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Derecho Civil II:

Contratos

Laura Rodríguez
2023-2024
Laura Rodríguez

TEMA 1. EL CONTRATO
1. EL CONCEPTO DE CONTRATO
1.1 DESENVOLVIMIENTO HISTÓRICO DE LA IDEA DE CONTRATO
El art. 1.254 CC establece que “el contrato existe desde que una o varias personas consienten en
obligarse, respecto una de otras, a dar alguna cosa o prestar algún servicio”.
El contrato es, por tanto, un mecanismo de generación de derechos y obligaciones respecto a
las partes, las cuales se encuentran vinculadas a la realización de una promesa por el mero
hecho de haberse comprometido a ello. No cabe duda en cuanto a su carácter de fuente de las
obligaciones, como bien establece el art. 1.089 CC.
De la evolución histórica de la idea de contrato, el contrato como categoría es manifestación
del consentimiento. Así pasa al Code Napoleón y al resto de los CC actuales.
Su evolución histórica:
− Época romana. De un marcado formalismo, no hay ninguna institución que se asemeje a la
idea actual de contrato. Así, ni la stipulatio, que se caracterizaba por no otorgar eficacia
obligatoria a los actos que no reunían las rígidas reglas o la certeza de la entrega de una
cosa, ni la existencia de otras figuras contractuales, ni los llamados contratos
innominados de la época justinianea nacidos para superar un sistema muy formalista,
puede afirmarse que la idea genérica de contrato pueda asemejarse a la actual.
− Época del ius commune y de los canonistas. La Influencia de la Iglesia católica dio
relevancia al Principio de buena fe y de respeto a la palabra dada (pacta sun servanda),
apareciendo también el principio solus consensus obligat, por el cual, los contratos se
forman por el simple consentimiento de las partes. Se supera el formulismo romano y se
consolida la jurisdicción mercantil en la cual el consentimiento mutuo constituye la
esencia del contrato, acorde a los canonistas.
− Edad moderna. Se acentúa la consideración de la voluntad individual (y, por tanto, del
consentimiento de ambas partes contratantes) como base del contrato. Destaca la escuela
de Derecho natural que, abandonando el teocentrismo y el determinismo religioso, reclama
la propia posición del ser humano y la importancia de la voluntad individual como criterio
decisivo en las más diversas facetas de la actividad humana.

1.2 EL CONTRATO COMO MEDIO DE INTERCAMBIO DE BIENES Y SERVICIOS


El contrato es un medio de intercambio de bienes y servicios. La satisfacción de las
necesidades individuales en un mundo en el que todas las riquezas están ya ocupadas y nadie
realiza actividad alguna sin la oportuna contraprestación se consigue a través de una cadena
sucesiva de intercambios económicos. No todos los intercambios pueden ser considerados como
contratos, hay casos en los que se accede a un bien, pero a través de la intervención del Estado
que abarata o facilita dichos bienes atendiendo al interés público.
El dinero es el medio común de intercambio por excelencia, aunque pueden cerrarse contratos
donde no intervenga el dinero para nada, mediante el intercambio de otros bienes o servicios.

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1.3 LA PATRIMONIALIDAD DE LA RELACIÓN CONTRACTUAL


Un contrato es fundamentalmente la “veste jurídica” de una operación económica
consistente en un intercambio de bienes o de servicios. La mayor parte de los intercambios
son instantáneos.
La valoración económica ínsita en todo contrato evidencia un dato que tiene una extraordinaria
importancia: el carácter patrimonial de la relación contractual. Todo contrato debe tener por objeto
prestaciones susceptibles de valoración económica, ya sean tales prestaciones en bienes (o
cosas) o servicios. A veces la valoración económica es fácil (precio de mercado de un bien) y
otras depende del interés de los contratantes. INCLUSO en los contratos unilaterales (donación o
regalo) tiene que existir el requisito de patrimonialidad. En cambio, los acuerdos de voluntades
sin carácter patrimonial no tienen el carácter de contrato, por ejemplo, el matrimonio.

2. AUTONOMÍA PRIVADA Y FUERZA VINCULANTE DE LOS CONTRATOS


2.1 LIBERTAD DE INICIATIVA ECONÓMICA PRIVADA Y AUTONOMÍA PRIVADA
Si en el contrato subyace un intercambio económico objeto de valoración por las partes, no puede
extrañar que el estudio del mismo haya servido para resaltar el papel conformador de la voluntad
de los contratantes, y, en definitiva, la libertad de iniciativa económica privada, la cual está
reconocida por la generalidad de los sistemas de los países evolucionados, incluso a nivel
constitucional, al estar consagrada la llamada economía de mercado (art.38 CE).
Tradicionalmente, el contrato ha sido considerado como un instrumento dejado a la voluntad de
los particulares y, de dicha realidad, la doctrina jurídica ha deducido el principio de autonomía
privada o autonomía contractual.
Autonomía significa darse a sí mismo la norma, la ley; es decir, autonormarse. El principio de
autonomía privada es la expresión del reconocimiento del ordenamiento jurídico a los
particulares de un amplio poder de autorregulación en sus relaciones patrimoniales.

2.2 ÁMBITO PROPIO DE LA AUTONOMÍA PRIVADA


La relevancia que la voluntad de las partes asume en el ámbito contractual requiere algunas
observaciones que enmarquen el alcance efectivo de la autonomía privada y de la libertad
contractual:
1. En primer lugar, la autonomía privada no puede ser contemplada al margen del
ordenamiento jurídico, que la reconoce y protege y, por tanto, no puede atentar contra el
propio ordenamiento jurídico y, en concreto, contra las normas de carácter imperativo, la
moral (referida a los principios morales recogidos por el ordenamiento jurídico) y la buena
fe. No obstante, la generalidad de las normas legales referentes al contrato tiene carácter
dispositivo, y, por tanto, son disponibles y sustituibles por las partes. Aunque también
hay normas contractuales de derecho imperativo que tienen primacía sobre la autonomía
privada y a las que esta a de subordinarse.
2. De otra parte, en términos teóricos, parece claro que no debe llegarse a una
hipervaloración conceptual de la voluntad de las partes que suponga afirmar que el
contrato es un acuerdo de voluntades, con el olvido del substrato económico del mismo y,
en particular, de la nota de patrimonialidad.

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2.3 AUTONOMÍA PRIVADA Y FUERZA VINCULANTE DE LOS CONTRATOS


La consagración normativa de la autonomía privada en nuestro CC se encuentra formulada en el
art. 1255: “los contratantes pueden establecer los pactos, cláusulas y condiciones que tengan por
conveniente, siempre que no sean contrarios a las leyes, a la moral, ni al orden público”. Esto es,
una vez respetados los límites institucionales de la autonomía privada, el contenido de los
contratos depende en exclusiva de la propia voluntad de las partes.
Podría parecer que las normas imperativas representan un mero papel negativo o preventivo
respecto del pacto contractual prohibiendo determinadas conductas; siendo esto cierto, no es su
única función
En primer lugar, las prescripciones legales pueden dotar al acuerdo contractual de un significado y
alcance distintos al establecido por las partes en el clausulado contractual. Así, el OJ despliega
también un papel de carácter positivo en relación con el contrato, incluso contradictorio con la
voluntad de las partes, acreditando que la voluntad de éstas no es todopoderosa.
En segundo lugar, el ordenamiento jurídico constituye precisamente el fundamento último de la
relevancia de la voluntad de las partes, y otorga al contrato una fuerza vinculante y unas
posibilidades de actuación de las que podría carecer técnicamente hablando.
La fuerza vinculante de los contratos se encuentra sancionada en el artículo 1.091 CC, conforme
al cual: “las obligaciones que nacen de los contratos tienen fuerza de ley entre las partes
contratantes, y deben cumplirse al tenor de los mismos”. Dicho precepto, fundamental en
nuestro sistema, atribuye a las obligaciones “fuerza de ley” en las relaciones entre los
contratantes. Los contratos tienen fuerza de ley, pero no son ley, ni siquiera inter partes.

3. LAS CLASIFICACIONES DE LOS CONTRATOS


3.1 CUADRO SINÓPTICO SOBRE LA CLASIFICACIÓN DE LOS CONTRATOS
Elemento distintivo Operatividad en su Categoría contractual
categoría
-Consentimiento > CONSENSUALES
Elemento determinante en el proceso
-Entrega de la cosa > REALES
formativo
-Forma solemne > FORMALES
-Liberalidad o altruismo > GRATUITOS
Finalidad perseguida -Intercambio económico > ONEROSOS
recíproco y equivalente
-Sí > TÍPICOS
Regulación del tipo contractual por el
Derecho Dispositivo -No > ATÍPICOS
-Único > INSTANTÁNEOS

Momento o periodo -Continuado no periódico > DURADEROS


-Periódico > DE EJECUCIÓN PERIÓDICA
-Una sola parte > UNILATERALES
Nacimiento de obligaciones a cumplir
-Ambas partes > BILATERALES

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3.2 CONTRATOS CONSENSUALES, REALES Y FORMALES


Contratos consensuales:
− La mayor parte de los contratos son consensuales. El contrato se perfecciona (genera
derechos y obligaciones y se entiende válidamente celebrado) por el mero consentimiento
contractual entre las partes.
− Son consensuales, en general, todos los contratos que no sean calificables como formales
o reales. Por lo tanto, tienen carácter consensual los contratos de compraventa, permuta,
arrendamientos, sociedad, mandato, seguro, fianza, etc.
Contratos reales:
− Se hace referencia a una limitada relación de contratos para cuya perfección el CC
requiere, además del consentimiento, la entrega de una cosa.
− Son contratos reales: préstamos (mutuo y comodato), depósito y prenda.
− A diferencia de la doctrina clásica, para la doctrina moderna la entrega de la cosa es
requisito constitutivo de los contratos reales.
Contratos formales:
− No se pretende indicar que unos contratos tienen forma y otros no, ya que todo contrato,
de manera más o menos ampulosa, tiene que asumir necesariamente una forma
determinada (verbal, escrito, gestos, etc.).
− Son aquellos en los que la forma asume carácter de elemento esencial o estructural del
propio contrato a efectos de determinación de la validez del mismo. De este modo, sin la
forma solemne, cuando ésta es requerida, no se puede decir que el contrato haya sido
perfeccionado o celebrado.

3.3 CONTRATOS GRATUITOS Y ONEROSOS


Contrato gratuito (o lucrativo): cuando una de las partes contratantes se enriquece u obtiene un
beneficio a consecuencia del contrato, sin asumir carga o contraprestación alguna. El ejemplo
paradigmático es la donación o regalo. Para el CC son igualmente gratuitos los contratos de
mandato, préstamo y depósito; que también se encuentran basados en la idea de altruismo.
Contratos onerosos: la prestación de una parte encuentra su razón de ser en la contraprestación
de la otra. El calificativo oneroso expresa que se trata de conseguir algo mediante la transferencia
a la otra parte de un valor equivalente.
Dicho valor será objeto de una valoración subjetiva por parte de los contratantes y a veces se
llevará a cabo con absoluto alejamiento del valor de mercado u objetivo de la prestación
contractual.
Los contratos onerosos de dividen en:
1. Contrato conmutativo. La relación de equivalencia entre las prestaciones de las partes
suele quedar fijada, de antemano y de forma cierta y segura, al celebrar el contrato. Son
los más comunes.
2. Contrato aleatorio. Se darán en el caso de que la ejecución de las prestaciones, o su
concreta cuantía, dependa de un acontecimiento incierto (el número de la ruleta…).

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3.4 CONTRATOS TÍPICOS Y ATÍPICOS


Contratos típicos: Son aquellos que están legalmente contemplados y a los que el Derecho
objetivo proporciona una regulación de carácter general. Así pues, los diversos tipos de contratos
recogidos en el CC (compraventa, arrendamiento…) o en cualquier otra disposición legal (contrato
de edición...) serían calificables como típicos.
Se establece un marco básico del contrato, mediante escasas normas de carácter imperativo,
teniendo el resto naturaleza dispositiva. En el caso de que los contratantes dejen sin regular algún
punto, la disciplina legal se aplicará de modo supletorio.
Contratos atípicos: Son aquellos que, aun careciendo de reconocimiento legal y de regulación
positiva, reúnen los requisitos esenciales de la figura contractual. Su admisibilidad es indiscutible,
y la jurisprudencia reconoce, en base al art. 1255 CC, que la libertad contractual derivada de la
iniciativa económica privada conlleva que las personas puedan estructurar libremente figuras
contractuales no consagradas legalmente.
Dentro de los contratos atípicos encontramos:
− Los contratos que se ajustan esencialmente a un modelo establecido, pero se apartan de
él en algún punto concreto.
− Contratos mixtos o complejos. Son los contratos en los que se mezclas elementos o
prestaciones típicos de varios contratos.

3.5 CONTRATOS INSTANTÁNEOS, DURADEROS Y DE EJECUCIÓN PERIÓDICA


La distinción entre estos contratos atiende al periodo temporal propio de ejecución del contrato.
− Contratos instantáneos: Son aquellos cuya completa ejecución se realiza en un acto
temporal único o en un breve lapso temporal.
− Contratos duraderos: Son los que conllevan cierta continuidad temporal en su vigencia y
ejecución, estableciendo un vínculo entre las partes contratantes que se prolonga durante
un determinado plazo temporal. Durante dicho plazo las partes, de forma continuada o no,
según la naturaleza del contrato, deberán llevar a cabo la ejecución de las prestaciones.
− Contratos de ejecución periódica: Son contratos en los que una de las partes contratantes
debe realizar alguna/as prestaciones con una determinada regularidad temporal (pagar la
renta mensual).

3.6 CONTRATOS BILATERALES Y UNILATERALES


Todo contrato se caracteriza por tener, al menos, dos partes, por lo que la razón distintiva entre
contratos bilaterales y unilaterales se fundamenta en el nacimiento de obligaciones a cargo de una
o de ambas partes.
− Contratos bilaterales (o sinalagmáticos): son aquellos contratos que generan obligaciones
para ambas partes, de forma recíproca y correspondiente (el comprador paga y el
vendedor entrega la cosa). Todos los contratos bilaterales son simultáneamente onerosos.
− Contratos unilaterales: son los que generan obligaciones para una sola de las partes
contratantes (presto a un amigo 30€: solamente él queda obligado), y pueden ser gratuitos
u onerosos. En ellos no es de aplicación la facultad resolutoria por incumplimiento del art.
1124 CC, como causa de ineficacia del contrato. Pueden existir contratos unilaterales que
no tengan carácter gratuito, sino oneroso.

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TEMA 2. LOS ELEMENTOS DEL CONTRATO


1. LOS ELEMENTOS DEL CONTRATO
1.1 ELEMENTOS ESENCIALES Y ELEMENTOS ACCIDENTALES DEL CONTRATO
El mínimum de elementos que acredita la existencia de un contrato válido es: el consentimiento de
las partes, el objeto y la causa. Pero, dado el reconocimiento de la autonomía privada, las partes
pueden introducir en el contrato previsiones complementarias (no requeridas legalmente) de las
que dependa la propia eficacia del contrato celebrado.
Ello obliga a distinguir entre elementos esenciales y elementos accidentales del contrato.
Los elementos esenciales deben estar presentes en todo contrato para que, válidamente, se
pueda hablar de tal. Por ello es tajante e imperativo el art. 1.261 CC “No hay contrato sino cuando
concurren los requisitos siguientes:
1. Consentimiento de los contratantes.
2. Objeto cierto que sea materia del contrato.
3. Causa de la obligación que se establezca”.
Los elementos accidentales pueden estar presentes por voluntad de las partes en un
determinado contrato, pese a que su presencia no es esencial ni determinante, para que pueda
hablarse de contrato válido. Los elementos accidentales son la condición y el término, y en
menor medida respecto de los contratos gratuitos, el modo. Una vez integrados en un acuerdo
contractual, asumen una determinante importancia respecto de la vida del contrato.
La tradicional bipartición de los elementos del contrato tiene la ventaja de aclarar que solo los
elementos esenciales son requisitos legales e ineludible de la válida formación del contrato, al
mismo tiempo que permite precisar su carácter contingente o accesorio de los elementos
accidentales.

1.2 LOS DENOMINADOS ELEMENTOS NATURALES DEL CONTRATO


Junto con los elementos esenciales y accidentales, los elementos naturales son ciertas notas
características de algunos contratos que la regulación legal de los mismos considera implícitas
en los correspondientes acuerdos contractuales si las partes no disponen nada en contrario y que
derivan de la propia naturaleza del contrato.
Un ejemplo clásico de “elemento natural” es el carácter gratuito del contrato de depósito como
regla, y salvo pacto en contrario, regla que, sin embargo, es justo la contraria en Derecho
mercantil: el carácter retribuido del depósito salvo pacto en contrario.
Los elementos naturales no son requisito de validez o condición de eficacia del contrato, son un
detalle normativo incorporado a través de normas dispositivas. Actualmente la doctrina reniega de
ellos, aunque la jurisprudencia los suele utilizar, como, por ejemplo, el saneamiento por evicción
que es un elemento natural del contrato de compraventa, aunque el mismo es disponible por las
partes contratantes.

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2. LA CAPACIDAD CONTRACTUAL
El contrato, sintéticamente, se define como acuerdo de voluntades (decisión de dos o más
personas de realizar un determinado compromiso). El punto de partida parte de la voluntad
coincidente de ambas partes.
La manifestación del consentimiento de cada una de las partes puede darse de muy diferentes
maneras, pero requiere en todo caso que el consentimiento se haya formado libre y
conscientemente y, además, por persona que tenga capacidad de obrar o capacidad
contractual.

2.1 LA REFORMA DEL ART. 1263 POR LA LEY 26/2015, SOBRE PROTECCIÓN DE LA
INFANCIA Y LA ADOLESCENCIA
La reforma del CC por la Ley 26/2015 da nueva redacción al art. 1263: “no puede prestar
consentimiento:
1. Los menores no emancipados, salvo en aquellos contratos que las leyes les permitan
realizar por sí mismos o con asistencia de sus representantes, y los relativos a bienes y
servicios de la vida corriente propios de su edad de conformidad con los usos sociales.”
Esta reforma confirmó que los menores, en la práctica, se desenvuelven por sí solos con relativa
frecuencia en el tráfico jurídico. Por primera vez se reconoce literalmente en un texto legal a los
menores un mínimo grado de capacidad contractual. Circunstancia que se venía reconociendo de
forma táctica en otras leyes, y, de forma más efectiva, en los Tribunales.

2.2 NUEVA REFORMA DEL ARTÍCULO 1263 POR LA LEY 8/2021, DE APOYO A LAS
PERSONAS CON DISCAPACIDAD EN EL EJERCICIO DE SU CAPACIDAD JURÍDICA
La entrada en vigor de la LAPCD supone la radical transformación de nuestro derecho privado en
materia de capacidad, porque reivindica, propicia e instruye el ejercicio efectivo de esta capacidad
para ser titular de derechos y obligaciones al normativizar todo un horizonte de apoyos, donde la
voluntad, preferencias y deseos de la persona encumbran cualquier decisión. El eje ideológico de
esta Ley es fomentar el ejercicio individual de la capacidad jurídica, y en consecuencia evitar
que las medidas de apoyo se transformen en el anterior sistema de representación y remplazo de
voluntades.
Las resoluciones judiciales al respecto subrayan que las medidas judiciales de apoyo se
adoptarán “solo en defecto o por insuficiencia de estas medidas de naturaleza voluntaria, y a falta
de guarda de hecho que suponga apoyo suficiente, podrá la autoridad judicial adoptar otras
supletorias o complementarias”, conforme establece el artículo 255 del Código Civil.
Así pues, la modificación más importante que introduce la LAPCD es la radical abrogación de la
incapacitación judicial de las personas con discapacidad, sustituyéndola por un sistema de apoyos
individualizados para que tomen sus propias decisiones de forma libre e informada. Tales
sistemas de apoyo deben ajustarse a los principios de necesidad y proporcionalidad y atender, de
ser posible, a la voluntad, deseos y preferencias de la persona que requiera la medida.
Dentro de las medidas voluntarias adquieren especial importancia los poderes y mandatos
preventivos, así como la posibilidad de la autocuratela. Fuera de ellas conviene destacar el
reforzamiento de la figura de la guarda de hecho, que se transforma en una propia institución
jurídica de apoyo, al dejar de ser una situación provisional cuando se manifiesta como suficiente
y adecuada para la salvaguarda de los derechos de la persona con discapacidad.

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De otro lado, la LAPCD elimina la tutela y la patria potestad prorrogada o rehabilitada del ámbito
de la discapacidad al considerarse poco adaptadas al sistema de promoción de la autonomía de
las personas adultas con discapacidad; introduce cambios en la regulación de las instituciones de
guarda y protección de las personas con discapacidad y aborda en profundidad la institución de la
curatela, entendida desde la perspectiva asistencial.
Así:
− El artículo 760 declara que: “las medidas que adopte la autoridad judicial deberán ser
conformes a los dispuesto sobre esta cuestión en las normas de Derecho civil que resulten
aplicables”.
− El apartado 1 del artículo 761 afirma que “las medidas contenidas en la sentencia dictada
serán revisadas en el plazo en que en ella se disponga y, en todo caso, en el plazo
máximo de tres años, debiendo seguirse los trámites previstos a tal efecto en la LJV”.
− Por último, el artículo 757.1 de la LEC-2000, queda redactado en los siguientes términos:
“El Proceso para la adopción judicial de medidas de apoyo a una persona con
discapacidad puede promoverlo la propia persona interesada, su cónyuge no separado de
hecho o legalmente o quien se encuentre en una situación de hecho asimilable, su
descendiente, ascendiente o hermano”.

2.3 LAS PROHIBICIONES DE CONTRATAR


En determinados casos, las leyes prohíben a algunas personas la celebración de ciertos
contratos, pese a gozar de la capacidad contractual. Se habla de prohibiciones de contratar, la
capacidad contractual de los contratantes se ve restringida por una prohibición expresa respecto
de un determinado o concreto contrato. A tales prohibiciones se refiere el art.1264 “Lo previsto en
el artículo anterior se entiende sin perjuicio de las prohibiciones legales o de los requisitos
especiales de capacidad que las leyes puedan establecer”.
Las prohibiciones de contratar pueden clasificarse por su origen en:
− Legales.
− Judiciales. Ordenadas por la autoridad judicial ante el resultado de un pleito.
− Convencionales. Con distinta trascendencia respecto de terceros según se deriven de un
acto gratuito u oneroso.
Además, por su contenido pueden ser: personales y reales, según se imponga por razón de la
persona, o a causa de la naturaleza de la cosa misma.
Estas prohibiciones se basan en razones de orden público y económico, tratando de evitar que
ciertos grupos de personas se prevalgan de la función que desempeñan, obteniendo un
enriquecimiento injusto, a costa de otra persona que se encuentra en una situación dependiente o
subordinada. Por ello, la jurisprudencia recurre en más de un caso a la idea de defensa de la
moralidad implícita o subyacente en las normas que contienen determinadas prohibiciones de
contratar.
Las prohibiciones de contratar tienen carácter particular y concreto; son de interpretación
restrictiva y el mandato legal que las dicte no puede generalizarse ni aplicarse por vía de analogía
a otros supuestos no contemplados legalmente.

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2.4 EL AUTOCONTRATO
El término autocontrato engloba aquellos supuestos en que una sola persona asume las
posiciones contractuales contrapuestas, por contar con poderes representativos de otra persona,
sea natural o jurídica, o tener capacidad decisoria sobre 2 patrimonios separados. El concepto es
controvertido y no toda la doctrina lo admite, ya que no existen dos partes, sino una sola.
Pese a no estar regulado expresamente en el Derecho español, existen preceptos en los que se
evidencia la prohibición de celebrar actos jurídicos por los representantes cuando dicha
celebración suponga conflicto de intereses con sus respectivos representados:
− El art. 1459 CC prohíbe comprar a tutores y mandatarios bienes de sus representados.
− El art. 163 CC exige que cuando los progenitores de hijos no emancipados tengan
intereses contrapuestos a éstos, se nombre judicialmente un defensor de los intereses del
menor.
− El art. 217 CC señala: “la autoridad judicial no podrá nombrar a las personas siguientes
(…) 5º A quien tenga conflicto de intereses con la persona sujeta a tutela.”
− El art. 235 CC establece: “se nombrará un defensor judicial del menor: 1. Cuando en algún
asunto exista conflicto de intereses entre los menores y sus representantes legales”.
− El art. 251 CC prohíbe a quien desempeñe alguna medida de apoyo actuar cuando en el
mismo acto intervenga en nombre propio o de un tercero y existiera conflicto de intereses,
así como adquirir a título oneroso bienes de la persona que precisa apoyo.
− El art. 226.2 CC señala: “representar al tutelado cuando en el mismo acto intervenga en
nombre propio o de un tercero y existiera conflicto de intereses”.
− El art. 267 CCom expresa que ningún representante comprará para sí mismo o para otro lo
que se haya mandado vender, ni venderá lo que se le haya encargado comprar sin licencia
del representado.
Aunque sería razonable concluir que el autocontrato no es admisible en el Derecho español y
debe ser considerado anulable en supuestos de representación voluntaria y nulo de pleno derecho
en las hipótesis de representación legal, la jurisprudencia lo admite en los casos que no exista
conflicto de intereses entre el que realiza el autocontrato y el representado.
En este sentido, la STS 10 de junio de 2015, considera jurídicamente ineficaz la auto contratación
cuando se da realmente un conflicto y una contradicción de intereses que haga incompatible la
actuación de una persona que obra por sí misma y a la vez represente a otra (física o jurídica). El
contrato realizado en estos casos pierde licitud debido a su abuso del derecho, pues se intenta de
algún modo dañar y perjudicar a otro (genera daño a un tercero).

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3. LA LIBRE FORMACIÓN DEL CONSENTIMIENTO Y VICIOS DE LA VOLUNTAD


3.1 EN GENERAL
El Ordenamiento jurídico vela porque el consentimiento contractual se preste por los contratantes
de forma libre y consciente. Cuando el consentimiento (generalmente de una de las partes) ha
sido fruto del error, de la coacción o del engaño, el ordenamiento declara viciado el contrato y
permite que sea anulado por el contratante que ha sufrido tales interferencias en la formación de
su consentimiento o voluntad de contratar.
En tal sentido, dispone el art. 1265 CC que “será nulo el consentimiento prestado por error,
violencia, intimidación o dolo”. A tales anomalías del consentimiento se le llaman vicios de la
voluntad o vicios del consentimiento.

3.2 EL ERROR COMO VICIO DEL CONSENTIMIENTO


La validez de los contratos no puede quedar sometida a las alegaciones de cualquiera de las
partes de haberse equivocado sin más, ya que entonces los contratos no tendrían efectos
obligatorios, generando una gran inseguridad.
El CC no define el error como vicio del consentimiento, aunque en el art. 1266 CC le da al
término error el significado usual o convencional: equivocación, falsa representación mental de
algo. Lo que si regula el art. 1266 CC son los requisitos o circunstancias fundamentales que
comportan que el error sea relevante o no con vistas a privar de eficacia al contrato celebrado.
Por otro lado, la jurisprudencia es sumamente rigurosa en la acreditación y prueba de esos
requisitos. El TS afirma que el error sustancial con trascendencia anulatoria del negocio tiene un
sentido excepcional acusado y que requiere una prueba plena. Además, su apreciación queda
reservada a los Jueces de primera instancia y, por tanto, queda excluida la casación.
A. Requisitos del error como causa de anulabilidad del contrato.
Según el art. 1266 CC: “para que el error invalide el consentimiento, deberá recaer sobre la
sustancia de la cosa que fuere objeto del contrato o sobre aquellas condiciones de la
misma que principalmente hubiesen dado motivo a celebrarlo. El error sobre la persona
sólo invalidará el contrato cuando la consideración a ella hubiese sido la causa principal
del mismo”.
El error causante de la posible anulabilidad puede recaer sobre datos objetivos del
propio acuerdo contractual (error esencial o sustancial) o respecto de la otra parte
contratante (error sobre la persona).
− Error esencial o sustancial. Es un error de carácter objetivo. El error debe recaer
sobre la sustancia de la cosa objeto de contrato o condiciones de la cosa que
hubiesen dado motivo a celebrarlo.
− Error sobre la persona con que se contrata. El error sobre la persona puede tener
eficacia invalidante en relación CON TODO TIPO DE CONTRATOS, siempre que la
consideración de la otra parte contratante haya sido erróneamente valorada de
forma excusable y esencial. En la práctica se aplica de forma limitadísima, fuera de
los contratos intuitu personae.

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− Error excusable. Aunque el art. 1266 no lo describe, la jurisprudencia exige que


el error sea excusable. El contratante que incurre en el error debe acreditar haber
ejercitado una diligencia normal en el conocimiento de los extremos propios del
objeto del contrato y que, pese a ello, no ha logrado superar la falsa representación
mental en que ha incurrido. Es decir, que el error no es imputable a quien lo padece
y que no pudo evitarse mediante el empleo de una regular diligencia.
− Debe existir un nexo de causalidad entre el error sufrido y la celebración del
contrato, de forma que dicho error es determinante. De no haber existido error, no
se habría celebrado el contrato de forma efectiva.
B. Error de hecho y de derecho.
− Error de hecho: La existencia del error recae, además, sobre circunstancias de la
cosa objeto de contrato o sobre cualidades de la persona con que se contrata.
− Error de derecho: el error se debe a la ignorancia o interpretación equivocada de
una norma jurídica que induzca a cualquiera de los contratantes a emitir una
declaración de voluntad que no habría realizado de haber tenido un conocimiento
preciso de las normas jurídicas aplicables al acuerdo contractual de que se trate.
Antes se aplicaba el principio de que la ignorancia de la ley no exime de su
cumplimiento y este tipo de error no era trascendente. Ahora sí se admite, pero la
jurisprudencia es muy estricta en el reconocimiento del error de derecho como
causa de anulación, según la cual ha de admitirse “con extraordinaria cautela y
carácter excepcional”.
C. Otros supuestos de error.
− Error en los motivos. La falsa representación mental recae sobre los móviles
subjetivos que llevan a una de las partes a contratar. (Ej.: alquilo un apartamento
para unos días y la empresa me fija las vacaciones para el mes siguiente). La
jurisprudencia no lo admite como causa de invalidez.
− Error de cuenta o error de cálculo. Art. 1266.3 CC: “sólo dará lugar a su corrección”,
esto es, a la corrección de la operación matemática errónea, que deberá ser
realizada de nuevo. La interpretación del precepto debe referirse sólo a errores
materiales o de cuantificación, es decir en un error de cálculo u operación
aritmética.

3.3 LA VIOLENCIA EX 2024

Art. 1267.1 CC: “Hay violencia cuando para arrancar el consentimiento se emplea una fuerza
irresistible”. Tal fuerza irresistible se dará en todos los casos de violencia física absoluta en que la
voluntad del contratante es sustituida por la del agente violentador. En tales casos no es que la
voluntad o el consentimiento del contratante se encuentren “viciados”, sencillamente, no hay
consentimiento.
Se puede considerar, en los casos de hipnosis o sugestión, o cuando se le ha drogado. En todos
estos casos la manifestación de la voluntad de contratar se debe exclusivamente a la violencia
ejercida sobre quien acaba exteriorizándola.
La violencia supone una falta absoluta de consentimiento, mientras que la intimidación
constituye un simple vicio del consentimiento.

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3.4 LA INTIMIDACIÓN
A. Noción general y requisitos
La intimidación es otro “vicio de la voluntad” o deficiencia del consentimiento que puede
comportar invalidez del contrato.
Según el art 1267.2 del CC, consiste en “inspirar a uno de los contratantes el temor racional y
fundado de sufrir un mal inminente y grave en su persona y bienes, o en la persona o bienes de su
cónyuge, descendientes o ascendientes”.
Se trata de una coacción moral cuyos requisitos son:
− La amenaza debe ser objeto de tal naturaleza que inspire un temor racional y fundado,
debiendo existir entre el temor y el consentimiento un nexo de causalidad. Habrá de
atenderse ante todo a la entidad de la amenaza y a su incidencia sobre el presuntamente
intimidado.
− La amenaza debe consistir en el anuncio de un mal inminente y grave, que influya sobre su
ánimo induciéndole a emitir una declaración de voluntad no deseada y contraria a sus
intereses. El mal anunciado debe recaer sobre la propia persona o sus bienes o sobre
familiares o personas cercanas e importantes para el intimidado o los bienes de estas.
− Aunque el CC no lo explicite, la amenaza debe ser injusta y contraria a Derecho (no hay
intimidación cuando el mal anunciado es legal, como ejecutar una hipoteca).
B. El temor reverencial
El último párrafo del art. 1267 CC contempla el denominado temor reverencial: “El temor de
desagradar a las personas a quienes se les debe sumisión y respeto no anulará el contrato”. El
temor reverencial no es relevante para el Derecho en tanto no tenga naturaleza intimidatoria; por
tanto, el contrato celebrado será válido y eficaz.

3.5 RÉGIMEN COMÚN DE LA VIOLENCIA Y LA INTIMIDACIÓN


Pese a que en el contrato celebrado bajo violencia física absoluta realmente no hay
consentimiento, mientras que en el caso de la intimidación está viciado, el art. 1.268 CC
dispone la misma consecuencia para ambos vicios de la voluntad: SERÁN ANULABLES.
Este artículo suele ser criticado por la doctrina, ya que se considera que los contratos celebrados
bajo violencia deberían ser nulos de pleno derecho por inexistencia absoluta de consentimiento y
ser éste un elemento esencial del contrato.
La violencia e intimidación pueden ser causadas tanto por la otra parte contratante como “por un
tercero que no intervenga en el contrato”. La ratio legis es evitar que el violentador o intimidador
pueda conseguir la validez de los “matones a sueldo”.

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3.6 EL DOLO
A. Noción y requisitos del dolo.
Actuar dolosamente o con dolo se refiere a la actuación malévola o maliciosa, con el
objetivo de captar la voluntad del otro o de incumplir la obligación contraída.
El dolo como vicio del consentimiento se identifica con aquella conducta de un contratante que,
mediante engaño, induce al otro a contratar, incurriendo en error.
Así, afirma el art. 1269 CC que “Hay dolo cuando, con palabras o maquinaciones insidiosas de
parte de uno de los contratantes, es inducido el otro a celebrar un contrato que, sin ellas, no
hubiera hecho.” Ello queda completado por el art. 1270 CC, que EXIGE para la nulidad de los
contratos que el dolo sea grave y no sea recíproco, e indica que el dolo incidental sólo obliga a
indemnizar los daños y perjuicios causados.
Para que el dolo sea causa de anulabilidad del contrato se requiere sea:
− Dolo grave: llevado a cabo con mala intención consciente y deliberada de engañar a la otra
parte. Las alabanzas de lo ofertado o dolo bueno no se considera como dolo propiamente.
− Dolo determinante o dolo causante: sin cuya existencia la otra parte que lo sufre no
hubiera contratado. El dolo ha de inducir a la otra parte a celebrar el contrato.
Cabe diferenciarlo del dolo incidental que recae sobre circunstancias secundarias o
elementos no determinantes del contrato (el sujeto iba a contratar de todas formas, pero
acepta unas determinadas condiciones que no habría aceptado de no mediar dolo). El dolo
incidental no tendrá consecuencias anulatorias del contrato celebrado, sino que solo dará
lugar a indemnización de daños y perjuicios.
− Dolo no empleado por ambas partes contratantes: ya que en tal caso la actuación malévola
de ambos excluye la protección a la buena fe que fundamenta la regulación positiva del
dolo. En caso de dolo por ambas partes se habla de compensación de dolo, para poner
de manifiesto que el dolo de una parte compensa, anula o destruye la relevancia del dolo
de la otra parte.
La jurisprudencia suele exigir para la apreciación de este vicio del consentimiento los siguientes
requisitos:
1. Una conducta insidiosa, intencionada o dirigida a provocar la declaración negocial,
mediante palabras o maquinaciones adecuadas.
2. La voluntad del declarante debe haber quedado viciada por haberse emitido sin la natural
libertad y conocimiento a causa del engaño.
3. Esta conducta deber ser determinante de la declaración.
4. El carácter grave de la conducta insidiosa.
5. El engaño no debe haber sido ocasionado por un tercero, ni empleado por las dos partes.
B. El dolo omisivo.
Aunque la doctrina clásica excluía el dolo por omisión, el art. 1269 CC lo admite. Éste habla de
“palabras o maquinaciones insidiosas” para identificar a la conducta engañosa y tal resultado
puede lograrse mediante una conducta activa u omisiva.
El dolo puede consistir en conductas pasivas o reticentes que, resultando engañosas, induzcan a
contratar a quien no hubiera llegado a hacerlo de saber cuánto, consciente y deliberadamente, le
oculta la otra parte. El dolo omisivo atenta contra el principio de buena fe.

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C. El dolo del tercero.


Aunque el art 1269 CC parece requerir que el agente doloso sea una de las partes del contrato,
“palabras o maquinaciones insidiosas por parte de uno de los contratantes”, dicha expresión no
excluye la existencia de dolo cuando uno de los contratantes hace uso de una tercera persona, ya
que en tal caso la intervención del tercero es material: quien conspira o maquina es, propiamente
hablando, el contratante maligno; sin embargo, la jurisprudencia parece privar de transcendencia
anulatoria al dolo en los que una parte conozca la situación y se aproveche de ella en detrimento
de los intereses de la otra parte.

4. EL OBJETO DEL CONTRATO


4.1 PLANTEAMIENTO DEL TEMA
El CC estable en el art.1261 que uno de los elementos esenciales del contrato lo constituye el
“objeto cierto que sea materia de contrato”. El CC entiende por objeto los bienes y servicios que,
materialmente hablando, son contemplados en el intercambio que subyace en todo contrato.
El CC habla insistentemente de cosas y servicios, como realidades materiales sobre las que
pueden recaer las obligaciones o las prestaciones de los contratantes. De otra parte, los requisitos
referidos al objeto del contrato (posibilidad, licitud y determinación) se correlacionan mejor con la
perspectiva material que se plantea en el CC que si se hubieran de entender referidos a la
prestación propia de cada uno de los contratantes.
No obstante, la generalidad de la doctrina critica la visión del CC y pretende “elevarla”, afirmando
que no cabe referir los artículos 1271 y ss solo a las cosas o servicios en sentido material, sino a
las prestaciones de los contratantes. Para ello argumentan los siguiente:
1. La obligación de una de las partes puede consistir en un no hacer (art. 1088 CC).
2. La cesión de créditos o deudas perfectamente válidas no recae sobre cosas o servicios.
3. La constitución de una sociedad (civil o mercantil) requiere que ésta tenga un “objeto
lícito”, que no puede reconducirse a la bipartición de cosas y servicios.

4.2 REQUISITOS DEL OBJETO DEL CONTRATO


Los requisitos del objeto del contrato son tres: licitud, posibilidad y determinación.
− Licitud. Según el art. 1271 CC, tanto las cosas como los servicios han de ser lícitos:
• Respecto de las cosas, el CC excluye del ámbito contractual “las cosas que están
fuera del comercio”. Con dicha expresión se refiere el CC a todas aquellas que, por
razones de interés o de orden público, quedan excluidas del tráfico patrimonial.
• En relación con los servicios, se excluyen del contrato “todos los servicios que sean
contrarios a las leyes o a las buenas costumbres”.
− Posibilidad. El art. 1.272 dispone que “no podrán ser objeto de contrato las cosas o
servicios imposibles”. Se refiere a la posibilidad o imposibilidad física o material de
entregar la cosa o ejecutar el servicio que constituya objeto del contrato.
− Determinación o determinabilidad. Una vez perfeccionado el contrato, se requiere que la
cosa o el servicio que constituyen su objeto queden determinados. En caso contrario, sería
necesario un nuevo pacto o acuerdo de las partes. Pero no es necesario que el objeto del
contrato quede absolutamente determinado, sino que basta con que el objeto sea
determinable "sin necesidad de nuevo convenio entre los contratantes" (art. 1273 CC).

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5. LA CAUSA DEL CONTRATO


5.1 EL ART. 1274 CC Y LA CAUSA EN SENTIDO OBJETIVO
El Código Civil al referirse al elemento causal del contrato (art. 1274 CC) comienza por distinguir
entre contratos onerosos y gratuitos, estableciendo que:
− En los contratos gratuitos o de "pura beneficencia" la causa viene representada por "la
mera liberalidad del bienhechor".
− En los contratos onerosos el Código plantea la cuestión de forma unipersonal, ya que se
refiere la causa a cada una de las partes contratantes y no al contrato en su conjunto.
Así pues, respecto de los contratos gratuitos, el sentido de liberalidad o desprendimiento es un
interés digno de protección por el ordenamiento jurídico, que puede justificar tanto la transmisión
de la propiedad o derechos reales, cuanto el nacimiento de obligaciones altruistamente asumidas
(una donación, un depósito, respectivamente).
Pero, en los contratos onerosos la descripción legal no es suficiente para dilucidar qué debe
entenderse por causa del contrato. Atendiendo a cada caso concreto, se puede concluir que la
causa del contrato consiste en el intercambio de prestaciones subyacente en el mismo.
La causa del contrato se identifica con la función socioeconómica del tipo contractual:
− Intercambio de cosa por precio en la compraventa.
− Intercambio de cosa por cosa en la permuta.
− Cesión temporal de vivienda a cambio de renta en el arrendamiento; etc.

5.2 LA CAUSA ATÍPICA


La función socioeconómica de los contratos atípicos que no se encuentra legalmente formulada en
un esquema o modelo contractual predeterminado, sino que es objeto de libre creación por los
particulares, la determinación de la causa atípica habrá de llevarse a cabo caso por caso.

5.3 CAUSAS Y MOTIVOS: LA IRRELEVANCIA DE LOS MOTIVOS


La insistencia en objetivar u objetivizar la causa, en convertirla en la función socioeconómica del
contrato, desligándola de la causa de cada uno de los contratantes, persigue dos finalidades
fundamentales:
1. Rastrear la causa del contrato en su conjunto.
2. Independizar la causa contractual de los motivos, móviles o caprichos de las partes.
La existencia y la validez del contrato no puede quedar supeditada a móviles o razones de
carácter subjetivo que, por principio, son intrascendentes para el Derecho.
Los motivos o intenciones concretas de los contratantes no forman parte del acuerdo
contractual, son premisas del mismo, pero irrelevantes en la formación del contrato.

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5.4 LA CAUSA ILÍCITA DEL ART. 1275: LOS MOTIVOS ILÍCITOS Y LA CAUSA EN SENTIDO
SUBJETIVO
Según el artículo 1275, “los contratos sin causa, o con causa ilícita, no producen efecto alguno. Es
ilícita la causa cuando se opone a la ley o a la moral”.
La causa no puede entenderse sólo y exclusivamente como objetiva función
socioeconómica del tipo contractual utilizado por las partes, sino como algo más.
El sentido del artículo 1275 es permitir que, en su caso, la función socioeconómica del tipo
contractual, abstractamente considerada, no excluya de forma necesaria la valoración del fin
práctico perseguido por las partes. El art. Mencionado está dando entrada a que en determinados
casos incluso los motivos contrarios al OJ puedan originar la ilicitud de la causa concreta.
Tanto doctrina como práctica jurisprudencial españolas, aun partiendo del carácter objetivo y
abstracto de la causa, acaba defendiendo los aspectos subjetivos de los contratantes cuando el fin
práctico perseguido es contrario a las leyes o a la moral. La causa es el elemento esencial de
mayor indeterminación en el marco contractual.
Por tanto, el propósito perseguido por las partes ha de ser confrontado con la función económica y
social en que consiste la causa de cada contrato, de modo que si hay coincidencia, el contrato es
reconocido y protegido por el OJ, pero si no la hay porque el propósito que se persigue es ilícito,
tal protección no se otorgará y ese propósito se eleva a la categoría de causa ilícita determinante
de la nulidad de pleno derecho del contrato.

5.5 CONTRATOS CONSENSUALES Y CONTRATOS ABSTRACTOS


Los contratos abstractos son los que producen efectos por la mera voluntad de las partes
independientemente del elemento causal. Nuestro derecho español no los admite y requiere la
existencia de la causa. El art. 1277 CC dispone que “aunque la causa no se exprese en el
contrato, se presume que existe y que es lícita mientras el deudor no pruebe lo contrario”.
De lo que resulta que:
− La falta de consideración o expresión de la causa en el contrato es posible, pero el
contrato seguirá siendo causal y no abstracto.
− El CC presume la existencia y licitud de la causa contractual; presunción que,
evidentemente, beneficia al acreedor de la relación obligatoria.
− El acreedor no tendrá que probar la licitud y existencia de la causa para reclamar la
obligación al deudor, sino que será éste quien haya de desmontar la presunción
legalmente establecida: por ello se habla de abstracción procesal de la causa.
− La abstracción procesal de la causa es distinta a la admisibilidad de la categoría de los
contratos abstractos.
En nuestro Derecho no puede hablarse de contratos abstractos, ni siquiera en aquellas
declaraciones de voluntad unilaterales (reconocimiento de deuda, promesa de deuda) que algunas
veces se califican como abstractas.
Como excepción, hay títulos de crédito (títulos valores) que sí funcionan conforme a las reglas de
abstracción material, bajo ciertas circunstancias, por ejemplo, la letra de cambio o el cheque
gozan de abstracción material cuando el tenedor de ellos es persona diferente al tomador de los
mismos.

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6. EL CONSENTIMIENTO CONTRACTUAL Y LA FORMA DEL CONTRATO


A diferencia de la importancia transcendental que para el derecho Romano tenían los aspectos
formales, en el derecho moderno lo que se ha resaltado es el papel de la voluntad de las partes.
Es necesario recordar la asunción del principio de libertad de forma por parte del ordenamiento
de Alcalá (año 1340), pues la propia jurisprudencia del Tribunal Supremo se refiere con cierta
frecuencia a semejante disposición normativa para poner de manifiesto que la tradición patria
bascula sobre la intrascendencia de las formas en relación con la validez y eficacia de los
contratos.
En los códigos modernos rige el llamado “principio espiritualista” en la celebración del contrato,
conforme al cual, lo que importa es que dos o más personas se pongan de acuerdo en realizar un
negocio y no en la forma en que se plasme dicho acuerdo. El momento determinante del contrato
radica en el acuerdo de voluntades o coincidencia del consentimiento. Importa el aspecto
consensual o espiritual y no los extremos de carácter formal.
En dicho marco de ideas se encuadran estas dos normas del CC:
− Art 1254: “El contrato existe desde que una o varias personas consienten en obligarse... “
− Art 1278: “Los contratos serán obligatorios cualquiera que sea la forma en que se hayan
celebrado, siempre que en ellos concurren las condiciones esenciales para su validez”.
Pero, aunque la forma no sea un elemento esencial del contrato, el art. 1278 recalca que, de
alguna forma, las partes han de haber exteriorizado su consentimiento contractual (incluso con un
gesto).
Además, en asuntos de relativa importancia y en contratos que no sean de ejecución instantánea,
es conveniente la forma escrita. Incluso en algunos casos el legislador establece la conveniencia,
o la necesidad de determinar el contenido del contrato o imponer la forma escrita del contrato.

7. EL PRINCIPIO DE LIBERTAD DE FORMA


7.1 CONTRATOS VERBALES Y CONTRATOS ESCRITOS
El criterio general en nuestro sistema se rige por el principio de libertad de forma. Ya sea un
contrato verbal o escrito, en ambos casos, asumida la obligación por las partes, ambas deben
cumplirlas, bajo riesgo de incurrir en responsabilidad.
El TS ha reiterado que tales reglas siguen siendo aplicables respecto de los contratos verbales,
una vez acreditada su existencia, pues “la perfección de este puede realizarse verbalmente y
adquirir plena eficacia y valor, atendido el carácter espiritualista que inspira nuestra legislación
contractual”.
No obstante, a efectos prácticos:
− En caso de incumplimiento de lo acordado, es sumamente difícil acreditar ante el Juez la
existencia de un contrato verbal.
− A efectos probatorios y prácticos, es absolutamente desaconsejable la celebración de
contratos verbales cuando el contenido patrimonial de los mismos tenga una relativa
entidad económica. Como regla general se debe acudir a documentar el contrato, a
extender por escrito el acuerdo a que hayan llegado los contratantes.
El art. 1278 CC es tajante sobre la absoluta libertad de forma, esto no obsta a que los artículos
sucesivos demuestres un acusado favor respecto de las formas escritas.

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7.2 DOCUMENTOS PÚBLICOS Y DOCUMENTOS PRIVADOS


La forma escrita puede darse de dos maneras diversas: mediante documento privado o público.
− Documento privado. Plasmación material escrita del acuerdo contractual por los propios
contratantes. Una vez reconocido legalmente, acredita entre las partes y sus
causahabientes la existencia del contrato propiamente dicho, con el mismo valor que la
escritura pública, como así establece el art. 1225 CC.
La dificultad estriba en que el documento privado AUN LEGALMENTE RECONOCIDO
carece de eficacia para acreditar su fecha frente a terceros que pudieran verse
perjudicados por la existencia del contrato, ya que las partes pueden modificar
posteriormente su fecha en función de sus intereses.
Por ello el art. 1277 CC establece que, respecto a terceros, la fecha del documento privado
sólo contará desde:
• El día que se hubiese incorporado en un registro público o se entregue a un
funcionario público por razón de su oficio.
• Desde la muerte de cualquiera de los firmantes (lo cual imposibilita la modificación).
− Documento público. Extendidos o autorizados por empleados o funcionarios públicos
dentro del ámbito de sus competencias, tienen una mejor condición probatoria. Hacen
prueba del hecho y de la fecha. Esta supremacía probatoria de los documentos públicos se
debe a que el Estado deposita el ejercicio de la fe pública en ciertos funcionarios que,
obligados a llevar un registro de actos realizados o estando sometidos al procedimiento
administrativo, difícilmente podrán alterar la fecha de los documentos que autorizan.
Entre los documentos públicos los que tienen mayor relevancia y profusión son los
notariales, la legislación civil hace múltiples referencias a las escrituras públicas.

8. LA FORMA COMPLEMENTARIA O AD PROBATIONEM


El principio de libertad de forma (art. 1278) parece verse contradicho por lo dispuesto en el art.
1.280 CC. Esta norma contiene una enumeración de supuestos en los que, según indica su
encabezamiento, “deberán constar en documento público”. En su último párrafo, por otra parte,
dispone que “también deberán hacerse constar por escrito, aunque sea privado, los demás
contratos en que la cuantía de las prestaciones… exceda de 1.500 pesetas” (hoy una cifra
ridícula).
La amplitud de supuestos considerados en el art. 1280 y la cantidad ridícula del último párrafo
hace que parezca que prácticamente todos los contratos deban constar por escrito. Así se
plantea la pregunta de si hay realmente libertad de forma en la celebración del contrato como
establece en el art. 1278 o debe primar el art 1280 CC.

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8.1 LA CONSTANCIA EN DOCUMENTO PÚBLICO REQUERIDA POR EL ART. 1280.1 CC


El art. 1280 es muy heterogéneo y se refiere a qué deberá constar en documento público:
A. Transmisión de bienes inmuebles y derechos reales inmobiliarios.
Para transmitir la propiedad de un inmueble no es necesaria una forma determinada. La
pretensión del CC es que, por razones probatorias frente a terceros o por el hecho de que
la publicidad del acto exija su ingreso en un Registro, las partes contratantes quedan
obligadas a otorgar el correspondiente documento público. Otras formas de celebración de
contratos no sean válidas.
B. Los arrendamientos de bienes inmuebles “por 6 o más años, siempre que deban perjudicar
a tercero”. El perjuicio del tercero al que se refiere radica en la vinculación del posible
causahabiente del arrendador, es decir, el nuevo adquirente de la finca habrá de respetar
el arrendamiento en el caso de que haya sido inscrito, por disponerlo así el art. 1549 CC.
Esto no se aplica a la mayoría de los arrendamientos, por estar sometidos a la legislación
especial de “arrendamientos urbanos” o de “arrendamientos rústicos”, ya que estas leyes
obligan al adquirente de la finca arrendada a respetar el arrendamiento previamente
celebrado.
C. Las capitulaciones matrimoniales y sus modificaciones.
Son los convenios celebrados por los cónyuges con la finalidad de organizar el régimen
económico de su matrimonio, para su validez deben constar en escritura pública, por lo
que tendrá carácter constitutivo.
D. La cesión de derechos.
La cesión, repudiación, y en su caso, renuncia de diversos derechos y acciones y en
concreto, a los derechos hereditarios y los procedentes de la sociedad conyugal, así como
la cesión de acciones o derecho procedentes de un acto consignado en escritura pública.
La cesión debe considerarse válida con independencia de la forma en que se haya
instrumentado, aunque no se surtirá efecto contra terceros sino desde que su fecha puede
tenerse por cierta.
E. Los poderes.
El art. 1280.5 reitera la exigencia de documento público para otorgar:
− El poder para contraer matrimonio, el general para pleitos y los especiales que
deban presentarse en juicio. Supuestos de forma solemne (constitutivos).
− El poder para administrar bienes, y cualquier otro que tenga por objeto un acto
redactado o que deba redactarse en escritura pública, o haya de perjudicar a
tercero. No supone requisito constitutivo.
En conclusión, la primera parte del artículo 1280 hace referencia a derechos legalmente nacidos y
en vigor, respecto de los cuales quiere el legislador que consten en escritura o en otra forma
especial, con efecto ad probationem, unas veces, y ad solemnitatem, otras.

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8.2 LA FORMA ESCRITA DEL ART. 1280.2 CC


El párrafo reseñado dispone que “también deberán hacerse constar por escrito, aunque sea
privado, los demás contratos en que la cuantía de las prestaciones de uno o de los contratantes
exceda de 1.500 pesetas”. Cantidad irrisoria en la actualidad con la que los legisladores trataron
de concienciar a los ciudadanos de la dificultad probatoria de las formas contractuales no escritas,
mediante normas complementarias.
Pero ello no quiere decir que la inexistencia de forma escrita prive de eficacia a un contrato cuyas
prestaciones superen el montante de 1.500 pesetas. La jurisprudencia ha relativizado la
importancia del precepto frente a pretensiones en semejante sentido, declarando que ha de
primar el principio de espiritualidad presente en nuestro sistema jurídico.

8.3 EL SIGNIFICADO PROPIO DEL ART. 1279 CC


Dispone el artículo 1279 CC que, "Si la ley exigiere el otorgamiento de escritura u otra forma
especial para hacer efectivas las obligaciones propias de un contrato, los contratantes podrán
compelerse recíprocamente a llenar aquella forma desde que hubiese intervenido el
consentimiento y demás requisitos necesarios para su validez".
La interpretación jurisprudencial de este precepto pone de manifiesto:
1. El art 1280 SOLO implica, de conformidad a lo dispuesto en el art. 1279, el derecho de las
partes de poder compelerse a llenar esa la forma escrita, para ejercitar acción con objeto
de obtener la eficacia de la obligación contraída.
2. Todos los litigios relativos a la forma contractual presuponen aceptar, en términos
generales, que el contrato en cuestión es plena y previamente válido, aún sin haberse
observado forma prescrita. La falta de escritura pública no quita eficacia al contrato
celebrado con documento privado.
3. El art. 1279 se limita a otorgar a las partes una facultad que pueden ejercer o no. Eso sí,
una vez que una de las partes compele a la otra, la otra está obligada a otorgar escritura
pública.
4. La facultad de elevar a público un contrato no tiene un plazo de prescripción fijado, aunque
esto no implica que pueda ejercitarse de forma ilimitada en cualquier circunstancia o con
cualquier propósito.
Resumiendo, aún en el caso de que la ley requiera una forma especial (escritura pública o forma
escrita), el contrato es en principio válido con anterioridad al cumplimiento de tal forma. La forma
especial (escritura pública o forma escrita) no tiene carácter sustancial, pero desempeña un papel
auxiliar en beneficio de ambos y de terceros. Así se fija como doctrina jurisprudencial que el
incumplimiento de la obligación de elevar a escritura pública el contrato de compraventa celebrado
no es causa directa de resolución contractual.

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9. LA PRIMACÍA DEL CONSENTIMIENTO


9.1 LA FORMA SOLEMNE O SUSTANCIAL COMO EXCEPCIÓN
Excepcionalmente, en algunos casos el principio de libertad de forma queda roto y
contradicho, por atribuir la ley a la forma documental pública una relevancia que va más allá de la
puramente probatoria o complementaria: en algunos casos el documento público es total y
absolutamente necesario para que el contrato sea celebrado.
Se eleva la forma pública a elemento sustancial del contrato, sin cuya existencia éste no puede
afirmarse celebrado. Dentro de estos casos, suelen recordarse:
− El contrato constitutivo del derecho real de hipoteca (ya sea mobiliaria o inmobiliaria).
− La donación de bienes inmuebles.
En tales supuestos, la ley requiere de forma necesaria escritura pública para atribuir validez al
contrato en cuestión (forma ad substantiam, forma sustancial o solemne). La falta de la forma
prescrita provoca la NULIDAD de los mismos.

9.2 LA CATEGORÍA DE LOS CONTRATOS FORMALES


Para referirnos a los contratos en los que la forma es solemne, se utiliza técnicamente el giro
“contratos formales”. El resto serían “no formales”.
Todos los contratos tienen forma (verbal, escritura privada, pública, etc.) pero sólo en algunos la
forma asume carácter de elemento esencial a efectos de determinación de la validez del mismo.
Sin forma solemne, cuando ésta es requerida, no se puede decir que el contrato haya sido
perfeccionado o celebrado.

9.3 LOS CONTRATOS CONSENSUALES COMO REGLA Y PAPEL MARGINAL DE LOS


CONTRATOS REALES
La mayor parte de los contratos tienen carácter consensual, significa sencillamente que el
contrato se perfecciona (genera derechos y obligaciones) por el mero consentimiento contractual,
sin importar la forma.
Tienen carácter consensual en nuestro Derecho los contratos de compraventa, permuta,
arrendamientos, sociedad, mandato, seguro, fianza… y en general todos los contratos que no
sean calificables como formales de una parte o reales de otra.
Los contratos reales son aquellos en los que, para su perfeccionamiento, además del mero
consentimiento, se requiere la entrega de una cosa, son:
1. Préstamos, tanto mutuo como comodato
2. Depósito
3. Prenda
Según la doctrina clásica, en estos supuestos no habría contrato sin la entrega de la cosa. La
doctrina moderna, sin embargo, critica la existencia de los contratos reales.

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10. LA DOCUMENTACIÓN DEL CONTRATO


Ha quedado clara la conveniencia de documentar el contrato, es decir, incorporar el acuerdo
contractual a una forma escrita, sea pública o privada. El problema se plantea cuando existen
diferentes formas contractuales, especialmente la relación entre contrato privado o incluso verbal
ya existente y vinculante, respecto de la posible escritura pública posterior.
En términos teóricos son dos las posibilidades:
1. Que el contenido del contrato privado y el de la escritura pública sean coincidentes, lo cual
no genera ninguna problemática. Se habla de escritura de reconocimiento o
recognoscitiva, o contrato de fijación, puede tener pequeñas modificaciones o variaciones
respecto el contenido del contrato previo. Son contratos cuyo contenido fija situaciones
contractuales preexistentes, al tiempo que excluye posibles incertidumbres generadas por
el contrato anterior.
2. Que el otorgamiento de la escritura pública determine una modificación o variación del
contrato privado preexistente. En este caso, la elevación de un documento privado
prexistente a escritura pública, con contenido divergente, sugiere la novación del
contrato, y, por tanto, la prevalencia de aquella.
Hay que destacar que los documentos privados hechos para alterar lo pactado en escritura
pública producen efectos entre las partes, en base al art. 1230 CC, puesto que se pone en riesgo
la seguridad jurídica dando valor a lo declarado en el documento privado.

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TEMA 3. LA FORMACION DEL CONTRATO


1. LA IGUALDAD DE LAS PARTES CONTRATANTES Y LA FORMACIÓN DEL
CONTRATO

El contrato es un asunto entre particulares, los cuales son iguales ante la ley y pueden procurar
satisfacer sus intereses de forma personal e individual sin necesitar la intervención arbitral de
ningún ente.
A pesar de esta ello, determinadas capas de ciudadanos se ven obligados a firmar determinados
contratos en condiciones predispuestas por la que pudiéramos denominar la “parte
económicamente fuerte”, o dominante, de forma que al celebrar tales contratos no hay acuerdo
real de voluntades entre las partes (transporte público; suministros de agua, gas…)
Para contrarrestar este fenómeno de actos en masa, que escapa al sistema codificado, los propios
particulares han dejado de comportarse como tales, individualmente, para organizarse como
grupo o grupos de defensa de sus intereses. El “movimiento consumerista” se ha extendido en
todos los países evolucionados en busca de una legislación que proteja sus intereses ante las
grandes compañías.
En dicha línea, el art. 51 CE establece que los poderes públicos garantizarán la defensa de los
consumidores y usuarios, protegiendo, mediante procedimientos eficaces, la seguridad, la salud y
los legítimos derechos de los mismos.
El desarrollo de dicho mandato constitucional se llevó a cabo por la Ley 26/1984, para la Defensa
de los Consumidores y Usuarios.

2. LAS FASES DE FORMACIÓN DEL CONTRATO: LA GÉNESIS PARADIGMÁTICA


CLÁSICA

2.1 LA OFERTA CONTRACTUAL


La oferta contractual es una declaración de voluntad emitida con la intención de celebrar un
contrato y que, por tanto, tiene que contener todos los elementos necesarios para que con la
simple aceptación de la otra parte se pueda decir que el contrato ha quedado perfecto, en el
sentido de “perfeccionado”.
La oferta contractual, aisladamente considerada y mientras sea tal, se caracteriza por ser un acto
unilateral y generalmente revocable. No obstante, existen numerosa legislación que determina la
irrevocabilidad durante un periodo de tiempo, en aras a la protección del consumidor, como la ley
del seguro, o la ley sobre el comercio minorista que establece que la oferta pública de venta o la
exposición de artículos en establecimientos constituye a su titular en la obligación de proceder a
su venta a favor de los demandantes que cumplan las condiciones de adquisición.
En definitiva, la oferta contractual, para ser realmente tal, requiere que se mantenga en sus
condiciones iniciales en espera de la aceptación de la contraparte.

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2.2 LA ACEPTACIÓN: EL VALOR DEL SILENCIO


La aceptación es una declaración de voluntad por naturaleza recepticia: debe ser dirigida al
oferente y concordar plenamente con la oferta (o con la contraoferta). La aceptación puede
realizarse de forma expresa como tácita, a través de hechos que no dejen lugar a dudas.
El silencio del eventual aceptante sobre una oferta no puede considerarse como una
manifestación positiva de voluntad (el que calla ni afirma ni niega), al contrario, se considera
respuesta negativa, ya que el silencio no puede ser generador de obligaciones contractuales. Así
lo ha declarado el TS.
Sin embargo, el TS también ha admitido el silencio como afirmativo “el silencio como declaración
de voluntad cuando dada una determinada relación entre dos personas, el modo corriente de
proceder implica el deber de hablar, ya que si el que puede y debe hablar no lo hace se ha de
reputar que consiente, en aras de la buena fe”.
La aceptación puede ser expresa o tácita, deducida esta última de los actos del aceptante. Cabe
plantear si el silencio puede ser entendido como una forma de aceptación tácita de la oferta. La
jurisprudencia así lo ha admitido, aunque SOLO en situaciones en las que la relación entre las
partes supusiera para una de ellas, conforme a las exigencias derivadas del principio de buena fe
y los usos del tráfico, el deber de contestar a la oferta.

2.3 LA PERFECCIÓN DEL CONTRATO ENTRE AUSENTES: LA REDACCIÓN ORIGINARIA DE LOS


CC Y DE COMERCIO
Cuando los contratantes están llevando a cabo las negociaciones en la distancia y no tienen un
medio que de forma inmediata les permita concluirlas, pueden surgir graves incógnitas en relación
con el momento de perfección del contrato.
La doctrina ha ofrecido para determinar cuando el oferente queda vinculado por la aceptación del
ofertado:
A. Teoría de la emisión: Dada la concurrencia del consentimiento de ambas partes
contratantes, debe considerarse perfecto el contrato desde el mismo momento en que el
aceptante emite su declaración de voluntad. (Escribo carta).
B. Teoría de la expedición o remisión: Bastaría con que el aceptante remitiera al oferente la
declaración de voluntad para que este último quede vinculado contractualmente. (Pongo la
carta en Correos).
C. Teoría de la recepción: exige que la aceptación llegue al círculo propio de actividad del
oferente, aunque la recepción no suponga efectivo conocimiento de la aceptación por parte
de éste (por no encontrarse “presente” en el lugar correspondiente). (Llega la carta).
Hasta la Ley 34/2002, el CC se planteaba la cuestión siguiendo las pautas históricas y establecía
que la aceptación “no obliga al que hizo la oferta sino desde que llegó a su conocimiento” (es
decir, el CC optaba por la teoría del conocimiento: esto suponía dejar en manos del oferente el
momento de perfeccionamiento del contrato).
Pero la doctrina ha considerado esta conclusión excesivamente rigurosa, y se pronunció a favor
de la teoría de la recepción. Según ello, basta con que la aceptación llegue al círculo propio de la
actividad del oferente. El TS nunca se ha pronunciado sobre este tema, por lo que la doctrina se
mueve en términos puramente argumentativos.
Frente a la opción seguida por el CC, el Código de Comercio (en su art. 54) se adscribía a la tesis
de la expedición o la remisión como momento perfectivo del contrato.

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Laura Rodríguez

2.4 LA LEY 34/2002: CONTRATACIÓN AUTOMÁTICA, TELEMÁTICA Y ELECTRÓNICA


Los medios técnicos actuales de comunicación y comercio, junto con la aceptación del nuevo
principio de Derecho de protección al consumidor (art. 51CE), han exigido revisar los fundamentos
de resolución de conflictos en relación con la contratación entre ausentes.
Dicha revisión ha sido llevada a cabo por la Ley 34/2002 de servicios de la sociedad de la
información y de comercio electrónico que, deja inalterado el primer párrafo del art. 1262 CC, el
cual, sigue estableciendo que “el consentimiento se manifiesta por el concurso de la oferta y de la
aceptación sobre la cosa y la causa que han de constituir el contrato”. Es decir, consentimiento,
objeto y causa generan o dan vida al contrato.
En cambio, sí han sido objeto de modificación los apartados referentes a la perfección del
contrato, (esto es, apartados 2º y 3º del art. 1262 CC) y el art. 54 CCom, preceptos que
establecen que la aceptación es determinante en los casos de contratación automática.
Esta Ley ofrece un cuadro regulador de la contratación electrónica, aunque los fundamentos del
Derecho contractual no han sido afectados, limitándose la ley especial a consagrar la admisión de
dicho tipo de contratación, pero dejando a salvo en todo caso:
1. Que los contratos electrónicos, como cualesquiera otros, serán válidos cuando concurran
consentimiento y demás requisitos necesarios para su validez.
2. Que tales contratos se regirán por lo dispuesto en la Ley especial y en el CC y de
Comercio.

2.5 CONTRATACIÓN ENTRE AUSENTES Y VENTAS A DISTANCIA


De forma prácticamente simultánea a la aprobación de la Ley 34/2002, se promulgaron dos
disposiciones con rango de ley:
− La Ley 47/2002 por la que se reforma la LOCM, para la transposición al ordenamiento
jurídico español de la Directiva 97/7 CE, en materia de contratos a distancia, y para la
adaptación de la Ley a diversas Directivas comunitarias.
− La Ley 32/2003 General de Telecomunicaciones, que modificó la mitad del Título III de la
Ley 34/2002 con la idea de flexibilizar el régimen prohibitivo del correo electrónico
generalizado e indiscriminado.
En relación con las ventas a distancia, cabe destacar la nueva redacción del Capítulo II del Título
III de la Ley de Ordenación del Comercio Minorista.
Los contratos a distancia, al igual que los celebrados fuera del establecimiento mercantil, han
pasado a una misma regulación, establecida conforme a la Ley 3/2014 por la que se modifica el
Título III del TRLCU y cuyo art. 92 regula su ámbito de aplicación.

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Laura Rodríguez

2.6 LOS TRATOS PRELIMINARES: LA RESPONSABILIDAD PRECONTRACTUAL


Los tratos preliminares son una serie de conversaciones, cambio de información, adelanto
de condiciones…Tales tratos no suponen la fijación definitiva de una oferta contractual sino
la realización de actos preparatorios de un eventual contrato. Su aparición es un tema totalmente
casuístico. El CC no dedica normativa alguna a ellos. Su importancia viene dada en la posibilidad
de coadyuvar a la interpretación del contrato, así como a la posibilidad de responsabilidad
precontractual o culpa in contrahendo (en el caso que alguna de las partes no hubiera actuado de
buena fe).
La doctrina ha otorgado un significado propio a la calificación de la “responsabilidad
precontractual”, limitando su ámbito a la ruptura injustificada de tratos preliminares cuando la
negociación preliminar tiene por objeto dañar a una de las partes o a un tercero (que podría
celebrar el eventual contrato con aquella) recurriendo al principio general de buena fe, y al art.
1902 CC en relación a “responsabilidad extracontractual”, reconvertida ahora en “precontractual”.
Por su parte, respecto de la responsabilidad precontractual por ruptura injustificada de las
negociaciones o culpa in contrahendo, la STS 40/2016 reclama, aparte de la producción del daño
y la correspondiente relación de causalidad, atender, correlativamente, a la necesaria creación de
una razonable confianza en la conclusión del contrato proyectado y al carácter injustificado de la
ruptura de las negociaciones.

3. EL PRECONTRATO
Es posible que las partes lleven a cabo la celebración de un contrato preparatorio de un futuro
contrato. Suele denominarse precontrato, promesa de contrato o contrato preliminar.
Nuestro CC regula dos supuestos concretos de precontrato:
− El art. 1451, según el cual “la promesa de vender o comprar, habiendo conformidad en la
cosa y en el precio, dará derecho a los contratantes para reclamar recíprocamente el
cumplimiento del contrato”.
− El art. 1862, al disponer que “la promesa de constituir prenda o hipoteca sólo produce
acción personal entre los contratantes…”.
Además, son muy frecuentes los contratos de opción de compra en la práctica actual, a juicio de
Lasarte, encuadrables en el art. 1451.
Según jurisprudencia, en el precontrato se concreta el contrato proyectado que las partes deberán
poner en vigor, como primera fase, y la segunda fase será el cumplimiento de la anterior. De ahí
que el contrato preparado debe reunir todos los elementos del contrato y, en particular, debe
contener el plazo de cumplimiento. En efecto, un precontrato sin fijación de plazo iría contra la
esencia de las relaciones contractuales, ya que cada parte dispondría del arbitrio de aceptar o
no.

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3.1 EL PRECONTRATO O PROMESA DE CONTRATO


La idea de precontrato, que carece de contemplación normativa en el CC, se refiere a los
acuerdos contractuales cuyo contenido se refiere a la celebración de un futuro contrato. Es
una promesa de contrato: las partes se OBLIGAN a celebrar un futuro contrato, ya sea bien
mediante la prestación de nuevo consentimiento respecto de éste, o bien mediante la
manifestación de una sola de las partes, por entender que la otra se encuentra ya vinculada por el
primer contrato.
Por lo tanto, podríamos hablar de dos clases de promesas:
1. Promesa bilateral: las partes se obligan a celebrar un futuro contrato mediante la
prestación de un nuevo consentimiento respecto a este. Sería generadora de obligaciones
para ambas partes.
Las premisas para diferenciarlo de un contrato son:
− TODOS los elementos y estipulaciones del contrato definitivo deben encontrarse en
el precontrato. Sino estaríamos ante tratos preliminares.
− Que la puesta en ejecución del contrato definitivo no requiera la emisión de un
nuevo consentimiento.
2. Promesa unilateral: que nace de la manifestación de una sola de las partes (promitente) la
cual queda vinculada por el propio precontrato frente a la otra (promisario). El precontrato
obligaría al promitente frente al promisario, quien, por el contrario, no tendría obligación
alguna de respetar o cumplir el precontrato celebrado.

3.2 EL CONTRATO DE OPCIÓN EX jun 24

El contrato de opción es un contrato que incorpora una promesa unilateral en cuya virtud, el
optante tiene la facultad de realizar un determinado acto jurídico, cuyo contenido vincula al
promitente por la mera declaración de voluntad de aquel, siempre y cuando la opción sea
ejercitada en las condiciones establecidas en el contrato. En la práctica su operatividad se
encuentra representada por la opción de compra u opción de venta.
En la opción de compra, el concedente del derecho de opción (el dueño) está otorgando un
derecho de preferencia de adquisición al optante (la constructora que quiere el terreno) a cambio
de un precio (prima o señal) y en un determinado plazo. El ejercicio del derecho de opción y, por
lo tanto, la consumación del contrato, dependen de la voluntad del optante mediante la
declaración recepticia que, para que sea eficaz, debe ser conocida por el concedente dentro del
plazo fijado.
Respecto de la opción de venta, menos frecuente, es cuando el eventual adquirente queda
obligado a comprar, y es el propietario el que puede optar entre vender o no vender
El incumplimiento de lo pactado por el prominente
T genera la obligación de indemnizar por daños y
perjuicios.

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4. LAS CONDICIONES GENERALES DE CONTRATACIÓN Y LOS CONTRATOS DE


ADHESIÓN

4.1 NOCIÓN DE CONDICIONES GENERALES


Se entiende por condiciones generales de contratación el conjunto de estipulaciones,
cláusulas, o contenido contractual seguido en los actos en masa por las grandes empresas y
potentes suministradores de bienes y servicios.
Mirado desde la perspectiva propia del consumidor o contratante, dado que la única salida que
tiene es, si quiere contar con el servicio ofrecido, asentir al contenido contractual predispuesto por
la otra parte, se habla de “contrato de adhesión” como expresión sinónima.

4.2 LA EFICACIA OBLIGATORIA DE LOS CONTRATOS DE ADHESIÓN


La aceptación del contrato de adhesión, jurídicamente, conlleva que se ha prestado
consentimiento al contrato (o, si se prefiere, al contenido modular del mismo). La cuestión por
dilucidar no es la obligatoriedad del contrato, sino evitar abusos por parte del predisponente,
permitiendo que incluso la obligatoriedad de aquel (para ambas partes, no se olvide) no sea
obstáculo a la posible ineficacia de alguna/s de las cláusulas que contradigan los más elementales
principios de justicia contractual o de equivalencia de las prestaciones.
Con ello se consigue, de una parte, establecer un cierto equilibrio entre las obligaciones de
ambos, al tiempo que imposibilita que reclamaciones o demandas del usuario en relación con
determinadas cláusulas lo excluyan de la posibilidad de contar con los bienes y servicios ofrecidos
en masa.

4.3 LAS CONDICIONES GENERALES DE LA CONTRATACIÓN EN DERECHO ESPAÑOL BAJO


LA REGULACIÓN DEL CC
A falta de regulación de la materia en el CC, en la jurisprudencia española (desde los años 30), ha
sido tradicional recurrir a una interpretación progresista del art. 1288 CC: “la interpretación de las
cláusulas oscuras de un contrato no deberá favorecer a la parte que hubiese ocasionado la
oscuridad”, con vistas a proteger a los ciudadanos frente a los poderes económicos que preparan
y redactan las condiciones generales de contratación.
El TS se ha limitado a requerir dos requisitos para dar lugar a la interpretación contra
proferentem, por un lado, que el clausulado contractual (o cláusula concreta de que se trate) haya
sido redactada unilateralmente por el predisponente y, por otro, que sea inherente a la cláusula
una oscuridad material claramente favorable para el predisponente.
En los supuestos en que el art. 1288 no podía entrar en aplicación, la jurisprudencia y la doctrina
han recurrido al principio de la buena fe contractual, a la prohibición de dejar el cumplimiento
del contrato al arbitrio de una sola de las partes, o a la necesaria responsabilidad por parte del
redactor de las condiciones generales de contratación, etc.
La contemplación jurisprudencial y doctrinal del tema y los precedentes de Derecho comparado,
atrajo el interés del legislador mediante la publicación de la Ley 7/1998 que trata sobre las
condiciones generales de contratación, recientemente ha sufrido una modificación de alguno de
sus artículos por la Ley 20/2015 de ordenación, supervisión y solvencia de las entidades
aseguradoras y reaseguradoras.

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5. EL CONTENIDO DEL CONTRATO


5.1 EL CONTENIDO Y EL OBJETO DEL CONTRATO
Contenido del contrato se refiere al conjunto de derechos y obligaciones generados por
el contrato. El contenido del contrato exige determinar de una parte el cuadro de facultades,
prerrogativas y derechos, y, de otra, el conjunto de cargas, deberes y obligaciones que competen
a cada una de las partes contratantes.
El objeto del contrato, son las cosas, derechos o servicios sobre los que recae el acuerdo
contractual. La diferencia entonces entre contenido y objeto es la mayor amplitud del primero.
Pero tal distinción debe mantenerse aún incluso en caso de que se entienda que el objeto debe
alcanzar a las prestaciones de las partes y no solo a las cosas/servicios que son objeto cierto del
contrato. Aun en ese supuesto, el contenido contractual estaría referido no solo a las prestaciones
contractuales, sino cualquier poder, prerrogativa o derecho de cualquiera de las partes, que, en su
conjunto, constituyen el entramado contractual.

5.2 LA AUTONOMÍA PRIVADA Y LAS REGLAS CONTRACTUALES


El contenido contractual depende sobre todo de la reglamentación autónoma de las partes
contratantes (Art. 1255: “pueden establecer los pactos, cláusulas o condiciones que tengan por
conveniente, siempre que no sean contrarias a las leyes, a la moral, ni al orden público”), en virtud
del principio de la autonomía privada.
No obstante, el principio de autonomía privada no puede desvincularse del resto del
ordenamiento jurídico. Por ello, las primeras reglas contractuales a tener en cuenta son las
normas imperativas existentes respecto del contrato celebrado (ya sean generales aplicables a
cualquier contrato o específicas para un determinado tipo de contrato). Esas normas
imperativas, que son escasas, no pueden ser ignoradas ni sustituidas por acto alguno de
autonomía privada, pues son jerárquicamente preeminentes.
Los contratantes están habilitados por el ordenamiento jurídico para establecer el "tipo" o "modelo"
de contrato que crean más favorable para sus intereses, pudiendo, por tanto, introducir las
modificaciones que consideren oportunas en los contratos regulados por la legislación, o
establecerse contratos atípicos que respeten las normas imperativas.
Se presupone que el contrato es el acuerdo básico y que pactos, cláusulas y condiciones
están subordinados al mismo.
Sobre las normas dispositivas, las partes pueden sustituir el mandato de dichas normas (las
pueden “derogar”), por un pacto o regla de carácter autónomo. Pero si las partes no proceden a tal
sustitución, el mandato normativo de las reglas dispositivas pasa a formar parte del contenido
contractual.

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6. LA CONDICIÓN
6.1 NOCIÓN GENERAL Y REQUISITOS
La condición es un elemento accidental del contrato (no esencial) por el que las partes pactan
someter la eficacia del contrato a una condición determinada en virtud de la autonomía
contractual. (Te compro el solar siempre y cuando sea edificable). El contrato depende pues de un
suceso futuro (o pasado que las partes desconozcan) cuyo acaecimiento (o su falta) reúne las
características del CC para ser condición:
1. La condición tiene que ser posible, pues las condiciones imposibles, las contrarias a las
buenas costumbres y las prohibidas por la ley anularán la obligación que de ellas dependa
(1116 CC).
2. No pueden ser contrarias a las leyes ni a las buenas costumbres.
3. El acaecimiento (o no) NO puede depender de la voluntad de las partes ya que la validez y
el cumplimiento de los contratos no pueden dejarse al arbitrio de uno de los contratantes
(1256 CC: La validez y el cumplimiento de los contratos no pueden dejarse al arbitrio de
uno de los contratantes.).

6.2 CONDICIÓN SUSPENSIVA Y CONDICIÓN RESOLUTORIA


La consecuencia fundamental de "condicionar" un contrato (afectar a su eficacia), requiere primero
que el contrato sea tal, es decir, que esté válidamente celebrado, que sea perfecto.
− Condición suspensiva: cuando la eficacia del contrato depende del acaecimiento de la
condición. Hasta que no se produzca el contrato se encuentra en suspenso (no te pago el
solar hasta que el ayuntamiento me apruebe el permiso de construcción).
− Condición resolutoria: cuando el acaecimiento de la condición supone la ineficacia
sobrevenida del contrato (1123 CC) (te alquilo el local para abrir un bar, pero si el
ayuntamiento me deniega la licencia en cualquier momento el contrato queda sin efecto).
El acaecimiento de la condición opera con efectos retroactivos: los derechos y obligaciones se
adquieren y asumen, respectivamente, desde el momento de celebración del contrato.

6.3 LA CONDITIO IURIS O CONDICIÓN LEGAL


Frente a la condición propiamente dicha o condición voluntaria, algunas veces los juristas utilizan
la expresión conditio iuris o condición legal, para expresar que, en ciertos casos, la ley
subordina la eficacia de un contrato u otro negocio al acaecimiento de un suceso futuro o
incierto y no dependiente de la voluntad de las partes. Por ejemplo, se requiere que el
testador fallezca para que el testamento tenga eficacia, etc.
La pretendida categoría de la conditio iuris no está contemplada por el Código Civil. En realidad, la
conditio iuris nada tiene que ver con la condición (u obligación condicional) recta y
técnicamente entendida:
− La condición es un elemento accidental o contingente (no necesario) del contrato;
mientras que, en su caso, la denominada conditio iuris constituirá un presupuesto legal y
necesario de eficacia del contrato (o del acto o negocio jurídico) de que se trate.
− El cumplimiento de la conditio iuris no tendrá por principio eficacia retroactiva, en contra
de cuanto ocurre en las relaciones contractuales sometidas a condición, que sí tienen
eficacia retroactiva.

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7. EL TÉRMINO O PLAZO
7.1 PLANTEAMIENTO
El término o plazo es un elemento accidental. Es el momento en que comienzan o terminan los
efectos de un contrato (elemento accidental) o bien, ha de llevarse a cabo el cumplimiento de una
obligación determinada (presupone la eficacia del contrato y también puede tener naturaleza
extracontractual).
El CC regula con detalle las obligaciones a plazo (Art. 1125 y ss.), pero apenas se refiere al
término como elemento integrante del contrato del que, por voluntad de las partes, puede
depender la eficacia de la misma.

7.2 EL TÉRMINO COMO ELEMENTO ACCIDENTAL: TÉRMINO INICIAL Y FINAL


El termino puede consistir tanto en la fijación de una fecha concreta futura (01/10/2024); cuanto en
un período temporal determinado contado a partir del día de la celebración (20 días a partir de la
firma del contrato). El termino se da por seguro (no hay incertidumbre).
Puede ser:
− Termino inicial: día cierto a partir del cual un contrato genera los efectos que le son
propios.
− Termino final: día cierto en que los efectos se darán por concluidos.

7.3 EL TÉRMINO DE CUMPLIMIENTO: TÉRMINO ESENCIAL


Se habla de término esencial cuando el cumplimiento de determinadas obligaciones excluye de
forma absoluta que se pueda llevar a cabo con posterioridad a la fecha o al día señalado (pianista
en la boda). El cumplimiento extemporáneo equivale a un verdadero incumplimiento, al no
satisfacer el interés del acreedor.

8. EL MODO
8.1 NOCIÓN Y ÁMBITO
Es una obligación accesoria impuesta al beneficiario por el disponente, que no afecta ni
suspende la atribución patrimonial realizada con carácter gratuito, ni la convierte en
onerosa. El ámbito son los negocios gratuitos, el modo no puede incorporarse a los negocios
onerosos. Es un elemento accidental.

8.2 RÉGIMEN BÁSICO


El modo consiste en una obligación accesoria impuesta al beneficiario de una determinada
liberalidad por el disponente de ésta que, inicialmente, no afecta ni suspende la atribución
patrimonial realizada con carácter gratuito, ni la convierte en onerosa.
El modo es accesorio respecto de la liberalidad en qué consiste el “negocio gratuito”. En caso de
que el modo impuesto consista en una carga de carácter ilícito o imposible, se tendrá por no
puesto o ineficaz, mientras que la validez de la liberalidad se mantendrá.
La carga modal es obligatoria para el beneficiario de la liberalidad, y en caso de incumplimiento
imputable a éste, la liberalidad puede ser revocada si las personas legítimas (en el caso de la
donación, el donante y sus herederos) ejercitan la oportuna acción de revocación, o la “devolución
de lo percibido con sus frutos e intereses” caso de institución de heredero o legatario.

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9. LOS CONTRATOS TÍPICOS Y ATÍPICOS


9.1 LOS CONTRATOS TÍPICOS
Los contratos típicos agrupan aquellos esquemas contractuales que están legalmente
contemplados y a los que el Derecho objetivo proporciona una regulación de carácter
general.
Su regulación objetiva se limita a ofrecer el marco básico del contrato de que se trate, mediante
escasas normas de carácter imperativo, al tiempo que ofrece la posibilidad a los particulares de
modificar el resto de la disciplina legal que se caracteriza por tener naturaleza dispositiva.

9.2 LOS CONTRATOS ATÍPICOS


Son los contratos que, aun careciendo de reconocimiento legal y de regulación positiva, reúnen
los requisitos esenciales de la genérica figura contractual (Art. 1261 CC y concordantes)
Ante la eventualidad de que las figuras atípicas sirvan para burlar prohibiciones legalmente fijadas
para los contratos típicos, doctrina y jurisprudencia insisten en la necesidad de una causa lícita.
En base al art. 1255 CC y otros similares, la jurisprudencia considera indiscutible el que la
libertad contractual derivada de la iniciativa económica privada conlleva que las personas
puedan estructurar libremente figuras contractuales no consagradas aun legalmente. Ya
que no se cuenta con una regulación supletoria ad hoc, conviene perfilar muy cuidadosamente las
reglas o cláusulas contractuales de éste, para evitar imprevisiones en su ejecución efectiva.
La determinación de las normas aplicables supletoriamente en caso de litigio entre las partes,
poco previsoras en el establecimiento del clausulado contractual, ha sido enfocada doctrinalmente
en base a distintas opciones:
1. Teoría de la absorción. Una vez acercado el contrato atípico al esquema contractual típico
que le resulta más próximo, se le aplicarán las normas de éste, por ser el elemento
preponderante.
2. Teoría de la combinación. Se deberán tener en cuenta, conjuntamente, la regulación
supletoria de todos aquellos modelos contractuales típicos que parcialmente estén
presentes en el contrato atípico.
3. Teoría de la aplicación analógica. Habían de aplicarse las normas propias del contrato
típico que presente mayor identidad de razón y siempre conforme a las reglas internas de
la aplicación analógica de las normas establecidas en el Código Civil.

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TEMA 4. LA INTERPRETACION DEL CONTRATO


1. INTRODUCCIÓN: INTERPRETACIÓN, CALIFICACIÓN E INTEGRACIÓN DEL
CONTRATO

La ejecución del contrato puede plantear problemas de carácter interpretativo.


Interpretar equivale a averiguar el significado exacto, alcance concreto o el preciso sentido de una
norma o de un contrato. En el caso del contrato se trata de desentrañar el acuerdo de voluntades
entre las partes. En pocos casos la redacción del contrato es extremadamente detallada y no deja
margen a duda. Lo usual es que puedan surgir dudas porque no se recogen todas las posibles
contingencias y necesitamos acudir a la interpretación para determinar el contenido del contrato.
En numerosas ocasiones la exacta determinación del contenido del contrato requiere que
procedamos a calificar el contrato (fijar su naturaleza) para, en base a dicha calificación extraer
sus consecuencias en atención a la ley, la buena fe i sus usos (integración).

2. LA INTERPRETACIÓN DEL CONTRATO


2.1 UBICACIÓN LEGAL Y CARÁCTER NORMATIVO DE LOS CRITERIOS INTERPRETATIVOS
El CC recoge con cierto detalle los criterios interpretativos (Arts 1281 a 1289) que deben imperar
en la averiguación del significado de la lex contractus. La doctrina se mostró durante cierto tiempo
poco favorable a reconocer carácter propiamente normativo a las reglas sobre interpretación,
considerándolas simples máximas. Sin embargo, para la doctrina actual las reglas contenidas
en dichos artículos son normas jurídicas vinculantes para el intérprete.
Ahora bien, dichos artículos citados contienen criterios de diferente naturaleza e, incluso, puede
que ninguno de ellos sea adecuado para desentrañar el verdadero significado del contrato. La
aplicación de tales normas no puede plantearse de forma incondicional sino ponderando
cuidadosamente el supuesto de hecho a considerar. No se trata de estudiar simplemente dichos
artículos, pues el CC utiliza de forma cruzada criterios interpretativos de muy diverso signo y
carácter.

2.2 INTERPRETACIÓN DE LOS CONTRATOS Y CASACIÓN


La trascendencia de la naturaleza normativa/axiomática de las reglas sobre la interpretación tiene
un trasfondo práctico: determinar si la posible infracción de las reglas interpretativas por los
Tribunales de instancia puede dar origen al recurso de casación ante el TS.
La Sala 1ª del TS contesta afirmativamente en numerosas sentencias, por lo que de facto niega
que sea una cuestión de mero hecho, y afirma la naturaleza normativa de los artículos relativos a
la interpretación. Pero en términos prácticos, el TS suele mantener la interpretación de los
Tribunales de instancia, salvo que contradiga la interpretación interna de los artículos o sea
manifiestamente arbitraria.
En la LEC 2000, se regula el recurso de casación en los art. 477 y ss. En consecuencia, se
establece que el único motivo de casación en la infracción de normas aplicables para resolver
las cuestiones objeto del proceso y, de otra parte, al interés casacional, se mantiene el sentido
propio del recurso, no quedan, por tanto, excluidas de dicho recurso las normas reguladoras
de la interpretación de los contratos.

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Laura Rodríguez

La STS 215/2009 establece que la interpretación de los contratos es una facultad que
corresponde a los Tribunales de instancia, pero que puede ser modificada en casación cuando
resulta ilógica o contraria a las normas que disciplinan.

3. LOS CRITERIOS INTERPRETATIVOS DE CARÁCTER SUBJETIVO


Inicialmente, la interpretación debe dirigirse a desentrañar la intención de los contratantes,
generándose así la denominada interpretación subjetiva que trata de indagar la voluntad de
cualquiera de las partes y la intención común de ambas. La intención común de ambas es
fundamental pues “la interpretación admisible es la que atiende a la común intención de los
contratantes, basada en la voluntad bilateral de ambos, quedando por tanto excluidos los motivos
internos (no declarados) de cualquiera de los contratantes, que puede servir no obstante para
concretar aquella voluntad común” (STS 8/11/83).
Para ello el CC proporciona los siguientes criterios:
1. La intención de los contratantes prevalece sobre la fórmula contractual, aunque arroje un
resultado contrario si la interpretamos literalmente.
2. Si no hay discordancia evidente entre la intención de las partes y los términos del contrato,
y estos son claros, habrá de mantenerse la interpretación literal.
3. La intención de las partes prevalece sobre los extremos de carácter complementario o de
detalle.
4. Para determinar la voluntad de las partes debemos atender a los actos preparatorios,
coetáneos y posteriores al contrato.

4. LOS CRITERIOS INTERPRETATIVOS DE CARÁCTER OBJETIVO


Algunas reglas legales interpretativas tienen carácter objetivo. Actúan en un ámbito tendencial
distinto al de la voluntad de los contratantes, ofreciendo como resultado la llamada interpretación
objetiva.
Tres reglas de carácter objetivo serían: la interpretación sistemática, la exclusión de la anfibología
y el principio de conservación del contrato, y los usos interpretativos.

4.1 LA INTERPRETACIÓN SISTEMÁTICA


La regla que establece la necesidad de atender a una interpretación sistemática del conjunto
contractual se encuentra formulada en el art. 1285 CC: “Las cláusulas de los contratos deberán
interpretarse las unas por las otras, atribuyendo a las dudosas el sentido que resulte del conjunto
de todas” y reiteradamente contemplada por la jurisprudencia (“un contrato... es un todo coherente
y unitario que no admite radicales separaciones... puesto que cada cláusula encuentra su razón
de ser y justificación en el conjunto armónico de todas las demás”).

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Laura Rodríguez

4.2 LA EXCLUSIÓN DE LA ANFIBOLOGÍA Y EL PRINCIPIO DE CONSERVACIÓN DEL


CONTRATO
Las normas legales tienen por objeto la exclusión de la anfibología (utilización consciente de
palabras que tienen más de un sentido), esto es, evitar el doble sentido, sin sentido o pluralidad de
acepciones de una fórmula, giro o término: Dos artículos presiden esta idea motriz:
− Art. 1284 CC: “si alguna cláusula de los contratos admitiere diversos sentidos, deberá
entenderse en el más adecuado para que produzca efectos”. Este artículo tiene gran
importancia en los conceptos de interpretación, además recalca el principio de
conservación del contrato que opera con carácter general.
− Art. 1286 CC: “las palabras que puedan tener distintas acepciones serán entendidas en
aquella que sea más conforme a la naturaleza y objeto del contrato”. Va dirigido a evitar
querellas lingüísticas sobre los términos, técnicos o no, utilizados.
Resaltar que el principio de conservación del contrato constituye un autentico principio
general del Derecho. Si una cláusula produce diversos sentidos, deberá entenderse en el más
adecuada para que produzca efectos.

4.3 LOS USOS INTERPRETATIVOS


El artículo 1287 dispone en su primera parte, que las ambigüedades de los contratos se
interpretarán teniendo en cuenta el uso “del país” (debe entenderse como el lugar de celebración
del contrato). Se refiere a la función interpretativa que desempeñan los usos.
Dichos usos no pueden ser considerados como normas jurídicas, ni tendrán la consideración de
costumbre, pues desempeñan una función meramente auxiliar en la determinación del contenido
del contrato.

4.4 LA INTERPRETACIÓN CONTRA STIPULATOREM


El art 1288 CC prohíbe que el resultado interpretativo al que se llegue favorezca al redactor o
autor de las cláusulas oscuras o ambiguas. Se suele afirmar que el mandato normativo aludido es
una derivación del principio de la buena fe que debe presidir el ejercicio de los derechos
subjetivos. Dicha tesis parece una generalización excesiva, pues la buena fe es un canon de
conducta, pero en absoluto un criterio interpretativo en sentido estricto.
La interpretación contra stipulatorem es aplicable a todo supuesto contractual,
individualizado o en serie, aunque su aplicación destaque más en materia de condiciones
generales.

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Laura Rodríguez

5. EL ARTÍCULO 1289 DEL CÓDIGO CIVIL


El art. 1289 CC reconoce que puede resultar “absolutamente… imposible resolver las dudas por
las reglas establecidas en los artículos precedentes”. Esto es, el resultado final de la interpretación
puede abocar en la absoluta inutilidad de dicho procedimiento para desentrañar el significado del
acuerdo contractual.
Ante esto, el art. 1289 CC obliga a distinguir según las dudas recaigan sobre:
− Circunstancias accidentales del contrato: la consecuencia normativa es una manifestación
más del principio de conservación del contrato.
− El objeto principal del contrato: el precepto se pronuncia abiertamente por declarar la
nulidad de un acuerdo cuyo contenido sigue siendo una incógnita.
La escasa frecuencia práctica de la eventualidad referida en el art. 1289 y, su carácter
subsidiario respecto de los precedentes (Arts. 1281 a 1288) hace que el TS excluya su aplicación
efectiva, al requerir siempre “situaciones contractuales particularmente dudosas”.

5.1 LAS CIRCUNSTANCIAS ACCIDENTALES DEL CONTRATO


El art. 1289.1 CC, en el supuesto de que la falta de operatividad de la interpretación recaiga sobre
las circunstancias accidentales del contrato, distingue a su vez según sea el contrato oneroso o
gratuito. Las circunstancias accidentales del contrato no pueden equipararse a los
denominados elementos accidentales del contrato.
Entendemos circunstancias accidentales a los extremos o detalles que no afectan la general
eficacia del contrato (lugar de entrega, color…).
− Si el contrato es gratuito: se opta por el favor debitoris, es decir, se interpreta por la menor
transmisión de derechos e intereses.
− Si el contrato es oneroso: la duda se resuelve a favor de la mayor reciprocidad de
intereses, es decir procurando que el resultado de la interpretación garantice la
equivalencia de prestaciones para cada una de las partes.

5.2 EL OBJETO PRINCIPAL DEL CONTRATO


El art. 1289.2 CC dispone que “si las dudas… recayesen sobre el objeto principal del contrato, de
suerte que no pueda venirse en conocimiento de cuál fue la intención o voluntad de las partes
contratantes, el contrato será nulo”.
La referencia al objeto principal del contrato no resulta clara. La mayoría se inclina por identificar
“objeto principal” con el fin principal del contrato, que no es otro que la causa en sentido objetivo.
Para Lasarte, objeto principal del contrato no equivale exclusivamente a lo que técnicamente es el
objeto del contrato. Puede referirse tanto a los elementos esenciales del contrato, como a los
elementos accidentales, y a otras circunstancias (no accidentales) que puedan desempeñar un
papel determinante respecto del contenido del contrato.

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6. LA CALIFICACIÓN DEL CONTRATO


No es infrecuente que los contratantes yerren en el momento de la celebración del contrato,
confundiéndose de nombre (depósito por comodato) o previendo cláusulas que entienden
erróneamente como legalmente imperativas (prórroga legal en el arrendamiento de un
aparcamiento). Surgido en litigio, dichos yerros se pondrán de manifiesto en el momento
interpretativo, cuyo resultado primero y fundamental debe ser la calificación del contrato, esto es,
identificar el esquema contractual (típico o atípico) celebrado, para determinar el régimen legal
imperativo o, cuando menos, las normas supletorias de dicho contrato.
Según el Tribunal Supremo "los contratos se revelan no por la nominación que se les dé, sino por
la que corresponde a las cláusulas que se establezcan". O como diría J. Beltrán de Heredia, "los
contratos son lo que son y no lo que digan los contratantes".

7. LA INTEGRACIÓN DEL CONTRATO


7.1 ALCANCE Y SIGNIFICADO DEL ARTÍCULO 1258 DEL CÓDIGO CIVIL
Generalmente, la interpretación y la calificación del contrato son operaciones lógicas cuyo
resultado ofrece consecuencias positivas en relación con el contenido del contrato, esto es, con la
precisa determinación de los derechos y obligaciones de las partes. Sin embargo, en otros casos,
la determinación del exacto contenido del contrato y, por tanto, la efectiva ejecución del mismo no
habrían de derivarse sólo de la actividad interpretativa y clasificadora de forma exclusiva, sino que
sería necesario extraer consecuencias complementarias acordes con el conjunto del sistema
normativo. Dicha operación se le conoce técnicamente con el nombre de integración del
contrato, en cuanto su resultado puede suponer:
1. La agregación de derechos y obligaciones no contemplados por las partes ni por las
normas de carácter dispositivo aplicables al contrato en cuestión.
2. La sustitución de determinadas estipulaciones convencionales por otras consecuencias
impuestas por el ordenamiento.
3. La declaración de nulidad de algunas cláusulas contractuales.
La integración del contrato se encuentra contemplada en el artículo 1258 del Código Civil. Dicho
precepto, tras identificar el momento de perfección de los contratos con el mero consentimiento,
establece que éstos "... obligan no sólo al cumplimiento de lo expresamente pactado, sino también
a todas las consecuencias que, según su naturaleza, sean conformes a la buena fe, al uso y a la
ley". El sentido normativo del artículo 1258 es delimitar la autonomía contractual impidiendo
que sean desconocidos los efectos contractuales impuestos por las más elementales
reglas del tráfico jurídico.

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7.2 LOS MEDIOS DE INTEGRACIÓN


El artículo 1258 señala como tales la buena fe, el uso y la ley. Sin embargo, el escalonamiento
jurídico de tales medios de integración debe ser el contrario: la ley imperativa, en su defecto,
dispositiva, los usos normativos y la buena fe.
− La ley. La norma imperativa aplicable a un supuesto contractual determinado conformará e
integrará el régimen del mismo con primacía incluso sobre el acuerdo o clausulado
contractual. Las normas dispositivas, en cuanto son disponibles por las partes, sólo
integrarán el contrato cuando completen un elemento natural del mismo que no haya sido
contemplado o regulado de forma diversa de la legalmente prevista por las partes.
− Los usos normativos. Tienen carácter normativo y, por tanto, integran el acuerdo
contractual en cuanto costumbre. En caso de ser conocidos y no queridos por las partes
pueden ser excluidos del acuerdo contractual.
− La buena fe. Es simultáneamente un principio general del Derecho legalmente formulado.
La referencia a la buena fe del artículo 1258 no puede ser entendida desde una perspectiva
subjetiva, sino como un criterio ordenador de las relaciones contractuales, que se superpone
al propio comportamiento de las partes y configura el contenido o los efectos del contrato de
acuerdo con las reglas de conducta socialmente consideradas como dignas de respeto.

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TEMA 5. LA EFICACIA DEL CONTRATO


1. LOS EFECTOS PROPIOS DEL CONTRATO
El objetivo de cualquier contrato es crear un entramado de derechos y obligaciones entre las
partes, cuyo alcance depende de su naturaleza, del tipo contractual elegido y de las estipulaciones
concretas, todo eso partiendo de la base de que el acuerdo contractual es una manifestación de la
autonomía privada que el ordenamiento jurídico reconoce a los particulares, calificados como
partes.
Tradicionalmente el contrato se ha configurado como un acuerdo privado que, por principio, está
referido a las partes contratantes y que no puede interesar a terceros. Aunque no es imposible
que los contratos puedan tener efectos en relación con terceros (casi siempre beneficiosos y muy
raramente perjudiciales), para evitar visiones desenfocadas advertir que, normativamente, el
contrato como regla, no puede afectar a un tercero que no forma parte del mismo.

1.1 LOS EFECTOS INTER PARTES: EL PRINCIPIO DE LA RELATIVIDAD DEL CONTRATO


Los art. 1257.1 y 1091 CC acreditan la naturaleza particular como regla general del contrato.
Según el art. 1257.1 CC, los contratos despliegan su eficacia exclusivamente con relación a las
partes contratantes y, para el caso de que cualquiera de éstas haya fallecido, sus herederos,
siempre y cuando los derechos y obligaciones dimanantes del contrato no tengan carácter de
personalísimos.
Por otro lado, el art. 1091 CC, considera al contrato como fuente de las obligaciones y le atribuye
fuerza de ley entre las partes (lex privata), como vínculo entre estas y cuya eficacia ha de
restringirse al ámbito propio de quienes contratan.
Con la expresión de principio de relatividad del contrato se trata de poner de manifiesto que la
eficacia del contrato como categoría no tiene alcance general respecto de la colectividad,
sino un alcance limitado a las partes contratantes, sin que pueda generar derechos y
obligaciones respecto a personas extrañas o pueda atribuírsele un alcance general.
Han de considerarse “partes contratantes” quienes asumen las obligaciones y ostentan los
derechos derivados de cualquier relación contractual. Además, las “partes” lo son por voluntad
propia, aunque celebren el contrato a través de representante o se limiten a asentir o firmar.

1.2 LA POSIBLE EFICACIA DEL CONTRATO EN RELACIÓN CON TERCERAS PERSONAS


La regla general de la relatividad del contrato tiene excepciones, sobre todo en relación con los
contratos a favor de tercero.

2. LOS CONTRATOS EN FAVOR DE TERCERO


La existencia de contratos generadores de derechos en favor de 3º se encuentra en el art. 1257.2
CC: “Si el contrato contuviere alguna estipulación en favor de 3º, éste podrá exigir su
cumplimiento, siempre que hubiese hecho saber su aceptación al obligado antes de que haya sido
aquella revocada”.
Ello responde al hecho de que la práctica contractual y el propio CC conocen ciertos esquemas
contractuales que responden precisamente al designio de favorecer a una persona ajena a las
partes otorgantes del contrato (ej. seguro a favor de cónyuge).

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2.1 PARTES CONTRATANTES Y BENEFICIARIO


La existencia de un contrato o de una estipulación contractual en favor de un tercero presupone
que éste, pese a no haber sido parte contratante, es titular de un determinado derecho de crédito
que puede exigir directamente a la parte contratante que resulta obligada al cumplimiento
(denominado obligado). A la parte contratante que genera el beneficio para el tercero recibe el
nombre de “estipulante”.
La jurisprudencia del TS ha declarado reiteradamente que el beneficiario debe ser titular del
derecho de crédito y no un mero receptor de la prestación. Este podrá exigir directamente a
aquella de las partes contratantes que resulta obligada al cumplimiento pese a no haber sido parte
contratante.
El beneficiario, en cuanto no es parte contractual, no tiene por qué acreditar capacidad alguna de
obrar, ni siquiera es necesario que sea persona (puede tratarse del nasciturus o del concepturus),
pues en todo caso la gestión de sus intereses podría ser perfectamente atendida por sus
representantes legales.

2.2 LA ACEPTACIÓN POR EL BENEFICIARIO EN RELACIÓN CON LA REVOCACIÓN DE LA


ESTIPULACIÓN

El art 1257.2 CC determina que, a partir de la aceptación del beneficiario, la eventual revocación
de la estipulación beneficiosa deviene ineficaz: las partes contratantes quedan obligadas a
respetar el contenido beneficioso para el tercero.
Pese a que el art. 1257.2 guarde silencio al respecto, es necesario determinar el momento del
nacimiento del derecho de crédito a favor de tercero, para la mayor parte de la doctrina dicho
momento será cuando se perfecciona el contrato a favor del tercero.
En cambio, la jurisprudencia del TS interpreta este precepto de forma que para que el
beneficiario sea titular de la prestación debe haberse producido la aceptación antes de la
revocación. Por lo tanto, el nacimiento del derecho de crédito a favor de tercero se producirá para
el TS cuando el beneficiario acepta.
Así, la aceptación debe configurarse como un presupuesto de la consolidación del derecho del
beneficiario, ya sea expresa o tácita, por palabras o por hechos, mientras no se haya producido la
revocación.

3. LOS CONTRATOS EN DAÑO DE TERCERO


Cuando a causa de la celebración de un contrato su objeto incorpora un resultado dañoso para
terceros podría hablarse de “contratos en daño de tercero”. Son relativamente frecuentes, por
ejemplo, cuando para burlar a los acreedores, se celebran contratos en cuya virtud se pretende
enajenar bienes y dejarlos a salvo de ejecución.
Este tipo de contratos mientras merecen la reprobación general de la sociedad, y su expulsión del
sistema normativo, solo tienen valor descriptivo, ya que no tiene cabida en el esquema
jurídico. Desde el momento en que se identifica el resultado dañoso pasa a tener ineficacia
contractual, puede ser impugnado.

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4. LOS CONTRATOS CON PERSONA A DETERMINAR


Desde antiguo, es conocida la práctica contractual de que una de las partes contratantes se
reserve la posibilidad de señalar como contratante definitivo a una tercera persona que, en el
momento de celebración del contrato, puede ser desconocida para ambas partes. De tal forma, la
característica principal de esta categoría contractual vendría representada por la vinculación que
uno de los contratantes asume, incluso sabiendo que la otra parte puede desentenderse del
contrato designando un tercero, que pasará a ser parte del contrato, generalmente con eficacia
retroactiva, como si hubiera participado en la celebración del mismo.
Generalmente, dicha práctica queda reservada (casi de forma exclusiva) a los contratos de
compraventa o de opción de compra, así como a la adquisición en subasta pública de los bienes
ofrecidos, y encuentra su razón de ser básica en el hecho de evitar el devengo de un doble
impuesto de transmisiones patrimoniales.
Para el derecho privado no parece que existan razones que inhabiliten la posible utilización de
esta figura con carácter general, si bien conviene precisar que, al depender exclusivamente de
una de las partes la posible designación de un tercero, la otra parte contratante suele admitir dicha
cláusula siempre y cuando sus expectativas de cobro o la satisfacción de sus derechos se
encuentren plenamente asegurados.
El supuesto paradigmático de contrato con persona a designar viene representado por el contrato
de compraventa celebrado en documento privado y sin transmisión de la propiedad, en el que el
vendedor se compromete (una vez satisfecho íntegramente el precio) a otorgar escritura pública
de venta en favor de la persona designada por el propio comprador.

5. LA PROMESA DEL HECHO AJENO


Con relativa frecuencia, se dan en el actual tráfico jurídico supuestos contractuales en los que la
obligación a cargo de una de las partes contratantes, promitente, consiste precisamente en
conseguir que un tercero celebre un contrato con la otra parte o se avenga a cumplir las
obligaciones del contrato base celebrado entre promitente y promisario.
La promesa del hecho ajeno se incardina en el marco propio de la indeterminación. La promesa
del hecho ajeno no se contempla en el Código Civil y se caracteriza por:
1. El promitente debe actuar por sí mismo, en su propio nombre y por su cuenta y riesgo, sin
arrogarse frente al promisario representación alguna del tercero.
2. La prestación propia del promitente debe configurarse como una obligación de resultado y
no de medios. Por ende, en caso de que el interés del promisario quede insatisfecho,
éste podrá exigir al promitente la correspondiente indemnización de daños y
perjuicios, de conformidad con las reglas generales. El tercero no queda en absoluto
vinculado por un contrato que le resulta extraño.
3. Por lo común, los casos de promesa de hecho ajeno son contratos de carácter oneroso,
pues el promitente pone precio a su gestión o su intermediación.
Si la actividad intermediadora del promitente ofrece el resultado previsto, el promitente
queda liberado de la obligación de resultado y puede reclamar el precio fijado por su tarea
intermediadora.

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6. LA CESIÓN DEL CONTRATO


6.1 CONCEPTO Y FUNCIÓN DE LA CESIÓN DEL CONTRATO
Puede ser objeto de transmisión la íntegra posición contractual que una persona ocupe en un
determinado contrato. Los motivos si son lícitos y no provocan inseguridad para la otra parte
contratante, deben ser perfectamente atendibles por un sistema normativo que se caracteriza por
la libertad en el tráfico.
La cesión del contrato es sumamente frecuente en la práctica comercial. El Código Civil, sin
embargo, no dedica norma alguna a la posible cesión de contrato, la cual, por consiguiente, ha de
configurarse como un negocio atípico.

6.2 PRESUPUESTOS EX JUN 24

Conforme la reiterada jurisprudencia del TS, para que pueda hablarse de cesión del contrato, se
requiere fundamentalmente:
1. Que la otra parte contratante (contratante cedido) acceda o consienta la cesión. Ello
conlleva a una relación triangular donde se requiere el acuerdo unánime de contratante
cedente, cesionario y contratante cedido.
2. Que se trate de contratos bilaterales o sinalagmáticos (producen obligaciones para ambas
partes), cuyas recíprocas prestaciones no hayan sido total y completamente ejecutadas,
pues en tal caso el designio propio del contrato habrá dejado de tener sentido y no cabrá la
cesión.

CONTRATANTE CEDENTE: el que cede su posición en el contrato al Cesionario.


CONTRATANTE CESIONARIO: el que se coloca en la posición del Cedente.
CONTRATATANTE CEDIDO: la parte que se mantiene inalterada.

6.3 EFECTOS DE LA CESIÓN


Como regla general, la cesión del contrato conlleva la liberación o desvinculación del contratante
cedente, quien en adelante no queda obligado respecto del contratante cedido. No obstante, cabe
el pacto en contrario y, en la práctica, no es extraño que en forma subsidiaria el cedente quede
obligado durante un cierto tiempo a responder en caso de que el cesionario incumpla las
obligaciones que le incumban. Tales obligaciones (así como las facultades o derechos) serán las
contempladas en el contrato originario, pues la cesión propiamente considerada no produce un
efecto novatorio sobre el contrato, sino que se limita sencillamente a la sustitución del contratante
cedente por el cesionario, quien en adelante quedará vinculado con el contratante cedido en los
mismos términos previstos en el contrato.

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TEMA 6. LA INEFICACIA DEL CONTRATO: LA INVALIDEZ


1. PREMISA SOBRE LA INEFICACIA DEL CONTRATO
Ineficacia del contrato se da en todos aquellos supuestos en que el contrato no llega o deja de
producir los efectos a que estaba dirigido.
En tanto que los contratos son para cumplirlos y el ordenamiento jurídico no prevé que se pueden
celebrar contratos con la voluntad que sean ineficaces, los supuestos de ineficacia representan
una anormalidad, una patología del contrato.
Los supuestos de ineficacia contractual pueden integrarse en dos grandes grupos:
− Invalidez. Existen circunstancias intrínsecas en cualquiera de los elementos esenciales de
contrato que no resultan admisibles por el ordenamiento:
• Nulidad
• Anulabilidad
− Ineficacia en sentido estricto. Ciertos defectos o carencias extrínsecos al contrato en sí
mismo considerado, como acuerdo de voluntades, conlleva su falta de efectos:
• Mutuo disenso
• Desistimiento unilateral
• Resolución por incumplimiento
• Rescisión
• Revocación
• Acaecimiento de la condición resolutoria
• Falta de acaecimiento de la condición suspensiva

2. LA NULIDAD DEL CONTRATO


2.1 IDEA GENERAL
La nulidad del contrato es el supuesto más grave de ineficacia. Suele ser adjetivada como “nulidad
absoluta” o “nulidad de pleno derecho”. En palabras del TS constituye “…la expresión del nada
jurídico”.
Los contratos nulos no merecen para el derecho más que rechazo; no puede reconocer el
ordenamiento jurídico ningún efecto del contrato nulo siquiera su admisibilidad como tal contrato.

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2.2 CAUSAS DE NULIDAD


La nulidad propiamente dicha, absoluta o de pleno derecho, según el TS, tienen lugar cuando el
acto es contrario a las normas imperativas o prohibitivas, o cuando no tiene existencia por
carecer de alguno de sus elementos esenciales, pues según el artículo 1261 Código Civil "no
existe si falta el consentimiento, el objeto o la causa".
Son causas de nulidad radical del contrato:
1. La carencia absoluta o inexistencia de cualquiera de los elementos esenciales (excluidos
por tanto los vicios del consentimiento, pero no la violencia absoluta).
2. El incumplimiento de cualquier requisito del objeto: licitud, posibilidad y determinación.
3. La ilicitud de la causa.
4. El incumplimiento de la forma sustancial.
5. Contrato ilegal: contrariedad a las normas imperativas, a la moral y al orden público.
6. Los actos a título gratuito sobre bienes comunes realizados por un cónyuge sin el
consentimiento del otro.

2.3 LA ACCIÓN DE NULIDAD


En caso de celebrarse un contrato, producirá los efectos propios del contrato como si fuera valido,
a no ser que se destruya la apariencia de contrato. Para evitar la apariencia contractual, el
derecho se dota de la acción de nulidad, que es el vehículo procesal tendente para lograr que el
Juez decrete la nulidad del contrato.
Sus características son:
− Es imprescriptible.
− Puede ejercitarla cualquier persona interesada haya sido parte o no del contrato, pudiendo
ser decretada de oficio en función de un interés general.
La parte que genera la causa de nulidad no está legitimada para impugnar el contrato.

2.4 CONSECUENCIAS DE LA NULIDAD


A) En general: la restitución.
Dado que el contrato nulo no produce efectos, las consecuencias de la declaración judicial de
nulidad tienden a dejar las cosas en el statu quo inmediatamente anterior a la celebración del
presunto contrato: lo que técnicamente se denomina restitución.
Según el art. 1303 CC “declarada la nulidad…los contratantes deben restituirse recíprocamente
las cosas que hubiesen sido materialmente de contrato, con sus frutos y el precio con los
intereses…”. Pensado para la compraventa, su mandato debe ser generalizado conforme al tipo y
naturaleza contractual del caso a considerar (jurisprudencia).
La restitución ha de tener lugar, en principio, de forma específica o in natura. Si no es posible,
conforme a las reglas generales, se procederá la restitución del equivalente pecuniario al valor de
la cosa cuando se perdió, con los intereses correspondientes (art. 1307 CC).

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B) En particular: los supuestos de ilicitud.


La regla restitutoria no se aplica en los supuestos de ilicitud.
El art. 1303 tampoco es aplicable a los supuestos en que el objeto o la causa sean ilícitos, o sea,
contrarios al ordenamiento jurídico en su conjunto. En tales casos han de aplicarse los arts. 1305
y 1306 que determinan diferentes consecuencias según que la ilicitud del objeto y de la causa
(ilicitud civil), constituya o no, un ilícito penal (un delito o falta tipificado por el CP):
− En el caso de ilícito penal (que sea imputable a ambos contratantes), el art. 1305 dispone
que las partes, cuando la nulidad provenga de ser ilícita la causa u objeto del contrato, si el
hecho constituye un delito común a ambos contratantes, carecerán de toda acción entre sí,
y se procederá contra ellos, dándose, además, a las cosas o precio que hubiesen sido
materia del contrato la aplicación prevenida en el CP respecto a los efectos o instrumentos
del delito o falta. Cuando solo una de las partes cometiese delito, el no culpado podrá
reclamar lo que hubiese dado, y no estará obligado a cumplir lo prometido.
− En los supuestos en que se dé “causa torpe” (objeto “civilmente” ilícito), cuando la culpa
sea de ambos contratantes, ninguno de ellos podrá repetir lo que hubiera dado a virtud del
contrato, ni reclamar el cumplimiento de lo que el otro hubiese ofrecido.
Cuando sea de un solo contratante, no podrá éste repetir lo que hubiese dado a virtud del
contrato, ni pedir el cumplimiento de lo que se le hubiere ofrecido. La otra parte sí podrá
reclamar lo que hubiera dado, sin obligación de cumplir lo que hubiera ofrecido.

2.5 LA NULIDAD PARCIAL DEL CONTRATO


Se habla de nulidad parcial del contrato cuando el contrato contiene una o varias cláusulas
ilegales, pese a la validez, adecuación al ordenamiento jurídico del conjunto esencial del mismo.
Es decir, consentimiento, objeto, forma y causa son correctos, pero algunos aspectos son
contrarios a una norma imperativa.
El principio de eficacia (conservación) del contrato determina que la nulidad de determinadas
clausulas no debe afectar al conjunto contractual y dichas cláusulas deberán tenerse por no
puestas, como inexistentes. El proceso de solucionar los vacíos que deja la nulidad de las
cláusulas debe rellenarse mediante la interpretación y la integración.
En caso de que el resultado no corresponda con el designio de las partes no habrá más remedio
que propugnar la nulidad de todo el contrato.
En relación a las condiciones generales de la contratación estos criterios fueron acogidos por el
art 10:
1. “La no incorporación al contrato de las cláusulas de las condiciones generales o la
declaración de nulidad de las mismas no determinará la ineficacia total del contrato, si éste
puede subsistir sin tales cláusulas, extremo sobre el que deberá pronunciarse la sentencia.
2. La parte del contrato afectada por la no incorporación o por la nulidad se integrará con
arreglo a lo dispuesto por el artículo 1258 del Código Civil y disposiciones en materia de
interpretación contenidas en el mismo.”

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3. LA ANULABILIDAD DEL CONTRATO


3.1 IDEA GENERAL
Un contrato anulable será aquel que pueda o ser anulado o seguir produciendo efectos en
caso de su efectiva anulabilidad no llevarse a cabo.
La anulabilidad es un supuesto de invalidez de mucha menor gravedad que la nulidad y por ende
su régimen jurídico se separa notoriamente del de la nulidad

3.2 CAUSAS DE ANULABILIDAD


1. Todos los vicios de consentimiento: error, violencia no absoluta, intimidación y dolo.
2. Inexistencia de plena capacidad de contratar en algunos contratantes:
a. Menores no emancipados. Salvo aquellos que las leyes les permitan realizar por sí
mismos, o con asistencia de sus representantes, y los relativos a bienes y servicios
de la vida corriente propios de su edad de conformidad con los usos sociales.
b. Las personas sometidas a medidas de apoyo si no se han respetado dichas
medidas.
c. Las personas sometidas a curatela.
d. Los emancipados respeto los contratos considerados en el artículo 323 CC (tomar
dinero en préstamo, vender inmuebles, industria…) realizados sin la asistencia de
sus padres o tutores.
3. Inexistencia de consentimiento marital respecto los actos o contratos onerosos realizados
por el otro cónyuge cuando legalmente se requiere el consentimiento de ambos.

3.3 LA ACCIÓN DE ANULABILIDAD


Al ser de menor gravedad la anulabilidad que la nulidad, su alcance es más limitado. Se trata de
un plazo de caducidad. “Sólo durará cuatro años” (art. 1301.1 CC). El plazo comenzará a
computarse de forma diversa, según la naturaleza de la causa:
− El punto inicial del cómputo es la consumación del contrato sólo en caso de error o dolo.
− En las demás causas de anulabilidad, el cómputo inicial queda retrasado a un momento
posterior a la perfección del contrato:
• El cese o desaparición de la intimidación o violencia, pues si no cesan se entiende
que el contrato está continuamente viciado.
• La salida de la tutela en contratos celebrados por menores o incapacitados (antes
no pueden actuar por sí mismos).
• La disolución de la sociedad conyugal o del matrimonio en los casos de falta de
consentimiento del otro cónyuge. Esto no se aplicará cuando el otro cónyuge haya
tenido conocimiento suficiente del acto. Este plazo puede dilatarse mucho en el
tiempo.
El círculo de personas legitimadas para el ejercicio de la acción de anulabilidad queda limitado a
las personas que hayan sufrido el vicio del consentimiento o fueran incapaces al realizar el
contrato; así como quienes sin ser parte asumen obligaciones a causa de dicho contrato. Por la
aplicación de la buena fe, excluye el CC que puedan ejercitar la acción los causantes del error,
violencia, intimidación o dolo y personas capaces que contraten con incapaces.

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3.4 EFECTOS DE LA ANULABILIDAD


Los efectos de la anulabilidad son sustancialmente los mismos que los de la nulidad absoluta: la
restitución conforme al art. 1303 CC y normas complementarias.
Habría que tener en cuenta (como excepción al principio de restitución) el art. 1304 CC, que da un
trato favorable a quienes contratan sin tener plena capacidad de obrar, ya que “no está obligado el
incapaz a restituir sino en cuanto se enriqueció con la cosa o precio que recibiera”.
Las reglas de los arts. 1.305 y 1.306 (ilicitud) no son aplicables a la anulabilidad.
La anulación del contrato (y la sentencia judicial que la establece) tiene carácter retroactivo.
Caso de prosperar la acción de nulidad/anulabilidad, los efectos son prácticamente análogos.

4. LA PERVIVENCIA DE LOS CONTRATOS INVÁLIDOS


4.1 OBSERVACIONES GENERALES: LAS CAUSAS DE INVALIDEZ Y SU POSIBLE SANCIÓN
La diferencia entre la nulidad y anulabilidad no puede rastrearse en base a los efectos positivos
del ejercicio de la correspondiente acción, sino resaltando las consecuencias de la falta de
ejercicio de la acción.
Desde el punto de vista fáctico, es evidente que, en tanto no se declaren judicialmente la nulidad o
anulabilidad, los contratos inválidos pervivirán como si no fueran tales. ¿Pero qué consideración
merecen para el ordenamiento jurídico? La respuesta podría ser:
1. Aunque no se ejercite la acción de nulidad, el contrato nulo será tal para el Derecho (de ahí
la imprescriptibilidad de la acción, la amplia legitimación para su ejercicio, etc.). Por tanto,
se tratará de una mera apariencia de contrato que no podrá ver sanados sus vicios de raíz.
2. La falta de ejercicio de la acción de anulabilidad (transcurso del plazo de caducidad)
conlleva, por el contrario, que la pervivencia fáctica del contrato anulable se asume por el
Ordenamiento jurídico, que lo convalida por considerar que las causas de anulabilidad no
atentan contra el orden público contractual, sino contra los intereses de un particular. Por
tanto, si el contratante no procura su propia indemnidad ejercitando la acción anulatoria del
contrato comportará la sanación de la causa de la anulabilidad.
En definitiva, las causas de anulabilidad son disponibles para las partes y por tanto
sanables. Las causas de nulidad, por el contrario, son de derecho necesario y de carácter
absolutamente indisponible, por atentar contra el orden público contractual.

4.2 LA CONFIRMACIÓN DEL CONTRATO ANULABLE


Si las causas de anulabilidad son disponibles para las partes, renunciando al ejercicio de la
correspondiente acción, es lógico que exista un cauce para sanar el contrato anulable antes de
que la acción de anulabilidad caduque.
Dicho cauce se conoce con el nombre de confirmación o ratificación. Conforme al artículo 1313
"purifica el contrato de los vicios de que adoleciera desde el momento de su celebración" (tiene
eficacia retroactiva), y, por consiguiente, extingue la acción de anulabilidad.
Para que sea válida, se requiere que quien la lleve a cabo esté legitimado para ejercitarla y sea
consciente de la trascendencia de la misma. Puede realizarse de forma expresa o tácita.

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4.3 LA DENOMINADA CONVERSIÓN DEL CONTRATO NULO


El contrato nulo es susceptible de conversión. La pretendida conversión del contrato consistiría en
que un contrato con tacha de nulidad, por contravenir alguna norma imperativa propia del modelo
o tipo contractual de que se trate, puede ser reconducido a un tipo contractual diverso para ser
considerado válido.
Generalizar la figura de la conversión en nuestro Derecho resulta tarea ardua, ya que el Código
Civil no la considera posible, por mucho que se pretenda ampliar el principio de conservación
del contrato. Los contratos son lo que son y no lo que digan las partes contratantes.

5. LA INEFICACIA EN SENTIDO ESTRICTO: EL MUTUO DISENSO


El contrato supone, básicamente, un acuerdo de voluntades mediante el cual los contratantes se
vinculan, obligándose a observar cierto comportamiento y, en consecuencia, atribuyéndose el
derecho de exigirse la observancia de semejante conducta.
Por ese motivo es razonable entender que los contratantes tienen la posibilidad de celebrar un
nuevo contrato encaminado a privar de efectos al contrato inicialmente concluido. Ese contrato
que tienen por objetivo poner fin a una relación obligatoria preexistente se conoce
habitualmente con el nombre de mutuo disenso.
Por tratarse propiamente de un nuevo contrato, ha de reunir los requisitos generales establecidos;
además, como persigue privar de eficacia a una relación obligatoria preexistente, habrá de reunir
los requisitos adicionales (por ejemplo, de forma) exigidos para la relación contractual inicial.
Son susceptibles de extinción por mutuo disenso cualquier relación obligatoria, ya sean
instantáneas o duraderas, se hayan comenzado a cumplir o no.

6. EL DESISTIMIENTO UNILATERAL
6.1 LA CATEGORÍA DEL LIBRE DESISTIMIENTO
La regla general del art. 1256 del CC dispone que “la validez y cumplimiento de los contratos no
pueden dejarse al arbitrio de uno de los contratantes”. Si en algún caso se dejara a la libre arbitrio
a una de las partes, se estaría admitiendo la ausencia de vinculación contractual, al no ser exigida
la prestación de la observancia debida; bastaría que el incumplidor adujera que hace uso de su
facultad de desvincularse libremente del compromiso asumido.
Esta regla general, sin embargo, es ignorada o flexibilizada por el legislador en una serie
supuestos concretos de libre desistimiento por una de las partes a la que se le reconoce la
posibilidad de extinguir la relación contractual por libre decisión. El análisis de estos supuestos
tiene una doble finalidad:
1. Diferenciar estos casos de otras hipótesis de extinción, parecidas pero diferentes.
2. Determinar los presupuestos comunes que pueden hacer extender esa modalidad de
extinción a supuestos diferentes respecto de los cuales el legislador no dice nada.
Ejemplo: contrato de agencia mercantil hasta su regulación por la nueva ley.
No se recoge con carácter general en el CC el “desistimiento unilateral”, pero si se regulan
supuestos concretos.

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6.2 PRINCIPALES SUPUESTOS


Los principales casos en los cuales el legislador consiente que una o cada una de las partes, por
su sola decisión unilateral y sin necesidad de causa que lo justifique, ponga fin a una relación
contractual son difícilmente reconducibles a categorías generales. No obstante, el Código Civil
destaca:
1. La facultad de desistimiento regulada por el artículo 1594 en el contrato de obra. Según
este precepto, el dueño de la obra o comitente puede "por su sola voluntad" dar orden al
contratista para que cese la construcción, poniéndose fin al contrato. En tal caso, el
comitente habrá de abonar al contratista una "indemnización" que comprende los gastos
tenidos en la ejecución de lo hecho y el beneficio que normalmente el contratista obtendría
de haber concluido la obra (conocido por la jurisprudencia como beneficio industrial).
2. Cualquiera de los socios de la sociedad civil concluida por tiempo indeterminado puede,
por su sola voluntad, renunciar a la sociedad, poniendo así fin a la relación social, sin
necesidad de indemnizar a nadie, salvo que la renuncia se haya hecho de mala fe.
3. El mandante, libremente y por su decisión, puede revocar el mandato que deja de producir
sus efectos sin que se establezca ningún efecto indemnizatorio.
4. El mandatario por su parte puede renunciar al mandato, pero debiendo indemnizar al
mandante, salvo que el desempeño del mandato le cause grave detrimento.
5. Pactado el comodato por tiempo indeterminado, el comodante puede reclamar la
devolución de la cosa prestada a su libre voluntad.
6. El depositante, se haya o no pactado el tiempo de duración del depósito, puede reclamar la
restitución de la cosa depositada en cualquier momento y dependiendo de su libre
decisión.

6.3 EL DESISTIMIENTO A FAVOR DE CONSUMIDORES Y USUARIOS


Atendiendo a la protección del consumidor, algunas Directivas europeas y disposiciones legales
internas han acentuado la importancia del desistimiento por parte de adquirentes de bienes
muebles. La LOCM indica que “el comprador dispondrá de un plazo mínimo de siete días hábiles
para desistir del contrato sin penalización y sin indicación de motivos”, sobre todo en la venta por
catálogo o cuando la perfección del contrato no sea simultánea con la entrega del objeto.
Actualmente, el TRLCU (texto refundido de la Ley de Consumidores y Usuarios) ha aumentado su
importancia en la relación entre suministradores de bienes y servicios y los usuarios, recoge con
carácter general el derecho de desistimiento contractual como una facultad del consumidor y
usuario de dejar sin efecto el contrato celebrado, sin necesidad de justificarlo, al tiempo que
resalta que serán nulas de pleno derecho las cláusulas que impongan al consumidor y usuario una
penalización por el ejercicio de su derecho de desistimiento.
A pesar de todo, conviene recordar que la existencia del derecho de desistimiento requiere una
norma que así lo reconozca y no puede interpretarse como una regla de carácter general y de
naturaleza expansiva.

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6.4 PRESUPUESTOS DEL LIBRE DESISTIMIENTO


Son presupuestos necesarios para que se pueda dar el desistimiento unilateral los siguientes:

− Que exista una relación de tracto sucesivo o continuada.

− Además, pero alternativamente:

• Que la duración de esa relación sea indeterminada. Se correría el riesgo de que se


crease una vinculación vitalicia, contraria al ordenamiento jurídico si no se pudiese
desistir.

• Que la economía interna de la relación contractual en cuestión asigne roles no


equilibrados a las partes, siendo predominante el interés de una de ellas.
Más dudoso es que se requiera que la relación en cuestión pueda ser calificada de relación de
confianza o intuitu personae, ya en estos casos, el libre desistimiento puede darse en algunos
casos (sociedad o mandato) pero no en otros (contrato de obra). Ante la duda, la existencia de
una relación de confianza puede aconsejar reconocer esa facultad de libre desistimiento.

6.5 EFECTOS
El efecto cuando se admite el libre desistimiento es que se extingue la relación obligatoria, pero
sin alcance retroactivo. Al tratarse de una relación duradera, habrá que proceder normalmente a
liquidarla, con la oportuna rendición de cuentas, reembolsos y restituciones, cuando proceda.
En términos generales el desistimiento no tiene un precio, pero el que tiene la facultad de
desistir debe mantener indemne a la otra parte, la cual no debe sufrir perjuicio. Sin embargo, el
CC en algunos casos de desistimiento unilateral exige la necesidad de abonar indemnización,
como por ejemplo el contrato de obra.
Ello se justifica en base a la distinta valoración de la función que desempeña cada una de las
relaciones contractuales afectadas y la diferente composición legal de los intereses en juego.

6.6 DESISTIMIENTO UNILATERAL CONVENCIONAL


Resulta difícil admitir la introducción convencional del desistimiento unilateral. Su admisión choca
frontalmente con los artículos 1256 y 1115 (inadmisibilidad de condiciones puramente
potestativas).
No obstante, hay cauces legalmente arbitrados para introducir algo similar al libre desistimiento,
pero con el importante matiz de que, entonces, parece condicionarse la eficacia del mismo (el
sujeto facultado para desistir o arrepentirse asuma la carga de perder algo o el deber de abonar
algo). Se trata del llamado "dinero de arrepentimiento" o "multa penitencial" y de las arras.
Al decir que no se debe admitir el desistimiento unilateral convencional sin “precio” lo único que se
afirma es que no se puede hablar de obligación perfecta en tal caso, pero no se excluye que,
en el proceso de formación del contrato, hasta que se perfeccione, no exista tal facultad. El
problema recae entonces en el análisis de la voluntad de las partes en negociación para contratar
y a la determinación del instante en la cual puede decirse que se produce la vinculación jurídica
definitiva propia del contrato.

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6.7 DESISTIMIENTO UNILATERAL Y RESOLUCIÓN CONTRACTUAL


Aunque el desistimiento y la resolución contractual son propias de contratos sinalagmáticos, no
son equiparables.
El desistimiento no exige que concurra incumplimiento alguno, mientras que la resolución
contractual es un medio para quien sufre incumplimiento grave de las obligaciones de la
otra parte.

7. LA RESOLUCIÓN DEL CONTRATO POR INCUMPLIMIENTO


7.1 EL ART. 1124 CC: LA FACULTAD RESOLUTORIA
El art. 1124.1 CC expone que “la facultad de resolver las obligaciones se entiende implícita en las
recíprocas, para el caso de que uno de los obligados no cumpliere lo que le incumbe”. La razón es
clara: si una de las partes no quiere o no puede cumplir, más vale permitir al otro que dé por
resuelto el contrato. Se reconoce una facultad “resolutoria” del contrato por el incumplimiento de la
otra parte.

7.2 FACULTAD RESOLUTORIA, CLÁUSULA RESOLUTORIA EXPRESA Y CONDICIÓN


RESOLUTORIA: PRECISIONES

La facultad resolutoria no es una condición porque el evento futuro (el incumplimiento) no es ajeno
a las partes contratantes. Es una facultad atribuida por el 1124 CC para el caso de
incumplimiento: “La facultad de resolver las obligaciones se entiende implícita en las recíprocas,
para el caso de que uno de los obligados no cumpliere lo que le incumbe.”.
La cláusula resolutoria expresa se trata de una cláusula que, al amparo del 1255 CC, permite
tipificar determinados incumplimientos del contrato como resolutorios al margen de si pueden
considerarse graves o no: “Los contratantes pueden establecer los pactos, cláusulas y
condiciones que tengan por conveniente, siempre que no sean contrarios a las leyes, a la moral ni
al orden público.”.
La condición resolutoria significa que la producción de un hecho futuro e incierto, ajeno a las
partes, resuelve el contrato. A veces se llama erróneamente así a la facultad resolutoria.

7.3 REQUISITOS DEL EJERCICIO DE LA FACULTAD RESOLUTORIA


El ejercicio de la facultad resolutoria presupone:
1. Que el reclamante o demandante haya cumplido su obligación o se acredite que se
encuentra en condiciones de hacerlo. No está legitimado para resolver las obligaciones
aquel que no haya cumplido, o que haya cumplido sólo en parte, ni el que ha realizado
actos que obstaculizan totalmente el cumplimiento de una obligación básica del contrato.
2. Que la otra parte no cumpla o no haya cumplido cuanto le incumbe. Aunque el
incumplimiento sea parcial siempre que tenga entidad suficiente.
3. Que se encuentren las partes ligadas por un contrato bilateral (la prestación de una parte
tiene como causa la prestación de la otra).
4. Que la obligación cuyo incumplimiento fundamenta el ejercicio de la facultad resolutoria
sea exigible.
5. Que la frustración del contrato dimanante del incumplimiento sea patente o acreditable.

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7.4 EJERCICIO DE LA ACCIÓN RESOLUTORIA


Según el art. 1124.1 CC, el perjudicado puede optar por exigir el cumplimiento o la resolución del
contrato. Es más, puede optar por la resolución tras haber intentado lograr el cumplimiento.
Tras haber intentado el cumplimiento, cuando éste resultare imposible puede optar por la
resolución del contrato (ius variandi). Pero al revés no es posible, instada la resolución, no cabe
variarla por el cumplimiento.
Cualquiera de ambas acciones va acompañada de la indemnización de daños y perjuicios,
aunque no se da de forma necesaria, porque no cabrá reclamarla cuando el incumplimiento se
deba a circunstancias no imputables al demandado.
El plazo del ejercicio de la acción no está definido expresamente en el CC, por lo que se entiende
que será el plazo general de prescripción de 5 años para acciones personales.

7.5 EFECTOS DE LA RESOLUCIÓN


La resolución del contrato tiene efecto retroactivo y eficacia restitutoria, por lo que ambas
partas habrán de reintegrarse recíprocamente el objeto del contrato que hubieran recibido
(restitución in natura). En caso de resultar imposible se verá sustituida por la consiguiente
reparación pecuniaria. Además, según sea el caso, producirá una prestación indemnizatoria por
los daños causados a la parte no incumplidora.

8. LA ALTERACIÓN DE LAS CIRCUNSTANCIAS CONTRACTUALES: LA CLÁUSULA


REBUS SIC STANTIBUS EX 2024

8.1 LA ALTERACIÓN DE LAS CIRCUNSTANCIAS CONTRACTUALES Y LA CLÁUSULA REBUS SIC


STANTIBUS
A veces se produce una extraordinaria alteración de las circunstancias relativas al contrato, no
previstas por las partes, que producen efectos que atentan contra la equivalencia de las
prestaciones establecidas originariamente en el momento de celebración.
Ante semejante eventualidad, doctrina y jurisprudencia han hablado tradicionalmente de la
llamada cláusula rebus sic stantibus como remedio al desequilibrio patrimonial que la
alteración de las circunstancias contractuales comporta.
En todo contrato de tracto sucesivo hay implícito un pacto por el que su cumplimiento se entiende
necesario siempre y cuando las cosas sigan manteniéndose tal y como se encontraban en el
momento de la perfección del contrato. Es decir, en caso de una extraordinaria modificación del
entorno contractual habría que concluirse que el contrato no vincula a las partes o que por lo
menos no les obliga más que adecuándolo a las circunstancias coetáneas.
La admisibilidad de este mecanismo se hace con extraordinaria cautela por parte de la
jurisprudencia, de forma restrictiva, por afectar al principio pacta sunt servanda (principio de
seguridad contractual) y a la seguridad jurídica. Hay que ponderar las exigencias de justicia
material en el equilibrio de las prestaciones con la seguridad del tráfico jurídico.

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8.2 LA CLÁUSULA REBUS SIC STANTIBUS COMO SUPUESTO DE INTEGRACIÓN CONTRACTUAL


La confrontación entre el principio pacta sunt servanda y la cláusula rebus sic stantibus se ha
pretendido solucionar argumentando que la cláusula se encuentra implícita en todo contrato por
voluntad presunta de las partes.
Dicho planteamiento es erróneo. No se deriva de pacto alguno, ni de voluntad presunta de las
partes, y por supuesto, no es una cláusula contractual insertada en el contrato por las partes.
Se trata sencillamente de una aplicación concreta a los contratos de ejecución, temporalmente
diferida de las reglas de integración contractual que son imperativamente establecidas por el art.
1258 CC. Son, por tanto, indisponibles para la voluntad (presunta, implícita, tácita o declarada) de
las partes.

8.3 REQUISITOS Y EFECTOS DE LA APLICACIÓN DE LA CLÁUSULA REBUS SIC STANTIBUS EX 2024

La reiteradísima jurisprudencia española exige que se den las circunstancias siguientes:


1. Alteración extraordinaria entre las circunstancias existentes en el momento de celebración
del contrato y las concurrentes en el momento de su cumplimiento.
2. Que, a consecuencia de dicha alteración, resulte una desproporción exorbitante y fuera
de todo cálculo entre las prestaciones convenidas.
3. Que no exista otro medio de remediar el desequilibrio sobrevenido de las prestaciones.
4. Que las nuevas circunstancias fueran imprevisibles en el momento de la celebración.
5. Que quien alegue la cláusula rebus sic stantibus tenga buena fe y carezca de culpa.
Atendiendo al principio de conservación de los contratos, cuando se da esta situación, por
regla general el TS se inclina más por revisar/modificar el contrato que por declarar la ineficacia
sobrevenida del mismo. La jurisprudencia más reciente EXIGE para la aplicación de la cláusula
rebus sic stantibus, con mayor flexibilidad que en otras épocas, que la alteración sea sobrevenida
y que concurra aumento extraordinario de la onerosidad o que no concurra la posibilidad de haber
efectuado una previsión razonable de la situación finalmente desencadenada.

9. LA RESCISIÓN DEL CONTRATO


9.1 IDEA GENERAL
La rescisión es una forma de INEFICACIA del contrato que nace plenamente válido, pero
que posteriormente puede ser declarado ineficaz por sus efectos lesivos o perjudiciales para una
de las partes o un tercero (art. 1291 CC). Los contratos válidamente celebrados pueden
rescindirse en los casos establecidos por la ley (art. 1290CC).
Se diferencia de la nulidad y anulabilidad, en que la rescisión supone que el contrato era
inicialmente válido, mientras que la nulidad y anulabilidad implican la invalidez inicial.

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9.2 LAS CAUSAS DE RESCISIÓN EN EL CC


Las causas de rescisión se pueden clasificar en tres grandes grupos:
1. Rescisión por lesión. Lesión significa perjuicio patrimonial para una de las partes. El CC
declara rescindibles:
− Todos los contratos que puedan celebrar los tutores que no requieran autorización
judicial, si el tutelado sufre lesión en más de la cuarta parte del valor de la cosa.
(Los contratos que celebre por sí mismo el menor serán anulables y no
rescindibles, los que celebre el tutor con autorización judicial no serán rescindibles -
aunque el menor podrá exigir responsabilidad al juez-; y los que, necesitando
autorización judicial, celebre el tutor por sí solo serán nulos).
− Los contratos celebrados en representación de los ausentes, siempre que estos
hayan sufrido una lesión en más de la cuarta parte del valor de la cosa, y no hayan
contado con autorización judicial.
− La partición de herencia, siempre que la lesión sea en más de la cuarta parte,
atendiendo el valor de las cosas cuando fueron adjudicadas.
Fuera de los casos indicados ningún contrato se rescindirá por lesión.
2. Rescisión por fraude. La celebración de un contrato con intención fraudulenta respecto de
terceros (con ánimo de engañarlos) constituye causa de rescisión en:
− Los contratos celebrados en fraude de acreedores, cuando éstos no pueden cobrar
de otro modo lo que se les deba. Esta norma supone el encuadramiento de la
acción pauliana. Se presume el fraude en todas las enajenaciones gratuitas, y en
las onerosas cuando el transmitente ha sido condenado judicialmente o se trata de
bienes embargados judicialmente.
− Los contratos que se refieran a cosas litigiosas, cuando hubiesen sido celebrados
por el demandado sin conocimiento y aprobación de las partes litigantes o de la
autoridad judicial competente.
− Los pagos hechos en estado de insolvencia por cuenta de obligaciones a cuyo
cumplimiento no podía ser compelido el deudor al tiempo de hacerlos.
El TS está a favor de una interpretación extensiva de las normas legales sobre fraude, el
cual puede estar constituido tanto por la intención como por la conciencia de causar un
perjuicio.
3. Rescisión por otros motivos. El artículo 1291.5 CC, mediante una cláusula remisiva de
carácter general, deja abierta la puerta a cualquier otro caso en que especialmente
determina la ley la rescisión. Existe la duda de que sean verdaderos casos de rescisión y
se interpretan más como supuestos de ineficacia contractual.

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9.3 LA ACCIÓN RESCISORIA


Requisitos:
1. Que el perjudicado carezca de otro recurso legal para obtener la reparación del perjuicio.
Se trata por tanto de una acción subsidiaria.
2. Que el perjudicado pueda devolver aquello a que estuviera obligado.
3. Que las cosas del contrato no se hallen legalmente en poder de terceras personas que
hubieran procedido de buena fe (en este caso la pretensión del lesionado ha de limitarse a
reclamar la indemnización por los perjuicios causados).
Plazo: 4 años. Para las personas sujetas a tutela y para los ausentes no empezará el plazo hasta
que haya cesado la incapacidad o sea conocido el domicilio respectivamente.

9.4 EFICACIA RESTITUTORIA E INDEMNIZATORIA DE LA RESCISIÓN


El efecto principal de la resolución es la restitución, es decir obtener la devolución de todo aquello
que haya sido entregado por virtud del contrato rescindible.
Pero como puede suceder que las cosas entregadas hayan desaparecido la acción
rescisoria se convierte en indemnizatoria, con carácter subsidiario.
La obligación de indemnizar puede alcanzar al adquirente de mala fe, pues “el que hubiere
adquirido de mala fe las cosas enajenadas en fraude de acreedores deberá indemnizar a estos de
los daños y perjuicios que la enajenación les hubiere ocasionado, siempre que por cualquier
causa le fuere imposible devolverlas” (art. 1298 CC).

RESUMEN:
− Mutuo disenso > Nuevo contrato que priva de efectos al primero.
− Desistimiento unilateral > Una o cualquiera de las partes contratantes puede privar de
efectos el contrato.
− Facultad resolutoria > Si una parte no cumple (por causas a él imputables o no) la otra
puede dar por resuelto el contrato. Tiene efecto retroactivo y restitutorio, además
indemnización (si la causa le es imputable).
− Rescisión de contrato > Un contrato nace plenamente válido y posteriormente pierde su
eficacia por sus efectos lesivos o perjudiciales para una parte o tercero.

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TEMA 7. LA DONACIÓN
1. LA DONACIÓN COMO CONTRATO
La donación es la transmisión voluntaria de una cosa o de un conjunto de ellas que hace
una persona, donante, a favor de otra, donatario, sin recibir nada como contraprestación:
es gratuita. El art. 618 CC define la donación como “el acto de liberalidad por el cual una persona
dispone gratuitamente de una cosa en favor de otra, que la acepta”.
Aunque habla de “acto”, en realidad es un contrato. El carácter contractual le viene dado por:
− La exigencia de la aceptación por parte del donatario, lo que supone acuerdo de los dos
contratantes (Art. 630 CC)
− La sujeción a las disposiciones generales de los contratos y obligaciones en todo lo que no
se halle determinado en sus normas específicas (Art. 621 CC)
Además, es un modo de adquirir la propiedad que opera sin necesidad de tradición
simultánea o posterior. Esto es, la donación produce efectos reales directamente por la
aceptación del donatario, es un contrato en virtud del cual se adquiere directamente el dominio.
La descripción de la donación, como acto de liberalidad, no incluye relaciones duraderas o de trato
periódico que se asienten en consideraciones distintas al animus donandi, aunque formalmente
las aportaciones realizadas pudieran considerarse donaciones periódicas.

2. MODALIDADES DE LA DONACIÓN
2.1 DONACIONES REMUNERATORIAS
Serían aquellas que encuentran su razón de ser en los méritos del donatario o en los servicios
prestados por éste al donante. Según el artículo 619 "es también donación la que se hace a una
persona por sus méritos o por los servicios prestados al donante, siempre que no constituyan
deudas exigibles".
El problema que planean las donaciones remuneratorias viene dado por el hecho de que la idea
de donación remuneratoria ofrecida por el artículo 619 parece verse contradicha por el artículo
622 que dispone que "las donaciones con causa onerosa se regirán por las disposiciones
generales de los contratos, y las remuneratorias, por las disposiciones del presente título en la
parte que excedan del gravamen impuesto".
La mejor doctrina ha acabado por entender inaplicable a las donaciones remuneratorias el
art. 622, cuya segunda parte probablemente esté referida a las donaciones modales.

2.2 DONACIONES MODALES U ONEROSAS


Reciben tal denominación aquellas donaciones que incorporan una carga modal, pues la
onerosidad propia está excluida de los actos de liberalidad, en general, y de la donación en
particular.
El CC las contempla en el artículo 619 afirmando que son también donaciones "aquellas en que se
impone al donatario un gravamen inferior al valor de lo donado". En caso de coincidencia de valor
entre lo donado y el gravamen modal, el animus donandi puede considerarse inexistente.

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Laura Rodríguez

2.3 DONACIONES MORTIS CAUSA


La donación, en principio, es un acto inter vivos. Sin embargo, el artículo 620 contiene una
referencia a las donaciones mortis causa cuyo entendimiento ha provocado un debate doctrinal
sobre su admisibilidad o no.
Esta última es precisamente la opinión mayoritaria de doctrina y jurisprudencia en base a lo
dispuesto en el artículo 620: "Las donaciones que hayan de producir sus efectos por muerte del
donante participan de la naturaleza de las disposiciones de última voluntad y se regirán por las
reglas establecidas en el capítulo de la sucesión testamentaria".
La interpretación del artículo transcrito, gira acerca de considerar bajo nuestro actual Derecho
positivo las históricamente denominadas donaciones mortis causa han de ser asimiladas a los
legados hechos en testamento, de forma tal que, ha de considerarse que la posposición de los
efectos de tales donaciones hasta el fallecimiento del “ donante” supone que, han de ser
consideradas revocables y quedan sin efecto hasta que, tras el fallecimiento del donante, sean
objeto de reconocimiento en la pertinente disposición testamentaria.

2.4 DONACIÓN CON RESERVA DE LA FACULTAD DE DISPONER


El artículo 639 contempla un supuesto excepcional en relación con la irrevocabilidad de la
donación. "Podrá reservarse el donante la facultad de disponer de algunos de los bienes donados
o de alguna cantidad con cargo a ellos; pero si muriere sin haber hecho uso de este derecho,
pertenecerán al donatario los bienes o la cantidad que se hubiese reservado".
Dicho poder de disposición sólo puede establecerse a favor del propio donante, no es hereditario,
y se extingue a su fallecimiento.

2.5 DONACIÓN CON CLÁUSULA DE REVERSIÓN


Conforme al artículo 641, el donante cuenta con facultades para establecer una reversión
convencional o un derecho de retorno en su favor o en el de un tercero.
En caso de que la reversión quede establecida en favor del donante, la entiende válida el artículo
641 para cualquier caso y circunstancias. Por consiguiente, parece admisible que también pueda
establecer ad nutum (sin justificación ni condición).
En el supuesto de que la reversión se establezca a favor de otras personas, sólo resulta
admisible en los mismos casos y con iguales limitaciones que determinar el Código Civil
para las sustituciones testamentarias.

2.6 LIBERALIDADES DE USO


Son aquellos actos de liberalidad realizados en virtud de cánones de conducta socialmente
seguidos por la generalidad de las personas. También se llaman regalos de costumbre.
Por fundamentarse en normas sociales más que un verdadero ánimo de liberalidad, algunos
autores les niegan el carácter de donación. Sin embargo, la opinión mayoritaria propugna su
naturaleza de donación, aunque algunas normas de ésta no les resulten aplicables, por
entenderse precisamente que la adecuación a las normas sociales generalmente asumidas impide
considerar el posible carácter fraudulento o perjudicial para terceros que siempre planea sobre las
donaciones puras y simples.

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Laura Rodríguez

Modalidades de Donación remuneratoria Se hace a una persona por sus


la donación méritos o por los servicios
prestados al donante

Donación modal Se impone al donatario un


gravamen inferior al valor de lo
donado

Donación mortis causa Han de producir sus efectos a la


muerte del donante. Asimiladas a
los legados hechos en testamento,
siendo revocables hasta la muerte
del donante

Donación con reserva de la facultad En el pacto de donación se incluye


de disponer una cláusula que concede al
donante una facultad nueva, que es
la que le otorga el poder de
disposición, sólo puede
establecerse a favor del propio
donante, y se extingue a su
fallecimiento
Donación con clausula de reversión Posibilidad de que el donante
recobre en ciertos casos lo donado,
o si se prefiere el donante se
reserva el derecho de recuperar la
cosa donada, a favor del donante, o
de un tercero

Liberalidades de uso Actos de liberalidad realizados en


virtud de cánones de conducta
socialmente seguidos por la
generalidad de las personas

3. PRESUPUESTOS Y ELEMENTOS DE LA DONACIÓN


Son elementos esenciales de la donación:
− El empobrecimiento del donante
− El enriquecimiento del donatario
− La intención de hacer una liberalidad
Se excluyen de la categoría de donación aquellos actos realizados a título gratuito que, otorgando
una ventaja patrimonial sin contraprestación, no entrañen una pérdida patrimonial (préstamo,
depósito o fianza establecidos con carácter gratuito).

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Laura Rodríguez

3.1 CAPACIDAD DE LAS PARTES


La donación implica una disminución del patrimonio del donante por un acto de
enajenación, de transmisión a otro de algo que previamente le pertenecía, que, por consiguiente,
requiere una especial capacidad, además de encontrarse sometido a una serie de límites. Para el
donatario, la donación supone un acto de enriquecimiento.
El Código Civil se muestra riguroso y exigente respecto de la capacidad del donante, al tiempo
que amplía notoriamente la capacidad para recibir donaciones.
Capacidad para donar: conforme al artículo 624, "podrán hacer donaciones todos los que puedan
contratar y disponer de sus bienes". El donante ha de tener capacidad contractual y, además, la
libre disposición sobre los bienes que vayan a ser objeto de donación.
Capacidad para aceptar donaciones: cualquier persona puede proceder a la aceptación de una
donación (incluso el nasciturus), basta en este caso con que la aceptación de la donación sea
realizada "por las personas que legítimamente los representarían, si se hubiera verificado ya su
nacimiento". En consecuencia, resulta preferible resaltar la común afirmación doctrinal de que,
teniendo capacidad natural para entender y querer, pueden emitirse válidamente
declaraciones de voluntad dirigidas a aceptar donaciones. La prueba de ello es que en el
Código Civil sólo exige capacidad contractual en el caso de que se trate de donaciones
condicionales u onerosas.

3.2 OBJETO Y LÍMITES


La donación puede recaer sobre cualquier bien o derecho que sea autónomo e independiente y,
por tanto, individualizable en el patrimonio del donante. En tanto que el empobrecimiento del
donante puede ser perjudicial para él mismo, sus familiares o sus acreedores, el CC impone
ciertos límites:
− No se pueden donar bienes futuros.
− El donante ha de reservarse en plena propiedad o usufructo para vivir en un estado
correspondiente a sus circunstancias.
− Nadie puede donar más de lo que puede dar por vía de testamento. Las donaciones deben
ser reducidas en cuanto excedan de los bienes de libre disposición testamentarios,
pudiendo los herederos forzosos pedirlo (donación inoficiosa).
− Se presume fraudulenta si con ello se defraudan los derechos de los acreedores,
autorizándose a los deudores anteriores a instar su recisión (no a los posteriores).
La promesa de donación es una figura marginal en nuestro ordenamiento y no produce efecto ni
obligación ninguna, según ha establecido reiteradamente la jurisprudencia.

3.3 PERFECCIÓN DE LA DONACIÓN: LA ACEPTACIÓN


La donación, bajo pena de nulidad, está sujeta a la aceptación por parte del donatario, que la
puede realizar por sí mismo o por medio de persona autorizada.
El artículo 630 constituye uno de los extremos fundamentales para defender la naturaleza
contractual de la donación. El Código regula la perfección de la donación en dos artículos:
1. De una parte, establece que "la donación no obliga al donante, ni produce efecto, sino
desde la aceptación" (teoría de la emisión, artículo 629).
2. De otra entiende que "la donación se perfecciona desde que el donante conoce la
aceptación del donatario" (teoría del conocimiento, artículo 623).

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3.4 FORMA DE LA DONACIÓN


Para el Código Civil, la donación es un contrato formal, si bien los requisitos de forma son distintos
según recaiga sobre bienes muebles o inmuebles:
− La donación de cosa mueble podrá hacerse verbalmente o por escrito, requiriéndose, en
el primer caso, la entrega simultánea de la cosa, y en el segundo que la aceptación conste
igualmente por escrito.
− En el caso de que esté referida a bienes inmuebles, la donación ha de hacerse
necesariamente en escritura pública, al igual que su aceptación debiéndose producir ésta
en vida del donante.

4. LA REVOCACIÓN DE LAS DONACIONES


La donación es irrevocable, en el sentido de que no puede quedar sin efecto por la sola
voluntad del donante, una vez que haya tenido lugar la aceptación del donatario.
Sin embargo, el CC, teniendo en cuenta su carácter de atribución patrimonial sin contraprestación,
faculta al donante para recuperar lo donado en algunos supuestos, suponiendo que de haberlos
conocido no la habría realizado o por razones de justicia material.
Las causas de revocación se encuentran legalmente predeterminadas o tasadas y, por ello, son
de interpretación estricta, quedando limitadas a los supuestos siguientes:
− Supervivencia o superveniencia de hijos.
− Incumplimiento de las cargas impuestas por el donante.
− Causas de ingratitud del donatario.

4.1 SUPERVIVENCIA O SUPERVENENCIA DE HIJOS


El CC recoge en su art. 644 que toda donación hecha entre vivos, hecha por persona que no
tenga hijos ni descendientes, será revocable por el mero hecho de ocurrir cualquiera de los casos
siguientes:
− Supervenencia: que el donante tenga hijos después de la donación, aunque sean
póstumos.
− Supervivencia: que resulte vivo el hijo del donante que éste reputaba muerto cuando hizo
la donación.
En ambos casos, el donante podrá revocar la donación si desea hacerlo, pues la supervenencia o
supervivencia no acarrea de forma automática la ineficacia de la donación realizada.
Por ello, el donante deberá llevar a cabo la acción de revocación, para lo cual cuenta con el
plazo es de 5 años contados desde que se tuvo noticia del nacimiento del último hijo o de la
existencia del que se creía muerto. El plazo es de caducidad, aunque, en caso de fallecimiento
del donante, la acción de revocación se transmite a sus hijos y descendientes.

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4.2 INCUMPLIMIENTO DE CARGAS


El supuesto de revocación por incumplimiento de cargas impuestas por el donante se encuentra
contemplado en el artículo 647.1: "La donación será revocada a instancia del donante cuando el
donatario haya dejado de cumplir alguna de las condiciones que el donante le impuso".
El CC no establece la duración de la acción por incumplimiento de cargas, ni si cabe su
transmisión a los herederos o legitimarios del donante en caso de fallecimiento de éste.
Jurisprudencialmente se ha propugnado de forma reiterada que la acción es transmisible a los
herederos. El silencio respecto al plazo suele ser superado doctrinalmente, por vía de analogía,
recurriendo al plazo de 4 años previsto para las acciones rescisorias.

4.3 INGRATITUD DE DONATARIO


La denominada "ingratitud del donatario", de acuerdo con el Código Civil, se producirá en los
supuestos en que:
1. El donatario cometiera algún delito contra la persona, el honor, o bienes del donante.
2. Se le impute algún delito de los que dan lugar a procedimientos de oficio o acusación
pública, a menos que se hubiese cometido contra el propio donatario.
3. Se le niegue indebidamente alimentos.
La acción de revocación tiene un plazo de prescripción de un año "contado desde que el
donante tuvo conocimiento del hecho y posibilidad de ejercitar la acción". La acción de revocación
debe ser ejercitada por el propio donante (no cabe transmisión).

4.4 EFECTOS DE LA REVOCACIÓN


La revocación de la donación comporta la restitución al donante de los bienes donados, o del valor
que éstos tenían al tiempo de la donación si hubiesen sido enajenados, quedando a salvo los
derechos de terceros adquirientes de buena fe.

5. LA REVERSIÓN DE LA DONACIÓN
La reversión de la donación es una cláusula en el que el donante dispone que el objeto donado
volverá de nuevo a su patrimonio o irá a parar al de un tercero, haciéndose depender la reversión
de una condición o de un término.
Art 641 CC: "podrá establecerse válidamente la reversión a favor de sólo el donador para
cualquier caso y circunstancias, pero no a favor de otras personas sino en los mismos casos y con
iguales limitaciones que determina este Código para las sustituciones testamentarias".

6. LA REDUCCIÓN DE LAS DONACIONES INOFICIOSAS


Reciben el nombre de donaciones inoficiosas las que superen el valor de lo que el donante (o el
donatario) puedan dar (o recibir) por testamento, en cuanto pueden resultar perjudiciales para los
legitimarios o herederos del donante. Por consiguiente, para determinar el carácter inoficioso de
cualquier donación es preciso que se abra la sucesión del donante a causa de su fallecimiento.
En tal sentido, expresa el art. 654 CC que las donaciones que, con arreglo a lo dispuesto en el art.
636, sean inoficiosas computado el valor líquido de los bienes del donante al tiempo de su muerte,
deberán ser reducidas en cuanto al exceso.

6
Laura Rodríguez

TEMA 8. EL CONTRATO DE COMPRAVENTA


1. LA COMPRAVENTA: IDEAS GENERALES
1.1 NOCIÓN Y CARACTERES
La compraventa es el contrato más frecuente por lo que tradicionalmente se ha considerado
contrato tipo y parte de sus preceptos se aplican en los demás contratos en que existen
prestaciones recíprocas. Viene regulado en los arts. 1455 a 1537 CC.
Según el art 1445 “por el contrato de compra y venta uno de los contratantes se obliga a entregar
una cosa determinada y la otra a pagar por ella un precio cierto, en dinero o signo que lo
represente”.
Por consiguiente, es un contrato consensual ya que se perfecciona por el mero consentimiento.
Así lo ratifica el 1450 CC indicando que el contrato se perfecciona si hubieren convenido cosa y
precio a pesar de que no se hayan entregado.
Es un contrato bilateral por producir obligaciones recíprocas entre las partes: entrega de la cosa y
pago del precio.
Es un contrato oneroso ya que supone una equivalencia entre las prestaciones de las partes.
Es un contrato conmutativo al estar determinado el intercambio de prestaciones desde el
momento de su perfección, pero puede ser aleatorio cuando se trate de cosas futuras (el
comprador compra a riesgo, donde el comprador paga el precio sin existir aún la cosa).
Es un contrato traslativo de dominio ya que sirve para transmitir la propiedad.

1.2 CAPACIDAD PARA CELEBRAR EL CONTRATO DE COMPRAVENTA: LAS PROHIBICIONES


Las partes deben tener la capacidad suficiente para contratar y obligarse (1457 CC).
Se exige autorización judicial o paterna en caso de emancipados para la venta de bienes
inmuebles, establecimientos mercantiles o bienes muebles de extraordinario valor de personas
que estén sometidas a medidas de apoyo. Los cónyuges, cualquiera que sea el régimen del
matrimonio, podrán venderse entre sí.
El art 1459 prohíbe a determinadas personas adquirir bienes para evitar posibles fraudes:
− El tutor no puede adquirir bienes del tutelado.
− Los mandatarios y albaceas de los bienes cuya administración o enajenación estuviesen
encargados. El contrato sería anulable.
− Los empleados públicos, los bienes del Estado, de los Municipios, de los pueblos y de los
establecimientos también públicos, de cuya administración estuviesen encargados. Esta
disposición regirá para los Jueces y peritos que de cualquier modo intervinieren en la
venta.
− Los Magistrados, Jueces, individuos del Ministerio Fiscal, Secretarios de Tribunales y
Juzgados y Oficiales de Justicia, Abogados y Procuradores los bienes y derechos que
estuviesen en litigio ante el Tribunal, en cuya jurisdicción o territorio ejercieran sus
respectivas funciones, extendiéndose esta prohibición al acto de adquirir por cesión.
Excepto en el caso de los mandatarios y albaceas, los contratos celebrados que contravienen la
prohibición del 1459 son nulos.

1
Laura Rodríguez

2. EL OBJETO DE LA COMPRAVENTA
La compraventa supone la obligación por parte del vendedor de entregar una cosa determinada a
cambio de un precio en dinero o signo que lo represente, que deberá ser pagado por el
comprador. Por tanto, el objeto de la compraventa es doble: la cosa a entregada y el precio a
pagar.

2.1 LAS COSAS


A. En general. Pueden ser corporales, incorporales, derechos, muebles inmuebles, presentes
futuras, pero han de cumplir una triple condición:
1. Que sean de comercio lícito (Art. 1271 CC).
2. Que tengan existencia real o posible. No resulta indispensable que exista en el momento
de la celebración del contrato, pero sí en el momento de perfección del contrato. Si no
existe o se hubiere perdido la cosa al tiempo de perfeccionar el contrato este
quedará sin efecto. Del mismo modo si la cosa se pierde fortuitamente después de
perfeccionado el contrato el comprador debe acarrear la perdida.
En los casos en que la cosa no tenga existencia en el momento de contratar nos podemos
encontrar con 2 modalidades:
− Compraventa de cosa esperada. Es un contrato conmutativo y condicional en
Saber diferenciarlas cuanto las partes subordinan la eficacia del contrato a la existencia de la cosa. Si la
cosa no llega a existir el vendedor no la debe entregar ni el comprador pagar.
− Compraventa de esperanza. El comprador paga el precio, aunque la cosa no llegue
a existir. Se trata de un contrato aleatorio. El vendedor cumple haciendo todo lo
posible para la existencia de la cosa y el comprador viene obligado a pagar lo
pactado.
3. Que la cosa haya sido objeto de determinación o sea susceptible de ello. No es necesario
que la determinación sea actual. Basta que pueda llegar a determinarse sin la necesidad
de un nuevo convenio.
B. La venta de cosa ajena. No es necesario que la cosa forme parte del patrimonio del
vendedor en el momento de celebración de la compraventa, pero sí en la ejecución del
contrato. Por lo que es posible la venta de cosa ajena, quedando obligado el vendedor a adquirir
la cosa entre el momento de la celebración del contrato y su ejecución.

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Laura Rodríguez

2.2 EL PRECIO EN LA COMPRAVENTA


El precio es el otro elemento objetivo de la compraventa y consiste en la suma de dinero que el
comprador se obliga a entregar al vendedor a cambio de la cosa.
A. Requisitos. Debe ser:
− Verdadero o real. Al tratarse de la prestación al cargo del comprador debe existir pues en
caso contrario estaríamos ante un contrato simulado, o una donación.
− Precio cierto o determinado. No hace falta determinarlo en el momento de la celebración.
Basta con que pueda determinarse sin necesidad de un nuevo convenio ya sea con
referencia a otra cosa cierta o se deje al arbitrio de persona no participante.
− Dinero o signo que lo represente. Por principio el precio debe consistir en dinero, en cuanto
medio legal de pago, pues si consiste en cualquier otra cosa estamos ante una permuta.
En caso de pago en parte dinero y en parte otra cosa, el criterio para determinar el contrato
es la intención de las partes y subsidiariamente el porcentaje mayor.
− Precio justo. En el CC no existe la exigencia de precio justo, si bien el precio irrisorio se
equipararía a precio simulado. Otra cosa sería el precio legal (fijado por la administración
como el pan, vivienda oficial…). El exceso de precio se tendría por no puesto.
B.- El pacto de arras.
En celebración del contrato de compraventa es frecuente el establecimiento de un pacto de arras.
En él las partes pactan la reserva de la compraventa de bienes entregándose como prueba
una cantidad de dinero en concepto de señal. Se trata de un precontrato, dado que lo que se
está contratando es la obligación de firmar un contrato en el futuro.

3. DERECHOS Y OBLIGACIONES DEL VENDEDOR


Las obligaciones principales del vendedor consisten en:
− Entregar la cosa vendida y conservarla con “la diligencia propia de un buen padre de
familia” hasta que se efectúe dicha entrega.
− Prestar la garantía del saneamiento en los casos de evicción y vicios ocultos.
Además de las obligaciones principales, asumen relevancia todas aquellas de carácter accesorio y
secundario de carácter general y las que puedan surgir en la relación contractual concreta.

3.1 LA ENTREGA DE LA COSA


A. Objeto y circunstancias de la entrega de la cosa.
La obligación primera y fundamental del vendedor es la entrega del objeto de la compraventa,
dada su naturaleza consensual. Hay que tener en cuenta que la entrega de la cosa abarca
también:
− Sus accesorios.
− Los frutos producidos desde el día en que se perfeccionó el contrato.
− Los títulos de pertenencia y los informes necesarios para hacer valer lo transmitido.
Aunque el tiempo y el lugar de entrega de la cosa suelen establecerse convencionalmente por las
partes, si no se hiciese, se entienden aplicables las reglas generales y así la cosa se entregará en
el lugar donde se encuentre en el momento de celebrarse la compraventa.

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Laura Rodríguez

B. formas de entrega: la tradición.


El CC regula las formas de entrega o “tradición” que, realizadas con posterioridad a la celebración
la compraventa, conllevan la adquisición de la propiedad para el comprador. Las diversas formas
de entrega son:
1. Tradición real: material y simbólica. El art 1462.1 dispone que se entenderá entregada la
cosa vendida cuando se ponga en poder y posesión del comprador. Entonces la puesta en
posesión puede tener lugar:
− Materialmente: cuando hay una entrega manual y efectiva. (Me llevo el objeto o me
instalo en el piso.)
− Simbólicamente. Sin llegar a producirse la entrega, el vendedor manifiesta de forma
inequívoca e irreversible su intención de transferir la posesión al adquirente.
(Entregar las llaves, o poner en poder del comprador los títulos de pertenencia.)
2. Constitutum possessorium y traditio brevi manu. Constitutum posessorium suple a la
tradición material y se da en aquellos supuestos en que el vendedor continúa poseyendo la
cosa, pero en virtud de otro título diferente al de propietario que antes ostentaba (Ejemplo:
se queda como arrendatario). La traditio brevi manu es el caso opuesto, el comprador
poseía la cosa antes de la compra, en concepto distinto al de propietario.
3. Tradición instrumental. Se trata del supuesto del art. 1462.2 CC. El otorgamiento de la
escritura equivale a la entrega o tradición.
C. Reglas especiales en materia de venta de inmuebles.
Los inmuebles pueden ser adquiridos bien atendiendo a la medida de los mismos a razón de un
precio por unidad de medida o número, bien por un precio alzado sin atender a la medida o
concreta extensión de la misma.
Supuestos:
1. Venta de inmueble por unidad de medida con cabida inferior a la señalada en el contrato.
El artículo 1469.2 establece que el vendedor se encuentra obligado a "entregar al
comprador, si éste lo exige, todo cuanto se haya expresado en el contrato, pero si esto no
fuere posible, podrá el comprador optar por una rebaja proporcional del precio o por la
rescisión del contrato, siempre que en este último caso no baje de la décima parte de la
cabida la disminución de la que se le atribuyera al inmueble".
2. Venta de inmueble por unidad de medida con cabida superior a la señalada en el contrato.
"El comprador tendrá la obligación de pagar el exceso de precio si la mayor cabida o
número no pasa de la vigésima parte de los señalados en el contrato; pero, si excedieren
de dicha parte, el comprador podrá optar entre satisfacer el mayor valor del inmueble o
desistir del contrato". (artículo 1470).
3. Venta por unidades de medida y problemas de calidad. Cuando la falta de correspondencia
entre el precio pagado y el bien comprado no es cuantitativo, sino cualitativos (defecto de
calidad), se aplicará lo dicho en el punto 1º. (artículo 1469).
4. Venta de inmueble hecha a precio alzado. No tendrá lugar ni aumento ni disminución del
precio convenido, por haber sido este fijado alzadamente (artículo 1471). El mismo criterio
rige cuando se compraron dos o más fincas por un solo precio.
Plazo de ejercicio de las acciones. El Código Civil establece un plazo de prescripción de 6
meses, pero la jurisprudencia otorga a dicho plazo carácter de caducidad en los supuestos que el
comprador opte por la rescisión del contrato.

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D. La facultad de suspender la entrega.


El vendedor puede suspender o retener la entrega de la cosa en dos supuestos, aun sin
necesidad de instar la resolución del contrato:
1. Compraventa con precio de presente: El vendedor no está obligado a entregar la cosa
vendida si el comprador no le ha pagado el precio o no se ha señalado en el contrato un
plazo para el pago (art. 1466 CC).
2. Compraventa con precio aplazado: el vendedor tampoco estará obligado a realizar la
entrega si después de la venta se descubre que el comprador es insolvente, excepto si el
vendedor afiance pagar en el plazo convenido (art. 1467 CC). En este contexto, se le da al
término “insolvente” un sentido amplio, no es necesario una declaración judicial ni situación
concursal del comprador.

3.2 LA OBLIGACIÓN DE SANEAMIENTO


La obligación del vendedor no se agota con la entrega de la cosa. Además, debe responder al
comprador:
− De una posesión legal y pacífica de la cosa vendida.
− De los vicios o defectos ocultos que la cosa tuviera, es decir, de su posesión útil.

3.3 EL SANEAMIENTO POR EVICCIÓN


A. Noción y requisitos.
La evicción (vencer en juicio), es un acto de iniciativa extraña al comprador y al vendedor que
acarrea para el comprador verse privado de la propiedad de la cosa comprada, la cual pasa a ser
propiedad de un tercero (total o parcialmente), a consecuencia de una sentencia judicial firme y en
virtud de un derecho anterior a la compraventa (art. 1475.1 CC).
El tercero, por tanto, demanda al comprador para privarle de la propiedad de la cosa comprada,
ante lo cual, el vendedor debe responder. Para que surja obligación de saneamiento a cargo
del vendedor es necesario que la demanda de evicción le haya sido notificada a instancia
del comprador, si el comprador no se la ha notificado, este no está obligado al saneamiento (art.
1481 CC). Esto se hace para que el vendedor pueda aportar pruebas contra la reclamación del
tercero, actuando así de cooperador del comprador.
Dicha notificación debe hacerse siguiendo la forma del art. 1482 CC, que concede al comprador
facultad de solicitar la notificación al vendedor dentro del plazo previsto para su propia
contestación a la demanda, la cual quedará en suspenso mientras no conteste el vendedor.

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B. Pactos sobre el saneamiento por evicción (art. 1475 CC).


Para el CC la cláusula de saneamiento por evicción es un elemento natural del contrato, se
presume su existencia, pero al ser materia disponible, caben pactos en contrario.
A pesar de ser materia disponible, el CC recela del comprador que renuncia al saneamiento y la
cláusula por la que el comprador renuncia al saneamiento queda restringida en un doble sentido:
− Cuando el vendedor actúe de mala fe, se declarará nulo todo pacto que exima al
vendedor de responder de la evicción
− Es preciso que la cláusula la haga el comprador con conocimiento de los riesgos de la
evicción y sometiéndose a sus consecuencias. De esta forma exime al vendedor de todas
las obligaciones propias del saneamiento, quedando limitado exclusivamente al pago del
precio de la cosa vendida al tiempo de la evicción (1477 CC).
En sentido contrario se puede agravar la obligación de saneamiento, estableciendo cláusulas
penales complementarias.
Hay que recordar que la ley protectora de consumidores y usuarios declara nula la renuncia
previa a los derechos otorgados a los consumidores.
C. Efectos de la evicción (art. 1478 CC).
Producida la evicción, si es total y no habiendo renunciado el comprador al saneamiento, éste
tendrá derecho a exigir del vendedor todos los conceptos indemnizatorios que recoge el artículo
1478:
1. “La restitución del precio de la cosa vendida al tiempo de la evicción, ya sea mayor o
menor que el de venta”. Se refiere al precio actualizado al momento de la evicción.
2. “Los frutos o rendimientos, si se le hubiere condenado a entregarlos al que le haya vencido
en juicio”.
3. “Las costas del pleito que haya motivado la evicción y, en su caso, las del seguido con el
vendedor por el saneamiento”.
4. “Los gastos del contrato a cargo del comprador”. No sólo se refiere a gastos de escrituras,
sino también impuestos, gestoría, inscripción en el Registro. Supone la total indemnidad
del comprador, que se ve privado del objeto comprado.
5. “Los daños e intereses y los gastos voluntarios o de puro recreo u ornato, si se vendió de
mala fe”.
D. Los supuestos de evicción parcial.
Para el caso de que el comprador perdiere con motivo de la evicción una parte de la cosa vendida
de tal importancia con relación al todo que sin dicha parte no lo hubiera comprado, o si se
vendiese dos o más cosas conjuntamente por un precio alzado, o particular para cada una de
ellas, constando claramente que el comprador no había comprado la una sin la otra, dispone el
artículo 1479 que el comprador "podrá exigir la rescisión del contrato, pero habrá de devolver la
cosa sin más gravámenes que los que tuviera al adquirirla".
El artículo 1479 constituye un régimen de especial responsabilidad por saneamiento
basado en que la "cosa restante" no hubiera sido del interés del comprador.

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Laura Rodríguez

E. Evicción de cargas o gravámenes ocultos


El art. 1483 CC dispone que “si la finca vendida estuviese gravada, sin mencionarlo la escritura,
con alguna carga o servidumbre no aparente, de tal naturaleza que deba presumirse no la habría
adquirido el comprador si la hubiese conocido, podrá pedir la rescisión del contrato, a no ser que
prefiera la indemnización correspondiente”.
El Problema fundamental es determinar si pueden considerarse gravámenes ocultos aquellos que
habían sido objeto de inscripción en el Registro de la Propiedad. La jurisprudencia es partidaria de
excluir la aplicación del art. 1483 si la carga o gravamen tiene publicidad registral.
Plazo para ejercitar la acción rescisoria: 1 año desde el otorgamiento de la escritura. Transcurrido
este plazo, sólo podrá reclamar la indemnización dentro de otro año desde el día en que el
comprador descubriera la carga o servidumbre no aparente.

3.4 EL SANEAMIENTO POR VICIOS OCULTOS SUPUESTO 2024

El saneamiento por vicios ocultos es la obligación de saneamiento a cargo del vendedor cuando la
cosa vendida tuviere vicios o defectos ocultos que la hagan impropia para el uso a que se destina
o disminuyan de tal modo ese uso que, de haberlos conocido el comprador, no la habría adquirido
o habría dado menos precio por ella. Se excluyen los vicios manifiestos o que estuviesen a la
vista o si el comprador es un perito que, por razón de su oficio o profesión debía fácilmente
conocerlos.
El vendedor responde del saneamiento por vicios ocultos, aunque los ignorase, a menos que se
hubiere estipulado lo contrario y el vendedor los ignorara.
La consecuencia de la obligación de sanear es que el comprador:
1. Puede resolver el contrato (acción redhibitoria) con restitución de los gastos que pagó.
Con indemnización de daños y perjuicios si el vendedor actuó de mala fe.
2. Rebajar una parte proporcional del precio (acción estimatoria o quanti minoris). Sin
indemnización de daños y perjuicios porqué estos se habrán tenido en cuenta en la rebaja
del precio.
También prevé nuestro Código la posibilidad de perecimiento de la cosa vendida bien como
consecuencia de los vicios ocultos, bien por caso fortuito, bien por culpa del comprador. En el
primer supuesto, los efectos serán distintos en función de que el vendedor conociera o no los
vicios, de tal modo que dicho conocimiento agravará su responsabilidad debiendo abonar no sólo
el precio y los gastos del contrato, sino además responder por los daños y perjuicios.
Si la cosa vendida con vicios ocultos pereciera con posterioridad a la venta por caso fortuito o
culpa del comprador podrá éste reclamar del vendedor el precio que pagó, rebajado por el valor
de la cosa en el momento de perderse; si el vendedor actuó de mala fe, deberá abonar al
comprador los daños e intereses.
Para que tenga lugar el saneamiento por vicios ocultos la acción habrá de ejercitarse en el plazo
de seis meses contados desde la entrega de la cosa vendida.

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3.5 LA CONTAMINACIÓN ACÚSTICA EN LOS INMUEBLES COMO VICIO OCULTO: LA LEY


37/2003 Y EL REAL DECRETO 314/2006
La Ley del Ruido recurre al saneamiento por vicios ocultos en relación con la contaminación
acústica de los inmuebles, provocada por el incumplimiento de las normas técnicas relativas al
debido aislamiento de las construcciones.
La Ley del Ruido dispuso que el Código Técnico de la Edificación deberá incluir un sistema de
verificación acústica de las edificaciones y que el incumplimiento de los objetivos de calidad
acústica en los espacios interiores puede dar lugar a la obligación del vendedor de responder del
saneamiento por vicios ocultos.

3.6 EL SANEAMIENTO POR VICIOS OCULTOS EN LA VENTA DE ANIMALES


En estos casos, el comprador ha de ejercitar la correspondiente acción (“redhibitoria” o
“estimatoria”) en el plazo de 40 días a partir de la entrega del animal o, en su caso, en el
establecido por el uso local y sólo procederá el saneamiento si se dan los siguientes requisitos:
− Ha de tratarse de vicio oculto.
− El vicio o defecto de que se trate ha de estar determinado por la ley o los usos locales.
− No pueden ser ventas hechas en feria o pública subasta, ni de caballerías vendidas como
desecho. Se establece la nulidad de la venta de ganados y animales que padezcan
enfermedades contagiosas.
Si en la compra de dos o más animales es vicioso uno de ellos, solamente procede la acción
redhibitoria respecto del vicioso, salvo que no se hubiesen comprado los unos sin el otro.
Si el animal muriese a los tres días de comprado, será responsable el vendedor si la enfermedad
que causó la muerte existía antes del contrato, a juicio de los facultativos.

3.7 GARANTÍAS DE PAGO DEL PRECIO EN FAVOR DEL VENDEDOR


En determinados casos, el vendedor se encuentra facultado para suspender la entrega de la cosa
cuando el pago temporáneo y preciso del precio pactado se presenta como de difícil
materialización.
El supuesto del artículo 1503: dispone el precepto reseñado que, si el vendedor tuviere fundado
motivo para temer la pérdida de la cosa inmueble vendida y el precio, podrá promover
inmediatamente la resolución de la venta. Si no existiere este motivo, se estará a lo dispuesto en
el artículo 1124, donde la resolución es consecuencia del incumplimiento.
El pacto expreso de resolución en las ventas inmobiliarias: el pacto comisario. Consiste el pacto
lex commissoria en la facultad resolutoria concedida al vendedor, en virtud de pacto expreso, ante
la falta de pago en el término convenido o en cada uno de los plazos señalados.
El artículo 1504 lo admite, si bien con la precisión de que la automaticidad del plazo temporal
previsto para el pago no es absoluta. El art. 1504 exige como requisito esencial para que
proceda la resolución el previo requerimiento judicial o por acta notarial, por lo que no basta
el mero incumplimiento, sino que el comprador cuenta con un plazo complementario para pagar: el
que va entre el término fijado y el día en que el vendedor lo requiere judicial o notarialmente. El
requerimiento produce un doble efecto:
− Permite el ejercicio de la facultad resolutoria.
− Priva al Juez de la facultad de dar un nuevo plazo para cumplir.

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Laura Rodríguez

Junto a la resolución, se estipula frecuentemente el comiso de todo o gran parte de lo que hubiese
pagado el comprador hasta el momento de la resolución. Estos pactos quedan sujetos a la
facultad moderadora de la autoridad judicial.
La resolución de la venta de bienes muebles: establece el artículo 1505 que respecto de los
bienes muebles, la resolución de la venta tendrá lugar de pleno derecho, en interés del vendedor,
cuando el comprador, antes de vencer el término fijado no se haya presentado a recibirla, o
presentándose, no haya ofrecido al mismo tiempo el precio, salvo que para el pago de éste se
hubiese pactado mayor dilación.

4. DERECHOS Y OBLIGACIONES DEL COMPRADOR


4.1 EL PAGO DEL PRECIO
La obligación principal del comprador consiste en el pago del precio de la cosa vendida en el
tiempo y lugar fijados por el contrato (art. 1500 CC). No obstante, en caso de que lugar y tiempo
no hubieran sido pactados, la regla supletoria es la del lugar y tiempo de la entrega de la cosa.
Para la compraventa se consagra de forma supletoria la simultaneidad en la ejecución de las
prestaciones.
Asimismo, el comprador estará obligado a pagar intereses por el tiempo que medie entre la
entrega de la cosa y el pago del precio, en los tres casos siguientes:
− Si así se hubiere convenido.
− Si la cosa vendida y entregada produce fruto o renta.
− Si se hubiese constituido en mora.
Por tanto, como regla general el pago del precio aplazado no genera intereses, aunque en la
práctica es frecuentísimo pactar lo contrario.

4.2 LA FACULTAD DE SUSPENDER EL PAGO


Art. 1502 CC "Si el comprador fuere perturbado en la posesión o dominio de la cosa adquirida, o
tuviere fundado temor de serlo por una acción reivindicatoria o hipotecaria, podrá suspender el
pago del precio hasta que el vendedor haya hecho cesar la perturbación o el peligro, a no ser que
afiance la devolución del precio en su caso, o se haya estipulado que, no obstante, cualquiera
contingencia de aquella clase, el comprador estará obligado a verificar el pago".
Es una regla de carácter preventivo y dispositivo. Si no hay pacto expreso, se debe entender
que el comprador cuenta con dicha facultad. Su eficacia práctica es relativa pues
jurisprudencialmente, el art. 1502 CC debe ser interpretado restrictivamente, por seguridad del
tráfico.

4.3 EL PAGO DE LOS GASTOS COMPLEMENTARIOS


Además del pago del precio propiamente dicho y, en su caso, los intereses por precio aplazado, el
comprador deberá abonar los gastos necesarios y útiles hechos en la cosa vendida desde la
perfección hasta la consumación del contrato; así como los gastos de transporte de la cosa
vendida, salvo existencia de pacto en contra y, finalmente, los gastos de expedición de la primera
copia de escritura y los demás posteriores a la venta, salvo pacto en contra, entre los que
respecto de bienes inmuebles, asumen particular importancia los gastos propios de inscripción en
el Registro de la Propiedad.

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5. LA DOBLE VENTA
Entre la perfección del contrato (fase en que surgen las obligaciones de las partes) y su
consumación o ejecución (fase en que se lleva a cabo la entrega de la cosa y el pago del precio)
puede surgir que se venda la cosa a diferentes compradores por parte de un mismo vendedor.
En estos casos, el CC determina cuál de los dos compradores se convertirá en el propietario en el
art 1473:
1. Si el objeto de la venta consistiere en una cosa mueble, la propiedad se transmite a quien
primero haya tomado posesión de buena fe.
2. Si fuere inmueble, la propiedad pertenece a quien antes la haya inscrito en el Registro.
3. Si no hay inscripción, pertenecerá a quien primero la posea de buena fe, y faltando ésta, a
quien presente el título de fecha más antigua.
El CC no prevé acción para el comprador defraudado. Se entiende, por tanto, que este podrá
solicitar la correspondiente indemnización de conformidad con las reglas generales o, en su caso,
acudir a la vía penal (interponiendo la correspondiente querella por estafa).
El 1473 se funda en la buena fe como requisito imprescindible por parte del comprador que
finalmente es declarado propietario, entendiéndose como la ignorancia por parte del comprador
de que la cosa había sido objeto de venta anteriormente.

6. LOS RIESGOS EN LA COMPRAVENTA: EL ARTÍCULO 1452


La perfección o celebración y la consumación del contrato de compraventa pueden no ser
coincidentes en el tiempo, de tal manera que puede transcurrir un lapso temporal, a veces
prolongado, entre una y otra fase contractual durante el cual el bien objeto de compra sigue
estando en poder del vendedor por no haberse realizado aún la correspondiente entrega. Durante
dicho plazo, el bien vendido puede ser destruido, sufrir deterioros, daños o menoscabos o, por el
contrario, experimentar beneficios, producir frutos o generar cualquier incremento.
En relación con los beneficios o incrementos que pudiera experimentar la cosa, el
comprador hasta la entrega o tradición no es dueño de la cosa, pero tiene derecho a los
frutos o incrementos de la misma.
Respecto de los daños, menoscabo o la posible pérdida de la cosa, la cuestión planteada dista de
ser tan sencilla. El artículo 1452 dispone al efecto lo siguiente: "El daño o provecho de la cosa
vendida, después de perfeccionado el contrato se regulará por lo dispuesto en los artículos 1096 y
1182. Esta regla se aplicará a la venta de cosas fungibles hecha aisladamente y por un solo
precio, o sin consideración a su peso, número o medida. Si las cosas fungibles se vendieron por
un precio fijado con relación al peso, número o medida no se imputará el riesgo al comprador
hasta que se hayan pesado, contado o medido, a no ser que éste se haya constituido en mora".
De acuerdo con el artículo 1096.3, el vendedor asume los riesgos, INCLUSO cuando la pérdida
obedezca a caso fortuito, en los dos casos siguientes:
1. Cuando haya incurrido en mora.
2. Cuando haya realizado una doble venta.

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Según lo dispuesto en el artículo 1182 "quedará extinguida la obligación que consista en entregar
una determinada cosa cuando ésta se perdiere o destruyere sin culpa del deudor y antes de
haberse constituido éste en mora", por tanto, con carácter general el vendedor queda
exonerado de la entrega salvo que no pueda acreditar que la pérdida de la cosa trae causa de
una circunstancia en la que actuó con la diligencia debida respecto de la conservación de la cosa
objeto de la venta.
La mayor parte de los autores considera que en nuestro Derecho es el comprador quien asume
los riesgos. En el mismo sentido se ha pronunciado la escasa jurisprudencia existente sobre el
tema.

7. LAS COMPRAVENTAS ESPECIALES


7.1 EL RETRACTO CONVENCIONAL
A. Concepto y función histórica.
El Código Civil denomina en el artículo 1507 retracto convencional a lo que más que un retracto
propiamente dicho es una venta con pacto de retro o una venta en garantía: "tendrá lugar el
retracto convencional cuando el vendedor se reserve el derecho de recuperar la cosa vendida, con
obligación de cumplir lo expresado en el artículo 1518 y lo demás que se hubiere pactado".
Según el artículo 1518, "el vendedor no podrá hacer uso del derecho de retracto sin reembolsar al
comprador el precio de la venta y, además:
1. Los gastos del contrato y cualquier otro pago legítimo hecho para la venta.
2. Los gastos necesarios y útiles hechos en la cosa vendida".
La figura del retracto convencional es una modalidad especial de compraventa, que
conlleva un pacto complementario en cuya virtud el vendedor puede recomprar, dentro de
un plazo temporal determinado en el propio contrato de compraventa y pagando todo lo
dicho, la propia cosa vendida.
En épocas anteriores el pacto de retroventa llegó a asumir un papel relevante en las transacciones
económicas, ya que la rocambolesca figura estudiada era sencillamente el ropaje jurídico o la
tapadera de una operación de préstamo, por lo general usurario.
B. Régimen jurídico básico.
Aspectos fundamentales:
1. La imposibilidad de abonar por parte del vendedor inicial los distintos conceptos
contemplados en el artículo 1518 y cualesquiera otros pactados determinará que “el
comprador adquirirá irrevocablemente el dominio de la cosa vendida”.
2. La propia regulación del Código impone el carácter temporal del pacto de retro. Como
regla general de carácter imperativo, el plazo máximo de duración del retracto
convencional es de diez años. Para el caso de que las partes no hayan establecido plazo
alguno de forma expresa, supletoriamente establece el Código Civil como máximo un
periodo de cuatro años. Ambos plazos han de computarse a partir de la fecha del contrato
y son de caducidad.
3. El artículo 1510 pretende otorgar eficacia erga omnes al pacto de retroventa. Más, en
realidad, semejante efecto sólo se alcanzará cuando el pacto relativo a bienes inmuebles
se inscriba en el Registro de la Propiedad.

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7.2 COMPRAVENTA A PRUEBA Y COMPRAVENTA AD GUSTUM


Según dispone el artículo 1453, "la venta hecha a calidad de ensayo o prueba de la cosa vendida
y la venta de cosas que es costumbre gustar o probar antes de recibirlas se presumirán siempre
hechas bajo condición suspensiva".
Se trata de dos categorías distintas de venta:
− En la venta hecha a calidad de ensayo o prueba, la compraventa está perfeccionada,
aunque ha de comprobarse si la cosa objeto de la compraventa reúne las cualidades
necesarias a fin de prestar el servicio para el que se compró. A juicio de la doctrina
mayoritaria, se trata de una comprobación objetiva, que no queda al libre arbitrio del
comprador.
− En las ventas ad gustum, cosas que es costumbre gustar o probar, se deja al libre arbitrio
del comprador la aceptación de la compra, de tal forma que bastaría su mera
manifestación de desagrado en relación con la cosa para que hubiera de entenderse
ineficaz el contrato.

7.3 EL DENOMINADO PACTO IN DIEM ADDICTIO


En virtud de este pacto, el vendedor se reserva la facultad de considerar ineficaz un contrato
de compraventa, válido y perfecto, si dentro de un determinado plazo (in diem) encontrara
otro comprador que ofreciera mayor precio o condiciones de pago más ventajosas. En tal
caso, el vendedor podía llevar a cabo la adjudicación (addictio) de la cosa a favor del segundo o
posterior comprador, sin incurrir en responsabilidad alguna.
El Código Civil no contiene referencia alguna a este pacto. Con carácter general, y dependiendo
de su concreción en cada caso, la existencia del pacto in diem addictio implica:
1. Su posible aplicación tanto a las compraventas seguidas de tradición y completamente
ejecutadas cuanto a aquellas en las que se haya producido sólo la celebración del
contrato, sin haber tenido lugar la entrega de la cosa.
2. El mantenimiento de la adjudicación a favor del primer comprador si, existiendo otro u otros
posteriores, aquél igualara las condiciones más ventajosas ofrecidas por éstos.
3. La explicación teórica de la figura se ha ofrecido tradicionalmente recurriendo a la venta
bajo condición suspensiva o resolutoria.

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7.4 COMPRAVENTA DE BIENES MUEBLES A PLAZOS


La venta a plazos o mediante fraccionamiento del precio en distintos periodos de tiempo de bienes
muebles corporales, no consumibles ha dado lugar a una legislación especial:
− La Ley 50/1965, de 17 de julio. La formulación originaria de esta ley pretendía proteger al
comprador.
Se entiende por venta a plazos el contrato mediante el cual un empresario o
comerciante entrega al público una cosa y recibe de éste, en ese momento, una
parte del precio, con la obligación de pagar el resto en un período superior a tres
meses y en una serie de plazos.
El contrato debe constar por escrito y debe contener: lugar y fecha del contrato;
identificación a las partes; descripción del objeto vendido; el importe del desembolso inicial;
los plazos sucesivos... El contrato se perfecciona cuando el comprador satisface, en el
momento de la entrega o puesta a disposición del objeto vendido, un desembolso inicial,
cuyo pago, por otra parte, no es esencial para la validez del contrato.
Otras especialidades de este régimen:
• Reserva del dominio, si se pactó.
• Prohibición de la enajenación de la cosa hasta que no se haya pagado el precio. El
comprador puede anticipar el pago del precio.
• Facultad del comprador de anticipar el pago del precio.
• El derecho del vendedor de optar por la resolución o el cobro de pagos pendientes
cuando el comprador demore el pago de 2 plazos.
− La Ley 28/1998, de 13 de julio. En general, se mantienen los principios de la ley anterior, si
bien se rompe en algunos extremos de importancia:
• Se suprime el desembolso inicial como condición necesaria para la perfección del
contrato.
• La forma escrita y el contenido se mantienen, pero la ley insiste de forma particular
en "el tipo de interés nominal" y la inserción de la "tasa anual equivalente" (el TAE).

7.5 NUEVAS MODALIDADES DE VENTA AL PÚBLICO


Bajo tal denominación, la Ley 7/1996, de 15 de enero, de Ordenación del Comercio Minorista,
establece una relativamente detallada regulación de una serie de compraventas, tradicionalmente
calificadas como especiales.
La Ley regula modalidades de ventas tales como rebajas, promoción, en liquidación, con
obsequios, ofertas de venta directa, ventas a distancia...
La Ley 7/1996 ha sufrido modificaciones de importancia en relación con los pagos a proveedores,
por la que se establecen medidas de lucha contra la morosidad en las operaciones comerciales,
modificada a su vez por la Ley 15/2010, de 5 de julio, y en materia de contratos a distancia y para
la adaptación de la Ley a diversas Directivas comunitarias, relativa a los servicios en el mercado
interior y en relación con el ejercicio de venta ambulante o no sedentaria.
Además, la reciente STC 18/2016 declaró inconstitucional de una parte de la Ley 7/1996 en
relación con la calidad de los productos rebajados y a las ventas de promoción.

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8. EL CONTRATO DE PERMUTA
8.1 CONCEPTO Y CARACTERES
La permuta es el intercambio de cosa por cosa.
Artículo 1538. La permuta es un contrato por el cual cada uno de los contratantes se obliga a dar
una cosa para recibir otra.
Sus características básicas:
− Es un contrato consensual. Se entiende celebrado desde el momento que las partes se
obligan a transmitirse las respectivas cosas objeto del contrato.
− Es bilateral ya que genera obligaciones a ambas partes.
− Es oneroso. Cada prestación es causa de una contraprestación.
− Es traslativo de dominio pues su consumación supone la transmisión de la propiedad de lo
permutado.

8.2 LA REMISIÓN A LAS REGLAS DE LA COMPRAVENTA


La regulación de la permuta por nuestro CC es muy escasa ya que es un contrato propio de
sociedades primitivas, en las que al no existir el dinero se imponía la necesidad del trueque. En la
actualidad se circunscribe a supuestos marginales, así lo impone el valor del dinero como medio
de cambio y de pago, que ha convertido la compraventa en el esquema contractual típico de
adquisición de bienes. Por ello, el CC, tras describir el contrato se limita a regular dos aspectos de
la permuta: la permuta de cosa ajena y la pérdida de la cosa permutada por evicción.
Estableciendo para todos los demás extremos que “la permuta se regirá por las disposiciones
concernientes a la compraventa”.

8.3 LA PERMUTA DE COSA AJENA


Al igual que en la compraventa, es posible que la permuta recaiga sobre una cosa ajena, dado el
carácter puramente consensual del contrato. El problema se presenta, en su caso, cuando esa
cosa haya sido transmitida por el obligado al otro permutante con carácter traslativo, pese a
continuar siendo ajena, y el adquirente, por tanto, tema que, antes o después, le será reclamada
por su verdadero propietario y acabará viéndose privado de ella.
Para tal supuesto, establece el artículo 1539 que "si uno de los contratantes hubiese recibido la
cosa que se le prometió en permuta, y acreditase que no era propia del que la dio, no podrá ser
obligado a entregar la que él ofreció en cambio, y cumplirá con devolver la que recibió". Esto es, el
contrato de permuta queda resuelto si el permutante-adquiriente se presta a devolver la cosa
recibida, al tiempo que se encuentra especialmente legitimado para no atender al cumplimiento de
la obligación que sobre él pesaba a consecuencia de la celebración de la permuta.

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8.4 LA EVICCIÓN EN LA PERMUTA


Si la permuta se ha consumado por ambas partes, el artículo no es de aplicación, y el permutante
que recibió cosa ajena solo podrá accionar contra la otra parte si es objeto de evicción.
Para tal caso, el art. 1540 CC establece que el que pierda por evicción la cosa recibida en
permuta podrá optar entre
1. Recuperar lo que dio en cambio, pero solo podrá usar el derecho de recuperar la cosa que
él entregó mientras ésta subsista en poder del otro permutante, y sin perjuicio de los
derechos adquiridos entretanto sobre ella con buena fe por un tercero. En caso de optar
por la restitución de la cosa entregada, no supone que esté excluida la
correspondiente indemnización de daños y perjuicios si se han causado.
2. Reclamar la indemnización de daños y perjuicios; por aplicación analógica del art. 1478
CC, permitiendo al permutante defraudado reclamar directamente todos los conceptos
indemnizatorios previstos en la evicción en compraventa.

8.5 LA PERMUTA DE SOLAR POR INMUEBLES A CONSTRUIR


No son extraños en la actualidad debido al encarecimiento del suelo y de la construcción los
contratos en los que el dueño de un solar se aviene a transmitir la propiedad del mismo a un
constructor, a cambio de que éste le entregue en el futuro (también en propiedad) una
determinada superficie construida (sean pisos, garajes, etc.).
Este acuerdo puede ser calificado como permuta, aunque realmente la jurisprudencia duda entre
dicha calificación y la caracterización como contrato atípico, dado que junto a las notas típicas de
la permuta asumen particular relevancia las obligaciones complementarias de proceder a la
construcción que se consideran propias del contrato de obras.

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TEMA 9. LOS ARRENDAMIENTOS


1. NOCIÓN GENERAL DE ARRENDAMIENTO
El arrendamiento es un contrato que tiene por objeto el disfrute de una cosa, o el servicio prestado
por una persona, a título oneroso.
El CC comprende bajo la denominación genérica de contrato de arrendamiento tres figuras
contractuales distintas:
− El arrendamiento de cosas.
− El arrendamiento de obras.
− El arrendamiento de servicios.
Se dice que el contrato de arrendamiento es aquel por el que una de las partes se obliga a
proporcionar a otra, mediante el pago de un precio, el uso y disfrute temporal de una cosa
(arrendamiento de cosa), a prestarle temporalmente sus servicios (arrendamiento de servicios) o
hacer por cuenta de ella una obra determinada (arrendamiento de obra).

2. LA REGULACIÓN DEL ARRENDAMIENTO DE COSAS POR EL CC


2.1 OBSERVACIONES GENERALES
El CC tras dictar unas disposiciones comunes a todos los arrendamientos (cosas, servicios o de
obras) en cuanto al de cosas sólo se ocupa del arrendamiento de fincas rústicas y urbanas.
Sólo SE EXCLUYEN del contrato de arrendamiento los bienes fungibles que se consumen
por el uso. Sí podrán ser objeto de arrendamiento los bienes muebles no fungibles y los
semovientes. A estos se le aplicaran las normas para arrendamientos inmobiliarios con las
debidas adaptaciones. Esta normativa tiene carácter dispositivo, así que no genera problemas.
El arrendamiento de cosas es definido por el CC como aquel por el que una de las partes,
arrendador, se obliga a dar a la otra, arrendatario, el goce o uso de una cosa por tiempo
determinado y precio cierto (Art. 1543).
Son elementos esenciales de este contrato:
− La cesión del uso o goce de una cosa.
− El precio cierto.
− Su duración temporal.
Para ser arrendador sólo se requiere la capacidad general para contratar, no exigiéndose ser
dueño de la cosa, excepto si se trata de arrendamientos inscribibles en el Registro de la
Propiedad. En este caso el CC establece que los padres o tutores, respecto de los bienes de los
menores o incapacitados, y los administradores de bienes que no tengan poder especial, no
podrán dar en arrendamiento las cosas por término que exceda de seis años.

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2.2 CARACTERÍSTICAS GENERALES DEL ARRENDAMIENTO


Características del contrato:
− Transmisión temporal del goce o disfrute de una cosa. Se entrega la posesión no se cede
el dominio sino su utilidad.
− Consensual. Se perfecciona por el simple consentimiento.
− Bilateral y oneroso. Entrega de una cosa a cambio de un precio. Sino hay precio
estaríamos ante un comodato o préstamo de uso.
− Conmutativo. Pues el valor de las prestaciones es equivalente y aparece fijado de
antemano.
− Temporal. De duración determinada.

3. CONTENIDO DEL CONTRATO


3.1 OBLIGACIONES DEL ARRENDADOR
Las obligaciones del arrendador están centradas en procurar al arrendatario el goce de la cosa por
el tiempo que dure el arrendamiento:
− Entregar al arrendatario la cosa u objeto del contrato.
− Conservar la cosa en estado de servir para el uso a que se la destine (hacer en ella las
reparaciones necesarias).
− Mantener al arrendatario en el goce pacífico del arrendamiento, no pudiendo variar la
forma de la cosa y respondiendo de los vicios y defectos que impidan su normal uso.
− Abonar al arrendatario los gastos necesarios que haya hecho en la cosa.
EX
3.2 OBLIGACIONES DEL ARRENDATARIO JUN 24

Como contraposición del uso y disfrute de la cosa arrendada durante un tiempo cierto, y de la
obligación del arrendador de mantenerle en ese derecho, el arrendatario estará obligado a:
− Pagar el precio del arrendamiento en los términos convenidos.
− Usar la cosa arrendada conforme al uso pactado, y, en defecto de pacto, del que se
deduzca de su naturaleza, tolerando las reparaciones urgentes que haga el arrendador.
− Poner en conocimiento del arrendador toda usurpación o novedad dañosa y la necesidad
de reparaciones.
− Responder del deterioro de la cosa, a no ser que pruebe que fue ocasionado sin culpa.
− Devolver la cosa, al concluir el arrendamiento, tal como la recibió, presumiéndose que la
recibió en buen estado.

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4. EXTINCIÓN DEL ARRENDAMIENTO


4.1 CAUSAS DE EXTINCIÓN
Son causas de extinción del arrendamiento:
− El cumplimiento del tiempo previsto para el contrato, sin necesidad de requerimiento.
Ahora bien, si al terminar el tiempo el arrendatario continúa disfrutando de la cosa durante
quince días, se entiende que hay tácita reconducción (nuevo contrato), salvo que haya
habido requerimiento previo.
− La pérdida o imposibilidad de goce de la cosa arrendada.
− El incumplimiento de una de las partes.
− Extinción del derecho del arrendador.

4.2 EL DESAHUCIO
Es la facultad del arrendador para proceder judicialmente contra el arrendatario con el fin de
expulsarlo a consecuencia de alguna de las siguientes causas de extinción:
− Haber expirado el término de duración del arrendamiento.
− Falta de pago.
− Infracción de cualquiera de las condiciones estipuladas en el contrato.
− Destinar la cosa arrendada a usos o servicios no pactados que la hagan desmerecer.
El desahucio también puede utilizarse fuera de los casos de arrendamiento como en el caso del
precario (ocupante por mera tolerancia).
Con motivo de la situación actual se ha publicado la Ley 5/2018 a fin de agilizar el juicio de
desahucio cuando tenga por objeto del lanzamiento de ocupantes ilegales.

5. EL ARRENDAMIENTO O CONTRATO DE SERVICIOS


5.1 CONCEPTO Y CARACTERES
Conforme al art. 1544 CC, en el arrendamiento de servicios una de las partes se obliga a
prestar un servicio de carácter material a otra por precio cierto. En general, se denomina
arrendador a quien se obliga a prestar el servicio. Se diferencia del mandato en el carácter
material del servicio.
El objeto propio del contrato consiste en la prestación de una determinada actividad que ha de ser
desarrollada por el arrendador, sin que éste quede obligado a garantizar la obtención de resultado
alguno (como sí ocurre en el contrato de obra). La obligación del arrendador, pues, es calificable
técnicamente como obligación de hacer, pero no de resultado.
Son notas características propias del contrato de prestación de servicios:
− Es un contrato consensual: prestación del consentimiento de las partes.
− Es un contrato bilateral y oneroso, por existir obligaciones recíprocas y remuneración en
favor del arrendador.
− Es temporal, aunque su duración puede ser indefinida. El arrendamiento “de por vida” es
nulo.

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5.2 LA REGULACIÓN LEGAL


La regulación del CC sobre el contrato de prestación de servicios es inexistente, pues el articulado
correspondiente (arts. 1583 a 1587), inalterado desde 1889, sólo se ocupa del “servicio de criados
y trabajadores asalariados”.
Actualmente la prestación de servicios por los trabajadores asalariados se encuentra sometida a
la legislación laboral y, por consiguiente, sólo de forma absolutamente marginal pueden darse
supuestos de contratos de servicios de naturaleza civil.

5.3 LA PRESTACIÓN DE SERVICIOS CORRESPONDIENTES A LAS PROFESIONES LIBERALES


El campo propio de acción del contrato de prestación de servicios corresponde al desempeño de
las prestaciones propias de los llamados “profesionales liberales” (ej., médicos, abogados, etc.).
Pueden contratarse tanto los servicios manuales cuanto los puramente intelectuales que
correspondan a tales profesiones. El contrato, además, se regirá por las normas de Derecho civil
cuando el servicio no se preste en las condiciones que harían de él un contrato de trabajo
(abogado de empresa, por ejemplo).
Ante la inexistencia de concretas normas legales al respecto, la jurisprudencia ha estimado que
los servicios característicos de las personas que ejercen profesiones liberales no constituyen más
que una modalidad contractual, que es el contrato de arrendamiento de servicios.
La onerosidad del contrato sigue presente, pero el requisito de precio cierto está desvirtuado, en
cuanto que la necesidad de la previa determinación de su cuantía está sustituida por la posibilidad
de su establecimiento posterior según los usos de la profesión de que se trate.
La acción para reclamar los honorarios profesionales prescribe a los 3 años.
Los servicios de los profesionales liberales no son siempre y en todo caso objeto de un contrato
de arrendamiento de servicios. En ocasiones, estaremos en presencia de un contrato de obra
propio, supuesto que se da cuando el profesional, mediante una remuneración, se obliga a prestar
no propiamente su actividad, sino el resultado producido por la misma (por ejemplo, colocar una
prótesis o redactar un dictamen).

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TEMA 11. LOS ARRENDAMIENTOS URBANOS


1. INTRODUCCIÓN Y FUENTES NORMATIVAS
El problema de la escasez de viviendas y habitaciones producida por el aumento de la población y
el éxodo rural hacia las ciudades industriales, agudizado en el mundo después de las dos guerras
mundiales, dio lugar a que casi todos los países legislaran sobre la materia, con un denominador
común: la protección de los inquilinos o arrendatarios a través, de una parte, de la congelación de
las rentas, a fin de evitar su alza continua o el aumento abusivo de alquileres; y, de otra, mediante
la concesión al arrendatario del derecho de prórroga legal, para impedir el lanzamiento masivo de
dichos inquilinos en el momento del vencimiento del plazo pactado.
En España dicho planteamiento, en cierta medida maniqueo y en buena parte injusto, causante
además en buena parte de la pérdida del caserío histórico de numerosas ciudades, fue mantenido
hasta la última década del siglo XX, cuando la materia fue regulada por la Ley 29/1994, de 24 de
noviembre, de arrendamientos urbanos, todavía hoy vigente, aunque reformada en algunos
aspectos.

1.1 REFERENCIA AL DECRETO 4104/1964 Y AL REAL DECRETO-LEY 2/1985


El texto de 1964 situaba como vértice la denominada prórroga legal forzosa en favor del
arrendatario que le permitía vivir en el piso toda la vida y la de sus descendientes por rentas
muy por debajo de los precios de mercado. Por el contrario, el RDL 2/1985 (ley Boyer)
suprimió la prórroga legal y dio lugar a contratos de corta duración.

1.2 LA LEY DE ARRENDAMIENTOS URBANOS 29/1994, DE 24 DE NOVIEMBRE


Establece una nueva regulación con planteamientos sencillos. Establece una regulación
imperativa para el arrendamiento de vivienda, reservando la libertad de pactos para el resto. El
plazo (prórroga obligatoria) mínimo de duración de los arrendamientos establecido por la LAU fue
de 5 años, con prórroga trianual potestativa para el arrendatario año por año.

1.3 LEY 19/2009, DE 23 DE NOVIEMBRE, DE MEDIDAS DE FOMENTO Y AGILIZACIÓN


PROCESAL DEL ALQUILER Y DE LA EFICIENCIA ENERGÉTICA DE LOS EDIFICIOS
A partir de su entrada en vigor, se modificó el apartado 3 del art. 9 de la Ley de Arrendamientos
Urbanos para ampliar los supuestos en que no procede la prórroga obligatoria del contrato.

1.4 LEY 4/2013, DE 4 DE JUNIO, DE MEDIDAS DE FLEXIBILIZACIÓN Y FOMENTO DEL


MERCADO DEL ALQUILER DE VIVIENDAS
La renta será libremente fijada por las partes y su actualización se realizará en los términos
pactados, aplicándose el índice general nacional del sistema de IPC, en defecto de pacto expreso.
Tras la entrada en vigor de la Ley 2/2015, de 30 de marzo, de desindexación de la economía
española, su disposición final 1.1 da una nueva redacción al art. 18.1 de la LAU, que exige pacto
expreso entre las partes para que pueda ser revisada la renta en la fecha en que se cumpla
cada año de vigencia del contrato. En tal caso, la actualización se realizará aplicándose el
mecanismo de revisión de valores monetarios fijado por las partes en el contrato y, en su defecto,
por la variación anual del índice de garantía de competitividad a fecha de ca da revisión.

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1.5 REAL DECRETO-LEY 7/2019, DE 1 DE MARZO, DE MEDIDAS URGENTES EN MATERIA DE


VIVIENDA Y ALQUILER
La reforma de la LAU-1994 dada por un Decreto-Ley, vigente desde el 6 de marzo de 2019, cuya
urgencia y necesidad viene justificada en su exposición de motivos. Se alude a “la grave situación
de vulnerabilidad económica y social de un gran número de familias y hogares para afrontar los
pagos de una vivienda en el mercado” que incrementa el número de desahucios vinculados a los
contratos de alquiler, razón por la que se adopta un conjunto de medidas destinadas a modificar
aquellas otras incorporadas en su momento por la Ley 4/2013, de 4 de junio, de medidas de
flexibilización y fomento del mercando del alquiler de viviendas. Entre ellas, destaca la extensión
de la prórroga obligatoria de los contratos de arrendamiento, que se establece en cinco años, y de
su prórroga tácita anual que se prolonga hasta un plazo máximo de tres años.
Por supuesto, debe tenerse en cuenta su Disposición Transitoria Primera según la cual los
contratos de arrendamiento celebrados con anterioridad a la entrada en vigor del Decreto-Ley
7/2019, de 1 de marzo, estarán sujetos a la normativa que les resulte aplicable hasta que se
produzca su extinción.

1.6 LA LEY 12/2023, DE 24 DE MAYO, POR EL DERECHO A LA VIVIENDA


La última reforma de la LAU-94 viene dada por la Ley 12/2023, de 24 de mayo, y afecta a dos
aspectos fundamentales del contrato de arrendamiento de vivienda: duración del contrato y renta.
En cuanto a la duración del contrato, se destaca la introducción de una prórroga extraordinaria de
un año al término del contrato, que podrá solicitarse en situaciones acreditadas de vulnerabilidad
social y económica cuando el arrendador es un gran tenedor de vivienda.
El otro asunto tiene como objeto controlar la renta a pagar por el nuevo inquilino en los nuevos
contratos de arrendamiento de viviendas que hubiesen estado arrendadas con anterioridad. Se
plantea la limitación del alquiler en estas zonas, con carácter general a la renta del contrato
anterior, aplicada la cláusula de actualización anual de la renta del contrato anterior, permitiendo
ciertos incrementos adicionales máximos en determinados supuestos establecidos en la ley.
Por otra parte, el legislador impone que los gastos de gestión inmobiliaria y los de
formalización del contrato sean a cargo del arrendador.
Finalmente, la Disposición Transitoria 4ª de la Ley 12/2023 considerada señala que los contratos
celebrados con anterioridad a su entrada en vigor no se verán afectados, sin perjuicio de que las
partes acuerden adaptar los contratos al nuevo régimen jurídico establecido por la ley, siempre y
cuando esto no sea contrario a la legislación aplicable.

2. LOS ARRENDAMIENTOS DE VIVIENDA


Según la Ley de Arrendamientos Urbanos de 1994, las normas contenidas en su Título II eran de
carácter imperativo, por lo que las condiciones o estipulaciones contractuales que resultasen
perjudiciales para el arrendatario respecto de la regulación legalmente establecida eran
sancionadas con la nulidad, aunque estas eran escasas.
Esto ha cambiado con la modificación realizada por la Ley 4/2013, que establece que los
arrendamientos de vivienda se regirán por los pactos, cláusulas y condiciones
determinados por la voluntad de las partes, en el marco establecido en el Título II de la
presente ley, y supletoriamente por lo dispuesto en el CC.

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Laura Rodríguez

2.1 LA DURACIÓN DEL CONTRATO EN LA LAU-1994


Establecía la duración libremente pactada por las partes, pero añadía una prórroga obligatoria
potestativa del arrendatario hasta llegar a los 5 años. Solo se podía excluir la prórroga si en el
contrato constaba que se podría llegar a no producir si el arrendador o alguno de sus hijos
necesitaban el piso para destinarlo a vivienda permanente.
Concluido el periodo quinquenal sin que ninguna de las partes hubiera notificado a la otra su
voluntad de no renovarlo, el art. 10 permitía la continuidad contractual, de año en año, por un
nuevo periodo trienal.

2.2 LA MODIFICACIÓN INTRODUCIDA POR LA LEY 19/2009


En el art. 9 de la Ley 19/2009 de medidas de fomento y agilización procesal del alquiler y de la
eficiencia energética de los edificios, se incluye una modificación de la prórroga. Amplía la
exclusión de la prórroga en beneficio también de los familiares de primer grado (padres o hijos de
la parte arrendadora) y en caso de crisis conyugal, también del cónyuge. Este precepto carece
de eficacia retroactiva y es necesario que este extremo conste expresamente en el contrato.

2.3 PERIODO CONTRACTUAL Y PRÓRROGA EN LA LEY 4/2013


Los artículos 9 y 10 de la Ley 4/2013 han sido redactados nuevamente estableciendo que la
duración del arrendamiento será libremente pactada por las partes, marcando un período
contractual mínimo de 3 años, frente al quinquenal anteriormente vigente.
En cuanto a la regulación del desistimiento contractual por parte del arrendatario, con
independencia de la duración convenida por las partes, se regula por lo establecido en el art. 13,
según el cual, con independencia de la duración convenida por las partes, el arrendatario
podrá desistir del contrato siempre que cumpla con las condiciones siguientes:
1. Que hayan transcurrido 6 meses del contrato.
2. Que haya comunicado el desistimiento con una antelación mínima de 30 días.
La regla general de indemnización por desistimiento (una mensualidad por año restante) es
dispositiva, sólo entrará en juego si las partes pactan en tal sentido al celebrar el contrato.

2.4 PERIODO CONTRACTUAL Y PRÓRROGA EN EL REAL DECRETO-LEY 7/2019


Una vez más, los arts. 9 y 10 han sido redactados de nuevo por el Real Decreto-Ley 7/2019.
El encabezamiento del primero de ellos declara abiertamente que “la duración del arrendamiento
será libremente pactada por las partes”, estableciendo tendencialmente un período contractual
mínimo de cinco años, o de siete en el caso de que el arrendador sea una persona jurídica, frente
al período trienal anteriormente vigente conforme a los dispuesto por la Ley 4/2013.
Pero debe tenerse en cuenta que en el periodo quinquenal (o septenal, en su caso) están ya
comprendidas las eventuales prórrogas, pues la/s prórroga/s obligatoria/s por plazos anuales
hasta el plazo mínimo de cinco (o siete) años solo entran en juego cuando la duración convenida
fuera inferior a tales plazos.

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Laura Rodríguez

2.5 LA PRÓRROGA DEL CONTRATO EN LA LEY 12/2023, DE 24 DE MAYO, POR EL


DERECHO A LA VIVIENDA
Nuevamente se modifica el art. 10 de la LAU por la Ley 12/2023, y así además de referirse a la
posibilidad de establecer una prórroga extraordinaria de carácter anual, por un periodo de 3 años,
en los mismos términos que el contrato en vigor, una vez finalizado este, se establece que, en los
contratos de vivienda habitual, vencido el periodo de prórroga obligatoria o el periodo de prórroga
tácita, el arrendatario puede solicitar una prórroga extraordinaria del plazo del contrato de
arrendamiento por un periodo máximo de un año, durante el cual se seguirán aplicando los
términos y condiciones establecidos para el contrato en vigor; prórroga que deberá ser aceptada
obligatoriamente por el arrendador cuando este sea un gran tenedor de viviendas.
Para ello el arrendatario deberá acreditar una situación de vulnerabilidad social y económica sobre
la base de un informe o certificado emitido en el último año por los servicios sociales de ámbito
municipal o autonómico.
Si el inmueble del contrato de arrendamiento de vivienda habitual se ubica en una zona de
mercado residencial tensionado y dentro del periodo de vigencia de la declaración de la referida
zona en los términos dispuestos en la legislación estatal en materia de vivienda, finaliza el periodo
de prórroga obligatoria o el periodo de prórroga tácita, el arrendatario podrá solicitar una
prórroga extraordinaria del contrato por plazos anuales, por un periodo máximo de 3 años,
durante los cuales se seguirán aplicando los términos y condiciones establecidos para el contrato
en vigor. Esta solicitud de prórroga extraordinaria deberá ser aceptada obligatoriamente por el
arrendador, SALVO QUE se hayan fijado otros términos o condiciones por acuerdo entre las
partes, se haya suscrito un nuevo contrato de arrendamiento con las limitaciones en la renta que
en su caso procedan o que el arrendador necesite ocupar la vivienda arrendada para destinarla a
vivienda permanente para sí o sus familiares.

3. LA RENTA
3.1 LA RENTA EN LA LEY 29/1994
Las normas relativas se encontraban en el Capítulo tercero del Título II. La renta podía ser
libremente pactada entre las partes. Existía la prohibición de exigencia de pago anticipado de
más de una mensualidad y el resto consistía en una regulación de carácter supletorio en defecto
de las reglas dispositivas adoptadas por las partes. La actualización de la renda es potestativa,
aplicándose el IPC en defecto de pacto.

3.2 LA RENTA EN LA LEY 4/2013


Se mantiene que la renta será fijada por las partes y su actualización sigue siendo potestativa y
además podrá ser realizada en los términos pactados por las partes, aplicándose el IPC sólo en
defecto de pacto expreso. Así, es posible fijar cualquier sistema de actualización que las partes
contratantes consideren más conveniente respecto del supletorio.
También establece que podrá pactarse libremente por las partes que, durante un plazo
determinado, la obligación del pago de renta pueda reemplazarse total o parcialmente por el
compromiso del arrendatario de reformar o rehabilitar el inmueble en los términos y condiciones
pactadas. Lo que permite pacto sobre posible compensación de las recíprocas obligaciones.

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3.3 LA RENTA SEGÚN LA LEY 2/2015, DE DESINDEXACIÓN DE LA ECONOMÍA


El propósito de esta Ley es que los valores monetarios no sean modificados en virtud de índices
de precios, tiene naturaleza imperativa en el sector público, para coadyuvar a evitar la inflación,
que puede resultar muy desventajosa para las contrapartes del sector público cuando sobrevenga
una etapa inflacionista.
En el ámbito jurídico-privado, esta Ley modifica, entre otras, la Ley 29/1994 de 4 de noviembre, de
arrendamientos urbanos pues considera conveniente modificar expresamente la LAU y, en
particular, la revisión de renta de los contratos de arrendamientos urbanos.
Con tal reforma, en defecto de pacto expreso entre las partes, no se aplicará revisión de
rentas a los contratos (mientras que antes, en defecto de pacto, se aplicaba el IPC); y si hay
pacto expreso y no se acuerda el método de revisión, supletoriamente se aplicará el nuevo IGC
(índice de garantía de la competitividad), y serán de aplicación a los contratos que se perfeccionen
con posterioridad a la entrada en vigor de la Ley 2/2015, desde el día 1/04/2015.

3.4 LA RENTA EN EL DECRETO-LEY 7/2019


El Decreto-Ley 7/2019 no solo recupera el término actualizar la renta, empleado por el legislador
de modo constante desde la aprobación de la LAU-1994 hasta la reforma operada por la Ley
2/2015, momento a partir del cual se incorporó como referencia normativa el denominado
“mecanismo de revisión”, sino que también añade un nuevo párrafo al apartado primero del
artículo 18 de la LAU cuyo fin es limitar “el incremento producido como consecuencia de la
actualización anual de la renta”. En este sentido, aquel “no podrá exceder del resultado de aplicar
la variación porcentual experimentada por el Índice de Precios al Consumo a fecha de cada
actualización”.
Así mismo, la disposición adicional 2ª del Real Decreto-Ley 7/2019 insta a crear un “sistema
estatal de índices de referencia del precio del alquiler de vivienda” con el objetivo de “dotar al
mercado del alquiler de la necesaria información” que sirva principalmente de soporte para
adoptar “políticas públicas en materia de vivienda” y “medidas de política fiscal”. Junto al sistema
estatal, se faculta también a las [Link]. para crear “su propio índice de referencia, en el ejercicio
de sus competencias y a los efectos de diseñar sus propias políticas y programas públicos de
viviendas”.
El nuevo sistema estatal de índices de referencia es una herramienta en funcionamiento desde
junio de 2020. Su función es analizar los datos relativos al precio del alquiler de las viviendas de
nuestro país; y, aunque con una clara finalidad pública, el hecho de que se pueda acceder
libremente a tales datos, lo convierte también en un instrumento de un claro interés privado.

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Laura Rodríguez

3.5 LA RENTA EN LA LEY 12/2023, DE 24 DE MAYO, POR EL DERECHO A LA VIVIENDA


La Ley 12/2023 añade los párrafos 6 y 7 al art. 17 LAU, en materia de renta, a fin de controlar su
cuantía.
En las llamadas zonas de mercado residencial tensionado, la renta pactada al inicio del
nuevo contrato no podrá exceder de la última renta de contrato de arrendamiento de
vivienda habitual que hubiese estado vigente en los últimos cinco años en la misma
vivienda, una vez aplicada la cláusula de actualización anual de la renta del contrato anterior, sin
que se puedan fijar nuevas condiciones que establezcan la repercusión al arrendatario de cuotas
o gastos que no estuviesen recogidas en el contrato anterior.
Cuando el propietario sea un gran tenedor o la vivienda se ubique en una zona de mercado
residencial tensionado, la renta pactada al inicio de un nuevo contrato no podrá exceder del límite
máximo del precio aplicable conforme al sistema de índices de precios de referencia, cuya
aplicación se define a través de la nueva disposición transitoria 7ª de la LAU-1994.

4. CONTENIDO DEL CONTRATO: DERECHOS Y OBLIGACIONES DE LAS PARTES


4.1 LAS OBRAS EN LA FINCA ARRENDADA
La LAU-1994 sigue los pasos de la regulación anterior, aunque introduciendo la novedad de que,
sin necesidad de contar con el consentimiento del arrendador, el arrendatario podría realizar las
obras requeridas por la condición de minusválido de sí mismo o de cualesquiera otras personas
que con él convivan: cónyuge, pareja de hecho o familiares.
La Ley 4/2013 mantiene este precepto. La causa sobrevenida por la que el arrendatario o
cualquiera de los convivientes devengue en discapacidad resulta indiferente. Debe entenderse
que, estando vigente el contrato, el arrendatario puede poner en práctica dicha facultad en
cualquier momento.
No obstante, exige la “previa notificación escrita al arrendador” de las obras que pretenda llevar a
cabo. Con ello se pretende dejar reconstituida la prueba de la posible “reposición de la vivienda al
estado anterior”, que puede exigir el arrendador al finalizar el arrendamiento

4.2 LOS DERECHOS DE TANTEO Y RETRACTO


La LAU-1994 mantiene los derechos de tanteo y retracto en favor del arrendatario,
estableciéndolos como imperativos y obligatorios para el arrendador en los contratos de duración
igual o inferior a 5 años. En los casos de superior duración convencionalmente pactada, cabe
excluir el derecho de adquisición preferente.
Tras la aprobación de la Ley 4/2013, las partes podrán pactar la renuncia del arrendatario al
derecho de adquisición preferente. Además, tal mandato es aplicable tanto a los
arrendamientos de vivienda como a los de uso distinto del de vivienda.

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5. LA TERMINACIÓN DEL CONTRATO


Tras la supresión de la prórroga forzosa de tiempos pasados (LAU 1964), nos situamos en un
sistema de plazo arrendaticio legal y convencionalmente limitado, de modo que, una vez superado
el “plazo mínimo” (según el momento de la vigencia del contrato) la extinción del contrato se
produce de forma automática por el mero transcurso del plazo pactado.
No obstante, de acuerdo con el art. 10 de la Lau-1994, modificado por la Ley 12/2023, se puede
prorrogar con contrato en las condiciones que había anteriormente.
El legislador se limita a regular las causas de suspensión, resolución y extinción del contrato:
− En cuanto a la habitabilidad de la vivienda, se establece la posible suspensión del contrato
por obras, ya sean acordadas por una autoridad competente, o meras obras de
conservación.
− En relación con las causas de resolución, se establece la resolución del contrato de
arrendamiento por incumplimiento por una de las partes de las obligaciones que le
competan.
− En arrendamientos de finca urbana inscritos en el Registro de la Propiedad la resolución
de pleno derecho se producirá 10 días hábiles tras el requerimiento judicial o notarial al
arrendatario en el domicilio designado al efecto en la inscripción registral.
− Se establecen como causas de extinción la pérdida de la finca y la declaración de ruina.

6. LOS RESTANTES ARRENDAMIENTOS URBANOS


Cualquier arrendamiento que no tenga por objeto la satisfacción de la necesidad permanente de
vivienda del arrendatario viene englobado legislativamente bajo el concepto de arrendamientos
para uso distinto del de vivienda.
Los arrendamientos para el uso distinto del de vivienda se rigen por la voluntad de las partes y, en
su defecto, por lo dispuesto en la LAU y, supletoriamente, por lo dispuesto en el Código Civil. Pero
hay que tener en cuenta que las normas procesales y los preceptos relativos a la fianza y a la
formalización del contrato son de naturaleza imperativa.
No obstante, parece que algunos preceptos, que remiten a otros artículos sobre el arrendamiento
de vivienda, establecidos por la LAU-1994 sin que hayan sido modificados por la Ley 4/2013, son
imperativos, por ejemplo, la Imposición al arrendador de la realización de las obras necesarias o
de conservación, la obligación para el arrendatario de soportarlas, o la facultad del arrendador de
elevar la renta dichas mejoras. También hay ciertos preceptos del Título III que sugieren un
carácter imperativo, por ejemplo, el arrendador podrá resolver de pleno derecho el contrato en los
casos de cesión o subarriendo de carácter clandestino.
Pues bien, aunque parezca que todos estos preceptos son de carácter imperativo, lo cierto es que
el preámbulo de la Ley de 1994 se pronuncia en favor del carácter supletorio del Título III en su
conjunto. Para el legislador, el Título III constituye un conjunto normativo de aplicación
supletoria.

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7. EL REGISTRO RELATIVO A LOS IMPAGOS DE RENTAS


El artículo 3 de la Ley 4/2013, aunque no diga una sola palabra al respecto en el preámbulo, ni
explicite siquiera cual sea el organismo responsable de su materialización, ni mucho menos su
ubicación, crea el “Registro de sentencias firmes de impagos de rentas de alquiler”,
estableciendo en el primer apartado que “por real decreto se regulará su organización y
funcionamiento”.
En principio, el titulo inscribible en dicho registro serán las sentencias firmes dictadas en los
procedimientos de desahucio por impagos de rentas.

8. REFERENCIA A LA POTENCIACIÓN DEL MERCADO DEL ALQUILER


El legislador contemporáneo tiene una cierta obsesión, más o menos fundada, por la potenciación
del mercado del alquiler, el tema ha preocupado a los diversos gobiernos contemporáneos y, en
particular a los presididos a comienzos del siglo XXI por Zapatero, cuyas ministras de vivienda
procuraron implementar diversos medios y mecanismos de potenciación del mercado de alquiler.
Según Lasarte, tales medidas legislativas, durante su respectivo período de vigencia, no habían
obtenido resultados claros de inversión de la tendencia, ni habían supuesto en modo alguno un
incremento notorio del mercado de alquiler que, en España, sigue alcanzando cuotas de mercado
mucho más bajas que en la mayoría de los restantes países europeos.

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TEMA 14. EL MANDATO


1. EL CONTRATO DE MANDATO
1.1 CONCEPTO
Art 1709 CC: “Por el contrato de mandato se obliga una persona (mandatario) a prestar algún
servicio o a hacer alguna cosa por cuenta o encargo de otra (mandante)”.
La distinción del contrato de mandato de otros como el de arrendamiento de obras y de servicios,
resultaba sencillo bajo el sistema romano pues el mandato era gratuito. En cambio, hoy en día el
mandato, aunque sigue siendo tendencialmente gratuito, puede ser retribuido.
De ahí que, si se pretende distinguir entre esas figuras, resulta insuficiente dicho criterio, por lo
que hay que fijarse en la naturaleza de las prestaciones a que arrendatario (en contratos de
arrendamiento de obra) o mandatario (en contratos de mandato) se obligan:
− En el arrendamiento de obra o de servicios el arrendatario se obliga a ejecutar por sí
mismo una actividad de carácter material en beneficio del arrendador.
− En el mandato, el mandatario se obliga a gestionar los intereses del mandante a través de
la realización de actos jurídicos cuyo contenido acabará recayendo en la esfera jurídica del
mandante.

1.2 CARACTERES DEL MANDATO


Sus caracteres fundamentales son:
− Es un contrato consensual.
− Con libertad de forma. Puede ser expreso o tácito y la aceptación también puede ser
expresa o tácita (deducida de las acciones del mandatario).
− Es un contrato naturalmente gratuito que, en caso de pacto puede ser retribuido.
− Es un contrato basado en la confianza que el mandante otorga al mandatario, es un
contrato intuitu personae.

2. CLASES DE MANDATO
2.1 MANDATO SIMPLE Y MANDATO REPRESENTATIVO
Mandato simple: el mandatario actúa en su propio nombre sin relevar que gestiona intereses
ajenos. No se produciría vinculación entre mandante y terceros, los cuales tendrían únicamente
acciones contra el mandatario. (art. 1717 CC)
Mandato representativo: el mandatario actúa en nombre del mandante. El mandante es parte
en los contratos que celebra el mandatario y es quien adquiere los derechos y asume las
obligaciones debiendo cumplirlas. (art. 1727 CC)

*Las figuras de mandato y poder de representación no son necesariamente coincidentes.


Puede existir mandato sin otorgamiento de representación (mandato simple) o con él (mandato
representativo). Además, el poder de representación puede no implicar mandato.

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2.2 TIPOS DE MANDATO CONFORME A LA EXTENSIÓN DE LAS FACULTADES CONFERIDAS


La gestión de los intereses o asuntos encomendados al mandatario depende de las instrucciones
del mandante, por ese motivo hay distintos tipos de mandatos:
Mandato general o especial: considerando el número de asuntos o negocios del mandante que
puede gestionar el mandatario, el mandato puede ser general o especial. Según el art. 1712:
− Mandato general comprende todos los negocios del mandante, mucho más frecuente.
− Mandato especial, sólo comprende uno o más negocios determinados, es marginal o poco
frecuente.
Mandato concebido en términos generales y mandato expreso: Según el art. 1713 CC:
− Mandato concebido en términos generales: comprende los actos de administración
(distinto de mandato general)
− Mandato expreso. Es necesario para transigir, enajenar, hipotecar o ejecutar cualquier acto
de riguroso dominio (actos de disposición), para los que no cabe admitir el mandato tácito.
Por lo dicho, tanto el mandato general (para todos los asuntos del mandante) como el mandato
especial (para uno o varios asuntos del mandante) pueden conferirse en términos generales o
autorizar al mandatario a realizar actos de enajenación y gravamen.

3. RÉGIMEN BÁSICO DEL CONTRATO DE MANDATO


3.1 OBLIGACIONES DEL MANDANTE
El mandante asume la iniciativa del contrato; establecerá las bases de desarrollo del mandato y
fijará al mandatario cuantas instrucciones y reglas considere oportunas en defensa de la gestión
fructuosa de sus asuntos. Sus obligaciones son:
1. Anticipar el dinero necesario para la ejecución del mandato, si el mandatario lo pidiese. Si
el mandatario las anticipase, le serán reembolsadas, aunque el negocio no saliera bien
siempre que esté exento de culpa.
2. Está obligado a indemnizar los daños y perjuicios ocasionados al mandatario por el
cumplimiento del mandato, salvo que haya incurrido en culpa o imprudencia.
3. Deberá pagar al mandatario la retribución procedente si así se pactó.
4. En casos de pluralidad de mandantes, cuando dos o más personas hayan nombrado
mandatario para un negocio común, quedan obligadas solidariamente frente a él.
5. Cuando se trata de un mandato con poder de representación, el mandante debe cumplir
todas las obligaciones que el mandatario haya contraído dentro de los límites del mandato;
en lo que el mandatario se haya excedido, no queda obligado el mandante.

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Laura Rodríguez

3.2 DERECHOS Y OBLIGACIONES DEL MANDATARIO EX JUN 24

A. Obligaciones.
− Debe ejecutar el mandato según las instrucciones del mandante e informarle de su gestión.
En caso de falta de instrucciones, el mandatario debe actuar como un buen padre de
familia.
− Rendir cuentas de sus operaciones al mandante y abonarle cuanto haya recibido en virtud
del mandato.
− Resarcir los daños y perjuicios que, por su gestión o por la falta de ella, haya causado al
mandante, ya sean debidos a actuación dolosa o culposa.
− Si un mandante ha nombrado más de un mandatario, se excluye la responsabilidad
solidaria si no se ha expresado.
− Cuando el mandatario obra en su propio nombre, queda obligado directamente con la
persona con quien contrató, sin perjuicio de las acciones entre mandante y mandatario.
B. Derechos y facultades.
− El mandatario podrá ejercitar el derecho de retención sobre las cosas objeto del mandato,
hasta que el mandante le rembolse lo anticipado o proceda a la indemnización de daños y
perjuicios, en caso de que se hubiesen producido por el cumplimiento del mandato.
− El mandatario cuenta con la facultad de nombrar sustituto, desligándose de su relación con
el mandante, si éste autorizó la sustitución:
• El mandatario no quedará exento de responsabilidad si nombra sustituto si el
mandante ni lo autorizó ni lo prohibió.
• Responde el mandatario en el caso de que el mandante haya prohibido la
sustitución.
• Si el mandante ha autorizado genéricamente la sustitución (sin designación de
persona), el mandatario sólo responderá de la actuación éste cuando sea
“notoriamente incapaz o insolvente”.

3.3 EXTINCIÓN DEL MANDATO


Además de las causas generales de extinción de las obligaciones (transcurso del tiempo
establecido, celebración del negocio propuesto, imposibilidad de realizarlo, etc.) La Ley 8/2021 de
apoyo a las personas con discapacidad ha interpuesto una nueva redacción al art. 1732:
“El mandato se acaba:
1. Por su revocación.
2. Por renuncia del mandatario.
3. Por muerte o por concurso del mandante o del mandatario.
4. Por el establecimiento en relación al mandatario de medidas de apoyo que incidan en el
acto en que deba intervenir en esa condición.
5. Por la constitución en favor del mandante de la curatela representativa como medida de
apoyo para el ejercicio de su capacidad jurídica, a salvo lo dispuesto en este Código
respecto de los mandatos preventivos”.

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Laura Rodríguez

1. La revocación del mandato. Como es un contrato basado en la confianza se permite la


posibilidad de la revocación unilateral por parte del mandante, produciendo efectos desde que el
mandatario la conozca.
2. La renuncia e incapacitación del mandatario. La renuncia es una facultad del mandatario, si
bien ha de ponerla en conocimiento del mandante y ha de continuar la gestión hasta que el
mandante haya podido tomar las medidas necesarias para evitar la interrupción de los asuntos
gestionados.
3. La muerte del mandante o mandatario. La reiterada confianza como base del negocio supone
que la muerte de uno de los contratantes dé lugar a su extinción. Sin embargo, lo hecho por el
mandatario, ignorando la muerte del mandante, es válido y surtirá todos sus efectos.
4. Referencia al concurso de las partes. Respecto de la situación de concurso de las partes, se
debe seguir teniendo en cuenta el nuevo tenor literal de la LAPCD (Ley personas con
discapacidad), en cuanto se elimina el término “insolvencia” en la nueva redacción al art. 1732 CC.

4. LA MEDIACIÓN O CORRETAJE
El corretaje es un contrato que tiene por objeto vincular al mediador o corredor en la realización de
los actos necesarios para la conclusión o celebración de un determinado contrato querido y, en su
caso, celebrado por quien con él contrata, a quien podemos denominar principal o cliente, o
incluso celebrado por el propio mediador en función de nuncio o intermediario.
La aproximación del corretaje al mandato resulta evidente, sin embargo, en la actualidad, se
acentúan los perfiles propios de la mediación o el corretaje:
− El mandato supone que la celebración del contrato con el tercero es llevada a cabo por el
mandatario, actuando respectivamente en nombre del mandante o, en cambio, en nombre
propio. En rigor, el corredor o mediador se limita a poner en contacto a su principal o
cliente con otra persona interesada en el acto o contrato de que se trate.
− El mediador carece de derecho de retribución alguna si no se llega a celebrar
efectivamente el contrato.
− El corredor no se obliga a la conclusión del contrato de interés para el principal, ni
garantiza su eventual perfección, pues difícilmente puede asumir como “obra propia” la
existencia de un tercero que preste su consentimiento al contrato buscado por el principal.
Dado que el corredor no se encuentra obligado en estricto sentido a garantizar la consecución del
interés práctico perseguido por su cliente o principal, la celebración del contrato en cuestión ha
sido tradicional afirmar que el corretaje tiene naturaleza unilateral. Aunque en realidad, y
atendiendo a la atipicidad del contrato y teniendo en cuenta los datos de hecho de la mayor parte
de los supuestos, probablemente lo más seguro es afirmar la bilateralidad del corretaje, pues
verdaderamente carece de sentido hablar de contrato si el corredor no se entiende vinculado
respecto de su cliente.

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Laura Rodríguez

5. LA LEY 5/2012, DE 6 DE JULIO, DE MEDIACIÓN EN ASUNTOS CIVILES Y


MERCANTILES

Conforme a dicha Ley 5/2012 se puede definir la mediación como aquel medio de solución de
controversias, cualquiera que sea su denominación, en que dos o más partes intentan
voluntariamente alcanzar por sí mismas un acuerdo con la intervención de un mediador.
Esta Ley ha extendido la aplicación de la mediación civil y mercantil al ámbito del Derecho
privado, de manera que sus disposiciones serán de aplicación general a todo tipo de conflictos
siempre que no afecten a derechos y obligaciones indisponibles por las partes.
Los caracteres de la mediación legalmente contemplada son: la voluntariedad, la igualdad e
imparcialidad del mediador, que ha de ser neutral y sobre el que pesa el deber de
confidencialidad.
El procedimiento de mediación comienza con una sesión constitutiva, de la que se levantara un
acta, firmada por las partes y el mediador, en que se harán constar el objeto del conflicto, el
programa de actuaciones, costes, lugar de celebración, la lengua del procedimiento y la duración
máxima prevista.
Terminada la mediación, de alcanzarse algún acuerdo, este tendrá carácter vinculante y las partes
podrán instar su elevación a escritura pública al objeto de configurar su acuerdo como un título
ejecutivo. Contra lo convenido en el acuerdo de mediación solo podrá ejercitarse la acción de
nulidad por las causas que invalidan los contratos.
El comienzo de la mediación suspende la prescripción o la caducidad de acciones. La suspensión
se prolongará hasta que finalice la mediación, ya sea mediante acuerdo, ya sea por cualquier otra
de las causas previstas en esta Ley.

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TEMA 15. EL PRÉSTAMO Y EL DEPÓSITO


1. LOS CONTRATOS DE PRÉSTAMO
Art. 1740 CC: el contrato de préstamo consiste en la entrega a una de las partes de alguna cosa, y
según sea su naturaleza distingue entre:
− Comodato (o préstamo de uso). Cuando entrega cosa no fungible para que la use durante
un tiempo y después la devuelva. Es esencialmente gratuito.
− Préstamo (de consumo o mutuo). Cuando entrega dinero u otra cosa fungible, con
condición de devolver otro tanto de la misma especie y calidad. Puede ser gratuito o con
pacto de pagar intereses.
Ambas formas de préstamo tienen en común que la obligación principal del prestatario es
devolver lo prestado.
Se distinguen en que, en el comodato se trasmite el uso, debiendo devolverse la misma cosa
prestada, mientras que en el caso del mutuo el prestamista trasmite la propiedad del objeto y el
prestatario debe restituir su equivalente económico.
El préstamo es un contrato real, ya que se perfecciona por la entrega de la cosa, y unilateral, al
producir sólo obligaciones para una de las partes, el prestatario, que es quien recibe de la otra
parte (prestamista) la cosa objeto de préstamo.

2. EL COMODATO O PRÉSTAMO DE USO


2.1 NOCIÓN GENERAL
Contrato en que una persona (comodante) entrega gratuitamente a otra (comodatario) una cosa
no fungible para que use de ella durante un tiempo, con la obligación de devolver la misma cosa.
La gratuidad es esencial en el comodato, ya que si interviene alguna remuneración que haya de
pagar quien adquiere el uso, sería un contrato de arrendamiento.
El comodante conserva la propiedad de la cosa y el comodatario adquiere únicamente el simple
uso de la cosa prestada durante un determinado período de tiempo.

2.2 DERECHOS Y OBLIGACIONES DEL COMODATARIO


Según dispone el art. 1741 CC, el comodante conserva la propiedad de la cosa prestada. El
comodatario adquiere el derecho de uso de ella, pero no los frutos; si interviene algún emolumento
que haya de pagar el que adquiere el uso, la convención deja de ser comodato.
Por lo tanto, si la cosa prestada es fructífera (puede pactarse el uso de los frutos), el comodatario
no adquiere la propiedad de los frutos, pero puede usarlos, al igual que la cosa matriz.
1. La obligación de restitución.
Como obligación principal, el comodatario debe devolver la cosa al concluir el uso para el
que se le prestó o una vez transcurrido el plazo pactado, en caso de urgente necesidad de
ella, el comodante podrá reclamarla antes y el comodatario debe restituirla.
Además de ello, el comodatario debe satisfacer los gastos ordinarios que sean de
necesidad para el uso y conservación de la cosa prestada y debe utilizar la cosa de
conformidad con su propia naturaleza, conservándola con la diligencia de un buen padre
de familia.

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Laura Rodríguez

2. Deterioro y pérdida de la cosa.


Los desperfectos o menoscabos generados, sin culpa del comodatario, por el uso racional
y adecuado de la cosa (que se hubieran producido también si la cosa hubiera sido usada
por el comodante) no son imputables al comodatario.
Tampoco responderá el comodatario en los casos en que el deterioro o la pérdida de
la cosa tenga lugar a consecuencia del acaecimiento del algún caso fortuito, SALVO
haya destinado la cosa a un uso distinto del que se prestó, o que haya conservado la cosa
en su poder por más tiempo del convenido, o que la cosa hubiere sido objeto de tasación
en el momento de la entrega.

2.3 LA POSICIÓN DEL COMODANTE


El carácter unilateral del comodato sólo genera obligaciones para el comodatario. Sobre el
comodante no pesa prácticamente obligación alguna que genere facultades en el comodatario.
Está obligado al abono de los gastos extraordinarios de conservación, frente a la obligación del
comodatario de atender o sufragar los gastos ordinarios y siempre que el comodatario lo ponga en
su conocimiento antes de hacerlos, salvo cuando fueren tan urgentes que no pueda esperarse el
resultado del aviso sin peligro.
El comodante que, conociendo los vicios de la cosa prestada, no los hubiere hecho saber al
comodatario, responderá a éste de los daños que por aquella causa hubiese sufrido.

2.4 LA DURACIÓN DEL CONTRATO


Normalmente, es el comodante el que fija el plazo por el tiempo que presta la cosa, siendo
frecuente que se haga sin fijar plazo alguno de duración, por amistad o confianza.
El CC establece algunas reglas de aplicación supletoria cuyo fundamento es la protección del
interés del comodante en recuperar la cosa cuando le convenga o le resulte necesaria.
El art. 1750 CC establece que en caso de que no se pactara ni duración ni el destino del uso de la
cosa prestada y tampoco se dedujera de la costumbre, el comodante puede reclamarla a su
voluntad, a la vez que dispone que, en caso de duda, incumbe la prueba al comodatario.
La expresión “uso a que había de destinarse la cosa” debe ser entendida en términos temporales.
Por ejemplo, el dueño de un cuadro lo presta a quien lo pintó para una exposición, debe
entenderse que la reclamación por el este no debe realizarse hasta esta sea clausurada.

2.5 CAUSAS DE EXTINCIÓN


El contrato de comodato puede extinguirse por cualquiera de las siguientes causas:
1. Por la pérdida de la cosa (independientemente quien sea responsable de dicha pérdida).
2. Que el comodante reclame la restitución, si no hay plazo fijado de duración o si lo hay y el
comodante tiene necesidad urgente de la cosa.
3. Por transcurso del plazo determinado, sea directamente, o través del uso para el que se
presta.
El art. 1742 CC establece que las obligaciones y derechos que nacen del comodato pasan a los
herederos de ambos contrayentes (mejor, contratantes). La muerte o declaración de
fallecimiento de cualquiera de las partes no extingue el contrato, EXCEPTO en el caso de
que el préstamo se haya hecho en contemplación a la persona del comodatario, en cuyo caso los
herederos de este no tienen derecho a continuar en el uso de la cosa prestada.

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Laura Rodríguez

3. EL MUTUO O SIMPLE PRÉSTAMO


3.1 CONCEPTO Y CARACTERÍSTICAS
Se denomina mutuo o préstamo al contrato por el que una persona (prestamista o mutuante)
entrega a otra (prestatario o mutuatario) dinero u otra cosa fungible, para que se sirva de ella
y devuelva después otro tanto de la misma especie y calidad.
El contrato de mutuo puede ser gratuito o retribuido, esto es, con pacto de pagar interés, que
normalmente será proporcional a su duración, y limitado por la ley de usura.
Aunque para el CC el contrato de préstamo es tendencialmente gratuito, pues, según el art. 1755
CC dice que no se deberán intereses sino cuando expresamente se hubiesen pactado.
Precisamente lo contrario ocurre en la práctica comercial, en la que el carácter profesional de los
prestamistas (entidades financieras) induciría a pensar que el préstamo es retribuido por
naturaleza, salvo pacto en contrario. El carácter retribuido del mutuo parece requerir pacto
expreso o pacto escrito, requisitos que no son interpretados rigurosamente por la jurisprudencia,
que admite acreditación y prueba de la existencia de pacto de intereses por otros medios.

3.2 REGLAS PARTICULARES SOBRE CAPACIDAD


Basta con que ambos tengan la capacidad para contratar.
El menor emancipado no puede tomar dinero prestado sin el consentimiento del tutor.
Asimismo, el tutor tiene prohibido tomar dinero prestado del patrimonio del menor.

3.3 LA OBLIGACIÓN DE RESTITUCIÓN


En el mutuo, a diferencia del comodato, se transfiere la propiedad de la cosa prestada al
mutuatario, estando este obligado únicamente a devolver el género:
− En el préstamo de dinero se tiene en cuenta el valor nominal pues la devolución ha de
hacerse en la moneda de curso legal.
− En el préstamo de cosas fungibles se atiende a la materia pues el deudor debe una
cantidad igual a la recibida.

3.4 EL PRÉSTAMO CON INTERÉS: REGLAS ESPECIALES


El CC considera que no se deberán intereses sino cuando EXPRESAMENTE se hubiesen
pactado. Pero el prestatario que haya pagado intereses sin estar estipulados no puede
reclamarlos (no puede repetir) ni siquiera imputarlos al capital.
Si hay un convenio tácito y el prestatario no pagase los intereses, el acreedor no tiene cauce
alguno para reclamarlos a no ser que pueda probar por cualquier medio válido la existencia del
pacto.
La Ley de Usura de 1908 (Ley Azcárate) decreta la nulidad de los préstamos en que se haya
pactado un interés notablemente superior al normal del dinero y manifiestamente
desproporcionados, o que resulten leoninos, y cualquier contrato en que se suponga recibida una
cantidad superior a la entregada. Declarada la nulidad del contrato por usurario, el prestatario sólo
estará obligado a entregar la suma efectivamente recibida.

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Laura Rodríguez

3.5 LA DURACIÓN DEL CONTRATO


El Código no contiene regla alguna de carácter específico respecto de la duración del mutuo o
préstamo. Por lo que habrá de aplicarse las normas establecidas para las obligaciones a plazo.
En el caso de no haberse fijado plazo, se atenderá a los dispuesto en el art. 1128 CC. Existiendo
plazo o término contractual, si el prestatario incurre en algún supuesto del art. 1129 CC, perderá el
derecho a utilizar el plazo establecido.
Se considera que, en el caso de préstamo con interés, el prestatario no puede obligar al
prestamista a recibir la restitución antes del transcurso del plazo.

4. LOS CONTRATOS DE CRÉDITO AL CONSUMO: LEY 16/2011


Resulta conveniente referirse a los contratos que, a nivel de actos normativos propios de la Unión
Europea, se ha dado en denominar contratos de crédito de consumo y que han sido objeto de
regulación en España por parte de la Ley 16/2011.
Las nuevas modalidades de marketing y comercialización han traído consigo formulas y técnicas
financieras sumamente elaboradas y de difícil comprensión para el común de los mortales, por lo
que, a su vez, la legislación ha debido ir elaborando marcos protectores de los consumidores cada
vez más sofisticados, hasta el extremo de que a veces el exceso normativo constituye casi una
rémora que incluso provoca la sorpresa del consumidor.
Lo cierto es que determinados tipos de préstamo pueden quedar sometidos a la regulación propia
del crédito al consumo, como se deduce del art. 1.1 de la Ley 6/2011: “1. Por el contrato de crédito
al consumo un prestamista concede o se compromete a conceder a un consumidor un crédito bajo
la forma de pago aplazado, préstamo, apertura de crédito o cualquier medio equivalente de
financiación”.

5. LOS CONTRATOS DE CRÉDITO INMOBILIARIO: LEY 5/2019


Esta Ley tiene como objeto la trasposición de la Directiva 2014/17/UE, que ponía de manifiesto
una serie de problemas del mercado hipotecario de la UE en relación con la irresponsabilidad en
la concesión y contratación de préstamos. Se establece un régimen de protección a las personas
que tengan la condición de prestatarios, garantes o titulares de garantías en préstamos o créditos
garantizados mediante hipoteca.
La Ley 5/2019 aplica cuando el contrato tenga por objeto:
− La concesión de préstamos con garantía hipotecaria u otro derecho real de garantía sobre
un inmueble de uso residencial.
− La concesión de préstamos con finalidad de adquirir o conservar derechos de propiedad
sobre terrenos o inmuebles construidos o por construir cuando el prestatario, el fiador o
garante sea un consumidor.
Se entiende que la actividad de concesión de préstamos se desarrolla de forma profesional si el
prestamista (persona física o jurídica) interviene en el mercado de servicios financieros con
carácter profesional o con finalidad exclusivamente inversora.

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6. INTRODUCCIÓN: CLASES DE DEPÓSITO


El Código Civil regula la figura genérica del depósito y muy diversas modalidades del mismo.
Puede constituirse: Depósito extrajudicial (o propio) y depósito judicial (o secuestro).
A su vez, tienen distintas variantes del depósito extrajudicial:
− Depósito voluntario.
− Depósito necesario o miserable.
− Secuestro convencional según el Proyecto de 1851, que actualmente se regula en sede
del depósito voluntario.
La diversidad de variantes explica que el CC no establezca “definición legal” del depósito y
tampoco el carácter contractual del depósito. El art 1758 CC expone la finalidad básica de la figura
del depósito, la obligación de guarda o custodia y restitución.

7. EL DEPÓSITO VOLUNTARIO
7.1 CONCEPTO Y PRESUPUESTOS
El Código Civil se limita a destacar su carácter convencional: "depósito voluntario es aquel en que
se hace la entrega por la voluntad del depositante" (artículo 1763).
Notas características:
− La finalidad principal y autónoma del contrato es la obligación de guardia y custodia. La
obligación de custodia que pesa sobre el depositario se caracteriza por su provisionalidad,
de tal manera que el bien depositado debe ser objeto de restitución cuando le sea pedido o
reclamado por el depositante. A su vez, el depositario no podrá usar la cosa depositada
sin permiso expreso del depositante.
− El objeto de la obligación de custodia debe ser siempre una cosa ajena, en el sentido de
que no pertenece al depositario. No obstante, algunos autores admiten la posibilidad de
depósito de una cosa propia pero que no se encuentra a disposición del depositario,
incluso habría que admitir el supuesto de depósito judicial en el que el depositario es el
propietario cuya titularidad es objeto de litigio.
− El objeto del depósito ha de recaer sobre un bien mueble corporal. Respecto de los
inmuebles, su admisión o no como objeto de depósito ha sido una cuestión largamente
discutida en la doctrina, optándose en el momento codificador por la negativa.
No obstante, el llamado depósito judicial puede recaer sobre los bienes inmuebles.
De todo esto se puede deducir que el depósito es un contrato en virtud del cual una persona,
depositante o deponente, entrega una cosa mueble a otra, depositario, para que ésta la guarde y
se la restituya cuando aquélla se la reclame.

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7.2 CARACTERÍSTICAS DEL CONTRATO


A. Gratuidad y unilateralidad del contrato. Salvo pacto en contrario "el depósito es un contrato
gratuito" (artículo 1760) y, por ende, unilateral, salvo que se pacte una retribución, con lo cual la
relación jurídica devendrá bilateral. Tradicionalmente la retribución en el depósito suponía la
calificación del contrato como arrendamiento de servicios, préstamo o contrato innominado.
B. El carácter real. Del tenor literal de los artículos 1758 ("se constituye depósito desde que uno
recibe la cosa...") y 1763 ("depósito voluntario es aquel en que se hace la entrega...") parece exigir
necesariamente la entrega de la cosa para el nacimiento del contrato de depósito.
La doctrina contemporánea suele poner de relieve el posible carácter consensual del contrato, al
destacar que, si bien lo ordinario es la coincidencia temporal entre el nacimiento del contrato y la
entrega del bien al depositario, ello no debe suponer que se niegue validez a un contrato
concluido obligatoriamente por la voluntad de las partes, antes e independientemente de la
entrega.

8. LOS SUJETOS DEL CONTRATO


8.1 LA CAPACIDAD DE LAS PARTES CONTRATANTES
Se entiende suficiente la capacidad general para contratar no siendo necesario que el depositante
sea propietario del bien depositado.
− En caso de falta de capacidad del depositante en el momento de celebrar el contrato, el art
1764 dispone que la otra parte queda sujeta a todas las obligaciones del depositario y
puede ser obligada a la devolución por el tutor curador o administrador de la persona que
hizo el depósito o per ella misma si llega a tener capacidad. Si la falta de capacidad es
sobrevenida el contrato es válido y eficaz. La devolución deberá realizarse a quién
administre los bienes del incapaz.
− En caso de falta de capacidad del depositario el contrato sería anulable y el depositante
puede optar por ejercer la acción de restitución.
La incapacidad sobrevenida en el depositario no está regulada en el CC, lo que no impide
la exigencia de la diligencia debida en la conservación de la cosa a los representantes
legales del depositario y la restitución anticipada solicitada por el depositante.

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8.2 PLURALIDAD DE LOS SUJETOS


El CC contempla expresamente el supuesto de pluralidad de deponentes (depositantes), mientras
que no regula el caso en que sean varios los depositarios.
1. Constitución conjunta del depósito (pluralidad de depositantes). Según el art. 1772 cuando
hay pluralidad de depositantes dispone que:
− Si no fueren solidarios y la cosa admitiere división, cada uno de ellos podrá pedir
solo su parte. Se da una equiparación entre mancomunidad y divisibilidad.
− Cuando haya solidaridad, o la cosa no admita división, regirá lo dispuesto en los
arts. 1141 y 1142 CC. Se da la equiparación entre indivisibilidad y solidaridad, y la
aplicación de las normas de la solidaridad en los supuestos de indivisión, de tal
manera que no son posibles los supuestos de depósito indivisible mancomunado.
De cualquier modo, hay que tener en cuenta lo pactado expresamente y los usos
negociales. A esto se le llama depósito indistinto.
2. Pluralidad de depositarios. No dice nada el CC, por lo que se aplican las reglas generales
en materia de obligaciones, debiendo tener en cuenta si existen usos negociales y la
voluntad de las partes.

9. CONTENIDO Y EXTINCIÓN DEL CONTRATO DE DEPÓSITO


El carácter tendencialmente unilateral del depósito implica que las obligaciones del depositario son
mucho más trascendentales que las eventuales obligaciones del depositante.

9.1 OBLIGACIONES DEL DEPOSITARIO


A. Obligación de guardia y custodia.
La principal obligación que caracteriza a este contrato es la obligación de guarda y custodia. La
responsabilidad exigida en el ejercicio de dicha obligación de guarda es la diligencia exigida con
carácter general en sede de obligaciones. No obstante, dicha responsabilidad experimenta una
agravación cuando la cosa depositada se entrega cerrada y sellada, de tal forma que se presume
la culpa del depositario cuando se restituyera con el sello o cerradura abiertos o forzados.
Igualmente se encontrará agravada (o disminuida) la responsabilidad si existe pacto expreso en
tal sentido.
Si bien no existe un deber de administración, el depositario sí debe recoger y custodiar los frutos,
productos y accesiones, pues deberán ser objeto de restitución con la cosa principal depositada.
En cualquier caso, salvo permiso expreso que debe probarse, el depositario no puede servirse de
la cosa depositada ni de los productos, frutos o accesiones, respondiendo en caso contrario de los
daños y perjuicios.
B. La obligación de restitución.
La cosa depositada debe ser restituida al depositante, o a sus causahabientes, o a la persona que
hubiere sido designada en el contrato con todos sus frutos, productos y accesiones.
C. Momento temporal de la restitución.
La restitución debe producirse cuando el deponente la reclame, sin necesidad de justa causa y
con independencia de plazo contractual alguno.

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D. El lugar de la restitución.
El que se designe al hacer el contrato, si no se ha designado donde se halle la cosa, aunque sea
lugar distinto a donde se depositó. Los gastos de transporte corren a cargo del depositante, salvo
mala fe del depositario.
E. Pérdida de la cosa y subrogación real.
Se presume la culpa del depositario, pues la cosa se haya en su poder. Si se pierde por fuerza
mayor, y el depositario recibe como reparación otra en su lugar, está obligado a entregar ésta al
depositante. Si la reparación obtenida por el depositario consiste en su valor, igualmente tiene que
entregar la indemnización conseguida.

9.2 OBLIGACIONES A CARGO DEL DEPOSITANTE


El depósito es naturalmente gratuito. La retribución en todo caso será libremente acordada por
las partes en su cuantía y periodicidad.
En el Código Civil únicamente asume relevancia normativa la obligación del depositante de hacer
frente al pago o reembolso de los gastos realizados por el depositario y, en su caso, de
indemnizarle de todos los perjuicios sufridos.
Según el sentir doctrinal más generalizado, los gastos reembolsables son simplemente los gastos
de conservación y no los gastos útiles o mejoras que pueda haber afrontado el depositario.
El artículo 1780 dispone que "el depositario puede retener en prenda la cosa depositada hasta el
completo pago de lo que se le deba por razón del depósito". Se trata de un supuesto de derecho
de retención.

10. EXTINCIÓN DEL CONTRATO DE DEPÓSITO


El modo ordinario de extinción es la entrega o restitución de la cosa depositada. Conforme al 1200
no son susceptibles de extinción por compensación las deudas provenientes del depósito
o de las obligaciones del depositario.

11. EL DEPÓSITO IRREGULAR


Tradicionalmente se ha calificado de depósito irregular el contrato cuyo objeto consiste en
una determinada cantidad de cosas fungibles (principalmente dinero) que pueden ser no
sólo utilizadas, sino incluso consumidas, por el depositario.
Dado que la fungibilidad del objeto dado en depósito admite y posibilita la adquisición de la
propiedad de la cosa dada en depósito por el depositario, éste no podrá quedar vinculado a
devolver la misma cosa, sino que la obligación de restitución se ha de considerar convertida en la
obligación de entregar al depositante una misma cantidad de cosas fungibles, su equivalente
exacto, llamado comúnmente tantundem.
Ello no supone que todo depósito dinerario deba ser calificado como depósito irregular,
sino sólo aquél cuyo objeto pierde su individualidad. Por lo que no sería depósito irregular el
caso que se entregue una cantidad de dinero en un sobre o cofre cerrado, etc.
Doctrinalmente se propugna que, para proceder a la calificación de depósito irregular, debe
atenerse básicamente a la verdadera intención de las partes, ya que en muchos casos al realizar
un depósito de dinero el depositante persigue la disponibilidad del dinero en cualquier momento,
sin pretender conceder un préstamo. En contra, se puede argumentar que la finalidad principal del
contrato de depósito desaparece, pues la cosa fungible ingresa en el patrimonio del depositario sin
posibilidad de distinguirla.
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12. EL DEPÓSITO NECESARIO


12.1 LOS SUPUESTOS CLÁSICOS DE DEPÓSITO NECESARIO
El depósito necesario es una modalidad de depósito caracterizada por la existencia de una
obligación de custodia a causa de una situación de hecho sobrevenida, nacida con independencia
de la voluntad de las partes.
Distinguimos 3:
1. Cuando el depósito se hace cumpliendo una obligación legal. Se rige por las disposiciones
de la ley que lo establezca y, en su defecto, por las del depósito voluntario.
2. Depósito miserable: con ocasión de alguna calamidad, incendio, ruina, saqueo, naufragio u
otros similares. Se rige por las normas del depósito voluntario.
3. El que tiene lugar con respecto de los objetos introducidos por los viajeros en fondas y
mesones.
La responsabilidad del hotelero cesa si se trata de efectos introducidos por quien no fuera
un viajero, en caso de alojamiento de viajeros estable, si mediara culpa o negligencia del
viajero, o en caso de supuestos de robo a mano armada o fuerza mayor, entre otras.
Existe un verdadero depósito cuando se entregan objetos para ser guardados en la caja
del hotel.

12.2 EL CONTRATO DE INGRESO EN CENTROS ASISTENCIALES


Resultaría muy aconsejable tipificar el contrato de ingreso en un centro asistencial de mayores,
así como establecer legalmente un régimen mínimo de derechos y deberes dimanantes de dicho
contrato, común para todo el territorio español, pues si bien tal régimen normativo resulta hoy
deducible de muchas disposiciones legales de carácter autonómico, carece de sistematización.

13. EL SECUESTRO CONVENCIONAL Y JUDICIAL


El denominado secuestro no tiene por finalidad en sí misma considerada la custodia o guarda de
la cosa depositada, sino que dicha guarda es sencillamente un medio para evitar la sustracción o
distracción del objeto custodiado en tanto no se resuelva la litis existente; por ello la restitución no
se realiza al deponente sino al vencedor del litigio.
De este modo, a diferencia del contrato de depósito verdadero y propio, el secuestro puede
recaer tanto sobre bienes muebles como inmuebles (art. 1786 CC). En caso de bienes
inmuebles no es posible la sustracción, se trataría más de una forma de aseguramiento o
administración.

13.1 EL SECUESTRO CONVENCIONAL


El secuestro convencional se contempla en sede de depósito voluntario (art. 1763 CC: “También
puede realizarse el depósito por dos o más personas, que se crean con derecho a la cosa
depositada, en un tercero, que hará la entrega en su caso a la que corresponda”).

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13.2 EL DEPÓSITO JUDICIAL


Según el artículo 1785 tiene lugar cuando se decreta el embargo de bienes litigiosos. Se exige al
depositario la responsabilidad propia de un buen padre de familia, no quedando libre del encargo
"hasta que finalice la controversia que lo motivó, a no ser que el Juez lo ordenare por consentir en
ello todos los interesados o por otra causa legítima" (art. 1787 CC).
La restitución no ha de hacerse necesariamente al deponente: el depositario judicial estará
obligado a conservar los bienes con la debida diligencia a disposición del Juzgado, a exhibirlos en
las condiciones que el Juzgado le indique y a entregarlos a la persona que el tribunal designe.

14. EL CONTRATO DE APARCAMIENTO DE VEHÍCULOS


Tradicionalmente, el contrato de garaje era considerado como uno de los supuestos
antonomásticos de contrato atípico, pues no se encontraba sometido a regulación legal concreta,
hasta la promulgación de la Ley 40/2002 reguladora del contrato de aparcamiento de vehículos.
Esta Ley pretende regular los contratos de parking o aparcamiento, caracterizados por ser de
breve duración, realizarse en aparcamientos abiertos al público y por un precio determinado en
función del tiempo de estacionamiento.
El debate tradicional durante el largo de atipicidad legislativa de tales figuras contractuales
consistió fundamentalmente en determinar si el aparcamiento de vehículos debería acercarse a la
figura del arrendamiento, o a la del depósito.
No obstante, antes y ahora, el contrato de garaje presenta un mayor acercamiento al
depósito. En tal sentido, la propia Ley 40/2002 subraya que el estacionamiento de vehículos se
entiende realizado "con los deberes de vigilancia y custodia durante el tiempo de ocupación".

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TEMA 16. LOS CONTRATOS ALEATORIOS


*Los contratos aleatorios son aquellos contratos en los que la ejecución de alguna de las
prestaciones, o su concreta cuantía depende de un acontecimiento incierto.

1. EL CONTRATO DE RENTA VITALICIA


1.1 INTRODUCCIÓN
Establecido en el art. 1802 CC: El contrato aleatorio de renta vitalicia obliga al deudor a pagar una
pensión o rédito anual durante la vida de una o más personas determinadas por un capital de
bienes muebles o inmuebles, cuyo dominio se le transfiere desde luego con la carga de la
pensión.
La finalidad económica de esta figura reside en proporcionar al perceptor un ingreso fijo periódico
a los efectos de subsistencia, aunque también puede perseguir favorecer a una determinada
persona.

1.2 EL ALEA EN LA RENTA VITALICIA


Este elemento aleatorio reside en la incertidumbre de la duración de la vida que se contempla, y,
por lo tanto, la imposibilidad de conocer a priori si existirá o no una equivalencia entre el capital
que se entrega y la renta que se percibe periódicamente, concurriendo de este modo el riesgo
ganancia-pérdida.
Se excluye la posibilidad de referirla a personas jurídicas, pues la permanencia de las
mismas daría lugar a rentas perpetuas.
En cualquier caso, lo que sí debe existir en el momento de constitución del contrato es la
denominada “equivalencia del riesgo” es decir, que ambas partes tengan igual posibilidad de
pérdidas y ganancias. A tal efecto, y según el artículo 1.804: "Es nula la renta constituida sobre la
vida de una persona muerta a la fecha del otorgamiento o que en el mismo tiempo se halle
padeciendo una enfermedad que llegue a causar su muerte dentro de los 20 días siguientes a
dicha fecha".

1.3 SUJETOS
Deben concurrir al menos dos sujetos en cuanto partes del contrato de renta vitalicia. No obstante,
el artículo 1803 admite la concurrencia de hasta cuatro sujetos: además de los constituyentes, un
tercero cuya vida se considera como alea y el perceptor de la renta o beneficiario, que puede ser
uno de los constituyentes, el tercero cuya vida se estima o un cuarto sujeto independiente de los
anteriores.
Si el beneficiario no es parte contractual, es necesaria su aceptación.
Cuando la renta se establece conjuntamente en favor de varias personas y una de ellas fallece,
surge el problema de la procedencia del acrecimiento, que no será posible, en ausencia de pacto
expreso, más que cuando además de designación conjunta de los beneficiarios, exista una
atribución de renta conjunta. Si se estableció una renta individualizada, la renta pasará a sus
herederos.
Cuando la renta se establece sucesivamente, cada acreedor percibirá la renta en el orden
establecido.

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1.4 CONTENIDO DEL CONTRATO DE RENTA VITALICIA


A. La entrega del capital.
El capital, puede consistir en bienes muebles o inmuebles, materiales o inmateriales, cuyo dominio
se transmite al deudor de la pensión sin que esta última suponga derecho real, carga o afección
sobre aquellos en favor del rentista, sino simplemente el nacimiento de una relación obligatoria en
cuya virtud el deudor queda vinculado a satisfacer dicha renta o pensión.
El constituyente/acreedor de la renta vitalicia que efectúa la entrega de los bienes en concepto de
capital está obligado a efectuar dicha entrega y a responder por evicción y saneamiento al deudor
de la renta.
B. El derecho a la pensión o renta.
− La pensión o renta. El artículo 1802 habla de "pagar una pensión o rédito" sin establecer
que deba consistir necesariamente en una suma dineraria, pudiendo ser la entrega de
cualquier otro tipo de bienes muebles, o bien parte en dinero y parte en cosa mueble o
inmueble. En cualquier caso, es imprescindible que sea fija y determinada admitiéndose
el juego de las cláusulas de estabilización.
− La periodicidad de la renta. No es necesario que el pago se efectúe anualmente, pudiendo
las partes estipular periodos distintos para la satisfacción de la renta, incluso, cabe la
posibilidad de satisfacer la renta por plazos anticipados.
− Satisfacción de la renta. Establece el artículo 1806 que la renta correspondiente al año en
que muere el que la disfruta, se pagará en proporción a los días en que hubiese vivido; si
debía satisfacerse por plazos anticipados, se pagará el importe total del plazo que durante
su vida hubiese empezado a correr.
− Incumplimiento y aseguramiento del pago de la renta. El artículo 1805 establece que la
falta de pago de las pensiones vencidas no autoriza al perceptor de la renta vitalicia a
exigir el reembolso del capital ni a volver a entrar en la posesión del predio enajenado; sólo
tendrá derecho a reclamar judicialmente el pago de las rentas atrasadas y el
aseguramiento de las futuras.
No obstante, la prohibición del artículo 1805, la doctrina y jurisprudencia, admiten el pacto
resolutorio por impago de pensiones, inscribible en el Registro de la Propiedad, siendo susceptible
de moderación judicial.

1.5 NULIDAD DE CONTRATO DE RENTA VITALICIA


Se contempla el caso de nulidad en el caso de muerte o enfermedad causante de muerte. No
obstante, si la desaparición de la vida ha sido provocada por el propio deudor de la renta mediante
la comisión de un hecho punible, se deberá indemnizar los perjuicios causados a la familia o a un
tercero según el Código Penal.

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1.6 LA RENTA VITALICIA A TÍTULO GRATUITO


El artículo 1807 dispone que "el que constituye a título gratuito una renta sobre sus bienes puede
disponer, al tiempo del otorgamiento, que no estará sujeta al embargo por obligaciones del
pensionista".
Los contratos aleatorios se caracterizan por la reciprocidad y la equivalencia del riesgo ganancia-
pérdida, circunstancia que no concurre en la “renta a título gratuito” al no mediar la entrega de un
capital a cambio de una renta durante la vida de una persona determinada. Se trata, por tanto, de
una auténtica donación.
El principal efecto de esta modalidad de donación radica en la posibilidad de que el constituyente
de la renta establezca una prohibición de embargo y que requerirá, además, que conste
expresamente en el momento de otorgamiento de contraprestación.

2. EL CONTRATO DE ALIMENTOS O VITALICIO SUPUESTO 2024

Es una nueva modalidad de contrato que se ha venido imponiendo en la práctica debido al hecho
del continuo envejecimiento de la población.
Se regula en el Capítulo II del Título XII del Libro IV del CC bajo la rúbrica "Del contrato de
alimentos".

2.1 EL NACIMIENTO DEL VITALICIO


Según el Tribunal Supremo, "el vitalicio no es una modalidad de la renta vitalicia, sino un contrato
autónomo, innominado y atípico" cuyo contenido consiste en la prestación de alimentos a
cambio de la entrega de unos bienes, durante la vida del acreedor de dichos alimentos, o
de tercera o terceras personas.
Tampoco puede confundirse el vitalicio con la obligación legal de prestar alimentos entre
parientes.
Se trata de una obligación mixta de dar y de hacer. Es válida la cláusula que establece la
posibilidad de rescatar los bienes entregados, así como cualquier otro pacto, cláusula o
estipulación que no sea contraria al interés de terceros ni al orden público.

2.2 LA LEY 41/2003: CARACTERIZACIÓN LEGAL DEL CONTRATO DE ALIMENTOS


La Ley 41/2003 de protección patrimonial de las personas con discapacidad regula el contrato de
alimentos -o vitalicio-, en los siguientes aspectos:
1. Modifica la normativa: introduce dentro del título XII del libro IV del CC una regulación de
los alimentos convencionales.
2. Tiene carácter autónomo y su continuidad respecto del vitalicio: amplía las posibilidades
que actualmente ofrece el contrato de renta vitalicia para atender a las necesidades
económicas de las personas con discapacidad o dependencia, y permite a las partes
cuantificar la obligación del alimentante en función de las necesidades del alimentista.
3. Regula el caso en que sean los padres de una persona con discapacidad quienes
transmitan al alimentante el capital en bienes muebles o inmuebles en beneficio de su hijo
con discapacidad, a través de una estipulación a favor de tercero del art 1257 CC.

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2.3 CONTENIDO BÁSICO DEL CONTRATO DE ALIMENTOS


Se trata de una prestación asistencial compleja -vivienda, manutención y asistencia- que conviene
mantener distante de los alimentos entre parientes u obligación legal de alimentos:
− El alcance de la prestación depende fundamentalmente del acuerdo de las partes -art 1793
CC-, respetando los límites del art 1255 CC.
− Art 1794 CC: "la obligación de dar alimentos no cesará por las causas a que se refiere el
art 152, salvo la prevista en su apartado primero -muerte del alimentista-". El cumplimiento
de las obligaciones puede garantizarse con una condición resolutoria expresa o el derecho
de hipoteca en el caso de que los bienes sean registrables -art 1797 CC-.
− En el supuesto de muerte del alimentante o de que concurra cualquier circunstancia grave
que impida la pacífica convivencia de las partes, cualquiera de ellas podrá pedir que la
prestación de alimentos convenida se pague mediante la pensión actualizable a satisfacer
por plazos anticipados que para esos eventos hubiere sido prevista en el contrato o, de no
haber sido prevista, mediante la que se fije judicialmente.

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TEMA 17. EL CONVENIO ARBITRAL


1. INTRODUCCIÓN
La institución del arbitraje, como mecanismo de resolución de litigios o conflictos que los
interesados en ellos, de común acuerdo, excluyen del conocimiento de los Jueces y Tribunales de
Justicia por razones básicamente de operatividad y rapidez en la decisión.

1.1 REGULACIÓN NORMATIVA


La regulación del arbitraje se ha llevado a efecto en nuestro país, además de la referencia inicial
del propio Código Civil, en los artículos 1820 y 1821 de su redacción originaria (hoy sin contenido),
por tres leyes especiales:
1. La Ley de Arbitrajes de Derecho Privado, de 22 de diciembre de 1953.
2. La Ley 36/1988, de 5 de diciembre, de Arbitraje (BOE de 7 de diciembre).
3. La Ley 60/2003, de 23 de diciembre, de Arbitraje (BOE de 26 de diciembre; con entrada en
vigor el 26 de marzo de 2004).
La Ley 60/2003, sin ser derogada como sus preceptivas, ha sido modificada en ciertos aspectos
de importancia por diversas leyes.

1.2 EL CARÁCTER CONTRACTUAL DEL ARBITRAJE


En todo arbitraje subyace un acuerdo de naturaleza contractual entre las partes interesadas en la
resolución de un conflicto y por lo tanto ha sido siempre tratado como un subtipo de figura
contractual. La mayoría de procesalistas rechaza esta naturaleza contractual y lo sitúa como una
institución de derecho público.
La línea jurisprudencial del TS, ratificada por el TC considera que el arbitraje ha de derivar
necesariamente de “un sometimiento enteramente libre y voluntario consentido por las partes del
contrato, incompatible con cualquier condicionamiento de índole legal o ajeno a la voluntad de
alguno de los contratantes”.

1.3 LA IMPORTANCIA DEL ARBITRAJE


Resaltar la importancia del arbitraje como mecanismo de resolución de conflictos jurídicos en la
sociedad actual, en la que los litigios patrimoniales de gran trascendencia económica y, sobre
todo, los conflictos provocados por el comercio internacional suelen ser sometidos a arbitraje con
notoria preferencia frente al posible conocimiento de ellos por los Tribunales de Justicia.
Pudiera pensarse que, con ello, se trata de burlar los mecanismos de justicia estatal o
resquebrajar la autoridad debida de los Tribunales de Justicia (nacionales o internacionales), más
en realidad el planteamiento es exactamente el contrario.

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2. EL CONVENIO ARBITRAL
2.1 CONCEPTO
El convenio arbitral constituye un acuerdo de voluntades de naturaleza contractual cuyo objeto
radica en someter cuestiones litigiosas a la decisión de uno o varios árbitros. Dicho acuerdo de
voluntades puede adoptar la forma de cláusula incorporada al contrato o de acuerdo
independiente y deberá expresar la voluntad de las partes de someter a arbitraje todas o algunas
de las controversias que haya o pudieran surgir.

2.2 TIPO DE ARBITRAJE


El arbitraje puede ser a elección de las partes de Derecho o en equidad.
− De derecho. Debe ser resuelto y fundamentado atendiendo al conjunto de normas jurídicas
aplicables al caso.
− En equidad. El árbitro resuelve según su saber y entender, atendiendo a la justicia material
del caso sin necesidad de fundamentar su decisión en norma jurídica alguna.
Ahora por principio todo arbitraje debe considerarse de derecho. Los árbitros solo decidirán en
equidad si las partes les han autorizado expresamente a ello.

2.3 FORMA DE CELEBRACIÓN


Aunque en leyes anteriores se exigía escritura pública hoy hay libertad de forma. Por lo tanto,
vigente actualmente el principio de libertad formal en el convenio arbitral, este podrá adoptar la
forma de cláusula incorporada a un contrato, o en un acuerdo independiente, mencionándose
varios soportes y medios de telecomunicación: intercambio de cartas, telegramas, fax, u otros.

2.4 CONTENIDO
El contenido mínimo del convenio arbitral viene reflejado en el Art. 9.1 Ley 60/2003 y se limita a
los siguientes extremos.
− Voluntad de las partes de someterse a arbitraje.
− Determinación de la relación jurídica de la que, en su caso, resulten las controversias o
cuestiones litigiosas a resolver.
Aunque las partes no hayan designado ni los árbitros ni las reglas, la ley establece un marco
general para completar estos extremos.

3. OBJETO DEL ARBITRAJE


3.1 LA RESOLUCIÓN DE CONTROVERSIAS O CUESTIONES LITIGIOSAS
El objeto propio del arbitraje consiste en el sometimiento a la decisión de los árbitros de las
controversias o cuestiones litigiosas, surgidas o que puedan surgir, sobre materias de libre
disposición conforme a Derecho.
Resulta, por tanto, indiferente que la controversia existente sea presente o futura, pues el
convenio arbitral desarrolla la misma eficacia si se previó antes o después de haber nacido la
controversia entre las partes.

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Laura Rodríguez

3.2 ÁMBITO MATERIAL DEL ARBITRAJE


Tradicionalmente, se ha considerado que el arbitraje quedaba circunscrito a la resolución de
litigios encuadrables en el Derecho privado, por entender que sólo en las cuestiones susceptibles
de ser reguladas por la autonomía privada podía hacerse dejación del principio de tutela judicial
efectiva. Pero la Ley 60/2003 identifica como materias susceptibles de arbitraje todos aquellos
sobres las que las partes tengan libre disposición conforme a Derecho.
Las personas interesadas (naturales o jurídicas) pueden someter las cuestiones litigiosas a
arbitraje siempre y cuando tengan reconocida capacidad suficiente y los litigios versen sobre
materias disponibles para la autonomía privada. Por lo tanto, el ámbito material del arbitraje puede
seguir siendo identificado con el Derecho privado, pero también se aplica en ciertos aspectos
regulados por disposiciones de Derecho público.
La Ley 11/2011 tiene por objeto también regular el arbitraje institucional en la Administración
General del Estado, y establece que las controversias jurídicas en la Administración General del
Estado y sus organismos públicos deben solventarse recurriendo al procedimiento establecido por
esta Ley.

4. LOS ÁRBITROS
Con carácter general, habrán de ser personas naturales que se hallen, desde su aceptación, en
pleno ejercicio de sus derechos civiles, siempre que no se lo impida la legislación a la que puedan
estar sometidos en el ejercicio de su profesión. En caso de tratarse de arbitraje de Derecho es
requisito complementario que los árbitros sean Abogados en ejercicio.
Comúnmente, el colegio arbitral se encuentra compuesto por tres personas, designadas o
propuestas una por cada una de las partes y la tercera por consenso o acuerdo de ambas. La
exigencia legal al respecto es únicamente que el número de árbitros debe ser impar; por tanto,
cabe designar un árbitro único o un colegio arbitral más amplio que el anteriormente considerado.
A falta de acuerdo, la ley establece como regla supletoria que se designará un solo arbitro.
Junto a la designación directa por las partes del árbitro o de los árbitros, caben otros
procedimientos de designación, “las partes podrán encomendar la administración del arbitraje y la
designación de árbitros” a:
1. Corporaciones de Derecho público que puedan desempeñar funciones de arbitraje.
2. Asociaciones y entidades sin ánimo de lucro en cuyos estatutos se prevean funciones
arbitrales.
En general, los árbitros, una vez aceptado el cargo, gozan de amplias facultades en relación con
el procedimiento arbitral, quedando obligados únicamente cumplir fielmente su encargo (dictar el
laudo), a incurriendo, si no lo hicieren, en responsabilidad por los daños y perjuicios que causen
por mala fe, temeridad o dolo.
Salvo en determinados casos, el arbitraje es por naturaleza retribuido, los árbitros podrán exigir a
las partes la provisión de fondos que estimen necesaria para atender a los honorarios y gastos de
los árbitros y a los que puedan producirse en la administración del arbitraje.

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5. EFECTOS DEL ARBITRAJE: EL LAUDO


Una vez concluido el procedimiento arbitral, los árbitros ponen fin a la controversia
mediante una decisión que se denomina laudo. Es una resolución que, una vez firme, tiene el
mismo valor y eficacia que una sentencia, produciendo por tanto efectos de cosa juzgada, de
manera que frente a él sólo cabrá solicitar la revisión conforme a lo establecido en la Ley de
Enjuiciamiento Civil para las sentencias firmes.
El laudo, al igual que las sentencias, debe dictarse por escrito, expresando las circunstancias
personales de los árbitros y de las partes, la fecha y el lugar en que se dicta, la cuestión sometida
a arbitraje, una sucinta relación de las pruebas practicadas, las alegaciones de las partes y,
finalmente, el laudo deberá ser motivado.
Además, el laudo debe pronunciarse sobre las costas del arbitraje y los demás gastos
originados en el procedimiento arbitral y, en su caso, los honorarios y gastos de los defensores
de las partes, el coste del servicio prestado por la institución administradora del arbitraje y los
demás gastos originados en el procedimiento.
El laudo debe ser notificado a las partes mediante entrega a cada una de ellas de un ejemplar
firmado por los árbitros, pudiendo también ser protocolizado notarialmente si así lo solicita y a su
costa cualquiera de las partes.
Si las partes no han señalado plazo alguno, la Ley fija con carácter supletorio el de seis meses,
pudiendo prorrogarlo los árbitros por un plazo no superior a dos meses mediante decisión
motivada.
En cualquier caso, el plazo tiene carácter preclusivo, salvo que antes de haber expirado las partes
concedieran a los árbitros una prórroga, y, por tanto, su transcurso sin haberse dictado el laudo
determina la terminación de las actuaciones arbitrales y el cese de los árbitros.

5.1 LA IMPUGNACIÓN DEL LAUDO


Una vez dictado, el laudo arbitral vincula y sujeta a las partes. La Ley procura restringir al máximo
las posibilidades de impugnación del laudo, otorgando a las partes únicamente dos recursos
posibles: el recurso de anulación del laudo y el recurso de revisión del mismo.
− La acción de anulación del laudo. Habrá de ser interpuesta ante la Audiencia Provincial del
lugar donde se dictó el laudo, dentro de los 2 meses siguientes a su notificación,
sustanciándose por el cauce de juicio verbal, aunque la demanda debe presentarse
conforme a lo establecido en el artículo 399 LEC, acompañada de los documentos
justificativos del convenio arbitral y del laudo, y en su caso, conteniendo la proposición de
los medios de prueba que interesen al actor o demandante, exponiéndose en el escrito
correspondiente los fundamentos que sirvan para apoyar el motivo o motivos de anulación
invocados y proponiéndose las pruebas. No cabiendo contra la sentencia recurso
ulterior. El laudo solo podrá anularse cuando la parte que solicita la anulación alegue y
pruebe:
• Que el convenio arbitral no existe o no es válido.
• Que no ha sido debidamente notificada de la designación de un árbitro o de las
actuaciones arbitrales o no ha podido, por cualquier otra razón, hacer valer sus
derechos.
• Que los árbitros han resuelto sobre cuestiones no sometidas a su decisión.

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• Que la designación de los árbitros o el procedimiento arbitral no se han ajustado al


acuerdo entre las partes, salvo que dicho acuerdo fuera contrario a una norma
imperativa de esta Ley, o, a falta de dicho acuerdo, que no se han ajustado a esta
Ley.
• Que los árbitros han resuelto sobre cuestiones no susceptibles de arbitraje.
• Que el laudo es contrario al orden público.
− La revisión del laudo. Dada la identidad del laudo con la cosa juzgada se otorga a las
partes la posibilidad de entablar el recurso de revisión conforme a lo establecido en la
legislación procesal para las sentencias judiciales firmes.
El recurso de revisión, claramente excepcional, debía ser planteado ante la Sala 1ª del
Tribunal Supremo, por causa de aparición de nuevos documentos de carácter decisivo,
fraude o falsedad en la emisión del laudo.

5.2 LA EJECUCIÓN DEL LAUDO


Una vez dictado, el fallo contenido en el laudo puede ser ejecutado por las partes de forma
voluntaria y sin intervención de autoridad jurisdiccional alguna. Si fuera necesario acudir a la
ejecución forzosa, las partes podrán obtenerla del Juez de 1ª Instancia del lugar donde se dictó.
La vigente ley regula igualmente la posibilidad de la ejecución en España de los laudos arbitrales
extranjeros.

6. LA GENERALIZACIÓN DEL ARBITRAJE EN LA LEGISLACIÓN


CONTEMPORÁNEA

El nuevo clima político y cultural (y, sobre todo, el colapso de los tribunales de justicia) ha
determinado la proliferación de la institución arbitral en numerosas disposiciones legislativas, por
ejemplo:
− En la regulación legal de los derechos de consumidores y usuarios, ya sea mediante leyes
autonómicas en la materia o mediante disposiciones de carácter general.
− La Ley sobre la contratación y productos agrarios prevé también, sin pacto entre los
interesados, el arbitraje del Ministerio de Agricultura respecto de los acuerdos
interprofesionales y los acuerdos colectivos.
− El Real Decreto 1417/2006 por el que se establece el sistema arbitral para la resolución de
quejas y reclamaciones en materia de igualdad de oportunidades, no discriminación y
accesibilidad por razón de discapacidad. Contempla la participación de representantes de
los sectores interesados, de las organizaciones de las personas con discapacidad y sus
familias, y de las Administraciones públicas en los órganos de arbitraje, que adoptan la
forma de juntas arbitrales.
− La STC 1/2018 sobre Contrato de Seguro, declara nulo el artículo que hace referencia a
que el sometimiento de la cuestión a arbitraje se impone por la sola voluntad de una de las
artes, de modo que se establece un impedimento para el acceso a la tutela judicial, lo que
es contrario a derecho.

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TEMA 18. LA FIANZA


1. EL CONTRATO DE FIANZA
1.1 IDEAS GENERALES: FIANZA SUBSIDIARIA Y FIANZA SOLIDARIA
La fianza es la garantía personal que se constituye al asumir un tercero el compromiso de
responder del cumplimiento de una obligación si no la cumple el deudor principal, extendiendo la
responsabilidad a su propio patrimonio.
Tal aseguramiento tiene lugar mediante la posibilidad de acudir a otro patrimonio para la
efectividad de la obligación: el patrimonio del fiador. En tal sentido, expresa el art. 1822.1 CC que
por la fianza se obliga uno a pagar o cumplir por un tercero, en el caso de no hacerlo éste.
La fianza tiene carácter subsidiario: el fiador sólo habrá de afrontar el pago de la obligación
afianzada en caso de que el deudor principal no haya hecho frente a ella. El acreedor deberá
perseguir los bienes propios del deudor principal antes de proceder contra el fiador.
No obstante, el Código reconoce la posibilidad de que deudor principal y fiador queden obligados
al pago de forma solidaria, de forma que el acreedor, llegado el momento de cobro de la deuda,
puede reclamarla a cualquiera de ellos (deudor y fiador). De hecho, es más común la práctica de
fianza solidaria que la subsidiaria.

1.2 RELACIÓN DE FIANZA Y CONTRATO DE FIANZA


El contrato de fianza es el acuerdo contractual celebrado entre fiador y acreedor, en cuya virtud
aquél asume la obligación de asegurar el cumplimiento de la obligación del deudor principal, cuyo
conocimiento y consentimiento no son necesarios para la validez del acuerdo.
El contrato de fianza no está sometido a regla especial alguna en relación con la forma, ni
tampoco respecto de la capacidad de las partes, pues basta la capacidad general para obligarse.
La obligación garantizada puede consistir lo mismo en una obligación presente que en una deuda
futura, cuyo importe no sea aún conocido, en ese caso no se podrá reclamar hasta que la deuda
sea líquida.
Se requiere que la obligación asegurada sea válida. Las obligaciones anulables, mientras no
hayan sido objeto de impugnación, pueden servir también de base para la constitución de la
fianza.
El contrato de fianza vincula solo al fiador y al acreedor; por ese motivo, para referirnos al conjunto
de posibles relaciones entre deudor principal, fiador y acreedor, se habla de relación de fianza.

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1.3 CARACTERÍSTICAS DEL CONTRATO DE FIANZA


La obligación contractual de fianza tiene los siguientes caracteres:
− Es un contrato de carácter accesorio, en cuanto se celebra en función de una obligación
principal (el fiador no puede obligarse más que el deudor ppal).
− Es consensual, ya que se perfecciona por el mero consentimiento.
− Puede ser gratuito u oneroso.
En el caso de que la fianza sea de carácter gratuito, estaremos ante un contrato unilateral,
ya que sólo nacen obligaciones a cargo del fiador y a favor del acreedor, por lo que es
suficiente que intervengan en el contrato de fianza estos dos últimos.
Si el fiador recibe retribución, estaremos ante un contrato bilateral. El fiador recibe una
retribución, ya sea del deudor o del acreedor, pues ambos son beneficiarios de la
prestación de la fianza. Todo ello sin perjuicio de la acción de reembolso y de la
subrogación en el crédito que el fiador tiene cuando haya pagado por el deudor.
− Se suele considerar un contrato abstracto y no causal al ser la causa de la obligación
principal independiente la que surge entre acreedor y fiador.

2. CLASES DE FIANZA
2.1 FIANZA CONVENCIONAL, LEGAL Y JUDICIAL
Atendiendo a su origen, la fianza puede ser convencional, legal y judicial.
− Es convencional cuando surge de un contrato de fianza convenido espontáneamente entre
fiador y acreedor o exigido al deudor por el acreedor.
− Es legal o judicial cuando, por disposición de la ley o del Juez, una persona ha de
garantizar el cumplimiento de una obligación mediante la intervención de un fiador.
− La disposición legal o la providencia judicial que establezca la necesidad de afianzar o
garantizar el cumplimiento de una determinada obligación no genera por sí misma relación
de fianza alguna, que sólo nacerá cuando otra persona (distinta a la obligada legal o
judicialmente) asuma la posición de fiador.

2.2 FIANZA SIMPLE Y SUBFIANZA


Atendiendo el carácter y naturaleza de la obligación garantizada, se distingue entre la fianza
simple y doble o subfianza.
− Fianza simple. Garantiza la obligación principal.
− Fianza doble o subfianza. Garantiza una fianza anterior, es decir, la obligación del fiador.
La existencia de subfianza supone, pues, que existe un fiador principal y un fiador secundario o
complementario, es decir, “un fiador del fiador”. En la práctica es raro acudir a semejante
mecanismo, pues normalmente el acreedor preferirá imponer el esquema de la fianza solidaria
antes que el procedimiento de fianza sucesiva.
El fiador de un fiador goza del beneficio de excusión, respecto del fiador y del deudor principal.

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2.3 FIANZA INDEFINIDA O ILIMITADA Y FIANZA DEFINIDA O LIMITADA


La distinción se basa en la extensión con que el fiador garantiza la obligación principal.
− Fianza indefinida o ilimitada: cuando comprende la obligación principal, las
responsabilidades accesorias de esta e incluso los gastos del juicio, no solo contra el
fiador, sino también contra el deudor.
− Fianza definida o limitada: cuando se circunscribe a la obligación principal o parte de la
misma concretamente señalada en el pacto o contrato.
La caracterización de una u otra forma de la fianza depende de lo expresado en el contrato. El CC
excluye la existencia de presunciones y establece que la fianza debe ser expresa por lo que,
según la doctrina y la jurisprudencia, debe ser escrita. El carácter expreso implica que el fiador
asume el pago o cumplimiento de la obligación ajena a través de una declaración de
voluntad que no deje dudas sobre su alcance.
En la práctica son más frecuentes los supuestos de fianza indefinida que los de fianza definida,
por ese motivo se identifica la fianza indefinida con la fianza simple.

3. CONTENIDO DEL CONTRATO DE FIANZA


Al asegurar el fiador personalmente una obligación de otro, surgirá una relación jurídica entre el
propio fiador con el acreedor, además de la que une a aquél con el deudor cuya obligación
garantiza. Si, además, son dos o más los fiadores de un mismo deudor y por una misma deuda,
se producirá una relación entre estos cofiadores.

4. LAS RELACIONES ENTRE ACREEDOR Y FIADOR


Es la que propiamente se deriva del contrato de fianza, ya que la que se produce entre el fiador y
el deudor o entre cofiadores se deriva propiamente hablando del hecho del pago por parte del
fiador o bien de circunstancias anteriores a la propia constitución de la fianza y entre fiador y
acreedor.
La obligación principal del fiador consiste en pagar la deuda, en el caso de no hacerlo el deudor y
con la extensión que, en su caso, se haya pactado. La regla general en la materia viene
representada por la fianza simple o indefinida.

4.1 EL BENEFICIO DE EXCUSIÓN EN LA FIANZA SUBSIDIARIA


En el esquema de la simple fianza, la obligación del fiador no nace de forma automática, sino que
es subsidiaria, contando el fiador con el beneficio de excusión. “El fiador no puede ser compelido a
pagar al acreedor sin hacerse antes excusión de todos los bienes del deudor” art 1830 CC.
El acreedor, antes de dirigirse contra el fiador, debe procurar encontrar y perseguir los bienes de
que eventualmente disponga el deudor principal. Es decir, el fiador tiene derecho a eludir el pago
mientras no se demuestre la insolvencia del deudor, la cual debe ser total y absoluta.

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4.2 LA EXCLUSIÓN DEL BENEFICIO DE EXCUSIÓN


La subsidiariedad que caracteriza la posición del fiador desaparece en todos aquellos casos en los
que no entra en juego el beneficio de excusión, pues en estos casos el acreedor puede dirigirse
directamente contra el fiador.
La excusión no procede en los siguientes casos:
1. Cuando el fiador haya renunciado a ella expresamente.
2. Cuando se haya obligado solidariamente con el deudor (fianza solidaria).
3. En caso de quiebra o concurso del deudor.
4. Cuando el deudor no pueda ser demandado judicialmente dentro de España.
La renuncia del fiador a la misma o el hecho de haberse constituido la fianza con carácter solidario
arroja la misma consecuencia, ya que el fiador conoce el alcance de su obligación, que será
exigible simultánea, previa o sucesivamente respecto de la obligación del deudor principal.
Encontrándose el deudor declarado en concurso, es natural que el beneficio de excusión decaiga,
pues el fiador no podrá señalar bienes suficientes del deudor para garantizar la satisfacción del
acreedor.

4.3 EL BENEFICIO DE DIVISIÓN EN EL CASO DE CONFIANZA


El beneficio de división consiste en que, siendo varios los fiadores de un mismo deudor y por una
misma deuda, la obligación a responder de ella se divide entre todos (art. 1837.1 CC),
constituyéndose, pues, la obligación de los fiadores con el carácter de mancomunada. Por lo que,
el acreedor no puede reclamar a cada fiador sino la parte que le corresponda satisfacer, a menos
que se haya estipulado expresamente la solidaridad.
El beneficio de división contra los cofiadores cesa en los mismos casos y por las mismas causas
que el de excusión contra el deudor principal.
En la práctica habitual el beneficio de división entre cofiadores no suele existir, primando la
fianza solidaria.

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5. LAS RELACIONES ENTRE DEUDOR Y FIADOR


5.1 LA LLAMADA RELEVACIÓN DE LA FIANZA
Aún antes de haber pagado, en determinados supuestos, el fiador puede proceder contra el
deudor principal a fin de que éste le releve de la fianza o le garantice el reembolso del pago a
realizar por el fiador.
Supuestos que regula el artículo 1843:
1. Cuando el fiador se ve demandado judicialmente para el pago.
2. Caso de quiebra, concurso o insolvencia del deudor.
3. Cuando el deudor se ha obligado a relevarle de la fianza en un plazo determinado y éste
ha vencido.
4. Cuando la deuda es exigible.
5. Cuando hubieran transcurrido 10 años desde la constitución de la fianza y la obligación
principal no tiene término fijo para su vencimiento, a menos que sea de tal naturaleza que
no pueda extinguirse sino en un plazo mayor del citado.
Todo esto se encuentra referido exclusivamente a las relaciones internas entre fiador y deudor y,
por tanto, no afecta en modo alguno al acreedor, que podrá reclamar el cumplimiento de la
obligación afianzada al fiador, bien directamente o bien tras hacer excusión de los bienes del
deudor principal.

5.2 LA POSICIÓN DEL FIADOR SOLVENS


Si efectivamente el fiador llega a pagar, tiene derecho a reclamar al deudor el reintegro de lo
efectivamente pagado. El CC concede al fiador solvens dos vías, que puede elegir
alternativamente a su voluntad:
1. La denominada acción de reintegro o reembolso. La cual comprende la indemnización por
la cantidad total, los intereses legales, los gastos ocasionados y los daños y perjuicios.
Esta disposición tiene lugar, aunque la fianza se haya dado ignorándolo el deudor.
2. La subrogación legal. El fiador se convierte en acreedor del deudor con respecto a los
derechos que tuviera el acreedor para el cobro del crédito afianzado y que le permite
utilizar al fiador solvens, como subrogado, todas las garantías o derechos accesorios que
correspondían al acreedor, para lograr lo que realmente satisfizo o pagó el deudor. Si el
fiador ha transigido con el acreedor, no puede pedir al deudor más de lo que realmente
haya pagado.

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5.3 EL RESARCIMIENTO DEL FIADOR SOLVENS


El fiador solvens cuenta a su favor con ambos tipos de acciones, y él mismo podrá decidir cuál
ejercita, atendiendo a sus propios intereses. En todo caso, procesalmente, conviene plantear el
ejercicio de una de ellas como pretensión principal y la otra como subsidiaria. Sea cual sea la vía
elegida por el fiador para reclamar el debido resarcimiento del pago realizado, conviene tener en
cuenta las siguientes reglas complementarias.
− Si el fiador paga sin ponerlo en conocimiento del deudor, podrá éste oponerle las
excepciones que hubiera podido oponer al acreedor al tiempo de hacerse el pago. El
fiador tiene un deber de comunicación al deudor principal de su intención de realizar
el pago, que técnicamente puede configurarse como una carga.
− Si paga cuando el deudor ya lo hizo, se considerará pago de lo indebido y sólo puede
repetir contra el acreedor.
− Si la deuda era a plazo y la paga antes del vencimiento, no puede pedir reembolso hasta
que el plazo venza.

6. LAS RELACIONES DE LOS COFIADORES ENTRE SÍ


Cuando son dos o más fiadores rige respecto de ellos el denominado beneficio de división. Para
los casos que se excluya el beneficio de división por pacto, o que alguno de los cofiadores
satisfaga la deuda por su íntegro importe, el que de ellos paga podrá reclamar a cada uno de los
otros la parte que proporcionalmente le corresponda satisfacer.
Si alguno fuera insolvente, la parte de este recaerá sobre todos en la misma proporción

7. LA FIANZA SOLIDARIA
La fianza solidaria se caracteriza por la inexistencia del beneficio de excusión alguno en favor del
fiador. Por lo que el acreedor puede reclamar el cumplimiento de la obligación tanto al deudor
como al fiador o fiadores solidarios. Hoy en día la fianza subsidiaria es casi inexistente, por
seguridad de los acreedores.
Varios artículos del CC han suscitado la cuestión de si la fianza solidaria es una subespecie de las
obligaciones solidarias o por el contrario es una subespecie de fianza que presupone la aplicación
primera y principal de las reglas sobre la fianza, complementada con las reglas propias de las
obligaciones solidarias.
Doctrinalmente se entiende que se aplican las reglas de las obligaciones solidarias hasta el
momento del pago, para fundamentar la posible reclamación del acreedor al fiador; mientras que
una vez que el fiador ha pagado se aplican las reglas propias de la fianza.

8. EL AVAL A PRIMER REQUERIMIENTO


El aval a primer requerimiento consiste en un acuerdo en cuya virtud la entidad garante (entidad
financiera, normalmente) garantiza el cumplimiento de la deuda u obligación del deudor frente a su
acreedor que, así, acaba por convertirse en un beneficiario del aval y puede requerir el pago
correspondiente a la entidad garante, requiriéndola directamente el pago en caso de producirse la
falta de cumplimiento de la obligación garantizada.
Estamos frente a una relación triangular que se caracteriza por acabar formulando una garantía
desligada, distinta, independiente o autónoma del conjunto de obligaciones inherentes a la
relación contractual que originariamente pudiera vincular a las partes implicadas.

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9. EXTINCIÓN DEL CONTRATO DE FIANZA


Al ser un contrato o una relación jurídica de carácter accesorio la obligación del fiador se extingue
al mismo tiempo que la del deudor, que es la obligación principal, y por las mismas causas que las
demás obligaciones. Así, además de considerar el pago hecho por el propio deudor, conviene
hacer referencia a la dación en pago hecha por el deudor, a la confusión que se verifica en la
persona del deudor y en la del fiador cuando uno de ellos hereda al otro, etc.
De otra parte, considera el Código Civil otros supuestos particulares de extinción de la fianza que
se basan en una agravación de la situación del fiador, el cual no puede resultar perjudicado ni
gravado más que a aquello a que se comprometió, y así:
− La prórroga concedida al deudor por el acreedor sin consentimiento del fiador extingue la
fianza, pues se podría producir insolvencia del deudor en ese tiempo prorrogado.
− Los fiadores, aunque sean solidarios, quedan libres de su obligación siempre que, por
algún hecho del acreedor, no queden subrogados en los derechos, hipotecas y privilegios
del mismo.

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