Hamlet
Claudio:
(Aparte, susurrando) El tiempo ha llegado. He soportado vivir a la sombra de mi hermano por
demasiado tiempo. Él, el rey amado, con todo el poder y la devoción de la gente. Y yo...
relegado, invisible. Pero eso acaba hoy.
Se acerca cautelosamente, asegurándose de no hacer ruido. El Rey Hamlet sigue dormido, ajeno
al peligro inminente.
Claudio:
(Mirando el frasco) Este jugo de beleño, un veneno tan rápido y mortal que convertirá su sangre
en un río de fuego. Una gota basta para quitarle la vida, y nadie sospechará. Se dirá que la
naturaleza lo reclamó mientras descansaba.
Con manos temblorosas, Claudio destapa el frasco y se inclina sobre su hermano. Sus ojos
muestran una mezcla de miedo y ambición. Lentamente, vierte el veneno en el oído del Rey
Hamlet. El líquido se escurre y desaparece rápidamente.
El Rey Hamlet se estremece y abre los ojos en un espasmo de dolor. Trata de hablar, pero su
voz se ahoga en un gorgoteo. Sus manos intentan agarrar algo, luchar, pero su cuerpo se
paraliza.
Claudio:
(Observando el sufrimiento de su hermano, con una expresión de triunfo y terror) Perdóname,
hermano... pero el reino me pertenece ahora.
El Rey Hamlet da un último suspiro, sus ojos se apagan, y su cuerpo queda inmóvil. Claudio se
aparta, observando el cadáver con una mezcla de satisfacción y remordimiento.
Claudio:
(Respira hondo, tratando de calmarse) El trono... es mío. El futuro de Dinamarca será guiado
por mi mano. Pero ahora... debo asegurarme de que nadie descubra la verdad.
Claudio guarda el frasco vacío en su túnica y se aleja del jardín, dejando tras de sí el cuerpo sin
vida de su hermano y un destino sombrío que se cierne sobre el reino.
ACTO 1, ESCENA 5
Una fría noche en las almenas del castillo de Elsinor. El fantasma del difunto Rey
Hamlet aparece ante su hijo, Hamlet. Las estrellas brillan, pero la escena está llena de
tensión.
Fantasma:
Escúchame, Hamlet. El tiempo es breve, y mi alma sufre en el purgatorio, quemada por
los crímenes no expiados. He sido arrancado de la vida por una traición vil, una traición
cometida por alguien que compartía mi sangre: tu tío, Claudio.
Hamlet:
(Con asombro y furia) ¡Oh, mi profeta alma, que sospechaba de este hombre! ¿Mi tío, el
rey actual, fue quien cometió tan vil traición?
Fantasma:
Sí, Hamlet. Mientras dormía plácidamente en mi jardín, según mi costumbre cada tarde,
Claudio se acercó con un frasco de veneno letal. Derramó el veneno, llamado "jugo de
beleño maldito", en mi oído. Se esparció por mis venas como un fuego violento,
corrompiendo mi sangre y dejándome inmóvil, cubierto de pústulas horribles. Así,
dormí para siempre, despojado de mi reino, mi esposa y mi vida, sin haber tenido
tiempo de confesar mis pecados ni recibir la última unción.
Hamlet:
(Conmovido y lleno de rabia) ¡Oh, horrible! ¡Horrible, más allá de toda imaginación!
Que esta infamia no quede sin venganza. Pero... ¿qué debo hacer? ¿Cómo debo
proceder?
Fantasma:
No permitas que el trono de Dinamarca permanezca en manos corruptas. Pero ten
cuidado, hijo mío. No dejes que la ira te devore ni que tu corazón se vuelva tan vil como
el de tu enemigo. Y recuerda, Hamlet: sé amable con tu madre, Gertrudis. Déjala al
juicio de los cielos y de su conciencia.
El fantasma comienza a desvanecerse lentamente, dejando a Hamlet solo en la
oscuridad.
Hamlet:
¡Ahora tengo un propósito! El espíritu de mi padre clama venganza. Pero debo proceder
con cuidado, para que la traición y la sangre no se mezclen demasiado rápido. ¡El
destino llama!
ACTO 2, ESCENA 1
Ofelia entra en la habitación de Polonio, visiblemente angustiada.
Ofelia:
(Pálida y temblorosa) Padre, he visto a Hamlet. Estaba desquiciado, la ropa desarreglada
y los ojos llenos de una locura que nunca antes había visto.
Polonio:
(Con preocupación) ¿Qué te ha hecho, hija mía?
Ofelia:
No me ha tocado, pero me miró fijamente, como si quisiera grabar mi rostro en su
memoria. Luego, suspiró y salió sin decir palabra.
Polonio:
(Concluye) Esto es amor, un amor trastornado. Debemos informar al rey Claudio. Esta
locura podría poner en peligro al reino.
ACTO 3, ESCENA 1
El salón del castillo. Gertrudis y Claudio discuten la conducta de Hamlet.
Gertrudis:
Mi señor, Hamlet está cambiado. Su mirada es la de un hombre atormentado. Me parte
el corazón verlo tan desdichado.
Claudio:
(Susurrando) Algo más que la muerte de su padre lo inquieta. Polonio, trae a tu hija.
Veremos si el amor es la raíz de su aflicción.
Entran Polonio y Ofelia. Ofelia se sienta, nerviosa. Hamlet entra, hablando solo.
Hamlet:
(Para sí mismo) Ser o no ser, esa es la cuestión... (Ve a Ofelia) ¡La bella Ofelia! ¿Cómo
estáis, doncella?
Ofelia:
(Dudosa) Mi señor, tengo cosas que devolveros: cartas y regalos.
Hamlet:
(Amargamente) ¡No te los di para que los devolvieras! ¿Crees que soy sincero? (La mira
intensamente) ¡No te cases nunca! Todos somos pecadores. Vete a un convento, donde
la corrupción no pueda alcanzarte.
Ofelia llora mientras Hamlet sale furioso.
Ofelia:
(Desconsolada) ¡Oh, qué noble mente ha sido destruida! El príncipe del alma más justa,
ahora perdido en su locura.
Claudio y Gertrudis observan desde lejos.
Claudio:
Esto no es locura por amor. Algo oscuro trama.
ACTO 3, ESCENA 2
El gran salón del castillo de Elsinor. Hamlet ha reunido a la corte para ver una obra de
teatro interpretada por un grupo de actores. La atmósfera está cargada de expectación, y
Hamlet se asegura de que todos estén en sus lugares.
Hamlet:
(Dirigiéndose a Horacio) Amigo mío, Horacio, tu alma es tan noble y equilibrada. Te
necesito ahora más que nunca. Observa al rey, mi tío, mientras los actores representan la
escena del asesinato. Si muestra alguna señal de turbación o culpa, sabré que el
fantasma hablaba la verdad.
Horacio:
(Con seriedad) Haré lo que me pides, príncipe. Mis ojos no perderán detalle de él.
Los actores se preparan y la obra, llamada "La Ratonera", comienza. Representan la
historia de un rey felizmente casado que es asesinado por un traidor, quien vierte
veneno en su oído mientras duerme.
Actor 1 (como Rey):
(Recostado) ¡Ah! El sueño me vence... la vida se desvanece... Mi amada reina, ¿qué será
de ti?
Actor 2 (como Asesino):
(Aparte) El reino me pertenece ahora. La codicia puede justificar cualquier crimen.
El actor asesino vierte el veneno en el oído del rey dormido. Claudio, que ha estado
observando con atención, de repente palidece y se revuelve en su asiento.
Claudio:
(Con voz quebrada) ¡Detened esta obra! ¡Apagad las luces y acabad con esta farsa!
Se levanta rápidamente, visiblemente perturbado, y abandona la sala, seguido por
Gertrudis y algunos cortesanos. Hamlet observa su reacción con una sonrisa triunfal.
Hamlet:
(Con alegría) ¡Miren cómo se retira, con el alma sacudida! ¡Ahora sé la verdad,
Horacio! El fantasma no mintió, y la conciencia de Claudio ha hablado.
Horacio:
(Asintiendo) Sí, príncipe. Su reacción es la de un hombre cargado de culpa. No hay
duda.
Polonio se acerca apresuradamente a Hamlet.
Polonio:
Mi señor, la reina os ha llamado a su cámara. Está muy perturbada por lo ocurrido.
Hamlet:
(Irónico) Ah, la madre, perturbada. Iré a verla. (A Horacio) Gracias, amigo mío. Ahora,
el juego ha comenzado.
ACTO 4, ESCENA 5
Ofelia ha perdido la razón tras la muerte de su padre. Entra en el salón del trono,
cantando canciones incoherentes y llevando flores.
Ofelia:
(Cantando) Mi padre está muerto... y nadie lo llora. Las violetas se marchitan... y mi
corazón con ellas.
Gertrudis se acerca a Ofelia, tratando de calmarla.
Gertrudis:
(Horrorizada) Pobre niña, la pena la ha destrozado.
Ofelia:
(Le ofrece flores) Para ti, reina: ruda, símbolo de arrepentimiento. (Mira al aire, riendo)
¡Pero quién puede volver atrás y cambiar lo que ha hecho!
Sale Ofelia, dejando una atmósfera sombría en la sala.
Gertrudis:
(Con lágrimas) Esta tragedia solo empeora. Mi hijo se ha perdido y ahora Ofelia... ¿Qué
desgracias nos esperan aún?
ACTO 4, ESCENA 7
En los aposentos reales, el rey Claudio y Laertes discuten cómo vengarse de Hamlet por
la muerte de Polonio.
Claudio:
Laertes, el amor de la multitud por Hamlet nos obliga a proceder con cautela. Pero he
ideado un plan que nos permitirá eliminarlo sin mancharnos las manos.
Laertes:
(Con ira) ¡Dime qué hacer, y lo haré sin vacilar!
Entra la reina Gertrudis, visiblemente alterada, con lágrimas en los ojos.
Gertrudis:
¡Ay, Laertes! Tengo tristes noticias... Tu hermana, la dulce Ofelia, ha muerto.
Laertes:
(En shock) ¿Qué dices, señora? ¡No puede ser!
Gertrudis:
Se fue al arroyo, recogiendo guirnaldas de flores silvestres. Una rama frágil se quebró
bajo su peso, y ella cayó en el agua. Las corrientes la arrastraron, y aunque al principio
cantaba como si no comprendiera el peligro, el vestido se empapó y la arrastró hacia el
fondo. Se ha ahogado.
Laertes:
(Desgarrado) ¡Ofelia! ¡Mi hermana! ¡Oh, mi corazón no puede soportar esta pena!
Claudio se acerca a Laertes con un gesto de falsa compasión.
Claudio:
(Con astucia) Laertes, tu dolor es inmenso, pero deja que alimente tu furia. Hamlet es la
causa de tu sufrimiento y ahora de esta pérdida.
Laertes, lleno de rabia y tristeza, asiente, dispuesto a seguir el plan de Claudio.
ACTO 5, ESCENA 2
El gran salón del castillo. Se ha dispuesto una arena para el duelo. Una multitud se ha
reunido, incluyendo el rey Claudio y la reina Gertrudis, para presenciar el
enfrentamiento. Hamlet y Laertes se preparan para combatir.
Rey Claudio:
(Dirigiéndose a los presentes) Amigos, este duelo es un simple entretenimiento, una
muestra de habilidad y nobleza.
Laertes:
(Con el semblante endurecido) Príncipe Hamlet, acepto este combate con respeto y sin
rencor... aunque mi corazón aún sangra por la muerte de mi padre y mi hermana.
Hamlet:
(Con solemnidad) Laertes, lamento sinceramente los males que mi locura ha causado. Si
alguna ofensa he cometido, mi intención no fue herirte. Que este duelo sirva para purgar
el veneno entre nosotros.
Se preparan las espadas. El rey Claudio entrega una copa de vino a un sirviente.
Claudio:
(Aparte, a un sirviente) Esta copa tiene un vino envenenado. Si Hamlet gana, brindaré
por él y le ofreceré el trago fatal.
El duelo comienza. Hamlet y Laertes intercambian golpes hábiles y veloces. Hamlet
gana el primer asalto.
Rey Claudio:
(Levantando la copa) ¡Bravo, Hamlet! Bebe a tu salud.
Hamlet:
(Aparta la copa) No, aún no. Aún hay combate por disputar.
Laertes cambia las espadas con disimulo, tomando la hoja envenenada. Continúan
luchando, y en un momento de confusión, Laertes hiere a Hamlet con la espada
envenenada.
Hamlet:
(Con dolor) ¡Estoy herido! ¡Pero esta herida tiene un filo extraño!
En la escaramuza, Hamlet logra desarmar a Laertes y se intercambian las espadas sin
darse cuenta. Hamlet hiere a Laertes con la hoja envenenada.
Laertes:
(Caído) ¡Ay, me han herido con mi propia traición!
La reina Gertrudis toma la copa de vino envenenado y la bebe, sin saber del peligro.
Gertrudis:
(Con voz quebrada) ¡Oh, el vino! ¡Algo va mal! (Cae al suelo) ¡He sido envenenada!
Hamlet:
(Con horror) ¡Madre!
Claudio:
(Tratando de calmar la situación) ¡No os alarméis!
Laertes:
(Con sus últimas fuerzas) Hamlet, el rey... ¡es el culpable! El vino y esta espada fueron
su plan.
Hamlet, en un arrebato de furia, enfrenta a Claudio.
Hamlet:
¡Traidor vil! ¡Recibe lo que mereces!
Hamlet apuñala a Claudio con la espada envenenada y le obliga a beber el vino mortal.
Claudio se desploma y muere.
Hamlet:
(Con los ojos nublados por el dolor) ¡Horacio! ¡Mi hora ha llegado!
Horacio se acerca, con lágrimas en los ojos.
Horacio:
(Conmovido) No, príncipe. No te vayas solo. Déjame seguirte.
Hamlet:
(Acercándose a Horacio) Vive, amigo mío, y cuenta mi historia. Que Dinamarca sepa la
verdad.
Hamlet se derrumba, exhalando su último aliento.
Hamlet:
(Con sus últimas palabras) El resto... es silencio...
Horacio llora sobre el cuerpo de Hamlet mientras la sala queda en silencio, llena de
muerte y desolación.