Centro Universitario de la Costa Sur
Carrera de Abogado
Estudio de Caso de Instituciones Jurídicas
Docente. Irma Leticia Santana Alonso
Alumno. Lisania Vanesa Dueñas López
Código. 221726222
Fecha. 23 de agosto 2024
Introducción
La evolución del Estado, desde sus formas primitivas hasta la configuración actual de los
Estados-Nación, revela un proceso de adaptación y transformación que ilustra las complejas
interacciones entre necesidades materiales y conceptos emergentes. Este desarrollo responde
tanto a la creciente complejidad de las sociedades y sus estructuras económicas como a
cambios en la concepción del poder, la justicia y el orden social. La perspectiva materialista
de Marvin Harris destaca cómo el Estado surge para enfrentar problemas prácticos como la
gestión de recursos y la estratificación social, mientras que la transición desde el Estado
Feudal hasta el moderno Estado-Nación refleja profundos cambios en la organización política
y social. Estas transformaciones muestran cómo el Estado se redefine continuamente para
abordar problemas nuevos y adaptarse a un mundo en constante evolución.
ORIGEN Y EVOLUCIÓN HISTÓRICA DEL ESTADO
El estado no ha sido el mismo desde su origen. Es un fenómeno que ha estado en constante
evolución, desde consistir en formas organizativas simples hasta dimensiones más complejas.
De acuerdo a historiadores, antropólogos etc. la sociedad humana a pasado desde el Estado
Primitivo, que data de hace aproximadamente cinco mil años, pasando por el Estado Feudal
hasta llegar al Estado - Nación que actualmente conforma nuestra sociedad, que se funda en
el reconocimiento de la personalidad jurídica de cada uno y en la aceptación de la interacción
con las entidades políticas autónomas del estado.
Marvin Harris, un prominente antropólogo estadounidense, ofrece una perspectiva
materialista sobre el origen del estado, enmarcada dentro de su enfoque de materialismo
cultural. Según Harris, la formación del estado no puede entenderse solo a partir de ideas
ideológicas o el deseo de poder, sino que es fundamentalmente una respuesta a las
necesidades materiales y económicas de las sociedades en desarrollo.
Harris argumenta que el estado surge como una solución a problemas específicos
relacionados con la producción y la reproducción en sociedades complejas. A medida que las
sociedades alcanzan un nivel elevado de complejidad y tamaño, se vuelve necesario gestionar
de manera eficiente los recursos disponibles y organizar la producción. En este contexto, el
estado actúa como una estructura organizativa que centraliza el poder para enfrentar desafíos
relacionados con la agricultura intensiva, la acumulación de excedentes y la administración
de grandes poblaciones.
La formación del estado está estrechamente vinculada a la necesidad de controlar y regular la
distribución de bienes. Con el desarrollo de la agricultura y la acumulación de recursos, las
sociedades enfrentan problemas de distribución y conflicto que requieren una gestión
centralizada. El estado proporciona una forma de organización que permite una regulación
más eficaz y una capacidad mejorada para abordar los desafíos colectivos.
Además, Harris explora cómo el estado emerge en respuesta a la estratificación social. En
sociedades que se vuelven cada vez más estratificadas, con una clara división entre elites y
clases trabajadoras, surge la necesidad de una estructura de poder que pueda gestionar las
relaciones entre estos grupos y mantener la estabilidad social. La construcción de los estados
se compone de tres niveles, a saber: el nivel infraestructural, o socioeconómico, el nivel
estructural o sociopolítico y el nivel superestructural o ideológico.
-La evolución del estado ha sido un proceso dinámico, reflejando cambios sociales,
económicos y políticos. En la antigüedad, las primeras formas de estado surgieron en las
civilizaciones mesopotámicas, egipcias y chinas, donde las estructuras políticas estaban
profundamente ligadas a la religión y a la autoridad de los monarcas divinos. Estos estados
eran en su mayoría monarquías absolutas, donde el poder estaba centralizado en una figura de
autoridad suprema.
Durante la Edad Media, la estructura del estado se transformó con el feudalismo, donde el
poder estaba descentralizado y distribuido entre señores feudales que gobernaban sobre
territorios específicos. La figura del monarca seguía siendo importante, pero su autoridad
estaba limitada por los derechos y poderes de los señores locales.
La transición hacia el estado moderno comenzó con el Renacimiento y la consolidación de
los estados nacionales. La formación de estados absolutistas en el siglo XVII, como los de
Luis XIV en Francia, marcó una centralización del poder y la creación de burocracias
estatales más organizadas. Este período vio el desarrollo de conceptos clave como la
soberanía nacional y la legitimidad del estado.
El siglo XVIII trajo consigo la Revolución Francesa y las ideas de la Ilustración, que
promovieron la idea de un estado basado en la soberanía popular y los derechos individuales.
Las revoluciones y la expansión de las democracias parlamentarias en el siglo XIX llevaron a
la configuración de estados modernos, caracterizados por la separación de poderes y sistemas
de representación política.
En el siglo XX, el estado enfrentó nuevos desafíos con la globalización y la formación de
organizaciones internacionales. La creación de entidades como las Naciones Unidas y la
Unión Europea refleja la evolución hacia sistemas de gobernanza multinacionales y
regionales, en los que el estado debe equilibrar su soberanía con las exigencias de
cooperación internacional.
El ESTADO COMO INSTITUCIÓN JURÍDICA
El Estado, en su función jurídica, se configura como la máxima autoridad en la organización
y regulación de la vida en sociedad dentro de un territorio determinado. Su estructura se basa
en un conjunto de normas jurídicas que se dividen en diversas ramas, tales como el derecho
constitucional, administrativo, penal, civil y laboral, entre otras. Estas ramas del derecho
establecen los principios fundamentales que guían el funcionamiento del Estado y la
interacción entre los ciudadanos.
Desde el punto de vista jurídico, el Estado tiene varias funciones esenciales. La función
legislativa corresponde a la creación de leyes, realizada por un órgano representativo, como
un parlamento o congreso, que elabora normas de carácter general y abstracto. La función
ejecutiva es llevada a cabo por el gobierno, que implementa y administra las leyes, así como
las políticas públicas. Finalmente, la función judicial está a cargo de los tribunales y jueces,
que interpretan y aplican las leyes para resolver conflictos y garantizar la justicia.
Un aspecto clave del Estado como institución jurídica es el principio de legalidad, que
asegura que todas las acciones del Estado deben estar basadas en la ley. Esto implica que
tanto los ciudadanos como las autoridades están sujetos a la normativa vigente, lo que busca
proteger los derechos individuales y garantizar un sistema de justicia imparcial.
Adicionalmente, el Estado ejerce el poder normativo y coercitivo para garantizar el
cumplimiento de las leyes. Esto incluye la capacidad de imponer sanciones y medidas
correctivas a quienes infrinjan las normas establecidas. El monopolio de la fuerza, ejercido a
través de las fuerzas de seguridad y el sistema judicial, es una característica fundamental del
Estado moderno, asegurando que el orden social se mantenga y se resuelvan los conflictos de
manera pacífica y organizada.
FINES, ELEMENTOS Y FUNCIONES DEL ESTADO Y SUS
DIVISIONES POLÍTICAS
El Estado es una entidad compleja con diversos fines, elementos, funciones y divisiones que
estructuran su funcionamiento y su impacto en la sociedad. Entre sus fines principales se
encuentran el mantenimiento del orden y la seguridad dentro de su territorio, la promoción de
la justicia mediante la aplicación imparcial de la ley, el fomento del bienestar social a través
de políticas públicas en áreas como salud y educación, y el estímulo del desarrollo económico
creando un entorno propicio para la inversión y el crecimiento.
Para cumplir estos fines, el Estado se fundamenta en varios elementos esenciales. Primero, el
territorio define el ámbito geográfico sobre el cual el Estado ejerce su soberanía y autoridad.
En segundo lugar, la población es el conjunto de individuos que habitan en dicho territorio y
a quienes se les aplican las leyes estatales. El gobierno es el órgano o conjunto de órganos
responsables de la formulación e implementación de políticas y leyes. Por último, la
soberanía es la capacidad del Estado para ejercer autoridad suprema dentro de su territorio y
sobre su población sin interferencia externa.
El Estado lleva a cabo varias funciones para asegurar su funcionamiento. La función
legislativa se encarga de crear, modificar y derogar leyes a través del órgano legislativo,
como un parlamento o congreso. La función ejecutiva implementa y administra las leyes y
políticas públicas, y es realizada por el poder ejecutivo, compuesto por el presidente, primer
ministro o equivalente, y su gabinete. La función judicial se ocupa de interpretar y aplicar
las leyes para resolver conflictos, y es realizada por los tribunales y jueces. Finalmente, la
función administrativa gestiona los recursos del Estado y los servicios públicos, y es parte
de la administración pública y la burocracia estatal.
Además, el Estado se organiza en distintas divisiones. La división de poderes establece tres
ramas independientes y autónomas: el poder legislativo, que elabora las leyes; el poder
ejecutivo, que ejecuta y administra las leyes; y el poder judicial, que interpreta y aplica las
leyes en casos específicos. La división territorial incluye subdivisiones como provincias,
estados, regiones o municipios, cada una con diferentes grados de autonomía y competencias,
dependiendo del tipo de Estado (unitario, federal o confederal). Finalmente, la división social
puede reconocer y gestionar diversas formas de organización social y económica, como
comunidades autónomas y entidades locales con derechos y responsabilidades específicas.
Conclusión
La metamorfosis del Estado, desde las antiguas civilizaciones hasta el complejo entramado de
los Estados-Nación contemporáneos, ilustra un proceso dinámico de adaptación a las
exigencias cambiantes del entorno social y económico. Cada fase en la evolución del Estado,
ya sea el Estado Primitivo, el Feudal o el moderno, ha implicado una reconfiguración de las
estructuras de poder, la administración de recursos y la regulación de las relaciones sociales.
Estos cambios reflejan no solo las necesidades materiales que han impulsado la formación y
transformación del Estado, sino también el continuo esfuerzo por alcanzar un equilibrio entre
la gestión eficaz y la justicia social. A medida que enfrentamos desafíos globales y nuevas
formas de interdependencia internacional, el Estado sigue evolucionando, demostrando su
capacidad para adaptarse a las complejas realidades del mundo contemporáneo y reafirmar su
papel central en la organización y regulación de la vida colectiva.
Bibliografía
Harris, M. (2006). *Cultura y desigualdad: La teoría materialista de la cultura*. Siglo XXI
Editores. (Original publicado en 1999).
Tilly, C. (1997). *Coerción, capital y estados europeos: Desde el año 990 hasta 1992*.
Editorial Akal.
Fukuyama, F. (2012). *Los orígenes del orden político: De los tiempos prehumanos a la
Revolución Francesa*. Editorial Taurus.
Weber, M. (2003). *Economía y sociedad: Esbozo de sociología comprensiva*. Fondo de
Cultura Económica. (Original publicado en 1922).