicos, prin­
cipalmente del grupo de las medianías, que los impulsa á
atraer constantemente la atención general hacia las cualida­
des y virtudes que presumen poseer, y á que se fije en el
papel importante que ellos se consideran en capacidad de
representar. Por el contrario, D. Mariano Ospina, sin rendirle
pleito homenaje al impertinente yo, por ser extraño en abso­
luto á lasimpetuosas acometidas de la vanagloria, mostrá­
base siempre impersonal y desinteresado en sus escritos y
discursos, y nada inclinado á cortejar á la bullanguera y ve­
leidosa popularidad.
Tan lejos llevaba la modestia, que durante su Presiden­
cia no puso guardia en palacio, en donde sin dificultad halla­
ban audiencia quienes la solicitaban ; no usó carruaje ni se
abstuvo de seguir su antigua costumbre de salir á paseo, á
pie, ya solo, ya acompañado de algún amigo de confianza.
Cuéntase que estando por aquel tiempo refugiado en
Bogotá un militar venezolano, muy relacionado con los gol-
gotas, quienes en su presencia forjaban planes para derribar
al “ Tirano/’ como ellos nombraban á D. Mariano, pasó por
el Palacio de San Carlos, en donde, no encontrando impedi­
mento para la entrada, subí».' á la galería superior. Relacio­
nóse fácilmente con el Dr. Ospina, quien, acogiéndole con
afabilidad y sencillez, le proporciona la ventaja de concretar
la conversación á la agricultura y á otros asuntos peculiares
de Venezuela. Encontrándose poco después el venezolano
con el grupo de gólgotas amigos suyos, les habló substancial­
mente en estos términos : “ Ya conocí á D. Mariano;” y rela­
tándoles las circunstancias de la agradable entrevista, añadió :
“¿Ese es el tirano á quienes ustedes pretenden derrocar ?
Muy bien se comprende que ustedes ignoran lo que se llama
tiranía ; no juzgarían así si conocieran los tipos de ese géne­
ro que en Venezuela hemos tenido que soportar.”

•* *
Como economista educado desde su juventud en la es­
cuela del libre cambio, mostrábase siempre encariñado con
Ka HGo K CAKACTKKI61’fC- S i>K ¡> Ma RIANO ' «PINA 31

los principios de la libertad comercial, y dispuesto á buscar,


de conformidad con ellos, la solución de los problemas econó­
micos, como puede verse en la serie de artículos que empezó
á publicar en La Sociedad, bajo el título de Opiniones de Pero
Grullo, sobre moneda, bancos, minas y negocios en general;
en los cuales, como si leyese en el pavoroso cuadro del por­
venir, anatematizó la fundación del Banco Nacional y el régi­
men del papel-moneda, mirados por él como arbitrios funestos
y desastrosos
Mas, comprendiendo, como hombre de clarísima visión,
que en asuntos económicos aún no se ha dicho por la ciencia
la última palabra, nos manifestó, por los años de 1883, que,
aunque, por regla general, él era adicto á la doctrina libre­
cambista, nó desconocía que la del proteccionismo pudiera
tener razón en determinados puntos, por ejemplo, en lo con­
cerniente al establecimiento de industria: cuya conservación y
desarrollo no fuesen incompatibles con la naturaleza, circuns­
tancias productivas y necesidades comerciales del país; pero
que apriori no era admisible el sistema proteccionista, por­
que, aplicado á troche moche, por manos inexpertas ó ansio­
sas de ganar popularidad, estaría llamado á dar copiosa cose­
cha de males en países pobres y atrasados como el nuéstro,
bastante propensos de suyo á la adopción de modas extran­
jeras.
Para saber cómo había pensado .» procedido D. Mariano
en épocas diversas en que aparece su nombre muy sonado en
la historia nacional, y conocer los fundamentos y pormenores
de su conducta, generalmente ignorados, era necesaria inter­
pelación directa de persona muy estrechamente ligada á él
por los vínculos de la amistad é íntima confianza, pues siendo
de carácter reservado y circunspecto, evitaba espaciarse en
confidencias de esa especie. Al presentarse á hacerlas, por
complacer á quien le interrogaba, no se le oía palabra jac­
tanciosa, no nombraba espontáneamente á sus malquerien­
tes é injustos agresores, á los que en las circunstancias más
calamitosas le hostilizaron y persiguieron en su persona, hon­
ra y familia, y contribuyeron al menoscabo de su hacienda,
á los esbirros que, en los mayores conflictos, se cebaron en él
irrogándole ultrajes y tratamientos inicuos, bajos ó crueles,
no empleados ni aun en la captura y custodia de asesinos
atroces y malhechores consuetudinarios.
Extraño por temperamento y por educación á los im­
pulsos de la envidia, del rencor y de la vanagloria, al na­
rrar los hechos relativos á la solicitada explicación, se ex­
presaba en términos tan sencillos y modestos, que ni se
32 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

atribuía el mérito del proceder arreglado, ventajoso y co­


rrecto ; ni omitía manifestar la atinada intervención que en
él había cabido á sus colegas y colaboradores en la Legis­
latura y en el Gabinete, ni acostumbraba aludir á los obs­
táculos suscitados por pérfidos adversarios, ni á las enemis­
tades, peligros y sinsabores anexos á la rectitud de la con­
ducta por él observada en determinadas circunstancias, por
más críticas y aterradoras que fuesen. Sin dificultad recono­
cía, por otra parte, las buenas prendas que adornaban á al­
gunos de sus antagonistas y los actos generosos de que él
tuviese conocimiento.
A interrogatorios semejantes respondía generalmente de
una manera bastante impersonal, por ejemplo :
“ En las circunstancias que usted desea conocer (con
relación al Congreso de 1856), propuso el Dr. Murillo la
abolición de la pena de muerte. Esa ha sido siempre una
de las teorías más perniciosas de los innovadores pertenecien­
tes á la escuela radical ó gólgota, la cual procura ganar po­
pularidad estimulando la sensiblería de los cándidos seducidos
por los soñadores franceses á la Víctor Hugo, y mostrán­
dose generosa con los mayores delincuentes que puedan ser­
virlo con eficacia en sus empresas revolucionarias y en sus
hazañas electorales. Por estos medios tiende á favorecer la
impunidad y el desorden, pecando contra la justicia y la
seguridad social, las cuales exigen á gritos que no se cu­
bra con el manto de la impunidad la ejecución de los de­
litos atroces. Pues bien: entonces se les refutó por com­
pleto, demostrando con argumentos incontestables la robus­
tez y superioridad de la doctrina conservadora legítima sobre
la de su escuela.
“ En 1860 logr el Gobierno el arreglo de la Deuda
Exterior, celebrado en Londres con el Comité de acreedo­
res de la República. En esta labor fueron muy eficaces los
esfuerzos de dos colaboradores de la Administración, muy
competentes por su pericia y respetabilidad : D. Ignacio Gu­
tiérrez, Secretario de Hacienda, y D. Juan Defrancisco
Martin, Ministro de la República en las Cortes de Francia é
Inglaterra.
“ El General Herrán, Ministro granadino en los Estados
Unidos, desempeñó sus funciones con cordura y acierto, so-
br etodo en el arreglo de la cuestión del Melón de Panamá y
sus consecuencias, que habían puesto á la Nación en graví­
simo aprieto, á todo lo cual se le puso término con la apro­
bación del Convenio Herrán-Cass.”
RASGOS CAR ACTT'.V TSTICOS DE D. MARIANO OSPINA 33

Acostumbrado al constante dominio de su poderosa ra­


zón sobre las pasiones y el sistema nervioso, sobresalía D. Ma­
riano por la igualdad de ánimo, la intrepidez y la sere­
nidad, dotes que le habilitaban para arrostrar impávido los
gravísimos peligros procedentes de la alborotada y amena­
zante ira popular, en casos de conflicto, como sucedió en la
Plaza de Bolívar, en Bogotá, el 30 de Julio de 1851 ; impa­
videz y pormenores que habríamos ignorado si testigos pre­
senciales pertenecientes al bando opuesto, como el Sr. Cordo­
bés Moure y D. Salvador Camacho Roldán, no hubieran
manifestado con franqueza el respeto que su valerosa con­
ducta en aquella pavorosa noche supo inspirarles.
¿ Y cómo se condujo en la difícil y vigorosa acometida
que las fuerzas del Gobierno legítimo dieron, en 1860, á sus
adversarios de Santander, que estaban atrincherados en el
campo del Oratorio ?
Testigos presenciales afirmaron entonces que la inter­
vención del Presidente Ospina fue decisiva para disponer el
ataque ; y su denuedo y admirable sangre fría en el ascenso
á lá cumbre fueron muy eficaces para estimular á los jóve­
nes que lo acompañaban, hasta obtener la victoria.
Intrepidez y serenidad no menores mostré en presen­
cia nuestra (en Marzo de 1879) cuando, estando inválido,
se le conducía hacia la cárcel de Medellín, un martes, día
de notable concurso, al través de la plaza mayor (hoy de
Berrío), en los momentos en que una turba de gente soez
y enfurecida clamaba de continuo: “¡ Mátenlo! ¿Por qué
no lo matan ? ”
Entonces nos parecía á los tres amigos que acompañá­
bamos á la víctima que estábamos oyendo los gritos furi­
bundos de otra turba desenfrenada, que diez y nueve si­
glos atrás, pedía en las calles de Jerusalén la crucifixión
del Justo por excelencia.
Bien se comprende que, en todos los países y tiem­
pos, la turba exaltada por las pasiones democráticas siempre
ha representado complacida la escena del insaciable victi­
mario.

Si el expositor de doctrina y el robusto y avezado po­


lemista aparecía á veces dogmatizador y contundente, según
el sentir de sus adversarios, era porque en atletas de su
talla y fortaleza, provistos de la s lida armadura que pro­
cede de arraigadas y sinceras convicciones y de abun
3
34 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

dantes y acerados razonamientos, lo común é inevitable


es que su débil ó enfermizo contendor, acribillado desde los
primeros mandobles, bambolee y caiga por tierra, sin que
por eso se excusen los primeros de contribuir para que el
vencido sea retirado del campo y curado de sus heridas en
el hospital. Aludiendo á esta conducta generosa (en 1883),
con motivo de la defunción de otro gran publicista cristiano,
el ilustre Luis Veuillot, nos advertía:
“ Los hombres de la escuela de Veuillot aparecen ante
la muchedumbre como si estuvieran dominados del odio y
del rencor, si se atiende á la franqueza de su lenguaje, á
veces áspero y desabrido, que no hay que atribuir á tales
pasiones, sino al impulso de la profunda convicción con que
entran á la lid y al disgusto con que miran la pequeñez mo­
ral y la vileza de procedimientos que distingue á muchos
de sus adversarios........... Pero estoy persuadido de que
hombres de los talentos y temple de aquél no proceden en
virtud del aguijón del odio personal, sino animados del
odio al error y á la maldad.
“ Las medianías sí están mucho más expuestas que los
hombres superiores á dejarse arrastrar del odio á sus ad­
versarios, guiados acaso del deseo de hacer viso ostentando
profunda convicción y energía cuando entran en combate.
“Debe amarse la justicia y la verdad y defenderlas
con argumentos sólidos, con entereza y celo diligente y
abnegado, como procedía Luis Veuillot, pero sin permitir
que en el ardor del combate se apodere del corazón el odio
contra las personas, y si se advirtiere que alguna vez ha
penetrado y dejado en él algún sentimiento rencoroso,
es necesario arrojarlo con esfuerzo y empeño, para que el
corazón, quedando libre por completo de pasiones innobles y
lleno de sana intención, deje á la inteligencia en estado bo­
nancible para aplicar sus fuerzas ordenadamente.”
El filósofo cristiano, á quien la pluma cáustica del cono­
cido escritor Emiro Kastos señaló con el apodo de Rodín
en época lejana, tuvo, por sus talentos, ideas, sentimientos
y firmeza de carácter, no pocos rasgos de semejanza con
Luis Veuillot, á quien sus adversarios más obstinados desig­
naban con el apodo de El Ogro, y de quien, poco des­
pués de su muerte, decía un escritor de El Gaulois : “ El
hombre cuya tinta quemaba el rostro en las batallas de la
prensa era en sus relaciones privadas la urbanidad, la fineza,
la benevolencia y la modestia personificadas. No hablo de su
vida de familia, que fue la de un santo y un patriarca; hablo
del Veuillot mundano, si así puedo expresarme. El agrado
RASGOS CARACTERISTICOS DE l> MARIA CIMJAOHN 35

y la dulzura de su voz, ki iluminación de su sonrisa, trans­


figuraban los rasgos toscos y como incompletos del ros­
tro. Visto de cerca Veuillot era encantador. Los que ape­
nas le han visto desde lejos le han tomado por un acogo­
tados”
A semejanza del gran Veuillot, tan falsamante juzgado
por los que le vieron desde lejos, fue también nuestro filósofo
erróneamente comprendido por aquellos de sus contemporá­
neos que le miraban por medio de prismas engañosos y ape­
nas en vista de vanas apariencias exteriores. Los que le veían
de cerca se retiraban siempre complacidos de su trato ame­
no, dulce y sin esfuerzo atractivo, y si pertenecían al grupo
de sus adversarios educados, por lo menos le miraban con
respeto.
Bien se sabe que, aleccionado Emiro Kastos por la
experiencia de lo que son gobernantes verdaderamente fa­
laces, ineptos ó mal intencionados, deploraba en sus últimos
años la persistente oposición hecha por él al supuesto Ro-
dín y á su Administración, y no vacilaba en reconocer las
dotes de íntegro gobernante que le caracterizaron.
Tan amante de la Religión, de la Justicia y del orden como
Luis Veuillot, y no menos lógico y consecuente que él,
profesaba D. Mariano Ospina la máxima de que un funcio­
nario público está muy obligado á acatar el deber, cumplién­
dolo con resolución, imparcialidad y firmeza incontrastable,
“ como si no tuviera amigo ni adversario; es decir, que
no concederá á la amistad lo que no debe á la justicia, y lo
que debe á la justicia no lo rehusará á la enemistad.”
Tratando de este asunto decía : “ El hábito de domi­
nar el pensamiento y la voluntad para no consentir en ellos
nada perverso ó indigno, da al hombre el poder y la faci­
lidad de dominar las pasiones y de resistir á la tentación,
que es lo que constituye la grandeza de alma, que los hom­
bres admiran y ambicionan, sin acertar á alcanzarla.
“ Colocado el hombre en la tierra para merecer, toda
situación es propia para ello: en toda situaci'n hay deberes
que llenar, y lo mismo se merece llenando bien los deberes de
rey que los de pastor de marranos.
“ La cuantía del merecimiento no está en la magnitud
de los efectos del acto, sino en la dificultad y grandeza del
esfuerzo que hace el que lo ejecuta para sobreponerse á los
obstáculos internos ó externos que es necesario vencer para
hacer el bien ó para abstenerse del mal.”
Teniendo él una idea tan clara y elevada del deber y de
la justicia, aspiraba con todas las fuerzas de su alma á que
BOT/'TÍN DC lirSTOILIA Y ANTIGÜEDADES

ellos fuesen la regla invariable, el principio regular de la con­


ducta, no sólo del hombre público en cualesquiera de sus di­
ferentes situaciones, sino también del individuo particular en
todas las circunstancias de la vida.
A la ausencia de aquel principio en la dirección de los
negocios mercantiles atribuía el odioso espectáculo que, á
cada paso, se ofrece en las sociedades dominadas por el ma­
terialismo cosmopolita: el ejemplo de fortunas improvisadas ó
rápidamente acrecentadas, merced al empleo de procedimien­
tos desleales y perversos, propios de tahúres desalmados ó de
piratas (tales como la invenci n y propaganda de noticias fal­
sas y sorpresas, lazos peligrosos, asechanzas, embustes y ma­
rañas, violencias y fraudes de diverso linaje j, todo á costa de
la ruina parcial absoluta de la riqueza ajena.
Si él hubiera alcanzado al ocaso del siglo XIX y visto la
insaciable sed de ganancia injusta que á muchos domina; la
fiebre vertiginosa y devoradora del agio y del juego de suerte
y azar, ¿qué habría pensado ? En presencia de la afición
desordenada al juego de bolsa, y á la aventura en general,
¿no la habría estimado como desastre irreparable, muy espe­
cialmente en naciones incipientes como la nuéstra ?
Creemos que, en tales circunstancias, se habría ergui­
do como un profeta de Israel para condenar el vicio y se­
ñalar las gravísimas y deplorables consecuencias individua­
les y colectivas del pésimo rumbo adoptado.
No obstante haber sido elevado nuestro fil sofo y es­
tadista al solio presidencial, con verdadero lujo de sufragios,
emitidos en una de las contiendas electorales más libres,
limpias y correctas que haya visto nuestra patria (1856),
muchos de sus adversarios y malquerientes, ligándose con
émulos ambiciosos y resentidos, se concitaron para derro­
carle del sill n que tan legítima y dignamente ocupaba, y al
fin lograron (en 1861) volcar el dosel, ocupado entonces por
su digno sucesor D. Bartolomé Calvo.
Mas á medida que la vehemencia de la ciega pasión en­
tonces dominante fue cediendo el campo al criterio frío y
reflexivo, aquellos de sus adversarios más rectos é investiga­
dores llegaron á rectificar sus err'neos conceptos, recono­
ciendo que el antiguo Presidente de la Nueva Granada era
personaje de altísima importancia por sus grandes talentos,
variado y s'dido saber, rectitud de criterio, austeridad de
costumbres, honradez perfecta, sentimientos republicanos y
firmeza inalterable, lo cual, en puro romance, equivale á
proclamarle por uno de los grandes hombres que, por el
equilibrio de sus facultades, más han honrado al país; y
ARCHIVO BFL GKNFBAL SANTANDER 37

condenar, en consecuencia, la volucbn de 1860 que, di­


rigida, en apariencia, coatí a el Magistrado dotado de con­
diciones tales, dio en tierra con el principio de Legitimi­
dad y hundió la República en la dilatada mar del descon­
cierto y la anarquía, semillero fecundo de las calamidades
que actualmente la devoran, y llenan de aflicción á los cora­
zones generosos y honrados.
( Concluí* á).

ARCHIVO DEL GENERAL SANTANDER


cartas de los patriotas Juan Galea, Juan José Manzaneda, Rafael D. Mérida,
Francisco Conde, y Juan A. Piñeres.

Febrero, 28 de 1819.

Excmo. Sr. General en Jefe Francisco Santander.

Las críticas circunstancias en que se hallan todas mis


cosas y principalmente mi familia, me han obligado á expo­
ner todos los motivos que tengo para que Usía se digne
franquearme una licencia para viajar por un corto tiempo,
que es el que necesito para poner en arreglo y en modo
decisivo mi familia, pues el Comandante de aquel Depar­
tamento me ha privado el que yo tenga quién me cuíde mis
obligaciones y mis caballos, pues los necesito para el des­
empeño de mi grado. Y mande á este invariable q. b. s. m.,

Ju a n Ga l e a .
Sr. General de la División de Casanare.

Por el adjunto oficio, que incluyo á Usía, se impondrá


del estado de nuestro Ejército y el lugar de su paradero.
Usía no debe tener ningún cuidado por esta parte, pues yo
no perderé momentos de darle parte de lo que ocurriere.
Reyes Vargas, según la última noticia que hemos tenido,
se halla en Quintero.
Vuelvo á instar á Usía nuevamente sobre las armas y
pertrechos que le tengo pedidos en mis últimos oficios, pues
la escasez de este artículo es demasiado en mi escuadrón.
Dios guarde á Usía muchos años.
Arauca, 22 de Septiembre de 1819.

Ju a n Jo s é Ma n z a n e d a .
3» [Link]>’ [j;. HLSTORTA Y ANTIGÜEDADES

Curazao, 5 de Septiembre de [819.


Sr. L). José Santander.

Muy señor mío y de mi estimación :


Resuenan ya por todas partes los progresos de las armas
que se hallan bajo las órdenes de usted, en la Provincia de
Casanare, y todos nos prometemos más felices sucesos para
contribuir en algo destruyendo la opinión de los enemigos, no
menos importante ; trabajar también los que no pueden pre­
sentarse en el campo de batalla, como gloriosamente lo hace
usted. Los ejemplares que acompaño son un testimonio de
esta verdad. Creo sería importante instruir al Ejército de las
principales iniquidades de los españoles, desde el descubri­
miento de las Américas, para electrizarlo más en el fervor
sagrado que lo vivifica.
Tengo el honor de ser de usted atento servidor q. b. s. m.,
Ra f a e l D. Mé r id a .

Angostara, Septiembre 22 deJf8i9.-9.°


Mi querido Santander : con esta van tres que tengo es­
critas á usted sin haber recibido contestación. ¿Y esto por qué,
Monseñor? Porque está usted en el país de la abundancia,
en la capital del Imperio, ¿ se olvida de los amigos ? Aquéllos
que habiendo dejado esa misma capital el año 16, por disfru­
tar de las delicias que ofrecen esos Llanos de Dios ; aquéllos
que por cerca de un año se saboreaban con la carne sin sal y
que fueron inseparables mientras duraron estos placeres ¿ po­
drán olvidarse ? No, no lo creo. Basta de mecha.
La noticia de la toma de Santafé, llegada á esta plaza
ahora cuatro días, fue una de aquellas sorpresas agradables en
que por lo grande del bien duda uno lo mismo que está mi­
rando. La fuerza superior que presentaba el enemigo, la de­
fensa ventajosa que se había propuesto y la desmembración
de nuestro ejército, todo anunciaba, ya que no un mal suceso
á nuestras armas por contar con la opinión de los pueblos, á
lo menos sus ventajas debían ser parciales y nadie contaba
con un resultado ni tan feliz ni tan pronto.
Desde que estamos en revolución no se ha visto una cam­
paña tan brillante en ninguno de los partidos contendientes ;
gloria, pues, á los que han tenido la dicha de haberla empren­
dido, y mucha más á los que hayan contribuido más inme­
diatamente á su logro.
Permítame usted dar mi parecer sin que me lo pidan,
apnque se diga que quién mete á los burros á opinar, pues
ARCHIVO DEL GENTCRSL SANTANDER 39

además de que io hago con la - < .fianza de amigo, vemos en


las fábulas de Iriarte que uno loco la flauta por casualidad.
Un pueblo que desea ser libre y que lo consigue cuando
menos lo espera, no puede menos que entregarse todo, por
gratitud, á sus libertadores, con la efusión del placer que le
causa la posesión del bien; no hay sacrificio que haga por
grande que sea. Tál considero en el día á la Nueva Granada,
y, por consiguiente, son estos los momentos que se han de
aprovechar para poner un ejército de 15 á 20,000 hombres,
si es posible, aunque por ahora no haya con qué armarlos.
Los hombres que en época anterior se negaban á dar una
octava parte de lo que poseían, ahora darán la mitad á la
menor persuasión. En Venezuela, como usted sabe, se han
mantenido los ejércitos con sólo la ración de carne, y este mé­
todo seguido allá, con las mejoras que proporciona el país,
hará que las contribuciones sólo se empleen en armamento,
vestuario y todos los demás elementos de guerra, sin que gra­
viten sobre los pueblos.
Estas son unas observaciones dictadas por la amistad y
el deseo del bien general, pues yo estoy seguro que si siempre
hubiera tenido la República la reunión de Jefes que cuenta
en el día ese ejército, hace mucho tiempo que Morillo no pro­
fanaría el asilo de la libertad.
Aquí hemos tenido grandes cosas : el Sr. Zea renunció
’a Vicepresidencia por poco menos que por fuerza, y fue nom­
brado en su lugar el Sr. Arismendi ; de igual naturaleza se
an mandado hacer curiaras y hasta los Tlayres (sic) se han
iistado para tomar las armas, aunque ya el enemigo desapa-
rció y la patria salió del peligro.
Hemos tenido la desgracia de perder á Uribe, que mu-
rí el 18 del corriente, y cuyas honras se le hicieron hoy con
tda la pompa posible. Mis afectos á Anzoátegui, Soublette,
Gnzález y todos los demás amigos, y usted cuente con la sin-
cea amistad de
Fr a n c is c o Co n d e .
Angostura, Abril 13 de 1820.
Mi amado amigo Santander: ¡ con cuánto gusto, con
cuáro placer he recibido su apreciable de 22 de Enero últi­
mo ¡Las noticias del progresivo aumento de nuestro ejército
y deiás que contiene, no son para mí, á la verdad, tan lison­
jeras orno saber que mi amigo Santander, en medio de sus
vasta^atenciones, no se olvida de su compañero de infortu­
nios, jesta sola idea me hace apreciar más cada día una amis­
tad á . cual he sido y seré siempre fiel.
40 bo l e t ín i >k h i s t o k i a y a nt t g ue da dk s

Siento infinito no haya tenido usted el placer de dar un


abrazo á nuestro amado Urdaneta, lo que no habrá sido me­
nos sensible á él, pues sé muy bien cuánto lo aprecia, aunque
uno y otro deben conformarse ; él, porque no come frísoles
como en tiempo de marras, y usted, porque le proporciona los
medios de no comerlos. ¡ Ay, mi amigo, cuánto rebajarían su
filantropía nuestros pasados Solones y Licurgos si lograran
una licencita para volver á entender en los negocios públicos !
Vale más una vara de experiencia que ciento de ciencia.
Estoy contentísimo en saber la aptitud militar en que se
halla ese país. Nunca esperé menos de su acreditada activi­
dad, y creo no engañarme si aseguro que los españolas deben
perder hasta la idea de volver á ocupar á Cundina marca.
¡ Qué diferencia entre este y aquel tiempo en que había infi­
nitamente más recursos y medios para imponer la ley al ene­
migo ! El remedio estaba en casa, y no lo supieron aplicar.
En tiempos borrascosos hace más un genio activo y empren­
dedor que la reunión de muchos sabios. Pero dejemos las co­
sas pasadas y vamos á las del día.
Ya sabrá usted que una parte de la expedición que esta­
ba destinada á visitarnos directamente ha levantado el grito,
jurado la Constitución, tomado la isla de León, La Carraca,
Algeciras y puesto sitio á Cádiz. Y aun añaden que habían
tomado á éste y marchaban 25,000 hombres sobre Madrid ;
de lo último no hay certeza, pero de lo primero no cabe duda,
pudiendo asegurar que de cuantas rebeliones han emprendido,
los españoles, desde que disfrutan el dulce gobierno de Fer-j
nando, ninguna presenta tan buen aspecto de combinación J
consistencia como la presente. Y aunque no garantizo el buen
éxito, porque los españoles en diciendo rey é inquisición rinf
den las armas, con todo nos resulta el gran bien de que en
mucho tiempo no pueden pensar en expedición para Améri­
ca, y mientras tanto nosotros sacudiremos el polvo á los qie
nos quedan pe acá. Sin embargo que ya usted habrá reci ­
bido las gacetas, le incluyo los tres últimos números que htn
salido, en que hay insertos varios papeles del ejército espa­
ñol constitucional. /
Mas, dígame usted, mi prenda: ¿á qué viene aquella
indirecta amontillada de decir que aunque es reinoso veifi si
puede servir de algo é imitar á los que no lo son ? Au/que
no puedo persuadirme que ella se dirija á ná, porque h¿ es­
tado muy lejos de pensar de este modo, con todo, en Obse­
quio de la justicia debo repetir lo que dije á usted en uJia de
mis anteriores, y es que tuve el mayor placer el día fie las
elecciones en ver la unanimidad de votos á su favor, y ni) tan­
ARCHIVO DEL GENERAL FANT.'.NDRR 41

to esto cuanto haber manifestado el mayor gusto el pueblo en


general con esta elección ; y ya ve usted, mi amigo, que esto
no va muy de acuerdo con su indirecta ; usted está en un
puesto en que necesita precaverse mucho de los hombres
díscolos que aman la discordia y el desorden ; usted me co­
noce demasiado, sabe mi ingenuidad y que yo no soy capaz
de ocultarle nada.
También le han informado á usted muy mal cuando le
han dicho que habían banquillos preparados para si venían
derrotados del Reino, pues lo que se tramaba era desconocer
la autoridad del Presidente, en el caso que hubiese vuelto
derrotado, y para ello se valían del indigno medio de des­
opinarlo diciendo que era un verdadero desertor. Esto es lo
que se llegó á comprender, y no otra cosa.
Considero á usted impuesto del desenlace que tuvo la
farsa de 14 de Septiembre último, con la venida del Presi­
dente, motivo por el cual renunció, aunque con mucho dolor,
y todos los demás quedaron tan atónitos cual los debía dejar
el golpe eléctrico que recibieron. El Coronel Sánchez murió
con muestras de arrepentimiento, pues hasta el momento de
expirar se estuvo lamentando de su suerte. Este debía ser
General en la nueva planta.
Sucre salió para San Thomas con el Sr. Zea hace mes y
medio, en solicitud de fusiles, y lo esperamos por momentos,
pues ya dije á usted en mi anterior, que remití con Silva, lo
acaecido con el Sr. Hamilton, cuyo acontecimiento nos ha
perjudicado demasiado.
Con Lcha 5 del corriente ofreció el Comandante del
Apostadero de Yaya que una fragata inglesa que conduce
200 hombres de tropa se hallaba varada en el bajo de la isla
del Burro, que había mandado auxiliarla y que tenía noticia
que venían cuatro fragatas nías y un bergantín, tres de ellas
para Orinoco y dos para Margarita, todas con tropas, aña­
diendo que le habían enviado un papel con la firma del Ge­
neral Devercux y cuatro sujetos más. Ayer ha llegado un
Coronel con dos Oficiales, y dice que, en efecto, el resto de los
buques mencionados están todavía en el mar, y que pronto
estarán en el r;o. La tropa de la fragata varada llegará ma­
ñana. Aún no he podido averiguar qué número de tropa vie­
ne ; pero sí me han informndo que no traen armamento, que
es lo mismo que si no viniera nadie, á lo menos ahora que no
hay División, por pequeña que sea, que no tenga hombres
sin armas.
Ucrós, Montes y Martínez aprecian su recuerdo, y le
mandan mil saludes ; délas usted de mi parte á los amigos y
42 B( LKTÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

conocidos que haya en esa oUáu, qua no detallo por igno­


rar los que sean. No se quejará usted de que he sido corto,
pues de largo paso á cansado.
Es de todo corazón su invariable amigo y compañero,

Fr a n c is c o Co n d e .
Angostura, Septiembre 22 de 1819.

Mi querido General: desde que llegué aquí de Maturín


procuré ver cómo me iba á reunir á usted, y aun todavía no he
podido lograrlo. El 19 llegó á esta ciudad la plausible noticia
de la toma de Santafé, y fue tanto el regocijo que á todos nos
dio, que hasta ahora están en funciones en esta ciudad, y creo
no cesarán por muchos días.
Hoy se ha celebrado el funeral de Uribe, que murió hace
tres días, antes de llegar aquí la toma de Santafé, y no hay
uno de nosotros que no haya sentido la muerte de este ilustre
joven ; su muerte fue la más mala que se puede dar, pues casi
no faltó nada para rabiar como un perro, pues ha sido de la
peste que dio aquí.
Ya usted sabrá que fue nombrado Vicepresidente de la
República al General Arismendi, y al General Mariño á man­
dar el Ejército de Oriente.
A Margarita han llegado 1,400 ingleses, y se espera
hasta el número de 5,000. El General Urdaneta aún está en
Maturín con los que estaban en Margarita.
El Gobierno se sirvió ascenderme, el 11 de este mes, á
Teniente Coronel efectivo, lo mismo que á General de Briga­
da al Coronel Antonio Sucre.
Me deshago en pensar que ya están ustedes en Santafé, y
que yo, que debía cooperar á la libertad de aquel país, estoy
aún en Angostura ; pero no ha sido por mi gusto, mi Gene­
ral ; el militar es esclavo, se puede decir, de su patria, y como
lo mismo es aquélla que ésta y fui destinado á ésta y no á
aquélla, paciencia mi General. El cielo quiera que yo esté en
esa ciudad dentro de dos meses para ser uno de los que ayu­
den á la libertad del centro de la Nueva Granada.
Saludo á González y le deseo que sea la columna que
sirva á los españoles para la libertad del país granadino.
Adiós, mi General, quiera el cielo se cumplan mis deseos
y que en breve nos veamos sitiando la plaza de Cartagena.
Tengo el honor de ser de usted su obediente servidor,

Ju a n An t o n io Piñ e r e s .
DIARIO POLÍTICO DE SANTAFÉ DE BOGOTA 43

DIARIO POLI HíL Dt Sa NTAFE DE BOGOTA

Número 32 Diciembre !4 de 1810

CARTAGENA, 20 DE NOVIEMBRE

El Consejo de Regencia, por su orden de 25 de Agosto,


había improbado altamente las variaciones políticas que se
hicieron en esta plaza, para ponerla á cubierto contra cual­
quier agresión que se intentase por el enemigo común, ó por
sus ocultos emisarios, contra quienes ninguna precaución es
excesiva. Ejemplos repetidos de traidores solapados, que,
valiéndose de la autoridad y otros medios que han tenido en
su mano, han sacrificado los pueblos, nos autorizaban para
tomar semejantes prevenciones, que no se podían omitir, sin
exponer la patria á un riesgo evidente. ¡ Qué nos podemos
prometer de un Gobierno que en las circunstancias del día
amenaza á los que se desvelan por cuidar de su suerte futura,
y que no se abandonan indolentes á un ciego destino ! Cual­
quiera que vea con ojos políticos la actual situación de la Es­
paña, conocerá que no se podían entiegar á su dirección es­
tos remotos países, que, como todos los del mundo, tienen de­
recho de mirar por sí, no pudiéndose negar á los pueblos una
facultad que conceda la naturaleza á todos los entes creados.
Se quiere que los pueblos de América no tengan acción al­
guna en su Gobierno, que se dejen conducir por ajenas ma­
nos, que no cuiden de su existencia. Tales son los principios
demagógicos adoptados por el antiguo Gobierno, y á que no
se quiere renunciar á pesar de las circunstancias, que nos
mandan que vigilemos á todos, para no perecer en medio de
las borrascas que agitan el continente europeo.
Cartagena, consiguiente á sus principios de seguridad,
no ha admitido al Brigadier D. José Dávila, destinado por la
Regencia para Gobernador de aquella plaza, cuya Junta le
intimó sus resoluciones por medio de Diputados que mandó
al Castillo de Bocachica, donde desembarcó dicho Brigadier
el 11 de Noviembre, sin que esta rosolución haya impedido
al nuevo Gobierno de Cartagena usar de toda la urbanidad y
atenciones debidas al carácter y circunstancias de aquel em­
pleado, á quien se dieron todos los auxilios para que verifi­
case su regreso hasta la Habana.
44 BOLETÍN DB HTSTORTA ¥ A *'T O 1 ÍÜD A DES

CARACAS, i 9 DE OCTUBRE

Los Enviados de Venezuela han terminado felizmente


sus negociaciones con el Gobierno inglés, conforme á lo que
se había ya anunciado en orden que circuló aquel Gabinete á
los Jefes de las Antillas para que se concediese toda protec­
ción á Caracas, bajo los dos grandes principios de fidelidad á
Fernando VII y resistencia á la usurpación de la Francia. Al
mismo tiempo que salía de Londres el paquete que traía los
resultados de dicha negociación, entraban en aquella capital
los Enviados de Buenos Aires, con el mismo objeto de soli­
citar la amistad y alianza de la Gran Bretaña. Esta Nación
protectora de las artes y del comercio va á dar al mundo el
testimonio más brillante de su propensión á la justicia y máxi­
mas liberales que ha abrazado siempre, empleando su pode­
roso influjo en favor de las Américas, que se dirigen en busca
de auxilio á los puertos de la célebre Albión.

COPIA de las preposiciones hechas por los Comisionados de Venezuela, y de


Es respuestas dadas por el iMiniítro de S. M. B.

JULIO 24 DE l8lO.

Proposición i. Venezuela, como parte integrante del Im­


perio español, se halla amenazada por la Francia, y desea
apoyar su seguridad en la protección marítima de la Inglate­
rra. El Gobierno de Venezuela desearía también que por el
de S. M. B. se le facilitasen del modo conveniente los medios
que puedan serle necesarios para defender los derechos de su
legítimo Soberano, y para completar sus medidas de seguri­
dad contra el enemigo común.

AGOSTO 8 DE 1810.

Respuesta i. Se dará la protección marítima de la In­


glaterra á Venezuela contra la Francia, á fin de que aquella
Provincia pueda defender los derechos de su legítimo Sobe­
rano y asegurarse contra el enemigo común.
Proposición 2. La resolución de Venezuela puede ser un
motivo de discusiones desagradables con las Provincias que
han reconocido la Regencia, y este Gobierno central tratará
acaso de hostilizarla directamente ó de turbar su paz interior,
fomentando facciones peligrosas. Los habitantes de Venezuela
solicitan la alta mediación de S. M. B. para conservarse en
paz y amistad con sus hermanos de ambos hemisferios.
DTARIO POLITICO DE SANTAP1? DE BOGOTÁ 45

Respuesta, Se recomienda con ahinco que la Provincia


de Venezuela intente inmediatamente una reconciliación cor­
dial con el Gobierno central actualmente reconocido en Es­
paña y trate en primer lugar de establecer una acomodación
amistosa de todas sus diferencias con aquella autoridad. Se
ofrecen cordialmente los buenos servicios de la Inglaterra
para aquel propósito útil. Entretanto se emplearán todos los
esfuerzos de una interposición amigable con el objeto de
prevenir la guerra entre la Provincia y la madre patria, y de
conservar la paz y amistad entre Venezuela y sus hermanos
de ambos hemisferios.
Proposición 3. Requiriendo la continuación de las rela­
ciones de amistad, comercio y correspondencia de auxilios,
entre las Provincias de Venezuela y la madre patria algunas
estipulaciones entre los respectivos Gobiernos, el de Vene­
zuela se prestaría con toda confianza á ellas, bajo la garantía
de S. M. B.
Respuesta. Con los mismos objetos amigables se reco­
mienda con ahinco que la Provincia de Venezuela mantenga
las relaciones de comercio, amistad y comunicación de soco­
rros con la madre patria. Se emplearán los buenos servicios
de Inglaterra para conseguir un ajustamiento de tal modo
que se asegure á la Metrópoli la ayuda de la Provincia du­
rante la lucha con la Francia, bajo las condiciones que parez­
can justas y equitativas, conformes á los intereses de la Pro­
vincia y provechosas á la causa común.
Proposición 4. Sería también tan importante como con­
forme á los deseos de la Junta de Venezuela que el Gobierno
de S. M. B. se sirviese expedir instrucciones á los Jefes de
las escuadras y colonias de las Antillas, para que favoreciesen
del modo posible los objetos iniciados, y muy especialmente
las relaciones comerciales entre aquellos habitantes y los súb­
ditos de S. M. B., que gozarán de nuestro comercio como
una de las naciones más favorecidas.

Bolívar—López.
Es copia.

Londres, 14 de Agosto de 1810.

Respuesta. Las instrucciones que se piden en este artí­


culo se han mandado ya á los Oficiales de S. M. con la plena
confianza de que Venezuela continuará manteniendo su fide­
lidad á Fernando Vil y cooperando con la España y con S. M.
contra el enemigo común.
46 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

EMPLEOS

Por la Secretaría General de la Suprema Junta se ha


comunicado, con fecha 7 de este mes, á la Sección de Guerra,
el Decreto siguiente : “ En atención á las muchas causas que
los cuerpos militares de esta capital y sus pueblos deben ofre­
cer, como están ofreciendo á cada instante, cuyo conocimien­
to exige hacerse según las Reales Ordenanzas por el Coman­
dante de armas, dictaminando en ellas un Auditor general
de Guerra, no habiéndose verificado aún la provisión de uno
y otro empleo, se nombra al Coronel del Regimiento Auxi­
liar, que lo es en el día el Excmo. Sr. Vicepresidente, que
será reconocido por el Comandante General de Armas de
esta capital y lugares agregados, y al D. José Joaquín Ca-
macho, Vocal de la Suprema Junta, para el expresado des­
tino de Auditor Asesor general de Guerra, por ahora, y con
la dotación de mil pesos anuales.”

ASTRONOMÍA

No hay que esperar el menor adelantamiento en la Carta


Geográfica del Reino si no se lleva la atención hacia las obser­
vaciones astronómicas. Para describir la tierra, dice Andrés,
es necesario levantar los ojos al cielo. Por más que se afanen
los copistas de Cartas, aquéllos que se creen geógrafos porque
pillando aquí y allí trozos, ensamblan unas Provincias con
otras, por más que se afanen, jamás harán sino monstruos
geográficos y no pintarán sino errores, que se perpetúan de
copista en copista y se radican de tal modo, que son precisos
los esfuerzos de un astrónomo para disiparlos. ¡ Cuántos ab­
surdos no se han pintado sobre la Carta del Nuevo Reino
de Granada! ¡ Cuánto han retardado nuestra ilustración,
nuestro comercio y nuestra prosperidad ! Espacios suprimi­
dos ó locamente aumentados, montañas imaginarias, ríos,
lagos, ciudades dislocadas, hé aquí lo que tenemos bajo del
nombre pomposo de Carta Geográfica del Reino.
Siempre ha tenido el Gobierno necesidad del profundo
conocimiento del país que habitamos; pero hoy que hemos
reasumido nuestros derechos, que comenzamos á figurar en
el mundo político, que tenemos que proveer los ataques ex­
teriores, nos hallamos en la urgente necesidad de conocer la
disposición geográfica del Nuevo Reino de Granada. D. Fran­
cisco José de Caldas, penetrado de estas verdades, ha dirigido
siempre sus tareas al mejoramiento de nuestra geografía Con
este objeto ha revisto los fenómenos más importantes á la de­
DIARIO POLÍTICO DR SANTAFE DE BOGOTA 47

terminación de las longitudes y que deben ser visibles en la


extensión del Nuevo Reino de Granada en 1811 Los Apul­
sos, es decir, las ocultaciones de las estrellas fijas por la luna,
tienen este carácter precioso. En los dos primeros meses halla
que la luna ocultará el 12 de Enero á Xi de León y el 12 de
Febrero á Thita de la Virgen. Había pensado este astró­
nomo en calcular los apulsos para todas las ciudades del Rei­
no, pero viendo la indiferencia con que se recibieron los cál­
culos del último eclipse de sol, pues no se aprovecharon sino
en Cartagena (1), ha resuelto limitar sus cálculos á este puerto
y á la capital.
En Cartagena tenemos en D. José Ignacio Pombo un
amigo y protector de la astronomía y de la geografía del
Reino, y en D. Manuel Alvarez un astrónomo laborioso que
procura la perfección de la Carta del Reino, y á quien le
debe un buen trozo. Con estas miras presentamos los cálcu­
los para el meridiano y latitud de Santafé y de Cartagena.

Ocultación de Xi de León el 11 de Enero de 1811.

Inm. Emer. Míni. dist. al centro.


Santafé.__ I4’h 7’ 12 h. 3°’ 8’ 35”
Cartagena.. 10 46 12 2l’ 3’ 28”

Ocultación de Thita de la Virgen el 12 de Febrero de 1811.

Inm. Em. Mínii dist. al centro.


Santafé ... 10 32 11 47’ 4’ 25”
Cartagena.. 10 18 11 35 1’ o”

D. Francisco Caldas sigue reviendo los meses siguientes


de 1811, y anunciará los resultados.

(ij D. Manuel Alvarez, Piloto de la Real Armada, observó el último eclipse


de sol en la Torre del Real Consulado, y nos remite el pormenor de sus opera­
ciones por mano del Prior D. José Ignacio Pombo, Hemos ya concluido el lar­
go y complicado cálculo de la diferencia de meridianos entre Cartagena y San­
tafé, cuyos resultados se publicarán en el Semanario,
4« BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

DIARIO POLITICO DE SANTAFE DE 80D0TA


Número 33 Diciembre 18 de 1810
PAMPLONA
I^a ciudad de Pamplona, situada al norte de esta capital,,
fue la primera del Reino (sin hablar de la desgraciada Quito)
que dio la señal para nuestra transformación política y que,
tomando por medio de su ilustre Cabildo la acción que le
pertenecía en el Gobierno, depuso desde el 4 de Julio del
presente año á su Corregidor D. Juan B^us, que la gober­
naba arbitrariamente y contra cuya conecta se había que­
jado en vano á las antiguas autoridades. Noticiosa después
de los sucesos que siguieron inmediatamente en la Villa del
Socorro y en esta capital, emprendió una reforma fundamen­
tal, instalando en 31 de Agosto, en Cabildo abierto, una Junta
provisional compuesta de seis de los sujetos más notables de
aquella ciudad, en cuyas manos depositó el Gobierno mien­
tras ocurrían los Diputados de los demás Cabildos de la Pro­
vincia, á quienes se determinó convocar en aquel mismo acto
para que viniesen á formar la Junta departamental. Reuni­
dos dichos Diputados, han procedido á la elección de Repre­
sentante de aquella Provincia en el Congreso general del
Reino, la que recayó en el Dr. D. Camilo de Torres, actual
Secretario de Estado de esta Suprema Junta, como aparece
del acta que sigue :
ACTA celebrada por la Junta Superior gubernativa de la ciadad de PamphnA
para elección de Diputado Representante de aquella Pronncia en el Con­
greso general del Reino.
En la ciudad de Pamplona, á 17 de Noviembre de 1810,
reunidos en Sala Consistorial los Sres. Presidente, Vicepresi­
dente y demás individuos que componen esta Suprema Junta
Provincial, dijeron : que habiéndose determinado que en este
día se celebrase la elección de Diputado de esta Provincia,
que tuviese voz y voto en el Congreso Nacional del Reino,
se habían implorado ya las luces del Espíritu Santo para pro­
ceder con el debido acierto en un acto de la mayor importan­
cia ; se habían celebrado en todas las iglesias de la Provincia
las preces que en tales casos se acostumbran, y había asistido
á la Junta en la mañana de este día á la misa solemne que se
acaba de decir en la Parroquia mayor de esta capital ; y que
por lo mismo era llegado el caso de que se hiciese la expre­
sada elección, en sujeto que por su ciencia y literatura, inte­
gridad y buenas costumbres, fuese capaz de corresponder á
la alta representación con que se le iba á condecorar. Con este
DIARIO POLÍTICO DB SANTAFE DE BOGOTA
49

objeto determinaron dichos señores que la elección se celebrase


por escrutinio y guardando todas las disposiciones canónicas
y reales que hablan de esta materia; que la Diputación del
elegido durase sólo el espacio de un año, contado desde el día
de su posesión en el Congreso, así como igual tiempo dura la
vocalidad de los sujetos elegidos por los Cabildos de esta Pro­
vincia, que componen esta Suprema Junta; pero sin que por
esto se perjudique en nada la facultad que tiene en reelegir al
Diputado que hubiese desempeñado á satisfacción suya la
confianza que se le va á dispensar; y que para su decorosa
subsistencia se le asigna la cantidad de tres mil pesos fuertes
por año, en atención á que la miseria de la Provincia y los
crecidos gastos que ha impendido y ha de impedir en ade­
lante no le permitan, ni dan lugar áotia cosa. Habiendo
dispuesto dichos señores todo lo hasta aquí referido, se proce­
dió á la elección que se hizo echando cada uno de ellos en un
vaso que se había traído al efecto, una papeleta en que ha­
bían estampado su sufragio. Practicada esta diligencia, uno de
los citados Representantes y el presente Secretario exami­
naron los votos, y resultó que el Sr. Presidente de esta Junta,
Dr. D. Rafael Valencia, tuviese un voto en su favor y seis el
Sr. Dr. D. Camilo Torres, Vocal de la Suprema Provincia de
Santafé. Con lo cual se dio por canónicamente elegido el dicho
Sr. Dr. D. Camilo Torres, y se mandó que se tuviese por tal
Diputado de esta Provincia en el Congreso Nacional de todo
el Reino; en la segura inteligencia de que se debe arreglar
enteramente á las instrucciones que le diere esta Junta y á
las reglas y máximas del sistema federativo que se abraza en
toda su amplitud por este Gobierno; así como se han adop­
tado ya por casi todas las Provincias de la Nueya Granada;
sin que en ningún caso se pueda perjudicar la libertad é inde­
pendencia de la de úPamplona. Y para que así conste lo firman
por ante mí de que doy fe.
José Rafael Valencia, Representante de Pamplona y
Presidente.—Nepomuceno Escobar, Vicepresidente y Represen­
tante de Malaga.— Vicente de Medina, Representante del
Rosario.—Fray Domingo Cancino, Representante de la Villa
de San José. — Rafael Emigdio Gallardo, Representante de
la Matanza.—José Gabriel Peña. Representante de San Car­
los de Piedecuesta—Francisco Soto, Representante de Sala-
zar, y Secretario.
Es copia de su original.
Pamplona, 27 de Noviembre de 1810.
Francisco Soto, Secretario.
4
5° BOLETÍN DE HISTORIA ¥ ANTIGVEDAEES

Nós los infrascritos Escribanos que abajo signamos y fir­


mamos, certificamos y damos fe: que el Sr. Dr. D. Francisco
Soto, de quien aparece autorizada la anterior copia de ella, es
Representante de la ciudad de Salazar y Secretario de esta
Suprema Junta, y que como á tal se le da toda la fe y cré­
dito que se merece.

Capital de Pamplona, Noviembre 27 de 1810.

Pedro Simón de Olago, Escribano de Cabildo y Gobier­


no.—Pedro Pablo Camargo, Escribano Real y de Real Ha­
cienda.—José Antonio Forero.

CARACAS

En carta escrita de Barinas á esta capital, con fecha 22


de Octubre, se lee lo siguiente : “ De paso diré á usted que la
noche del día 4 del corriente se descubrió la conjuración, que
reproducía la primera, intentada á la entrada del Arzobispo
de Caracas. El plan de este proyecto era poner á este Pastor
en la Presidencia de la Junta y reconocer la Regencia. Pero
felizmente se ha sofocado la conjuración en su propia cuna,
asegurando al Jefe de ella y á los insensatos que sedujo con
el objeto de soldar su quiebra de más de doscientos mil pe-
pesos, que adeuda á la Real Hacienda y particulares, y se
llama D. Francisco González de Linares, del comercio de
aquella capital, y el único que desde los primeros pasos de la
instalación del Gobierno ha procurado robarle su reposo con
la mayor hipocresía.”

Acta de la Suprema Junta

En la ciudad de Santafé, á 15 de Diciembre, congrega­


dos los Sres. de la Suprema Junta en su Poder Ejecutivo,
acordaron : que deseoso el mismo Supremo Poder Ejecutivo
de ver instalado el Congreso Supremo á la mayor brevedad,
como el más interesante de sus objetos, resolvía: que se cite
y convoque á los Sres. Vocales de la Suprema Junta para que
desde el lunes 17 del corriente concurran en continuas y no
interrumpidas sesiones á tratar de las solemnidades, publica­
ción, bando y demás actos que deben proceder á fijar el día
de la instalación, que se procurará sea á la mayor brevedad,
publicándose este auto para la común inteligencia, con lo que
se concluyó y rubricaron.
ÍHAtilO POLÍTICO DE SANTAFÉ DE BOGOTÁ
S1

REGIMIENTO de voluntarios de infantería de esta capital de Santafé.

PRIMER BATALLÓN

Plana Mayor.—Coronel, el Sr. D. Luis Caycedo ; Sar­


gento Mayor, D. José María Berrueco ; Ayudante Mayor, D.
Joaquín de Castro; Abanderado, D. Fernando Caycedo.
Primera de Granaderos.—Capitán, D. Juan Gómez; Te­
niente, D. José Granados; Subteniente, D. Carlos Ortega.
Primera de Fusilemos.—Capitán, D. Pantaleón Santama­
ría ; Teniente, D. José María Serna ; Subteniente, D. Euge­
nio de Elorga.
Segunda de Fusileros.—Capitán, D. Luis Sarmiento; Te­
niente, D. José Ignacio París; Subteniente, vacante.
Tercera de Fusileros.—Capitán, D. Juan Vernaza ; Te­
niente, D. Antonio Licht.
Cuarta de Fusileros.—Capitán, D. Antonio González
Leiva ; Teniente, D. Francisco Vergara; Subteniente, D. Ig­
nacio Vergara.
Quinta de Fusileres. -Capitán, D. José Camilo Manri­
que ; Teniente, vacante; Subtenieute, D. Isaac Calvo.
Sexta de Ftisileros.—Capitán, D. Antonio María Casti­
llo ; Teniente, D. Manuel Urquinaona; Subteniente, D. Ale­
jandro Domenech.
Séptima de Fusileros.—Capitán, D. José María García
del Castillo ; Teniente, D. Isidro Vergara ; Subteniente, va­
cante.
Octava de Fusileros.—Capitán, D. José Joaquín Alvarez;
Teniente, D. José Ponce; Subteniente, vacante.

SEGUNDO BATALLÓN

Plana Mayor.—Teniente Coronel, el Sr. D. Luis Eduar­


do de Azuola; Ayudante Mayor, D. Vicente Cornejo; Aban­
derado, D. Joaquín Ricaurte.
Segunda de Granaderos.—Capitán, D. Domingo Caice-
do; Teniente, D. Manuel Caycedo; Subteniente, D. Vicente
Maza.
Premera de Fusileros.—Capitán, D. José Acebedo ; Te­
niente, D. José Arce ; Subteniente, vacante.
Segunda de Fusileros.—Capitán, D. Santiago Umaña ;
Teniente, D. Ignacio Ricaurte; Subteniente, D. Policarpo
Urico echea.
S2 BOLETÍN DE HISTORIA y ANTIGÜEDADES

Tercera de Fusile ¡ os .---Capitán, D. José María Quijano;


Teniente, D. Joaquín Borrero ; Subteniente, D. Manuel
Samper.
Cuarta de Fusileros.—Capitán, D Víctor García del
Castillo; Teniente, D. Francisco Javier González; Subtenien­
te, D. Manuel Posse.
Quinta de Fusileros.—Capitán, D. José Antonio Leiva ;
Teniente, vacante ; Subteniente, D. Domingo Rosas.
Sexta de Fusileros.—Capitán, D. José María Portocarre-
ro ; Teniente, D. Juan Granados; Subteniente, D. Santiago
Páramo.
Séptima de Fusileros.—Capitán, D. Manuel Pardo ; Te­
niente, vacante ; Subteniente, D. Joaquín Pardo.
Octava de Fusileros.—Capitán, D. Antonio Nariño ; Te­
niente, D. Juan Ortega; Subteniente, D. Antonio Nariño y
Ortega.
La fuerza total de plazas de que se compone el Regi­
miento son mil seiscientas quince, inclusos sargentos, tambo­
res, cabos y demás.
Uniforme: casaca azul, vivos y calzón blancos, vuelta
solapa y collarín encarnados, y el último galoneado de oro,
botón de oro.
NOTA.
El almanaque para 1811 que se anunció en el número 28
de este Diario, está ya de venta en la tienda de D. Rafael
Flórez.

DIARIO POLITICO DE SANTAFE DE BOGOTA

Número 34 Diciembre 2¡ de 1810

MÉXICO
En la Gaceta de Jamaica, de 6 de Noviembre, artículo
Bridge-Tovun. Barbados, Septiembre 22, se lee lo siguiente:
Un espíritu revolucionario de independencia parece recorrer
toda la América española del Sur, en donde la bella diosa
de la libertad, desterrada del gran Continente de la Europa,
viene á buscarse un asilo amistoso. Nosotros vamos ahora á
trazar sus progresos desde México hasta las F'loridas, donde
por una rival anticipación se ha declarado casi al mismo
tiempo una provisional independencia.
DIARIO POLÍTICO D« SANTAFR DE BOGOTA 53

Parece que esto se ha verificado con más seguridad en


México que en la Florida, en donde varios intrigantes france­
ses habían procurado esparcir los principios subversivos de la
dominación universal de Napoleón; y aunque estas especies
no produjeron ningún suceso directo, bastaron para poner
aquel país en un estado de agitación y alarma, como aparece
de los papeles americanos que hemos leído.
BUENOS AIRES
En la misma Gaceta de Jamaica, de 16 de Noviembre, se
han publicado noticias anteriores á las que nosotros hemos
dado sobre los sucesos del Río de La Plata, cuya revolución
se dice haberse completado el 22 de Junio, en que fueron
enviados á España el Virrey Cisneros y el Gobernador de
Montevideo (Río Dabri) que se hallaba en Buenos Aires al
tiempo de la transformación. Se refiere haber salido de esta
capital una expedición compuesta de 1,500 hombres para el
Reino de Chile, con designio de favorecer el nuevo Gobierno
allí establecido.
Las autoridades de Montevideo se han opuesto á los
movimientos revolucionarios de la capital, habiéndose esta­
blecido en aquel puerto el sistema arbitrario de espionaje, que
persigue á los ciudadanos hasta en el sagrado asilo de sus
casas. Sólo por estos medios absurdos se puede haber conte­
nido la tendencia general que se observa en toda la América
española hacia un nuevo sistema que la ponga en seguridad
contra los males que la amenazan.
Se refiere también haber habido una escaramuza entre
los de Buenos Aires y los de Montevideo, que se disputaban
la posesión de un fuerte, en cuyo encuentro fueron derrota­
dos los últimos, con pérdida de 8 muertos y muchos heridos.
CARTAGENA, 23 DE NOVIEMBRE
Por renuncia que hizo ej Teniente de Rey D. Blas de
Soria y Santa Cruz del Gobierno militar y político de esta
plaza, que obtenía interinamente, ha sido nombrado por la
Junta Suprema de esta Provincia para la Comandancia y
Subinspección general de las tropas el Excmo. Sr. D. Anto­
nio de Narváez y Latorre, Teniente General de los Reales
Ejércitos, asociado de los Sres. Vocales de la misma D. Ma­
nuel de Anguiano, Coronel Comandante del Real Cuerpo de
Ingenieros y D Miguel Díaz Granados, Teniente Coronel y
Comandante del Batallón de Patriotas blancos de esta plaza.
Por la misma Junta se encargó el Gobierno político la Sub­
delegación de Rentas y Correos, con el ejercicio del Real
bo l e t ín d e h is t o r ia y a n t ig ü e d a d e s

Patronato, al Sr. Teniente de Gobernador Asesor General,


Dr. D. José de Munive y Moso, asociado de los Sres. Coad­
ministradores D. Tomás Andrés Torres y D. José María Cas­
tillo y Alarcón.
El 27 de dicho mes procedió la misma Suprema Junta
á la elección de cuatro Diputados que representen esta Pro­
vincia en el Congreso General del Reino, con arreglo al últi­
mo censo de la población, según los principios y proporciones
que anteriormente había manifestado y publicado. Recayó la
elección en los Sres. Vocales de ella, Dr. D. Antonio José de
Ayos, D. Juan Marimón y Enríquez, D. Enrique Rodríguez
y D. Ignacio Cabero ; dos de los cuales deben seguir inme­
diatamente para la ciudad de Ocaña, para de allí continuar á
Antioquia ó á donde resuelva enviar los suyos la pluralidad
de las demás Provincias ; y los otros dos aguardarán lo que
las mismas determinen sobre el número, el que se aumentará
ó disminuirá en su conformidad. {Argos Americano de Carta­
gena de Indias, 2 de Diciembre de 1810).
No es de creer que las Provincias del Reino desprecien
las grandes proporciones que ofrece esta capital para la for­
mación del Congreso, por algunas ventajas poco considerables
que pudieran concurrir en algún otro lugar. En Santafé se
hallan de antemano bien organizados los edificios que deben
servir para las congregaciones y oficinas necesarias para el
despacho de los negocios, lo que difícilmente se encontraría
en otra ciudad del Reino. Se agrega lo delicioso del tempera­
mento, su salubridad, abundancia de víveres, su posición cen­
tral, bibliotecas, colegios, Casa de Moneda y otras mil cir­
cunstancias que sería largo expender y que naturalmente
traen la afluencia de las gentes hacia este punto de reunión.
Para verificar semejante traslación sería necesario levantar
desde los cimientos una nueva ciudad semejante á la que se
construyó para capital de los Estados Unidos de América.
Una vez reunido el Congreso podrá meditar sobre este gran­
de objeto y ver si hay fuerzas para semejante obra.^ Los le­
gisladores y los que gobiernan los Estados, no sólo necesitan
de quietud, sino también de medios para obrar y ejecutar sus
resoluciones ; tan esencial les es la tranquilidad, como estar
en contacto y comunicación con los demás hombres cuya
felicidad tratan de hacer. En las Cortes es donde se puede
estudiar más al hombre y conocer los males de que adolece
la sociedad para remediarlos ; allí es donde se asegura más
el éxito de las determinaciones, obrando sobre una gran
masa, que propaga con rapidez el movimiento hacia las pe­
queñas reuniones. Las grandes poblaciones han sido siempre
DIARIO POLÍTICO DR SANTAFÍ DE BOGOTA
55

el centro moral á donde van á p rar todas las impresiones


que se hacen en los demás puntos, y en ellas es donde deben
estar colocados y en observación los pilotos de la República.
Luego que se forme esta Asamblea se podrán también
fijar las reglas que en lo sucesivo se deben observar sobre el
número de representantes que corresponda á cada Provincia,
sobre la base de la población, á la que no se puede atender
para la primera convocación, que podía hacerse con la mayor
celeridad por la urgencia del caso, que fue lo que se tuvo
presente por la Suprema Junta de la capital del Reino. A pe­
sar de esto son pasados cinco meses sin que se haya podido
conseguir la importante confederación. Apenas se hallan á la
fecha en la capital seis Diputados, que tratan de comenzar
sus conferencias á la mayor brevedad para prevenir los peli­
gros de que nos vemos amenazados.

Noticias del Perú y Buenos Aires, recibidas por el correo que


llego áesta capital el 19 del corriente.

Escriben lo siguiente:
Lima y Octubre 25 de 1810.

Por el correo del día 23 participé varias noticias intere­


santes, y ahora en un barco que sale para Guayaquil preven­
go lo que hay de positivo para inteligencia de la Junta Supe­
rior de Quito.
El día 20 del presente, luégo que este Virrey se impuso
del oficio del Comisionado Regio D. Carlos Montúfar, sobre
el despojo de Guayaquil, agregado injustamente á este Go­
bierno, como también de los oficios de los Gobernadores de
Cuenca y Guayaquil, remitió un propio á este puerto, orde­
nando al Gobernador que á la hora que llegué allí dicho
D. Carlos le remache un par de grillos y lo remita á buena
custodia á Lima, y esto es evidente. Al Gobernador de Cuen­
ca ha ordenado lo mismo : no será mucho que haya respon­
dido este Virrey á D. Carlos Montúfar, accediendo á todo y
que haya prevenido á dichos Gobernadores que contesten lo
mismo, á fin de coger en la red al Comisionado Regio, pues
desea tener aquí las cabezas de todos los Montúfares: no hay
duda en esto.
El Gobernador de Cuenca y Obispo, de quien son par­
ciales un clérigo Polo, D. Nicolás Mosquera, etc. etc., han
hecho propio agregándose á este Virreinato y encargándole
la conciencia á este Virrey, si no los auxilia con tropas y ar-
5« ÉOLÉTÍN d e h i s t o r i a y a n t i g ü e d a d e s

nías contra D. Carlos [Link]. El Comandante de Marina,


Molina, Presidente nombrado para Quito, hasta el día 20 del
corriente, se había despedido y tenía embarcado su equipaje
para irse á Quito. Luego que llegó el correo en dicho día,
determinó quedarse, y el 21 mandó desembarcar el equipaje;
pero el 23 lo volvió á embarcar, animado por el Virrey con el
objeto de tomar en Guayaquil la tropa de Lima y pasar á
Cuenca, y empezar á mandar en su jurisdicción como tal
Presidente contra la Junta de Quito con arte y maña. ¡ Di­
choso el pueblo de Quito cuando muera el último habitante
por libertarse del despotismo de este Virrey y del mando
opresivo de Molina ! Si no sostienen su Junta, serán mirados
ignominiosamente, como unos cómicos, y serán degollados
como unos traidores.
Por el último propio de Chiquisica y un barco de Con­
cepción de Chile se sabe de positivo que la Junta de Buenos
Aires está boyante y unida con sus pueblos entusiasmados
extraordinariamente. Córdoba se le reunió como hija que amá
á su madre. El General Liniers y Gobernador, que fueron
pillados por el Comandante de las tropas de Buenos Aires,
fueron remitidos á la capital, en donde inmediatamente los
han pasado por las armas, y ya concluyeron su carrera á las
órdenes de Abascal. El Marqués del Tojo, con 400 hombres
armados, salió por Sujuy á impedir el paso de las tropas
de Buenos Aires, y sus soldados todos lo amarraron y
á S. S. y lo mandaron entregar al Comandante de Bue­
nos Aires y se unieron á dichas tropas. La suerte de este
Marqués rebelde á su patria será la misma de Liniers. La
vasta y abundante Provincia de Chochabamba, luégo que el
Cuzco recibió 2,000 fusiles y municiones pedidas para la gue­
rra contra sus hermanos, se unieron á ellos comandados por
su buen General (de Asturias) y son el terror de los que no
querían seguir la Junta de Buenos Aires. Sin los bastimentos
de Chochabamba no pueden subsistir Potosí, la Paz, ni Chu-
quisaca, y al Cuzco le hace mucha falta.
El Presidente de Chuquisaca, Nieto, ha fugado para
Lima, y es regular no sea solo. El Intendente Paula Sanz ha
fugado también acá desde el Potosí, en donde tampoco exis­
tían todos los Jefes de Ramos Reales y Moneda, excepto el
Oficial Real, D. Manuel Carrión Loxano, que así lo escribe.
En todas aquellas ciudades y pueblos esperan á las tropas de
la Junta de Buenos Aires como á redentores de la opresión
de los mandones, y ciertamente se posesionarán de todas las
Provincias que se les separaron por la autoridad despótica de
los mandones. Sí, para esta clase de guerra no se necesita de
DIARIO POLÍNICO DE SARTÁfÉ DE DoOOTÍ 51

pólvora, ni bala, mediante á ia buena acogida de los pueblos


que son capaces de venir á Lima y pasar adelante á estrechar
confederación con la Junta de Santafé.
La Junta de Chile se ha fijado de un modo estable, firme y
comunicable con Buenos Aires. El Virrey de Lima, por tener
pan, carne, sebo, jabón y demás cosas indispensables, sufre,
aguanta y revienta en secreto. Dicha Junta mandó intimar al
Gobernador de Concepción la obediencia que juró todo ei
pueblo, menos dicho Gobernador, que pudo fugar al puerto y
embarcarse en un bergantín, en el que llegó antenoche, y ase­
guran que está hecha la Junta en dicha Concepción.
El Comandante Ramírez, que mandó este Virrey á La
Paz, habiendo salido con mil hombres contra los de Buenos
Aires, en el camino lo dejaron solo, por haberse dispersado
todos mil, y se regresó á La Paz, de donde habrá desapare­
cido también, como los demás mandones. Sacaron también de
Laena bastante gente con este objeto, y aseguran que todos
han fugado.

DIARIO POLITICO DE SANTAFE DE BOGOTA

Número 35 Diciembre 25 de 1810

CARTA de un español de Cádiz á un amigo suyo en Londres, inserta en el


Morning Chronicle, de 5 de Septiembre.

Es imposible concebir la fuerte sensación que ha produ­


cido en esta ciudad el intempestivo Decreto de 30 de Julio,
que declara bloqueados los productos de Caracas, á virtud de
su rebelión. Esta absurda medida ha asombrado á todos con
respecto á los principios de justicia y por el temor de que se
separen nuestros dominios de América.
Luégo que recibimos las primeras noticias de Venezuela,
dirigimos nuestra atención á este país y observamos con pla­
cer un espíritu de moderación en sus procedimientos, que nos
prevenía en su favor, especialmente cuando sabemos que ellos
al romper las cadenas que los han oprimido no han alhagado
sus resentimientos, ni abusado de la libertad que han adqui­
rido. El Gobierno mismo sabe con satisfacción que ellos, lejos
de abrazar la causa del enemigo, han renovado sus juramen­
tos en defensa del Rey Fernando, para la prosecución de la
5» BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

guerra contra la Francia, para la unión con la España, por sus


contribuciones á la Metrópoli y por promover el comercio
más benéfico con nnestros aliados los ingleses. De esta ma­
nera han mirado por nuestros intereses ; nuestros buques de
guerra que estaban allí han sido restituidos y han obtenido
de ellos auxilios voluntarios y liberales.
Una conducta tan generosa debía haber excitado la gra­
titud, especialmente cuando la condición en que se halla la
Madre Patria la hace absolutamente incapaz de infligir castigo,
aun cuando aquélla fuese del todo indiferente. Es indubitable
que si nosotros retuviésemos todavía la América como una
Provincia, sería porque ella lo quisiera y no porque pudié­
semos compelerla á la sumisión. Y si la adhesión de las
colonias españolas es del todo gratuita, ¿ por qué esta violen­
cia ? ¿ Qué razón puede autorizarla, ni qué poder protegerla ?
Aun cuando todo el Antiguo Mundo concurriese á someter
al Nuevo á nuestra autoridad, la empresa sería inaxequible.
La emancipación de la América es cierto que ha sido retar­
dada ; pero es imposible frustrarla por más tiempo.
Cuando más reflexiono en la causa inmediata de este
injurioso Decreto, más persuadido estoy de que su origen es la
debilidad de la Regencia, que no sólo está influida, sino go­
bernada por los comerciantes que componen la Junta de esta
ciudad y que satisface la avaricia de estos monopolistas, que,
desesperados de la buena causa, quieren destruir el Nuevo
Mundo antes de someterse á los franceses. Por ellos es que
nuestros aliados están privados de las inmensas ventajas del
comercio con la América; por ellos es que son frustrados los
intereses de la alianza ; por ellos, en fin, está prohibido á los
ingleses entrar en los puertos de Venezuela, cuyos mercados
les están abiertos, empezando de este modo una especie de
hostilidad contra nuestros mejores amigos.
La Regencia supone que Caracas se ha declarado inde­
pendiente de la Madre Patria. Esta es una calumnia que sólo
sirve para manifestar la falsedad de aquéllos de quienes pro­
cede. Es notorio á todo el resto del mundo que la Provincia
de Venezuela se ha declarado independiente, no de la Madre
Patria, no del soberano, sino de la Regencia, cuya legitimi­
dad está en cuestión aun en España misma, en donde no está
reconocida ni obedecida como una representación legal del
Monarca. En esto Venezuela está perfectamente unida con
la Madre Patria, no admitiendo que la Regencia sea un du­
plicado de la Real autoridad.
Bajo estas circunstancias el Decreto de que se trata debe
ser mirado como un acto de independencia para la América,
DIARIO POLÍTICO DE SANTAFE DE BOGOTA 59

desde que en la debilidad del Gobierno sus vanas amenazas


no producen otra cosa que el desagrado y menosprecio de
aquéllos contra quienes se dirigen, la necesaria separación de
las Provincias de Venezuela y últimamente la de toda la
América del Sur. Es claro que luégo que los naturales de
este país descubran que ni su moderación ni su adhesión á las
conexiones europeas, ni sus sacrificios pecuniarios han obte­
nido el respeto y gratitud que les es tan debida, elevarán el
estandarte de la independencia y se declararán contra la Es­
paña. Ellos no dejarán de convidar á todo el pueblo ameri­
cano á que siga el mismo sistema, y éste, dispuesto siempre al
mismo objeto, abrazará con ansia el lisongero ejemplo de los
habitantes de Caracas.
Creo positivamente que el Gabinete inglés habrá hecho
algunas estipulaciones comerciales con e! Gobierno de Cara­
cas, y, por consiguiente, que él no permitirá que estos con­
venios sean interrumpidos por un ilusorio bloqueo, y mucho
menos que la Inglaterra pierda de vista los beneficios que le
resultan del comercio con Venezuela. ¿ Cómo podrá la Ingla­
terra ver con indiferencia que sus auxilios sean empleados
contra ella misma ? ¿ Cómo podrá sufrir que los suplementos
que hace á los españoles para mantener la sagrada causa en
que están empeñados, sean empleados en favor del enemigo
común ? Estoy convencido de que si la Inglaterra hasta aho­
ra no se ha mezclado en nuestros negocios interiores, se verá
al fin en la necesidad de hacerlo en un asunto de tanta impor­
tancia, que no solamente dependen de él la suerte de la Es­
paña y el suceso de la América, sino también sus inmediatos
intereses y su seguridad futura.
En vista, pues, de que cuantos conocen y comparan
nuestra conducta con la de la Regencia, no pueden menos
que declararse á favor de nuestra justa causa, no tenemos
otro partido que tomar en vista del anterior Decreto que el de
compadecer á nuestros hermanos de España por el Gobierno
que les cupo en suerte ; avisar á nuestros compatriotas de
América de las bellas disposiciones que tiene la Pentarquia de
Cádiz, hacia todos los que no la veneren, y darle traslado á
la Inglaterra por la bella perspectiva que ofrece á su comercio
la política de los factores gaditanos. No podemos, sin embar­
go, dejar de sacar la única consecuencia que nos ofrece el
proceder de la Regencia ; nada nos importan sus bloqueos, sus
escuadras, sus comisionados y sus declaraciones de guerra; lo
que nos importa es no vernos expuestos á entrar en los últi­
mos cálculos políticos que la Francia estará haciendo sobre
todos los que forman la comitiva servil de la Regencia; y
6o BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

para rio Caer én la trampa nos importa más que todo no ha­
cer caso de los espantajos con que nos quiere apartar del
camino seguro en que andamos para llevarnos á los derrum­
baderos que hay en el otro hemisferio.

(Gaceta de Caraca/ de 6 de Noviembre).

EXPLICACION de las alegorías é inscripciones dispuestas para el monumento


fúnebre erigido en Caracas á la memoria de los patriotas de Quito.

Primera,

La que se ve en el tablero del frente principal representa


la Confederación de Venezuela bajo los auspicios de Fernan­
do Vil. Las Provincias están figuradas en los astros que cir­
cundan al luminar del centro, que es Caracas.
En el zodíaco se ve el signo de tauro, que corresponde
al mes de Abril, en que Caracas se elevó á su dignidad po­
lítica.
Los dos pequeños tableros representan alegorías del tiem­
po, en el cuadrante, ampolleta y guadaña.
En el costado derecho se ve una ninfa derramando flo­
res sobre un sepulcro, y á los lados hay aras y vasos sacrifi­
catorios.
En el izquierdo se ve en el medio una alegoría de la in­
mortalidad, y á los lados hay pebetero y una lacrimatoria.

El genio de la humanidad doliente se manifiesta en las


dos figuras que se ven en el cuerpo principal abandonadas al
dolor y apoyadas sobre el pedestal que sostiene los escudos
de las armas de Quito y Caracas, enlazados con la cinta roja,
amarilla y negra que sirve de divisa á Venezuela. En el pe­
destal se lee lo siguiente:

Exurge, Demine, y judica causam iuam.


Levántate Señor y juzga tu causa.

La figura velada que está al pie de la pirámide represen­


ta la América llorosa por la desgracia de sns hijos. Tiene al
pie esta inscripción :
DIARIO POIÍTICí - DE PÁNTAFB DR BOGOTA 6i

Filli mi, mcseiere mei ; non timeas cariiijicem, sed dignus fra tribus,
suscipe mortem.
Apiádate de mí, hijo mío; no temas los verdugos y recibe la muerte
digno de tus hermanos.
En uno da los costados del sarcófago se lee :

Vivent mortui tui, interfecti, mei resurgeni.


Vivirán tus muertos y resucitarán los que me fueron asesinados.

En el otro se lee:
Inclyti, Israel, super montes, tuos interfecti sunt.
Israel, tus excelsos varones fueron muertos robre tus montes.

No t a . Todas las inscripciones latinas están tomadas de


la Sagrada Escritura.

Principios de Economía Política.

El Gobierno es corrompido cuando su acción se dirige


principalmente á sacar grandes ganancias de los países go­
bernados.
Es igualmente vicioso cuando favorece con preferencia
una parte de la Nación en perjuicio de la otra, destruyendo
la igualdad civil que debe haber entre los ciudadanos de una
misma República.
El Gobierno no se debe abrazar como medio de enri­
quecer á los que lo ejercen.
La clase estéril de la sociedad se debe reducir al menor
número posible y aumentarse cuanto más se pueda la clase
industriosa y productiva.
Los empleados son una carga precisa é indispensable en
la sociedad.
Sin los empleados en la administración civil, los de la
clase productiva no podrían dedicarse á sus tareas.
El Gobierno debe favorecer la multiplicación de la clase
productiva para que por su medio se aumente la riqueza pú­
blica.
Debe simplificar el sistema político, con el fin de no ener­
var la clase productiva.
Cuanto más costosa y complicada sea la administración
61 BOLETÍN DI HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

civil, tanto más débil la clase productiva y tanto más pobre


la sociedad.
Una sociedad cuyos individuos fuesen todos producto­
res, sería la más poderosa de las naciones.
Los empleos no se deben mirar como patrimonio de las
familias, sino como pensiones públicas que se deben repartir
entre los ciudadanos.
Una nación que multiplica sin necesidad los empleados
asignándoles rentas cuantiosas, debe caer en una consunción
política, porque no fomenta, sino destruye los gérmenes que
debían enriquecerla.
El parasitismo es pernicioso en las sociedades, y las en­
ferma, como el musgo á las plantas.
La agricultura, el comercio y la industria son los ele­
mentos que mantienen la sociedad. El que ejerce estas pro­
fesiones debe ser favorecido por las leyes.
El Gobierno debe favorecer la inversión de las riquezas en
los trabajos que las reproducen.
La agricultura es la única ocupación que retribuye con
aumento los fondos invertidos en ella.
Las artes dan diversas formas á las producciones territo­
riales y las hacen más á propósito para los usos de la vida
humana.

BOCETO BIOGRAFICO

Ar a n z a z u Ju a n d e Dio s —El Sr. Juan de Dios Aran-


zazu nació el 8 de Marzo de 1798 en la ciudad de Rionegro
(de Antioquia). Aún se conserva casi sin variación la casa
en que vino al mundo este benemérito ciudadano. Eran sus
padres D. Juan Aranzazu, español legítimo, nacido en la Pe­
nínsula, y la Sra. María Antonia González, de una familia
distinguida de Antioquia. Hizo sus estudios de filosofía en
el Colegio de San Bartolomé de Bogotá, bajo el rectorado de
García Rovira. Al estallar la guerra de la independencia, su
familia, al verlo tan exaltado en la defensa de los principios
republicanos, lo envió á Maracaibo, en donde tomó parte en
el primer movimiento revolucionario que hubo en la ciudad.
Frustrados los planes en que se ingirió, fue apresado, y sólo
obtuvo su libertad mediante una gran suma de dinero dada
en su rescate y el compromiso de ir desterrado á México. Era
BOCETO BIOGRAFICO ¿3

hombre muy ilustrado, de conversación instructiva y amena,


literato y poeta. Representante al Congreso por Antioquia
desde el año de 1823 en adelante, mereció el alto honor de
que fuese escogido por aquella augusta Corporación, llamada
por Bolívar admirable, para presentar á Venezuela la Carta
fundamental que había sancionado para la Gran Colombia. En
1832 fue gobernador de Antioquia, en donde reglamentó el
servicio de caminos, la instrucción pública, la administración
municipal. Hizo abrir en Medellín la enseñanza de química,
mineralogía y otras asignaturas científicas. Fue Secretario
de Hacienda durante la Administración del Dr. José I. de
Márquez y Presidente del Consejo de Estado desde 1841 en
adelante, y como tal, ejerció el Poder Ejecutivo de la Repú­
blica durante la ausencia del General Heirán, entonces Presi­
dente. Sus obras más importantes son las memorias que pre­
sentó al Congreso y los programas para el estudio de ciencia
constitucional y ciencia administrativa en las Universidades
de la Nación, así como sus brillantes artículos políticos, eco­
nómicos y sociales de La Miscelánea, periódico que redactó
en Bogotá en asocio de Pedro Acebedo Tejada, Alejandro
Vélez, Rufino Cuervo y otros distinguidos literatos. Murió este
ilustre ciudadano en Bogotá el 14 de Abril de 1845.

Ra m ó n Co r r e a .
Bogotá, Marzo 25 de 1903.

AVISOS OFICIALES
De acuerdo con lo dispuesto por la Academia Nacional de
Historia y por el Ministerio de Instrucción Pública, se vende el
Bo l e t ín d e His t o r ia y An t ig ü e d a d e s en la Imprenta Nacional,
á los siguientes precios :
El número suelto... ............................................$ 5 --
El volumen de doce números (un año).................. 50 ..
Cada mes aparece un número, algunos con ilustraciones.

La Secretaría de la Academia de Historia Nacional está


al servicio del público desde las 12 m. hasta las 3 p. m en el
local número 265 de la calle 10.
64 BOLETÍN DE HISTORIA ¥ ANTáhjEDADES

HZZCITJLOIQKT
La Academia de Historia Nacional desigfnó Director
del Boletín, que le sirve de órgano y que aparecerá mensual­
mente, al Dr. Pedro M. Ibáñez, y dispuso que, por medio
de la prensa, se suplique á los amantes de estudios históricos
nacionales que la apoyen con sus labores, las que verán la
luz pública en este Boletín, y que se ruegue á los señores pe-
Modistas que hagan conocer en todo el país la patriótica
tarea que se ha impuesto.
Se publicarán documentos y monografías relativos al
pasado de nuestro país, desde los tiempos prehistóricos hasta
los presentes, que estén fundados en hechos comprobados,
suprimiendo leyendas mentirosas, y se reproducirán trabajos,
memorias y fragmentos de libros, que, por ser ediciones ago­
tadas, no pueden ser conocidas del público, ni servir de órga­
no de estudio y enseñanza, porque es imposible obtenerlos.
La compilación de estos estudios y reproducciones en un
elegante volumen lo hará, sin duda alguna, valioso é inte­
resante.
“ Cuántas familias guardan bajo llave preciosas confi­
dencias de sus antepasados, que dejarán de estar escondidas
si encuentran medios fáciles de hacerlas publicar.” Llenar
estos vacíos, abrir campo á trabajos desconocidos ó no em­
prendidos por falta de estímulo, según la corriente científica
moderna de enseñar la verdad comprobada, hacer penetrar
en el público el hábito de estudiar el pasado y el deseo de
investigar las causas de sucesos recientes, tales son los fines
con que se ha fundado el Boletín de Historia y Antigüedades.
A trabajar en tan amplio y fecundo campo están llamados no
sólo los miembros de número de la Academia, sino todos los
colombianos que amen la patria y que aspiren á no vivir vida
de egoísmo sino de fundar algo para la posteridad.
El Director del Boletín se permite rogar á todos los
amantes de las glorias nacionales que le remitan sus estudios
y trabajos originales, ó los que c nserven $obre historia nacio­
nal, geografía, etnología, etnografía, biografía, etc. etc., con el
fin de darles publicidad en este segundo volumen del periódico.
Los trabajos que se envíen deben dirigirse al Dr. Pe­
dro M. Ibáñez, Secretario perpetuo de la Academia de Histo­
ria Nacional. Bogotá, apartado número 42.

IMPRENTA NACIONAL

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