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Drogas de Abusos

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EL PROBLEMA DE LAS DROGAS DE ABUSO

Desde los labores de la Humanidad, se han usado cientos de


substancias tóxicas o, al menos, potencialmente tóxicas, con diferentes fines, ya
religiosos, ya mágicos, ya terapéuticos o, incluso, terapéuticos. A pesar de estos
largos años de desarrollo histórico, el verdadero punto de inflexión en cuanto al
uso y abuso de determinadas drogas fue a comienzos del siglo XXI, momento en
el cual dichas drogas pasaron de ser propiedad de una minoría técnica a sufrir
una gran dispersión por todos los estratos de la sociedad, originándose,
asociados a este gran crecimiento, actividades ilícitas y criminales, encaminadas
a la producción, distribución, control y consumo. Las drogas, además de un
problema criminal, se han convertido en una cuestión mucho más amplia, al
afectar al ámbito sociocultural, con multitud de implicaciones étnicas y sociales.

Toda substancia que produzca que pueda producir un efecto


biológico llegará a ser una droga de abuso, aunque este concepto queda
reservado para aquellas substancias que, al margen de producir unos efectos
psicológicos o físicos agradables o buscados, genera los fenómenos de
tolerancia1 y de dependencia2. A lo largo del pasado siglo se ha intentado en
reiteradas ocasiones elaborar una clasificación que satisfaga a todos, aunque
debido a la variedad química, a la cantidad grande de efectos farmacológicos y a
la peculiaridad de las características farmacocinéticas no haya una ordenación
universalmente establecida. Nosotros, en tanto a que está propuesta por un
español, el Dr. Luna Maldonado, nos basaremos en la siguiente:

1. Alcohol
2. Opiáceos
3. Inhalantes

1
La TOLERANCIA es la característica de muchos principios activos responsable de la necesidad de aumentar
progresivamente las dosis administradas para conseguir el mismo nivel de efecto terapéutico. La aparición de la
tolerancia depende de las características químicas de la droga, de la vía de administración y de las propias
características de la persona. La vía que más tolerancia desarrolla es la vía intravenosa. Tolerancia y dependencia
son dos fenómenos frecuentemente asociados.
2
La DEPENDENCIA es otra de las características asociadas al abuso de una substancia. Se caracteriza por la
vinculación metabólica y/o conductual entre el consumo y una persona, de forma tal que ésta no puede
prescindir del consumo, so pena de la aparición de una serie de alteraciones orgánicas, psíquicas o conductuales,
visibles hasta el momento en el que se administre una nueva dosis. Es la génesis del síndrome de abstinencia. La
dependencia puede ser física o psíquica, aunque la separación entre ambas es, frecuentemente, tenue. Casi
todas las drogas son causa de una y de otra, aunque algunas excepciones sólo provocan dependencia psíquica.
Entre éstas encontramos los derivados del cannabis, la fenilciclidina o los alucinógenos.
4. Cocaína
5. Fenilciclidina y arilciclohexaminas
6. Anfetaminas y afines
7. Otros estimulantes, como la cafeína
8. Derivados de la Cannabis sativa
9. Alucinógenos
[Link]óticos y ansiolíticos
[Link]

Al margen de comentar aspectos generales sobre la Legislación y la Normativa


vigente sobre la producción y comercialización de estas substancias,
centraremos nuestra atención en los derivados opioides, en la cocaína, en las
anfetaminas, en las modernas drogas de diseño y en los derivados
cannabinoides.

I. LEGISLACIÓN Y CONVENIOS INTERNACIONALES


El año 1909 fue importante en la relación de nuestro mundo con las
substancias de abuso. En Shanghái, centro del comercio lícito e ilícito de morfina
y de opio, se reunieron representantes de las trece naciones más importantes
del mundo y fundaron la Comisión Internacional del Opio. Esta institución fue la
encargada de redactar el primer texto que intentó regular de alguna manera
todo lo relacionado con el opio, bajo el título “Convenio Internacional del Opio”,
firmado en La Haya en 1912. Con posterioridad a esa fecha, la Asamblea de la
Sociedad de Naciones, antecesora de la ONU, desarrolló una serie de
resoluciones encaminadas a limitar la fabricación de todas estas substancias
narcóticas, estableciendo límites de producción para cubrir únicamente las
necesidades médicas y científicas. El nacimiento de la Organización de las
Naciones Unidas, tras la Segunda Guerra Mundial, no detuvo el desarrollo
normativo y legislativo, de tal manera que, en 1961, el consejo de la ONU
aprueba la creación de la Convención Única para estupefacientes, a la sombra
de la cual nace la Junta Internacional para la Fiscalización de Estupefacientes.
Con posteriores modificaciones, esta primera Junta dividió a las substancias en
cuatro grandes grupos, llamadas listas:

1. LISTA I: Incluye a los opiáceos, a la cocaína y a los derivados


del cannabis. Todas las substancias incluidas en esta lista
están sujetas a todos los controles establecidos por la
Convención.
2. LISTA II: Todas las drogas comúnmente utilizadas con fines
médico-terapéuticos se encuadran dentro de este grupo.
Para su adquisición es necesaria una receta médica y,
además, su fabricación y distribución están estrictamente
vigiladas.
3. LISTA III: Agrupa a aquellos compuestos formados, en parte,
por substancias incluidas en la Lista II, pero a concentraciones
menores y determinadas. También e incorporan a este
epígrafe aquellas substancias consideradas como no
peligrosas para un uso ilícito por la Organización Mundial de
la Salud (OMS o WHO, en sus siglas inglesas).
4. LISTA IV: En ella están todas las substancias calificadas como
peligrosas y sin un uso terapéutico práctico. La fabricación,
producción, exportación, importanción, comercio y posesión
están prohibidas.3

Nuestro país, como firmante de todos los tratados y


convenciones relativos a las substancias estupefacientes debe cumplir todas las
normas, evidentemente. Para ello se ha desarrollado una normativa específica
que incluye los siguientes preceptos:

(1) Ley 17/67, de 13 de abril, sobre el control de los


estupefacientes y de su uso, tanto lícito como ilícito

3
En 1971 se crea el Convenio de Substancias Psicotrópicas, en el que a semejanza de lo realizado por la Junta
Internacional para la Fiscalización de los estupefacientes, también dividen a las drogas psicoactivas en cuatro
grupos:
1. Lista I: Contiene al grupo de los alucinógenos (LSD, DMT, psilobicina, mescalina). Son substancias
peligrosas y con un uso terapéutico más que discutido. Estrictamente controladas, su uso queda
encuadrado dentro el marco de la investigación y para su uso y fabricación son necesarias licencias
especiales.
2. Lista II: Substancias con un uso terapéutico posible, aunque escaso, como las anfetaminas o la
fenilciclidina. También muy controladas, aunque su fabricación y distribución es algo más libre.
3. Lista III: Barbitúricos de acción rápida y media, que son los que tienen una utilidad terapéutica clara. No
están sujetas a control de exportación e importación ni a la presentación de estadísticas de control
4. Lista IV: Aquí están incluidos analgésicos, tranquilizantes, hipnóticos y sedantes que, a pesar del riesgo
de producir tolerancia y dependencia, tienen un espectro de utilización grandísimo.
(2) Orden de 30 de abril de 1986, por el que se
normalizan los modelos de recetas de estupefacientes
y de tratamientos de larga duración
(3) Corrección de la Orden anterior, en fecha 22 de
mayo de 1986
(4) Orden Ministerial de 31 de octubre de 1985, por
la que se regulan los tratamientos de deshabituación
con metadona
(5) Código Penal: Los artículos relacionados
específicamente son el 379 del capítulo IV (Delitos
contra la seguridad del tráfico) y los artículos 359 a 377
(Delitos contra la Salud Pública, relativos a la
elaboración, distribución, tenencia y comercio de
estupefacientes
(6) Nuestro Código Civil recoge en su artículo 82 del
apartado 4º el alcoholismo y la toxicomanía como
causas de separación matrimonial

El consumo de drogas psicoactivas y el desarrollo de conductas


antisociales son dos hechos íntimamente unidos. A pesar de ello, conviene
diferenciar los diferentes delitos que, perfectamente tipificados, atañen al
consumo de drogas:

a) Delitos por tráfico ilícito y distribución de drogas


b) Delitos realizados bajo la acción directa de una
substancia psicoactiva
c) Delitos provocados por la necesidad de obtener la droga
d) Consumo de substancias tóxicas en delincuentes
habituales, aunque no exista una relación directa de
causalidad

Es fácil dividir todos estos delitos en dos grandes grupos: aquellos


provocados por el consumo de drogas y aquellos que están relacionados con las
drogas en sí. La substancia más implicada en el primer grupo de delitos es, en
nuestro medio, tal y como señalan Luna y colaboradores, el alcohol, como fuente
de desinhibición, hecho que queda claramente demostrado al estudiar los casos
de agresión sexual y su relación con la ingesta etílica. La morfina y derivados son,
por el contrario, las drogas que más habitualmente están relacionadas con los
delitos contra la propiedad. Los derivados del cannabis y los alucinógenos no
muestran una especial relación delictiva, salvo por su asociación con el tráfico
ilícito o por desarrollar conductas violentas paradójicas tras su consumo.

En nuestro medio, el consumo de drogas es un problema de


conducta que define un patrón de desadaptación social, en la que juega como
factor predictivo negativo la precocidad en el consumo. Es muy frecuente la
politoxicomanía, sobre todo en sujetos con mayores niveles de consumo. Estos
individuos, además, sustituirán unas drogas por otras, buscando potenciar sus
efectos. En estudios internacionales muy interesantes se ha demostrado que el
consumo de drogas suele estar precedido por conductas delictivas, las cuales
después continúan para poder mantener los niveles de consumo.

Como último apartado de estas nociones generales,


comentaremos que la investigación toxicológica en el caso de las drogas de
abuso se desarrolla en tres frentes: el estudio y detección de substancias ilícitas,
la investigación en el vivo y la investigación post-mortem:

a) PREPARACIONES ILÍCITAS: Suelen plantear dificultades


en función del tipo de producto, aunque con referencia a los
más habituales (cocaína, heroína y tetrahidrocannabinol) no
suele haber muchos problemas. Para la detección de heroína
y cocaína son necesarios laboratorios acreditados, con amplia
experiencia en el aislamiento de estas substancias.
b) EN EL SUJETO VIVO: La detección de substancias puede
ser usada como estudio del consumo de determinadas drogas
en el medio, usándose técnicas sencillas de detección en
fluíos biológicos, sobre todo en orina. El problema es siempre
la demostración pericial de que los niveles de droga causaron
el comportamiento, debido a las diferentes semividas
plasmáticas de los tóxicos o las diferentes susceptibilidades.
Por tanto, una prueba cualitativa nunca ha de ser
considerada válida a la hora de estudiar pericialmente un
determinado caso.
c) POST-MORTEM: En el cadáver se buscarán los tóxicos y
sus metabolitos no sólo en los fluidos biológicos habituales,
sino que también habrá que analizar los principales tejidos
diana de la droga. Esto es especialmente útil en el estudio de
casos dudosos e intoxicación por opioides, momentos en los
cuales la dosificación de derivados mórficos en el tronco
cerebral nos dará una pauta sobre cómo se produjo la
intoxicación. Las normas para el envío a los laboratorios de
toxicología son las descritas en la Orden Ministerial de 8 de
noviembre de 2006.

II. DERIVADOS OPIOIDES


El opio es el jugo desecado de la adormidera (Papaver
somniferum). Este jugo tiene una composición muy compleja, con multitud de
alcaloides. Los opioides se pueden clasificar según su naturaleza o según sus
acciones farmacodinámicas:

A. Según su naturaleza:
1. Naturales: Opio, morfina
2. Semisintéticos: Heroína
3. Sintéticos: Metadona, peptidina
B. Según sus características farmacodinámicas:
1. Agonistas puros: Heroína, peptidina, fentanil
2. Agonistas parciales: Metadona, buprenorfina
3. Agonistas-antagonistas: Pentazoocina, butorfanol
4. Antagonistas puros: Naloxona, naltrexona

El jugo del opio se deseca, proceso en el que se oxida, y se usa


para hacer los panes de opio que, una vez fermentados, dan origen al chandoo,
que se fuma con máximo consumo en los países productores. Todos los opioides
se absorben muy bien por vía digestiva, por vía respiratoria y por vía parenteral.
Se metabolizan en el hígado y sus metabolitos son eliminados por vía renal. La
morfina ha sido desplazada en el consumo ilícito por la heroína, aunque hoy en
día todavía se usa como tratamiento del dolor crónico de origen neoplásico. En
los laboratorios clandestinos, la morfina se usa como primer paso en la síntesis
de heroína, mucho más potente. Los opioides desarrollan sus efectos sobre el
sistema nervioso central, al actuar sobre receptores específicos. A bajas dosis
producen euforia, que desemboca en sedación y depresión respiratoria,
potenciadas por la presencia de alcohol, barbitúricos u otros depresores del SNC.
La dosis mortal es muy variable, dependiendo de las características del sujeto y
del consumo, aunque más de 400 mg por vía oral o de 200 mg por vía parenteral
son, casi siempre, mortales de necesidad. La heroína, por su parte, se usa por vía
intravenosa, respiratoria (esnifada), subcutánea e inhalatoria (fumada).
Raramente se consume pura, estando la papelina formada por unos 125 mg de
droga, acompañada de lactosa y otra serie de contaminantes imprevisibles. Hay
dos formas de heroína, la blanca y la marrón, esta última menos pura y con más
contaminantes químicos y biológicos. La adicción a la heroína es una enfermedad
crónica, recidivante, de difícil tratamiento y asociada a multitud de patologías
físicas y psíquicas, con una desorganización progresiva de la conducta.

Los dos accidentes más frecuentemente relacionados con el


consumo de opiáceos y, sobre todo, de heroína, son la sobredosis y el síndrome
de abstinencia, pero no debemos olvidar otras patologías no directamente
relacionadas con los derivados mórficos pero sí con la vía de administración o las
costumbres de los toxicómanos (infecciones por VIH, VHB, VHC, candidiasis,
neumonías y un largo etcétera)

1. Sobredosis: Es un cuadro grave e incluso mortal. Aparece tras


periodos largos de abstinencia forzosa, durante los cuales
disminuye la tolerancia, o cuando en el mercado aparece una
heroína con un grado de pureza fuera de lo normal. A los 5 minutos
de la administración aparece un cuadro dominado por la euforia, la
sequedad de boca y las disestesias frente a estímulos visuales, junto
con rubefacción facial y una miosis puntiforme característica. A esta
primera fase le sigue la depresión de los centros respiratorios, con
disminución de la conciencia y edema agudo de pulmón. La muerte
puede producirse en cualquier momento dentro de las primeras 24
horas, encontrándose incluso cadáveres con la jeringuilla clavada.
Se trata mediante la administración de naloxona, que, como hemos
dicho antes, es un antagonista de los receptores mórficos. Debido a
su menor vida media con respecto a la de la heroína, habrña que
administrar varias dosis de naloxona hasta que toda la heroína haya
desaparecido del organismo. Al margen del uso de Naloxona, habrá
que instaurar todas las medidas necesarias de soporte ventilatorio
y monitorización cardiovascular.
2. Síndrome de abstinencia: Tras suspensión brusca del
consumo o tras la administración de antagonistas puros, puede
desencadenarse un cuadro marcado por la hiperactividad
adrenérgica masiva (sudoración profusa, insomnio, lagrimeo,
midriasis, piloerección, rinorrea, hipertermia, náuseas, diarrea,
eyaculación espontánea) y por una serie de síntomas
psicolpatológicos (deseo de consumir, ansiedad, dolores óseaos,
intranquilidad motora), pudiendo llegar incuso a provocar la
muerte. Comienza entre las seis y las 8 horas desde la última dosis,
alcanzan un máximo a las 72 horas y desaparecen finalmente a los
7 ó 10 días. La intensidad del síndrome de abstinencia depende de
muchos factores, entre los cuales el tiempo de adicción, las dosis
habituales de consumo y la propia personalidad del toxicómano son
los más importantes. Un problema importante es el síndrome de
abstinencia en recién nacidos de madres toxicómanas4, cuadro que,
sin tratamiento, puede llegar a una mortalidad del 30%.

III. COCAÍNA
La cocaína es un alcaloide que se obtiene de las hojas de un
arbusto, el Erythroxylon coca, cultivado desde la Antigüedad en América del Sur.
Sinónimos en argot son perico, la dama blanca, nieve. Se obtiene tras un proceso
conocido como cocinado de la pasta de coca procedente de machacar las hojas
de coca. El consumo se ha disparado y, con él, nuevas formas de administración.
Puede consumirse sola o acompañada con heroína (speed-ball). La vía habitual
de administración es la transmucosa intranasal (esnifada). También es frecuente
la cocaína inhalada (crack, bazuco o pasta de coca), aunque no en nuestro medio.
La cocaína también se administra por vía intravenosa. Por vía digestiva sufre una
rápida hidrolización gástrica, con lo que pierde gran parte de su toxicidad. Al ser
muy liposoluble, aparece en sangre casi inmediatamente tras la administración
y atraviesa estupendamente la barrera hematoencefálica. Las dosis tóxicas
mortales son muy variables, llegando incluso a los 2 g por vía oral. EL cuadro

4
Aproximadamente el 90% del los hijos nacidos de madres toxicómanas desarrollarán un síndrome de
abstinencia.
clínico depende de la dosis administrada y de la susceptibilidad del intoxicado y
suele cursar en tres fases, una primera de excitación, inestabilidad emocional,
midriasis, hipertensión, seguida de convulsiones, aumento de frecuencia
cardiaca y respiratoria, disnea. La tercera fase se caracteriza por la parálisis
muscular, la arreflexia, el fallo respiratorio, shock y muerte. En las formas más
leves, es fácil distinguir al intoxicado por la verborrea, la midriasis, la euforia o la
hiperactividad. El uso crónico de la vía nasal provoca lesiones muy
características, como son las úlceras o la perforación del tabique nasal. Muy
característico de la intoxicación por cocaína es la aparición de cuadros psicóticos
paranoides, con alto componente de agresividad. En el caso de administración
por vía intravenosa, seguirá teniendo valor lo comentado en el apartado
anterior. El cuadro de abstinencia mostrará excitabilidad, ansiedad importante,
deseo de consumir, insomnio, depresión, cansancio e hiperorexia (aumento del
apetito).

En cuanto al tratamiento de la intoxicación aguda habrá de ser


siempre hospitalario y teniendo en cuenta el gran número de interacciones
farmacológicas que tiene la cocaína. Cuidado al administrar naloxona si la
intoxicación es por speed-ball, ya que potenciará los efectos de la cocaína.

IV. ANFETAMINAS
Son drogas obtenidas por síntesis química, partir de fenil-etil-
aminas. Las más importantes de todo el grupo son la anfetamina, la
metilanfetamina y la hidroxianfetamina. Nombres comerciales son Simpatina®,
Centramina®, Paredrina®, Preludin®, etc… En la década de los 60 su consumo
tuvo un máximo en España, en donde se usó como agente anorexizante y como
ayuda al estudio, debido a la ausencia de limitaciones en su distribución. Hoy en
día el producto consumido proviene de laboratorios clandestinos en los que se
sintetizan derivados anfetamínicos con propiedades alucinógenas muchos de
ellos. Se han usado por vía intravenosa como potenciadores y aceleradores de
los efectos de otros alucinógenos, sobre todo del LSD, denominándose a este
efecto speed. Son estimuladores de todos los sistemas centrales dopaminérgicos
y noradrenérgicos. Sus efectos se verifican sobre el sistema nervioso central
(confusión, cefaleas, estatus epiléptico, insomnio, cefalea, discinesia), sobre el
aparato cardiovascular (dolor torácico, palpitaciones, aumento de la presión
arterial, crisis de vasoespasmo), sobre el aparato digestivo (sequedad de boca y
mucosas, náuseas, diarrea), sobre el aparato genitourinario (dificultad para la
micción) y otros (midriasis, pérdida de peso, anorexia, diaforesis, hipertermia,
agitación). Una parte importante en la intoxicación por anfetaminas es la
aparición de cuadros psiquiátricos típicos: psicosis anfetamínicas, con cuadros
alucinatorios, reacciones ansiosas, conducta violenta y agresiva y síndrome de
abstinencia. La dosis letal está entre 20 y 25 miligramos por kilogramo de peso.
El tratamiento será hospitalario siempre que existan hipertermia, agitación,
alteración de las constantes vitales, distrés respiratorio, edema de pulmón,
complicaciones neurológicas y alteraciones psiquiátricas.

V. DROGAS DE DISEÑO
Se agrupan bajo este nombre a una serie de productos químicos
sintetizados en laboratorios clandestinos heterogéneos química y
farmacológicamente hablando, pero con grandes semejanzas con drogas
antiguas y perseguidas internacionalmente. Las drogas de diseño no son
productos de nueva síntesis, sino el desvío hacia el mercado negro de moléculas
elaboradas y desechadas por la industria farmacéutica. Pertenecen a los
siguientes grupos: feniletilaminas, derivados opiáceos, arilhexaminas, derivados
de la metacualona y a otros menos extensos.

Las feniletilaminas son las drogas alucinógenas más extendidas


actualmente. Proceden, de forma natural, de aceites vegetales de multitud de
plantas o del peyote (la mescalina) o, de forma artificial, de la sustitución del
anillo anfetamínico. Las más extendidas dentro de este gran grupo de drogas son
la MDMA (metanfetamina, éxtasis o Adán) y la MDA (metilendioxianfetamina o
droga del amor). Su uso se está extendiendo entre los grupos de edad más
jóvenes. Todas ellas están incluidas en la Lista I del Convenio de Substancias
Psicotrópicas. Los efectos farmacológicos son cardiovasculares (elevación de la
frecuencia cardiaca y de la tensión arterial), endocrinos y metabólicos
(incremento de cortisol plasmático, ACTH, prolactina y vasopresina, hipertermia)
y oculares (midriasis, desviación de los ojos hacia dentro o inward). No existe
una DL50 establecida para los hombres. En casos contados puede aparecer una
toxicidad hepática por autoinmnidad o por la propia hipertermia.
VI. DERIVADOS DE LA CANNABIS
Son substancias que provienen de la Cannabis sativa, bien de las
raíces, de los tallos, de las ramas, de las hojas y flores o de las semillas. Casi todos
los principios activos están en mayor concentración en las resinas, sobre todo las
procedentes de plantas femeninas. Además de los cannabinoles
(tetrahidrocannabinol, ácido cannabinoico, ácido cannabidiólico), hay otros
compuestos activos, tales como pinenos, glicerol, terpineno… La riqueza de los
principios activos depende del origen de la planta. El tetrahidrocannabinol actúa
sobre receptores específicos, llamados CB1 y CB2, presentes en casi todos los
sistemas de comunicación corticales y subcorticales.

La intoxicación aguda produce alteraciones de la percepción


espacio-temporal, alucinaciones, labilidad emocional, midriasis, sequedad de
mucosas, lagrimeo, hipotensión moderada. No debería ser consumido por
adolescentes, mujeres en edad fértil y embarazadas y personas con transtornos
mentales. Entre las reacciones adversas agudas citaremos las reacciones pánicas
(cuadros de ansiedad aguda, con ideas delirantes paranoides, desrealización y
pseudoalucinaciones), delirio tóxico agudo (cuando hay una sobredosificación en
un consumidor habitual pueden aparecer alteraciones de la memoria,
obnubilación desorientación temporoespacial y transtornos psicomotores) y
estados paranoides agudos.

La posibilidad de un daño en una intoxicación aguda es muy


limitado, salvo por la posibilidad de accidentes intercurrentes o por el consumo
asociado de otras substancias.

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